Nazarenos y Monasterios

Nazarenos y Monasterios
Por Yossy Goldman

El hombre más poderoso mencionado en la Biblia, fue Sansón. El doblegó a las fieras más salvajes y destruyó un coliseo con sus propias manos. Al final, Sansón fue destruido porque su esposa Dalila cortó su pelo y por ello perdió su energía. ¿Por qué un hecho tan inocuo, como el corte de pelo, aminoró la fuerza de Sansón? La respuesta es que el era un Nazareo. Y como leemos en la Perashá de esta semana el nazareo tiene prohibido cortarse el pelo, tomar vino y estar en contacto con los muertos.

Al final del periodo de nazareo era necesario traer al Templo una ofrenda de arrepentimiento. El Talmud pregunta: ¿Por qué el nazareo que voluntariamente tomó sobre si mismo ciertas restricciones, debe arrepentirse? ¿Cuál es su pecado? Una de las opiniones talmúdicas declara que por cuanto que el se negó a si mismo el placer de beber vino es considerado pecador.

La pregunta ahora es: ¿Por qué es pecado negarse a uno mismo algún placer? ¿ Solo porque el Creador creo el fruto de la vid, es pecado rechazarlo? ¿Acaso debemos perseguir todos los placeres solo porque Di-s los creo y están a nuestro alcance?

¿Acaso debemos probar cada producto Kosher que sale al mercado solo porque está disponible? ¿Seré considerado un pecador si no visito el nuevo restaurante Kosher que abrieron en mi ciudad?

La respuesta tiene más que ver con la actitud que con el pecado. ¿Cuál es la forma correcta de vivir? ¿Cual debe ser nuestra actitud frente a la creación Divina y la materia? ¿Acaso debemos separarnos del resto de la sociedad para adquirir santidad? ¿Debemos rechazar todo aquello que no es completamente espiritual por temor a que interfiera en nuestra virtud?

Hay ciertas ideologías que ven el celibato y el ascetismo como un sinónimo de pureza y santidad. Ellos ven al cuerpo como impuro y el matrimonio como una concesión a nuestra debilidad humana. Hay quienes se esconden en las montañas para alcanzar la perfección espiritual. Los cielos son mucho más bellos y pacíficos que las esquinas y callejuelas de la ciudad.

La óptica judía es diferente. Nosotros no nos escapamos ni rechazamos, nosotros estamos en el mundo que Di-s creó e interactuamos en el mismo. Por supuesto que hay ciertas reglas a seguir, e incluso prohibiciones. Pero dentro de la estructura de la Tora debemos interactuar con el mundo. “En el principió Di-s creo el cielo y la tierra” La tierra también es parte del plan Divino. El plan es que las criaturas terrenales, hombres y mujeres, deben invertir su energía, riqueza, tiempo y sabiduría en convertir este mundo material en una morada de Divinidad.

Cada mitzvá que hacemos logra este cometido. Tomamos lo físico y lo transformamos en algo espiritual, sin quebrarlo ni escapando de él, sino confrontando la materia y moldeándola en algo sagrado y positivo.

“Los judíos no tienen monasterios” dice el refrán. Una Ieshivá no es un monasterio sino una escuela que enseña y entrena a sus alumnos a crear un mundo espiritual en este mundo. Por ello el nazareo, que por su debilidad espiritual se tuvo que alejar de lo que el Creador nos permitió, en cierto modo pecó. Y su actitud requiere de arrepentimiento.

El judaísmo nos pide que vivamos una vida espiritual, elevada pero en estemundo. En lugar de dejar que la sociedad nos influencie negativamente, nosotros tomamos una actitud activa para cambiar y mejorar a la sociedad.

Nosotros tomamos vino, pero asegurándonos de santificarlo haciendo Kidush y diciendo Lejaim.

Segun tomado de, http://www.es.chabad.org/library/article_cdo/aid/683058/jewish/Nazarenos-y-Monasterios.htm el viernes, 29 de mayo de 2015.

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¿Quién es quién para dictaminar la manera “correcta” de ser judío?

La Diversidad vs. la Fragmentación
Por Eliezer Shemtov

Estuve leyendo el libro bestseller CLEAN, de la autoría de mi amigo el Dr. Alejandro Junger, en el cual explica la dieta necesaria para limpiar y recuperar la fuerza del sistema digestivo y, como consecuencia de ella, la del cuerpo en general.

En cierto momento me pregunté: ¿Por qué debería seguir la misma dieta que todos? ¿No puedo yo expresar mis gustos personales?

De repente me sentí identificado con muchos que hacen preguntas similares, aunque sea en otra área de la vida, el del judaísmo.

Uno de los grandes desafíos para el judío moderno es el del pluralismo dentro del judaísmo. O sea, ¿hay algún impedimento para que pudiera expresar mi judaísmo a mi manera? ¿Quién es quién para dictaminar la manera “correcta” de ser judío? ¿Acaso hay una sola manera? ¿Hay lugar para la expresión personal de cada uno?

Digo que es un desafío para el judío “moderno” ya que hasta hace no mucho no hubo muchos matices dentro del judaísmo y quizás a nadie se le ocurrió que el judaísmo debe ser un vehículo por medio del cual expresar la individualidad. Todos estaban ocupados con sobrevivir y la identidad espiritual y/o religiosa se relegaba a la vida comunitaria.

