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Monthly Archives: July 2014

Una religión de sensibilidad

Una religión de sensibilidad
Por Mendel Kalmenson
Mientras se dirigían rumbo a la jupá (palio nupcial), la novia y su madre sostenían sobre sus cabezas un pequeño y viejo paraguas colorido, a pesar de que en Jerusalem el día estaba muy lindo. Era una escena digna de contemplar, y una marcha nupcial difícil de olvidar.

Más tarde, cuando alguien les preguntó acerca del paraguas, contaron esta historia.

Era un día de un frío glacial en Brooklyn, llovía en forma torrencial, y una niña, pequeña que sostenía entre las manos un pequeño paraguas de colores, aguardaba pacientemente a la entrada del “770”, la Sede Central de Lubavitch, con la esperanza de poder ver al Rebe cuando este llegara a los servicios matutinos.

El auto del Rebe estacionó junto al edificio y él salió velozmente. No llevaba paraguas. Estaba a punto de entrar en el edificio cuando de repente advirtió que en la puerta había una pequeña niña que quería saludarlo con mucha ansiedad. El Rebe le sonrió con calidez y empezó a caminar hacia la entrada, en ese momento, ella le ofreció compartir su paraguas. El Rebe se inclinó para ubicarse bajo el paraguas que la niña sostenía con tanto orgullo y así fue todo doblado y llegó al 770 completamente empapado. Después de abrirle la puerta para que ella también entrara, el Rebe con una sonrisa enorme le dijo: “Gracias por compartir”.

La joven novia eligió dar inicio al próximo capítulo de su vida debajo de ese paraguas, testigo de un acto de sensibilidad tan elegante, pequeño en tamaño pero grande en simbolismo.

Un manuscrito muy sensible

Muchísimo tiempo antes de que se pusiera de moda la ecología, y mucho antes de que el mundo se volviera verde, incluso, antes de que surgiera la gran variedad de movimientos en defensa de los derechos de los seres humanos y de los animales que existe hoy en día, existía un antiguo documento, que es la firme roca sobre la que se apoya un pueblo histórico y su ley, que abogaba por estos valores y muchos otros.

Ese documento es la Torá, que se ocupa no solo del bienestar del ser humano, sino también de la vida animal y vegetal, y hasta también nos ordena demostrar respeto por los objetos inanimados.

La Torá fomenta la sensibilidad y el respeto por todos los entes existentes, no importa cuál sea su capacidad de inteligencia o expresión emotiva.

A continuación, mencionaremos algunos de los tantos ejemplos que la excepcional sensibilidad de la Torá nos alienta a demostrar por nuestros vecinos no humanos en este mundo tan diverso y polifacético en el que vivimos.

Con respecto a los animales, no tenemos que ir muy lejos.

El primer grupo de preceptos de origen Divino, en realidad, no fueron los famosos Diez Mandamientos del Sinaí, sino un grupo de siete preceptos. No nos estamos refiriendo a los Siete Preceptos de George Orwell que aparecen en su libro Rebelión en la Granja, sino a la misma cantidad que le dio Di-s a toda la humanidad al inicio de la civilización, y que conocemos como las Siete Leyes Noájidas.

Allí se encuentran en la compañía ilustre de leyes tan fundamentales y universales como la creencia en Di-s y la prohibición del asesinato y del adulterio, una ley que prohíbe la práctica de comer partes de animales vivos. ¡Sí, una demostración de la inquietud por el bienestar de los animales![1].

Además de prohibir el tratamiento cruel hacia los animales, que constituye una contribución moral que se adelantó a su época, la Torá quiso infundir en sus adherentes un sentido de compasión por los animales. Esto puede apreciarse en el énfasis que la Torá pone en un acto que llevó a cabo nuestro patriarca Jacob cuando era pastor. La Biblia (Génesis 33: 17) dice que: “Para su ganado hizo sucot [casillas o cabañas]; por eso, llamó al lugar Sucot”. Jacob se ocupaba de atender a sus animales y construyó sucot para que no estuvieran expuestos a la intemperie. Tan grande era su sensibilidad por los animales, y tan importante era esta lección para la posteridad ¡que toda una ciudad fue llamada así en honor a este acto![2].

Un mal día

Lo que sigue es una increíble muestra de consideración por los animales que se puso de manifiesto en un asombroso detalle de la construcción del Tabernáculo. En vez de construir primero paredes y luego un techo, Di-s ordenó[3] que primero se construyera la cubierta del Tabernáculo y una vez que esto estuviera finalizado, recién las paredes.

¿Cuál es la lógica de hacer una cubierta cuando todavía no hay nada que cubrir?[4].

La razón es la siguiente: inmediatamente después de recibir la notificación de que Di-s los había honrado con la tarea de construir una morada para Él, o sea, el Mishkán, las mujeres justas de Israel respondieron con gran entusiasmo.

Dice el versículo: “Todas las mujeres cuyas corazones las inspiraron con sabiduría “tejieron-hilaron las cabras [para formar paneles que cubrieran el Tabernáculo]”.

¿Cuál es el significado de esta frase tan extraña “tejer-hilar las cabras”?

Explica Rashi: “Esta artesanía era algo extraordinario, puesto que hilaban [los paneles usando] la lana de las espaldas de las cabras antes de que fueran esquiladas”. (Esta proeza acrobática se llevaba a cabo para que se produjera un vellón “vivo” en vez de un vellón “muerto”, ya que eso se consideraba una ofrenda más ventajosa).

Sin embargo, resulta que como las mujeres actuaron con más entusiasmo que los hombres, las vigas y los zócalos que conformaban las paredes tardaron más en estar listos.

Por eso, en vez de dejar a las cabras “peinadas con rizos al estilo rastafari” hasta que estuvieran listas las paredes, rápidamente se las esquiló y se hicieron de inmediato los paneles para el techo del Tabernáculo, a fin de minimizar la incomodidad de los animales (y restaurar su imagen propia)[5].

Además, más allá de la mera compasión por los animales, la Torá exige que pongamos a los animales… ¡antes que a nosotros mismos!

Basándose en el orden del versículo[6] “Y daré pasto en tus campos para tu ganado, y comerás y quedarás satisfecho”, el Talmud[7] sostiene la ley de que las personas tienen prohibido comer hasta que no les hayan dado de comer a sus animales.

Después que hablen de los “derechos de los animales”…

No daña el medio ambiente

Pasemos ahora al ámbito del reino vegetal, llamado tzomeaj.

Existe una prohibición bíblica muy reveladora[8] que prohíbe a los soldados talar árboles frutales cuando sitian una ciudad enemiga. Vemos con asombro que los árboles que producen frutos deben ser protegidos a toda costa, incluso, ¡a costa de una victoria militar acelerada!

Rabí Janina, el gran sabio talmúdico, recalcó la enorme importancia de esta mitzvá cuando declaró que incluso su hijo Shivjat había muerto debido a que taló una higuera antes de tiempo, vale decir, cuando todavía daba frutos[9].

El mundo inorgánico, llamado domem, tampoco se queda afuera, sino que merece toda nuestra consideración y todo nuestro respeto.

Una expresión muy conmovedora de esta idea aparece en el mandato bíblico: “No ascenderás con escalones a mi altar [sino que construirás una rampa], para que tu desnudez no quede al descubierto sobre él”.

Señala Rashi: “[No había] un desnudo propiamente dicho, ya que está escrito: ‘Y les harás pantalones de lino’; no obstante, dar pasos grandes [sobre escalones] está muy cerca de [parecer] estar desnudo, lo que sería muy humillante para los escalones…”[10].

Vemos entonces que la inconveniencia del santo Sacerdote, que tenía que subir por una rampa en vez de subir por escalones mientras llevaba a cabo su sagrada labor en el templo, está segunda en importancia después de la dignidad de un bloque de piedra sin vida[11].

¡Está con vida!

Para que no se confunda la Torá con los movimientos actuales, que noblemente fomentan muchos de los derechos mencionados anteriormente, es necesario que señalemos algo muy importante.

La base y el motivo de la Torá para abogar por la benevolencia y la compasión hacia los seres que no son humanos no se centra en un interés en nosotros mismos ni en el temor de nuestro propio delicado futuro (como aquellos que dicen “Si no nos ocupamos del planeta hoy, mañana ya no vamos a tener ningún planeta que se ocupe de nosotros”. O, en el caso de los derechos humanos, “Si no luchamos por la libertad de todos los hombres, puede que un día perdamos la nuestra”).

El interés de la Torá surge del hecho de que el judaísmo, tal como lo enseña la filosofía jasídica, sostiene que existe un punto de vida, una “chispa de Di-s” en cada aspecto de la creación. Esta chispa es una extensión del Creador que debe ser tratada como tal.

Rabí Nissan Mangel, un destacado autor, fue comisionado por el Rebe para traducir el Tania al inglés. Cuando tuvo que traducir la palabra domem, utilizó la traducción estándar de “inanimado”.

Sin embargo, uno de los temas principales de Tania (en Shaar HaIjud VehaEmuná) es que en verdad no existe nada “inanimado”, ya que todo contiene una chispa Divina. El Rebe revisó su traducción y reemplazó “inanimado” por “silencioso”[12], en el sentido de que mientras hay vida, incluso en algo domem, el objeto de este ámbito se mantiene “silencioso”, ocultando la inherente chispa Divina que posee. Rabí Mangel, que quería mantener un estilo elegante, mantuvo la palabra “inanimado” y puso entre paréntesis la palabra “silencioso”. Al revisar la traducción por última vez, antes de la publicación, el Rebe le quitó los paréntesis, a la palabra “silencioso”, y se los puso a la palabra “inanimado”.

La palabra “inanimado” en ese contexto no era solamente una traducción inexacta, un uso técnico erróneo de la palabra; la diferencia entre ambas palabras afecta la esencia de la realidad, su raíz y su carácter Divinos.

En consecuencia, este es el sentido de la presencia Divina en toda la creación, al que le rendimos tributo y respeto y por el cual exhibimos sensibilidad y consideración.

Por lo tanto, en el análisis final, esto es un testamento de una verdad ulterior y un cimiento de nuestro mundo: en nuestra esencia, todos provenimos de una misma fuente, continuamos siendo uno y podemos ‒y un día lo haremos‒ vivir como uno.

¿Y entonces?

