La reencarnación según el judaísmo, Parte 2

La reencarnación según el judaísmo, parte 2

Después de morir, los ángeles te preguntarán: ¿Cuál es tu segundo nombre? Así es como debes responder.
por Rav Pinjas Winston

El gran cabalista conocido como el Arizal enseñó que después de que la persona muere, es enterrada y de que todos quienes asistieron al entierro vuelven a sus casas, entonces, recibe nuevos visitantes. Esta vez no son del tipo corpóreo, sino que se trata de ángeles, y la razón de su visita no es precisamente para rendirle homenaje al difunto (ver Sháar haguilgulim, cap. 23).

La razón de su visita es hacerle al alma una pregunta cuya respuesta vale mucho más que el pozo acumulado de la lotería. ¿De qué pregunta se trata?

“¿Cuál es tu nombre?”.

¿Cuál es mi nombre? ¿Los ángeles van a bajar desde el cielo hasta mi tumba sólo para hacerme esa pregunta? ¿Qué podría ser más fácil de responder que eso?

Muchas cosas. Porque resulta que desde nuestro nacimiento tenemos en realidad dos nombres: uno con el que estamos familiarizados, porque es el que todos usaron para referirse a nosotros, y otro que muchas personas pasan la vida sin escuchar jamás. Y adivina cuál es el que quieren escuchar los ángeles…

Nuestra debilidad espiritual

Nuestros nombres regulares vienen de nuestros padres, y cuando ellos los eligen suelen tener otras cosas en su cabeza además de nosotros, como por ejemplo un pariente que ha fallecido. ¿Cuál es nuestro otro nombre? ¿Quién nos lo da y por qué lo necesitamos?

Nuestro otro nombre es el nombre de la debilidad espiritual que nos fue dada para que trabajemos sobre ella y la arreglemos, y necesitamos ese nombre para que nos ayude a saber qué es lo que debemos lograr en este mundo. Si la gente se dedica al perfeccionamiento personal, a convertirse en la mejor persona que pueden ser, entonces sin dudas confrontarán su debilidad espiritual durante su vida y se verán forzados a trabajar en ella.

Las debilidades espirituales son desafíos que debemos superar, y no algo que debe ser ignorado.

Quienes se dedican al perfeccionamiento espiritual ven sus debilidades espirituales como desafíos a superar y no como algo que debe ser ignorado o ante lo cual deberían rendirse. Ellos encontrarán cómo utilizar sus fortalezas para rectificar sus debilidades, lo cual a su vez hará que sus vidas sean más significativas. Mientras quienes los rodean aceptan la mediocridad personal, ellos crecen y logran llegar a vivir a imagen y semejanza de su Creador.

Cuando los ángeles visitan a esas personas después de la muerte y les preguntan: “¿Cuál es tu nombre”?, ellos entienden la pregunta y saben qué responder. Dado que pasaron toda la vida corrigiendo sus debilidades espirituales, las conocen tan bien como conocen a los padres que se las dieron.

¿Qué le ocurre a la persona que no puede responder correctamente a los ángeles? Dios pone su alma en un proceso de rectificación para compensar después de la muerte lo que no fue logrado durante su vida. Los ángeles les enseñan al alma su otro nombre en preparación para la fase de auto-rectificación que deberá atravesar una vez que sea reencarnada.

En resumen, tenemos los siguientes puntos:

1.Estamos en este mundo para perfeccionarnos espiritualmente.

2.Para hacer esto debemos descubrir cuáles son nuestras debilidades espirituales, lo cual podemos lograr mediante el estudio de Torá.

3.Nuestro objetivo en la vida es volvernos más fuertes en el plano espiritual y superar nuestras debilidades.

A algunas personas, su debilidad espiritual puede causarles egoísmo y ser incapaces de entender a los demás y de ser simpáticas con ellos. A otras, su debilidad espiritual puede generarles una obsesión con el placer físico, haciendo que tiendan a sacrificar valores más elevados en beneficio de otros más bajos. Las posibilidades son infinitas.

Una nueva forma de ver los desafíos

Esta perspectiva de vida representa un enfoque completamente distinto de los desafíos. Una vez que una persona entiende que sus debilidades y desafíos espirituales son su oportunidad para crecer y perfeccionarse, la estrategia para lidiar con ellos se torna más constructiva. Por ejemplo, cuando los integrantes de una pareja tienen problemas para llevarse bien, esto puede ser un indicio de que sus debilidades espirituales están interfiriendo con su capacidad para unirse. Rectificar sus debilidades puede rectificar el matrimonio.

La siguiente es una historia del Talmud:

La esposa de Rabí Jiya acostumbraba hacerlo sufrir. Sin embargo, cuando él encontraba algo (que a ella le gustaba), él lo envolvía con su turbante y se lo llevaba. Rav le preguntó: “¿Por qué haces esto? ¡Ella te hace sufrir!”.

Él le respondió: “¡Es suficiente para nosotros que nuestras esposas críen a nuestros hijos y nos salven del pecado!” (Yevamot 63a).

Hay dos formas de explicar esta historia: O Rabí Jiya era masoquista (que probablemente no era el caso) o, al ser alguien que se abocaba al ideal de la Torá de perfeccionarse a sí mismo, veía su matrimonio como una oportunidad para mejorar, lo cual le dio la capacidad para hacerle frente a las dificultades que le traía.

Otro ejemplo podría ser el tener hijos “difíciles”. Ellos podrían representar una oportunidad para confrontar nuestros defectos y, en el proceso, aprender a resolver los problemas de los niños. Otro ejemplo podría ser el tener un jefe o un compañero de trabajo difícil; básicamente es siempre la misma idea.

Obviamente, esto no significa que debas someterte a toda persona que conozcas. La Torá reconoce que el divorcio es necesario en algunas ocasiones ya que hay veces en las que abandonar una “mala situación” es más inteligente que lidiar con ella. Hay veces en que alejarse de las situaciones comprometedoras posibilita un crecimiento mayor que enfrentarlas.

Pero sí significa que antes de darle la espalda a las situaciones que nos presentan un desafío espiritual, debemos analizar cuidadosamente por qué deberíamos hacerlo y por qué queremos hacerlo. La tasa de divorcio se disparó a las nubes porque muchas personas eligieron eliminar una pareja difícil, a menudo a costa de la familia y de otras personas, en lugar de enfrentar sus debilidades espirituales, perdiendo lo que podría haber sido una oportunidad excelente para el crecimiento personal.

Hay un dicho: “Puedes pagar hoy o puedes pagar mañana”. En nuestro contexto, podemos decir que “puedes pagar en esta reencarnación o en la próxima”. Debemos vivir una vida larga y significativa, pero también debemos asegurarnos de que cuando esos ángeles vengan a llamarnos, podamos responder a su pregunta, de forma que no tengamos que volver nuevamente a este mundo a completar la misión.
Según tomado de http://www.chabad.com el lunes, 16 de nov. de 2015.

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