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Author Archives: yishmaelgunzhard

Una visión global de toda la Torá

Una visión global de toda la Torá
por Rav Mordejai Becher

Una visión global de los libros que conforman la Torá Escrita y la Ley Oral


La palabra “Torá” en un sentido estricto, se refiere a los Cinco Libros de Moshé. Sin embargo, en un sentido amplio la Torá incluye toda la Ley escrita (Tanaj) y toda la Ley Oral (Mishná, Talmud, Midrash). En su sentido amplio, Torá se refiere a todo el cuerpo de escrituras y pensamiento judío, incluyendo las obras de los comentaristas a lo largo de los siglos.

LA LEY ESCRITA

Los Cinco Libros de Moshé – Torá

1. Génesis – Bereshit

Bereshit significa “en el comienzo”. Aquí se habla de la creación, de Adam y Javá, el diluvio, los patriarcas y las matriarcas del pueblo judío, y termina con el descenso de Iaakov y su familia a Egipto. También contiene el mandamiento de la circuncisión, la promesa de Dios a Abraham de que recibiría la Tierra de Israel y que sus descendientes serían una gran influencia positiva sobre todo el mundo.

2. Éxodo – Shemot

Shemot significa “nombres”, y se refiere a los nombres de los judíos que entraron a Egipto con Iaakov. Aquí leemos sobre el exilio, la esclavitud y el sufrimiento, la vida de Moshé y sus primeras profecías, las Diez Plagas y el Éxodo. También se describe la revelación en el Monte Sinaí, donde los judíos recibieron los Diez Mandamientos, la Torá Escrita y la Torá Oral. El Libro de Éxodo termina con la construcción del Tabernáculo (el Mishkán), un Templo transportable que contenía el Arca Sagrada, donde estaban las Tablas de la Ley.

3. Levítico – Vaikrá

Vaikrá significa “Él llamó”. Dios llamó a Moshé y le informó en detalle las leyes relativas a las festividades, a los cohanim y el servicio en el Templo. Gran parte del código judío de moralidad, ética y caridad aparece en Vaikrá, incluyendo el famoso mandamiento de “Ama a tu prójimo como a ti mismo” (Levítico 19:18).

4. Números – Bamidbar

Bamidbar, “en el desierto”, detalla los viajes, las batallas y las dificultades de los judíos durante sus 40 años de travesía por el desierto después del éxodo. Registra un censo de las tribus, el puesto de cada tribu cuando acampaban y cuando viajaban, la rebelión de Koraj y lo que ocurrió cuando enviaron espías a Israel. Bamidbar culmina con la captura de la Banda Oriental del Río Jordán (Iardén) y el subsecuente asentamiento de las tribus de Reubén y Gad.

5. Deuteronomio – Devarim

Devarim, “palabras”, trae el discurso de Moshé al pueblo judío antes de su muerte. Esta despedida profética incluye reprimendas, aliento, advertencias y profecías. En ella se explican muchos mandamientos que sólo tendrán aplicación en la Tierra de Israel y que gobiernan la interacción con otras naciones. También se entregan nuevos mandamientos, muchos de los cuales conciernen a las cortes y al sistema de justicia. Después de su despedida, Moshé escribió 13 copias completas de la Torá, entregó una a cada tribu y colocó una en el Arca sagrada. Los Cinco Libros culminan con la muerte del “mayor de los profetas” y “el más humilde de los hombres”, Moshé.

Profetas – Neviim

PRIMEROS PROFETAS

6. Josué – Iehoshúa

El primer libro de los Profetas continúa desde el momento de la muerte de Moshé, con el nombramiento de Iehoshúa como el nuevo líder de la nación. Aquí se relata la batalla de Jericó, la conquista y subsecuente división de la Tierra de Israel, y se detallan las guerras con los canaanitas. Termina con la exhortación de Iehoshúa al pueblo para que permanezcan unidos al servicio de Dios.

7. Jueces – Shoftim

El Libro de los Jueces detalla la historia posterior a la era de Iehoshúa hasta los primeros reyes. Los Jueces gobernaron al pueblo en lo relativo a la ley civil y criminal, la práctica judía y los asuntos políticos y militares. El tema del libro es que cuando el pueblo judío se mantiene leal a Dios, disfruta de tranquilidad. Cuando se debilitan, son oprimidos por invasores hasta que se arrepienten y un Juez elegido por Dios los libera del enemigo. Entre los numerosos jueces se encuentran Guidón, Shimshón (Sansón) y Deborá.

8. Samuel – Shmuel

Este se divide en dos libros: Shmuel I y Shmuel II. Shmuel nació en respuesta a las plegarias de una mujer estéril, Janá, y desde pequeño sirvió en el Tabernáculo bajo la guía del Gran Sacerdote Eli (quien también fue el último de los jueces). Shmuel fue uno de los mayores profetas. Siguiendo el mandato de Dios, Shmuel ungió a Shaúl (Saúl) como el primer rey de Israel, y eligió a David como el reemplazante de Shaúl cuando él falló en destruir al enemigo amalequita. Aquí se relata la vida del Rey David, el más famoso de los monarcas de Israel, incluyendo su enfrentamiento con Goliat, el filisteo; su lucha con el rey Shaúl y la rebelión de su hijo Abshalom. David fue tanto un guerrero como un poeta y es conocido como el “Dulce cantor de Israel”. Los Salmos de David (Tehilim) escritos a lo largo de su vida de pruebas y tribulaciones, han brindado esperanza e inspiración a millones de personas en todo el mundo. Un descendiente del Rey David está destinado a ser el Mashíaj (Mesías).

9. Reyes – Melajim

Este libro está dividido en dos partes: Melajim I y Melajim II. Shlomó (Salomón), el hijo de David, reinó sobre Israel en una época de paz y prosperidad y construyó el Primer Templo. Al final de su reinado, los hijos de Shlomó Jeroboam (Ierovoam) y Roboam (Rejovoam), dividieron al país en los reinados de Judá (Iehudá) e Israel. El Libro de Reyes describe la historia de la nación y a quienes reinaron hasta la destrucción del Templo y el exilio de los judíos a Babilonia. El reinado de Iehudá fue dirigido en su mayor parte por reyes rectos, pero el reinado de Israel (que abarcaba a 10 tribus) fue dirigido exclusivamente por pecadores. Como consecuencia, el reino de Israel fue exiliado varias generaciones antes que Iehudá. De aquí surge el misterio de las Diez Tribus perdidas. Otros temas importantes del libro son las profecías de Elías (Eliahu) y Elisha, y la descripción de la forma en que Eliahu desacreditó a quienes idolatraban al Baal en el Monte Carmel.

PROFETAS POSTERIORES

10. Isaías – Ieshaiahu

Ieshaiahu predijo la destrucción del Primer Templo en vívidos detalles. Él es más famoso por sus profecías de consuelo y redención, las que se leen como Haftarot en los Shabatot posteriores a Tishá BeAv. La profecía de Ieshaiahu incluye el conocido versículo: “Transformarán sus espadas en arados… ninguna nación levantará su espada contra otra nación, y ya no estudiarán tácticas de guerra”.

11. Jeremías – Irmiahu

El Libro de Irmiahu advierte sobre la próxima destruición el Templo y registra la historia del período previo a esa tragedia. Irmiahu fue testigo de la destrucción y describe el terrible sufrimiento que tuvo lugar. Sus últimas profecías consuelan al pueblo judío en el exilio. Él les aconseja establecer raíces en Babilonia, pero al mismo tiempo prepararse para retornar a Israel. La inspiradora profecía de Irmiahu respecto a que “el sonido de festejo y alegría, las voces de la novia y del novio” volverán a escucharse “en las ciudades de Iehudá y en las calles de Jerusalem”, forma parte de la ceremonia de boda judía.

12. Ezequiel – Iejezkel

Iejezkel reprende al pueblo judío por sus fallas y le advierte que si no cambian su Templo será destruido. Él vio la destrucción del Templo y acompañó al pueblo en su exilio a Babilonia. Iejezkel ofreció la esperanza del retorno a Sión y la futura era mesiánica. La visión de Iejezkel de la “Carroza Divina” es la fuente principal de muchos escritos místicos judíos. Su libro concluye con la descripción del Tercer Templo sagrado, que será reconstruido en la era mesiánica.

13. Doce Libros breves de Profetas – Tri asar

Estos 12 Libros de Profetas fueron reunidos debido a su brevedad. Uno de los más famosos es Jonás (Ioná), en donde el profeta le advierte a la ciudad de Nínive sobre su inminente destrucción. El pueblo de Nínive se arrepiente y el decreto es anulado. Malaquías (Malaji) termina el Libro de los Profetas con una exhortación a seguir la Torá y una profecía de los tiempos mesiánicos, cuando “el corazón de los padres retornará a sus hijos, y el corazón de los hijos a sus padres”. Los 12 libros son:

  1. Oseas – Hoshea
  2. Joel – Yoel
  3. Amós
  4. Abdías – Ovadiá
  5. Jonás – Ioná
  6. Miqueas – Mijá
  7. Najum
  8. Habacuc – Jabacuc
  9. Sofonías – Tzefaniá
  10. Ageo – Jagai
  11. Zacarías – Zejariá
  12. Malaquías – Malaji

Hagiógrafos – Ketuvim

14. Salmos – Tehilim

El nombre hebreo de Salmos, Tehilim, significa “alabanzas”. Esto se refiere tanto al contenido como al propósito de este libro. Aquí el Rey David, junto con otros nueve autores que contribuyeron con Salmos individuales, da expresión a toda la gama de emociones y pensamientos humanos relacionados con Dios. A través de poesía y canto, los Salmos capturan el alma de la alabanza a Dios en todas las situaciones, tanto favorables como desfavorables. Gran parte de la liturgia, música y poesía judía se basa en los Salmos. Hay Salmos individuales que fueron entonados por los levitas en el Templo sagrado y en la actualidad forman una parte central del libro de plegarias judío (sidur).

15. Proverbios – Mishlei

Los Proverbios fueron escritos por el Rey Shlomó y contienen sus enseñanzas éticas y prácticas en la forma de proverbios. Este libro constituye la base de muchas obras posteriores de ética y trabajo sobre las cualidades personales.

16. Job – Iov

El Libro de Iov relata la historia de los sufrimientos de un hombre recto, Iov, y diversas respuestas a su sufrimiento. A través de los siglos, este libro fue una fuente de reflexión para algunos de los principales problemas filosóficos en el pensamiento religioso: el sufrimiento de los justos, la existencia del mal, la providencia Divina y el libre albedrío, y la forma en que funciona la justicia Divina.

LOS CINCO ROLLOS – JAMESH MEGUILOT

17. El Cantar de los Cantares – Shir Hashirim

Los Sabios describen a Shir HaShirim como el texto más sagrado de toda la literatura profética. Su autor, el Rey Shlomó, describe el amor entre el pueblo judío y Dios en la forma de un diálogo poético entre un hombre y una mujer. Hay muchos comentarios midráshicos y rabínicos que elucidan esta bella obra y explican las profundidades de las alegorías utilizadas por el Rey Shlomó. Esta obra se lee en la sinagoga en Pésaj, cuando Dios designó a Israel como Su pueblo.

18. Rut

Este libro cuenta sobre una mujer moabita, Rut, y Naomí, su suegra judía, que vivieron durante el período de los Jueces. Debido a una grave hambruna, Naomí y su familia partieron de la Tierra de Israel y se instalaron en Moab. Cuando su esposo y sus hijos fallecieron, Naomí decidió regresar a su patria y alentó a sus nueras moabitas a que regresaran con sus familias. Pero Rut insistió en acompañar a Naomí de regreso a Israel. Rut se convirtió al judaísmo y luego se casó con Boaz, el líder de esa generación. Ella tuvo un hijo, que fue el abuelo del Rey David. Por lo tanto, Rut es la matriarca de la dinastía real de David. Rut aceptó el judaísmo con la famosa frase: “Adonde tú vayas yo iré… tu pueblo es mi pueblo, y tu Dios es mi Dios”. Este libro se lee en la sinagoga en la festividad de Shavuot, el aniversario del fallecimiento del rey David.

19. Lamentaciones – Ejá

El profeta Irmiahu predijo y fue testigo de la destrucción del Primer Templo por los babilonios. En este libro, él lamenta la destrucción del Templo y de Jerusalem, la desolación de Israel y el exilio del pueblo judío. “Ejá” significa “cómo” y es el trágico lamento con el que comienza este libro y que se repite a menudo: “¿Cómo ha quedado solitaria la ciudad que estaba llena de gente? ¿Cómo se ha tornado viuda? Ella que era grande entre las naciones y princesa entre las provincias, ¿cómo se ha vuelto un vasallo?”. El Libro de Lamentaciones se lee en la sinagoga cada año en Tishá BeAv, cuando guardamos duelo por la destrucción del Templo sagrado.

20. Eclesiastés – Kohelet

Eclesiastés fue escrito por el Rey Shlomó, quien se refiere a sí mismo como Kohelet, el hijo de David. En este libro, el Rey Shlomó analiza la futilidad de la vida materialista y señala la frustración y el cinismo de alguien que vive sin una dimensión espiritual. Eclesiastés incluye el pasaje citado con frecuencia: “Todo tiene una estación, hay un tiempo para cada cosa debajo del cielo…”. El libro termina con un versículo que proclama el esencial mensaje sagrado del libro: “Habiendo sido todo escuchado, he aquí la conclusión del asunto: Teme a Dios y cumple Sus mandamientos, porque esa es todo el deber del hombre”. Eclesiastés se lee en la sinagoga en la festividad de Sucot.

21. Ester

El Libro de Ester, llamado así por la reina Ester, relata la historia de la celebración de Purim. La historia se desarrolla en Shushán, la capital de Persia en el año 360 AEC. Aquí se describe el plan de Hamán de aniquilar a los judíos y el milagroso giro de los eventos a través de los que nos salvamos. Aquí vemos como lo que parece ser una serie de “coincidencias” sin ninguna relación, fue un plan orquestado por Dios para lograr Su objetivo, enseñarnos a reconocer la Mano de Dios en lo que parecen ser eventos mundanos. Este libro se lee en público en Purim, y nos enseña a celebrar la festividad con alegría y caridad.

22. Daniel

Daniel, un joven de Iehudá con enorme belleza y sabiduría, fue capturado y llevado a Babilonia poco después de la destrucción del Primer Templo. Lo entrenaron para servir al rey Nebujadnetzar (Nabucodonosor). Allí el estableció las bases para la continuidad del estudio de la Torá y del judaísmo que luego hizo famosos a los judíos de Babilonia. El Libro de Daniel está escrito en arameo, el idioma de Babilonia. Contiene el famoso mensaje de “la escritura en la pared”, y describe a varios enemigos del pueblo judío utilizando la famosa metáfora de las cuatro bestias.

23. Ezra y Nejemiá

Los libros de Ezra y Nejemiá se consideran como un solo libro debido a que tienen el mismo autor (Ezra) y el mismo tema: el regreso de Israel de la cautividad en Babilonia. Aquí se describe en detalle el reasentamiento del pueblo judío en Israel y la construcción del Segundo Templo. Ezra instituyó las lecturas públicas de la Torá los lunes y los jueves además de la lectura habitual en Shabat (que fue introducida por Moshé).

24. Crónicas – Divrei HaIamim

Dividida en dos partes, Divrei HaIamim significa “los eventos de los días”. Aquí se detalla la genealogía de las principales figuras de la Biblia, desde Adam hasta Ezra, el escriba. Crónicas también es un resumen de la historia judía desde el comienzo del tiempo hasta la construcción del Segundo Templo.

LA LEY ORAL

Seis Órdenes de la Mishná – Shishá Sidrei Mishná (Shas)

Esta fue la primera codificación de la Ley oral. Fue redactada por Rabí Iehudá “HaNasí” (el príncipe). Él es conocido simplemente como Rebi, porque fue el primordial maestro y líder de la nación. La Mishná fue redactada durante el siglo II EC. A continuación mencionamos sus seis secciones, conocidas como tratados.

1. Semillas – Zeraim

El primer tratado (masejta) de este orden es Berajot (Bendiciones) que enseña las leyes de las bendiciones, las plegarias y el servicio en la sinagoga. Los otros 10 tratados discuten las leyes agrícolas que se aplican a la Tierra de Israel, así como algunas que se aplican fuera de Israel.

2. Épocas – Moed

Este orden se refiere a la santidad del tiempo. Contiene 12 tratados que hablan de Shabat, las festividades, las Altas Festividades, el calendario y los días de ayuno.

