Orígenes del cristianismo

Orígenes del cristianismo

En una era de cruel opresión, aparecieron varias sectas separatistas que creían que el apocalipsis estaba cerca.
por Rav Ken Spiro

El siglo y medio que vino luego de la conclusión de la escritura de la Mishná corresponde al período histórico en que el Imperio Romano adoptó el cristianismo, una movida que tendría un gran impacto para los judíos. Sin embargo, antes de contar esa historia, debemos volver en el tiempo hasta el siglo 1 EC, cuando el Templo aún estaba en pie.

Como recordaremos de la parte 31 de esta serie, desde la invasión romana —y particularmente desde las persecuciones a los sabios por parte del rey Herodes el Grande— el pueblo judío estaba en un estado de gran agitación. Pronto emergerían sentimientos nacionalistas en la Gran Revuelta (67-70 EC) y los judíos se encontrarían peleando contra los romanos y entre sí mismos.

En esta atmósfera de tensión —en la que el pueblo judío anhelaba un líder que lo ayudara a liberarse del yugo romano— fueron plantadas las semillas de lo que posteriormente se convertiría en el cristianismo.

Mesías

Cuando los judíos anhelan un salvador, están anhelando la llegada del Mesías.

Es importante comprender que la idea del Mesías no fue inventada por el cristianismo; es una antigua idea judía, uno de los “trece principios de fe” del judaísmo (1). Esta idea aparece registrada varias veces en los libros de los profetas, incluyendo a Yeshayahu, Mija, Tzefaniá y Iejézquel.

(De hecho, a lo largo de la historia judía hubo muchos poderosos líderes sobre los cuales durante un tiempo se pensó erróneamente que eran el Mesías; pero cuando el supuesto Mesías no cumplió con las profecías —como traer paz mundial, etc.— quedó claro que no lo era).

La palabra Mesías proviene de la palabra hebrea mashaj, que significa ‘ungido’ (2). El Mashíaj es por lo tanto el “ungido” de Dios. Por ejemplo, así es como relata el Libro de Shmuel el ungimiento de David como rey:

Shmuel tomó el cuerno de aceite y lo ungió [a David] entre sus hermanos, y el espíritu de Dios reposó sobre David desde ese día en adelante (Shmuel 1 16:13).

A lo largo de todo el Tanaj vemos numerosos ejemplos en los que Dios designa individuos para el reinado por medio de enviarles un profeta para que los ungiera. A pesar de que en el Tanaj hay muchas personas a las que se les llama “ungidas”, hay una sola a la que se le llama “el ungido”: el Mesías. La definición judía de Mesías es un líder judío (sin dudas se trata de un ser humano), descendiente de la línea del Rey David (es decir, de la tribu de Yehudá) que tendrá el conocimiento de Torá y la capacidad de liderazgo necesaria para traer a todo el pueblo judío de vuelta a la Tierra de Israel; volverá a reconstruir el Templo, traerá la paz mundial y guiará a todo el mundo al entendimiento que existe un único Dios.

(Fuentes judías de estos puntos (en el orden enumerado arriba): Bereshit 49:10; Devarim 17:15; Bamidbar 24:17; Bereshit 49:10; Divrei Hayamim I 17:11; Tehilim 89:29-38; Yirmiyahu 33:17; Shmuel II 7:12-16; Yeshayahu 2:4; Yeshayahu 11:1-12; Yeshayahu 27:12-13; Yeshayahu 40:5; Mija 4:1; Mija 4:3; Tzefaniá 3:9; Iejézquel 37:24-28).

Maimónides, un gran erudito medieval, nos da una definición concisa del Mesías basado en tradiciones que provienen de la ley oral:

El Rey Mesías surgirá y restituirá el reinado de David a su estado anterior y a su soberanía original. Reconstruirá el santuario y reunirá a los dispersos de Israel. En sus días serán reinstituidas todas las leyes antiguas… No creas que el Rey Mesías tendrá que hacer señales y maravillas, traer algo nuevo a la existencia, revivir a los muertos o cosas similares. No es así…

Si surgiera un rey de la Casa de David que meditara en Torá, se ocupara con los mandamientos… observara los preceptos prescritos en la Torá Escrita y en la Oral, prevaleciera sobre Israel para caminar por el camino de la Torá… luchara las batallas de Hashem, entonces puede asumirse que es el Mesías. Si hace esas cosas y tiene éxito, reconstruye el santuario en su sitio y reúne a los dispersos de Israel, entonces es sin dudas el Mesías. Él preparará al mundo entero para servir a Hashem (3).

