El poder del replanteamiento

por Mendel Kalmenson

Después de completar su educación en Montreal, R. Mendel Lipskar fue a estudiar a la yeshivá de Jabad en Nueva York. Como era costumbre, cuando cumplíean año, los estudiantes tenían una audiencia corta con el Rebe; el Rebe ofrecía una bendición y el alumno podía pedir orientación.

Ese año, Mendel estaba teniendo dificultades con su compañero de estudio: no podían dejar de discutir. Lo que él decía, su compañero lo contradecía; fuera lo que fuera lo que su compañero dijera, Mendel lo contradecía. Cuando llegó su cumpleaños y habló con el Rebe, Mendel expresó su frustración con la situación: “Rebe, debe haber algo mal conmigo. Me encuentro discutiendo constantemente con mi compañero de estudio…” Luego pidió orientación a este respecto.

El Rabino Lipskar recordó:1

“El Rebe me dijo: ‘Parece que tienes un don para pilpul’. Por pilpul, se refería a la capacidad de participar en un debate crítico talmúdico en un intento de aclarar el significado de los textos difíciles. Me animó a perfeccionar este método. Y de repente, una situación que parecía ser bastante negativa apareció ante mí como una gran oportunidad para la superación personal.

Después de eso, cuando estudié con mi compañero, tuve un sentido completamente diferente de lo que se trataba nuestro argumento. Era algo positivo: discutíamos porque no estábamos satisfechos con una lectura superficial del texto; ¡cada uno quería encontrar un significado más profundo!”

Este es un ejemplo clásico de lo que los terapeutas y entrenadores llaman “replanteamiento”, una técnica utilizada para ayudar a las personas a ver una situación, persona o relación particular, desde una perspectiva diferente. También conocida como “reestructuración cognitiva”, la idea es que el punto de vista de una persona depende del marco a través del cual se ve, y define el enfoque y los límites de su alcance. Cuando se cambia ese marco, el significado cambia, y el pensamiento y el comportamiento de la persona a menudo también cambian.

Como se evidencia en su respuesta a la queja del estudiante de yeshivá, el Rebe era un maestro de la redefinición redentora. A través de un breve encuentro o incluso una sola palabra, el Rebe podía replantear una visión del mundo, una relación, un evento o un camino de vida.

Las historias de tales cambios espontáneos profundos de perspectiva en el diálogo con el Rebe proporcionan un marco revelador que muestra su sesgo de positividad en el trabajo en tiempo real.

Conejilla de Indias o pionera

Cuando Sheindel Itkin tenía 14 años, se abrió una nueva escuela secundaria avanzada para niñas Lubavitch en el vecindario, a la que su padre la animó a asistir. Afirmando voluntariamente su independencia y no queriendo sentirse como un “bicho de prueba” para el nuevo programa, Sheindel se negó rotundamente, deseando en cambio asistir a la escuela más consolidada en el distrito. Desilusionado, su padre le instó a escribir una carta al Rebe pidiéndole información y guía.

De hecho, Sheindel escribió una carta audaz al Rebe, que concluyó con las siguientes palabras provocativas: “No quiero ser un conejillo de Indias”.

Reflexionando sobre esto años más tarde, ella admitió: “Tal vez fue un poco inapropiado escribir esto, tal vez no tenía derecho a hacerlo. Pero yo era una adolescente y mi pensamiento era muy independiente. Y estaba muy firme sobre no ir [a la nueva escuela]”.

Unos días después, Sheindel recibió una respuesta del Rebe que cambió por completo su perspectiva. Su carta original le había sido devuelta, con una ligera modificación, hecha de la mano del Rebe. El Rebe simplemente tachó el término “conejillo de Indias” y, en su lugar, escribió “jalutza”, que significa “pionera”.

“¿Jalutza? ¿Me estás diciendo que sea una pionera? ¡Subiré a la montaña, cruzaré el río, haré cualquier cosa!”

“El Rebe sabía cómo llegar a una adolescente con una sola palabra. Una palabra simple que entendía la esencia de quién era yo. Mi necesidad de ser única, ser especial, ser diferente y forjar nuevos caminos… Entonces, por supuesto, fui a la [nueva] escuela secundaria. Éramos la clase “pionera”.2

Después de ese año inaugural, Sheindel mantuvo una participación de por vida en la Escuela Secundaria Beis Rivka en Crown Heights, y actualmente se desempeña como directora. El Rebe reformuló su situación y cambió el curso de toda su vida con una sola palabra.

Invierte en el futuro

Bobby Vogel, un hombre de negocios en Londres, jugó un papel decisivo en el establecimiento de una reconocida escuela secundaria para niños de Lubavitch. Durante la que iba a ser su última audiencia con el Rebe, Bobby expresó su remordimiento por no poder seguir manteniendo financieramente la escuela. La carga, dijo, estaba en su mayor parte descansando sobre sus hombros, y se sentía demasiado para una persona.

El Rebe sonrió y dijo: “Te hablaré en el idioma de un hombre de negocios. Imagina que tratas con diamantes. Si tuvieras una bolsa llena de diamantes y colocara algunos diamantes azul-blancos adicionales, ¿te quejarías?

El Rebe concluyó cálidamente: “Estás llevando diamantes. Nunca los dejes; sigue”.3

En esta metáfora aparentemente simple, el Rebe volvió el marco de Bobby al revés. Lo que inicialmente se percibió como una carga se reveló como una bendición. Cada estudiante es una gema preciosa para ser pulida y preparada para una vida que ilumine y enriquezca su entorno. Desde esta perspectiva, la educación de un niño no es una obligación costosa sino una oportunidad de oro.

Como resultado duradero del “replanteamiento” del Rebe, Bobby continuó su apoyo financiero a múltiples escuelas y proyectos educativos durante los próximos 40 años.

Ciudadano de segunda

Un joven estudiante de yeshivá que, a pesar de sus mejores esfuerzos, solo era académicamente promedio, se sintió mal por no lograr el nivel de excelencia escolar al que aspiraba en función de las expectativas de su familia y su comunidad.

Esto hizo que cayera en una depresión. Cuando uno de sus compañeros le preguntó qué sucedió, explicó que había ido al rosh yeshivá, el decano, para hablar sobre sus sentimientos de insuficiencia, fracaso y temor de que nunca alcanzaría el renombre por la Torá que tanto esperaba.

Tratando de consolarlo, el rosh yeshivá le explicó que incluso si él nunca llegaba a convertirse en un erudito o maestro de la Torá, siempre podría dedicarse a los negocios y usar su éxito para apoyar a otros académicos e instituciones de la Torá.

Aunque bien intencionadas, estas “palabras de consuelo” hicieron que el joven estudiante cayera aún más en la desesperación. Había sido criado con la creencia de que el mayor logro posible era ser un gran erudito de la Torá. Ahora le decían que esta aspiración y sueño de la infancia estaban más allá de sus habilidades, y que a lo sumo podía apoyar los logros de los demás.

El amigo con quien se había desahogado le aconsejó que escribiera una carta al Rebe para expresar sus amargos sentimientos, lo cual hizo.

El Rebe le respondió lo siguiente:

“Hay una Mishná que articula claramente la declaración de la misión de la existencia humana: ‘Fui creado para servir a mi Creador’”.4

Según esta enseñanza simple pero profunda, el objetivo de toda la existencia humana, nuestra razón de ser, es servir a Di-s. Existen numerosas vías para hacerlo. Una de ellas es el estudio de la Torá, pero otro, igual de importante, es el apoyo del estudio de la Torá.

Algunas personalidades y habilidades son adecuadas para un camino en particular, y otras son más adecuadas para otro camino, pero el objetivo final para todos los seres humanos es el mismo, sin importar el camino.

Nuestras habilidades únicas son la forma en que Di-s nos enseña qué camino hacia ese objetivo universal es el adecuado para nosotros.

La carta del Rebe reformuló por completo la comprensión del joven estudiante del propósito de su vida y redirigió sus aspiraciones y ambiciones.5

Como resultado, su espíritu se levantó y su sentido de dignidad y propósito fueron restaurados. En la explicación del Rebe, no es que haya ciudadanos de primera clase (es decir, académicos de la Torá) y ciudadanos de segunda clase (personas de negocios y laicos) que sirven y apoyan a los ciudadanos de primera clase. Ni el erudito ni el que lo apoya son superiores ni inferiores. Simplemente tienen diferentes formas de lograr el mismo objetivo, que es el servicio a Di-s. En todos tus sentidos, reconoce a Di-s, y Él dirigirá tus caminos.6

Arar es parte del proceso

Cuando R. Avrohom Glick comenzó a enseñar en la escuela diurna de la yeshivá de Jabad en Melbourne, coordinó varias actividades juveniles. Después de tres años, su papel se volvió más administrativo como coordinador de Estudios Judíos. Una parte importante de su día ahora se dedicaba a disciplinar a los estudiantes que le enviaban desde la sala de estudio. Según el rabino Glick: “Comencé a sentir que no estaba usando mi tiempo de la manera más productiva. En lugar de ser un educador, me había convertido en policía”.

En su próximo viaje a los Estados Unidos, mientras se reunía con el Rebe, el rabino Glick mencionó estos sentimientos negativos sobre su papel actual. Sin perder tiempo, el Rebe respondió:

Arar es una de las treinta y nueve categorías de trabajo que están prohibidas en Shabat. Esto, sin embargo, plantea una pregunta. La regla general es que una actividad que es destructiva no se considera “trabajo” y no está prohibida por la Torá. Arar un campo, que implica romper la tierra, parece ser un acto destructivo y, por lo tanto, no debe prohibirse en Shabat.

La respuesta es que arar es un requisito previo esencial para plantar. Las semillas no crecerán si el suelo no está preparado adecuadamente. Y si las semillas no crecen, no habrá trigo y, a su vez, no habrá pan. La disciplina en la escuela funciona de la misma manera. Es un prerrequisito necesario para la enseñanza, y sin ella, el aprendizaje adecuado no puede tener lugar. No estás malgastando tu tiempo en mantener la disciplina. Lejos de eso, ya que en realidad estás facilitando la enseñanza y el aprendizaje reales.7

Este replanteamiento reorientó la visión del rabino Glick sobre el ángulo completo del proceso educativo.8

En pocas palabras, el Rebe tranquilizó al Rabino Glick y al mismo tiempo le enseñó una profunda lección. Lo que podría parecer una tarea negativa cuando se mira de forma aislada, en realidad sirve a un fin positivo y a un propósito superior cuando se ve en el contexto extenso de un proceso más amplio.

¡Tal es el poder del replanteamiento!

