A Sign in the Sky, a brief Kabalistic Analysis

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For 20 years we have been writing about the confluence of calendars that is to come when the year 5778 meets 2018.  The first time we were at 2018 was in the Hebrew Calendar 3760 years ago. This when G-d made the Covenant of Halves with Abraham, splitting the offerings half on one side, half on the other.  The confluence will happen this week. It will be marked by the largest Super Moon of the year this Jan 1-2, and by the Earth being the closest to Sun on Jan 3-4.  The process is beginning…

The largest and brightest Supermoon on recent record was on Jan 26, 1948, 70 years ago, the year Israel became a nation.  1948 in the Hebrew Calendar was when Abraham was born.

From the 28 times in Ecclesiastes 3:2-8 we see the obvious juxtaposition to easy times and difficult ones, 14 on either side, like 2 hands. It is also like the sum of the 365 positive and 248 negative precepts in the Torah: 3+6+5+2+4+8 = 28, split 14 positive and 14 negative. What is only obvious in the Hebrew text is the juxtaposition between the words for time, (ועת and  עת) so similar to the placement of G-d’s hands in the Torah’s first 28 letter verse at (ואת and  את). One has the Aleph (א) of numerical value 1 and the other Ayin (ע) of numerical value 70. In the beginning 1 and at the end 70; there is a time to every purpose under heaven.  The numerical value of (ועת and  עת) plus the kolel for the 2 times equals 948. This is similar to 1948 when we add the Aleph (1000), which is 70 years prior to 2018 CE or 5778 HC.

At digit 948 within the telling first 1000 digits in Pi, there is string of numbers …5778185778 that include 2 of the three appearances of the number 5778 within those 1000 digits.  Why 2 times? Why 2 juxtaposed 5778’s? Will there be 2 different scenarios for time after 5778? Within those 1000 digits there is no string for 2018, but there are three of 2019. Two back to back years represented unfathomably within a mere 1000 digits, representing 2 entwined calendars, one an end of time, the other a beginning of a new time. But for whom. Who witnesses the end of time and who the beginning?

Much has been revealed about Pi, Phi and 18 in our books and previous articles and there is still much more that needs to be revealed.  One item of note that we have not yet revealed even beyond the 42-Letter Name giving us 9/.123049…= 73.1415777 or (70 + pi). And even beyond the Genesis Equation built into the Torah’s first verse of 28 letters that gives us Pi as 3.141545078… And even beyond the Zohar’s unfathonable secret about Pi is simply that Pi/2 or 3.14159265358…/2 = 1.5708, which gives us the year Israel became a nation in 5708 HC (1948 CE) 70 years ago this May.

As taken from, http://kabbalahsecrets.com/?p=3822

 

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El ladrón piadoso

“Rebe”, le dijo un día al rabí Israel, “por favor,

dame un consejo. ¿Cómo puedo mantener

a mi esposa y a mis hijos?

 

 

 

 

 

 

De todas las historias que se cuentan sobre el gran rabí Israel, el Maguid de Kozhnitz, esta es quizás una de las más extrañas y maravillosas.

Entre los tantos jasidim discípulos del rabí Israel, había un hombre ilustrado, un piadoso judío al que todos consideraban un individuo honrado. Como tantos otros en la Polonia de esos tiempos, estaba sumido en la pobreza.

Tenía, gracias a Di-s, muchas bocas que alimentar, pero no contaba con una fuente estable de ingresos.

“Rebe”, le dijo un día al rabí Israel, “por favor, dame un consejo. ¿Cómo puedo mantener a mi esposa y a mis hijos? No soporto verlos sufrir, con hambre y mal vestidos. ¿Hay algo que pueda hacer?”.

“Me parece”, le respondió el hombre sagrado, “que no tienes muchas posibilidades de ganar dinero. Sin embargo, hay un medio por el cual puedes recibir sustento, pero es una profesión que jamás considerarías”.

“Mi querido maestro”, respondió el hombre, “estoy tan desesperado por alimentar a mi familia que haré lo que sea. No hay profesión, por más baja que sea, que esté por debajo de mi dignidad”.

“Si insistes”, dijo el sabio de mala gana, “puedo decirte, pero no te va a gustar lo que oigas. Los cielos me han revelado que la única profesión en la que puedes tener éxito es el hurto. Si comienzas a robar, nada se interpondrá entre ti y el éxito”.

Triste, el jasid volvió a su casa: “¿Cómo podría yo robar?, pensó. “Eso va en contra de la voluntad de Di-s”.

Pasaba el tiempo y el jasid y su familia tenían cada vez más hambre. Una noche, comenzó a razonar para sí. “Di-s nos permite interrumpir el shabat para salvar una vida”, pensó. “¿Por qué habría alguna diferencia con el robo? Mi familia morirá de hambre pronto. Iré a ver si puedo robar algo. Siempre y cuando sea la voluntad de Di-s, conseguiré algunas monedas y luego las devolveré”.

Luego se dirigió hacia el mercado desierto. Caminó entre los puestos y las tiendas y probó todas las cerraduras. Al final, encontró una puerta abierta. Entró en silencio y con delicadeza, fue al fondo en puntas de pie y hurgó hasta encontrar la caja del dinero, que estaba abierta.

Con el corazón en la garganta, sacó una sola moneda y huyó a su casa tan rápido como sus piernas se lo permitieron. A la mañana siguiente, fue al panadero y compró pan para su esposa y sus hijos.

Esa misma mañana, el comerciante se encontró con que el viento movía su puerta abierta. Sospechaba lo peor cuando entró a su tienda, y se sorprendió al no encontrar disturbios entre sus mercancías. De hecho, hasta el dinero estaba en su correspondiente caja, salvo por la moneda que faltaba.

El rumor se esparció con rapidez, y la gente comenzó a comentar sobre el extraño ladrón que había robado sólo una moneda.

Luego de que el pobre hombre y su familia terminaran el pan, el hombre luchó para resistir la tentación de “tomar prestada” otra moneda. Pero ver a sus hijos hambrientos fue demasiado para él y se encontró a sí mismo de nuevo entre los puestos del desierto mercado. Volvió a encontrar una puerta abierta y pronto tuvo en la mano otra moneda.

Se convirtió en algo habitual. Cada ciertas semanas, volvía a faltar una moneda de alguno de los negocios, y nadie tenía la menor idea de quién podría ser el que estuviera detrás de la serie de pequeños robos.

Había guardias en todos los negocios de la ciudad. Pero el honesto ladrón se las arreglaba para escurrirse entre sus manos. Después de todo, el honrado rabí Israel le había asegurado que encontraría éxito en el hurto.

Una noche, el alcalde en persona decidió quedarse despierto hasta tarde para ver si era capaz de resolver el misterio.

Vestido como un ciudadano más, esperó entre las sombras, atento a cualquier señal de movimiento. Al final, vio una figura encorvada que salía con prisa de una tienda.

“¡Te atrapé!”, gritó, mientras lo sujetaba del cuello. “Pensaste que podías escapar, pero no te voy a soltar. Mañana te llevaré con el alcalde, y él se asegurará de que se encarguen de ti”.

“Por favor, ten piedad”, le rogó, desconsolado, el ladrón. “Soy sólo un hombre pobre que intenta tomar prestadas unas pocas monedas para alimentar a su familia hambrienta. Cualquier persona puede corroborar que nunca tomé un centavo más de lo que necesitaba. Si la ciudad se entera de que he sido yo, estoy arruinado. Esto ensuciará mi nombre y mi lugar en la comunidad para siempre. Créeme, Di-s es testigo de que mi plan es devolver cada centavo apenas pueda hacerlo”.

El ladrón rogaba y el alcalde encubierto terminó por ceder. “Te diré qué haremos”, le dijo. “Es evidente que eres un ladrón habilidoso. Hazme un favor y te dejaré ir. Tengo información confidencial de que el alcalde de esta ciudad acaba de recibir una enorme suma de dinero. La tiene en una caja bajo su cama. Hay una ventana pequeña que da a su habitación. Si te las arreglas para colarte en su cuarto y volver a salir con la caja del tesoro, podemos dividirnos el dinero en partes iguales, y te dejaré ir”.

“No puedo hacer eso”, protestó el jasid. “No soy un ladrón ni un criminal. Tomé sólo lo que necesitaba. ¿Cómo podría robarle a un hombre inocente lo que le pertenece por derecho?”.

“Es tu decisión”, respondió el alcalde. “O haces lo que digo, o te entrego a la mañana”.

Sin tener otra alternativa, el jasid fue hasta la casa del alcalde, pero volvió al rato con las manos vacías.

“Gracias a Di-s, no tomé nada”, le dijo a su captor. “Logré entrar a la habitación y estaba a punto de buscar la caja cuando oí voces. Los empleados de la casa del alcalde hablaban entre ellos y decían que tenían planeado ponerle veneno al té de su patrón la mañana siguiente para escaparse luego con el dinero. Tenemos que alertar al alcalde lo antes posible. Hasta puede que nos recompense”.

