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Monthly Archives: August 2017

The Dark Side of Shalom

The Dark Side of Shalom

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There are some meanings of shalom that are anything but peaceful. (Photo: Patheos Media Library)

Shalom is the word that every seminarian who takes any Hebrew is proud that they have learned. Now, they know the word for “peace”! Little do they realize that the word shalom has a dark side; it has hidden shades of meaning that are anything but peaceful.

Yes, students quickly discover that shalom means more than absence of military or social conflict. Shalom is a word that describes wholeness (Isaiah 53:5), health (Psalm 38:3), prosperity (Psalm 35:27), and well-being (Genesis 37:14). When the Shunammite woman is asked if all is OK with her, she simply says, “Shalom” (2 Kings 4:26). When Biblical characters (and modern Israelis) meet, they ask about each other’s shalom (Exodus 18:7). In Esther 2:11, Mordecai stays close to the palace to stay informed about Esther’s shalom.

Many times the adjective form shalēm is used to refer to a heart that is “completely” or consistently “loyal” and not divided. Examples include 1 Kings 8:61, 1 Kings 11:4 (versus 1 Kings 15:14), and 2 Chronicles 15:17 and 25:2.Hezekiah pleads that he has walked before God with a “whole/complete” heart (2 Kings 20:3 = Isaiah 38:3).

Moses commands altars to be built with stones that are “whole/complete” (shelōmoth– Deuteronomy 27:6, Joshua 8:31).  2 Chronicles 8:16 – the work on the house of YHWH was “complete.”  In Genesis 15:16, God says that the iniquity of the Amorites is not yet “complete.” Nehemiah 6:15 uses the verb form, “The wall was complete.” In Job 23:14, Job says that God “will complete (yashlim) what he has appointed for me.” The term “peace offerings” (shelamim) is also rendered as “offerings of well-being/wholeness.”

One landmark verse where the meaning of shalom embraces all of the above meanings is Jeremiah 29:7: “Seek the shalom (welfare) of the city where I have sent you into exile, and pray to the Lord on its behalf, for in its shalom, you will find your shalom.” In the same vein, in Job 9:4, Job asks, “Who has ever resisted [God] and prospered (or “come out OK” – wayyishlam)?”

But social justice proponents rightly point out that shalom cannot coexist with evil and injustice. Such obstacles to shalom must be eliminated. We find this meaning in the verb form of shalom. Its stative form (Qal) means “to be whole/be at peace.” In its transitive forms (Piel, Hifil, etc), it means “to establish peace” (2 Samuel 10:19). And that may include: restitution (Exodus 21:34), the repayment of debts (2 Kings 4:7), and the settling of scores (Proverbs 20:22). Ouch! Here is where we see the politically incorrect side of shalom, the dark side to which I refer. The verb form of shalom is used eleven times in Job, and six of them have to do with payback.

Who would have imagined that the shalom root would be found in this famous line?  “Vengeance is mine, and shillem – recompense!” (Deuteronomy 32:35) A few verses later, we find Deuteronomy 32:41 – “I will repay (ashallem) my enemies.” But the repayment meaning is not always negative.  In Isaiah 44, the verb refers to the fulfillment of God’s intentions to rebuild Jerusalem. In 2 Chronicles 5, the verb refers to Solomon “completing” his work on the Temple. The shalom verb is also a common way to express fulfillment of a vow (Psalm 65:1). In fact, the name Meshullam (used 17 times in the Hebrew Bible) is a Pual participle of the verb, a name that means “Repayment,” a name that may have been given to persons who were donated to service in the Temple as payment for a vow.

“Peace” is just one of the options by which we may translate the term shalom when we encounter it. Sometimes, it is entirely a matter of opinion whether peace, wholeness, welfare, well-being, or all of the above are being conveyed in any instance where the word is used. And yes, some of the extended meanings of the shalom root are anything but peaceful. If we really want to describe “peace” as in absence of violent conflict, we would do better to go to the root shaqat, which is used in Joshua 11:23 where the land “had rest” from war, and in 2 Kings 11:20, where the city “was quiet” after the overthrow of Athaliah. But that word might not fit in all of the wonderful scriptures where shalom is used.

As taken from, http://www.patheos.com/blogs/tomhobson/2017/08/1200/?utm_medium=email&utm_source=Newsletter&utm_campaign=Evangelical&utm_content=46  on August 4, 2017.

 
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Posted by on August 4, 2017 in Uncategorized

 

Por qué los judíos no creemos en Jesús

Por qué los judíos no creen en Jesús
Durante 2.000 años, los judíos han rechazado el cristianismo. ¿Por qué?
por Rav Shraga Simmons

Es importante entender por qué los judíos no creen en Jesús. El propósito no es despreciar otras religiones, sino plantear y clarificar la posición judía. Cuanta más información haya para escoger, la gente podrá tomar mejores decisiones acerca de sus vidas espirituales.