La realidad hoy en día nos permite el lujo de pensar en la actualización y expresión personales y entonces surge la pregunta: ¿Cuáles son los límites – si los hay – de dicha expresión? ¿Hay lugar para mí en el judaísmo o es que el judaísmo me ignora como individuo y debo buscar mi auto-realización fuera del él?

En general se escuchan dos campanas: 1) los que subyugan sus preferencias personales – y las de los demás – a la voluntad Divina; 2) los que interpretan la voluntad Divina a su imagen y semejanza. Creo que ninguna de las dos posturas es la correcta, sino una especie de combinación de las dos. Veamos un buen ejemplo de esto en la lectura de esta semana, Nasó1.

En la lectura de esta semana leemos2 sobre la dedicación del Mishkán (Tabernáculo) por medio de los príncipes de las doce tribus de Israel. Cada tribu tenía su día y en ese día su príncipe trajo la ofrenda de inauguración. La celebración duró doce días.

Todos los príncipes trajeron la misma ofrenda: “Una fuente de plata cuyo peso era de ciento treinta shékel, un tazón de plata de setenta shékel según el peso del Santuario, ambos llenos de harina fina mezclada con aceite como ofrenda vegetal; una taza de oro de diez shékel llena de incienso, un novillo joven, un carnero, un cordero en su primer año, para holocausto, un macho cabrío para ofrenda por el pecado, y para ofrenda de paz: dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabríos, cinco corderos menores de un año.”

Lo interesante es que cuando la Torá relata cuál príncipe trajo la ofrenda en qué día, no dice simplemente que el segundo día fulano de tal, príncipe de tal tribu, trajo como ofrenda lo mismo que trajo su colega el día anterior, sino que repite todos los detalles de la ofrenda. Generalmente, la Torá economiza hasta con las letras, ni hablar con las palabras. ¿Por qué relatar doce veces el contenido de las ofrendas en vez de simplemente decir, a partir del segundo día, que fulano trajo una ofrenda igual a su colega? ¡Hubiera ahorrado unas cuantas palabras!

Nuestros sabios señalan que si bien los objetos que ofrendaron eran idénticos, el significado de los mismos era diferente para cada tribu, reflejando sus respectivas particularidades.

Tomemos como ejemplo: “Una fuente de plata cuyo peso era de ciento treintashékel”.

Para la tribu de Iehudá, fuente de la dinastía real de David y eventualmente el Mashíaj, el plato representa la influencia del Rey Salomón y el Mashíaj cuya influencia llegaría a todo el orbe.

Para la tribu de Isajar, quienes se dedicaban al estudio y enseñanza de la Torá, el plato representaba la Torá que es denominada “alimentación Divina”.

Para la tribu de Zevulún, socio de Isajar, el plato representaba el mar, habitat natural de Zevulún, el comerciante.

Para la tribu de Reuven, representaba (por una transposición de las letras que componen la palabra) las acciones del padre de la tribu, Reúven, de anular el plan de los hermanos de matar a Iosef.

Para la tribu de Shimón, cuyo padre de tribu defendió el honor de su hermana, Dina, cuando fue violada, el plato representaba la circunferencia del Tabernáculo de cuyas tierras se usaba para comprobar la inocencia de una mujer sospechada de adulterio.

Para la tribu de Gad, en cuyo territorio Moisés fue enterrado, el plato representaba el nacimiento de Moisés (por una implicancia etimológica de palabra hebrea por plato, Keará).

No da el espacio para desplegarse sobre lo que representaban todos los detalles de las ofrendas para cada una de las doce tribus; creo que con los ejemplos citados alcanza para entender la idea en general.

La idea que se desprende es que tiene que haber una combinación entre lo común y lo individual. La expresión individual debe complementar a las demás expresiones individuales que nacen de la misma base. Hay verdades básicas que son comunes a todos; es su aplicación práctica que difiere entre uno y otro. Las diferencias son válidas siempre y cuando no contradigan la base esencial. Cómo se define qué es lo esencial e inamovible del judaísmo y qué es lo que está sujeto a interpretación y expresión individual, es tema para otra ocasión, si D-os quiere.

Cabeza y brazo

Este concepto se expresa también en el precepto de colocarse los Tefilín.

Los cuatro párrafos de los Tefilín que se colocan sobre el brazo se cubren con una sola caja de cuero, mientras que los que se colocan en la cabeza están cubiertos en cuatro cajas, un párrafo por caja.

Una enseñanza de esto es que en el mundo de las ideas hay muchas opciones, y está bien que las haya. En el plano de la acción, empero, tiene que haber unión. La diversidad de ideas nos enriquece a todos siempre y cuando no cree una fragmentación y “corto circuito” en el plano práctico.

El encendido del candelabro

La semana que viene estudiaremos la lectura de Behaalotejá3. Abre con el mandato de encender el candelabro de oro. El candelabro tenía siete brazos, todos extendiéndose del mismo tronco de oro y todas las luces a la misma altura.

Representa la misma idea: el judaísmo permite diferencias que son necesarias y positivas, y ninguna es superior a la otra; siempre y cuando nacen y se nutren del mismo tronco.

Lo mismo pasa con la dieta CLEAN: hay una gran variedad de recetas de las cuales uno puede elegir su preferencia. Son todas compatibles porque se basan en los mismos criterios; no sirve todo lo que se le antoje a cada uno.