No bien escuchó las palabras del hombre, el alcalde dijo: “Ve a casa, yo le avisaré al alcalde. Pero dame tu sombrero para que pueda reconocerte”.

Entonces el alcalde regresó a su mansión. La mañana siguiente, apenas le sirvieron el té, se lo dio a uno de los perros, que comenzó de inmediato a mostrar signos de sufrimiento. El alcalde había atrapado a sus criados en un acto desleal.

Apenas se sosegó el drama del momento, el alcalde convocó a los líderes de la comunidad judía.

“¿Saben de quién es este sombrero?”, les preguntó. “Le pertenece a quien desde hace un tiempo roba en el mercado”.

“No puede ser”, respondieron. “Conocemos al dueño de ese sombrero. Es uno de los hombres más respetados de la comunidad, un amable estudiante de la primera orden, temeroso de Di-s”.

“No importa”, respondió el alcalde. “Llámenlo de inmediato”.

Cuando le trajeron al abatido hombre, el alcalde preguntó, sin crueldad: “¿Este es tu sombrero?”.

“Los líderes de la comunidad me han contado sobre ti, y es poco digno de ti robar monedas del mercado”, continuó el alcalde, a quien el hombre ahora reconocía de la noche anterior. “Es como si te hubieran mandado del cielo para salvarme de la traición de mis empleados, que intentaron acabar con mi vida y llevarse mi dinero. Lo justo es que conserves la mitad del tesoro como recompensa por tus acciones de la noche de ayer”.

El pobre hombre nunca había visto tanto dinero en toda su vida. Separó de inmediato una porción significativa para donar a caridad, y luego volvió a pagarles a todos los comerciantes a los que les había quitado monedas.

Luego dedicó el resto de su vida a la caridad, a los rezos, al estudio de la Torá y a otros fines nobles.

Según tomado de, http://es.chabad.org/library/article_cdo/aid/3499071/jewish/El-ladrn-piadoso.htm

The Power of an Oath

avatar by Pini Dunner

A Torah scroll. Photo: RabbiSacks.org

 

 

 

 

 

 

 

Over the past few decades, a new area of psychological research has emerged that has changed the way that psychologists understand a very familiar aspect of human behavior: proscrastination.

Procrastination psychology is the study of why people put things off, rather than getting them done immediately. This cutting edge branch of behavioral study has many applications, and it has quickly found its way into numerous other disciplines.

Most of us see procrastination as just another form of laziness — or alternatively, a consequence of poor time-management skills But psychological researchers have demonstrated that when someone chronically procrastinates, it is not about putting stuff off until tomorrow, or next week. It turns out that this ubiquitous human condition is actually a complex failure of self-regulation.

Those who habitually procrastinate choose to delay important tasks, despite knowing that they will certainly suffer as a result of that delay. Although it may be true that laziness and poor time-management can make the problem worse, it is an inability to manage emotions that seems to be at the root of this all-too-common human failing.

 

One expert who has pioneered modern research on procrastination, Professor Joseph Ferrari, has shown through his research that at least 20 out of every 100 people are chronic procrastinators. According to him, chronic procrastination has nothing whatsoever to do with time management. Moreover, he says that telling a chronic procrastinator to “just do it” would be like telling a clinically depressed person to “cheer up.”

The arguments put forward by chronic procrastinators are that they work best under pressure, and that rushing to do a task can itself produce poor results, so surely it is better to wait. But psychologists dismiss these excuses as self-serving rationalizations, and even see them as insidious, as they correlate positive traits — such as careful reflection and prioritizing — with the destructive habit of putting things off and then doing them poorly at the last minute.

Numerous studies now show that chronic procrastinators do worse than those who have a healthy, more proactive approach to their “to-do list.” In the final analysis, the fleeting benefits of procrastination pale into insignificance when measured against the downside.

Remarkably, the more important the task, the greater is the propensity for procrastination. In one particularly revealing study, college students were told that they would be expected to do a math puzzle at the end of their class. Some of them were told that the task was an important test of their cognitive abilities; others, that it was just to have some fun.

Before doing the puzzle, the students were given a few minutes break, during which they could either prepare to do the puzzle by looking at some other examples, or just mess around on computer games. Incredibly, the chronic procrastinators only avoided doing anything that might have helped them prepare for the puzzle if they thought it was going to be a cognitive evaluation. If they had been told it was for fun, their behavior during the break was identical to the non-procrastinators, and they happily worked on the examples. The researchers concluded that procrastination is a self-defeating behavioral problem, and chronic procrastinators seem compelled to undermine their own best efforts.

Ironically, all of this research proves that the very opposite is true when it comes to non-procrastinators. Those who self-regulate best clearly understand the value of pressure as a motivator to get things done. They also understand that the more pressure you pile on, the greater the result.

I found this point beautifully demonstrated in the portion of Vayechi — in the story of Jacob insisting that Joseph takes an oath to bury his father in Canaan instead of Egypt. All the commentators are puzzled by Jacob’s insistence on an oath. Did Jacob think that his devoted son Joseph would not bury him in Canaan unless he took the oath?

Ramban (Nahmanides) answers that Jacob was concerned that Pharoah might not let Joseph fulfill his deathbed request unless it was reinforced by the oath, and adds that Jacob believed the power of an oath would also be a great motivator for Joseph. This is not to suggest that Joseph would not have done his best had he simply agreed to fulfill the request, but it is a fact that if someone is a non-procrastinator, their “best” gets better if the level of pressure increases.

If someone says that they are giving a task their 100%, it is only in the context of the situation they are in at the time. But if you put that same person in a more pressurized situation, somehow they will discover an extra few percentage points to add to their previous 100%. When failure is not an option, we discover untapped resources, and can achieve more, and do better.

The Midrash says that had Reuben known the Torah would record that he had saved his brother Joseph from death, he would have run home to his father with Joseph on his shoulders; had Aaron known the Torah would record that he went out to greet Moses without being jealous of the fact that his younger brother had been appointed leader, he would have turned the encounter into ancient Egypt’s version of a tickertape parade. At first glance, it appears that the Midrash is suggesting that they were motivated by the glory of a Torah citation.

But that is absolutely not what the Midrash means. Rather, it is telling us that had they known that the Torah would record their incredible ability to rise above a challenging situation, they would have pushed themselves even harder, and found more strength to do what they themselves were unaware that they were capable of. It was for this reason that Jacob added an extra layer of urgency and pressure to Joseph’s mission, by asking him to take an oath — to ensure that he would excel beyond his ordinary measure of capability.

As taken from, https://www.algemeiner.com/2017/12/29/the-power-of-an-oath/

 

Los judíos no dicen feliz año nuevo

Los judíos no dicen feliz año nuevo

¿Cuál es el mejor deseo para el nuevo año?

por Rav Benjamín Blech

¿Alguna vez te diste cuenta que tradicionalmente los judíos no se desean “feliz año nuevo” unos a otros?

En lugar de eso decimos la frase hebrea shaná tová que, a pesar de la mala traducción que aparece en casi todas las tarjetas de saludo, no tiene ninguna conexión con la expresión “feliz año nuevo”.

Shaná tová transmite el deseo de un ‘año bueno’, no de un año feliz. Y la razón que hay tras esta diferencia tiene una gran importancia.

La revista Atlantic Monthly publicó hace un tiempo un fascinante artículo titulado “Ser feliz no lo es todo en la vida”. La autora, Emily Esfahani Smith, señala que los investigadores están poco a poco comenzando a advertir en contra de la mera persecución de la felicidad, ya que han descubierto que pese a que una vida significativa y una vida feliz coinciden en ciertas cosas, son en realidad muy diferentes una de otra. Los sicólogos descubrieron que tener una vida feliz está asociado con ser un tomador, mientras que tener una vida significativa está asociado con ser un dador.

“La felicidad sin significado está caracterizada por una vida relativamente superficial e incluso egoísta, en la que todo está bien, las necesidades y los deseos son satisfechos sin dificultad y las complicaciones son evitadas”, escribe la autora.

La gente feliz obtiene su alegría de recibir, mientras que la gente que tiene una vida significativa obtiene su alegría de dar a otros.

Smith cita en el reportaje a Kathleen Vohs, una de las autoras de un nuevo estudio publicado en el Semanario de Sicología Positiva: “La gente feliz obtiene su alegría de recibir de los demás, mientras que la gente que tiene una vida significativa obtiene su alegría de darle a los demás”. En otras palabras, el sentido trasciende al ego, mientras que la felicidad implica darle al ego lo que quiere.

De acuerdo a Roy Baumeister, jefe de investigación del estudio: “Lo que separa a los humanos de los animales no es la búsqueda de la felicidad, lo cual ocurre en todo el mundo natural, sino que es la búsqueda de sentido, la cual sólo existe en los humanos”.

