El cielo puede esperar: El Shabat, Parte 3

 

El cielo puede esperar: El Shabat, parte 3

El cielo puede esperar: El Shabat, parte 3

Si la bendición eterna del cielo realmente dura para siempre, ¿por qué no se torna aburrida?

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Todos trabajamos durante una buena parte de nuestras vidas, pero hay algo perturbador sobre esta actividad que llamamos trabajo.

Este hecho me quedó claro hace años, gracias a un profesor que disfrutaba excepcionalmente mucho al atormentarnos a nosotros, sus ansiosos estudiantes, con lo que si somos bondadosos podríamos llamar “raciones saludables de cinismo filosófico”. Una vez nos asignó la composición de un ensayo particularmente difícil – y luego, antes de que comenzáramos a trabajar en él, nos presentó el siguiente desafío:

“Si quieren sacarse un 10 en este ensayo les va a llevar muchas horas de trabajo”, comenzó. “Pero digamos que invierten esas horas de trabajo, y entregan un ensayo extraordinario. Y digamos que, al final, decido darles un 10. ¿Qué pasaría después?”.

Encogimos nuestros hombros. Era una clase importante, y la mayoría de nosotros realmente quería ese 10.

“Estarían eufóricos”, dijo. “Estarían excitadísimos, corriendo de un lado a otro y llamarían a sus madres. Le contarían a sus amigos”.

“¿Pero qué pasaría después?” preguntó. “¿Por cuánto tiempo estarían eufóricos?”.

“¿Una hora?”.

“¿Tres horas?”.

“¿Un día?”.

“Desaparecería pronto, se impacientarían y estarían listos para algo nuevo…”

“Entonces pregúntense”, concluyó, “quizás no vale la pena. ¿Para qué se molestan en hacer esto?”.

En realidad, nuestro profesor nos estaba pidiendo que hiciéramos un simple análisis de costo-beneficio: Si pasas 60 horas trabajando en un ensayo y sólo obtienes dos o tres horas de satisfacción de la nota que obtienes, bueno… ¿para qué molestarse? No parece tener sentido.

Ahora, no me malinterpretes. El profesor no estaba tratando de convencernos para que fuéramos holgazanes con nuestros ensayos; lo que estaba tratando de hacer era clarificar nuestros objetivos.

Clarificando Objetivos

Si dijéramos que el objetivo de nuestro trabajo es la satisfacción que recibiríamos al final, bueno, él hubiera dicho que nos estábamos engañando a nosotros mismos. Esa clase de satisfacción es muy efímera, se evapora después de un par de horas, o en el mejor de los casos, un par de días.

Lo que estaba sugiriendo era, en cambio, que el trabajo sólo valía la pena si veíamos que el hecho de hacerlo era en sí mismo satisfactorio. El proceso de escribir ese ensayo, de luchar para superar el desafío, tenía que ser visto como su propia recompensa. Si no podíamos disfrutar el proceso, entonces no lo consideraríamos valioso – y en ese caso, mejor que nos dedicáramos a otra cosa.

Una Conclusión Inquietante

Pero el punto del profesor, a pesar de parecer cierto, es inquietante. Quizás no es malo cuando lo único en juego es un ensayo para la universidad; pero cuando aplicas esta lógica fuera del aula de clases, a la vida real, las cosas comienzan a verse un poco deprimentes. Porque casi todo lo que vale la pena en la vida requiere trabajo, y si hacemos un análisis similar de costo-beneficio sobre el sentido de cualquier trabajo, arribaremos a conclusiones similares.

En otras palabras, digamos que te estás esforzando en un proyecto de cinco meses que tu jefe te asigna, o estás pasando años escribiendo un libro. Sientes que inviertes infinitas horas en tus labores, pero ¿cuánta satisfacción podrás llegar a obtener al final?

¿Lo suficiente para justificar tus semanas o meses de trabajo?

Posiblemente no.

Un amigo mío trabajó incansablemente escribiendo un libro por casi tres años. Cuando finalmente fue publicado, su esposa le hizo una fiesta sorpresa invitando a todo el barrio. Él estaba emocionado con el sentimiento de realización, pero esta emoción se acabó en pocos días. Estaba inquieto, y el éxito reciente no lo confortaba. Me contó que en los años siguientes a la finalización de su trabajo casi nunca abrió la tapa del libro que escribió. El capítulo de su vida había sido archivado, era tiempo de seguir adelante.

