El movimiento jasídico

[Historia Judía #52] El movimiento jasídico

Historia Judía

El movimiento jasídico

Siendo en sus comienzos un movimiento de los pobres e ignorantes, los jasídicos enfatizaron la espiritualidad en la vida diaria.

por

El movimiento jasídico —de los ‘píos’ o jasidut en hebreo— fue fundado en el siglo XVIII en Europa Oriental por Rabí Israel ben Eliezer, más conocido como el Báal Shem Tov, que significa “Maestro de buen nombre”.

El Báal Shem Tov nació en 1698 en Okup, en la provincia de Podolia (que en la actualidad es parte de Ucrania), cerca del Río Dniester. El Báal Shem Tov (conocido también como el Besht) fue un niño huérfano y pobre que trabajó en los Montes Cárpatos como obrero. Durante este tiempo estudió con una sociedad secreta de judíos místicos, los Nistarim, y eventualmente se convirtió en un reverenciado rabino.

Viajó de comunidad en comunidad, ganándose en todo lugar al que iba la reputación de ser un hombre sagrado y espiritual —además de un sanador místico— y atrayendo una gran cantidad de seguidores.

Sus enseñanzas revolucionaron a los perseguidos y desmoralizados judíos de Europa Oriental.

Después de los pogromos y las masacres (ver capítulo 49), gran parte de la judería de Europa Oriental había caído en la extrema pobreza. Además de la tremenda destrucción física que trajeron las masacres de Chmielnicki, la gran desilusión causada por el falso mesías Shabetai Tzvi (ver capítulo 51) dejó a gran parte de la población judía de Europa Oriental en un estado colectivo de profunda depresión. Una de las víctimas de esta situación fue la erudición judía, ya que sólo una pequeña elite estudiaba en Ieshivot, mientras que el resto apenas sobrevivía. Como resultado de la disminución en la erudición, la vida religiosa judía bajó de nivel (el judío promedio no se conectaba con Dios ni intelectual ni espiritualmente). Esto fue lo que el Báal Shem Tov buscó remediar.

Sus enseñanzas (no dejó ningún escrito) generaron un movimiento que enfatizaba la idea de incorporar a Dios en todos los aspectos de la vida, en particular por medio de intensas plegarias y alegres cánticos. Enseñó que las acciones del judío simple, si son realizadas correcta y sinceramente, son equiparables a las de los más grandes eruditos.

El pensamiento jasídico destacó la importancia de la devekut, o ‘aferrarse a Dios’. Esto involucra sentir la presencia de Dios en todos los aspectos de la vida, en lugar de sólo hacerlo a través del estudio de Torá y la observancia de los mandamientos.

La parábola siguiente describe la forma en que los primeros maestros jasídicos diagnosticaron la situación:

Un aprendiz de herrero, después de haber aprendido el oficio de su maestro, hizo una lista para sí mismo sobre cómo trabajar en su profesión. La forma en que debía tirar aire con los fuelles, asegurar el yunque y empuñar el martillo. No omitió nada. Sin embargo, cuando fue a trabajar al palacio del rey, descubrió que no podía hacer su trabajo y fue despedido. Había olvidado advertir una cosa, quizás porque era demasiado obvia: lo primero que debía hacer era encender una chispa para prender el fuego. Tuvo que volver al maestro, quien le recordó el primer principio que había olvidado (1).

Tratar de infundir espiritualidad en todos los aspectos de la vida se volvió rápidamente algo popular, particularmente entre los judíos simples. A gran velocidad, principalmente en Europa Oriental, miles y miles de judíos fueron atraídos hacia el movimiento jasídico.

Dinastías jasídicas

En 1760, cuando murió el Báal Shem Tov, lo sucedió Rav Dov Ber de Mezeritch, cuyos discípulos desarrollaron diferentes corrientes dentro del movimiento jasídico y fundaron sus propias dinastías. En este grupo hubo muchas personalidades importantes (para los interesados en leer sobre ellas, ver Chassidic Masters: History, Biography and Thought, de Aryeh Kaplan). Aquí mencionaremos unos cuantos:

  • Rav Dov Ber (1704-1772). Conocido como el Maguid de Mezeritch, sucedió al Báal Shem Tov como líder del movimiento jasídico y desarrolló muchas de sus filosofías. A propósito, el importante psicólogo Carl G. Jung dijo poco antes de morir que todos sus avances en psicología fueron descubiertos previamente por Rav Dov Ber, lo que nos da una idea del entendimiento del Maguid sobre la naturaleza humana (Ver Carl G. Jung Speaking, pp. 271-272.)
  • Rabí Schneur Zalman de Liadí (1745-1812). Fue conocido como el Alter Rebe y también como el Báal HaTania. Escribió la famosa obra Tania y fundó la secta jasídica Lubavitch. Los jasidim de Lubavitch son conocidos como Jabad, que es un acrónimo de jojmá (sabiduría), biná (entendimiento) y dáat (conocimiento). De acuerdo a la Cábala, esas son las tres sefirot(canales de energía Divina) más intelectuales y el nombre de esta secta jasídica indica cómo sus enseñanzas están basadas en la Cábala.
  • Rabí Najman de Breslov (1772-1811) fue el bisnieto del Báal Shem

Tov. Fue un talentoso narrador de historias y, quizás, lo más conocido de él sean las historias alegóricas de mendigos y príncipes con las que trató de enseñar verdades profundas a la gente simple. Fundó la secta jasídica Breslov.

Las sectas jasídicas tienen nombres como Kotzk, Sanz, Belz, Satmar, Lubavitch, Skver. Todos estos son nombres de ciudades en países como Polonia, Lituania, Ucrania, etc. Cuando estas comunidades jasídicas se mudaron, llevaron los nombres con ellas. Así que hoy en día en Israel tienes Kiryat Sanz y Kiryat Belz (kiryat significa ‘distrito’ en hebreo). En Nueva York están los jasidim de New Square, que son los jasidim de Skver con el nombre anglicanizado.

El movimiento tuvo un impacto muy grande en la espiritualidad, revitalizando al mundo judío. Mantuvo a muchos judíos dentro del judaísmo y devolvió mucha alegría al mismo.

Aryeh Kaplan escribe (en su ensayo titulado “A World Beyond” en Chassidic Masters History, Biography and Thought, p. 4):

El jasidismo elevó a las masas, pero sería erróneo suponer que sus enseñanzas estaban diseñadas sólo como una especie de medicina espiritual, necesarias para el enfermo, pero carentes de valor para el saludable. Una importante enseñanza del jasidismo es que sus ideas son importantes para el bienestar espiritual de todo judío. Si bien sus maestros destinaron gran parte de su energía a ayudar a los judíos pobres y analfabetos, decir que esa fue la característica principal del jasidismo sería un error, dado que el movimiento también le trajo una nueva visión y profundidad al cuerpo completo del pensamiento judío”.

La oposición

A medida que iba expandiéndose, el movimiento jasídico también fue generando una gran oposición de los rabinos más tradicionales e intelectuales, la mayoría de los cuales estaban en contra de éste.

La personalidad principal que se oponía al movimiento jasídico era el rabino Eliahu ben Shlomó Zalman, conocido como el Gaón de Vilna (Genio de Vilna) y también como el Gra (acrónimo de “Gaón Rabí Eliahu”), quien vivió en este período de tiempo (1720-1797). El Gaón de Vilna fue un brillante erudito que tuvo un enorme impacto en el estudio judío. Sus intereses eran muy variados, y escribió unos 70 libros sobre diferentes temas; el Gaón de Vilna sobresalió en muchas áreas de la erudición. Sabía sobre ley judía, Cábala, matemática, astronomía, física, anatomía, etc. Apenas dormía, sólo tomaba siestas de una hora cuatro veces al día y estudiaba durante el resto del tiempo. Cuando se cansaba, ponía sus pies en agua fría para despertarse. Nunca quiso desperdiciar ni un solo minuto. Nunca viajó a Israel, pero envió a muchos de sus estudiantes a vivir allí.