Mucho antes de estos estudios, los judíos ya entendían esas verdades intuitivamente. Feliz es bueno, pero bueno es mejor.

Desear un feliz año nuevo implica darle primacía al ideal de una cultura hedonista cuyo objetivo principal es pasarla bien, mientras que buscar un año bueno implica reconocer la superioridad del significado por sobre la alegría del momento.

La palabra bueno tiene un significado especial en la Torá. La primera vez que encontramos esta palabra es en la serie de oraciones en la cual Dios, después de cada día de creación, ve su obra y la proclama buena. Y no sólo eso, sino que cuando Dios completó su obra vio todo lo que había hecho y “he aquí que era muy bueno”.

¿Qué significa eso? ¿De qué forma era bueno el mundo? Obviamente no estaba siendo alabado en un sentido moral. Los comentaristas ofrecen una profunda idea: la palabra bueno indica que cada parte de la creación cumplía con el propósito de Dios; cada parte era buena porque era lo que debía ser.

Este es el profundo significado de la palabra bueno cuando es aplicada a nosotros y a nuestras vidas. Somos buenos cuando logramos nuestro propósito; nuestra vida es buena cuando en ella se cumple lo que tenemos que hacer.

Todos conocemos a muchas personas de las que se puede decir que “tuvieron vidas buenas” a pesar de tener que sufrir una gran infelicidad. De hecho, las personas realmente grandes eligieron vidas de sacrificio en lugar de placer y dejaron un legado de inspiración y logros que nunca podrían haber alcanzado si sólo les hubiese preocupado la gratificación personal.

Un shaná tová, un año bueno —desde una perspectiva espiritual— contiene mucha más bendición que uno simplemente feliz.

Una vida significativa lleva a una vida feliz

Puede que un shaná tová no enfatice la felicidad, pero es la forma más segura para alcanzarla.

Esto se debe a otra poderosa idea que descubrieron los sicólogos: que la felicidad es, por lo general, un subproducto de una vida significativa. Es precisamente cuando no la buscamos y estamos dispuestos a dejarla de lado por un objetivo más elevado que nos visita —sin esperarlo— con una fuerza que jamás pensamos que fuera posible.

La felicidad es un subproducto de una vida significativa.

Uno podría pensar que tener más dinero es la clave para la felicidad. Pero hay millones de personas que atestiguan en base a su propia experiencia que esto no es cierto. Pero si tener más dinero no te hará más feliz, ¿qué lo hará? Los científicos sociales arribaron a una conclusión importante: pese a que tener más dinero no lleva automáticamente a la felicidad, ¡regalarlo casi siempre lo logra!

La prestigiosa revista Science (marzo 2008) nos cuenta que una nueva investigación reveló que cuando alguien reparte dinero entre amigos o hace donaciones caritativas experimenta un aumento en su felicidad, mientras que quienes lo gastan en sí mismos no viven algo similar. “Queríamos probar nuestra teoría de que la forma en que las personas gastan su dinero es a lo menos tan importante como la cantidad que ganan”, dice Elizabeth Dunn, una sicóloga de la Universidad de British Columbia. Lo que ellos descubrieron fue que el gasto en uno mismo no está relacionado con la felicidad, mientras que el gasto en los demás y en caridad estaba significativamente relacionado con un alza en la felicidad.

“Independientemente del ingreso de cada persona”, dijo Dunn, “quienes gastaron el dinero en los demás dijeron sentir más felicidad, mientras que quienes lo gastaron en sí mismos no experimentaron nada parecido”.

En un fascinante experimento, un grupo de investigadores les dieron a estudiantes universitarios billetes de 5 o 20 dólares y les pidieron que gastaran el dinero antes del atardecer. A la mitad de los participantes les pidieron que gastaran el dinero en sí mismos mientras que al resto les pidieron que lo gastaran en los demás. Los participantes que gastaron el ingreso inesperado en los demás —lo cual incluyó juguetes para hermanos y comidas con amigos— dijeron haberse sentido más felices que quienes gastaron el dinero en sí mismos. Gastar una suma tan pequeña como 5 dólares en otra persona generó un aumento medible en la felicidad, mientras que adquirir un supuesto placer (objetos para la gratificación personal) casi no produjo un cambio en el humor de la gente.

“No me sorprende que la gente descubra que dar dinero es algo muy reconfortante”, explicó Aarón Ahuvia, profesor de marketing de la Universidad de Michigan-Deaborn. “La gente gasta mucho dinero para hacer que su vida sea significativa e importante. Cuando das dinero haces el mismo tipo de adquisición, sólo que de una manera más efectiva. Lo que tratas de hacer es comprar significado para tu vida”.

Una vida significativa es el objetivo supremo, y en nuestra búsqueda de una buena vida descubriremos la recompensa de la felicidad verdadera.

Entonces te deseo un shaná tová. Que tu año esté lleno de significado y propósito, y la felicidad, seguro vendrá a continuación…

Según tomado de, http://www.aishlatino.com/h/rhyik/rh/Los-judios-no-dicen-feliz-ano-nuevo.html?s=feat

Cómo el siglo XX exacerbó la disputa por Jerusalén

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Un hombre judío ultra-ortodoxo está de pie en un cementerio judío en el Monte de los Olivos cerca de la ciudad vieja de Jerusalén el 10 de diciembre de 2017. Foto tomada el 10 de diciembre de 2017. (Ammar Awad/Reuters)

POR Mona Boshnaq, Sewell Chan, Irit Pazner Garshowitz y Gaia Tripoli

En diciembre de 1917 —este mes se cumplen 100 años desde entonces—, el general británico Edmund Allenby tomó el control de Jerusalén, que era defendida por turcos otomanos. Allenby bajó de su caballo y entró a la Ciudad Vieja a pie, a través de la Puerta de Jaffa, por respeto a su condición sagrada.

A lo largo del siglo, Jerusalén ha sido disputada de distintas maneras: no solo por judíos, cristianos y musulmanes, sino también por poderes externos y, por supuesto, por los israelíes y palestinos modernos.

Tal vez sea oportuno que el presidente Donald Trump parezca haber elegido esta semana para anunciar que Estados Unidos reconoce a Jerusalén como la capital de Israel, a pesar de las preocupaciones de líderes de los países árabes, Turquía e incluso aliados cercanos como Francia.

Los conflictos en torno a Jerusalén se remontan a miles de años —que abarcan los tiempos bíblicos, el Imperio romano y las Cruzadas—, pero el conflicto actual es claramente una historia del siglo XX con raíces en el colonialismo, el nacionalismo y el antisemitismo. The New York Times pidió a varios expertos que llevaran a los lectores a través de momentos fundamentales del siglo pasado.

“Para los británicos, Jerusalén era muy importante. Ellos son quienes establecieron Jerusalén como una capital”, comentó Yehoshua Ben-Arieh, geógrafo histórico en la Universidad Hebrea de Jerusalén. “No era capital de nadie desde el tiempo de los Templos Primero y Segundo”.

Las tres décadas de gobierno británico posteriores a la marcha de Allenby en Jerusalén vieron una afluencia de colonos judíos atraídos por una visión sionista de la patria judía, mientras que la población árabe local se ajustó a la realidad del colapso del Imperio Otomano, que había gobernado la ciudad dese 1517.

“Paradójicamente, el sionismo se retiró de Jerusalén, en especial de la Ciudad Vieja”, señaló Amnon Ramon, investigador principal del Jerusalem Institute for Policy Research. “Primero, porque Jerusalén era vista como un símbolo de la diáspora, y, segundo, porque los sitios sagrados para la cristiandad y el islam eran vistos como complicaciones que no permitirían la creación de un Estado judío cuya capital fuera Jerusalén”.

Para los árabes, agrega Ramón, “había todavía algo de conmoción por no estar en el Imperio Otomano. Había un reordenamiento de la sociedad. La aristocracia palestina local, las grandes familias de Jerusalén, emergieron como líderes del movimiento nacional palestino, que repentinamente se vio confrontado con la migración judía”.

La oposición a esa migración dio lugar a varios disturbios mortales para los palestinos, mientras los judíos se enfurecían con el gobierno británico y las restricciones migratorias impuestas en 1939 (las mismas que impidieron el ingreso a muchos judíos que huían del Holocausto). Después de la guerra, en 1947, Naciones Unidas aprobó el plan de separación que establecía dos Estados —uno judío y uno árabe— en el que Jerusalén quedaba gobernada por “un régimen internacional especial” al que debía su condición única.

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Las fuerzas de seguridad israelíes se enfrentan a los manifestantes palestinos en Tulkarm el 12 de diciembre de 2017 tras las manifestaciones en curso contra la declaración del presidente estadounidense Donald Trump de Jerusalén como capital de Israel. (Jaafar Ashtiyeh/Agence France-Presse)

Los árabes rechazaron el plan de separación y un día después de que Israel proclamara su independencia en 1948, los países árabes atacaron al nuevo Estado. Fueron derrotados. Entre la violencia de las milicias y las multitudes de ambas partes, una enorme cantidad de judíos y árabes fueron desplazados.

