Por qué los judíos no creen en Jesús

Por qué los judíos no creen en Jesús

Durante 2.000 años, los judíos han rechazado el cristianismo. ¿Por qué?

Es importante entender por qué los judíos no creen en Jesús. El propósito no es despreciar otras religiones, sino plantear y clarificar la posición judía. Cuanta más información haya para escoger, la gente podrá tomar mejores decisiones acerca de sus vidas espirituales.

Los judíos no aceptan a Jesús como su Mesías porque:

  1. Jesús no cumplió las profecías mesiánicas.
  2. El cristianismo contradice la teología judía.
  3. Jesús no cumplió con los requisitos de Mesías.
  4. Los versículos bíblicos referentes a “Jesús” son traducciones incorrectas.
  5. La creencia judía se basa en una revelación nacional.

1. Jesús no cumplió las profecías mesiánicas

¿Qué es lo que el Mesías tiene que lograr?

La Biblia dice que debe:

  • Construir el Tercer Templo (Ezequiel 37:26-28)
  • Reunir a todos los judíos de regreso en la Tierra de Israel (Isaías 43:5-6).
  • Traer una era de paz mundial, acabar con el odio, la opresión, el sufrimiento y la enfermedad. Como está escrito: “Una nación no levantará espada contra otra nación; y tampoco los hombres estudiarán más cómo hacer guerra”(ver Isaías 2:4).
  • Esparcir un conocimiento universal sobre el Dios de Israel, uniendo a toda la raza humana como una. Como está escrito: “Dios será Rey sobre todo el mundo; ese día, Dios será Uno y Su Nombre será Uno” (Zacarías 14:9).

El hecho histórico es que Jesús no cumplió con ninguna de estas profecías mesiánicas.

2. El cristianismo contradice la teología judía

¿Dios como tres?

La idea cristiana de la trinidad divide a Dios en tres entes separados: El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo (Mateo 28:19).

Esto contradice al Shemá, la base de la creencia judía: “Escucha Israel, el Señor es nuestro Dios, el Señor es UNO” (Deuteronomio 6:4). Los judíos declaran la unicidad de Dios cada día, escribiéndola en los marcos de sus puertas —las mezuzot—, y atándola a sus brazos y a sus cabezas —los Tefilin—. Esta aseveración de la unicidad de Dios son las primeras palabras que se le enseñan a un niño judío, y las últimas palabras que se dicen antes de morir.

En la ley judía, el adorar a una trinidad divina es considerado idolatría, uno de los pecados cardinales por los cuales un judío debe dar la vida antes de transgredirlo. Esto explica por qué durante las inquisiciones y durante toda nuestra historia, los judíos han preferido dar sus vidas antes que convertirse.

¿El hombre como Dios?

Los cristianos creen que Dios vino a la tierra tomando la forma de un hombre, como Jesús dijo: “Yo y el Padre somos uno” (Juan 10:30).

Maimónides dedica la mayoría de su libro “La Guía de los Perplejos” a la idea fundamental de que Dios carece de cuerpo, es decir de una forma física. Dios es Eterno, está por encima del tiempo. Es Infinito, más allá del espacio. No pudo haber nacido y no puede morir. Decir que Dios asume una forma humana hace a Dios pequeño, destruyendo Su Unicidad y Divinidad, como dice la Torá: “Dios no es un mortal” (Números 23; 19).

El judaísmo dice que el Mesías va a nacer de padres humanos, con atributos físicos como cualquier otra persona. No va a ser un semi-dios, y no va a poseer características sobrenaturales. De hecho, un individuo vive en cada generación con la capacidad de tomar el papel de Mesías (ver Maimónides, Leyes de Reyes 11:3).

¿Intermediario para el rezo?

Una idea básica del cristianismo es que el rezo debe ser dirigido a través de un intermediario —por ejemplo, confesar los pecados a un cura—. Jesús mismo es un intermediario, como él mismo dijo: “Ningún hombre se acerca al Padre sino a través mío”.

En el judaísmo, el rezo es una cuestión totalmente privada, entre cada individuo y Dios. Como la Biblia dice: “Dios está cercano a todo aquel que lo llame verdaderamente” (Salmos 145: 18). Más aún, los Diez Mandamientos dicen: “No debes tener otros dioses delante de Mí”, es decir que está prohibido poner un mediador entre Dios y el hombre. (Ver Maimónides, Leyes de idolatría Cáp. 1).

Participación en el mundo físico

El cristianismo comúnmente trata al mundo físico como algo malo que debe ser evitado. María, la mujer cristiana más sagrada es retratada como una virgen. Entre los curas y las monjas son célibes. Los monasterios están en lugares remotos y alejados.

Por el contrario, el judaísmo cree que Dios creó el mundo físico para nuestro beneficio, no para frustrarnos. La espiritualidad judía se obtiene mediante la utilización del mundo físico de manera tal que lo eleva. Las relaciones íntimas en un contexto adecuado es uno de los actos más sagrados que una persona puede realizar.

El Talmud dice que si una persona tiene la oportunidad de probar una fruta nueva y se rehúsa a hacerlo, tendrá que rendir cuentas de ello en el mundo venidero. Asimismo, las escuelas rabínicas judías enseñan cómo actuar correctamente en el ámbito comercial. Los judíos no se retiran de la vida, la elevan.

3. Jesús no cumplió con los requisitos de mesías

Mesías como profeta

Jesús no fue un profeta. La profecía sólo puede existir cuando la tierra está habitada por una mayoría de judíos. Durante el tiempo de Ezrá (C. año 300 a.e.c.) la mayoría de los judíos se rehusaron a desplazarse de Babilonia hacia Israel, por ende la profecía terminó con la muerte de los últimos profetas: Jagai, Zacarías y Malají.

Jesús apareció en la escena aproximadamente 350 años después de terminada la época de los profetas.

Descendiente de David

El Mesías debe ser descendiente del rey David por el lado paterno (Ver Génesis 49:10 e Isaías 11:1). De acuerdo al cristianismo que dice que Jesús fue producto del nacimiento de una virgen, él no tuvo un padre, y por ende no pudo haber tenido la posibilidad de cumplir la profecía mesiánica de ser descendiente del rey David por el lado paterno.

Observancia de la Torá

El Mesías va hacer que el pueblo judío cumpla con todas las leyes de la Torá. La Torá plantea que todas las mitzvot permanecerán obligatorias para siempre y que cualquiera que venga a cambiar la Torá es inmediatamente identificado como un falso profeta (Deuteronomio 13; 1-4).

A lo largo del nuevo testamento Jesús contradice a la Torá y dice que seis mandamientos ya no son aplicables (Juan 1:45 y 9:16, Hechos 3:22 y 7:37).

4. Los versículos bíblicos referentes a “Jesús” son traducciones incorrectas

Los versículos bíblicos sólo pueden ser entendidos al estudiar el texto en su idioma original, lo que revela muchas discrepancias con la traducción cristiana.

Una virgen dio a luz

La idea cristiana de que una virgen dio a luz ha derivado de un versículo en Isaías que describe a una “almá” dando a luz. La palabra hebrea “almá” siempre ha significado “una mujer joven”, pero los teólogos cristianos vinieron siglos después a traducirla como “virgen”. Esto está de acuerdo con la idea pagana de que los mortales son absorbidos por dioses.

Crucifixión

El versículo en Salmos 22:17 dice: “Como un león ellos están en mis manos y pies”. La palabra hebrea ke-arí (como un león) es gramaticalmente similar a la palabra “clavado”. Sin embargo, el cristianismo lee el versículo como una referencia a la crucifixión: “Ellos perforaron mis manos y pies”.

Un sirviente que sufre

Los cristianos declaran que en el libro de Isaías, capítulo 53, el texto se refiere a Jesús. Pero en realidad, el profeta Isaías en el capítulo 53 de su libro continúa directamente el tema del capítulo 52 describiendo el exilio y la redención del pueblo judío. Las profecías están escritas en el singular puesto que los judíos (“Israel”) son considerados como una unidad. La Torá está llena de ejemplos del pueblo judío considerado con un pronombre singular.

Irónicamente las profecías de persecución de Isaías se refieren en parte al siglo XI cuando los judíos fueron torturados y matados por las cruzadas que actuaron en nombre de Jesús.

¿De dónde surgieron estas traducciones erróneas? San Gregorio, el Arzobispo de Nacianzo del siglo IV escribió: “Un poquito de jerga es todo lo que se necesita para imponerse sobre la gente. Cuanto menos comprendan, más admirarán”.

