#41 De Pablo a Constantino Historia Judía

Posted on Updated on

#41 De Pablo a Constantino. Historia Judía
El cristianismo temprano atrajo a quienes no estaban dispuestos a adoptar todos los preceptos del judaísmo.
por Rav Ken Spiro

La secta de Jesús en Jerusalem se mantuvo pequeña y no tuvo mucho éxito entre los judíos. De hecho, se volvió ofensiva ante los ojos del judaísmo y los seguidores de Jesús comenzaron a ser considerados herejes (1).
La actitud de los rabinos fue que esa gente, por más judía que fuera, estaba persiguiendo una ideología que estaba fuera del camino judío y cuyas desviadas creencias iban a contaminar al pueblo judío. Esta es una secta separatista que no tenía lugar en el judaísmo, por lo que debían expulsarla.
Uno de los que se tomaron en serio el tema de la expulsión fue un judío llamado Saúl, originario de Tarsus (una ciudad de Asia Menor, Turquía en la actualidad).
Pero, como escribió posteriormente en sus “epístolas” o “cartas”, después de participar en las persecuciones a la secta de Jesús, Saúl cambió repentinamente de opinión. Escribió que Jesús se le había aparecido en una visión y lo había disuadido de seguir persiguiendo a sus seguidores.
Luego de este encuentro místico, Saúl desapareció de la escena y volvió a aparecer unos trece años después (47-60 EC) como Pablo, un misionero para los gentiles.
Cuando reemergió en la escena mundial, Pablo introdujo algunas ideas revolucionarias que inicialmente causaron un poco de furor entre los seguidores más veteranos de Jesús. Durante un dramático encuentro con la secta de Jesús en Jerusalem, su perspectiva fue la que salió vencedora: la nueva religión se separaría del judaísmo.
Pablo se fue a una serie de viajes misionarios en los cuales tuvo un gran éxito en atraer conversos a su nueva religión: el cristianismo.
Pablo indudablemente predicaba el monoteísmo, pero con una innovación radical. La forma de salvación de los gentiles era ahora mucho más simple: la creencia en Jesús reemplazaría la observancia de los mandamientos.
Gracias a los esfuerzos de Pablo y al fanatismo de sus primeros discípulos, el cristianismo sufrió un ascenso meteórico en popularidad. Sus primeros éxitos fueron en lugares en los cuales los habitantes no judíos habían sido expuestos a las ideas judías.
Atracción romana al judaísmo
En entregas previas discutimos sobre la tensión que había en el mundo grecorromano, en el cual se enfrentaban el helenismo con el judaísmo. Pero no mencionamos que los romanos se sentían en realidad muy atraídos por el judaísmo.
Esto fue especialmente cierto en el siglo 1 EC cuando, bajo la dirección de Nerón, comenzó la caída de Roma y la gente inteligente y juiciosa vio cómo el imperio se estaba convirtiendo en un agujero negro de decadencia, violencia y, sobre todo, inmoralidad. Estas personas buscaban estabilidad, una visión moral del mundo que fuese universal y comenzaron a prestar atención a algunas formas de adoración más exóticas que la religión oficial del estado.
Su búsqueda llevó muchos cultos extranjeros a Roma, en particular la adoración de Mitras, el dios persa de la luz y la sabiduría, el cual se comenzó a identificar con Helios, el dios griego del sol, y con Sol, el dios romano del sol. Este culto se volvió tan popular que los romanos nombraron a uno de los días de la semana en honor a Mitras y celebraban el cumpleaños del dios del sol a finales de diciembre, con el solsticio de invierno.
La lealtad a los dioses del estado se debilitó más aún por causa de la política romana de robar los dioses de los pueblos que eran conquistados. Los “dioses capturados” pasaban a ser “propiedad” de Roma y eran incorporados al panteón oficial. A medida que el imperio fue creciendo, el número de dioses se fue multiplicando. De acuerdo al escritor romano Varro, en un momento Roma tenía más de 30.000 dioses y 157 festividades al año (2). ¿Quién podría recordarlos todos o tomárselos en serio?
