¿Es ética la investigación de células madre?

¿Es ética la investigación de células madre?

por Dr. Daniel Eisenberg

¿Está permitida la destrucción de “preembriones” ya existentes para la investigación de células madre?


Hoy, un hombre está muriendo a causa de una insuficiencia hepática. Existen pocas expectativas de que sea uno de los pocos en recibir un transplante antes de estar demasiado enfermo como para salvarlo. Incluso si recibiera un transplante, tendría la carga de tomar múltiples medicamentos contra el rechazo del órgano por el resto de su vida, que en sí mismos podrían comprometer considerablemente su salud.

Mañana, los científicos desarrollan un método para construirle a este hombre un nuevo hígado, uno que sea perfecto para él, sin requerir drogas contra el rechazo en absoluto. Pero hay un inconveniente. Perfeccionar tal solución requeriría la destrucción de otras vidas. ¿Autoriza el judaísmo tal solución?

La ley judía prohíbe claramente tomar una vida para salvar otra. El Talmud prohíbe salvar la vida de alguien a expensas de otro al preguntar cómo se sabe que su vida es más valiosa que la de su prójimo. Quizás la vida de tu vecino es más valiosa.

Cuando el feto es una amenaza a la vida

Pero ¿qué pasa si la vida que sería necesario sacrificar es la de un feto? ¿Permitiríamos el aborto para salvar la vida de una persona ya nacida? La Mishná establece claramente que si la vida de una mujer en trabajo de parto se ve amenazada por su feto, el feto debería ser abortado. Pero una vez que una parte del bebé ha salido, no podemos abortar el feto, porque “uno no puede dejar de lado la vida de una persona en aras de otra”. El principio tras esta regla es que uno puede matar a alguien que está persiguiendo injustamente a una tercera persona para matarla. Ya que el feto, que todavía no es considerado una persona “completa”, está “persiguiendo” a la madre de manera que inevitablemente va a producir su muerte, podemos matarlo antes. Pero, una vez que ha salido si quiera parcialmente, es considerado una persona completa. Ahora nos enfrentamos a un dilema, establece el rabino Moshé Feinstein, uno de los más respetados rabinos del siglo XX: ¿Quién está persiguiendo a quién?

Cuando se Persiguen uno a otro

Imagina que eres transportado en el tiempo hacia el pasado, a Weehawken, New Jersey, al día 11 de Julio de 1804. Al salir de la maquina del tiempo ves a Aarón Burr, sacando un revolver para dispararle a Alexander Hamilton, en ese entonces el Secretario del Tesoro de Estados Unidos. Simultáneamente ves a Hamilton, ¡también sacando su revolver para matar a Burr! ¿Qué deberías hacer? ¿Matar a Burr? ¿Matar a Hamilton? La ley judía estipula que no podrías matar a ninguno de los dos, porque se están persiguiendo uno al otro y no sabes quien, si alguno de ellos, es el inocente.

En nuestro caso del bebé luchando por nacer, a expensas de la madre, y la madre luchando por vivir a expensas del feto, ¿no están acaso ambos, la madre y el bebé “persiguiéndose” uno al otro? En tal caso, la regla general es que no podemos escoger a ninguno, ya que cada uno es una persona completa y autónoma, y cada uno es tanto perseguidor como perseguido. Por suerte para nosotros, estas situaciones ocurren muy rara vez gracias a la cesárea.

Una situación en la que se vea amenazada la vida de un adulto, que no es la madre, no justifica el asesinato del feto.

Sin embargo, ya que el fundamento para el aborto en la ley judía se basa en que el feto se encuentra persiguiendo a la madre, una situación en la que se vea amenazada la vida de un adulto, que no es la madre, no justifica el asesinato del feto, ya que el feto no puede amenazar la vida de nadie excepto de la madre. Por lo tanto, no podemos permitir el aborto, incluso para salvar la vida de nuestro paciente con insuficiencia hepática.

Destruir “preembriones”

Pero hay esperanza. ¿Qué pasaría si los científicos “simplemente” necesitaran destruir óvulos fecundados en exceso, que sobraron de procedimientos de fecundación in vitro (FIV) que sólo tienen un par de días y todavía no han sido implantados en el útero de una mujer? ¿Es la destrucción de estos “preembriones” éticamente aceptable para nosotros? Ese es exactamente el debate que rige hoy en día respecto a la investigación en células madre.

Mientras que las células madre pueden ser sacadas de fetos abortados e incluso de adultos, la mejor fuente de células madre es una pequeña masa de células que componen el cigoto algunos días después de la concepción. Por lo tanto, para investigar mejor las posibilidades latentes, inherentes a las células madre, los científicos desean usar los aproximadamente 100.000 preembriones congelados en “exceso”, que han “sobrado” de intentos previos de FIV. ¿Es ético permitir la destrucción de preembriones, para obtener células madre para investigaciones, lo cual algún día podría salvar miles de vidas?

Las células madre jóvenes tienen la habilidad de diferenciarse en cualquier célula del cuerpo humano, con la potencialidad de formar un feto entero. Si fuéramos capaces de manipular las condiciones, controlando la diferenciación celular, podríamos crear células y órganos de reemplazo, curando enfermedades tales como la diabetes, Alzheimer y Parkinson.

Pero, la máxima promesa de la tecnología de células madre sería combinarlas con clonaciones. Imagina a nuestro hombre muriendo de insuficiencia hepática. Si pudiéramos clonar una de sus células, pero en vez de permitir a la célula clonada llegar a ser un feto, la colocamos en el ambiente apropiado que causaría que se diferenciara hacia un hígado, este sería, virtualmente, genéticamente idéntico al del hombre enfermo. Si pudiéramos “cultivar” este hígado hasta su madurez, podríamos ofrecerle al hombre enfermo un transplante de hígado sin el riesgo de rechazo y sin la necesidad de medicamentos contra el rechazo.

Desafortunadamente, todavía no sabemos si es posible clonar a un humano, y tampoco estamos seguros qué valor práctico se puede sacar de las células madre. Va a requerir años de muy costosa e intensiva investigación para determinar el potencial que las células madre presentan para el tratamiento, alivio y cura de las enfermedades humanas.

¿Están los “preembriones” incluidos en la prohibición del aborto?

¿Es ético sacrificar preembriones para experimentar con sus células madre, con la esperanza de algún día salvar muchas vidas? Mientras que surgen varios asuntos éticos, el más clave es si los preembriones están incluidos en la prohibición del aborto. El consenso hasta acá es que un embrión no está protegido por las limitaciones del aborto, hasta ser implantado en una mujer. La mayoría de las razones dadas por la Torá para prohibir el aborto, a excepción de que sea para salvar la vida de la madre, giran en torno al feto estando dentro de la mujer.

El consenso es que un embrión no está protegido por las limitaciones del el aborto, hasta ser implantado en una mujer.

La lógica de sólo atribuirle humanidad a un embrión una vez que está implantado en el útero es sencilla. Al dejarlo tranquilo, un embrión en el vientre de su madre muy probablemente seguirá creciendo y llegará hasta el parto. Pero el preembrión creado con FIV, si es dejado intacto en su “tubo de ensayo” morirá. El preembrión requiere de una intervención activa para llegar incluso a una situación en la que lo consideramos un potencial de vida. La alternativa a este razonamiento sería argumentar que el asesinato de células adultas está prohibido, ya que la persona podría potencialmente ser clonada de cualquier célula de un cuerpo adulto.

Otro fundamento

Adicionalmente, existe otra razón para permitir la destrucción de preembriones para salvar una vida. Cuando es necesario para salvar una vida, el judaísmo nos obliga a romper todas las leyes de la Torá, con la excepción del asesinato, las relaciones prohibidas y la idolatría. Por ejemplo, si alguien está gravemente enfermo en Iom Kipur, podríamos conducir en un auto para llevarle comida incluso que no sea casher, siempre y cuando sea necesario para salvar su vida. Si un preembrión no está incluido en el mandamiento Bíblico de “no matarás”, entonces podríamos permitir la destrucción de un preembrión para obtener sus células madre, si es que fuera a salvar la vida de una persona ya nacida. Ahora nos quedamos con la pregunta de si la investigación es considerada como salvar una vida. Este argumento se torna incluso más importante si el tratamiento de salvar vidas puede ser demostrado concretamente.

Por estas, como muchas otras razones, varias autoridades halájicas contemporáneas han dictaminado que la destrucción de preembriones para investigación de células madre está permitida (ver mi artículo más extenso sobre investigación de células madre y ley judía en: http://www.jlaw.com/Articles/stemcellres.html)

Rebajar el valor de la vida humana

No obstante, muchos rabinos se oponen a la creación deliberada de preembriones para el propósito de su destrucción, ya que ellos sería rebajar el valor de la vida humana.

El proceso halájico ofrece una perspectiva fascinante hacia todas la áreas de la ética, incluyendo la ética biomédica. Nos da la oportunidad de evaluar la explosión de tecnología que nos rodea desde un punto de vista judío, asegurando que nosotros sigamos siendo los dueños de nuestra ciencia y no viceversa. El judaísmo no tiene ningún problema con la tecnología. Sólo requiere el uso ético y responsable de la ciencia para mejorar nuestras vidas. Recemos que mañana, nuestro paciente con insuficiencia hepática sea curado.

Segun tomado de, http://www.aishlatino.com/a/cym/48420197.html?s=shl

Había una vez un burro

Le dijo al dueño del burro: “¡Qué animal obstinado! Golpéalo con tu azote.”

por Yanki Tauber

Era de huesos fuertes, grueso de piel y de mente obstinada; y como todos los burros antes que él, desde el comienzo de la historia, nació al servicio de un dueño humano.

Su dueño ponía cargas pesadas en su lomo, artículos y frutos para llevar al mercado. Pero el burro se quedaba parado ahí, masticando pasto.

Un hombre pasó y le dijo al dueño del burro: “¡Qué animal obstinado! Golpéalo con tu azote.” Pero el burro solo hundió sus talones más profundamente en la tierra y se rehusó a moverse.

Otro hombre pasó y le dijo al dueño: “Tu bestia necesita que le enseñen su propósito. Su carga es demasiado liviana, piensa que todo lo que se requiere de él es que coma su pasto.” Entonces trajo más platos y cacerolas y repollos y libros para aumentar la carga del burro. El peso aumentó y aumentó hasta que el burro colapsó.

Un tercer hombre llegó y dijo: “¿Quién necesita a ese tonto animal? Estás mucho mejor sin él. Todas esas cosas en su lomo son totalmente inútiles, incluso, para los hombres de espíritu. Abandona a tu bestia y su carga y sígueme a mí, yo te mostraré la entrada al cielo.”

El dueño del burro todavía vacilaba. Le gustaba su burro. También le gustaban sus platos y sus cacerolas, sus repollos y sus libros. ¿Quizás los podría cargar él mismo? Pero sabía que no lo podía hacer solo. Un cuarto maestro apareció en escena. “No golpees a tu bestia,” le dijo al dueño del burro. “No lo sobrecargues y no lo abandones. Ayúdalo.”

“¿Ayudarlo?”, preguntó el hombre.

“Ayúdalo a llevar su carga. Muéstrale que su peso es un peso compartido, que no es sólo el haciendo el esfuerzo y tú recogiendo los beneficios, sino que es un proyecto en común en el que ambos trabajan y ambos se benefician. Cuando lo consideres un socio en vez de un esclavo, tu bestia se transformará. Su obstinación se convertirá en resistencia, su fortaleza se tornará de una fuerza de oposición a una fuerza de transporte.”

El hombre le puso su hombro a la carga del burro. La bestia se levantó del piso y tensó sus músculos; el hombre, también, se levantó y se esforzó. Juntos transportaron su mercadería al mercado.

El Rabí Israel Baal Shem Tov (1698-1760) vivió en una época de conflicto entre el cuerpo y el alma.

Era una época de toscos y ascetas. Los “toscos” eran en realidad personas inteligentes y sensibles, pero ampliamente ignorantes. La pobreza y la persecución conspiraron para disminuir su educación abruptamente y consignarlos al taller o al campo de sol a sol. Eran un sector deprimido, porque era comúnmente aceptado que una vida ocupada en asuntos materiales no era una vida digna de vivirse.