5. La creencia judía se basa en una revelación nacional

De las 15.000 religiones que existieron en la historia de la humanidad sólo el judaísmo basa sus creencias en una revelación nacional, es decir: Dios hablándole a todo el pueblo. Si Dios va a comenzar una religión, tiene sentido que se lo diga a todos y no sólo a una persona.

El judaísmo, único entre la mayoría de las religiones principales del mundo, no basa sus creencias en “declaraciones de milagros” para establecer su religión. De hecho la Biblia dice que Dios algunas veces garantiza el poder de hacer “milagros” a los charlatanes, para poder probar la lealtad de los judíos hacia la Torá. (Deuteronomio. 13:4).

Maimónides dice (Fundamentos de la Torá Cáp. 8):

Los judíos no creyeron en Moshé, nuestro maestro, por los milagros que realizó. Cuando la creencia de una persona está basada en ver milagros, tiene dudas persistentes, porque es posible que los milagros fueran hechos a través de la magia o la brujería. Todos los milagros realizados por Moshé en el desierto ocurrieron porque fueron necesarios, y no como prueba de su profecía.

¿Cuál fue entonces la base de la creencia judía? La revelación en el Monte Sinai, que vimos con nuestros propios ojos y escuchamos con nuestros oídos, sin depender del testimonio de otros. Como está escrito: “Cara a cara, Dios habló contigo…”. La Torá también cita: “Dios no hizo este pacto con nuestros padres, sino con nosotros – que estamos todos vivos hoy”. (Deuteronomio 5:3).

El judaísmo no está basado en “milagros”. Es la experiencia personal de cada hombre, mujer y niño.

Judíos y gentiles

El judaísmo no demanda que todos se conviertan a la religión judía. La Torá de Moshé es la verdad para la humanidad, sea la persona un judío o no. El rey Salomón le pidió a Dios contestar los rezos de los no-judíos que iban al Templo Sagrado (Reyes I 8:41-43). El profeta Isaías se refiere al Templo como la “Casa para las naciones”. El servicio en el Templo durante Sucot presentaba 70 sacrificios animales correspondientes a las 70 naciones del mundo. (De hecho, el Talmud dice que si los romanos se hubieran dado cuenta del beneficio que obtenían del Templo, nunca lo hubieran destruido).

Los judíos nunca han buscado convertir a la gente, puesto que la Torá prescribe un camino adecuado para los gentiles, llamado las “Siete leyes de Noaj”. Maimónides explica que cualquier ser humano, que con fe observa estas leyes morales básicas, gana un lugar propio en el cielo.

Trayendo al Mesías

Maimónides declara que la popularidad del cristianismo (y del Islam) es parte del plan de Dios de extender las ideas de la Torá a todo el mundo. Esto mueve a la sociedad hacia un estado perfecto de moralidad, y hacia una mayor comprensión de Dios. Todo esto en preparación para la era mesiánica.

Por cierto, el mundo está desesperadamente necesitado de la redención mesiánica. La guerra y la contaminación ambiental amenazan nuestro planeta; el ego y la confusión erosionan nuestra vida familiar. Hasta donde estemos conscientes de los problemas sociales, es el determinante de nuestro anhelo por la redención. Como dice el Talmud, una de las primeras preguntas que se le hace a un judío en su juicio celestial es: “¿Has anhelado la llegada del Mesías?”.

¿Cómo podemos apresurar la llegada del Mesías? La mejor manera es amar generosamente a toda la humanidad, cuidar las mitzvot de la Torá (como mejor podamos), y animar a los demás a que también lo hagan.

A pesar de la penumbra, el mundo está encaminado hacia la redención. Un signo evidente es que los judíos han regresado a la Tierra de Israel y la han hecho florecer nuevamente.

Además, hay un gran movimiento de jóvenes judíos regresando a las tradiciones de la Torá.

El Mesías puede venir en cualquier momento, y todo depende de nuestras acciones. Dios estará listo cuando nosotros lo estemos. Como dijo el rey David: “La redención llegará hoy, si escuchas Su voz”.

Según tomado de, http://www.aishlatino.com/e/f/48420212.html?s=mpw el sábado, 29 de abril de 2017.

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Historia Judía: El regreso a la Tierra de Israel

[Historia Judía #62] El regreso a la Tierra de Israel

El renacimiento de Israel es un fenómeno sin precedentes en la historia humana.

El anhelo de volver a la Tierra de Israel nunca abandonó al pueblo judío.

  • Lo vemos en Salmos, donde los judíos recitaban constantemente: “Si te olvidara, Oh Jerusalem…”, o “Cuando Dios nos haga retornar a Sión seremos como soñadores…”.
  • En las declaraciones de nuestros sabios, como la de Rabí Najman de Breslov: “Adonde sea que vaya, siempre estoy yendo hacia Israel”.
  • Lo vemos en la poesía judía, como en la de Yehudá Haleví: “Mi corazón está en el Este, pero yo estoy en el lejano Oeste”.
  • En los rituales de las festividades: “El año próximo en Jerusalem”.
  • Y obviamente en innumerables bendiciones que son recitadas a diario: “Ten piedad, Señor nuestro Dios, sobre Israel Tu pueblo en Jerusalem, Tu ciudad, sobre Sión… Reconstruye Jerusalem, Tu ciudad sagrada, rápidamente en nuestros días y llévanos allí para que nos regocijemos en su reconstrucción…”.

En otras palabras, la tierra de Israel siempre tuvo un lugar en la mente de los judíos como el lugar en que el potencial nacional judío sería alguna vez alcanzado.

Pero como una realidad práctica, esto no comenzó a ocurrir de manera significativa sino hasta el nacimiento del sionismo moderno, no como un movimiento religioso, sino político.

El renacimiento de Israel es un fenómeno sin precedentes en la historia de la humanidad. Que un pueblo sea exiliado y dispersado, y aún así sobreviva durante 2000 años, que sea una nación sin tierra patria y que retorne a ella y reestablezca esa tierra patria, es un evento milagroso y único. Nunca nadie hizo algo así.

Una breve reseña

Antes de hablar sobre el regreso de los judíos a su tierra patria, repasemos brevemente la historia de lo ocurrido en la Tierra de Israel desde el año 70 EC, cuando los romanos destruyeron el Templo (ver capítulos 35 a 37).

Subsecuentemente, Jerusalem fue destruida, reconstruida de acuerdo al modelo romano y rebautizada Aelia Capitolina. La Tierra de Israel fue rebautizada ‘Palestina’ (en base a los extintos filisteos, uno de los peores enemigos de los judíos en la antigüedad).

Desde ese entonces, los judíos tuvieron prohibido el ingreso a Jerusalem. El Imperio bizantino (la versión cristiana del Imperio romano, con base en Constantinopla) continuó la política anterior y los judíos no tuvieron acceso a Jerusalem hasta que los musulmanes la conquistaron en el año 638 EC (ver capítulo 42).

Una vez que los musulmanes se apoderaron de la Tierra de Israel, la retuvieron bajo su dominio, salvo durante el breve período de las cruzadas (ver capítulo 45).

El imperio turco Otomano fue el que conservó la soberanía durante más tiempo: desde 1518 hasta 1917. Sin embargo, durante todo este tiempo, los musulmanes generalmente trataron a la Tierra Santa como una provincia retrasada. No hubo ningún intento de convertir a Jerusalem, que estaba arrasada, en una capital importante, mientras que sólo unas pocas dinastías musulmanas intentaron mejorar su infraestructura (a excepción de los Umaiad, en el siglo VII, los Mamelucos en el siglo XIII y el Sultán Otomano Suleimán el Magnífico, que reconstruyó los muros de la ciudad en el siglo XVI). De la misma forma, muy pocas construcciones se hicieron en el resto de la tierra, que era árida y no tenía muchos pobladores. La única ciudad importante que se construyó fue Ramla, que sirvió como el centro administrativo otomano.