Otro factor importante fue las constantes amenazas de rebelión interna y de invasión externa con las que vivían. La sensación de que un impiadoso destino y una cruel muerte acechaban a la vuelta de la esquina estresaba y atemorizaba a la población. (Quizás tantas horas de ver a personas que habían cometido delitos menores ser masacradas en el Coliseo crearon un sentimiento subconsciente de “si no fuera por la gracia de uno de los 30.000 dioses, podría ser yo el que esté ahí”).
El sentimiento de una muerte inminente se veía aumentado por la intriga política, la corrupción general y el obvio declive moral. La gente se atiborraba de exquisiteces y luego vomitaba para poder comer más aún. Mientras tanto, en los baños públicos, la forma de pasar la noche era con interminables orgías sexuales con esclavos y prostitutas.
El historiador Michael Grant, en su libro The World of Rome (El mundo de Roma, p. 129), lo resume de esta forma:
La era romana fue una época no sólo de una descontrolada lujuria por la sangre, sino también de pesimismo y desaliento respecto a la capacidad del hombre para construir su propio futuro. La existencia y la propaganda del gobierno imperial, el cual hacía un llamado a apoyar a los dioses viejos, no erradicó la profundamente arraigada sensación de que toda persona iba a la deriva y de que todo era peligroso. Por lo tanto, la deidad vigente para combatir el desaliento era Fortuna. “Por todo el mundo”, dice Plinio el Anciano, “en todo lugar y a toda hora, en todas las bocas, sólo Fortuna es invocada y su nombre hablado… Estamos tan a merced de la suerte, que la suerte es nuestro dios”.
En una atmósfera como esta, la visión judía de que la persona no está perdida en el mar de un universo aleatorio y hostil, sino que es cuidada por un Dios único, omnipotente y amoroso, que ordena y dirige el mundo, tenía muchas posibilidades de encontrar oídos receptivos.
El pueblo judío era una particular y considerable minoría que se encontraba dispersa por todas las ciudades importantes del imperio. Su idea de un Dios único no sólo era exclusiva, sino que también poseía una exclusiva sensación de comunidad, tenía una desarrollada infraestructura de bienestar social y un igualmente único nivel de alfabetización. En las palabras del historiador Michael Grant:
Numéricamente… ellos [los judíos] eran menos en esos días de lo que son ahora, quizás ocho millones… Pero no menos de siete de esos ocho millones estaban en el Imperio Romano, en donde constituían entre el seis y el nueve por ciento de la población (en las provincias orientales, el porcentaje puede que haya llegado a ser incluso el veinte por ciento). Siendo un porcentaje tan alto de la cantidad total de habitantes, era casi inevitable que tuvieran una influencia; y dadas sus creencias y costumbres altamente distintivas, tan divergentes del estilo de vida grecorromano que los rodeaba, era predecible que su relación con sus vecinos se tornaría tanto dramática como explosiva (3).
Sin embargo, la conversión al judaísmo siempre ha sido un complejo emprendimiento, el cual históricamente siempre ha requerido que el potencial converso demuestre su sincero deseo de seguir las enseñanzas de la Torá.
Sin embargo, los registros históricos romanos nos muestran que el judaísmo sí estuvo de moda, especialmente en centros culturales importantes como Roma y Alejandría. El exportador más conocido de una ideología híbrida judía fue Philo Judeas, quien vivió entre 20 AEC y 50 EC. Fuertemente influenciado por el Helenismo, buscó fusionar la filosofía griega con el judaísmo y exportar esta fusión al mundo. Philo era un escritor prolífico con un considerable séquito.
Entre quienes se convirtieron en este tiempo estuvo Onkelos, un sobrino de uno de los emperadores romanos —posiblemente Nerón—, quien subsecuentemente tradujo la Biblia Hebrea al arameo. Josefo (4) describe a Popea, la esposa de Nerón, diciendo que apoyaba mucho al judaísmo y que estaba muy interesada en él; además de esto, hay mucha especulación entre los historiadores respecto a la posibilidad de que haya habido otros emperadores romanos que simpatizaban con el judaísmo y que quizás incluso se hayan convertido.