¡Que tenga un Shavuot inspirador!

 Segun tomado de, http://www.es.chabad.org/library/article_cdo/aid/2620240/jewish/La-Diversidad-vs-la-Fragmentacin.htm el viernes, 29 de mayo de 2015.
Notas al Pie
1. Números, 4:21–7:89
2. ibid, cap. 7
3. Números, 8:1–12:16

 

In Jerusalem, Jewish Priests Perform Pentecost Temple Service in Fulfillment of Biblical Prophecy

“And it will be, when you come to the Land that God your Lord gives to you as an inheritance, and you possess it, and you settle in it; then you will take from the first fruits of all the produce of the earth that you will bring from the Land that God your Lord has given you, and you will place them in a basket. And you will go to the place that the Lord your God will choose to cause His Name to dwell there. And you will come to the kohen-priest that will be there in those days …” (Deuteronomy 26:1-3)

On Monday, on a mountain ridge overlooking the Old City of Jerusalem and the ancient Temple Mount, kohanim (ancestral priests) performed a dry run of the Temple Service for the Shavuot (Pentecost) holiday.

All three of the major components of the holiday service – bringing of the first fruits, preparation of two loaves of bread using the season’s new wheat, and a special holiday offering – were conducted to as great a level of detail as is possible at this point in time.

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New Immigrants from South and Central America came from across Israel to attend the event. (Photo: Yisrael Rosenberg/ Breaking Israel News)

New Immigrants from South and Central America came from across Israel to attend the event. (Photo: Yisrael Rosenberg/ Breaking Israel News)

Several kohanim, levi’im (ancestral Levites) and crowds of parents and children assembled on the Armon HaNatziv Promenade, just south of the Old City of Jerusalem, on the day after the official Shavuot holiday to newly re-enact this most joyous and beautiful ceremony, marking the time in the calendar when the wheat has just ripened and the first fruits of the season are ready for picking and eating by the entire populace.

“We’ve come here because we want to be part of the End of Times and prophecy,” said a woman, who learned of the event through the Temple Institute website, to Breaking Israel News.

What is important to understand is that the Shavuot holiday has not been celebrated in this manner for nearly 2,000 years. When the Great Temple stood at the center of Jerusalem, the entire populace celebrated this agricultural festival, which was harmonized directly with the agricultural activities that were the mainstay of industry in the Land of Israel.

First Fruits

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A sampling of the first fruits of the agricultural cycle that regular Jews brought as an offering to the Temple. (Photo: Yisrael Rosenberg/ Breaking Israel News)

A sampling of the first fruits of the agricultural cycle that regular Jews brought as an offering to the Temple. (Photo: Yisrael Rosenberg/ Breaking Israel News)

In recent years, due to similar events carried out by the Temple Institute and other organizations, the entire concept of Shavuot is undergoing a transformation. Shavuot as a holiday has many aspects. It was the time for bringing first fruits to the Temple, and two loaves of bread taken from the first wheat of the year were baked and eaten by the kohanim. However, Shavuot was also the time when the Jewish Nation, assembled together as one, accepted upon themselves the Torah and received the Ten Commandments at Mt. Sinai after the long journey out of slavery in Egypt.

So long as the Jewish Nation dwelled in exile outside of the Land of Israel, and there was no longer a Temple to serve as a magnet for national activities, the aspect of receiving the Torah was paramount.

In modern times, the People of Israel are in the process of returning to live in the Land of Israel as promised by the Hebrew prophets. As a result, the long neglected aspects of Shavuot are coming to the fore.

The Mishnah, the classical collection of the Oral Tradition that explains the Torah Law, relates that when the Temple stood in all of its glory, crowds of people would gather from all over Israel to make the pilgrimage to Jerusalem. They took with them the most special and choice fruits that were designated in the fields and vineyards for this purpose. Led by musicians, crowds made their way up to Jerusalem to present their first fruits to the kohanim who served in the Temple.

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A Levite (right), whose family served in the Temple, brings the basket of First Fruits and hands it to the Cohen (left). (Photo: Yisrael Rosenberg/ Breaking Israel News)

A Levite (right), whose family served in the Temple, brings the basket of First Fruits and hands it to the Cohen (left). (Photo: Yisrael Rosenberg/ Breaking Israel News)

The Two Loaves of Bread

An essential element of the Shavuot Holiday was the preparation and offering of two special loaves of bread. Taken from the first wheat of the season to ripen, they were large, rectangular in shape with four mini towers at each corner of the loaf.

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The two loaves of bread. (Photo: Yisrael Rosenberg/ Breaking Israel News)

The two loaves of bread. (Photo: Yisrael Rosenberg/ Breaking Israel News)

Before baking the loaves, the kohanim-priests would pinch off a handful of flower and throw it into the fire on the altar that stood at the center of the Great Temple. These two loaves were unusual in that they were prepared with natural leavening, whereas nearly all other grain offerings at the Temple were made without leavening.

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A kohen-priest prepares the altar. Note the ramp at the right. (Photo: Yisrael Rosenberg/ Breaking Israel News)

A kohen-priest prepares the altar. Note the ramp at the right. (Photo: Yisrael Rosenberg/ Breaking Israel News)

At the Temple Institute’s re-enactment on Monday, the kohanim lifted the loaves in the air and waved them up and down, back and forth, and around.