3. Mujeres – Nashim

Este orden trata sobre la santidad de la relación masculino-femenina. En sus siete tratados se discuten las leyes de matrimonio y divorcio, el contrato de matrimonio (ketubá), incesto y adulterio, promesas y su anulación y matrimonios de levirato (ibum y jalitzá).

4. Daños – Nezikim

Aquí se habla de las leyes que gobiernan sobre los bienes de la persona. Sus nueve tratados discuten los daños y agravios; objetos perdidos y abandonados, ética comercial y leyes del intercambio, propiedad y herencia, jurisprudencia, gobierno y monarquía, leyes de evidencia, castigo y juramentos, la prohibición de idolatría y tener relaciones con paganos, y las leyes de dictámenes erróneos en la corte.

5. Santidad – Kodashim

Kodashim contiene 11 tratados. Analiza las leyes de las ofrendas en el Templo Sagrado, las leyes de la redención del primogénito, las donaciones al tesoro del Templo y las leyes de kashrut, el código de dieta judío.

6. Pureza – Taharot

Taharot trata sobre las leyes de pureza e impureza espiritual (tumá vetahará). Sus 12 tratados discuten las leyes de pureza familiar, impureza causada por la muerte y la enfermedad, y los diversos métodos para purificar a las personas y a los objetos. También se detallan las leyes, la estructura y el propósito de la mikve.

El Talmud

El Talmud (Guemará) es una compilación de las discusiones y las explicaciones de la Mishná. Esta obra voluminosa es la base de la ley civil y religiosa judía, de la ética, moralidad y de la interpretación de las Escrituras. Debido a que la opresión romana impidió el contacto entre los centros eruditos en Israel y Babilonia, cada país produjo su propia edición del Talmud.

El Talmud de Jerusalem (Talmud Ierushalmi) fue redactado en el año 350 EC por Rav muna y Rav Iosi en la Tierra de Israel. Contiene explicaciones de la Mishná, una sinopsis de las discusiones, preguntas y decisiones de las academias en Israel. Las leyes de agricultura de la Tierra de Israel se analizan en detalle. Está escrita en el dialecto hebreo-arameo de la época.

El Talmud de Babilonia (Talmud Bavli) fue redactado en el 500 EC por Ravina y Rav Ashi, dos líderes de la comunidad judía de Babilonia. Al igual que el Talmud de Jerusalem está escrito en el dialecto hebreo-arameo. Contiene explicaciones de la Mishná, legislación, costumbres, casos históricos y exhortaciones morales, una sinopsis de las discusiones de las grandes academias de Babilonia que florecieron durante más de 300 años. El Talmud de Babilonia tiene la ventaja de tener un poco más de autoridad, porque fue escrito posteriormente. Por eso comúnmente es más estudiado y la expresión “estudiar Guemará” por lo general se refiere al Talmud Bavli.

Midrash

Midrash es un término genérico para un grupo de aproximadamente 60 colecciones de comentarios rabínicos, historias, metáforas y ensayos éticos organizados de acuerdo con los Libros de la Torá, los Profetas y los Hagiógrafos. También incluye varios comentarios sobre las letras del alfabeto hebreo. La mayoría de los Midrashim datan del tiempo de la Mishná y la Guemará. Muchos de los autores del Midrash aparecen en la Mishná y viceversa. Muchos de los conceptos y comentarios centrales del Midrash forman parte de la tradición oral del Sinaì.

Las colecciones más famosas son el Midrash Rabá, Midrash Tanjuma, Sifri, Sifra, Mejilta y Ialkut Shimoni.

Con respecto al Midrash, el Maharal de Praga escribió: “La mayoría de las palabras de los Sabios fueron en la forma de metáforas y analogías… a menos que ellos digan que una historia en particular no es una metáfora, debemos asumir que es una metáfora. Por lo tanto no debemos sorprendernos de encontrar en las palabras de los Sabios cosas que parezcan ilógicas o alejadas de la mente” (Beer HaGolá, Cuarto Beer, pág. 51).

Zóhar

El Zóhar fue escrito por los alumnos de Rabí Shimon bar Iojai, quien transcribió sus enseñanzas alrededor del año 170 EC en la Tierra de Israel. Allí se discuten los conceptos de la creación ex nihilo, la providencia Divina y sus mecanismos, el significado metafísico de los mandamientos de la Torá y la conexión entre lo físico y lo espiritual. Está escrito en arameo y sigue el orden de los Cinco Libros de Moshé. El Zóhar es el principal libro de la Cabalá, las enseñanzas místicas de la Torá.

Los Sabios y sus obras

LOS GUEONIM

El período de los Gueonim se extiende desde el 690 EC hasta el siglo XI. Los primeros Gueonim fueron los líderes de las academias en Babilonia. La mayoría de los Gueonim vivieron en Babilonia, Egipto o el Norte de África. Ellos escribieron responsa (respuestas de eruditos de la Torá a preguntas sobre la ley judía que formulan los expertos y las personas comunes y corrientes), así como breves comentarios sobre el Talmud. Entre los Gueonim más famosos se encuentran Rav Saadia Gaón, Rav Jai Gaón y Rav Sherira Gaón.

LOS RISHONIM (PRIMEROS ERUDITOS)

El período de los Rishonim comienza aproximadamente en el siglo XI EC y se extiende hasta el siglo XV. Entre los Rishonim más famosos se encuentran:

Rashi: este nombre es la sigla formada por las primeras letras de Rav Shlomó Itzjaki, un erudito francés que nació en 1040. Él es el más famoso y prolífico de los comentaristas medievales. Rashi escribió comentarios sobre los Cinco Libros de Moshé, los Profetas, los Hagiógrafos, la Mishná, la Guemará y el Midrash. Sus obras conforman una parte tan esencial de la literatura judía que el Código de la Ley Judía considera obligatorio que cada judío estudie todas las semanas la Torá con el comentario de Rashi.

Tosafot: literalmente significa “adiciones” y se refiere a los comentarios sobre el Talmud escritos por un grupo de escuelas de eruditos entre el siglo XIII y el XV. La mayoría de estos eruditos vivieron en Francia, Alemania e Inglaterra y los cuatro maestros y líderes principales de estas escuelas fueron nietos de Rashi. Estos comentarios se encuentran en la página de todas las ediciones estándar del Talmud.

Rif: una sigla de Rav Itzjak Alfasi, es decir Rav Isaac de Fez (Marruecos). El Rif vivió entre 1013-1103 y escribió uno de los primeros tratados legales judíos. Él condensó el Talmud, dejando de lado gran parte del debate y otras partes no aceptadas como ley (halajá). Por lo tanto su condensación es la base de gran parte de la codificación de la ley judía.

Rosh: las iniciales de Rabenu Asher, es decir “nuestro maestro Asher”. Vivió de 1250-1327 en Alemania y eventualmente se convirtió en el líder de la comunidad judía en España. Es más conocido por su codificación de las partes legales del Talmud en un estilo que combina las discusiones de los Tosafot y la codificación del Rif.

Maimónides: o Rav Moshé ben Maimón, conocido también como el Rambam. Fue uno de los primeros codificadores de la ley judía. Su obra de 14 volúmenes, Mishne Torá cubre todas las leyes, creencias y prácticas judías. Nació en España en 1135 y vivió la mayor parte de su vida en Egipto. También murió en Egipto en 1204, aunque está enterrado en Tiberias, Israel. Sus obras incluyen el Libro de las Mitzvot, donde enumera y explica todos los 613 mandamientos; la Guía de los Perplejos, una filosofía completa del judaísmo, y muchas cartas y responsa. También fue un médico famoso y escribió numerosos tratados de medicina.

Najmánides: Rav Moshé ben Najmán, también conocido como el Rambán. Nació en España en 1195, donde vivió la mayor parte de su vida y falleció en la Tierra de Israel, tras haber inmigrado. Najmánides escribió comentarios sobre los Cinco Libros de Moshé, el Talmud y varios libros del Tanaj. Es considerado uno de los mayores cabalistas y su comentario sobre la Torá contiene muchas ideas místicas.

Rashba: las iniciales de Rav Shlomo ben Abraham ibn Aderet, es decir Rav Salomón hijo de Abraham hijo de Aderet. El Rashba vivió de 1235-1310 y fue alumno de Najmánides. Escribió comentarios sobre el Talmud, varias obras sobre la ley judía y envió miles de respuestas a judíos que lo consultaros prácticamente sobre todos los temas del judaísmo. Vivió en Barcelona y fue el líder de todos los judíos de España.

AJARONIM (ERUDITOS POSTERIORES)

El período de los Ajaronim comienza aproximadamente en el siglo XV EC y se extiende hasta los tiempos contemporáneos. Entre los Ajaronim más famosos se encuentran:

  • Rav Moshé Karo y Rav Moshé Isserless, autores del Código de la Ley Judía.
  • Rav Eliahu, el Gaón de Vilna
  • Los maestros jasídicos: El Baal Shem Tov, Rav Levi Itzjak de Berdichev y Rav Shneur Zalman de Liadi.

En los últimos 150 años el estudio de la Torá y de las regulaciones halájicas se vio enriquecido por Rav Jaim Soloveichik, Rav Israel Meir Kagan, conocido como el Jafetz Jaim y Rav Moshé Feinstein, por nombrar a unos pocos. Estos eruditos escribieron comentarios sobre el Talmud y sobre la Ley Escrita, obras de filosofía y ética y responsa.

EL CÓDIGO DE LA LEY JUDÍA (SHULJÁN ARUJ)

Shulján Aruj significa “la mesa servida”, porque allí se presenta la ley judía de forma sistemática. Contiene cuatro secciones:

1. Oraj Jaim – leyes de la práctica cotidiana, Shabat y festividades

2. Ioré Deá – leyes de kashrut, duelo, pureza familiar, promesas, circuncisión, rollos de la Torá y conversión

3. Joshen Mishpat – leyes de negocios, finanzas, contratos, jurisprudencia, ofensas y daños.

4. Even HaEzer – leyes del matrimonio y del divorcio

El Shulján Aruj fue escrito en Tzefad aproximadamente en el año 1560 EC por Rav Iosef Karo, un erudito sefaradí. Las ediciones actuales también contienen las regulaciones y los comentarios concurrentes de Rav Moshé Isserles de Cracovia, respecto a las costumbres de los judíos europeos (ashkenazim).

LITERATURA DE RESPONSA (SHEELOT UTESHUVOT)

Responsa son las respuestas de los eruditos de Torá a preguntas sobre la ley judía formuladas tanto por personas comunes como por expertos. Estos eruditos aplican la ley y la filosofía del judaísmo a las circunstancias cambiantes de la vida judía; a las innovaciones tecnológicas y sociales; a temas médicos y a otros aspectos de la vida contemporánea. La literatura de responsa provee una visión sobre el funcionamiento de la ley judía y revela las preocupaciones de judíos de todo el mundo a través del tiempo.

Segun tomado de, https://www.aishlatino.com/judaismo/la-tora/Una-vision-global-de-toda-la-Tora.html?s=hp7

 
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Posted by on August 23, 2020 in Uncategorized

 

Elul: Tiempo de cercanía

por Rebetzin Tziporah Heller

Elul: Tiempo de cercanía

Con solo 30 días por delante antes de Rosh HaShaná, elul es una época de amor, anhelo, reconciliación, perdón y retorno.


“¡Recuerda!, ¡sólo 30 días más de compras!”.

Los últimos días de noviembre eran días mágicos en nuestra “Tierra Natal”. Yo nunca arriesgué mi vida yendo de compras a Filenes que, en aquella época, existía sólo en Boston. Macy’s aún era el sitio de muchas experiencias “cercanas a la muerte” para aquellos que disfrutaban de la inyección de adrenalina de una buena oferta. La tentación era constante y repetitiva. “¡Sólo por hoy, señoras y señores! ¡Sí! ¡Hoy!”, era una frase típica de apertura de una rebaja de 10% en calcetines. Todo terminaba con año nuevo, dejando muy poco a su paso, además del desalentador regreso a enfrentar la rutina de adormecer el alma como de costumbre.

Todo es diferente cuando el mes judío de elul llega. También es 30 días antes del “gran día”, que en este caso es Rosh HaShaná. No es una época en la que luchamos por conseguir un balance entre las compras y el agotamiento. Es una época de amor, anhelo, reconciliación, perdón y retorno.

¿Qué significa “retorno” realmente? ¿A qué queremos retornar? Irmiyahu proclamó, “Retorna, doncella de Israel, retorna a estas, tus ciudades” (Irmiyahu 31:20). Somos comparados a una doncella que finalmente puede retornar a su prometido, a un exilio del cual se puede retornar a una tierra reconstruida, que antes estaba vacía y desolada.

Nadie puede retornar a un lugar en el que nunca estuvo antes. ¿Hemos sentido realmente cercanía a Dios y hemos anhelado su presencia así como una novia anhela a su amado? ¿Nos hemos identificado tan fuertemente con el destino del pueblo judío, que nuestros logros personales no pueden proveernos con satisfacción suficiente para apaciguar el dolor nacional que sentimos por no ser lo que estábamos destinados a ser como pueblo?

Para muchos de nosotros la respuesta es el silencio. Y para muchos hay momentos de belleza y conexión que desearíamos duraran para siempre. Hay momentos en los que nos sentimos totalmente conectados al pueblo judío como un todo, escuchando las noticias ansiosamente. ¿Cuántos misiles desde Gaza? ¿Conozco a alguien en Ashdod? ¿Qué puedo hacer para ayudar?

Microcosmos de cuerpo y alma

La diferencia en la manera en que nos relacionamos con elul y la manera en que nos relacionamos con finales de noviembre es un microcosmos de la manera en que nos relacionamos con nuestro cuerpo y nuestra alma. El cuerpo quiere adquirir, comprar más y más. El alma quiere conexión, más y más profunda.

La gran ilusión de la vida es que el cuerpo (que intelectualmente nosotros reconocemos como mortal) se siente real y permanente. Y por otra parte, el alma (que todos sabemos que es infinita, porque es parte de Dios), se siente vagamente ya que es intangible.

Nuestros sabios nos dicen, “Un momento de ‘retorno’ y buenas acciones en este mundo, valen más que toda la vida en el mundo venidero” (Pirkei Avot 4:17). Este es el mundo de enormes oportunidades espirituales. Es el escenario perfecto para ponernos a prueba, mientras nuestras pasiones y celos arden dentro de nosotros. Cada victoria tiene un profundo impacto en nuestra conexión con Dios y con el hombre. En el sentido más profundo, nuestra autoestima se construye, ladrillo a ladrillo, cuando elegimos conquistar nuestra impulsividad y nuestros deseos. El problema es que somos muy miopes para ver la vista panorámica de esta batalla dentro de nosotros. Estamos muy ocupados batallando. Fallamos, una y otra vez. Dejamos que nuestros fracasos nos definan y erosionen nuestra fe en el hecho de que estamos luchando una batalla que es ganable. Con demasiada frecuencia nos sometemos a las órdenes de nuestro cuerpo y silenciamos los anhelos del alma. Nos damos por vencidos.

Una de mis pesadillas recurrentes es una en la que me veo a mí misma como una paciente en un asilo de ancianos. Estoy sentada cerca de una mesita en un gran salón con una TV, observando a nadie en particular. La cena, servida en una bandeja de plástico de color naranja intenso, está frente a mí. Mis últimas palabras antes de dejar este mundo son “Yo pedí pollo”.

Es decir: No el Shemá. No un adiós acompañado de bendiciones e instrucción moral. El ganador del trofeo es el cuerpo, que pronto será sepultado en la tierra, de la cual fue formado. En mi peor pesadilla, el alma es la que llega en segundo lugar de la carrera más importante que alguno de nosotros correrá alguna vez.

Lo que hace que todo sea aún peor, es que la luz del día no relega la pesadilla a las redes del pensamiento subconsciente; la temible visión es absolutamente posible. De hecho, el Talmud nos dice que no hay manera de que el alma gane la batalla si no es con la ayuda de su Creador.

Dios está cerca

En esta época del año, es cuando la cercanía a Dios es más tangible. Es como si un velo invisible, que nosotros diseñamos a través de malas decisiones, miedo y dolor, fuera removido milagrosamente. Elul es comparado a la época del año en que Dios, a modo de parábola, es comparado a un rey de carne y hueso que reside en su palacio y que es virtualmente inaccesible para la persona promedio. Sin embargo, una vez al año, el Rey abre sus puertas para conocer a su pueblo. Cualquiera puede acercarse al Rey para decirle lo que piensa en su mente y en su corazón, sabiendo que el Rey está ahí para escucharlo.

¿Cómo encontramos al Rey? Existen varias prácticas en elul para ponernos en sintonía con su poder.

