¿El judaísmo cree en el sacrificio humano?

¿Por qué Di-s necesitaba “poner a prueba” a Abraham, cuando ya conoce el corazón de los hombres mejor que nosotros mismos?

Por Gran Rabino Jonathan Sacks

 “Toma a tu hijo, tu único hijo, al que amas (Itzjak) y ve a la tierra de Moriá. Ofrece allí a tu hijo como sacrificio en la montaña que voy a mostrarte”. Así comienza uno de los episodios más famosos de la Torá, pero también uno de los más problemáticos desde el punto de vista moral.

La lectura tradicional de este pasaje nos dice que a Abraham se le pedía que mostrara que su amor por Di-s era supremo. La manera de mostrarlo era estar dispuesto a sacrificar al hijo al que había esperado toda una vida.

¿Por qué Di-s necesitaba “poner a prueba” a Abraham, cuando ya conoce el corazón de los hombres mejor que nosotros mismos? La respuesta del Rambam es que Di-s no necesitaba que Abraham probara su amor por él. El objetivo de la prueba era establecer para toda la eternidad cuán lejos deben ir el temor de Di-s y el amor por él.1

No hubo mucha discusión sobre este principio. La historia trata sobre el terror a Di-s y el amor por él. Kierkegaard escribió un libro al respecto, Temor y temblor,2 y afirmó que la ética es universal. Consiste en reglas generales. Pero el amor de Di-s es particular. Es una relación yo-tú. Durante la prueba, Abraham se sometió, según Kierkegaard una “suspensión teológica de lo ético”, es decir, a una voluntad de permitir que el amor yo-tú de Di-s prevaleciera sobre los principios universales que mantienen juntos a los seres humanos.

El rav Soloveitchik explicó este episodio en términos de su propia caracterización famosa de la vida religiosa como una dialéctica entre la victoria y la derrota, la majestuosidad y la humildad, el hombre como señor de la creación y el hombre como sirviente obediente.3 Hay momentos en los que “Di-s le dice al hombre que evite lo que más desea”. Debemos experimentar la derrota tanto como la victoria. Por eso, la atadura de Itzjak no fue un episodio singular, sino un paradigma de la vida religiosa en su conjunto. Donde sea que tengamos un deseo apasionado –al comer, al dormir, al mantener relaciones sexuales– la Torá pone límites a la satisfacción del deseo. Como nos enorgullecemos de poseer el poder de razonar, la Torá incluye jukim, estatutos, que son impenetrables a la razón.

Estas son las lecturas tradicionales y representan la corriente principal de la tradición. De todas maneras, como hay “setenta facetas de la Torá”, quiero proponer una interpretación diferente. La razón por la que hago esto es que una prueba de validación de una interpretación consiste en ver si es coherente con el resto de la Torá, el Tanaj y el judaísmo en su conjunto. Hay cuatro problemas con la lectura tradicional:

1. Sabemos del Tanaj y de evidencia independiente que la voluntad de ofrecer a tu hijo como sacrificio no era algo extraño en el mundo antiguo. Era de lo más normal. El Tanaj menciona que Mesha, el rey de Moab, lo hizo. También lo hizo Ieftaj, el líder menos admirable del Libro de los Jueces. Dos de los reyes más malvados del Tanaj, Ahaz y Manasé, introdujeron la práctica en el judaísmo, razón por la que fueron condenados. Hay evidencia arqueológica (los huesos de miles de niños pequeños) de que los niños eran sacrificados con frecuencia en Cartago y otros lugares fenicios. Era una práctica pagana.

2. El sacrificio de los niños es considerado algo horroroso a lo largo del Tanaj. Mijá pregunta en forma retórica: “¿Tengo que entregar a mi primogénito por mi pecado, el fruto de mi cuerpo por el pecado de mi alma?” y responde: “Él te ha mostrado, hombre, lo que es bueno. ¿Y qué espera Hashem de ti? Que actúes con justicia y ames con misericordia y camines con humildad junto a tu Di-s”. ¿Cómo pudo Abraham ser un modelo si estaba preparado para hacer lo que se les prohibió a sus descendientes?

3. Abraham fue elegido para ser un modelo en específico como padre. Di-s dice sobre él: “Lo he elegido para que enseñe a sus hijos y a su descendencia a mantener el camino de Hashem, a hacer lo que está bien y es justo”. ¿Cómo podría servir como padre modelo si estaba dispuesto a sacrificar a su hijo? Al contrario, debería haberle dicho a Di-s: “Si quieres que te pruebe cuánto te amo, tómame a mí como ofrenda, no a mi hijo”.

4. Como judíos (y por supuesto, como humanos) debemos rechazar el principio de Kierkegaard de la “suspensión teológica de lo ético”. Se trata de una idea que da carta blanca a los fanáticos de la religión para cometer crímenes en nombre de Di-s. Es la lógica de la inquisición y la bomba suicida. No es la lógica del judaísmo, entendido como debe ser.4 Di-s no nos pide que no seamos éticos. Es posible que no siempre entendamos la ética desde la perspectiva de Di-s pero creemos que “él es la piedra, su trabajo es perfecto; todos sus modos son justos” (Devarim 32:4).

Para entender la atadura de Itzjak, tenemos que darnos cuenta de que gran parte de la Torá, el Génesis en particular, es una polémica contra las cosmovisiones que la Torá considera paganas, inhumanas y erradas. Una institución a la que el Génesis se opone es la antigua familia como la describe Fustel de Coulanges en The Ancient City (1864)5 , replanteada hace poco por Larry Siedentop en Inventing the Individual: The Origins of Western Liberalism.6

Antes de que surgieran las primeras ciudades y las civilizaciones, la unidad social y religiosa fundamental era la familia. Como lo plantea Coulanges, en los tiempos antiguos había una conexión intrínseca entre tres cosas: la religión doméstica, la familia y el derecho de propiedad. Cada familia tenía sus propios dioses, entre ellos, espíritus de ancestros muertos, en los cuales buscaban protección y a quienes ofrecían sacrificios. La autoridad del jefe de familia, el paterfamilias, era absoluta. Tenía el poder de la vida y de la muerte respecto de su esposa y sus hijos. La autoridad invariable pasaba, cuando el padre moría, a su primogénito. Hasta entonces, mientras el padre viviera, los hijos tendrían el estatus de propiedad más que de persona. Esta idea persistió incluso luego de la era bíblica en el principio legal romano de patria potestas.

La Torá se opone a todos los elementos de esta concepción. Como señala la antropóloga Mary Douglas, uno de los aspectos que más llaman la atención en la Torá es que no incluye sacrificios a ancestros muertos.7 Buscar los espíritus de los muertos está prohibido de manera explícita.

Algo también notable es el hecho de que en las primeras historias la sucesión no pasa al primogénito: no pasa a Ishmael, sino a Itzjak; no pasa a Esav, sino a Iaacov; no pasa a la tribu de Reubén, sino a Levi (el sacerdocio) y Iehuda (la realeza); no pasa a Aarón, sino a Moshé.

El principio al cual toda la historia de Itzjak, desde su nacimiento hasta el sacrificio, se opone es la idea de que un niño es propiedad de su padre. Primero, el nacimiento de Itzjak es milagroso. Sará lo concibe luego de su menopausia. En este sentido, la historia de Itzjak es paralela a la del nacimiento de Shmuel, porque Jana tampoco podía concebir de manera natural. Es por eso que, cuando nace, Jana dice: “recé por este niño, y Hashem me ha dado lo que le pedí. Entonces ahora se lo daré a Hashem. Toda su vida será entregada a Hashem”. Este pasaje es clave para entender el mensaje del cielo que le decía a Abraham que debía detenerse: “Ahora sé que le temes a Di-s, porque no me has negado a tu hijo, tu único hijo” (la declaración aparece dos veces, en Bereshit 22:12 y 16). La prueba no era si Abraham sacrificaría a su hijo o no, sino si se lo entregaría a Di-s.

El mismo principio se repite en el libro de Shemot. Primero, que Moshé sobreviviera fue casi milagroso, porque nació en los tiempos en los que el faraón había decretado que todos los niños israelitas debían ser asesinados. En segundo lugar, durante la décima plaga, cuando morían todos los primogénitos egipcios, los primogénitos israelitas se salvaron por obra de un milagro. “Conságrenme todos los primogénitos hombres. El primer fruto de cada vientre israelita me pertenece, ya sea humano o animal”. Los primogénitos estaban en un principio destinados a servir a Di-s como sacerdotes, pero perdieron este rol luego del pecado del becerro de oro. No obstante, persisten vestigios de este rol original en la ceremonia de Pidión Habén, el rescate del primogénito.

Cuando Di-s le pidió a Abraham que le diera a su hijo, no le pidió al niño para sacrificarlo, sino para algo muy diferente. Quería que Abraham renunciara a la propiedad de su hijo. Quería establecer un principio no negociable de la ley judía de que los niños no son propiedad de sus padres.

Es por eso que tres de las cuatro matriarcas no fueron capaces de concebir sin ayuda de milagros. La Torá quiere que sepamos que los hijos que engendraron eran hijos de Di-s, y no el resultado natural de un proceso biológico. Con el tiempo, todo el pueblo de Israel sería considerado hijo de Di-s. Se transmite una idea similar en el hecho de que Di-s eligiera como vocero a Moshé, que no era “un hombre de muchas palabras”. Era tartamudo. Moshé se convirtió en el vocero de Di-s porque la gente sabía que las palabras que decía no eran suyas, sino que eran puestas en su boca por Di-s.

La evidencia más clara de esta interpretación se da en el nacimiento del primer niño humano. Cuando lo da a luz, Javá dice: “Con ayuda de Hashem, ahora he obtenido (kaniti) un hombre”. Ese niño, cuyo nombre viene del verbo “adquirir”, fue Cain, quien se convirtió en el primer asesino. Si buscas apropiarte de tus hijos, es probable que se rebelen violentamente.

Si el análisis de Fustel de Colanges y Larry Siedentop es correcto, de él se desprende que estaba en juego algo fundamental. En tanto los padres creyeran que sus hijos les pertenecían, el concepto de individuo era algo imposible. La unidad fundamental era la familia. La Torá representa el nacimiento del individuo como figura central en la vida moral. Como los niños (todos los niños) pertenecen a Di-s, la paternidad no es más que una custodia. Tan pronto como alcanzan la adultez (según la tradición, las niñas a los doce y los niños a los trece), los niños se vuelven agentes morales independientes con su propia dignidad y libertad.8

El aporte de Sigmund Freud en este asunto también tuvo muchas repercusiones. Sostuvo que un eje fundamental de la identidad humana9 es el complejo de Edipo, el conflicto entre padres e hijos tal como se ejemplifica en la tragedia de Sófocles. Al crear un espacio moral entre padres e hijos, el judaísmo ofrece una resolución no trágica de esta tensión. Si Freud hubiera tomado su psicología de la Torá en lugar de tomarla de un mito griego, hubiera llegado a una perspectiva más esperanzadora de la condición humana.

¿Por qué entonces Di-s le dijo a Abraham que “ofreciera en holocausto” a Itzjak? Para dejar en claro a todas las generaciones futuras que la razón por la que los judíos condenan el sacrificio de niños no es que les falte valor para llevarlo a cabo. Abraham es la prueba de que no les falta coraje. La razón por la que no lo hacen es que Di-s es el Di-s de la vida, no de la muerte. Tal como muestran las leyes de pureza y el rito de la vaca roja, la muerte no es sagrada. La muerte profana.

La Torá es revolucionaria no sólo en relación con la sociedad, sino también en relación con la familia. Estemos seguros: la revolución de la Torá no se completó durante la época bíblica. La esclavitud todavía no había sido abolida. Los derechos de las mujeres todavía no se habían actualizado por completo. Pero el nacimiento del individuo –la integridad de cada uno de nosotros como un agente moral con derechos propios– fue una de las grandes revoluciones morales de la historia.

