El Secreto de la Renovación: como Roma salvó al judaísmo para siempre

En los últimos años he realizado una serie de Manifiestos, declaraciones públicas de principios e intenciones de todo tipo que me han ayudado a construir una forma de ver el mundo y mi vida como judío. Estos Manifiestos emergen cada tanto luego de reflexionar mucho sobre algún tema en particular y pasar horas leyendo y enseñando sobre estas ideas. Muchos han leído en este blog publicaciones que fueron un antes y un después en mi vida como Un Manifiesto TeológicoUn Manifiesto sobre la Biblia Hebrea o TaNaJ y el último y quizás más significativo para mi fue sobre el Judaísmo como una Mitología.

Cada vez que escribo uno de estos Manifiestos descubro al momento de terminarlo lo obvio: lo escrito es tan solo una fotografía, un instante dentro de una película de mi vida con muchas otras fotos. Esto quiere decir que mis ideas van continuamente evolucionando, cambiando, alcanzando nuevos niveles de abstracción y transformándose. ¡Incluso si vuelvo a leer alguno de mis Manifiestos a veces me encuentro en contradicción con mis propias ideas! Sin embargo, considero estas búsquedas y Manifiestos el emprendimiento judío por excelencia. Estoy convencido que la fijación de una idea o principio es justamente la idolatría más grande con la que lucha nuestra tradición. El judaísmo no solo enseña cómo santificar la vida y el año para que nada nos pase desapercibido sino que nos desafía a refinar nuestra alma y nuestras convicciones más profundas para no quedarnos estancados como el agua que se pudre sino que podamos fluir como un río vivo y en constante movimiento. La idolatría judía no es de objetos o personas solamente. La idolatría más compleja son nuestras ideas, convencimientos, el pensar que “ya lo hemos entendido” o que hemos agotado el potencial de la posibilidad.

Y en esta oportunidad y sobre esta última idea de la idolatría como una forma de estancamiento o fijación de creencias, principios y prácticas, quiero ofrecer lo que considero un nuevo Manifiesto en esta publicación. Lo llamo El Secreto de la Renovación. Es una idea que vengo pensando de diferentes formas desde hace muchos años pero no lograba ordenarla hasta que finalmente cobró fuerza y ordenamiento cuando pude leer el último libro del Rabino Burton Visotzky del cual surge gran parte de lo que compartiré aquí. Estoy convencido hoy que de la Renovación realmente depende el judaísmo para que el mismo siga siendo vigente para la gran mayoría de los judíos y el mundo. No solo eso sino que en esencia cada día me convenzo más que es eso lo que nuestro primeros Rabinos moldearon y establecieron para nosotros. Eso es lo que explicaré a continuación. Espero disfruten la lectura y sean desafiados con algo que nunca imaginaron.

El judío grecorromano y el paradigma de la Renovación

El Secreto de la Renovación fue lo que hicieron los primeros Rabinos. A ellos debemos estar eternamente agradecidos de tener hoy el judaísmo tal cual lo conocemos y practicamos y da sentido a nuestras vidas. Por eso es fundamental comprender que absolutamente todos los rabinos (de hecho todos los judíos) del pasado hasta la actualidad y hasta el fin de los tiempos, sin importar lo diferente que puedan parecer desde la ultra-ortodoxia hasta el ultra-reformismo, viviendo en Israel o en cualquier parte del mundo y arrastrando orígenes judíos tan diferentes tanto de nacimiento o por elección en conversión; ashkenazim, sefaradím, mizrahim o lo que se les ocurra, comparten todos un mismo antepasado ideológico común: el judío grecorromanoEste es el judío que vivió durante el Imperio Romano y fue el que gracias a dicho Imperio y su cultura logró paradójicamente recrear su propia tradición. Todos los que seguimos a los rabinos del Talmud somos descendientes de este primer judío grecorromano que encuadró el judaísmo tal como lo conocemos todos para la posteridad.