Mark Twain, quien visitó Israel en 1867, la describió en su obra Innocents Abroad de la siguiente manera:

“Viajamos unas millas de campo desolado, cuyo suelo es lo suficiente rico pero sólo tiene hierbas; una expansión silenciosa y doliente… Hay aquí una desolación que ni la imaginación puede agraciar con la pompa de vida y acción. Llegamos a Tabor sin problemas… Nunca vimos un ser humano en toda la ruta. Nos apresuramos hacia el objetivo de nuestro viaje, la renombrada Jerusalem. Cuanto más viajamos, más fuerte se ponía el sol y más rocoso y falo, repulsivo y temerario se volvía el paisaje… Apenas había algún árbol o arbusto por allí. Hasta los olivos y los cactus, esos rápidos amigos de un suelo infértil, habían desertado el país. No existe un paisaje más aburrido para el ojo que el presente cuando uno se acerca a Jerusalem… Jerusalem es doliente, lúgubre e inerte. No desearía vivir allí. Es una tierra sin esperanza, lúgubre y entristecida… Palestina se sienta con harapos y cenizas”.

Las primeras migraciones

Durante el período de los musulmanes, la vida para los judíos fue mucho más fácil que con los cristianos.

En 1210, tras la desaparición de los cruzados, cientos de rabinos, conocidos como los Baalei Hatosafot, se volvieron a asentar en Israel. Esto marcó el nacimiento de la primera comunidad europea ashkenazí en Israel.

En 1263, el gran rabino y erudito Najmánides, conocido también como el Rambán, estableció una pequeña comunidad sefaradí en el Monte Sión, que estaba fuera de los muros (ver capítulo 47). Posteriormente, en el siglo XV, esa comunidad se mudó al interior de los muros y establecieron la sinagoga Rambán, lugar que continúa existiendo en la actualidad.

Cuando Najmánides fue a Jerusalem, ya había una comunidad judía vibrante en Hebrón, aunque los musulmanes no les permitían el ingreso a la Cueva de Majpelá (en donde están enterrados los Patriarcas y las Matriarcas). De hecho, esta prohibición continuó hasta el siglo XX.

Luego de la expulsión de España en 1492, más judíos comenzaron a emigrar a Israel. En el siglo XVI grandes cantidades de judíos emigraron a la ciudad norteña de Tzfat (conocida también como Safed), la cual se convirtió en la comunidad judía más grande de Israel y en el centro del misticismo judío (cabalá).

A mediados del siglo XVIII, un estudiante del Baal Shem Tov llamado Guershon Kitover comenzó la primera comunidad jasídica judía de Israel. Esta comunidad fue parte de lo que se conoce como el ‘Antiguo Asentamiento’ (en la actualidad, cuando visitas la Ciudad Vieja de Jerusalem, puedes ir al “Museo del Antiguo Asentamiento” y aprender hechos fascinantes sobre éste).

Otro evento muy importante para el crecimiento de la comunidad judía de Israel ocurrió a principios del siglo XIX. Entre 1808 y 1812 tres grupos de discípulos del grandioso rabino Eliahu Kramer, el Gaón de Vilna, totalizando unas 500 personas, llegaron a la Tierra de Israel. En un principio se asentaron en la ciudad de Tzfat, en Galilea, pero después de muchos desastres que incluyeron un devastador terremoto, se asentaron en Jerusalem. Su impacto fue tremendo. Fundaron muchos vecindarios nuevos (incluyendo Mea Shearim) y organizaron muchos kolelim (Ieshivot en donde los hombres casados reciben una asignación mensual para estudiar Torá). La llegada de estos discípulos del Gaón de Vilna revivió la presencia de la judería ashkenazí en Jerusalem, que durante más de 100 años había sido principalmente sefaradí, y tuvo un impacto inmenso en las costumbres y las prácticas de la comunidad religiosa en Israel.

En 1880 había unos 40.000 judíos viviendo en la tierra de Israel, entre unos 400.000 musulmanes (1).

Una de las figuras principales de este tiempo fue Moshé Montefiore (1784-1887), el primer judío que fue honrado con el título de ‘Caballero’ en Gran Bretaña.

Montefiore había hecho su fortuna con los Rothschild, que se hicieron ricos en las guerras napoleónicas. Usaban palomas mensajeras y se enteraron de la victoria en Waterloo antes que nadie; así es como tuvieron una ganancia tremenda en el mercado de valores inglés.

A los 40 años, y con una gran fortuna acumulada, Montefiore se embarcó en una carrera de filantropía, convirtiéndose en un incansable trabajador para la comunidad judía de Israel.

En ese entonces, la mayoría de los judíos vivía en lo que hoy se conoce como la Ciudad Vieja de Jerusalem, particularmente en el ‘Cuarto Musulmán’. La entrada principal a la ciudad para los judíos era la Puerta de Damasco, y de las muchas sinagogas de Jerusalem, la mayoría estaban en el Cuarto Musulmán, cerca del sitio en donde estaba el Templo en el Monte Moriá.

La ciudad estaba muy sobrepoblada y las condiciones sanitarias eran terribles, pero debido a la anarquía de ese tiempo la gente temía construir hogares y vivir afuera.

Montefiore construyó el primer asentamiento fuera de los muros de la Ciudad Vieja, llamado Yemín Moshé, en 1858. Fue el pionero en esto, y luego se construyeron más vecindarios en la Ciudad Nueva. Uno de los primeros, construidos en 1875, fue Mea Shearim (que contrario a la creencia popular, no significa ‘cien puertas’, sino ‘multiplicado por cien’, como en Génesis 26:12).

Además de Montefiore, otra personalidad sumamente importante del período fue el Barón Edmond de Rothschild (1845-1934).

Rothschild fue un hombre que financió más que nadie el reasentamiento de los judíos en la Tierra de Israel. Durante su vida gastó 70 millones de francos de su propio dinero en varios asentamientos agrícolas (Rosh Piná, Zijrón Yaakov, Pardés Janá, sólo por nombrar algunos) y en industrias como la productora de vinos Carmel, entre otras. Rothschild fue tan importante y generoso que fue apodado Hanadiv haiadúa, el ‘Conocido contribuyente’.

Si bien Rothschild estaba bastante asimilado y desconectado del anhelo judío de volver a la tierra, fue muy influenciado por Rav Shmuel Mohilever, quien fue uno de los primeros sionistas religiosos de Polonia.

Mohilever convirtió a Rothschild a su ideología y, desde ese entonces, el rico banquero comenzó a ver a Israel como una “inversión”. Hizo posible para miles de judíos tanto el regreso a Israel como la supervivencia allí en aquel entonces.

El sionismo político temprano

No vemos la aparición del sionismo político sino hasta finales del siglo XIX, cuando surgió como reacción ante la intolerable persecución de judíos de Rusia.

Los primeros sionistas políticos, cuya mayoría era secular (muchos habían nacido en hogares observantes pero habían abandonado la observancia), no sentían un anhelo especial por Israel basado en la tradición o la religión, sino que creían que la Tierra de Israel era el único lugar en que los judíos podían crear una identidad nacional, recuperar el orgullo y la productividad y, con optimismo, escapar de la horrible Rusia zarista antisemita y otros lugares.

Una de las organizaciones principales involucradas en el sionismo político temprano fue Jibat Sión, ‘El amor a Sión’, fundada en 1870 (sus miembros eran llamados Ohabei Sión, ‘Amantes de Sión’).

Una importante personalidad de los Ohabei Sión fue Yehudá Leov Pinsker (1821-1891). Pinsker fue un doctor polaco que comenzó como uno de los maskilim, un grupo que buscaba que los judíos abandonaran el judaísmo y se fusionaran a la cultura rusa con la esperanza de que si los judíos eran aceptados socialmente, el antisemitismo ruso desapareciera (ver capítulo 56). Sin embargo, después de los pogromos que siguieron al asesinato del Zar Alejandro en 1881, él y muchos de los maskilim arribaron a la conclusión de que sus esfuerzos eran en vano y que el antisemitismo nunca iba a desaparecer. Al igual que Theodor Herzl después, Pinsker se sorprendió por la profundidad del antisemitismo europeo. Llego a creer que la única solución posible era que los judíos vivieran en su propia tierra patria. Pinsker publicó sus ideas en un panfleto llamado Auto-emancipación. En este escribió las siguientes memorables palabras:

“Debemos reconciliarnos con la idea de que las otras naciones, por motivo de su propio antagonismo natural, nos rechazarán eternamente”.

La primera aliá

En 1882 se formó en Rusia otra organización importante. Fue llamada Bylu, un acrónimo de las palabras de apertura del versículo en Isaías (2:5): “Beit Yaakov leju venelej”, significando: ‘Casa de Yaakov, vengan y vayamos’.

Bylu fue muy activa en el movimiento inicial de asentamiento, que llegó a ser llamado “La primera aliá”, la primera gran migración de judíos desde Rusia y Rumania a la Tierra de Israel.