NOTAS AL PIE
Guía de los perplejos 3:24.
2. Søren Kierkegaard. Temor y temblor.Madrid: Tecnos, 1987 [1843].
3. Joseph B. Soloveitchik, “Majesty and Humility”, Tradition 17:2, primavera 1978, pp. 25–37.
4. Este es un tema ya de por sí muy extenso sobre el que espero poder explayarme en alguna otra ocasión.
5. Fustel De Coulanges, The Ancient City: A Study on the Religion, Laws, and Institutions of Greece and Rome. Garden City, NY: Doubleday, 1956.
6. Larry Siedentop, Inventing the Individual. London: Penguin, 2014.
7. Mary Douglas, Leviticus as Literature. Oxford: Oxford UP, 1999.
8. Quizás no sea casual que la figura que se hizo más célebre por enseñar la idea del “derecho de los niños a ser respetados” fuera Janusz Korczak, creador del famoso orfanato de Varsovia, quien murió junto con los huérfanos en Treblinka. Ver Tomek Bogacki, The Champion of Children: The Story of Janusz Korczak (2009).
9. Planteó, en Tótem y tabú, que el complejo de Edipo es también central para la religión.
Según tomado de, http://es.chabad.org/library/article_cdo/aid/3492076/jewish/El-judasmo-cree-en-el-sacrificio-humano.htm
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What Are Archangels?

Yehuda Shurpin

The term “archangel,” which denotes an angel of high rank who commands other angels, doesn’t actually have a Hebrew equivalent in Jewish Scriptures. The book of Daniel, however, mentions two angels by name, Gabriel and Michael, and refers to Michael as a sar, which means “prince” or “minister.”1The term “minister” seems an apt description of what differentiates angels like Michael and Gabriel from the unnamed angels we encounter throughout the Bible, starting from Genesis.

There are many different types of angels, each one tasked with a specific mission and function. Some angels are created for one specific task, and upon completion of the task they cease to exist. Other angels, after completing their task, may be given another one to do. This is the case with the angels we refer to as ministers or archangels.

Note that, unlike people, angels cannot multitask. That’s why G‑dhad to send three separate angels to visit Abraham—each one was tasked with a separate mission: one to bring Abraham the news of Isaac’s impending birth, one to overturn Sodom, and one to heal Abraham.2

And although people can have multiple modes of serving G‑d—love, awe, etc.—when it comes to angels, each one has its own specific form of Divine service that does not change.

Michael and Gabriel: Fire and Water

In the Midrash, Michael is called the “prince of kindness (chessed) and water” and Gabriel “the prince of severity (gevurah) and fire.3” Thus, Angel Michael is dispatched on missions that are expressions of G‑d’s kindness, and Gabriel on those that are expressions of G‑d’s severity and judgment.

However, as we explained earlier, angels don’t multitask. Therefore, although Michael may be the chief angel or “prince” of chessed, he has many underlings, angels that work under him and represent a service of chessed. The same holds true for Gabriel and his Divine service through severity.

Thus, Michael and Gabriel are referred to as “archangels,” since they are at the head of these differing groups of angels, which are known as “hosts (tzvah),” “camps” (machaneh) or “banner” (degel) of angels.

Peace in Heaven and Earth

Since angels are by definition absolutists, it is natural that their differing modes of service would clash. The sages explain that we allude to this every day when we say, at the conclusion of the Amidah and Kaddish Prayers, “He who makes peace in His heavens, may He make peace for us and for all Israel; and say,Amen.”4

We are saying that just as G‑d keeps the peace between the angels Michael and Gabriel, even though they represent opposing modes of Divine service (fire vs. water), so too, may He “make peace for us and for all Israel.”

And to that, we say a hearty “Amen!”

FOOTNOTES
1. Daniel 10:13, 12:1.
2. Midrash Bereishit Rabbah 50:2; Rashi, Genesis 18:2.
3. See Midrash Tanchumah, Vayigash 6.
4. Midrash Tanchumah, Vayigash 6.
As taken from, http://www.chabad.org/library/article_cdo/aid/3825092/jewish/What-Are-Archangels.htm

Jewish Word | Golem

Jewish Word | Golem

A Mutable Monster

July 17, 2017 in 2017 July-August

 

Last September, during the final dramatic months of the U.S. presidential election, an exhibit on the golem opened at the Jewish Museum in Berlin. Improbably, among the works of art and historic artifacts, the show included a baseball cap from the Trump presidential campaign stamped with the words, “Make America Great Again.” The caption quoted a 2015 Canadian Broadcasting Corporation news article referring to the then-candidate as a golem “that grew uncontrollable and threatened the entire universe.”

Martina Lüdicke, one of the exhibit curators, explains that the Trump hat was included to show that “each generation recreates the golem as a reflection of what’s happening at that time.” In Jewish folklore, a golem is a powerful but erratic humanoid formed from earth and brought to life through Kabbalistic magic; while the golem is often created with good intentions, or even to save the Jews, ultimately it runs amok and must be destroyed.

Indeed, much like the amorphous clay from which it is usually formed, the golem is a highly mutable metaphor with seemingly limitless symbolism. It can be victim or villain, Jew or non-Jew, man or woman—or sometimes both. Over the centuries it has been used to connote war, community, isolation, hope and despair.

Despite the meanings the golem has acquired over the years, its origins are fairly simple. The Hebrew word galmi, meaning an “unformed mass,” first appears in Psalm 139:16. In a later midrash about human creation, Adam is said to have been a golem, a body without a soul, until the fourth hour of his existence when God breathed life into him. Although the concept of a golem as a creature artificially brought to life goes back to the Talmud, the term doesn’t come into common usage until much later. A 13th-century manuscript by Rabbi Eleazer of Worms, an early German Kabbalist, gives detailed instructions for how to create a golem; by the end of that century, summoning golems was a common part of Kabbalistic practice.

Souvenir figurine of Prague golem.

Golems were mostly male, though the occasional appearance of she-golems casts an intriguing light on gender roles of the time. The Andalusian poet and philosopher Solomon ibn Gabirol supposedly created a golem maidservant to cook his meals and keep house for him. The 16th-century mystical text Shnei Luhot Ha-Brit by Rabbi Isaiah Horowitz tells of the creation of a “beautifully silent” female golem—a golem quasi-concubine—for sexual relations. When accused of lewdness, Rabbi Horowitz defended himself by saying that since golems are “not born from men’s semen or grown in a woman’s womb, sex with a golem is not a sin.”

Golems are not solely about good times; there is a darker side to the tradition. With the rise of anti-Semitism in the late Renaissance period and greater dissension within Jewish communities, a dramatic new element emerges—danger. For the first time, the golem is no longer simply a passive servant laboring for its master but a threatening and ominous figure. The most famous golem tale of this type is about Rabbi Judah Loew, the great 16th-century Kabbalist and Talmudic scholar of Prague, who creates a golem to defend the Jewish community against Christian attacks. The golem saves the day, but the story’s end reflects Jewish insecurities about power: Loew loses control of the monster and must destroy it. In one version, the golem turns back to mud and falls on the rabbi, killing him.

Monsters “mirror the anxieties and fears of society, emerging more vigorously…when cultural stresses are keenest,” argues University of Glasgow Jewish Studies professor Mia Spiro. You can see this vividly with the golem. In the years between the two world wars, as Europeans grappled with massive political and social upheaval, golems turned up in both Jewish and non-Jewish fiction. One of the latter, German filmmaker Paul Wegener’s enormously popular 1920 horror film, The Golem: How He Came into the World, reinterpreted the Rabbi Loew story in ways that mirrored the distress that afflicted postwar Germany. The film’s Jewish golem is a threatening figure reflecting Wegener’s apprehension about Jews.

In sharp contrast, Jewish poet H. Leivick’s 1921 Yiddish play Der Goylemarticulates Jewish anxieties about persecution. Where Wegener’s golem is heartless and mechanical, Leivick’s golem is needy, fearful of being alone and powerless to save the Jewish people. The golem—who is given the name Yossi by his creator—ultimately loses his mind, suggesting that madness is an appropriate response to the insanity of the times. In a line that took on new poignancy after the Holocaust, the play ends with the golem plaintively crying out, “Who will save us?”

Golem illustration by Philippe Semeria.

With the founding of the State of Israel, Jews recast the golem as any enemy of the Jews. In June of 1948, at the ceremony swearing in the first group of IDF soldiers, Moshe Sharett, foreign minister for the provisional government, referred to the Arab League as a golem created by the British. The Hebrew language press appropriated the term to describe both Arabs and Germans: Israeli journalist Hillel Danzil, in the daily newspaper Davar, wrote that “the Arab golem” was a “reincarnation of the prior Nazi monster.” Soon after, Der Goylem returned to the stage, this time reinterpreted as an urgent call for the use of Jewish physical force. Poet and literary critic Adam Kirsch argues, “The golem story addresses our post-Holocaust fear of insecurity, our Zionist admiration of and guilt about strength, and our 21st-century obsession with technology and the ways it can go awry.”

The golem remains with us, still shape-shifting in form and meaning. In recent decades, it has popped up in a range of popular media, from Superman comic books to Michael Chabon’s The Amazing Adventures of Kavalier & Clay to Quentin Tarantino’s movie Inglourious Basterds. James Sturm, creator of the popular graphic novel The Golem’s Mighty Swing, believes that the golem continues to resonate with artists and writers because the story mimics the artistic process: “You create a work of art and then it takes on a life of its own.” And the golem’s allegiance is still mutable. These days, golems are portrayed both as allies of Jews and as their enemies, entities to be embraced or overcome. Even Israel itself has been called a golem. A 2002 New York revival of Der Goylem staged the play in Israel, the West Bank and the Gaza Strip against the backdrop of the second intifada. In her New York Times review of the production, theater critic Alisa Solomon wrote, “Has the militarily mighty Jewish state become a golem for the 21st century, promising protection but leading to peril?”

Although such comparisons remain rare, for Jews and non-Jews the golem serves as a concept uniquely suited to expressing the fears and insecurities of the modern era. As Isaac Bashevis Singer wrote in 1984, “The golem story appears less obsolete today than it seemed one hundred years ago. After all, what are the computers and robots of our times if not golems?”­

 

As taken from, http://www.momentmag.com/jewish-word-golem/?utm_campaign=eNewsletter&utm_source=hs_email&utm_medium=email&utm_content=57944172&_hsenc=p2ANqtz-_iux4j1BkUC8vLx9MptZS4VM5MTgQ-GUXabAD4hPjTGGMGvIoSkyOT6RJshjm4iUsCW2YJB6cDldzAY07TSf-2Kmf2R04uwrL7U_vfF5BUVcr0Mxg&_hsmi=57944172

La Declaración Balfour: 5 cosas que tienes que saber

La Declaración Balfour: 5 cosas que tienes que saber

El 2 de noviembre del 2017 marca el centenario de la Declaración Balfour, una de las más importantes declaraciones políticas de los tiempos modernos.

por Yvette Alt Miller

El 2 de noviembre del 2017 marca el centenario de la Declaración Balfour, una de las más importantes declaraciones políticas de los tiempos modernos. Hay cinco puntos claves que se debe saber sobre este hito esencial.

1. ¿Qué es la Declaración Balfour?

La Declaración fue un compromiso por parte del gobierno británico de establecer una patria para el pueblo judío en la Tierra de Israel. Después de casi 2000 años de exilio, esto ofreció una promesa respecto a que una vez más florecería un estado judío.

El 2 de noviembre de 1917, el secretario de Asuntos Exteriores de Inglaterra, Lord Balfour, escribió una carta pública a Lord Rothschild, pidiéndole que él la diera a conocer a la comunidad judía internacional:

El gobierno de su Majestad ve favorablemente el establecimiento de un hogar nacional para el pueblo judío en Palestina, y hará sus mejores esfuerzos para facilitar el logro de este objetivo. Debe entenderse claramente que no se hará nada que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina o los derechos y el estatus político que disfrutan los judíos en cualquier otro país.

Veinte años antes de la Declaración Balfour, en el Primer Congreso Sionista en Basilea, Suiza, los líderes judíos establecieron el principio de la autodeterminación política judía, declarando que “el sionismo busca establecer una patria para el pueblo judío en Palestina asegurada bajo la ley pública”. La Declaración Balfour consagró esta promesa en una ley. El fallecido estadista israelí Abba Eban la llamó: “la decisiva victoria diplomática del pueblo judío en la historia moderna”.