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Kohanim lift the loaves of bread in the air. (Photo: Yisrael Rosenberg/ Breaking Israel News)

Kohanim lift the loaves of bread in the air. (Photo: Yisrael Rosenberg/ Breaking Israel News)
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Kohanim lift the loaves of bread in the air.  (Photo: Yisrael Rosenberg/ Breaking Israel News)

Kohanim lift the loaves of bread in the air. (Photo: Yisrael Rosenberg/ Breaking Israel News)

In addition, as a special part of the ceremony, kohanim listened in unison to the blasts of specially made silver trumpets.

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Note that in the background, one can see the gold Dome of the Rock on the Temple Mount in the distance. (Photo: Yisrael Rosenberg/ Breaking Israel News)

Note that in the background, one can see the gold Dome of the Rock on the Temple Mount in the distance. (Photo: Yisrael Rosenberg/ Breaking Israel News)

In fulfillment of the biblical prophecy of Jews returning to the God given land of Israel and the rebuilding of the Holy Jewish Temple,  Monday’s reenactment is one step forward to the completion when all the nations will gather at the rebuilt Temple in Jerusalem.

Read more at http://www.breakingisraelnews.com/41273/jewish-priests-perform-pentecost-temple-service-fulfillment-biblical-prophecy-jerusalem/#pO6DAfwIyWhZR347.99

I Just Discovered I’m Jewish!

I Just Discovered I’m Jewish!

I Just Discovered I’m Jewish!

What do I do now?

Dear Rabbi,

Sometimes life hits you in the face with a cold, wet towel. Last week, I visited my mother in the hospital, and she told me that she’s Jewish. I asked why she had never told me before, but she didn’t want to say. But she told me about her parents who were Holocaust survivors. It was pretty clear she wasn’t making this up.

I talked with a Jewish friend about it, and he said that if my mother is Jewish, that makes me Jewish too.

The truth is, most of my friends are Jewish. And I always took an interest in all things Jewish. But being Jewish? If I’m Jewish too, I better find out what that means. Where do I start?

—New Jew That Never Knew

Dear Jew,

Funny thing, nobody is ever shocked by the discovery that their mother is Korean. Funny thing, nobody is ever shocked by the discovery that their mother is Inuit.Or Slovakian. Or even Inuit—although that would be pretty interesting.

On the other hand, suddenly discovering that you’re Muslim, Bahai or Buddhist is not even a possibility. Those are religions, and if you don’t believe, in what way are you a member? But it happens quite often that someone wakes up one day to discover, hey, I’m Jewish.

So there’s something unique in that. And I suppose that’s really what you’re asking: What’s unique about being a Jew that you can discover you are Jewish, not out of belief or affiliation, choice or inclination, upbringing or community, but just because your mother one day says, “Guess what? I’m Jewish, so you are too”? (Of course, you’ll need some credible evidence that this is for real.)

The answer is that we Jews are one big family, all brothers and sisters, all children of Abraham and Sarah, Isaac and Rebecca, Jacob and Rachel andLeah. If your mother is Jewish, you’re part of that family. (If it’s your dad, but not your mother, or if it’s your mother’s father, but not her mother, see To the Child of a Jewish Father.)

And you’ll say, “Yes, but all of humanity is one big family.” So I’ll answer that Jews are a family held together with super glue. Divine super glue that lasts forever. We are eternally bonded by an eternal covenant and a common mission that our ancestors accepted at Mount Sinai.

The covenant Jews are a family held together with divine, everlasting super glue.is with the Creator of Heaven and Earth, who liberated us from the oppression of our taskmasters to fulfill His will with love and joy so that we will inherit the Land of Israel in peace. The mission is to be a light to all the nations of the world, so that they too will learn to fulfill their role in filling this entire world with freedom, peace and harmony, as its Creator designed it to be. That covenant and that mission melds us together as a single being, many bodies with one soul.

Both the covenant and the mission are embodied in the Five Books of Mosesand the rest of the Hebrew Bible, along with an enormous body of commentary and discussion composed over many millennia—all of which we call Torah, which means “the teaching.” The Torah teaches us how to live in a divine way here on earth, in every time and in every situation. A deed prescribed by the Torah is called a mitzvah. The practical instructions are called halachah—which means “the way.” And all this works together to hold our global family together over space and time.

Almost 4,000 years have passed since Abraham, the first Jew, began to teach the world that G‑d cares for His world and its creatures. Over 3,300 years have passed since Abraham’s children entered into a covenant at Mount Sinai.

Since then, the Jewish people have made an immeasurable impact on the way people think about themselves and about our world, igniting the human spark with ideas that were once radical and revolutionary but now are almost universally embraced. For example:

  • the notion of liberty (think Exodus),
  • a vision of world peace (think of the U.N. wall with the quotation fromIsaiah, “. . . and they will beat their swords into plowshares”),
  • the sanctity of all human life without discrimination,
  • the right of the common man to his own property,
  • the need to educate every child,
  • equal rights for all before the law,
  • the supremacy of the law over the monarchy,
  • government-mandated social welfare,
  • tolerance of the foreigner who does not share your religion,
  • . . . and the concept of progress over time—one that leads to a world filled with an awareness of the divine “as water fills the ocean bed”—may that time arrive much sooner than we can imagine.