Jerusalén estaba dividida: la mitad occidental se volvió parte del nuevo Estado de Israel (y su capital, bajo una ley israelí que se aprobó en 1950), mientras que el lado oriental, incluyendo la Ciudad Vieja, estaba ocupado por Jordania. “Para los palestinos, se vio como un elemento unificador”, comentó Michael Dumper, profesor de Política de Medio Oriente en la Universidad de Exeter en Inglaterra.

En sus inicios, el Estado israelí dudaba de centrarse demasiado en Jerusalén, dada la presión de Naciones Unidas y de las potencias europeas, según Issam Nassar, historiador de la Universidad Estatal de Illinois.

Ningún otro suceso ha moldeado de manera tan definitiva la lucha moderna por Jerusalén como la Guerra de los Seis Días de 1967, en la cual Israel no solo derrotó a los ejércitos invasores árabes, sino que además se hizo del control de la Franja de Gaza y la península del Sinaí de Egipto; la ribera occidental y el este de Jerusalén de Jordania y los altos del Golán de Siria.

Las imágenes de los soldados israelíes que rezan en el Muro de los Lamentos, al que se les había negado el acceso durante el gobierno jordano, quedaron selladas en la conciencia nacional de Israel.

La victoria del partido de derecha Likud en 1977, bajo el liderazgo de Menajem Beguin, ayudó a materializar este nuevo énfasis en Jerusalén como parte integral de la identidad de Israel.

Como parte de este cambio, la importancia simbólica de Jerusalén se intensificó. Su lugar en la historia judía se enfatizó en desfiles militares y planes de estudios. A los estudiantes de todo Israel se les llevaba allí en visitas escolares. Este proceso culminó en 1980, cuando los legisladores aprobaron un proyecto de ley que declaraba que “Jerusalén, completa y unida, es la capital de Israel” (aunque Israel estuvo a punto de anexar a Jerusalén este, en una estrategia que muy probablemente habría motivado la furia internacional).

Los Acuerdos de Oslo de 1993 establecieron la creación de una Autoridad Palestina para gobernar la ribera occidental y la Franja de Gaza, mientras que dilataban una resolución sobre los temas álgidos: las fronteras, los refugiados y la condición de Israel. En el casi un cuarto de siglo que ha transcurrido desde entonces, las probabilidades de que haya un acuerdo de paz duradero parecen cada vez más vagas.

Una visita del político de derecha Ariel Sharon en 2000 al complejo sagrado conocido por los judíos como el Monte del Templo y por los musulmanes como la mezquita Aqsa y la Cúpula de la Roca, dio lugar a violentos enfrentamientos y desató una segunda insurgencia palestina que cobró las vidas de unos 3000 palestinos y mil israelíes en el transcurso de cinco años.

Los palestinos afirman que los pobladores judíos han invadido Jerusalén este y que Israel ha complejizado el problema al revocar los permisos de residencia. A pesar de ello, la composición étnica de la población de Jerusalén se ha mantenido árabe entre un 30 a 40 por ciento.

“Jerusalén era una ciudad sagrada para tres religiones, pero el momento en que crecieron dos naciones en la tierra de Israel —el pueblo judío y el pueblo árabe local—, ambas aceptaron a Jerusalén. No era tanto que Jerusalén las necesitara, sino que estas naciones necesitaban a Jerusalén”, dijo Ben-Arieh.

Según tomado de, https://www.clarin.com/new-york-times-international-weekly/?url=/clarin/story/content/view/full/78235

 

We Will Do and We Will Hear

We Will Do and We Will Hear

If the Jews gathered at Mount Sinai were eager to receive the Torah, why the need for Divine coercion?

by Rabbi Noson Weisz

Shavuot is the holiday on which we celebrate the receiving of the Torah — we refer to it in our prayers as “the time of the giving of our Torah.”

As we explained earlier (see “Passover: Of Human Bondage”), Jewish holidays are not simply occasions of thanksgiving and remembrance — they are occasions of renewal and regeneration. Each year God renews the spiritual input that was initiated at the time of the holiday, so that every Jew can regenerate within himself this spiritual connection which is necessary to his well- being as a servant of God.

Shavuot offers a unique input that is particularly related to the regeneration of the spiritual strength required for Torah acceptance. This particular spiritual quality is what we shall now attempt to explore.

THE GIVING OF THE TORAH

The drama of the events at Mount Sinai is well known:

It was the third day, in the morning, that there was thunder and lightning. A heavy cloud was on the mountain and there was a very loud sound of the shofar. All the people in the camp trembled. Moses brought the people toward God out of the camp. They stood at the foot of the mountain. The entire Mount Sinai was enveloped with smoke, for God had descended upon it in fire. Its smoke rose like the smoke of a furnace and the entire mountain trembled violently … (Exodus 19:16-18)

God begins to give the Ten Commandments, but the Jews panic and beg Moses to ascend the mountain and accept the teachings on their behalf.

Moses came and told the people all the words of God. The people responded with one voice and said, ‘All the words that God has spoken, we will do.’ Moses wrote down all the words of God. He arose early in the morning and built an altar beneath the mountain, and also twelve pillars for the twelve tribes of Israel. He sent youths of the Sons of Israel and they offered burnt-offerings, and sacrificed oxen as peace offerings to God. Moses … then took the Book of the Covenant and read it in the ears of the people. They said, ‘All that God has spoken, we will do and we will hear.’ (Exodus 24:3-7)

Perhaps the best known passage in Jewish literature concerning the covenant at Sinai is the following passage of Talmud:

Rabbi Simai expounded, “When Israel uttered na’aseh before nishma, or “we will do” before “we will hear,” 600,000 ministering angels came to each and every Jew and tied two crowns to each Jew, one corresponding to na’aseh and one corresponding to nishma. (Talmud, Sabbos, 88a)

The statement “we will do, and we will hear,” amounts to a commitment to carry out God’s commandments even before hearing what the observance of those commandments actually involves. Only someone who is totally willing to shape his entire life around Torah observance would be willing to make such a commitment.

To the modern mind, isn’t this kind of blind acceptance irrational?

BLIND ACCEPTANCE OR COERCION?

Perhaps we can begin to glimpse the answer to this question by considering a neighboring Talmudic passage nearly as well known as the previous.

They stood at the foot of the mountain (Exodus 19:17) R’Avdimi bar Chama bar Chasa said, “This teaches us that the Holy One, blessed is He, covered them with the mountain as though it were an upturned vat and He said to them: ‘If you accept the Torah, well and good. But if not your burial will be right here!'” Rav Acha bar Yakov said, “From here stem strong grounds for a complaint of coercion regarding the acceptance of the Torah.” (Talmud, Shabos 88a)

This passage would appear to indicate the diametric opposite to the first; far from accepting the Torah willingly, the Jewish people had to be coerced to accept it.

Is there any way to reconcile a willingness to say na’aseh v’nishma with a need to coerce the Jews into accepting the Torah?

The commentators offer various solutions to resolve the contradiction, but we shall discuss the explanation offered by the Maharal in his work “Tiferes Yisroel” (Ch.32):

God had to force the Jewish people to accept the Torah, even though they were willing to accept it without compulsion, for the following reason. The Torah is not a luxury that the world can do without. God was not interested in creating a world where men would spend their time in physical pursuits. He was interested in a world where He would be involved with man in constructing a totally non-physical environment where He and man could co-exist in perfect harmony and co-operation. He endowed man with spiritual capacity so that man could express it by leading a spiritual life, not to make his physical existence more stimulating. The leading of such a life without the Torah is an impossibility. Thus Torah acceptance is as necessary to existence as atoms.

To offer the Torah to the Jews based on their willingness to accept it would create the false impression that it was their enthusiastic acceptance which created the environment in which the Torah was given. They would have been left with the erroneous assumption that the Torah was a dispensable item. Thus God had to force them to accept it despite their ready consent, to hammer home the idea that the alternative of living without it simply does not exist.

But is this so?

Surely 99% of the world’s population manages to live quite well without Torah observance? Surely it would be more accurate to say that God is unwilling to tolerate human existence unless some humans accept His Torah, but to declare that existence itself is quite impossible without the Torah seems to contradict everything we see around us! How can anyone possibly defend such an outrageous statement?

To understand what happened we must first explain the nature of free will and the purpose of human existence.

THE CHIMERA OF FREE WILL

Let us imagine for a minute that God created the world and also runs it, down to the level of each individual life, as indeed the Torah maintains. Each person is individually created and packaged by God, so that he is born with precisely determined talents and abilities into an environment that is custom designed uniquely for him.

