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Monthly Archives: July 2021

¿Quién miente sobre la teoría crítica de la raza?

An American flag. Credit: In Green/Shutterstock.

por JONATHAN S. TOBIN

Los izquierdistas afirman que los opositores de la ideología no están diciendo la verdad. Pero este intento de acabar con la discusión no funcionará. Sus ideas antiliberales son contrarias a la libertad estadounidense y la seguridad judía.

Mientras los estadounidenses se preparan para celebrar el 245 aniversario de la fundación de su nación, muchas, si no la mayoría de las ideas que solían darse por sentado sobre lo que significaba el 4 de julio, están siendo atacadas. La mayoría de nosotros no nos dimos cuenta de esto hasta agosto de 2019, cuando The New York Times publicó el “Proyecto 1619”, una serie de ensayos destinados a impulsar una reevaluación no solo de la historia de Estados Unidos, sino también de cómo debe considerarse este país en la actualidad.

Aunque lleno de errores y distorsiones los cuales fueron señalados por algunos de los principales historiadores del país, quienes a su vez son políticos liberales después de su publicación inicial, fue alabado por las clases parlanchinas. Se le otorgó un dudoso premio Pulitzer por afirmar falazmente que el verdadero comienzo del país no fue 1776, sino en la fecha en que se introdujeron los esclavos africanos en América del Norte. Su objetivo era afirmar que el objetivo de la Revolución estadounidense era defender la esclavitud, no la libertad, y luego condenó a los Estados Unidos por ser una nación tan irremediablemente racista hoy como lo era entonces.

Sin embargo, no fue hasta el siguiente junio, cuando el país entró en pánico moral después de la muerte de George Floyd, que la influencia de esta equivocada distorsión del pasado se hizo realidad. Ahora, más de un año después de que la autora principal del proyecto, Nikole Hannah-Jones, abrazó con orgullo la noción de que los disturbios civiles que sacudieron a la nación deberían llamarse los “disturbios de 1619”, los estadounidenses acaban de comenzar un análisis de los fundamentos intelectuales y morales de este grave distorsión de su pasado, así como de la naturaleza del país en el que viven actualmente.

En su corazón están los conceptos de la teoría crítica de la raza (CRT) y la interseccionalidad, que fueron empujados a la corriente principal a medida que el movimiento Black Lives Matter pasó de los márgenes de la sociedad a la corriente principal. Nos enseñan a considerar la raza como la verdad que define nuestra existencia y no solo como uno de los muchos factores que explican quiénes somos y cómo vivimos.

Ambos conceptos tienen su origen en el ambiente de invernadero de la academia izquierdista, pero como tantas otras nociones tóxicas, no solo han migrado a la palestra pública. Con la ayuda de personas influyentes de la cultura pop, los principales medios de comunicación y los políticos que buscaban capitalizar la atmósfera política posterior a George Floyd se hicieron cargo en gran medida. Es el motor intelectual que impulsa las fuerzas de la cancelación de la cultura. Más que eso, sus seguidores han estado trabajando asiduamente para apoderarse de nuestro sistema de educación pública mediante la instalación de cursos y programas empapados en la ideología CRT, así como el revisionismo “1619” sobre la historia estadounidense.

Lo que es igualmente preocupante es que la creencia en CRT ha generado apoyo para la idea de “equidad” en lugar de igualdad como el principio rector de la ley y la justicia estadounidense. Esto esencialmente exige que el gobierno y otras instituciones se involucren en una discriminación racional contra aquellos considerados culpables del “privilegio de los blancos” con el fin de corregir los errores del pasado, independientemente de las circunstancias de los afectados por estas medidas.

Aunque retrasados, ​​y operando bajo la desventaja de la hostilidad de la mayoría de los medios, aquellos que buscan nadar contra corriente en este tema han comenzado a hacer oír su voz. Eso a su vez ha creado una reacción violenta de los partidarios de CRT que tiene como objetivo difamar a los oponentes de esta ideología como racistas, extremistas de derecha y, en un asombroso ejemplo de iluminación, oponentes de la libertad de expresión y la libertad académica. La ironía de quienes más han hecho para aplastar un debate abierto sobre estos temas, llamando a quienes están tratando de iniciar una discusión nacional sobre esto, se encuentra dispersa en los principales medios de comunicación como por ejemplo, el New York Times.

Pero, inevitablemente, ha surgido una versión específicamente judía de este intento para convencer a los estadounidenses de que una ideología antiliberal obsesionada con la raza en realidad está siendo falsamente caracterizada por sus oponentes. Una carta abierta publicada en The Forward, firmada por un grupo de rabinos y académicos quienes se autodenominan irónicamente “Judíos por el discurso abierto”, viene a ser el más reciente intento de este tipo para cerrar el debate sobre la CRT.