Los ascetas eran la comunidad de élite: hombres que pasaban sus días y noches estudiando el Talmud y analizando minuciosamente textos cabalísticos. Ayunaban frecuentemente, evitaban los placeres corporales y renegaban de toda ocupación con asuntos mundanos, porque generalmente se entendía que el cuerpo era el enemigo del alma.

El alma se libraba alegremente del insípido animal con el cual había sido forzada a unirse. Pero tenía un problema. Para servir a D-os apropiadamente, el alma necesitaba cumplir con “mitzvot”, mandamientos Divinos. Y necesitaba al cuerpo para cumplirlas. Necesitaba un cuerpo para atarse tefilín en su brazo y cabeza; necesitaba un cuerpo para comer matzá en Pésaj; incluso necesitaba un cuerpo para estudiar y rezar. El cuerpo, sin embargo, era una bestia tosca y obstinada, y prefería masticar torta y pickles a llevar la carga del alma.

De manera que el cuerpo y el alma permanecían atrapados en un matrimonio de mutua dependencia, enemistad y desdén. Los ascetas intentaron desnutrir y golpear a su cuerpo hasta la sumisión, y aumentar su carga en la esperanza de que finalmente entendiera el mensaje. Las personas comunes siguieron caminando con dificultad. La carga del alma era demasiado para que un cuerpo la cargue por si solo, y muchos cuerpos colapsaron en el camino.

Entonces llegó el Baal Shem Tov y dijo: “No golpeen a su animal. No lo sobrecarguen y no lo abandonen. Ayúdenlo.”

“¿Ayudarlo?”, preguntaron las masas deprimidas.

“¿Ayudar a la bestia?”, preguntaron los santos ascetas.

“Ayuden a la bestia,” enseñó el maestro jasídico. “El problema es que el cuerpo está cargando el peso del alma. Pero las mitzvot de D-os son tanto para el cuerpo como para el alma; ¡es tanto la mercadería del cuerpo como del alma! Las Mitzvot refinan el cuerpo, lo elevan, dándole propósito a su existencia. Una Mitzvá es una acción bilateral, ejecutada por una persona, por un alma y cuerpo unidos para actuar en unísono. El alma asciende a sus alturas espirituales y se conecta con D-os; el cuerpo perfora hasta la esencia de su ser y se conecta con D-os.

“Cuando el alma considera al cuerpo un aliado en vez de un enemigo; cuando el alma nutre e inspira al cuerpo en lugar de golpearlo; cuando el cuerpo siente que las Mitzvot son su propia carga y no sólo del alma, la fortaleza animal deja de resistir la carga y utiliza su poder para transportarla.”

El Baal Shem Tov solía citar el siguiente pasaje de la Torá:

“Si ves el burro de tu enemigo caído bajo su carga y te sientes inclinado a negarte ayudarlo; sin duda lo ayudarás con él.” (Éxodo 23:5)

Este pasaje es de la lectura de la Torá de Mishpatim, que registra muchas de las leyes que gobiernan el comportamiento civil apropiado y caritativo entre individuos. El significado básico del versículo se refiere a una persona que ve un burro sobrecargado colapsando en el camino y piensa ignorar la escena dado que nunca le cayó bien el dueño del burro. A él la Torá le dice: a pesar de que este es el burro de tu enemigo, debes ayudarlo. Pero, como todo en la Torá, hay un significado más profundo también, un significado que pertenece a nuestra vida interior.

Y así es como el Baal Shem Tov interpretó el versículo:

“Cuando veas al burro…” – Cuando mires a tu cuerpo (la palabra hebrea para burro, jamor, también significa “arcilla” (jaimor) y materialidad (jomer)) y lo percibas como,

“tu enemigo” – dado que tu alma anhela la Divinidad y espiritualidad, y tu cuerpo dificulta y obstruye sus esfuerzos,

“caído bajo su carga” – la Torá y las Mitzvot, que en verdad son su (del cuerpo) carga también, dadas a él por D-os para refinarlo y elevarlo; pero el cuerpo no la reconoce como suya, y la rechaza. Cuando mires todo esto, se te puede ocurrir,

“negarte a ayudarlo” – puedes pensar elegir el camino de la mortificación de la carne para quebrar la tosca materialidad del cuerpo. Sin embargo, en este enfoque no residirá la luz de la Torá. Sino,

“sin duda lo ayudarás con él” – nutre el cuerpo, inspíralo, refínalo y elévalo, para que el cuerpo y el alma se complementen, se satisfagan y se ayuden uno al otro a cargar su “mercadería” al mercado.

Segun tomado de, https://es.chabad.org/library/article_cdo/aid/1698919/jewish/Haba-una-vez-un-burro.htm

Holocaust Facts: Where Does the Figure of 6 Million Victims Come From?

Considering the amount of original research that has been done in recent decades, is this number still considered accurate by scholars of the subject


An Ultra-Orthodox Jewish man visits the Hall of Names at the Yad Vashem Holocaust Memorial in Jerusalem.AP

One of the most well-known, if not iconic, facts known about the Holocaust is the number of Jewish victims killed by Nazi Germany up through the end of World War II. Perhaps not surprisingly, it is also this number – six million – that Holocaust deniers aim at when trying to discredit the essential nature of the Holocaust.

Where did the number six million come from? And considering the amount of original research that has been done in recent decades, is it still considered accurate by scholars of the subject?

The number seems to have first been mentioned by Dr. Wilhelm Hoettl, an Austrian-born official in the Third Reich and a trained historian who served in a number of senior positions in the SS.

In November 1945, Hoettl testified for the prosecution in the Nuremberg trials of accused Nazi war criminals. Later, in the 1961 trial in Israel of Adolf Eichmann, he also submitted to a lengthy series of questions from the prosecution, speaking under oath from a courtroom in Austria.

On both occasions, he described a conversation he had had with Eichmann, the SS official who had principal responsibility for the logistics of the Jewish genocide, in Budapest in August 1944. In the 1961 testimony, Hoettl recalled how “Eichmann … told me that, according to his information, some 6,000,000 Jews had perished until then — 4,000,000 in extermination camps and the remaining 2,000,000 through shooting by the Operations Units and other causes, such as disease, etc.”

On its website, Yad Vashem, Israel’s principal Holocaust research center, quotes the Eichmann reference, and then says that both early and more recent estimates by a variety of different scholars have fallen between five and six million.

Such estimates are arrived at by comparing pre-war census data with population estimates made after World War II. The Germans, though they treated their plan for annihilation of the Jews as a state secret of the highest order, also kept scrupulous records of deportations and gassings, which also serve as a vital source of data.

One of the earliest researchers, Raul Hilberg, came up with a figure of 5.1 million in his 1961 classic “The Destruction of the European Jews.” In the third edition, from 1985, he provides a lengthy appendix explaining how he calculated the estimate.

Lucy Dawidowicz, in her “The War Against the Jews” (1975), used prewar birth and death records to come up with a more precise figure of 5,933,900. And one of the more authoritative German scholars of the subject, Wolfgang Benz, offered a range of 5.3 to 6.2 million. Each used his or her own method to arrive at the totals.

Yad Vashem itself also has its Names Database, an ongoing project in which it attempts to collect the name of every Jewish victim of the Nazis. It relies on testimony from family and friends of those who perished, official archives from the period, and local commemoration projects. As of early 2012, Yad Vashem estimated that the database contained the names of a little over four million different individuals (an exact number is not yet possible because it believes that some hundreds of thousands of people appear in multiple records).

Beyond comprehension

One of the largest sources of uncertainty concerns the number of Jews murdered in the Soviet Union. Whereas the Jews of the countries of Europe occupied by the Germans were for the most part deported to death camps, where fairly good records were kept, the murders in the USSR were carried out by Einsatzgruppen (mobile killing units), as the German army made its way east. Their records were far less comprehensive, so that it is possible only to make a rough estimate of the numbers of Jews killed – generally between 800,000 and 1 million.

The overall death and destruction that took place during World War II may well be beyond human comprehension. Historians estimate that military casualties on all sides, in both the European and Pacific theaters, reached up to 25 million, and that civilian casualties ranged from 38 million to as high a figure as 55 million – meaning that somewhere between 3 and 4 percent of the world’s total population died in the conflict.

Nonetheless, the murder of the Jews of Europe is in a class by itself – not because of the numbers, but because of the ideology behind it, which placed the elimination of an entire people and their culture from the earth as one of its primary goals. It was unique because Nazi propaganda focused so intently on the Jews as an almost supernatural cause of evil, and the German war machine remained devoted to killing Jews up to the very last day of the war, long after it was clear that that war was lost.

That is to say: Murdering the Jews was an end in itself, and it was used to motivate the German nation to great sacrifices of its own.

That being said, there were other groups and peoples that were singled out by Nazi eliminationist ideology. Most notable among these were the Roma, or Gypsies, with estimates of the number killed ranging from 90,000 to 1.5 million. (One reason estimates vary so widely is attributed to a traditional secrecy and silence among the Roma regarding what they endured.) Proportionally, these numbers are as high or higher than the fraction of Jews who were killed. But it was the nomadic way of life, rather than their supposed racial background – which was Aryan – that made them enemies of the regime. And indeed, by late 1943, Nazi policy centered upon non-sedentary nomadic Gypsies, and declared those Roma who had settled in a single place to be considered like citizens of that place.

“Six million” is not, and was never intended to be, a precise accounting. But the number, which has now been part of the public consciousness for more than 50 years, would never have continued to be cited if it did not mirror the scholarly tallies that have followed in the succeeding decades, and confirmed that rough figure.  

This article was originally published in August 2013

As taken from, https://www.haaretz.com/jewish/holocaust-remembrance-day/6-million-where-is-the-figure-from-1.5319546

A New Day, A New Way

by Yossi Katz

Imagine one morning you open the newspaper and see the following headline: Pope Decides to Convert to Judaism. Wouldn’t that be something else? But actually, this has a precedent.

Yitro was the Pope of Midian. He served every conceivable idol before deciding to convert to Judaism. In fact, the Baal HaTurim states that the numerical value of the name Yitro (616) is equal to that of the phrase Komer Hayah La’avodah Zarah (He was a priest to false gods).

After Yitro saw the great miracles that God did for the Jews, he declared, “Now I know that the Lord is greater than all the deities!” (Exodus 18:11). On this verse, the Zohar (Yitro 67) comments, “Then God was exalted in His glory from above and below.” This seems to imply that only at that point did this ultimate sanctification of God’s Name take place. Yet surely during the days of our Patriarchs, a greater sanctification must have happened. Why is Yitro the model for the sanctification of God’s Name?

The more distant something is from Godliness, the greater is its potential to reveal Godliness. When Yitro, the Pope of Midian, converted, the world noticed. All his congregants who never considered belief in monotheism saw their influential leader embracing it. What greater sanctification of God’s Name could there possible be?

We may not be the Pope, but we have the same ability to sanctify God’s Name. Every day is an entirely new creation, a new opportunity to reveal Godliness in the world. No matter what happened yesterday, God tailor-made today so we could contribute in our own unique ways. Not only that, but if yesterday was a lousy day, then how much more do I have the potential today to bring light and Godliness to that very place I have fallen to! Even if I have sunken very low, when I connect to God in whatever way I can, right here and right now, I can elevate even the darkest places. This is not a task that angels can perform, or even the great tzaddikim. God gave this ability to each and every one of us specifically.

Do we believe in ourselves? Or do we give up before we even try, because we think it’s too late? Rebbe Nachman exclaimed, “Gevalt! Never give up!” Keep doing whatever you can, even if that means starting over again and again, and you will connect yourself and the place you’re at to God each time. If our Rabbis said about someone who sinned his entire life and repented one moment before he died that his sins are forgiven, how much more blessed is one who has begun his return over and over again! This person is constantly revealing Godliness in the places that others much greater than him are afraid to approach.

Yitro said, “Now I know that the Lord is greater than all the deities, for with the thing that they plotted, [He came] upon them.” Rashi comments, “With the pot they thought to cook with, were they cooked.” Perhaps Yitro also meant, “Now, specifically, I see how great God truly is, for I see that the place that I descended to became the springboard for the greatest manifestation of God’s glory!”