Lo que más le preocupaba al Gaón de Vilna no eran los aspectos cabalísticos del jasidismo (después de todo, él mismo estudiaba Cábala), sino su potencial para producir otro falso mesías (como Shabetai Tzvi, cuya historia vimos en el capítulo 51). El Gaón de Vilna también objetaba el concepto jasídico de que Dios está ‘en todas las cosas’ por considerarlo demasiado cercano al panteísmo y a la idea de que todo tiene la misma cantidad de santidad (2).

También le preocupaba la idea de un ‘Rebe’ (como era llamado el líder de cada secta jasídica) porque sentía que el concepto jasídico de que una persona se eleva espiritualmente simplemente por “apegarse” a una persona sagrada, en este caso un Rebe, es una idea idólatra.

Otra importante preocupación que tenía el Gaón de Vilna era la disminución de la intelectualización de la Torá. El movimiento jasídico estaba formado principalmente por judíos simples y sin educación, y le preocupaba que la erudición judía fuera reemplazada por el canto y el baile. Una religión que era la síntesis de corazón y mente, pasaría a ser exclusivamente corazón.

Finalmente, el Gaón de Vilna y muchos otros rabinos objetaban fuertemente el hecho de que los jasidim cambiaron el texto de la plegaria, lo cual era considerado un quiebre muy serio con la tradición y algo completamente inaceptable.

El Gaón de Vilna estaba tan en contra del movimiento jasídico, que él y otros eran llamados mitnagdim, que significa “los que están en contra”. En 1772, los mitnagdim excomulgaron a los jasidim, pero la excomulgación no duró mucho. Este es un fragmento de la excomulgación de los jasidim (abril de 1772):

Nuestros hermanos, Hijos de Israel… como saben, nueva gente ha aparecido, impensado por nuestros patriarcas… y se asocian entre ellos, y sus caminos son diferentes de los de los hijos de Israel en su liturgia… se han comportado de manera desquiciada y dicen que sus pensamientos vagan por todos los mundos… Menosprecian el estudio de la Torá y afirman repetidamente que uno no debería estudiar mucho, ni tampoco arrepentirse profundamente de las transgresiones… Por lo tanto, hemos venido a informarle a nuestros hermanos, los Hijos de Israel, a los cercanos y a los lejanos… y a hacerles llegar con fuerza la voz de la excomulgación y la confinación… hasta que ellos se arrepientan por completo… (3) (Para más información sobre este tema, ver Triumph of Survival por Berel Wein, pp. 86-119).

Mientras que efectivamente en un inicio la creación del movimiento jasídico causó una seria división en el mundo judío, no creó una separación permanente. Hoy en día vemos sectas jasídicas que han adoptado una mentalidad que apoya la erudición, abriendo sus propias Ieshivot y estudiando intensamente el Talmud.

En retrospectiva, vemos que el movimiento jasídico contribuyó significativamente a la revitalización de la judería de Europa Oriental. Mantuvo a mucha gente conectada al judaísmo, gente que de otra forma se hubiera perdido porque no tenía tiempo para estudiar Torá. La presión ejercida por los mitnagdim en contra de los jasidim actuó como un “freno” evitando que se alejaran demasiado.

Como resultado de la contribución jasídica, el judaísmo se fortaleció y estuvo listo para enfrentar el ataque de un nuevo movimiento secular occidental llamado Iluminismo.


Notas:

1. Raphael Jospe, ed., Great Schisms in Jewish History (Ktav Publishing House, 1981), p. 129.

2. Panteísmo: la doctrina de identificar a una deidad con diferentes fuerzas de la naturaleza.

3. Paul Mendes-Flohr & Yehuda Reinharz ed., The Jew in the Modern World, (Oxford University Press, 1995), p. 390.

Según tomado de, http://www.aishlatino.com/judaismo/historia/curso-rapido/El-movimiento-jasidico.html el sábado, 11 de febrero de 2017.

¿Por Qué a la Gente Buena le Ocurren Cosas Malas?

¿Por Qué a la Gente Buena le Ocurren Cosas Malas?

Gentileza Jabad.com

Pregunta:

¿Por qué a la gente buena le ocurren cosas malas? ¿Por qué es tan injusto el mundo? Por favor, no me diga “No podemos entender los caminos de Di-s”. Estoy cansado de oír esto. Quiero una explicación.

Respuesta:

¿Está seguro que quiere una explicación? ¿Realmente quiere saber por qué sufren los inocentes? Pienso que no. Usted prefiere la pregunta y no la respuesta.

Usted está molesto con el hecho de que la gente sufre inmerecidamente. Como usted. Cualquier persona con un gramo de sensibilidad moral se siente ultrajada por las injusticias de nuestro mundo. Abraham, el primer judío, preguntó a Di-s “¿El Juez de todo el mundo no actuará justamente?” Moisés preguntó “¿Por qué tratas mal a este pueblo?” Y aun hoy nosotros preguntamos “¿Por qué Di-s, por qué?”

¿Pero qué pasa si encontramos la respuesta? ¿Qué pasa si alguien viene y nos da una explicación satisfactoria? ¿Qué misterio será resuelto al final? ¿Qué pasa si preguntamos por qué, y realmente obtenemos una respuesta?

Si esta importante pregunta fuera respondida, entonces podríamos hacer las paces con el sufrimiento de los inocentes. Y esto es impensable. Peor que el sufrimiento de los inocentes es que otros lo vean sin conmoverse. Y es exactamente eso lo que ocurriría si comprendiéramos por qué sufren los inocentes. Ya no nos molestarían sus lamentos, ya no sentiríamos su dolor, porque comprenderíamos por qué está ocurriendo.

Imagine que está en un hospital y oye a una mujer gritando de dolor. Fuera de su cuarto se encuentra la familia de ella, charlando, todos sonriendo felices. Usted les grita “¿Qué pasa con ustedes? ¿No oyen cuánto está sufriendo?” Su respuesta “Esta es la guardia de partos. Está teniendo un bebé. Por supuesto que estamos felices”.

Cuando tiene una explicación, el dolor ya no parece tan malo. Podemos tolerar el sufrimiento cuando sabemos por qué ocurre.

Por lo tanto, si encontramos sentido al sufrimiento de la gente inocente, si podemos racionalizar la tragedia, entonces podemos vivir con ella. Podríamos oír el lamento de dulces niños que sufren y no horrorizarnos. Podríamos tolerar el ver corazones quebrantados y vidas destruidas, pues podríamos explicarlo ingeniosamente. Nuestra pregunta sería contestada y podríamos seguir adelante.

Pero mientras el dolor de los inocentes sigue siendo algo candente, nos molesta su existencia. Y mientras no podemos explicar el dolor, debemos aliviarlo. Si el sufrimiento de la gente inocente no es adecuado para nuestra visión del mundo, debemos erradicarlo. En lugar de justificar su dolor, necesitamos librarnos de él.