Así como un judío uruguayo, argentino, brasileño, chileno, iraní, alemán, israelí o de cualquier otra parte del mundo es parecido a cualquier otro ciudadano no judío que también es uruguayo, argentino, brasileño, chileno, iraní, alemán, israelí o de cualquier otra parte del mundo, el judío grecorromano era lo más parecido a un romano que podamos imaginar. Así como cada judío posee muchísimo del mundo no judío que lo rodea, tiene sentimientos nostálgicos, de identidad y pertenencia con dichas culturas en las que nació, creció, habla su idioma como lengua materna incluso si luego se separa ideológicamente de estas mismas raíces o intenta negar su esencia uruguaya, argentina, brasileña, chilena, iraní, alemana o israelí imaginándose solamente como un judío “de pura cepa” (como si realmente existiera algo así), el judío grecorromano poseía muchísimo de Roma. En lo personal hace siete años que ya no vivo en Argentina y sin embargo mucho de lo que soy y seré como judío estará siempre definido por mi relación con Argentina. Cada judío porta inevitablemente en su configuración biopsicosociocultural un mosaico de tradiciones, un tejido complejo de lenguajes, símbolos, ideales políticos y religiosos del tiempo y el lugar en que nació y vivió aún cuando cambie luego de locación geográfica o con el paso del tiempo incorpore nuevas costumbres de “nuevos tiempos”. Todo esto no solo afectará su condición particular sino la de su comunidad y en extensión la de su pueblo todo en el devenir histórico. Yendo hacia atrás entonces, al punto en que el judaísmo rabínico como tal se consolidó, vamos a entender en esta publicación cómo todas sus ideas emergieron dentro y gracias a la civilización Romana. Por eso es que todos somos descendientes del judío grecorromano y si no entendemos ni conocemos sobre Roma jamás lograremos entender del todo al propio judaísmo rabínico.   

Hace mucho que sabemos que el cristianismo emergió en el contexto del Imperio Romano, asimiló su cultura y se convirtió -en esa fusión- en lo que hoy llamamos civilización occidental. Los primeros cristianos eran judíos que se vieron fuertemente influenciados por la cultura grecorromana. Lo que olvidamos (o quizás no queremos decir tan claramente) es que el judaísmo rabínico también atravesó el mismo proceso. En palabras más simples, tanto el cristianismo como el judaísmo rabínico fueron dos respuestas de Renovación -entre tantas otras de este período- por parte de judíos grecorromanos que respondieron todos a un mismo fenómeno: la destrucción final del Templo en el año 70 de la Era Común. Desde ese momento la Renovación ha sido impresionante y continua. Gracias a esa Renovación el judaísmo continúa vivo en lugar de pertenecer solamente a un museo. Y lo mejor es que la Renovación jamás se ha detenido.

Los judíos grecorromanos confrontaron la pérdida del Templo con determinación, originalidad, coraje, innovación, improvisación y estilo. Al haber perdido la forma tradicional de practicar y vivir su tradición, un grupo pequeño dentro de estos miles de judíos grecorromanos transformó su devenir creando lo que hoy llamamos Judaísmo: una religión intelectual judeoromana que ahora se transmitía por honor del mérito de un maestro (el rabino o sabio típico de las escuelas filosóficas griegas) a sus discípulos encajando perfectamente con la cultura circundante del mundo de las ideas y la retórica helénica. Esta discontinuidad le permitió al judaísmo no solo sobrevivir sino prosperar. Pero ¿qué había antes de los rabinos y el Judaísmo? Hagamos un poco de historia que tanto me gusta.