Based on Likutey Halakhot, Kriat HaTorah 6

As taken from, https://breslov.org/a-new-day-a-new-way-2/

Mount Sinai and the Birth of Freedom

by Rabbi Lord Jonathan Sacks

The revelation at Mount Sinai – the central episode not only of the parsha of Yitro, but of Judaism as a whole – was unique in the religious history of mankind. Other faiths (Christianity and Islam) call themselves religions of revelation, but in both cases the revelation of which they spoke was to an individual (“the son of God,” “the prophet of God”). Only in Judaism was God’s self-disclosure not to an individual (a prophet) or a group (the elders) but to an entire nation, young and old, men, women and children, the righteous and not-yet-righteous alike. From the very outset, the people of Israel knew something unprecedented had happened at Sinai. Moses had no doubt that it was an event without parallel:

“Ask now about the former days, long before your time, from the day God created man on earth; ask from one end of the heavens to the other. Has anything so great as this ever happened, or has anything like it ever been heard of? Has any other people heard the voice of God speaking out of fire, as you have, and lived?” (Deut. 4:32–33).

For the great Jewish thinkers of the Middle Ages, its significance was primarily epistemological. It created certainty and removed doubt. The authenticity of a revelation experienced by one person could be questioned. One witnessed by millions could not. God disclosed His presence in public to remove any possible suspicion that the presence felt, and the voice heard, were not genuine.

Looking at the history of mankind since those days, it is clear that there was another significance also – one that had to do not with religious knowledge, but with politics. At Sinai a new kind of nation was being formed, and a new kind of society – one that would be an antithesis of Egypt, in which the few had power and the many were enslaved. It was to be, in Abraham Lincoln’s words in the Gettysburg Address, “a new nation, conceived in Liberty, and dedicated to the proposition that all men are created equal.” Indeed without the covenant at Mount Sinai, Lincoln’s words might have been inconceivable. For nowhere else do we find anything like the politics of Mount Sinai, with its radical vision of a society held together not by power but by the free consent of its citizens to be bound, individually and collectively, by a moral code and by a covenant with God.[1]

Standard works on the history of the politics of freedom trace it back through Marx, Rousseau and Hobbes to Plato’s Republic, Aristotle’s Politics, and the Greek city states (Athens in particular) of the fifth century BCE. This is a serious error. To be sure, words like “democracy” (rule by the people) are Greek in origin. The Greeks were gifted at abstract nouns and systematic thought. However, if we look at the “birth of the modern” – at figures like Milton, Hobbes and Locke in England, and the founding fathers of America – the book with which they were in dialogue was not Plato or Aristotle but the Hebrew Bible. Hobbes quotes it 657 times in The Leviathan alone. Long before the Greek philosophers, and far more profoundly, at Mount Sinai the concept of a free society was born.

Three things about that moment were to prove crucial. The first is that long before Israel entered the land and acquired their own system of government (first by judges, later by kings), they had entered into an overarching covenant with God. That covenant (Brit Sinai) set moral limits to the exercise of power. The code we call Torah established for the first time the primacy of right over might. Any king who behaved contrarily to Torah was acting ultra vires (beyond legitimate authority), and could be challenged. This is the single most important fact about biblical politics.

Democracy on the Greek model always had one fatal weakness. Alexis de Tocqueville and John Stuart Mill called it “the tyranny of the majority.”[2] J.L. Talmon called it “totalitarian democracy.”[3] The rule of the majority contains no guarantee of the rights of minorities. As Lord Acton rightly noted, it was this that led to the downfall of Athens: “There was no law superior to that of the state. The lawgiver was above the law.”[4] In Judaism, by contrast, prophets were mandated to challenge the authority of the king if he acted against the terms of the Torah. The classic example is the accusation God tells Elijah to make to King Ahab for seizing Naboth’s vineyard: “Thus says the Lord: Would you murder and take possession?” (1 Kings 21:19).

Individuals were empowered to disobey illegal or immoral orders. The first example was the Hebrew midwives who “feared God and did not do what the Egyptian king had commanded” (Ex. 1:17). Another key moment was when King Saul ordered his servants to kill the priests of Nob, who had given shelter to David, “But the king’s servants would not raise a hand to strike down the priests of the Lord” (Samuel 22:17).[5] It was on this tradition that Calvin – inspiration of the seventeenth-century Puritan radicals in England and America – drew, when he said “prophets and teachers may take courage and thus boldly set themselves against kings and nations.”[6] It was on the same tradition that Thomas Paine based his pamphlet Common Sense (1776), widely credited at the time as the inspiration that led to the American revolution.[7] Historically, it was the covenant at Sinai and all that flowed from it, not the Greek political tradition, that inspired the birth of freedom in Britain and America, the first people to take that road in the modern age.

The second key element lies in the prologue to the covenant.

God tells Moses:

“This is what you are to say to the house of Jacob and tell the people of Israel. ‘You yourselves have seen what I did to Egypt and how I carried you on eagles’ wings and brought you to Me. Now, if you obey Me fully and keep My covenant, you will be My treasured possession, for the whole earth is Mine. You will be for Me a kingdom of priests and a holy nation…’” (Ex. 19:3–6)

Moses tells this to the people, who reply: “We will do everything the Lord has said” (Ex. 19:8). Until the people had signified their consent, the revelation could not proceed. The principle at stake was that there is no legitimate government without the consent of the governed,[8] even if the governor is Creator of heaven and earth. I know of few more radical ideas anywhere.

To be sure, there were sages in the Talmudic period who questioned whether the acceptance of the covenant at Sinai was completely free. There is a famous statement in the Talmud:

“And they stood under [normally translated as, “at the foot of ”] the mountain” (Ex. 19:17) – this teaches that the Holy One, blessed be He, overturned the mountain above them like a cask and said to them, “If you accept the Torah, it is well, but if not, this will be your burial place.”[9]

What the sages are doing here is to question whether the Israelites really had a free choice at Sinai. They had not yet entered the land. They were dependent on God for their food, water and protection. Where could they go, and to whom could they turn, if they said no to God?

The Talmud itself says that “Nonetheless, they re-accepted it in the days of Ahasuerus,”[10] that is, at the time described in the book of Esther – one of the only two books in the Bible that does not contain the name of God.[11] In that context there could be no question of divine coercion. However, at the simplest level, this is the significance of the two covenant renewal ceremonies, one at the end of Moses’ life, as the Israelites were about to enter the land (Deut. 29–31), the other at the end of Joshua’s life, when the people had conquered the land (Joshua 24). The covenant was renewed precisely so that no one could say that it had been entered into coercively when there was no alternative.

At the heart of Judaism is the idea – way ahead of its time, and not always fully realised – that the free God desires the free worship of free human beings. God, said the rabbis, does not act tyrannically with His creatures.[12]

The third, equally ahead of its time, was that the partners to the covenant were to be “all the people” – men, women and children. This fact is emphasised later on in the Torah in the mitzvah of Hak-hel, the septennial covenant renewal ceremony. The Torah states specifically that the entire people is to be gathered together for this ceremony, “men, women and children” (Deut. 31:10–13). A thousand years later, when Athens experimented with democracy, only a limited section of society had political rights. Women, children, slaves and foreigners were excluded. In many respects this held true until very recently. In Britain, women did not get the vote until 1918. In America, women’s suffrage was complete only in 1920, though some states had enacted it earlier.

According to the sages, when God was about to give the Torah at Sinai, He told Moses to consult first with the women and only then with the men. This is the meaning of the verse “This is what you are to say to the house of Jacob and tell the people of Israel” (Ex. 19:3). The house of Jacob, our sages tell us, refers to the women.[13] The Torah, Israel’s “constitution of liberty,” includes everyone. It is the first moment, by thousands of years, that citizenship is conceived as being universal.

Perhaps the greatest testimony to the politics of the Hebrew Bible was given by Jean-Jacques Rousseau, in an unpublished manuscript discovered after his death:

The Jews provide us with an astonishing spectacle: the laws of Numa, Lycurgus, Solon are dead; the very much older laws of Moses are still alive. Athens, Sparta, Rome have perished and no longer have children left on earth; Zion, destroyed, has not lost its children…. What must be the strength of legislation capable of working such wonders, capable of braving conquests, dispersions, revolutions, exiles, capable of surviving the customs, laws, empire of all the nations…to last as long as the world?…any man whosoever he is, must acknowledge this as a unique marvel, the causes of which, divine or human, certainly deserve the study and admiration of the sages, in preference to all that Greece and Rome offer.[14]

With the revelation at Sinai, something unprecedented entered the human horizon, though it would take centuries, millennia, before its full implications were understood. At Sinai, the politics of freedom was born.

Shabbat shalom

NOTES

[1] “The government of the Israelites was a Federation, held together by no political authority, but by the unity of race and faith, and founded, not on physical force, but on a voluntary covenant.” Lord Acton, Essays in the History of Liberty (Liberty Press, 1985), 7

[2] Alexis de Tocqueville, Democracy in America, bk. 1, chap. 15; John Stuart Mill, introduction to On Liberty

[3] J.L. Talmon, The Origins of Totalitarian Democracy (Secker and Warburg, 1955)

[4] Lord Acton, Essays in the History of Liberty, 13

[5] On civil disobedience in Judaism, see the essays by Moshe Greenberg, Maurice Lamm and Milton Konvitz in Contemporary Jewish Ethics, ed. Menachem Kellner (Sanhedrin Press, 1978), 211–254; and Harold Schulweis, Conscience: The Duty to Obey and the Duty to Disobey ( Jewish Lights, 2008)

[6] Calvin, Jeremiah, lecture 2: r.44. Cited in Michael Walzer, The Revolution of the Saints: A Study in the Origins of Radical Politics (New York: Atheneum, 1972), 63

[7] Reprinted in Thomas Paine, Political Writings (Cambridge University Press, 1989), 3–38. The pamphlet sold 100,000 copies in 1776 alone. Paine drew entirely on the anti-monarchical passages in the Hebrew Bible

[8] The phrase comes from the American Declaration of Independence

[9] Shabbat 88a

[10] Ibid.

[11] The other is Shir HaShirim, the Song of Songs.

[12] Avoda Zara 3a

[13] Mekhilta, ad loc

[14] These unpublished notes are preserved in the public library at Neuchatel. Cited in Leon Poliakov, The History of Anti-Semitism (Routledge and Kegan Paul, 1975), vol. 3:104–5

As taken from,

Why I Ask and Doubt, but Have Strong Faith

by Rabbi Nathan Lopes Cardozo

You have been very public about your conversion (giyur) to Judaism. In my opinion, one of the most powerful themes found in your writings is that Judaism must not be practiced because of external pressure, but instead, it should be rooted in a person’s freely choosing to develop a personal connection to Torah, mitzvot and God. The title of your most recent book, Jewish Law as Rebellion: A Plea for Religious Authenticity and Halachic Courage, is all about perceiving Judaism in an empowering way and not as simple external obedience.

In your opinion, how can a person born Jewish, or born religious, freely choose to develop a personal connection to Torah, mitzvot and God? Do you think it is sometimes more difficult for the person born into religion?

Nathan Lopes Cardozo: Yes. I believe it may be harder for a person born into a religious family to appreciate Judaism’s teachings and great message than for one who was not. All around me I see a great amount of religious complacency, and even religious plagiarism, within mainstream Orthodox Judaism because people were educated within this lifestyle since the day they were born and therefore indoctrinated with beliefs and halachic norms. (The same thing happens in secular societies where indoctrination has become rampant, even in universities that claim to be objective.)

But I also realize that I am missing something. I am deeply impressed with all those Jews who were raised in Orthodox Judaism and go every day to synagogue, sometimes three times a day, and without any problem repeat the same words over and over again, often in a hurry because they need to be back at work or with their families. What is it that motivates them?

One cannot inherit religiosity. One needs to discover it on one’s own. And this means struggle and spiritual warfare. It must be accompanied with some kind of a personal religious-spiritual crisis, doubt, and rebellion, perhaps even with psychological despair. If you have not been in the abyss, you cannot get to the peak of the mountain. This happened to me and I feel enormously blessed. And sometimes I am still faced with these challenges. They are not easy but they give me an abundance of spiritual wealth.

Yes, one must give one’s children the best Jewish education possible but always with the notion that they have to discover it on their own, through struggle and questioning.

The trouble is that Judaism itself has created a system where one can hide behind one’s own religiosity. The constant and demanding requirements to live a particular lifestyle, which one cannot escape, have laid the foundation for this problem.

