La Cábala de las vestimentas

La Cábala de las vestimentas

Para los amantes de la moda, esta Parashá describe las vestimentas utilizadas por los cohanim (sacerdotes) en el Sagrado Templo. Cada prenda estaba metafísicamente diseñada para un máximo desempeño – desde la placa de oro que se colocaba en la frente, hasta las campanas en la basta de la toga. (No preguntes por los zapatos; ¡los cohanim servían descalzos!)

¡¿Una Parashá entera dedicada a la ropa?! ¡¿Por qué los seres humanos deben utilizar ropa en primer lugar?!

Todos recordamos la historia de Adam y Eva en el jardín del Edén; ellos empezaron “desnudos y sin vergüenza” (Génesis 2:25), pero después de haber comido del árbol del conocimiento, “ellos se dieron cuenta de su desnudez, y se hicieron vestimentas” (Génesis 3:7).

¿Por qué el cambio?

Rabbi Zalman Sorotzkin explica; antes de comer del árbol, Adam y Eva se veían a si mismos en principio y por sobre todo como almas. Ellos sabían que el alma es la esencia del ser humano, y que el cuerpo les servía solamente como una cubierta protectora. Debido a que Adam y Eva se enfocaban en el lado espiritual, no estaban concientes de sus propios cuerpos. Sin embargo, después de comer del árbol, su nivel espiritual bajó y “sus ojos se abrieron” al aspecto corporal. El cuerpo ahora es visto como una distracción del alma y por ello debe ser cubierto. ¡Así es como el concepto de la vestimenta nació!

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No a la deshumanización

El mundo occidental generalmente se relaciona con los seres humanos como seres físicos. Cuando identificamos a alguien, lo describimos típicamente por su apariencia física – por ejemplo. El niño alto, la de pelo enrulado, etc.

Pero el aspecto más importante de una persona es su dimensión espiritual; sus talentos, esperanzas, sueños, y miedos. Y nosotros luchamos para que esa voz sea escuchada. ¿Cómo nos sentimos cuando somos valorados solamente por nuestra apariencia externa? Baratos, menospreciados, y deshumanizados.

En nuestra sociedad, las mujeres sienten esta carga más que nadie. Ellas sufren la indignación del acoso y la deshumanización. Los medios de comunicación han convencido a las mujeres occidentales que tienen que estar obsesionadas con el peso, el cutis y la moda. El reto de resistir esta presión visual y esta descarga mediática es atormentador. Y nos afecta a todos.

Es por eso que la Torá es tan estricta en cuanto a dignificar la vestimenta. Desviar la atención de la apariencia superficial es esencial para que nos valoren como personas. El judaísmo no nos exige vestirnos de manera desagradable. Sino que, no debemos dirigir la atención al cuerpo siendo exuberantes o provocativos.

Porque de hecho, lo que es más precioso está generalmente escondido – no gratis, revelado y disponible para todos.

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El mensaje de la minifalda

La siguiente cita es de un pequeño pero excelente libro llamado “Outside, Inside” (Afuera, Adentro) de Gila Manolson. No mis palabras sino las de una mujer experta en espiritualidad femenina:

Las mujeres generalmente intentan dominar una relación apelando de manera semiconsciente a la tendencia masculina de valorarlas físicamente. Esto puede resultar desastroso para una mujer. Peor aún, una mujer que se acostumbra a “conseguir” hombres de esta manera va a internalizar una imagen de sí misma muy superficial, hasta el punto en el que podría perder de vista lo que verdaderamente tiene para ofrecer.

Una vez escuché una historia que ilustra esto claramente. Una mujer llamada Judy estaba visitando a su amiga Laura, una mujer brillante de 25 años de edad, que recién había aprobado su examen de grado. Hurgando en el closet de Laura, las dos estaban tratando de decidir que debería usar ella para su entrevista con una firma de abogados muy prestigiosa a la mañana siguiente.

Judy sacó una minifalda y una camisa que le hacía juego. “¿Qué te parece esto?” sugirió.

Laura la miro incrédula. “¡¿Estás loca?!”, exclamó. “¿Bajo que credenciales piensas que me estoy vendiendo? Yo no quiero que un potencial jefe me vea como un cuerpo. Quiero ser tomada en serio. ¡Quiero ser apreciada por quien yo soy!”

Judy respondió “Pero cuando tú sales un sábado a la noche para conocer a un hombre con quien quieres tener una relación genuina y profunda, un hombre que te aprecie por quien tú eres, ¡esto es lo que usas!”