Griego, Romano, Helénico, Judío

El desarrollo más importante del judaísmo rabínico aconteció entre los años 100 al 700 de la Era Común. Durante los primeros años del período romano el “judaísmo” como nosotros lo conocemos no existía aún. En su lugar teníamos la “religión bíblica de los israelitas” que estaba enfocada en el Templo de Jerusalem. Allí y según describe sefer Vaikra (Levítico), el libro central de la Tora, un grupo de líderes conocidos como los Cohanim (sacerdotes) cuyo liderazgo era hereditario basado en un linaje de sangre, ofrecían sacrificios animales a Dios. Algunos de estos sacrificios eran de agradecimiento y otros por expiación de transgresiones; la gran mayoría involucraba masacrar un animal y salpicar su sangre sobre el altar de Jerusalem. En esos tiempos no se nos había ocurrido aún celebrar por ejemplo el Bar Mitzvah invitando a un niño a leer de la Tora o Haftarah porque no solo que aún no teníamos compilado todo el TaNaJ sino que ni siquiera existía la idea de celebrar un Bar Mitzvah tal como lo hacemos más o menos hoy (eso recién aparecería en la Edad Media). Pero si un cambio no hubiese acontecido como el que sucedió luego de la destrucción del Templo quizás hoy le pediríamos a nuestros jóvenes que demuestren su hombría o valentía destrozando un buey sobre la bima de la sinagoga (¡¿se imaginan lo que sería limpiar todo eso?!).

En fin, en aquellos tiempos, antes que alguien inventara la palabra “rabino” o “judaísmo”, no solo los que dirigían la religión bíblica de los israelitas eran los Cohanim sino que había también una dinastía monárquica con un rey judío que ordenaba la vida política del territorio siendo el mismo rey judío un vasallo del emperador Romano. En otras palabras, Roma era la globalización sociocultural de toda la región. Nada escapaba de su matriz territorial e intelectual.

El gran cambio sucedió en el año 66 EC. Ese fue el año en que a los zelotes (un movimiento político-nacionalista en el siglo I de judíos grecorromanos cuyo objetivo era una Judea independiente del Imperio romano mediante la lucha armada) se les ocurre rebelarse contra Roma. Esto tuvo consecuencias trágicas. Incontables muertes y un antes y un después en la historia judía. Hay un quiebre genuino en la fluidez histórica del judaísmo luego de cuatro años de peleas con Roma lo cual conduce en el año 70 a la destrucción del Templo y el final de lo que hemos descripto como la religión bíblica de los israelitas enfocada en el Templo de Jerusalem. Ya no se podría ofrecer más sacrificios y la mayoría de los Cohanim fueron asesinados o exiliados. A partir de ese momento y hasta el día de hoy, todo el complejo sistema de sacrificios animales descripto en el libro de Levítico (también llamado Torat HaCohanim –las instrucciones de los Cohanim– por este tema de los sacrificios y cómo llevarlos a cabo) se convertiría en un pedazo de arqueología preservado en la Tora. Pero si la historia de este pueblo iba sobrevivir de algún modo luego de esta catástrofe entonces algo nuevo tenía que renacer, como el ave fénix, de las cenizas de la Jerusalem destruida.

De Templo a Sinagoga, De Sacerdote a Rabino

Lo que renació y se renovó fue la transformación más radical y fascinante del judaísmo hasta la actualidad. Pasamos de sacrificar animales en un sólo lugar por medio de un solo grupo de israelitas a rezar utilizando textos en la abstracción de ideas y poder hacerlo en cualquier rincón del planeta por cualquier judío. De la herencia de sangre en el linaje de los Cohanim pasamos a la meritocracia y democracia de aprendizaje y práctica por medio de los Rabinos. ¡Realmente los Rabinos fueron los judíos grecorromanos más audaces y creativos de todos los tiempos! Así y todo fueron en sus inicios un grupo muy reducido con no más de doce líderes en cada generación hasta el 200 EC. Cada Rabino tenía su círculo de estudiantes y algunos de estos estudiantes viajaban a lo de otros Rabinos para aprender las tradiciones orales que ellos transmitían. La unión entre estas tradiciones heredadas de otros Rabinos anteriores combinada con la interpretación y comentarios a la Tora devino en lo que los Rabinos llamaron “Tora Oral” la cual insistieron había sido recibida por Moisés al mismo tiempo que recibió la “Tora Escrita” (curiosamente Moisés mismo nunca dijo en primera persona que él escribió ni transmitió oralmente algo llamado Tora sino que esto siempre es narrado en tercera persona por alguien más y atribuido a Moisés que él lo hizo).

