La muerte en el judaísmo: cinco ideas sorprendentes

por Rav Benjamin Blech

La muerte en el judaísmo: cinco ideas sorprendentes

Tus días están contados, pero ese no es el fin.


En algún nivel de conciencia, todos sabemos que nuestros días están contados. Quizás el mayor desafío de la vida es saber cómo enfrentar ese reconocimiento.

Para algunos, reconocer la mortalidad es liberador. La letra de la famosa canción de Chris Allen dice: “Desearía que vivieras tu vida como si supieras que vas a morir”. Para otros, el temor a lo desconocido es debilitante y una causa para caer en la depresión. Saber que nos espera la muerte niega la esperanza del futuro y destruye la capacidad de ser felices.

Yo creo que entender más sobre la muerte puede ayudarnos a vivir mejor. El judaísmo, a través de ideas profundas de la Torá y de la Cábala, su tradición mística, nos brinda algunas respuestas increíbles respecto a lo que nos aguarda al final de nuestra travesía terrena.

Aquí hay cinco ideas sorprendentes sobre la muerte que durante milenios formaron parte de la sabiduría judía:

1. La muerte no es el fin de nuestra existencia

En el momento de la creación, la Torá describe que Adam fue formado del polvo de la tierra y que Dios le insufló el espíritu. Somos una combinación de cuerpo y alma. El alma es lo que nos define como seres creados “a imagen Divina”.

Hay una parte nuestra que es eterna y sobrevive a nuestros cuerpos mortales. Es la parte que nos hace únicos y que representa nuestra esencia. El Libro de Eclesiastés lo resume de la mejor manera: “Vuelva el polvo a la tierra como antes, y retorne el espíritu a Dios que lo dio” (12:7).

Muchas veces me preguntaron: “¿Acaso el judaísmo cree en la vida después de la muerte?”. La respuesta es un sí rotundo. De hecho, este es uno de los principios fundamentales de nuestra fe.

2. En el momento de la muerte vemos a Dios

Cuando Moshé le pidió a Dios: “Por favor, muéstrame Tu gloria” (Éxodo 33:18), Dios le respondió: “No puedes ver mi rostro, porque el hombre no puede verme y vivir” (Ibíd. 20). Los vivos no pueden ver a Dios. La implicancia es muy fuerte: con la muerte llega una visión de lo Divino.

Esto explica la costumbre de cerrar de inmediato los ojos de la persona cuando fallece. Los ojos que percibieron la gloria Divina ya no pueden ser expuestos a la dura realidad de este mundo.

Las primeras palabras de Dios en el momento de la Creación fueron: “Que haya luz”. Sin embargo el sol sólo fue creado al cuarto día. Los Sabios explican que esta era la luz creada para el Mundo Venidero.

Muchas veces estuve presente en el momento en que alguien falleció. Prácticamente en todos los casos pareció ser claro que el moribundo de repente vio una visión bella y consoladora rodeada de luz.

Es interesante que Mona Simpson, la hermana de Steve Jobs, al hablar en el entierro de su hermano dijo haber visto esta misma escena. “Las palabras finales de Steve fueron monosílabos que repitió tres veces. Antes de partir, él miró a su hermana Patty, luego observó un largo rato a sus hijos, a continuación a su compañera de vida, Laurine y entonces miró por encima de sus hombros. Las palabras finales de Steve fueron: ‘Oh uau. Oh uau. Oh uau’”.

Aparentemente la belleza de lo que vio lo sorprendió. Sólo pudo responder a eso repitiendo tres veces esa exclamación de asombro. También la tradición judía nos asegura que en el momento de la muerte tendremos esta clase de revelación.

3. El muerto sabe lo que ocurre a su alrededor

Las fuentes judías nos dicen lo que ocurre inmediatamente después de la muerte. Aunque es mucho lo que nos está oculto y se encuentra sólo en las enseñanzas místicas de la Cábala, reservado sólo para aquellos que están espiritualmente preparados para sus profundos mensajes (y no para ser revelados públicamente, sino sólo transmitidos oralmente de un maestro a un estudiante que tenga suficiente conocimientos y sabiduría), algunas verdades son tan importantes que llegaron a aparecer en el Talmud.

Una de estas ideas la encontramos en una Mishná en la sección conocida como Pirkei Avot (Ética de los Padres):

“Rabí Iaakov dice: este mundo es como un corredor antes del Mundo Venidero. Arréglate en el corredor para poder entrar al salón” (Pirkei Avot 4:16)

La analogía del corredor es muy llamativa. Un corredor no es más que una entrada antes del domicilio principal. Nuestra vida en la tierra es la primera etapa de una existencia más gloriosa.

Como dice la Mishná: “Y una hora de placer en el Mundo Venidero es mejor que todo el tiempo en este mundo” (Ibíd. 17).

Aquí, en la tierra, buscamos la felicidad. Nuestros placeres son transitorios; nuestro disfrute está limitado por nuestro ser físico. Una vez que traspasamos el corredor de nuestra vida de una manera que nos vuelva dignos de recibir la recompensa del cielo, tomamos consciencia de nuestro propio ser, de nuestro alrededor, lo que hace que el “corredor” terrenal empalidezca en comparación con lo que vemos ahora, y el verdadero significado de la felicidad trasciende todo lo que hemos experimentado durante nuestra vida.

La ley judía va todavía un paso más adelante. Debido a que nuestra alma, nuestro ser verdadero, pasa de un dominio a otro, partimos lentamente de este mundo, abandonando nuestro cuerpo en diversas etapas.

Quienes atienden al muerto no tienen permitido comer en su presencia. Eso sería en cierta forma como “burlarse” del muerto al hacer algo que él ya no puede hacer, y que él lo sabría. Debemos tener cuidado de lo que decimos en su presencia, porque sigue “escuchando”.

Por esta razón, tampoco se debe dejar sola a la persona que falleció, porque el alma ronda cerca del cuerpo poco después de su separación inicial y tiene consciencia del amor y del respeto que se le manifiesta a su receptáculo, el cuerpo.

El judaísmo también enfatiza que los discursos fúnebres requieren especial cuidado respecto a lo que se dice, no sólo porque declaraciones inapropiadas y observaciones falsas podrían ofender a amigos y parientes, sino porque uno de los que escucha es nada más y nada menos que la persona que ha fallecido.

4. Morir implica recordar, reflexionar y enfrentar el juicio final

El Talmud dice: “Akavia ben Majalel dice: Presta cuidadosa atención a tres cosas y no llegarás a pecar: sabe de dónde vienes, a dónde vas y ante Quién deberás rendir cuentas al final” (Pirkei Avot 3:1).

Todavía más fascinante es que el Talmud revela las preguntas que nos formularán a todos en nuestro “examen final”:

  • ¿Condujiste con honestidad tus negocios?
  • ¿Fijaste momentos regulares para el estudio de la Torá?
  • ¿Aseguraste la continuidad del mundo teniendo hijos?
  • ¿Esperaste la redención del mundo? (Talmud de Babilonia, Shabat 31a)

Por lo tanto, no sólo sabemos que una hora de placer en el Mundo Venidero es mejor que todo el tiempo en este mundo, sino que también nos dicen qué se espera de nosotros para recibir las bendiciones. ¡Qué maravilloso y bondadoso regalo Divino es darnos por adelantado las preguntas de nuestro examen final! Y qué maravilloso consejo para una vida satisfactoria que pueda encontrar favor ante los ojos de Dios y de nuestros semejantes.

5. La verdadera razón por la que lloramos por la muerte

Entonces, de acuerdo al pensamiento judío, ¿por qué hay que llorar cuando se parte de este mundo? ¿Por qué llorar si creemos que nos vamos a un lugar mejor?

Uno de los Sabios del Talmud, Rabí Iehudá, les explicó esto a sus estudiantes desde su lecho de muerte. “Si quieren saber por qué lloro, es sólo por la Torá y los actos meritorios que ya no podré cumplir”. La muerte nos priva de la capacidad de seguir sirviendo a Dios y efectuar actos de bondad. La vida nos presenta oportunidades para el crecimiento personal; la muerte pone fin a nuestra capacidad de desarrollar todo nuestro potencial.