Aliá significa ‘ascenso’. Emigrar a Israel, hacer aliá, significa venir de un lugar bajo y “subir”. (En la antigüedad, el término aliá se refería a un viaje a Jerusalem para visitar el Templo, generalmente durante una de las tres festividades de peregrinaje: Pésaj, Shavuot o Sucot, y no sólo implicaba un viaje a las montañas que rodeaban Jerusalem, sino subir al Templo, el lugar más sagrado de la tierra).

El año 1882 marcó la primera aliá, cuando los judíos comenzaron a llegar a Israel en manadas. Entre 1882 y 1891 llegaron 30.000 judíos en dos olas y fundaron 28 nuevos asentamientos.

Esos primeros sionistas compraron cientos de miles de acres de manos de dueños árabes que vivían por lo general en otros lugares de Medio Oriente. La mayoría de las tierras compradas estaban en áreas ignoradas y consideradas no desarrollables, como el plano costal arenoso o el Valle Hula en el norte, lleno de pantanos e infestado por malaria. Sorprendentemente y con mucho esfuerzo, esos primeros asentadores hicieron que la tierra árida volviera a florecer y también drenaron los pantanos (2).

Lo que motivaba a muchos de esos primeros inmigrantes era un idealismo que fue descrito por Zev Dugnov, un miembro de Bylu:

“Mi objetivo final es obtener la posesión de Palestina y restaurar para los judíos la independencia política que se les ha negado ya durante 2000 años. No rían. No es un delirio. No importa si ese día espléndido llegará en 50 años o más. Un período de 50 años no es más que un momento para semejante objetivo”.

De hecho, llevaría 66 años. Mientras tanto, los judíos continuaron llegando, adquiriendo tierras y construyendo un fuerte movimiento político que exigía la devolución de su antigua tierra patria.


Notas:

(1) Para información detallada sobre la demografía de Palestina durante los mandatos otomano y británico ver: Joan Peters, From Time Immemorial ― The Origins of the Arab-Jewish Conflict Over Palestine (Harper & Row, 1984).

(2) El Valle Hula fue drenado recién en la década del 50.

Según tomado de, http://www.aishlatino.com/judaismo/historia/curso-rapido/El-regreso-a-la-Tierra-de-Israel.html el sábado, 29 de abril de 2017.

What is Reform Judaism?

 

Throughout history, Jews have remained firmly rooted in Jewish tradition, even as we learned much from our encounters with other cultures. Nevertheless, since its earliest days, Reform Judaism has asserted that a Judaism frozen in time cannot coexist effectively with those who live in modern times. The great contribution of Reform Judaism is that it has enabled the Jewish people to introduce innovation while preserving tradition, to embrace diversity while asserting commonality, to affirm beliefs without rejecting those who doubt, and to bring faith to sacred texts without sacrificing critical scholarship.

Reform Judaism affirms the central tenets of Judaism – God, Torah and Israel – even as it acknowledges the diversity of Reform Jewish beliefs and practices. We believe that all human beings are created in the image of God, and that we are God’s partners in improving the world. Tikkun olam — repairing the world — is a hallmark of Reform Judaism as we strive to bring peace, freedom, and justice to all people.

Reform Jews accept the Torah as the foundation of Jewish life containing God’s ongoing revelation to our people and the record of our people’s ongoing relationship with God. We see the Torah as God inspired, a living document that enables us to confront the timeless and timely challenges of our everyday lives.

In addition to our belief that Judaism must change and adapt to the needs of the day to survive and our firm commitment to tikkun olam, the following principles distinguish Reform Jews from other streams of Judaism in North America.

  • Reform Jews are committed to the principle of inclusion, not exclusion. Since 1978 the Reform Movement has been reaching out to Jews-by-choice and interfaith families, encouraging them to embrace Judaism. Reform Jews consider children to be Jewish if they are the child of a Jewish father or mother, so long as the child is raised as a Jew.
  • Reform Jews are committed to the absolute equality of women in all areas of Jewish life. We were the first movement to ordain women rabbis, invest women cantors, and elect women presidents of our synagogues.
  • Reform Jews are also committed to the full participation of gays and lesbians in synagogue life as well as society at large.

As taken from, http://www.reformjudaism.org/what-reform-judaism on April 23, 2017

El lenguaje del alma

¿Cómo hablamos con nuestros hijos sobre cosas como el amor, la bondad, la fe, el coraje, la honestidad o la confianza?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La comunicación con los niños es un desafío incluso bajo las mejores circunstancias. Y cuando intentamos hablar sobre cosas que son sumamente importantes, como los sentimientos y los rasgos de carácter de nuestros hijos, la tarea parece casi abrumadora. ¿Cómo hablamos con nuestros hijos sobre cosas como el amor, la bondad, la fe, el coraje, la honestidad o la confianza? A pesar de que estas son las cosas que más queremos comunicarles, son sobre las que nos es más difícil hablar.

La tarea se vuelve aun más difícil cuando esas virtudes y rasgos de carácter no son consistentes. Tienden a ser fluidos y abstractos. No se comportan de la misma manera en cada situación. Una bondad sin límites, aunque sea generosa y fluida, no siempre es sabia. La lealtad, aunque sea una cualidad exquisita, puede descarriar a nuestros hijos cuando se aplica ciegamente.

¿Cómo comprender esas sutilezas de forma suficientemente clara como para hablar sobre ellas con nuestros hijos? ¿Cómo, por ejemplo, distinguir entre el horror de la violencia y la necesidad de la guerra, la pureza de la honestidad y la crueldad implícita en hablar verdades innecesarias, auto confianza productiva y agresividad?

Para hacerlo sabiamente, se requiere comprensión de esas cualidades. Y un lenguaje, un vocabulario para expresar esas sutilezas. Pero, ¿dónde encontrar ese lenguaje? ¿Cómo explicar esos matices?

Hay una fuente que se nos revela específicamente en esta época del año. Es el lenguaje contenido en la “Cuenta del Omer”, una Mitzvá que hacemos durante los cuarenta y nueve días entre Pésaj y Shavuot.

Luego que los Hijos de Israel dejaran Egipto, pasaron cuarenta y nueve días hasta que recibieron los Diez Mandamientos en el Monte Sinaí. La tradición enseña que cada uno de esos días fue necesario para que los Hijos de Israel se refinaran a sí mismos y fueran merecedores de ese regalo. En cada día examinaron y corrigieron uno de sus rasgos y cualidades internas. Eran cuarenta y nueve en total.

Esos cuarenta y nueve rasgos estaban compuestos por siete atributos básicos. Cada uno de los siete conteniendo a los otros siete, comprendiendo así cuarenta y nueve.

Los cabalistas nos dicen que el alma del hombre incluye estos siete atributos básicos:

* Amor / Bondad (Jésed)

* Fuerza / Disciplina (Gevurá)

* Belleza / Armonía / Compasión (Tiferet)

* Victoria / Perseverancia / Determinación (Nétzaj)

* Humildad / Devoción (Hod)

* Fundación / Unión / Conexión (Iesod)

* Realeza / Dignidad (Maljut)

A medida que cumplimos con la Mitzvá de contar los días y semanas entre Pésaj a Shavuot, cada una de las siete semanas no dedicamos a un atributo distinto, una semana para la Bondad, otra para la Disciplina, otra para la Compasión, etc. En cada uno de los siete días de la semana refinamos cada uno de los siete aspectos del atributo de la semana. Por ejemplo, en la semana dedicada a la bondad, dedicaremos un día a refinar aquel aspecto de la bondad que requiere disciplina, otro día a refinar el aspecto de la bondad que requiere compasión, y así sucesivamente. Durante la semana que refinamos la belleza, dedicamos un día refinando el aspecto de la belleza que requiere dignidad, otro día al aspecto de la belleza que requiere humildad, hasta que hallamos refinado los siete aspectos de la belleza. En última instancia, todos los rasgos de carácter se derivan de combinaciones de estas siete características básicas. Cada cualidad interactúa continuamente con las otras, y al hacerlo, tiene la capacidad de modificar su expresión y efecto. Para ser completo, un rasgo de carácter debe incorporar a todos los siete, una falta o exceso de incluso uno de los siete lo corrompe y, en algunos casos, lo hace dañino. La disciplina, por ejemplo, fácilmente se puede, con una leve exageración, transformar en crueldad. Sabiendo esto, podemos usar esos atributos para comenzar a distinguir y explicar los caracteres y comportamientos de nuestros hijos y de nosotros mismos. Esos atributos, que contamos y refinamos en nuestro viaje de cuarenta y nueve días, pueden ser usados como los fundamentos de un nuevo lenguaje, el Lenguaje del Alma.