Sin el Templo la nueva modalidad de transmisión de tradición se inspiró en algo que los israelitas bíblicos no hacían porque tenían el Templo que expiaba por ellos: los judíos grecorromanos tomaron de los griegos y romanos el concepto de escuelas filosóficas de transmisión oral entre sabios y discípulos. Si no fuera así entonces, ¿de dónde sacaron estas ideas de armar “escuelas de debate” que curiosamente desbordaban en el mundo grecorromano? ¿Por qué no se les ocurrió a los rabinos armar otro estilo o modalidad de continuidad que no fuera parecido al de Roma, sus filósofos y la interpretación de textos y la enseñanza a través de fábulas?

Fue así que además de pulir la tradición oral los primeros Rabinos se dedicaron a la interpretación de los textos que comenzaban a coleccionar para eventualmente compilar en el TaNaJ. En palabras más simples, los rabinos grecorromanos comenzaron a hacer lo mismo que sus contemporáneos griegos y romanos porque era lo que conocían de su entorno circundante. De ellos absorbieron también la veneración hacía la interpretación de textos para hacerlos relevantes. Este enfoque obsesivo de interpretación de la Biblia Hebrea como fuente de autoridad para reemplazar el Templo a través de nuevos significados fue otro reflejo de la cultura en la que nació el judaísmo rabínico. Los Cohanim no se preguntaban por el significado oculto de los sacrificios en el libro de Levítico como hicieron los rabinos. Los Cohanim simplemente leían las instrucciones de cómo sacrificar al animal y las aplicaban. Durante la época del Templo los Cohanim no hacían interpretaciones del tipo “pshat, remez, drash o sod (PaRDeS)“.  Pero de la misma forma que los griegos y los romanos escribían comentarios y citaban una y otra vez de los 24 libros de “La Ilíada y la Odisea de Homero” los rabinos dejaron atrás el sacrificio de animales y comenzaron a escribir comentarios y citar una y otra vez de los 24 libros que pusieron juntos para armar el TaNaJ. Que el número 24 aparezca en ambos libros, tanto la Ilíada como el TaNaJ no es una coincidencia. Los rabinos tuvieron que hacer una cuenta muy creativa de la compilación de textos que ordenaron dentro del TaNaJ (muchos otros textos judíos quedaron fuera por los rabinos) para demostrar que su renovación de la tradición tenía el mismo canon que la obra  grecorromana que ya era un clásico para todos los judíos grecorromanos y los habitantes del extenso Imperio.

En resumen, lo que antes era la religión de los israelitas bíblicos con sacrificio de animales por medio de los Cohanim en el Templo devino gracias a los judíos grecorromanos en el Judaísmo que dio nacimiento a la idea del maestro o rabino inspirado inevitablemente dentro de la matriz cultural que lo vio nacer, la famosa Roma. Si bien los textos rabínicos con el paso del tiempo se tornaron terriblemente hostiles hacia Roma y los Rabinos mismos proyectaron su ser y hacer hacia atrás escribiendo que había yeshivot (escuelas rabínicas) en las que algunos patriarcas estudiaban Talmud e incluso Moisés mismo fue llamado Rabino por ellos, es innegable que el judaísmo rabínico emergió dentro de una cultura romana que hacia siglos ya estaba instalada en la región y había nutrido y transformado todo el mundo conocido hasta ese entonces con sus ideas, filosofías y prácticas. El Judaísmo entendido como una nueva religión judía en el marco cultural romano emergió de la destrucción de la religión israelita y el culto en torno al Templo inspirado por el mismo Imperio que la había destruido. Tal vez no sea una casualidad que hasta el día de hoy y como herederos todos de los judíos grecorromanos seguimos teniendo una relación de amor odio con la civilización occidental y sus ideas frente a las ideas religiosas que nos lego el judaísmo. ¿Tal vez odiamos en “los otros” lo que se refleja dentro de “nosotros”? ¡Qué complejo y fascinante es el judaísmo sin dudas!