Hay una historia jasídica con una supuesta “mirada interior” de lo que ocurre después de la muerte que metafóricamente aclara esto:

Fallece una persona muy rica pero muy miserable y está en la línea esperando oír su juicio final. Al observar el procedimiento con aquellos que están delante de él, empieza a sentir menos temor. Él nota que el registro de los actos de caridad influye en gran medida sobre el decreto Divino; los regalos que uno hizo durante su vida pesan más que muchos pecados. Cuando llega su turno de presentarse ante el tribunal celestial, él dice: “Es cierto que tal vez no hice todo lo que debería haber hecho mientras estuve en la tierra, pero permítanme sacar mi chequera y escribir unas buenas sumas para cualquier institución importante que ustedes recomienden”.

Entonces el juez le dice: “Aquí no aceptamos cheques. Sólo aceptamos recibos”.

Al contemplar la realidad que sabemos que eventualmente será el destino de toda la humanidad, estas ideas profundas pueden ayudarnos a reemplazar el temor con esperanza.

Según tomado de, https://www.aishlatino.com/e/f/La-muerte-en-el-judaismo-cinco-ideas-sorprendentes.html?s=mm

¿Seremos recordados sólo por lo que hicimos mal?

por Jeff Jacoby

¿Seremos recordados sólo por lo que hicimos mal?

Es muy tentador reducir a las figuras históricas a una sola característica negativa definitiva. Pero también es falso.


Alan Hurwitz murió de COVID-19 el 6 de junio. Tenía 79 años y unas pocas semanas antes le habían otorgado la liberación compasiva de la prisión federal en Butner, Carolina del Norte, donde la enfermedad se propagaba rápidamente entre los prisioneros. No era la primera vez que estaba tras las rejas. Tras una serie de robos a bancos en los años 90, fue sentenciado a 12 años de prisión.

Nunca oí hablar de Hurwitz hasta que encontré los obituarios la semana pasada. El New York Times publicó uno el 15 de junio y el servicio de noticias JTA publicó otro algunos días más tarde. Al parecer el hombre era mucho más que un “ladrón de bancos”.

“Alan Hurwitz tuvo una vida complicada”, escribió Sam Sokol en el obituario en JTA.

Él fue un dedicado activista contra el racismo que pasó muchos años luchando contra la segregación. Era un veterano de la reserva militar que se convirtió en profesor de escuela secundaria…

Sirvió en la Reserva del Cuerpo de Marina de los Estados Unidos antes de completar su título y comenzar una carrera como profesor de inglés y estudios sociales en el nivel medio.

Hurwitz se esforzó por avanzar la causa de la igualdad racial, participó en una comisión contra la segregación en las escuelas públicas de Detroit y fue líder en los Cuerpos de Paz en Kenia.

Su adicción a la cocaína lo llevó a caer en el crimen y aparentemente se dedicó a robar bancos con la misma determinación con la que luchó por la justicia social. La tragedia de la vida de Hurwitz fue autoimpuesta y hay pocas razones que permitan dudar que se merecía la sentencia a prisión que recibió. Hurwitz era un ladrón de bancos, sin embargo cualquiera que lo describa solamente como un ladrón de bancos, claramente estará mintiendo.

Me resultó especialmente significativo leer los obituarios de Hurwitz en este momento. Ellos me brindaron un pequeño recordatorio de la complejidad humana en medio de una erupción de reduccionismo implacable, cuando demasiadas personas no tienen el mínimo interés en los matices y desean rotular a todo y a todos en base a una prueba de fuego contundente: aliado o enemigo, racista o antirracista, iluminado o deplorable.

Ya escribí en otra columna mis pensamientos sobre la ola reciente de derribar estatuas y destruir monumentos, pero los obituarios de Hurwitz me llevaron a pensar nuevamente en el tema, especialmente sobre lo falso que es, a pesar de que se volvió muy tentador, reducir a las figuras históricas a una sola característica negativa definitiva.

En Portlan, Oregón, la semana pasada los vándalos derribaron una estatua de George Washington, después de envolverle la cabeza con una bandera norteamericana a la que le prendieron fuego. Un par de días más tarde, otro grupo en Portland derribó una estatua de Thomas Jefferson, vitoreando mientras atacaban con un hacha la imagen del hombre que escribió la Declaración de Independencia Norteamericana y lo pintaban con las palabras “amo de esclavos”. Portland no fue la única en “arrojar a la basura” a los grandes fundadores de los Estados Unidos. En Chicago, otra estatua de Washington fue cubierta con grafitis y envuelta con una capucha del Ku Klux Klan. Y en la ciudad de Nueva York, miembros del consejo de la ciudad, incluyendo al vocero del consejo, exigieron que remuevan de la municipalidad una estatua del tercer presidente del país.

Washington y Jefferson se encuentran entre los más visionarios e inspiradores líderes de la historia de los Estados Unidos. Sin ellos no hubiera existido una revolución norteamericana, ni los Estados Unidos, ni las famosas palabras “Sostenemos que estas verdades son autoevidentes: que todos los hombres fueron creados iguales”. No habría un modelo para otras naciones respecto al progreso que es posible cuando el gobierno se forma con el consentimiento de los gobernados. ¿Por qué alguien que ama lo mejor de este país va a derribar y desfigurar sus estatuas?

La respuesta de los vándalos no es sólo que Washington y Jefferson tenían esclavos. Es que no hay nada más sobre ellos que sea importante.

Estamos de acuerdo en que la conexión de los dos padres fundadores con la esclavitud fue un grave error moral. Estamos de acuerdo en que fue su peor error moral. ¿Pero eso hace que todo lo demás que lograron en sus vidas empalidezca? ¿Qué sus extraordinarias contribuciones a la creación de los Estados Unidos, la primera democracia republicana del mundo “concebida en libertad”, como dijo Lincoln, “y dedicada a la declaración de que todos los hombres son creados iguales”, no merezcan ningún reconocimiento ni honor?

¿Acaso alguno de los vándalos de Portland, o del consejo de la ciudad en Nueva York, desea ser juzgado con los mismos estándares, ser recordados sólo por lo más vergonzoso que hicieron en su vida y que nunca se preste atención a las cosas buenas que lograron?

Una estatua de George Washington fue derribada y desfigurada por vándalos en Portland, Oregón.

En muchas ocasiones Washington habló sobre su oposición filosófica a la esclavitud., “Puedo decir que no hay ninguna persona viva que desee con más sinceridad que yo que se adopte un plan para esta abolición [de la esclavitud]”, le escribió a un amigo en 1786. A otro le escribió sobre su compromiso a no comprar nunca más un esclavo. En su testamento, Washington ordenó que todos sus esclavos fueran liberados tras la muerte de su esposa y Martha Washington los emancipó a todos durante el año posterior a la muerte de su esposo.

Jefferson fue atacado por su conexión con la esclavitud a lo largo de su vida. Sus oponentes políticos resaltaron su relación con Sally Hemings, y esto fue una mancha en su registro durante más de dos siglos.

Sin embargo, a pesar de tener esclavos, Jefferson estaba lejos de ser un defensor de la esclavitud, tal como escribió Noah Rothman en Commentary:

Él no fue sólo el autor de una de las definiciones más abarcadoras de lo que constituye la libertad humana hasta ese momento de la historia, un documento radical que abrió un camino paradigmático para la emancipación, sino que también practicó esa filosofía. Jefferson fue el autor de una ley que sirvió como la base de la primera legislación contra la esclavitud en los Estados Unidos: la Ordenanza del noroeste de 1787. En un mensaje al Congreso como presidente, él escribió que “la moralidad, la reputación y lo mejor de nuestro país hace mucho que desea proscribir [la esclavitud]”. Como los hombres de su época y de muchas generaciones posteriores, Jefferson consideraba a los negros inferiores. Sin embargo, le molestaba el “despotismo incansable” y las “sumisiones degradantes” que sufrían los esclavos norteamericanos.