2. Inglaterra no controlaba la tierra que prometió en la Declaración Balfour.

Al emitir la Declaración Balfour, Inglaterra estaba luchando en la Primera Guerra Mundial, en la cual Inglaterra, Francia, Bélgica, Rusia e Italia se enfrentaban a los poderes combinados de Alemania, Austro-Hungría, Bulgaria y el Imperio Otomano. (Para el 2 de noviembre de 1917, hacía ya siete meses que los Estados Unidos habían estado luchando junto a Inglaterra, aunque Estados Unidos no estaba formalmente en guerra contra el Imperio Otomano).

Gran Bretaña se estaba acercando a la Tierra de Israel, que durante 400 años fue dominada por el Imperio Otomano.

Los historiadores debaten qué fue lo que motivó a Inglaterra y a sus aliados a emitir una promesa tan entusiasta al pueblo judío en medio de la Guerra. Algunos creen que los políticos británicos de la época simpatizaban con el sufrimiento del pueblo judío y apoyaban la restauración de la nación judía en su antigua tierra patria. Otros señalan la ilusión del poder judío. Cuando las fuerzas británicas y australianas se acercaban a la Tierra de Israel, los políticos en Londres quisieron asegurarse que los poderes mundiales reconocieran sus reclamos en la zona.

El hecho de prometer restaurar la patria del pueblo judío, parecía ser una forma poderosa de afirmar los derechos morales de Inglaterra sobre el área para movilizar a los judíos de todo el mundo a presionar a sus gobiernos para que apoyaran los reclamos británicos, especialmente en los Estados Unidos y en Rusia.

3. La Declaración Balfour parece demasiado breve y ambigua. ¿Por qué fue tan importante?

La Declaración Balfour fue una de las primeras declaraciones internacionales de la época moderna.

Primero, un poco de historia. En 1916, en medio de la guerra, Inglaterra y Francia firmaron un documento secreto acordando que si lograban conquistar la Tierra Santa de manos de los otomanos, dividirían entre ellos la tierra. Esto se conoce como el Acuerdo Sykes Picot, llamado así por el diplomático británico Sir Mark Sykes y Francois Georges-Picot.

Casi de inmediato, el Acuerdo Sykes-Picot tuvo poca popularidad. Cuando los bolcheviques tomaron el poder en noviembre de 1917, publicaron el acuerdo secreto, indignados por su contenido. En Inglaterra, David Lloyd George se convirtió en Primer Ministro a finales de 1916, y sintió que el acuerdo Sykes-Picot favorecía a los franceses. Él encomendó a Sir Sykes para renegociar el acuerdo.

Sykes le pidió ayuda a uno de los líderes sionistas, un periodista en lenguaje hebreo llamado Najum Sokolov. Sokolov había nacido en Rusia y era un elocuente defensor de una patria nacional judía. Él fue quien tradujo al hebreo la inspiradora novela de Teodoro Hertzl sobre un estado judío.

Sokolov era brillante y carismático, y de inmediato partió en un torbellino de reuniones diplomáticas por Europa, reuniendo un consenso paneuropeo respecto al establecimiento de un hogar judío en la Tierra de Israel. En reuniones con oficiales en Francia e Italia, Sokolov presentó el caso de una patria judía, explicando el crecimiento de las comunidades judías que comenzaban a regresar a la Tierra de Israel y señalando que los judíos estaban logrando que por primera vez en un milenio floreciera el desierto del Medio Oriente.

Con su ayuda, emergió un consenso entre los aliados de la Primera Guerra Mundial pidiendo el establecimiento de un hogar judío en la Tierra de Israel. El Papa Benedicto dijo que él creía que la voluntad de Dios era que los judíos establecieran su hogar en Israel, y agregó: “¡Sí, sí, yo creo que debemos ser buenos vecinos!”.

El Ministro de Asuntos Exteriores de Francia, Jules Cambon, expresó el firme apoyo de su país a un estado judío. En lo que se conoce como la Carta Cambon, Francia aseguraba que:

Sería un acto de justicia y reparación asistir, a través de la protección de las Fuerzas Aliadas, al renacimiento de la nacionalidad judía en esa tierra de la cual el pueblo de Israel fue exiliado hace tantos siglos.

En Washington, el presidente Wilson enfrentó un dilema. El sionismo era inmensamente poco popular en el Departamento de Estado, pero su justicia atraía al presidente. A mediados de octubre de 1916, cuando se estaba formulando la Declaración Balfour, el presidente Wilson convocó a su oficina al coronel Edward House, su consejero en asuntos extranjeros, y le pidió que discretamente transmitiera su apoyo a su contraparte británica.

De esta manera, en noviembre de 1917, cuando se emitió la Declaración Balfour, formaba parte de una amplia coalición: una declaración en representación de las principales democracias del momento. Era tanto una declaración moral como política, afirmando que las democracias liberales apoyaban la causa de una patria judía en la Tierra de Israel.

4. El cumplimiento de la Declaración

La Declaración Balfour se convirtió en parte del preámbulo de la Liga de las Naciones, consagrando sus provisiones en derecho internacional. El “hogar nacional” para los judíos se convirtió en un compromiso legal formal y los aliados victoriosos le encargaron a Inglaterra, como administrador de los territorios de lo que entonces se conocía como Palestina y Transjordania, ocuparse del establecimiento de un estado judío.

Entre 1918 y 1936, otros 150 000 judíos se asentaron en Palestina, reforzando la robusta comunidad judía que había allí y dando nacimiento a granjas, pueblos y ciudades completamente judíos, convirtiendo al desierto en una alfombra verde. Entonces comenzó el desastre. Una serie de levantamientos árabes antijudíos en 1936, donde asesinaron a cientos de judíos en la Tierra de Israel, llevó al fatal Libro Blanco británico de 1939, capitulando a las demandas de los árabes para dar término a la inmigración judía a Palestina, precisamente en el momento en que era más necesario porque la maquina asesina de Hitler comenzaba a asesinar a los judíos en Europa.

Luego del Holocausto, Inglaterra se negó a dejar que los desesperados sobrevivientes entraran a Palestina. Aproximadamente 113 000 lograron entrar de todos modos. Para Inglaterra cada vez era más difícil seguir negándose a cumplir la promesa de un hogar judío hecha en la Declaración Balfour. Las Naciones Unidas enviaron una comisión a Palestina para evaluar la situación y ellos concluyeron que había llegado el momento de dar por terminado el dominio británico en lo que era llamado Palestina y finalmente partir el territorio en dos estados, uno árabe y otro judío.

En noviembre de 1947, 30 años después de la Declaración Balfour, las Naciones Unidas votaron la partición de Palestina: 33 naciones votaron a favor y 13 en contra. Los judíos de la región abrazaron con entusiasmo su nueva tierra, la cual cobró existencia con la evacuación de las tropas británicas el 14 de mayo de 1948. Los árabes se negaron a reconocer la partición y de inmediato comenzaron una guerra contra el nuevo estado judío.

5. Celebrar el centenario de la Declaración Balfour

Muchos críticos de Israel se han estado preparando para protestar contra la Declaración Balfour al llegar a su centenario. El presidente palestino, Mahmoud Abbas, exigió que los ingleses no celebraran el centenario de la Declaración Balfour y anunció que va a demandar a Inglaterra por emitir la Declaración, pidiendo a las naciones árabes que lo acompañen en su demanda.

En Inglaterra, miles de personas firmaron una petición en línea pidiendo que el gobierno “se disculpe abiertamente” por la declaración de hace cien años, diciendo que la Declaración Balfour al afirmar que los judíos tienen el derecho a un estado propio, ha provocado un “desplazamiento masivo” e injusticias.

En cambio, el gobierno británico ha reafirmado su apoyo a la Declaración. “Estamos orgullosos de nuestro rol en la creación del Estado de Israel”, afirma un comunicado oficial de abril del 2017, señalando los antecedentes históricos del documento. La Declaración fue formulada en un mundo “en el que competían los poderes imperiales” en medio de la Primera Guerra Mundial, y “en ese contexto, establecer una patria para el pueblo judío en la tierra con la cual tienen fuertes lazos históricos y religiosos, era lo más correcto y moral que se podía hacer, particularmente teniendo en cuenta los siglos de persecución”.

En Gran Bretaña, el 4 de noviembre fue declarado como el “Shabat Balfour”. Las sinagogas en todo el país celebrarán la Declaración Balfour y el Rabino Principal de Inglaterra, Rabí Efraim Mirvis, está escribiendo una plegaria de agradecimiento a Dios por el regalo centenario de la Declaración Balfour.

Según tomado de, http://www.aishlatino.com/iymj/mo/La-Declaracion-Balfour-5-cosas-que-tienes-que-saber.html?s=show

The Balfour Declaration: 5 Things You Need To Know

The Balfour Declaration: 5 Things You Need To Know

Nov. 2, 2017, marks the 100 anniversary of the Balfour Declaration, one of the most important political declarations of modern times.

by Dr. Yvette Alt Miller

November 2, 2017, marks the 100 anniversary of the Balfour Declaration, one of the most important political declarations of modern times. Here are five key points to know about this essential milestone.

1. What is the Balfour Declaration?

The Declaration was a commitment by the British Government to establish a homeland for the Jewish people in the Land of Israel. After nearly 2,000 years of exile, it offered a promise that a Jewish state would once again flourish.

On November 2, 1917, Britain’s Foreign Secretary, Lord Balfour, wrote a public letter to Lord Rothschild, asking that he bring it to the attention of the international Jewish community.

His Majesty’s Government view with favour the establishment in Palestine of a national home of the Jewish people, and will use their best endeavours to facilitate the achievement of this object, it being clearly understood that nothing shall be done which may prejudice the civil and religious rights of existing non-Jewish communities in Palestine, or the rights and political status enjoyed by Jews in any other country.

Twenty years before the Balfour Declaration, at the First Zionist Congress in Basel, Switzerland, Jewish leaders established the principle of Jewish political self-determination, declaring that “Zionism seeks to establish a home for the Jewish people in Palestine secured under public law”. The Balfour Declaration enshrined this promise into law. The late Israeli statesman Abba Eban called it “the decisive diplomatic victory of the Jewish people in modern history”.

2. Britain didn’t control the land it was promising in the Balfour Declaration.

When the Balfour Declaration was issued, Britain was in the midst of fighting World War I, which pitted Britain, France, Belgium, Russia and Italy against the combined powers of Germany, Austro-Hungary, Bulgaria and the Ottoman Empire. (By November 2, 1917, the United States had been fighting alongside Britain for seven months, although the U.S. was not formally at war with the Ottoman Empire.)

Britain was closing in on the Land of Israel which had been controlled by the Ottoman Empire for 400 years.

Historians debate what motivated Britain and its allies to issue such a sweeping promise to the Jewish people in the midst of the War. Some believe that British policymakers at the time sympathized with the plight of the Jewish people and supported the restoration the Jewish nation to its ancient homeland. Others point to the illusion of Jewish power. As British and Australian forces closed in on the Land of Israel, policy makers back in London wanted to make sure that world powers would recognize their claims there.

Promising to restore the homeland of the Jewish people seemed to be a powerful way of asserting Britain’s moral rights to the area and to mobilize world Jewry to lobby their home governments, particularly the United States and Russia, to support Britain’s claims.

3. The Balfour Declaration seems short and vague. Why was it so important?

The Balfour Declaration was one of the first international declarations of the modern age.

First, a little background. In 1916, in the midst of war, Britain and France signed a secret document agreeing that if they managed to conquer the Holy Land from the Ottomans, they would partition the land fairly. This was known as the Sykes Picot Agreement, named after the British diplomat Sir Mark Sykes and Francois Georges-Picot.

The Sykes-Picot Agreement was almost immediately unpopular. When the Bolsheviks seized power in November 1917 they published the secret agreement, outraged at its content. In Britain, David Lloyd George became Prime Minister in late 1916, and felt Sykes-Picot favored the French; he charged Sir Sykes with renegotiating the agreement.

Sykes turned to a leading Zionist, a Hebrew-language journalist named Nahum Sokolov, for help. Sokolov was born in Russia and was an eloquent champion of a Jewish national homeland. He’s the one who translated Theodore Herzl’s seminal novel about a Jewish state into Hebrew.