¿Por qué la satisfacción por el éxito tiene que ser tan efímera?

Hay algo deprimente en todo esto. Todos los éxitos de la vida parecen desvanecerse con tanta rapidez; ningún sentimiento de satisfacción o bienestar dura mucho. Es cierto, puedes enorgullecerte durante el proceso, puedes ver al acto de escribir como su propia recompensa; todo eso es muy lindo, pero si lo que hicimos fue realmente bueno, ¿por qué no podemos hacer que el placer de haber alcanzado nuestro objetivo dure más? ¿Por qué la satisfacción por el éxito tiene que ser tan efímera?

Me da la impresión de que mientras más exitosos somos, más nos molesta este problema. Uno de los hombres más exitosos de la historia judía estaba terriblemente aquejado por este problema, tanto que escribió un libro entero relatando lo obsesionado que estaba. Ese libro, canonizado como parte de la Biblia, se conoce como Eclesiastés. En Eclesiastés, el Rey Salomón relata su frustración por un mundo que no deja que ninguna marca de éxito permanezca por mucho tiempo. El mundo está en constante movimiento, cambiando constantemente. Nada – ni el hecho del éxito ni el placer por él – dura lo suficiente como para ser satisfactorio.

Creo que el fenómeno que la Torá llama Shabat tiene, en parte, el objetivo de solucionar este problema. De cierta manera, Shabat está designado para proveer una clave para el misterio al que nos referimos en la segunda parte de esta serie. Los sabios del Midrash nos dicen que Shabat es “meein olam habá” – una degustación del Mundo Venidero. ¿Qué significa esto? ¿Qué similitud fundamental tiene el olam habá, el Mundo Venidero, con este fenómeno que conocemos como Shabat?

El Mundo Venidero, el mundo de “Ser”, está íntimamente conectado con la idea de Shabat; este mundo del más allá es, de alguna manera, el suelo en el cual Shabat crece. Según creo, el secreto de esta conexión tiene mucho que ver con los asuntos de los que estuvimos hablando recién.

¿No Es Aburrido el Cielo?

¿Cómo es la vida en el Cielo?

La respuesta es el secreto mejor guardado del mundo. Miles de millones de personas han muerto, pero ninguna ha vuelto con un reporte presencial de cómo son las cosas del otro lado. Sea como sea, nuestra tradición nos asegura que ciertamente vale la pena, y que la recompensa del justo en el más allá es algo que debemos esperar ansiosamente. Se nos dice que el justo “vive” para siempre en un estado de eterna bendición.

Pero este es el problema: la eternidad es bastante tiempo. ¿Por cuánto tiempo consideras que la eterna “bendición” es satisfactoria? ¿Acaso la bendición no se tornará un poco aburrida después de un tiempo?

Supón que te encantan los cruceros y alguien te ofreciera un crucero gratis a Alaska. Comedor de cinco estrellas, camarote de lujo junto a la cubierta, todo el lujo para ti. ¿Durante cuánto tiempo crees que disfrutarías ese crucero?

¿Dos semanas? ¿Un mes? ¿Seis meses?

¿Qué pasaría si el crucero durara una eternidad? ¿Cuántas veces podrías ver los mismos icebergs y mirar los mismos pingüinos? En algún momento dejarías de pensar que estás de vacaciones y comenzaría a parecer trabajoso. En algún momento, se tornaría en lo opuesto del cielo.

Entonces, si la bendición eterna del cielo realmente dura una eternidad, ¿por qué no se torna aburrida? ¿Por qué en el cielo ansiamos estar en el cielo?

El Problema con el Descanso / El Problema con el Trabajo

Este problema está relacionado con la pregunta que hicimos sobre la curiosa naturaleza del trabajo. Cientos de horas de trabajo no parecieran justificar unas efímeras pocas horas de recompensa. Pero, como acabamos de ver, la idea de “recompensa” es tan problemática como la idea de “trabajo”. La noción de recompensa eterna pareciera ser absolutamente aburrida; ni el trabajo ni la recompensa parecieran ser satisfactorios a largo plazo. ¿Qué se nos está escapando?