Es conocido lo que Jefferson escribió sobre la esclavitud en los Estados Unidos en sus “Notas en el Estado de Virginia”: “Tiemblo por mi país cuando reflexiono en la justicia de Dios”. En su borrador original de la Declaración de la Independencia, él incluyó una cláusula condenando la esclavitud de los africanos y se consternó cuando el Congreso Continental la eliminó de la versión final. De todas formas, lo que quedó fue un fuerte golpe moral. Martin Luther King Jr, en su magnífico discurso “Tengo un sueño” en 1963, apeló a la autoridad moral de las palabras de Jefferson en la Declaración, no considerándolas como evidencia de su hipocresía, sino como una promesa de lo que debían ser los Estados Unidos:

Vinimos a la capital de nuestra nación para cobrar un cheque. Cuando los arquitectos de nuestra república escribieron las magníficas palabras de la Constitución y de la Declaración de la Independencia, firmaron un documento promisorio que es la herencia de cada norteamericano. Esta nota era una promesa respecto a que todos los hombres, sí, tanto los negros como los blancos, tenían garantizados los “derechos inalienables” de “vida, libertad y búsqueda de la felicidad”. Hoy es obvio que Norteamérica no cumple con este documento, por lo menos en lo que respecta a sus ciudadanos de color. En vez de honrar esta sagrada obligación, Norteamérica les dio a las personas negras un mal cheque, un cheque protestado por tener “insuficientes fondos”.

Pero nos negamos a creer que el banco de la justicia está en bancarrota. Nos negamos a creer que no hay suficientes fondos en las grandes bóvedas de oportunidad de esta nación…

Tengo un sueño, que un día esta nación se levantará y vivirá el verdadero significado de este credo: “Sostenemos que estas verdades son autoevidentes, que todos los hombres fueron creados iguales”.

Martin Luther King se hubiera horrorizado de ver la estatua de Jefferson en el suelo y desfigurada de forma tan grosera. Esto es algo que debe horrorizar a cualquiera a quien le importe la verdad o que entienda que siempre hay mucho más en los eventos humanos, y que los hombres y mujeres que les dan forma a estos eventos tienen mucho más que una sola dimensión moral.

Alan Hurwitz también debe ser recordado por lo mejor que hizo. ¿No ocurre lo mismo con George Washington y Thomas Jefferson? ¿No debe ser así con cada persona?

Rothman preguntó: “¿Acaso piensan por un instante que las generaciones venideras no nos percibirán a nosotros como monstruos que merecen la infamia? Sin duda nadie que considere que este vandalismo es una virtud pensó cómo él mismo será juzgado por la historia”.

Efectivamente, ¿quién sabe qué perspectivas políticas, ideológicas o morales pueden llegar a ser menospreciadas dentro de una o dos generaciones, como una descalificación permanente para brindar cualquier clase de honor o respeto histórico?

Hay algunos hombres y mujeres que son verdaderamente monstruosos, o que dedican sus vidas a alguna causa oculta, y todo lo demás en sus vidas realmente pierde significado. Pero la mayoría no estamos en esa categoría. Somos una mezcla de lo noble y lo más bajo, a veces un poco más que los animales y otras veces un poco menos que los ángeles. Por lo general es una gran injusticia juzgar a los seres humanos sólo por sus peores errores, especialmente cuando gran parte de lo que hicieron es honorable y valioso.

En sus peores momentos, Alan Hurwitz fue un ladrón de banco, pero él también debe ser recordado por lo mejor que hizo. ¿No ocurre lo mismo con George Washington y Thomas Jefferson? ¿No debe ser así con cada persona?

Según tomado de, https://www.aishlatino.com/a/s/Seremos-recordados-solo-por-lo-que-hicimos-mal.html?s=shl

Swapping the Cross of My Childhood for a Star of David

By Rachel Leah Fry

Many years ago, at the lowest point in my life, I was diagnosed with bipolar disorder. What followed was years of trying medicines with varying degrees of success. There were weeks of stays in mental hospitals and private clinics, a loss of control over my personal life, a complete break from what should have been me, in an ordinary life, raising my children, with no worse worry than whether we would get to a cello lesson or soccer game on time.

In the ensuing years, as I strove toI strove to attain mental stability attain mental stability, there were often days when I awoke with racing thoughts and amorphous fears that had no shape or name, just crushing, desperate mental pain. My particular form of the disorder included fewer depressed episodes and many episodes of hypomania, or moderate highs. Bipolar disorder is not predictable. It can lead to inappropriate behaviors, such as spending sprees when you’re high, or it can lead, at a really low point, to the worst event ever: suicide. Even the highs can result in anguish when your behavior gets you into physical trouble.

I have had good doctors and bad ones, bad medicines that made my condition worse, and good medicines with awful side effects. After years of trying medicine after medicine, and after much therapy, I am finally in a mental place of relative health and well-being. I still have times when I feel somewhat fearful. But I believe that what has happened in my life that replaces fear with joy is turning to Judaism, my birthright and my place of mental and spiritual rest.

My journey to find my Jewish reality is fairly recent and in the beginning was quite tentative. I could not find my footing as a Jew in a largely Christian world. Add to that the fact that I was raised in a Christian home, though both my birth parents were Jewish. One of the first people to encourage me to find myself as a Jew was a psychiatrist in Maryland. He gently told me that a Jew is always a Jew—no choice there, whether or not one chooses to acknowledge his or her Jewishness. When this epiphany became a truism in my head, I quite literally quit carrying the cross of my childhood, swapping it for a Star of David. Dr. Schwartzberg’s message became the first signpost leading me home.

When I began to seek out places to go to services, I had no idea how healing that would be. I heard songs and prayers learned early in my life when I visited my grandparents. The Hebrew words and long-buried melodies soothed and calmed me. I felt like a weary traveler being offered food and drink, and a soft place to settle. There was inexplicable joy in making my acquaintance with a heritage that was mine all along. And while I still need some medicine because mental illness is not a “curable” condition, exploring my rightful place as a Jew has given me a mental lift like no other.

I hear a lot of anti-Semitic messages on television and social media, and yet I am proud and unafraid to commit to my life as a Jew, and feel no fear. I firmly believe that my journey is blessed and guided by G‑d, that my neshamah, my Jewish soul, is His precious gift; that in keeping my heart and soul trained on G‑d, I will continue in health and strength, mentally as well as physically.

I’ve learned that the Rebbe taught that the Torah and mitzvot are the automatic inheritance of every Jew, regardless of prior learning or level of observance. The Rebbe initiated a host of outreach programs to provide Jews with as many access points and opportunities to perform as many mitzvahs as possible.

What a boost to a Jewish life in the making! My subsequent acquaintance with the Chabad emissaries in Mobile, Ala., the Goldwassers, has helped pave my path forward. I began lighting two Shabbat candles as part of my newly minted Jewish life. I now light four as I pray for my children and grandchildren. I have shared Shabbat meals with the Goldwassers and am moved to tears by the inclusion of my family, as though we are their family members.

Each mitzvah I perform with intent bringsEach mitzvah brings me closer to G‑d me closer to a G‑d, who has always included me in his Jewish tribe, regardless of whether or not I was cognizant of His waiting presence. Just saying the Shema each day and whispering the Modeh Ani, morning prayer to myself leads to a sense of gratitude that is grounding and joyful—a great way of increasing mental well-being and quashing fear. I am so thankful for every opportunity to learn and to grow. Jews are a resilient people—a people who dedicate themselves to Torah and all forms of learning. Being a member of such a group feels like having arms encircling me with support regardless of where I am in my journey.

In his book, Positivity Bias, on the teachings of the Rebbe, Rabbi Mendel Kalmanson writes: “No matter how littered the past is with our collective monstrosities and personal mistakes, we are each … capable of revealing the holy sparks of light that lie beneath the surface of a shattered world. … This is our redemptive work for which the Rebbe never stopped preparing us: To always see G‑d in the world and to tend his garden.”

And that is how my life is now—a bud I am tending as it comes into full flower in G‑d’s garden. It is a flower planted in the soil of Jewish heritage, and watered with Torah study and the love and acceptance of my Jewish “family.”

“Heartfelt appreciation,” writes Rabbi Kalmenson, “opens the gates for G‑d’s abundance.” As for me, my heart overflows with abundant joy as I reach for what the Rebbe makes clear is, without fear, mine now and forever.

As taken from, https://www.chabad.org/theJewishWoman/article_cdo/aid/4691950/jewish/Swapping-the-Cross-of-My-Childhood-for-a-Star-of-David.htm#utm_medium=email&utm_source=1_chabad.org_magazine_en&utm_campaign=en&utm_content=content

Hombre y Mujer: Una Visión Judía Acerca de la Diferencia de Géneros

por Rebetzin Tziporah Heller

Hombre y Mujer: Una Visión Judía Acerca de la Diferencia de Géneros

El hecho que el primer ser humano fue creado como un ser andrógino nos deja mucho para aprender sobre la relación Hombre-Mujer.