We brought these ideas to the world not by the sword and not by threat of force, but by example and by perseverance through the greatest hardships, so that they seeped through many streams and wellsprings into the beliefs of other peoples, until those peoples came to adopt them as their own.

Let me put it this way: Other peoples are defined by their geography. We, the Jewish people, are defined by the Torah and its story of us—the story of our forefathers, of our exodus from Egypt, of our entry into the covenant, our sojourn in the wilderness, our settling of the land of Canaan, our exiles and travails and dispersion throughout the world; of never-ending study of our Torah and of our own story, until we and the Torah that defines us have become one, just as we and our story are one. As an Italian is Italian because he was born in Italy, so a Jew is a Jew because he or she was born into a story.As an Italian is Italian because he was born in Italy, so a Jew is a Jew because he or she was born into a story (or entered into it by adoption into the family, through a rite of conversion).

We reclaim that terrain as we traverse its gamut in the Torah we study and in the prayers we utter daily, and within those vast borders we discover who we are: a tree of life that cannot be consumed by the most furious fires of history, a light in the darkness that cannot be extinguished by the most incessant and formidable waves of change, because we are tied in an inexorable bond to our divine mission.

So that is us, and you are one of us, and wherever you go, anywhere in the world, you will be one of our family. You can walk into any synagogue or Jewish community center and say, “Hello, I just discovered I’m Jewish,” and you will be embraced as a long-lost sibling.

Which is what I suggest you do right now. You can use ourlocator to find the closest Chabad center to wherever it is in the world you live. If there is none nearby, just search around for the closest traditional Jewish community. Join and celebrate our festivals with us, rest and enjoy a Shabbat meal with us—because our celebrations are your celebration, and our Shabbat is your Shabbat.

When you’re adopting Jewish practices, you’ll need to do that step by step. It’s not an all-or-nothing proposition. A good place to start is with any of the ten mitzvahs of the mitzvah campaign initiated by the Rebbe, Rabbi Menachem M. Schneerson, of blessed memory.

And learn. You may not find yourself agreeing with everything you learn, but that shouldn’t stop you from studying and questioning and studying more. Because it is that study and dialogue over our Torah that, more than anything else, has bonded us together in our common destiny over these many millennia. And it is there, within that Torah that G‑d has given us, that we discover ourselves as one eternal being.

Segun tomado de, http://www.chabad.org/library/article_cdo/aid/2944949/jewish/I-Just-Discovered-Im-Jewish.htm el martes, 26 de mayo de 2015.

Judaism: The art of rebellion

Judaism: The art of rebellion
Nathan Lopes Cardozo

Nathan Lopes Cardozo
Rabbi Dr. Nathan Lopes Cardozo, Founder and Dean of the David Cardozo Think Tank, is a prominent lecturer and author … [More]

One of the great tasks of Jewish education is to deliberately create an atmosphere of rebellion among its students. Rebellion, after all, is the great emancipator. We owe nearly all of our knowledge and achievements not to those who agreed but to those who differed. It is this virtue that brought Judaism into existence. Avraham was the first rebel, destroying idols, and he was followed by his children, by Moshe, by the prophets, and finally, by the Jewish people.

What has been entirely forgotten is that the Torah was the first rebellious text to appear in world history. Its purpose was to protest. It set in motion a rebel movement of cosmic proportions the likes of which we have never known. The text includes all the radical heresies of the past, present and future. It calls idol-worship an abomination, immorality an abhorrence, the worship of man a catastrophe. It protests against complacency, self-satisfaction, imitation, and negation of the spirit. It calls for radical thinking and drastic action without compromise, even when it means standing alone, being condemned and ridiculed.

All of this seems to be entirely lost on our religious establishment. We are instructing our students and children to obey, to fit in, to conform and not stand out. We teach them that their religious leaders are great people because they are “all-right-niks” who would never think of disturbing the established religious and social norms. We train them to view these leaders as the ideal to be emulated. But by doing so, we turn our backs on authentic Judaism and convey the very opposite of what Judaism is meant to project.

By using clichés instead of the language of opposition, we deny our students the excitement of being Jewish: excitement resulting from the realization that there is a need to revolt and take pride in it, no matter the cost; excitement at the awareness that they are part of a great mission for which they are prepared to die, knowing that it will make the world a better place because they are the real protestants.

When we teach our children to eat kosher, we should tell them that this is an act of disobedience against consumerism that encourages human beings to eat anything as long as it tastes good. When we go to synagogue, it is a protest against man’s arrogance in thinking that he can do it all by himself. When couples observe the laws of family purity, it is a rebellion against the obsession with sex. By celebrating Shabbat, we challenge our contemporary world that believes our happiness depends on how much we produce.

As long as our religious educators continue to teach Jewish texts as models of approval, instead of manifestations of protest against the mediocrity of our world, we will lose more of our young people to that very mediocrity.

Judaism, in its essence, is an act of dissent, not of consent. Dissent leads to renewal. It creates loyalty. It is the force that compels the world to grow.

To forget this is to betray Judaism.

Según tomado de, http://blogs.timesofisrael.com/judaism-the-art-of-rebellion/ el sábado, 23 de mayo de 2015.