I would have preferred a kind of Judaism that one is able to step out of, so as to rediscover it; as the Amish seem to do when they allow or perhaps even demand of their children to step outside and encounter the secular world so as to rediscover the beauty of their own religion and lifestyle and return to it with new enthusiasm. Only when you see and recognize the opposite of what you stand for can you value your own convictions. This was probably the case before Matan Torah, in the days of our Avot. These generations could “walk in and out,” as one can see from all the converts that Avraham and Sarah made and were never heard about again.[1] Did they walk out and never return? Maybe this was the most authentic form of Judaism! (Why Judaism ultimately did not go that way is a story on its own, which we can perhaps discuss another time.)

Obviously, this involves taking a risk: Perhaps one’s children will not return. I think the only way to prevent or minimize this is to instill in one’s children such powerful spirituality and a feeling of mission that the secular world—with all its appeal—is unable to compete with it. (How is it that we cannot beat the idolization of sport and general entertainment?)

But this requires a completely new kind of religious education, which is by now, with few exceptions, completely absent in Jewish teaching. In some ways, the “Chassidic uprising” at the time of the Baal Shem Tov and for some time afterwards carried that notion but ultimately succumbed to the same malady.

We constantly needs new ideas, educational surprises, religious pride, and a strong feeling of passion. A love story that is unconquerable. And if that doesn’t work, and our children walk out, we need to accept it with love and see in it a higher meaning, which we may not fathom but still has some meaning. (How often was God not disillusioned with “the children of Israel” in biblical times and did not remove His love from them? Even in secularity there is a divine spark and religious meaning.)

For myself, I can only say that passion for Yahadut is the ultimate force that moves me. I get so excited about it that I have to keep myself under control in order not to lose myself in all of it. But this can, as I mentioned before, never be a Yahadut that is mainstream and confined to the Shulchan Aruch. I have to be able to break out of its strictures and obligations when I feel the need for it and know that there are other halachic alternatives. Halacha as represented in the Shulchan Aruch is for me not the sum total of Torah. The highest standards of Torah are beyond the boundaries of conventional Halacha. It’s not a matter of leniency but of religious authenticity.

This is why I see a huge danger in books like the Mishna Berura of the holy Chafetz Chaim. I understand the pragmatic need for it, but it comes at an enormous price. The same is true of all these “self-help” halachic works. They have made Judaism and Halacha flat, dry, and colorless. The music has been ruined.

We need to convey this message to our children, but it’s not easy and requires a new kind of Chassidic revolt.

First of all, parents and teachers need to show their children and students that they see their own Judaism as the love of their lives and that they take it very seriously.

Secondly, we must allow and encourage our children and students to ask any questions they want and to never be ashamed to ask. To challenge, to probe, and to fight is the proper way. “Nothing is more irrelevant that an answer to a question nobody asked” said the famous Protestant thinker and friend of the Jews, Reinhold Niebuhr. Providing information without first having a question is a meaningless undertaking for an obvious reason. No information is real when it is brought on a silver platter with no spiritual or intellectual problem preceding it.

Thirdly, we need to teach our children that one does not have to believe everything literally, and that certainty is perhaps more comfortable but doubt gives you a great education.

I believe that people don’t realize this enough.

Let me explain.

We are currently living in a transitional phase of monumental proportions and far-reaching consequences. Our religious beliefs are being challenged as never before. We are forced to our knees due to extreme shifts and radical changes in scientific discoveries; in our understanding of the origins of our holy texts; in our belief in God; in the meaning of our lives; and in the historical developments of our tradition.

We find ourselves on the precipice, and it is becoming more and more of a balancing act not to fall off the cliff.

We must ask ourselves: Can we survive and overcome? What are the tools to make that possible? Or, shall we drop our earlier beliefs, give in and admit our defeat?

In the old religious climate everything was certain. We knew the truth. Traditional Judaism gave us the foundations, and everything was under control. The tradition was safeguarded behind shatterproof glass, well protected and unshakable. But now, all certainty is affected by skepticism and the glass has been broken.

Today, faith dangles in the free flow of doubt, and we need to learn how to live in this new stratosphere.

The truth is that Jewish Orthodoxy (from the Greek orthos (“true” or “right”) and doxa (“opinion” or “belief”) never existed. Originally, Judaism was highly unorthodox. While it always believed in God and Torah, it never offered any specifics of what “God” meant or what Torah consisted of. That was left to speculation, never to be determined. The early Sages, as testified by the Talmud and philosophers, disagreed on some of the most fundamental issues of faith.

But over the years we wanted more certainty. We wanted it handed to us on a silver platter, so that we could avoid debates and live a life of religious comfort, apathy and mediocrity. Influenced by other religions, we adopted the need for cast-iron certainty and psychological security. So we began to rewrite Judaism in a way that would fit into the notions of established religions—well structured, with a good dose of dogma. What we did not realize is that by doing so, we misrepresented Judaism by losing sight of the plot, thus doing it a great disservice.

We need to realize that our epoch of uncertainty is in fact much more conducive to authentic Judaism than all the conviction we’ve had in previous generations. It forces us to rediscover what Judaism is really about and gives us the opportunity to rebuild where rebuilding is required and leave untouched what should remain untouched.

Because we are compelled to reconsider, we will delve more deeply into the great resources of Judaism and stay away from all superficiality to which Judaism has lately succumbed. The greater the challenge, the more profound are the discoveries. Knowledge is important, but, as I said, doubt is what gives you an education.

Moreover, we will actually be able to enter the minds of all those biblical figures who lived in constant ambiguity about God and the Torah. Avraham’s great doubts concerning the reliability of God in connection with His request to sacrifice his son Yitzchak was a most traumatic experience. It was the pinnacle of religious uncertainty.

Moshe’s bewilderment at not knowing who God was when he asked to see Him and God’s refusal to reveal Himself are the climax of intense religious struggle.[2]

In the desert, the Israelites asked whether God was among them. This came close to pantheism, or even atheism. Nadav and Avihu’s unauthorized offering of a “strange fire” in the Tent of Meeting came from a feeling of ambiguity about whether the only way to serve God was by merely following the strict demands of Halacha as given by God, or whether one could explore new avenues to divine service.[3]

On one occasion, the Israelites were not sure whether the Torah was indeed the word of God. Korach challenged this very belief and declared that it was not from heaven and that Moshe and Aharon were not prophets.[4] This must have caused a major crisis among the Israelites.

The Torah gives evidence of a most difficult religious journey traveled by the Israelites, full of doubt, struggle and trauma. Surely some of these doubts were more existential than intellectual, but the latter cannot be disregarded.

Once we realize that uncertainty was part of the biblical personality, we will have a much better grasp of the text and what Judaism is actually claiming. But this is only possible if we find ourselves challenged by those very existential doubts.

There is nearly nothing greater than the free flow of doubt in today’s society. It offers us unprecedented opportunities to rediscover real religiosity. In contrast, the quest for certitude paralyzes the search for meaning.

Uncertainty is the very condition that impels a person to develop their spiritual and intellectual capacity. Sure, this is a risky undertaking, but there is no authentic life choice that is risk-free. Life means constantly moving and growing, whereas organic matter that fails to shift and grow decays and will eventually die. So it is with a person’s religious life. The role of religion is to accommodate the blossoming of the human soul and to prevent one from descending into a place of spiritual stagnation.

While our not-so-distant forefathers in the days of the emancipation walked out and left Judaism behind, declaring it no longer relevant, we know better. We won’t take that cheap and easy road. We know that Judaism is much too great to abandon, even if there are obstacles along the way.

We are aware that Judaism stands head and shoulders above anything else, and that no philosophy or religious practice can replace it, but we have yet to discover what it is that gives Judaism its unique profundity. We still walk in our childhood shoes, knowing that we have not yet entered the world of adulthood. Aus dem Kindes–in das Mannesalter.[5]

What we all know deep down is that we have to renew Judaism from within. Not by letting it go, but by raising it up.

Not through Reform and Conservative Judaism, or Orthodox dogma, but through a radical purifying process that will take years. Until now, we have been busy digging and have found some very interesting elements, but we have not yet hit rock bottom (does that even exist?) and our findings have been too superficial and too few to make a breakthrough.

Over the years, we have covered Judaism with too many clinging vines, to the point where we can no longer see or even recognize das Ding an sich (the thing in itself). A thick scab has grown on Judaism, and it needs to be scraped off. We have to expose the founding pillars and build a superstructure.

We must recognize that the barer Judaism gets and the more uncertain we become, the closer we get to where we need to be, until we hit the core. It will manifest itself in many opposing colors, creating an enormous, beautiful canvas. In this new setting it will be clear that religious uncertainty is one of the most powerful ideas, which keeps us on our toes. And it will give us great insight into Judaism’s core beliefs.

Beneath the clinging vines are divine words. For too long we have mistakenly believed that Judaism is the clinging vine itself. Yes, it had its purpose, but that is not where we will find divinity. It is deeper down, beneath the layers. The time has come to remove it. But it has to be done slowly and in such a way that we do not harm the core.

We must remove outdated ideas, often borrowed from other religions; remove the galut from Halacha, which became overly defensive; and have the courage to see a new religious world emerging, which will offer us the authentic meaning of the divine Torah and mitzvot.

It will be painful for those who are looking for absolute certainty. We understand the anguish it will cause. But there is no turning back. And after a time, the joy of uncertainty and of discovering the deeper meaning behind Judaism will be immensely greater than that which certainty could ever offer us.

The goal is not at all to be sure that the Torah was given at Sinai, or that all its stories are true. There are very good reasons to believe it is, but we don’t know for sure and we should not know for sure. Is it not marvelous to take a leap of faith and live according to something that one cannot be sure of?

Of what value are convictions that are unaccompanied by struggle?

Faith means striving for faith. It is never an arrival. It can only burst forth at singular moments. It does not arise out of logical deduction, but out of uncertainty, which is its natural breeding ground.

To have faith is to live with unresolved doubts, prepared to rise above ourselves and our wisdom. Looking into the Jewish tradition with its many debates, one clearly understands that those who deny themselves the comfort of certainty are much more authentic than those who are sure.

Faith means that we worship and praise God before we ask any questions about Him. We respond before we question. In the synagogue hymn “Ein Kelokeinu,” we first praise God and state that there is nobody like God. And only then do we ask: “Mi Kelokeinu”—Is there anyone like our God?

People can die for something even as they are unsure of its true existence, because their inner faith tells them it is right to do so. This honest admission of doubt is not only the very reason why it is possible to be religious in modern times; it is the actual stimulus to do so.

We need to understand that faith is “the art of drawing sufficient conclusions from insufficient premises”,[6] and “we can be absolutely certain only about things we do not understand”.[7]

To believe is not to prove, not to explain, but to yield to a vision.

Of course belief cannot be credo quia absurdum est (I believe because it is absurd). It has to make sense and have a lot to say for itself in terms of knowledge and wisdom. Still, just as no building stands on rock-bottom, but on unsure pillars deeply driven into the ground so as to resist an earthquake, so must belief have enough strength to prove its worth without ever reaching absolute certainty.

Faith is like music. It is true because of its beauty, not because of its intellectual certainty. Is it not created from impossible paradoxes, as well as a great deal of imagination that surpasses rationality and scientific or historical facts?

The truly great need no synthesis. They absorb whatever experience offers them. Their intensely creative personalities act like a fiery furnace, melting away contradictions. What emerges is either a harmonious whole or a creative parallelism with parts that mutually fructify and supplement each other. The truly great do not need to trim edges, as it were, to make genuine experiences fit with each other. They preserve them intact. And if their experiences appear contradictory, they build an emotional bridge spanning them allowing both the landscape and the water to be seen. Lesser mortals resort to logical means of harmonization.[8]

The aim of Halacha is to teach us the art of living with uncertainty. Halacha was not meant for those who are sure, because nobody can act out of certainty.

The most challenging question in all of life is what do you do and what do you believe when you are not sure. It is that notion that moves the scientist, the philosopher, and most of all the religious personality. To be religious is to realize that no final conclusions have ever been reached or can ever be reached.

Halacha is the upshot of unfinalized beliefs, a practical way of living while remaining in theological suspense. In that way, Judaism doesn’t turn into a religion that either becomes paralyzed in awe of a rigid tradition, or evaporates into a utopian reverie. This dynamic can only come about when Jewish beliefs consist of fluid matter, which Halacha then turns into a solid substance. The purpose of Halacha is to chill the heated steel of exalted beliefs and turn them into pragmatic deeds without allowing the inner heat to be cooled off entirely. Jewish beliefs are like arrows, which dart hither and thither, wavering as though shot into the air from a slackened bowstring, while Halacha must be straight and unswerving but still adaptable.