“Ahora bien: si con respecto a estas piedras, que no tienen la inteligencia necesaria para objetar dicha humillación, la Torá dice ‘No las trates de manera humillante’, entonces, en el caso del prójimo, que fue creado a la imagen de tu Creador y a quien sí le molesta ser humillado, ¡con cuánto más respeto deberás tratarlo!”, Rashi.

[1] Por ejemplo, la Biblia prohíbe ponerle bozal al buey (o a cualquier otro animal) cuando está trabajando en el campo (Deuteronomio 25: 4), ya que esto le causa sufrimiento al animal. El animal ve el grano, pero no puede comerlo. Del mismo modo, la Biblia prohíbe que uno are el campo con dos especies diferentes de animales (Deuteronomio 22: 10). Esto se debe a que las distintas clases de animales (en la Biblia se usa el ejemplo de un buey y un asno) no funcionan como un equipo, ya que uno es más grande y más fuerte que el otro, y esto les causa un sufrimiento excesivo (véase comentario de Ibn Ezra sobre este versículo). Asimismo, enviar a la madre pájara antes de tomar sus pichones o huevos es explicado por ciertos comentaristas como una forma de minimizar el dolor de la madre pájara (Deuteronomio 22: 6).

[2] El Talmud (Bava Metzía 85.ª) cuenta una historia para explicar por qué Rabí Yehuda el Nasí, conocido como Rebi, sufrió durante trece años de cálculos en los riñones y de escorbuto. (De hecho, su dolor era tan intenso que sus gritos cuando iba al baño se oían a gran distancia). Había una vez, un carnero que era llevado al matadero. El carnero fue y ocultó su cabeza bajo la ropa de Rebi y lloró. Rebi le dijo: “¡Ve allí! ¡Para esto fuiste creado!”. Dijeron [en el Cielo]: “Dado que no tiene compasión, causémosle sufrimiento”. El sufrimiento se fue debido a otro episodio diferente. Un día, la sirvienta de Rebi estaba barriendo la casa. Algunas comadrejas habían sido arrojadas allí, y ella estaba a punto de barrerlas. Rebi le dijo: “No las toques. Está escrito (Salmos 145: 9): ‘Y Su compasión está en todas Sus obras’”. Dijeron [en el Cielo]: “Dado que es tan compasivo, seamos compasivos con él”.

[3] Véase Éxodo 26: 1.

[4] Véase Rashi sobre Éxodo 38: 22.

[5] Basado en una charla del Rebe de Lubavitch, publicada en Likutey Sijot, tomo 16. El Rebe también da otra explicación: si se dejaba el pelo de las cabras sin esquilar hasta que las vigas del Tabernáculo estuvieran listas, el pelo crecería y no podría ser hilado.

[6] Deuteronomio 11: 15.

[7] Brajot 40.ª.

[8] Deuteronomio 20: 19. El Talmud extiende esta prohibición de no destruir los árboles frutales a toda clase de destrucción derrochadora y considera destrucción derrochadora a toda forma que transgreda la ley de la Torá (Shabat 129.ª; Bava Kama 91b). Esto se conoce como el principio de bal tashjit (literalmente: “no destruirás”, que es una prohibición en contra de la destrucción o el derroche innecesarios).

[9] Talmud, ibíd.

[10] De hecho, la lección de esta ley es triple: debemos abstenernos de cometer actos insensibles incluso cuando el otro no es consciente de que se le está faltando el respeto, e incluso, cuando el culpable no tiene intenciones de ofender, e incluso, cuando la ofensa no es exactamente según la ley. Véase Likutey Sijot, tomo 21, pág. 124.

[11] Veamos lo que ocurrió en el caso del Rey David, que sufrió de una extraña enfermedad cuando era anciano. Su cuerpo y su ropa no lograban proveerle el calor necesario y siempre tenía frío (Reyes 1, 1: 4). El Midrash dice que el Rey David contrajo esta enfermedad tan inusual como un castigo Divino por haberle cortado la prenda de vestir al Rey Saúl muchos años antes. David, en forma encubierta, le cortó la ropa a Saúl cuando este estaba haciendo sus necesidades a fin de demostrarle a Saúl que podría haberlo matado si hubiera querido (Samuel 1, 24: 5). El Talmud declara: “Todo el que trata la ropa de un modo irrespetuoso, al final, no obtendrá de la ropa ningún beneficio” (Talmud, Brajot 62b).

[12] Como en la palabra del versículo (Levítico 10: 3): “Vaidom Aarón” (“Y Aarón se quedó en silencio”).

POR MENDEL KALMENSON
El rabino Mendel Kalmenson ha viajado por Europa Asia y Sudamérica acercándose a judíos en los lugares más remotos. Hoy en día vive con su mujer en Brooklyn y estudia en el Kolel de Jabad.

Según tomado de, http://www.es.chabad.org/library/article_cdo/aid/2165681/jewish/Una-religin-de-sensibilidad.htm el martes, 16 de julio de 2014.

 
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Posted by on July 16, 2014 in Uncategorized

 

Un Fenómeno Extraordinario: Números Redondos

Un Fenómeno Extraordinario: Números Redondos
Tal como ordenó Di-s a Moshé. (Bamidbar 31:31)
Adaptado de la Enseñanzas del Rebe de Lubavitch

En el párrafo bíblico semanal, la Torá describe la victoria de los hijos de Israel en la batalla de Midián, y la orden especial de Hashem con respecto al botín de guerra capturado: debían censar a todos los prisioneros y al botín y dividirlo por dos -una mitad sería para los soldados y la otra para el resto de la congregación; luego debían separa de cada mitad una parte para destinarla al Altísimo- de la parte de los soldados debían separar uno de quinientos de cada especie y entregarlo a los sacerdotes y, de la parte del resto del pueblo, uno de cincuenta de cada tipo y entregarlo a los levitas.

Al finalizar este mandato, nos relata así la Torá: “E hizo Moshé y Elazar el sacerdote tal como ordenó Di-s a Moshé”. A simple vista con esto era suficiente. Pero no fue así: a continuación la Torá enumera en detalle la cifra total correspondiente a cada especie del botín, luego sigue con la descripción pormenorizada de la mitad de cada especie correspondiente a los soldados, así como de la mitad del resto de los judíos, y siguen con el detalle exacto de las cifras que fueron dedicadas al Altísimo. Y no se entiende: ¿Qué necesidad hay de relatar todos estos detalles?

No Murió Ninguno

El Rambam explica que, en esto nos quiere revelar la Torá que desde que comenzaron a censar el botín y hasta que lo dividieron y separaron el impuesto a Di-s- una actividad que ciertamente requirió de mucho tiempo -no murió siquiera sólo un animal de todo el botín. (Si hubiera muerto tan solo uno, las mitades no hubieran sido parejas).

Pero no se entiende: Di-s no lleva acabo milagros en vano ¿con qué fin realizó este milagro?

¿Que Pasó con el Resto?

La explicación de ello: En la ordenanza sobre cómo disponer del botín faltó, a simple vista, la directiva de cómo actuar con los restos. ¿Qué debían hacer, por ejemplo, si quedaban 73 cabezas de ganado -¿como separaban de ellas “uno de cincuenta”? ¿Por qué no tomó en cuenta la Torá una posibilidad como esta?

Por ello el texto nos aclara que no hubo residuales. Las cantidades del botín pudieron dividirse en mitades exactas y en múltiplos de 50 y de 500. Cuando observamos la descripción numérica del botín, descubrimos este hecho fuera de lo común, absolutamente inusual. Esta es la explicación de por qué la Torá vio necesario enumerar detalladamente la división del botín, para enfatizar que los números podían dividirse exactamente de acuerdo al mandato de Hashem.

De esta manera, los judíos pudieron cumplir la ordenanza “de su mitad” y el resto de las directivas de la manera más perfecta.

No Hay Dificultad

Cuando meditamos sobre el tema, vemos lo extraordinario de lo ocurrido. Está claro que, para que los hijos de Israel puedan tomar del botín números redondos, tuvo que intervenir la Providencia Divina, mucho tiempo antes de la misma guerra. Y esto con un solo objetivo: ¡que los judíos puedan cumplir con la orden de Di-s de la manera más íntegra!

Esto nos enseña que, incluso previo al cumplimiento de cada Mitzvá -orden Divina – Di-s ya prepara el terreno para poder ejecutarla, y desde un principio no da pie a obstáculo ni perturbación alguna. Por lo tanto, no hay que asustarse ni devenirse por ninguna traba en el camino a cumplir los preceptos. Se debe confiar en Hashem, que ya organizó y ordenará todo desde un principio, para que podamos cumplir las Mitzvot como corresponde y en la medida más completa y perfecta.

(Likutei Sijot tomo 13, Pág. 110)

Según tomado de, http://www.es.chabad.org/library/article_cdo/aid/1200982/jewish/Un-Fenmeno-Extraordinario-Nmeros-Redondos.htm el martes, 16 de julio de 2014.

 
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Providencia Divina y el Libre Albedrío

Providencia Divina y el Libre Albedrío
¿Quién tiene la última palabra en cuanto a las acciones del hombre, D-os o el hombre?
Por Eliezer Shemtov
Una de las preguntas interesantes que surge cada tanto es cómo se puede conciliar el hecho de que D-os dirige todo con el hecho de que el hombre es juzgado por sus acciones porque tiene el libre albedrío para elegir entre hacer el bien y hacer el mal.

En otras palabras: ¿Quién tiene la última palabra en cuanto a las acciones del hombre, D-os o el hombre?

Según las enseñanzas del Baal Shem Tov, la Providencia Divina controla absolutamente todo lo que ocurre en el mundo, hasta el acontecimiento más aparentemente insignificante como la caída de una hoja del árbol. Para D-os, que es infinito, no hay cosas grandes y cosas chicas; todo es igualmente significativo. A tal punto es el control que como consecuencia de ello se entiende que todo lo que uno ve o escucha contiene un mensaje para él o ella, ya que no existen las casualidades; es todo por causalidad. Si veo o escucho algo es porque D-os lo coordinó de esa manera. Quiere decir, entonces, que hay un propósito por el cual me hizo ver o escuchar lo que vi o escuché.

Nuestros sabios señalan que el que se enoja está considerado como si adorara ídolos (Talmud, Shabat, 105b, Mishné Torá, Deot 2:3). ¿Por qué? Porque si me enojo con alguien por el daño que me causó estoy implicando que esa persona tiene un poder de decisión independiente de D-os. Sería una especie de idolatría atribuir fuerzas independientes a algo o a alguien fuera de D-os.