Sokolov was brilliant and charismatic, and he soon set off on a whirlwind of diplomatic meetings in Europe, gathering a pan-European consensus for a Jewish state in the Land of Israel. In meetings with officials in France and Italy, Sokolov made the case for a Jewish homeland, explaining that the growing Jewish communities who were beginning to return to the Land of Israel were thriving, and pointing out that Jews were making the desert bloom in the Middle East for the first time in millennia.

With his help, a consensus among the Allies of World War I emerged calling for a Jewish homeland in the Land of Israel. Pope Benedict said he believed it was the will of God that the Jews establish a home in Israel, and added “Yes, yes, I believe we shall be good neighbors!”

In France, Jules Cambon, France’s Foreign Minister, expressed his country’s firm support for a Jewish state. In what became known as the Chambon Letter, France asserted that

(I)t would be a deed of justice and of reparation to assist, by the protection of the Allied Powers, in the renaissance of the Jewish nationality in that land from which the people of Israel were exiled so many centuries ago.

In Washington, President Wilson faced a quandary: Zionism was immensely unpopular in the State Department but its justice appealed to the President. In mid-October 1916, as the Balfour Declaration was being crafted, Pres. Wilson called Col. Edward House, his foreign affairs advisor into his office and asked him to discreetly let his British counterpart know of his official support.

Thus, in November 1917, when the Balfour Declaration was issued, it was part of a broad coalition: a statement on behalf of the leading democracies of the day. It was a moral statement as well as a political declaration, declaring that the liberal democracies of the day supported the cause of a Jewish homeland in the Land of Israel.

4. Fulfilling the Declaration

The Balfour Declaration became part of the preamble of the League of Nations, enshrining its provisions in international law. The “national home” for Jews became a formal legal commitment and the victorious allies charged Britain, as administrator of the territories of what was then known as Trans-Jordanian Palestine, to see that a Jewish state was established.

Between 1918 and 1936, a further 150,000 Jews settled in Palestine, strengthening the robust Jewish community there and seeing whole Jewish towns, cities and farms spring up, turning the desert green. Then disaster struck. A series of anti-Jewish Arab riots in 1936 killed hundreds of Jews in the Land of Israel and led to the fatal 1939 British White Paper, capitulating to Arab demands that Jewish immigration to Palestine end, just as it was most necessary as Hitler’s killing machine began murdering Europe’s Jews.

Following the Holocaust, Britain refused to let desperate Holocaust survivors into Palestine. About 113,000 were smuggled in but Britain was increasingly unable to put off the promise of a Jewish state set forth in the Balfour Declaration. The United Nations sent a commission to Palestine to evaluate the situation for itself and concluded that it was time for British rule to end and for the territory dubbed Palestine to finally be partitioned into Jewish and Arab states.

In November 1947, 30 years after the Balfour Declaration, the UN voted to partition Palestine: 33 nations voted for and 13 against. The Jews of the region enthusiastically embraced their new land which came into being upon the evacuation of British troops on May 14, 1948. The Arabs refused to recognize partition and immediately launched a war against the new Jewish state.

5. Celebrating the Balfour Declaration’s Centenary.

Many critics of Israel have been gearing up to protest the Balfour Declaration on its 100th birthday. Palestinian President Mahmoud Abbas demanded that Britain not celebrate the Balfour Declaration’s Centenary and announced that he would sue Britain for issuing the Declaration, asking Arab nations to join him in his lawsuit.

In Britain, thousands of people signed an online petition calling for the Government to “openly apologise” for the hundred year old declaration, saying the Balfour Declaration’s assertion that the Jews have the right to a state of their own has caused “mass displacement” and injustice.

Instead, the British Government has reaffirmed its support for the Declaration. “We are proud of our role in creating the State of Israel” an official April 2017 statement reads, and notes the historical background behind the historic document. The Declaration was issued in a world of “competing imperial powers” in the midst of World War I, and “In the context, establishing a homeland for the Jewish people in the land to which they had such strong historical and religious ties was the right and moral thing to do, particularly against the background of centuries of persecution.”

In Britain, November 4 has been declared “Balfour Shabbat”. Synagogues across the country will hold celebrations of the Balfour Declaration and Britain’s Chief Rabbi Ephraim Mirvis is writing a prayer to thank God for the 100-year-old gift of the Balfour Declaration.

As taken from, http://www.aish.com/jw/me/The-Balfour-Declaration-5-Things-You-Need-To-Know.html?s=mm

Martin Luther paved the way for the Holocaust

Reformation Day will be celebrated next week as a special national holiday throughout Germany. While Catholic and Protestant areas of Germany often do not share religious holidays, and only roughly 25 percent of the population declare themselves as Protestants, the whole nation is united this year in planning to celebrate the 500th anniversary of the Reformation on October 31. In 1517, the Augustinian monk Martin Luther is said to have posted his 95 theses on the doors of the Castle Church in Wittenberg, thus setting off a movement that led to the schism of the Catholic and Protestant Churches.

Germany has plunged into a commemoration frenzy replete with daily radio programs devoted to Luther with pastors, priests, rabbis, bishops, psychiatrists and other prominent individuals. A 95-day morning radio series devoted to Luther starts the day with the song “I hammer in the morning.“ Larger churches are offering commemorative services advertised with portraits of Luther. One local evening school boasts an event entitled “Germany’s Doom: Luther and Beer,“ while a church sponsored a culinary event highlighting meals from the life and times of the reformer.

Yet a shocking part of Luther’s legacy seems to have slipped though the cracks of the collective memory along the way: his vicious Anti-Semitism and its horrific consequences for the Jews and for Germany itself. At first, Luther was convinced that the Jews would accept the truth of Christianity and convert. Since they did not, he later followed in his treatise, On the Jews and Their Lies (1543), that “their synagogues or schools“ should be “set fire to … in honor of our Lord and of Christendom, so that God might see that we are Christian.“ He advised that the houses of Jews be “razed and destroyed,“ their “prayer books and Talmudic writings“ and “all cash and treasure of silver and gold“ be taken from them. They should receive “no mercy or kindness,“ given “no legal protection,“ and “drafted into forced labor or expelled.“ He also claimed that Christians who “did not slay them were at fault.“ Luther thus laid part of the basic anti-Semitic groundwork for his Nazi descendants to carry out the Shoah. Indeed, Julius Streicher, editor of the anti-Semitic Nazi magazine “Der Stürmer,“ commented during the Nürnberg tribunal that Martin Luther could have been tried in his place.

All the more stunning that Germany should proclaim a special national holiday in the name of the anti-Semitic Martin Luther only 70 years after the Shoah. Although the general public may mostly be unaware of Luther’s views, the responsible clergy certainly is aware and has still chosen to declare a nationwide holiday.

It is no doubt laudable that the Synod of the Lutheran Church in Germany (EKD) distanced itself from Luther’s anti-Semitic statements in November 2011, and several other church representatives have done the same, yet how do they have no compunctions about declaring a major commemorative event to honor Luther, as if his sinister and hateful views and writings on the Jews are insignificant and trivial?

Some clerics may well say they distinguish between the founder of the Reformation and the Reformation itself, but this means that they are closing their eyes to the reality that the two are inextricably interwoven and that the reformer and the reformation are in fact being glorified in unison by churches and organizations throughout the country.

Looking at the Lutheran legacy in the greater historical context, the Shoah took place in a Christian environment, yet the churches did next to nothing to prevent it, despite their deeply-rooted influence in society. Church institutions have at best shown only lukewarm empathy or public support for the most prominent Jewish community of our times, the State of Israel. They have not shown any inclination to stand up for the political security of Israel, not endeavored to protect its historical religious sites from attacks by the UN, and not opposed BDS campaigns designed to delegitimize Israel and harm it ideologically and economically.

Perhaps the special national holiday on October 31, 2017, should not come as a surprise at all.

Los judíos de Jamaica

Los judíos de Jamaica

Ocho hechos poco conocidos.

por Yvette Alt Miller

Jamaica, uno de los destinos turísticos más populares del mundo, tiene una fascinante historia judía que se remonta a muchos siglos atrás. Aquí hay ocho hechos poco conocidos sobre los judíos en Jamaica.

1. Refugio de la Inquisición

Cristóbal Colón visitó Jamaica en su segundo viaje al Nuevo Mundo y en 1503 la reclamó para España. La isla fue concedida a los descendientes de Colón como una posesión personal.

Desafiando a la Inquisición española (la cual ordenaba la muerte de cualquiera que practicase el judaísmo) en 1530 Portugallo Colón, el nieto de Colón, les permitió a los judíos “secretos” asentarse en la isla. Se trataba de judíos que, a pesar de la Inquisición, continuaron practicando rituales judíos en secreto y llevaban vidas judías de forma oculta. En España, en Portugal y en la mayoría de las colonias de estos países, la Inquisición los perseguía despiadadamente, torturando y asesinando a cualquiera que tomara parte en las tradiciones judías. Sin embargo, Colón impidió que la Inquisición operara en la nueva colonia de Jamaica.

2. Regresar al judaísmo bajo el mandato británico

A mediados del siglo XVII, cuando las autoridades españolas amenazaron con arrebatar el control de Jamaica de manos de la familia de Cristóbal Colón e imponer allí la Inquisición, los judíos de Jamaica se movilizaron. Le escribieron al líder de Inglaterra, Oliver Cromwell, y prometieron ayudar a Inglaterra a conquistar la isla de manos de España. Los barcos ingleses que llegaron a los puertos de Jamaica fueron recibidos por judíos que prometieron su ayuda mientras Inglaterra luchaba contra España. En 1655, Inglaterra comenzó a gobernar Jamaica.

La comunidad judía de Jamaica floreció. Al no estar obligados a practicar el judaísmo en secreto, formaron una comunidad, construyeron una sinagoga y contrataron a un líder destacado: Josiau Hisquiam Pardo, de Salónica. Los judíos llegaron a Jamaica desde todo el Viejo y Nuevo Mundo, desde Francia y Gran Bretaña así como desde colonias españolas y portuguesas. El historiador del Siglo XVIII Bryan Edwards señaló que: “Los judíos disfrutaron casi prácticamente de los mismos privilegios que tenían los cristianos blancos”, en esa época algo inusual en muchos países.

3. Pirata judío

Antonio Vaez Henriques fue uno de los mercaderes más prominentes de Lisboa y era un judío secreto. En 1605 fue torturado públicamente, junto con otros 150 judíos, por el “crimen” de practicar el judaísmo. Después de escapar de Ámsterdam, Henriques se circuncidó, cambió su nombre a Abraham Henriques Cohen y abrazó públicamente su judaísmo.

Henriques es recordado hoy en día como un gallardo pirata, aunque los relatos de sus proezas son diversos. Al parecer se convirtió en un soldado y espía para la marina holandesa y operó con su apoyo. Lo que es claro es que Henriques se asoció con Sir Henry Morgan, uno de los más temidos piratas del Caribe.

Juntos, y con el tácito apoyo del gobierno inglés, Henriques y Morgan saquearon las colonias españolas en el Nuevo Mundo. Su ataque de 1628 en contra de la Armada Española, en el cual capturaron fabulosas cantidades de plata y oro, fue el robo más grande en la historia de la flota española.

Luego de una larga carrera en la piratería, Morgan fue nombrado asistente del gobernador de Jamaica y perdonó a Abraham Henriques Cohen, quien se asentó en Jamaica.

4. Cerrado en Iom Kipur

A los judíos de Jamaica se les negaron durante mucho tiempo derechos políticos absolutos, hasta alrededor de 1830 cuando su líder, Moisés Delgado, empujó el asunto incansablemente ante las autoridades británicas de Jamaica. Finalmente, el 13 de julio de 1831, los judíos recibieron derechos civiles completos y entraron de lleno en la vida política de Jamaica.

En 1849, ocho de los 47 miembros de Casa de Asamblea de Jamaica eran judíos y la Asamblea cerraba en Iom Kipur porque muchos delegados no participaban. En 1866, había 13 delegados judíos, casi el 25% de la Asamblea.