Continúe formulando la pregunta, por qué le ocurren cosas malas a la gente buena. Pero deje de buscar una respuesta. Comience a formular una respuesta. Tome su justo enojo y conviértalo en una fuerza para hacer el bien. Redirija su frustración por la injusticia y canalícela para luchar contra la injusticia y la maldad. Que su descontento sea el propulsor suyo hacia la acción. Cuando ve a personas inocentes sufriendo, ayúdelas. Combata el dolor del mundo con bondad. Alivie el sufrimiento toda vez que pueda.

No queremos respuestas, no queremos explicaciones, y no queremos un cierre. Queremos el fin del sufrimiento. Y no debemos atrevernos el dejar a Di-s que alivie el sufrimiento. él espera que nosotros lo hagamos. Para eso estamos acá.

Aaron Moss

Según tomado de, http://www.tora.org.ar/por-que-a-la-gente-buena-le-ocurren-cosas-malas/ el lunes, 6 de febrero de 2017.

Cain and Abel in the Bible, by Elie Wiesel

Cain and Abel in the Bible

Bible Review’s Supporting Roles by Elie Wiesel

Read Elie Wiesel’s essay on Cain and Abel in the Bible as it originally appeared in Bible Review, February 1998.—Ed.


georg-grosz-cain

Mankind’s first murderer, a weary Cain contemplates the death of his brother, Abel, who lies face down (at right) in this 1944 painting by the German-born artist Georg Grosz. Chaotic skeletons struggle at Cain’s feet in Grosz’s painting, titled Cain, or Hitler in Hell. As Elie Wiesel points out in the accompanying essay, the first death in biblical history is a difficult one, raising questions not only about Cain’s responsibility for the death of his brother, but about Abel’s own culpability and God’s role in the killing. The final lesson, according to Wiesel: Killing a man is killing a brother.

Born in Berlin, Georg Grosz (1893–1959) emigrated to the United States in 1933, just a few days before Adolf Hitler took office as German chancellor. Grosz’s paintings present a biting satire of German society, criticizing militarism, blind obedience to political leaders, and moral corruption. Photo: © Estate of Georg Grosz/Licensed by Vaga, New York, NY.

Cain and Abel: The first two brothers of the first family in history. The only brothers in the world. The saddest, the most tragic. Why do they hold such an important place in our collective memory, which the Bible represents for so many of us? Mean, ugly, immoral, oppressive—their story disturbs and frightens. It haunted mankind then and still does, working its way into our nightmares.At first we become attached to Cain. He shares with his younger brother, Abel, the generous idea of offering gifts to the Lord. But for this, Abel might never have felt the need to do the same. For reasons the text does not bother to explain, however, God accepts the gift from Abel after refusing the gift from Cain.

An unjust Creator of the World? Already? How can we understand this favoritism? What did Abel do so great, beautiful or praiseworthy as to merit the divine sympathy denied to his brother? Cain, innocent victim of unprecedented heavenly discrimination—how can we not wonder about his fate?

As always, the midrasha comes to the rescue in our attempt to fill the gaps left by the biblical text. There we learn that God would have preferred Abel’s gifts—they were of choicer quality.

Until then brothers united, surely devoted one to the other, the two would never be close again. A fight erupted. And Cain killed Abel.
For the first time in history, death occurs. And the first death in history, it is worth underlining, was a murder. Of course we are angry at Cain. Nevertheless, it is not difficult to understand his resentment, even his rage. But he should have restrained himself. One does not kill an innocent person, and certainly not one’s brother. If Cain wished to reproach someone, he should have addressed God, and not his younger brother. Abel succeeded in winning God’s favor? Cain, the older brother, should have been pleased for Abel! Was Cain unable to control his anger? Well, that is understandable. But to throw himself on his more fortunate brother and kill him! Too much!In the midrashic literature, the antagonism between the two brothers is not limited to the story about their offerings to the Lord. In the midrash, they inherited their dispute from their parents: Cain took the land for himself, and Abel received everything else. Another midrashic suggestion: Cherchez la femme—so let us look for the woman. According to this explanation, the two brothers were both in love with their mother; in another version, with their sister. A third theory: Each wanted to have the Temple of Jerusalem built in his domain. In short, the first fight in human history was also the first religious war.

These three hypotheses suggest an interesting viewpoint—that Cain is not the sole guilty party. God’s role in this quarrel is no longer the main issue. We can now consider each of the participants as an accomplice.

As a matter of fact, at a still higher level, the Talmud does not hesitate to insinuate precisely this. It asks, “Since there is no death without sin, why did Abel merit death?” There is a marvelous answer. It relies on the text, which says, “Cain spoke to his brother Abel. And when they were in the field, Cain set upon his brother and killed him.” But the text makes no mention of what Cain told Abel before killing him, nor what Abel answered. Is it possible that Abel did not pay attention to what his brother said? That Abel’s mind was elsewhere? Was that his sin? His brother, rebuffed, rejected, needed to tell someone of his grief—and he, Abel, was not even listening! This insensitivity is what makes him guilty.
Some of our sources go very far in pleading Cain’s case. When God accused him of murder, he could have made a convincing argument: “How was I to know that by hitting Abel he would die, since no one had lost his life before him?” Or, “Since You did not want me to kill my brother, why didn’t You stop me from going all the way? If a thief penetrates into a forbidden garden, is it not the guard’s fault?”

Cain nevertheless remains the archetypal murderer. His flash of anger is not enough to make it a crime of passion worthy of extenuating circumstances. If he was justified in holding a grudge, it should have been against God; he was wrong to lay the blame on his brother. Had he cried out to the heavens to express his pain, even to vent his rage, all would have been forgiven. Powerless against God, Cain took vengeance on the only being near him. That was his fault. And his crime.

Is this the lesson, profoundly human and humanistic, we should draw from this somber story? Perhaps. But there is a second lesson: Two men may be brothers and still become the victim or the killer of the other. And a third: He who kills, kills his brother.

Translated by Alissa Martin.

Notes:

a. Midrash (plural, midrashim) is a genre of rabbinic literature that includes nonliteral elaborations of biblical texts, often for homiletic purposes.


Elie Wiesel

The author of more than 30 novels, plays and profiles of Biblical figures, Elie Wiesel received the Nobel Peace Prize in 1986. This online publication is adapted from Wiesel’s article “Supporting Roles: Cain & Abel,” which was published in Bible Review in February 1998. The article was first republished in Bible History Daily on June 1, 2015. At the inception of Wiesel’s Supporting Roles series in Bible Review, BAS editors wrote:

We are pleased—and honored—to present our readers with the first of a series of insightful essays by Elie Wiesel, the world-renowned author and human rights advocate. Wiesel is best known for his numerous books on the Holocaust and for his profiles of Biblical figures and Hasidic masters. In 1986, he was awarded the Nobel Peace Prize. His occasional series for BR will focus on characters in the Bible that do not occupy center stage—those who play supporting roles.

As taken from, http://www.biblicalarchaeology.org/daily/people-cultures-in-the-bible/people-in-the-bible/cain-and-abel-in-the-bible/?mqsc=E3870628&utm_source=WhatCountsEmail&utm_medium=BHDDaily%20Newsletter&utm_campaign=E7B206,  February 6, 2017

Diferencias Entre Judíos Ortodoxos, Conservadores y Reformistas

Judíos Ortodoxos, Conservadores y Reformistas

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Gentileza jabad.com
por tzvi Freeman

Pregunta:

¿Cuál es la diferencia entre el judaísmo Ortodoxo, el judaísmo Conservador y el judaísmo Reformista?

Respuesta:

Posiblemente no sea la persona indicada para responder a esta pregunta ya que, personalmente, no creo que haya “ismos” en ser judío. Simplemente somos judíos, con nuestra Torá y nuestra voluntad de ser judíos.