Some psychologists maintain that free will is a chimera. And in one respect they are right. It is quite true that we all make our own choices without any outward compulsion, but this hardly means that our will is free. For each of us is born with an unbelievably sophisticated calculating machine, our brains, that is perfectly capable of teaching us to optimize any given situation in life we might find ourselves in, factoring in our own unique abilities, character and means. Thus our behavior throughout our lives is totally predictable as long as we follow the dictates of our calculator, which we will surely do as long as we are not stupid or undisciplined. Thus our freedom amounts to the freedom to be stupid and undisciplined.

Let us look at this situation from God’s point of view — and we will see that we have considerable free will, although it might not seem so from our humble beginnings.

God created the human being to accomplish. The name given to the first man was Adam, because he was taken from the ground called the adama in Hebrew; and of course, Eve, was taken from Adam.

The Maharal asks: “Just as it is written that God formed man out of the dust from the ground (Genesis 2:7), it is also written the earth shall bring forth particular species of living creatures, particular species of livestock, land animals, and beasts of the earth (Genesis 1:24). But if all these creatures were also formed from the dust of the earth why was the human being singled out by being named Adam?

The Maharal goes on to explain that the human being was the only one who was created to progress and produce. Elephants and crocodiles haven’t advanced much in recorded history. They have not built schools or hospitals, they have amassed no body of recorded knowledge. They live precisely the same way they did at the beginning of time. On the other hand, we have made enormous progress. Aside from appearance and innate capacity there is nothing in common between us and the early man that existed at the beginning of recorded time. Humanity has made incredible progress.

That is the secret of the name Adam — for of all living creatures only the human being is like the earth. The earth has infinite potential. We have induced it to feed billions of people, when, a few short centuries ago, it had a difficult time feeding a mere few million at most. The key is husbandry, effort, and innovation. The earth left to itself will remain totally inert, but if you put creative effort in to it, it will reveal its potential. Since the human being resembles the earth in this crucial aspect, he is its true child and is the only one of its offspring that merits wearing its name as his identity tag.

But let us now go back and consider how all this progress might look to God. Wasn’t it all predictable?

After all it was God who endowed us with the calculating machine in our brain that made all this progress entirely predictable and inevitable given our enormous life force, our powerful urge to survive and improve our lot — all qualities that were instilled by the creator.

From God’s point of view, the human being has produced absolutely nothing novel through all this seeming advance. He has merely moved in a straight line down the most predictable path that would have been mapped out for him by any intelligent observer. If he has any potential for true originality none of this movement is evidence of it.

WHERE FREE WILL LIES

But what can we accomplish that isn’t automatically programmed into us? The answer lies in the area of spirituality, and to see it clearly we have only to look at the world we live in.

The most brilliant minds applying themselves with the greatest concentration have only managed to come to the conclusion that the world is a closed system. According to the intelligence of science, we live in a totally self-contained physical world where life has evolved to its present state according to physical laws that account for all observable phenomena.

It is safe to conclude by this point in history that the best human minds applying the most intense sort of human effort will never learn to connect the human being to a world of spirituality. The conclusion emerges that if this is the area in which our untapped potential is located, we can never find it without God’s help.

Yet our argument has clearly demonstrated that from God’s point of view, this is, in fact, precisely the area where this untapped potential must be located. For this is the only unpredictable area. This is the only sphere of human activity which the calculating machine doesn’t seem to automatically point to. Here lies the area of free choice — whether or not to follow the commandments of the Torah as given by God, commandments which are designed to transform ordinary human life into a spiritual existence.

NECESSITY OF TORAH

Let us now consider the question of the necessity of the Torah to creation once again in light of all this information.

Economists explain that the difference between government bodies and private sector corporations as follows. The object of government bodies, indeed of all bureaucracies, is to perpetuate themselves. If they show evidence of productivity it is coincidental, because to be productive is of secondary importance to them; their main mission is survival. Being government bodies they have no need to be productive; they will always be supported by tax dollars.

On the other hand private sector corporations must be productive in order to survive. No one is interested in bailing them out if they do not justify their own economic existence; in their case the main focus is productivity and survival is the coincidental byproduct.

If this is true in human affairs, why should we expect it to be any different when it comes to God’s relationship with His creation? He created it to be productive — why should he bail it out if it is not?

If all creation manages to accomplish is to follow along the path of least resistance suggested by the computer God supplied and programmed, it merely executes and spits back its original input without producing any profit. As such it has no merit as an economic enterprise. The free market ethic on which our society is based mandates its abandonment on the grounds of inefficiency.

But if we manage to transform ourselves into spiritual beings then creation is being productive. As far as the original input of God-mandated creation, the universe contained no such beings. God did not turn out this type of human on His production line. Such a being was produced by his or her own efforts, following an optional program through freedom of choice.

We are finally ready to answer our original question: Isn’t blind acceptance of the Torah — i.e. “we will do and we will hear” — irrational?

There is indeed a special spiritual attribute that is linked to Torah acceptance rather than to belief in general. To accept the Torah correctly you have to perceive it not only as desirable but as necessary to existence.

The true meaning of na’aseh v’nishma is that Torah observance is the core of one’s life. It is to observe the Torah that one was created, not to eat and drink and survive, and to observe the Torah as well while one is engaged in the practicalities of life. Life must fit into Torah observance; not Torah observance into life. Survival is the byproduct of productivity.

Every Shavuot God is willing to suspend the mountain over anyone who is willing to approach the acceptance of the Torah with the attitude of na’aseh v’nishma. God stands ready to regenerate the spiritual perception of Torah as being the core of one’s existence.

As taken from, http://www.aish.com/h/sh/se/48967001.html?s=srcon

El mito de la caridad

Cuando el judío contribuye al necesitado, no está siendo generoso, está siendo justo.

 

 

 

 

 

 

 

Los judíos no creen en la caridad. No se deje engañar por su filantropía legendaria, por su saturación de movimientos sociales y humanitarios. Los judíos no practican la caridad, y el concepto es virtualmente inexistente en la tradición judía. En vez de caridad, el judío da tzedaka – la palabra significa “rectitud” y “justicia”. Cuando el judío contribuye con su dinero, tiempo y recursos al necesitado, no está siendo benévolo, generoso o “caritativo”. Él está haciendo lo que es correcto y justo

Se cuenta una historia a cerca de un jasid adinerado que recibió una carta de su Rebe, Rabi Abraham Yehoshua Heshel de Apt, solicitándole que le diera 200 rublos a un amigo jasid para salvarlo de la ruina financiera. Este jasid rico contribuía regularmente con su Rebe en acciones caritativas, pero esta carta en particular le llegó en un duro momento financiero y contenía un pedido de una suma excepcionalmente grande. Después de cierta consideración, el jasid decidió no responder al pedido del Rebe.
Al poco tiempo la fortuna del jasid comenzó a disminuir: Una de sus empresas fracasó gravemente, luego otra y al poco tiempo había perdido todo.

– “Rebe”- gritó, cuando pudo lograr una audiencia privada con su Rebe, Rabi Abraham Iehoshua, “Yo sé porqué me ha sucedido esto. ¿Pero fue mi pecado tan terrible como para merecer tan severo castigo? Acaso es correcto castigar sin advertencia?. Si usted me hubiese dicho la importancia de dar esos 200 rublos, hubiera seguido sus instrucciones al pie de la letra!”

“Pero tu, no has sido castigado de ninguna manera”- contestó el Rebe
– “¿qué me está diciendo? ¡He perdido toda mi riqueza!”
– “Nada tuyo fue tomado de ti” – dijo el Rebe. “Cuando mi alma bajo a la tierra, cierta cantidad de recursos materiales me fue asignada para usarla en mi trabajo. Sin embargo dedique mis días y noches a rezar, estudiar, enseñar Torá y asesorar a aquellos que vienen a mí en busca de orientación y no dejé ningún tiempo para la tarea de administrar todo ese dinero. Estos recursos fueron puestos en la confianza de un número de ‘banqueros’ – gente que podía reconocer reconocería la importancia de apoyar mi trabajo. Cuando no pudiste llevar a cabo tu papel, mi cuenta contigo fue transferida a otro banquero.”

En nuestro mundo, tan evidentemente – y a veces violentamente – dividido entre la prosperidad y la pobreza, existen dos perspectivas generales en abundancia y característica:

a) Que éstas son las posesiones legítimas de los que las ganaron o heredaron. Si eligen compartir incluso una pequeña parte de las mismas con otros, esto es un acto noble, digno de alabanza y ovación.

b) Que la distribución desigual de los recursos terrestres entre sus habitantes es una parodia. Poseer más que otros es una injusticia, incluso un crimen. Dar al necesitado no es una “buena acción” sino la rectificación de error.

La tradición judía rechaza ambas opiniones. De acuerdo a ley de la Tora, dar al necesitado es un mitzvá – un mandamiento y una buena acción. Esto significa que, por un lado, esto no es un acto arbitrario, es solamente un deber y una obligación. Por otra parte, es una buena acción – un crédito para aquel que reconoce su deber y lleva a cabo su obligación.