Uno de los comportamientos más trágicos y engañosos, es tratar de atraer a un compañero basándonos en nuestra apariencia externa. Si simplemente damos un paso atrás y aclaramos lo que realmente queremos, probablemente nos presentaríamos de manera muy diferente. Así como Laura, nosotros no somos ni superficiales ni estúpidos. Sólo hemos aceptado una norma social involuntariamente debido a una confusión colectiva sobre quien se supone que somos realmente.

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Proyecciones telefónicas

La Parashá de esta semana explica que todo el propósito de la ropa del Kohen es “Kavod y Tiferet”, que significa honor y gloria (Éxodo 28:2). La Torá nos dice que el tipo de ropa que usamos habla mucho sobre nuestro honor y nuestra gloria como seres humanos, creados a imagen y semejanza de Dios.

Este no es un tema masculino o femenino. Es más un tema de dignidad humana. El Talmud, por ejemplo, dice que cualquier estudiante de Torá que aparece en público con una mancha en su ropa, es sujeto de reprensión divina. El judaísmo es estricto porque las ropas no sólo cubren, sino que también revelan la parte interior.

Muchos años atrás, fui contratado para hacer ventas telefónicas. Por muchas semanas yo estaba trabajando con un atuendo casual. (Me imaginé que una de las ventajas de las ventas telefónicas era que al cliente no le importa lo que estas usando). Pero empecé a notar que los más exitosos en el teléfono, venían a trabajar con traje de negocios. Entonces un día decidí probar. Vistiendo un traje, de repente me encontré a mi mismo hablando con más seguridad, sentándome derecho, y comunicándome con un tono más profesional. Al otro lado del teléfono mis ropas no se ven, pero su presencia seguro se sentía: ¡Mis ventas aumentaron dramáticamente!

Por esta misma razón, la Torá estipula que cuando rezamos, debemos estar en un lugar limpio y vestir ropa agradable. Es verdad lo que dicen: la ropa hace al hombre. Cuando nos vestimos dignos, somos tratados de esa manera.

En otras palabras, necesitamos sentirnos bien acerca de nosotros mismos… pero eso no debe ser lo que en última instancia atraiga a los demás hacia nosotros.

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Prendas de Dios

En un nivel más profundo, los cabalistas metafóricamente aplican el concepto de las vestimentas a Dios mismo. El Talmud, discutiendo el tema de por qué Dios no se manifiesta de manera mas clara en el mundo, explica que “Dios viste el mundo como una prenda”. Así como una prenda cubre al hombre, así también el mundo físico cubre y esconde a Dios. La palabra hebrea para “mundo” es OLAM viene de la misma raíz que “escondido” que es ne’elam.

Pero así como una prenda cubre, así también revela – haciendo que otros miren más profundamente al interior. Dios viste la prenda del universo físico, para animarnos a que usemos nuestro libre albedrío para buscarlo y revelarlo. Igual como puedes ver al hombre invisible cuando usa una camisa, así también Dios se revela a través de su vestimenta.

La guematria (equivalencia numérica) del nombre de Dios “Elokim” es 86.“Hateva”, que significa naturaleza, también equivale a 86. Maimónides escribió que meditar en las maravillas de la naturaleza es uno de los caminos primarios para a conocer a Dios.

(Por supuesto, la esencia de Dios permanece oculta – sólo vemos la vestimenta, no a Dios mismo. Por esta razón, Maimonides sugiere una manera más intima de conocer a Dios; cumpliendo Sus Mitzvot)

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Revelando el yo interior

La festividad de Purim, que acaba de pasar hace unas semanas, es cuando nos vestimos con disfraces. A primera vista los disfraces parecen contrarios al concepto de revelación. ¿No son los disfraces un reflejo falso de nuestra identidad interna?

La verdad, sin embargo, es que muchas personas están confundidas sobre quien son realmente – y de hecho usan una mascara todo el año. Es por eso, que en Purim, nos sacamos “nuestras mascaras diarias”. Los disfraces que usamos no esconden nuestro verdadero yo, ¡sino que revelan un nivel mas profundo de nuestra imagen personal!

Esto también explica porque en Purim nos emborrachamos – es otra manera de bajar nuestras defensas. Como dice el Talmud, “Nichnas yain, yatza sod”Cuando entra el vino, salen los secretos. (“Vino” y “secreto” tienen la misma guematria, 70)

La lección de esta Parahsá es que las vestimentas tienen el poder de comunicar – y necesitamos ser sensibles al mensaje que estamos transmitiendo. Nuestra salud espiritual depende de ello. Porque mientras más digna es nuestra ropa, más libres somos para vernos a través de la luz pura de nuestras almas.

Según tomado de, http://www.aishlatino.com/tp/s/sw/48420447.html el lunes, 23 de febrero de 2015.

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