Sin embargo, voy a tratar de dar una descripción objetiva de lo que estos “ismos” significan en términos prácticos:

Hasta el Siglo XIX éramos meramente judíos. Manteníamos la Halajá, -es decir la interpretación rabínica de las normas y pautas de la Torá- y durante 3.000 años, desde el Sinaí, venimos manteniendo una firme tradición. Si algún individuo o grupo se desviaba de la Halajá, generalmente era alejado del pueblo judío.

Luego vinieron los Reformistas. Su punto de vista era: “las cosas están cambiando. Ahora sabemos que no hay necesidad de mantener la kashrut, el Shabat, la circuncisión o creer en un retorno a Sión”. En Alemania decían: “Berlín es nuestro Jerusalén”. En los EE.UU. era Washington.

Luego vinieron los Conservadores: Su punto de vista era: “Estos rabinos reformistas han ido demasiado lejos. Es preciso conservar algunas de las tradiciones básicas del judaísmo”. De modo que revivieron una forma de alimentación kasher, del Shabat y de la circuncisión. Pero no estaban demasiado convencidos con respecto al tema Washington.

Aquellos judíos que no seguían estas líneas de pensamientos eran catalogados como “Ortodoxos”. Ellos nunca pidieron ser llamados así, pero éste fue el nombre que se les dio. En lo que me es personal no me veo como ortodoxo, ya que pienso acerca de mi judaísmo como algo muy radical y bueno, poco ortodoxo.

Tampoco veo el motivo que puede haber para reformar mi judaísmo. Preferiría que mi judaísmo me reformara a mí. Después de todo, aquellas cosas que los padres de la reforma vieron como algo obsoleto ahora están de moda nuevamente y son cada vez más populares. Por ejemplo, en los últimos diez años el número de alimentos kasher que hay en el mercado se incrementó en un 2000%. Y en lo que se refiere a Jerusalén, la realidad es bastante obvia. En 1948 el movimiento reformista dio una marcada media vuelta.

Ahora bien, apuesto que con lo anterior he provocado más preguntas que las respuestas que he podido ofrecer. Pero eso está bien porque es parte de lo que es ser judío, poder pensar libremente y plantear preguntas.

Tzvi Freeman

Según tomado de, http://www.tora.org.ar/ortodoxos-conservadores-y-reformistas/ el domingo, 5 de febrero de 2017

¿Por Qué Los Rabinos Desaniman Conversiones?

¿Por Qué Los Rabinos Desaniman Conversiones?

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Gentiliza http://www.jabad.com

Pregunta:

Estoy un poco confundido. Tengo muchos amigos judíos, pero la mayoría de ellos son totalmente indiferentes, y a veces hasta hostiles hacia su propia religión. Yo no soy judío pero he estudiado el judaísmo y lo amo, y estoy muy interesado en convertirme.

Mi confusión se debe a lo siguiente: cuando fui a hablar con un rabino acerca de la conversión, me disuadió de convertirme, diciéndome que es más serio de lo que pienso, y que puedo vivir una vida plena sin hacerme judío. Le dije cuán interesado estoy en el judaísmo, pero sin embargo me echó.

¿Qué está pasando? Estoy sediento de judaísmo y soy expulsado, ¡mientras que tantos judíos ni siquiera quieren estudiar más acerca de su propia religión!


Respuesta:

Hay una creencia judía de que el judaísmo no es solo bueno para el alma judía, es natural para el alma judía. El alma se siente en su hogar cuando dice plegarias en hebreo, experimenta la mesa de Shabat, o coloca una mezuza. Esos actos son los que hacen sentir cómoda al alma judía. Un judío tiene una afinidad innata con el judaísmo.

¿Entonces por qué tantos judíos no parecen interesados por su religión? Porque hay otra creencia judía de que cada energía tiene su contra-energía. Si el alma judía es atraída al judaísmo, debe haber una fuerza igual y opuesta que aleja al judío del judaísmo. El materialismo, el cinismo, la pereza, la apatía —todo eso y más conspira para alejar al judío de conectarse con su judaísmo. En efecto, cuanto más poderosa es el alma judía, más intensa será esa resistencia.

Y debe ser de este modo. De otro modo la vida espiritual sería muy fácil —un alma judía naturalmente caerá en el judaísmo. Y Di-s quiere que seamos desafiados. Cuando los judíos se ocupan del judaísmo, están tomando sobre si un desafío de toda la vida para vencer esos obstáculos internos y encontrar su ser más profundo.

Cuando un no judío se acerca al judaísmo, es una historia completamente diferente. El o ella no tienen “equipaje” así que están abiertos a lo que el judaísmo tiene para decir. Puede sentirse atraído, o no —pero no tiene la resistencia emocional que tiene el judío. Es por eso que muchos no judíos respetan al judaísmo cuando realmente lo estudian. Vienen con un corazón abierto, a diferencia del judío que tiene una resistencia automática hacia todo lo judío.

Esto es bueno —hasta que el no judío considera la conversión. Puede sentir que el judaísmo tiene la profundidad y calidez que busca, puede sentirse bien yendo a la sinagoga y celebrando las festividades, y eso puede llevarlo a pensar que puede ser fácil hacerse judío y hacer de esto su hogar espiritual. Pero hay un factor del que no es conciente.

Ahora todo parece lindo y cómodo porque usted está de visita. Aun no es suyo, así que puede mirarlo objetivamente y disfrutarlo por lo que es, sin ninguna resistencia. Pero en el momento en que se hace judío todo cambia. La conversión no sólo significa que usted recibe el alma judía, sino que también recibe el “equipaje” judío que lo abruma y trata de evitar que se convierta en un judío activo (nuevamente, para mantener el equilibrio y darle un desafío).

Este es un motivo por el cual alejamos a los conversos. Ponemos obstáculos en su camino así pueden probar a qué se parece realmente ser judío. Así estará claro desde el comienzo que una vida judía no es fácil. Siempre habrá obstáculos. La única diferencia es, antes de la conversión los obstáculos son externos —rabinos duros que le dicen “no moleste con el judaísmo”. Después de convertirse, esos mismos rabinos le darán la bienvenida con los brazos abiertos, y aun habrá una voz que le dirá que no moleste —pero entonces esa voz será interior.

Si puede vencer la resistencia de los rabinos, entonces tiene una buena posibilidad de poder vencer la resistencia interior que es la lucha de todo judío.

Aron Moss

Según tomado de, http://www.tora.org.ar/por-que-los-rabinos-desaniman-conversiones/ el domingo, 5 de febrero de 2017.

¿Para qué Dios crea el Mal?

¿Para qué Dios crea el Mal?

Extraído del Calendario Cabalístico del Rab Ben Itzjak.

