Month: May 2017

Historia Judía: Guerra

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[Historia Judía #66] Guerra

Historia Judía

Desde su fundación en 1948, Israel estuvo en un estado de guerra permanente, y a pesar de todo logró un gran éxito económico.

por Rav Ken Spiro

“El mundo árabe no tiene voluntad de ceder… Las naciones nunca ceden, sino que pelean. Con paz o resignación no obtienes nada. Quizás puedes obtener algo, pero sólo con la fuerza de tus brazos… Puede ser que debamos perder Palestina. Pero es demasiado tarde para hablar de soluciones pacíficas”. (Azam Pasha, Secretario General de la Liga Árabe, septiembre de 1947).

En la víspera de Shabat, el 5 de iyar de 5708 (14 de mayo de 1948), Israel se convirtió en un estado independiente.

Pero inmediatamente fue arrastrado a una guerra, cuando cinco de los países árabes vecinos lo atacaron. Estos países árabes ya habían votado en la ONU en contra de la partición de Palestina, y ahora simplemente se rehusaron a reconocer ese voto histórico y democrático (ver capítulo 65 para más sobre este tema).

El pequeño Israel, que casi no tenía artillería pesada, tanques ni aviones, ¡tuvo que defenderse de Egipto, Líbano, Siria, Jordania e Irak! Eso es 600.000 judíos frente a 45 millones de árabes, y mientras tanto la ONU no hizo nada.

Y a pesar de todo, los judíos ganaron. Fue claramente un milagro.

Pero la victoria fue agridulce. La Ciudad Vieja de Jerusalem, incluyendo el Cuarto Judío y el acceso al Kótel (el Muro Occidental), quedó en manos jordanas. Los judíos fueron expulsados de la Ciudad Vieja y sus hogares y sinagogas fueron saqueados y destruidos.

Si bien los jordanos firmaron un acuerdo de cese de fuego que les permitiría a los judíos acceder al Muro Occidental y al cementerio del Monte de los Olivos, prohibieron el acceso judío a esos sitios y profanaron miles de tumbas en el Monte de los Olivos, y el mundo nuevamente no levantó un solo dedo para protestar por la violación de los derechos religiosos de un pueblo.

(Para más fascinantes detalles sobre la Guerra de Independencia, ver The Pledge, de Leonard Slater).

Nuevas fronteras

La Guerra de la Independencia duró 13 meses. Murieron unos 6.000 israelíes, el 1% de la población judía de ese entonces.

(Si eso hubiera ocurrido en Estados Unidos, proporcionalmente, hubieran muerto 3 millones de personas. Estados Unidos estaba sumamente enfadado por la guerra de Vietnam, en la que perdió 52.000 soldados).

El Monte Hertzl, el cementerio nacional, está lleno de tumbas sin nombres. Esas son tumbas de sobrevivientes del Holocausto que llegaron a Israel sólo para recibir un arma para luchar por la supervivencia de la nación judía. Nadie tuvo tiempo para conocer sus nombres. Pasaron a la historia sólo como Yosi, Hershel o Moshé. Es trágico ver todas esas tumbas con el nombre Ploni (que es la versión israelí de Fulano).

La Guerra de la Independencia fue la guerra más costosa para Israel.

El final de la guerra definió las fronteras del nuevo Estado de Israel de una forma radicalmente nueva. Las fronteras no eran las definidas por la ONU en su voto de partición. En el cálculo final, Israel obtuvo más territorio, pero perdió la Ciudad Vieja de Jerusalem.

ISRAEL De acuerdo al voto de la ONU: Después de la guerra de 1948:
Franja angosta de tierra a lo largo del Mediterráneo (Tel Aviv y Haifa) Franja angosta de tierra a lo largo del Mediterráneo (Tel Aviv y Haifa)
CONTROL JUDÍO Territorio que rodea al Mar de Galilea
Desierto del Néguev
Territorio que rodea al Mar de Galilea
Desierto del Néguev
Galilea Norte y Occidental (Tzfat)
CONTROL ÁRABE Toda la ribera occidental del Río Jordán
(Judea y Samaria)
Franja de Gaza
Galilea Norte y Occidental (Tzfat)
Toda la ribera occidental del Río Jordán (Judea y Samaria)
Franja de Gaza
Jerusalem Bajo control internacional En manos jordanas

Población

Desde el momento mismo del voto de partición de la ONU, hubo residentes árabes de Palestina que comenzaron a huir anticipando la guerra. Los primeros en irse fueron 30,000 de los más ricos. Para enero de 1948, el Comité Supremo Árabe Palestino les pidió a otros países árabes que prohibieran la entrada de refugiados por lo alarmante que era el éxodo árabe de Palestina.

En el momento de la declaración del Estado de Israel, 500.000 árabes huyeron con el comienzo de la guerra (1).

Al mismo tiempo, 820.000 judíos (de una población total estimada en más de 870.000) fueron forzados a huir de territorios árabes como Siria, Irak, Egipto, etc. La mayoría de la propiedad de esos judíos, muchos de los cuales eran ricos, fue confiscada y jamás devuelta (de esos judíos, unos 580.000 se asentaron en Israel) (2).

Una vez que terminó la guerra, la población comenzó a crecer de a pasos agigantados con inmigrantes judíos que no sólo venían de países árabes sino también de otros, y más recientemente de Etiopía y Rusia.

  • 1948: 600.000 judíos
  • 1956: 1,2 millones de judíos
  • 1973: 1,8 millones de judíos
  • 1999: 4,7 millones de judíos
  • 2007: 5,4 millones de judíos (3)

La población de Israel, desde la creación del estado, ¡ha crecido un 900%! Este aumento ha presentado un desafío especial, debido a la inmensa carga económica representada por la absorción de un número tan grande de inmigrantes.

Sin embargo, a pesar de que por un lado fue una carga, el crecimiento de la población también fue una gran bendición. La inmigración hizo cosas maravillosas por el país. El nivel de vida en Israel, que en 1948 se vio forzada a racionar la comida, ha crecido de manera tremenda en las dos últimas décadas.

¿Fue esto un milagro? Claramente.

Pero con certeza parece un nuevo paso hacia el cumplimiento de la profecía bíblica:

“Y Hashem, tu Dios, te devolverá de tu cautiverio y tendrá compasión por ti. Te devolverá y reunirá de entre todas las naciones. Y Hashem, tu Dios, te traerá a la tierra que tus ancestros heredaron. Y te hará aún más próspero y numeroso que tus padres” (Deuteronomio 30:3-5).

“Porque así dice Dios: ‘Grita con alegría por Yaakov, regocíjate en la cima de las naciones, proclama tu alabanza y di: ‘O Dios, salva a tu pueblo, el remanente de Israel’. Observa, los haré retornar de tierras norteñas y los reuniré desde los confines del mundo…’” (Jeremías 31:6-7).

Pero Israel no sólo fue capaz de absorber inmensas cantidades de personas, y no sólo ha sobrevivido viviendo en un estado constante de guerra, sino que también ha crecido económicamente. Y eso a pesar de los muchos boicots comerciales instigados por las naciones árabes. (Por ejemplo, Pepsi Cola no vendió en Israel durante años debido al boicot. Durante muchos años Subaru fue la única empresa automotriz japonesa que vendió autos en Israel). Con esto en mente, lo que Israel logró es absolutamente milagroso.

No sólo el desierto floreció, ¡sino que en un período relativamente breve la tierra que era árida estaba produciendo un excedente! Este excedente fue luego exportado a países mucho más “ricos”, como Estados Unidos.

Otro cumplimiento de profecía:

“Y ustedes, montañas de Israel, sus ramas darán sus frutos para Mi pueblo Israel, pues su retorno está cerca. Porque Yo estoy con ellos y me dirigiré a ellos y serás trabajada y sembrada. Y multiplicaré los hombres sobre ti, toda la familia de Israel” (Ezequiel 36:8-11).

En 1997 el Fondo Monetario Internacional sacó a Israel de la lista de países en desarrollo, porque ahora está completamente desarrollado. Su nivel de vida es el décimo noveno más alto del mundo, siguiendo de cerca al de Inglaterra (4).

La Guerra de los Seis Días

Los países árabes no aceptaron fácilmente su derrota en 1948. Todo el tiempo estuvieron planeando una revancha (5).

El 22 de mayo de 1967, el presidente egipcio Gamal Abdel Nasser (1918-1970) declaró que el Estrecho de Tirán (el acceso marítimo israelí a Eilat) estaba cerrado para todas las embarcaciones israelíes y para toda embarcación cuyo destino fuese Israel. Este intento de ahorcamiento económico hubiera sido un acto de guerra para cualquier otro país, pero inicialmente Israel no reaccionó, sino que buscó una solución política.

Mientras tanto, Nasser se tornó cada vez más agresivo con sus ataques verbales a Israel. El 27 de mayo de 1967 declaró: “Nuestro objetivo básico será la destrucción de Israel”. El 1 de junio de 1967, el presidente iraquí Abel Rahman Aref declaró: “Nuestro objetivo es claro: borrar a Israel del mapa”.

Egipto y Siria ya tenían una alianza mediante la que combinaban sus ejércitos. Ahora, Egipto hizo un pacto similar con Jordania. Era claro que la guerra era inminente.

El 5 de junio de 1967 Israel, advirtiendo que todo el mundo árabe estaba a punto de atacar, lanzó un ataque preventivo.

Fue uno de los ataques preventivos más brillantes de la historia. En una incursión, los aviones israelíes destruyeron toda la Fuerza Aérea Egipcia, que aún estaba en tierra, haciendo al otro día lo mismo con toda la Fuerza Aérea Jordana.

¿Por qué no reaccionaron los jordanos después de que los egipcios fueron bombardeados? Porque los egipcios estaban transmitiendo que habían logrado una victoria impresionante (cuando, en realidad, estaban completamente destruidos). Sin saber la verdad, los jordanos creyeron la propaganda y no estaban preparados.

En sólo seis días, Israel capturó cantidades inmensas de territorio y ganó lo que se considera una de las mayores victorias militares de la historia:

  • En el sur, la Península de Sinaí (a Egipto).
  • En el norte, las Alturas del Golán (a Siria). Nota que Siria, que inicialmente era parte de los territorios del Mandato Francés después de la Primera Guerra Mundial, pasó a ser parte de la República Árabe Unida (junto a Egipto y Yemen) en 1958. En 1961 Siria se retiró de la unión, creando sus propias fronteras que incluían las Alturas del Golán.
  • En el este Cisjordania, que Jordania había anexado después de 1948, si bien este territorio nunca había sido destinado a ser parte de Jordania.
  • Y, principalmente, Israel recapturó la Ciudad Vieja de Jerusalem, que debía haber sido internacional de acuerdo al plan de la ONU, pero que Jordania había tomado unilateralmente en 1948 prohibiendo el acceso a la misma de todos los judíos.