Indeed, we should be careful not to make faith into an intellectual issue. It is much more than that. The moment we look down on those who continue to have unshakable faith, considering them primitive in face of the many challenges, we have overlooked an important dimension of real faith.

Besides the fact that such an attitude reflects arrogance, it also misses an important point: Faith is always more than just thinking about faith. Yes, those people who have lost their faith yet still hold on to it, honestly attempting by way of discussion and study to give their lost faith a new shape, should be deeply respected. At the same time, we should not forget that they are searching for something that the “simple” believer already has.

When we place the reflection on faith higher than the direct experience of faith, we are involved in a purely intellectual endeavor. The search for faith can only be genuine when it is personal, deep, and emotional, and the intellect only plays a small part. The accompanying qualities must be humility, the notion of inadequacy, and a strong urge to find authentic faith.

Genuine belief is a way of living, not an academic undertaking. It is an experience in which the whole of the human being is engaged.

So doubt is most important, and we must confront it, but we should never forget that it only appeals to the intellect. The intellectual approach to faith is always a barer form of existence than faith itself.

The reason is obvious. Besides our critical assessment, the other human faculties remain idle. Trust, hope, love, and the notion that one is part of something bigger no longer play a role. Instead, life becomes nothing more than only itself. When doubt and skepticism are no longer the most important faculties through which one seeks religious faith, only then is it possible to actually find it. Skepticism, though it has its place, should not be at the center of one’s search. In today’s climate there is a certain gratification in going to the extremes of genius and brilliance until one nearly loses that which one would like to discover. Intellectual thought and scientific discovery can never cover the sum total of the inner life of a human being.

When one prays, one is involved in something that the intellect can never reach. When one studies Torah and hears its divine voice, it becomes something different than what academic study can ever achieve. It is in a separate category, which is closed to the solely scientific mind.

It is crucial that we see these facts for what they are. Only when we realize that intellectual certainty is not the primary path toward finding religious truth, will we be able to deal with our new awareness that the transitional phase we now experience has great purpose and must be part of our religious struggle and identity. It won’t be easy. Novelty, as always, carries with it a sense of violation, a kind of sacrilege. Most people are more at home with that which is common than with that which is different.

With a few exceptions, this awareness is absent in today’s Jewish education. But it is perhaps the most important message to convey to our children, students and ourselves. One should give enormous attention to this at home and in the classroom. Any form of teaching Torah or Talmud must have this matter as its centerpiece. But this requires a completely different mindset, methodology and daily schedule. Since yeshiva studies and studies at women’s seminaries are by nature so amenable to this kind of learning, it is such a tragedy that for the most part they do not live up to the challenge. If they would, they could prevent many young people from walking out on the Jewish way of life and give many students a desire to be passionate about their Judaism.

Notes:

[1] Rashi, Bereshit 12:5.

[2] Shemot 33:12-23.

[3] Vayikra 10:1-3. See for example the commentaries of the Sefat Emet and the Me-Hashiloach ad loc.

[4] See the Jerusalem Talmud, Tractate Sanhedrin, chapter 10, folio 21 and column 1 in the Venice 1523 edition.

[5] German expression for “from childhood to adulthood.”

[6] Samuel Butler and Francis Hackett, The Note-Books of Samuel Butler (Nabu Press, 2010) p. 27.

[7] Eric Hoffer, The True Believer (Harper Perennial Modern Classics, 2010) p. 81.

[8] Rabbi Professor David Weiss Halivni, “Professor Saul Lieberman z.l.,” Conservative Judaism, vol. 38, (Spring 1986) pp. 6-7.

As taken from, https://www.cardozoacademy.org/thoughts-to-ponder/why-i-ask-doubt-and-still-have-faith-ten-questions-for-rabbi-cardozo-by-rav-ari-zeev-schwartz/?utm_source=Subscribers&utm_campaign=af191e2db6-Weekly_Thoughts_to_Ponder_campaign_TTP_548_COPY_01&utm_medium=email&utm_term=0_dd05790c6d-af191e2db6-242341409

El Mesías según el judaísmo

El Mesías según el judaísmo
por Rav Aryeh Kaplan

El Mesías será una persona normal, hijo de padres normales. Incluso es posible que ya haya nacido.


El Mesías o Mashiaj en hebreo, será una persona normal, hijo de padres normales. Incluso es posible que ya haya nacido.

Asimismo, el Mesías será mortal. Eventualmente morirá y legará su reino a su hijo o sucesor.

La tradición declara que será un descendiente directo del Rey David, hijo de Ishai, como está escrito: “Un retoño saldrá de la cepa de Ishai, un vástago florecerá de sus raíces” (Isaías 11:1). De la misma forma, en nuestras plegarias pedimos: “Que florezca la flor de David y que la memoria del Mesías ben David aparezca… ante Ti”. En la actualidad, hay muchas familias judías que pueden trazar su legado directamente hasta el Rey David.

El Mesías será el más grandioso líder y genio político de la historia. Asimismo, será el hombre más inteligente que haya vivido. Usará esos extraordinarios talentos para promover una revolución mundial que traerá justicia social perfecta para toda la humanidad e influirá a todas las personas para que sirvan a Dios de todo corazón.

El Mesías también alcanzará la profecía y será uno de los profetas más grandiosos de la historia, segundo en jerarquía sólo después de Moshé Rabeinu.

Cualidades especiales

El profeta Isaías describió seis cualidades que el Mesías tendrá la bendición de tener:

“El espíritu Divino descansará sobre él [y por ende poseerá]: (1) el espíritu de la sabiduría (2) y del entendimiento, (3) el espíritu del consejo (4) y del poder, (5) el espíritu del conocimiento (6) y del temor a Dios” (Isaías 11:2).

En todas esas cualidades, el Mesías superará a todo otro ser humano.

El Mesías verá más allá de la falsedad y la hipocresía de este mundo. Tendrá la capacidad de percibir el espíritu de las personas, lo que le permitirá conocer todo su pasado espiritual y juzgar si es culpable o no. Respecto a este poder, está escrito: “No juzgará en base a lo que ven sus ojos ni decidirá en base a lo que sus oídos escuchan”(Isaías 11:3). Este es uno de los atributos mediante los que el Mesías será reconocido. Sin embargo, al igual que el regalo de la profecía, este poder se desarrollará gradualmente.

El Mesías utilizará este poder para determinar a qué tribu pertenece cada judío. Luego dividirá la Tierra de Israel en partes y cada tribu heredará su porción. Esto comenzará con la tribu de Leví, determinando la legitimidad de cada kohén y cada leví. Respecto a esto, el profeta dijo: “Purificará a los hijos de Leví y los refinará como oro y plata, para que se vuelvan portadores de una ofrenda de Dios en rectitud”(Malají 3:3).

Misión y objetivos

La misión del Mesías consta de seis partes:

1) Su tarea principal es hacer que todo el mundo vuelva a Dios y a Sus enseñanzas.

2) También restaurará la dinastía real de los descendientes de David.

3) Supervisará la reconstrucción de Jerusalem, incluyendo el Tercer Templo.

4) Reunirá al pueblo judío en la Tierra de Israel.

5) Reestablecerá el Sanedrín, la corte suprema y legisladora del pueblo judío, que basa sus dictámenes en las enseñanzas de la Torá. Esto es una condición necesaria para la reconstrucción del Tercer Templo, como está escrito: “Restauraré a tus jueces como antes y a tus consejeros como en un principio; luego serás llamada la ciudad de la rectitud, la ciudad fiel. Sión será redimida con justicia, y los que vuelven a ella, con justicia”(Isaías 1:26-27). Este Sanedrín también podrá reconocer formalmente al Mesías como Rey de Israel.

6) Restaurará el sistema de ofrendas y las prácticas del año sabático (shemitá) y del jubileo (yovel).

Entonces, como declara Maimónides:

“Si surge un gobernante de la familia de David, inmerso en la Torá y en sus mandamientos como su ancestro David, siguiendo tanto la Torá Escrita como la Oral, que devuelve a todo Israel a la Torá, fortalece la observancia de sus leyes y lucha las batallas de Dios, entonces podemos asumir que es el Mesías. Si también es exitoso en la reconstrucción del Templo en su sitio original y en la reunificación de los exiliados de Israel, su identidad como Mesías estará garantizada”.

Influencia mundial

A medida que se desarrollen los poderes del Mesías, también crecerá su fama. El mundo comenzará a reconocer su profunda sabiduría y vendrá en busca de su consejo. Le enseñará luego a la humanidad a vivir en paz y a seguir las enseñanzas de Dios. Los profetas predijeron: “Ocurrirá en el final de los días, que la montaña de la casa de Dios será la cima de las montañas y se elevará sobre las colinas, y todas las naciones vendrán a ella con alegría. Muchos pueblos vendrán y dirán “Vayamos y subamos a la montaña de Hashem, a la casa del Dios de Yaakov, que (el Mesías) nos instruya de acuerdo a Sus caminos y nos comportaremos de acuerdo a Su forma”. Porque la Torá emanará desde Sión y la palabra de Dios desde Jerusalem. Y él (el Mesías) juzgará entre las naciones y decidirá entre los pueblos. Y convertirán sus espadas en discos de arado y sus lanzas en podadoras. Ninguna nación levantará su espada en contra de otra; y tampoco harán guerra” (Isaías 2:2-4, Mija 4:1-3).

En la era mesiánica, muchos no judíos desearán convertirse al judaísmo, como predijo el profeta: “Entonces le daré a los pueblos un lenguaje puro, para que llamen en el Nombre de Dios, y que Le sirvan de una sola forma”(Tzefaniá 3:9). Sin embargo, una vez que el Mesías se haya revelado, ya no se aceptarán conversos.

De todos modos, Jerusalem se convertirá en el centro de adoración e instrucción para toda la humanidad. Dios se lo dijo a Su profeta: “Volveré a Sión y moraré en medio de Jerusalem, y Jerusalem será llamada la Ciudad de la Verdad y la Montaña del Dios de las Huestes, la Montaña Sagrada”(Zacarías 8:3).

Jerusalem se convertirá en la capital espiritual del mundo.

Esto dará comienzo al período en el que las enseñanzas de Dios serán supremas para toda la humanidad, como está escrito: “Porque el Señor de las Huestes será Rey en el Monte Sión y en Jerusalem. [Revelará Su] Gloria en la presencia de Sus sabios ancianos”(Isaías 24:23).

Todos los pueblos vendrán a Jerusalem en busca de Dios. El profeta Zacarías describe esto gráficamente cuando dice: “Muchos pueblos y naciones poderosas vendrán a Jerusalem en busca del Señor de las Huestes… En esos días, diez personas de todas las naciones tomarán el rincón de la prenda de cada judío y dirán: ‘Iremos contigo, porque oímos que Dios está contigo’”(Zacarías 8:22-23).

En Jerusalem, el pueblo judío será establecido como el “guía” espiritual y moral de toda la humanidad. En ese momento, Jerusalem se convertirá en la capital espiritual del mundo.

En la Era Mesiánica, todos los pueblos creerán en Dios y proclamarán Su Unicidad. Como está escrito: “Dios será el Rey sobre toda la tierra, en ese día Dios será Uno y Su Nombre Uno”(Zacarías 14:9).

Paz y armonía

En la Era Mesiánica, los celos y la competición ya no existirán, porque todo lo bueno será sumamente abundante y todas las exquisiteces serán tan comunes como el polvo. Los hombres ya no se dedicarán a la guerra ni se prepararán para ella, como predijo el profeta: “una nación no levantará la espada en contra de otra nación; no volverán a saber de guerra” (Isaías 2:4).

En la era mesiánica, todas las naciones convivirán en paz. De la misma forma, personas de todos los tipos convivirán en armonía. El profeta se refirió a esto alegóricamente, cuando dijo: “El lobo morará con el cordero, el leopardo con el cabrito se agazapará; el becerro, el cachorro de león y el cebón juntos, y un niño pequeño los dirigirá. La vaca pastará con el oso; sus pequeños se agazaparán juntos, y el león, al igual que el toro, comerá paja” (Isaías 11:6-7).