1. Recitar Tehilim número 27.

Al Rey David —nos comenta el Talmud— le fue entregada algo de la vida de Adán. Por lo tanto, de la misma manera que Adán, su alma es un compuesto de todas las almas que serán depositadas alguna vez en algún cuerpo. El libro de los Salmos nos entrega palabras que tocan la esencia de cada experiencia humana posible, desde el ángulo más profundo posible. El Salmo 27 es uno de los Salmos que nos ayuda a resolver el conflicto entre nuestro cuerpo y nuestra alma. El primer verso lo dice todo, “Dios es mi luz”. Esto significa que Él no sólo creó el mundo físico, sino que nos guía a través de él con Su luz. Así como encender una luz en un cuarto oscuro ayuda a que un niño reconozca que tigres y leones son sólo sábanas y almohadas, similarmente, podemos dejar que la luz de Dios remueva nuestros más profundos temores, tristezas y limitaciones.

2. Recitar Selijot.

Selijot son plegarias que comienzan en elul (los Sefardíes comienzan el 1ro de elul, mientras que los Ashkenazies comienzan al final del último Shabat) y continúan hasta Iom Kipur. El tema principal de las Selijot son los 13 Atributos Divinos de Misericordia. Dios reveló su verdadera naturaleza a Moisés cuando él pidió conocer a Dios en la máxima medida que un mortal puede conocerlo.

Finalmente Dios es conocible. Nuestra capacidad de conocer está limitada por el hecho de que vivimos en el tiempo lo cual distorsiona nuestra percepción de la realidad. Somos físicos y tenemos vidas cortas, y tenemos enorme subjetividad emocional. Como Dios es misterioso y trascendental, tratamos de achicarlo, por así decir, para que parezca más asequible. La peor manifestación de esto fue la construcción del becerro de oro. Moisés quería palabras que le dieran al pueblo judío acceso a Dios en la medida de lo humanamente posible.

Cada uno de los 13 atributos existe dentro de nosotros también. Cuando nos unimos como grupo y proclamamos estos atributos en voz alta, así como lo hacemos en el servicio de las Selijot, afirmamos lo que Dios es y lo que nosotros somos. Esto tiene tal fuerza que el Talmud nos dice que los atributos siempre generan cambio.

Aquí hay una breve reseña de los atributos y de su significado:

1-2. “Dios, Dios” (las cuatro letras Yud-Kei-Vav-Kei):

Dios nos está diciendo que no cambia. Tiene compasión infinita por nosotros antes y después de que pequemos, sabiendo que somos sólo humanos, y cuando fallamos por culpa de nuestra humanidad Él está abierto a nuestros deseos de cambiar y a nuestro retorno. Por esta razón, su nombre que significa “Ser”, es invocado dos veces, una por antes y una por después de nuestra caída y retorno.

3. “La fuerza”:

A diferencia de la compasión humana que está limitada por nuestra paciencia y fragilidad, la compasión Divina es comparable a una fuerza inalterable”.

4. “Quien es piadoso”:

El le da a los “pobres”; a nosotros que somos pobres espiritualmente.

5. “Y lleno de gracia”:

Él da libremente y en abundancia.

6. “Él es paciente”:

Dios nos da tiempo de cambiar, y tenemos que soportar el sufrimiento, para cambiar de dirección, Él da sólo en la medida que la situación individual de la persona demanda.

7. “y tiene mucha bondad”:

Dios elige juzgarnos favorablemente cuando nuestras motivaciones son ambiguas.

8. “y verdad”:

Incluso si alguien ha cometido muchos errores y ha hecho cosas terribles. Dios todavía lo recompensará por el bien que ha hecho.

9. “Crea bondad para miles de generaciones”:

Fortalece las fuerzas del bien para que duren para siempre. Un ejemplo de esto es que literalmente todos los que están vivos hoy en día son afectados por el bien que Abraham, nuestro antepasado, hizo en su vida.

10. “Lleva los pecados del deseo”:

Dios permite que los pecados actúen como un trampolín para llevar a una persona a un nivel más alto de lo que podría haber logrado sin el arrepentimiento. Un ejemplo de esto es una persona que decide comenzar a respetar leyes de cashrut, y es tentado cada vez que pasa por un restaurante no casher.

11. “Y los pecados de la rebelión”:

Incluso cuando una persona tiene el ego tan grande que siente una necesidad de controlar o atacar toda ley humana o Divina, si se abre a sí mismo, Dios ampliará su visión lo suficiente como para ver más allá de los límites de su ego.

12. “Y pecados de negligencia”:

Cuando la fuente del pecado es una pasiva, despreocupada y alienada relación con la vida, y esta fuente es siempre la desesperación que viene de pensar, “Nada de lo que hago maraca una gran diferencia de todos modos”, Dios le dará el mejor regalo de todos – la esperanza – cuando hay voluntad de asumir la responsabilidad. Esto es cierto incluso si la actitud subyacente ha estado allí durante años.

13. “Y limpia”:

Incluso la insensibilidad que aparentemente es el resultado inevitable del desarrollo de malos patrones de respuesta frente a la vida y a otras personas, literalmente, puede desaparecer a través de la teshuvá, el arrepentimiento.

Cuando somos el reflejo de estas características frente a todas las personas imperfectas en nuestras vidas (es decir, todo el mundo incluidos nosotros mismos), encontramos la divinidad que está latente en todos nosotros, y fortalecemos su voz.

Cuando hacemos nuestro mejor esfuerzo para cambiar, debemos hacer una evaluación honesta de lo que somos, y de las decisiones que nos llevaron a ser de esta manera. Si hacemos esto honestamente, nos daremos cuenta de que hemos cometido errores.

El primer paso para el cambio es confesar lo que hicimos mal a Dios. Ninguna persona debe estar involucrada. Nadie puede otorgar claridad espiritual, nadie puede borrar el daño espiritual y emocional. El segundo paso es reconocer que todas las malas decisiones son en última instancia perjudiciales, y debes darte permiso para sentir remordimiento. El tercer paso es hacer cambios prácticos de comportamiento.

Si los pecados afectan a otras personas, entonces hay dos pasos adicionales. El primero es restitución material, en caso de que exista la posibilidad (por ejemplo, devolver el dinero que sabes que no es tuyo si te guías a través de las normas de la Torá), y la segunda es lograr la reconciliación pidiendo perdón.

Asegurémonos de utilizar el mes de elul correctamente, así, dejemos que nos lleve a vivir con autenticidad, y a sentir una mayor apertura, amor y perdón.

Según tomado de, https://www.aishlatino.com/h/rhyik/e/56093172.html?s=mm

 
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Posted by on August 21, 2020 in Uncategorized

 

On Simplicity

By Adin Even-Israel (Steinsaltz)

The first letter of the word tamim – the letter tav – in the verse “Be wholehearted (tamim) with God your Lord” (Deut. 18:13) is traditionally written in Torah scrolls larger than the other letters of the word. Rabbi Naftali of Ropshitz, who was known to joke at his own expense, and even more so at the expense of others, once said that the reason for the large tav is so that there should be room inside it for everyone, so that no one should consider himself too big and great to fit into this wholeheartedness.

What does it mean to “Be wholehearted with God your Lord”? It is not so simple to determine what type of person qualifies as tamim.

The first person to whom this attribute is assigned is Jacob, who was a “wholehearted man (ish tam) who stayed with the tents,” unlike Esau who was “a skilled hunter” (Gen. 25:27).

The designation ish tam is so closely identified with Jacob that the great Tosafist Rabbeinu Tam was given this name because his first name was Jacob. We generally envisage an ish tam as a type of lowly creature, a pale young man, an idler, who sits in the tent and does not know how to perform even the simplest of tasks. Yet from the Torah’s account, Jacob does not seem to fit this description at all. He is not simple and naïve; on the contrary, the Talmud says that when Jacob met Rachel and told her that he was her father’s brother, he said to her, “I am his brother in deception” (Bava Batra 123a). Sure enough, Jacob uses this craftiness to ultimately emerge unharmed by Laban.

In modern Hebrew, a tamim is a naïf, a person whose mental capacities may be lacking in some way. But this is not the plain meaning of “Be wholehearted with God your Lord” and of the word tamim as it generally appears in the Torah. Rather, the Torah speaks of temimut in the sense of wholeness and wholeheartedness.

This distinction can be seen by considering the context of our verse. Moses tells the People of Israel that if they want to know the future, they must not be like all the other nations who “listen to astrologers and diviners” (Deut. 18:14). Rather, they must “be wholehearted with God your Lord” – be completely with Him. When people want to see something that is hidden from them, some will attempt to see the concealed item by straying outside stealthily. King Saul, for example, reasoned that if he could not know the future – neither via the Urim and Thummim nor via the prophets – he will go outside the Torah’s framework and visit the woman who consults ghosts. When something is interesting and intriguing enough, it is very tempting to go outside to get a glimpse.

“Be wholehearted with God your Lord” means that we must be wholly with Him, just as Chamor and Shekhem described Jacob’s family to their fellow townsmen: “These people are completely with us” (Gen. 34:21).

To be wholehearted with God your Lord means to be completely in God’s domain and not to go outside to get a glimpse of the future. As such, temimut is truly a simple matter. It is the simplicity of one who lives within a world of wholeheartedness.

The Ability to Accept

Another difference between the tamim and the non-tamim is the ability to immediately accept new things, whether it is another person, idea, or subject, without constantly asking if perhaps the opposite is the case.

Temimutis measured by a person’s initial reaction: Does he immediately block out everything that he encounters, or does he come with the willingness to listen and accept? After the initial acceptance, there is certainly room for investigation and examination, study and search, and sometimes one in fact discovers that the thing in question must be rejected. But one’s initial reaction is what determines if one is a tamim or not.

Rashi comments that an ish tam is “one who is not sharp in deceiving.” Some explain that the reference is not to one who does not know how to deceive or does not understand what deception is; rather, “sharp in deceiving” refers to one whose first thought is how to get the best of the other person: “You do not trust others because you yourselves are untrustworthy” (Is. 7:9).

The Midrash relates that when God offered the Torah to the Ishmaelites, they asked, “What is written in it?” whereas the People of Israel immediately said, “We will do and [then] hear” (Mechilta DeRashbi, Ex. 20:2). The Talmud cites the words of a certain sectarian: “You are a rash people, who gave precedence to your mouths over your ears [when you said ‘We will do and (then) hear’].” Rava answered him: “We, who walk in integrity, of us it is written, ‘The integrity of the upright will guide them.’ But of you, who walk in perversity, it is written, ‘but the perverseness of the faithless will destroy them’ (Prov. 11:3)” (Shabbat 88a–b).

This is exactly the essence of temimut: A tamim is one who immediately says, “We will do and then hear,” rather than always making sure to first ask what is written.

Does this mean that it is easier for Jews to fulfill the Torah than it would have been for the Ishmaelites or the Edomites? One could argue just the opposite: It is true that the Ishmaelites could not accept “Do not commit adultery” and the Edomites could not accept “Do not murder” (Ex. 20:13), but the Jewish people had difficulty accepting all Ten Commandments, from beginning to end. Nevertheless, the Jewish people’s approach was that because the Torah came from God, it was their responsibility to accept it before delving too deeply into the details. If there are problems later on, they can be dealt with, with the necessary struggle, coping, and reckoning, internally and externally.

The difference between Israel and the nations is the difference between temimut and the sense that everything must be investigated. It is the willingness to accept a thing as it is, without feeling the need to first dismantle it, extract the inner mechanism, and see how it works, and only then consider whether to accept it.

A Complex World

When one loses the ability to see something new and simply go with it – whether because of one’s own personality, the society in which he lives, or the education that he received – this is a poisonous way to live one’s life. Such a person will never again be able to see things in a straight way. This actually happens to some people. They reach a state where they assume that behind every smile lurk dark thoughts. They lose the simple ability to recognize and accept the good in things.

It is difficult to be tamim. Perhaps it is easy for one who has never suffered disappointments in his life. For someone who has never been kicked from behind, it is easier to relate to people according to the expressions on their faces. He feels much more comfortable with people; if someone smiles at him, he smiles back. The problem exists primarily with those who have already encountered dishonesty in interpersonal relationships. Yet even these people are charged with maintaining their temimut, and this is not easy at all.

Part of what people learn in the course of their lives, for better or for worse, is that the world is complex, and not everyone is the same inside and out. Despite the need to live one’s life with temimut, this, too, is an experience that one must learn: Although not everything that appears unpleasant on the outside is unpleasant on the inside, and although not everything that seems frightening should actually cause alarm, the reverse is also true; not every nice thing is actually as nice as it appears. However, sometimes people take this distrust too far, and are no longer able to accept anything at face value.

After Adam ate from the Tree of Knowledge, he may have wanted to spit it out, because he probably discovered immediately that the pleasure of knowledge is accompanied by much pain. What is difficult and tragic is that once man tastes the fruit, after the slightest lick from the Tree of Knowledge, it is very hard to spit it out.

A righteous Jew once came to see his rebbe and said to him, “When I pray, I see facing me letters of fire.” The rebbe informed him that the letters represent the contemplations of the Ari on the prayers. The Jew replied, “Rebbe, I would prefer not to see those letters, and to pray with the intention that I used to pray with.” The rebbe answered, “In order to study the contemplations of the Ari and yet not see those letters, one must be on a much higher level than yours.”

What, then, can be done? According to the Responsa of the Rivash (No. 157), Rabbi Shimshon from Kinon used to claim that he prayed with the mentality of a young child, that is to say, with the same temimut or simplicity that a young child has. Rabbi Shimshon of Kinon, author of Sefer HaKeritot on the rules of Talmud, was one of the greatest rabbis of his generation, and part of his greatness was that after all that he knew and heard, he was able to pray “with the mentality of a young child.”

Nowadays, prayer requires spiritual effort that in earlier generations was not as necessary. One’s spiritual work in prayer is not just to remove distractions or extraneous thoughts, but that people cannot relate to the matter of prayer itself; rather, they feel that they must conduct all sorts of analyses of prayer. Nowadays, when one wants to have proper intention in prayer, he must conduct linguistic, historical, and philosophical analyses, and even esoteric or exoteric analyses, and cannot accept the prayer as it is. He cannot contemplate the Selach Lanu blessing without debating whether the phrase mechol lanu follows the rules of grammar or not, and other such questions.

When one hears the blowing of the shofar, notwithstanding all the halakhic matters connected with it, one must remember the simple question, “Shall a shofar be blown in a city, and the people not be alarmed?” (Amos 3:6). The time of the blowing of the shofar is designed for this alarm, but instead of alarm, many people focus on how long the shofar blast lasted, whether the shevarim tones were satisfactory, and whether the shofar blower became confused and blew ten times instead of nine. It could be that when one heard the blowing of the shofar as a child, one experienced fear of judgment and fear of God. But now that one has grown up and studied the Shulchan Aruch, one experiences neither of those fears. Instead of the simple aspect of alarm inherent in the shofar blowing, it has turned into a science of shofar blasts. I can imagine that, even facing Mount Sinai, there was some wise and learned man who stood up and said, “Nu, how long was this shofar blast?” I am sure that there were several God-fearing people there who, when they heard the sound of the shofar “growing louder and louder” (Ex. 19:19), made sure to count how many seconds it lasted.

In a certain sense, after having already encountered so many individual, disjointed parts, it becomes very difficult to see the whole, the temimut. The Talmud expounds on the verse, “Attend (hasket) and hear, O Israel” (Deut. 27:9), saying, “First be silent (has) and only then analyze (kattet)” (Berachot 63b). First there is a stage of listening, of accepting. Only then is it time to discuss and analyze, to break down and reconstruct. If one engages only in analysis without retaining the ability to receive, the idea is no longer alive; it is only dissected parts.

A pathologist who performs autopsies often knows more about the human body than anyone else. However, in a certain sense he now knows less, in that he was never given the whole in its perfect form. All that he has to work with are dissected parts.

This is true of a vast array of things, ranging from faith to prayer. Integral to prayer is the appeal for the strength to serve God wholeheartedly. This is an ability that we generally have when we commit sins but less so when we perform mitzvot. When a person commits a sin, he does not consider how many prohibitions it entails, and how this sin is shameful and contemptible. While the sin is being committed, he has the ability to forget the sin itself and somehow to be wholly invested in the performance. One should pray for the ability to perform the mitzvot just as wholeheartedly, without all the surrounding considerations.

I began with Rabbi Naftali of Ropshitz’s comment on the tav of the word tamim – that at times it may seem that one is already a great man. It is good that the blowing of the shofar causes the eyes of children to fill with tears. But if one believes that he is a great, learned man, who has studied so much about the halakhot of shofar blasts, it is hard to imagine reacting this way. Yet what Rabbi Naftali of Ropshitz says is that even for such a great man, there is room for him to enter into temimut. Indeed, he is obligated to do just this.