¿Qué hacemos entonces con el libre albedrío? Si no debo enojarme con alguien porque, en definitiva, no es el responsable último de mi sufrimiento, sino D-os, ¿debería ser pasivo y dejar que me agredan sin defenderme o buscar la justicia?

Antes que nada cabe señalar que la Torá nos encomienda defendernos ante el peligro, buscar curarnos en caso de enfermedad, D-os libre y guarde, y buscar restitución en caso de que alguien haya hecho daño personal o económico. El hecho de que todo viene de D-os no quiere decir que hay que aceptar todo pasivamente, sino que D-os nos manda situaciones aparentemente adversas para que intentemos corregir o superarlas. Pero hay que entender: Si D-os es Quien decide todo lo que sucede en el mundo, ¿qué responsabilidad tiene el hombre por sus acciones?

Una explicación interesante al respecto es la siguiente:

Si bien D-os define todo lo que pasa en el mundo, no define quién lo va a ejecutar.

O sea, hasta que D-os no decrete que uno debe perder $50, no hay nada ni nadie que lo puede hacer perder. Pero una vez que D-os decretó que fulano debe perder ese dinero, todos tienen ahora la posibilidad de elegir ser el instrumento por medio del cual el dinero se va a perder. El que roba está en infracción porque D-os nos prohibió robar, pero no es el causante de la pérdida, ya que si nadie hubiese optado por robarle los $50, los perdería por otro lado. Aún así, el damnificado tiene el derecho y obligación de recuperar por la justicia lo que es suyo, como mencionamos anteriormente.

¿En qué se basa esta explicación?

La Torá (Génesis 16:7-20) nos cuenta cómo D-os hizo el Pacto entre las Piezas (Brit bein habetarim) con Avraham. Una de las cosas que le dijo en ese momento fue que sus descendientes iban a ser oprimidos durante 400 años por medio de un pueblo ajeno, y al finalizar ese período D-os juzgará al pueblo opresor y los judíos saldrán con mucha riqueza.

Cabe preguntarse: Si D-os ordenó que el pueblo judío debería ser oprimido por medio de los egipcios, ¿por qué juzgar y castigarlos después?

Una de las explicaciones es que si bien D-os decretó que el pueblo egipcio iba a oprimir al pueblo judío, no definió cuál egipcio específico iba a hacerlo. Cada egipcio que tomó parte en la opresión lo hizo porque eligió hacerlo por libre albedrío y por lo tanto era responsable por sus acciones. No podía eximirse diciendo que estaba simplemente “acatando órdenes”…

“¿A dónde vas?”

Otra manera de resolver la contradicción es que D-os lleva a cada uno a dónde puede y debe hacer algo y está en uno optar por cumplir su misión o no.

Cuentan de un judío que estaba en camino a la sinagoga una mañana, cuando el gobernador pasó en su carro, y le pregunta: ¿A dónde vas?

“No sé,” respondió.

“Guardias, ¡llévenlo a la carcel!” ordenó el gobernador.

Cuando llegó el juicio el gobernador explicó el motivo de su indignación. “Yo, el gobernador, te pregunto ‘¿a dónde vas?’ ¿y me contestas que no sabes? ¡Qué insolencia!”

“Le dije la verdad, su señoría. Yo estaba en camino a la sinagoga cuando de repente me encontré en la cárcel. Yo sabía a dónde quería ir, no sabía a dónde iba…”

La Omnisciencia Divina

Hay otra pregunta relacionada al tema: Si D-os sabe todo lo que va a pasar en el futuro, ¿no implica esto que el hombre ya está “preprogramado” y no puede elegir, ya que si pudiera elegir, cómo sabe D-os con certeza qué va a elegir llegado el momento de decisión?

El Rebe explica el tema de la siguiente manera.

El saber de antemano no afecta la decisión posterior. Imaginate alguien que puede ver el futuro y ve lo que alguien va a decidir. Esto no afecta su poder de decisión. Del mismo modo, saber lo que uno va a elegir no impide su libertad de acción. En términos científicos podríamos decir que lo opuesto al libre albedrío no es el conocimiento previo, sino la compulsión, ya que el conocimiento no implica compulsión, como vemos con el conocimiento del pasado, y no influye en el libre albedrío.

También hay que tomar en cuenta que D-os está por encima de los límites del tiempo. Para Él, el pasado, presente y futuro es todo uno. Para D-os, ver el futuro es como para nosotros ver el pasado. Así como saber lo que pasó no afecta lo ocurrido, del mismo modo saber lo que pasará no lo afecta.

¿Por qué Le importa?

Si D-os es Todopoderoso, ¿por qué nos pide que hagamos determinadas cosas? ¿En qué Le cambia? ¿Acaso necesita nuestra ayuda? ¿No puede hacer lo que quiere solo?

Una de las respuestas es que el motivo por el cual D-os creó al mundo fue para generar bondad. Es posible hacer bondad únicamente si hay algún otro con quien hacerla. La mayor bondad que puede hacerse para con alguien es darle utilidad. D-os nos pidió una cantidad de cosas para que podamos ser útiles.

En otras palabras, D-os quiso “necesitar” nuestro aporte. D-os creó la materia prima y nos dio el mandato de desarrollarla y utilizarla para el fin por el cual la creó. Cuando cumplimos con Su pedido nos transformamos en Su socio en la Creación.

Así que, ¡manos a la obra!

POR ELIEZER SHEMTOV

Rabino Eliezer Shemtov es el representante del Rebe de Lubavitch, que su mérito nos proteja, en el Uruguay. Es autor de Amores Imposibles, Cruzando el Charco y Ser Judío Hoy.Haga clic aquí para adquirir los libros del Rabino Shemtov.

Segun tomado de, http://www.es.chabad.org/library/article_cdo/aid/2089978/jewish/Providencia-Divina-y-el-Libre-Albedro.htm el lunes, 14 de julio de 2014.

 
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The Case Against a Palestinian State

The Case Against a Palestinian State
By Simon JacobsonSimon Jacobson

Many are wondering what lies behind Arab rage against Israel. Compared to the millions of Muslims slaughtered by other Muslims in Sudan, Syria, Iraq and other countries, Palestinian deaths in Israel are relatively few. Yet the millions massacred and millions more repressed does not evoke Arab outrage as do the events in Israel. Why the double standard? In this week’s New York Times Nicholas Kristoff argues that this double standard in the Middle East is due to the fact that Arab countries are shame-based societies, and Israeli repression of Arabs is seen not just as brutal, but also as humiliating.

He cites Arabs telling him that, “Israel is a colonial outpost and that as a result while Israeli Arabs may have ballots and free speech, they have no dignity. The Israeli occupation represents a total humiliation of all the Arab regimes. It’s a continuous reminder of the weakness of the Arabs as people, of their society and political system, as well as an indication of the impotence and corruption of their regimes.”

Arab humiliation seems to have become a mainstay since the fall of the Ottoman Empire. The Arab world can simply not get over their lost pride as a people who once ruled and represented the epitome of civilization, and now are relegated to Third World status. Israel and America represent for the Arab world the source of this humiliation – so the argument goes.

Many other speculations are offered to explain Arab rage and frenzy against Israel and the West.

Understanding the underlying causes for Arab sentiments is not academic; it is the only way to get to the bottom of the issues. Understanding their mentality is the true key to help provide us with a meaningful strategy. We can never devise a workable plan as long as we focus on the superficial causes, and do not understand the driving force of our adversary. Does the Arab world just want justice for the Palestinians? Equal rights (rights they do not have under any Arab ruler)? Some land to live peacefully? Or perhaps they want something more that they simply are not telling us?

I submit that the true reason and core root of Arab anger is religious and not political.

The Arab world’s opposition to Israel is not due to any Israeli actions, but rather to the very existence of the Land of Israel and Jewish control over the land. This control is a perpetual thorn in their side, and the root cause for their “shame” and humiliation.

Why? Because Muslims fundamentally believe that Israel’s existence – and Jewish control over Israel – in what they consider to be their ‘conquered land,’ is a desecration of their religious vision.

This is the reason why Muslims have always built mosques on the sacred land of Jews and Christians (e.g. the Temple Mount, Bethlehem) to demonstrate their absolute belief that Muslim control over these lands fulfills and realizes the Divine will.

This religious belief is the true cause for the rage of the Arab/Muslim world against Israel. It is not about human rights, Palestinian sovereignty, Arab dignity, oil, money, harems, or any other issue. No amount of land return, no concessions will satisfy them – other than the elimination of Jewish control in Israel.

As uncomfortable as it may be, we will never be able to resolve the issues until we realize that this is a religious war not a political one.

Many of us would like to conveniently believe that the issues are political ones, because that would make the situation a lot more manageable and the problem a lot simpler. We know how to deal with political challenges. But if this is a religious war, we simply do not have the tools, experience or interest to fight such a war.

Our existing modalities are secular ones. Our political systems and governmental institutions have been built with secular goals in mind, without much consideration to spiritual and religious values, which we have relegated to the private sector. We therefore do not see the world in context of religious and spiritual vision. That’s why we cannot fathom or understand the rage of the Arab world today.

And this is why a Palestinian state is not possible, and for that matter not doable. A state will never satisfy the Arab world. They will simply see it as a step in the direction of their re-conquest of Israel. They do not want a state for political reasons, but for religious ones. That is the key to the underlying issues. As much as we wish to make the Arafats of the world our “partners in peace,” we must realize that our secular notions of peace are not part of their agenda at all.

But what lies beneath and behind – what fuels – this Arab rage and passion? To understand this we need to enter into the secret world of religious passion. This week’s Torah portion can help enlighten us

Balance between the sacred and the mundane is the theme of this week’s Torah portion, Achrei-Kedoshim (actually two portions that are joined as one). In Achrei we read about the aftermath of the death of Nadav and Avihu, the two sons of Aaron who were consumed by Divine fire when, in their passionate ecstasy they entered the Holy of Holies inappropriately. Kedoshim commands us to “be holy, because I, your G-d, am holy.”

Sanctifying yourself in the material world is no simple feat. Spirit and matter are dichotomous. Our physical existence consumes us so that it leaves little room (space and time) for spirituality. Our struggle for survival – eating, sleeping, work, shelter – hampers our search for transcendence, the pursuit of our calling and higher purpose. Material life lends itself to corruption, which explains why the scouts sent by Moses to Israel returned with a negative report, arguing that Israel is a “land that consumes its inhabitants.” Who among us does not have the struggle between our own personal higher standards and the temptation to conform to society’s standards, between home and career, between focusing on our transcendental needs when we are so preoccupied with our material ones?