Este lenguaje nos dará un vocabulario que nos permitirá tanto nombrar e identificar como hablar con nuestros hijos sobre las cualidades que no son tangibles, que no pueden ser tocadas ni vistas, pero pueden ser expresadas en la acción.

Si aprendemos a hablar sobre estas cualidades internas con nuestros hijos en forma clara, específica y concreta, tenemos la posibilidad de entrar en sus corazones y mentes y abrir su propia habilidad de comunicarse consigo mismo y con nosotros desde una parte más profunda de si mismos.

Usando los siete atributos como guía podemos hablar a nuestros hijos no solo sobre qué es algo, sino cómo es de esa forma. Podemos no solo definir la bondad, sino también describir cómo se ve en la acción. ¿Siempre se ve de la misma forma? ¿Puede un mismo acto ser bondadoso en una situación y cruel en otra? ¿Puede una acción parecer cruel y aun así ser bondadosa? ¿Cómo y por qué?

La expresión de cualquiera de esos siete atributos requiere cambios dependiendo de las circunstancias, y resulta en una variedad de formas en las que una cualidad puede expresarse en distintas formas para enfrentar una determinada situación.

Si ser servicial es bueno, ¿por qué ayudar a alguien a robar no es bueno? Si ser valiente es importante, ¿por qué está mal hacer algo peligroso? Si ser leal es meritorio, ¿por qué no hacer lo que hacen los demás aun cuando piense que están haciendo algo dañino? Si la tolerancia conduce a un mundo más pacífico, ¿por qué debo, a veces, ponerme en contra de lo que alguien hace, o hacer una distinción entre lo que está bien y lo que está mal?

A medida que uno explora cada una de estas siete cualidades y comprende cómo se afectan unas a otras, comienza a ver que la falta o el agregado de alguna de ellas cambia drásticamente el significado o expresión de las otras.

Si bien la esencia del “amor” es “dar”, ¿consideraría que un niño es amoroso si le da una caja de fósforos a un amigo de cinco años, o si regala sin preguntar un juguete que pertenece a su hermano o hermana, o si dice una mentira para evitar que un amigo se meta en problemas?

Si dedica tiempo a reflexionar sobre cada uno de estos siete (bondad, disciplina, compasión, perseverancia, humildad, conexión y dignidad) y como interactúan entre sí, los puede usar como una lista de comprobación para ver cuál, si es que hay alguna, de esas cualidades está faltando o hay en exceso en una situación dada. Esto le permitirá hablar más fácilmente de ellas con sus hijos.

Veamos la confianza en uno mismo como ejemplo. Muchos deseamos alentar esta cualidad en nuestros hijos. Es un rasgo de carácter necesario para tener logros y ser independiente (ir contra la corriente). Sin embargo, sabemos que la confianza en uno mismo puede bordear en agresividad, y fácilmente convertirse en una cualidad que es abusada, resultando en algunos rasgos de carácter potencialmente desagradables. ¿Pero cómo explicar esta distinción a nuestros hijos? Intentemos aplicar la lista de nuestros siete atributos.

Por ejemplo, ¿cómo sería la confianza en uno mismo si le faltara el atributo del amor o la disciplina? ¿Cuántas veces se ha encontrado con alguien que dice confiar en sí mismo pero está lleno de hostilidad? ¿Puede su hijo confiar en sí mismo y ser compasivo (comprensivo y considerado por la necesidad de los otros) al mismo tiempo?

Por un lado, confiar en sí mismo le puede ayudar a su hijo a ser independiente y no dejarse llevar por los demás. Le puede evitar ser intimidado. Pero sin inculcar humildad y compasión en su hijo, ¿cómo puede estar seguro de que no se va a convertir en el próximo matón del barrio? La confianza sin humildad, aunque haga tener éxito, también se puede transformar en arrogancia.

¿Cuán efectiva sería la confianza de su hijo si le faltara disciplina? ¿Por qué a mucha gente que confía en sí misma y se dedica apasionadamente a un objetivo importante, le falta la capacidad de lograr cosas? ¿Puede ser que con toda su fuerza y entusiasmo le falte resistencia y disciplina?

¿Y cuán a menudo hemos encontrado gente confiada, disciplinada y comprometida que le falta apertura a nuevas ideas o la flexibilidad para responder a situaciones cambiantes? ¿Puede ser que les falte un sentido de conexión con un mundo grande y siempre cambiante? ¿No ven que sus acciones afectan este mundo en formas más grandes que ellos mismos, y que el mundo al que están conectados está constantemente afectándolos a ellos y a sus objetivos? O, faltándoles esta cualidad, tienden hacia un enfoque egoísta de la vida que los mueve hacia sus objetivos individuales a expensas de otros y sin un efecto positivo en el mundo a su alrededor.

Y finalmente, al tener confianza en sí mismo, su hijo debería tener un sentido de dignidad, un sentido de auto respeto y de ser merecedor del respeto de los demás. Considerándolo, ¿no se logra esto sólo si su hijo es capaz de confiar en si mismo de una forma amorosa, disciplinada y compasiva, ejerciendo resistencia y humildad, y dándose cuenta de las consecuencias de sus acciones en sí mismo y los demás? ¿Todos conocemos gente que confía en sí misma a la que le falta alguna de estas cualidades y consecuentemente no engendran nuestro respeto? ¿No tiene su hijo un compañero que parece obtener siempre lo que quiere, pero no es querido ni respetado por los otros niños? ¿Puede identificar uno o más de los siete atributos que le faltan a su hijo? ¿Puede ver cómo una falta en alguno de los siete atributos básicos puede tornar rápidamente una cualidad positiva en una negativa? ¿Le puede explicar esto a su hijo?

Luego de leer el párrafo anterior, ¿puede ahora imaginar una conversación con su hijo en la que intenta explicarle la diferencia entre confianza y agresividad usando los siete atributos como vocabulario? Si esta descripción le ha ayudado a comprender mejor la confianza, o le ha dado algún entendimiento de usted mismo o de alguien que conoce, entonces ha empezado a ver el Lenguaje el Alma en acción.

El autor desea agradecer la contribución del trabajo de Rabino Simon Jacobson para este artículo.

POR JAY LITVIN
Jay Litvin nació  en Chicago en 1944. se trasladó a Israel en 1993 para servir como enlace médico para el programa Jabad de los niños de Chernobyl, y tuvo un rol fundamental en elevar emocionalmente a los niños de las áreas contaminadas por el desastre nuclear de Chernobyl; también fundó y dirigió el programa de las víctimas del terror de Jabad en Israel. Jay falleció en abril de 2004 después de una valerosa batalla de cuatro años con un linfoma  Non-Hodgkin, y es sobrevivido por su esposa, Sharon, y sus siete niños.
Según tomado de, http://es.chabad.org/library/article_cdo/aid/1503813/jewish/El-lenguaje-del-alma.htm#utm_medium%3Demail&utm_source%3D94_magazine_es&utm_campaign%3Des&utm_content%3Dcontent, el viernes, 21 de abril de 2017.

¿Como lograr la expiación cuando no hay sacrificios?

Pregunta:

Por favor, ayúdame a comprender. Si la base para el perdón de Di-s y de la expiación era inicialmente el sacrificio en el altar, ya sea en el Tabernáculo o el Templo Sagrado, ¿cómo se puede ahora encontrar el perdón y la expiación si los sacrificios del Templo ya no existen?

Respuesta:

Excelente pregunta. ¿Hemos perdido nuestra capacidad para alcanzar el perdón divino, debido a la destrucción de nuestro Templo?

En primer lugar me gustaría señalar que no solo perdimos los sacrificios. Hay muchas mitzvot que no se pueden realizar hoy a causa del exilio del pueblo judío. Entre las otras mitzvot que no podemos observar hoy en día están la peregrinación al Templo en las festividades, los diezmos, las leyes que se asocian con la pureza e impureza ritual.

Mientras que se nos priva de estas mitzvot, Di-s nos dio alternativas para obtener los beneficios que estas mitzvot nos ofrecían. Usemos los sacrificios y expiaciones como ejemplo:

Algunos han afirmado que la expiación puede ser alcanzada sólo a través de sacrificar un ser vivo.