“I Have Stilled and Quieted”

Each year, Parashat Shoftim is read close to Rosh Hashanah, and the nature of Rosh Hashanah is that it always arrives, whether I want it to or not. On this great day, the Day of Judgment and the Day of Remembrance, there is an aspect of “I have stilled and quieted” (Ps. 131:2). Indeed, on Rosh Hashanah the mitzvah is not to blow the shofar but “to hear the sound of the shofar” – to listen and to accept. The new beginning on Rosh Hashanah is significant because it sets the direction of one’s progress, and if one begins at a wrong angle, there is a higher chance of continuing this way in the future.

Rosh Hashanah is, without a doubt, a day of intense prayer. The custom on Rosh Hashanah is to read chapters of Psalms; indeed, many people read through the entire book of Psalms twice. One of the reasons for this is that if one must finish reading the entire book twice, one cannot do it with the contemplations of the Ari, nor even with the commentaries on the bottom of the page; one must read it as one reads a book – simply read and react. Sometimes there is a positive reaction and sometimes there is a negative reaction, but there is always a reaction.

Many learned, God-fearing Jews will not have time for all this. When these people read Psalms, they will likely not reach chapter 131, a chapter that demonstrates how to be truly wholehearted with God:

A Song of Ascents; of David. O God, my heart is not haughty, nor mine eyes lofty; neither do I exercise myself in things too great, or in things too wonderful for me. Surely I have stilled and quieted my soul like a weaned child with its mother; my soul is with me like a weaned child. O Israel, hope in God from this time forth and forever. (131:1–3)

Just as a young child sits with his mother even after he is weaned, a great and learned man can likewise sit this way in prayer, even after attaining vast amounts of knowledge and interpretations. When one faces God, “My soul is with me like a weaned child.”

As taken from, https://www.chabad.org/parshah/article_cdo/aid/4844636/jewish/On-Simplicity.htm

 
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Posted by on August 20, 2020 in Uncategorized

 

These days, serious Jews marry who they fall in love with

The claim that a Jew either cares about their heritage or marries a non-Jew is an outdated notion by those who have not studied intermarriage

Jewish umbrella group reprimands ZOA for insulting other members ...

Zionist Organization of America (ZOA) president Morton A. Klein (Joseph Savetsky/courtesy of ZOA)

“Serious Jews don’t marry non Jewish women,” Morton Klein tweeted on August 12, 2020. I do not personally know Klein, but his attack on Joe Biden’s vice-presidential pick Kamala Harris’s husband Doug Emhoff made me seriously question his credentials to lead anything in the twenty-first century, let alone the Zionist Organization of America.

Because I do not know Emhoff either, I have not had the pleasure of celebrating Shabbat together, as did Yosef Abramowitz. What I do know is that Klein is categorically wrong. Serious Jews do marry people of other faiths and/or cultural backgrounds. And I do not just mean the famous ones, as The Forward ably reported. I mean the members of our families, our closest friends, and our esteemed colleagues. I invite Klein to learn about contemporary intermarried Jews by reading my books about Jewish intermarriage as well as those by Helen Kim and Noah Leavitt, Jennifer Thompson, Jim Keen, Susan Katz Miller, Rabbi Denise Handlarski, Rabbi Michal Wohl and Jon Sweeny.

The more significant point from my perspective is that after Jews intermarry, they are still Jewish. Furthermore, intermarried Jews have become over time increasingly proactive about identifying Jewishly, involved in the Jewish community, and in educating their children (if they have them) as Jews. Jews fall in love with people of other faith backgrounds, marry them, and want to remain connected to the Jewish community despite the fact that comments like Klein’s makes them feel like their marital choice is finishing Hitler’s work, as an intermarried Jewish woman wrote in the Jewish Telegraphic AgencyKlein’s statement also fails to recognize the progress that segments of the Jewish community are making to be more inclusive of interfaith couples and families. The Conservative movement, which has historically struggled with how to navigate the tension between the rise of the intermarriage rate and traditional Judaism, devoted its biennial plenary session to discussing officiation and is making strides to help its synagogues serve all families by focusing more on interfaith inclusion than ever before.

What is most concerning about Klein’s erroneous assumption about intermarried Jews is, first, that it sets up a false dichotomy: either a Jew cares about their heritage or marries someone who is not Jewish. That idea is as outdated as Alan Dershowitz’s 1997 claim in his book The Vanishing American Jew: “A decision by a young Jewish man or woman to marry a non-Jew is generally a reflection of a well-established reality that their Jewishness is not all that central to their identity.” According to Dershowitz? Klein? To the best of my knowledge, neither Klein nor Dershowitz have studied the identities of intermarried Jews. Moreover, the latest demographic research about American Jews finds significant population growth, nearing 7 million, which is far from vanishing. Perhaps one can forgive Klein, a child of Holocaust survivors born to Hasidic Jewish parents, for being a product of the lachrymose narrative that dominated Jewish intermarriage discourse for a half century. But it is high time to recognize that the narrative has changed, finally catching up with reality, and that Jewish leaders need to change their tunes.

Second, and more importantly, Klein’s condemnation of intermarried Jews is a slight that in-married and intermarried Jews alike should find insulting because it underestimates the dual powers of American pluralism and Jewish identity. American pluralism enabled Jared Kushner, an Orthodox Jew, entry into the upper echelons of American society and eventually the White House, just as it fostered the election of a Black and Asian Senator who married a Jewish man. Granted, Klein’s idea of a “serious Jew” is evidently someone identical to him. However, what all of the recent social scientific studies about Jews make clear is that most American Jews are anything but like him (white, Orthodox, male, Trump supporter). They are incredibly diverse in Jewish upbringing, in physical appearance, in religious observation, in cultural practice, and in who they choose to marry—whether they choose to marry at all—and they consistently vote for Democratic candidates.

Leaders who want to encourage Jewish engagement of interfaith couples and families, like Doug Emhoff and Kamala Harris whose stepchildren call her mamale, know that words matter. Klein and like minded people in power denigrating Jews who have partners of other faith backgrounds perpetuate the idea that the Jewish community is incapable of celebrating its differences. Someone like Morton Klein who condemns anti-Semitism should realize that their bigotry towards Jews who are different from themselves is just another form of Jew hatred. We can do better. We must do better. As the former First Lady Michelle Obama eloquently said, “When they go low, we go high.”

Perhaps Klein deleted his tweet against Doug Emhoff shortly after posting it because he suddenly realized he knew not about whom he tweeted. If Klein actually learned about intermarried Jews while trying to convince other people not to disparage Jews, he would know that he should treat them as one should treat all Americans: like they were created in God’s image, which is serious indeed.

ABOUT THE AUTHORDr. Keren R. McGinity is the author of “Still Jewish: A History of Women and Intermarriage in America and Marrying Out: Jewish Men, Intermarriage, and Fatherhood.” She is the founding director of the Love & Tradition Institute, which is dedicated to opening hearts and broadening minds about intermarriage to build a fully inclusive Jewish community.

As taken from, https://blogs.timesofisrael.com/these-days-serious-jews-marry-who-they-fall-in-love-with/?utm_source=The+Daily+Edition&utm_campaign=daily-edition-2020-08-19&utm_medium=email

 
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Posted by on August 19, 2020 in Uncategorized

 

Arabs Are Fed Up With the ‘Ungrateful’ Palestinians

by Khaled Abu Toameh

  • “It is stupid to burn my country’s flag and want me to salute you.” — Dr. Waseem Yousef, Emirati academic, on Twitter.
  • “When I see the flag of my country being burned by some Palestinians because of the peace treaty with Israel – I apologize to every Israeli man if I offended him in the past.” — Dr. Waseem Yousef.
  • “Imagine that in just 17 years, Saudi Arabia paid [the Palestinians] $6 billion and the UAE $2.5 billion. This means that in 40 years, we are talking about no less than $20 billion. I expect that had we spent this money on Israel, its people would have converted to Islam.” — From a UAE-affiliated account on Twitter.
  • The Palestinian leaders’ strong condemnation of the UAE and other Arab states that support normalization with Israel has also driven many Arabs to raise the issue of financial corruption of the Palestinian leadership. Some Gulf citizens pointed out that the personal fortunes of Hamas leaders Ismail Haniyeh and Khaled Mashaal are worth at least $9 billion, while others claimed that Mahmoud Abbas’s personal wealth is estimated at $200 million.
Scenes of Palestinians burning and trampling flags of the United Arab Emirates (UAE) and pictures of its de facto ruler, Crown Prince Mohammed Bin Zayed, have sparked a wave of protests in a number of Arab countries. Pictured: Palestinians in Ramallah burn pictures of Bin Zayed and Saudi Crown Prince Mohammed bin Salman, on August 15, 2020. (Photo by Abbas Momani/AFP via Getty Images)

Scenes of Palestinians burning and trampling flags of the United Arab Emirates (UAE) and pictures of its de facto ruler, Crown Prince Mohammed Bin Zayed, have sparked a wave of protests in a number of Arab countries. Their citizens are accusing the Palestinians of ingratitude, treason and hypocrisy.

The powerful reactions of many Arabs to the Palestinian campaign of incitement against the UAE — after its agreement establish relations with Israel — are yet another sign of the increased disillusionment in the Arab world with the Palestinians.

The message the Arabs are sending to the Palestinians is roughly, “We are fed up with you and your cause. You people are ungrateful, hypocritical and vindictive. Decade after decade, we pumped billions of dollars into your coffers — and now you have the arrogance to burn our flags and pictures of our leaders and hurl insults at us.”

As Emirati academic Dr. Waseem Yousef wrote on Twitter: “It is stupid to burn my country’s flag and want me to salute you.” In other posts, Yousef commented on the Israel-UAE deal: “When I see the flag of my country being burned by some Palestinians because of the peace treaty with Israel – I apologize to every Israeli man if I offended him in the past.”

Yousef also wrote: “The happiness of the Israeli people with the peace agreement shocked me. I was not expecting it – the peoples want peace”.

Most of the Arabs who feel offended and betrayed by the Palestinians are citizens of the UAE and Saudi Arabia who have taken to social media outlets and other platforms to express their disgust with the Palestinians and their Palestinian Authority and Hamas leaders in the West Bank and Gaza Strip.

Two popular anti-Palestinian hashtags that have been trending on Twitter in recent months are called: “To Hell With You And Your Cause” and “Palestine Is Not My Cause.”

The hashtags, managed by citizens of the UAE and Saudi Arabia, are basically telling the Palestinians that the Arabs are fed up with them and their failed leaders. The UAE and Saudi citizens are also using the social media posts to express outrage over the Palestinians’ growing incitement against several Arab states and their leaders, particularly concerning readiness of some Arabs to normalize their relations with Israel.

“Saudi Arabia and the United Arab Emirates were the most powerful supporters of Palestine,” noted one of the UAE-affiliated accounts on Twitter. “Imagine that in just 17 years, Saudi Arabia paid [the Palestinians] $6 billion and the UAE $2.5 billion. This means that in 40 years, we are talking about no less than $20 billion. I expect that had we spent this money on Israel, its people would have converted to Islam.”

“We spent on the Palestinians what is equivalent of the budgets of five African countries, and in the end they cursed us and accused us of being traitors,” replied another UAE-affiliated social media user, referring to charges by Palestinian leaders that the UAE has “betrayed Al-Aqsa Mosque, Jerusalem and Palestine” by agreeing to establish relations with Israel.

A number of Saudi and Emirati political activists and academics seized the opportunity to remind the world of the Palestinians’ previous meddling in the internal affairs of Arab countries, specifically Jordan and Lebanon.

The activists and academics reminded the Palestinians and other Arabs of the PLO’s involvement in the 1970 Jordanian crisis, also known as Black September, when the Jordanian Armed Forces clashed with PLO members who were acting as a state within a state in the kingdom.

Tensions between the PLO and the Jordanians reached a peak in September 1970. A week after the failed assassination of King Hussein on September 1, four airliners were hijacked by the PLO’s Popular Front for the Liberation of Palestine (PFLP), prompting the Jordanian government to declare martial law in the kingdom. In the next few weeks, heavy fighting erupted between the Palestinians and the Jordanian army. By the summer of 1971, all Palestinian forces had been expelled from Jordan to Lebanon.

They Saudis and Emiratis also reminded everyone of the role the PLO played in the Lebanese civil war, which erupted in 1975 and resulted in the deaths of tens of thousands of people.

“On April 13, 1975, a series of skirmishes started when the Palestine Liberation Organization (PLO) guerrillas on a bus fired weapons as they passed a church,” according to Calude Salhani, a columnist for The Arab Weekly.

“When they refused to be diverted by [Christian] Phalangist militias directing traffic, an altercation took place in which the PLO bus driver was killed. Some time later, unidentified gunmen approached the church in two cars and opened fire, killing four people. That date is now considered the start of the civil war. A major contributor was religion. Another was the presence of heavily armed Palestinian commandos.”

The Arab political activists and academic did not forget to call out the Palestinians for their biggest betrayal of all Arabs: Supporting Saddam Hussein’s 1990 invasion of Kuwait.

According to some studies, hundreds of Palestinians joined the Iraqi security forces’ newly established “popular army” in Kuwait and assisted in the oppression of the Kuwaiti people.

“During the day, the Palestinians hurl insults at the Gulf and accuse the Arabs of selling out [to Israel], but at night these Palestinians go to work in Jewish bars,” according to another comment posted under the hashtag “To Hell With You And Your Cause.”

Several Gulf citizens have expressed gratitude to Israeli policemen who stopped Palestinians from burning UAE flags and photos of Bin Zayed during Friday prayers at Jerusalem’s Al-Aqsa Mosque.

“A thousand greetings to our [Jewish] cousins,” commented Gulf citizen Adnan al-Ameri in response to a video showing Israeli policemen preventing Palestinians from trampling on a poster of Bin Zayed. “By God, they [the Israeli policemen] are more honorable than some of the [Palestinian] homeless. A video that deserves to be retweeted with full force.”

The Palestinian leaders’ strong condemnation of the UAE and other Arab states that support normalization with Israel has also driven many Arabs to raise the issue of financial corruption of the Palestinian leadership. Some Gulf citizens pointed out that the personal fortunes of Hamas leaders Ismail Haniyeh and Khaled Mashaal are worth at least $9 billion, while others claimed that Mahmoud Abbas’s personal wealth is estimated at $200 million.

A public opinion poll published last year showed that 80% of Palestinians feel that they have been abandoned by the Arab countries. Judging from the reactions of many Arabs to the Palestinian campaign of incitement against Arab governments seeking peace with Israel, it is safe to assume that this percentage will increase sharply.

The Palestinians are good at making enemies, and this time it seems that they have been wildly successful in earning both the wrath and the disgust of a large number of Arabs. At this rate, the Palestinians will soon wake up to discover that they have more support in China and Europe than in their own backyard.

Khaled Abu Toameh, an award-winning journalist based in Jerusalem, is a Shillman Journalism Fellow at Gatestone Institute.

As taken from, https://www.gatestoneinstitute.org/16373/arabs-ungrateful-palestinians
 
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Posted by on August 19, 2020 in Uncategorized

 

El futuro de las fronteras de Israel: el Derecho internacional y el islámico

por Denis MacEoin

El rechazo al plan de paz para Oriente Medio del presidente Trump por parte del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, entre otros, ignora la realidad de que es uno de los documentos en pro de la paz y del establecimiento de un Estado palestino viable en la Margen Occidental y Gaza más equilibrados. En la imagen (Mandel Ngan/AFP vía Getty Images), Trump anuncia su plan en la Casa Blanca el pasado 28 de enero.

En líneas generales, tomar territorio a otro país es considerado ilegal en el Derecho internacional. Buena parte de nuestro entendimiento de que se trata de algo tanto legalmente proscrito como moralmente incorrecto tiene por causa la historia reciente. La brutal absorción nazi de numerosos países europeos entre 1938 y 1945 siguen siendo un ejemplo sobresaliente de conducta inaceptable, con su objetivo de someter a otros pueblos sin siquiera una pretensión de legalidad. Más recientemente, la invasión de Crimea (2014) causó un conflicto innecesario entre Rusia y Ucrania que dañó la reputación internacional de la propia Federación Rusa.

El artículo 2 del Capítulo 1 de la Carta de Naciones Unidas declara:

Los Miembros de la Organización, en sus relaciones internacionales, se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, o en cualquier otra forma incompatible con los Propósitos de las Naciones Unidas.