The challenge of creating harmony between body and soul is twofold. When we are immersed in our daily needs it is increasingly difficult to access our souls. When we are inspired by a transcendental experience, we find it difficult to reenter regular life. It seems as if the extraordinary and the ordinary are mutually exclusive, like two different worlds that can never entirely converge.

How often do we find someone caught up in spiritual ecstasy that they cannot return intact? Being burned out by the fire of a passionate high, unable to reenter ordinary life? Case in point the famous Talmudic story of the ‘four who entered the garden,’ three unable to return unharmed. This explains why some mystics have chosen the ascetic path, separating themselves from regular life, so that they can pursue the life of the spirit.

Nadav and Avihu succumbed to this temptation. In their great passion and love for the Divine, they entered the Holy of Holies, and they… ‘burned out’ and could not return. This week’s Torah portion defines the necessary guidelines on how to enter holiness and how to internalize and integrate the experience and not self-destruct.

Of course this fear of being spiritually ‘burned out’ can lead one to argue the merit of the exact opposite position: We should just immerse ourselves in our material lives and forget about our spiritual dreams and fantasies. The argument goes: In our mundane world it is simply naïve to live a life of spiritual and ethical integrity. If we do embrace the sublime, we stand the great risk of ‘burn out’ and being unable to cope with ordinary life. Why take the risk, better to just resign ourselves to a mundane life, as close as we possible can to ‘animal bliss.’

Kedoshim tells us, no! We are obligated to sanctify our lives. And this precisely is life’s challenge: To fuse both worlds – matter and spirit, to spiritualize our material existence. This requires a delicate balance – a delicate dance – to synthesize both experiences, without one annihilating the other.

What is sanctity? Sanctity is recognizing that that every aspect of your life is not self contained but meant to become a channel for a Higher presence. Kedusha (holiness) is bittul (see Tanya chapter 6), suspension of self that allows the Divine to enter. Selfishness and narcissism does not allow anything else in. “Where is G-d?” the future Rebbe of Kotzk was once asked as a child. He replied: “Wherever you let Him in.”

The command “be holy” instructs us to sanctify all aspects of existence – time, space and human. We must sanctify our personal behavior, through kindness and love. Then we sanctify time – we realize the preciousness of each moment and fill it with meaningful and Divine activities. Shabbat and the holidays are sacred days. Yom Kippur – the holiest day of the year, the Holy of Holies – is the epitome of time sanctification, serving as the source of sanctity for all days of the year.

Finally we sanctify space, the homes, land and countries in which we live. The Holy Land of Israel is the epitome of space sanctification, serving as the source of sanctity that spread to the entire globe. [This is one reason why we pray facing the East – Israel, Jerusalem, the Temple Mount].

Jerusalem – especially the Temple Mount and specifically the Holy of Holies on the Mount – is the center and nucleus of Holiness on Earth. No wonder everyone always wanted to control Jerusalem. Not just today but throughout history. How many battles have been waged over that holy real estate?

So, Jewish control of the Holy Land and particularly of the Holy of Holies is no small matter. Arab rage against Israel may have many ostensible causes. But at its core root, it stems from the Holy of Holies – from the need and will to control that vital region. As long as Jews control it, they feel utterly weak.

The Talmud gives us a profound psychological insight. At times your unconscious – your mazal – may sense something that causes a strong physical reaction. The holiness of Israel and Jerusalem is the cause for the profound enmity of the Arab world, even if there are other perceived causes and not everyone may be conscious of the true cause.

But to devise a successful strategy requires a true diagnosis of the problem. And sometimes (more often than not) the truth is something no one wants to hear or acknowledge. The war against Israel is rooted in religious belief (albeit distorted). And this is very difficult for us to accept. Why? There are many reasons. One compelling reason is this: After all, our modern secular world still lingers in the long shadow of the war between science and religion, a war many thought was won long ago by science and secularism. Suddenly religion comes back on the scene, and is threatening not just the Middle East but New York and Washington – mighty secular America.

That is too much to absorb in one shot. That’s why people are in such shock. We need to get accustomed to this new reality — a religious global war being fought, a war that will determine what G-d really wants of us, a war that will define and crystallize once and for all what is true Islam, what is true Christianity and what is true Judaism. We need to learn to reintroduce a long forgotten G-d into our lives, to reacquaint ourselves with G-d after a long hiatus, fueled by prosperity and its inevitable complacency and spiritual lethargy.

As a Jew, I know that our role is to use every platform available to us today to advocate the universal message of Torah – what Abraham taught to all his children, how G-d wants all of us to live, Jew, Muslim, Christian and all people.

The Torah’s essential message is that we can and we must sanctify the material world. We need to integrate the sacred with the mundane. One extreme or the other is simply not acceptable: Violent passion – even in the name of G-d – is destructive and therefore un-G-dly. Too much untempered chesed (Ishmael) annihilates the universe. Conversely, overabundant gevurah (Esau) and immersion in the material, or its antithesis, radical disassociation with the physical (as in celibacy), is equally destructive.

The holiness of Eretz Yisroel is complete when it creates harmony between the physical land (Eretz) and the Divine (Yisroel, meaning “You have battled with the Divine and with man and you have prevailed”).

We are now experiencing perhaps the greatest ‘market correction’ in history – in defining the truth of the world’s religions; a reality check of the vastest proportions – the final battle – and ultimate reconciliation – between the sublime and the secular, between spirit and matter.
Truth or consequences is not a game today; it has never been so apparent. The consequences of living a lie are becoming more obvious by the day (see my previous article). Lies and deception work well in shadows, where is difficult to discern true from false. But as the dawn breaks and we can begin to clearly see the price we pay for our falsities, the truth emerges in direct proportion to the exposed lies.

Are we really surprised that chemical weapons have now been found in Arafat’s Ramallah headquarters?

Sometimes the most obvious truths are not stated and acknowledged because we fear the unknown. But then when we do acknowledge them we begin to realize that we have the power to face the challenge.

Let us hope and pray that we do not have to pay with any more lives to realize the truth of our situation and act accordingly.

Segun tomado de, http://meaningfullife.com/currentevents/israel/The_Root_of_Arab_Rage.php el jueves 10 de julio de 2014.

 
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Posted by on July 10, 2014 in Uncategorized

 

Intimidad Espiritual

Intimidad Espiritual, por  

El mundo occidental tiene una considerable dificultad con el concepto de intimidad sexual. Una muestra de esto es la obsesión que tiene la cultura con el tema. En los carteles de las carreteras, publicidades de las revistas, novelas superventas y en casi cualquier forma de expresión cultural —desde el elevado arte hasta el bajo lenguaje—, las insinuaciones sexuales dominan el paisaje.

Esto a menudo me recuerda el incisivo comentario que hizo Gertrudis, la madre de Hamlet: “A mi parecer, la dama procura demasiado”. En vez de mostrar una posición simple y llana sobre las relaciones físicas, esta necesidad de mencionar constantemente el tema revela una perceptible incomodidad con él.

Irónicamente, a pesar de que el mundo occidental trabajó con determinación durante el siglo pasado para liberarse de cualquier tipo de restricción moral o sexual impuesta por la religión, se ha quedado con el souvenir de que la sexualidad es en cierto sentido sucia.

El judaísmo está completamente en desacuerdo con esta forma de ver las cosas.

Para el pensamiento judío, la intimidad física contiene el mayor potencial para la espiritualidad. Es uno de los mejores medios que le fueron entregados a una pareja casada para que pudieran expresar santidad.

Sin embargo, al igual que cualquier otro medio, su uso depende completamente de la expresión que le den los individuos involucrados. La unión sexual es como un lienzo en blanco frente a los artistas —marido y mujer—, y el mensaje espiritual que ellos produzcan puede ser vacío o bien puede ser una obra maestra.

Las fuentes judías clásicas describen la sexualidad como un poderoso río. Si es controlado puede irrigar y abastecer innumerables comunidades, pero si no es controlado, entonces trae inundaciones y destrucción.

En su expresión más elevada —en un matrimonio judío que se rige de acuerdo a la ley judía—, la unión sexual trae santidad al mundo, uniendo a la pareja espiritual, física y emocionalmente.

La cercanía entre marido y mujer no es solamente algo bueno, sino que es la recreación en un plano físico de una realidad espiritual más profunda. De acuerdo al pensamiento judío, el hombre y su mujer eran originalmente una sola alma antes del nacimiento, la cual se dividió en dos mitades cuando el más joven de ellos fue concebido. Cuando ellos se vuelven a unir en el matrimonio, su vínculo es único porque representa la recreación de una única entidad, de una sola alma.

Al describir el matrimonio, la Torá escribe:

Por lo tanto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su esposa, y ellos se convertirán en una sola carne (Génesis 2:24).

Sin embargo esta “unicidad” que es la meta central del matrimonio judío no es fácil de alcanzar. Para la edad de matrimonio, estás dos medias almas pertenecen a dos individuos sumamente distintos, quienes crecieron con historias, experiencias y gustos diferentes. Afortunadamente, el matrimonio mismo provee abundantes herramientas para superar estas diferencias que fueron impuestas y para establecer en el plano físico la misma unicidad que existe en el plano espiritual.

Probablemente la herramienta más poderosa que promueve la unidad en el matrimonio es la intimidad sexual. Todos los maravillosos sentimientos que tiene una pareja en una relación culminan en la intimidad física entre marido y mujer.

Si Dios dotó a la intimidad con este extraordinario poder, entonces, Él debería habernos dado también una guía —un medio— para aprovecharla en su máximo potencial. Y de hecho lo hizo. Llamamos a este medio: mikve.

La mikve —y la disciplina halájica que la acompaña, la cual se conoce como “leyes de pureza familiar”—, fueron alguna vez sumamente conocidas y eran practicadas en los hogares judíos de forma tan universal como el encendido de las velas de Shabat. Ninguna familia judía habría pensado siquiera en vivir sin ellas.

Pero hoy en día esta institución no sólo ha sido completamente olvidada por la gran mayoría de las familias judías, sino que el matrimonio mismo ha perdido gran parte de su estatus.

Sin embargo en el pasado los valores eran diferentes. Los matrimonios eran más fuertes; de hecho, los matrimonios judíos eran la envidia del mundo. En esa época, las familias judías no solamente sabían sobre mikve y leyes de pureza familiar, sino que incluso arriesgaban sus vidas para practicarlas.