Para tener una idea clara del rol de la mujer en el judaísmo, tenemos que ir al principio, a la Torá.

En el primer capítulo de génesis, la Torá se refiere a Adán en plural:

“Dios creó al hombre a su imagen; a su imagen Dios lo creó, hombre y mujer Los creó. Y Dios los bendijo” (Génesis 1:27,28)

¿Por qué la Torá dice ” los” creó? ¡Esto fue antes de la creación de Eva!

La tradición oral judía nos provee una fascinante explicación a esta irregularidad gramatical. La primera persona era verdaderamente un ser andrógino, era hombre y mujer en un solo cuerpo, sofisticado y autosuficiente.

Pero si Dios había creado un ser humano tan completo, entonces ¿por qué luego los separo en dos, Adán y Eva?

Una de las respuestas dadas, es que Dios no quería que este primer hombre estuviera solo, ya que esto iba a crear en él, una sensación de autosuficiencia. Podemos notar que en el hebreo clásico, no existe una palabra para referirse a “independencia”. (La que usamos ahora, atzmaut, es del hebreo moderno). El concepto de independencia no existe en la tradición judía. Aparte de Dios, nada ni nadie es realmente independiente. Ya que debemos enraizar en nuestro corazón que Dios es la fuente de todo, la autosuficiencia sería una derrota espiritual.

El ser humano no está destinado a estar solo, ya que no tendría con quien crecer, ni nada por lo cual esforzarse.

Dios quería crear al ser humano en dos seres distintos, para así crear una sana relación de dependencia, anhelo y entrega mutua. El ser humano no está destinado a estar solo, ya que no tendría a quien darle, no tendría con quien crecer, ni nada por lo cual esforzarse.

¿Por qué no los Creó Mellizos Idénticos?

Pero, ¿por qué entonces Dios no creó dos seres idénticos? La respuesta es, que para poder aumentar la acción de dar al prójimo, el receptor debe ser distinto al dador. Si los dos fueran idénticos, el darle al otro puede ocurrir, pero limitadamente. La persona daría, basado en sus propias necesidades, ya que el receptor tendría las mismas necesidades que el dador. Para ser verdaderamente un dador, la persona tiene que tener en cuenta lo que el receptor necesita y no lo que él quiere dar. Al darle a otro, que tiene necesidades diferentes, la persona aprende a pensar y a dar en términos que no son los suyos propios.

Entonces vemos, que la separación tenía que expresarse en dos seres distintos, para así nosotros llegar a apreciar, amar, dar y preocuparnos por personas distintas.

Esto es fundamental para todo crecimiento moral y espiritual. También podemos entender, porque Dios no creó dos seres desde el comienzo: al comenzar como uno, podemos saber, y sentir, que nuestra pareja es nuestro verdadero complemento y que la necesitamos con sus diferencias así como ella nos necesita con las nuestras.

Diferencia entre los Géneros

La Torá es el camino hacia el crecimiento espiritual. Hemos visto que para poder crecer, una persona no puede estar sola. Por lo tanto, dos seres fueron creados. Para aumentar el crecimiento, los seres necesitan ser distintos, y por ello el hombre y la mujer fueron creados como seres distintos. ¿Pero cuáles son estas diferencias?

En los textos que hablan de la creación, en el libro de Génesis, la forma en que Dios separa al hombre y la mujer nos da una idea acerca de la diferencia entre los dos géneros, el masculino y el femenino. Brevemente discutiremos acerca de las poderosas diferencias. Nótese, que las diferencias masculinas-femeninas que vamos a analizar, no aplican exactamente de la misma manera a cada hombre y mujer, ya que todos fuimos creados como seres únicos. Sin embargo, lo que la Torá describe se aplica a todas las personas en algún grado.

Adán no fue dividido en dos; sino que Eva fue creada de un órgano interno: su costilla.

Es interesante notar, que Adán no fue dividido en dos; sino que Eva fue creada de un órgano interno: su costilla. Al mencionar la costilla, la Torá nos enseña un principio para entender la naturaleza de la fuerza masculina y de la fuerza femenina, a saber, que la manifestación y fuerza femenina es más interna, mientras que el enfoque y expresión masculina es más externa.

La naturaleza interna femenina, puede ser observada en la enorme importancia que tienen las relaciones (que por definición son personales y privadas) para la mujer. La psicología moderna confirma esta diferencia. El best seller, “Los Hombres son de Marte y las Mujeres son de Venus” por el Dr. John Gray, extiende esta idea y dice que las mujeres están más orientadas a basarse en las relaciones que los hombres.

El énfasis en lo interno tiene muchas consecuencias prácticas. Mientras que la mayoría de los preceptos del judaísmo se aplican por igual al hombre y a la mujer, incluyendo las ideas centrales de celebrar el Shabat y comer casher, no todos los mandamientos se aplican de la misma manera. El sistema de la Torá para lograr el desarrollo espiritual y la felicidad, se aplica de manera diferente en los dos sexos.

Por ejemplo, las mujeres al ser su naturaleza más interna, y ser más reservadas, generalmente encuentran su conexión directa con Dios a través de los rezos personales. Por eso, el judaísmo las anima a expresar su conexión a través de los rezos diarios individuales, aunque obviamente, que de así preferirlo, pueden rezar en la sinagoga. Los hombres son más externos (vemos evidencias de esto en el mundo en que vivimos, ya que los hombres están más inclinados a ser parte de un grupo o un equipo). Esto forma parte del espíritu masculino, y explica porque el camino espiritual del hombre esta más relacionado con los rezos públicos.

Razonamiento Interno

La Torá también describe el proceso de la creación de Eva usando la palabra vayiven, “Dios construyó”. Esta palabra comparte la misma raíz en hebreo que la palabra biná, que significa “perspicacia” o entendimiento. Esto sugiere, como dice el Talmud, que las mujeres fueron creadas con una dosis extra de sabiduría yentendimiento.

Biná significa mucho más que “intuición femenina”, significa tener la habilidad de compenetrarse con algo y entenderlo desde su interior, lo que también se conoce como “razonamiento interno”.

Los hombres tienen más de lo que se llama daat, un entendimiento que viene del exterior

Los hombres tienen más de lo que se llama daat, un entendimiento que viene del exterior, un tipo de entendimiento que tiende a estar más conectado a los hechos y figuras.

La sociedad pierde un gran recurso cuando sólo uno de estos dos aspectos es valorado. Así como dos ojos nos permiten ver las cosas con más precisión, el ver las cosas desde la perspectiva masculina y femenina nos da un entendimiento más completo de la vida.

Hay que tener en cuenta que la ciencia moderna apoya este antiguo punto de vista del judaísmo de que la mente de los hombres y de las mujeres funcionan diferente.

Un caso acerca de esto ha sido investigado por Ralph Holloway, Christine de Lacoste-Utamsing, Jeanette McGlone y Doreen Kimura. Esta investigación ha probado más allá de toda duda, que el cerebro del hombre y de la mujer tienen diferencias físicas menores. Por ello, no es sorpresivo que cientistas sociales estén centrándose más y más en la fisiología como fuente de explicación de las diferencias en el comportamiento y el pensar, y así también como factor determinante en las áreas de interés y excelencia.

Igual pero diferente

El género es una cualidad crucial en la identidad de cada persona. El hombre y la mujer son totalmente iguales, pero diferentes – y esa diferencia es positiva. Con sus talentos y naturalezas especiales pueden dar el uno al otro y ayudarse mutuamente a lo largo del camino de la vida.

Ya que los géneros son distintos, sería contraproducente forzarlos a comportarse de manera idéntica

Dios, en Su infinita sabiduría, creó al ser humano en dos géneros distintos para permitirles complementarse y completarse. Cada género debe apreciar y usar su fuerza especial. Ya que los géneros son distintos, sería contraproducente forzarlos a comportarse de manera idéntica, lo que ayuda a un hombre, no necesariamente ayuda a una mujer y viceversa.

El bello poema del Rey Salomón llamado Eshet Jail, “Mujer Virtuosa”, describe toda la gama de roles que una mujer puede llevar a cabo, incluyendo profesora, mujer de negocios, madre, esposa, pero todos ellos como una mujer.