El profeta Yeshayahu, cuya profecía sobre este tema es probablemente la más conocida de todas, describe la visión judía mesiánica con estas palabras:

En los días por venir, el Monte de la Casa de Dios se parará firme sobre las montañas y se alzará imponente sobre las colinas. Todas las naciones afluirán hacia él. Los muchos pueblos irán y dirán: “Vengan, vayamos al Monte de Dios, a la Casa del Dios de Yaakov: que Él nos instruya en Sus caminos, que podamos caminar en Sus senderos” (Yeshayahu 2:3).

Y ellos cambiarán sus espadas por arados y sus lanzas por podadoras; ninguna nación levantará espada en contra de [otra] nación. Tampoco volverán a adiestrarse para la guerra… (Yeshayahu 2:4).

[En ese tiempo] el lobo vivirá en paz con el cordero, el leopardo yacerá con el niño, el becerro y la bestia de caza serán alimentados juntos con un niño pequeño (Yeshayahu 11:6).

Dado que la noción de una persona que redimirá al pueblo judío es una parte fundamental y filosófica de la visión judía del mundo, no es ninguna sorpresa que en tiempos de crisis siempre aparezca la expectativa de dicha redención.

De hecho, nuestros sabios dicen que el Mesías nacerá en Tishá B’Av, la peor fecha del calendario judío; en ese día han ocurrido los peores desastres para el pueblo judío (la destrucción del Primer y Segundo Templo, la caída de Betar en 135 EC, etc.).

El Libro de Iejézquel, por ejemplo, habla de un enfrentamiento final —la Guerra de Gog y Magog—, una terrible guerra en la cual las naciones se volverán en contra de los judíos (4). De acuerdo a un posible escenario, se espera que en ese momento llegue el Mesías y traiga la redención final.

A eso se debe que, cuando los tiempos son muy malos, el pueblo judío tiende a pensar que éste es el enfrentamiento final. Siempre es más oscuro antes del amanecer: pareciera que las cosas no pueden ser peor. Y si es así, entonces el Mesías debe estar a la vuelta de la esquina.

Un período oscuro

La ocupación romana fue un período sumamente oscuro en la historia judía. Algunos de los más brillantes sabios rabínicos habían sido asesinados por Herodes y la corrupción se había abierto paso hasta la jerarquía del Templo. Los judíos se habían dividido en tres grupos principales:

1.Los ricos saduceos (muchos de ellos eran kohanim, familias sacerdotales), quienes negaban la autoridad de la Torá Oral y le prometían lealtad a Roma;

2.Los fanáticamente religiosos y nacionalistas Zelotes, quienes estaban listos para luchar a muerte frente a Roma en una batalla suicida; y

3.La mayoría farisea, aún leales a la Torá y a la Ley Oral, quienes estaban atrapados en el medio.

De esta caótica época —que estuvo marcada por un violento antisemitismo y una cruenta opresión a los judíos— nacieron varias sectas separatistas, cuyos miembros creían que el Apocalipsis estaba a la vuelta de la esquina. Encontrando un oído receptivo entre los oprimidos, estas sectas pregonaban que la batalla final del bien frente al mal ocurriría pronto y que vendría seguida por la redención mesiánica de la humanidad.

La Secta del Mar Muerto —que se hizo famosa en los tiempos modernos por el descubrimiento de los Rollos del Mar Muerto en Qumran, la cual es posible que haya estado asociada a los Essenes— fue una secta de este tipo, pero había muchas otras.

Las enseñanzas de estas sectas no tenían popularidad entre los judíos. Tal como los judíos solían rechazar a las religiones extrañas, también rechazaban los intentos de alterar el funcionamiento interno del judaísmo.

Sin embargo, en este tumultuoso período histórico, los judíos estaban más susceptibles que nunca. Los distritos rurales estaban llenos de carismáticos curadores y predicadores, y la gente acudía masivamente a ellos esperando escuchar una profecía que dijera que los años de lucha y sufrimiento estaban por terminar.