La respuesta, creo, exige que analicemos más de cerca la naturaleza de la vida – la vida en “Este Mundo” y la vida en el más allá, en el “Mundo Venidero”. ¿Cuál es la diferencia entre estos dos mundos?

“Este Mundo” es un mundo de “transformar”, el “Mundo Venidero” es un mundo de “ser”.

En una palabra, la respuesta del judaísmo es que “Este Mundo” es un mundo de “transformar”, mientras que el “Mundo Venidero” es un mundo de “ser”. El mundo siguiente es un “iom shekuló Shabat“, por así decir, “un día que es todo Shabat”. ¿Qué significa esto?

Al crear el mundo, Dios dividió nuestra experiencia en dos mundos. El primero, el mundo en que vivimos ahora, puede ser llamado un mundo de “transformar”. En este mundo, la única satisfacción real duradera que podemos obtener viene del proceso de trabajo mismo – por medio de la construcción del mundo que nos rodea, es decir, construyéndonos a nosotros mismos. Mientras estamos en este mundo, el involucrarse en la construcción es su propia recompensa. Las vacaciones, si bien son agradables por un tiempo, eventualmente se tornan aburridas. Y la razón es simple: es porque este mundo fue creado para trabajar, no para disfrutar de los frutos del trabajo. Sí, podemos sentir una satisfacción efímera cuando terminamos una tarea, pero si no nos involucramos inmediatamente en otra cosa nos aburrimos de inmediato.

Sin embargo, hay otro mundo. El Mundo Venidero – un mundo de “ser”. El mundo de “ser” no fue creado para trabajar, sino para apreciar nuestras labores. Todo lo que hemos logrado, todas las relaciones por las que trabajamos tan duro para cultivar en Este Mundo, en el Mundo Venidero las vivimos de acuerdo a lo que verdaderamente son.

Si lo piensas, tenía que ser así. Imagina por un momento que Dios nos hubiera permitido apreciar verdaderamente los frutos de nuestras labores en Este Mundo. Imagina que pudiéramos apreciar, de manera duradera, la satisfacción ocasionada por un logro ganado con mucho esfuerzo. Imagina si pudiéramos, en este mundo, saborear por siempre y en toda su magnitud la rica alegría espiritual que es la consecuencia del potencial materializado. ¿Qué pasaría en un mundo así? Trabajarías en una cosa, la obtendrías y luego pasarías el resto de tu vida regocijándote en tu éxito. Nunca volverías a lograr nada. Y eso no era lo que Dios tenía en mente, estaba buscando algo mucho más productivo que eso.

Ahora podemos ver por qué la idea de recompensa, el disfrute duradero de cualquier logro, es tan difícil de encontrar en este mundo. En realidad, incluso la idea de una eternidad de goce parece “aburrida”, algo que quisiéramos evitar. ¿Por qué? Porque la estamos viendo con los lentes equivocados – con los lentes de “Este Mundo”, un mundo creado para “transformar”, no para “ser”. Sin embargo, cuando realmente vivamos esta “recompensa”, lo haremos con otros lentes – los lentes del Mundo Venidero – un mundo en donde “transformarse en algo más” es imposible, un mundo que está creado sólo para “ser”. Cuando vivamos el fruto de nuestro trabajo en el mundo venidero, lo haremos dentro de un mundo que nos permite realmente sacarle provecho a la esencia de este tesoro.

Entonces, mientras que en Este Mundo puede parecer deprimente que no podamos obtener un placer duradero por los logros – tenemos un premio de consuelo. Tenemos el Shabat, una pequeña degustación de “ser”, en medio de este mundo de “convertirse”.

Shabat no es tu “día de descanso” normal. Recuerda, la ley judía permite que subas mesas pesadas por las escaleras en Shabat, pero prohíbe que enciendas un fósforo y que hagas surcos en la tierra. Las últimas están prohibidas porque violan el sentido de “descanso” que exige Shabat, mientras que la primera, a pesar de ser una actividad cansadora, no. ¿Por qué? Porque Shabat no es el tipo de descanso que te ayuda a recuperar el aliento, es un tipo de descanso que hasta Dios “necesitaría”; el tipo de descanso que no es un recreo del trabajo, sino su objetivo mismo. En las palabras de nuestras plegarias del viernes por la noche, Shabat es el tipo de descanso que podemos llamar “tajlit shamaim vaharetz” – el propósito mismo de la Creación.