Los cabalistas nos enseñan que al principio de los días, o mejor dicho durante el sexto día de la creación, había un hombre, una mujer… y una serpiente. Un hombre y una mujer – Adán y Eva – con un objetivo y una tarea divina que cumplir – “trabajar y cuidar el Gan Eden” – y una criatura, también divina, encargada de tentar al hombre a desviarse del camino correcto, y a interferir y arruinar los planes divinos y humanos de perfección.
Citamos a continuación los pasajes bíblicos del segundo y tercer capítulo del libro de Génesis relevantes para nuestro estudio:

“Y El Eterno, Dios, formó al hombre de polvo de la tierra y le exhaló en sus fosas nasales el alma de vida; y el hombre se transformó en un ser vivo.
El Eterno Dios plantó un jardín en el Edén, hacia el este, y allí colocó al hombre que había formado. Y El Eterno Dios hizo que brotaran de la tierra todos los árboles que eran agradables a la vista y buenos como alimento; y el árbol de la Vida, en medio del jardín, y el árbol del Conocimiento del Bien y del Mal…
El Eterno Dios tomó al hombre y lo colocó en el Jardín del Edén, para que lo trabajara y lo cuidara. Y El Eterno Dios le ordenó al hombre, diciendo: “De todo árbol del jardín podrás comer, pero del árbol del Conocimiento del Bien y del Mal, no comerás; pues el día que de él comas, ciertamente morirás”.
El Eterno dijo: “No es bueno que el hombre esté solo; le haré una compañera que le corresponda… El Eterno Dios, con el costado que había tomado del hombre, construyó una mujer y la llevó ante el hombre… Ambos estaban desnudos, el hombre y su mujer, y no tenían vergüenza.
La serpiente era más astuta que cualquier otra bestia del campo que El Eterno Dios había hecho. Ella le dijo a la mujer: ¿Acaso Dios dijo “No comeréis de ningún árbol del jardín?”…La serpiente le dijo a la mujer: “Ciertamente que no moriréis, pues Dios sabe que el día que de él comáis, vuestros ojos se abrirán, y seréis como Dios, conocedores del bien y del mal”.
Y la mujer… tomó de su fruto y comió; y también le di a su marido junto a ella, y él comió”.

Y si bien el análisis completo de estos pasajes podría ocupar cientos o miles de páginas, en este caso focalizaremos nuestra atención precisamente en el rol de la serpiente.

En el libro Nefesh Hajaim, el gran cabalista Rabí Jaim de Volozyn relaciona a la serpiente con la presencia del Mal en el mundo. Sin embargo, lo que más sorprende de su mensaje es el énfasis que el sabio pone al destacar que la serpiente no sólo tienta a la mujer sino que lo hace “desde afuera”, “en segunda persona”, es decir, le dice: “tú puedes comer del árbol y nada malo te sucederá”. Está bien, es evidente que así sucede, mas ¿qué tiene esto de extraño? ¿La primera o segunda persona gramatical es acaso lo que modifica la influencia del Mal y su capacidad dañina? No obstante, si lo analizamos con detenimiento, descubriremos que esta situación, en la que la serpiente – el Mal – habla al hombre “desde afuera”, es única en la historia de la humanidad. Intentaremos aclararlo.

* * * *

Tal lo expresado, al hombre se le prohibe comer del árbol del Conocimiento del Bien y del Mal. Mas antes de intentar dilucidar el sentido de esta prohibición, los invito a reflexionar superficialmente en el mandato divino: no comer del árbol del Conocimiento del Bien y del Mal. Perfecto, lo aceptamos, mas ¿por qué? ¿Qué sentido oculto encierra esta prohibición? O mejor dicho, y tal como lo cita Maimónides en su Guía de Perplejos, ¿acaso el Creador no quería que el hombre comiese de este árbol para que no llegara a distinguir entre el Bien y el Mal? ¿Qué más valioso que esto? ¿Acaso no es precisamente esta capacidad de distinguir entre lo bueno y lo malo lo que diferencia al hombre de las bestias?

Mas cuando logramos internarnos en el mundo de las palabras bíblicas originales, en el idioma hebreo, y nos aproximamos a sus raíces idiomáticas, entonces todo lentamente se aclara y se ordena.
La expresión bíblica que refiere al árbol del Conocimiento del Bien y del Mal es “etz hadaat tov verá”. Es un árbol, etz, que otorga un conocimiento, daat, relacionado al Bien, tov, y al Mal, ra. Y para saber a qué tipo de conocimiento se alude, basta con entender la palabra hebrea daat, la cual en todos los casos en que aparece en la Biblia indica unión, apego y fusión. Por ejemplo, el pasaje bíblico lo utiliza para indicar que Adán conoció – iadá – a su mujer Eva y ella concibió y dio a luz.

Es decir, el hombre se unió a su mujer, o tal como lo expresa el versículo: “la conoció”. Y cuando ahora regresamos al árbol del Paraíso, ya podemos aproximarnos mínimamente a su sentido: era el árbol que fusionaba y entremezclaba al Bien y al Mal. Y una vez que el hombre come del mismo, entonces “internaliza” a través de este acto la confusión y, desde ese instante el Bien y el Mal no solo se confunden entre si sino que le hablan al hombre desde su interior, en primera persona. El hombre cree que la voz que le habla es su propia voz, mas en realidad, es el mal instinto que lo seduce desde lo más profundo de su ser.

Comprendido. Sin embargo, y debido a la importancia del tema, me gustaría describir la situación existencial del hombre antes de pecar, tal como lo explica el genial sabio cordobés, Maimónides. Adán, antes de probar el fruto prohibido y provocar la confusión antes detallada, distinguía en su mundo cuatro aspectos diferentes: lo verdadero, lo falso, lo bueno y lo malo. Y esto, todo el tiempo que el Mal se encontraba afuera de su persona.

Como es lógico, él se guiaba por lo correcto y se alejaba de lo falso, y su camino era elegido de acuerdo con la verdad. Mas al caer, al “acceder” al conocimiento que El Eterno le indico no probar, su vida ya no se rige por lo verdadero y lo falso, o lo correcto o incorrecto sino por lo bueno y malo. El hombre que basa su vida en lo que le parece bueno o malo, en lo que la agrada o le provoca rechazo, es un digno representante del hombre, mas en su estado decadente posterior al pecado. El Bien y Mal, entremezclados y confusos, desplazan y oscurecen a la Verdad y la Mentira.

* * * *

Y la siguiente pregunta es obvia, y diría que casi obligatoria para el lector que nos ha seguido atento hasta aquí: ¿Para qué Dios crea el Mal? ¿Por qué la serpiente es colocada junto a Adán y a Eva en el Paraíso? ¿Por qué es tan necesario que además acompañe al hombre en su paso por la vida?

El gran cabalista, Rabí Jaim Moshé Luzzatto, lo explica con absoluta claridad en varias de sus obras clásicas – Derej Hashem, Daat Tevunot – y para no confundir al lector intentaremos resumir sus conceptos en pocas líneas.
El hombre fue creado y puesto en este mundo para ser beneficiado, ya que la esencia divina es el Bien absoluto. Por lo tanto, se le otorga el libre albedrío y se lo coloca en un escenario en el cual la persona puede ser recompensado por sus actos. Sin embargo, si el hombre no tuviese ningún obstáculo, si ninguna fuerza se le opusiese, entonces más que una recompensa recibiría un obsequio, lo cual, y tal como lo expresan los sabios místicos, sería como comer del “pan de la vergüenza”. ¿Por qué? Pues tal regalo avergonzaría profundamente a la persona tal como el necesitado se avergüenza de observar a los ojos de su benefactor.

Además, todo aquello que recibimos por obsequio nos llega desde afuera, del mundo exterior, y jamás llegamos realmente a convertirlo en parte de nuestro ser. Un regalo siempre lleva el nombre de aquel que nos lo obsequió mientras que, lo que ganamos y obtenernos con nuestro propio esfuerzo, nos pertenece de modo esencial. Por estas razones, explica el cabalista, el Mal viene a cumplir un papel vital: permitir el trabajo del hombre que, al superarlo, recibe una recompensa divina como producto de su propio esfuerzo, y como resultado de la correcta utilización de su libre albedrío.