Jerusalem reunificada

Durante 19 años los judíos no pudieron entrar a la Ciudad Vieja ni rezar en su lugar más sagrado: el Monte del Templo o el Kótel (el Muro Occidental) del Monte del Templo.

Muchos de los soldados que lucharon la guerra aún no habían nacido cuando el pueblo judío perdió ese sitio. Sólo lo habían visto en fotos.

Al entrar a la Ciudad Vieja, no sabían hacia dónde ir y, cuando lo hallaron, lloraron a mares.

En la radio, el paracaidista líder de las fuerzas de la Ciudad Vieja anunció: “Har HaBait beiadeinu”, el Monte del Templo está en nuestras manos.

La gente estaba jubilosa. No podía creer el milagro que acababa de ocurrir.

Es destacable que el comportamiento judío en la victoria contrasta mucho con el árabe después de su victoria sobre la Ciudad Vieja en 1948, cuando cinco docenas de sinagogas fueron saqueadas y destruidas. Los soldados judíos no dinamitaron el Domo de la Roca ni ninguna otra mezquita de la Ciudad Vieja, y el acceso árabe a esos sitios nunca fue interrumpido.

La OLP

La Organización para la Liberación Palestina (OLP) fue fundada en enero de 1964 por Ahmed Shukeiry para representar a los refugiados árabes de la guerra de 1948. Nunca fue una organización pacífica. De hecho, Shukeiry predijo que habría una victoria árabe sobre Israel, diciendo: “Los [judíos] que sobrevivan permanecerán en Palestina. Estimo que ninguno sobrevivirá”.

El objetivo principal y constante de la OLP fue la eliminación del estado de Israel y su reemplazo por el Estado de Palestina.

(Es importante notar que nunca ha existido en la historia un Estado de Palestina. Los árabes que vivían en esta tierra en los días del Imperio Otomano eran simplemente árabes, sin ninguna identidad nacional. Después del colapso del Imperio Otomano, en los días del Mandato Británico, los ingleses consideraban palestinos tanto a los judíos como a los árabes).

El egipcio Yaser Arafat (1929-2004) fue el líder de Fatáj, el grupo terrorista de la OLP. Después de la Guerra de los Seis días tomó el control de toda la organización.

Uno de los actos más infames bajo la dirección de Arafat en sus comienzos fue el secuestro y asesinato de 11 atletas israelíes durante los Juegos Olímpicos de 1972.

Es importante recordar que, una vez más, el mundo se mantuvo silente. Los Juegos Olímpicos continuaron mientras los terroristas mantenían a los atletas como rehenes. Los israelíes quisieron intervenir, pero los alemanes rechazaron su ayuda. Al final, los alemanes frustraron el intento de rescate, lo cual llevó a la muerte de todos los atletas rehenes. Posteriormente Israel persiguió y asesinó a muchos de los terroristas responsables del ataque en Múnich.

Desde entonces la OLP ha llevado a cabo incontables ataques terroristas contra israelíes. Mencionarlos a todos requeriría un libro entero.

El proceso de paz

Desde el voto de partición de la ONU en noviembre de 1947, Israel les ha ofrecido constantemente a las naciones árabes vecinas vivir en paz con el estado judío, pero estas ofertas casi siempre han sido rechazadas. El 14 de mayo de 1948, el día de la creación del Estado de Israel, el Primer Ministro David Ben Gurión declaró:

En medio de una lasciva agresión, llamamos a los habitantes árabes del Estado de Israel a preservar la paz y tener un rol en el desarrollo del estado, en base a una ciudadanía completa e igualdad, así como la representación debida en todos sus cuerpos e instituciones… Extendemos nuestra mano en son de paz y amabilidad a todos los estados vecinos y sus pueblos, invitándolos a cooperar con la nación judía independiente por el bien de todos.

Assam Pasha, secretario de la Liga Árabe, destacó al día siguiente la actitud inflexible de los árabes para con el incipiente estado judío:

Esto será una guerra de exterminio y una masacre importante de la que se hablará como se habla de la masacre mongol y las cruzadas.

Es importante notar que inmediatamente después de la victoria de Israel en la Guerra de los Seis Días, el gobierno israelí liderado por el Primer Ministro Levi Eshkol exceptuó la resolución 242 de la ONU y ofreció devolver los territorios capturados a los países árabes vecinos a cambio de tratados de paz con sus vecinos árabes. En agosto de 1967, la Liga Árabe rechazó la propuesta:

Reyes y presidentes han acordado unificar esfuerzos internacionales y niveles diplomáticos para eliminar las consecuencias de la agresión y asegurar el retiro de las fuerzas agresoras de Israel de las tierras árabes, pero dentro de los límites en los que los estados árabes están comprometidos: NO hay paz con Israel, NO hay negociaciones con Israel, NO hay reconocimiento de Israel.

En 1979 el presidente egipcio Anwar Sadat, en una movida atrevida que le costaría su vida (fue asesinado por musulmanes radicales en El Cairo en 1981), se separó de la posición árabe tradicional y firmó un acuerdo de paz con Menájem Beguin, Primer Ministro de Israel. A cambio, Israel devolvió cada centímetro cuadrado de territorio que había ganado en la guerra de 1967.

En 1994, el Rey Hussein de Jordania firmó el segundo tratado de paz con el gobierno de Itzjak Rabin (quien fue asesinado en 1995).

Israel ha demostrado una y otra vez que desea la paz por sobre cualquier otra cosa, estando dispuesto a realizar importantes concesiones territoriales para conseguirla.

En el año 2.000, la Autoridad Palestina liderada por Yaser Arafat rechazó una increíble oferta que fuera hecha por Ehud Barak, primer ministro de Israel, que consistía en una retirada completa de todas las tierras ganadas en 1967 y la creación de un Estado Palestino en ese territorio (6). Describir la historia turbulenta del Estado de Israel en los últimos 45 años, que incluye al menos dos guerras importantes (la de Iom Kipur en 1973 (7), la de El Líbano en 1982 (8), los ataques de Irak en la Guerra del Golfo de 1991 y la segunda guerra con El Líbano en 2006) está más allá del alcance de un breve curso de historia judía.

La primer ministro israelí Golda Meir declaró una vez que “Israel tendrá paz con los árabes cuando ellos amen a sus hijos más que lo que nos odian a nosotros”.

Los eventos de los últimos años han mostrado desgraciadamente que la mayoría del mundo árabe no se está moviendo en dirección hacia la paz. El mundo musulmán, especialmente Irán, continúa amenazando con destruir a Israel, así como mintiendo para hacer que Israel parezca un estado malvado e ilegítimo. A los niños palestinos se les enseña a odiar a los judíos y a Israel, y a aspirar a ser mártires y terroristas suicidas. A pesar del doloroso retiro de Israel de Gaza en el verano de 2005, la situación allí se deterioró después de la subida al poder de Hamás en Gaza en el 2007 y con el bombardeo diario de misiles y morteros en el sur de Israel. Es claro que Hamás, el Ejército de Liberación Palestina y muchos otros estados islámicos no han abandonado aún su sueño de destruir a Israel.

Sin embargo, a pesar de todos esos obstáculos, Israel continúa buscando la paz, la economía continúa expandiéndose, la industria de alta tecnología está en auge y la población continúa creciendo al paso que la diáspora se cierra lentamente y el pueblo judío vuelve a casa. Quizás el Ministerio de Turismo de Israel lo expresó mejor que nadie, con el slogan: Israel, el milagro del Mediterráneo.


Notas:

[1] Fuente: Martin Gilbert, The Arab-Israeli Conflict – It’s History in Maps. (Cuarta Edición). Hay mucho debate respeto a la cantidad exacta de refugiados, tanto árabes como judíos, y las causas del problema de los refugiados. La gran mayoría de los refugiados judíos de las tierras árabes fueron expulsados de esos países o eligieron irse debido al ascenso del antisemitismo causado por el conflicto árabe israelí y a la vasta retórica anti Israel y anti judía de los gobiernos árabes. Los refugiados árabes de Israel (tanto de 1948 como de 1967) también abandonaron el lugar por diferentes razones: muchos siguieron el consejo de los líderes árabes de abandonar la zona de guerra y volver después de que Israel fuera destruido, otros eligieron huir de las luchas y algunos fueron expulsados por las fuerzas israelíes. Cualesquiera hayan sido las causas, dos puntos son claros: 1) si los árabes no hubieran atacado a Israel no hubiera habido causa para huir y, por lo tanto, no hubiera habido refugiados y 2) mientras que Israel absorbió cientos de miles de refugiados judíos, el mundo árabe se negó deliberadamente a hacer lo mismo con los refugiados árabes reconociendo que, incluso más de 60 años después, estos refugiados continúan siendo un arma importante de propaganda de guerra en contra de Israel.

[2] Fuente: Martin Gilbert, The Arab-Israeli Conflict – Its History in Maps. (Cuarta Edición). p. 48.

[3] Ya en 2007 Israel era considerada la mayor población judía del mundo, superando a la de Estados Unidos. En la actualidad viven en Israel más judíos que en cualquier otro momento de la historia después de la destrucción del Primer Templo y el Exilio Babilonio hace 2500 años. Dada la tendencia demográfica actual se estima que, a lo sumo, en unas pocas décadas la mayoría de la población judía estará viviendo nuevamente en la Tierra de Israel.

[4] Todo este desarrollo se logró en menos de 40 años, en un estado constante de guerra, con terrorismo y boicots económicos y en un país sin recursos naturales, a lo que se sumó la absorción de millones de inmigrantes, muchos de ellos destituidos.

[5] En 1956, después de que el presidente de Egipto Gamal Abdul Nassar nacionalizó el Canal de Suez. Israel, respaldado por Inglaterra y Francia, invadió la Península del Sinaí y capturó el Canal de Suez. La presión de Estados Unidos forzó a Israel a retirarse.

[6] En realidad Arafat nunca rechazó la oferta. En lugar de eso, se alejó de las conversaciones e inició una guerra terrorista de cinco años conocida como la Segunda Intifada. Si uno estudia la historia del conflicto árabe-israelí, o más en particular del conflicto israelí-palestino, queda claro que el punto nunca fue la creación de un Estado Palestino (tal estado pudo ser creado muchas veces en los últimos 60 años), sino la destrucción del Estado Judío y la incapacidad del mundo árabe de aceptar un estado judío de ningún tipo, independientemente de cuáles fueran las fronteras.