Los judíos no aceptan a Jesús como su Mesías porque:

  1. Jesús no cumplió las profecías mesiánicas.
  2. El cristianismo contradice la teología judía.
  3. Jesús no cumplió con los requisitos de Mesías.
  4. Los versículos bíblicos referentes a “Jesús” son traducciones incorrectas.
  5. La creencia judía se basa en una revelación nacional.

1. Jesús no cumplió las profecías mesiánicas

¿Qué es lo que el Mesías tiene que lograr?

La Biblia dice que debe:

  • Construir el Tercer Templo (Ezequiel 37:26-28)
  • Reunir a todos los judíos de regreso en la Tierra de Israel (Isaías 43:5-6).
  • Traer una era de paz mundial, acabar con el odio, la opresión, el sufrimiento y la enfermedad. Como está escrito: “Una nación no levantará espada contra otra nación; y tampoco los hombres estudiarán más cómo hacer guerra”(ver Isaías 2:4).
  • Esparcir un conocimiento universal sobre el Dios de Israel, uniendo a toda la raza humana como una. Como está escrito: “Dios será Rey sobre todo el mundo; ese día, Dios será Uno y Su Nombre será Uno” (Zacarías 14:9).

El hecho histórico es que Jesús no cumplió con ninguna de estas profecías mesiánicas.

2. El cristianismo contradice la teología judía

¿Dios como tres?

La idea cristiana de la trinidad divide a Dios en tres entes separados: El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo (Mateo 28:19).

Esto contradice al Shemá, la base de la creencia judía: “Escucha Israel, el Señor es nuestro Dios, el Señor es UNO” (Deuteronomio 6:4). Los judíos declaran la unicidad de Dios cada día, escribiéndola en los marcos de sus puertas —las mezuzot—, y atándola a sus brazos y a sus cabezas —los Tefilin—. Esta aseveración de la unicidad de Dios son las primeras palabras que se le enseñan a un niño judío, y las últimas palabras que se dicen antes de morir.

En la ley judía, el adorar a una trinidad divina es considerado idolatría, uno de los pecados cardinales por los cuales un judío debe dar la vida antes de transgredirlo. Esto explica por qué durante las inquisiciones y durante toda nuestra historia, los judíos han preferido dar sus vidas antes que convertirse.

¿El hombre como Dios?

Los cristianos creen que Dios vino a la tierra tomando la forma de un hombre, como Jesús dijo: “Yo y el Padre somos uno” (Juan 10:30).

Maimónides dedica la mayoría de su libro “La Guía de los Perplejos” a la idea fundamental de que Dios carece de cuerpo, es decir de una forma física. Dios es Eterno, está por encima del tiempo. Es Infinito, más allá del espacio. No pudo haber nacido y no puede morir. Decir que Dios asume una forma humana hace a Dios pequeño, destruyendo Su Unicidad y Divinidad, como dice la Torá: “Dios no es un mortal” (Números 23; 19).

El judaísmo dice que el Mesías va a nacer de padres humanos, con atributos físicos como cualquier otra persona. No va a ser un semi-dios, y no va a poseer características sobrenaturales. De hecho, un individuo vive en cada generación con la capacidad de tomar el papel de Mesías (ver Maimónides, Leyes de Reyes 11:3).

¿Intermediario para el rezo?

Una idea básica del cristianismo es que el rezo debe ser dirigido a través de un intermediario —por ejemplo, confesar los pecados a un cura—. Jesús mismo es un intermediario, como él mismo dijo: “Ningún hombre se acerca al Padre sino a través mío”.

En el judaísmo, el rezo es una cuestión totalmente privada, entre cada individuo y Dios. Como la Biblia dice: “Dios está cercano a todo aquel que lo llame verdaderamente” (Salmos 145: 18). Más aún, los Diez Mandamientos dicen: “No debes tener otros dioses delante de Mí”, es decir que está prohibido poner un mediador entre Dios y el hombre. (Ver Maimónides, Leyes de idolatría Cáp. 1).

Participación en el mundo físico

El cristianismo comúnmente trata al mundo físico como algo malo que debe ser evitado. María, la mujer cristiana más sagrada es retratada como una virgen. Entre los curas y las monjas son célibes. Los monasterios están en lugares remotos y alejados.

Por el contrario, el judaísmo cree que Dios creó el mundo físico para nuestro beneficio, no para frustrarnos. La espiritualidad judía se obtiene mediante la utilización del mundo físico de manera tal que lo eleva. Las relaciones íntimas en un contexto adecuado es uno de los actos más sagrados que una persona puede realizar.

El Talmud dice que si una persona tiene la oportunidad de probar una fruta nueva y se rehúsa a hacerlo, tendrá que rendir cuentas de ello en el mundo venidero. Asimismo, las escuelas rabínicas judías enseñan cómo actuar correctamente en el ámbito comercial. Los judíos no se retiran de la vida, la elevan.