El Secreto de la Renovación

Entendiendo lo descripto hasta aquí podremos apreciar la idea de este Manifiesto: si dejamos de renovar, innovar y recrear la tradición dejaremos de hacer lo que los primeros Rabinos nos enseñaron. Estaremos en falta con lo que hicieron y nos pidieron. Ellos fueron los que, inspirados por su contexto histórico, tomaron su tradición y reinventaron celebraciones y conmemoraciones que no existían. Por ejemplo, Tisha B’Av claramente no se conmemoraba cuando el Templo funcionaba y la meguilá de Eijá o Lamentaciones no había sido escrita aún. Lo mismo ocurrió con Januka, el seder de Pesaj e incontables ejemplos mas. No hay nada de la tradición que no haya sido filtrado y recreado por los Rabinos. Ellos fueron quienes inspirados por la interpretación de textos al estilo grecorromano reinventaron un judaísmo de maestros y discípulos en lugar de rearmar el Templo en otro lado (¡hubo cientos de miles de judíos que a diferencia de los rabinos hicieron eso y tenemos pruebas arqueológicas de varios “Templos” que continuaron por siglos haciendo sacrificios con descendientes de Cohanim mientras los rabinos organizaban el judaísmo rabínico!).

Los Rabinos basaron la supervivencia de la tradición en la escritura de nuevas narrativas del tipo fábula para enseñar moralejas de vida que jamás debían leerse literalmente porque eso sería burlarse de su genialidad. Estas narrativas tipo fábula las llamamos midrashim y cada midrash que escribieron fue y es una herramienta pedagógica extraordinaria. Muchos de los midrashim fueron de inspiración propia y muchos fueron versiones “judías” de fábulas grecorromanas que los rabinos tomaban y las “hacían judías”. Leer estos midrashim como si estuviéramos leyendo una crónica histórica sería absurdo para los primeros Rabinos como lo era para los romanos. Todas estas fábulas servían para impartir una enseñanza en la forma de un cuento que fácilmente quedaba grabado en la memoria de los discípulos. Por ejemplo, imaginen leer o creer literalmente el midrash que la plaga de ranas en Egipto era en realidad una rana gigante que al golpearla salían más ranas de adentro como contaron los rabinos. Así como ninguno de nosotros creería literalmente que había una rana gigante que al golpearla salían más ranitas de ella, tampoco creeríamos literalmente la famosa fábula de la carrera entre la tortuga y el conejo. Si creemos que una fábula sucedió realmente y la otra no, es porque hemos decidido hacer algo que los Rabinos jamás imaginaron que seríamos tan mediocres de hacer: ¡convertir los midrashim en textos de historia! Los Rabinos nos mirarían incrédulos o pensarían que somos idiotas si pensamos que sus midrashim son históricamente precisos o narrativas de algo que literalmente sucedió. ¡Eso no quita que cada midrash como el que acabo de compartir de la rana sea profundamente verdadero en lo que nos quiere enseñar! Una verdad profunda no necesita ser históricamente real. Si lo es, resulta indiferente. Pero hacerla histórica es faltarle el respeto a los primeros Rabinos.