* * * *

El Maharal de Praga, ese gigante espiritual, explica en varios pasajes de su magnífica obra que el Mal Instinto – representante de las fuerzas espirituales negativas – ataca al hombre precisamente cuando éste supera la mediocridad y sobresale. Todo el tiempo que el individuo se mantiene dentro de los niveles más comunes, más mediocres, entonces el Mal Instinto simplemente no se preocupa de él y lo deja hacer y actuar libremente. El pastor continúa distraído todo el tiempo que las ovejas no se escapan del rebaño. Mas cuando la persona crece, se supera y comienza a trabajar en aras de minimizar la presencia del Mal en el mundo, entonces el Mal Instinto lo ataca con toda su fuerza.

Esta es la razón – explica el Maharal – por la cual Israel en su punto de máxima elevación espiritual se inclina a la construcción del becerro de oro.
La profunda explicación del sabio de Praga también nos sirve para entender por qué tantos hombres al llegar a cimas importantes en sus vidas, se corrompen y desvían.

* * * *

El cuarto mes, tamuz – el mes que sigue inmediatamente al mes de siván – se presenta como un tiempo de riesgo espiritual y de caída. El pueblo de Israel ha alcanzado su cima espiritual, y Moisés, el gran líder, ha ascendido a los cielos y ha recibido la Torá directamente del Creador del Mundo. Sin embargo, es precisamente en este momento cuando el Mal ataca al pueblo, quien casi sin notarlo construye un becerro de oro y le otorga poderes idolátricos inexistentes. El tiempo de ascenso ha llegado a su fin, y el mes de tamuz y su energía ejercen ahora su influencia de descenso, de bajada, de confusión y de peligro.

Rab Ben Itzjak.

Según tomado de, http://www.tora.org.ar/para-que-dios-crea-el-mal/ el sábado, 4 de febrero de 2017.

Five myths about anti-Semitism

Five myths about anti-Semitism


An ultra-Orthodox Jewish man visits Yad Vashem, the Israeli Holocaust memorial museum in Jerusalem.
(Abir Sultan/EPA)

 February 3

Yair Rosenberg is a senior writer at Tablet Magazine.

For a phenomenon often dubbed “the world’s oldest hatred,” anti-Semitism is not well understood. From top Iranian officials who blame the Talmud for the international drug trade to British political activists who claim that the Mossad is stealing their shoes, anti-Jewish bigotry can be bewildering and bizarre. But given the prejudice’s longevity, virulence and recent resurgence in Europe and America — witness the waves of bomb threats against dozens of Jewish centers nationwide in the past month and the controversy over the Trump administration’s repeated refusal to include Jews in its Holocaust memorial statement — it’s well worth debunking common misconceptions that impede our ability to fight it.

MYTH NO. 1
Anti-Semitism largely subsided after the Holocaust.

In my time reporting on anti-Semitism, I’ve often encountered a certain well-meaning skepticism: Didn’t the Holocaust, with its shocking horrors, finally compel society to stamp out anti-Jewish bigotry? Sophisticated people don’t write this idea down, but it’s one I hear constantly in my reporting.

This is profoundly, depressingly wrong. According to the FBI, Jews in the United States are annually subject to the most hate crimes of any religious group, despite constituting only 2 percent of the American population. The picture is considerably darker in Europe, where Jews were the target of 51 percent of racist attacks in France in 2014, even as they made up less than 1 percent of that country’s population. In recent years, synagogues and Jewish schools and museums have been subject to terrorist attacks in France, Denmark and Belgium. A 2013 E.U. survey found that nearly 40 percent of European Jews fear to publicly identify as Jewish, including 60 percent of Swedish Jews. Non-Western examples abound as well. Populations of Jews in Arab lands, which once numbered nearly 1 million, have been reduced to only a few thousand, having been persecuted to the point of expulsion or flight in the past century.

These facts underscore a crucial point: It’s wrong to subsume anti-Semitism under Nazism, its worst manifestation, when the centuries-old prejudice usually takes less extreme or exterminationist forms. The end of American slavery did not mean the end of American racism; likewise, the end of Nazism as a dominant political force did not silence anti-Semitism.

MYTH NO. 2
ANTI-SEMITISM COMES PREDOMINANTLY FROM THE RIGHT

This past election season, the ascendant alt-right, a band of reactionary white nationalists with a penchant for harassing Jewish journalists, filled Twitter with neo-Nazi memes, Photoshopped reporters into gas chambers and concentration camps, and chanted anti-Semitic slogans at political rallies. (My critical reporting on Trump made me the second-most-harassed Jewish journalist on Twitter, according to an Anti-Defamation League study.) One could be forgiven for assuming that such bigotry flows from one primary political source.

But anti-Semitic outbursts were taking place on the left at the same time. At liberal Oberlin College, a writing instructor named Joy Karega sharedFacebook memes about Jewish control of the global economy and media, alongside posts asserting Israeli responsibility for the Islamic State and 9/11. Yet when school officials and others criticized her conduct, the student council dismissed it as a “witch-hunt.” In New York, despite a local outcry, the hip leftist hub Brooklyn Commons hosted Christopher Bollyn, a conspiracy theorist who argued that “Zionist Jews” were behind 9/11. During the Democratic primaries, Jewish candidate Bernie Sanders was confronted by a questioner who declared that “the Zionist Jews . . . run the Federal Reserve, they run Wall Street, they run every campaign.” Surveying this scene, TBS comedian Samantha Bee aired footage of an anti-Semite ranting at a Trump rally, then cracked, “To find anti-Semitism that rabid, you’d have to go to, well, any left-leaning American college campus.”

This bipartisan bigotry shouldn’t surprise. Anti-Semitism could never have attained its impressive influence without forging coalitions across ideological and religious lines. Hatred of Jews has long thrived on its ability to ensnare utterly opposite worldviews. Thus, the 2013 E.U. survey found that Italian and Swedish Jews perceived more anti-Semitic statements coming from the left, Hungarian Jews heard them overwhelmingly from Christians and the right, and French Jews reported abuse largely from Muslim extremists. It’s tempting to cast anti-Semitism as the sin of other people, but that’s usually a way to avoid confronting the problem within one’s own community.

MYTH NO. 3
Criticism of Israel is generally anti-Semitic.

The state of Israel often confounds the anti-Semitism conversation. Some assume that an attack on Israel and its policies must necessarily be an attack on Jews; evangelical leader Franklin Graham, for instance, dubbed criticism of Israeli settlers an assault on God’s “chosen people.” Others justify their attacks on Jews around the world by pointing to Israel, claiming to be anti-Zionist, not anti-Semitic. Much of this confusion stems from the conflation of all Jews with the state of Israel, its government and its policies.

Criticism of Israel, however, is not necessarily anti-Semitic. In fact, it is a popular pastime in Israel and among Jews across the globe. Objections to settlements, for instance, or even calls to boycott them are debatable political positions, not bigoted slurs. Dovish proponents of such views are no more promulgating anti-Jewish prejudice than those security hawks and religious nationalists who have opposed Israel’s land concessions for peace. Israel is a democracy — and can be held to account for its actions, just like any other country.

MYTH NO. 4
Criticism of Israel cannot be anti-Semitic.

At the same time, criticism of the Jewish state can mask malice toward Jews. Some cases are obvious, such as when the organizers of a 2010 flotilla that aimed to breach Israel’s maritime blockade of Gaza subsequently denied the Holocaust and claimed that Israel was behind the Charlie Hebdo massacre. Similarly, those who accuse Israel of committing “Palestinian genocide,” when the Palestinian Central Bureau of Statistics records a four-fold population increase since Israel’s founding, are engaging in libel, not legitimate argument.