3. Jesús no cumplió con los requisitos de mesías

Mesías como profeta

Jesús no fue un profeta. La profecía sólo puede existir cuando la tierra está habitada por una mayoría de judíos. Durante el tiempo de Ezrá (C. año 300 a.e.c.) la mayoría de los judíos se rehusaron a desplazarse de Babilonia hacia Israel, por ende la profecía terminó con la muerte de los últimos profetas: Jagai, Zacarías y Malají.

Jesús apareció en la escena aproximadamente 350 años después de terminada la época de los profetas.

Descendiente de David

El Mesías debe ser descendiente del rey David por el lado paterno (Ver Génesis 49:10 e Isaías 11:1). De acuerdo al cristianismo que dice que Jesús fue producto del nacimiento de una virgen, él no tuvo un padre, y por ende no pudo haber tenido la posibilidad de cumplir la profecía mesiánica de ser descendiente del rey David por el lado paterno.

Observancia de la Torá

El Mesías va hacer que el pueblo judío cumpla con todas las leyes de la Torá. La Torá plantea que todas las mitzvot permanecerán obligatorias para siempre y que cualquiera que venga a cambiar la Torá es inmediatamente identificado como un falso profeta (Deuteronomio 13; 1-4).

A lo largo del nuevo testamento Jesús contradice a la Torá y dice que seis mandamientos ya no son aplicables (Juan 1:45 y 9:16, Hechos 3:22 y 7:37).

4. Los versículos bíblicos referentes a “Jesús” son traducciones incorrectas

Los versículos bíblicos sólo pueden ser entendidos al estudiar el texto en su idioma original, lo que revela muchas discrepancias con la traducción cristiana.

Una virgen dio a luz

La idea cristiana de que una virgen dio a luz ha derivado de un versículo en Isaías que describe a una “almá” dando a luz. La palabra hebrea “almá” siempre ha significado “una mujer joven”, pero los teólogos cristianos vinieron siglos después a traducirla como “virgen”. Esto está de acuerdo con la idea pagana de que los mortales son absorbidos por dioses.

Crucifixión

El versículo en Salmos 22:17 dice: “Como un león ellos están en mis manos y pies”. La palabra hebrea ke-arí (como un león) es gramaticalmente similar a la palabra “clavado”. Sin embargo, el cristianismo lee el versículo como una referencia a la crucifixión: “Ellos perforaron mis manos y pies”.

Un sirviente que sufre

Los cristianos declaran que en el libro de Isaías, capítulo 53, el texto se refiere a Jesús. Pero en realidad, el profeta Isaías en el capítulo 53 de su libro continúa directamente el tema del capítulo 52 describiendo el exilio y la redención del pueblo judío. Las profecías están escritas en el singular puesto que los judíos (“Israel”) son considerados como una unidad. La Torá está llena de ejemplos del pueblo judío considerado con un pronombre singular.

Irónicamente las profecías de persecución de Isaías se refieren en parte al siglo XI cuando los judíos fueron torturados y matados por las cruzadas que actuaron en nombre de Jesús.

¿De dónde surgieron estas traducciones erróneas? San Gregorio, el Arzobispo de Nacianzo del siglo IV escribió: “Un poquito de jerga es todo lo que se necesita para imponerse sobre la gente. Cuanto menos comprendan, más admirarán”.

5. La creencia judía se basa en una revelación nacional

De las 15.000 religiones que existieron en la historia de la humanidad sólo el judaísmo basa sus creencias en una revelación nacional, es decir: Dios hablándole a todo el pueblo. Si Dios va a comenzar una religión, tiene sentido que se lo diga a todos y no sólo a una persona.

El judaísmo, único entre la mayoría de las religiones principales del mundo, no basa sus creencias en “declaraciones de milagros” para establecer su religión. De hecho la Biblia dice que Dios algunas veces garantiza el poder de hacer “milagros” a los charlatanes, para poder probar la lealtad de los judíos hacia la Torá. (Deuteronomio. 13:4).

Maimónides dice (Fundamentos de la Torá Cáp. 8):

Los judíos no creyeron en Moshé, nuestro maestro, por los milagros que realizó. Cuando la creencia de una persona está basada en ver milagros, tiene dudas persistentes, porque es posible que los milagros fueran hechos a través de la magia o la brujería. Todos los milagros realizados por Moshé en el desierto ocurrieron porque fueron necesarios, y no como prueba de su profecía.

¿Cuál fue entonces la base de la creencia judía? La revelación en el Monte Sinai, que vimos con nuestros propios ojos y escuchamos con nuestros oídos, sin depender del testimonio de otros. Como está escrito: “Cara a cara, Dios habló contigo…”. La Torá también cita: “Dios no hizo este pacto con nuestros padres, sino con nosotros – que estamos todos vivos hoy”. (Deuteronomio 5:3).