Cuando le preguntan a una mujer a que se dedica, ella generalmente responderá nombrando su profesión. Pero la verdad es que no somos meramente doctoras, ingenieras, secretarias, educadoras. Somos seres humanos tratando de realizar nuestro potencial.

Al darle las herramientas para crecer moral y espiritualmente, mientras que desarrolla sus fuerzas especiales, la Torá libera a la mujer para que sea ella misma con autoestima y alegría, y sin pedir disculpas.

Según tomado de, https://www.aishlatino.com/a/m/48417947.html?s=mpw

¿Cuál es la edad del universo?

por Daniel Friedmann

¿Cuál es la edad del universo?

¿El universo tiene 13,8 mil millones de años o 5.780 años?


¿El universo tiene 13,8 mil millones de años como dicen los científicos, o casi 6.000 años, como muchos interpretan que dice el Génesis?

Los científicos observan el cosmos; ellos miden algo que asumen que ocurrió de forma natural y tratan de determinar su edad. Tomemos un ejemplo. Observamos el sol y podemos tratar de medir con satélites exactamente cuánto hidrógeno y helio hay hoy en día en el sol. También sabemos, asumiendo que todo ocurrió de forma natural, cuánto hidrógeno y helio hubo presente al comienzo del universo.

Finalmente, entendemos la reacción nuclear que convierte al hidrógeno en helio, qué es lo que hace el sol, y así podemos decir cuánto lleva para que cierta cantidad de hidrógeno se convierta en helio. Por lo tanto, si sabemos cuánto hidrógeno había al comienzo, cuánto hidrógeno hay en la actualidad y cuánto tiempo es necesario para convertir esa cantidad de hidrógeno en helio, podemos calcular que para tener esa proporción de hidrógeno y helio, el sol tiene que haber ardido durante 4,5 mil millones de años.(1)

En otras áreas de la ciencia se usan otros métodos, pero todos son similares. Se asume que todo ocurre de forma natural, mides algo y calculas cuánto tiempo es necesario para que ocurra ese cambio.

Pero en la Torá todo es muy diferente. En la Torá, la línea temporal es clara: tenemos seis días de la creación, seguidos por 5780 años hasta el 2020, porque Rosh HaShaná, el día del nacimiento de Adam, fue el sexto día, y desde el sexto día hasta hoy contamos usando el calendario judío.

Sin embargo, la hipótesis de la Torá es que las cosas no comenzaron desde cero. La Torá dice claramente que las cosas fueron creadas “listas para usarlas”, en su forma final. Eso es lo que significa cuando el Génesis dice que algo: “era bueno”. Estaba listo para que lo usemos.

Por ejemplo, Adam no fue creado como un pequeño feto. Fue creado como una persona de veinte años, tal como nos dice el Midrash (2), y del Génesis queda claro que era una persona adulta, que podía tomar la decisión de pecar.

Los árboles en el Jardín del Edén fueron creados de tal forma que si Adam hubiera cortado uno y contado sus anillos habría podido llegar a cien, lo que haría parecer que el árbol tenía 100 años. Pero no era así, porque lo acababan de crear, listo para ser usado.

De forma similar, cuando el sol fue creado el cuarto día, estaba listo para ser usado, lo que significa que tenía la composición actual de hidrógeno y de helio. Todo fue creado listo para ser usado y sólo parecía ser antiguo porque fue creado para que se viera de esa manera.(3)

Por lo tanto, vemos que la ciencia asume que todo ocurrió de forma natural desde un comienzo y no mide la edad, sino algún parámetro que llevó mucho tiempo hasta que apareció, tal como la cantidad de hidrógeno y helio en el sol. Si uno parte de esa suposición, el resultado es correcto; el parámetro hubiera llevado todo ese tiempo en aparecer. Pero la Torá nos dice que no, que todo fue creado listo para su uso. Esto significa que las mediciones científicas son correctas, la descripción de la Torá es correcta y el universo tiene 6.000 años (4), sólo que estamos midiendo cosas que nos llevan a creer que tiene miles de millones de años de existencia.
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Notas:

  1. https://spaceplace.nasa.gov/sun-age/sp
  2. Midrash Rabá Génesis 14:7
  3. The Age of the Universe18th of Teveth, 5722 [December 25, 1961] Brooklyn, NY
  4. “Dialogue: The Rebbe and the Professor. Contradictions Between Torah and Science

Según tomado de, https://www.aishlatino.com/a/cym/Cual-es-la-edad-del-universo.html?s=hp3

Kohelet, Tolstoy and the red heifer

by Rabbi Lord Jonathan Sacks

Slow motion with center composition: Sprinkling salt on top of camera view with copy space and black background.

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The command of the parah adumah, the Red Heifer, with which our parsha begins, is known as the hardest of the mitzvot to understand. The opening words, zot chukat ha-Torah, are taken to mean, this is the supreme example of a chok in the Torah, that is, a law whose logic is obscure, perhaps unfathomable.

It was a ritual for the purification of those who had been in contact with, or in, certain forms of proximity to a dead body. A dead body is the primary source of impurity, and the defilement it caused to the living meant that the person so affected could not enter the precincts of the Tabernacle or Temple until cleansed, in a process that lasted seven days.

A key element of the purification process involved a Priest sprinkling the person so affected, on the third and seventh day, with a specially prepared liquid known as “the water of cleansing.” First a Red Heifer had to be found, without a blemish, and which had never been used to perform work: a yoke had never been placed on it. This was ritually killed and burned outside the camp. Cedar wood, hyssop, and scarlet wool were added to the fire, and the ashes placed in a vessel containing “living” i.e. fresh water. It was this that was sprinkled on those who had become impure by contact with death. One of the more paradoxical features of the rite is that though it cleansed the impure, it rendered impure those who were involved with the preparation of the water of cleansing.

Though the ritual has not been practiced since the days of the Temple, it nonetheless remains significant, in itself and for an understanding of what a chok, usually translated as “statute,” actually is. Other instances include the prohibition against eating meat and milk together, wearing clothes of mixed wool and linen (shatnez) and sowing a field with two kinds of grain (kilayim). There have been several very different explanations of chukim.

The most famous is that a chok is a law whose logic we cannot understand. It makes sense to God, but it makes no sense to us. We cannot aspire to the kind of cosmic wisdom that would allow us to see its point and purpose. Or perhaps, as Rav Saadia Gaon put it, it is a command issued for no other reason than to reward us for obeying it.[1]

The Sages recognized that whereas Gentiles might understand Jewish laws based on social justice (mishpatim) or historical memory (edot), commands such as the prohibition of eating meat and milk together seemed irrational and superstitious. The chukim were laws of which “Satan and the nations of the world made fun.”[2]

Maimonides had a quite different view. He believed that no Divine command was irrational. To suppose otherwise was to think God inferior to human beings. The chukim only appear to be inexplicable because we have forgotten the original context in which they were ordained. Each of them was a rejection of, and education against, some idolatrous practice. For the most part, however, such practises have died out, which is why we now find the commands hard to understand.[3]

A third view, adopted by Nahmanides in the thirteenth century[4] and further articulated by Samson Raphael Hirsch in the nineteenth, is that the chukim were laws designed to teach the integrity of nature. Nature has its own laws, domains and boundaries, to cross which is to dishonour the divinely created order, and to threaten nature itself. So we do not combine animal (wool) and vegetable (linen) textiles, or mix animal life (milk) and animal death (meat). As for the Red Heifer, Hirsch says that the ritual is to cleanse humans from depression brought about by reminders of human mortality.

My own view is that chukim are commands deliberately intended to bypass the rational brain, the pre-frontal cortex. The root from which the word chok comes is h-k-k, meaning, “to engrave.” Writing is on the surface; engraving cuts much deeper than the surface. Rituals go deep below the surface of the mind, and for an important reason. We are not fully rational animals, and we can make momentous mistakes if we think we are. We have a limbic system, an emotional brain. We also have an extremely powerful set of reactions to potential danger, located in the amygdala, that lead us to flee, freeze or fight. A moral system, to be adequate to the human condition, must recognise the nature of the human condition. It must speak to our fears.

The most profound fear most of us have is of death. As La Rochefoucauld said, “Neither the sun nor death can be looked on with a steady eye.” Few have explored death and the tragic shadow it casts over life more profoundly than the author of Kohelet (Ecclesiastes):

“The fate of man is the fate of cattle; the same fate awaits them both, the death of one is like the death of the other, their spirits are the same, and the pre-eminence of man over beast is nothing, for it is all shallow breath. All end in the same place; all emerge from dust and all go back to dust” (Eccl. 3:19-20).