Una mikve es una herramienta espiritual; no tiene nada que ver con higiene.

Mikve significa recolección. En términos físicos se refiere a una piscina que se utiliza para recolectar agua “natural”, que no ha sido tocada por manos humanas, como agua de lluvia o agua de ríos y manantiales subterráneos.

Culturalmente, una mikve es de tanta importancia que los rabinos del Talmud decretaron que si una comunidad no tiene ni mikve ni sinagoga, construir una mikve tiene prioridad por sobre levantar una sinagoga.

En la práctica, una mikve es utilizada tanto por hombres como mujeres, quienes se sumergen en ella en ciertas ocasiones especiales. Aunque se ve como un baño común y corriente, no lo es; cuando la ley judía ordena el uso de una mikve, quien la usa debe estar perfectamente limpio y bañado antes de la inmersión. Una mikve es una herramienta espiritual; no tiene nada que ver con higiene.

La Torá menciona a la mikve principalmente en relación al Sumo Sacerdote judío, el Kohén Gadol, quien se sumergía en sus aguas cinco veces durante los servicios de Iom Kipur cuando el Templo Sagrado estaba en Jerusalem. Hoy en día el uso más importante de la mikve es por parte de las mujeres, quienes se sumergen en ella como uno de los pasos del ciclo de reunión y separación entre marido y mujer, más conocido como “leyes de pureza familiar”.

Ninguna breve descripción de la pureza familiar, incluyendo la que veremos a continuación, es suficiente para asegurar su práctica adecuada. Y de hecho ninguna breve descripción de los beneficios de la pureza familiar puede explicar adecuadamente su belleza. Solamente el hecho de practicarla puede transmitir verdaderamente su extraordinaria naturaleza.

Muchas parejas judías que desconocían originalmente la disciplina de lamikve pero que aprendieron sobre ella e incorporaron la práctica de las leyes de pureza familiar en sus vidas, me han dicho que si alguna vez tuvieron dudas de que la Torá fue entregada por Dios, entonces la mikve y la pureza familiar las borraron. La sabiduría —o como ellos lo describen, la genialidad— de esta práctica es tan grandiosa que ninguna mente humana podría haberla inventado.

Y sin embargo, para la mente humana, esta práctica puede sonar extraña al principio porque es sumamente diferente. Debido a que este pilar de la vida tradicional judía es ahora tan extraño para nosotros, suele ser malentendido, ya que intentamos aplicar nuestro inadecuado y a veces vacío entendimiento del siglo XXI a su extraordinariamente profunda sabiduría.

En la práctica de la mikve y la pureza familiar, una pareja judía se separa cuando la mujer comienza su periodo menstrual, y el contacto físico no se reanuda sino hasta siete días después de la conclusión de su periodo. En la noche en que la pareja reanudará las relaciones físicas, la mujer se sumerge en las aguas de la mikve, donde ella pronuncia un rezo invitando a Dios a santificar la intimidad que se aproxima.

Después de que marido y mujer esperan que pase este tiempo, su unión representa una reafirmación de los poderes de la vida por sobre la muerte.

Esencialmente, la unión sexual es una afirmación de la vida, ya que la pareja se une en la sagrada tarea de traer una nueva alma desde su fuente celestial hasta este mundo. De la misma forma, el tiempo en que la pareja no puede tener contacto físico está asociado con un periodo de tiempo en el cual la mujer experimenta la pérdida del potencial de vida, ya que el óvulo no fecundado es expulsado de su cuerpo.

Cuando marido y mujer esperan que pase este tiempo y la mujer utiliza la mikve antes de volver a unirse con su esposo en intimidad física, su unión representa una reafirmación de los poderes de la vida por sobre la muerte. Es elevarnos por sobre nuestra mortalidad. La pausa en la relación física entre marido y mujer no tiene ninguna conexión con un sentimiento de repugnancia por el flujo menstrual de la mujer, como a menudo se asume erróneamente; un concepto como ese no tiene cabida en las fuentes judías.

Curiosamente, a pesar de que los misterios de la mikve tienen relación con esta interacción entre vida y muerte, es claro que el rol que juega la mikve es más profundo que nuestro entendimiento de la vida y la muerte, ya que la ley judía prescribe el uso de la mikve incluso entre parejas para las que la procreación no es posible. De hecho, la ley judía también requiere la activa búsqueda de una relación sexual sana e íntegra en las parejas casadas de todas las edades, y la considera un valor independiente —de hecho, un valor espiritual—, sea o no posible la procreación.

Si queremos entender la mikve en profundidad, entonces debemos regresar a las referencias que hay sobre ella en la Torá. En el libro de Levítico, capítulo 16, leemos sobre el servicio de Iom Kipur según como se practicaba cuando teníamos un Templo en Jerusalem.

En el clímax del servicio, el Sumo Sacerdote entraba al cuarto más interior del Templo —al lugar más santo de la tierra—, el Kodesh Hakodashim (el Santo Sanctórum), y pedía perdón por las faltas de la nación a lo largo del año que acababa de pasar. Nadie más que el Sumo Sacerdote tenía permitido entrar alKodesh Hakodashim y él mismo, como el representante más santo de la santa nación judía, tenía permitido entrar ahí solamente una vez al año, por un corto intervalo en Iom Kipur, el día más santo del año.

Es difícil imaginar hoy en día la relevancia de ese momento. Los siete días anteriores, el Sumo Sacerdote se debía preparar para este día. La noche anterior, un equipo de grandes líderes judíos lo mantenían despierto toda la noche, examinándolo y presionándolo a la altura de su potencial moral y espiritual. El futuro de toda la nación judía y del mundo entero dependía de sus acciones dentro del Kodesh Hakodashim, las cuales eran realizadas completamente en privado, presenciadas únicamente por Dios y por él mismo.

Después de los siete días de refinarse a sí mismo, y luego de la vigilia de toda la noche, el Sumo Sacerdote tenía una preparación final que hacer antes del increíble momento en el cual entraría al Kodesh Hakodashim y llevaría a cabo la expiación por sí mismo, por su nación y por el mundo: él se sumergía en lamikve.

La reanudación del acto de intimidad de una mujer judía con su esposo es un momento igualmente impresionante. Después de los siete días en que se prepara para ese momento, la mujer se sumerge en la mikve para elevar su relación con su esposo y elevar al mundo entero.

¿Cómo? ¿Cómo puede tener un efecto tan profundo el sumergirse en algo tan simple como agua?

El agua es el más espiritual de los elementos físicos. Los versículos de apertura de Génesis (1:2-22) describen la creación de muchas cosas impresionantes incluyendo la tierra y la humanidad, pero sin embargo, a pesar de que hay referencia al agua (“El espíritu de Dios se movía sobre las aguas” [Génesis 1:2]), no hay mención alguna de su creación. Nuestros sabios aprenden de esto que el agua existía incluso desde antes del relato de la creación y que existía antes que la tierra misma.

Una mikve, que contiene aguas que no han sido tocadas por manos humanas —las cuales caen o bien como lluvia directamente hacia la mikve o bien fueron conducidas hasta ella mediante un manantial subterráneo— es la cosa más cercana que tenemos a un pedazo del cielo en la tierra. Nos da la oportunidad de reunirnos con nuestra fuente espiritual.

Justo antes de que una mujer se sumerja en estas aguas Divinas dice un rezo, invitando a Dios a santificar su matrimonio, su relación más íntima e importante.

Lo que ella dice en el rezo es: “Dios, esta es la relación más sagrada de mi vida. Ésta, nuestra unión conyugal, es una de las expresiones más grandes de esa sagrada relación, y no quiero que algo tan sagrado como esto esté desprovisto de Tu presencia. Quiero que Tú me acompañes en este acto. Quiero que estés ahí“. Y luego ella se sumerge y, en cierto sentido, experimenta la Presencia del Creador del mundo.

El difunto Rav Shlomo Twerski, quien era mi cuñado y un brillante estudioso de la Torá, dijo que es particularmente apropiado que el hecho de ir a lamikve sea una responsabilidad de la mujer y no del hombre, ya que la mikvesantifica a la familia, y es la sabiduría de la mujer —mucho más que la de cualquier otro miembro de la familia— la que construye el hogar.

En cierto sentido una mujer crea su familia. Durante nueve meses antes del parto ella moldea un ambiente interno perfecto para sus hijos; luego, por casi dos décadas después del parto, ella esculpe el ambiente emocional, mental y físico de sus hijos. Si ella no tiene hijos, de todas formas es la que —en la mayoría de las familias— tendrá la mayor influencia creativa en la atmósfera de la casa y en quienes viven bajo su techo.

Cuando una mujer va a la mikve, antes de que regrese a casa a ejercitar nuevamente su inteligencia creativa, ella —la creadora humana— pide la bendición del Creador del universo. Ella le pide a Dios que regrese a casa con ella para acompañarla en sus sagradas actividades y, lo más importante de todo, que la acompañe en su matrimonio.

Todas las mitzvot son bondades y la mikve no es la excepción. Cuando el Talmud habla sobre la sexualidad, hace referencia a una simple regla de la naturaleza humana: algo que está disponible constantemente para nosotros eventualmente pierde su brillo ante nuestros ojos. Permitimos que la rutina remplace a la excitación y nos volvemos desdeñosos y apáticos. El aburrimiento en el matrimonio no es un asunto insignificante; es extremadamente destructivo y en nuestra época es una importante causa de divorcio.

Debido a estas “vacaciones” mensuales, marido y mujer se convierten en novia y novio cada mes, una y otra vez.

Este es el primero y el más obvio beneficio de lamikve. Durante aproximadamente dos semanas cada mes, marido y mujer están prohibidos el uno para el otro. Debido a estas “vacaciones” mensuales, nos dice el Talmud, marido y mujer se convierten en novia y novio cada mes, una y otra vez. Hay una frescura perpetua en la relación; y si lo dudas, pregúntale a cualquier pareja que practique la mikve y ellos te lo confirmarán, aunque puede ser que se sonrojen ante esta verdad.

Segundo, la mikve nos enseña el valor de la restricción. En un mundo en el cual la infidelidad es tan común como lo es hoy en día —se estima que casi uno de cada dos hombres ha sido infiel—, las personas tienen que aprender el arte de la restricción. Desafortunadamente no lo enseñan en la escuela.