El judaísmo no está basado en “milagros”. Es la experiencia personal de cada hombre, mujer y niño.

Judíos y gentiles

El judaísmo no demanda que todos se conviertan a la religión judía. La Torá de Moshé es la verdad para la humanidad, sea la persona un judío o no. El rey Salomón le pidió a Dios contestar los rezos de los no-judíos que iban al Templo Sagrado (Reyes I 8:41-43). El profeta Isaías se refiere al Templo como la “Casa para las naciones”. El servicio en el Templo durante Sucot presentaba 70 sacrificios animales correspondientes a las 70 naciones del mundo. (De hecho, el Talmud dice que si los romanos se hubieran dado cuenta del beneficio que obtenían del Templo, nunca lo hubieran destruido).

Los judíos nunca han buscado convertir a la gente, puesto que la Torá prescribe un camino adecuado para los gentiles, llamado las “Siete leyes de Noaj”. Maimónides explica que cualquier ser humano, que con fe observa estas leyes morales básicas, gana un lugar propio en el cielo.

Trayendo al Mesías

Maimónides declara que la popularidad del cristianismo (y del Islam) es parte del plan de Dios de extender las ideas de la Torá a todo el mundo. Esto mueve a la sociedad hacia un estado perfecto de moralidad, y hacia una mayor comprensión de Dios. Todo esto en preparación para la era mesiánica.

Por cierto, el mundo está desesperadamente necesitado de la redención mesiánica. La guerra y la contaminación ambiental amenazan nuestro planeta; el ego y la confusión erosionan nuestra vida familiar. Hasta donde estemos conscientes de los problemas sociales, es el determinante de nuestro anhelo por la redención. Como dice el Talmud, una de las primeras preguntas que se le hace a un judío en su juicio celestial es: “¿Has anhelado la llegada del Mesías?”.

¿Cómo podemos apresurar la llegada del Mesías? La mejor manera es amar generosamente a toda la humanidad, cuidar las mitzvot de la Torá (como mejor podamos), y animar a los demás a que también lo hagan.

A pesar de la penumbra, el mundo está encaminado hacia la redención. Un signo evidente es que los judíos han regresado a la Tierra de Israel y la han hecho florecer nuevamente.

Además, hay un gran movimiento de jóvenes judíos regresando a las tradiciones de la Torá.

El Mesías puede venir en cualquier momento, y todo depende de nuestras acciones. Dios estará listo cuando nosotros lo estemos. Como dijo el rey David: “La redención llegará hoy, si escuchas Su voz”.

Según tomado de, http://www.aishlatino.com/e/f/48420212.html?s=mpw el jueves, 3 de agosto de 2017.

 
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Posted by on August 3, 2017 in Uncategorized

 

Philosophy or Prophecy?

What was the first commandment? On this there are two fascinating disagreements in Judaism. One was between Moses Maimonides (1135-1204) and the author of the Halakhot Gedolot, written in the period of the Gaonim, probably by R. Shimon Kayyara (eighth century), that for the first time enumerated in a systematic way the 613 commands. The other was between Maimonides and the poet and thinker Judah Halevi (c. 1080-c.1145). These were two different arguments, and they touched, as we will see, on fundamentals of faith.

The first is simply this. Maimonides counts the opening line of the Ten Commandments, “I am the Lord your God, who brought you out of Egypt, out of the land of slavery,” as a positive command, to believe in God.[1] The Halakhot Gedolot does not count it as a command at all. Why not?

Nahmanides (1194-1270), in defence of the Halakhot Gedolot,[2]  speculates that its author counted among the 613 commands only the specific laws enjoining us to do this or avoid doing that. The commands are rules of behaviour, not items of faith. Faith in the existence of God, or acceptance of the kingship of God, is not itself a command but a prelude to and presupposition of the commands. He quotes a passage from the Mekhilta:

“You shall have no other gods besides me.” Why is this said?  Because it says, “I am the Lord your God.” To explain this by way of a parable: A king of flesh and blood entered a province.  His servants said to him, “Issue decrees for the people.” He, however, told them, “No. When they accept my sovereignty, I will issue decrees.  For if they do not accept my sovereignty, how will they carry out my decrees?”

According to Nahmanides, the Halakhot Gedolot must have believed that the verse, “I am the Lord your God, who brought you out of Egypt, out of the land of slavery” is not itself a command, but a statement of why the Israelites should be bound by the will of God. He had rescued them, liberated them, and brought them to safety. The first verse of the Decalogue is not a law but a statement of fact, a reason why the Israelites should accept God’s sovereignty.

Thanks to the archeological discoveries about which I wrote in the previous Covenant and Conversation, we now know that the biblical covenant has the same literary structure as ancient near eastern political treaties. These treaties usually follow a six-part pattern, of which the first three elements were [1] the preamble, identifying the initiator of the treaty, [2] a historical review, summarising the past relationship between the parties, and [3] the stipulations, namely the terms and conditions of the covenant.