Por lo tanto acercarse al judaísmo considerándolo un objeto en peligro de extinción, un elemento radioactivo que hay que pasarlo sin manosearlo demasiado utilizando guantes para que no estalle y creer que debe ser protegido o acumulado sin variaciones, no es la esencia de lo que los Rabinos hicieron ni pidieron. Por el contrario, siguiendo su ejemplo, debemos comenzar a ver al judaísmo como un sistema espiritualmente rico y multidimensional que sirve para vivir una buena vida y por lo tanto debe ser explorado desde muchos ángulos diferentes, enriquecido con nuevas aportaciones y compartido. Vivir pensando que estamos por desaparecer, que el judaísmo está en extinción o que en el fondo “todos nos odian” no va a lograr inspirar a nadie. Va a generar miedo -lo cual es una buena herramienta de supervivencia en el corto plazo- pero no creatividad, amor y trascendencia. La paranoia no logrará en el largo plazo cautivarnos. Es muy peligroso generar una nueva tradición dentro del judaísmo que intenta estancarlo haciendo algo que los primeros Rabinos nunca hicieron. Los primeros Rabinos descubrieron que para que el judaísmo se mantenga vivo, el mismo no puede intentar reflejar la vida de otro tiempo que no sea el propio y sus desafíos. Los Rabinos vivieron siempre el judaísmo de su propio tiempo. No intentaron volver a sacrificar animales-aunque lo anhelaran en teoría dentro de sus plegarias- ni dejaron de agregar comentarios y discusiones a los textos que escribían pensando que era en vano y que solamente había que sentarse a esperar al Mesías. Todo lo contrario, encontraron ahí el Secreto de la Renovación.

El delicado equilibrio

Tomar conciencia del Secreto de la Renovación no significa en absoluto descartar lo que se ha ido agregando a la tradición desde los primeros Rabinos ni tampoco significa comenzar a agregar festividades o fechas conmemorativas a nuestro calendario simplemente porque se nos place. ¡Todo lo contrario! Significa continuar con amor, coraje y honestidad lo que ellos iniciaron por el bien de nosotros mismos y nuestra tradición. ¡Eso es la Renovación! Los primeros Rabinos tomaron las festividades agrícolas que ya existían en la Tora pero las resignificaron para inspirar a otros que ya no encontraban sentido en ellas sin el Templo. Los primeros Rabinos no inventaron todo porque nadie ha inventado todo sino, como me enseñó uno de mis maestros el Rabino Ale Bloch en nombre de Umberto Eco, ‘los libros se escriben de otros libros’ y por lo tanto la grandeza rabínica fue escribir nuevos libros de sus propios libros. El llamado a la Renovación es casi un proceso natural que acontece aún cuando queremos frenarlo. Nuestra tradición cuenta con incontables ejemplos de esto. El judaísmo se ha ido Renovando desde siempre y la idea de frenarlo, congelarlo en un período histórico cualquiera (como podría ser el siglo XVIII en Europa del Este) no solo que no es algo tradicional sino que también le falta el respeto a los primeros Rabinos grecorromanos.

Es muy probable que muchos no encuentren que este Manifiesto es polémico o incluso novedoso. Lo que sí tal vez podamos ver ahora es que el llamado a la Renovación apoyado en la tradición no es una idea moderna ni de nuestros tiempos. Es la esencia misma del judaísmo rabínico desde sus inicios. Lo que requiere coraje es animarse a pasar de la teoría a la práctica y sin miedo llevar a cabo la Renovación sin temor a cambiar la tradición. Insisto que aunque no queramos esto sucederá inevitablemente con el paso del tiempo, prueba de eso son las incontables tradiciones que se han adherido a pesar de la no aceptación rabínica originalmente de muchas de ellas como por ejemplo Tashlij en Rosh Hashana o el agregado a nuestro calendario de nuevas fechas conmemorativas como Iom Hashoa o Iom Haatzmaut que fueron aceptadas por la gran mayoría de los judíos. La tradición no es un ser estático sino un devenir dinámico.