Si bien el Mesías influirá y le enseñará a toda la humanidad, su misión principal será hacer que el pueblo judío retorne a Dios. De acuerdo a esto, el profeta dijo: “Porque los hijos de Israel permanecerán durante muchos días sin rey y sin príncipe… Después de eso, los hijos de Israel volverán y buscarán a Hashem, su Dios, y a David, su rey; vendrán sobrecogidos ante Dios y Su bondad, en el final de los días”(Oseas 3:4-5). De la misma forma: “Mi sirviente David será rey sobre ellos; todos tendrán un pastor; también seguirán Mis estatutos y observarán Mis leyes”(Ezequiel 37:24).

Toda la humanidad alcanzará los más altos niveles de Inspiración Divina sin ninguna dificultad.

A medida que la sociedad se vaya acercando a la perfección y el mundo se vuelva cada vez más sagrado, la ocupación principal de la humanidad será conocer a Dios. La verdad estará revelada y todo el mundo reconocerá que la Torá es la enseñanza verdadera de Dios. Esto es lo que implicó el profeta cuando predijo: “La tierra estará llena del conocimiento de Dios, así como las aguas cubren el mar” (Isaías 11:9). De la misma forma, toda la humanidad alcanzará los más altos niveles de Inspiración Divina sin ninguna dificultad. Así le prometió Dios a Su profeta: “Ocurrirá después de eso que Yo verteré mi espíritu sobre toda persona, y tus hijos y tus hijas profetizarán” (Yoel 3:1).

Si bien, durante la Era mesiánica, el hombre continuará teniendo libre albedrío, tendrá todos los incentivos para hacer el bien y seguir las enseñanzas de Dios. Será como si el poder del mal fuera aniquilado por completo. Esto es lo que predijo el profeta: “Pondré Mi Torá en su interior, y la grabaré en sus corazones… Una persona ya no le enseñará a su amigo y a su hermano diciendo: “¡Conoce a Dios!” Porque todos Me conocerán, los grandes y los pequeños por igual” (Jeremías 31:33-34).

De la misma forma, el profeta dijo en nombre de Dios: “Eliminaré el corazón de piedra de tu ser y te daré un corazón de carne”(Ezequiel 36:26). Es decir, la inclinación del hombre hacia el bien será fortalecida al punto en que éste ya no será atraído hacia lo material. En cambio, se fortalecerá espiritualmente constantemente y se inclinará hacia el servicio de Dios y a seguir su Torá. Este es el significado de la promesa del profeta, que dijo: “Dios circuncidará el prepucio de tu corazón y del corazón de tus descendientes, para que ames a Hashem, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, para que vivas” (Deuteronomio 30:6).

Práctica religiosa

El Mesías no hará ningún cambio en nuestra religión. En la Era mesiánica, todos los mandamientos tendrán vigencia. Nada se agregará a ni se sustraerá de la Torá.

Hay una opinión que dice que, durante la Era mesiánica, de todos los libros de la biblia, sólo se estudiarán regularmente los cinco libros de Moshé y el libro de Ester. La razón de esto es que todas las otras enseñanzas de los profetas pueden aprenderse de la Torá y, dado que el Mesías revelará a la perfección todos los significados de la Torá, los escritos proféticos ya nos serán necesarios.

En la Era mesiánica se restaurará el servicio de ofrendas. Sin embargo, las únicas ofrendas personales que se aceptarán serán las de agradecimiento. Dado que el corazón del hombre habrá sido circuncidado, el deseo de pecar ya no existirá y las ofrendas personales cuya función es la expiación de pecados ya no serán necesarias. De la misma forma, las únicas plegarias que serán necesarias son las de agradecimiento.

Nuestros profetas y sabios no anhelaban la llegada de la Era mesiánica para gobernar el mundo y dominar a los demás. No deseaban que las naciones los honraran, ni anhelaban la posibilidad de comer, beber y disfrutar sin límite. Ellos sólo querían una cosa: estar libres para ocuparse del estudio de la Torá y su sabiduría. No querían que nada los molestara o distrajera, para de esta forma poder dedicarse por completo a ser merecedores de la vida en el Mundo Venidero.

Según tomado de, http://www.aishlatino.com/judaismo/filosofia/filosofia-judia/El-Mesias-segun-el-judaismo.html?s=mm

“Aquel Que Reposa En Las Alabanzas De Israel”

por Rabino Ginsburgh

En 1712, cuando el Baal Shem Tov tenía 14 años de edad, era parte de una sociedad secreta de tzadikim ocultos con base en Europa oriental. Pronto fue reconocido como el que luego habría de transformarse en su líder.  

El joven Israel sugirió que los miembros de la sociedad no actúen sólo pasivamente sino que también hagan algo de manera activa para conectar a los simples judíos de aquellos países con su Padre en el Cielo.  

Hasta ese momento estos tzadikim se afanaban en despertar los corazones de los judíos pero cuidando al mismo tiempo de su propia pureza física y espiritual, evitando ser identificados como pertenecientes dicha organización.  

La idea era que si cada uno de ellos se concentraba en elevar su propia alma, podía a su vez afectar a aquellos judíos que lo rodeaban. Pero la desventaja de esta estrategia era que no tenía gran alcance por el simple hecho de estar ocultos. Los pobladores los conocían como personas comunes y corrientes, sin sospechar la verdadera e importante misión que estaban llevando a cabo.  

La acción que el Baal Shem Tov propuso iba más allá: comenzar a enseñar a los judíos simples no sólo acerca del temor sincero al Cielo, sino también a introducir el amor a Di-s y el amor al prójimo judío.    

El asunto era que no se continuara enseñando como hasta ese momento una forma abstracta de “amor”, sino una forma activa, iniciando una campaña para que siempre que un judío se encuentre con otro, le pregunte acerca de su bienestar. La persona entonces le contestaría, por supuesto, “Gracias a Di-s”. Este intercambio, decía el Baal Shem Tov, habría de causar gran placer (najat ruaj) en lo alto, a causa de la demostración de amistad y amor entre los judíos, y por el hecho de haber recordado al Todopoderoso.  

El grupo aceptó su propuesta. Uno de los tzadikim más ancianos, Rabí Meir, bendijo al Baal Shem Tov con las palabras: “que venga a él bendición”, תָּבוֹא עַלָיו בְּרָכָה, zozain gebench (en idish), porque Rabí Meir comprendió que ésta propuesta era de origen Divino, de los mundos superiores.  

Cuando los otros compañeros oyeron las palabras de Rabí Meir, se dieron cuenta que la Providencia Divina había hablado por su intermedio, porque era el año 1712, que en el calendario hebreo es תע”ב, las iniciales de las palabras de la bendición.    

Cuatro años más tarde, cuando el Baal Shem Tov ya tenía 18 años, fue elegido líder. Su primera instrucción fue que todos los miembros regresaran a sus casas y vivan entre los judíos en sus pueblos y villas y trabajen en la enseñanza de niños pequeños, cosa que por supuesto él mismo hizo también.    

El Baal Shem Tov, que trabajaba en la ciudad de Iazlovitch, reunía cada día bajo su cuidado a los pequeños niños, recogiéndolos en sus casas y acompañándolos a la escuela, el jeider. En el camino le contaba historias sobre Moshé Rabeinu y repasaba las lecciones que estudiaban con sus morim (maestros). Al final del día, regresaba a los niños a su casa y se quedaba con cada uno hasta que estuviera listo para ir a dormir y recitara la plegaria del Shema de la noche. Hacía todo esto irradiando gran alegría y cantando alegres melodías. Esta fue su segunda campaña, que siguió a la primera a la edad de 14 años.    

-Comentario del Rabino Ginsburgh-  

Antes del Baal Shem Tov, los tzadikim ocultos estaban desperdigados y no tenían un plan de acción organizado. A partir de su ingreso, comenzaron una serie de campañas con un objetivo concreto. La esencia de la primera campaña era enseñar al pueblo cómo relacionarse con el otro, porque cuando uno se encuentra con otra persona en la calle no es por accidente, es por Providencia Divina, para que nos interesemos genuinamente en nuestro prójimo judío.  

Para profundizar en esto, nos referiremos a una mitzvá de la Torá que nos ordena no ignorar los objetos encontrados en los espacios públicos, a pesar de que pueda demandar un tremendo esfuerzo y tiempo devolverlos a sus verdaderos dueños que lo han extraviado. Al instruirnos que no ignoremos los objetos perdidos, un mandamiento llamado “hashavat aveidá”, la Torá nos da a entender que cuando nos ocurre el “accidente” de encontrar algo perdido es un ejemplo de la Providencia personal que el Todopoderoso exhibe en las vidas de cada uno de nosotros. Similarmente, al “encontrar” en la calle a un judío “perdido”, está prohibido ignorarlo como persona y a sus necesidades físicas o espirituales. Cuando dos personas se encuentran en el camino, es una oportunidad de oro para ayudar al otro a “recuperar” parte de su ser.  

-¿Cómo puede ser esto?-  

En el Cantar de los Cantares, el rey Salomón nos relata el pesar de la novia que ha “perdido” a su amado, y su confianza en que lo encontrará “afuera”  (אֶמְצָאֲךָ בַחוּץ), “te encontraré afuera”. Esta novia que “perdió” a su amado simboliza el estado existencial de la persona que perdió su conexión con el Todopoderoso (su “Amado”). Explica jasidut que la noción de que Di-s puede ser encontrado “adentro”, o sea “en mi interior”, es aplicable sólo a los tzadikim, a las personas justas y santas que no perdieron su conexión con su Creador. Pero para un baal teshuvá, para quien su conexión con el Todopoderoso ha sido cercenada, tanto por su procedencia de ambientes no religiosos o por su conducta impropia, encontrar a Di-s requiere salir “afuera”, salir fuera de su propio ser.  

Es verdad en general tanto para un tzadik como para un baal teshuvá, que para experimentar realmente la Providencia Divina debe abandonar su espacio privado, el ámbito intimo en que se siente seguro y protegido. Indudablemente, cuando uno viaja se topa con la acción evidente e impresionante de la Providencia Divina.  

Jasidut explica que en nuestros tiempos cada judío debe esforzarse por encontrar al Todopoderoso tanto “afuera” como “adentro”. La idea es que para poder rectificarme necesito conectarme con otras personas; así como no puedo vivir solo, tampoco puedo rectificarme por mi mismo. En nuestra generación, como nos enseño el Rebe de Lubavitch, incluso las mujeres deben salir al exterior para poder participar en el acercamiento de los judíos a su pueblo, a la Torá y al Todopoderoso.  

Esto es así porque todo el pueblo judío es como un gran organismo.  

La cabala explica que nuestra rectificación está vinculada directamente con nuestras posesiones. Jasidut elabora este concepto y aclara que no significa necesariamente que sean “posesiones materiales”, sino que, más bien, posesiones son aquellas cosas que se desarrollan y se conectan con nuestra conciencia.  

De la misma manera que no se puede adquirir posesiones materiales estando encerrado en un cuarto, se debe tener algún contacto con los demás, porque si no se sale al mundo no se puede tomar posesión de las “posesiones” espirituales, y por lo tanto quedan perdidas, diseminadas dentro de la conciencia.  

Esto proviene de lo que nos enseñaron nuestros sabios. Por ejemplo, que la pobreza y la riqueza son una medida del grado de conciencia y percepción de la persona, es decir, de su conexión con el Todopoderoso y su sensibilidad a la presencia y la acción de la Providencia Divina.  

Puede suceder que otro judío posea una chispa de conciencia que uno necesita para su desarrollo espiritual y que sea realmente la parte más esencial de nuestro ser que se encuentra fuera de nosotros. Ese ser la transporta y simplemente está esperando para mostrársela su verdadero propietario.  

Cuando uno sale y se encuentra con otro judío, la Providencia Divina ha orquestado las cosas de tal manera que esa persona en particular siempre lleva dentro de si la chispa que nosotros necesitamos. Al decirle “hola” estamos catalizando la conexión entre las almas y activando una experiencia de la Divina Providencia.  

Al tener estas experiencias tan cotidianas, debemos saber que esa chispa que ese judío está transportando para ti, es por cierto parte de tu rectificación personal desde la creación del mundo. Este elemento te pertenece y de hecho se supone que forma parte del camino a tu conocimiento de Di-s. Si das vuelta la cabeza y la ignoras, estás perdiendo algo que puede ser único en toda una vida (o muchas vidas) de experiencia.  