La presunción de la carta es que CRT no solo está siendo difamada por derechistas, sino que quienes la han criticado ignoran su verdadero significado. Afirma que los argumentos que enseña CRT – que fomenta la creencia de que la humanidad está dividida en opresores y víctimas, y que aquellos que son culpables de tener “privilegios blancos” deben ser forzados a reconocer sus pecados – están siendo retratados falsamente. Niegan que la CRT y la interseccionalidad condenan a todos aquellos así designados, y que los judíos y el Estado de Israel están especialmente en peligro por esto.

La carta afirma que los críticos de CRT hablan del tema en “términos simplistas” y que las nociones al respecto y la ideología interseccional que dan un permiso al antisemitismo están “desvinculadas” del “contenido real” de estos “conceptos de justicia social” aunque no cita un solo ejemplo concreto de tal caracterización errónea.

En otras palabras, estos intelectuales nos están diciendo que nos callemos y reconozcamos que somos demasiado tontos para entender las verdades de estos conceptos, aun cuando nuestros ojos y oídos nos dicen que son antiliberales y discriminatorios. Peor aún, la carta afirma que es particularmente vergonzoso que los judíos acepten el nuevo pensamiento grupal sobre la raza porque hiere los sentimientos de los judíos de color que están detrás del avance para aceptar la CRT como nuestra nueva religión civil nacional, sin importar la forma en que legitimen las difamaciones contra Israel,  sus partidarios y alimenten la violencia antisemita en nuestras calles. Ellos afirman que por hablar, los críticos están endureciendo nuestro discurso, y que deberíamos simplemente escuchar a nuestros mejores intelectuales en la academia y hacer lo que nos dicen.

La noción de que los críticos de CRT están malinterpretando es simplemente falsa. Lea el trabajo del ideólogo de BLM Ibram X. Kendi o el gurú de la “Fragilidad blanca” Robin DiAngelo o la plataforma de los diversos grupos de BLM, y verá que las personas que mienten sobre CRT y la interseccionalidad son sus apologistas liberales, tal como los firmantes de esa carta. Además, no es solo una mala idea sino que es inherentemente totalitaria y busca crear “listas de palabras opresivas” que  persiguen silenciar el libre discurso. Las omnipresentes sesiones de entrenamiento tienen todas las características de las sectas en el sentido de que cualquiera que cuestione su premisa sobre las razas se considera un hereje [racista] que debe ser apagado.

La CRT es mala para todos los estadounidenses, pero los judíos deberían ser particularmente conscientes de los peligros que presenta. Esto es especialmente cierto con destacados defensores políticos de la “equidad” y la interseccionalidad como lo es la representante Ilhan Omar (D-Minn.) – convirtiéndose no solo en las voces más visibles que abogan por ideas antisemitas, sino también con un sello kosher de aprobación por parte del Partido Demócrata y judíos de izquierda y sus organizaciones.

El fin de semana del 4 de julio es un momento oportuno para comenzar un ajuste de cuentas moral sobre el papel que está jugando CRT en el fomento del antisemitismo. El Día de la Independencia debería recordarnos la forma en que el ala liberal de la libertad y la democracia estadounidenses ha jugado al dar a los judíos el refugio más libre y próspero en la historia de la Diáspora. La seguridad judía en este país está inextricablemente ligada a las ideas del excepcionalismo estadounidense que los defensores de la CRT están haciendo todo lo posible por derribar.

Lo que está en juego aquí es increíblemente alto, y por eso es imperativo que los judíos se unan al movimiento para detener la CRT y la interseccionalidad. Si los defensores de estos conceptos logran reemplazar la devoción por la igualdad por la equidad, será el final de una era de aceptación y éxito para la comunidad judía. No se debe permitir que eso suceda.

Jonathan S. Tobin es editor en jefe de JNS — Jewish News Syndicate. Síguelo en Twitter en: @jonathans_tobin.

Según tomado de, Who’s lying about critical race theory? (jns.org)

Traducción por drigs, CEJSPR

 
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Posted by on July 3, 2021 in Uncategorized

 

President Rivlin Outlined Israel’s ‘Four Tribes,’ and Embraced a Fifth: Diaspora Jews.

by Rabbi Rick Jacobs

President Reuven Rivlin speaks at a Memorial Day ceremony at the Western Wall in Jerusalem, in April.
President Reuven Rivlin speaks at a Memorial Day ceremony at the Western Wall in Jerusalem, in April. Credit: Emil Salman

I doubted whether a former Likud MK would include a Reform leader in his orbit. But the respect President Rivlin initially showed me personally has been extended to Jews across the denominational spectrum of Judaism.

For the past seven years I have been a proud member of what one might call President Reuven Rivlin’s “unity coalition.” If that doesn’t surprise you, it certainly surprised me. Before he took office, I doubted whether former Likud MK Reuven “Ruvi” Rivlin would include a leader of the Reform movement in North America in his orbit of responsibility and relationship.

It didn’t begin that way. We first met on a scorching hot day in July 2014, before traveling to Modi’in to join tens of thousands of other mourners gathered in grief to lay to rest our three murdered Israeli teens – Eyal Yifrah, Gilad Shaar and Naftali Fraenkel, of blessed memory. I had written an open letter to Rivlin in Haaretz, pleading with him to update his previous harsh public statements about Reform Judaism, but received no response.