Traducción: María Sánchez Varón

Traducción, corrección y estilo: Carlos Sánchez Corrales

NOTAS AL PIE

  1. http://www.myencounterblog.com/wp-content/uploads//2016/02/161.-Terumah-5776-Color.pdf

2. Como lo relató la Sra. Sheindel Teichtel.

3. http://www.chabad.org/1395114

4. Kidushín 82a.

5. Como lo relató el rabino Yoel Kahan.

6. Proverbios 3:6.

7. http://www.chabad.org/3752414

8. Además, las treinta y nueve categorías de trabajo prohibidas en Shabat se basan en los treinta y nueve tipos de trabajo empleados para construir el Mishkán, el Tabernáculo en el desierto. El Rebe estaba comparando la facilitación de la educación infantil con la construcción del Tabernáculo, el más alto honor.

Según tomado de, https://es.chabad.org/library/article_cdo/aid/4725840/jewish/Captulo-24-El-poder-del-replanteamiento.htm

Learning from Rabbi Adin Steinsaltz

by Dr. Ivette Alt Miller

Learning from Rabbi Adin Steinsaltz

A long-ago lecture by Rabbi Steinsaltz inspired me to tap into 4,000 years of Jewish wisdom.


I was in college, exploring Jewish classes and activities at Hillel. Someone said an eminent rabbi named Adin Steinzaltz was visiting campus – he was embarking on an ambitious project translating the Talmud into Hebrew, English and French. His interpretations were penetrating and insightful, they said, and his translation was a major addition to Jewish knowledge. Did I want to come along and hear him?

I wasn’t sure that any rabbi attempting to translate the Talmud would have much to say to me. I pictured him as dry and stern, concerned only with dusty old texts. What could he possibly have to say to me?

As the auditorium filled up, I saw that Rabbi Steinsaltz wore a black coat and skullcap and sported a long beard that was turning white – exactly as I’d pictured him. Surely he’d disapprove of me and the other non-religious students in the room. Suddenly, he turned to the blackboard behind him, picked up some chalk and began sketching. Was he writing some obscure formula or Hebrew text I wondered? He drew a smiling cartoon mouse, finishing the sketch with whiskers and turned to face his audience with a huge grin on his face and launched into his talk.

Turned out that Rabbi Steinsaltz understood our worldview very well. After all, he’d grown up in a non-religious family too, in Jerusalem, in the 1940s and 1950s. As a teenager, Rabbi Steinsaltz felt the tug of religion and asked his parents if he could study Jewish subjects with a local rabbi. They agreed and eventually Adin Steinsaltz was leading an Orthodox life. By the time he was 23 years old, he was a high school principal – the youngest in all of Israel. In 1965, when he was 38, he began his monumental translation of the Talmud.

For Rabbi Steinsaltz, responding to the pull of the Divine in our lives was akin to answering a great cosmic telephone, he told his rapt student audience.

In the Torah, Abraham, Jacob, Moses and Isaiah all hear God call out their names, and each of these towering figures replies in the same way: Hineni – “I’m here.” Rabbi Steinsaltz said, “The call goes everywhere, in every time, and never stops. But most people don’t hear it. When you hear the call you say, ‘Hineni – I’m here.’”

Rabbi Steinsaltz had a genius for making big ideas fun. That phone call he talked about – the pull of the Divine – is like someone in outer space looking for life in the universe. “Just imagine a person sitting on a star,” he said, “sending messages to other planets: he’s sending messages over and over. Now what will be the breakthrough point? The breakthrough point is when there is any answer. When at the end of nowhere, somebody answers.” That somebody can be each of us, if only we pay attention to the call of the Divine in our lives.

As I sat in that lecture hall, I realized I wanted to start making some decisions about my own life. I wanted to answer the call Rabbi Steinsaltz had described. I too wanted to say “I’m here”. I too wanted to build a life dedicated to making the world a better, more holy place. Rabbi Steinsaltz seemed so wise and kind – so happy – and I wanted to be able to use Jewish teachings to feel as confident and optimistic as well.

“Torah is the shared inheritance of all the Jewish people. We have a responsibility to share our common heritage with all Jews.”

Rabbi Steinsaltz often reiterated that “Torah is the shared inheritance of all the Jewish people. We have a responsibility to share our common heritage with all Jews.” I bought his books and read his wisdom. The thousands of pages he wrote are bursting with his unique style of humor, wisdom, encouragement and love.

Rabbi Stensaltz’s book The Essential Talmud first introduced me to the Talmud, describing its history and purpose. The last lines have always stayed in my mind: in a chapter called “The Talmud Has Never Been Completed,” he made the case that it’s up to us to continue studying the Talmud. He explained that even the most learned sages study the Talmud over and over, finding new knowledge each time. It helped give me the courage to begin studying Jewish texts.

His essays in Simple Words: Thinking About What Really Matters in Life (1999) has helped me cope with some of my most difficult decisions, applying Jewish wisdom to real world dilemmas. “(W)e may discover that God has always existed within us,” by thinking deeply about the words we use in our lives and what their deeper meanings are, Rabbi Steinsaltz wrote. Each challenge we face in life, no matter how hard, can help us improve and refine ourselves, uncovering our God-given purpose.

When I heard of Rabbi Steinsaltz’s death at the age of 83 this past Friday, August 7, 2020, I knew I would spend Shabbat rereading some of his books, and honoring his life by studying Torah in his memory. Rereading his works felt like hearing from a wise old friend, reminding me that I can achieve great things, bringing untold measures of holiness into the world if I only try to listen to that insistent, constant call of the Divine in the world. That message is his powerful legacy to us, the Jewish people.

As taken from, https://www.aish.com/jw/s/Learning-from-Rabbi-Adin-Steinsaltz.html?s=hp2

Los Genes Judíos

Los Genes Judíos
 por Rab Iaacov Kleiman

Esta investigación confirma la ascendencia y el origen geográfico común del mundo judío.


Una investigación publicada en el campo de la genética molecular – el estudio de las secuencias del ADN – indica que las poblaciones judías de las distintas comunidades de la diáspora no han perdido su identidad genética a lo largo de todo el exilio. A pesar de las enormes distancias geográficas entre las comunidades y el paso de miles de años, las alejadas comunidades comparten un perfil genético común. Esta investigación confirma la ascendencia y el origen geográfico común del mundo judío.

Los hombres judíos de comunidades que se desarrollaron en el Cercano Oriente – iraníes, iraquíes, kurdos y yemenitas – y los judíos europeos tienen perfiles genéticos muy similares, casi idénticos.

“A pesar de un largo período de residencia en diferentes países y un aislamiento entre las comunidades, la mayoría de las poblaciones judías, no son significativamente diferentes en un nivel genético. Los resultados, apoyan la hipótesis que plantea que el gen paterno de las comunidades de Europa, África del Norte y el Medio Oriente descienden de una antigua población común del Medio Oriente, y sugiere que la mayoría de las comunidades han permanecido relativamente aisladas de comunidades vecinas no judías durante y después del exilio” (M. F. Hammer, Academia Nacional de Ciencias, 9 de mayo del 2000).

La base de este nuevo campo de investigación de poblaciones es el estudio del cromosoma Y, que es transmitido, prácticamente sin cambio alguno, de padre a hijo. Las mutaciones raras – que son cambios en la porción no codificada de su ADN – pueden servir como señalizadores que pueden distinguir a las personas. Al estudiar las señales genéticas de varios grupos se pueden hacer comparaciones para determinar las relaciones genéticas entre estos.

La investigación del cromosoma Y del pueblo judío comenzó como resultado del estudio de los cohanim – la familia sacerdotal judía. Estos estudios mostraron una gran afinidad genética entre los cohanim de hoy en día – indicando que tienen un antepasado paterno común que vivió estimadamente hace 3000 años.

Esta investigación genética consiste en obtener muestras de ADN y hacer un análisis de laboratorio comparando los señalizadores de ADN en el cromosoma Y – que es transmitido de padre a hijo – y en el mtADN (ADN mitocondrial) – que es transmitido de madre a hijo. Esta antropología genética promete ser particularmente informativa para trazar la historia de las poblaciones judías y para ayudar a resolver el debate de los orígenes y emigraciones de las comunidades judías en la diáspora.

Los investigadores propusieron contestar a la siguiente pregunta: ¿Los grupos dispersos de judíos modernos son realmente los descendientes de los antiguos hebreos de la Biblia, o algunos grupos de judíos modernos son conversos (no judíos que se han convertido al judaísmo) o el resultado de los matrimonios mixtos, y como consecuencia de eso les queda muy poco de sus “genes judíos”?

La compleja historia registrada de la dispersión de la Tierra de Israel y subsecuentemente la residencia y movilización entre varios países de Europa, el Norte de África y el Medio Oriente, se espera que produzca un patrón complejo de relaciones genéticas dentro de las poblaciones judías, y entre estas mismas poblaciones y las poblaciones no judías dentro de las cuales vivieron.

La investigación se ha basado en muestras de 29 poblaciones, 7 judías, categorizadas principalmente en cinco divisiones: judíos, no-judíos del Medio Oriente, europeos, africanos del norte y del África subsahariana.

Los resultados de la investigación fueron que la mayoría de las comunidades judías, separadas unas de las otras en Europa, el Norte de África, el Cercano Oriente y la península Arábica, realmente parecen ser genéticamente similares, y parecen estar muy relacionadas unas con las otras, compartiendo un origen geográfico común.

Estas comunidades judías están mucho más relacionadas unas con las otras y con las poblaciones semitas del Medio Oriente – palestinos, sirios y drusos – que con sus comunidades vecinas de la diáspora.

Los resultados también indican un bajo número de mezcla (matrimonios mixtos, conversiones, violaciones etc.), en el contenido genético de estas diversas comunidades judías.

Dentro de las comunidades que fueron tomadas en consideración para este experimento, los norafricanos (Marruecos, etc.), fueron los más relacionados con los judíos babilonios (iraquíes). Estas poblaciones pueden ser las que representan mejor el contenido genético paterno de las antiguas poblaciones judías-hebreas con origen en el período del Primer Templo, antes del exilio babilónico (hace 2500 años aprox.).

Las señales del cromosoma Y de los judíos yemenitas son también similares a aquellos de otras poblaciones semitas y judías. En contraste, el contenido del gen paterno de los judíos etíopes se asemeja más a los de los etíopes de origen no judío.

El Nexo Ashkenazí

Aunque la comunidad ashkenazí (europea) se separó de sus antepasados del mediterráneo hace 1200 años y vivieron dentro de comunidades gentiles del centro y este de Europa, su contenido genético paterno todavía se asemeja a los de otros judíos y grupos semitas con origen en el Medio Oriente.