[7] La Guerra de Iom Kipur se luchó entre el 6 y el 26 de octubre de 1973, por una coalición de estados árabes liderados por Egipto y Siria en contra de Israel. La guerra comenzó con un ataque sorpresa conjunto de Egipto y Siria en la festividad judía de Iom Kipur. Egipto y Siria cruzaron las líneas de cese del fuego en el Sinaí y en los Altos del Golán, que habían sido capturados por Israel en 1967 durante la Guerra de los Seis Días. Los egipcios y los sirios avanzaron durante las primeras 24-48 horas, para luego quedar la ventaja a favor de Israel. Para la segunda semana de la guerra, los sirios habían sido expulsados por completo de las Alturas del Golán. En el Sinaí, los israelíes varados en la costura entre dos ejércitos egipcios invasores, cruzaron el Canal de Suez (adonde había estado el antiguo cese del fuego) y cortaron al tercer ejército egipcio justo cuando entró en efecto el cese del fuego de la ONU. Al final, Israel había ganado una victoria mucho mayor a la de 1967 pero con un costo mucho más alto: murieron 2,378 soldados, frente a 766 que murieron en 1967 (las bajas árabes de ambas guerras nunca fueron anunciadas).

[8] La Guerra del Líbano de 1982 fue llamada por Israel Operación Paz de Galilea y pasó posteriormente a ser conocida como la Primera Guerra con el Líbano (hubo una segunda Guerra con el Líbano durante julio y agosto de 2006). Comenzó el 6 de junio de 1982, cuando las Fuerzas de Defensa Israelíes invadieron el sur del Líbano, que había sido ampliamente tomado por la OLP y usado como un trampolín para ataques contra Israel. El gobierno de Israel ordenó la invasión como respuesta al intento de asesinato de Shlomo Argov, embajador israelí en el Reino Unido, perpetrado por la organización Abu Nidal. Después de atacar a la OLP y a las fuerzas sirias y libanesas musulmanas, Israel ocupó el sur del Líbano. Rodeadas en Beirut Occidental, la OLP y las fuerzas sirias negociaron un pase desde el Líbano con la ayuda de pacificadores internacionales. Las fuerzas israelíes (con sus aliados en el sur del Líbano) mantuvieron una franja de seguridad en el sur del Líbano hasta la retirada del Ejército de Defensa Israel en el año 2000.

Según tomdo de, http://www.aishlatino.com/judaismo/historia/curso-rapido/Guerra.html?s=show el domingo, 28 de mayo de 2017.

When Is the Next Jubilee Year?

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By Baruch S. Davidson

In short, the answer to your question is that the Jubilee year is currently not observed or commemorated. The reasons for this are complex and involve many different opinions on the matter. In the following lines I will attempt to briefly relay the relevant issues.

According to biblical law, the Jubilee is only observed when all twelve tribes of the Jewish nation are living in Israel, as is derived from the verse,1 “And you shall sanctify the fiftieth year, and proclaim freedom throughout the land for all who live on it,” which implies that the Jubilee is only sanctified when “all who live on it”—meaning, all who are meant to be living there—are in the Land of Israel. Furthermore, the Jubilee is only observed when every tribe is living in the specific part of the land which was it was allotted when the Land of Israel was divided. However, some are of the opinion that the Jubilee is observed as long as there is a partial representation of each tribe, even if most of the tribe is not in Israel.

In the 6th century BCE, the Assyrians conquered the Northern Kingdom of Israel and sent the majority of its population into exile. Those who were deported are historically known as the Ten Lost Tribes.

We are certain that before that point in time the Jubilee was regularly observed. We also know that, with the destruction of the Second Temple and the disbandment of the Sanhedrin (supreme rabbinical court), we ceased to mark the Jubilee year in any form. The periods about which there is a question are the remaining years between the exile of the Ten Tribes and the destruction of the First Temple, and the Second Temple Era.

According to the opinion that partial representation of each tribe is sufficient to fulfill the scriptural requirement, biblically mandated Jubilees were fully observed throughout the periods in question, because there remained a small representation of each tribe in Israel.

However, according to the first opinion mentioned above, with the exile of the Northern Kingdom the required condition for the Jubilee to be sanctified was lost. Thus, the last time there was a biblical requirement to observe the Jubilee was about 150 years before the destruction of the First Temple.

The question remains, however, whether according to this opinion Jubilee years were designated or observed during this time by rabbinic injunction. This is the subject of debate amongst the sages.2

As mentioned above, though, today the Jubilee year is neither designated nor observed.3

And now for the answer to your question: “When is the next Jubilee year?”

We eagerly await the day when G‑d will bring our entire nation back to our homeland—including the ten “lost” tribes—and we will again resume observing the Jubilee year, as well as so many other mitzvot which we are incapable of performing until that awaited day.4

Rabbi Baruch S. Davidson

FOOTNOTES
1. Leviticus 25:10.
2. The reasons behind this debate: Although there was no biblical requirement to observe the Jubilee year after the Ten Tribes were exiled, the observance of the shemittah (Sabbatical year) remained a biblical obligation. The integrity of the seven-year Sabbatical cycle depended on the larger fifty-year cycle—after completing seven seven-year cycles, a one-year hiatus was taken before the new cycle began (on the 51st year). It was thus necessary to designate a (non-observed) fiftieth “Jubilee” year. Others explain that the sages also instituted the (partial) observance of the laws of Jubilee to commemorate the biblical mitzvah.

However, there is also an opinion in the Talmud that the Jubilee is not an “in-between-cycles year,” but rather that it is the first of the next 49-year cycle, and thus not designating it would not impact the calculation of the Sabbatical cycles. This opinion also maintains that the Sages never instituted the Jubilee year as a commemoration.

3. Although the laws of shemittah are observed in Israel to this very day, the Jubilee year is not designated or observed. There are many reasons for this. Some of them: a) The Jubilee only affected the shemittah cycle when the shemittah was established and declared by the Sanhedrin, as opposed to today when it is automatically programmed into the perpetual Jewish calendar. b) The observance of shemittah today is only a rabbinic decree, and therefore the Jubilee year does not affect its cycle. c) No commemoration is in order when there is no Sanhedrin, whose participation in the declaration of the Jubilee year was integral. In fact, it was the Sanhedrin’s blast of the shofar (ram’s horn) on Yom Kippur which signaled the entry of the Jubilee year.
4. The information in this response is taken from Encyclopedia Talmudit, vol. XXII, s.v. “Yovel.”
As taken from, http://www.chabad.org/library/article_cdo/aid/513212/jewish/When-Is-the-Next-Jubilee-Year.htm on May 22, 2017.

Discover the Four Exiles of the Jewish People

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The history of galut

For almost as long as the Jewish nation has existed, it has been persecuted and forced to wander from land to land: starting with slavery in Egypt, to the destruction of both temples in Jerusalem, to the Crusades, the pogroms, the Holocaust, and finally, modern day anti-Semitism.

These times of national displacement are known in Hebrew as galut, exile. The four primary periods of exile are known as “arba galuyot” (the four exiles).1

The Beginning: Egypt (1523 BCE – 1313 BCE)

The beginning of all galut, the root from which it grew and branched off, was when Jacob and his children left Canaan (as Israel was then called) because of famine and traveled to Egypt for food.2 There they settled, prospered and began to grow numerous.3 Fearing the growth of this nation, Pharaoh enslaved the children of Israel.4 After a period of 210 years, G‑d sent salvation through His servant Moses, smiting the Egyptians with the ten plagues.5 The Jewish people were redeemed and started their 40-year journey in the desert on their way back home to the Land of Israel.

The Egyptian exile served as the forerunner, and the prototype, for the four exiles that the Jewish people were later to endure.6,7

The Four Exiles

The prophet Daniel had a vision that subtly hints to the four exiles of the Jewish nation:

I saw in my vision by night…four great beasts…The first was like a lion…and behold, another beast, a second one, similar to a bear…Afterwards I beheld, and there was another, similar to a leopard…After that, as I looked on in the night vision, there was a fourth beast—fearsome, dreadful and very powerful.8

In Daniel’s prophecy, each creature symbolizes an exile that the Jewish people were to undergo. The first was Babylon, the second Media/Persia, the third Greece, and finally Edom, commonly identified as Rome.9

Babylon (423 BCE – 372 BCE)

Babylon was the first exile. Until then, the Holy Temple stood in the heart of Jerusalem, and G‑dliness and miracles were still apparent and abundant. And then, what had been the bustling, lively and vibrant Jewish nation was no more. In the year 3338 (423 BCE), Nebuchadnezzar, the king of Babylon, lay siege to Israel and laid it to waste.

When Nebuchadnezzar destroyed the Holy Temple, he exiled 10,000 of the brightest and most promising of the Jewish nation (including Daniel, Chananya, Mishael and Azariah), leaving behind the labourers to work the fields. The Jewish people who remained in Israel under the rule of King Zedekiah began rebelling against Nebuchadnezzar. The prophet Jeremiahbegged the king to end this foolish rebellion and submit to Nebuchadnezzar before it was too late,10 but his warning fell on deaf ears. The remainder of the Jews in Israel were crushed and sent into exile: “By the rivers of Babylon, there we sat down, we also wept, when we remembered Zion.”11

However, even in the darkest night there was a glimmer of hope, as the Jewish people began to adapt to their new surroundings. The Jews began to flourish in Babylon, setting up communities, building ritual baths and establishing study halls.

Persia/Media (372 BCE – 348 BCE)

In 3389 (372 BCE), King Darius I of Persia conquered Babylon, thus starting the second exile for the Jewish people. He was favorably inclined toward the Jews, and appointed Daniel the prophet as chief minister of the realm. (The famous story of Daniel being accused of rebelling against the king and being thrown into the lion’s den occurred during this time period.12) After ruling for just one year, Darius died in 3390 (373 BCE).

The crown was then passed on to Cyrus the great. He too favored the Jewish people, and under his rule they were given permission to return to Israel to rebuild the Holy Temple. When Cyrus gave this authorization, 42,360 Jews went to Jerusalem and began the work. King Cyrus ruled for three years, from 3390-3393 (373 BCE – 376 BCE).

Then King Ahaseurus stepped in, and the Purim story began. Construction of the Temple was stopped by Ahasuerus and did not continue during his lifetime. Shortly after the end of the Purim story, in 3406 (351 BCE), Ahasuerus died and was succeeded by Darius II (his son from Esther). Two years later, in 3408 (353 BCE), the Jews were given permission to resume work on the Temple, and in 3412 (349 BCE) it was completed.

(See here for a full historical account on the Babylonian and Persian exiles.)