En el matrimonio judío, si un esposo y esposa no pueden tener acceso el uno al otro en intervalos regulares, entonces, esto significa que deben aprender a controlarse dentro del marco de la relación de matrimonio. Fuera de la relación de matrimonio, cuando una tentación aparece repentinamente y ellos deben ejercitar la restricción, ellos saben cómo responder. No es como si repentinamente fueran llamados a correr diez kilómetros cuando nunca han corrido ni siquiera una cuadra.

Tercero, la mikve nos proporciona el increíble recurso de “espacio privado dentro del matrimonio”. Nos entrega la oportunidad de ser nosotros mismos de una forma que no sería posible si no hubiese un periodo de separación.

Una de las razones principales por las cuales nuestras almas individuales fueron enviadas a la tierra es para materializar una parte de nosotros mismos que es única y diferente a cualquier otra persona. Sin embargo, en el matrimonio es fácil que dos personas se pierdan el uno en el otro y que no sepan dónde acaba uno y comienza el otro. Este no es el ideal judío. La “unicidad” de un matrimonio judío no es una unidad de igualdad —de parejas idénticas que no se oponen o desafían el uno al otro—, sino que más bien es una interacción dinámica entre dos individuos que mantienen sus identidades, a pesar de que están unidos por una meta; un corazón y un alma.

Dos personas que fortalecen su individualidad durante este tiempo de separación se unen nuevamente y se enriquecen el uno al otro precisamente porque han fortalecido esa parte de ellos que es propia y solamente de ellos.

Finalmente, la mikve nos enseña que no somos objetos. Por cuanto que yo no te pertenezco a ti y tú no me perteneces a mí de la misma manera que durante el periodo de “unión”, estoy obligado a tratarte como una persona completa y no como un objeto de placer. Esta es una lección invaluable en nuestra sociedad en la que, a pesar de la reverencia por el feminismo, las mujeres son tratadas como objetos en la publicidad, en el trabajo y a menudo en el hogar mismo.

Durante las dos semanas sin contacto físico, la pareja tiene que aprender a hablar sobre todo, incluyendo muchos temas difíciles.

También aprendemos a comunicarnos mejor el uno con el otro a través de la mikve. Muchos problemas pueden ser minimizados con un abrazo y un beso. Durante las dos semanas sin contacto físico, la pareja tiene que aprender a hablar sobre todo, incluyendo muchos temas difíciles. Llegamos a conocer los pensamientos internos del otro de formas que de otra manera no llegaríamos a conocer. El resultado es intimidad verdadera.

Como afirmamos antes, estos beneficios solamente rasguñan la superficie de los efectos espirituales que la mikve tiene en nuestras vidas y en el mundo. Hay cosas profundas en esta práctica que nosotros, como humanos, no podemos comprender. Pero una cosa está clara:

Si nuestra intimidad física no sirve a un propósito mayor, entonces es solamente eso, física. Pero con la mikve y la presencia de Dios, la relación sexual pasa de ser algo completamente físico —un acto en el que las especies infrahumanas también participan—, a ser un acto de santidad y la expresión de unión más elevada entre dos personas.


Segun tomado de, http://www.aishlatino.com/a/m/Intimidad-espiritual.html?s=show  el martes, 8 de julio de 2014.

 
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Posted by on July 8, 2014 in Uncategorized

 

Las Tres Semanas

Las Tres Semanas


El periodo de veintiún días entre el diecisiete de Tamuz y el nueve de Av es denominado bein ha-metzarim –“entre los estrechos”,basado en el versículo (Eijah 1:3) que señala: todos sus perseguidores la alcanzaron entre los estrechos. Los Sabios (Eijah Rabbah 1) explicaron que entre los estrechos se refiere a los días de aflicción que ocurrieron en el período entre el diecisiete de Tamuz y el Nueve de Av. En éste período, muchas calamidades le sucedieron al Pueblo Judío a través de las generaciones. Fue durante éste período entre los estrechos que, tanto el Primero como el Segundo Templo fueron destruidos. Este período fue por consiguiente, establecido como un tiempo de luto por la destrucción de los Santuarios.

Durante éste período, disminuimos la extensión de nuestro regocijo. Durante éste período no se llevan a cabo matrimonios. Nos contenemos de escuchar música, bailar, realizar viajes de placer, de cortarnos el pelo o afeitarse. De acuerdo a la costumbre Sefaradí, que se basa en la opinión de Beit Yosef, los cortes de pelo son permitidos hasta la semana en la cual Tishá bÁv acontece.

Es una costumbre no recitar la bendición Shejeianu durante éste período. Por ende, no estrenamos ropa ni comemos frutas que no hayamos comido en la estación, para que no se requiera recitar Shejeianu. No obstante, si se da la oportunidad de cumplir una Mitzvá que tendrá lugar, como por ejemplo una circuncisión o un pidyon haben, entonces la bendición es recitada. Del mismo modo, si una nueva fruta está disponible durante éste período de las tres semanas y quizás no vaya a estar disponible posteriormente, entonces se recita Shejeianu. Como es una costumbre permitir recitar la bendición en Shabat, es preferible preservar la fruta hasta Shabat. Igualmente, una mujer embarazada que tiene el deseo de una nueva fruta, o una persona enferma que la necesita para su salud, puede decir Shejeianu durante las tres semanas.

Es una costumbre ser aún más cuidadoso de lo que uno es habitualmente en lo que respecta a evitar situaciones peligrosas. Las personas piadosas se alejan por un período de tiempo, para reflexionar y estar de duelo por la destrucción de ambos Templos. En algunas comunidades se acostumbra recitar Tikkun Jatzot incluso al mediodía.

El Rebe de Lubavitch también impulsó que las Tres Semanas deben ser un tiempo de incrementar la caridad y el estudio de Torá (en relación con el versículo (Isaías 1:27), “Sión debe ser redimido mediante la ley, y sus retornantes por medio de la caridad”), particularmente el estudio de aquellas porciones de la Torá que tratan acerca de las leyes y el profundo significado del Sagrado Templo.

Segun tomado de, http://www.es.chabad.org/library/article_cdo/aid/539793/jewish/Las-Tres-Semanas.htm  el lunes, 7 de julio de 2014.

 
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Posted by on July 7, 2014 in Uncategorized

 

Vatican rejects “chosen people” claim, calls on Israel to end “occupation”

Vatican rejects “chosen people” claim, calls on Israel to end “occupation”
NOTE: This article is not a recent one. It is from 2010.

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A high-ranking Israeli official on Sunday slammed a statement from Catholic bishops, who called for international organizations to lead the cause of Palestinian statehood.

Greek-Melchite Archbishop Cyrille Bustros sparked an interreligious firestorm when he suggested that Israel was “using Scripture” to continue its occupation of Palestinian territory.

“The Holy Scriptures cannot be used to justify the return of Jews to Israel and the displacement of the Palestinians,” Bustros said at the close of a two-week conference in Rome, Italy, “to justify the occupation by Israel of Palestinian lands.”

The Archbishop then questioned the biblical idea of a “promised land” set aside by a specific group of people.

“We Christians cannot speak of the promised land as an exclusive right for a privileged Jewish people,”Bustros continued. “This promise was nullified by Christ. There is no longer a chosen people – all men and women of all countries have become the chosen people.”

Bustros led the group that drafted the synod’s concluding statement on Israel and the Palestinians.

The controversial comments came at the conclusion of a two-week Vatican conference assembled to discuss the plight of Christians in the Middle East.

Pope Benedict XVI was in attendance at the synod and celebrated Mass in St. Peter’s Cathedral on Sunday with the bishops.

Israel responds
On Sunday, Israeli Deputy Foreign Minister Danny Ayalon criticized the concluding statement of the conference, saying the forum has been “hijacked by an anti-Israeli majority.”

“We express our disappointment that this important synod has become a forum for political attacks on Israel in the best history of Arab propaganda,” Ayalon said in a statement. “The synod was hijacked by an anti-Israel majority.”

Ayalon then called on the Vatican to distance itself from the comments, which the Israeli official said amounted to “libel.”

“We call on the Vatican to distance themselves from Archbishop Bustros’ comments which are a libel against the Jewish People and the State of Israel and should not be construed as the Vatican’s official position,” the foreign minister said in his statement. “These outrageous comments should not cast a shadow over the important relationship between the Vatican, the state of Israel and the Jewish people.”

The Palestinian Authority, however, praised Bustros’ comments.

“Israel cannot use the biblical concept of a promised land or chosen people to justify new settlements in Jerusalem or Israeli territorial claims,” Saeb Erakat, a spokesman for Palestinian Authority President Mahmoud Abbas, said in a statement released Sunday.

Erakat said the synod sent “a clear a message to the government of Israel that it may not claim that Jerusalem is an exclusively Israeli city.”

“The Palestinian people will thus have an independent and sovereign homeland where they can live with dignity and security,” the statement continued optimistically. “The State of Israel will be able to enjoy peace and security within their internationally recognized borders.”

“The Holy City of Jerusalem will be able to acquire its proper status, which respects its particular character, its holiness and the religious patrimony of the three religions: Jewish, Christian and Muslim,” it said. “We hope that the two-state-solution might become a reality and not a dream only.”

Pope Benedict XVI first called for a two-state solution to the Middle East crisis during a visit to the region in May 2009 when he voiced the Vatican’s support of a sovereign Palestinian homeland. At the time, Israeli Prime Minister Benjamin Netanyahu was opposed to a two-state solution.

The Vatican, however, eager to boost its sagging popularity worldwide, noted during the synod that only 2.1 per cent of those living in Israel are Christian, who continue to be outnumbered by high Jewish and Muslim birthrates.

The Catholic Church also mentioned conflict, religious discrimination and economic woes as the cause of its shrinking influence in the Middle East.

No sign of apology
The Vatican in January blamed Israel not only for the exodus of Christians from Palestinian-controlled territories, but for the plight of Christians across the entire Middle East.

The statement, which served as the basis for the latest Vatican synod, was also authored by Arab bishops from the Middle East, who argued that Israel’s “occupation” of Arab-claimed lands is the root cause of most of the oppression suffered by Christians in the region.

They suggested that in the absence of an “occupation,” radical Islamic forces across the Middle East would lose their support base, and stop causing problems for Christians.

The Vatican said they were not trying to take sides in the issue, but that the Arab bishops “know the situation well.”

This is not the first time of late that religious tensions have boiled over between the adherents of Judaism and Christianity.