Esto se formuló en 1945, en muy comprensible respuesta a las agresiones de la Alemania nazi. Sigue siendo una norma válida relacionada con los peligros que representan las naciones poderosas cuando apuestan por la fuerza para hacerse con territorios vecinos. Aun así, dicho artículo fue contravenido en 1959 por China, cuando invadió el Tíbet; en 1974, por Turquía cuando invadió el norte de Chipre; y permanentemente por Irán –con la evidente complicidad de la mayoría de los miembros de la ONU–, con sus expansiones hacia Irak, Siria, el Yemen y el Líbano, por no hablar de sus amenazas de los últimos 40 años para obliterar a un Estado miembro de la ONU como Israel.

Sea como fuere, no sería una sorpresa que, con su cerril tendenciosidad antiisraelí, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU (CDH) condenara a Israel por sus planes de aplicar la soberanía israelí sobre unos territorios en disputa, en línea con el plan de paz norteamericano desvelado este mismo año. El rechazo del mismo por parte del CDH y otros actores internacionales ignora la realidad de que se trata de uno de los documentos en pro de la paz y del establecimiento de un Estado palestino viable en la Margen Occidental y Gaza más equilibrados.

Los planes para llevar la paz a israelíes y palestinos han sido múltiples, pero ninguno ha tenido éxito; y siempre por culpa de la intransigencia palestina. El peor ejemplo lo tenemos en la oferta del presidente Clinton al jefe de la OLP, Yaser Arafat, por el que se habría requerido a Israel que entregara el 90% del territorio en disputa para contribuir a la creación de un Estado palestino. Arafat parecía estar de acuerdo, pero finalmente se retiró y entre 2000 y 2005 libró una campaña de terrorismo contra el pueblo de Israel conocida como Segunda Intifada.

Los planes y tratados de paz sólo funcionan cuando las partes está sinceramente comprometidas con ellos, y puede que requieran que una o varias generaciones de jóvenes comprendan los beneficios de poner fin a la violencia. Por desgracia, esto sigue siendo una remota esperanza. Hoy en día a los niños palestinos se les enseña a odiar a los judíos y a glorificar la violencia contra ellos –y a sacar un suculento provecho de ella.

Sobran las razones para no sentirse esperanzado ante un nuevo plan de paz. Aun cuando se persuadiera a la Autoridad Palestina, en la Margen Occidental, de que actuara en su propio interés (y hay pocos indicios de que vaya a hacerlo), lo más probable es que no se atraiga a los intransigentes movimientos terroristas islámicos de Gaza –Hamás y la Yihad Islámica– para que vean que se trata de la única manera de mejorar las vidas de los palestinos residentes ahí.

Pero, bueno, hemos de dar un paso cada vez. Los avances se demoran por la oposición que está encontrando la decisión israelí. La UE, así como el secretario general de la ONU, multitud de países árabes, la Organización de Cooperación Islámica, algunos países europeos y numerosos países tradicionalmente hostiles a Israel han condenado, nada sorprendentemente, la iniciativa israelí.

Es posible que, una vez se adopte la decisión y se extienda la soberanía israelí a ciertas partes de Judea y Samaria y al Valle del Jordán, los palestinos respondan con violencia. El 58% de los israelíes creen que podría desencadenarse una tercera intifada. Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) están ya preparándose para dicha eventualidad.

Pero ¿es todo esto inevitable? La mayoría de las preocupaciones de orden legal están basadas en una endeble comprensión de cómo y por qué se fundó Israel al amparo de la propia legalidad internacional, por no hacer mención de que la intransigencia palestina lleva más de 70 años desarrollándose al margen de la ley. Además, lo que se propone hacer Israel tiene todas las trazas de ser legal.

El conflicto israelo-palestino es único por una pluralidad de razones, y citar legislación que atañe a países y contextos históricos muy distintos puede perfectamente reforzar la discriminación contra el Estado de Israel, discriminación que por cierto viene padeciendo desde su mera fundación.

Pero vayamos por partes.

¿Por qué la idea de un Estado judío cobró forma legal a principios del s. XX? La Primera Guerra Mundial concluyó con la derrota de Alemania, pero fue el derrumbe del Imperio Otomano lo que llevó a la Liga de Naciones a rescatar del caos y la anarquía a las antiguas colonias otomanas sentando las bases para la creación de Estados-nación en Oriente Medio: Irak, Siria, el Líbano y Palestina (considerada como la patria moderna de los judíos). Jamás ha habido nada parecido a un Estado árabe o islámico denominado Palestina. Este nombre procede de la palabra con la que los antiguos romanos se referían a las tierras de los filisteos y nada tiene que ver con los árabes ni con los musulmanes. El emperador Adriano trató de que pareciera que Judea era puramente romana y nada tenía que ver con los judíos. El empleo de la palabra en el Mandato Británico de 1922 se basó simplemente en la formación clásica de las élites británicas.

Pese a ello, hoy es común encontrar alusiones a Palestina como si fuera un Estado eminentemente árabo-musulmán que fue supuestamente afanado por los judíos, o prometido pero no entregado a quienes se describen a sí mismos como palestinos. Se trata de una tremenda equivocación, pero tiene gran influencia política y jurídica, especialmente entre los jóvenes que quieren creer en ello.

Ese enfoque tiene dos inspiraciones primordiales. La primera es el nacionalismo árabe palestino, cuyos adherentes hacen de Palestina una plataforma de lealtad para todos los palestinos que vivieron en lo que fue el Mandato y para los que lo hacen actualmente en Gaza y la Margen Occidental. A su juicio, el Estado palestino estaría garantizado sobre la base de los derechos otorgados a otros muchos pueblos, desde el irlandés a los de las demás naciones poscoloniales surgidas del colapso de los imperios. Pero ese argumento no valida la fantasía de que haya existido jamás un Estado de Palestina ni la de que los árabes palestinos son los habitantes nativos de Israel, Jordania y el potencial Estado palestino.

De hecho, el nacionalismo palestino como movimiento político se inicia sólo alrededor de 1920, y adquirió la forma de Organización para la Liberación de Palestina en 1964.

Como el líder de la OLP Zuheir Mohsen admitió públicamente en una entrevista con el periódico neerlandés Trouw en 1977,

el pueblo palestino no existe. La creación de un Estado palestino es sólo un medio para proseguir con nuestra lucha contra el Estado de Israel y en pro de la unidad árabe. En realidad, no hay diferencias entre los jordanos, los palestinos, los sirios y los libaneses. Sólo por razones políticas y tácticas hablamos de la existencia del pueblo palestino, dado que los intereses nacionales árabes demandan que presentemos la existencia de un ‘pueblo palestino’ diferenciado en oposición al sionismo.

Por razones tácticas, Jordania, que es un Estado soberano con fronteras definidas, no puede elevar reclamaciones sobre Haifa y Yafo, mientras que como palestino sin la menor duda puedo demandar Haifa, Yafo, Beersheba y Jerusalén. Ahora bien, igual que reclamamos nuestro derecho sobre toda Palestina, no esperaremos un minuto para unir Palestina con Jordania.

Al legitimar las demandas palestinas sobre la base de ese nacionalismo, las entidades internacionales ignoran la artificiosidad del mismo. A lo que hay que añadir el mito de los refugiados palestinos.

Por último, hemos de analizar el auténtico conflicto entre la legalidad internacional y su equivalente islámico. Pero lo haremos en la segunda parte de este artículo.

Según tomado de, https://es.gatestoneinstitute.org/16371/fronteras-israel-derecho

 
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Posted by on August 19, 2020 in Uncategorized

 

Ni a la izquierda ni a la derecha

YUTorah Online - Rabbi Ari Kahn

por Rav Ari Kahn

La parashat Shoftim habla de la nueva realidad que emergería con la conquista de la Tierra de Israel. Con la muerte de Moshé, el pueblo perdería tanto un líder político como el árbitro religioso; necesitaría nombrar jueces y eventualmente elegir un rey.

La Torá dice:

Si algo está más allá de ti respecto a un juicio, entre sangre y sangre, entre veredicto y veredicto, o entre afección y afección [de plaga], asuntos de controversia en tus ciudades, entonces deberás levantarte y subir al lugar que Hashem tu Dios haya escogido. Y vendrás ante los cohanim, los leviim, y ante el juez que esté en aquellos días; tú deberás inquirir y ellos te informarán la palabra del juicio. Deberás hacer conforme a la palabra que ellos te declaren, desde el lugar que Hashem haya escogido, y serás cuidadoso en hacer conforme a todo lo que ellos te instruyan. Conforme a la instrucción que ellos te instruyan y conforme al juicio que ellos te declaren deberás hacer; no te apartarás de la palabra que ellos te declaren ni a la derecha ni a la izquierda. Y el hombre que actúe con premeditación para no escuchar al cohen que está allí para servir a Hashem tu Dios o al juez, ese hombre deberá morir; así eliminarás el mal de Israel. (Deuteronomio 17:8-12)

En áreas de confusión, los jueces tienen permitido interpretar la ley como les parezca adecuado. El Talmud indica que esta prerrogativa no pertenece a cualquier corte sino que es la función de la Corte Suprema en Jerusalem: el Sanedrín.

Rabí Iosi dijo: “Originalmente no había muchas disputas en Israel, sino que había un Tribunal de 71 miembros que se sentaba en el Salón de las Piedras Talladas, y dos cortes de 23 que se sentaban una en la entrada del Monte del Templo y una en la puerta de la Corte [del Templo], y otras cortes de 23 se sentaban en todas las ciudades judías. Si había que inquirir sobre un tema, se consultaba con la corte local.

Si ellos tenían una tradición, [entonces] la declaraban, y si no iban a la corte más cercana. Si ellos tenían una tradición al respecto, la declaraban, y si no, iban a la Corte situada en la entrada del Monte del Templo. Si ellos tenían una tradición, la declaraban y si no, iban a la corte sitiada en la entrada del Tribunal, y él [quien difería de sus colegas] declaraba: “Así lo he expuesto yo y así expusieron mis colegas; así enseñé yo y así enseñaron ellos”.

Si ellos tenían una tradición, entonces la declaraban, y si no, todos procedían a la Sala de las Piedras Talladas, donde se sentaban ellos [el Sanedrín] desde la mañana hasta la noche; en Shabat y en las festividades se sentaban dentro de la sala.

Entonces les formulaban a ellos la pregunta: si tenían una tradición la declaraban y si no, hacían una votación. Si la mayoría votaba “impuro” así lo declaraban; si decían “puro” así lo declaraban. Pero cuando se incrementaron los discípulos de Shamai y de Hilel, que no habían estudiado suficiente, las disputas se multiplicaron en Israel y la Torá se volvió como si fuera dos Torot” (Sanedrín 88b).

***

LOS PRINCIPIOS DE LA TORÁ

Los más grandes eruditos recibieron el poder de aplicar los principios de la Torá tanto Oral como Escrita, y utilizar estos principios cuando se presentaban casos nuevos, o cuando surgía confusión respecto a la ley existente. A pesar de los atributos de los jueces que poseían la combinación de proeza intelectual con niveles morales personales superiores, seguía existiendo la posibilidad de que ocurriera un error. En esos casos surgía la pregunta: ¿acaso los Sabios mantienen su autoridad si eventualmente llegan a equivocarse?

La base textual para la pregunta gira en torno a la declaración de la Torá:

Conforme a la instrucción que ellos te instruyan y conforme al juicio que ellos te declaren deberás hacer; no te apartarás de la palabra que ellos te declaren ni a la derecha ni a la izquierda.

Rashi cita una tradición del Sifri:

Incluso si ellos te dicen que la derecha es la izquierda y la izquierda es la derecha (debes escuchar a los Sabios), por cierto si te dicen que tu derecha es la derecha y que la izquierda es la izquierda. (Rashi, Deuteronomio 17:11)

La misma idea la encontramos en el Midrash Shir HaShirim:

No debes alejarte de la sentencia que ellos declaren ni a la derecha ni a la izquierda. Si ellos te dicen que la mano derecha es la derecha y que la mano izquierda es la izquierda, escúchalos; e incluso si te dicen que tu mano derecha es la izquierda y que tu mano izquierda es la derecha. (Midrash Rabá – El Cantar de los Cantares 1:18)

Este concepto de la autoridad absoluta de los Sabios es bastante perturbador, en especial en esos casos en los que parece que ellos están equivocados. El Talmud de Jerusalem registra una opinión disidente:

¿Cómo es posible que si ellos te dicen que tu derecha es la izquierda y la izquierda es la derecha tengas que hacerles caso? El versículo enseña que debemos seguir [a los Sabios] “a la izquierda y a la derecha” sólo cuando ellos dicen que tu derecha es la derecha y tu izquierda es la izquierda. (Ierushalmi Horaoit 2b)

Este enfoque es reconfortante, porque el individuo no está obligado a seguir a los Sabios que se van del camino. Sin embargo, la ley normativa sigue el enfoque de Rashi.

***

LA DESVENTAJA

Por otro lado, hay una desventaja en la opinión del Talmud de Jerusalem. Eso puede llevar fácilmente a una situación de anarquía religiosa, donde cada persona hace “lo que es correcto a sus ojos”. Esta situación potencial (de muchas disputas y muchas opiniones) es a lo que se alude al final del pasaje del Talmud antes citado.

Maimónides identifica esta tragedia histórica (la educación insuficiente de los discípulos de Hilel y Shamai) con la destrucción del Sanedrín:

Cuando funcionaba el Gran Tribunal, no había disputas [no resueltas] en Israel… Cuando el Tribunal dejó de funcionar, las discusiones se volvieron numerosas en Israel (Maimónides, Leyes de Mamrim 1:4)

Aunque el Talmud señala a los discípulos de Hilel y Shamai, el Rambam reemplaza los nombres específicos de los estudiantes de Hilel y Shamai con la raíz conceptual del origen de los conflictos no resueltos: la carencia de un Tribunal superior en funcionamiento. Esta situación permitió que diversos individuos hicieran lo que ellos consideraban correcto. Sin duda cada parte fue intelectualmente honesta, y no tenemos razones para dudar de la objetividad de cada lado. Sin embargo, ya no existía la institución que podía resolver los conflictos.

Si bien el problema de que el Tribunal se equivoque es desconcertante, la idea de no tener un Tribunal es todavía más aterradora.

***

SEGUIR A LOS SABIOS

Najmánides instruye al individuo que siga a los Sabios, incluso cuando piensa que los Sabios están equivocados.

Lo primero que aprendemos de esta observación es que sólo porque la persona piensa que los Sabios están equivocados, eso no significa que de hecho estén equivocados. Najmánides sigue diciendo que el individuo, que personalmente está convencido del error de las palabras de los Sabios, debe consolarse sabiendo que Dios fue quien le ordenó cumplir los dictámenes de los Sabios, incluso si ellos se equivocan. A continuación, Najmánides nos recuerda que los Sabios son guiados por Dios, por lo que el individuo que asume que los Sabios están errados debe considerar la protección Divina al tratar de determinar la probabilidad del error.

Najmánides se refiere a la famosa discusión entre dos grandes sabios de la era de la Mishná. Rabí Iehoshúa y Rabán Gamliel llegaron a conclusiones diferentes respecto a la fecha del Año Nuevo. Esta discusión tenía serias ramificaciones, incluyendo en qué día se debía observar el Día del Perdón, Iom Kipur:

Entonces Rabán Gamliel lo mandó a llamar diciendo: “Te ordeno que te presentes ante mí con tu cayado y tu dinero en el día que, según tus cálculos, debería ser el Día de Expiación”. Él [Rabí Iehoshúa] fue a Rabí Dosa ben Harkinas, quien le dijo: “Si cuestionamos [las decisiones de] la Casa de Rabán Gamliel, debemos cuestionar las decisiones de cada Tribunal que ha existido desde los días de Moshé hasta el presente. Porque está escrito: “Entonces fueron a Moshé y Aharón, Nadab y Avihu y setenta de los ancianos de Israel”. ¿Por qué no se mencionaron los nombres de los ancianos? Para enseñar que cada grupo de tres que actuó como un a Tribunal sobre Israel está al nivel de la Casa de Moshé”. Él [Rabí Iehoshúa] tomó su cayado y su dinero y fue a Iavne a Rabán Gamliel en el día en el cual caía el Día del Perdón de acuerdo con su cálculo. Rabán Gamliel se puso de pie y lo besó en la cabeza y le dijo: “La paz sea contigo, mi maestro y mi discípulo. Mi maestro en sabiduría y mi discípulo porque has aceptado mi decisión”. (Rosh Hashaná 25a)

Najmánides explica la perspectiva de Rabí Iehoshúa. Aunque Rabí Iehoshúa sabía que su postura era correcta, él aceptó la decisión del Tribunal.