5. Pisos de arena blanca

Tal como ocurre con un puñado de otras congregaciones caribeñas, la última sinagoga que sobrevive en Jamaica, Shaaré Shalom en Kingston, cuenta con un piso de arena blanca. Esta inusual tradición data del siglo XVI, cuando los judíos secretos trataban de amortiguar el ruido de sus pisadas en las sinagogas, cubriendo el piso con una gruesa capa de arena.

Aunque Shaaré Shalom data solamente de 1912, está construida siguiendo el tradicional estilo español-portugués. Es una de las cinco sinagogas en funcionamiento hoy en día que tiene piso de arena (las otras están en Ámsterdam, Curazao, Surinam, y Santo Tomás).

6. Prosperidad artística

Algunos de los tesoros artísticos más preciados de Jamaica son producto de los judíos de esa nación.

El escritor judío Daniel Israel López Laguna nació en Francia alrededor del 1650 y estudió en España, donde fue arrestado y torturado por la Inquisición. En prisión, se consoló a si mismo pensando en los Salmos hebreos y decidió que si alguna vez era liberado traduciría esos rezos eternos al español. Laguna eventualmente salió de prisión y escapó a Jamaica, en donde abrazó su identidad judía. Su obra Espejo fiel de Vidas que contiene los Salmos de David en Verso fue publicado en 1720 y se convirtió en una sensación literaria.

Isaac Mendes Belisario, uno de los artistas más prominentes de Jamaica, capturó la vida y las costumbres de la población de esclavos de Jamaica. Aquí vemos una de sus obras:

Jacobo de Córdoba

Dos libros escritos por un judío de Jamaica ayudaron a poner al moderno estado de Texas en el mapa. “The Texas Immigrant and Traveler’s Guide Book” (1856) (La guía para el inmigrante y el viajero a Texas) y “Texas, Her Resources and Her Public Men” (1858) (Texas, sus recursos y sus hombres públicos), fueron escritos por dos hermanos, Jacobo y Joshua de Córdoba, de Kingston, Jamaica. Los hermanos de Córdoba, que se encontraban entre los primeros entusiastas del Estado de la estrella solitaria, fundaron la ciudad de Waco en 1848 y establecieron el periódico The Texas Herald.

7. Dulces judíos de Jamaica

La escritora de libros de cocina Marilyn Delevante recuerda haber comido dulces después del ayuno de Iom Kipur en Jamaica. Se los llamaba dosses, que probablemente viene del portugués doce, que significa dulce.

Esta es la receta de una galleta judía tradicional de Jamaica que comían los judíos sefaradim en Pesaj (Nota: los judíos ashkenazim no comen maní en Pesaj, pero esta galleta es deliciosa en cualquier época del año).

Redonditas de maní Jamaicanas

  • 170 gramos de maní molido fresco
  • 3 huevos
  • 225 gramos de azúcar blanca
  • 3 cucharaditas de canela
  • 3 cucharaditas de especias mezcladas
  • 8 onzas de harina de matzá fina

Bate los huevos y el azúcar hasta que esté espeso. Agrega el maní y las especias y mezcla. Luego agrega la harina de matzá y mezcla hasta que se forme una masa.

Con una cuchara, coloca gotas de masa sobre una fuente para horno y hornea a 150°C durante 5 minutos.

Saca la fuente del horno y usando el mango de una cuchara de madera, haz hoyos en cada galleta para que tengan forma de rosca. Luego llevar nuevamente la fuente al horno y seguir horneando a 150°C hasta que estén completamente cocidas, unos 10-15 minutos.

8. Un resurgimiento kasher

Aunque la población judía de Jamaica se ha reducido a menos de 300 residentes, en los últimos años hubo en la isla un resurgimiento kasher, gracias al catering de Vered Maoz, quien nació en Israel.

Jamaicanos disfrutando la comida israelí de Vered Maoz (crédito de la fotografía: Vered Maoz)

Aunque Maoz bromea diciendo que cuando su esposo, un ingeniero mecánico, consiguió un trabajo en Kingston, ella no sabía a dónde buscar a Jamaica en el mapa, esta madre de cuatro hijos muy pronto se enamoró de su nuevo hogar. Ella preparaba elaboradas cenas israelíes y cenas de Shabat y llevaba de regalo comida cuando visitaba las casas de sus nuevos vecinos. Pronto se corrió la voz, particularmente después de que el embajador de Israel en la Republica Dominicana probara su comida en una fiesta en el Día de la Independencia de Israel.

Ahora Maoz dirige su propio negocio de comida kasher. En Jamaica no hay carne kasher, así que todo su menú es vegetariano: pita, humus, burecas, tehina, tabule, schug, pepinillos en salmuera, pimientos rellenos vegetarianos y repollo rellenos. Los pedidos llegan de viajeros judíos y de los jamaicanos mismos, ansiosos de disfrutar del sabor de la comida kasher al estilo israelí.

Segun tomado de, http://www.aishlatino.com/iymj/mj/Los-judios-de-Jamaica.html?s=show

The Trace of God

The story of the first eight chapters of Bereishit is tragic but simple: creation, followed by de-creation, followed by re-creation. God creates order. Humans then destroy that order, to the point where “the world was filled with violence,” and “all flesh had corrupted its way on earth.” God brings a flood that wipes away all life, until – with the exception of Noach, his family and other animals – the earth has returned to the state it was in at the beginning of Torah, when “the earth was waste and void, darkness was over the surface of the deep, and the spirit of God was hovering over the waters.”

Vowing never again to destroy all life – though not guaranteeing that humanity might not do so of its own accord – God begins again, this time with Noach in place of Adam, father of a new start to the human story. Genesis 9 is therefore parallel to Genesis 1. But there are two significant differences.

In both there is a keyword, repeated seven times, but it is a different word. In Genesis 1 the word is tov, “good.” In Genesis 9, the word is brit, “covenant.” That is the first difference.

The second is that they both state that God made the human person in His image, but they do so in markedly different ways. In Genesis 1 we read:

And God said, “Let us make man in our image, according to our likeness, and let them rule over the fish of the sea, and over the birds of heaven, and over the cattle, and over all the earth, and over every moving thing that moves upon the earth.”\

So God created man in His image,

In the image of God He created him,

Male and female He created them. (Gen. 1:26-27)

And this is how it is stated in Genesis 9:

Whoever sheds the blood of man, by man shall his blood be shed;

for in the image of God, He made man. (Gen. 9:6)

The difference here is fundamental. Genesis 1 tells me that I am in the image of God. Genesis 9 tells me that the other person is in the image of God. Genesis 1 speaks about the dominance of Homo sapiens over the rest of creation. Genesis 9 speaks about the sanctity of life and the prohibition of murder. The first chapter tells us about the potential power of human beings, while the ninth chapter tells us about the moral limits of that power. We may not use it to deprive another person of life.

This also explains why the keyword, repeated seven times, changes from “good” to “covenant.” When we call something good, we are speaking about how it is in itself. But when we speak of covenant, we are talking about relationships. A covenant is a moral bond between persons.

What differentiates the world after the Flood from the world before is that the terms of the human condition have changed. God no longer expects people to be good because it is in their nature to be so. To the contrary, God now knows that “every inclination of the human heart is evil from childhood” (Gen. 8: 21) – and this despite the fact that we were created in God’s image.

The difference is that there is only one God. If there were only one human being, he or she might live at peace with the world. But we know that this could not be the case because “It is not good for man to be alone.” We are social animals. And when one human being thinks he or she has godlike powers vis-à-vis another human being, the result is violence. Therefore, thinking yourself godlike, if you are human, all-too-human, is very dangerous indeed.

That is why, with one simple move, God transformed the terms of the equation. After the Flood, He taught Noach and through him all humanity, that we should think, not of ourselves but of the human other as in the image of God. That is the only way to save ourselves from violence and self-destruction.

This really is a life-changing idea. It means that the greatest religious challenge is: Can I see God’s image in one who is not in my image – whose colour, class, culture or creed is different from mine?

People fear people not like them. That has been a source of violence for as long as there has been human life on earth. The stranger, the foreigner, the outsider, is almost always seen as a threat. But what if the opposite is the case? What if the people not like us enlarge rather than endanger our world?

There is a strange blessing we say after eating or drinking something over which we make the blessing shehakol. It goes: borei nefashot rabbot vechesronam. God “creates many souls and their deficiencies.” Understood literally, it is almost incomprehensible. Why should we praise God who creates deficiencies?

One beautiful answer[1] is that if we had no deficiencies, then lacking nothing, we would never need anyone else. We would be solitary rather than social. The fact that we are all different, and all have deficiencies, means that we need one another. What you lack, I may have, and what I lack, you may have. It is by coming together that we can each give the other something he or she lacks. It is our deficiencies and differences that brings us together in mutual gain, in a win-win scenario.[2] It is our diversity that makes us social animals.

This is the insight expressed in the famous rabbinic statement: “When a human being makes many coins in the same mint, they all come out the same. God makes us all in the same mint, the same image, His image, and we all come out different.”[3] This is the basis of what I call – it was the title of one of my books – the dignity of difference.

This is a life-changing idea. Next time we meet someone radically unlike us, we should try seeing difference not as a threat but as an enlarging, possibility-creating gift. After the Flood, and to avoid a world “filled with violence” that led to the Flood in the first place, God asks us to see His image in one who is not in my image. Adam knew that he was in the image of God. Noach and his descendants are commanded to remember that the other person is in the image of God.

The great religious challenge is: Can I see a trace of God in the face of a stranger?

NOTES

[1] I thank Mr Joshua Rowe of Manchester from whom I first heard this lovely idea.

[2] This is what led thinkers like Montesquieu in the eighteenth century to conceptualise trade as an alternative to war. When two different tribes meet, they can either trade or fight. If they fight, one at least will lose and the other, too, will suffer losses. If they trade, both will gain. This is one of the most important contributions of the market economy to peace, tolerance and the ability to see difference as a blessing, not a curse. See Albert O. Hirschman, The passions and the interests : political arguments for capitalism before its triumph, Princeton : Princeton University Press, 2013.

[3] Mishnah, Sanhedrin 4:5.

As taken from, http://rabbisacks.org/trace-god-noach-5778/

El Secreto de la Renovación: como Roma salvó al judaísmo para siempre

En los últimos años he realizado una serie de Manifiestos, declaraciones públicas de principios e intenciones de todo tipo que me han ayudado a construir una forma de ver el mundo y mi vida como judío. Estos Manifiestos emergen cada tanto luego de reflexionar mucho sobre algún tema en particular y pasar horas leyendo y enseñando sobre estas ideas. Muchos han leído en este blog publicaciones que fueron un antes y un después en mi vida como Un Manifiesto TeológicoUn Manifiesto sobre la Biblia Hebrea o TaNaJ y el último y quizás más significativo para mi fue sobre el Judaísmo como una Mitología.

Cada vez que escribo uno de estos Manifiestos descubro al momento de terminarlo lo obvio: lo escrito es tan solo una fotografía, un instante dentro de una película de mi vida con muchas otras fotos. Esto quiere decir que mis ideas van continuamente evolucionando, cambiando, alcanzando nuevos niveles de abstracción y transformándose. ¡Incluso si vuelvo a leer alguno de mis Manifiestos a veces me encuentro en contradicción con mis propias ideas! Sin embargo, considero estas búsquedas y Manifiestos el emprendimiento judío por excelencia. Estoy convencido que la fijación de una idea o principio es justamente la idolatría más grande con la que lucha nuestra tradición. El judaísmo no solo enseña cómo santificar la vida y el año para que nada nos pase desapercibido sino que nos desafía a refinar nuestra alma y nuestras convicciones más profundas para no quedarnos estancados como el agua que se pudre sino que podamos fluir como un río vivo y en constante movimiento. La idolatría judía no es de objetos o personas solamente. La idolatría más compleja son nuestras ideas, convencimientos, el pensar que “ya lo hemos entendido” o que hemos agotado el potencial de la posibilidad.