Una baja taza porcentual de matrimonios mixtos entre judíos de la diáspora y gentiles es la razón principal para esta continuidad. Ya que los judíos se establecieron primeramente en Europa hace más de 50 generaciones, se estimó que los matrimonios mixtos fueron sólo del 0.5% en cada generación.

El contenido genético paterno ashkenazí no parece ser similar al de los pueblos de habla turca de hoy en día. Este hallazgo se opone a la sugerencia que indicaba que los ashkenazies son descendientes de los kuzares, el imperio turco-asiático que se convirtió masivamente al judaísmo en el siglo VIII de la era común.

Los investigadores continúan expandiéndose en sus estudios, particularmente sobre la comunidad ashkenazí. Ellos esperan que al examinar los señalizadores del ADN en las poblaciones judías de diferentes partes de Europa, van a poder obtener patrones demográficos e históricos de las poblaciones ashkenazies.

Además de preguntas de interés médico, existen muchas posibilidades interesantes concernientes al origen de las comunidades ashkenazies y sus migraciones a Europa. Parece ser que los judíos comenzaron a llegar al este de Europa probablemente hace 1000 ó 1200 años, cuando la infraestructura ya estaba lo suficientemente desarrollada como para proveerles oportunidades de vida.

Una teoría plantea que los judíos del este de Europa descienden predominantemente de los inmigrantes de las zonas del Rin o de Italia, siendo así descendientes directos de las antiguas poblaciones judías/hebreas.

Una segunda teoría sugiere que fue una inmigración desde los Balcanes o del centro de Asia, con la posibilidad de conversiones en masa de eslavos y kuzares al judaísmo.

Esta discusión es similar a la controversia que existe con respecto al origen del idish – el idioma de los judíos del este de Europa. Una teoría propone que los judíos inmigrantes de las zonas del Rin y regiones vecinas hablaban un antiguo alemán que llegaría a ser la base del idish.

Otros estudiosos niegan que el alemán sea el origen del idish. Estos expertos en lingüística ven la gramática del idish como fundamentalmente eslava, con el idish moderno desarrollado mediante la incorporación de un gran número de palabras hebreas y alemanas dentro de un contexto básicamente eslavo en gramática y sintaxis.

No ha habido suficiente evidencia histórica para decidir sobre esas teorías. Hoy en día, con los desarrollados métodos genéticos, es posible probar estas ideas, por ejemplo probar si hubo alguna contribución significativa de los eslavos a la comunidad ashkenazí. Indicaciones tempranas de este estudio parecen apoyar el patrón que plantea la corriente “Mediterráneo – Europa – Este de Europa”.

Los investigadores planean continuar su estudio, investigando la variación genética en las poblaciones que pueden trazar sus antepasados judíos a comunidades de Europa, para un mejor entendimiento de la historia y el desarrollo de la comunidad ashkenazí.

Estos estudios genéticos, apoyan la tradición judía – tanto la escrita como la oral.

Después de mil años de historia en la Tierra de Israel, los judíos se esparcieron por muchas y distantes localidades alrededor del mundo.

Algunas comunidades judías exiliadas estuvieron relativamente estables durante dos milenios – como por ejemplo Babilonia (Irak) y Persia (Irán). Otras comunidades se desarrollaron unos siglos después, siguiendo con migraciones al norte de África y Europa.

Todas estas comunidades mantuvieron sus costumbres judías y su observancia religiosa, a pesar de largos períodos de persecuciones. Los judíos permanecieron, en general, culturalmente aislados de sus vecinos no judíos. Estos estudios genéticos son un testimonio de la fe familiar judía.

Sólo el pueblo judío en la historia de la humanidad, ha retenido su identidad genética por más de 100 generaciones estando esparcidos alrededor del mundo. ¡Esto es realmente único e inspirador!

Probablemente lo más fascinante, es que todo este gran descubrimiento científico, Dios ya se lo había adelantado al pueblo judío ¡hace más de 3000 años!

“Y te esparcirá Dios entre todos los pueblos,

desde un confín de la tierra a otro,

y adorarás allí otros dioses, que no has conocido,

ni tú ni tus padres; de madera y piedra” (Devarim 28:64).

“Y retornará Dios a tus cautivos y se apiadará de ti,

y volverá y te reunirá de entre todas las tierras

donde te había dispersado tu Dios allí” (Devarim 30:3).

“Así ha dicho Dios: así como no podrá ser medida la altura del cielo arriba,

y ser mensurada la profundidad de la tierra,

Yo jamás despreciaré a toda la descendencia de Israel

por todo lo que han hecho, palabra de Dios” (Iermiahu 31:36).

Según tomado, https://www.aishlatino.com/a/cym/48419957.html?s=mpw

El síndrome del impostor: Una vision judía

por Rav Jack Abramowitz

El síndrome del impostor: Una vision judía

El síndrome del impostor no se limita a los logros profesionales o académicos. También se puede sufrir de síndrome del impostor religioso.


¿Cuál es el significado profundo de la famosa historia de Hans Christian Andersen, El traje nuevo del emperador?

¿Recuerdas la historia? Una vez hubo un emperador que fue víctima de su propia vanidad. En particular, él estaba obsesionado con su propio y elaborado guardarropa. El emperador contrató a dos sastres importantes para que le hicieran unas prendas fabulosas. Pero los sastres en verdad eran estafadores. Ellos le dijeron al emperador que estaban preparando su nuevo traje de una tela que era tan especial, que sería invisible a los ojos de cualquiera que no fuera digno de su puesto. Los sastres fingieron coser las prendas de este material milagroso y provocaron que el emperador y todos los miembros de su corte mintieran y dijeran que podían ver esas prendas maravillosas.

¿Cuál es el mensaje de esta historia? A mí personalmente no me parece que se refiera al tema de “adultos tontos y niños sabios”. Tampoco se trata de la credulidad o de ceder por culpa de una “mentalidad de rebaño”. No, los personajes de la historia se comportaron de esa forma por temor a que se descubriera que no eran “dignos de sus puestos”. El traje nuevo del emperador habla sobre el síndrome del impostor.

El síndrome del impostor es un término acuñado en los años 70 por Pauline Clance y Suzanne Imes, psicólogas de la Universidad del Estado de Georgia. El síndrome es un sentimiento experimentado por las personas exitosas, que las lleva a sentir que no merecen el éxito que han alcanzado. Quienes sufren del síndrome del impostor atribuyen sus logros no a sus propias habilidades sino a la suerte o a las circunstancias. Ellos viven con un miedo constante de que descubran que son el fraude que ellos mismos creen ser.

Originalmente, pensaron que sólo las mujeres sufrían del síndrome del impostor, pero las investigaciones posteriores revelaron que un 70% de las personas, tanto hombres como mujeres de todos los niveles sociales, experimentan el síndrome del impostor en algún momento de sus carreras.

Aquí hay un impresionante ejemplo del síndrome del impostor. El libro de Olivia Cabane del 2013, El mito del carisma, presenta los resultados de una encuesta que demuestra que más de dos tercios de los estudiantes que ingresaron a la Escuela de Negocios de Stanford creían que sólo fueron aceptados por un error de parte del comité de admisión. Otro estudio reveló que el 75% de los estudiantes de la Escuela de Negocios de Harvard sentían lo mismo. ¡La mayoría de los estudiantes de las dos universidades más prestigiosas de los Estados Unidos no creían estar en donde pertenecían, pese a su largo récord de logros académicos!

El síndrome del impostor no se limita a los logros profesionales o académicos. También se puede sufrir de síndrome del impostor religioso. Esto pueden experimentarlo los conversos y los baalei teshuvá (los judíos que vuelven a ser observantes). Pueden experimentarlo las personas que llegan a la sinagoga o al Séder de Pésaj sin saber qué esperar. Todos los que alguna vez sintieron que no eran “suficientemente judíos” lo han experimentado.

Puede consolarnos saber que también algunos de nuestros líderes más grandes también se sintieron inadecuados para las tareas que les encargaron. El caso más famoso es el de Moshé, que le dijo a Dios que él no era la persona indicada para ser Su representante. “¿Quién soy yo para ir ante el Faraón y sacar de Egipto a los hijos de Israel?”, protestó Moshé (Shemot 3:11).

Este no fue sólo el sentimiento de Moshé, sino que tuvo eco en otros de nuestros grandes profetas. Irmiyahu protestó respecto a su misión y dijo: “Yo no puedo hablar, ¡soy un niño!” (Irmiyahu 1:7). Yeshayahu objetó: “Soy un hombre de labios impuros” (Yeshayahu 6:5). Por supuesto, sabemos que todos estos profetas eran completamente dignos de sus misiones.

Aharón sufrió del síndrome del impostor cuando lo nombraron Gran Sacerdote. Rashi explica en Vaikrá 9:7 que Aharón temió acercarse al altar, porque consideró que no era digno de esa responsabilidad. Iaakov puede haber sentido un poco el síndrome del impostor cuando le dijo a Dios: “No merezco toda la bondad y la verdad que Tú has mostrado a Tu siervo” (Bereshit 32:11). Cuando Shaúl fue designado rey, él estaba escondido entre el equipaje (Shmuel I, 10) e incluso después de su coronación, siguió actuando como un granjero. Hay muchos ejemplos similares.

La buena noticia es que las personas que sufren del síndrome del impostor por lo general son perfectas para sus puestos. Los verdaderos impostores tienden a sobrestimar sus propias habilidades, en lo que se conoce como el efecto Dunning-Kruger. Si quieres ejemplos de personas que sobrestimaron su propia importancia o sus habilidades, no hace falta buscar mucho más lejos de Bilam, quien actuó como si él pudiera dictarle sus términos a Dios (Bamidbar 22) y Kóraj, que no pudo aceptar que él no era mejor que Moshé, quien había sido elegido personalmente por Dios para su misión (Bamidbar 16). Tampoco debemos olvidar a Hamán, que no podía concebir que hubiera otro fuera de él mismo que mereciera recibir el honor del rey (Ester 6:6).

Aunque nuestros ejemplos de aquellos que se desestimaron a sí mismos se encuentran entre quienes son nuestros modelos a seguir y los de quienes se sobrestimaron son de nuestros antagonistas, la verdad es que todos podemos sentir ambos extremos. En este sentido, Rav Simja Bunim de Peshisja dijo: “La persona debe tener dos notas en su bolsillo, y leer cada una cuando sea necesario. Una nota, para cuando se siente deprimido o desalentado, debe decir: ‘Todo el mundo fue creado para mí’ (Sanhedrín 4:5). La otra, para cuando se siente engreído o importante, debe decir: ‘No soy más que polvo y cenizas’ (Bereshit 18:27)”.