Earlier this year, the Catholic Church became suddenly embroiled in a string of pedophile cases, some of them dating back many years. Some inside of the Catholic Church saw a “Jewish conspiracy” behind the reports.

Cardinal Oscar Andres Rodriguez Meridiaga, the archbishop of Honduras, said there was something curious about the media’s timing of the revelations, coming as they did as the conflict in the Middle East was heating up.

“It certainly makes me think that in a moment in which all the attention of the mass media was focused on the Middle East, all the many injustices done against the Palestinian people, the print media and the TV in the United States became obsessed with sexual scandals that happened 40 years ago, 30 years ago…”

L’Osservatore Romano, the Vatican’s daily newspaper, criticized what it said was a “clear and despicable intention” by the media to strike at Benedict “at any cost.”

American lawyer Alan Dershowitz, a well known defender of Israeli interests, called the Cardinal’s assertions a “cockamamie theory” and “blood libels,” while arguing that much of the criticism (concerning the pedophile cases) “comes from disappointed Catholics.”

Strange how two religions that emerged from the same seed are so committed to dragging each other down at every opportunity.

Segun tomado de, http://worldobserveronline.com/2013/04/25/vatican-rejects-chosen-people-claim-calls-israel-end-occupation/ el lunes, 7 de julio de 2014.

NOTE: THIS ARTICLE IS FROM 2010. 

 
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Israel siempre tendrá la culpa

Israel siempre tendrá la culpa
Cualquier respuesta será mala. El mundo seguirá acusando a Israel.Israel siempre tendrá la culpa
por Pilar Rahola

Cualquier respuesta será mala, y el ciclo de la violencia volverá a girar su diabólica rueda. En este sangriento conflicto no hay buenas reacciones y los errores se acumulan cual destino trágico e inevitable.
De manera que, haga lo que haga Israel, lo hará mal porque no tiene opciones. A pesar del inmenso ejército de acusadores que ni tan sólo han dado un respiro ante la muerte de estos tres jóvenes asesinados y han levantado el dedo acusador contra Israel, a pesar de ellos, Israel no puede hacer nada más de lo que hace. Es decir, intentar sobrevivir.
Por supuesto, habrá días que cometerá errores, gobiernos que lo harán peor o mejor, pero en todos los momentos de la historia Israel ha intentado todas las opciones, las duras y blandas, los halcones y las palomas, y siempre se ha quedado sin ellas. Porque el otro lado sólo tiene una opción: la guerra eterna hasta la total destrucción del Estado hebreo.
¿Qué pueden hacer? Les han secuestrado a tres estudiantes de 16 y 19 años, los han matado y los han tirado en un agujero cualquiera. Mientras, las poblaciones cercanas a Gaza han vuelto a sufrir una intensa lluvia de misiles, y en el norte han matado a otro joven con un misil desde el Golán.
Por tierra, mar y aire, las dictaduras vecinas ayudan con dinero y armas a los angelitos de Hamás, cuyo único objetivo es la destrucción de Israel y no hay ni un gesto, en ninguna dirección, que apunte a la voluntad de una negociación. Y mientras en un hospital israelí operan a la mujer de Mahmud Abas, su marido pacta el acuerdo suicida con la organización que tira los misiles, alimenta el odio y secuestra y mata a los jóvenes israelíes.
¿Qué opciones, pues, tiene Israel? Se retiró de Gaza, dejó intactas las infraestructuras, pactó un acuerdo de seguridad con el Gobierno palestino y… Hamás destruyó las infraestructuras, armó a su población, convirtió Gaza en el escenario de una guerra integral y abortó cualquier posibilidad de diálogo. Como me decía un árabe cristiano de Belén, “el único punto que están dispuestos a negociar los de Hamás, y con ellos Siria, Irán y el islamismo al completo, es la rendición y desaparición de Israel”.
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Y así va sobreviviendo, con sus aciertos y sus errores, intentando mantener una sólida democracia en medio de un polvorín de tiranías fanáticas y violentas, hostigada, a norte y sur, por todo tipo de amenazas. La supervivencia de Israel es un esfuerzo tan titánico que, en tierra tan sagrada, parece un milagro. Sin embargo, lo que mencionarán ahora los de siempre será la maldad israelí, el ejército, el mantra de los colonos, y el resto de tópicos que simplifican hasta la locura este conflicto tan complejo.
¿Qué haríamos nosotros si nos secuestraran, bombardearan, mataran y cada vez que intentamos un acuerdo lo dinamitarán? Lo dicho, no hay opciones de momento para Israel. La única opción es la supervivencia.

Según tomado de, http://www.aishlatino.com/iymj/iad/Israel-siempre-tendra-la-culpa.html?s=feat  el sábado, 5 de julio de 2014.

 
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Posted by on July 5, 2014 in Uncategorized

 

Una Nación Solitaria

Una Nación Solitaria
Por Shimon Posner

¿Es usted una persona de estadísticas? ¿Recuerda los números que lee, puede retenerlos y cuando sea necesario recuperarlos? ¿O es usted más del tipo gráfico que se refiere a imágenes de pasteles y bloques de colores y líneas en zigzag para dejar en claro algo? Me gustan las anécdotas, las pequeñas historias que (como alguien recalcó una vez en forma memorable) cuando se suman, tiene datos.

No importa, usted ha visto o escuchado algo como esto antes: Israel es el 0,000001% de la masa terrestre del planeta. Israel (los judíos) asciende a punto oh-oh-oh-oy vey de la población mundial. 45% de las condenas de las Naciones Unidas en el siglo pasado se han dirigido a Israel.

Conozco a una mujer que se crió en una casa de activistas sionistas en los años treinta y cuarenta. Ella cuenta cómo semanalmente, a veces todas las noches, se realizaban reuniones para la causa que duraban hasta bien entrada la noche. Ella me dice de cómo su padre estaba allí el día en que la bandera israelí fue izada por primera vez en la ONU, y cómo lloraba.

Esa fue la idea entonces, finalmente “tomamos puesto que nos corresponde entre la familia de las naciones”. ¿Qué pasó?

Estados Unidos ha cambiado un poco, y con él el mundo. Homogeneidad ya no es el ideal, el particularismo ya no es el paria. Así que es difícil para nosotros ponernos en su lugar, en ese tiempo, después de los acontecimientos de esa década.

“Somos diferentes, pero estamos orgullosos de esa diferencia también”. Acabo de parafrasear lo que una joven adolescente escribió en su diario. En medio del relato de sus peleas con su hermana mayor y su descubrimiento del joven de al lado, encantadoramente vaga en lo que significa para ella ser una judía. Más tarde fue asesinada por ser judía, pero las palabras que Ana Frank escribió en la clandestinidad iluminan una claridad que fue dolorosa entonces, y quiso ser ignorada.

La historia del Holocausto (a menudo dos párrafos de un libro de texto escolar) dice: “Seis millones de judíos fueron asesinados, al igual que los gitanos, los artistas, los polacos, los comunistas…”. Hubo un consuelo del que no se habla —no sólo nosotros fuimos marcados.

Pero por supuesto que somos marcados, incluso después de que los hornos de Osweicim se enfriaron. Esas cifras de la ONU no nos consuelan.

Am levadad yishkon, una nación que a solas mora, yetjasav lo uvagoyim, y en las naciones no son contados.

Un adivino (antigua palabra que significa editorialista líder) fue contratado para maldecir a los judíos (maldecir es una palabra arcaica para denunciar), pero en cambio sus palabras, como es narrado en la Parashá de esta semana, surgieron como una fuerza del bien.

La nación mora sola, y esta pequeña nación (más una familia en proporción con el mundo) dio las civilizaciones del cristianismo y el Islam —casi tres mil millones de personas —un absurdo numérico cuando se piensa en él.

Pero piensen en esto; si la familia hubiera dejado de ser un pueblo aparte en su primer milenio de existencia, no habría habido ni el cristianismo ni el Islam. El curso de la historia se ha puesto en juego sólo por el particularismo de esta familia.

El destino es la historia sin retrospectiva. Desde una perspectiva intemporal, el destino es tan convincente como la historia. Y lo que es eminentemente claro de la ONU: el mundo nos está mirando. Históricamente, esto es algo lógico. Pero esto confunde al judío. “Solos nos sentimos muy comunes”, dijo uno después de la guerra del 67, “sólo un caos de pagos de la hipoteca, cuentas y recados, pero cuando estamos juntos grande cosas parecen ocurrir a través nuestro y alrededor nuestro”.

Am levadad yishkon, una nación que habita sola. En formas que no siempre podemos apreciar, ese morar es un beneficio para nosotros y para el mundo. La historia da fe de que, aun cuando no lo explica. Que el destino haga eso para nosotros, y hasta entonces que podamos hacer nuestro trabajo.

POR SHIMON POSNER
Shimon Posner es director de Beit Jabad en Rancho Mirage,California.

Segun tomado de, http://www.es.chabad.org/library/article_cdo/aid/1233803/jewish/Una-Nacin-Solitaria.htm el viernes, 4 de julio de 2014.

 
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Posted by on July 4, 2014 in Uncategorized

 

Psychological obstacles to peace in Israel

Psychological obstacles to peace in Israel
It will be almost impossible to end the conflict unless we address the psychological mechanisms that are preventing Israelis from embracing peace.
By Carlo Strenger

Tree of peace

 

 

Europeans and Americans keep asking a simple question: “Everybody knows how the final peace agreement between Israel and the Palestinians will look. [Bill] Clinton formulated the basics of the final status agreement a long time ago. Why does Israel systematically undermine the possibility of such an agreement when it is so obvious that it is undermining its own future, potentially even its existence as the homeland of the Jews? Why are Israelis so irrational?”

To this I would add one of the greatest riddles of Israeli politics since 2002, when Saudi Arabia first proposed the peace initiative that was subsequently endorsed by the Arab League. This initiative offers that, in return for Israel’s withdrawal from all territories conquered in 1967, all Arab states – and almost all other Islamic countries – will recognize Israel, create full diplomatic relations with it and strive toward full normalization.

So why on earth has no Israeli government ever even officially addressed the Arab Peace Initiative, let alone engaged in negotiations along its lines, even though this initiative proposes Israel’s greatest hope: Full acceptance of its existence in the Middle East by the Islamic world.