El judío cree que la abundancia material no es un crimen, solamente una bendición de Di-s.

Una persona que fue bendecida por la riqueza, debe verse a si mismo como a un “banquero” de Di-s – una persona privilegiada, en la que Di-s deposita su confianza para entregar los recursos de Su creación a otros.

Di-s podría asignar porciones iguales de Su mundo a todos sus habitantes. Pero entonces el mundo no sería nada más que un exhibición de las energías creativas de Di-s, predecible como un juego de computadora y estático como una exhibición de museo. Di-s deseó un mundo dinámico de en el cual el hombre, es también un creador y abastecedor. Un mundo en el cual los controles, se han entregado hasta cierto punto a los seres que tienen la energía de elegir entre satisfacer o renunciar su papel. Así la ley judía requiere que cada individuo de tzedaka – incluso si uno mismo es sostenido por la tzedaka de otros. Si el propósito de la tzedaka fuera simplemente rectificar la distribución desigual de abundancia entre ricos y pobres, esta ley no tendría ningún sentido. Tzedaka, sin embargo, es mucho más que eso: es la oportunidad concedida a cada persona para sentirse un “socio con Di-s en la Creación.”

Dar tzedaka es, sobre todo, una lección de humildad. Frente a nosotros se encuentra un ser humano menos afortunado que nosotros. Sabemos que Di-s podría proveerlo fácilmente de todo lo que él requiere, en vez de enviárselo a través de mí ¡Aquí hay una persona que está sufriendo pobreza para darnos la oportunidad de hacer un hecho de Sagrado! De la misma manera, si la Providencia Divina nos coloca en el papel de recepción de un acto caritativo, no debemos sentirnos desmoralizados por la experiencia. Para nosotros que sabemos que Di-s podría fácilmente proporcionarnos todas nuestras necesidades y que nuestra situación actual es simplemente para conceder a otra persona la capacidad de hacer un hecho Sagrado. Nuestro “benefactor” nos está dando el dinero o cierto recurso; nosotros le estamos dando algo mayor – la oportunidad de ser un socio de Di-s en la Creación. En las palabras de nuestros sabios: “más de lo que el hombre rico hace por el pobre, el pobre hace por el hombre rico.”

Según tomado de, http://es.chabad.org/library/article_cdo/aid/638591/jewish/El-mito-de-la-caridad.htm

Tevet: Perdido en la traducción

Tevet: Perdido en la traducción

Tevet es un tiempo de retorno y redefinición.

por

En el mes hebreo de Tevet ocurrieron cambios que han tenido repercusiones a lo largo de toda la historia judía.

El ocho de Tevet se completó la traducción de la Torá al griego, la cual fue ordenada por Ptolomeo. El monarca egipcio sabía perfectamente lo complicado que sería el trabajo, y reunió a 70 sabios para componer una traducción utilizando sólo el texto escrito. Él esperaba que la traducción no sólo les diera a los griegos un entendimiento literal de los Cinco Libros de Moshé, sino que también les diese un vistazo de lo que Dios les comunicó a los judíos en el Monte Sinai.

La traducción resultante fue considerada una tragedia. Pero, ¿por qué? ¿Acaso esto es algo inherente en todas las traducciones? ¿Por qué la verdad de la Torá debiese ser inaccesible? En los tiempos modernos la gran cantidad de traducciones existentes han sido un aporte estupendo. La abrumadora ignorancia de la tradición y la liturgia judía con la que crecí ha sido casi eliminada por las traducciones de los libros de rezos y los jumashim (cinco libros de Moshé).

¿Cuál es la diferencia entre la Septuaginta (la traducción de 70 hombres) y las traducciones de hoy en día?

Ptolomeo quería helenizar la Torá; la quería en su biblioteca junto a los otros clásicos de la época. Para él era inconcebible que un documento entregado por Dios y uno escrito por el hombre fuesen tratados de forma diferente.

Ptolomeo quería darle acceso a la Torá a todo el mundo, pero quería hacerlo empequeñeciendo su alcance, de forma tal que encajase en las limitaciones de la mente humana.

El objetivo de la Torá es presentarnos una forma de vida que nos cambiará y nos llevará hacia lo desconocido – la infinidad de Dios. El objetivo de los otros trabajos es darnos un mayor entendimiento de nosotros mismos y del mundo. Unos tratan sobre el mundo y los seres humanos, mientras que otros tratan sobre un mundo que está mucho más allá de las limitaciones de la visión humana. Los autores de las traducciones de hoy en día quieren que todo el mundo sea capaz de experimentar la Torá a través de engrandecer a la gente. Ptolomeo quería darle acceso a la Torá a todo el mundo, pero quería hacerlo empequeñeciendo su alcance, de forma tal que encajase en las limitaciones de la mente humana.

Fue una tragedia. De hecho, nuestros sabios la compararon al pecado del Becerro de Oro. Los judíos, que creían que el encuentro en Sinai con un Dios incognoscible sería abrumador, asumieron que Moshé ya no estaba con ellos y decidieron hacer ellos mismos un dios. Era un dios que encajaba en su repertorio existente de simbolismo religioso; ellos empequeñecieron a Dios justo cuando tenían la oportunidad de caminar hacia lo desconocido con fe absoluta y de trasformase en gente mucho más grandiosa que lo que hubieran podido ser en cualquier otro momento.

El nueve de Tevet es la fecha de la muerte de Ezra y Nejemia, los líderes espirituales que trajeron a los judíos a Israel después del exilio de Babilonia para comenzar el proceso de rejuvenecimiento del pueblo judío. El exilio babilonio fue la expulsión forzada de los judíos de su tierra – la cual habían habitado durante 850 años – hacia Babilonia. Permanecieron allí durante 70 años, durante los cuales los persas conquistaron a los babilonios y los griegos a los persas.

Desde afuera parecía que el trauma de la expulsión sumado a las sutiles fuerzas de asimilación al pueblo conquistador – que representaba el éxito y la victoria – nos destinaron a convertirnos en un grupo de gente anónimo en vez de en una nación. Ezra y Nejemia revirtieron el proceso, y virtualmente le dieron nueva vida a nuestro sentido de nacionalidad. Su éxito fue más allá de lo imaginable; con la ayuda política de Cirus de Persia, el sueño de volver se convirtió en realidad.

A diferencia del retorno presente a Israel, ese retorno no se vio disminuido por la ambigüedad espiritual. Ezra logró lo que ningún líder (ni siquiera Moshé) había logrado en toda nuestra historia. Él inspiró a su pueblo no sólo a volver a su tierra, sino también volver a su Dios. Era realmente una nueva era, pero con la muerte de ellos dicha era llegó a su fin, y el siguiente paso era mucho más incierto de lo que había sido durante todas sus vidas. Todo el período del Segundo Templo estuvo marcado por una lenta erosión de nuestra identidad. Hubieron momentos dorados y personalidades inolvidables, pero algo estaba faltando: la absoluta claridad de propósito que Ezra nos había traído.

El dicho dice que nadie es irreemplazable. Pero eso es mentira. En realidad, lo cierto es lo opuesto: nadie es reemplazable, y nada prueba esta verdad con más efectividad que el decline que ocurrió inmediatamente después de la muerte de los líderes del pueblo.

El diez de Tevet tuvimos la dudosa distinción de “un nuevo comienzo”, cuya huella continúa siendo parte de nuestra identidad nacional. Fue el día en que las fuerzas que llevaron al exilio comenzaron a concretizarse, llevándonos de una diáspora a otra. Son muchos los judíos que definen su relación con el judaísmo en base a la continuidad de tragedias que se sucedieron, culminando con el Holocausto. Visitamos los campos de concentración y cerramos nuestros ojos después de escuchar o ver otro terrible acto de terror. Algunos de nosotros hemos visto sus restos estériles en Europa.

La saga de persecución comenzó el 10 de Tevet. ¿Qué pasó exactamente? Jerusalem fue rodeada por las fuerzas babilonias (de las que hablamos previamente en referencia al nueve de Tevet); rodearon Jerusalem y comenzaron un sitio de tres años que terminó en la destrucción del Templo y en el comienzo del exilio que aún no ha terminado. Incluso durante el tiempo de Ezra, que fue lo más cercano que estuvimos de una redención nacional, la mayoría de los judíos nunca volvieron a casa. Hicimos nuestra vida en Babilonia, Persia, Grecia y otros lugares para estar cómodos, ser aceptados y, aún peor, ser normales.

Los sabios instituyeron un ayuno el diez de Tevet. El ayuno tiene el objetivo de ser un momento para preguntarnos si deberíamos transitar la historia como viajeros tranquilos mirando por la ventana mientras somos conducidos a lugares desconocidos, o si deberíamos hacer algo para determinar en qué dirección nos encaminaremos. Hoy, más que nunca, todas las puertas están abiertas. Podemos elegir el camino de permitir que otros definan quiénes somos y luego vivir según esa definición. Para mucha gente el liberalismo y el judaísmo se han convertido en sinónimos. La razón de esto es que algunas partes de la Torá encajan mejor que otras en el patrón neogriego de pensamiento occidental; el judaísmo ha sido “traducido” una y otra vez desde la Septuaginta con el objetivo de que su significado se adecue a lo que les resulte más aceptable a los sucesores de Ptolomeo.