Dios sabe qué es correcto para nosotros y Él nos pone a cada uno en donde debemos estar. Él supo que Moshé, Aharón y Shaúl eran dignos de sus tareas, aunque ellos no estaban tan seguros al respecto. Asimismo, no debemos preocuparnos tanto de que la gente descubra que “el emperador no tiene ropa”. Cuando nos sentimos de esa manera, debemos recordar que “todo el mundo fue creado para mí” y que merecemos nuestro éxito. Y si nos vamos demasiado en la dirección contraria y pensamos: “¿Quién merece el honor del rey, fuera de mí?”, llegó la hora de recordar que “no soy más que polvo y cenizas”.

El truco es recordar cuándo leer cada nota.

Según tomado de, https://www.aishlatino.com/a/s/El-sindrome-del-impostor-Una-vision-judia.html?s=shl

Why Is the Ketubah Written in Aramaic?

by Yehuda Shurpin

Detail of an ornate Ketubah (wikimedia)

The Ketubah is the marriage contract that outlines the obligations of the husband to his wife, as well as the financial compensation due to the wife in the event of the marriage’s dissolution through divorce or widowhood. Similar to a Get (divorce document), the Ketubah is traditionally written in Aramaic, the common language of the Jews during Talmudic times.

Why was it originally written in Aramaic, not Hebrew? And why is it still written in that language today, when most of us are more proficient in English or another language?

Precise Legal Language

The importance of the Ketubah’s precise and exact language cannot be overstated, due to the legal nature of the Ketubah as well as its deeper spiritual significance.

In fact, having a properly written kosher Ketubah is so critical—not just to the marriage ceremony itself, but to married life in general—that it is problematic for a couple to live together, even temporarily, without a kosher Ketubah.1 (In the event that the document is lost or destroyed, or if a serious error is found in its text, the couple must immediately obtain a replacement from a rabbi.)

For centuries, going back to Talmudic times, the sages have pored over the Aramaic Ketubah formula, ensuring that each word is precise, and especially looking out for words that may have multiple meanings.

As with contemporary contracts, the more important the contract, the more experts you’d have review the language to tighten it and make sure it is precise. So it is no wonder that the contract for marriage, one of the most important and monumental steps that one takes in life, bonding two half-souls into one union, needs to have extremely precise language. Thus, we use the traditional Aramaic text, which has gone through the rigor of centuries of Talmudic scholars.2

Translations of the Ketubah

Although it is theoretically possible to have a Get or Ketubah in another language—if written precisely, in accordance with all the relevant laws, etc.—halachah only permits this in extreme situations.3

To be sure, there are many translations of the Ketubah, both in English and Hebrew (including on our site). And since the Ketubah is a legal document, one should certainly read a translation to understand what is written in it (or at the very least, have the rabbi explain the basics of the document).4 Nevertheless, the actual Ketubah used for the marriage should be the traditional text, ensuring that it is precise and kosher.

A Semi-Holy Language

Aside from the legal aspect of the Ketubah, there are deeper reasons for the Aramaic as well.

The Ketubah has been written in Aramaic going back to Second Temple times,5 imbuing the text with holiness and the tradition of our ancestors. Thus, using the traditional Aramaic text of the Ketubah links us and our future family to our ancestors’ rich and illustrious heritage.6

The Ketubah and the Get are actually written in Aramaic with a sprinkling of Hebrew. A document that alternates between two languages is generally invalid. So why is it OK here?

Among other explanations, Rabbi Moses Isserlis explains that Aramaic has a certain holiness to it (going back to Mount Sinai7 ) and can therefore go together with Hebrew, “the Holy Tongue.”8

In fact, parts of the Bible itself, as well as the Oral Torah as recorded in the Talmud, are written in Aramaic. Furthermore, some of the special prayers, such as the Kaddish, are also recited in Aramaic, signifying that Aramaic is considered a special and unique language.9

But why was Aramaic chosen over Hebrew?

The Angels Do Not Understand

On a homiletic level, many10 cite a Midrash regarding the time before G‑d gave the Jewish people the Torah. Wishing to keep the Torah in Heaven, some angels claimed that mere mortals could not be trusted to study the Torah. In reply, G‑d promised that the Jewish men would occupy themselves with learning Torah.

Yet, in the text of the Ketubah, the Jewish men accept upon themselves unconditionally to work their very hardest to support their wives. This can theoretically be used by the angels to bolster their case that the Jews cannot be relied upon to study Torah assiduously.

The sages teach us that the angels understand all languages except for Aramaic.11 Thus, some explain, by writing it in Aramaic we prevent the angels from using the Ketubah in their argument.

A Foundation of Peace

In a somewhat similar vein, some cite another Midrash.

When the time came for G‑d to create Adam, G‑d “consulted” the ministering angels. The Angel of Truth said, “Don’t create humans, for they will be full of lies.” The Angel of Peace said, “Do not create them, for they will be in constant strife!” What did G‑d do? He grabbed the Angel of Truth and hurled him to the earth.12

While that took care of the Angel of Truth, the commentaries ask, how did G‑d contend with the Angel of Peace?

The commentaries explain that, based on the halachah that one is allowed to bend the truth to keep the peace,13 now that the need for absolute truth had been thrown down, it was possible to maintain peace.

However, part of the text of the Ketubah reads, “I will work, honor, feed and support you in the custom of Jewish men, who work, honor, feed and support their wives faithfully.” The Aramic word translated as “faithfully,” בקושטא, literally means “in truth.” Thus, when we are creating a union that will, with the help of G‑d, result in more of mankind, we are stating that it will be with truth. This gives room for the Angel of Peace to again raise objections that there will be a lack of peace. To avoid this, we write it in a language that the angels don’t understand.14

These homiletical explanations, while not the main reasons for the Aramaic Ketubah, stress the importance of being mindful to imbue our new home with Torah and peace.

FOOTNOTES
1.See Shulchan Aruch, Even Ha’ezer 66:1-3.
2.Levush, Habutz V’argoman 126:1; Get Poshut 126:8.
3.Shulchan Aruch, Even Ha’ezer 126:1.
4.Igros MosheEven Ha’ezer 4:90.
5.In fact, the oldest text of a Ketubah is the one in Aramaic found in Tel Maresha, Israel. The text is from the year 176 BCE during Second Temple times.
6.See Pardes Eliezer ch. 32
7.See, for example, Talmud, Kiddushin 49a and commentaries ad loc.
8.Rama, Shulchan Aruch, Even Ha’ezer 126:1.
9.For a discussion about this, see Machshevot Lev, vol.1, p. 181.
10.Milsa B’Taima 1:159; Mishpat Hakesuva 1:5.
11.Talmud, Shabbat 12b.
12.Midrash, Bereishit Rabbah 8:8.
13.Talmud, Yevamot 65b.
14.See Pardes Eliezer, ch. 32.

As taken from, https://www.chabad.org/tools/subscribe/email/view_cdo/i/8A35D917402345A2:D61F4DA01E4D8DA0D31393624B6CC1E209367D1F79E6AC4EA53DDE70B4282C1B#utm_medium=email&utm_source=78_rabbi_y_en&utm_campaign=en&utm_content=header

Why Civilisations Fail

RABBI LORD JONATHAN SACKS: WWII changed us for better - so will ...

by Rabbi Lord Jonathan Sacks

The real challenge is not poverty but affluence, not insecurity but security, not slavery but freedom.


What is the real challenge of maintaining a free society? In parshat Eikev, Moses springs his great surprise. Here are his words:

Be careful that you do not forget the Lord your God … Otherwise, when you eat and are satisfied, when you build fine houses and settle down, and when your herds and flocks grow large and your silver and gold increase and all you have is multiplied, then your heart will become proud and you will forget the Lord your God, who brought you out of Egypt, out of the land of slavery … You may say to yourself, “My power and the strength of my hands have produced this wealth for me.” … . If you ever forget the Lord your God … I testify against you today that you will surely be destroyed. (Deut. 8:11-19)

What Moses was saying to the new generation was this: You thought that the forty years of wandering in the wilderness were the real challenge, and that once you conquer and settle the land, your problems will be over. The truth is that it is then that the real challenge will begin. It will be precisely when all your physical needs are met – when you have land and sovereignty and rich harvests and safe homes – that your spiritual trial will commence.

The real challenge is not poverty but affluence, not insecurity but security, not slavery but freedom. Moses, for the first time in history, was hinting at a law of history. Many centuries later it was articulated by the great 14th century Islamic thinker, Ibn Khaldun (1332-1406), by the Italian political philosopher Giambattista Vico (1668-1744), and most recently by the Harvard historian Niall Ferguson. Moses was giving an account of the decline and fall of civilisations.

Ibn Khaldun argued similarly, that when a civilisation becomes great, its elites get used to luxury and comfort, and the people as a whole lose what he called their asabiyah, their social solidarity. The people then become prey to a conquering enemy, less civilised than they are but more cohesive and driven.

Vico described a similar cycle:

“People first sense what is necessary, then consider what is useful, next attend to comfort, later delight in pleasures, soon grow dissolute in luxury, and finally go mad squandering their estates.”

Bertrand Russell put it powerfully in the introduction to his History of Western Philosophy. Russell thought that the two great peaks of civilization were reached in ancient Greece and Renaissance Italy. But he was honest enough to see that the very features that made them great contained the seeds of their own demise:

What had happened in the great age of Greece happened again in Renaissance Italy: traditional moral restraints disappeared, because they were seen to be associated with superstition; the liberation from fetters made individuals energetic and creative, producing a rare fluorescence of genius; but the anarchy and treachery which inevitably resulted from the decay of morals made Italians collectively impotent, and they fell, like the Greeks, under the domination of nations less civilised than themselves but not so destitute of social cohesion.

Niall Ferguson, in his book Civilization: the West and the Rest (2011) argued that the West rose to dominance because of what he calls its six “killer applications”: competition, science, democracy, medicine, consumerism and the Protestant work ethic. Today however it is losing belief in itself and is in danger of being overtaken by others.

All of this was said for the first time by Moses, and it forms a central argument of the book of Devarim. If you assume – he tells the next generation – that you yourselves won the land and the freedom you enjoy, you will grow complacent and self-satisfied. That is the beginning of the end of any civilization. In an earlier chapter Moses uses the graphic word venoshantem, “you will grow old” (Deut. 4:25), meaning that you will no longer have the moral and mental energy to make the sacrifices necessary for the defence of freedom.

Inequalities will grow. The rich will become self-indulgent. The poor will feel excluded. There will be social divisions, resentments and injustices. Society will no longer cohere. People will not feel bound to one another by a bond of collective responsibility. Individualism will prevail. Trust will decline. Social capital will wane.

This has happened, sooner or later, to all civilisations, however great. To the Israelites – a small people surrounded by large empires – it would be disastrous. As Moses makes clear towards the end of the book, in the long account of the curses that would overcome the people if they lost their spiritual bearings, Israel would find itself defeated and devastated.