Un aspecto intrigante de este caso es el hecho de que el Gran Tribunal ya no funcionaba. E Templo había sido destruido y tal como dice el texto, la nueva corte residía en Iavne. Esto explicaría la vacilación de Rabí Iehoshúa en acceder a la posición de la corte y por qué no temió que lo etiquetaran como un “anciano rebelde”, cuyo castigo es la muerte.

Ahora entendemos el argumento de Rabí Dosa. El rechazo de la corte en Iavne es equivalente a rechazar todas las cortes que habían existido y produciría el mismo resultado: anarquía religiosa.

***

UNA OBLIGACIÓN PARA CADA GENERACIÓN

El Talmud continúa explicando que la obligación de aceptar las palabras de los Sabios existe en cada generación:

“E irás a los cohanim, los levitas y al juez que haya en esos días”. ¿Acaso podemos imaginar que alguien pueda ir a un juez que no esté en sus días? Esto nos muestra que debemos estar satisfechos con el juez que haya en nuestros días. También dice: “No digas: Cómo es que los días del pasado eran mejores que estos'”. (Rosh Hashaná 25b)

La postura de Najmánides también explica una de las discusiones más difíciles que alguna vez tuvieron lugar en una sala de estudios, el famoso “Horno de Ajnai”, cuya pureza ritual fue tema de una discusión rabínica:

Dijo Rab Iehudá en nombre de Shmuel: “Lo rodearon con discusiones como una serpiente y probaron que era impuro”.

“Ese día Rabí Eliezer presentó todos los argumentos imaginables, pero ellos no los aceptaron. Les dijo: ‘Si la halajá está de acuerdo conmigo, ¡que lo pruebe este árbol de algarrobo!’ Entonces el árbol de algarrobo se trasladó a cien codos de su lugar, y otros dicen que fueron cuatrocientos codos. ‘No se puede dar una prueba de un árbol de algarrobo’, le respondieron. Una vez más les dijo: ‘Si la halajá es acorde a lo que yo digo, ¡que lo pruebe esta corriente de agua!’ Entonces la corriente de agua comenzó a fluir en la dirección contraria. ‘No se puede traer una prueba de una corriente de agua’, le dijeron. Una vez más dijo: “Si la halajá es acorde a lo que yo digo, que lo prueben los muros de la casa de estudio”. Entonces las paredes se inclinaron y estuvieron a punto de caer. Pero Rabí Iehoshúa los reprendió diciendo: ¿Cómo pueden interferir cuando los eruditos mantienen una disputa halájica?’ Y por eso no se cayeron, en honor a Rabí iehoshúa, ni volvieron a enderezarse en honor a Rabí Eliezer y desde entonces quedaron inclinados. Una vez más les dijo: “Si la halajá es acorde a lo que digo, ¡que el Cielo lo pruebe!’ Entonces salió una Voz Celestial que anunció: ‘¿Por qué discuten con Rabí Eliezer si ven en toda la materia que la halajá está de acuerdo con él?’. Pero Rabí Iehoshúa se puso de pie y exclamó: “No está en el cielo”.

¿Qué significa esto? Dijo Rabí Irmihá: “Que la Torá ya había sido entregada en el Monte Sinaí. No le prestamos atención a la Voz Celestial, porque ya hace mucho Tú escribiste en la Torá en el Monte Sinaí: Nos inclinamos hacia la mayoría…

Un Tanaíta enseñó: “Ese día ocurrió una gran calamidad, porque todo aquello sobre lo que Rabí Eliezer posaba sus ojos se quemaba. Rabí Gamliel viajaba en un barco, se elevó una ola enorme y trató de ahogarlo. Él reflexionó: “Me parece que esto es sólo a causa de Rabí Eliezer ben Hircanus”. Entonces se puso de pie y exclamó: “¡Amo del universo! Sabes muy bien que no actué por mi honor, ni por el honor de mi casa paterna, sino por Ti, para que no se multiplique el disenso en Israel”. Con eso el mar se calmó”. (Talmud – Baba Metzía 59b)

En este caso vemos claramente la tensión entre seguir nuestro entendimiento individual y seguir a la mayoría. Aquí parece que Dios apoya a Rabí Eliezer y nos sorprende la intransigencia de los Sabios. ¿Cómo pudieron ignorar las señales Divinas? Significantemente, Rabí Iehoshúa insiste que se debe seguir a la mayoría. Esta es una lección que él mismo había aprendido en su conflicto con Rabán Gamliel.

Tambien vemos claramente la motivación de Rabán Gamliel: esto no era algo personal y no se trataba de proteger su puesto o su ego. Se debía seguir a la mayoría para evitar la anarquía.

***

EL MIEDO A LA ANARQUÍA

No obstante, es inquietante la idea de que toda la comunidad siga la ley incorrecta. El Séfer HaJinuj explica pragmáticamente (Sección 496) que es preferible sufrir un error al seguir a la mayoría que llegar a la anarquía completa.

Sin embargo, esta enseñanza no es tan simple como que la Torá ordena seguir a la mayoría. Hubiera sido muy atractivo ignorar a la mayoría y seguir la opinión de Rabí Eliezer, una opinión respaldada con un impresionante signo de exclamación Divino. Sin embargo, seguir a Rabí Eliezer requería que ignoraran una ley diferente de la Torá que prescribe seguir a la mayoría.

El conflicto puede articularse de la siguiente manera: ¿Qué tiene precedencia, la sustancia de la ley o el procedimiento de la ley?

El Gaón de Vilna (Kol Eliahu sección 227, pág 89 y Divrei Eliahu, pág. 80) tiene una explicación diferente que resuelve este conflicto y nos lleva a la esencia misma del concepto de verdad. El Gaón cita un Midrash:

Rabí Shimon dijo: “Cuando el Santo, Bendito sea, fue a crear a Adam, los ángeles ministeriales se formaron en grupos. Unos dijeron: ‘Que sea creado’, mientras que otros urgían ‘que no sea creado’. Por eso está escrito: “El amor y la verdad luchan juntos, la justicia y la paz combaten entre sí” (Salmos 85:11). El amor dijo: ‘Que sea creado, porque él hará actos de amor’. La verdad dijo: ‘Que no sea creado, porque está compuesto de falsedad’. La justicia dijo: ‘que sea creado, porque hará actos justos’. La paz dijo: ‘que no sea creado, porque estará repleto de luchas’. ¿Qué hizo Dios? Tomó a la verdad y la arrojó a la tierra. Los ángeles ministeriales le dijeron: ‘¡Amo del universo! ¿Por qué desprecias Tu sello? ¡Qué suba la verdad de la tierra!’. Por eso está escrito: ‘Que la verdad brote de la tierra’ (Salmos 85:12)

Rabí Huna, el Anciano de Seforis, dijo: “Mientras los ángeles ministeriales discutían entre ellos, el Santo, Bendito sea, lo creó. Él les dijo: ‘¿Qué pueden hacer? ¡El hombre ya fue creado!'” (Midrash Rabá Génesis 8:5)

El Gaón explica que la misma creación del hombre depende de que “la verdad reciba una golpiza”. Si el hombre hubiera tenido que responder al nivel de verdad que existe en el cielo, entonces hubiera sido incapaz de justificar su existencia. Por eso el versículo declara: “Que brote la verdad de la tierra” (Salmos 85:12)

***

UN TEMA DE VERDAD

Hay un nivel de verdad que se origina en la mente de Dios y es operacional en los cielos. El hombre no debe rendir cuentas por este nivel prístino de verdad. Para poder crear al hombre, fue necesario arrojar la verdad al suelo, a la tierra. Ahora la verdad es el dominio del hombre.

Por lo tanto, el Tribunal determina la verdad. A esto se refirió Rabí Iehoshúa al decir: “no está en el Cielo”. Una vez que la Torá fue entregada al hombre, el hombre determina qué es verdad.

Cuando la Torá nos ordena seguir la decisión de la corte, dice:

Conforme a la instrucción que ellos te instruyan y conforme al juicio que ellos te declaren deberás hacer; no te apartarás de la palabra que ellos te declaren ni a la derecha ni a la izquierda.

Los Sabios determinan qué es derecha y qué es izquierda, qué es correcto y qué es incorrecto. Adherirse a los Sabios es necesario en un nivel práctico/pragmático. De acuerdo con el Gaón de Vilna, va más allá de esto: las palabras de los Sabios son las palabras de la verdad.

Según tomado de, https://www.aishlatino.com/tp/i/meorei-haaish/Ni-a-la-izquierda-ni-a-la-derecha.html?s=mm

 
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Posted by on August 19, 2020 in Uncategorized

 

Isaías 53 develado

Eps1: Tema by Isaías 53 • A podcast on Anchor

por Yehuda Ribco

(NOTA: En CEJSPR endosamos el contenido de este artículo, mas no asi algunas expresiones que consideramos ofensivas a los cristianos/as. Esto, es particularmente significativo a partir del año 1965. Entendemos que se puede comunicar la idea sin perder su esencia utilizando otro tipo de vocabulario.)

Los malvados idólatras, que se disfrazan de santidad, insisten en descubrir a su falso redentor y falso dios en las líneas de Isaías 53.

Ahora haré un breve resumen, una lectura comprensiva del capítulo, pero antes tienes un deber.
Habrás de leer el capítulo 52 y 54, y luego contestarás una simple pregunta:


¿Quién es el desolado, arruinado, adolorido, que el Eterno eleva por sobre sus opresores y sostiene en un sitial de grandeza?*

Esto es importante que lo sepas, porque te da la correcta idea de dónde estás parado: en una sección que trata sobre la caída, exilio y restauración del pueblo judío. Te describe al siervo sufriente con evidente claridad: es el pueblo judío, ve, léelo por favor, no me creas a mí, está en el capítulo 52 y 54 de Isaías. ¿Los habías leído, no?

Ahora:
(1) ¿Quién ha creído nuestro anuncio? ¿Sobre quién se ha manifestado el brazo del Eterno?
Las naciones gentiles, especialmente los enemigos de Israel y del Eterno, reconocen pasmados lo que de otra forma no podrían creer. Ellos con sus propios ojos están viendo el renacer del sometido Israel. Aquel pueblo judío que creían muerto y perdido, ahora está más vivo que nunca, más promisorio que siempre. Ellos ven el renacer del siervo, del pueblo judío y están estupefactos, pero la realidad es clara, nadie ha derrotado por completo a Israel, ningún genocida ha conseguido la «solución final»; e Israel renace de entre las llamas de los hornos crematorios, revive, retorna a su patria, se fortalece, está a la cabeza de las naciones señalando la ruta a seguir.


Miremos el siglo XX, el pueblo judío estaba destinado a perecer, a ser exterminado, nazis, imperialismo soviético, imperialismo islamista, cristianismo, entre otros quisieron acabar con los judíos, pero no lo consiguieron ni lo conseguirá. ¿Quién lo hubiera creído de no haberlo visto?
¿Cómo negar el milagro constante que permite al pueblo judío sobrevivir a todos los planes para eliminarlo? ¿Cómo negar que es Dios el que lleva con Su brazo a Israel a resurgir y fortalecerse?

(2) Subió como un retoño delante de él, y como una raíz de tierra seca. No hay parecer en él, ni hermosura; lo vimos, pero no tenía atractivo como para que lo deseáramos.
Nadie daba un centavo por la nación judía a principios del siglo XX, mucho menos durante las infames persecusiones y matanzas de millones por parte de los salvajes nazis.
¿Quién hubiera dicho que el pueblo judío renacería? Pero además, la tierra de Israel estaba convertida en un pantano desértico, y de pronto con la mano de judíos fue renaciendo, se fue convirtiendo en un jardín florido, hermoso, productivo, bello e impresionante.


Rodeado de enemigos sin fin, igualmente resistió y resiste. No con la fuerza de las armas, ni de la potencia económica-política, ya que todos estos están en manos de sus enemigos. Del lado judío está el Eterno, esta es nuestra fuerza y sentido. Israel como un pequeñito retoño renació, nadie daba un centavo por él; las apuestas estaban en contra augurando el porvenir del estado de Israel.
Pero, ahí está, firme, aguerrido, creciendo, rodeado de lobos feroces pero vivo y con vida. Es una potencia cultural, potencia espiritual, potencia que no agrede ni conquista, sino que sobrevive y dota de vida a quien quiere sumarse a su lado. Pero antes, durante siglos era un asco…Y la nación judía, masacrada, detestada, acusada en falso, ¿qué atractivo tenía a ojos de las gentes? Ellos se mofaban del siervo sufriente, hacían burla de los judíos…

(3) Fue despreciado y desechado por los hombres, varón de dolores y experimentado en la enfermedad. Y como si escondiera su rostro, lo menospreciamos y no lo estimamos.
¿Quién tenía en estima a los judíos?
La larga lista de odios, agresiones, exilios no tiene límite. Dolores miles, tormentos sin par.
Siempre a manos de ignorantes, o de rebeldes en contra del Eterno. Se nos malatrató de todas las maneras posibles: se nos echó de nuestra patria, se nos prohibió la residencia en muchos lugares, se nos negó el derecho a «ser humanos», se nos confiscaron los bienes, se nos vetó el poder trabajar, se nos impuso duros castigos, se nos acusó vilmente de asesinos de dioses, se nos demandó convertirnos a la prostituida religión o morir en la hoguera… ¿sigo contándo las miles de torturas a las que se nos sometió por parte de nuestros enemigos? ¿Y quién daba un centavo por nosotros?
¿No fuimos en todas las generaciones un siervo doliente a causa de los enemigos de Dios?

(4) Ciertamente él llevó nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores. Nosotros le tuvimos por azotado, como herido por Elokim, y afligido.
Los malvados perseguidores de Israel tenían, y desgraciadamente aún tienen, el desparpajo de maltratarnos, violarnos, agredirnos, matarnos, etc. y todavía dicen que es a causa de que Dios nos rechazó. ¡Estupidez y maldad!


Son ellos, nuestros ofensores los culpables de nuestros males. El pacto eterno entre Dios y el siervo, que es Israel, es inquebrantable, pero los malévolos siguen empecinados en querer destruirnos, porque odian al Eterno, detestan Su Presencia. Adoran dioses humanos, siguen las tonterías de sus doctrinas, se aferran a sus santos, odian a Israel porque odian al Padre Celestial. Así ha sido desde siempre, y lo seguirá siendo hasta la Era Mesiánica.

A causa de las enfermedades morales y emocionales de nuestros enemigos, los judíos sufrimos. Ellos nos martirizan porque están enfermos del alma, sucios hasta más no poder. Son de lo más aberrante, pero se disfrazan de santidad. Tan, pero tan perversos, que quieren hacer creer que ellos son los herederos de la herencia que el Eterno ha dado a Israel, pero en verdad solamente siguen sus propias doctrinas de perdición, aman sus negocios, se arrodillan ante el Baal del poder.
Sucios malhechores que castigan a Israel, que lo acusan de sus propias maldades, pero son ellos los enfermos que acusan al sano de sus enfermedades.

(5) Pero a él lo han angustiado nuestras transgresiones, nuestros pecados lo han afligido. El castigo que nos trajo paz fue sobre él, y en sus heridas fuimos nosotros sanados.
Ellos creyeron que acusando a los judíos de sus propias ignominias estarían salvados de tener que pagar su enorme deuda ante el Eterno. Al tratarnos de «deicidas», creen que se escapan del juicio del Eterno. Al tratarnos de traidores, ellos creen ser fieles. Pero son ellos los que asesinarían a Dios si pudieran. Son ellos los que viven en constante transgresión y traición al Eterno. Creen que por maltratarnos, ellos estarán libres de culpa. Creen que por inventarse un redentor ellos serán redimidos e Israel castigado. Creen que por acusar a Israel de crímenes que no comete, ellos son justos. Pero no dejan de ser hediondos truhanes, piratas de la fe. Como esos «progres» europeos que odian a Dios y a los judíos, y por eso cada acción legítima defensiva del Estado laico de Israel lo toman como una agresión imperialista; pero a cada violento ataque del imperialismo islamista en contra de Israel lo justifican con impunidad y mantos de piadosa mentira. Como siempre, los enemigos del Eterno odian a los judíos, y achacan a ellos sus propias enfermedades. Creen que así son más libres, pero solamente son más inmundos. El siervo, el pueblo judío, sufre a causa de sus locuras.