Todo esto ocurre a nivel conciente y revelado. La continuación de la explicación de esta historia es lo que sucede paralelamente a nivel supra conciente: El Milagro de Dar “Gracias a Di-s”  

Para poder ser capaz de devolver un objeto perdido, o en nuestro caso,  poder devolver una “chispa de conciencia”, una persona debe experimentar dos dinámicas psicológicas.  

La primera es estar interesado genuinamente en los demás. Esto no es lo mismo que tener buenos modales, que sólo requiere preguntarle a la gente “cómo está”. Significa estar preocupado verdaderamente acerca de su situación. El Alter Rebe enseñaba a sus discípulos a sentir que eran una sola familia, viviendo de acuerdo a la Torá con amor mutuo.  

La segunda es que uno debe estar deseando ingresar al mundo del prójimo y ser una parte activa en sus dificultades y alegrías.  

Por cierto, antes de que le preguntes “¿cómo estás?”, la persona a la que te enfrentas no está percatada aún de su propio estado. No debes sentir que es una pregunta vacía, temiendo por lo que tendrías que hacer para ayudar a la persona si la respuesta fuera negativa. Cada uno debe saber que está potencialmente en su poder ayudar al prójimo a curar sus heridas, cada uno de nosotros es un doctor potencial.  

Pero no puedes curar una herida que no se ve. (Esta también es la idea detrás del psicoanálisis, que alivia los problemas al exteriorizarlos en palabras, como el versículo: “Cuando una persona siente temor en su corazón, debe decirlo con palabras”.) Para poder curar algo que esta reprimido primero debe salir a la luz.  

Normalmente, cuando le preguntamos a un amigo “¿cómo estás?” tu intención debe ser hacerle ver qué amoroso y bueno ha sido para con él el Todopoderoso. La simple respuesta “gracias a Di-s” por si misma, puede revelarle una comprensión profunda de su situación y que en realidad está pleno del amor y las bondades de Di-s.  

Sin embargo, si ves que una persona no está conciente de las cosas por las que deberías estar agradecido a Di-s, entonces está en ti interceder para su beneficio. Cuando una persona no responde de forma significativa, positiva, es porque está experimentando frustración y dificultades, es tu deber ayudarlo a abrirse y escucharlo. Tu tarea es entonces revelar la presencia del Todopoderoso, el verdadero “gracias a Di-s” que está presente incluso en sus problemas y dificultades.  

Explican los sabios que muchas veces el Todopoderoso obra milagros de tal manera que la persona que se beneficia de ellos no puede reconocer de dónde provienen. Pero aunque él no los pueda reconocer, tú sí!! Hacer una simple pregunta puede ser todo lo que se necesita para encender su percepción de la bondad que ha recibido.  

Por supuesto, puede ser que la respuesta sea negativa. Si ese es el caso, entonces es un signo claro de que ahora depende de ti ejercitar la segunda dinámica, que es la de involucrarte verdaderamente en sus problemas.  

El primer paso para hacer esto es ayudar a la persona a comprender que todo proviene sólo del Todopoderoso, las cosas buenas y las dificultades. Que simplemente sea capaz de entender que, por ejemplo, no tener suficiente dinero para pagar las cuentas es algo que proviene de Di-s, ya resuelve la mitad del problema porque, una vez más, la razón principal para que lo hayas encontrado es transferirle la percepción y la conciencia de la Providencia de Di-s. Una vez que se ha logrado esto la persona es “rica” de nuevo y los problemas se vuelven más fáciles de resolver.  

TRAER A DIOS “ABAJO”  

¿Cómo se relaciona todo esto con el versículo que es el título de esta historia?  

Mientras no nos percatemos de la Providencia y la Presencia del Todopoderoso, lo imaginamos como algo trascendente, o sea desconectado y apartado de nuestras vidas. ¿Cuál es el camino para hacer que Di-s sea inmanente para otro judío? ¿Cómo podemos ayudar a cada judío a experimentar palpablemente la Presencia del Todopoderoso en sus vidas?      

La respuesta la brinda el versículo: “Aquel reposa en las alabanzas de Israel”.  

“Las alabanzas de Israel” se refiere a la simple frase “gracias a Di-s” que damos cuando nos preguntan como estamos. Cuando un judío agradece a Di-s, el Todopoderoso “desciende” para posarse –es decir, revelar Su presencia- en la realidad de la persona, experimentando el entendimiento claro y la comprensión de que su alma esta arraigada en el Todopoderoso.  

EL BAAL SHEM TOV EN ACCION  

Para ilustrar todo lo que se dijo, vamos a relatar otra historia, traída esta vez por el Friedeger Rebe (el Rebe anterior de Jabad): Un día el Baal Shem Tov llegó a un pueblo donde vivía un judío muy anciano que se sentaba y estudiaba Torá todo el día en soledad. Hacía esto por más de cincuenta años, sentándose solo en su cuarto envuelto en su talit y con sus tefilin puestos, ayunando además durante las horas del día. Sólo luego de la plegaria de la noche probaba una hogaza de pan mojada en agua.  

El Baal Shem Tov entró a su cuarto y le preguntó “como estás”, ¿tienes suficiente para comer? ¿Dispones de medios de vida aceptables? El anciano estudioso lo ignoró. El tzadik le repitió las preguntas varias veces hasta que el anciano hizo un gesto como ordenándole al molesto pueblerino que dejara de molestarlo y saliera de la casa.  

Viendo que era ignorado, el Baal Shem Tov le pregunto: “Rebe,
¿por qué no le das al Todopoderoso Su sustento diario?”, utilizando el término rabínico “Como Si Fuera”, para referirse a Di-s. Al escuchar esta terminología utilizada por un simple paisano, el gran anciano se sintió confundido,
¿cómo podía ser que una persona tan simple utilice un lenguaje tan culto?  

El Baal Shem Tov sintió su confusión y le explicó: “El judío ‘reposa’ en el sustento que le dá el Todopoderoso, pero ¿con qué sustento se mantiene el Todopoderoso?”  

El Baal Shem Tov continuó: “el rey David nos dice en los Salmos: ‘Tu eres santo’ y
¿con qué sustento te ‘mantienes?’ –’con las alabanzas de Israel’. ‘Como Si Fuera’ reposa sobre las alabanzas que el pueblo judío le da por los regalos de alimento y salud que El les da. Y como retribución por estos agradecimientos, el Todopoderoso les da hijos, vida y alimentos, todo en abundancia”.

Según tomado de, http://www.galeinai.org/GalEinaiv1/2018/07/02/aquel-que-reposa-en-las-alabanzas-de-israel/

Sitio bíblico vinculado al Arca de la Alianza desenterrado en un convento en el centro de Israel

Una plataforma masiva de hechura humana del siglo VIII AEC. descubierta en un convento católico en el centro de Israel puede haber servido como un antiguo santuario del Arca de la Alianza, dijo el arqueólogo de la Universidad de Tel Aviv, Israel Finkelstein. Desenterrada en Kiriath-Jearim, el santuario ofrece una nueva perspectiva potencial de las maquinaciones políticas de los reinos de hermanos de Judá e Israel.

Los restos del monumental podio elevado se han desenterrado en una colina de Judea que durante mucho tiempo ha sido asociada con la ubicación del Kiriat-Jearim bíblico. Según la Biblia hebrea, el lugar era la casa por 20 años de la legendaria Arca de la Alianza hasta que fue tomada por el rey David y desfiló a Jerusalem.

Sin embargo, la expedición conjunta de la Universidad de Tel Aviv y el College de France no está en el camino de la esquiva arca. De hecho, Finkelstein, el codirector de la excavación, no cree que el Arca de la Alianza existiera.

Más bien, está en busca de pruebas físicas de hace casi tres milenios de la situación geopolítica en la ciudad fronteriza, ubicada entre los dos reinos monoteístas.

La gran plataforma elevada, cree Finkelstein, fue construida por el reino del norte como un santuario de la historia bíblica del arca.

“Las excavaciones en Kiriath-Jearim arrojaron luz sobre la fuerza de Israel (el Reino del Norte) a principios del siglo VIII, incluida, posiblemente, la dominación de Judá”, dijo Finkelstein a The Times of Israel. “También iluminan un tema importante en la Biblia: el Arca y su historia”.

Una vista aérea del Área C, una amplia terraza en la ladera oriental más baja, al final de la temporada 2017, mirando hacia el norte. (Shmunis Family Excavations at Kiriath-Jearim)

Junto a unos 50 estudiantes voluntarios, en el verano de 2017, Finkelstein y los codirectores Thomas Römer y Christophe Nicolle iniciaron las excavaciones de la familia Shmunis en Kiriath-Jearim, en los terrenos privados de un convento católico situado cerca de la aldea central árabe-israelí de Abu Ghosh.

En 1995-96, hubo una pequeña excavación de rescate encabezada por Gabriel Barkay antes de la construcción del convento en la colina. Hubo investigaciones adicionales realizadas allí por Amir Feldstein en la década de 1980, y Boaz Zissu y Chris McKinny en 2013.

“Los estudios anteriores, tanto la excavación de rescate como las encuestas, trazaron una imagen similar de la historia de asentamiento del sitio, pero no se ha descubierto ningún hallazgo importante”, dijo Finkelstein.

Es decir, hasta el reciente descubrimiento de una plataforma masiva hecha por el hombre que cambió el juego. El podio rectangular elevado, según informan los arqueólogos, se pudo haber construido para que tenga un tamaño de alrededor de 150-110 m y cubra un área de aproximadamente 1,65 hectáreas. Creada con paredes típicas de la Edad del Hierro, de 3 m de ancho y que aún se mantienen en pie 2 m, está orientada exactamente de norte a sur y de este a oeste.

Arqueólogo israelí, el profesor Israel Finkelstein. (Argonauter, CC-BY-SA, a través de wikipedia)
Arqueólogo israelí, el profesor Israel Finkelstein. (Argonauter, CC-BY-SA, a través de wikipedia)

Es una rareza en el reino de Judá que, según la Biblia, una vez gobernó Kiriat-Jearim.

Finkelstein y sus co-directores creen que la plataforma pudo haber sido un santuario construido por el Reino del Norte en conmemoración de la historia del Arca de la Alianza, una narrativa convincente que habla de una tradición compartida con el reino de Judá.

¿Podría ser también una indicación de la lucha de poder en la región durante el siglo VIII AEC.?

“Una afiliación al norte del sitio a principios del siglo VIII no es tan sorprendente, debido a la dominación de Israel sobre Judá en ese momento y como la Narrativa del Arca en los Libros de Samuel parece ser de origen del Norte”, dijo Finkelstein.

Según el informe preliminar de la excavación del equipo, “El objetivo probablemente era legitimar a Kiriath-Jearim como el nuevo santuario del Arca. En consecuencia, en el caso de una afiliación al Reino del Norte, la plataforma elevada se construyó para dar cabida a una administración israelita compuesta, incluido un templo, destinado a dominar el reino vasallo de Judá”.

Una colina con una vista

La moderna Kiriath-Jearim está rodeada por Abu Ghosh, un pueblo árabe-israelí famoso por su gran cantidad de tiendas de humus especializadas. Hoy en día también se la conoce como Telz-Stone, por las raíces europeas de la comunidad ultraortodoxa que reside allí. Ubicada a menos de un kilómetro al norte de la autopista Tel Aviv-Jerusalem, la cima de la colina sobre la que se asienta el convento se encuentra estratégicamente ubicada.

De acuerdo con el reciente informe preliminar “Excavaciones en Kiriath-Jearim cerca de Jerusalem, 2017”, que se publicó en 2018 en la revista anual Semitica Journal, la cima de la colina “domina una vista panorámica de grandes extensiones de la llanura costera y la costa mediterránea” (de Jaffa a Ashkelon) en el Oeste, los vecindarios occidentales de la moderna Jerusalem en el Este y las montañas de Judea en el Sureste”.

Sitio bíblico vinculado al Arca de la Alianza desenterrado en un convento en el centro de Israel
Una vista aérea del Área C, una amplia terraza en la ladera oriental más baja, al final de la temporada 2017, mirando hacia el norte. (Shmunis Family Excavations en Kiriath-jearim)

Hoy en día, la colina está dividida en laderas con terrazas salpicadas de olivos, que proporcionan un relieve siempre verde a la construcción de piedra del antiguo convento de 1906, un albergue un poco más tarde, y la Iglesia de Nuestra Señora del Arca de la Alianza de 1924.