El más legendario de todos fue Josué, o Jesús, quien más adelante en la historia llegó a ser llamado Cristo, que es la palabra griega para Mesías.

Describir los comienzos del cristianismo temprano bajo Jesús va más allá de los alcances de esta serie. Actualmente hay aproximadamente 2.700 libros disponibles sobre el tema, muchos de los cuales han sido escritos en los últimos años y comparan al Jesús histórico con el Jesús legendario, debatiendo qué dijo y qué no dijo y explicando qué cosas pueden ser dichas de él con algún grado de certeza.

(Para quienes estén interesados, una buena fuente es el libro del premiado biógrafo inglés A. N. Wilson: Jesús: A Life (Jesús: una vida), que analiza con detenimiento toda la información disponible e incluye además una buena cantidad de fascinante especulación).

Históricamente hablando, es muy poco lo que se sabe. Todos los autores del Evangelio, comenzando por Marcos en el año 60 EC, vivieron después de la fecha aceptada de la muerte de Jesús (34 EC). Hay muchas referencias en el Talmud a varias personalidades que los rabinos desaprobaban, y algunos han especulado que una o más de ellas se refieren a Jesús. La posibilidad más cercana es Ieshu Ha-Notzrí (5), pero hay varios problemas con esta idea: primero, hay al menos dos personajes en el Talmud con el nombre Ieshu Ha-Notzrí. Segundo, de acuerdo a la cronología judía, estos dos individuos vivieron en el tiempo en que Iehoshúa ben Perajiá lideró el Sanedrín (150 AEC) y, por lo tanto, de acuerdo a la cronología cristiana precedieron a Jesús por al menos 150 años. El segundo Ieshu vivió en algún momento durante el segundo siglo de la Era Común, unos 100 años después de la muerte de Jesús. Finalmente, la limitada narrativa que encontramos en el Talmud (6) sobre Ieshu no encaja con nada del Evangelio.

Uno esperaría —si Jesús hubiese sido al menos un tanto influyente en su época— que el gran historiador judío Josefo (38-100 EC) le hubiera dedicado considerable espacio. En todos los escritos de Josefo hay sólo una mención de Jesús (Josefo, Antigüedades 18:3:3), y esta única referencia es considerada por prácticamente todos los eruditos como una inserción al texto original que fue agregada posteriormente por los monjes cristianos que copiaron esos textos para las librerías de la iglesia (7).

Lo mejor que podemos decir con certeza es que el mundo cristiano concuerda en que Jesús fue un judío que estaba familiarizado con la Torá, observaba la “Ley de Moisés” y enseñó muchos de sus preceptos, aunque también se alejó de algunos de ellos.

Una de sus enseñanzas más famosas consiste de dos citas de la Torá que son cosas básicas del judaísmo y emulan el énfasis de las enseñanzas rabínicas de su era. Cuando le pidieron que mencionara el mandamiento más importante, Jesús, según es citado en el Evangelio de Mateo (22:37-40), contestó:

Ama al Eterno tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Este mandamiento es el primero y el más grandioso. El segundo es similar: Ama a tu prójimo como a ti mismo. Toda la ley y los profetas dependen de estos dos mandamientos.

“Ama al Eterno tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas” es una cita de Devarím 6:5. “Ama a tu prójimo como a ti mismo” es de Vaikrá 19:18. Esas enseñanzas precedieron a Jesús por unos 1.300 años.

Como ya mencionamos, los Evangelios, los cuales buscan registrar cuáles fueron las enseñanzas de Jesús, fueron escritos en griego muchos años después de su muerte (que, a propósito, las fuentes cristianas datan en 34 EC, unos 35 años antes de la destrucción del Templo).

Judíos seguidores de Jesús

¿Quiénes eran los judíos seguidores de Jesús?

Los miembros de la secta de Jesús eran claramente judíos religiosos que creyeron que Jesús era el Mesías. No podían haber creído que Jesús era “Dios” y continuar siendo judíos, ya que para los judíos esa creencia hubiera sido absoluta idolatría, similar a las creencias paganas grecorromanas en donde los dioses adoptaban forma humana y tenían relaciones con los humanos.