Y en esta oportunidad y sobre esta última idea de la idolatría como una forma de estancamiento o fijación de creencias, principios y prácticas, quiero ofrecer lo que considero un nuevo Manifiesto en esta publicación. Lo llamo El Secreto de la Renovación. Es una idea que vengo pensando de diferentes formas desde hace muchos años pero no lograba ordenarla hasta que finalmente cobró fuerza y ordenamiento cuando pude leer el último libro del Rabino Burton Visotzky del cual surge gran parte de lo que compartiré aquí. Estoy convencido hoy que de la Renovación realmente depende el judaísmo para que el mismo siga siendo vigente para la gran mayoría de los judíos y el mundo. No solo eso sino que en esencia cada día me convenzo más que es eso lo que nuestro primeros Rabinos moldearon y establecieron para nosotros. Eso es lo que explicaré a continuación. Espero disfruten la lectura y sean desafiados con algo que nunca imaginaron.

El judío grecorromano y el paradigma de la Renovación

El Secreto de la Renovación fue lo que hicieron los primeros Rabinos. A ellos debemos estar eternamente agradecidos de tener hoy el judaísmo tal cual lo conocemos y practicamos y da sentido a nuestras vidas. Por eso es fundamental comprender que absolutamente todos los rabinos (de hecho todos los judíos) del pasado hasta la actualidad y hasta el fin de los tiempos, sin importar lo diferente que puedan parecer desde la ultra-ortodoxia hasta el ultra-reformismo, viviendo en Israel o en cualquier parte del mundo y arrastrando orígenes judíos tan diferentes tanto de nacimiento o por elección en conversión; ashkenazim, sefaradím, mizrahim o lo que se les ocurra, comparten todos un mismo antepasado ideológico común: el judío grecorromanoEste es el judío que vivió durante el Imperio Romano y fue el que gracias a dicho Imperio y su cultura logró paradójicamente recrear su propia tradición. Todos los que seguimos a los rabinos del Talmud somos descendientes de este primer judío grecorromano que encuadró el judaísmo tal como lo conocemos todos para la posteridad.

Así como un judío uruguayo, argentino, brasileño, chileno, iraní, alemán, israelí o de cualquier otra parte del mundo es parecido a cualquier otro ciudadano no judío que también es uruguayo, argentino, brasileño, chileno, iraní, alemán, israelí o de cualquier otra parte del mundo, el judío grecorromano era lo más parecido a un romano que podamos imaginar. Así como cada judío posee muchísimo del mundo no judío que lo rodea, tiene sentimientos nostálgicos, de identidad y pertenencia con dichas culturas en las que nació, creció, habla su idioma como lengua materna incluso si luego se separa ideológicamente de estas mismas raíces o intenta negar su esencia uruguaya, argentina, brasileña, chilena, iraní, alemana o israelí imaginándose solamente como un judío “de pura cepa” (como si realmente existiera algo así), el judío grecorromano poseía muchísimo de Roma. En lo personal hace siete años que ya no vivo en Argentina y sin embargo mucho de lo que soy y seré como judío estará siempre definido por mi relación con Argentina. Cada judío porta inevitablemente en su configuración biopsicosociocultural un mosaico de tradiciones, un tejido complejo de lenguajes, símbolos, ideales políticos y religiosos del tiempo y el lugar en que nació y vivió aún cuando cambie luego de locación geográfica o con el paso del tiempo incorpore nuevas costumbres de “nuevos tiempos”. Todo esto no solo afectará su condición particular sino la de su comunidad y en extensión la de su pueblo todo en el devenir histórico. Yendo hacia atrás entonces, al punto en que el judaísmo rabínico como tal se consolidó, vamos a entender en esta publicación cómo todas sus ideas emergieron dentro y gracias a la civilización Romana. Por eso es que todos somos descendientes del judío grecorromano y si no entendemos ni conocemos sobre Roma jamás lograremos entender del todo al propio judaísmo rabínico.   

Hace mucho que sabemos que el cristianismo emergió en el contexto del Imperio Romano, asimiló su cultura y se convirtió -en esa fusión- en lo que hoy llamamos civilización occidental. Los primeros cristianos eran judíos que se vieron fuertemente influenciados por la cultura grecorromana. Lo que olvidamos (o quizás no queremos decir tan claramente) es que el judaísmo rabínico también atravesó el mismo proceso. En palabras más simples, tanto el cristianismo como el judaísmo rabínico fueron dos respuestas de Renovación -entre tantas otras de este período- por parte de judíos grecorromanos que respondieron todos a un mismo fenómeno: la destrucción final del Templo en el año 70 de la Era Común. Desde ese momento la Renovación ha sido impresionante y continua. Gracias a esa Renovación el judaísmo continúa vivo en lugar de pertenecer solamente a un museo. Y lo mejor es que la Renovación jamás se ha detenido.

Los judíos grecorromanos confrontaron la pérdida del Templo con determinación, originalidad, coraje, innovación, improvisación y estilo. Al haber perdido la forma tradicional de practicar y vivir su tradición, un grupo pequeño dentro de estos miles de judíos grecorromanos transformó su devenir creando lo que hoy llamamos Judaísmo: una religión intelectual judeoromana que ahora se transmitía por honor del mérito de un maestro (el rabino o sabio típico de las escuelas filosóficas griegas) a sus discípulos encajando perfectamente con la cultura circundante del mundo de las ideas y la retórica helénica. Esta discontinuidad le permitió al judaísmo no solo sobrevivir sino prosperar. Pero ¿qué había antes de los rabinos y el Judaísmo? Hagamos un poco de historia que tanto me gusta.

Griego, Romano, Helénico, Judío

El desarrollo más importante del judaísmo rabínico aconteció entre los años 100 al 700 de la Era Común. Durante los primeros años del período romano el “judaísmo” como nosotros lo conocemos no existía aún. En su lugar teníamos la “religión bíblica de los israelitas” que estaba enfocada en el Templo de Jerusalem. Allí y según describe sefer Vaikra (Levítico), el libro central de la Tora, un grupo de líderes conocidos como los Cohanim (sacerdotes) cuyo liderazgo era hereditario basado en un linaje de sangre, ofrecían sacrificios animales a Dios. Algunos de estos sacrificios eran de agradecimiento y otros por expiación de transgresiones; la gran mayoría involucraba masacrar un animal y salpicar su sangre sobre el altar de Jerusalem. En esos tiempos no se nos había ocurrido aún celebrar por ejemplo el Bar Mitzvah invitando a un niño a leer de la Tora o Haftarah porque no solo que aún no teníamos compilado todo el TaNaJ sino que ni siquiera existía la idea de celebrar un Bar Mitzvah tal como lo hacemos más o menos hoy (eso recién aparecería en la Edad Media). Pero si un cambio no hubiese acontecido como el que sucedió luego de la destrucción del Templo quizás hoy le pediríamos a nuestros jóvenes que demuestren su hombría o valentía destrozando un buey sobre la bima de la sinagoga (¡¿se imaginan lo que sería limpiar todo eso?!).

En fin, en aquellos tiempos, antes que alguien inventara la palabra “rabino” o “judaísmo”, no solo los que dirigían la religión bíblica de los israelitas eran los Cohanim sino que había también una dinastía monárquica con un rey judío que ordenaba la vida política del territorio siendo el mismo rey judío un vasallo del emperador Romano. En otras palabras, Roma era la globalización sociocultural de toda la región. Nada escapaba de su matriz territorial e intelectual.

El gran cambio sucedió en el año 66 EC. Ese fue el año en que a los zelotes (un movimiento político-nacionalista en el siglo I de judíos grecorromanos cuyo objetivo era una Judea independiente del Imperio romano mediante la lucha armada) se les ocurre rebelarse contra Roma. Esto tuvo consecuencias trágicas. Incontables muertes y un antes y un después en la historia judía. Hay un quiebre genuino en la fluidez histórica del judaísmo luego de cuatro años de peleas con Roma lo cual conduce en el año 70 a la destrucción del Templo y el final de lo que hemos descripto como la religión bíblica de los israelitas enfocada en el Templo de Jerusalem. Ya no se podría ofrecer más sacrificios y la mayoría de los Cohanim fueron asesinados o exiliados. A partir de ese momento y hasta el día de hoy, todo el complejo sistema de sacrificios animales descripto en el libro de Levítico (también llamado Torat HaCohanim –las instrucciones de los Cohanim– por este tema de los sacrificios y cómo llevarlos a cabo) se convertiría en un pedazo de arqueología preservado en la Tora. Pero si la historia de este pueblo iba sobrevivir de algún modo luego de esta catástrofe entonces algo nuevo tenía que renacer, como el ave fénix, de las cenizas de la Jerusalem destruida.

De Templo a Sinagoga, De Sacerdote a Rabino

Lo que renació y se renovó fue la transformación más radical y fascinante del judaísmo hasta la actualidad. Pasamos de sacrificar animales en un sólo lugar por medio de un solo grupo de israelitas a rezar utilizando textos en la abstracción de ideas y poder hacerlo en cualquier rincón del planeta por cualquier judío. De la herencia de sangre en el linaje de los Cohanim pasamos a la meritocracia y democracia de aprendizaje y práctica por medio de los Rabinos. ¡Realmente los Rabinos fueron los judíos grecorromanos más audaces y creativos de todos los tiempos! Así y todo fueron en sus inicios un grupo muy reducido con no más de doce líderes en cada generación hasta el 200 EC. Cada Rabino tenía su círculo de estudiantes y algunos de estos estudiantes viajaban a lo de otros Rabinos para aprender las tradiciones orales que ellos transmitían. La unión entre estas tradiciones heredadas de otros Rabinos anteriores combinada con la interpretación y comentarios a la Tora devino en lo que los Rabinos llamaron “Tora Oral” la cual insistieron había sido recibida por Moisés al mismo tiempo que recibió la “Tora Escrita” (curiosamente Moisés mismo nunca dijo en primera persona que él escribió ni transmitió oralmente algo llamado Tora sino que esto siempre es narrado en tercera persona por alguien más y atribuido a Moisés que él lo hizo).

Sin el Templo la nueva modalidad de transmisión de tradición se inspiró en algo que los israelitas bíblicos no hacían porque tenían el Templo que expiaba por ellos: los judíos grecorromanos tomaron de los griegos y romanos el concepto de escuelas filosóficas de transmisión oral entre sabios y discípulos. Si no fuera así entonces, ¿de dónde sacaron estas ideas de armar “escuelas de debate” que curiosamente desbordaban en el mundo grecorromano? ¿Por qué no se les ocurrió a los rabinos armar otro estilo o modalidad de continuidad que no fuera parecido al de Roma, sus filósofos y la interpretación de textos y la enseñanza a través de fábulas?

Fue así que además de pulir la tradición oral los primeros Rabinos se dedicaron a la interpretación de los textos que comenzaban a coleccionar para eventualmente compilar en el TaNaJ. En palabras más simples, los rabinos grecorromanos comenzaron a hacer lo mismo que sus contemporáneos griegos y romanos porque era lo que conocían de su entorno circundante. De ellos absorbieron también la veneración hacía la interpretación de textos para hacerlos relevantes. Este enfoque obsesivo de interpretación de la Biblia Hebrea como fuente de autoridad para reemplazar el Templo a través de nuevos significados fue otro reflejo de la cultura en la que nació el judaísmo rabínico. Los Cohanim no se preguntaban por el significado oculto de los sacrificios en el libro de Levítico como hicieron los rabinos. Los Cohanim simplemente leían las instrucciones de cómo sacrificar al animal y las aplicaban. Durante la época del Templo los Cohanim no hacían interpretaciones del tipo “pshat, remez, drash o sod (PaRDeS)“.  Pero de la misma forma que los griegos y los romanos escribían comentarios y citaban una y otra vez de los 24 libros de “La Ilíada y la Odisea de Homero” los rabinos dejaron atrás el sacrificio de animales y comenzaron a escribir comentarios y citar una y otra vez de los 24 libros que pusieron juntos para armar el TaNaJ. Que el número 24 aparezca en ambos libros, tanto la Ilíada como el TaNaJ no es una coincidencia. Los rabinos tuvieron que hacer una cuenta muy creativa de la compilación de textos que ordenaron dentro del TaNaJ (muchos otros textos judíos quedaron fuera por los rabinos) para demostrar que su renovación de la tradición tenía el mismo canon que la obra  grecorromana que ya era un clásico para todos los judíos grecorromanos y los habitantes del extenso Imperio.