In other, less-blatant cases, Israel is subjected to criticism leveled at no non-Jewish country. Consider the United Nations, whose Human Rights Council has condemned Israel more often than all other countries combined, including Syria, North Korea, Iran and Russia. As President Barack Obama’s U.N. ambassador, Samantha Power, put it, “As long as Israel has been a member of this institution, Israel has been treated differently from other nations at the United Nations.” In October, one U.N. body even passed a resolution denying the Jewish connection to Jerusalem’s Temple Mount, Judaism’s holiest site.

What these unfortunate approaches all share is that they treat the Jewish state in much the same way anti-Semites have historically treated Jews: singling them out for censure and implicating them in outlandish conspiracies.

MYTH NO. 5
Anti-Semitism mostly threatens Jews.

Most bigotries debilitate their targets while empowering their disseminators, much like slavery and redlining enriched America’s white majority at the expense of its African American minority. Many successful societies have been built atop prejudices.

Anti-Semitism, however, is a unique case — and uniquely corrosive to those societies that embrace it. That’s because it often takes the form of a conspiracy theory about how the world works. By blaming real problems on imagined Jewish culprits, anti-Semitism prevents societies from rationally solving them. In one of the most famous examples, Nazi scientists shunned Einstein’s advances as “Jüdische Physik,” as opposed to “Deutsche Physik,” enfeebling their understanding.

As Bard College’s Walter Russell Mead has put it: “People who think ‘the Jews’ dominate business through hidden structures can’t build or long maintain a successful modern economy. People who think ‘the Jews’ dominate politics lose their ability to interpret political events, to diagnose social evils and to organize effectively for positive change. People who think ‘the Jews’ run the media and control the news lose the ability to grasp what is happening around them.” For this reason, Mead has warned, “Rabid anti-Semitism coupled with an addiction to implausible conspiracy theories is a very strong predictor of national doom.” This is one case where the hatred ultimately destroys the hater.

https://www.washingtonpost.com/opinions/five-myths-about-anti-semitism/2017/02/03/a8de59e2-e884-11e6-b82f-687d6e6a3e7c_story.html?hpid=hp_no-name_opinion-card-e%3Ahomepage%2Fstory&utm_term=.412b50f2dcd6

The necessity of asking questions

The necessity of asking questions

by Jonathan Sacks

It is no accident that Parshat Bo, the section that deals with the culminating plagues and the Exodus, should turn three times to the subject of children and the duty of parents to educate them. As Jews we believe that to defend a country you need an army, but to defend a civilisation you need education. Freedom is lost when it is taken for granted. Unless parents hand on their memories and ideals to the next generation — the story of how they won their freedom and the battles they had to fight along the way — the long journey falters and we lose our way.

What is fascinating, though, is the way the Torah emphasises the fact that children must ask questions. Two of the three passages in our parsha speak of this:

And when your children ask you, ‘What does this ceremony mean to you?’ then tell them, ‘It is the Passover sacrifice to the Lord, who passed over the houses of the Israelites in Egypt and spared our homes when He struck down the Egyptians.’ (Ex. 12:26-27)

In days to come, when your son asks you, ‘What does this mean?’ say to him, ‘With a mighty hand the Lord brought us out of Egypt, out of the land of slavery. (Ex. 13:14)

There is another passage later in the Torah that also speaks of question asked by a child:

In the future, when your son asks you, “What is the meaning of the stipulations, decrees and laws the Lord our God has commanded you?” tell him: “We were slaves of Pharaoh in Egypt, but the Lord brought us out of Egypt with a mighty hand. (Deut. 6:20-21)

The other passage in today’s parsha, the only one that does not mention a question, is:

On that day tell your son, ‘I do this because of what the Lord did for me when I came out of Egypt.’

(Ex. 13:8)

These four passages have become famous because of their appearance in the Haggadah on Pesach. They are the four children: one wise, one wicked or rebellious, one simple and “one who does not know how to ask.” Reading them together the sages came to the conclusion that [1] children should ask questions, [2] the Pesach narrative must be constructed in response to, and begin with, questions asked by a child, [3] it is the duty of a parent to encourage his or her children to ask questions, and the child who does not yet know how to ask should be taught to ask.

There is nothing natural about this at all. To the contrary, it goes dramatically against the grain of history. Most traditional cultures see it as the task of a parent or teacher to instruct, guide or command. The task of the child is to obey. “Children should be seen, not heard,” goes the old English proverb. “Children, be obedient to your parents in all things, for this is well-pleasing to the Lord,” says a famous Christian text. Socrates, who spent his life teaching people to ask questions, was condemned by the citizens of Athens for corrupting the young. In Judaism the opposite is the case. It is a religious duty to teach our children to ask questions. That is how they grow.

Judaism is the rarest of phenomena: a faith based on asking questions, sometimes deep and difficult ones that seem to shake the very foundations of faith itself. “Shall the Judge of all the earth not do justice?” asked Abraham. “Why, Lord, why have you brought trouble on this people?” asked Moses. “Why does the way of the wicked prosper? Why do all the faithless live at ease?” asked Jeremiah. The book of Job is largely constructed out of questions, and God’s answer consists of four chapters of yet deeper questions: “Where were you when I laid the earth’s foundation?…Can you catch Leviathan with a hook?…Will it make an agreement with you and let you take it as your slave for life?”

In yeshiva, the highest accolade is to ask a good question: Du fregst a gutte kashe. Rabbi Abraham Twersky, a deeply religious psychiatrist, tells of how when he was young, his teacher would relish challenges to his arguments. In his broken English, he would say, “You right! You 100 prozent right! Now I show you where you wrong.”

Isadore Rabi, winner of a Nobel Prize in physics, was once asked why he became a scientist. He replied, “My mother made me a scientist without ever knowing it. Every other child would come back from school and be asked, ‘What did you learn today?’ But my mother used to ask: ‘Izzy, did you ask a good question today?’ That made the difference. Asking good questions made me a scientist.”

Judaism is not a religion of blind obedience. Indeed, astonishingly in a religion of 613 commandments, there is no Hebrew word that means “to obey”. When Hebrew was revived as a living language in the nineteenth century, and there was need for a verb meaning “to obey,” it had to be borrowed from the Aramaic: le-tsayet. Instead of a word meaning “to obey,” the Torah uses the verb shema, untranslatable into English because it means [1] to listen, [2] to hear, [3] to understand, [4] to internalise, and [5] to respond. Written into the very structure of Hebraic consciousness is the idea that our highest duty is to seek to understand the will of God, not just to obey blindly. Tennyson’s verse, “Theirs not to reason why, theirs but to do or die,” is as far from a Jewish mindset as it is possible to be.

Why? Because we believe that intelligence is God’s greatest gift to humanity. Rashi understands the phrase that God made man “in His image, after His likeness,” to mean that God gave us the ability “to understand and discern.” The very first of our requests in the weekday Amidah is for “knowledge, understanding and discernment.” One of the most breathtakingly bold of the rabbis’ institutions was to coin a blessing to be said on seeing a great non-Jewish scholar. Not only did they see wisdom in cultures other than their own, they thanked God for it. How far this is from the narrow-mindedness than has so often demeaned and diminished religions, past and present.

The historian Paul Johnson once wrote that rabbinic Judaism was “an ancient and highly efficient social machine for the production of intellectuals.” Much of that had, and still has, to do with the absolute priority Jews have always placed on education, schools, the beit midrash, religious study as an act even higher than prayer, learning as a life-long engagement, and teaching as the highest vocation of the religious life.