The knowledge that he will die robs Kohelet of any sense of the meaningfulness of life. We have no idea what will happen, after our death, to what we have achieved in life. Death makes mockery of virtue: the hero may die young while the coward lives to old age. And bereavement is tragic in a different way. To lose those we love is to have the fabric of our life torn, perhaps irreparably. Death defiles in the simplest, starkest sense: mortality opens an abyss between us and God’s eternity.

It is this fear, existential and elemental, to which the rite of the Heifer is addressed. The animal itself is the starkest symbol of pure, animal life, untamed, undomesticated. The red, like the scarlet of the wool, is the colour of blood, the essence of life. The cedar, tallest of trees, represents vegetative life. The hyssop symbolises purity. All these were reduced to ash in the fire, a powerful drama of mortality. The ash itself was then dissolved in water, symbolising continuity, the flow of life, and the potential of rebirth. The body dies but the spirit flows on. A generation dies but another is born. Lives may end but life does not. Those who live after us continue what we began, and we live on in them. Life is a never-ending stream, and a trace of us is carried onward to the future.

The person in modern times who most deeply experienced and expressed what Kohelet felt was Tolstoy, who told the story in his essay, A Confession.[5] By the time he wrote it, in his early 50s, he had already published two of the greatest novels ever written, War and Peace and Anna Karenina. His literary legacy was secure. His greatness was universally recognised. He was married, with children. He had a large estate. His health was good. Yet he was overcome with a sense of the meaninglessness of life in the face of the knowledge that we will all die. He quoted Kohelet at length. He contemplated suicide. The question that haunted him was: “Is there any meaning in my life that will not be annihilated by the inevitability of death which awaits me?”[6]

He searched for an answer in science, but all it told him was that “in the infinity of space and the infinity of time infinitely small particles mutate with infinite complexity.” Science deals in causes and effects, not purpose and meaning. In the end, he concluded that only religious faith rescues life from meaninglessness. “Rational knowledge, as presented by the learned and wise, negates the meaning of life.”[7] What is needed is something other than rational knowledge. “Faith is the force of life. If a man lives, then he must believe in something … If he does understand the illusion of the finite, he is bound to believe in the infinite. Without faith it is impossible to live.”[8]

That is why, to defeat the defilement of contact with death, there must be a ritual that bypasses rational knowledge. Hence the rite of the Red Heifer, in which death is dissolved in the waters of life, and those on whom it is sprinkled are made pure again so that they can enter the precincts of the Shechinah and re-establish contact with eternity.

We no longer have the Red Heifer and its seven-day purification ritual, but we do have the shiva, the seven days of mourning during which we are comforted by others and thus reconnected with life. Our grief is gradually dissolved by the contact with friends and family, as the ashes of the Heifer were dissolved in the “living water.” We emerge, still bereaved, but in some measure cleansed, purified, able again to face life.

I believe that we can emerge from the shadow of death if we allow ourselves to be healed by the God of life. To do so, though, we need the help of others. “A prisoner cannot release himself from prison,”[9] says the Talmud. It took a Kohen to sprinkle the waters of cleansing. It takes comforters to lift our grief. But faith – faith from the world of chok, deeper than the rational mind – can help cure our deepest fears.  

Shabbat Shalom

_________

[1] Saadia Gaon, Beliefs and Opinions, Book III.

[2] Yoma 67b.

[3] The Guide for the Perplexed, III:31.

[4] Commentary to Leviticus 19:19.

[5] Leo Tolstoy, A Confession and Other Religious Writings, Penguin Classics, 1987.

[6] Ibid., 35.

[7] Ibid., 50.

[8] Ibid., 54.

[9] Brachot 5b.

As taken from, https://blogs.timesofisrael.com/kohelet-tolstoy-and-the-red-heifer-chukat-5780/

Jerusalem, Jordan and the Jews

Reconnaissance de Jérusalem: Le NYT veut-il la paix au Moyen ...

By Daniel Pipes

The Palestinian Authority and Hamas famously deny any historic or religious connection of Jews to Jerusalem. To cite one example, Ikrima Sabri, the city’s mufti, announced in 2001 that “there is not the smallest indication of the existence of a Jewish temple on this place in the past. In the whole city, there is not even a single stone indicating Jewish history.” This bizarre fraud, Itamar Marcus has explained, is based on a simple switch: Take authentic Jewish history, “documented by thousands of years of continuous literature,” cross out the word “Jewish” and replace it with “Arab.”

So much for the rejectionist Palestinians. What about the moderate and sober Jordanian government, Israel’s long-time, discreet partner; what says it? Amman does not go so far as to deny any Jewish connection, but it too makes a hash of history.

Consider the just-issued 108-page, English-language-only white paper, “The Hashemite Custodianship of Jerusalem’s Islamic and Christian Holy Sites 1917–2020 CE,” published by The Royal Aal Al-Bayt Institute for Islamic Thought. (Aal al-Bayt means “family of the house,” or the family of Muhammad, the Islamic prophet.) Although nominally an independent non-governmental organization, the institute was founded by King Hussein in 1980 and since then has continuously been headed by a member of the royal family. Secretive about its lavish funding, it appears to depend completely on government largesse.

“Hashemite Custodianship” baldly states:

• “Jerusalem was always an Arab city.”

• “When the Ancient Jews came, they attacked, killed and destroyed everyone and everything they could.”

• “Even after they conquered the city of Jerusalem, however, [the Jews] were never able to expel all the original Arab inhabitants.”

• “The Palestinian Arabs of today are largely the direct descendants of the indigenous Canaanite Arabs who were there over 5,000 years ago.”

There are just a few problems with this account. The Arab (or more accurately, Arabian) identity does not go back 5,000 years; even 3,000 stretches the record. The Canaanites were not Arabians. The ancient Jews did a little bit more than “attack, kill and destroy everyone and everything they could”; does one really have to point out that the Bible they wrote serves as the basis of Judaism, Christianity and Islam, whose adherents make up over half the world’s population?

And while DNA evidence shows that descendants of the Canaanites in Palestine survive throughout the Middle East, the great majority of its Muslims and Christians descend from immigrants. Writing in 1911, before the many twentieth-century immigrations, Irish archeologist Robert Macalister already listed 19 foreign ethnicities in addition to native farmers and Jews in Palestine: Algerian, Arabian, Armenian, Assyrian, Bosnian, Circassian, Crusader, German, Greek, Italian, Kurd, Motawila, Nawar, Persian, Roman, Samaritan, Sudanese, Turkic and Turkoman.

How disappointing that the Hashemite Kingdom of Jordan, which wishes to be seen as responsible and moderate, publishes such twaddle in a purported scholarly study. It is the more dismaying when one recalls that King Abdullah II, Jordan’s ruler since 1999, has taken a brave and forthright stand against Islamists, denouncing them as “religious totalitarians … who seek power by intimidation, violence and thuggery.” He has also called for “a dynamic, moderate Islam—an Islam that upholds the sanctity of human life, reaches out to the oppressed, respects men and women alike, and insists on the fellowship of all humankind.” An Islamist-style white paper applauded by a Palestinian anti-Zionist substantially undercuts these bold words.

The white paper promotes a familiar Islamic imperialism. Other recent examples include Turkish President Recep Tayyip Erdoğan’s government insisting that the Hagia Sophia Cathedral was originally a mosque; Muslims pressing to use the Cordoba Cathedral as a mosque; and the so-called Ground-Zero Mosque near the obliterated World Trade Center in New York City.

Ironically, the English-language “Hashemite Custodianship” meant for international consumption distorts history more than Arabic materials intended for locals. For example, Jordan’s Royal Committee for Jerusalem Affairs only asserts Arabs founded Jerusalem 5,000 years ago, without the nasty corollary that Jews “attacked, killed and destroyed everyone and everything they could.”

The Jordanian government can and should do better. If falsifying ancient history seems like a small matter, it is not; such errors form opinions, shape governments, and potentially lead to renewed hostilities.

Where are the historians and theologians to denounce these falsehoods? Where are the friends of Jordan to urge a responsible course? Where are the Israelis, inhibited by an ever-present mistress syndrome, to protest this calumny?