En resumen, lo que antes era la religión de los israelitas bíblicos con sacrificio de animales por medio de los Cohanim en el Templo devino gracias a los judíos grecorromanos en el Judaísmo que dio nacimiento a la idea del maestro o rabino inspirado inevitablemente dentro de la matriz cultural que lo vio nacer, la famosa Roma. Si bien los textos rabínicos con el paso del tiempo se tornaron terriblemente hostiles hacia Roma y los Rabinos mismos proyectaron su ser y hacer hacia atrás escribiendo que había yeshivot (escuelas rabínicas) en las que algunos patriarcas estudiaban Talmud e incluso Moisés mismo fue llamado Rabino por ellos, es innegable que el judaísmo rabínico emergió dentro de una cultura romana que hacia siglos ya estaba instalada en la región y había nutrido y transformado todo el mundo conocido hasta ese entonces con sus ideas, filosofías y prácticas. El Judaísmo entendido como una nueva religión judía en el marco cultural romano emergió de la destrucción de la religión israelita y el culto en torno al Templo inspirado por el mismo Imperio que la había destruido. Tal vez no sea una casualidad que hasta el día de hoy y como herederos todos de los judíos grecorromanos seguimos teniendo una relación de amor odio con la civilización occidental y sus ideas frente a las ideas religiosas que nos lego el judaísmo. ¿Tal vez odiamos en “los otros” lo que se refleja dentro de “nosotros”? ¡Qué complejo y fascinante es el judaísmo sin dudas!

El Secreto de la Renovación

Entendiendo lo descripto hasta aquí podremos apreciar la idea de este Manifiesto: si dejamos de renovar, innovar y recrear la tradición dejaremos de hacer lo que los primeros Rabinos nos enseñaron. Estaremos en falta con lo que hicieron y nos pidieron. Ellos fueron los que, inspirados por su contexto histórico, tomaron su tradición y reinventaron celebraciones y conmemoraciones que no existían. Por ejemplo, Tisha B’Av claramente no se conmemoraba cuando el Templo funcionaba y la meguilá de Eijá o Lamentaciones no había sido escrita aún. Lo mismo ocurrió con Januka, el seder de Pesaj e incontables ejemplos mas. No hay nada de la tradición que no haya sido filtrado y recreado por los Rabinos. Ellos fueron quienes inspirados por la interpretación de textos al estilo grecorromano reinventaron un judaísmo de maestros y discípulos en lugar de rearmar el Templo en otro lado (¡hubo cientos de miles de judíos que a diferencia de los rabinos hicieron eso y tenemos pruebas arqueológicas de varios “Templos” que continuaron por siglos haciendo sacrificios con descendientes de Cohanim mientras los rabinos organizaban el judaísmo rabínico!).

Los Rabinos basaron la supervivencia de la tradición en la escritura de nuevas narrativas del tipo fábula para enseñar moralejas de vida que jamás debían leerse literalmente porque eso sería burlarse de su genialidad. Estas narrativas tipo fábula las llamamos midrashim y cada midrash que escribieron fue y es una herramienta pedagógica extraordinaria. Muchos de los midrashim fueron de inspiración propia y muchos fueron versiones “judías” de fábulas grecorromanas que los rabinos tomaban y las “hacían judías”. Leer estos midrashim como si estuviéramos leyendo una crónica histórica sería absurdo para los primeros Rabinos como lo era para los romanos. Todas estas fábulas servían para impartir una enseñanza en la forma de un cuento que fácilmente quedaba grabado en la memoria de los discípulos. Por ejemplo, imaginen leer o creer literalmente el midrash que la plaga de ranas en Egipto era en realidad una rana gigante que al golpearla salían más ranas de adentro como contaron los rabinos. Así como ninguno de nosotros creería literalmente que había una rana gigante que al golpearla salían más ranitas de ella, tampoco creeríamos literalmente la famosa fábula de la carrera entre la tortuga y el conejo. Si creemos que una fábula sucedió realmente y la otra no, es porque hemos decidido hacer algo que los Rabinos jamás imaginaron que seríamos tan mediocres de hacer: ¡convertir los midrashim en textos de historia! Los Rabinos nos mirarían incrédulos o pensarían que somos idiotas si pensamos que sus midrashim son históricamente precisos o narrativas de algo que literalmente sucedió. ¡Eso no quita que cada midrash como el que acabo de compartir de la rana sea profundamente verdadero en lo que nos quiere enseñar! Una verdad profunda no necesita ser históricamente real. Si lo es, resulta indiferente. Pero hacerla histórica es faltarle el respeto a los primeros Rabinos.

Por lo tanto acercarse al judaísmo considerándolo un objeto en peligro de extinción, un elemento radioactivo que hay que pasarlo sin manosearlo demasiado utilizando guantes para que no estalle y creer que debe ser protegido o acumulado sin variaciones, no es la esencia de lo que los Rabinos hicieron ni pidieron. Por el contrario, siguiendo su ejemplo, debemos comenzar a ver al judaísmo como un sistema espiritualmente rico y multidimensional que sirve para vivir una buena vida y por lo tanto debe ser explorado desde muchos ángulos diferentes, enriquecido con nuevas aportaciones y compartido. Vivir pensando que estamos por desaparecer, que el judaísmo está en extinción o que en el fondo “todos nos odian” no va a lograr inspirar a nadie. Va a generar miedo -lo cual es una buena herramienta de supervivencia en el corto plazo- pero no creatividad, amor y trascendencia. La paranoia no logrará en el largo plazo cautivarnos. Es muy peligroso generar una nueva tradición dentro del judaísmo que intenta estancarlo haciendo algo que los primeros Rabinos nunca hicieron. Los primeros Rabinos descubrieron que para que el judaísmo se mantenga vivo, el mismo no puede intentar reflejar la vida de otro tiempo que no sea el propio y sus desafíos. Los Rabinos vivieron siempre el judaísmo de su propio tiempo. No intentaron volver a sacrificar animales-aunque lo anhelaran en teoría dentro de sus plegarias- ni dejaron de agregar comentarios y discusiones a los textos que escribían pensando que era en vano y que solamente había que sentarse a esperar al Mesías. Todo lo contrario, encontraron ahí el Secreto de la Renovación.

El delicado equilibrio

Tomar conciencia del Secreto de la Renovación no significa en absoluto descartar lo que se ha ido agregando a la tradición desde los primeros Rabinos ni tampoco significa comenzar a agregar festividades o fechas conmemorativas a nuestro calendario simplemente porque se nos place. ¡Todo lo contrario! Significa continuar con amor, coraje y honestidad lo que ellos iniciaron por el bien de nosotros mismos y nuestra tradición. ¡Eso es la Renovación! Los primeros Rabinos tomaron las festividades agrícolas que ya existían en la Tora pero las resignificaron para inspirar a otros que ya no encontraban sentido en ellas sin el Templo. Los primeros Rabinos no inventaron todo porque nadie ha inventado todo sino, como me enseñó uno de mis maestros el Rabino Ale Bloch en nombre de Umberto Eco, ‘los libros se escriben de otros libros’ y por lo tanto la grandeza rabínica fue escribir nuevos libros de sus propios libros. El llamado a la Renovación es casi un proceso natural que acontece aún cuando queremos frenarlo. Nuestra tradición cuenta con incontables ejemplos de esto. El judaísmo se ha ido Renovando desde siempre y la idea de frenarlo, congelarlo en un período histórico cualquiera (como podría ser el siglo XVIII en Europa del Este) no solo que no es algo tradicional sino que también le falta el respeto a los primeros Rabinos grecorromanos.

Es muy probable que muchos no encuentren que este Manifiesto es polémico o incluso novedoso. Lo que sí tal vez podamos ver ahora es que el llamado a la Renovación apoyado en la tradición no es una idea moderna ni de nuestros tiempos. Es la esencia misma del judaísmo rabínico desde sus inicios. Lo que requiere coraje es animarse a pasar de la teoría a la práctica y sin miedo llevar a cabo la Renovación sin temor a cambiar la tradición. Insisto que aunque no queramos esto sucederá inevitablemente con el paso del tiempo, prueba de eso son las incontables tradiciones que se han adherido a pesar de la no aceptación rabínica originalmente de muchas de ellas como por ejemplo Tashlij en Rosh Hashana o el agregado a nuestro calendario de nuevas fechas conmemorativas como Iom Hashoa o Iom Haatzmaut que fueron aceptadas por la gran mayoría de los judíos. La tradición no es un ser estático sino un devenir dinámico.

La mejor manera de comprender finalmente todo esto es compartiendo lo que los Rabinos mismos escribieron. En el Talmud (Menajot 29b) encontramos una fábula en la que Moisés viaja en el tiempo hasta la academia de Rabi Akiva miles de años después de su muerte. Allí Rabi Akiva está enseñando a sus discípulos y el Talmud mismo nos cuenta que Moisés no entiende nada de lo que están hablando. Ante un momento de presión sus estudiantes le preguntan, “Maestro, ¿de dónde sale todo esto?”. Rabi Akiva responde “esto nos lo enseñó Moisés desde el Sinaí”.  Curiosamente Moisés que no entiende nada del tema ni la discusión se siente bien al ser nombrado.  El hecho que los Rabinos hayan escrito esta fábula es para decirnos a nosotros en la cara, como lectores de sus propios textos, que lo que ellos habían hecho ni siquiera Moisés lo entendería. Sin embargo los Rabinos sentían que lo que hacían era en nombre de Moisés. Eso es lo que somos llamados a hacer en cada generación por honor a nuestros antepasados. Renovar la tradición para honrar a quienes la Renovaron para nosotros antes. En una versión moderna de esta fábula, siguiendo esta enseñanza mi tatarabuelo no debería entender mi judaísmo. Si lo hace, si me ve a mi viviendo un judaísmo igual al suyo, vestido igual que él hace 200 años en Polonia y hablando en idish entonces habré traicionado a los primeros Rabinos grecorromanos y el devenir histórico de mi pueblo. Sin embargo ese judaísmo mío que se expresa en el siglo XXI con todos los cambios gigantes que la humanidad ha atravesado en los últimos 200 años, inentendible seguramente este mundo y este judaísmo no solo para mi tatarabuelo sino mis propios abuelos, se nutre de la esencia y el espíritu que ellos y ellas me dejaron. Al igual que Rabi Akiva que dice que lo que sabe se lo enseñó Moisés, todos nosotros podríamos en extensión declarar lo mismo ya que todos nosotros según nuestra propia tradición estuvimos en el Sinaí.

Conclusiones

Tengo una tendencia a concluir mis Manifiestos declarando que todo lo que hago, leo, comparto y dedico de mi tiempo al judaísmo es el producto de la fuerza más poderosa de la Creación: el amor. Amo tanto esta tradición, nuestros textos, lo que hemos hecho y seguiremos haciendo que realmente me fascina cada día más y no logro cansarme de lo que descubro de mi mismo al estudiar y compartir sobre esta milenaria tradición que me enorgullece. Amo el ida y vuelta que surge en cada conversación y reflexión sobre nuestro pueblo. Cada día me convenzo más que el judaísmo no es la única verdad del mundo ni tampoco tiene toda la verdad absoluta de todo pero sí creo que tiene mucho para enriquecer al mundo hoy del modo que siempre lo ha hecho. Soy consciente que muchos se sentirán descolocados por esta última idea porque necesitan creer que son únicos y especiales en el mundo. Ignoro las motivaciones que llevan a una persona a necesitar esto para encontrar sentido en el judaísmo. Sin dudas el judaísmo es único y cada uno de nosotros es único, especial y diferente. Elegir una tradición por sobre otras no tiene porque decretar que las no elegidas son inferiores o peores. Hay quienes necesitan convencerse que el judaísmo es único porque se mantiene separado de todo lo demás y en eso es original, que nunca ha absorbido nada del planeta y su historia sino que se ha mantenido atemporal y transhistórico. Nuevamente, quien necesite sentir eso va a descubrir mucho de sí mismo y su complejo de inferioridad porque si bien el judaísmo es único y ha mantenido muchas tradiciones separadas, está claro por lo que hemos visto aquí que gran parte de lo que es estará siempre determinado por su relación, apropiación, rechazo o síntesis de las ideas y prácticas circundantes de cada generación empezando por Roma. Eso es lo innegable al estudiar y conocer al judío grecorromano, el primero de todos, nuestros primeros Rabinos.