Greece 371 BCE – 140 BCE

Persia, once the strongest empire, then fell to the mighty hands of Alexander the Great in the year 3390 (371 BCE). This meant that Israel was now under Greek rule. The rulers of Greece did not displace the Jewish people or destroy the Temple. However, that is not to say that many Jews were not influenced by the Greek lifestyle, one of indulging in physical delights and glorifying the body. In fact, many Jews began to assimilate and conform to the Greek way of life.

In the year 3413 (348 BCE), Ezra the Scribe13 (who preceded the Greeks and lived during the Persian exile) led many of the Jewish people back to Israel in an attempt to rejuvenate both the land and the Jewish way of life. Many rabbinic enactments were instituted at this time to accomplish this goal.14

Alexander’s reign was short, and after his death his empire was divided among his four generals who ruled over different areas of the kingdom, one of which was Egypt. In the year 3515 (246 BCE), the ruling Ptolemy (as most kings were so named) of Egypt gathered 72 Jewish elders and forced them to translate the Torah into Greek. This was a major tragedy for the Jewish people, as until this point G‑d’s Torah had always been written in the holy language of Hebrew, and to make any slight change or mistranslation would leave room for grave errors.15

Antiochus IV soon succeeded to the throne in 3586. Unlike his predecessors, Antiochus did not take kindly to the Jewish people. He murdered thousands of them and imposed harsh decrees, suppressing many Jewish laws such as circumcision and Shabbat.

In the year 3621 (140 BCE), a small group of Jews known as the Maccabeesstood up against the tyrant and defeated his armies, driving him out of Israel. The Jewish people were free from foreign rulership once more. We celebrate this miraculous victory with the holiday of Hanukkah. (See here for a full historical account of the Hanukkah story.)

Rome (69 CE – Present)

The Roman Empire brought the final blow for Jewish sovereignty in Israel and the final exile for the Jews, one that has lasted for nearly 2,000 years and has not yet ended.

The Jewish people during that time were split into four factions: the Pharisees, Sadducees, Sicarii and Zealots. Some of these groups began rebelling against the mighty empire.

The Emperor Nero saw this as treason and sent his best general, Vespasian, along with his son, Titus, and 60,000 Roman soldiers to quell the revolt.

Finally, in the year 3829 (69 CE), an oppression that started with heavy taxes ended with mass murder. The Jewish people were butchered and slaughtered, their homes ransacked and the Holy Temple burnt to the ground. And since then, the Jewish people have been persecuted and exiled. (Seehere for a full historical account on the Roman exile.)

In the year 1096, the First Crusade destroyed Jewish communities across Europe and in Israel. In 1144, the first recorded blood libel took place. In 1190, Jews were massacred in England during the Third Crusade. A public burning of the Talmud took place in Paris in 1242. In 1290, all Jews were expelled from England.16 The Spanish Inquisition occurred in 1478. In 1648, Jews were massacred by Chmielnitzki’s forces (what is known as gezeirat tach v’tat). In 1918, over 60,000 Jews were killed during the Russian revolution. Finally, during the Holocaust: six million Jews were slaughtered.

In the words of Mark Twain:

The Egyptians, the Babylonians and the Persians rose, filled the planet with sound and splendor, then faded to dream-stuff and passed away; the Greeks and Romans followed and made a vast noise, and they were gone…The Jew saw them all, survived them all.

For a chassidic perspective on the four exiles, see here.

The Dispute of Exiles

So what exactly constitutes an exile? As mentioned above, the Jewish people were exiled from a few countries in Europe. Why don’t they fall into the count?

All opinions agree with the identities of the first three exiles, as they are clearly inferred from the book of Daniel.17 The controversy revolves around the identity of the fourth and final exile, which is referred to as “Edom.”

All the sages agree that the word “Edom” typically refers to the Romans.18However, there are certain prophecies in which the word “Edom” is used, not necessarily in reference to Rome, but in reference to other nations, such as in Daniel’s prophecy.

Bearing this in mind, Avraham Ibn Ezra believes that the fourth kingdom to place the Jewish people in exile (“Edom”) were the Yishma’eilim, i.e.,those who follow Islam. The reasoning behind this is that the fourth animal in Daniel’s prophecy is described as a fearsome and powerful beast, and he viewed the Islamic rulership as the most severe towards the Jews.19

In contrast to this, Nachmanides maintains that the Empire of Rome was the last exile the Jewish people endured. Nachmanides explains that the four kingdoms are not defined by their power or strength, but by the fact that they placed the Jews in exile in the first place. He comes to this conclusion because, despite the many other threats to our existence that came after the Romans, we have not yet been redeemed from this specific exile.20,21

In his work Ner Mitzvah, the Maharal of Prague observes that though the Islamic empire was a “strong and mighty” nation, it is not included among the four exiling empires. He explains that the four empires included in the count actually wrested kingship and power from Israel, thus enabling these nations to delay the redemption. For as long as they ruled, the nation of Israel’s dominion was not restored.

Islam on the other hand, notwithstanding it’s greatness and superiority, did not deny Israel’s kingship, and is therefore not considered an exiling nation.

Exile as a Remedy

The question remains: Why? For what purpose did G‑d place the Jewish people in exile, not once but four times?

“Because of our sins we were exiled from our land,” the verse states.22 The “sins” referred to here weren’t mere wrongdoings or mistakes.

The Talmud relates a story: During the destruction of the Holy Temple, G‑d found our forefather Abraham standing in the ruins. Abraham began to plead on behalf of the Jewish people:

[G‑d] said, “What is My beloved doing in My house?”

Abraham replied, “I have come concerning the fate of my children.”

[G‑d] said, “Your children sinned and have gone into exile.”

“Perhaps,” said Abraham, “they only sinned in error?”

He answered, “She has wrought lewdness.”

“Perhaps only a few sinned?”

“With many,” came the reply.

“Perhaps if You had waited for them, they would have repented,” he pleaded.

And He replied, “When you do evil, then you rejoice!”23

From this story, we can see the gravity of the sins committed, and that exile was necessary to cleanse the Jewish nation of these sins. However, punishment was not the only item on G‑ds’ agenda. There is a grander master plan behind the four exiles.

The Talmud offers the following explanation for the phenomenon of galut: “R. Eleazar also said: The Holy One, blessed be He, did not exile Israel among the nations save in order that proselytes might join them.”24

We can deduce from here that exile serves a dual function: Firstly, to serve as a punishment for our sins. Secondly, so we can be a light unto the nations and inspire the world for the better.25 (See here for more on this topic.)

May it be in this merit that G‑d will take us out of galut and gather us from the four corners of the earth to the Land of Israel, Amen.

FOOTNOTES
1. All historical dates are taken from Mattis Kantor’s Codex Judaica.
2. Genesis 42:2.
3. Exodus 1:7.
4. Ibid., 1:9.
5. Ibid., 7:17.
6. Vayikra Rabbah 13:5: “Rabbi Jose b. Hanina said, ‘All governments may be called by the name Mitzrayim (Egypt) since they oppressed (in Hebrew, meitzerin, the same root as Mitzrayim) Israel.’”
7. See Zohar Section 2, 6:1. There it explains that these nations came into power only as a result of the Jewish population living in those countries.
8. Daniel 7:1. A name is not given to the fourth beast due to the intensity of its nature.
9. Vayikra Rabbah 13:5. See there for other verses in that correspond to the four Exiles.
10. Jeremiah 37:1.
11. Psalms 137.
12. Daniel 6:4.
13. Ezra was named “The Scribe” due to his great work in writing many scrolls of the Torah.
14. See tractate Bava Kama 82A for 10 ordinances instituted by Ezra.
15. See tractate Megillah 9A for more details of the story and of the great miracle that occurred.
16. The edict was issued, July 18th, the 9th of Av in the Hebrew calendar.
17. Daniel, ch.7; Rashi, Metzudat David and Vayikra Rabbah, etc.
18. See Radak on Ovadya 1:1, Ibn Ezra on Isaiah 63:1 and Ramban Sefer Hageulah p.238.
19. Maimonides, Sefer Ha’Geulah, Gate 3, p. 238.
20. Ibid.
21. There are various opinions on the matter. See Maimonides in Iggeret Taiman where he writes that the fourth exile is both Roman and Muslim empires.
22. This verse is read in the Musaf service of the three foot festivals.
23. Tractate Menachot 53b.
24. Tractate Pesachim 87b.
25. Ibid. See Marashah there who explains that if G‑d had merely meant to punish us, He wouldn’t have exiled us among the nations. The fact that He did so was to serve another purpose.
As taken from, http://www.chabad.org/library/article_cdo/aid/3671017/jewish/Discover-the-Four-Exiles-of-the-Jewish-People.htm on May 17, 2017

What Is the Jewish Approach to the Apocrypha?

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What Is the Jewish Approach to the Apocrypha?

The word “apocrypha” originates from the Greek and Latin words for “secret” or “non-canonical.” It is commonly used to refer to ancient, mostly Second Temple–era works that are “outside” of the Jewish Bible.1

The Apocrypha includes, but is not limited to, works such as Sirach (BenSira), Maccabees, Judith, the book of Enoch, Jubilees, the story of Susanna, and Baruch.

Some of these works were known to us all along, and others were recently discovered among the Dead Sea Scrolls in the Qumran Caves and in the Cairo Genizah, both of which had preserved ancient Jewish manuscripts.

Divine Inspiration

The 24 books of the Bible (Tanach) were canonized by the Anshei Knesset Hagedolah (“Men of the Great Assembly”), which included some of the greatest Jewish scholars and leaders of the time, such as Ezra the Scribe, and even the last of the prophets, namely Haggai, Zechariah and Malachi. With the death of these prophets, the age of prophecy came to an end.2 Any later works are not considered Divinely inspired, and are therefore not included in the 24 books of the holy Scriptures.3

While none of the books of the Apocrypha are considered to be Divinely inspired and are therefore not included in Jewish scripture, the question of whether they have any value from a Jewish perspective is a bit more nuanced.

Is the Apocrypha Kosher?

On the one hand, we find statements in the Talmud that seem to prohibit one from even reading these works.4 On the other hand, the Talmud5 and other Jewish works6 do on occasion cite specifics works of the Apocrypha.

Some commentators explain that the Talmud’s prohibition relates to giving these books a holy status and/or the same status as Scripture, but that one may read (some of) them.7 Others explain that the prohibition was especially in force in the earlier generations, closer to the time the Apocrypha was written. Since these works were written in the style of Scripture, there was a fear that some would mistakenly surmise that they were included in it.8

Even if we were to ascertain that a certain book would be “kosher,” the surviving versions of many of these works are translations from the Greek or Latin versions, which were themselves originally translated from Hebrew or Aramaic, with many additions and deletions along the way.