Pero eso no es correcto ya que una de las ofrendas de expiación era el korban minjá, que estaba hecho de harina.1 También vemos que el incienso2como las donaciones monetarias3 sirvió para expiar al pueblo. En ninguna parte de la Torá se afirma que la expiación sólo puede lograrse mediante el sacrificio, mucho menos es necesario el sacrificio de un ser vivo.

En tiempos del Templo, se traía un sacrificio para lograr la expiación. Pero, ¿dónde nos deja hoy, sin templo y sin posibilidad de sacrificio? Miremos a la Torá como un precedente.

En el libro de Jonás, la gente de Nínive había pecado y Di-s los iba a castigar. Cuando Jonás les mostró su error, ellos ayunaron y oraron, y fueron perdonados. Lo mismo pasó en el libro de Ester. Viviendo en Persia entre el primer y segundo Templos, ayunaron, lamentaron sus pecados y fueron perdonados. Estos ejemplos históricos demuestran claramente que cuando no hay Templo, la sincera teshuvá (arrepentimiento) es todo lo que Di-s exige.

De hecho, esto siempre fue una parte integral para lograr el perdón. El propio Rey Salomón, en su discurso dedicando el primer Templo Sagrado, ya anticipa la posibilidad de que a Israel se le niegue el acceso al lugar santo:

Si pecan contra ti, porque no hay hombre que no peque, entonces te enojarás con ellos y los entregarás al enemigo, y sus captores los llevarán cautivos a la tierra del enemigo, lejos o cerca. Cuando se piensan en la tierra donde fueron llevados cautivos, y se arrepienten, y os imploran en la tierra de sus captores, diciendo: “Hemos pecado y hemos hecho perversamente, hemos cometido maldad”; Cuando regresen a Ti con todo su corazón y con toda su alma, en la tierra de sus enemigos que los han llevado cautivos, y os roten a la tierra que habéis dado a sus padres a la ciudad que habéis elegido, Y la casa que he edificado a tu nombre, entonces oirás su oración y su súplica en el cielo, tu morada, y defenderás su causa “.

Aquí hay un pensamiento sobre la expiación contemporánea :

Nuestros Sabios nos dicen (Ética 1:2) que el mundo se apoya en tres pilares: la Torá, Avodá (literalmente “trabajar”, o servicio) y guemilut jasadim (bondad y caridad). Podemos acercarnos a este tema en particular desde la perspectiva de cualquiera de estos pilares.

Torá – El Talmud dice que aquel que se adentra en las leyes de los sacrificios se considera como si hubiera ofrecido un sacrificio. Mediante el estudio de las leyes y sus significados, logramos la expiación, y la cercanía a Di-s, que un sacrificio logra.

Avodá – Reemplazamos el sacrificio “Servicio de Di-s” con la oración, el servicio del corazón articulado en palabras. En las palabras del profeta Oseas (14:3): “Vamos a hacer las oraciones de nuestros labios en lugar de los sacrificios de bueyes”. Por lo tanto, las tres oraciones diarias son en lugar de los “Servicios” diarios y sacrificios que se realizaban en el Templo. En Shabat se agrega la oración de Musaf, ya que un sacrificio adicional se ofrecía en el Templo todos los sábados. Otra vía para llenar el vacío.

Guemilut jasadim – Dar caridad, dar de uno mismo, también se considera como un método para encontrar la expiación. Uno que da su dinero duramente ganado en caridad, está, en cierto sentido, sacrificándose, ya que está dando el dinero que podría haberse gastado para su beneficio personal.

Después de que todo está dicho y hecho, sin embargo, la pregunta realmente debería seguir siendo una pregunta. Tenemos que hacer esta pregunta a Di-s cada día, pidiéndole cuando nos devolverá el Templo de Jerusalén para que podamos de una vez por todas realmente ser capaces de llenar este vacío.

Espero que esto ayude.

Todo lo mejor,

Rabino Shmuel Kogan,

NOTAS AL PIE
1.

Levitico 5-11
2.

Numeros 17 :11-12
3.

Exodo 30:15-16
Según tomado de, http://es.chabad.org/library/article_cdo/aid/3636099/jewish/Como-lograr-la-expiacin-cuando-no-hay-sacrificios.htm#utm_medium%3Demail&utm_source%3D94_magazine_es&utm_campaign%3Des&utm_content%3Dcontent el viernes, 21 de abril de 2017.

Historia Judía: La Solución Final

[Historia Judía #61] La Solución Final

Hitler implementó su objetivo de eliminar a todos los judíos del planeta.

Por: Ken Spiro

Para el comienzo de 1942, los alemanes ya tenían cerca de 9 millones de judíos bajo su control (de un total de 11 millones que vivían en Europa y la Unión Soviética). Y obviamente su plan era matarlos a todos.

Las brigadas asesinas Einsatzgruppen ya habían asesinado a tiros a 1,5 millones de judíos (como vimos en el capítulo 60), pero esta no era una manera eficiente de matar a tantos millones de personas más, ya que era demasiado desordenada, lenta y se desperdiciaban demasiadas balas.

Entonces, los alemanes se embarcaron en una política llamada la Solución Final, que fue decidida en una conferencia llevada a cabo en Wannsee, cerca de Berlín, el 20 de enero de 1942:

“En lugar de la inmigración, hay ahora una solución más posible a la que el Fuhrer ya ha dado su consentimiento. Es decir, la deportación hacia el este. Si bien esta debería ser considerada meramente como una medida interina, nos brindará la experiencia práctica que será especialmente valiosa en conexión con la solución final futura. En el curso de la implementación práctica de la solución final, Europa será rastrillada de oeste a este”.

Campos de exterminio

La Solución Final —la matanza sistemática con gas de millones de judíos— fue puesta en práctica principalmente por los principales oficiales de la Gestapo: Adolph Eichmann y Reinhardt Heidrich.

De los 24 campos de concentración (además de los incontables campos de trabajos forzados), se crearon seis campos de muerte. Eran:

  • Auschwitz – 1.500.000 asesinados.
  • Chelmno – 320.000 asesinados.
  • Treblinka – 870.000 asesinados.
  • Sobibor – 250.000 asesinados.
  • Maidenek – 360.000 asesinados.
  • Belzec – 600.000 asesinados (1).

Auschwitz es el más famoso porque la máquina de matar de aquel lugar fue la más eficiente. Allí, entre el final de 1941 y 1944, se podían matar hasta 12.000 judíos por día en las cámaras de gas, que luego eran cremados. En adición a los judíos, cientos de miles de personas a quienes el régimen nazi consideró amenaza, racialmente inferiores o socialmente anormales, también fueron asesinados.

Como si el asesinato a sangre fría de millones de judíos no hubiera sido suficiente, fue hecho con una crueldad extrema y perversa. Las víctimas fueron abarrotadas en vagones de trenes de ganado con lugar sólo para estar parados y sin agua ni comida ni calefacción en el invierno ni baños. Muchos no llegaron a los campos con vida. Quienes llegaron a su destino vieron cómo se les afeitaba la cabeza; el cabello era usado para rellenar colchones. Desnudados de toda ropa, la mayoría eran llevados en masa a las cámaras de gas. El Dr. Johann Kremer, un cirujano alemán de la SS, describió la asfixia con gas de un grupo de judíos franceses, incluyendo a 150 niños y niñas menores de 15 años:

“Esos asesinatos en masa ocurrieron en pequeñas cabañas situadas afuera del campo de Birkenau, en los bosques (…) Todos los médicos de la SS en servicio en el campo se turnaban para participar de las asfixias, que eran llamadas Sonderaction ‘acción especial’ (…) Cuando el transporte con las personas que estaban destinadas a ser asfixiadas llegaba a la rampa de las vías, los oficiales de la SS seleccionaban de entre los recién llegados a personas aptas para trabajar, mientras que el resto (las personas mayores, todos los niños, mujeres con niños en sus brazos y otras personas no consideradas aptas para trabajar) eran cargadas en camiones y llevadas a la cámara de gas.

Había personas que eran llevadas primero a las cabañas, en donde las víctimas se desvestían y luego iban desnudas a las cámaras de gas. Muy a menudo no ocurría nada, ya que los hombres de la SS tranquilizaban a las personas diciéndoles que iban a ser bañadas y despiojadas.

Después de llevar a todas las víctimas a la cámara de gas, la puerta era cerrada y un hombre de la SS con una máscara de gas arrojaba el contenido de una lata de Zyklon-B (gas cianuro) a través de una abertura en la pared del costado. Los gritos de las víctimas podían ser oídos a través de la abertura y era claro que estaban luchando por sus vidas (2)”.

