El derrumbe del petróleo e Israel

No es ningún accidente que Israel no haya sido bendecido con grandes reservas de petróleo.
por Rav Benjamín Blech

¿Quién lo diría? El precio del combustible en Estados Unidos ha descendido a niveles no vistos en décadas. El precio del petróleo sigue hundiéndose —ha caído un 20% en lo que va del año—, y los mercados globales lo ofrecen ahora a menos de 30 dólares por barril. De acuerdo a las estimaciones de la Agencia Global de Energía, “a menos que algo cambie pronto, el mercado del petróleo podría ahogarse en una sobreabundancia”.

Hay tanto exceso de petróleo que hay incluso quienes dicen que habrá que guardar la sobreabundancia en el mar. Y lo más increíble de todo es que, en un bizarro giro de los eventos, Bloomberg reportó que Flint Hill Resources, una unidad de refinería propiedad de Koch Brothers, dijo que comprarían petróleo crudo ácido a Dakota del norte en -0.5 dólares por barril. Así es: un precio negativo. El petróleo se ha devaluado tanto que los productores le están pagando a los compradores para que se lleven ciertos tipos de petróleo de calidad inferior.

La economía mundial se está preparando para un exceso de petróleo que podría hacer caer aún más los precios, con la demanda frenándose mientras que la oferta del ya abundante petróleo se incrementa debido al reciente levantamiento de sanciones a Irán.

Eso no sólo tiene ramificaciones políticas de gran escala para el mundo y particularmente para el Medio Oriente, sino que, fascinantemente, nos ayuda a entender una idea bíblica respecto a la tierra de Israel.

Desde siempre los judíos han mirado con perplejidad las tierras de los vecinos que los rodean. La bendición de recursos naturales pareciera tener como destino los países árabes y no Israel. El petróleo se encuentra con abundancia en Arabia Saudita, Irán, Irak y los Estados Árabes Unidos, pero los judíos han tenido que contentarse con una tierra que sólo fue bendita metafóricamente con leche y miel.

Y en realidad esta idea ya le fue revelada al pueblo judío que salió de Egipto y que estaba a punto de ingresar a la Tierra Prometida. La economía egipcia había sido bendecida con las aguas del Nilo, las cuales les aseguraban fertilidad sin temer por falta de lluvias para regar sus campos. Pero esta bendición no era parte de la redención del pueblo judío.

“Pues la tierra a la que vas para poseerla, no es como la tierra de Egipto que dejaste, donde plantabas la semilla y la regabas a pie, como un huerto de vegetales. Pero la tierra por la que cruzas para poseerla es una Tierra de montañas y de valles; de la lluvia del cielo beberá agua; una Tierra que Hashem, tu Dios, busca; los ojos de Hashem, tu Dios, siempre están sobre ella, desde el comienzo del año hasta el fin del año” (Deuteronomio 11:10-12).

La Torá compara la tierra de Egipto con la tierra de Israel. El río Nilo era una fuente de agua que estaba disponible durante todo el año. Los canales de irrigación eran cavados y cerrados por pequeñas compuertas. El granjero decidía qué áreas del campo necesitaban ser regadas y utilizaba su pie —“plantabas la semilla y la regabas a pie”— para abrir de una patada estas pequeñas compuertas, las cuales a su vez permitían que el agua ingresara a los canales de irrigación. El agua era abundante y de fácil acceso.

La tierra de Israel, sin embargo, no tiene ninguna gran fuente de agua. Depende completamente de la lluvia que cae del cielo. El agua ya no sería fácilmente accesible para los israelitas como lo era en Egipto.

Esta era una tierra que bendeciría a sus habitantes sólo como resultado de su esfuerzo. Era una tierra que no tolerarían quienes adoraban la facilidad y la obtención automática de las cosas.

La Torá estaba expresando una verdad que parece contraintuitiva, pero que a la vez ha sido validada por muchos economistas. En promedio, los países que tienen una abundancia de recursos naturales han tenido un peor desempeño que aquellos que no cuentan con recursos. Han crecido de forma más lenta y con mayor desigualdad, justo el contrario de lo que uno esperaría. Hay abundante literatur en economía y ciencias políticas que intenta explicar este fenómeno, conocido también como “la maldición de los recursos”. Y quizás su lógica está enraizada en la misma idea sobre que los padres que consienten en demasía a sus hijos al darles demasiada riqueza y privilegios sin inculcarles responsabilidad y ética de trabajo están, en el más profundo de los sentidos, causándoles más daño que bien.

Israel no tenía petróleo, por lo que se convirtió en la nación del emprendimiento.

Israel no tenía petróleo, por lo que se convirtió en la nación del emprendimiento. En un libro llamado así, The Start-up Nation: The Story of Israel’s Economic Miracle (La nación del emprendimiento: La historia del milagro económico de Israel), por Dan Senor u Saul Singer, los autores responden la pregunta del millón de dólares: ¿Cómo puede ser que Israel, un país de 7.1 millones de habitantes, con un poco menos de 70 años de existencia, rodeado de enemigos, que se encuentra en estado constante de guerra dede su creación y el cual no cuenta con recursos naturales, produzca más emprendimientos que grandes, pacíficos y estables naciones como Japón, China, India, Corea, Canadá y el Reino Unido? Su respuesta: Obstaculizado por un boicot árabe que hacía el comercio regional imposible y teniendo muy pocos recursos naturales, Israel ha vencido a las probabilidades para convertirse en un relevante jugador en el mundo de los negocios, especialmente en el área tecnológica, justamente porque se vio forzado a apoyarse en sus propias capacidades en lugar de apoyarse en ventajas que no se han ganado ni se merecen, las mismas que otros dan por sentadas y utilizan como substitutos para la iniciativa personal.

Así que quizás hay un mensaje divino tras el alza y la caída de los precios del petróleo. La riqueza producida por los recursos naturales le dio al mundo árabe la fugaz bendición de la prosperidad, pero se trataba de una espada de doble filo que trajo consigo “la maldición de los recursos”, la cual es claramente ilustrada por la falla de su cultura y por las mínimas contribuciones que han hecho a la civilización.

A pesar de los campos de petróleo que tienen sus vecinos árabes, la tierra de leche y miel ha probado ser un mejor negocio y una mayor bendición.

Según tomado de http://www.aish.com el 3 de febrero de 2016.

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