Only against this background can we understand the momentous project the book of Devarim is proposing: the creation of a society capable of defeating the normal laws of the growth-and-decline of civilisations. This is an astonishing idea.

How is it to be done? By each person bearing and sharing responsibility for the society as a whole. By each knowing the history of his or her people. By each individual studying and understanding the laws that govern all. By teaching their children so that they too become literate and articulate in their identity.

Rule 1: Never forget where you came from.

Next, you sustain freedom by establishing courts, the rule of law and the implementation of justice. By caring for the poor. By ensuring that everyone has the basic requirements of dignity. By including the lonely in the people’s celebrations. By remembering the covenant daily, weekly, annually in ritual, and renewing it at a national assembly every seven years. By making sure there are always prophets to remind the people of their destiny and expose the corruptions of power.

Rule 2: Never drift from your foundational principles and ideals.

Above all it is achieved by recognising a power greater than ourselves. This is Moses’ most insistent point. Societies start growing old when they lose faith in the transcendent. They then lose faith in an objective moral order and end by losing faith in themselves.

Rule 3: A society is as strong as its faith.

Only faith in God can lead us to honour the needs of others as well as ourselves. Only faith in God can motivate us to act for the benefit of a future we will not live to see. Only faith in God can stop us from wrongdoing when we believe that no other human will ever find out. Only faith in God can give us the humility that alone has the power to defeat the arrogance of success and the self-belief that leads, as Paul Kennedy argued in The Rise and Fall of the Great Powers (1987), to military overstretch and national defeat.

Towards the end of his book Civilization, Niall Ferguson quotes a member of the Chinese Academy of Social Sciences, part of a team tasked with the challenge of discovering why it was that Europe, having lagged behind China until the 17th century, overtook it, rising to prominence and dominance.

At first, he said, we thought it was your guns. You had better weapons than we did. Then we delved deeper and thought it was your political system. Then we searched deeper still, and concluded that it was your economic system. But for the past 20 years we have realised that it was in fact your religion. It was the (Judeo-Christian) foundation of social and cultural life in Europe that made possible the emergence first of capitalism, then of democratic politics.

Only faith can save a society from decline and fall. That was one of Moses’ greatest insights, and it has never ceased to be true.

As taken from, https://www.aish.com/tp/i/sacks/438847073.html?s=mm

How the Mossad hunted the ‘Butcher of Riga,’ who murdered up to 30,000 Jews

How the Mossad hunted the 'Butcher of Riga,' who murdered up to ...

A true-life psychological thriller reports on ‘Mio’ Meidad’s undercover mission, without backup, to exact justice — and foil a German plan to give Nazis amnesty

By ROBERT PHILPOT

LONDON — In March 1965, the West German Bundestag overwhelmingly defeated a proposal to bring to an end the hunt for Nazi war criminals and introduce a statute of limitations for their crimes.

The months leading up to the debate had seen a wave of opposition to the plans across the world. Thousands took to the streets from Tel Aviv to Toronto and Los Angeles to London. Nobel Prize winners, politicians, playwrights and the future Pope Benedict XVI raised their voices in protest. And in Germany, a bitter and divisive national debate broke out about how the country should atone for its sins and how widespread the responsibility for them truly lay.

But in those months another effort had also been launched to derail the German proposals. Hatched in secret by Israel’s intelligence chiefs and approved by prime minister Levi Eshkol, it was one that was nonetheless designed to focus the world’s attention on the hundreds, if not thousands, of perpetrators who had never seen the inside of a courtroom or prison cell — and likely never would if the Bundestag approved the statute.

It was also an effort in which Israel itself would act as judge, jury and executioner. Israel’s foreign intelligence agency the Mossad, it was decided, would hunt down and kill Herberts Cukurs — the “Butcher of Riga” — who was accused of being personally responsible for the deaths of at least 30,000 Latvian Jews.

‘Butcher of Riga’ Herbert Cukurs. (Wikipedia/ WP:NFCC#4)

Cukurs’s assassination, for which Israel would claim no responsibility, would publicize and punish his terrible crimes. It would serve, too, as a warning of the kind of rough justice that would be meted out to others if Germany provided an amnesty to war criminals.

The story of the mission to kill Cukurs is told in journalist and author Stephan Talty’s new book, “The Good Assassin: Mossad’s Hunt for the Butcher of Latvia.” It is a brilliantly written, heart-stopping, and, at times, heartbreaking tale; one that crosses continents from the “bloodlands” of Eastern Europe to the jungles of South America.

At the center of Talty’s retelling lie two men: Cukurs and the undercover agent dispatched by Mossad to ensnare him, Yaakov “Mio” Meidad.

Known in the agency as “the man with the hundred identities,” Meidad was a German-born Jew whose parents had perished in the death camps. He had helped abduct Adolf Eichmann and bring him to Israel for trial.

Talty, who first encountered the story of the mission when reading Ronen Bergman’s “Rise and Kill First: The Secret History of Israel’s Targeted Assassinations,” was fascinated by both Cukurs and Meidad, as well as the events that had brought them together.

“It was this idea that these two characters existed on either side of a terrible historical moment and now they had to meet, and Mio had to basically form a friendship with someone who was sort of the face of the ‘ordinary men’ of the Holocaust,” Talty told The Times of Israel.

The ‘Latvian Lindbergh’ goes to Holy Land

Cukurs was, as one survivor later wrote, “full of tremendous contradictions.” Known as “the Latvian Lindbergh,” the aviator had become a household name and national hero in the prewar Baltic state, renowned for his dash and daring.

Stephan Talty, author of ‘The Good Assassin: Mossad’s Hunt for the Butcher of Latvia.’ (Natacha Vilceus)

“I actually found myself admiring the prewar Cukurs,” admits Talty. “He was very much the kind of adventurer who not only built his own planes but dreamed up these kind of bizarre trips and odysseys.”

Those trips had famously seen him fly in 1933 from Latvia to the British African colony of The Gambia in an open-cockpit aircraft he had had cobbled together from cast-off and salvaged parts.

Six years later, in December 1939, he returned from another expedition — a 2,900-mile (4,667 kilometer) flight to Palestine — to enthrall Riga’s Jewish Club with a talk, complete with photographs, describing the sights, sounds and smells of Tel Aviv, Jerusalem, Bethlehem, Petah Tikva and Rishon LeZion.

“I remember Cukurs speaking with wonderment, amazement, even enthusiasm, of the Zionist enterprise in Israel,” a young Jewish man who was there that night later remembered.

This was not the only indication that, his fierce nationalism and occasional anti-Semitic remarks aside, Cukurs was, as one Latvian Jew later put it, “not really considered a Jew-hater.” He was, for instance, often seen with Jewish intellectuals in Riga’s cafes.

Herberts Cukurs in Gambia, 1933. (Public domain)

Talty’s interest in Cukurs was, in part, sparked by this background. “I wanted to know,” he remarks, “what had changed him into what would seem to be a beast, a monster.”

That description is entirely apt. As Yosef Yariv, the head of the Mossad’s special operations arm, told Meidad when he outlined the mission to him, Cukurs was not “a desk murderer like Eichmann.” Among those who knew his reputation, the mere mention of Cukurs’s name could provoke a physical reaction. When Israel’s intelligence chiefs gathered to discuss potential targets, a list of names was read out. Maj. Gen. Aharon Yariv, head of the Military Intelligence Directorate, collapsed on hearing that of the man who had murdered several of his family and friends.

The Skede Beach massacre in Latvia, where 2,700 Jews were shot in three days, December 1941 (public domain)

Cukurs’s crimes had been committed just under 25 years previously.

Nazis as ‘liberators’; Jews are ‘enemy within’

Under the secret terms of the Molotov-Ribbentrop Pact the Soviets had snuffed out Latvia’s independence and brutally occupied it in the summer of 1940.

A year later, a second tragedy befell the Baltic states, with the German invasion of the Soviet Union seeing Latvia come under Nazi rule. Some of Cukurs’s fellow countrymen viewed the Nazis as liberators; a view not shared by their terrified Jewish neighbors.

No pity and no compromise must be shown. No Jewish tribe of adders must be allowed to rise again

Within hours, the now German-controlled press began to pump out the vicious lie that Latvia’s Jews were the “enemy within” who had betrayed their country to the Soviets and participated in the atrocities the Red Army had committed. “No pity and no

compromise must be shown. No Jewish tribe of adders must be allowed to rise again,” wrote one newspaper.

No pity was, indeed, shown. “Riga became a pen where Jews were hunted for sport and profit, and Hebert Cukurs was an enthusiastic player in the game,” writes Talty.

Cukurs was no bit player — instead, he became second-in-command of the notorious Arājs Kommando, a 300-strong Latvian paramilitary group which enthusiastically participated in the murder of the country’s Jews.

Anti-Semitic Nazi propaganda in Latvia summer 1941. (Bundesarchiv bild)

Eyewitnesses later testified to Cukurs’s brutality. One remembered him in the ghetto to which Riga’s Jews were herded “laughing devilishly… shooting the people like a hunter in the forest.” Another recorded him at the notorious villa at 19 Waldemars Street where the Arājs Kommando held wild drunken parties as they tortured and murdered Jews.

Max Tukacier, a young Jew who had known Cukurs for over a decade and was taken to the house, saw the aviator “beat to death 10 to 15 people.” And Cukurs was recorded giving orders to his commandos at the scenes of the “Aktions” during the Rumbula massacre on November 30 and December 8, 1941, when roughly 25,000 Jews were murdered in or near the Rumbula forest.

After participating in the bloodletting of Riga’s killing fields, Cukurs and his men traveled around Latvia’s villages, towns and small cities, helping round up and murder Jews. Within five months, 60,000 Latvian Jews had perished. As Talty writes, the slim file the Mossad held on Cukurs was so thin, and the eyewitness accounts so few, precisely because of the thoroughness with which he and the Arājs Kommando had assisted the Nazis in their work.

Members of a Latvian militia unit assemble a group of Jewish women for murder on a beach near Liepāja, December 15, 1941. (Bundesarchiv bild)

‘The epitome of humanity’

But the most extraordinary — perhaps unique — aspect of Cukurs’s story was what happened next. Like many other war criminals, the Latvian joined the “ratline” and escaped to South America after the war. But, unlike his fellow killers, Cukurs arrived in Brazil under his own name — and then almost immediately began seeking out members of the country’s Jewish community. Cukurs portrayed himself as both a political exile who had been targeted by the Communists and a man who had rescued Jews during the Shoah.