(De hecho, el concepto de “hijo de Dios” apareció más adelante en la teología cristiana, a pesar de que los evangelios usan mucho el término “hijo del Hombre”, que es tomado de las escrituras de los profetas y en ocasiones utilizado para referirse al profeta mismo).

De todos modos, la secta de Jesús —al igual que muchas otras sectas en la Tierra de Israel— habría desaparecido incluso si sus miembros hubieran sobrevivido las revueltas en contra de Roma en los siglos I y II. (Los fariseos (8) sobrevivieron principalmente gracias a la visión de su líder, Rabí Iojanán ben Zakai, como vimos previamente).

Entonces, ¿de dónde salieron todos los cristianos? De hecho, ¿de dónde salió el cristianismo?

Para la respuesta debemos analizar otra colorida personalidad que apareció en escena después de la muerte de Jesús, a quien virtualmente todo historiador del cristianismo le acredita la diseminación del mensaje de Jesús a lo largo del mundo o al menos el darle forma al cristianismo para que el mundo pagano lo consumiese.

Se trata de un judío que era conocido originalmente como Shaúl, el cual es conocido en el cristianismo como “San Pablo”.

Notas:

1) Los Trece Principios están basados en las enseñanzas de Maimónides (1135-1204) y abarcan la filosofía básica del judaísmo. El punto número doce declara: “Yo creo con fe perfecta en la llegada del Mesías y, aunque él se retrasare, continuaré aguardando su llegada cada día”.

2) Una descripción del aceite de ungimiento se encuentra en el Libro de Shemot (30:22-30): Hashem habló a Moisés, diciendo: “Y toma tú especias finas: mirra fina… canela aromática… casia… y aceite de oliva. De él harás aceite para unción de santidad… Con él ungirás la Tienda de la Cita (Tabernáculo) y el Arca del Testimonio… Ungirás a Aharón y a sus hijos y los consagrarás para que oficien ante mí”.

3) Maimónides Mishné Torá; Leyes de Reyes, Cap. 12.

4) Ver: Iejézquel 38: 1-16; Zejaría 12:1-3.

5) Aunque Ieshu suene como Ieshu y Notzrí es cristiano en hebreo moderno, conectar a Ieshu con Jesús es muy problemático especialmente porque algunas autoridades consideran que el nombre Ieshu es un sobrenombre y no el nombre real de una persona (Referencias al nombre Ieshu pueden ser encontradas en: Talmud, Brajot 17b; Sanhedrín 43a y 103a; Rashi en Brajot 12b; Rashi en Rosh HaShaná 17a; Rashi en Yomá 40b)

6) Es importante mencionar que esas referencias (ver: Talmud, Sanedrín 43a y 67a; Sotá 47a) no se encuentran en la mayoría de las ediciones modernas del Talmud. En la Europa medieval y durante el Renacimiento, el Talmud fue sujeto a censura y en muchas ocasiones fue quemado públicamente. Cuando se inventó la prensa (1453) los impresores cristianos, que imprimieron el Talmud, sólo imprimieron las versiones censuradas. Todos los pasajes percibidos como anti-cristianos/anti-gentiles fueron dejados fuera. En la actualidad, a pesar de no haber mucha censura, estos pasajes no han sido reinsertados al texto del Talmud en la mayoría de las ediciones. Hay un libro pequeño llamado Jesronot HaShas (“Eso que Falta del Talmud”) que contiene todas las partes faltantes del Talmud.

7) El autor más probable de esta referencia es Eusebius, el obispo de Cesárea en del siglo 4. La razón para tal inserción en el texto es obvia. La falta de toda mención en Josefo (que no deja nada de lado) era muy problemática para el cristianismo. Eusebius insertó una breve referencia de Jesús en el texto de Antigüedades de Josefo para encubrir esta evidente ausencia.

8) El judaísmo fariseo sobrevivió y eventualmente evolucionó para convertirse en el Judaísmo Ortodoxo de la actualidad.

Segun tomado de http://www.aishlatino.com/judaismo/historia/curso-rapido/Origenes-del-cristianismo.html el Viernes, 24 de junio de 2016.

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