Otro camino que podemos elegir es el decaimiento moral, el cual acorta la distancia entre nosotros y quienes desean destruirnos. Este camino llevó a la destrucción de ambos Templos, a la expulsión de nuestra tierra y al odio irracional que vivimos cuando las naciones se vuelcan en nuestra contra si nos convertimos en algo demasiado parecido a lo que son ellas.

Hay una tercera posibilidad. Podemos elegir renovar nuestro compromiso con nuestro propio legado y seguir el camino establecido por Ezra y Nejemia.

Tevet es un tiempo de retorno y redefinición. Espero que todos seamos capaces de utilizar el poder de este mes para descubrir quiénes somos en realidad y quiénes queremos ser. Ésta es la clave de la redención personal, la cual a su vez es la clave de la redención nacional.

Según tomado de, http://www.aishlatino.com/judaismo/fiestas-judias/calendario-judio/Tevet-Perdido-en-la-Traduccion.html?s=mm

A Lunch to Remember

by Rabbi Simon Jacobson

When Joseph saw Benjamin with them, he said to the overseer of his household, ‘Bring these men to the palace. Slaughter an animal and prepare it. These men will be eating lunch with me’ – this week’s Torah portion (Genesis 43:16)

Why does the Torah make such a fuss about the meal that Joseph served his brothers?

It all goes back to Jacob’s dislocated hip.

The Midrash explains that when Esau’s angel (the “stranger”) touched Jacob’s hip socket, he struck at all of Jacob’s descendants, referring to all the suffering and persecutions that the children of Jacob would endure at the hands of the children of Esau. But despite their horrible suffering, and deep wounds, they would prevail.

One of the consequences of Jacob’s wound was the selling of Joseph into slavery by his own brothers. How was it possible that such great men, the tribes and children of Jacob, forbearers of the entire Jewish nation, should stoop to petty jealousy driving them to first want to kill their own brother and then settle on selling him as slave?

Jacob’s eleven sons saw Joseph as a formidable threat to fulfilling the Divine purpose of life. Judah was designated to be the leader. His descendants – the House of David – were given kingship. When the brothers heard that Joseph dreamt that he would be their leader they saw this as mutiny against the Divinely ordained leadership of Judah. They foresaw the split that the children of Joseph would create in their mutiny against the house of David, the Kingdom of Israel that would break away from the Kingdom of Judah. To preempt this tragedy they felt that Joseph’s mutiny deserved death.

Why is Judah the appropriate leader and not Joseph? Judah (from the word ‘hodaah,’ “acknowledgment”) embodies faith and humility: the single most important ingredient in a true leader. He does not see himself as great, only as transparent channel of a Higher Will completely dedicated to serving his people. His ego and personality do not stand in the way between the people and G-d. Without absolute faith, humility and selflessness, leadership and the power that it wields is just plain dangerous.

Chassidic thought applies this to our personal lives: Judah is action and implementation (maaseh), Joseph is scholarship and knowledge (Talmud). Joseph’s great virtue, as his name implies, is the power of growth through wisdom and scholarship. But for all its strengths, scholarship without humility, knowledge without action, reason without faith, leads to arrogance and ultimately can become destructive. An absolute commitment to truth is built upon the unwavering foundation of faith.

Thus, Jacob’s children saw Joseph’s dreams of grandeur as a threat to the Divine plan.

However, they were mistaken. Joseph’s leadership was a necessary prerequisite to Judah’s kingship. Joseph, representing scholarship, is necessary before we can merit the humility of Judah. In a perfect world Judah is the leader (Moshiach son of David), but while we still live in an imperfect world, where there is a dichotomy between matter and spirit (Esau and Jacob), ignorant faith can be even more dangerous. The passion of absolute faith without knowledge, humility without the direction of wisdom, action without first studying, can become misguided and misdirected, to the point of harming others in the name of ignorant faith. Thus, the need for Joseph’s leadership, to temper and balance the passion of Judah: Wisdom to direct and guide one’s actions, knowledge to channel the power of faith. Joseph’s leadership (Moshiach son of Joseph) prepares and refines the world for the ultimate leadership of Judah (as related in the haftorah of the Vayigash portion). (see The Selling of Joseph)

This dichotomy between knowledge (Joseph) and implementation (Judah), between scholarship and faith, is reflected in Esau’s guardian angel displacing Jacob’s hip socket. The hip connects the higher part of the body with the lower part. When the angel displaced Jacob’s hip he severed the connection between mind and action.

The entire encounter of Joseph and his brothers is all about reconnecting the two forces of Joseph and Judah. So, when Joseph saw his brothers return with Benjamin he immediately ordered lunch to be served. Slaughter an animal and prepare it. These men will be eating lunch with me. The Talmud explains (Chulin 91a) that Joseph’s instruction “prepare it” meant to “remove the displaced (sciatic) nerve (gid hanasaha) in front of them [his brothers].” Joseph was making a point that his brothers see how the meat was being prepared for them in way that they could eat it, fulfilling the mitzvah of gid hanasha, not to eat “the displaced nerve on the hip joint to this very day because he [the angel] touched Jacob’s thigh on the displaced nerve” (Genesis 32:33).

Joseph was reminding them about the schism caused by Esau’s angel, which was also the root of Joseph and his brother’s battle.

When the brothers realized what was happening they became frightened. They began to understand their grave error (as they later acknowledge “G-d has uncovered our old sin” – 44:16) in selling Joseph; how it was another terrible expression of the split between faith and reason (Judah and Joseph).

Yet another manifestation of the displaced hip is when the Greeks defiled the Holy temple and the pure olive oil used to kindle the menorah (as mentioned above: Esau’s angel affected Jacob’s descendants in all generations). The Arizal teaches that Chanukah came to repair the wound in Jacob’s hip caused by Esau’s angel (the level of hod) (Siddur HaArizal, Kol Yaakov. See Pri Etz Chaim, Shaar Chanukah ch. 4).

The 16th century sage and mystic, the Shaloh (Drush Tzon Yosef), explains that this is alluded to in the words “kaf yereicho” (the upper joint of Jacob’s hip): The word “Yereicho” is also used to describe the base of the menorah (Exodus 25:31). “Kaf” (chof, peh) reversed is the word “pach” (cruse), referring to the cruse of pure oil discovered on Chanukah. Chanukah helps repair Jacob’s wound. The cruse of pure oil (“pach”), which represents the pure essence of the soul, transforms the dislocated hip (“kaf”); kindling the menorah with pure oil, reconnects the “base” of our beings – our actions (Judah) – with our branches and higher faculties (Joseph).

The plot thickens: Jacob’s battle with Esau’s angel came after Jacob returned across the river (after crossing his family and all his belongings) and “remained alone” to retrieve some “small jars” that were left behind (Chulin ibid. Cited in Rashi).

The Midrash explains the significance of these “small jars”: “From where did Jacob get this jar? When he picked up the stones from under his head and returned them in the morning, he found a stone that had a jar of oil in it, and he used it to pour on the top stone. When it refilled itself, Jacob knew it was set aside for G-d. He thus said, ‘It’s not right to leave this jar here’” (Yalkut Reuveni. See Sifsei Kohen al HaTorah. Birchat Shmuel Parshat Miketz 39d).

Twenty years before Jacob returned to face Esau, on his way to Charan, Jacob fell asleep after sunset on Mount Moriah with a stone under his head. There he had his famous dream of a ladder reaching into heaven. G-d shows Jacob the rise and fall of nations to come, the persecutions and redemptions of his children. G-d blesses and promises him “I am with you. I will protect you wherever you go and bring you back to this soil. I will not turn aside from you until I have fully kept this promise to you.”

Jacob awoke and realized that this must be the place of “G-d’s Temple,” the “gate to heaven.” In thanksgiving to G-d’s promise Jacob took the stone he had slept on and built a monument to commemorate his prophetic vision: “Jacob got up early in the morning and took the stone that he had placed under his head. He stood it up as a pillar and poured oil on top of it” (Genesis 28:11-18).

Now, twenty years later, when Jacob realizes that “small jars” with miraculous oil remain on the other side of the river, he returns to retrieve them – “It’s not right to leave this jar here.”

Another Midrash takes this a step further: G-d said to Jacob, “In the merit of endangering yourself for a small jar, I will repay your children with a small jar to the Hasmoneans [the miracle of Chanukah]” (Tzeidah LaDerech).

Because Jacob returned for the “small jars” of pure oil , and in doing so battles Esau’s angel all night long, Jacob’s children are repaid 1431 hundred years later with finding pure oil in exactly the same holy place where Jacob found oil the morning following his dream!