(6) Todos nosotros nos descarriamos como ovejas; cada cual se apartó por su camino. Y el Eterno lo hirió, con el pecado de todos nosotros.
Ahora las naciones van despertando, de a poco reconocen su maldad, su estupidez, su aversión a Dios que los llevó a odiar a la nación judía. Ven el renacer de Israel, a la par que están en el período del renacer de la conciencia noájica; entonces se dan cuenta que fueron como ovejas tontas, que perdidas no seguían al Pastor, el Eterno. Reconocen que los males del siervo sufriente, del pueblo judío, fueron a causa de ellos. Ellos, con sus conductas maltrataron a Israel, al siervo sufriente, ellos y nadie más.


El Eterno lo permitió, pero cada nación es responsable de sus propias culpas, nadie más.
Cada gentil que hirió a Israel, o fue cómplice de la agresión (como por ejemplo, muchos cristianos) deben hacerse cargo de su parte de la culpa y tratar de sanar las heridas. Deben pedir perdón, deben encontrar el camino de la reconcililación, deben ser constructores de Shalom, para equilibrar el daño que han causado. En el pasado eran ovejas destructoras, ahora deben reconocerse como lo que son: noájidas, personas, constructores de Shalom.

(7) Él fue oprimido y afligido, pero no abrió su boca. Como un cordero, fue llevado al matadero; y como una oveja que enmudece delante de sus esquiladores, tampoco él abrió su boca.
Israel, el siervo sufriente, durante siglos fue víctima, un puñadito en medio de inmensos océanos de enemigos. Nadie le prestaba atención a sus palabras, nadie quería oir sus expliaciones. El odio puede más que el oído. Tal como pasa todavía hoy, con aquellos enfermos del alma que se siguen aferrando, por ejemplo a la mitología del dios colgado. O a esos «progres» que defienden a capa y espada el imperialismo islamista con tal de liquidar al Estado de Israel. En la ONU, ¿quién atiende a Israel?
En el mundo, ¿quién daba lugar a los judíos para defenderse de las continuas agresiones de sus perseguidores? El siervo sufriente, el pueblo judío, andaba en silencio, como cuando de a miles, de a millones fueron llevados a las cámaras de gas del infernal Hitler. En silencio, como ovejas que van al matadero…
¿O no es esa la historia?
Acá no hablamos de mitos, de héroes de pacotillas inventados por piratas de la fe. Estamos testimoniando con la historia, cruel y cierta. Antigua y actual. La historia que no deja momento de respiro al siervo sufriente, al pueblo judío.

(8) Por medio de la opresión y del juicio fue quitado. Y respecto a su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y a causa de la transgresión de mi pueblo fueron heridos.
Pero, llegará el momento del fin del exilio para el siervo. Los tormentos y genocidio de parte de los enemigos finalizarán. El siervo dejará de sufrir, aunque nadie dé un centavo por él. Aunque parezca imposible. La generación que vea el renacer del pueblo judío no dará crédito a sus ojos, pero no podrá menos que testimoniar el renacer del retoño de Israel. Cuando pase el tiempo del exilio, cuando nuestras propias cuentas sean saldadas, entonces el renacer será visto por todos.
La Era Mesiánica golpeará con fuerza a todas las puertas y corazones, nadie osará negar lo evidente, que es el reino del Eterno en el mundo. Un reino real, de un oceáno a otro océano, con esplendor, con prosperidad, con justicia, con equidad. El siervo muerto demuestra que sigue vivo y que ahora es el que lidera el renacer de la humanidad.


El renacimiento ya ha comenzado. El siervo resurge de los huesos secos, los que parecían sin vida.
Israel ha vuelto a parte de sus fronteras. Jerusalén es nuevamente capital del Estado hebreo. Hay un despertar noájico, donde los gentiles retornan a la Buena Senda. Estamos en el umbral del renacer, estamos a horas nada más del comienzo hacia el pleno de la Era Mesiánica. ¿Podemos permitirnos el lujo se seguir durmiendo? ¿Podemos tolerar que los fanáticos, asesinos, idólatras, terroristas, imperialistas, piratas de la fe, sigan liderando?

(9) Y dispuso con los impíos su sepultura, y con los ricos en sus muertes. Aunque nunca hizo violencia, ni hubo engaño en su boca.
Los judíos fueron tratados con brutalidad, con falta de humanidad, como si fueran escoria.
Se nos acusó de comunistas y de capitalistas; de nacionalistas y de universalistas; de cerrados y abiertos; de afines a la Tradición y de renovadores; se nos acusó de todo, por cualquier cosa se nos quiso eliminar. Pero a pesar de esto, el siervo prevaleció, Israel está vivo y cada vez más luminoso.
Se nos ha dado por muertos muchas veces, pero nadie logró ni lograra eliminar al pueblo judío de la tierra. Nosotros prevalecemos, no por la violencia, no por la fuerza, no por las mentiras, no por engaños, sino por la fidelidad al Eterno a través del estudio de Su Torá y el cumplimiento de los preceptos que se nos ha ordenado. El siervo no precisa disfrazarse de santo, solamente precisa ser fiel, como lo ha hecho siempre.

(10) Y el Eterno quiso quebrantarlo y le enfermó, si pusiera su espíritu cual sacrificio por la culpa, verá descendencia, alargará días; y la voluntad del Eterno en su mano prosperará.
El Eterno permitió las torturas que padecimos. Es parte de Su plan. Todo lo que Él hace es justo y bueno, aunque no lleguemos a entenderlo. La maldad de nuestros agresores contenía una chispa de esperanza. Con cada azote se abría una herida en nuestra piel, pero al mismo tiempo algo positivo estaba germinando. A pesar de los intentos de nuestros enemigos, a pesar de la voluntad sucia de los defensores del mal. Por eso el sufrimiento del siervo, el dolor del pueblo judío, no es en vano.

(11) Por su vivo esfuerzo verá y quedará satisfecho. En su conocimiento mi siervo justo hará lo justo para muchos, y sus pecados él tolerará.
Los gentiles que reconocen el liderazgo espiritual de Israel y que en virtud de este reconocimiento se hacen aliados en la construcción del Shalom, encuentran el camino correcto. Pero, los que siguen aferrados a dioses colgados, a mitos del pasado, a rencillas en contra de los judíos y en contra de Dios, esos perecen… no tienen posteridad ni vida en la Era Mesiánica. Por esto, es tan importante el despertar noájico, para que sean cada vez más los constructores de Shalom, que derriten la cera de la idolatría, que quiebran las cadenas de la mentira, que se alían con los judíos en fidelidad para ser edificadores de un mundo mejor.

(12) Por tanto, yo le daré parte con los muchos y con los fuertes repartirá botín, porque derramó su vida hasta la muerte, y a los transgresores ha contado; y él que llevó el pecado de muchos, para los transgresores intercederá.
El sufrimiento no ha sido en vano. Por cada mortificación el siervo, el pueblo judío, recibe gratificaciones espirituales sin par. Por cada herida recibida, la nación judía adquiere conocimiento, estatura moral, compromiso con la vida. Los agresores de Israel perecen y son como el polvo que se lo lleva el viento, pero aquellos que sostienen a Israel son fundamentos del mundo. Cada gota de sangre judía es vengada por Dios, y ninguno de los ofensores se escapará al juicio severo del Eterno.
Pero cada ayuda es bien cobijada en el seno celestial y retribuida con vida y abundancia eternas.

Según tomado de, https://serjudio.com/personas/sociedad/isaias-53-develado

NOTA

  • La respuesta te la facilito ahora: el pueblo judío. Pero, ve, lee, y comprúebalo.
 
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Posted by on August 18, 2020 in Uncategorized

 

Adin Steinsaltz, a key player in Judaism’s oldest conflict

Three encounters with Rabbi Steinsaltz, a great man - The ...


Adin Steinsaltz was a key protagonist in a millenia-long debate
within Judaism: Should access to its core texts be confined to an
elite or to the masses? Is Judaism about conservation or
innovation? What makes a rabbi ‘great’?


by Anshel Pfeffer


Since the death in Jerusalem of Rabbi Adin Steinsaltz last Friday at the age of
83, a debate has been raging in a corner of Jewish social media over who was
bigger, Steinsaltz or Rabbi Elazar Shach, who predeceased him by 19 years.


A bit of background for the less initiated. Both rabbis were Talmudic scholars
and educators. Shach, who died in 2001 at the age of 102, was born in
Lithuania and had studied and taught at the fabled pre-war yeshivas there
before emigrating to Palestine during World War Two. Over the next half a
century, Shach became the central figure in the rebuilding of the “Lithuanian”
(non-Hassidic) yeshivas, widely (though not universally) considered the elite
of ultra-Orthodox scholarship, and, through his position as co-chairman of
the Council of Torah Sages, the most powerful leader in Haredi politics.


Steinsaltz, in contrast, was born into a secular Israeli family in Jerusalem.
The son of a Communist volunteer with the International Brigades in the
Spanish Civil War, he drifted towards Orthodoxy in his teens, studying Torah
in Chabad yeshivas, but also sciences at the Hebrew University.


While Chabad, as they do, have been eager to pronounce him one of their
own, as he was close to the movement and wore Chabad-style suits and
squashed fedoras (though unlike most Chabadniks, he usually wore a blue,
instead of a white shirt) he operated independently and the students in the
schools and yeshivas he founded tend to come from a more mainstream
modern Orthodox or national-religious background, attracted by Steinsaltz’s
unique blend of worldliness, scholarship and neo-Hasidism.


The two rabbis were of different generations and lived and worked in almost
totally different spheres. Their paths would never have crossed (in fact, I’m
almost certain they never actually met) if it wasn’t for Steinsaltz’s life’s work,
the reason he was so celebrated in life and death, including a New York Times
obituary: his translation/commentary on the Talmud.

In 1965, Steinsaltz embarked on a vastly to render the
1,500 year-old jumble of unpunctuated Aramaic and Hebrew covering 2,711
double-sided pages accessible to less experienced scholars by translating it
into modern Hebrew, and then into English and other languages. He
completed it in 2010.


The reception to the Steinsaltz Talmud was mixed. While it was wildly
popular among students and many rabbis from diverse sections of Orthodoxy
praised it, the hardcore of the “Lithuanian” elite shunned it. The most
vociferous among its critics was Shach, who wrote in 1989 that “by its study,
all spark of holiness and faith is removed.” He recommended its volumes be
consigned to the geniza, the repository for worn-out religious texts, and that
it be prohibited from study and even from being physically allowed in
yeshivas.


Shach’s vehement opposition was probably based on a number of factors. The
“Lithuanian” system of Talmud learning sanctifies the hard labor of
deciphering every word, its subsequent permutations and sequences, and
idealizes a lifetime spent in study. It’s an elitist form of scholarship, that seeks
to keep those not who are not cognoscenti out. But it’s also a very natural
instinct, because the study of sacred texts often invites exclusivity, and
because the rigorous study routine sifts out unsuitable and inadequate
minds.


Then there were Steinsaltz’s modern flourishes, the little footnotes on matters
of language and nature, added on the margins of his volumes. And then of
course there was politics.


Someone had told Shach that Steinsaltz was a Chabadnik. And while his style
of commentary was uniquely his, a fusion of many Jewish and even nonJewish traditions, even the whiff of Chabad was enough to raise Shach’s hackles. He saw the Brooklyn-based Hassidic movement, with some justification, as a dangerous messianic cult. To Chabadniks who indeed
claimed the last Rebbe was the Messiah, Shach famously responded: “Total heresy. Those who say so will burn in hell.”


His demand to censor any mention of Chabad and its leader, the Lubavitcher
Rebbe Menachem Mendel Schneerson from the pages of Israel’s official organ
of Haredi Jewry, the daily Hamodia newspaper, brought about a schism in
the 1980s within the Agudat Yisrael party, which had represented the
interests of ultra-Orthodoxy from before Israel’s foundation. Shach’s demand split the Hassidic rabbis, who refused to ostracize Chabad, and their Lithuanian counterparts, who left and formed their own newspaper and political party.

The schism would be short-lived; by 1992 they would once again run in the
same Knesset slate as United Torah Judaism, but officially they remain
separate parties and the controversy still rankles, especially among the
Chabadniks, who continue to resent the way Shach tried to cut them off.


Steinsaltz, who through his life was resolutely apolitical, had nothing to do
with any of this. He thought Shach’s criticism of his work was fueled by his
anti-Chabad animus, but it’s very possible that even without it, the
Lithuanians would have opposed him. Nevertheless, this week, when he was
widely eulogized, it was Chabadnik wags who tweeted, asking which series of
books had more readers, Steinsaltz’s Talmud, or Avi Ezri, Shach’s
dissertations on Maimonides’ Mishne Torah.


It was a silly provocation. A bit like trying to gauge the influence of Albert
Einstein and J. K. Rowling by comparing their book sale figures. Steinsaltz’s
work was intended to popularize and democratize Talmud study, while Shach
was only ever interested in writing for a small group of elite scholars in
Lithuanian yeshivas. And besides, his literary output was not his main
achievement.


Shach was no innovator. In fact, innovation was antithetical to his ideology.
He was devoted to rebuilding, reinforcing and preserving the insular world of
the Lithuanian yeshivas, gate-keeping them against modernity and secular
enlightenment. After their destruction by the twin forces of Nazism and
Communism, it seemed a forlorn hope.


In the new Jewish state, there were only a handful of yeshivas who kept the
ethos and a few hundred students. Founding prime minister David BenGurion was so certain they were destined to soon die out that he agreed to
exempt the students from military service.


But Shach and his colleagues proved Ben-Gurion wrong. Shach was to
become the most influential in the small group of rabbis who built what today
is not only the largest fraternity of Torah scholarship in history, but also the
ideological vanguards of an independent and politically powerful Haredi
autonomy in Israel, as well as similar autonomous communities in the United
States and Britain.

Who was bigger, Shach or Steinsaltz? That depends on your yardstick for
greatness. Steinsaltz single-handedly opened up the Talmud to popular study.
Shach was pivotal in causing a seismic change in Israeli and Jewish society.
Both men’s work will have implications for generations, perhaps centuries, to
come.


The Shach-Steinsaltz controversy is not really about Chabad, it’s not even
about the older conflict between Hassidim and the more cerebral mitnagdim
(opposers) of the Lithuanian tradition, which stretches back two and a half
centuries.


It is the oldest dispute in Jewish history, echoing back as early as the Bible,
between those who insisted that the ancient tradition could only be protected
by isolating it from the world and its influences, entrusting it to priestly and
scholarly castes, and those who believed it would only flourish out in the open
where as many students as possible could enjoy it. For all their comparative
greatness, Shach and Steinsaltz were just two more avatars in a never-ending
argument.

As taken from, http://www.haaretz.com

 
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Posted by on August 18, 2020 in Uncategorized

 

‘We Curse Christianity Three Times a Day’: Can Jews and Christians Truly Reconcile?

The 1965 Vatican Council, and subsequent efforts by the Church to reconcile with Judaism, did not win over Orthodox Jews, who believe that their reading of the Scriptures is correct – not the Christians’. A new book discusses these uneasy relations

Illustration by Eran Wolkowski

Illustration by Eran Wolkowski

After many years during which Esau hated Jacob, the brothers meet. Esau rushes to Jacob, embraces him, falls on his neck, kisses him, the two burst into tears. What a thrilling reconciliation. But the Jewish Sages, according to Midrash Bereshit Rabbah 78, were not enamored of this reconciliation. They placed dots above the Hebrew word vayeshakehu (“he kissed him,” Genesis 33:4), signifying deletion. But deletion was not a real option – it was, after all, a word in the Torah – so they did a “pretend” deletion. They claimed that Esau’s kiss was one of deception, and that the intention was not to kiss (nishek) him but to bite (nashakh) – a fine wordplay.

Why, then, did they cry? Because a miracle occurred and Jacob’s neck hardened and prevented the bite from doing damage; one cried for his neck while the other cried for his teeth. Amusing? Definitely not. For the Sages of the rabbinic period, Esau was a metonym for Rome and afterward for Christianity. The possibility that Rome would reconcile with the descendants of Jacob, the Jews, never occurred to them.

But it happened in Rome, in 1965. The Second Vatican Council published “Nostra aetate,” a document in which the Catholic Church declared the abandonment of its anti-Jewish heritage and its desire to reconcile with Judaism.

Jewish-Christian Dialogue and its Discontents: Reciprocal ...
Dr. Karma Ben Johanan

An illuminating and important new book by historian Karma Ben Johanan, “Reconciliation and Its Discontents: Unresolved Tensions in Jewish-Christian Relations,” deals with the reciprocal conceptions of Catholics and Orthodox Jews in the era of reconciliation. Its first part is devoted to the enthusiasm on the Christian side at drawing closer to the Jews, as well as with the internal debates that arose in the Church after the reconciliation. In its second section, the book discusses the chilly responses of Orthodox Judaism, including the suspicions aroused by the Christians’ eagerness to turn a new leaf, and the rabbis’ concern over the possibility of excessive closeness.