When discussing the Jewish view on the Apocrypha, it is helpful to split it up into three categories:

1. Antithetical to Jewish Scripture

Some of these books contain stories or ideas that contradict Scripture and/or Jewish thought. This category includes works such as the Story of Susanna (which, among other things, gives an erroneous portrayal of Jewish law, such as the laws of false witnesses), as well as the books of Enoch and Jubilees (in that they portray the dynamics between angels, G‑d and men in a way that is contrary to Judaism), as well as various other works.

2. Historically Valuable Information

Then there are the books that may not be sacred, but are useful in that they provide valuable information, not unlike history books. This category includes works such as 1 and 2 Maccabees (as opposed to 3 and 4 Macc., which would probably fit into the previous category), as well as Judith. Since these books are not Divinely inspired, there is no assurance that their contents are fully accurate, and they are given about the same weight as any other book of history.

3. Sirach—Book of Ecclesiasticus

Deserving a category of its own is the book of Sirach (Ben Sira), which the Talmud itself quotes a number of times. Also called the “Wisdom of Sirach,” it would seem that of all the books of the Apocrypha, this work got the closest to being included in the canon. We know when Ben Sira lived, since at the very end of the book9 he praises the high priest Shimon Hatzaddik, who was one of the last members of the Great Assembly.10

It should be noted, however, that some of the quotes found in the Talmud from Ben Sira aren’t found in the version of the work commonly included in the Apocrypha. That work is actually a Greek translation made by Ben Sira’s grandson in the 2nd century BCE. The original Hebrew version had been lost for many years, and has been found only in the last century (in the Cairo Genizah and among the Dead Sea Scrolls).

Why was it not included in Tanach? Besides for the fact that it was written after the end of the age of prophecy,11 some of the teachings contained in the work were deemed not to be in sync with Jewish values. However, it appears that the rabbis considered at least some of the teachings to have value—if understood properly.12

Bottom Line

The Apocrypha isn’t Divinely inspired, and is therefore not part of the canon, and some of its works are even antithetical to Judaism. Other works may indeed contain some valuable information, but they aren’t given any more credence than any other book, and be aware that there have been various additions and deletions made throughout the ages.

FOOTNOTES
1. Note that depending on the Christian sect, different works may or my not be referred to as the “Apocrypha” (which they then give “quasi-biblical status” and print in the back of some of their Bibles), while others are referred to as Pseudepigrapha (Greek for “falsely attributed”), which they don’t include. Here, we are using the term “Apocrypha” to refer to all of these ancient works not included in the Jewish canon of the Bible.
2. Talmud, Bava Batra 14b; Tosefta, Sotah 13:4.
3. This is the implication of Avot d’Rabbi Nassan 1:4; Tosefta, Yadayim 2:5; Talmud, Bava Batra 14b–15a, and Rashi and other commentaries ad loc.
4. See Talmud, Sanhedrin 100b.
5. See, for example, Talmud, Bava Kama 92b.
6. This is especially true with regard to the books of the Maccabees, since they are used as one of the main sources for the Chanukah story.
7. See Ritva to Talmud, Bava Batra 98b.
8. See Rabbi Reuven Margaliot, Margaliot Hayam on Talmud, Sanhedrin 100b.
9. Ch. 50.
10. See Ethics of the Fathers 1:2.
11. Tosefta, Yadayim 2:5.
12. See Talmud, Sanhedrin 100b, and Ritva to Talmud, Bava Batra 98b.
As taken from, http://www.chabad.org/library/article_cdo/aid/3671027/jewish/What-Is-the-Jewish-Approach-to-the-Apocrypha.htm  on May 17, 2017.

13 Reasons Why: Suicidio adolescente y Judaísmo

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13 Reasons Why: Suicidio adolescente y judaísmo

La controversial serie está generando una saludable discusión respecto a temas fundamentales, pero muchas personas no deberían verla, bajo ninguna circunstancia.

por Dr. Jaim Neuhoff

No soy un televidente típico de Netflix, no me gustan las películas. Además, siendo judío observante, padre de ocho y un súper ocupado psicólogo, simplemente no tengo tiempo disponible. Sin embargo, cuando me pidieron mi opinión profesional sobre una reciente controversia alrededor de la serie popular 13 Reasons Why (Por trece razones), me inscribí para una suscripción gratuita de 30 días y me devoré la mayoría de los episodios.

Basada en la novela de 2007 de Jay Asher, la serie se enfoca en una estudiante universitaria, Jana Baker, que acaba de morir por suicidio. Previo a su muerte, Jana grabó una serie de cintas detallando su camino hacia el suicidio y los individuos que consideró responsables. La película es tanto realista como bien ejecutada, con una trama cautivante y personajes interesantes.

Siendo psicólogo de niños y adolescentes, estoy bastante familiarizado con las lúgubres realidades de nuestro tiempo y he escuchado suficientes historias de bullying, acoso sexual y depresión. Sin embargo, ver la representación realista y gráfica fue sorprendente, recordándome la observación talmúdica de que “no se puede comparar oír con ver”. También aprecié el obvio énfasis de la serie en la importancia de la bondad y la inclusión, así como los trágicos resultados de su ausencia. Espero que esta serie sea un trampolín para generar conversación y discusión saludable respecto a estos importantes temas.

Sin embargo, a pesar de sus positivas contribuciones, esta serie generó una amplia controversia. Muchos profesionales de la salud mental expresaron preocupación respecto a mostrar escenas de ataques sexuales en múltiples raccontos, así como la naturaleza gráfica de la escena del suicidio, que quizás le da glamor a su muerte. Potencialmente, esto puede llevar a personas, adolescentes en particular, que sufrieron experiencias similares, a decisiones de este tipo. Los críticos también están preocupados por un mensaje sutil, que es que el suicidio es una forma de volverse popular, así como de vengarse. Esto se relaciona con la tan expresada preocupación por el efecto Werther o efecto copycat, el bien documentado fenómeno que muestra que darle mucha atención al suicidio se asocia con ascensos en las tasas de suicidio.

Niños menores de 16 años, personas emocionalmente frágiles y quienes sufrieron ataques sexuales o se lastiman a sí mismos, no deberían ver esto.

En mi opinión, lo mejor es que los padres adopten un enfoque medio, equilibrado. Hay que ser consciente de los peligros y, al mismo tiempo, reconocer la oportunidad para tratar desafíos difíciles y prevalentes. En consecuencia, recomendaría que las siguientes personas no vieran esta serie bajo ninguna circunstancia: niños menores de 16 años, personas emocionalmente frágiles y quienes sufrieron ataques sexuales o se lastiman a sí mismos. Esta serie será simplemente demasiado estimulante para ellos. De la misma forma, quienes tienen una inclinación más conservadora o religiosa que buscan proteger a sus niños (y a ellos mismos) de lo profano, la sexualidad intensa y la agresión, deberían pasar por alto esta oportunidad.

Por otro lado, puede que los adolescentes maduros y más liberales toleren e incluso crezcan con esta serie, particularmente si la ven junto a adultos responsables que están preparados para hablar sobre temas difíciles.

Esas difíciles discusiones pueden involucrar una combinación de temas relacionados con la moral, el judaísmo y la salud mental. Mientras que la serie enfatiza la gran carga que un suicidio pone sobre los seres queridos, el judaísmo lo ve como algo más fundamental: es sobre la santidad de la vida humana. Si bien una enfermedad mental no es justificación para acabar con la vida propia, si ocurriera, se asume que la persona no estaba en control de sus acciones y se deja el resto a Hashem.

Todo padre es responsable de concientizarse sobre los desafíos mentales y de aprender a tratarlos. Si tienes un hijo adolescente, probablemente conozcas los altibajos emocionales presentes en esa etapa. Sin embargo, puede que sea difícil diferenciar entre una tristeza ocasional y algo más serio que necesita tratamiento inmediato. Dos factores que pueden indicar una mayor gravedad son cambios intensos o repentinos.

Además, si encuentras que los síntomas permanecen más de dos semanas, y si afectan el funcionamiento diario de tu hijo, puede ser un indicativo de algo más serio. Esos síntomas incluyen sentirse triste, desesperanzado, irritable, perder el interés en actividades que se disfrutaban, cambio en los hábitos de sueño o alimentación y problemas para pensar o prestar atención, incluso en cosas que antes disfrutaban. Además de lo dicho, quienes sufren depresión clínica pueden pensar o hablar sobre muerte y tener pensamientos sobre herirse o suicidarse.

Es nuestra obligación parental no ignorar las señales de advertencia.

Incluso cuando un padre astuto nota que un hijo atraviesa algo más serio, el niño no siempre lo admitirá. Muchos adolescentes deprimidos son incapaces de expresar sus sentimientos o sienten vergüenza de hacerlo. En esos escenarios, es crucial desarrollar una relación con el niño, que lo alentará a hablar y le facilitará continuar la comunicación o aprovechar la ayuda. Es importante escuchar con atención cuando hablan y separar un tiempo al día para hacer algo juntos y hablar.

Lo más importante: es nuestra responsabilidad parental no ignorar las señales de advertencia. Estas pueden incluir comportamiento irracional, amenazas de suicidio (incluso indirectas), obsesión con la muerte, escritos que hacen referencia a la muerte o una sensación abrumadora de culpa o rechazo. Si notas alguna de estas señales, no lidies con ellas por tu cuenta. En cambio, consigue de inmediato ayuda profesional. Hay muchos tipos de tratamientos, basados en evidencia, que pueden ayudar. Estos incluyen psicoterapia: como por ejemplo terapia de conducta cognitiva, terapia de comportamiento dialéctico y psicoterapia interpersonal. Además, los medicamentos pueden ser una gran ayuda para quienes sufren depresión.

Según tomado de, http://www.aishlatino.com/a/s/13-Reasons-Why-Suicidio-adolescente-y-judaismo.html el miércoles, 17 de mayo de 2017.

Historia Judía: El Estado de Israel

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[Historia Judía #65] El Estado de Israel

Historia Judía

Después de que los británicos negaran el ingreso de los sobrevivientes del Holocausto a Israel, la ONU votó a favor de la partición de la tierra.

por Rav Ken Spiro

 

Los británicos rompieron su promesa a los judíos mientras creaban nuevos países árabes en el territorio que perteneció al Imperio otomano. Además, debido a la presión y revueltas árabes, los británicos le negaron el ingreso a la tierra de Israel a los judíos que huían del Holocausto. Incluso después de que terminó la guerra, conociendo la magnitud de lo ocurrido en el Holocausto y a pesar de haber miles de sobrevivientes varados en campos de refugiados, los británicos se rehusaron a ceder.