Seen in this context, the first verse of the Ten Commandments is a highly abridged form of [1] and [2]. “I am the Lord your God” is the preamble. “Who brought you out of Egypt, out of the land of slavery” is the historical review. The verses that follow are the stipulations, or as we would call them, the commands. If so, then the Halakhot Gedolot as understood by Nahmanides was correct in seeing the verse as an introduction to the commands, not a command in its own right. That is the first disagreement.

The second was between Maimonides and Judah Halevi. For Maimonides, the first command is to believe in God, creator of heaven and earth:

 

The basic principle of all basic principles and the pillar of all sciences is to realise that there is a First Being who brought every existing thing into being. . . If it could be supposed that He did not exist, it would follow that nothing else could possibly exist. If however it were supposed that all other beings were non-existent, He alone would still exist. . . To acknowledge this truth is a positive command, as it is said: “I am the Lord your God” (Ex. 20:2, Deut 5:7).[3]

 

Judah Halevi disagreed. Halevi was not only the greatest of medieval Hebrew poets, he also wrote one of Judaism’s theological masterpieces, The Kuzari. It is framed as a dialogue between a rabbi and the King of the Khazars. Historically, the Khazars were a Turkish people who, between the seventh and eleventh centuries, ruled a considerable area between the Black Sea and the Caspian Sea, including southern Russia, northern Caucasus, eastern Ukraine, Western Kazakhstan, and northwestern Uzbekistan.

Many Jewish traders and refugees lived there, and in 838 the Khazar King Bulan converted to Judaism, after supposedly holding a debate between representatives of the Jewish, Christian, and Muslim faiths. The Arabic writer Dimashqi writes that the Khazars, having encountered the Jewish faith, “found it better than their own and accepted it”. Khazaria thus became, spiritually as well as geographically, an independent third force between the Muslim Caliphate and the Christian Byzantine Empire. After their conversion, the Khazar people used Jewish personal names, spoke and wrote in Hebrew, were circumcised, had synagogues and rabbis, studied the Torah and Talmud, and observed the Jewish festivals.

The Kuzari is Judah Halevi’s overarching account of Judaism, cast in the form of an imagined conversation between the King and a rabbi that led to the King’s conversion. In it, Halevi draws a portrait diametrically opposed to Maimonides’ account. Judaism, for Halevi, is not philosophical but counter-philosophical. It’s not about abstract concepts but about concrete experiences: the taste of slavery, the feeling of liberation, the realisation on the part of the people that God had heard their cry and set them free. The God of Abraham is not the God of Aristotle. The prophets were not philosophers. Philosophers found God in physics and metaphysics, but the prophets found God in history. This is how Halevi’s rabbi explains his faith to the king of the Khazars:

I believe in the God of Abraham, Isaac and Israel, who led the children of Israel out of Egypt with signs and miracles; who fed them in the desert and gave them the land, after having brought them through the sea and the Jordan in a miraculous way. . . (Kuzari I:11)

 

He goes on to emphasise that God’s opening words in the revelation at Mount Sinai were not, “I am the Lord your God, creator of heaven and earth” but “I am the Lord your God, who brought you out of Egypt, out of the land of slavery” (Kuzari I:25). The covenant God made with the Israelites at Mount Sinai was not rooted in the ancient past of creation but in the recent past of the exodus.

What is at stake in this difference of opinion between Maimonides and Halevi? At the heart of Judaism is a twofold understanding of the nature of God and His relationship to the universe. On the one hand God is creator of the universe and the maker of the human person “in His image”. This aspect of God is universal. It is accessible to anyone, Jew or gentile. Aristotle arrived at it through logic and metaphysics. For him, God was the “prime mover” who set the universe into motion. Today, many people reach the same conclusion through science: the universe is too finely tuned for the emergence of life to have come into being through chance. Some arrive at it not through logic or science but through a simple sense of awe and wonder (“Not how the world is, but that it is, is the mystical” said Wittgenstein). This aspect of God is called by the Torah, Elokim.

But there is a quite different aspect of God which predominates throughout most of Tanakh. This is God as He is involved in the fate of one family, one nation: the children of Israel. He intervened in their history. He made a highly specific covenant with them at Sinai – not at all like the general one He made with Noah and all humanity after the Flood. The Noahide covenant is simple and basic: it involved a mere seven commands. The Sinai covenant, by contrast, is highly articulated, covering almost every aspect of life. This aspect of God is signalled by the use of the four-letter name for which we traditionally substitute the word Hashem.[4]

Maimonides, the philosopher, emphasised the universal, metaphysical aspect of Judaism and the eternal, unchanging existence of God. Judah Halevi, the poet, was more attuned to the particularistic and prophetic dimension of Judaism: the role of God in the historical drama of the Jewish people.