This riveting book by Ben Johanan, a scholar of Christian-Jewish relations and theology who is currently teaching at the Humboldt University of Berlin, is based on library research and personal interviews with some of its protagonists. It is written with scholarly momentum and enriches the reader with essential information to help us understand both ourselves and the Other. The author is to be congratulated on her splendid writing, fresh style and eloquent, cogent turn of phrase.

As noted, in the book’s initial section, Ben Johanan sheds light on the intense endeavor by Catholic theologians to fathom the meaning of the Holocaust and the Church’s anti-Jewish heritage. On the one hand, there were guilt feelings and acceptance of responsibility; on the other hand, fear of the collapse of the theological infrastructure that had crystallized over nearly 2,000 years. The Second Vatican Council’s declaration concluded one chapter in the history of Christianity and opened a new one. The decisions that were made, however, stirred new questions, which remained unresolved today.

The declaration involved a retreat from two fundamental postulates regarding the Jews: guilt for Jesus’ crucifixion and the claim that they had ceased to be the so-called chosen people. A third notion, the aspiration to see their conversion in the End of Days, yielded to the hope that in the future all peoples would be united in a belief in one God, a formulation bearing a familiar biblical complexion. Two issues remained open: the Jewish exile and the establishment of the State of Israel.

After the Jews were exonerated of the murder of Jesus, and after it was decided that they continued to be beloved by God, the questions then arose of why they had been punished by being exiled and of what reestablishment of a Jewish state signifies. If the Jews are still beloved, what is the validity of the ancient Church dogma asserting that “there is no salvation outside the Church”? Were the Jews exempted from this rule?

The author points to the rise of a conservative trend following the Second Vatican Council, not only as a natural response to the victory of the reformers in that body, but also against the background of the student revolts of 1968 in Western Europe and the United States, which generated concerns about an erosion of belief that would lead believers to abandon their faith.

The book describes vividly the Church’s readiness to cope with the challenge of modernity, to look in the mirror and conduct a self-examination without fear of jolting the foundations on which it stands. It is no easy matter for a 2,000-year-old religion to recant dogmas that it commanded billions of believers to follow. It is no small matter to level criticism at revered individuals who were canonized, at canonical books that were taught for generation upon generation. A religion, by its nature, finds it difficult to examine itself critically, because by doing so it forgoes its aspiration to metaphysical truth. A pope sitting on Peter’s throne is not eager to declare that all his predecessors were wrong.

Pope Paul VI during the Second Vatican Council.
Pope Paul VI during the Second Vatican Council.Credit: Peter Geymayer

Ben Johanan portrays the courage, sincerity and determination of the advocates of reform in the Church, who faced the hesitation and apprehension of the conservative camp. A high point of her book is the lucid description of the visit by Pope John Paul II to Israel in March 2000. The prayer he recited at the Western Wall, his speech at the Yad Vashem Holocaust memorial and his request for forgiveness from the Jewish people fomented a deep shift in the relations between Jews and Christians. His symbolic gestures created a dialogue of a new type, based on human and diplomatic friendship that pushed the doctrinal arguments into the corner of a handful of experts.

The ‘idolatry’ issue

In its second part, the book presents the internal Orthodox Jewish discourse about Christianity. The author purposefully chose Orthodoxy, of all the options, as a counterweight to the Catholic Church because of its hegemonic standing in Israel and its critical role in defining Jewish identity, although it’s doubtful this choice will curry favor with liberal American Jews. By the end, Ben Johanan concludes that, whereas Christian discourse aims at conciliation, Orthodox Jewish discourse responded to Christianity with growing hostility, which predated the Second Vatican Council and deepened thereafter.

One example is the halakhic discussion over whether Christianity constitutes avoda zara – Hebrew for “idolatry.” During the Middle Ages, there were differences of opinion over this issue. Some acknowledged that Christians believe in the divine source of the Torah and that and their religious intentions are sincere. However, in the eyes of most rabbinical adjudicators who decide matters of halakha, belief in Jesus’ divinity and in the Holy Trinity was considered proof of a multiplicity of divinities, hence idolatry. The closer relations between Jews and Christians in the modern era might have generated expectations of a softening toward Christianity, but as Yosef Salmon, a professor of history, and Prof. Aviad Hacohen, a legal scholar have shown, modern Jewish Orthodoxy continued to view Christianity as idolatry. Indeed, according to Ben Johanan, the view that Christianity is idolatry has actually become more firmly entrenched in halakhic discourse.

An increasingly negative attitude toward Christianity is also seen in attempts to restore to Jewish literature expressions inimical to Christianity and to reveal anew the truth that was concealed and censored, ever since the invention of printing, for fear of incurring Christian wrath. Among the censors in the past, some genuinely wished to be enlightened Jews, as Israeli historian Amnon Raz-Krakotzkin has shown. Normalization and political freedom eliminated the fear of Christianity and served to compensate for the inferiority Jews felt for so long.

It is no easy matter for a 2,000-year-old religion to recant dogmas that it commanded billions of believers to follow.

Another question considered by the halakhic literature is whether, now that the Jews possessed power, the State of Israel should destroy the churches under its rule, or whether this course of action should be avoided only because of fear of infuriating the “goyim,” as Rabbi Yehuda Gershuni (a student of Rabbi Abraham Isaac Kook) and Rabbi Menachem Kasher maintained.

A more extreme approach is also apparent in the realm of music. In the 19th century, Rabbi Moshe Hazan praised Christian music effusively, whereas Rabbi Eliezer Waldenberg (d. 2006) expressed shock at his approach. I must note that it’s not only religious singing that bothers the Orthodox. On two occasions I have encountered a hostile response to the singing of Schiller’s “Ode to Joy” (“All people become brothers”) in Beethoven’s Ninth, because it is considered to be “Christian music.”

One of the book’s important innovations is its discussion of the religious meaning of Jewish history in the school of thought of Rabbi Yehuda Ashkenazi (nicknamed “Manitou”) and rabbis from his circle. They were mostly educated in France and immigrated to Israel after the Six-Day War, drawing close to Mercaz Harav Yeshiva, a key institution of the national-religious movement, founded by Rabbi Kook in Jerusalem. Ashkenazi was among the few figures in Orthodox Judaism who was relatively well acquainted with Christianity. He maintained that for 2,000 years Christianity claimed that the Jews did not understand their own holy books, that they were no longer the chosen Israel and that they were punished with exile for crucifying the son of God. These allegations threatened the Jews’ self-identity.

According to Ashkenazi, things turned around after Israel’s establishment. Now it was Christianity that suffered from a loss of self-identity. It’s not the eyes of the Jews that are covered by a veil that prevents them from understanding the Old Testament; it’s the Christians who are blind and don’t understand the New Testament. The reestablishment of Jewish sovereignty proves that the Jews were right in their lengthy disputation with Christianity. Realization of the prophecies about the return to Zion proves that the Jewish interpretation of the Bible, not the Christian one, is the right one. Instead of the Jews serving as “witnesses of faith” for the justification of Christianity, Ashkenazi says, now the Christians served as witnesses who are astonished at the resurgence of the Jewish people.

Thus a new interpretation of the creation of the State of Israel developed. Not only a “national home” like that of other peoples, but a religious event that was meant to refute the Christian faith. Things had gone topsy-turvy, “and the time has come to reverse the method,” Manitou writes.

Rabbi Kook
Rabbi Kook

One of the many virtues of Ben Johanan’s book is its in-depth observation of the conceptual mosaic of the two religions, and of how new religious ideas develop amid unbroken preservation of the coherence and inner balance of the totality of religious thought. In contrast to their frozen image, both religions move and shift unceasingly with full awareness of themselves, of historical circumstances and of the ideas milling around them.

‘Biblical event’

Many reflections came to mind while reading the book, and I want to present three here. The FIRST is the surprising, apparent similarity between the interpretation of history put forward by the “French” circle, and that of the Church Fathers. Indeed, Augustinian doctrine seems to be enjoying a revival in Mercaz Harav Yeshiva. Almost at the same time that the Catholic world backed away from the old theology that saw in history the realization of the Church’s victory over Judaism – that same theology, in reverse form, acquired new life among the followers of Jewish Zionist messianism. The turning point in Christendom occurred in 1965; in that Jewish community in 1967. According to Oury Cherki, one of the rabbis of that circle, the Six-Day War is to be held in even higher regard than the War of Independence. It was “a biblical event in every sense of the word.” Now it was the turn of the Jews to see history as realizing the victory of Judaism over the Church.

Regrettably, while the Church is moving forward and calling for interfaith conciliation and fraternity, Jewish Orthodox circles are reviving the old controversy and claiming victory. Rabbi Cherki even expects the Christians to believe in the Jewish people in place of Jesus, because “Jew is the divine”! Manitou writes, “Gradually the Christians are discovering that the Jew does not need to Christianize but the Christian needs to Judaize.”

Indeed, it’s perhaps pleasant to believe that the adversary is wrong, but is contemporary Judaism fated to repeat the mistakes that Christianity made in its dishonorable past? Instead of aspiring to turn Christians into Jews and to triumph in a religious disputation, it would be better for Judaism to reconcile with and respect the religions that human civilization has created.

Whereas Christian discourse aims at conciliation, Orthodox Jewish discourse responded to Christianity with growing hostility, which predated the Second Vatican Council and deepened thereafter.

An unconscious affinity with Christian patterns of thought is also discernible in the conception of the Diaspora Jew who is homeless and therefore universal. Whereas in the eyes of philosopher George Steiner and the Satmar Rebbe this is the ideal Jew, according to the doctrine of Abraham Isaac Kook, the Diaspora Jew comes across almost as a Christian. The disconnect from the practicalities of political life made him an alienated, abstract being, in the same way that Christianity preferred to abstain from material life, the biblical commandments and sexuality, and became a religion of spirituality itself.

Thus, a new ingredient – sacred territory – was added to the classic Zionist “negation of the Diaspora.” The slogan adopted by the pupils of Rabbi Kook, “Land of Israel, people of Israel, Torah of Israel,” replaced the slogan of the 18th century Ramchal (Rabbi Moshe Chaim Luzzatto), “The Holy One, Blessed be He, the Torah, and Israel are one.” God has been removed, his place taken by the Land of Israel, and the Torah is relegated to third place.

The religious-messianic approach of these advocates also lent a new dimension to the old dispute between Christianity and Judaism about the prophecies of redemption and solace uttered by the Hebrew Prophets. Christianity viewed them as prophecies that had been realized in the coming of Jesus and in the Roman Empire’s Christianization. Jewish thought in the Middle Ages considered them a promise of the future to come. Now the future had become reality.

Yet one could wonder: If the prophecies of the destruction of the First Temple successfully predict the razing of Jerusalem that occurred proximate to their time, and if the solace prophecies were able to foresee events that took place 2,500 years later – why did no prophet foresee the destruction of the Second Temple? And what about the long exile of the Jews, which lasted 2,000, not 70 years, or the Shoah, the most terrible disaster that ever befell the Jewish people – why were they not foreseen by the prophets who peered into the remote future? Every unbiased reader of the prophecies of consolation understands that they refer to the return to Zion after the one and only event of destruction in 586 B.C.E. that was known to the prophets. But faith and naivete are often intertwined.

A SECOND reflection evoked by the book relates to its almost exclusive occupation with rabbis. But hostility to Christianity is found among Orthodox intellectuals as well. I will note here as a flagrant example the late Yeshayahu Leibowitz, “high priest” of the liberal left in Israel. The book “I Wanted to Ask You, Professor Leibowitz” (Hebrew) contains a letter the professor wrote to David Flusser, who was a professor of early Christianity and Second Temple Judaism, during the period of the Eichmann trial (in Jerusalem in 1961).

Prof. Yeshayahu Leibowitz
Prof. Yeshayahu Leibowitz Credit: Alex Levac

Flusser had expressed his satisfaction that Eichmann was unwilling to take the oath on a copy of the New Testament in court. “Eichmann severed himself from the God of Christianity and thereby served Christianity,” Flusser wrote. He added his hope that this “will be a historic change for my Christian brethren to cleanse their religious conscience and will make it possible for the Church to draw closer to our common Father in heaven.”

Leibowitz was furious at Flusser’s efforts “to purify the vermin [sheretz] of Christianity with a host of excuses.” In his view, it was hatred of Judaism and of Jews that had spawned Christianity, and it “found its perfect expression in the sinful folio [in Hebrew avon, sinful, plus gelion, folio – a wordplay on “Evangelion”] and the letters of the apostate by spite.”

Leibowitz used abusive language against Christianity, refrained from calling Paul the Evangelist by name and termed him an apostate “by spite,” in contrast to the narrative of his conversion from deep conviction and after Jesus was revealed to him. Christianity is an “abomination of desolation,” paganism that maliciously falsified symbols borrowed from Judaism. “We curse Christianity three times every day,” Leibowitz wrote.

He did not change his mind after the Second Vatican Council, but rather clung to his view that Christianity is “paganism.” In a 1987 letter to an unnamed correspondent, he wrote: “Your words make me suspect that you are an apostate, and I am not willing to enter into a discussion with apostates.” Meshumad, the Hebrew term, is a pejorative expression for a Jew who has converted. Leibowitz, for example, termed Heinrich Heine “the most contemptible and abominable figure in the history of the Jewish people.” In a 1975 letter he referred to a meshumad as “despised by people, violator of the covenant, blasphemer, reviler and curser of God.”

Whereas many dozens of theology students, priests and monks, Catholics and Protestants, flock to Jerusalem every year to study Judaism there, one can’t even imagine Israeli schools teaching the New Testament as supplementary background to understanding the Talmud.

At the conclusion of a class at the Hebrew University of Jerusalem in 2000, during which I quoted passages from the New Testament, a student approached me and asked whether I would be citing more quotes in future classes. I told her that I would give her two answers. The first: yes. The second: In all the 2,700 pages of the Babylonian Talmud, there is only one quotation from a non-Jewish book, namely from the New Testament (Babylonian Talmud Tractate Shabbat 116a-b). What is allowed to the Talmud is allowed also to a talmid (pupil). She never showed up in my classes again.

A final comment refers to the nature of the “Judaism” with which the Church seeks reconciliation. A reader of Ben Johanan’s book comes away with the impression that almost all the steps taken by Christian theologians refer to Judaism as the religion of the “Old Testament,” which preceded Christianity. This suggests that the dialogue between the two religions is only in its infancy, because Judaism is not the religion of the Bible but the religion of the Talmud, the rabbinical literature, the kabbala and prayer. Christian theology is still conducting a dialogue with itself – not yet with the Judaism that existed parallel to it.

Against this background, the pioneering academic research on both sides stands out favorably. Over the last generation, Jewish and Christian scholars in academia have shown great interest in parallel developments in both religions even after their paths separated. The Hebrew University has established a center for the study of Christianity, and with symbolic parallelism, the Cardinal Bea Center for the Study of Judaism has been established in Rome’s Pontifical Gregorian University. Dozens of books and hundreds of articles published during recent decades have been devoted to addressing the intimate and complex relations between Judaism and Christianity throughout history. Karma Ben Johanan’s book is itself an important milestone in this academic opening – which, in my estimation, is a direct result of the Second Vatican Council.

Thanks to the empathy the author shows toward her subject, the final product is not only an illuminating research study but also an intellectual, cultural and political challenge. This is an important book for Jews, separately, and for Christians, separately, and also for anyone for whom the Jewish-Christian story is an important element in defining his or her identity.

I will close with a quote from the book’s epilogue: “The challenge that the establishment of the State of Israel posed to Judaism is similar to that which the empire’s Christianization posed to Christianity.” It seems to me that the author, too, hopes that the results will be different. The book proves that academia has the ability both to draw people closer and to bring peace to the world.

“Reconciliation and its Discontents: Unresolved Tensions in Jewish-Christian Relations,” by Karma Ben Johanan. Tel Aviv University Press (Hebrew), 460 pages, 98 shekels

Emeritus Professor Israel Jacob Yuval was founder and academic director of the Mandel Scholion Research Center, and headed the Jack, Joseph and Morton Mandel School for Advanced Studies in the Humanities at the Hebrew University. His book “Two Nations in Your Womb: Perceptions of Jews and Christians” (Magnes Press, 2000; in Hebrew) won the 2002 Bialik Prize in Jewish Studies and Literature.

As taken from, https://www.haaretz.com/life/books/.premium.MAGAZINE-we-curse-christianity-three-times-a-day-can-jews-and-christians-truly-reconcile-1.9072566

 
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Posted by on August 17, 2020 in Uncategorized