La excavación arqueológica se encuentra inusualmente en una propiedad privada de la iglesia bajo la protección del gobierno francés, una situación derivada de un acuerdo de 1949 con el Estado incipiente de Israel. Hoy en día, el sitio sirve como el Convento del Arca de la Alianza, que cubre la cima de la colina y está ocupado por las Hermanas de San José de la Aparición.

No hay posibilidad de excavar la cumbre, una ubicación estratégica importante en el mundo antiguo. “Primero, no podemos perturbar la paz del convento; segundo, la cumbre probablemente está erosionada; tercero, fue construido por un gran monasterio en el período bizantino”, enumeró Finkelstein.

Incluso con la construcción de la iglesia, es algo sorprendente que un sitio bíblico tan importante aún no haya sido excavado. “Quizás esto tenga que ver con el hecho de que es una propiedad privada; ciertamente, uno puede entender el deseo de las monjas de no ser molestadas. Ahora, con el Colegio de Francia involucrado, fue más fácil obtener la luz verde del convento”, dijo Finkelstein.

Desde las etapas iniciales de planificación, el equipo ha trabajado en estrecha colaboración con las monjas para encontrar los lugares apropiados entre las estructuras del compuesto. “La interacción con las monjas es cordial y amigable”, dijo Finkelstein.

Al final de la excavación, las hermanas se enfrentarán con la decisión de abrir el sitio a los turistas. Dijo que las monjas han sido muy complacientes, pero a medida que se acumulan los descubrimientos, están cada vez más preocupados por su tranquilidad.

Ilustración de la Biblia Morgan de David del siglo XIII que lleva el Arca a Jerusalem (2 Samuel 6). (dominio público a través de wikipedia)
Ilustración de la Biblia Morgan de David del siglo XIII que lleva el Arca a Jerusalem (2 Samuel 6). (dominio público a través de wikipedia)

Acertadamente: el análisis de los artefactos desenterrados hasta ahora deja pocas dudas de que este es el sitio bíblico de Kiriath-Jearim. El nombre se menciona en varios libros de la Biblia hebrea, incluida una historia detallada en I Crónicas 13, 5-8, en la que el rey David transporta jubilosamente el arca a Jerusalem.

“Y subió David, y todo Israel, a Baalah, es decir, a Quiriat-Jearim, que pertenecía a Judá, para traer de allí el Arca de D’os… David y todos los israelitas jugaron, celebrando con todas sus fuerzas ante D’os, con canciones y con arpas, liras, címbalos y trompetas”, reza la narración.

Otros textos históricos, incluido el antiguo directorio de nombres, el “Onomasticon” de Eusebio de Cesarea, un historiador de la Iglesia del siglo III-IV y consejero de Constantino el Grande, también indican que este lugar es el sitio bíblico.

Del mismo modo, los arqueólogos señalan que el nombre árabe del sitio, Deir el-Azar, “parece ser una corrupción de ‘El Monasterio de Eleazar’, probablemente el nombre del monasterio bizantino, que conmemora el nombre del sacerdote que estaba en a cargo del Arca cuando se mantuvo en Kiriathjearim (1 Sam 7: 1)”.

Tecnología para sondear las profundidades antiguas

Para localizar el lugar de excavación más probable entre los edificios del complejo, el equipo consultó imágenes de la investigación aérea bávara de la Primera Guerra Mundial, así como imágenes aéreas modernas, y creó una ortofoto de alta tecnología utilizando un dron y un modelo de elevación digital.

“Los métodos de alta tecnología nos ayudaron a visualizar la topografía antigua y localizar las líneas de las terrazas principales. Así que estos métodos ayudaron a dictar los campos de excavaciones, que de hecho demostraron ser altamente exitosos”, dijo Finkelstein.

Vista aérea del sitio, tomada por la fuerza aérea bávara en 1918, mirando hacia el norte. Tenga en cuenta las grandes terrazas occidentales y orientales. El edificio moderno es la antigua casa del convento; al Norte se encuentran los cimientos del sector norte del albergue (la iglesia aún no se construyó). (Cortesía de las Excavaciones de la Familia Shmunis en Kiriath-Jearim)
Vista aérea del sitio, tomada por la fuerza aérea bávara en 1918, mirando hacia el norte. Tenga en cuenta las grandes terrazas occidentales y orientales. El edificio moderno es la antigua casa del convento; al Norte se encuentran los cimientos del sector norte del albergue (la iglesia aún no se construyó). (Cortesía de las Excavaciones de la Familia Shmunis en Kiriath-Jearim)

Si bien el equipo ha desenterrado innumerables artefactos, el descubrimiento de los muros de la plataforma de la Edad del Hierro fue claramente su mayor éxito.

“De hecho, la existencia de estos muros, que soportaban una plataforma elevada de la Edad de Hierro, es el hallazgo más importante hasta ahora”, dijo Finkelstein.

Debido a las visualizaciones en 3-D del montículo, cuando finalmente se descubrió la evidencia de la plataforma, Finkelstein dijo: “Me sorprendió y no. Sorprendidos, porque este tipo de podios elevados se conoce principalmente en el Reino del Norte (Israel) y aquí estamos en su límite más al sur. No me sorprende, porque al mirar la topografía y la ortofoto sospeché la existencia de una plataforma elevada en la cima”.

La plataforma, una hazaña arquitectónica monumental, obliga a la pregunta de ¿quién la construyó? ¿Qué personas habrían tenido la capacidad de construirla en la época sugerida por la datación de la cerámica y la apariencia de las paredes? En un giro adicional, existe la escasez de hallazgos culturalmente tipificantes. “No hay nada en la cultura material, a excepción del podio, para hacer alusión al norte”, dijo Finkelstein.

Frustrados, los científicos encargaron la datación de luminiscencia estimulada óptica de alta tecnología (OSL), que sugería el período de la Edad de Hierro IIB, o alrededor del siglo VIII a.

Modelo digital de elevación del montículo de Kiriath-Jearim. (Excavaciones de la familia Shmunis en Kiriath-Jearim)
Modelo digital de elevación del montículo de Kiriath-Jearim. (Excavaciones de la familia Shmunis en Kiriath-Jearim)

“Teniendo en cuenta la monumentalidad de este esfuerzo, y el hecho de que no se conocen plataformas elevadas de este tipo en Judá, hay dos posibilidades dentro de la Edad de Hierro IIB: una empresa asiria después del 720 AEC, o una construcción del Norte de Israel antes del 732 AEC, de hecho, antes del comienzo del declive del reino en 747 AEC.”, escriben los arqueólogos en su informe.

Según los arqueólogos, otras plataformas similares eran bien conocidas en el Reino del Norte durante la ventana de tiempo sugerida, incluso en la capital, Samaria. Por lo general, consistían en muros de apoyo masivos con rellenos de tierra que crean una colina artificial.

Los restos de cerámica cerca del muro se remontan a la Edad de Hierro IIB (900-700 BCE), dijeron los arqueólogos y el momento de la construcción también podrían apuntar hacia el reino del norte: “Israel podría haber construido una plataforma elevada en Kiriath-Jearim siguiendo la subyugación de Judá por Joás”, como se señala en 2 Reyes 14: 11-13. “En consecuencia, los días de Jeroboam II (788-747 AEC), a mediados del siglo octavo, se ajustan tanto a la OSL como a los datos cerámicos”, escriben los autores.

Durante el curso de la excavación, y al comparar los hallazgos de las excavaciones anteriores más pequeñas, los arqueólogos discernieron el asentamiento intensificado y continuo en el siguiente período de la Edad de Hierro IIC (700-586 AEC), así como la reconstrucción de la plataforma. La reconstrucción adicional ocurrió en los últimos períodos helenísticos. “Este último puede estar asociado con los esfuerzos de fortificación emprendidos por los Seleucid General Bacchides”, sugieren los eruditos.

Una plataforma para gobernarlos a todos

La segunda temporada de excavaciones comenzará en agosto de 2019 con un equipo igualmente grande de profesionales y voluntarios. “Esta vez también planeamos poner el énfasis principal en las grandes paredes que soportan la plataforma elevada”, dijo Finkelstein.

Finkelstein, para quien el Arca de la Alianza es una leyenda, no un hecho, dijo que no hay evidencia física en Kiriath-Jearim de que el arca haya residido históricamente en el sitio, ni espera encontrar ninguna. Pero porque la leyenda fue propagada es de interés para el equipo.

En Kiriath-Jearim, excavación de un conjunto de terrazas a lo largo de la pendiente sureste del montículo. (Excavaciones de la familia Shmunis en Kiriath-Jearim)
En Kiriath-Jearim, excavación de un conjunto de terrazas a lo largo de la pendiente sureste del montículo. (Excavaciones de la familia Shmunis en Kiriath-Jearim)

“Por qué se introdujo la narrativa del Arca del Norte en la Biblia es una muy buena pregunta. Es una de una serie de tradiciones del norte que se abrieron camino hacia el sur. Quizás la idea era explicar cómo el arca encontró su camino a Jerusalem”, dijo.

La gran plataforma en Kiriath-Jearim habría sido multifuncional, tanto como un santuario como un centro de gobierno, dijo.

“Creo que la historia del Arca… sirvió a la ideología del Reino del Norte en la época de Jeroboam II, así como a las necesidades territoriales reales que surgieron de la dominación sobre Judá”, sugirió Finkelstein. “Sospecho que este santuario del arca era parte de una ideología de Israel Unida (gobernada desde Samaria), el precursor del concepto posterior de la Monarquía Unida Judía”, dijo.

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Las lunas de sangre en la Historia Judía

Por Yojanan Sarmiento

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¡Las cuatro lunas de sangre se producirán en las principales fiestas judías! La primera luna de sangre se produjo en Pésaj (la Pascua) de 2014, la siguiente fue el 8 de octubre coincidió con la festividad de Sucot 2014, luego de nuevo en Pésaj (La Pascua) de 2015 y luego de nuevo ocurrirá en Sucot 2015. ¡Esto ha ocurrido sólo ocho veces en toda la historia!


¡Y aún hay más! Los principales acontecimientos de importancia para el pueblo judío ocurrieron precisamente en los tiempos registrados para la ocurrencia de estas lunas de sangre. Estamos hablando de acontecimientos que cambiaron el curso y la dirección de la historia judía de todos los tiempos.

Una luna de sangre coincidió con la Guerra de los Seis Días en 1967, cuando Israel liberó a Jerusalén; los judíos fueron capaces de regresar a Jerusalén, después de 2000 años de exilio. Lamentablemente, La sangre de muchos judíos fue derramada durante esta guerra.

También hubo una luna de sangre en la víspera de la declaración de independencia de Israel en 1948, después de una guerra sangrienta que tuvo lugar pocos años después del Holocausto, cuando seis millones de Judíos fueron asesinados!

Y, por último, había una luna de sangre en 1493, cuando Tomás de Torquemada, el primer inquisidor español, comenzó la matanza Judíos. También en este caso, sangre judía se derramó.


¿Es la luna de la sangre una señal del cielo?
Los creyentes de todo el mundo de diversas religiones atribuyen el fenómeno de la luna de sangre a la enseñanza del profeta Joel, que había predicado:

“Pondré prodigios en el cielo y la tierra, sangre y fuego y columnas de humo; el sol se convertirá en tinieblas y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de Dios “(Joel 3: 3).

Inspirado por las palabras finales del profeta Joel, algunos están sugiriendo que las lunas de sangre son una señal de Dios de que estamos un paso más cerca de la venida del Mesías. ¿Hay algo tormentoso o milagroso que va a suceder durante el transcurso de la próxima serie de lunas de sangre? Nadie sabe a ciencia cierta. Pero tal vez las palabras del Talmud nos pueden dar una idea de cómo debemos relacionarnos con todas las posibilidades y especulaciones:

“Cuando los Judíos realizan la voluntad de Dios, no necesitan preocuparse de presagios [o fenómeno celestes]. Así dice el Eterno ‘No te asustes por los signos de los cielos.’ “(Talmud Sucá 29a)

Según tomado de, https://diariojudio.com/noticias/las-lunas-de-sangre-en-la-historia-judia/287228/