Maimonides was the greatest halakhist and philosopher of the Middle Ages, but it is hard to avoid the conclusion that here, at least, the Halakhot Gedolot and Judah Halevi were closer to the plain sense of the text. Even the greatest thinker is not right all the time, which is why Judaism remains a conversation scored for many voices, each with its own insight into the infinite inflections of the Divine word.

 

[1] Maimonides, Sefer haMitzvot, positive command 1.

[2] Nahmanides, Hasagot to Sefer haMitzvot, ad loc. This is not Nahmanides’ own position. In his Commentary to the Torah (to Ex. 20:2), he counts the first verse of the Decalogue as a commandment in its own right, adopting a view similar to that of Maimonides.

[3] Mishneh Torah, Yesodei ha-Torah, 1:1-5.

[4] On the two aspects and names, see Kuzari IV:1-3; and Ramban to Exodus 3:13.

Taken from, http://rabbisacks.org/philosophy-prophecy-vaetchanan-5777/ on August 2, 2017.

 
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Posted by on August 2, 2017 in Uncategorized

 

Fusionar el idealismo y el realismo

Por Rochel Holzkenner

Hay dos tipos de personas: los idealistas y los realistas. Los idealistas sueñan con un mundo con justicia social, sincronía entre el cuerpo y el alma, cuidado ambiental y una vida con más consciencia. Los realistas invierten en objetivos prácticos y alcanzables, como la estabilidad financiera, el manejo del tiempo y un estilo de vida saludable.

En lo personal, me identifico tanto con los idealistas como con los realistas. Creo que es probable que todos seamos un compuesto de ambos, pero que estemos un poquito más de un lado que del otro.

Para ser un verdadero idealista, no debes considerar la resistencia con la que te puedes encontrar al poner en marcha tus sueños. El idealismo puro sigue las máximas de la verdad pura, y no se inclina ante limitaciones ambientales o sociales.

Por otro lado, sin pensamientos realistas, mis sueños se quedarían en el mundo de la fantasía, sin ser nunca puestos a prueba ni validados en el mundo real, sin ayudar jamás a nadie.

En 1940, cuando el sexto Rebe de Jabad Lubavitch, rabí Yosef Yitzchak Schneersohn, viajaba en el barco desde Europa, que estaba abatida por la guerra, hacia América, llamó a uno de sus ayudantes, rabí Hodakov, y le indicó que tomara un bolígrafo y un papel; el Rebe le dictaría y él tenía que escribir. El Rebe luego comenzó a diseñar su plan para fundar un judaísmo próspero en América. Trazó la manera en la que crearía tres instituciones luego de llegar al nuevo país —una editorial y una sección educativa: una para niños y otra para adultos— y delineó los detalles de cada una de ellas.

Luego de dictar sus planes, el Rebe dijo: “Quizás hayas pensado que esperaría a llegar a América para comenzar a formular mis planes. Entonces, podría haber evaluado las necesidades de la comunidad americana y planificar conforme a ellas. ¡No! De haber actuado de ese modo, me habría influenciado lo que hubiera visto, y mi visión de América estaría contaminada. ¡Quiero un judaísmo europeo (intransigente), no un judaísmo americano (concesivo)!”.

La obra de nuestras vidas es integrar nuestros ideales más elevados a una estructura práctica, según dicen los cabalistas. Y esta fusión requiere integridad y mucho trabajo creativo.

¿Cómo será el mundo en la era mesiánica? Los cabalistas lo caracterizan de una manera muy simple: la fusión de los ideales humanos más elevados y un estilo de vida pragmático; un alma en toda su expresión que vive cómoda en un cuerpo material. Eso es lo que llaman un vivir redentor.


Di-s no le permitió a Moshé entrar a la Tierra de Israel. Él le rogó y le imploró a Di-s que lo perdonara y lo dejara entrar. Di-s había perdonado al pueblo judío cuando Moshé suplicó en su nombre, pero cuando se trataba del error del propio Moshé, Di-s no cedió.

Di-s no lo quería en Israel, con pecado o libre de él. El pecado parecía una excusa conveniente; era definitivo: Moshé no iba a entrar.

Esto es difícil de creer si consideramos el hecho de que Moshé nunca quiso el trabajo de líder en primer lugar, y aun así fue un líder sumamente comprometido durante más de cuarenta años. Y ahora, cuando el viaje estaba a punto de terminar y el pueblo finalmente se establecería en una tierra propia, Moshé era excluido.

El Talmud compara a Moshé con la luz del sol y a Ioshua con la luz de la luna.1 Pensemos en la intensidad del sol. Cuando emite sus rayos, todo se ilumina por completo. La luna es más sutil. El cielo permanece negro ante su brillo; la noche conserva su oscura intriga.