Rut y Orfa: El desafío de la vida

Rut y Orfa: El desafío de la vida

Rut y Orfa: El desafío de la vida

El Libro de Rut nos enseña sobre el gran potencial del ser humano y sobre los catastróficos resultados de utilizarlo de manera incorrecta.

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La relevancia que tiene el libro de Rut para Shavuot es suficientemente clara. Tal como nosotros aceptamos la Torá y la misión judía en el Monte Sinaí, asimismo Rut ingresó voluntariamente al pacto para volverse parte de aquella gloriosa misión.

Pero hay una fascinante trama secundaria en la historia que tuvo grandes implicaciones en la historia judía.

El Libro de Rut comienza con el relato sobre la hambruna que hubo en Tierra Santa. Elimelej de Beitlejem deja el país para dirigirse a Moab, llevando con él a su esposa Naomi y a sus dos hijos. Elimelej muere en Moab y su esposa y sus hijos se quedan allí. A continuación sus hijos se casan con mujeres no judías: con las princesas moabitas Rut y Orfa. Los hijos también mueren y finalmente Naomi decide regresar a Israel, viuda, sin hijos y empobrecida.

Las nueras de Naomi, Rut y Orfa, la acompañan a lo largo del camino. Como se ve con claridad en el Talmud (Yevamot 47b), no lo hicieron como una mera cortesía, sino que ellas también querían entrar y residir en la tierra de Israel. A lo largo de sus años de matrimonio se apegaron al judaísmo. Querían convertirse por completo en judías, observar la fe y vivir en la tierra. Naomi intentó disuadirlas en tres ocasiones (versículos 1:8, 1:11 y 1:12; el Talmud deriva de aquí la cantidad de veces que debe ser disuadido un potencial converso). En dos ocasiones ellas se mantuvieron firmes; en la tercera, Orfa se debilitó y decidió regresar. Rut, sin embargo, se mantuvo fuerte. Continuó acompañando a su suegra rumbo hacia la Tierra Santa.

Naturalmente, el Libro de Rut continúa relatando la historia de Naomi y Rut: cómo regresaron empobrecidas a Beitlejem, cómo Rut atrajo la atención del ilustre pariente de Naomi, Boaz, y cómo ella le señaló de manera poco convencional que se casaran y preservaran el linaje de Elimelej.

Tan pronto como Orfa se apartó de la compañía de Naomi y Rut, se fue al extremo opuesto.

Orfa, por otro lado, desaparece de la historia y es olvidada. Luego de una breve aparición, sale del escenario y presumiblemente ya no vuelve a desempeñar ningún papel en ella. Había sido una de tantos “casi” a lo largo de la historia: gente que luchó por alcanzar la grandeza y la inmortalidad, pero que no resistieron y, en lugar de eso, se desvanecieron en el anonimato.

Pero nuestros sabios nos cuentan una fascinante secuela de la historia de Orfa: sus descendientes desempeñarían un importante papel en la historia judía… pero al otro lado de la calle.

Uno pensaría que Orfa no era un personaje tan malo. Era una seria candidata para la conversión, y se tomaba con seriedad la religión y la espiritualidad. Simplemente no alcanzó a llegar a una conversión total.

Pero el Talmud nos cuenta otra cosa. Tan pronto como Orfa se apartó de la compañía de Naomi y Rut, se fue al extremo opuesto. Naomi se refiere a ella como que “retornó a su gente y a sus dioses” (1:15). El Talmud (Sotá 42b) explica lo que ocurrió a continuación. Luego de dejar a Naomi, Orfa corrió hacia un batallón de 100 soldados y se sometió voluntariamente a todos ellos. De alguno de ellos quedó embarazada y dio a luz al gigante Goliat, con quien se enfrentaría posteriormente el joven David.

¿Cómo es posible que una mujer con tanto potencial para alcanzar la grandeza haya llegado a un extremo tan desenfrenado?

Hay un poderoso mensaje en esto. Orfa tenía el potencial para alcanzar la grandeza. Casi se desprendió de su pasado y de su tierra natal para unirse a una nueva religión. Estaba dispuesta a entregarse por completo por sus creencias, por seguir a Naomi a cualquier costo. Claramente tenía las semillas de grandeza en su interior.

Pero no lo hizo. Se echó atrás. Y tomo ese mismo fervor y autosacrificio, y lo llevó al extremo opuesto.

En lugar de transformarse en un giganteespiritual, se transformó en la madre de gigantes físicos.

Lo que le ocurrió a Orfa es lo mismo que le ha ocurrido a muchas personas a lo largo de la historia. Si una persona tiene el potencial para alcanzar la grandeza (como todos nosotros) y no lo aprovecha, entonces puede tomar esa misma energía y utilizarla para el mal. Orfa casi alcanzó la grandeza. Pero no pudo aguantar. Y, frustrada con la religión, tomó los mismos poderosos impulsos de lograr cosas y los dirigió hacia el plano físico. En lugar de transformarse en un gigante espiritual, se transformó en la madre de gigantes físicos. El libro de Shmuel II 21 describe cómo eventualmente dio a luz a cuatro gigantes, todos los cuales fueron posteriormente asesinados por el Rey David y sus hombres.