I constantly find myself in the position of trying to answer these questions. Most of the time I speak to, or write for, audiences in Europe and America. Because I fiercely oppose Israel’s occupation policy, these interlocutors and audiences listen to me because I try to explain, not justify, Israel’s actions. But I also find myself discussing the topic quite a bit with frustrated and angry representatives of what is generally called Israel’s peace camp, to which I belong. That’s because a chasm has opened between this peace camp and most of the country: Israeli liberals feel ever-more alienated from their own homeland.

Therefore, I want to present three psychological mechanisms that are making it almost impossible for Israel to move toward peace, first and foremost with the Palestinians, but also with the Arab world as a whole. I will try to show that the psychological mechanisms in question are quite powerful, and that ending the conflict is becoming more, rather than less, difficult. Finally, I will argue that only by addressing these psychological issues can Israelis be convinced to move toward peace.

1) Loss aversion

In the 1980s, Israeli psychologists Amos Tversky and Daniel Kahneman single-handedly changed the psychology of decision making by showing that a number of powerful factors create systematic biases in how we decide. One of their most famous theorems is that humans are guided by loss aversion. We are often in situations in which we have to weigh the potential loss of something we currently have against what is to be potentially gained by taking a certain risk. They have shown that we are far more guided by fear of loss than by the prospect of gain.

Loss aversion plays a crucial role in Israel’s reluctance to move toward peace. Israel currently has a number of assets that it stands to lose in any peace agreement acceptable to the Palestinians. It has full security control over Area C and the all-important Jordan Valley, partial control over Area B, and the de-facto option of incursions into Area A if Israel’s security establishment wants to prevent attacks against Israel from one of the Palestinian population centers. Israel, at least on paper, has control over the greater Jerusalem area, including the various holy sites, as well as over a variety of sites in Judea and Samaria that play a great role in the Bible. Israel stands to lose all of these in any future peace agreement with the Palestinians.

Of course, much is to be gained from peace. Since Israel’s founding, Israelis have been singing that one day we will be able to live here in peace. Ostensibly, any peace agreement will require the Palestinians to declare an end to the conflict and that they have no further demands. Add to this that the Arab Peace Initiative would add peace and full recognition by the Islamic world.

On paper, the gains outweigh the losses dramatically. The occupation has pushed Israel into ever-growing international isolation. The threat from the BDS Movement against Israel has been gaining momentum and is beginning to become more concrete. Israel’s economy could flourish enormously if the Arab world’s financial assets and natural resources were to be combined with Israel’s technological and managerial know-how.

But Israelis, like all humans, are primarily guided by loss aversion. Most Israelis fear that the Gaza scenario will repeat itself: Israel withdrew from Gaza in 2005 and southern Israel was exposed to rocket attacks for years. Israel’s relinquishment of security control over the West Bank would open Israel’s population centers to the same danger. The latter scenario is not a paranoid fantasy. Iraq and Syria have become hotbeds of jihadist organizations, and if Israel no longer controls the Jordan Valley and large parts of the West Bank, Al-Qaida fighters might indeed come within shooting distance of Tel Aviv, Kfar Sava, Herzliya and all of Israel’s center.

Research has shown that most Israelis have come to loathe the term “peace.” The idea of real peace, not only with the Palestinians but also with the Arab world, seems like a science-fiction scenario entertained by dreamy leftists. As opposed to that, almost all Israelis remember the horrors of the second intifada and the shelling of Israel from Gaza and Lebanon. The majority of Israelis, therefore, feel that the loss of security is far more concrete than the gain of something they do not believe in.

Loss aversion is even more pronounced in politicians. They are only rewarded for positive results that emerge before the next elections, and they are severely punished for immediate negative results. The fate of Israel’s left, which was virtually wiped out after the failure of the Camp David summit in 2000 and the onset of the second intifada, is an indelible warning for every politician, who fears a brutal end to his or her political career if a peace agreement leads to further violence. As opposed to this, the gains of such peace seem abstract, distant and insecure.

2) The need to justify the occupation

One of Israel’s most respected writers, David Grossman, once wrote that, behind the deafening noise of shrill political rhetoric, in every Israeli and Palestinian’s soul there is a dark, silent place in which they know all of the horrible suffering of this conflict was utterly futile and useless. It is psychologically almost impossible to realize and accept that you have been mistaken for decades, and that the horrors of the past could have been avoided.

The former Shin Bet security service chiefs interviewed in Dror Moreh’s poignant documentary “The Gatekeepers” all describe the moral price of the occupation – for example, of causing Palestinians to turn against their own people and collaborate with Israel. Moreh’s interviewees are the exception rather than the norm. They have the human strength to say that their jobs made them do terrible things. For most humans, it is almost impossible to do terrible things and live with the realization that these acts were immoral.

Almost every Israeli in the last 47 years has done military service in the territories. Almost all of them have had to do things that go against human decency and morality – often not for the sake of Israel’s security at large, but to protect some isolated outpost of settlers. If indeed Israel were to reach peace with the Palestinians and the Arab world, most Israelis would have to live with the painful realization that most of what Israel has done to the Palestinians was unnecessary; that Israel could have ended the occupation a long time ago; and that the energies and resources invested in the West Bank’s colonization could have been invested in Israel’s flourishing instead.

This idea is too difficult to bear, and the regret would be unendurable. It is, therefore, psychologically imperative to create a narrative that explains why the occupation was inevitable; why Israel had no choice but to hang onto the West Bank; why all the sacrifice in human lives, moral turpitude and political isolation were necessary for Israel’s survival.

Israel’s right-wing politicians instinctively know they need to reassert daily that the occupation is a military and moral necessity. This is why they keep explaining why a Palestinian state is an existential threat to Israel, and why Israel’s left has been selling empty illusions for decades. Of course, their case has been strengthened enormously by the second intifada and the shelling of southern Israel. But the constant fanning of fear not only serves Israel’s right politically. It also provides Israelis with a justification not only for the status quo, but for the expropriation, oppression and humiliation of Palestinians that Israelis have participated in for the last 47 years, to preserve the occupation.

All of this is all-too-human. Only a few have the human strength of Moreh’s interviewees to look into the camera and say: “We did terrible things, and most of them could have been avoided if only the political leadership had realized that the occupation is Israel’s catastrophe.” Most Israelis, like most humans, need a narrative that justifies Israel’s actions as inevitable.

3) Inability to let go of Zionism as a revolutionary movement

This leads to the third psychological level. The history of Israel’s occupation and gradual colonization of the West Bank cannot be understood without the religious-Zionist movement that emerged from the 1967 war. The students of Rabbi Zvi Yehuda Kook interpreted Israel’s victory in the Six-Day War as the onset of the Messianic Age. Every hill, stone and village in what they call Judea and Samaria acquired theological meaning, and every new settlement had metaphysical significance. Israel was not occupying another people: It was fulfilling God’s plan for the Jewish people, and for humanity as a whole, by speeding up messianic redemption.

Most Israelis do not share this messianic interpretation of the occupation. But deep down, many Israelis feel that the settlers are the real Zionists; that the rest of us have become complacent, ordinary citizens who have lost the revolutionary ardor that once characterized the Zionist movement. The settlers continue the ethos of acre after acre, of settling the land and building the country.

This, I believe, is part of Israelis’ enormous difficulty in stopping the settlers in their drive to undermine the last remaining chance for the two-state solution. Somehow, Israelis feel that if there is no deeper meaning for our being here, the suffering, danger and insecurity were not worth the while. While Israelis may not fully share the settlers’ ideology, many admire them and feel that the settlers provide a laudable model to justify the whole Zionist project.

The instability of the Middle East and the Arab Spring’s disintegration into chaos have made Israel’s situation more difficult. Chances that Israel will live in safety and “normality” in the coming decades are slim. To bear all this, many Israelis feel there must be a metaphysical justification for the Zionist project. Otherwise, deep down, they wonder: Was the whole project worth the pain, the trouble and the ongoing risk?

Conclusion: Israel’s peace camp must address Israeli psychology and fears

It is important to realize that the three psychological mechanisms I have described are universal. Loss aversion, the need for a positive identity narrative, and the need for an ideology that helps us to bear danger and uncertainty are by no means specific to Israelis, but shared by all humans. Furthermore, I think that Israeli fears described in the first section are by no means paranoid fantasies. They are realistic fears that have been exacerbated by the development of recent years.

Israel’s left has progressively lost ground in Israel because it has not addressed these fears with sufficient courage and clarity. Too often, we have told Israelis that we need to end the occupation for the sake of Israel’s democratic character. We have pointed out how racist Israel is becoming as a result of the occupation, and we keep warning that Israel will end up being a pariah state if the occupation is not ended.

There is a simple psychological reason why these arguments have failed to convince the majority of Israelis. The famous humanistic psychologist Abraham Maslow showed, more than half a century ago, that human needs are structured hierarchically: We first take care of safety, food and shelter, then we make sure we are safely grounded and loved by our group. Only then do we worry about our status in our group. And after all this is taken care of, we are free to think of self-actualization and higher values.

The majority of Israelis have been hanging onto the occupation because they worry about their safety. But the peace camp has been talking about Israel’s democratic character and the price of international isolation, ideals high up in Maslow’s pyramid of needs. As a result, ordinary Israelis think of the left as a bunch of arrogant elitists who are disconnected from reality and care more for Palestinians than for their own kin. They also think that the Gentiles, particularly in Europe, just enjoy hating Jews, and will throw us under a bus when the going gets rough. Consequently, ever-more Israelis buy into right-wing ideologies of bigotry and racism to rationalize the occupation and Israel’s international isolation.

How can this dangerous trend be stopped? Both the Israeli peace camp and Israel’s many friends abroad, who want to help Israel safeguard its future as the democratic homeland of the Jews, must take Israelis’ fears seriously. This means, first and foremost, acknowledging that moving toward peace entails genuine security risks, and to address these risks unflinchingly. As long as the majority of Israelis feels the call for peace is not backed up by genuine concern for their security, they will continue moving to the right.

Israel’s peace camp has lately refrained from facing this issue clearly. Almost all center-left parties focus on social and economic issues, and are trying to avoid Israel’s long-term strategic vision, hiding their commitment to the two-state solution somewhere in the back of their political programs. Only a leader who addresses Israelis’ existential fears without flinching will be able to replace Benjamin Netanyahu, whose raison d’être has been to do nothing but express and address these fears, even if he has no hope to offer.

Segun tomado de, http://www.haaretz.com/news/diplomacy-defense/israel-peace-conference/1.601122  el jueves, 3 de julio de 2014.

 
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Posted by on July 3, 2014 in Uncategorized