El poder de Moshé era tal que si hubiera conducido a los judíos dentro de Israel, las cosas habrían sido simples. Hubieran conquistado la tierra sin demasiados desafíos. Si Moshé hubiera construido el Templo Sagrado, su santidad hubiera sido tan intensa que nunca podrían haberlo destruido.

¡Suena magnífico!

Pero Di-s no quería que fuera así de simple. Sí, Moshé era dinámico y podría haber eclipsado la oscuridad, pero los judíos hubieran sido pasivos y le hubieran dejado hacer el trabajo por ellos. Para hacerse dueños de la tierra, tenían que ser participantes activos.

Ioshua era el candidato perfecto. Era un líder fuerte, pero no tan fuerte como para hacer que la oscuridad desapareciera por completo. Juntos, trabajarían para superar todos los desafíos con los que se enfrentaran hasta asentarse en la tierra de manera definitiva.

El pueblo tenía una visión: establecerse en la Tierra Prometida. En la práctica, era muy difícil cumplir esta visión. Había otros pueblos que vivían en la tierra. Les sería difícil gobernarse a sí mismos, progresar. El liderazgo de Moshé hubiera resuelto estos problemas. Pero Di-s no quería que ellos se perdieran del sano proceso que implica plantar las semillas de las propias visiones en la dura tierra de la realidad. Y eso es lo que tendrían que hacer sin Moshé.

Como si quisiera hacer énfasis en lo sagrada que es la fusión entre la visión y la vida real, en el quinto capítulo del libro de Devarim, Moshé repite los Diez Mandamientos. En su interpretación, sin embargo, la experiencia del Sinaí parece muy distinta. En la versión original, en el libro de Shemot, la Torá cuenta que el Sinaí estaba lleno de humo mientras Di-s descendía sobre él en un fuego. Todo el pueblo temblaba. A las palabras de Di-s las precedían rayos y truenos. Luego de escuchar a Di-s hablarles directamente, el pueblo le rogó a Moshé que repitiera sus palabras, porque cada vez que Di-s hablaba, ellos quedaban inconscientes.

Pero aquí, en la segunda versión, Moshé casi ni menciona todo este espectáculo. Lo que sí cuenta es el efecto que causó en el pueblo la experiencia en el Sinaí. “Se les ha hecho saber que Di-s es su Di-s… En la tierra Di-s mostró su gran fuego y ustedes oyeron sus palabras… Di-s les habló a ustedes cara a cara”.

Los Diez Mandamientos, en Shemot, tienen que ver con Di-s; cuando se repiten en Devarim, tienen que ver con el efecto que tuvieron aquí en la tierra. Juntos, unen el elevado idealismo de la Torá con la realidad de la vida.

Esta fusión exitosa es lo que los sabios llaman la “Torá del Mashíaj”.2

NOTAS AL PIE
1.Bava Batra 75a. Según Rashi (sobre Bamidbar 27:20, basado en el Sifri), esta afirmación tiene una base literal. Luego de descender del monte Sinaí, el rostro de Moshé brillaba con rayos de luz (ver Bereshit 34:29). Años más tarde, cuando Moshé designó oficialmente a Ioshua como su sucesor, le garantizó “su gloria” (Bamidbar, ibid.); pero no toda su gloria. Esto significa que aunque el semblante de Ioshua también brillaba, era tenue en comparación con la luz de Moshé, así como la luna es tenue en comparación con el sol.
2.Basado en la charla que el Rebe dio en Shabat Parashat Va’etjanan 5751 (1991).
Según tomado de, http://es.chabad.org/library/article_cdo/aid/3742620/jewish/Fusionar-el-idealismo-y-el-realismo.htm el 1 de agosto de 2017.
 
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Posted by on August 1, 2017 in Uncategorized

 

Why Do We Wrap the Tefillin Straps 7 Times Around the Arm?

Yehuda Shurpin

The Talmud makes no mention of how many times one should wrap the straps of tefillin around the arm, but the widespread custom is to do so seven times (in addition to first wrapping them around the biceps and later the fingers).1

The ubiquity of this custom can be credited to the Kabbalists, specifically Rabbi Isaac Luria, known as the the Arizal (1534–1572).

The Seven Maidservants

The Arizal explains that wrapping the tefillin around the arm seven times corresponds to the verse in the book of Esther2 that relates how Esther was given “seven maidens fitting to give her from the king’s house . . .”3

Many correlate the “seven maidens” to seven specific angels4 that the Zohar connects to this verse.5 Others explain it refers to the seven “chambers,” or sefirot,of the spiritual worlds.6

Seven Attributes

The purpose of tefillin is to bind our mind and emotions to G‑d. The mind is represented by the tefillin of the head, and the emotions are represented by the positioning of the arm tefillin near our hearts, the seat of emotion. Devoting our emotions to G‑d—i.e. developing a love and awe for the Creator— impacts our behavior; thus, the emotive tefillin are placed on the arm, which symbolizes action.