And though Jacob was wounded in the process – reflecting the fractured world in which we live – he prevailed over the angel, and ultimately was healed. So too, through the discovery of the “jar” (“pach”) of pure oil on Chanukah and kindling the flame after sunset, we conquer the darkness and repair the dislocated hip (“kaf”).

Everything that happened to Jacob happened to [his son] Joseph. Joseph was “sent” to Egypt in order to redeem the “jars” – to begin the refinement process of the nations, including Esau (see Joseph’s Treasures). Joseph, as a good son of his father Jacob, recognized the wound that had ruptured his relationship with his brothers. He therefore prepared a meal with his brothers to remind them of the work that needs to be done to heal the injured hip, connecting the higher with the lower.

Indeed, the Mordechai (cited in Matah Moshe sec. 996) says that the lunch meal Joseph shared with his brothers alludes to the Chanukah meal (see Shaar Yissachar, Chanukah). Perhaps it can also said that with this meal (which was initiated by Joseph when he first saw his brother Benjamin) Joseph imbued Benjamin (and his descendants, King Saul and later Mordechai) with the power to repair Jacob’s wound, as explained in the Zohar how the prophet Samuel (who anointed King Saul) repaired the wound (Zohar I 21b. II 111b-112b. Explained in the Ramak’s Pardes, Shaar Yerech Yaakov. Arizal – Likkutei Torah and Sefer HaLikkutim Samuel I 10. Kanfei Yonah 53. Kol Bochim Eicha 4:18, cited in Shaloh Mesechta Megilah). Benjamin was also the cataylst and bridge that reunited Joseph with Judah and his brothers.

We thus see how seemingly unrelated events in the lives of Jacob, Joseph and his brothers, transpiring in different times and places, all come together in a fascinating mosaic telling us one story: How we can transcend our wounds and reintegrate our lives.

Everything that happened to the patriarchs is an indication for their children. All the events come to teach us about the future…they were shown what would happen to their descendants.

Jacob’s wrestling with Esau’s angel through the night represents the battles through all forms of darkness in our own lives, until the dawn of redemption. Throughout the night of exile – in all its shapes and forms, external and internal, physical and psychological – we have fought and continue to fight many battles against those that would try to extinguish spiritual light.

Often, very often, we “remain alone” and have to fight a lonely battle. At times we may feel resigned and demoralized: Is anybody watching over us? Does anybody care? Or are we trapped in our own existential solitude, left to struggle all alone? And if so, why should we bother? Why make the effort to retrieve “small jars,” why search out a seemingly trivial detail?

Our forefather Jacob battle teaches us that life’s challenges are often experienced “alone.” But that is precisely the ultimate purpose of our lives – to cross the river and redeem the pure oil of the soul that is concealed in the “small jars.”

We may like to score great achievements; we may prefer to gravitate to major events and dramatic experiences. But often we will encounter “small jars” – nothing very substantial or glamorous. We may meet a lonely soul in need of help. Perhaps a little child who can use a smile, or an older person lying in a hospital bed.

Always remember that the “small jars” contain potent energy, pure oil, perhaps the most potent energy of them all. And it may well be that the entire purpose of your existence is to uncover the “small jars” that will come your way.

By returning for the “small jars” of undiminished oil, Jacob battled the angel all night long and prevailed. He thus imbued us with the power to fight and win our battles, until we reveal the ultimate light of personal and global redemption.

So, next time a “small jars” situation comes your way that may not seem very significant, remember: The jar contains powerful fuel. Go redeem it. “It’s not right to leave this jar here.”

As taken from, https://www.meaningfullife.com/miketz-lunch-remember/?utm_source=Meaningful+Life+Center&utm_campaign=7954b186ea-EMAIL_CAMPAIGN_2017_12_13&utm_medium=email&utm_term=0_0bcb4308af-7954b186ea-82293993

 

The Story of Joseph, Hanukkah — and Finding the Light

avatar by Pini Dunner

Israeli Hanukkah doughnuts. Photo: Wikimedia Commons.

 

 

 

 

 

 

 

 

Although ancient Egypt and ancient Greece coexisted for well over a millennium, they were different in almost every respect. Egyptian civilization emerged at the dawn of human history and continued until the first century BCE, while Greek civilization began in approximately 1100 BCE, and petered out in the second century BCE — when it was overtaken by Roman civilization.

The disparities between Egypt and Greece are usually assumed to be a factor of their different geographical locations. Mass travel and human migration were extremely limited in those days, and cultural influences were consequently contained. For example, the politics of ancient Egypt emphasized centralized authority, while the Greek political structure was far more diffuse, with power decentralized and distributed to local authorities. Artistically, too, the civilizations were very different. Egypt focused heavily on the creation of monumental structures, while the Greeks devoted themselves to less substantial art, and focused instead on intricate literary works.

There were, of course, areas of commonality — but none so pronounced as the area of religious belief. Although the range and structure of the two pantheons were very different, both systems shared a common theme that is both striking and revealing.

In both cultures, either a deity was good — or it was evil.

In Egypt, for example, the forces of darkness and destruction were represented by a god named Apep — the “Lord of Chaos” — who was the arch-enemy of the sun god Ra. Ra was considered the source of everything good in the world. If Apep gained the upper hand, Ra would be in decline, and Egyptians believed that each evening, as the sun set, Apep — who was lurking just below the horizon — would let off a mighty roar, as his might overcame the influence of the sun god.

The Greek Pantheon featured a totally different set of gods, dominated by Zeus — god of the sky, law, order and justice. But far from being omnipotent, Zeus was forced to deal with threats from other gods keen to steal his throne, not least of whom was his “wife,” Hera, who together with Poseidon tried to stage a coup against Zeus, and almost succeeded. Another deity, Typhon, almost managed to kill Zeus, and the Iliad suggests that Zeus was extremely fearful of Nyx, the Greek goddess of the night.

The similarities between this struggle for dominance between the distinct powers of good and evil, as seen in both Egypt and Greece, is conspicuous.

Contrast that with Judaism’s understanding of an omnipotent God who presides over everything that happens, and who has no gaps in His powers, or weaknesses that expose Him to the danger of defeat. I believe it is this contrast that explains a puzzle in this week’s Torah narrative describing Pharaoh’s dreams.

Although we would like to explain Joseph’s ability to interpret dreams as a sign of Joseph’s remarkable wisdom, the facts demand a more prosaic explanation. After all, correlating livestock and grain with the fortunes of Egypt’s economy seems straightforward enough. This forces the question — why were Pharaoh’s advisors unable to interpret his dreams, and what did Joseph see that they failed to observe?

A number of commentaries suggest that the key lies in the fact that the dreams did not portray seven fat cows followed by seven skinny cows, instead depicting seven skinny cows alongside the seven fat cows. This made no sense to Pharaoh’s advisors, who believed that when good prevails, evil has no place. Had there been seven fat cows without the thin ones, the message would have been clear: Egypt would experience prosperity. Alternatively, had the dream only contained the emaciated cows, it would have been evident that a famine was on the way. What was confounding was the simultaneous appearance of fat cows together with the thin cows.

When Pharaoh called for Joseph to be brought from his prison cell, the verse says (Gen. 41:14):וַיְרִיצֻהוּ מִן הַבּוֹר  — “and he was quickly brought from the dungeon.” The Zohar suggests that the root of the word “vayiritzuhu” is the Hebrew word “ratzon,” which means “will” or “desire.” It was at the exact moment Joseph was being freed from jail by royal command that he suddenly realized that his own dreams all those years ago were never meant to unfold from one minute to the next. Each aspect of his tortuous path, and especially the challenges, had been part of God’s will. The bad had combined with the good, so that in the end, it was all good, and no separation existed between one and the other.

Only a monotheist like Joseph could spot that nuance, and it was this exact nuance that helped him see past the image of fat cows and thin cows occupying the same scene, enabling him to interpret the dreams accurately — and to Pharaoh’s satisfaction.

Hanukkah, which always coincides with the Torah portion of Mikeitz, epitomizes this very same message. We light the menorah to commemorate the seemingly minor miracle of oil lasting longer than it should have; meanwhile, many greater miracles have occurred in our history that have not generated annual festivals. More importantly, full military victory against the Greeks would elude the Maccabeans for many years after they had retaken the Temple. In which case, what exactly are we celebrating?

Hanukkah teaches us that life is a patchwork of good and bad, and that bad is not actually always bad. Had the Greeks and their Jewish supporters not tried to Hellenize Jerusalem, Judaism would have inevitably declined into oblivion. And more importantly, our enemies’ plans do not need to be completely thwarted for God’s will to be realized, even if that means that a difficult journey lies ahead. What is imperative is for us to have an appreciation for the miracle of sustained light in an imperfect reality. That is truly a cause for celebration.

As taken from, https://www.algemeiner.com/2017/12/15/the-story-of-joseph-hanukkah-and-finding-the-light/