Gracias por leer todo esto y acompañarme en mis viajes de descubrimiento. Espero con estos Manifiestos no traer soluciones sino nuevas preguntas. Hago un llamado abierto a continuar con la mayor honestidad, pasión, misticismo y amor el emprendimiento iniciado por los primeros Rabinos. Veo a los primeros Rabinos, a los judíos grecorromanos, como los judíos más audaces y geniales de la historia. Fueron innovadores, creativos e hicieron todo lo que hicieron para evitar simplemente que el judaísmo sobreviva sino que prospere y se vaya haciendo cada vez mejor incorporando nuevos midrashim, nuevas halajot y nuevas costumbres. Los primeros Rabinos no permitieron que su tradición se vuelva un “clásico” sino que se mantenga viva. Por eso y como estudiante rabínico quiero formar parte del club de estos rabinos. Un club donde se valora la creatividad, la capacidad no de absorber información masticada y pasarse la vida llenándose de data sino develar y revelar nuevos descubrimientos que están ahí esperándonos para seguir haciendo desafiante y enriquecedora la vida. Animarme como hicieron ellos a Renovar la tradición y no a estancarla en un período histórico. Estoy convencido que no hago todo esto para ser feliz sino para desafiar el alma y refinarla porque de eso se alimenta. Se trata al fin de cuentas de vivir con más plenitud y exprimirle el jugo a la inconcebible sorpresa de respirar a cada instante. El judaísmo no nos pide lealtad ciega sino un compromiso sincero y honesto con nuestro legado. Nuestro legado es la Renovación en la Tradición.

Me preocupa escuchar en los últimos años a muchos judíos decir que los judíos no deberían rodearse de otras personas que no sean judías, que deberían aislarse y vivir solo entre judíos hablando sobre cosas judías porque no sea cosa que absorban algo del mundo no judío ¡Gracias a Dios los primeros Rabinos grecorromanos que desarrollaron el judaísmo no hicieron eso! Tampoco lo hicieron los rabinos medievales (claramente Maimonides absorbió muchísimo de filosofía griega que sirvió como catalizador para el judaísmo hasta el día de hoy). Tampoco lo hicieron los rabinos premodernos. Los que hacen eso hoy han traicionado no solo a los primeros Rabinos sino a los medievales y premodernos (los rishonim y ajaronim). Si los primeros Rabinos hubiesen permanecido separados y aislados, el judaísmo no se hubiese Renovado absorbiendo todo lo que absorbió de Roma. Del mismo modo no podemos volver al gueto porque sabemos que no funciona: nuestros antepasados salieron de allí por el bien y la Renovación de todos nosotros. Por lo tanto necesitamos mantener parte de lo que hemos heredado pero tenemos que seguir el emprendimiento de los primeros rabinos continuado en los medievales y premodernos y sintetizar aquello que enriquece nuestra tradición y descartar lo que no lo hace. De hecho y como he mencionado, esta continuidad/discontinuidad eterna terminará sucediendo en trancos de tiempo más amplios aunque lo evitemos. Es sorprendente la cantidad de costumbres que se han agregado al judaísmo y que no tienen 2000 años sino siglos tal como es el Kabalat Shabat actual. En algún momento de la historia frenamos fuertemente el principio creativo que iniciaron los primeros Rabinos y continuaron los medievales y premodernos. Me preocupa esta traición hacia los primeros Rabinos en la forma idolátrica de quedarse apegado a una fotografía de la historia y no contribuir con la película total. Confieso que aún no entiendo por qué el proceso creativo e innovador en la tradición se detuvo. Pero concluyo escribiendo que si algo de toda esta reflexión, de este Manifiesto puede ayudar como me ha ayudado a mi entonces por favor compártanlo. Necesitamos más Renovación y menos estancamiento. Parafraseando al Avinu Malkeinu, ‘hazlo por los judíos grecorromanos sino es por nosotros’. Hazlo por los primeros Rabinos. Por los rishonim y ajaronim. Se lo merecen. Nosotros nos lo merecemos. Las generaciones que siguen y quizás nunca conoceremos también se lo merecen.

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La bendición del auto-conocimiento

Vezot Habrajá(Deuteronomio 33-34)

“…Cada uno de acuerdo a su propia bendición”. (Génesis 49:28)

Los Sabios nos dicen que Yaakov deseó revelarles el ketz, el momento de la redención final, a sus hijos, pero que fue ocultado de él. Entonces, en lugar de eso, los bendijo.

Ahora bien, si Yaakov quería revelar el ketz, ¿cómo pudo inmediatamente comenzar con bendiciones, sin ninguna preparación previa? Segundo, ¿bendijo realmente a todos sus hijos? La Torá parece decir que cada uno recibió su bendición particular – “cada uno de acuerdo a su propia bendición” (Génesis 49:28) – pero Reubén, Shimón y Leví fueron castigados, mientras que muchos de los otros fueron simplemente comparados a varios animales.

El Midrash dice que las letras jet y tet no aparecen en los nombres de las diferentes tribus. Ningún jet – es decir, pecado o deficiencia – se puede encontrar en sus nombres. Es por eso que Yaakov quiso revelarles el final de los días. Pero también vio que las letras kuf y tzadik – formando la palabra ketz – tampoco aparecían en sus nombres. Por lo tanto, cambió de opinión.

¿Implica esto, Dios no lo quiera, que la redención final no es inherente a la nación judía?

Otro Midrash da la siguiente analogía. Un confidente del rey estaba muriendo y llamó a sus hijos a su lecho para revelar los secretos reales que el rey le había confiado. Sin embargo, antes de comenzar, vio que el rey también estaba a su lado. Inmediatamente sustituyó una exhortación a sus hijos para proteger el honor del rey como es adecuado en lugar de dar el mensaje que quería originalmente. De la misma manera, Yaakov quiso revelar los secretos del Mashiaj, pero vio que la Shejiná (Presencia Divina) estaba a su lado y por vergüenza, los sustituyó por las bendiciones.

Este Midrash, al igual que el anterior, pareciera implicar que el ketz no fue olvidado por Yaakov sino que fue omitido por vergüenza. Otra dificultad con el segundo Midrash es la analogía del confidente del rey. ¿Cómo pueden las bendiciones de Yaakov compararse a una exhortación a obedecer al rey y a honrarlo?

El Midrash relata que en mérito de “los nombres de los hijos de Israel” existen todas las huestes del cielo y la tierra. ¿Qué hay en un nombre? Los libros sagrados nos dicen que el nombre de una persona o un objeto expresa su esencia. Así, Adam exhibió su genio al nombrar a todos los seres creados, identificando a cada uno con su esencia.

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Materializando el Potencial

Antes de la construcción del Tabernáculo, Dios le dijo a Moshé que le informe al pueblo judío: “Contemplen el hecho de que lo he llamado por el nombre de Betzalel“. Dios hizo hincapié en que al darle un nombre a Betzalel lo había imbuido con todas sus habilidades fenomenales. Aprendemos de Betzalel que cada uno de nosotros, sin excepción, es bendecido con talentos y habilidades únicas. Todos estos regalos nos son dados desde Arriba con la expresa intención de que sean utilizados para el fortalecimiento de la Torá y del pueblo judío. Al igual que los talentos de Betzalel le fueron obviamente conferidos para permitirle construir el Mishkán.

El Midrash relata que toda persona tiene varios nombres: el que Dios le da, el que le dan sus padres, el nombre con el que lo llaman sus amigos y, por sobre todo, el que se gana para sí mismo. A todo el mundo se le imparte una cantidad de talentos y habilidades; algunos son dados directamente por el Cielo, otros son el resultado de herencia y ambiente. Pero los más importantes son los que vienen en virtud del desarrollo y la materialización del potencial propio.

De ese modo, el Midrash dice que el ángel llamó: “¡Abraham, Abraham!” en la culminación de la Akedá – es decir: “Abraham de arriba y Abraham de abajo”. El nombre celestial de Abraham, que reflejaba su verdadero potencial, fue materializado e igualado por su estatura aquí en la tierra.

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El Grito del Alma

EL Talmud (Ioma 20b) dice que antes de la muerte, el alma da un grito que es oído desde un extremo al otro del mundo. Rabí Jaim de Volozhin explica que antes de partir de este mundo, Dios le muestra a la persona una imagen de lo que podría haber sido si hubiera desarrollado todo su potencial y lo contrasta con lo que realmente logró. Cuando el alma ve el abismo que hay entre estas dos imágenes, grita.

¿Por qué este grito es descrito como yendo “de un extremo al otro del mundo” y no “desde el comienzo del mundo hasta su final”? Quizás podemos explicar esto con el siguiente prefacio. Hay una disputa entre Rav y Shmuel en el Talmud (Meguilá) sobre si las provincias de Odu y Kush estaban en los extremos opuestos del mundo o si estaban una junto a la otra. El Gaón de Vilna explica que ambas opiniones son ciertas, porque dos puntos cualesquiera del globo que están uno al lado del otro cuando viajamos hacia el este, inevitablemente están en el extremo opuesto del mundo cuando viajamos hacia el oeste. Por lo tanto, si un punto del globo es visto sólo como un punto, es insignificante, pero si es visto como el comienzo de un final lejano, abarca un mundo entero.

Los talentos, las habilidades y las capacidades son puntos de potencial. Pero, si permanecen como un fin en sí mismos, son puntos insignificantes. El alma grita por el fracaso de esos puntos de crecer y cruzar mundos enteros.

El desarrollo y perfeccionamiento de este mundo depende de la materialización del potencial individual de cada judío. Es bajo esta óptica que el mundo fue creado para los nombres del pueblo judío. El Midrash nos dice que se alude a la redención final en los nombres de las tribus, porque ellos contienen el potencial para llevar al mundo a su redención final.

El Mashiaj puede venir en dos momentos posibles: en la fecha límite predeterminada, o antes de esa fecha si lo ameritamos. Yaakov vio la perfección inherente en los nombres de sus hijos. No había jet, no había deficiencia en sus capacidades potenciales. Por lo tanto, no había necesidad de que el Mashiaj se demorara hasta el ketz, la fecha límite predeterminada. Yaakov vio que si perfeccionaban su potencial, el Mashiaj podría venir antes del ketz. Por eso, las letras kuf tzadik no aparecen en sus nombres.

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Confidente del Rey

Bajo esta luz reexaminaremos el Midrash del confidente del rey. El confidente se dio cuenta de que si le contaba a sus hijos los misterios del rey ellos conocerían la información de segunda mano. Pero, por otro lado, si pudiera inspirarlos para que honraran cuidadosamente al rey, ameritarían convertirse en sus confidentes y escucharían los secretos de primera mano.

De la misma manera, Yaakov deseó revelarles el ketz a sus hijos pero, después de advertir el potencial inherente en ellos, eligió darles lo que obviaría el ketz y traería la redención de manera más temprana.

La bendición más grande que se puede dar es iluminar a otro y hacer que se conozca a sí mismo. La Mishná (Avot 3:18) dice: “El hombre es precioso por haber sido creado a imagen de Dios, y aún más por haber sido informado de que fue creado a imagen de Dios”. El conocimiento de las habilidades y los talentos propios, al igual que los defectos y las limitaciones, es la mayor bendición, es lo que le permite a una persona materializar su misión Divina en este mundo.

Yaakov entendió que la redención final dependía del desarrollo del potencial de sus hijos, el potencial inherente en sus nombres. En lugar de revelar la fecha límite para la redención, eligió bendecirlos con el conocimiento de ellos mismos que los ayudaría a traer la redención en un momento más temprano. De acuerdo a esto, el conocimiento de las capacidades que poseían era en sí mismo una bendición.

Mientras terminamos de leer la Torá, que nos fortalezcamos para desarrollar el potencial único inherente en nuestros nombres para el fortalecimiento y la elevación de la Torá y del pueblo judío, y que así traigamos la Redención Final rápidamente y en nuestros días.

Según tomado de, http://www.aishlatino.com/tp/i/pr/La-bendicion-del-auto-conocimiento.html