La némesis de Orfa era Rut, quien aguantó y quién sí transformó su potencial en una vida de grandeza. Rut se transformó en madre dentro del pueblo de Israel, bisabuela del gigante espiritual David. Y Goliat cayó ante David en batalla, en lo que era en esencia una batalla entre dos formas de ver el mundo, una batalla entre lo físico y lo espiritual. Como dice el Talmud (Sotá 42b): “El Santo, bendito sea, dijo: ‘Que los hijos de la besada (de Orfa, a quien Naomi besó como despedida) caigan en manos de los hijos de quien se aferró”.

La historia de Rut y Orfa es por lo tanto una historia sobre el tremendo potencial de la humanidad, y de lo mucho que está en juego dependiendo de cómo se utilice dicho potencial.

Esto también nos enseña una importante lección sobre la revelación en Sinaí, la cual celebramos en Shavuot. Los seres humanos tenemos un tremendo potencial para alcanzar la grandeza. Tenemos un impulso natural de transformarnos en personas importantes, de alcanzar la inmortalidad. Dios le dio la Torá a Israel para permitirnos dirigir dichos impulsos. Los mandamientos de la Torá no son simplemente actos que debemos realizar, o formas de ganarnos nuestra recompensa celestial, son medios para desarrollarnos a nosotros mismos, para dirigir nuestro impulso de lograr cosas hacia la espiritualidad y el perfeccionamiento del mundo.

En Sinaí nos encontramos cara a cara con Dios, un Dios al que anhelábamos acercarnos. Y se nos ordenó apegarnos a Él, tratar de cerrar la brecha que hay entre el mundo físico y lo divino. El encuentro del Sinaí despertó en nosotros un enorme impulso por alcanzar espiritualidad e inmortalidad. Y desde entonces, los judíos no han sido capaces de quedarse sin hacer nada. Tenemos un impulso por lograr cosas, por sentirnos realizados, y por volvernos semejantes a Dios y eternos.

Y con estas nobles metas frente nuestro, hay mucho que está en juego en la vida. Dios nos dio la Torá para que dirijamos nuestras energías hacia la divinidad y a lograr cosas significativas. Debemos tomar nuestros sentimientos y emociones más fuertes, y dirigirlos hacia Dios. Y si lo hacemos de forma apropiada, no habrá límite para lo que podemos lograr y para cuán significativa se volverá nuestra relación con Dios. Pero si no lo hacemos, sentiremos un impulso por cualquier otra causa imaginable: comunismo, anarquismo, liberalismo, capitalismo, lo-que-quieras-ismo. Luego de haber visto a Dios en el Monte Sinaí, nunca más podremos quedarnos sin hacer nada y mantenernos sin cambiar. Nos volvimos vivos, poseídos, y con un impulso por marcar una diferencia. Y la Torá nos enseñó cómo canalizar ese impulso.

Parte de las ideas escritas anteriormente se encuentran basadas en pensamientos de Rav Mattis Weinberg.

Segun tomado de, http://www.aishlatino.com/h/sh/a/Rut-y-Orfa-El-desafio-de-la-vida.html?s=mpw  el jueves, 21 de mayo de 2015.

Rut y la reencarnación

Rut y la reencarnación

Rut y la reencarnación

El misterio de los zapatos y la trasmigración de energías espirituales.

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La historia comienza con Elimelej, Naomi y sus dos hijos, Majlón y Kilyón, yéndose de la hambruna que atacó a Betlehem hacia la diáspora de Moab. Elimelej muere poco después de la partida; nuestros Sabios explican que su muerte fue una consecuencia espiritual de haber cerrado su mano hacia los pobres y abandonar la Tierra de Israel. Sus hijos, sin embargo, no se dan cuenta de la indicación, y continúan por el camino errado casándose con las princesas moabitas, Orpa y Rut.

Majlón y Kilyón llevaban casados casi 10 años, cuando ambos mueren por razones espirituales, sin dejar hijos. Naomi, desolada, decide regresar a Betlehem. Ella besa a sus dos nueras y se despide. Orpa regresa a la casa de su madre moabita, pero Rut pronuncia sus famosas palabras: “… Donde tú vayas, yo iré, y donde tú duermas, yo dormiré. Tu pueblo es mi pueblo, y tu Dios es mi Dios…” (Rut 1:16).

Después de un largo viaje a pie, las dos mujeres llegan a Betlehem. Rut, como los pobres de Israel, comienza a recoger los tallos de cebada que quedan en los campos, para alimentar a su suegra y para sí misma. El comportamiento modesto de Rut la destaca sobre otros recolectores y llama la atención de Boaz, el anciano dueño del campo. Boaz comparte el almuerzo con Rut, y la invita a continuar recolectando en su campo.

Cuando Naomi se entera de la interacción de Boaz con Rut, le explica a Rut el concepto de matrimonio por levirato y le indica que Boaz está en la línea de los posibles parientes para liberarla.

Es ahí donde la trama secundaria comienza. El matrimonio por levirato (yibum) es una mitzvá que recae sobre el hermano de un hombre casado que muere sin haber tenido hijos. A fin de mantener tanto el alma del difunto como sus activos dentro de la familia, el hermano (u otro pariente cercano) es obligado a casarse con la viuda y recobrar las propiedades de su hermano. El primero de sus hijos será contado como un descendiente del difunto y heredará todo.

¿Cómo opera esto? ¿Cómo la simiente de un hombre produce un hijo de otro hombre?