Se realizaron bizarros y sádicos “experimentos médicos” en muchas víctimas sin el uso de anestesia. Algunas personas eran cosidas juntas para hacer gemelos siameses artificiales. Otras fueron sumergidas en agua helada para testear los límites de la resistencia humana.

Los judíos fueron degradados incluso luego de muertos. Los arreglos bucales de oro eran arrancados de las bocas de los cadáveres, y en algunas ocasiones se hizo jabón de sus cuerpos derretidos y pantallas para lámparas con su piel.

Algunos de aquellos que eran considerados lo suficientemente fuertes fueron usados para trabajos forzados para el esfuerzo de guerra nazi. Recibiendo raciones míseras, eran empujados hasta sus límites físicos y luego eran asesinados o enviados a campos de exterminio.

Esfuerzos de resistencia

Todo intento de escape o resistencia se encontraba con una brutal represalia. Por ejemplo, el 14 de marzo de 1942, algunos judíos escaparon de una lista de trabajadores en Ilja, Ucrania, y se unieron a los partisanos. En venganza, todos los judíos ancianos y enfermos fueron asesinados a tiros en la calle, y 900 judíos más fueron llevados a un edificio y quemados vivos.

Sam Halpern, un sobreviviente del campo de trabajos forzados Kamionka, explicó: “Nunca se me hubiera ocurrido escapar. No hubiera hecho que otros sean asesinados a causa de mi decisión”.

Sin embargo, en al menos cinco campos y veinte guetos, hubo levantamientos.

El intento más famoso fue la rebelión en el Gueto de Varsovia. El 19 de abril de 1943, los nazis comenzaron a liquidar el gueto, es decir a mandar a los judíos a Auschwitz, y se encontraron con una resistencia armada.

Mordejai Anielewicz, que tenía 23 años y fue uno de los líderes del Levantamiento del Gueto de Varsovia, escribió en su última carta (con fecha del 23 de abril de 1943):

“Lo que ocurrió está más allá de nuestros sueños más salvajes. Dos veces los alemanes huyeron de nuestro gueto. Una de nuestras compañías resistió durante cuarenta minutos, la otra más de seis horas… No tengo palabras para describirte las condiciones en que están viviendo los judíos. Sólo unos pocos elegidos resistirán, el resto morirá tarde o temprano. La suerte está echada. En los bunkers en que se esconden nuestros camaradas no se puede encender una vela por la falta de oxígeno… Lo más importante es: el sueño de mi vida se hizo realidad, viví para ver resistencia judía en el gueto y todo es grandeza y gloria”.

Pero al final los judíos no fueron rival para la artillería, las ametralladoras y las tropas alemanas (compara 1.358 rifles alemanes con 17 que tenían los judíos). El resultado final fue que todo el gueto fue destruido y quienes se escondían en los bunkers fueron quemados vivos.

Sin precedentes

El intento nazi de eliminar sistemática e intencionalmente a un pueblo entero del planeta no tuvo precedentes en la historia humana.

Hitler apuntó a los judíos por una razón específica, la cual no era sólo racial. La eliminación de los judíos tenía un status único en el plan maestro de Hitler. A pesar de que efectivamente mató a millones de otros (gitanos, comunistas, homosexuales, etc.), hizo excepciones con todos esos grupos. El único grupo para el que no hubo excepción fueron los judíos: todos tenían que morir.

Escribe Lucy Dawidowicz en The War Against the Jews:

“La solución final trascendió los confines de la historia moderna. Nunca antes en la historia moderna un pueblo había considerado al aniquilamiento de otro el cumplimiento de su ideología, en donde los medios para lograrlo eran equivalentes al fin en sí mismo. La historia obviamente ha registrado terribles masacres y destrucciones que un pueblo le hizo a otro. Sin embargo, por más crueles e injustificables que hayan sido, siempre fueron en función de un objetivo, un medio para el fin y no el fin en sí mismo” (3).

En otras palabras, la eliminación de los judíos no era un medio para un fin, sino un fin en sí mismo. Cuál era el objetivo lo explicó Hitler mismo en sus escritos y discursos.

Hitler creía que antes de la aparición del monoteísmo y de la perspectiva ética judía, el mundo funcionaba de acuerdo a las leyes de la naturaleza y la evolución: la supervivencia del más fuerte. El fuerte sobrevivía y el débil moría. Cuando el león caza, el joven, el enfermo y el débil son siempre las primeras víctimas de la manada. La naturaleza es brutal, pero es equilibrada. No hay piedad. Lo mismo ocurría en la antigüedad con los grandes imperios: los babilonios, los griegos y los romanos conquistaban, subyugaban y destruían a otros pueblos. No tenían límites y no mostraban piedad. Hitler lo consideraba algo natural y correcto. Pero en un mundo que opera bajo un sistema ético Divino, en donde aplica un estándar otorgado por Dios y no por el poder de nadie, el débil no necesita temerle al fuerte. En la visión de Hitler, los fuertes eran emasculados, algo que no le parecía ni normal ni natural, y ante los ojos de Hitler, la culpa era de los judíos.

Su plan era conquistar el mundo, establecer una raza maestra pagana y devolver al mundo a lo que consideraba su estado natural ideal: un mundo no contaminado ni por las ideas judías ni por las ramas salientes del judaísmo, como el cristianismo. Las palabras de la canción de las Juventudes Hitlerianas lo dejan muy en claro:

Somos las alegres Juventudes Hitlerianas

No necesitamos ninguna virtud cristiana

Nuestro líder es nuestro salvador

El Papa y el rabino deben desaparecer

Queremos ser paganos de nuevo…

Pero para implementar su plan primero tenía que eliminar a los judíos. Como dijo:

“Los Diez Mandamientos han perdido su validez… la consciencia es una invención judía. Es un defecto como la circuncisión… la lucha por el dominio del mundo es peleada exclusivamente entre nosotros: entre los alemanes y los judíos” (Hermann Rauschning, Hitler Speaks, pp. 220, 242).

Toda pieza en su “máquina de guerra” fue establecida con este objetivo. Al final, cuando los Aliados estaban destruyendo al Ejército Alemán, esto no le molestaba tanto como que aún hubiera judíos con vida.

Uno de los ejemplos más claros del decidido (y aparentemente suicida) deseo de Hitler de librar al mundo de los judíos puede verse en el exterminio de los judíos de Hungría. Hasta marzo de 1944, el gobierno húngaro se había rehusado a permitir la deportación de los judíos del país. En marzo de 1944 los alemanes ocuparon Hungría y a mediados de mayo (dos semanas antes de la Batalla de Normandía) hicieron deportaciones en masa hacia Auschwitz. El liderazgo nazi trabajó con una intensidad particular. El ejército soviético estaba acercándose a Hungría con rapidez y los alemanes sabían que iban a perder la guerra. Pero Hitler no podía permitir de ninguna manera que una comunidad tan grande sobreviviera. Desvió trenes que eran muy necesarios para transportar más soldados hacia el frente ruso con el fin de enviar más judíos a Auschwitz. Para él, el enemigo principal eran los judíos.

Entre el 15 de mayo y el 8 de julio, unos 400.000 judíos húngaros fueron enviados a la muerte en Auschwitz, que estaba operando a máxima capacidad recibiendo un promedio de 12.000 judíos por día.

La obsesión de Hitler con los judíos era su foco principal, incluso en los últimos momentos de su vida. Lo último que dijo antes de suicidarse en su bunker el 30 de abril de 1945, fue apremiar para que la lucha continúe en contra del enemigo de toda la humanidad, los judíos. Su último envío decía:

“Sobre todo, les ordeno a los líderes de la nación y a quienes están bajo ellos a apoyar las leyes raciales en su totalidad y a oponerse sin piedad al envenenador universal de todos los pueblos: la judería internacional”.

Contexto histórico

Es importante notar aquí que el antisemitismo que llevó a los nazis a hacer que lo inimaginable parezca poco, no existía de manera aislada. Ni siquiera era la filosofía personal de Hitler.