Una de las acciones más indignantes de los británicos tuvo relación con el barco de refugiados Éxodo, el cual fue interceptado por la Armada Real en 1947 en el Mar Mediterráneo con 4.500 judíos a bordo. El barco fue conducido al puerto de Haifa con escolta británica, desde donde los sobrevivientes del Holocausto fueron transferidos forzosamente a otro barco y enviados de vuelta a Alemania vía Francia.

Aba Eban, que en aquella época era coordinador de un comité especial de la ONU llamado Comité Especial para Palestina, o UNSCOP (sigla en inglés), persuadió a los representantes de la ONU para que fueran a Haifa a ver de primera fuente la brutalidad de los británicos hacia los judíos.

El historiador Martin Gilbert incluye el relato de Eban sobre lo ocurrido allí en su libro Israel: A History (Israel: Una historia, p. 145):

“[En Haifa], los cuatro miembros presenciaron una ‘operación horripilante’. Los refugiados judíos habían decidido no aceptar el maltrato dócilmente. Si alguien quisiese saber a qué se refería Churchill con ‘guerra sucia’, lo hubiese descubierto al ver a los soldados británicos usando las culatas de los rifles, mangueras y gas lacrimógeno contra los sobrevivientes de los campos de exterminio. Hombres, mujeres y niños fueron aprisionados por la fuerza, encerrados en jaulas bajo los muelles y enviados fuera de aguas palestinas. Cuando [los cuatro miembros de la UNSCOP] volvieron a Jerusalem, Eban recordó: ‘Estaban pálidos por el asombro. Pude ver que sólo les preocupaba una cosa: si esta era la única forma en que el Mandato Británico podía continuar, entonces era mejor que no continuara’”.

La ONU divide Palestina

Los británicos también querían salirse del problema. Tenían 100.000 soldados/policías para mantener el control de una población de 600.000 judíos y 1,2 millones de árabes (interesantemente, hasta su independencia en 1947, tenían la misma cantidad de oficiales controlando India, ¡cuya población era más de 350 millones!).

Y así ocurrió que los británicos dejaron el asunto en manos de la ONU, la cual decidió terminar el Mandato Británico sobre lo que quedaba de Palestina (después de la creación de Jordania) y dividir el territorio restante entre los árabes y los judíos, basándose en la realidad demográfica del país. Las áreas con mayoría de población judía irían a los judíos, las que tenían mayoría árabe irían a los árabes, y Jerusalem quedaría bajo control internacional. La propuesta señalaba que los judíos recibirían: una franja angosta de tierra sobre el Mediterráneo, incluyendo Tel Aviv y Haifa; un territorio alrededor del Kineret (Mar de Galilea); un gran territorio en el sur, que era el inhabitable desierto del Néguev. Mientras que los árabes recibirían: la Franja de Gaza; un territorio del norte, incluyendo la ciudad de Tzfat (Safed) y Galilea occidental; toda la región montañosa central de Judea y Samaria (conocida hoy como Cisjordania), hasta el río Jordán.

La reacción árabe ante este plan puede ser resumida en las palabras de Azzam Pasha, el secretario general de la Liga Árabe:

El mundo árabe no va a ceder… Las naciones nunca ceden; las naciones luchan. No recibes nada a través de medios pacíficos o de ceder. Puedes, quizás, recibir algo, pero sólo utilizando la fuerza de tus manos… Puede ser que perdamos Palestina. Pero es muy tarde ya para hablar de soluciones pacíficas.

A pesar de tal oposición árabe, el 29 de noviembre de 1947, la ONU votó a favor de este plan de partición (1). De las naciones votantes, 33 votaron a favor (incluyendo a Estados Unidos y la Unión Soviética), 13 naciones en su mayoría árabes votaron en contra, y 11 se abstuvieron. Insensibles hasta el final, los británicos no votaron a favor, sino que se abstuvieron. También anunciaron que no cooperarían en la ejecución del plan de partición y que se irían de Palestina el 1 de agosto de 1948, pero después adelantaron la fecha de salida para el 15 de mayo.

A pesar de lo desilusionados que estaban los judíos por la porción que había sido destinada para al estado judío, sintieron que después de toda la espera y el dolor, algo era mejor que nada. Sin embargo, los árabes, siempre exigiendo el máximo posible, rechazaron la resolución de la ONU. Al día siguiente comenzaron los disturbios árabes, y dos semanas después comenzaron a llegar a Palestina voluntarios de los países árabes vecinos para luchar contra los judíos (2).

Los británicos, felices de salirse de la situación, estaban empacando para irse y no prestaron atención a lo que ocurría. Escribe David Ben Gurión en su obra Israel: A Personal History (Israel: Una historia personal, p. 65):

“Los británicos no levantaron un dedo para detener la invasión militar. También se negaron a cooperar con el comité de la ONU encargado de supervisar la implementación de la resolución de la Asamblea General. Al mismo tiempo, los árabes que vivían en el distrito destinado a convertirse en el estado judío comenzaron a evacuar sus hogares y mudarse a los estados árabes vecinos bajo la orden del Alto Comité Árabe” (3).

En medio de la confusión, comenzaron disturbios en los que casi 1.000 judíos fueron asesinados por los árabes en los cuatro meses siguientes. Uno de los peores incidentes ocurrió el 13 de abril de 1948. Un convoy de doctores y enfermeras que se dirigía al Hospital Hadasa, en el Monte Scopus, fue emboscado por árabes. El hecho ocurrió a 200 metros de una estación de policía inglesa. Después de un tiroteo de siete horas, en el que los británicos casi no participaron, prácticamente todos los miembros del convoy (77) fueron asesinados. Algunos de los cuerpos estaban tan quemados que 24 de ellos nunca fueron identificados (4).

En medio de todo esto, los británicos alentaron sigilosamente a Abdula, el Rey de Jordania, a invadir y anexar las secciones árabes a su reino. Pero para Abdula eso no era suficiente: también quería Jerusalem. Como resultado, Jerusalem quedo sitiada.

El foco de la batalla durante abril y mayo de 1948 fue la ruta hacia Jerusalem que atraviesa las montañas. Los vehículos que transitan esta ruta quedan completamente expuestos a los francotiradores que se encuentren en las colinas a los costados del camino. Era por esta ruta que debían llegar todas las provisiones para los judíos de la ciudad, pero los vehículos que las llevaban no lograban pasar. Soldaron placas de acero a los camiones en un intento de crear primitivos vehículos blindados que pudieran soportar las constantes emboscadas, pero el angosto y sinuoso camino, junto con el sobrepeso de los vehículos, los transformaron en blancos fáciles. Muchos fueron destruidos y los cargamentos con los tan necesitados alimentos y otras provisiones no llegaban a Jerusalem. Los residentes del Cuarto Judío de la Ciudad Vieja estaban completamente desconectados y el hambre reinaba.

La lucha más intensa por el control de la ruta hacia Jerusalem ocurrió en Kastel, en las montañas al oeste de Jerusalem. En Kastel había una fortaleza antigua y las fuerzas árabes utilizaron la zona para atacar a los convoyes. El 5 de abril de 1948 la Haganá lanzó un ataque contra las posiciones árabes sobre la autopista Jerusalem-Tel Aviv y Kastel. La lucha fue intensa y la posesión cambió de manos muchas veces. Luego ocurrió algo asombroso. Un joven judío yemenita, que no era especialmente conocido por su destreza como tirador, mató a Abdul Khader el-Husseini, el líder de las fuerzas árabes. Desmoralizadas, las fuerzas árabes cancelaron el contraataque y al día siguiente abandonaron sus posiciones para asistir al funeral. Como resultado, un convoy inmenso de 250 camiones pudo reabastecer a la ciudad, y luego se sucedieron muchos convoyes más. Escribe Berel Wein en Triumph of Survival (p. 397):

[En Shabat, el 17 de abril de 1948] los judíos abandonaron las sinagogas y, con sus mantos de rezo aún sobre los hombros, ayudaron a descargar el convoy. El bloqueo a Jerusalem se había interrumpido por un momento. Sin embargo, los árabes montaron un fuerte contraataque y para finales de abril habían cortado el camino a Jerusalem nuevamente… durante las siete semanas siguientes Jerusalem estuvo aislada.

Nace un nuevo estado

La fecha oficial dada por las Naciones Unidas en su voto de partición para la creación de las dos entidades nuevas fue el 15 de mayo de 1948. Por lo tanto, el 14 de mayo sería el último día del Mandato Británico. A las 4 p.m., los británicos bajaron su bandera e inmediatamente los judíos alzaron la propia.

Era una bandera diseñada en 1897 por el Primer Congreso Sionista. Era blanca (el color de la novedad y la pureza) y tenía dos franjas azules (el color del cielo) como las franjas de un talit, el manto de rezo, que simbolizaba la transmisión de la tradición judía. En el centro estaba la Estrella de David.

Así, el 14 de mayo (5 de iyar) de 1948 a las 4 p.m., a pesar de la inmensa presión internacional para que no se declarara la independencia, Israel se declaró un estado independiente. Después de 2.000 años, la tierra de Israel volvía a estar en manos de los judíos.

David Ben Gurión leyó la Declaración de Independencia por la radio:

La Tierra de Israel fue el lugar de nacimiento del pueblo judío. Aquí fue formada su identidad espiritual, religiosa y nacional. Aquí lograron la independencia y crearon una cultura de importancia nacional y universal. Aquí escribieron y le dieron la Biblia al mundo… Exiliado de Palestina, el pueblo judío continuó fiel a ella en todos los países de la dispersión, nunca dejando de rezar ni ansiar el regreso y la restauración de su libertad nacional. Consecuentemente nosotros, los miembros del Congreso Nacional, nos reunimos en solemne asamblea hoy y en virtud del derecho histórico y natural del pueblo judío y con el apoyo de la resolución del General de las Naciones Unidas, proclamamos el establecimiento del estado judío en Palestina, que será llamado Israel… Ofrecemos paz y amistad a todos los estados vecinos y a sus pueblos y los invitamos a cooperar con la nación judía independiente por el bien común de todos… Con confianza en la Roca de Israel, nosotros firmamos esta declaración en esta sesión del Consejo Provisional de Estado en la ciudad de Tel Aviv, en la víspera de Shabat el 5 de iyar de 5708, 14 de mayo de 1948.

Nota que la Declaración de Independencia de Israel, a diferencia por ejemplo de la de Estados Unidos, no menciona a Dios. Esto es porque los secularistas que dominaban la Agencia Judía se opusieron a algo así. ‘Roca de Israel’, que puede ser entendido ya sea como ‘Dios’ o como las ‘Fuerzas de Defensa de Israel’, fue un acuerdo intermedio.