While Cukurs assiduously wooed Rio’s Jews, however, his past started to catch up with him. Back in Europe, fledgling Jewish committees devoted to tracking down escaped war criminals compiled a dossier on the prominent prewar aviator who had become a mass murderer. Within weeks of his arrival, reports of the first possible sightings of Cukurs in Rio found their way back to London. The slow and painstaking process of confirming these reports commenced.

‘Butcher of Riga’ Herbert Cukurs was a nationally celebrated aviator prior to joining a killing squad during the Holocaust. (YouTube screenshot)

All the while, Cukurs continued to prosper and promote himself. He even gave an interview to Brazil’s highest-selling magazine — which appeared under the title “From the Baltics to Brazil” — in which he was described as “the epitome of humanity.” By 1950, though, the shocking truth — that Cukurs was nothing of the sort — began to dawn on some of his newfound friends in Rio.

Although the Jewish community’s efforts to have him extradited and brought to justice faltered in the face of official indifference, protests led to the collapse of Cukurs’s thriving business and the family was forced to leave the city. By the time the Mossad set its sights on him a decade later, Cukurs was a much-diminished figure, quietly running a small boat rental and air taxi business near São Paulo.

Cukurs’s overweening ambition was the source of both his rise and eventual fall. It was not simply his heinous crimes that made him a target in 1965, but the fact that he had left a trail that was so easy for the Mossad to follow.

“He could have had a very good life in Rio had he just not stuck his head up in the way that he did,” says Talty. “I think his narcissism just was so central to his character that he couldn’t resist it.”

Latvian auxiliary police assisting the round-up of Jews in Latvia in 1941. (Bundesarchiv bild)

While others like Adolf Eichmann and Josef Mengele were “very particular about leading very mundane lives,” the author continues, “he just felt that Herbert Cukurs was born for the world and that he needed some kind of heroic story around his life to make it meaningful for him.”

This “curse,” Talty believes, led to Cukors’s downfall.

Psychological showdown

While Cukurs’s actions in Rio may have been foolhardy, he was no fool. As Talty explains, the Mossad mission is “not an action story” but more akin to a tense psychological thriller which pits Cukurs against the man the agency dispatches to trap its quarry.

Meidad himself, Talty says, was very much “the anti-James Bond,” and “seemed to be only fully

alive” when he went undercover.

Yaakov ‘Mio’ Meidad during his time with the Mossad. (Private collection/ Courtesy)

“When he was in character as someone else he was much more confident, much more assertive… than he was in real life,” says Talty.

The guise of Anton Kuenzle, a successful but buttoned-down Austrian businessman who would befriend Cukurs and lure him to his death, was one the Israeli played to perfection. The perfection was necessary, however, as the mission contained no room for error.

Highly unusually, Meidad, at his own insistence, worked in Brazil without any reinforcements or a Plan B. The decision, writes Talty, “deviated wildly from his precise, very Germanic methodology; it was as if he’d thrown away 20 years of spycraft in order to go after Cukurs.”

Meidad’s family and former colleagues emphasized to Talty that the mission was “personal” for him.

“I think he really relished this one-on-one confrontation with a perpetrator of the Holocaust,” Talty says. “He saw it really as a test of everything he had been as a secret agent and… he wanted to outwit Cukurs and bring him down himself.”

And then there was Cukurs himself. “He was a very difficult target in that not only [was he]… paranoid, but he was intelligent and he could anticipate what an Israeli agent would be doing,” says Talty. “It was very much a psychological battle, and I think Cukurs very much was almost his equal in that.”

Lines are drawn

On one side of the battle lines stood Cukurs, who constantly sought to test whether Kuenzle truly was who he said he was. Those tests included staging a shooting contest between the two men on a remote plantation in the middle of the Brazilian outback to ascertain whether Kuenzle’s claim to have served on the Eastern Front during World War II rang true.

On the other side stood Meidad, who needed not merely to allay Cukurs’s suspicions but also to figure out the bait which would best reel him in. In this he excelled, says Talty.

“He had a certain empathy towards Cukurs and his journey, and his bedraggled state when he met him, [when he was] not obviously living up to his own dream of himself,” Talty says.

Nazi war criminal Herberts Cukurs is celebrated by some as a national hero in Latvia for standing up to Russian forces. (YouTube screenshot)

The prospect Meidad dangled before Cukurs of regaining his lost wealth and respect through a business partnership eventually led to the mission’s bloody denouement in a house in Montevideo where a small Mossad team awaited.

It was, however, a close call. A combination of Cukurs’s ever-vigilant paranoia, bad luck, and a reluctance on the part of some of the Mossad squad to believe that killing a lone 65-year-old man would really prove that hard nearly led to disaster.

“It was Mio’s nightmare,” says Talty. “There was kind of a schism between him and the Sabras [in the Mossad team] in that they believed they could handle any situation that missions threw at them, and he was very particular in saying this man is a formidable physical opponent.”

Not until the Mossad men finally came face-to-face with Cukurs — when, as Meidad later said, “he fought like a wild and wounded animal” — did they realize how prescient those warnings had been.

A flood of blood to cover tracks

It is perhaps fitting that the answer to the question which first drew Talty to Cukurs’s story — what had led the adventuresome aviator down the path of mass murder? — was provided by a survivor.

Zelma Shepshelovich as a young woman. (Naomi Ahimeir)

Zelma Shepshelovich, a magnificent figure whose story Talty’s book also tells, was relentless in her attempts after the war to attain justice for her own murdered family and the thousands of other Latvian Jews who died alongside them.

In 1979, she appeared as a prosecution witness in the Hamburg trial of Viktor Arājs, the commander of the paramilitary battalion of which Cukurs had been such an eager member. During his time on the stand, Arājs revealed that Cukurs had collaborated with the Soviets during their short occupation of the country before the Nazi invasion. Terrified of exposure, and the bloody consequences that would follow, Cukurs sought to cover his tracks by joining Arājs’ band of killers.

As Talty writes: “It wasn’t, after all, a deeply rooted anti-Semitism that drove the former aviator. He betrayed the Jews because if he didn’t, he would likely have been murdered alongside them. The sacrifice of those men, women and children was necessary for him to go on living.”

Cukurs was not unique. But in Latvia, a country with no history of pogroms that some had viewed as a sanctuary in the 1930s, he came to symbolize what Talty terms “the double cross that had snared the Jews.” For its imperiled Jews, the speed and viciousness with which many of their friends, neighbors and fellow countrymen suddenly turned upon them was palpable.

It is, as Talty readily acknowledges, impossible to prove whether the news of Cukurs’s death changed any minds when the Bundestag came to reject the amnesty proposal in the spring of 1965.Z

elma Shepshelovich’s rescuer, Janis Vabulis, also known as ‘Nank.’ (Naomi Ahimeir)

“I want to believe that it played a psychological part in giving the Holocaust a face, but really I can’t substantiate that with sources,” Talty says. “But it was certainly part of a movement re-evaluating what had happened during the Shoah in Germany and I think it was important for that reason.”

Talty recognizes too that the Mossad’s decision to kill Cukurs and not bring him to trial had one unintended consequence. The effort in recent years by Latvian nationalists to rehabilitate the former national hero has exploited the fact that no jury ever convicted him of war crimes.

There is, however, a glimmer of light in Talty’s retelling of this dark story. It is represented by Jānis Alexander Vabulis, a young civil servant who fell in love with Shepshelovich and — at great personal risk — sheltered her throughout the war.

“I think he represents a certain percentage of Latvians that went out of their way [to help Jews],” Talty suggests. “I found a lot of testimonies about Jews finding farm houses and families who were very religious and very Christian and immediately brought them in.”

As taken from, https://www.timesofisrael.com/how-the-mossad-hunted-the-butcher-of-riga-who-murdered-up-to-30000-jews/

The Temple, the messiah and Jesus

Depicting the Temple’s destruction as punishment for the death of Christ has no grounding in Hebrew scriptures’ ideas on messiah

by Dr. Barrie Wilson

The Temple, the messiah and Jesus | Barrie Wilson | The Blogs

‘Distruzione del tempio di Gerusalemme’ by Francesco Hayez (PD-US-expired via Wikipedia)

Tisha B’Av, which starts Wednesday evening, is a time of profound sorrow for us, commemorating the destruction of two great centers of worship. The First Temple was destroyed by the Babylonians; the Second Temple, by the Romans in 70. The Temple in Jerusalem was the hub of national life. It was the primary religious establishment, the most important tourist attraction and a major commercial center. Pilgrims would arrive in Jerusalem three times a year to celebrate the great festivals of Pesach, Shavuot, Sukkot. The Temple was the focus of religious and political life.

The destruction of the Temple, however, represents a key dividing point between Judaism and Christianity.

For Christians the Temple’s demise appears to be a time of triumph. The gospels in the Christian scriptures say Jesus predicted the destruction of the Second Temple, the implication being that it was justly deserved. For these writers, the destruction of the Temple was symbolic of the demise of Judaism and its replacement by the Christian church. The 2nd century Gospel of Peter placed the blame for the destruction of the Temple, not on the Romans but squarely on the Jewish people for their role in having Jesus crucified. Thus the linkage is made explicit: the Temple’s demise is tied to Jewish complicity regarding the death of Jesus. For these early Christians, it was retribution, divine payback.

This Christian contention regarding the destruction of the Temple represents a very strange belief. If Jesus were who his followers said he was – the long sought messiah — why would he advocate the Temple’s destruction? Why would he endorse such a catastrophic event? Destroying the Temple is not on messiah’s “to do” list. A messiah was supposed to preserve and purify Temple worship.

Moreover, if Jesus were the messiah, where is the great age of world peace and prosperity that the messiah was supposed to usher in? Social conditions in the Middle East were much worse after the death of Jesus, not better. The Jewish war against Rome in the 60s saw thousands butchered in the Galilee and, according to Josephus, over 1.1 million killed in Jerusalem. Was this the messianic era? Some 20 or 30 years after the death of Jesus, nobody was buying the “good times ahead” message. There was no ideal Kingdom of God on the horizon.

This linkage tying the destruction of the Temple to Jewish complicity in the death of Jesus serves to undermine the Christian claim that Jesus is the messiah. It just doesn’t fit with what we’d expect of a messiah.

If advocating the destruction of the Temple is not what we’d expect of a messiah, what, then, is a messiah supposed to do?

Searching for the Messiah

My upcoming book — Searching for the Messiah (NY: Pegasus/Simon & Schuster. August 2020) — focuses on one fundamental question. What’s a messiah? What’s the job description? If we can’t determine that, then how can we evaluate anybody’s claim that so-and-so is a messiah. Is Jesus a messiah? Is Bar-Kochba? Is David Koresh, the leader of the Waco cult? Is Rabbi Menachem Mendel Schneerson?