But much too has to do with how one studies and how we teach our children. The Torah indicates this at the most powerful and poignant juncture in Jewish history — just as the Israelites are about to leave Egypt and begin their life as a free people under the sovereignty of God. Hand on the memory of this moment to your children, says Moses. But do not do so in an authoritarian way. Encourage your children to ask, question, probe, investigate, analyse, explore. Liberty means freedom of the mind, not just of the body. Those who are confident of their faith need fear no question. It is only those who lack confidence, who have secret and suppressed doubts, who are afraid.

The one essential, though, is to know and to teach this to our children, that not every question has an answer we can immediately understand. There are ideas we will only fully comprehend through age and experience, others that take great intellectual preparation, yet others that may be beyond our collective comprehension at this stage of the human quest. Darwin never knew what a gene was. Even the great Newton, founder of modern science, understood how little he understood, and put it beautifully: “I do not know what I may appear to the world, but to myself I seem to have been only a boy playing on the seashore, and diverting myself in now and then finding a smoother pebble or prettier shell than ordinary, whilst the great ocean of truth lay all undiscovered before me.”

In teaching its children to ask and keep asking, Judaism honoured what Maimonides called the “active intellect” and saw it as the gift of God. No faith has honoured human intelligence more

 

As taken from http://blogs.timesofisrael.com/the-necessity-of-asking-questions-bo-5777/?utm_source=The+Times+of+Israel+Daily+Edition&utm_campaign=4c52d65ca3-EMAIL_CAMPAIGN_2017_02_04&utm_medium=email&utm_term=0_adb46cec92-4c52d65ca3-54798245.

February 4, 2017

La Cabalá de la Oscuridad

La Cabalá de la Oscuridad, por Lazer Gurkow

 

La novena de las 10 plagas que visitó a Egipto fue la plaga de la Oscuridad: “Ninguna persona podía ver a su hermano, ni nadie podía pararse de su lugar, por tres días; pero los hijos de Israel, tenían luz en todas sus moradas” (Éxodo 10:23)

La plaga física de la oscuridad tiene su raíz en la oscuridad espiritual, que puede ser definida como ausencia de la presencia revelada de Di-s. Al discutir el origen espiritual de esta plaga, el Midrash cita dos opiniones: Rabí Nejemia enseñó que la oscuridad se origina en las regiones del Guehinom (purgatorio), Rabi Iehudá enseñó que se origina en las esferas celestiales.

Los Maestros Jasídicos explicaron la diferencia entre estas dos formas de oscuridad:

1) La oscuridad clásica, asociada con el Guehinom, actúa como una cortina. Cuando una cortina tapa una ventana, obstruye el paso de los rayos de sol y deja a la habitación a oscuras. Esta es la oscuridad del Gehinom, en donde la presencia de Di-s está totalmente oculta.

2) La oscuridad celestial es primordial; antecede toda luz. La esencia de Di-s va más allá que cualquier revelación. Cuando él decide revelarse, irradia hacia afuera para que su luz se vuelva visible, pero más allá de la luz, todavía hay oscuridad. La oscuridad es el dominio de su esencia y la esencia no requiere luz. No le falta luminiscencia, sino que la trasciende.

En otras palabras, la oscuridad clásica oculta la luz de Di-s, mientras que la oscuridad celestial revela la esencia de Di-s, trascendiendo toda luz.

Proyectado en el nivel humano:

Estas dos formas de oscuridad espiritual, una vez experimentado en el nivel humano, obtienen dos reacciones muy diferentes. La oscuridad clásica es el encubrimiento de la luz. Dejado en la oscuridad espiritual, el humano busca Divinidad porque su condición anhela luz.

Oscuridad celestial, en el nivel humano, tiene un efecto espiritual negativo. La oscuridad celestial es una trascendencia de la luz. Porque el humano no puede trascender la luz experimenta tal trascendencia como la satisfacción con la oscuridad. Si se subyuga tal satisfacción por un período prolongado de tiempo puede olvidar por completo la virtud de la Divinidad.

Ceguera e inmovilidad:
La oscuridad física afectó a los egipcios de dos formas. La primera era que “ninguna persona podía ver a su hermano” y la segunda era que “ninguna persona podía elevarse de su lugar”.El Midrash enseña que esta plaga duró seis días. Los primeros tres días los egipcios no podían verse uno al otro pero podían levantarse y moverse. Durante los últimos tres días la oscuridad se intensificó tanto hasta el punto que paralizó hasta el movimiento más simple. No podían levantarse de sus lugares.
Estos dos períodos de tres días en la Plaga de la Oscuridad pueden ser vistos como correspondientes de los dos tipos de oscuridades que discutimos antes. Durante el primer período de tres días, los egipcios experimentaron la oscuridad espiritual clásica en la que uno se siente privado de luz y languidece por ella. Durante este tiempo no podían ver a su hermano. En este sentido, su hermano es una metáfora de la luz de Di-s. Querían ver su luz, pero la oscuridad los prevenía de hacerlo. Durante el segundo período de tres días la oscuridad era en la forma celestial. Crecía su alegría con la oscuridad: ya no languidecían por su “hermano”, sino más bien no podían levantarse de su lugar. “Su lugar” es una metáfora de su contento con la luz; no podían levantarse de esta alegría para apreciar el valor de la luz de Di-s.

Los dos Antídotos:

¿Qué hacían los Hijos de Israel mientras los egipcios languidecían en la oscuridad?

El Midrash cita dos propósitos sobre la utilidad de la plaga de la oscuridad:

1) Muchos judíos no querían abandonar Egipto, así que Di-s decretó que morirían allí. Los egipcios permanecieron inconcientes de tan bochornoso hecho porque los judíos murieron y fueron enterrados durante el período de la oscuridad.

2) La oscuridad proveyó una oportunidad a los judíos de circular por las casas egipcias para determinar la ubicación de los objetos de valor que tomarían luego. Cuando los judíos pidieron prestado estos objetos, los egipcios no podían negar poseerlos porque los judíos detallarían el lugar en donde estaban escondidos.

De acuerdo a uno de los comentarios, ambas razones son ciertas. Durante los tres primeros días de la plaga, los judíos enterraron a sus muertos y durante los últimos tres días exploraron los hogares egipcios.

En un nivel metafórico estas dos actividades constituyen actividades antídotos para las dos formas de oscuridad descritas arriba.

1) El antídoto para la oscuridad que oculta la luz es quitar esa “cortina” que oculta y tirarse a la piscina de luz. Durante los primeros tres días, mientras los egipcios languidecían por la luz los judíos saltaron en ella. Los judíos distinguieron claramente la oscuridad de la luz y a los malvados de los justos. Entendieron por qué sus hermanos murieron y rápidamente los enterraron para remover todo resto de maldad de entre ellos.

2) El antídoto para la oscuridad que está contenta de su oscuridad es mirar dentro de la misma e identificar su raíz divina; reconocer que el hecho de que el hombre esté contento sin luz es un reflejo del hecho que su creador trasciende toda luz. Durante los últimos tres días, mientras los egipcios permanecieron atrapados en su “lugar” de oscuridad contenta, los judíos miraron en los lugares oscuros ocultos y descubrieron tesoros de “oro” y “plata”. En el lenguaje de la Kabalá, el oro y la plata representan amor a Di-s. Los judíos miraron dentro de la oscuridad y descubrieron su amor por las raíces Divinas ocultas.

Según tomado de, http://es.chabad.org/library/article_cdo/aid/1402837/jewish/La-Cabal-de-la-oscuridad.htm el viernes, 3 de febrero de 2016.