Zeev Sharef, ministro israelí, describió la escena en su libro, Tres días:

El rabino Y. L. Fishman recitó la bendición de “Quien nos ha sustentado, mantenido y nos ha hecho llegar a este día”, con una voz temblorosa y un nudo en la garganta por la emoción. De repente se advirtió la magnitud de lo que acababa de hacerse. La importancia de la creación del estado… Cuando terminó la firma del documento, la orquesta tocó el Hatikva y parecía como si los cielos se hubiesen abierto y hubieran estado vertiendo una canción de alegría por el renacimiento de una nación. La audiencia quedó inmóvil, petrificada… “¡Se formó el Estado de Israel! ¡Esta asamblea ha terminado!”. Proclamar la independencia de un pueblo que había estado bajo la servidumbre de otras naciones durante 1887 años tomó 32 minutos… La gente se abrazaba… caían lágrimas de regocijo; pero también había tristeza por los hijos que habían caído y por los hijos cuyo destino estaba en el vientre del futuro… el dolor y temor bloqueaba los recovecos más profundos del corazón. Afuera, miles de personas se habían reunido… Las calles de Tel Aviv estaban llenas de gente…

La gente bailaba en las calles, pero no por mucho más tiempo…


Notas:

(1) Hay pocas dudas sobre que una de las razones principales de la ONU para apoyar un estado judío vino del sentimiento de culpa que tenía Europa por el Holocausto. La muerte de millones de judíos “compró” suficiente simpatía para permitir la creación de un estado judío. Lamentablemente, desde el voto de partición de la ONU en 1947, el historial de votos de la ONU respecto a Israel ha ido empeorando progresivamente: en 1975 la ONU votó que el sionismo es una ideología racista (resolución 3379) y desde 1990 dos tercios del TOTAL DE LAS RESOLUCIONES DE LA ONU han sido condenando a Israel. Para más información sobre este tema ver: Dore Gold, Tower of Babble-How the United Nations Has Fueled Global Chaos. New York: Crown Forum, 2004 y Eric Shawn, The U.N. Exposed-How the United nations Sabotages America’s Security. New York: Sentinel, 2006.

(2) A pesar de que los ejércitos de los países árabes vecinos tuvieron que esperar que los británicos se fueran para invadir de manera oficial, la lucha real comenzó inmediatamente después del voto de partición de la ONU y los británicos no hicieron nada para detenerla.

(3) Ben Gurión, David, Israel: A Personal History, New York: Funk & Wagnalls, 1971, p. 65.

(4) Larry Collins & Dominique Lapierre, O Jerusalem, (Pocket Books, 1972), p. 327.

Según tomado de, http://www.aishlatino.com/judaismo/historia/curso-rapido/El-Estado-de-Israel.html?s=mm el miércoles, 17 de mayo de 2017.

Historia Judía: El Mandato Británico

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[Historia Judía #64] El Mandato Británico

Los británicos prometieron crear un estado judío, pero priorizaron sus intereses ligados a los árabes mientras millones morían en el Holocausto.

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La Primera Guerra Mundial cambió el mapa del mundo. Este gigantesco conflicto, que duró cuatro años (1914-1918), enfrentó a los Aliados (principalmente Francia, Inglaterra, Rusia y luego Estados Unidos) con las Potencias Centrales (Alemania, Austria-Hungría y el Imperio Turco Otomano). El resultado de la batalla fue muy dramático:

La Rusia zarista desapareció. En medio de la guerra —y en parte debido a ella—, la Revolución Rusa tuvo éxito en crear el estado comunista que sería conocido como la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Terminó el dominio de Europa Oriental que tenían Alemania y el Imperio Austro-Húngaro. Polonia —que no había existido durante más de 100 años luego de haber sido dividida entre Rusia, Prusia (Alemania) y Austria-Hungría—, fue creada nuevamente.

Todo el Medio Oriente, que había sido parte del Imperio Otomano, fue dividido en dos grandes franjas. Una mitad estaba controlada por Francia (el Mandato Francés) y la otra por Inglaterra (el Mandato Británico).

La Declaración Balfour

Es importante recordar que el Imperio Otomano controló Medio Oriente entre el siglo XVI y principios del siglo XX, aproximadamente 400 años. Durante este tiempo, los países de Siria, Líbano, Irak, Arabia Saudita y otros no existían. Los residentes de esas áreas eran predominantemente árabes del Imperio Otomano que vivían organizados en comunidades tribales.

El Mandato Británico —que era llamado “el Mandato Británico para Palestina”, o conocido también como “Mandato de Palestina”— incluía el territorio al oeste del Río Jordán hasta el Mar Mediterráneo, así como el territorio al este del Río Jordán, un área conocida como Transjordania.

Cuando los británicos tomaron el control de la tierra de Israel, de repente el sueño para una tierra patria judía pasó de ser un deseo ferviente a una realidad posible.

Para aquel entonces, había entre 85.000 y 100.000 judíos viviendo en la Tierra de Israel, de una población total de 600.000 (ver History of the Jews, de Paul Johnson, p. 430). La mayoría de los árabes que vivían en la tierra habían migrado allí recién en los treinta años previos, atraídos por los trabajos que habían sido creados por los judíos en la construcción y la agricultura. (Nota que, en 1892, cuando los judíos comenzaron a inmigrar a Palestina en grandes cantidades, menos de 250.000 árabes vivían allí. Ver From Time Immemorial, de Joan Peters, p. 244).

Un gran empuje para creación de un estado judío vino de Earl Arthur Balfour (1848-1930), entonces secretario de asuntos exteriores, que en 1917 prometió el apoyo británico para la causa. Como mencionamos en el capítulo anterior, Balfour se hizo amigo de la causa judía en parte gracias a Jaim Weizmann, cuya invención de la acetona artificial, el ingrediente principal de la pólvora cordita sin humo, les permitió a los británicos producir pólvora en masa para la guerra.

Hay registros de una fascinante conversación ocurrida en 1906 entre Balfour y Weizmann, en la que Balfour argumenta que los judíos deberían considerar la oferta que los británicos les habían hecho unos tres años antes sobre aceptar Uganda en lugar de Israel (en ese entonces los otomanos aún controlaban Medio Oriente). En respuesta, Weizmann le dijo a Balfour: “¿Aceptarías París en lugar de Londres?”. Balfour contestó: “Pero ya tenemos Londres”. (Se refería a que los judíos deberían aceptar lo que fuera que pudieran obtener; ya los mendigos no pueden ser pretenciosos y elegir). En ese momento, Weizmann respondió: “Sr. Balfour, los judíos tenían Jerusalem cuando Londres era un pantano”. Eso hizo que Balfour tomara una pausa.

“¿Hay muchos judíos que piensan como tú?”, preguntó.

“Creo que estoy diciendo la opinión de millones de judíos que usted nunca verá y que no pueden hablar por sí mismos, pero con quienes podría pavimentar el país del que vengo”, respondió Weizmann.

“Si eso es cierto, entonces un día serán una fuerza”, concluyó Balfour.

El apoyo de Balfour a un hogar nacional judío llegó a ser conocido en la historia como la ‘Declaración Balfour’, que fue emitida en la forma de carta a Lord Rothschild el 2 de noviembre de 1917. Ésta decía:

El gobierno de Su Majestad ve favorablemente el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío.

Un mes después, en diciembre de 1917, los turcos le entregaron Jerusalem a los británicos.

Pero hablar es fácil, y cuando se volvió una opción real crear tal estado, los británicos tomaron muchas otras consideraciones e intereses en cuenta, como veremos a continuación.

Promesas incumplidas

A pesar del apoyo de ciertas figuras políticas británicas, el Ministerio de Asuntos Exteriores Británico y otros eran generalmente mucho más pro árabe y el gobierno británico se dedicó a formar países árabes en las tierras del Imperio Otomano.

Mediante sus esfuerzos fue creado Irak en 1921. Era una monarquía que tenía a Faisal ibn Hussein, el hijo de Hussein el Gobernador de Meca, como rey. Pronto el petróleo iraquí comenzó a fluir hacia occidente. Irak tenía la segunda reserva de petróleo conocida más grande del mundo (después de Arabia Saudita), y no sorprende que los británicos hayan estado interesados en crear un vínculo con este país así como con otros países árabes ricos en petróleo.

Otro país que fue creado por los británicos en 1922 fue Jordania. En 1923, los británicos pusieron a Abdula ibn Hussein, otro hijo del Gobernador de Meca, como emir del nuevo país llamado Transjordania, que luego pasó a llamarse Jordania. Jordania estaba confinado a la rivera este del Río Jordán y no incluía ninguna parte de la ribera occidental. (Jordania abarca el 75% del área total que tenía el Mandato Británico. En 1922, los británicos separaron este territorio del territorio del mandato que había en la ribera occidental del Río Jordán (a la que llamaron Palestina), y lo excluyeron del asentamiento judío).

¿Por qué los hijos del Gobernador de Meca fueron designados como líderes de esos países?

Los británicos querían establecer alianzas con los reinos árabes. Habían reforzado el apoyo a Ibn Saud de la Península Arábiga, quien había luchado contra los turcos junto a ellos. Ibn Saud recibió Arabia Saudita. Pero cuando eso ocurrió, los británicos tuvieron que indemnizar al Gobernador Hussein de Meca, quien estaba a cargo de los sitios sagrados islámicos y quien también había apoyado a los británicos en contra de los otomanos en la Primera Guerra Mundial. (La familia Hussein era hachemita, la tribu de Mohamed, el fundador del islam, y había sido tradicionalmente la cuidadora de la Ciudad Sagrada de Meca). Tenían que darle a él y a sus hijos algo de tierra, por lo que les dieron Irak y Transjordania, la tierra de la ribera oriental de Río Jordán.

El Rey Abdula ibn Hussein (que obtuvo Jordania) no se oponía a la creación de un Estado Judío e incluso llegó a reunirse en secreto con miembros de la Agencia Judía. Pagó con su vida por su moderación: fue asesinado a tiros en el Monte del Templo en Jerusalem el 20 de julio de 1951. Su hermano, el Rey Faisal (que obtuvo Irak), también estaba dispuesto a vivir en paz con un estado judío e incluso llegó a darle la bienvenida al pueblo judío a la tierra de Israel (1).

Sin embargo, a pesar de todo esto, y a pesar de la Declaración Balfour, los británicos no avanzaban en la creación de un país llamado Israel.