La mejor manera de comprender finalmente todo esto es compartiendo lo que los Rabinos mismos escribieron. En el Talmud (Menajot 29b) encontramos una fábula en la que Moisés viaja en el tiempo hasta la academia de Rabi Akiva miles de años después de su muerte. Allí Rabi Akiva está enseñando a sus discípulos y el Talmud mismo nos cuenta que Moisés no entiende nada de lo que están hablando. Ante un momento de presión sus estudiantes le preguntan, “Maestro, ¿de dónde sale todo esto?”. Rabi Akiva responde “esto nos lo enseñó Moisés desde el Sinaí”.  Curiosamente Moisés que no entiende nada del tema ni la discusión se siente bien al ser nombrado.  El hecho que los Rabinos hayan escrito esta fábula es para decirnos a nosotros en la cara, como lectores de sus propios textos, que lo que ellos habían hecho ni siquiera Moisés lo entendería. Sin embargo los Rabinos sentían que lo que hacían era en nombre de Moisés. Eso es lo que somos llamados a hacer en cada generación por honor a nuestros antepasados. Renovar la tradición para honrar a quienes la Renovaron para nosotros antes. En una versión moderna de esta fábula, siguiendo esta enseñanza mi tatarabuelo no debería entender mi judaísmo. Si lo hace, si me ve a mi viviendo un judaísmo igual al suyo, vestido igual que él hace 200 años en Polonia y hablando en idish entonces habré traicionado a los primeros Rabinos grecorromanos y el devenir histórico de mi pueblo. Sin embargo ese judaísmo mío que se expresa en el siglo XXI con todos los cambios gigantes que la humanidad ha atravesado en los últimos 200 años, inentendible seguramente este mundo y este judaísmo no solo para mi tatarabuelo sino mis propios abuelos, se nutre de la esencia y el espíritu que ellos y ellas me dejaron. Al igual que Rabi Akiva que dice que lo que sabe se lo enseñó Moisés, todos nosotros podríamos en extensión declarar lo mismo ya que todos nosotros según nuestra propia tradición estuvimos en el Sinaí.

Conclusiones

Tengo una tendencia a concluir mis Manifiestos declarando que todo lo que hago, leo, comparto y dedico de mi tiempo al judaísmo es el producto de la fuerza más poderosa de la Creación: el amor. Amo tanto esta tradición, nuestros textos, lo que hemos hecho y seguiremos haciendo que realmente me fascina cada día más y no logro cansarme de lo que descubro de mi mismo al estudiar y compartir sobre esta milenaria tradición que me enorgullece. Amo el ida y vuelta que surge en cada conversación y reflexión sobre nuestro pueblo. Cada día me convenzo más que el judaísmo no es la única verdad del mundo ni tampoco tiene toda la verdad absoluta de todo pero sí creo que tiene mucho para enriquecer al mundo hoy del modo que siempre lo ha hecho. Soy consciente que muchos se sentirán descolocados por esta última idea porque necesitan creer que son únicos y especiales en el mundo. Ignoro las motivaciones que llevan a una persona a necesitar esto para encontrar sentido en el judaísmo. Sin dudas el judaísmo es único y cada uno de nosotros es único, especial y diferente. Elegir una tradición por sobre otras no tiene porque decretar que las no elegidas son inferiores o peores. Hay quienes necesitan convencerse que el judaísmo es único porque se mantiene separado de todo lo demás y en eso es original, que nunca ha absorbido nada del planeta y su historia sino que se ha mantenido atemporal y transhistórico. Nuevamente, quien necesite sentir eso va a descubrir mucho de sí mismo y su complejo de inferioridad porque si bien el judaísmo es único y ha mantenido muchas tradiciones separadas, está claro por lo que hemos visto aquí que gran parte de lo que es estará siempre determinado por su relación, apropiación, rechazo o síntesis de las ideas y prácticas circundantes de cada generación empezando por Roma. Eso es lo innegable al estudiar y conocer al judío grecorromano, el primero de todos, nuestros primeros Rabinos.