Natan Sharansky intervened and set up a meeting with Rivlin at the Jewish Agency just days before he would become Israel’s 10th president. My goal was simple: to see if the president-elect could find it in his heart to embrace the 1.9 million Jews of the Reform movement as part of his wider constituency as Israel’s president.

In memory of Eyal, Gilad and Naftali, I pleaded with the president-elect, “We must find a way to feel more connected and responsible for one another, no matter our beliefs or practices.”

Our meeting was warm and promising, but the real change came a week later, when I was back in New York. A profound shift had occurred as Rivlin called and addressed me in Hebrew as “Harav,” rabbi, the same title he used for respected Orthodox rabbis. He pledged as Israel’s new president to work closely with our movement in addressing the challenges facing Israel and the Jewish people. Over the past seven years, he has fulfilled that pledge. The respect he initially showed me personally has been extended to Jews across the denominational spectrum of Judaism.

Since taking office, Rivlin’s leadership has been transformational. He has been a champion of unity among the Jewish people and a staunch defender of the rights of all citizens – especially the Arab citizens of Israel. Rivlin was the first Israeli president to attend the annual memorial ceremony at Kafr Qasem, the site of a massacre in 1956, when Israeli Border Police shot dead 49 Arab citizens of Israel. At the event, he expressed the profound values of Judaism and the Jewish state by offering heartfelt words of condolence and apology.

And he has worked to strengthen the deep relationship between Israel and the United States. In his 2015 White House meeting with President Barack Obama and this week’s meeting with President Joe Biden, all the world could see how comfortable Rivlin was discussing important issues of mutual concern with these leaders of Israel’s most important ally. He showed the same comfort when meeting with President Donald Trump in Israel. His unity coalition has included Republicans and Democrats, Orthodox and Reform Jews, Palestinian and Jewish citizens of Israel.

Perhaps his most historic speech took place at the Herzliya Conference in 2015, when Rivlin described what he termed the four tribes of modern Israel: secular Jews, religious Zionist Jews, ultra-Orthodox Jews and Arabs. In antiquity, it took enormous spiritual and political strength to hold the Twelve Tribes together. It has taken enormous strength for Rivlin to do the same with today’s fractious tribes.

As the bonds holding world Jewry and Israel were unraveling in the wake of the cancellation of the so-called Kotel agreement, the plan for creating a new space for egalitarian worship at the Western Wall, and the threat of a divisive conversion bill, Rivlin uttered words at the General Assembly of the Jewish Federations of North America that we had not heard previously: “The State of Israel was, and will always be, the home of every Jew; Orthodox, Reform, Conservative, secular, traditional, Ashkenazi, Sephardi. … The Jews of the Diaspora, especially in North America, are full partners.” In effect, he called us Israel’s “fifth tribe.” 

As we approach the Tisha B’Av fast day, which begins this year at sunset July 17 and ends 25 hours later, we recall the years before the destruction of the Second Temple in 70 C.E. The period was riven by deep and destructive sectarian divisions. In particular, the Talmud teaches that the Second Temple was destroyed on account of sinat hinam – gratuitous hatred between Jews. We see that kind of factional hatred in today’s Israel. As recently as Tuesday, Haredi legislators in the Knesset spewed vitriol against my colleague, Labor Party MK Gilad Kariv, a Reform rabbi who previously served as the executive director of the Israel Movement for Reform and Progressive Judaism. Sadly, despite Rivlin’s leadership and the personal example he sets of derekh eretz – common decency and courtesy – sinat hinam is still a reality.

If we are to avoid the perils of sinat hinam, we must commit to being part of a unity coalition of the Jewish people. We need to model respectful debates and learn about the theology, diversity and traditions of each other’s communities. The same principles apply to those of us who are political liberals, when it comes to how we talk about and engage political conservatives in our synagogues and communities – and vice versa. I don’t long for some superficial “we are one” mantra that deliberately aims to overlook the substantive differences among our Jewish communities, but rather a more challenging exercise in communal leadership that honors and draws strength from our differences.

As the scourge of intolerance threatens to engulf so much of our Jewish and wider world, we desperately need leaders of conscience and conviction. I remain hopeful and confident based on his own long embrace of klal Israel – Jewish unity, or the community of Israel – that Rivlin’s mantle as a unifier will now be worn proudly by Israel’s next president, Isaac Herzog, but the responsibility of holding the tribes together is on all of our shoulders. We are blessed to have had such a leader in President Reuven Rivlin. As we celebrate his leadership over these past seven years, let’s commit to be permanent members of his unity coalition.

Rabbi Rick Jacobs is the president of the Union for Reform Judaism.

As taken from, President Rivlin outlined Israel’s ‘four tribes,’ and embraced a fifth: Diaspora Jews – Opinion – Haaretz.com

 
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Posted by on July 1, 2021 in Uncategorized