As taken from, https://www.breakingisraelnews.com/153635/jerusalem-jordan-and-the-jews-opinion/?utm_source=ActiveCampaign&utm_medium=email&utm_content=Petition+Launched+to+Name+Historic+Israeli+City+After+President+Trump&utm_campaign=BIN+-+PM+-+JUNE+24%2C+2020

La belleza de la oscuridad

Por Menajem Feldman

No nos confundamos. Kóraj no fue desde el principio un hombre celoso y ávido de poder que eligió rebelarse contra Moshé y Aarón por ambición personal. De hecho, los cabalistas explican que Kóraj tenía una profunda disputa filosófica con el enfoque de Aarón respecto de la espiritualidad.

El argumento de Kóraj era más o menos así: la luz espiritual es sólo una manifestación de la infinita fuente de energía, así como los rayos del sol son emanaciones del sol. Pero el sol no tiene luz en sí mismo. Para entender la esencia, la luz debe estar sumergida en su fuente. Sólo la oscuridad puede capturar la verdadera esencia de la fuente infinita.

Kóraj le tenía resentimiento a Aarón, específicamente porque Aarón estaba vinculado con la luz. Todos los días se ocupaba de encender la menorá en el Tabernáculo así como de encender la menorá que habita, en sentido metafórico, en el corazón de cada judío. Aarón se dedicaba a inspirar a las personas a despertar la luz espiritual de sus vidas a través del estudio de la Torá y de la observancia de las mitzvot, a que emplearan su tiempo y su energía en búsquedas espirituales y a iluminar sus almas con el amor a Di-s. Aarón era la encarnación del atributo divino de la jésed, la amabilidad/el compartir/la luz.

Kóraj creía que el enfoque que tenía Aarón para desarrollar la espiritualidad carecía de una verdad más profunda.

Kóraj discutía: “Déjenme ser el sumo sacerdote y yo introduciré un modelo de espiritualidad por completo diferente. Enseñaré que no importa con qué se comprometan las personas, siempre son sagradas: ‘Porque toda la congregación, todos ellos son santos, y Hashem está en medio de ellos’.1 No se necesita luz espiritual. No se necesita inspirar a las personas para que busquen aferrarse a su fuente, que está en los cielos. No se necesita buscar inspiración para escapar de las tentaciones materiales. Lo que yo voy a predicar es la celebración de lo físico. Es precisamente gracias a que lo físico representa la ausencia de luz espiritual que es capaz de dirigir nuestra atención a la esencia, a la infinita fuente tanto de luz como de oscuridad”.

Kóraj despreciaba la luz. Según su visión, la oscuridad era la que rodeaba por completo la verdad absoluta del Creador infinito.

Según el plan de Kóraj, la gente viviría una vida materialista, sin tener que soportar la carga que implica buscar inspiración espiritual. Con el tiempo, cada vez más gente comenzaría a apreciar las cosas como él las entendía. Comprenderían que el materialismo podía satisfacerlos y que eso constituía una evidencia de que Di-s no se puede expresar en una medida limitada de luz.

¿En qué se equivocaba Kóraj?

Comencemos por señalar en qué tenía razón:

Tenía razón en que la oscuridad tiene una fuente más elevada que la luz.

Tenía razón en que lo material tiene una fuente más elevada que lo espiritual.

Y aun así, su filosofía era por completo errónea.

Estaba equivocado porque para entender la verdad de la oscuridad se necesita de luz. Sí, por supuesto que lo material es la más grande manifestación de la esencia. En la era mesiánica, lo material manifestará su propia fuerza, como dice el profeta: “Toda carne como una sola verá que la boca de Hashem ha hablado”.2 Aun así, la única manera en la que una persona puede penetrar la coraza de lo material y conectarse con su fuente es subyugar lo material a lo espiritual.

Sólo cuando permitimos que la Torá ilumine la vida con su luz espiritual, con un deseo de santidad, somos capaces de apreciar que lo material es expresión de la esencia de Di-s. Sólo un alma inspirada por Aarón puede revelar la esencia superior del cuerpo y conectarse con ella. Sólo la luz puede reconectar la oscuridad con su fuente noble.

Un alma iluminada con luz espiritual puede encontrar a Di-s adonde sea que mire. No sólo en la luz, sino también en la oscuridad; no sólo en lo sagrado, sino también en lo mundano; no sólo en el cielo, sino también en la tierra.3

NOTAS AL PIE

  1. Bamidbar 16:3.

2. Ieshaiau 40:5.

3. Or Hatorá, Bamidbar, p. 722; Maamar Hasam Nafsheinu Bajaim 5718.

Segun tomado de, https://es.chabad.org/library/article_cdo/aid/3708796/jewish/La-belleza-de-la-oscuridad.htm

5 Rituales judíos para la hora de irse a la cama

por Yvette Alt Miller

5 Rituales judíos para la hora de irse a la cama

Transforma la rutina nocturna de tus hijos en un poderoso momento espiritual.


Llevar a los niños a dormir siempre fue mi parte preferida del día. Es cierto, algunas noches ese momento parece extenderse eternamente, y es a la vez la mejor y la peor hora del día. Pero ese es el momento cuando disfruto con mis hijos nuestros mejores momentos de “calidad”. También es la oportunidad en la que exploramos algunas ideas y tradiciones judías, y terminamos el día con plegarias y canciones judías.

Aquí hay cinco rituales judíos nocturnos corroborados que ayudan a que el momento de irse a la cama sea una oportunidad para conectarnos con nuestros pequeños y con las tradiciones judías.

Historias con un tinte judío.

Una buena amiga tuvo su primer bebé y cuando buscaba qué regalarle a ella y a su nueva beba, encontré un libro de historias judías para la hora de irse a la cama. Me preocupó un poco que el libro pareciera demasiado religioso, pero las ilustraciones eran llamativas y divertidas. Algunos años más tarde mi amiga me dijo que ese era el libro favorito de su hija para que le leyeran antes de irse a dormir.

Mi amiga y su hija no son particularmente observantes, y ese libro con historias judías se convirtió en su principal fuente de conocimientos. “A mi hija le fascinan las historias, son poco usuales”. Mi amiga terminó comprando para su hija una serie completa de libros con temas judíos. Ese era el lugar especial en el que aprendían sobre los valores y las tradiciones judías.

Shemá Israel

El Shemá es la plegaria judía básica antes de irse a dormir, en la que declaramos nuestra fe en un Dios único. Shemá Israel, Adonai Eloheinu, Adonai Ejad – Escucha oh Israel, Hashem es nuestro Dios, Hashem es Uno. Tradicionalmente nos cubrimos los ojos al decirlo, para ayudar a concentrarnos en el impresionante significado de estas palabras.

Estas palabras judías eternas ayudan a los niños a entender claramente quienes son. Una generación atrás, el Shemá incluso permitió que algunos judíos pudieran regresar con sus familias después del Holocausto.

Rav Iosef Kahaneman (1888-1969), un brillante erudito, educador, miembro del parlamento de Lituania y director de la famosa Ieshivá Ponevitz, reconoció el peligro que enfrentaban muchos niños judíos. Mientras la Segunda Guerra Mundial arrasaba en Europa, Rav Kahaneman abrió en Israel un orfanato para niños judíos europeos. En 1946 él regresó a Europa para buscar niños judíos que hubieran sobrevivido al Holocausto.

En un pueblo, le dijeron que muchas familias judías desesperadas habían entregado a sus hijos al orfanato local. El sacerdote cristiano que dirigía el lugar negó que allí hubiera niños judíos. Rav Kahaneman le pidió que tan sólo le permitiera encontrarse con los niños, y el sacerdote aceptó. Rav Kahaneman se paró en medio de los huérfanos y comenzó a recitar el Shemá. De inmediato, los niños judíos que habían escuchado esas palabras muchos años antes, comenzaron a llorar: “¡Mamá, mamá!” y colocaron sus manos sobre los ojos. Entonces, como ahora, escuchar el Shemá a la hora de irse a la cama es un momento judío definitivo para los niños judíos.

Decir gracias

Una forma maravillosa de poner fin al día es conversar sobre las cosas por las que estamos agradecidos, además de ser una manera creativa de dar comienzo a una charla. Sentirse agradecido también se asocia con la resiliencia emocional, mejora la salud y provee niveles más elevados de felicidad.