Gracias por leer todo esto y acompañarme en mis viajes de descubrimiento. Espero con estos Manifiestos no traer soluciones sino nuevas preguntas. Hago un llamado abierto a continuar con la mayor honestidad, pasión, misticismo y amor el emprendimiento iniciado por los primeros Rabinos. Veo a los primeros Rabinos, a los judíos grecorromanos, como los judíos más audaces y geniales de la historia. Fueron innovadores, creativos e hicieron todo lo que hicieron para evitar simplemente que el judaísmo sobreviva sino que prospere y se vaya haciendo cada vez mejor incorporando nuevos midrashim, nuevas halajot y nuevas costumbres. Los primeros Rabinos no permitieron que su tradición se vuelva un “clásico” sino que se mantenga viva. Por eso y como estudiante rabínico quiero formar parte del club de estos rabinos. Un club donde se valora la creatividad, la capacidad no de absorber información masticada y pasarse la vida llenándose de data sino develar y revelar nuevos descubrimientos que están ahí esperándonos para seguir haciendo desafiante y enriquecedora la vida. Animarme como hicieron ellos a Renovar la tradición y no a estancarla en un período histórico. Estoy convencido que no hago todo esto para ser feliz sino para desafiar el alma y refinarla porque de eso se alimenta. Se trata al fin de cuentas de vivir con más plenitud y exprimirle el jugo a la inconcebible sorpresa de respirar a cada instante. El judaísmo no nos pide lealtad ciega sino un compromiso sincero y honesto con nuestro legado. Nuestro legado es la Renovación en la Tradición.

Me preocupa escuchar en los últimos años a muchos judíos decir que los judíos no deberían rodearse de otras personas que no sean judías, que deberían aislarse y vivir solo entre judíos hablando sobre cosas judías porque no sea cosa que absorban algo del mundo no judío ¡Gracias a Dios los primeros Rabinos grecorromanos que desarrollaron el judaísmo no hicieron eso! Tampoco lo hicieron los rabinos medievales (claramente Maimonides absorbió muchísimo de filosofía griega que sirvió como catalizador para el judaísmo hasta el día de hoy). Tampoco lo hicieron los rabinos premodernos. Los que hacen eso hoy han traicionado no solo a los primeros Rabinos sino a los medievales y premodernos (los rishonim y ajaronim). Si los primeros Rabinos hubiesen permanecido separados y aislados, el judaísmo no se hubiese Renovado absorbiendo todo lo que absorbió de Roma. Del mismo modo no podemos volver al gueto porque sabemos que no funciona: nuestros antepasados salieron de allí por el bien y la Renovación de todos nosotros. Por lo tanto necesitamos mantener parte de lo que hemos heredado pero tenemos que seguir el emprendimiento de los primeros rabinos continuado en los medievales y premodernos y sintetizar aquello que enriquece nuestra tradición y descartar lo que no lo hace. De hecho y como he mencionado, esta continuidad/discontinuidad eterna terminará sucediendo en trancos de tiempo más amplios aunque lo evitemos. Es sorprendente la cantidad de costumbres que se han agregado al judaísmo y que no tienen 2000 años sino siglos tal como es el Kabalat Shabat actual. En algún momento de la historia frenamos fuertemente el principio creativo que iniciaron los primeros Rabinos y continuaron los medievales y premodernos. Me preocupa esta traición hacia los primeros Rabinos en la forma idolátrica de quedarse apegado a una fotografía de la historia y no contribuir con la película total. Confieso que aún no entiendo por qué el proceso creativo e innovador en la tradición se detuvo. Pero concluyo escribiendo que si algo de toda esta reflexión, de este Manifiesto puede ayudar como me ha ayudado a mi entonces por favor compártanlo. Necesitamos más Renovación y menos estancamiento. Parafraseando al Avinu Malkeinu, ‘hazlo por los judíos grecorromanos sino es por nosotros’. Hazlo por los primeros Rabinos. Por los rishonim y ajaronim. Se lo merecen. Nosotros nos lo merecemos. Las generaciones que siguen y quizás nunca conoceremos también se lo merecen.

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