De hecho, es el tipo de descanso que evita que la creación se destruya a sí misma.

La Muerte de la Creatividad

El acto de crear, si lo piensas bien, es seductor. Puede perpetuarse indefinidamente. Y cuando lo hace, eventualmente se destruye a sí mismo.

Los ejemplos están en todos lados. El artista que siempre tiene otra pincelada para agregar, el editor que necesita reacomodar las oraciones una última vez, el padre que tiene una última advertencia que darle a un niño que ya no está escuchando. Todos esos son malos actos de creación. Cuando el proceso demelajá, de mejora, no termina nunca, se destruye a sí mismo. En algún punto, un creador necesita soltar. Paradójicamente, el acto final de la creación es el hecho de dejar de crear.

A un creador le resulta difícil dejar de crear, porque parece ser el final. Pero en realidad es sólo el principio; cuando un creador deja de crear, finalmente está listo para materializar el propósito de sus labores. Finalmente está listo para dejar que la cosa sea lo que es, y para relacionarse con eso que creó.

Descanso positivo significa dejar de hacer pequeños ajustes y comenzar a apreciar.

Y eso es precisamente descanso positivo. El descanso positivo no significa frenar para recuperar el aliento; significa dejar de hacer pequeños ajustes y comenzar a apreciar. Significa dejar que algo “sea” y apreciarlo por lo que es en sí mismo – no por lo que todavía podría hacer para transformarlo en algo más.

Este tipo de descanso fue inaugurado en el primer Shabat del mundo, el Séptimo Día de la Creación. Cuando el Sexto Día estaba terminando, Dios hizo una decisión consciente de dejar de hacer ajustes en el Universo. Miró su creación y declaró: hine tov meod– “de hecho, es muy buena”. Esta proclamación señaló la voluntad de Dios de dejar de “mejorar ” el Universo, de dejar de arreglarlo, y de comenzar el proceso de relacionarse con él por lo que era.

Dios no frenó porque el trabajo estaba terminado, el trabajo de perfeccionamiento nunca termina. Se detuvo y dejó el trabajo en nuestras manos, en las manos de la humanidad. Ahora depende de nosotros ponernos la bata de la melajá – de convertirnos en creadores terrestres, de “conservar el mundo y trabajarlo”, de dejarle a la generación siguiente un mundo mejor que el que recibimos.

Dios, en Su benevolencia, decidió compartir con los creadores terrestres el regalo de Shabat. Por medio de él, el hombre aprende a emular a Su Creador, y a coronar la creatividad con el descanso. Viviendo como lo hacemos en “Este Mundo”, un mundo creado para “trabajar”, es tentador pasar por alto la importancia del Shabat. Es tentador dejar que la melajá nos tiente y lleve a pensar que no hay nada más en la vida. Pero si caemos en esa trampa, en realidad nunca crearemos nada. En el acto de descansar de la melajá,descansamos del proceso de tratar de darle forma al mundo que nos rodea para que satisfaga nuestras necesidades. En este acto de soltar, finalmente podemos apreciar el mundo por lo que es, no sólo por lo que puede hacer por mí. En Shabat escapamos de la implacable necesidad de continuar haciendo retoques y saboreamos la delicia de sólo “ser”.

Por medio del descanso no sólo aprendemos a apreciar el mundo, sino también a las personas que lo habitan. Todos tenemos nuestra lista de cosas que nos gustaría cambiar de nuestra pareja para satisfacer nuestras necesidades; y la mayoría de nosotros, al menos de forma sutil, tratamos de hacer que estos deseos sean conocidos, por supuesto siempre con la mayor delicadeza posible. Pero mientras estés en el proceso de retocar, tratando de “mejorar” a tu pareja, no estarás en el proceso de apreciarla. Relajarte y soltar el mando es hacer una poderosa declaración: Te amo y te aprecio – ahora, por quien eres ahora; no sólo por eso en lo que te puedes convertir en el futuro.

Dios nos dio una pizca de tiempo, el Shabat, para ayudarnos a hacer que esta postura sea una característica regular de nuestras vidas. Y si lo hacemos, realmente habremos adquirido para nosotros una porción del Cielo en la tierra.

Segun tomado de, http://www.aishlatino.com/sh/a/160988805.html el domingo, 18 de enero de 2015.

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