¿Por qué no? Porque había una clara predisposición en contra de los judíos, como puede apreciar con claridad cualquiera que haya estudiado la serie de Libros Blancos emitidos por el gobierno británico en las décadas del 20 y del 30.

Las razones para esta predisposición negativa eran:

Los británicos tenían que lidiar con la mayoría árabe que vivía en lo que quedaba de Palestina. Idearon todo tipo de planes de partición, pero siempre fueron rechazados por los árabes (no todos los árabes se oponían; el Rey Faisal de Irak firmó un acuerdo de paz y cooperación con Jaim Weizman).

Muchos miembros del gobierno y la milicia británicos eran claramente antisemitas y tenían una actitud romántica/sobreprotectora con los árabes.

Los árabes tenían petróleo y los británicos lo necesitaban. A final de cuentas, los británicos debían tomar en consideración sus propios intereses. Cuidar sus intereses estratégicos y calmar a decenas de millones de árabes les parecía mucho más importante que salvar unos pocos cientos de miles de judíos, a pesar de que esto estaba en contra de las condiciones que el mandato había garantizado en 1920 (2).

Mientras tanto los pobres judíos, sin saber que los británicos se retractarían de su promesa, continuaban migrando a la tierra de Israel.

La tercera migración o aliá (1919-1923) llevó unos 35.000 judíos a la tierra. La cuarta aliá (1924-1928) llevó 80.000 judíos y la quinta (1929-1939, durante la subida de Hitler al poder), llevó 250.000 judíos.

Disturbios árabes

Los árabes dejaron en claro que no se quedarían sentados mientras se formaba un estado judío. El 7 de agosto de 1929, debido a la instigación de los predicadores en las mezquitas, se desató una serie de disturbios en los que muchos judíos fueron masacrados.

El periódico New York Times, en su historia de Israel (Israel: From Ancient Times to the Modern Nation, pp. 38-39) escribe sobre esa época:

Los disturbios de agosto de 1929 fueron encendidos en Jerusalem por un rumor esparcido por los líderes árabes sobre que los judíos destruirían la mezquita Al-Awsa, el tercer lugar más sagrado del islam. La lucha se esparció por Palestina con rapidez. Las peores masacres fueron en Hebrón, un lugar sagrado tanto para los judíos como para los árabes, en donde 67 judíos ortodoxos (hombres, mujeres y niños) fueron asesinados por árabes y 50 más fueron heridos. Pierre van Paassen, un periodista, describió el horror que atestiguó a luz de farol en un seminario judío en Hebrón: “Los estudiantes asesinados en el patio, los hombres muertos en la sinagoga, gargantas cortadas y cuerpos mutilados”. Para cuando se restableció el orden, 133 judíos habían sido asesinados y 399 heridos.

La década del 30 fue testigo de más disturbios y masacres, especialmente en Yafo y nuevamente en Hebrón. En respuesta, los británicos convocaron la Comisión de Peel, que eliminó casi por completo la Declaración Balfour que originalmente había prometido una tierra patria judía en Palestina a ambos lados del Río Jordán.

En julio de 1937, la Comisión Peel emitió un informe que decía que todos los judíos debían ser confinados a un estado pequeño que incluiría un trocito de tierra sobre la costa mediterránea y otro pedacito en el norte, adyacente a la costa occidental del Lago Kinéret (el Mar de Galilea).

Esto fue demasiado ante los ojos de los árabes. Ellos recibieron la recomendación de la Comisión de Peel con una revuelta que duró hasta 1939. La Revuelta Árabe fue liderada por Haj Amin Husseini (c. 1893-1974), quien había sido designado por los británicos como Mufti de Jerusalem.

Es interesante notar que además de los cientos de judíos que fueron asesinados por los árabes, unos 3000 árabes murieron en esta revuelta a manos de otros árabes y de los británicos. A pesar de todo el criticismo británico a Israel en la actualidad, en ese entones los británicos no fueron tímidos en aplacar los disturbios. Introdujeron la política de la destrucción de casas y usaron artillería para bombardear ciudades rebeldes.

La revuelta fue finalmente vencida y el Mufti huyó primero a Beirut y luego a Europa, en donde se volvió un aliado de Adolph Hitler y organizó una unidad de las SS en Bosnia para matar judíos en los Balcanes. Después de la guerra fue capturado, pero escapó. Posteriormente estuvo involucrado en la fomentación de violencia, incluyendo el asesinato del Rey Abdula de Jordania en 1951. Murió en Beirut en 1974 (Faisal Husseini, que fue el representante de la OLP en Jerusalem y murió de un infarto cardiaco en 2001, era pariente de él).

Sentencia de muerte

Los británicos no respetaron la promesa que había sido hecha en la Declaración Balfour ni la hecha en el informe de la Comisión Peel.

Pero hay un aspecto del informe de la Comisión de Peel que sí implementaron: aquel que limitaba la migración judía a la tierra a 12.000 personas por año durante los cinco años siguientes (1939-1943). Al hacerlo esto los británicos básicamente estaban condenando a los judíos a permanecer bajo control nazi, pues ya que no podrían encontrar refugio en su tierra patria.

Los británicos hicieron esto sabiendo perfectamente lo que los alemanes les estaban haciendo a los judíos; fue después de las Leyes de Núremberg y de Kristallnacht (ver capítulo 60). Y a pesar de todo, los británicos cerraron una ruta de escape que hubiera salvado millones de vidas judías.

Los judíos estaban desesperados e intentaron emigrar “ilegalmente”. En respuesta, los británicos pusieron un bloqueo para mantenerlos fuera.

Muchos judíos lograron evadir el bloqueo, se estima que unos 115.000. Sin embargo, 115.000 es muy poco en comparación a los 6 millones de judíos que murieron en el Holocausto y que no pudieron encontrar refugio en la tierra de Israel.

Mientras tanto, el núcleo del movimiento sionista en la tierra de Israel se unió para formar la Agencia Judía, una organización que sería liderada por David Ben-Gurión. Dado que era reconocida oficialmente por los británicos como el organismo representante de las aspiraciones judías, la Agencia intentó no antagonizar abiertamente con ellos. Pero la Agencia Judía tenía una organización militar clandestina llamada Haganá (la ‘Defensa’), que buscaba proteger a los asentamientos judíos de los árabes (dado que los británicos no hacían prácticamente nada al respecto).

Había otros sionistas, que no eran parte de la Agencia Judía, que sentían que la Agencia Judía era demasiado conciliatoria con los británicos. En su opinión, los británicos habían roto promesa tras promesa con los judíos y habían parcializado abiertamente con los árabes. Por lo tanto, los judíos debían ser mucho más proactivos. Uno de aquellos que tuvo una actitud mucho más agresiva fue Vladimir Jabotinsky (1880-1940). Originario de Odessa, Jabotinsky se separó de la corriente principal del movimiento sionista y, en 1923, formó la Unión Mundial de Sionistas Revisionistas. Esta organización desde 1936 instó a la evacuación de los judíos desde Europa Oriental hacia Palestina. Si sus súplicas hubiesen sido oídas por los británicos, muchos judíos se hubieran salvado del Holocausto. En esta época Jabotinsky también pasó a ser el líder de un movimiento clandestino judío llamado Irgún Tzevaí Leumí (‘Organización Militar Nacional en la Tierra de Israel’), conocido simplemente como el Irgún.

En 1941, Menájem Begin (1913-1992), que más adelante se convertiría en Primer Ministro de Israel, llegó de Rusia y asumió el liderazgo del Irgún, el cual adoptó un enfoque radical respecto a confrontar a los británicos y atacar a los árabes, que eran los responsables de la muerte de judíos.

Otro grupo, aún más radical, fue Lojamei Jerut Israel (‘Luchadores por la Libertad de Israel’), más conocido como Leji y conocido por los británicos como la Pandilla Stern en referencia a su fundador, Abraham Stern (1907-1942). Itzjak Shamir, futuro Primer Ministro de Israel, fue uno de los líderes principales de Leji.

Habiéndose agotado la paciencia judía con los británicos después de la devastación del Holocausto, estos grupos más radicales iniciaron una resistencia violenta en contra de los británicos. Por ejemplo, en 1946 el Irgún hizo explotar un ala del Hotel King David de Jerusalem, que en ese momento era el cuartel general de las autoridades británicas en Palestina. Hicieron una advertencia previa, que aparentemente fue recibida e ignorada. Menájem Beguin cita un oficial inglés que supuestamente se rehusó a evacuar el edificio, diciendo: “No recibimos órdenes de judíos”. Como resultado, el número de víctimas fue alto: 91 muertos y 45 heridos. Entre los muertos hubo 15 judíos. También ahorcaron a dos oficiales del ejército inglés en retribución al ahorcamiento de miembros del Irgún, y organizaron un temerario escape de la prisión de Aco (Acre), lugar en el que los británicos tenían cautivos a muchos judíos de la resistencia.

Un oficial británico de alto rango resumió los efectos de los grupos de la resistencia judía:

El ejército británico sufrió grandes pérdidas en accidentes de tránsito organizadas por las operaciones judías clandestinas. Pero los golpes al orgullo y al prestigio del imperio no podían ser digeridos. La invasión a la prisión de Aco y el ahorcamiento de dos sargentos fueron golpes a nuestro orgullo. La invasión a la prisión tomó el significado simbólico de la caída de la Bastilla (To the Promised Land de Uri Dan, p. 120).

Pero aún así los británicos no se dieron por vencidos.


Notas:

(1) En enero de 1919, Faisal I y el Dr. Jaim Weismann, presidente de la Organización Sionista Mundial, firmaron el Acuerdo Faisal-Weizmann para la cooperación árabe-judía, en el que Faisal aceptó condicionalmente la Declaración Balfour sobre la que dijo lo siguiente: “Nosotros los árabes… vemos con profunda simpatía al movimiento sionista. Nuestra delegación aquí en Paris está muy al tanto de las propuestas presentadas ayer por la Organización Sionista a la Conferencia de Paz y las consideramos moderadas y apropiadas. Haremos lo mejor que podamos, en lo que a nosotros respecta, para hacer que se materialicen; les desearemos a los judíos una bienvenida a casa de corazón… Mi pueblo y yo ansiamos ver un futuro en el que nosotros los ayudemos a ustedes y ustedes a nosotros, para que los países en que estamos mutuamente interesados puedan de nuevo tener su lugar en la comunidad de los pueblos civilizados del mundo”.

(2) Para un resumen excelente sobre el período, ver: Connor Cruise-O’Brien, The Siege ― The Story of Israel and Zionism (Paladin Grafton Books, 1988).

Según tomado de, http://www.aishlatino.com/judaismo/historia/curso-rapido/El-Mandato-Britanico.html el 13 de mayo de 2017.