Podemos recordar (ver capítulo 53) que fue Wilhelm Marr, uno de los principales pensadores alemanes del siglo XIX, quien acuñó el término antisemitismo. Al hacerlo, quería distinguir entre el odio a los judíos como miembros de una religión (anti judaísmo) y el odio a los judíos como miembros de una raza/nación (antisemitismo). En 1879 escribió un libro llamado The Victory of Judaism over Germandom, que tuvo un éxito inmenso, en el que advirtió:

“No hay nada que los detenga [a los judíos]. ¿No hay señas claras de que esté llegando el crepúsculo de los judíos? No. El control de los judíos sobre la sociedad y la política, así como su dominio del pensamiento religioso y eclesiástico, continúa en la cúspide de su desarrollo. Sí, gracias a la nación judía, Alemania será una potencia mundial, una Palestina nueva en occidente. Y esto no ocurrirá mediante una revolución violenta, sino con la aceptación de la gente. No deberíamos reprocharle a la nación judía. Luchó contra el mundo occidental durante 1.800 años y finalmente lo conquistó. Fuimos vencidos. Los judíos tardaron en hacer su ataque a Alemania, pero una vez que comenzaron, no hay nada que los detenga.

Estoy dirigiendo mis últimas fuerzas para morir en paz como alguien que no se rindió y que no pedirá perdón. La verdad histórica de que Israel convirtió en la superpotencia líder social y económica del siglo XIX yace ante nosotros. Tenemos entre nosotros una tribu ajena flexible, tenaz e inteligente que sabe cómo hacer que la realidad abstracta juegue un rol en muchos aspectos. No los individuos judíos, sino el espíritu judío y la consciencia judía han superado al mundo. Todo esto es consecuencia de una historia cultural tan única en su forma, tan grandiosa, que la polémica cotidiana no puede lograr nada en su contra. Con toda la fuerza de sus ejércitos, el orgulloso Imperio Romano no logró lo que el semitismo ha logrado en Occidente y, en particular, en Alemania”.

Recuerda que cuando Marr escribió esas palabras, el Estado de Israel no existía y tampoco había un indicio en la situación geopolítica de que comenzaría a existir en el corto plazo. Marr, al hablar de la amenaza nacional judía, estaba hablando sobre la gran lucha ideológica de la perspectiva judía versus el paganismo, una lucha que existió durante toda la historia judía. La vimos entre los griegos y los judíos (capítulo 27) y entre los romanos y los judíos (capítulo 33).

Hitler la vio como una continuación entre los alemanes y los judíos.

Una luz para las naciones

El entendimiento de Hitler y Marr del rol de los judíos en el mundo no era desacertado. De hecho, su entendimiento era el entendimiento del judaísmo tradicional. Cuando los judíos aceptaron la Torá en el Monte Sinaí se convirtieron en el pueblo elegido, cuyo rol y responsabilidad era traer un código Divino de moral al mundo. Iban a ser una luz para las naciones, de acuerdo a las palabras del profeta Isaías.

Y esto fue lo que Hitler quería terminar, porque mientras hubiera incluso unos pocos judíos sobre la tierra, continuarían con aquella misión que les había dado Dios:

“Si tan sólo un país, por la razón que fuera, tolera una familia judía en él, esa familia se convertirá en el semillero de una sedición fresca. Si un pequeño niño judío sobrevive sin educación judía, sin sinagoga y sin escuela judía, [el judaísmo] está en su alma. Incluso si nunca hubiera habido una sinagoga, una escuela judía ni un Viejo Testamento, el espíritu judío continuaría existiendo y ejerciendo su influencia. Ha estado allí desde el comienzo y no hay judío, ni un solo judío, que no lo personifique” (Hitler’s Apocalypse de Robert Wistrich, p. 122).

Cuando lo vemos desde esa perspectiva, logramos una visión completamente diferente de la razón del Holocausto. El judaísmo tradicional dice que es parte de la lucha final entre el bien y el mal que ha existido desde el comienzo del tiempo. Dennis Prager y Yosef Telushkin lo resumieron hermosamente cuando escribieron:

“Desde sus primeros días, la raison d’etre del judaísmo ha sido cambiar al mundo para mejor… Este intento de cambiar al mundo, de desafiar a los dioses, religiosos o seculares, de las sociedades que los rodean y de tener exigencias morales sobre los demás… ha sido constantemente una fuente de tensión entre judíos y no judíos…

Ahora entendemos por qué tantos no judíos han considerado la mera existencia de los judíos (por más pocos que fueran) como una amenaza terrible. La mera existencia de los judíos, con sus valores y lealtades diferentes, constituyó una amenaza para el orden prevalente” (4).

Liberación

Al final, Hitler no tuvo éxito en su plan para eliminar por completo a los judíos. Sin embargo, sí logró asesinar a más de un tercio de la población judía mundial y enseñarle al mundo el significado de la maldad.

Cuando los ejércitos aliados (los rusos desde el este y los estadounidenses e ingleses desde el oeste) liberaron los campos al final de la guerra, encontraron escenas de un horror indescriptible.

Los videos tomados por las fuerzas aliadas al entrar a los campos eran tan horribles que no fueron mostrados públicamente durante años.

La liberación no terminó con la muerte de los judíos.

A pesar de los esfuerzos aliados para salvarlos, muchas víctimas murieron después de la liberación a causa de debilidad y enfermedades. En el campo Belsen, 13.000 murieron después del arribo de los liberadores británicos.

Algunos sobrevivientes encontraron la muerte al dejar los campos, a manos de partisanos no judíos o de campesinos. Algunos trataron de llegar a sus casas, pero encontraron que no quedaba nada de ellas que había nuevos ocupantes que se oponían vehementemente a devolver las propiedades a sus dueños originales.

El peor ejemplo fue el pogromo en la ciudad de Kielce, Polonia, el 4 de julio de 1946. Cuando los 200 sobrevivientes judíos volvieron a su aldea, los polacos locales que estaban enojados al ver que habían sobrevivido, instigaron un libelo de sangre, acusando a los judíos de secuestrar y asesinar ritualmente a un niño polaco. Con la violencia que se despertó, 40 judíos —todos sobrevivientes del holocausto— fueron asesinados por los aldeanos polacos.

El total de muertos en Europa después del Holocausto fue inimaginable.

Usando intencionalmente cantidades mínimas y valores quizás menores a los reales, Sir Martin Gilbert (en su obra The Holocaust) calculó que al menos 5.950.000 judíos fueron asesinados entre 1939 y 1945.

Esta cantidad representa el 69% de la población judía total de Europa. Cientos de comunidades, algunas de las cuales tenían más de mil años de antigüedad, fueron aniquiladas por completo.

La judería de Europa Oriental había sido virtualmente exterminada.

Pero mientras que el Holocausto trajo un fin a la comunidad judía de Europa Oriental, generó —de manera indirecta— el renacimiento de la Tierra de Israel como estado judío por primera vez en 2.000 años. En el próximo capítulo examinaremos cómo esta se convirtió en el gran refugio para los judíos en el período moderno.

Para aprender más sobre el Holocausto, ingresa a los Estudios del Holocausto de AishLatino.com (5).


Notas:

1) Cantidad estimada de víctimas asesinados en esos campos de concentración, fuente: http://www.yadvashem.org

2) Martin Gilbert, The Holocaust (Henry Holt and Co., 1985), p. 438.

3) Lucy S. Dawidowicz, The War Against the Jews 1933-1945. (Bantam Books, 1975.), p. xxiii.

4) Dennis Prager y Yosef Telushkin, Why the Jews – The Reason for Anti-Semitism(Simon and Schuster inc, 1983), 23.

5) AishLatino.com/iymj/holocausto

Según tomado de, http://www.aishlatino.com/judaismo/historia/curso-rapido/La-Solucion-Final.html?s=mm el martes, 19 de abril de 2017.

Why do we have three matzot at the Passover Seder?

The matzot are symbolic of the three castes of Jews: Priests, Levites and Israelites; all of whom were liberated from Egyptian bondage.

They also commemorate the three measures of fine flour that Abraham told Sarah to bake into matzah when they were visited by the three angels.1According to tradition, the angels’ visit was on Passover.

They also represent our Patriarchs, Abraham, Isaac, and Jacob, in whose merit we were redeemed from Egypt.

On a practical level, three matzot are needed so that when we break the middle matzah, we are still left with two whole ones to pronounce the Hamotzie blessing (as required on Shabbat and Holidays. See The Two Loaves).

For the mystical spin on the matzah numerology, see The Matzot and Four Cups of Wine.

Best wishes,

Chani Benjaminson
Chabad.org

FOOTNOTES
Chani Benjaminson is co-director of Chabad of the South Coast, coordinator of Chabad’s Ask the Rabbi and Feedback departments, and is a member of the editorial staff of Chabad.org.