Searching for the Messiah explores the evolution of the concept of messiah from the Bible to Batman, with many stops along the way. How did the idea of messiah evolve? How is King David, adulterer and murderer, the prototypical messiah? What about savior figures such as Joseph, Esther and Judith? What about End-time scenarios when the world is to be perfected?

Surprisingly, there is not one book of the Bible, not one chapter, devoted to defining a messiah. That’s curious. More attention is paid to diagnosing and treating skin diseases than to the topic of messiah. Many Christians scour the Hebrew scriptures looking for messianic “prophecies.” These seem contrived and passages are pulled out of context in a misleading way. There is no ‘virgin’ in Isaiah 7:14 that would lead one to put forward a virgin birth requirement for a messiah. That’s the Gospel of Matthew’s invention, using a Greek version of the Hebrew Bible that translated “almah” (Hebrew for a young woman) as “parthenos” (a Greek word for someone who is a biological virgin).

Isaiah 49:3 proclaims Israel as the Suffering Servant of God, a community given a new mandate after the dreadful experience of the Babylonian Exile, a nation destined to be a light to the nations. The Suffering Servant is Israel, not, as the gospels proclaim, Jesus. Nor is Jesus God’s son who comes out of Egypt – that’s Israel (Hosea 11:1). These are all misappropriations.

Messiah – the Job Description

In Searching for the Messiah, I analyse a much-neglected ancient and mysterians manuscript known today only to a handful of specialists. It was composed by a pious Jew in Jerusalem just after 63 BCE. He had witnessed the atrocities committed by Pompey’s army – rape, murder, famine, desecration of the Temple. He’s devastated and, in his grief, the unknown author of this important manuscript writes 18 psalms.

Composed originally in Aramaic or Hebrew, the writing survives today in a few Syriac and Greek manuscripts. The few scholars who know of this work dub it, “Psalms of Solomon.” That’s a misnomer — of course this wise ancient monarch who lived nine centuries earlier could not have been the author of a 1st century BCE writing.

Two of the psalms develop the idea of messiah. This important writing helps to firmly root the pre-Christian expectation of what a messiah must do in order to qualify. It gives us the messianic agenda at a crucial time in history. The messiah must be king in Jerusalem presiding over an era of world peace. Jews from the Diaspora will return. The messiah and the whole country will be Torah-observant. Temple worship will be purified. Other countries will honor the Jewish nation. Those are some of the markers of the messianic era.

So now we know what Jews expected of a messiah, prior to Christian times. That’s vital to assessing Christian claims that Jesus is one.

Christians often ask Jews, “why don’t you accept Jesus as messiah?” Now the question can be turned, “Why do you say that Jesus is the messiah? What’s the evidence?” How does Jesus – or anyone else for that matter – measure up to the criteria for being a messiah?

Jesus does not pass the Messiah test

Based on what we now recognize as the Jewish understanding of a messiah prior to the Common Era, we can discern that Jesus did not qualify.

First of all, no one who knew him well thought of him as a messiah. Chapter 8 of the Gospel of Mark tells us how Jesus takes his disciples on a field trip north of Capernaeum to Caesarea Philippi. There he asks them for a report: what do people think of him? It’s a request for audience reaction: what do the crowds who have heard him speak understand him to be. His disciples indicate that some think of him as a prophet like Elijah or like the charismatic John the Baptist. That’s it: those are the categories into which people to whom Jesus had been speaking around the Sea of Galilee place him: prophet, preacher. No one — absolutely no one — thinks of him as a messiah. That just wasn’t the impression he was making.

Second, Jesus rejects the view that he is the messiah. When Jesus asks his disciples a second question, what they think of him, only Peter blurts out that he is “the messiah.” No one else concurs. But, most surprisingly, Jesus immediately and harshly shuts him down. Within seconds of Peter’s utterance, Jesus closes off messiah-talk. That’s significant. According to the gospel of Mark, being messiah is emphatically not a title he favors.

Thirdly, moments before he dies, Jesus asks God why he has forsaken him (Matthew 27:46). In effect, with time running out, Jesus questions God about why the Kingdom of God he has promised his followers as imminent hasn’t come about. A messiah has to bring about a better world. Jesus, close to death, recognizes that this has not happened.

Finally, Jesus’ earliest followers knew he was not the messiah. We know this because they put forward the idea that he’d have to return to complete the task. This represents a desperate theological maneuver, one designed to save the view that Jesus is messiah. Led by Jesus’ brother, James, this group expected Jesus to establish an independent Jewish kingdom (Book of Acts 1:6). This was a clear recognition that they knew he had not done what a messiah ought to do during his lifetime. Their belief sets forth a two-stage messianic model whereby the potential messiah has to return to complete the required task. A two-stage messianic operation is not the Jewish understanding, however.

Paul’s reinterpretation

In spite of all this, Christians claim that Jesus was the messiah. How did that come about? And what do they understand by that claim?

Enter Paul, a person who never met Jesus and who comes on the scene in the mid 30s, several years after Jesus’ crucifixion. Claiming to have had a mystical experience, Paul introduces the notion of Jesus as “Christ” (Christos in Greek).

Ironically Paul was one of the most influential Jews who ever lived. For one thing, he rejected Torah observance. For him that phase of history had come to an end. He also reinterpreted the idea of messiah, not with reference to prior Jewish thought but in light of the Graeco-Roman mystery cults familiar to his audience. For Paul, Jesus is the cosmic Christ. He’s a pre-existing being who, as a divine-human, enters human history as an atonement. That’s a very different notion from that of a messiah.

Just how different the idea of Christos is from Mashiach is explored in Searching for the Messiah.

Paul pulled early Christianity in a vastly different direction from Jesus’ first followers under James and, in time, his views prevailed as his movement attracted Gentiles, not Jews. James’ Torah-observant group vanished in time, although there were 10 Jewish leaders of this movement up until the time of the Bar-Kochba revolt.

So, no, a messiah is not one who destroys the Temple.

But now we know what he must do.

As taken from, https://blogs.timesofisrael.com/the-temple-and-the-messiah/

¡Termina lo que empiezas!

por Alex Corcias

¡Termina lo que empiezas!

3 consejos para mantenerse inspirado o inspirada


Nuestros Sabios aseguran que “todos los comienzos son duros” (véase Rashi Shemot 19:5) y ciertamente, empezar una actividad requiere de mucha voluntad y determinación. Sin embargo, hay otro punto que es igual de importante, pero que suele pasarse por alto: uno debe terminar lo que empieza.

En el mundo del coaching y la psicología del liderazgo se habla mucho sobre la importancia de terminar lo que uno empieza, lo cual se aplica tanto en el ámbito personal como en el organizacional. Terminar lo que uno empieza, sin duda es una fuente de satisfacción, y en contraparte, dejar a medias algo que se ha empezado es un caldo de cultivo tóxico.

A continuación quiero analizar tres factores relacionados con este principio para aplicarlo en la práctica:

Visualiza de antemano el beneficio final

Nuestros Sabios enseñan que toda acción que haya sido iniciada por alguien, y terminada por otro, se considera como si el segundo hizo toda la acción (Sota 13b). Ello significa que el peso principal de una acción es su culminación. Un ejemplo impresionante es el del Rey Salomón, quien se ganó el honor de inaugurar el Primer Templo y se quedó con el crédito de esa gran acción, pese a que fue su padre, el Rey David, quien comenzó la construcción y el propio Dios lo privó de terminarla (Sanhedrin 104b). Es interesante tomar nota de que muchas veces se debe vencer una poderosa resistencia para poder iniciar un emprendimiento, y, así como la inspiración ilumina el camino al principio, inevitablemente después llega la dura realidad, el trabajo intenso y las dificultades del camino, lo cual lleva en muchos casos al abandono. El Dr. Akiva Tatz plantea esta idea en sus libros como un principio que se manifiesta en el mundo natural y en la forma en la que Dios pone a prueba al hombre. Saberlo y aceptarlo es una gran herramienta para lograr los objetivos que uno se plantea.

Toma conciencia de tus patrones

En numerosas publicaciones hemos enfatizado que la mente es influenciada por el cuerpo. Las fuentes dentro del judaísmo sobre ello son vastas (véase Mesilat Yesharim Cap. 7, Pele Yoetz sobre la alegría, Sefer Hajinuj en mitzvá 16, y otros). Además, este concepto está ampliamente demostrado por la neurociencia y la psicología moderna. Las acciones que uno hace en el mundo exterior afectan los patrones que crea en su mundo interior. Basado en esos patrones, uno probablemente volverá a actuar así en una situación futura y ello, a su vez, reforzará el patrón. Esto forma un ciclo. Es decir, cada vez que uno pospone la terminación de una actividad o dispersa su atención de ella, está “enseñándole a su mente” un patrón de conducta, el cual se verá reforzado y probablemente repetido. Por lo tanto, cada vez que uno rompe con ese viejo y destructivo patrón y se esfuerza en adelantar y culminar las cosas que empieza (así sea una actividad pequeña) está “entrenando su mente” para convertirse en un verdadero líder de su vida, está entrenándose en la disciplina responsable de terminar lo que empieza. Esto, sin duda, tendrá un impacto poderoso sobre su confianza personal y sus ganas de seguir adelante reforzando ese nuevo patrón.

Identifica a tus enemigos

¿Cuáles son estos “enemigos”? El Ramjal, Rabi Moshé Jaim Luzzato (1707 – 1747), en su libro Mesilat Yesharim (Cap. 9) afirma que uno de los mayores enemigos de las personas a la hora de completar los proyectos que emprenden, es la costumbre de dar excusas. A la hora de inventar una excusa uno se pone muy creativo. A veces culpa al frio, otras al calor, al viento, a la gente, etc. El Ramjal aclara que las excusas provienen de causas naturales reales, pero ello no justifica el abandono de la acción, pues el hombre fue encomendado a luchar por su prosperidad material y espiritual. El Rey Salomón (Proverbios 26:13) adjudica las excusas a los perezosos, quienes alegan que “hay un león en la calle” con tal de no salir a trabajar. Vale la pena “pillarse” a uno mismo cuando se pone a dar excusas creativas y ponerle fin de inmediato.

Querido lector, ¿Cuántas buenas ideas has empezado y se han quedado en el camino? ¿Cómo crees que tu amor y confianza en ti mismo/a se verían repotenciados si dichas actividades fueran terminadas? Sin duda sería un empuje extraordinario.

Te invito de todo corazón a tomar conciencia de estos consejos y ponerlos en práctica en un área especifica de tu vida o en un pequeño proyecto ¡ya verás lo que pasa! Te deseo el mayor de los éxitos.

Según tomado de, https://www.aishlatino.com/e/cp/Termina-lo-que-empiezas.html?s=hp1

¿Qué mantiene unida a una sociedad?