Jewish mysticism teaches that there are seven primary emotions (see The Sefirot); thus, some explain that we wrap the straps seven times around our arm to represent these emotions.7

A Wedding

Tefillin are a symbol of the loving relationship between the Jewish nation and G‑d, which is analogous to the relationship between a husband and wife. Seven blessings are recited at a wedding ceremony, and many have the custom for the bride to circle the groom seven times. Accordingly, when we put on tefillin, the straps are wrapped around the arm seven times.9

(This is also why we additionally wrap the tefillin straps around our fingers, representing the ring a husband gives his wife under the chuppah.10 Indeed, some have the custom, while wrapping the strap around their fingers, to recite the verse “And I will betroth you to Me forever, and I will betroth you to Me with righteousness and with justice and with loving-kindness and with mercy. And I will betroth you to Me with faith, and you shall know the Lord.”11)

Seven Coils = Seven Words

The seven coils of the arm tefillin correspond to the seven words in the verse12 “פּוֹתֵ֥חַ “אֶת־יָדֶ֑ךָ וּמַשְׂבִּ֖יעַ לְכָל־חַ֣י רָצֽוֹן– “You open Your hand and satisfy every living thing [with] its desire.”13

(This verse is considered a central point of our daily prayers. In fact, we recite Ashrei in our daily prayers because it contains this verse. Furthermore, unlike almost all other verses in our prayers, the halachah is that if one recited this verse without thinking about the intent of the words, he must repeat it.14)

When we put on tefillin, we are connecting our mind and heart to G‑d. Some therefore say that the seven coils relate to the seven words in the verse15“וְאַתֶּם הַדְּבֵקִים בַּה׳ אֱלֹקיכֶם חַיִּים כֻּלְּכֶם הַיּוֹם”—“But you who cleave to the L‑rd your G‑d are alive, all of you, this day.”16

Subduing the Evil Inclination

The Talmud tells us that throughout Scripture, the yezter hara—evil inclination—is referred to by seven names,17 each representing a different aspect of the evil inclination. We put the tefillin on our left—inferior—hand and wrap the straps around seven times to subdue the forces of impurity and our evil inclination, which resides in the left side of our body.18

Shabbat—The Other Sign

Our sages teach that we were given three signs that represent the covenant between G‑d and His people: Shabbat, circumcision and tefillin. Circumcision is constant, and tefillin are worn daily. The seven coils ensure that Shabbat is also represented every day.19

Seven Heavens—Seven Branches of the Menorah

When we put on tefillin, we connect with G‑d and draw down holiness and divine light into the world. Based on this, some explain that the seven coils represent either the seven heavens20 or the seven branches of the Menorah in the holy Temple, which brought spiritual light into the world.21

For more on the mitzvah of tefillin, visit Tefillin and Its Significance.

FOOTNOTES
1.Even those who appear to wrap eight times are essentially conforming to this custom.
2.Esther 2:9.
3.Pri Etz Chaim, Shaar HaTefillin 10; Shaar HaKevanot, Tefillin 5; Olat Tamid, p. 34b.
4.They are the angels Michael, Gabriel, Raphael, Uriel, Tzadikel, Uphiel, and Raziel.
5.Zohar Chodosh, Shir Hashirim 64a; see also Igra D’parka 109; Brit David p. 120; Maaseh Breishit, vol. 3, p. 10.
6.See Kovetz Makvatzial, p. 94-96, where he cites various Kabbalists (including the Kabbalist Rabbi Tzemach, who quotes Rabbi Shmuel Vital) regarding the meaning of the “seven maidens.”
7.Mavo l’Torat Chassidut (Ekstein), p. 108; Al Avoteinu V’al Yechusom, p. 73.
8.Totzot Chaim.
9.Sefer Matamim, Tefillin 12.
10.Reishit Chachmah, Shaar HaKedushah, ch. 6.
11.Hosea 2:21-22.
12.Psalms 145:16.
13.See Aruch Hashulchan, Orech Chaim 27:19.
14.Shulchan Aruch Harav, Orech Chaim 51:8.
15.Deuteronomy 4:4.
16.Divrei Yechezkel Hachadash, p. 319.
17.Talmud, Sukkah 52a.
18.Otzar Kol Minhagei Yeshurun 65:4, citing the Sefer Maaseh Ilfas; Sefer Brit David, p. 121.
19.Higyonei Aharon, Likutim.
20.Tiferet Yisroel (Fishman), p. 338.
21.Ner Mitzvah (Meshash), p. 188; see also the Sefer Sod Chashmal, p. 78, 345.
As taken from, http://www.chabad.org/library/article_cdo/aid/479863/jewish/Why-Wrap-the-Tefillin-Straps-7-Times.htm  on August 1, 2017.
 
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