La Rebetzin Tehilla Jaeger enseña que como en este mundo lo físico está inextricablemente entrelazado con lo espiritual, junto con la transferencia de material genético es también transmitida la “genética” espiritual. Los greco-sirios entendieron esta idea y la explotaron cruelmente. Durante el período en que la historia de Januká sucedió, se le requería por ley a una novia judía someterse a los placeres del gobernador griego antes de permitírsele casarse. Ese fue el intento de los helenistas de usar las fuerzas espirituales inherentes en su simiente para entrometerse en la nación judía desde adentro. Ellos entendieron que, aunque ella no concibiera en su noche con el gobernador, su energía permanecería dentro de ella y se manifestaría en su descendencia. De esta forma los greco-sirios tenían la esperanza de apresurar la helenización de los judíos.

Llevando este concepto un paso adelante, Najmánides explica que el matrimonio por levirato es en realidad un vehículo para la reencarnación. La reencarnación ocurre cuando Dios da a un alma una segunda oportunidad para cumplir con su destino. Ocasionalmente, un alma no cumple con lo que le fue destinado lograr al ser enviada a la tierra. Si el alma logra una masa crítica de su objetivo, pero no llegó ni cerca de su potencial, entonces Dios puede darle una oportunidad adicional. A veces Dios hace esto después de que el cuerpo muere por “causas naturales”, mientras que a veces Él causa una muerte “prematura” y sacar rápidamente al alma fuera del cuerpo antes de que se cause mayor daño a sí misma. En ambos casos, Dios le permite nacer de nuevo para tener un nuevo comienzo.

Pero el alma antigua no puede estar cómoda en cualquier cuerpo nuevo; el emplazamiento de un alma en un cuerpo específico es coordinado cuidadosamente. Cada cuerpo físico es construido en forma precisa para ser el mejor contenedor para cada alma que alberga. El alma de un esposo fallecido estará mejor en un cuerpo que sea lo más parecido genéticamente al cuerpo previo. Místicamente, esto se logra de la mejor forma a través de la simiente del difunto. Crear este vehículo para el alma del difunto es considerado un acto de bondad.

¿Y qué sucede si la viuda o el hermano del difunto no quieren entrar en esta relación? Se realizada ante un tribunal rabínico una ceremonia llamada jalitzá. El hermano del difunto se quita el zapato de su pie, y su nombre es llamado “la casa del que tuvo su zapato removido”. Esto ocurrió en la historia de Rut. El pariente más cercano disponible para rescatar la herencia de Majlón rehusó casarse con Rut, temiendo manchar su linaje casándose con una moabita conversa. Su comportamiento fue visto con tanta negatividad que los versos se refieren a él utilizando el seudónimo “Plony Almony” (el equivalente judío a “fulano de tal”) con el fin de deshonrarlo al no incluir su nombre en la historia. ¿Pero por qué someter al hermano que se niega a casarse con la viuda a una ceremonia tan extraña de sacarse un zapato? ¿Cuál es la relación entre los zapatos y el matrimonio?

Los Cabalistas comparan el cuerpo a “la suela del alma.” Igual como una persona quisquillosa necesita zapatos para proteger sus pies mientras está parada en la suciedad y el barro, también el alma requiere un “zapato” para que la proteja durante su estancia en un mundo físico. El Malbim explica que cuando un hombre muere sin haber tenido hijos, deja su esencia agitada y amenazada dentro de su esposa, a causa de la disipación de su nombre y su memoria. Al rechazarse un matrimonio por levirato, al alma del marido difunto se le niega el “zapato” que necesita para reentrar a este mundo y cumplir con su destino.

Esto explica por qué Naomi le dio instrucciones a Rut de ir al granero en la noche, acostarse cerca de Boaz y descubrir sus pies (Rut 3:4). Aunque inicialmente su comportamiento puede parecer inapropiado, el significado del mensaje de Rut para Boaz era que el momento para la acción había llegado: ya sea “descubrir los pies” de su difunto marido, y frustrar el regreso de su alma, o proporcionarle un “zapato” a su alma casándose con Rut.

El rasgo de carácter predominante de Rut era la bondad. Esto la llevó a no considerar la posibilidad de casarse con un hombre más joven y adecuado. En su lugar, eligió casarse con Boaz, un hombre que la doblaba en edad. Esto es porque el enérgico deseo de Rut era proporcionar este vehículo para el alma de su marido fallecido.

Boaz reconoció, a través de observar sus actos de modestia y bondad, que las intenciones de Rut eran puras, y él siguió su plan. Rut concibió en la noche de su matrimonio, y cuando el bebé nació, los versos dicen que “un hijo nació para Naomi” (Rut 4:17) – así se confirma que el alma que Rut trajo a este mundo era en efecto la reencarnación de Majlón.

El nombre del niño fue Obed. Él llegó a ser el padre de Ishai, cuyo hijo David, compuso el libro de los Salmos y se convirtió en Rey de Israel. Es de David que todos los otros reyes de Israel descendieron y de quien descenderá finalmente el Mesías.

Rut alcanzó alturas espirituales extraordinarias: ella ligó su alma al Pueblo de Israel, mantuvo a su suegra, redimió el alma de su antiguo marido, y obtuvo el mérito de ser la progenitora de quien traerá la redención final para el mundo.

Segun tomado de, http://www.aishlatino.com/h/sh/a/48419237.html?s=raw   el jueves, 21 de mayo de 2015.