Artistic World Map (Body Painting) | Peace, World peace, Peace on ...

Por Fernando Alvarez-Baron

El Planeta Tierra, que es una inmensa bola que viaja por el espacio a velocidad considerable, está habitada por aproximadamente unos 7,500 millones de seres humanos. En el centro de nuestro planeta existe un núcleo de hierro y níquel de tamaño sinilar a la Luna, que se encuentra a una temperatura de hasta 6,000 grados centígrados. Ni ahora, ni en el pasado, nuestros ancestros (se calcula que hemos pasado por este mundo unos 115,000 millones de personas) prestaron mucha atención a lo que ocurría en el centro de la Tierra. A veces el núcleo de la Tierra se nos manifiesta, como cuando la erupción minoica, ocurrida en la isla de Santorini, originó el colapso de la Edad de Bronce, al desencadenar  una catástrofe ecológica en el Mediterráneo, que movilizó una avalancha migratoria de tribus hambrientas , conocidas como Pueblos del Mar, que en su desesperación, arrasaron la civilización Micénica,  el Imperio Hitita, y  las ciudades Cananeas de la costa,  coadyuvando a que en las colinas centrales de Israel emergiera un pueblo, destinado a multiplicarse como las estrellas del cielo y las arenas de la playa.  Pero, de todas estas catástrofes, dado que los humanos somos más dados al chismorreo que al pensamiento abstracto, los mitos y leyendas del pasado apenas han salvado, las andanzas de Dalila de Gaza y Helena de Troya, dos golfas de aquel entonces, como Corinna Von Larsen, pero de la Edad de Bronce.

Nuestro enorme cerebro posee una maquinaria neuronal que nos incita a formar grupos, y en general, aquellos que han sido capaces de formar grupos más grandes, se han impuesto al resto de pueblos. El Imperio Romano y la China de la dinastía Han, supieron aprovechar unas circunstancias climáticas favorables, (el denominado Optimo Climático Romano, caracterizado por un clima húmedo, templado y estable desde el año 300 AC hasta el 300 DC) para formar las primeras instituciones humanas globalizadas. Hubo una circunstancia, a la que el Imperio Romano apenas prestó atención, que conforme ampliaban las fronteras, y el espacio comercial imperial, contribuían también, al libre tránsito de virus y bacterias que llevan habitando el Planeta Tierra desde hace 3.500 millones de años. Los patógenos aprovecharon la libertad de tránsito para, en tres oleadas, La Peste Antonina, La Peste de Cipriano y La Peste de Justiniano, acabar con las fuerzas del Imperio, derrotándolo desde dentro y provocando la mayor regresión en toda la historia de la humanidad. El daño que estos animales sin cerebro han hecho a la civilización, puede medirse por los XII siglos que tardo en aparecer la Revolución Industrial, después de la caída de Roma, que con Galeno Demócrito había alcanzado un empirismo incipiente.


Hacia el año 1760 empezó, por fin, la Revolución Industrial en Inglaterra, y hacia 1895 en Francia, el Dreyfusard Emile Durkheim contribuyó a sentar las bases de la Sociología, afirmando que los humanos solemos confundir las apariencias con la realidad. Para superar los prejuicios del populacho, Durkheim propuso el concepto de, “hecho social”, que son modos de actuar, pensar y sentir externos al individuo, los que poseen un poder de coerción, en virtud del cual se imponen a él. La sociedad es algo que está fuera y dentro del individuo al mismo tiempo, gracias a que este adopta e interioriza sus valores y su moral. El “hecho social”,  tiene una fuerte capacidad de coerción y de sujeción respecto del individuoy, en consecuencia, la sociedad tiene el poder de determinar nuestros pensamientos y acciones.

En 1859 Charles Darwin publica “El Origen de las Especies” cuya idea básica es que las especies de animales cambian con el tiempo, y que, en todos los seres vivos, se puede rastrear la existencia de un antepasado común. En 1953 James Watson y Francis Crick realizaron un descubrimiento que confirmaba la mayoría de las teorías evolucionistas de Darwin. Encontraron la muestra química gracias a la cual cada ser vivo posee el programa para su propio desarrollo en sus células: el código del ADN. Para los biólogos, pues, los seres humanos somos meras máquinas de supervivencia (cuerpos) de nuestros genes, en las antípodas de la sociología.

En el año 2020, El Planeta Tierra, sigue siendo una inmensa bola que viaja por el espacio a velocidad considerable, enroscada a un núcleo de hierro y níquel que alcanza una temperatura de hasta 6.000 grados centígrados, circunstancia que no ha impedido que, los 7.500 millones de humanos que vivimos en la superficie, acumulemos el mayor nivel de riqueza y bienestar de la historia.  Como en otras ocasiones en el pasado, ha aparecido un patógeno peligroso, que en forma de pandemia, y bajo en nombre de Covid 19 amenaza nuestra forma de vida. Para BIOLOGOS SIN FRONTERAS, los herederos de DarwinWatson y Crick, el problema es sencillo, unos genes competidores han fabricado una máquina de supervivencia (un cuerpo) en forma y apariencia de coronavirus, y nos están disputando los recursos de la corteza terrestre. Era esperable que esto sucediera, pues somos la fuente de comida más abundante (para otros) que existe, junto con las gallinas y el resto del ganado doméstico. De hecho, BIOLOGOS SIN FRONTERAS, sí que había previsto este ataque, hace mucho tiempo y tenia la respuesta preparada, cuyo nombre es Sistema Inmunológico. Como en el caso de Roma o de la Edad Media, cuando el ataque de la Yersinia Pestis, la línea de defensa del Sistema Inmunológico es tan fuerte, que la Humanidad, a pesar de su terrible mortalidad, está lejos de ser derrotada por los patógenos.

Para SOCIOLOGOS SIN PRONTERAS, los herederos de Emile Durkheim, o Erving Goffman entre otros, el problema es más complejo. Dado que las burocracias públicas y privadas de los Estados de la Tierra no parecen dispuestas, en general, a soportar las tasas de mortalidad del Covid 19, están imponiendo medidas de “distanciamiento físico”, sin darse cuenta que LA SOCIEDAD es, ante todo, y por encima de todo, UNA ACTIVIDAD CORPORAL, ya que cuando unos cuerpos humanos se reúnen en un mismo lugar, ocurre una sincronización física. Proferir el mismo grito, pronunciar la misma palabra, o efectuar el mismo gesto respecto de algún objeto, es lo que nos hace sentirnos en sociedadLas mentes individuales no pueden entrar en contacto y comunicarse entre sí, excepto saliendo de sí mismas, y solo pueden hacerlo mediante movimientos corporales. La mayor parte de la vida social se realiza a través de rituales rutinarios, que son reglas emergentes, que normalizan, exageran y simplifican las conductas individuales, cuando estamos en proximidad física.  Los grandes rituales del consumo masivo, de los deportes de masas, de los conciertos de música, o de otros rituales básicos, como el trabajo, las bodas o los funerales, están basados en la proximidad física, que tanta energía emocional proporciona a los participantes, y que, las medidas de “distancia física”, están amenazando gravemente. El peligro del distanciamiento físico, es que, los rituales que no se renuevan se debilitan y perecen, y que el pensamiento y el lenguaje, también dependen de la renovación recurrente de los rituales, que son encuentros pautados entre personas, que tienen propiedades emergentes (más sofisticadas que sus componentes individuales).

¿Qué mantiene unida a la sociedad? Los rituales, que el distanciamiento físico y las mascarillas impuestos por los gobiernos están amenazando gravemente. LA SOCIEDAD, son esos grupos de gentes reunidos en lugares concretos (supermercados, estadio, discotecas, saunas, bodas, entierros, cafeterías, oficinas, fabricas, hospitales, etc.), que sienten solidaridad recíproca por efecto de su participación ritual, y del simbolismo cargado emotivamente en los rituales. Pero también hay que reconocer, que contribuye a mantener unida a la sociedad, la pereza, la conformidad, la falta de imaginación y el vértigo existencial, por eso tal vez sería más barato para todos, encontrar la forma de entablar un dialogo de especie a especie con el Covid 19, dado que el animal no pretende exterminarnos, sino vivir a costa nuestra, como su primo la gripe. Es más, en ocasiones anteriores se llegó a algún entendimiento entre patógenos y humanos (o pre humanos), dado que los rastros de ese pacto se encuentran en tramos concretos de nuestro ADN. En el pasado, llegamos a compromisos con muchas bacterias que actualmente se alojan en el intestino humano, y que colaboran lealmente con nuestro Sistema Inmunológico, en combatir a otros patógenos. Es más, ¿no estarían los chinos en el Instituto de Virología de Wuhan intentando entablar un dialogo inter-especies con un grupo concreto de Covid-19 u otros patógenos?

Los humanos de hoy nos parecemos más a nuestros antecesores de cromañón y de neandertal, que a los humanos del futuro, que interconectarán sus cerebros, y no tendrán que recurrir a las explicaciones corporales, como la risa, los gestos, las posturas, la mímica o los gritos, a los que recurrimos hoy día, en las situaciones de co-presencia. Una anticipación muy rudimentaria de la futura conexión inter- cerebral, la tenemos en las formas de comunicación implementadas a través de Facebook, WhatsApp, o el resto de redes sociales. Actualmente nuestro cerebro monta un espectáculo para cada uno de nosotros, transformando colores, texturas, sonidos y aromas, en señales electroquímicas. En el futuro, probablemente podremos compartir las señales electroquímicas cerebrales con nuestros amigos, sin necesidad de recurrir a la ayuda de la   actuación corporal pautada y coercitiva, en que consisten los actuales rituales humanos. Todo indica que las sociedades del futuro serán mucho más sencillas de coordinar que que las actuales, y siguiendo con la tendencia a la reducción de la capacidad cerebral que nos acompaña desde que comenzamos a ser agricultores hace 12.000 millones de años, inteligencias como las de Donal TrumpJair Bolsonaro, o Pedro Sanchez (y por supuesto también las de Joe Biden, Lula da Silva y Pablo Casado),  no tendrán problemas cognitivos insalvables, para atender a las labores de gobierno. Y dado que todos los seres vivos, descendemos de un antepasado común, los políticos que nos gobiernen, acabaran poniendo entre sus prioridades políticas, el dialogo inter-especies, con otros seres vivos con los que compartimos el espacio en la corteza de esta inmensa bola, que viaja por el espacio a velocidad considerable, enroscada a un núcleo de hierro y níquel, que alcanza una temperatura de hasta 6.000 grados centígrados.

Según tomado de, https://diariojudio.com/opinion/que-mantiene-unida-a-una-sociedad/338045/