El profesor Robert A. Emmons de la Universidad de California, y el profesor Michael E. McCullough de la Universidad de Miami, le pidieron a dos grupos de estudiantes que escribieran un diario personal. A un grupo le pidieron que registrara sus actividades diarias y al segundo grupo le pidieron registrar aquellas cosas por las que estaban agradecidos. Los resultados fueron dramáticos. Los estudiantes que cada día dedicaron tiempo a registrar aquello por lo que se sentían agradecidos, se sentían mucho más optimistas y felices con sus vidas. (Los estudiantes que registraron en sus diarios eventos neutros no reportaron ningún cambio).

Sentirse agradecido es un profundo valor judío. Considera pedirles a tus hijos que compartan cada noche algo por lo que se sienten agradecidos y tú también pruébalo. Este ritual nocturno puede mejorar el estado de ánimo y el bienestar de todo el mundo.

Historias familiares

“¿Por quién me pusieron este nombre?” “Cuéntame otra vez la historia de cómo se conocieron los abuelos”. A mis hijos les encanta oír historias sobre sus parientes, y es especialmente divertido cuando algo de las historias les permite conectarse con ellos mismos.

Hace algunos años, un estudio de los psicólogos Robyn Fivush y Marshal Duke de la Universidad Emory, reveló la fuerza que tiene transmitir el legado familiar. Los niños que conocían detalles sobre las vidas de sus parientes e historias familiares, mostraban mayor resiliencia y más salud emocional. Dedicar tiempo a relatar lo que vivió nuestra familia y las experiencias que formaron a nuestros ancestros es uno de los mejores regalos que podemos darles a nuestros hijos. Los momentos de calma antes de irse a dormir son un momento ideal para comenzar a compartir estas historias.

Repasar el día

En el judaísmo se acostumbra a tomarse unos momentos antes de dormir para pensar en el día que termina y tratar de corregir los errores que podemos haber cometido. Muchos judíos repasan su día y se esfuerzan por perdonar a cualquiera que pueda haberlos dañado. Aunque esta idea puede parecer un poco difícil, para muchos niños repasar los acontecimientos del día con uno de sus padres antes de irse a dormir, permite que los padres sepan lo que ocurre en sus vidas y les da la oportunidad de compartir con los niños técnicas de resolución de problemas.

Formular preguntas como: “¿Cómo te sentiste cuando pasó eso?”, “¿Qué te gustaría haber hecho de otra forma?” y “¿Qué piensas que debes hacer la próxima vez?”, puede abrir la discusión y ayudar a los niños a resolver problemas. El momento de irse a la cama es un lugar de calma que permite hablar sobre los desafíos del día y las esperanzas para el día siguiente.

Segun tomado de, https://www.aishlatino.com/fm/sp/5-Rituales-judios-para-la-hora-de-irse-a-la-cama.html?s=mm

Korach and the Failure of Anarchy

Rebelión de Coré - EcuRed

by Pini Dunner

Those familiar with the history of British cinema will certainly have heard of a genre of films known as the Ealing Comedies, a series of comedy films produced by Ealing Studios in London between 1947 and 1957.

Among the light-touch dry comedic Ealing masterpieces were movies such as Kind Hearts and Coronets (1949), The Lavender Hill Mob (1951), and The Ladykillers (1955), starring, among others, Sir Alec Guinness, Alastair Sim, Margaret Rutherford, and Stanley Holloway.

But although all of these movies were groundbreaking, as well as hugely entertaining, there is one that sticks out in particular in terms of its originality — and its prescience. That movie is Passport to Pimlico (1949).

Pimlico is an upscale residential neighborhood in central London, just south of Belgravia, best known for its imposing Regency townhouses and famous residents, which in the past have included Sir Winston Churchill and Sir Laurence Olivier.

The rather far-fetched premise of Passport to Pimlico hinges on the discovery of a buried treasure in Pimlico after an unexploded wartime bomb is triggered by accident. Alongside the treasure is an ancient document which reveals that the area now known as Pimlico was originally gifted to the Duke of Burgundy in 1477 — and is in fact its own legal entity, and crucially, it is not governed by British law.

Overwhelmed by the opportunity this presents in the rather grim postwar climate, Pimlico residents decide to declare their independence from the United Kingdom. But although this leads to a short-term economic boom, very soon the area descends into complete chaos.

With its tongue firmly in its cheek, the movie explores the tension between the human desire to be free of any external control versus the benefits and safety that such control brings to society.

Although Passport to Pimlico principally reflects the irrepressible spirit of Londoners in the wake of the devastating war years and the difficult period of postwar austerity, in an uncanny way the film foreshadows many aspects of the political climate of today, with ordinary people banding together and resisting the ruling classes who they see as oppressive and retrograde.

But be that as it may, I never imagined in my wildest dreams that the movie’s central premise would one day become a reality. How wrong I was. Approximately two weeks ago, six blocks in Seattle, Washington, “ceded” from the United States after the Seattle Police Department (SPD) vacated its East Precinct building. This area is now a self-declared autonomous zone known as the Capitol Hill Autonomous Zone (CHAZ).

On June 9, the activists behind CHAZ listed 30 of their demands online, which, among other things, included the abolition of SPD and the Seattle court system; defunding SPD and reallocating those funds to health costs; banning police use of firearms, batons, riot shields, and chemical agents; the release of prisoners serving time for marijuana-related offenses or resisting arrest; mandatory retrials for people of color who are serving sentences for violent crimes; and prison abolition.

I have puzzled over why this group of urban anarchists think the US authorities should take any notice of the demands of self-declared foreign nationals, but I am guessing the irony of that particular observation would be lost on them.

It is also unclear to me what exactly the United States would get in return for agreeing to the demands, and it’s not as if CHAZ has either military or diplomatic leverage.

But most intriguing of all — I am really struggling to work out on what basis a bunch of street activists can decide to seize sovereign territory. At least the silver-screen Pimlico group had an ancient manuscript to underscore their claim. These guys have nothing.

John Lennon, a great songwriter who was simultaneously an insidious nihilist, released a song in 1971 titled Power to the People. The song utilized a slogan that had gained traction through the 1960s among antiwar protesters and radical elements of the civil rights movement whose aim was to foment rebellion against the establishment.

But like so many other slogans concocted and popularized by champagne revolutionaries, the reality of “people power” has always proven to be more suffering, not less. Abuses of power are the tragic consequence of power, and every system needs checks and balances to mitigate and reduce the ill effects of corruption.

But to abandon the system altogether and put the lives of ordinary citizens in the hands of people driven by slogans is unquestionably a far greater threat than anything a faulty system is guilty of.

The Book of Bamidbar contains a number of narratives featuring “people power” as their central theme. The most prominent of these narratives are the story of the spies in Shelach, and the story of Korach’s rebellion in Korach. In both of them the driving force was ostensibly a popular revolt against top-down authority, but that was not the case at all. In reality, sinister forces were at work, manipulating the masses into believing they would be better off, when actually it was not true, and nor was this the aim of those behind the insurgency.

The spies were all princes of their tribes, and their motivation was a desire to retain power over the people, who they feared would depose them if they moved into the Land of Israel. Meanwhile, Korach presented his revolt as a “people power” revolution, but he was really just a power-hungry plutocrat using popular discontent to propel him into a leadership position.

There is something strangely alluring about “people power” — a kind of idealism that seizes and dazzles us. Somehow we think, not unreasonably, that those in authority could be doing a better job, and that if we clipped their wings and devolved power to the people, the world would be a better place. But history has proven time and time again that the very opposite is true. Most “people power” revolutions have resulted in nothing but suffering and misery, even as a handful of devious insurrectionists have taken advantage of our idealistic naiveté and seized control in the power vacuum the revolution has created.

In Passport to Pimlico, Pimlico ultimately returns to the fold, abandoning its independence aspirations and reuniting with Britain while life returns to “normal.” The message seems to be that despite all the sacrifices and enthusiastic optimism, when push comes to shove, anarchy serves nothing but itself, and all efforts to completely rewrite the human rule-book are doomed to failure. Before it is too late, we need to realize that those behind CHAZ are not just a bunch of cheeky chaps thumbing their nose at the system; rather they represent a real threat to our hard-earned democracy and freedoms, and the sooner they are shut down for good, the better.

As taken from, https://www.algemeiner.com/2020/06/19/korach-and-the-failure-of-anarchy/