No se puede negar que el mensaje y el estilo de vida del judaísmo era muy atractivo para los romanos. El historiador Howard Sachar sugiere en su libro History of Israel (Historia de Israel, p. 111) una explicación de este fenómeno:
Las condiciones eran altamente favorables. El antiguo paganismo… estaba decayendo, y las mentes sensibles se sentían repelidas por éste. El bien definido monoteísmo y las prácticas racionales de los hebreos, expuestas con encanto por los escritores judíos helenizados, les causaron una profunda impresión. Hubo una gran cantidad de conversos, si no oficialmente al judaísmo, al menos a las prácticas y los ideales judíos.
El impacto del judaísmo en el imperio fue tan grande que el escritor romano Séneca se quejó: “Esta abominable nación ha conseguido desparramar sus costumbres por todas las tierras: los conquistados les han dado sus leyes a los conquistadores”.
Esto no quería decir que sólo porque algunos ciudadanos del imperio se hubieran convertido y otros muchos hubieran simpatizado abiertamente con los judíos entonces la religión de Moisés se tomaría Roma por asalto. La razón de por qué no pasaría esto era muy simple: las leyes, restricciones y rituales judíos parecían muy difíciles de seguir. A pesar de que algunos mandamientos —como descansar en Shabat y las leyes alimenticias— eran muy populares y relativamente fáciles de observar, otros rituales del judaísmo eran considerados demasiado extremos y difíciles, como por ejemplo la circuncisión y la abstinencia sexual durante una parte de cada mes.
Además, muchos veían al judaísmo como la religión nacional de un pueblo específico; es decir, ser judío no sólo significaba adscribir a una fe religiosa, sino también adoptar una identidad nacional diferente. Naturalmente, si habías nacido en Roma, no querías que pareciera que estabas renunciando a tu ciudadanía romana; tampoco ayudaba que Judea fuera una de las provincias más rebeldes y problemáticas del imperio, y que los judíos en general solían ser vistos con suspicacia y hostilidad. Sin duda, esto causó que muchos romanos lo pensaran dos veces antes de unirse a las filas judías.
Aquí es cuando apareció Pablo.
La revolución de Pablo
La astucia de Pablo fue conservar las partes del judaísmo que atraían al mundo romano y la cercana conexión con la Torá, mientras que abandonó los componentes “objetables”.
Pablo predicaba que la creencia en Jesús reemplazaba a las leyes de la Torá, es decir, todos los mandamientos que les parecían tan difíciles a los romanos que sentían atracción hacia el judaísmo. Al convertirse al cristianismo, un romano podía adherirse a la visión judía de un Dios amoroso y a la visión moral de paz, justicia y amor al prójimo de la Torá. Un romano podía suscribirse a estas ideas sin tener que ser “diferente” de la forma en que los judíos eran “diferentes”.
De esta forma, Pablo quitó las barreras y abrió las compuertas.
John G. Gager escribe en su libro Kingdom and Community: The Social World of Early Chistianity (Reino y comunidad: El mundo social de los inicios del cristianismo, p. 140):
El cristianismo conservó todas las ventajas de su legado judío pero sin los dos únicos factores que, de otra forma, hubieran inhibido su crecimiento: el apego a la ley ritual y la cercana conexión entre la religión y la identidad nacional. Al proclamar que Cristo era ‘el fin de la ley’ y al presentarse a sí mismo ante el mundo como ‘el nuevo Israel espiritual’, el cristianismo helénico pudo cosechar los frutos políticos y sociales que habían sido plantados durante tres siglos por el judaísmo helénico.
No hace falta decir que los judíos observantes se opusieron a Pablo, un judío a quien veían como la peor clase de hereje. De hecho, debido a las quejas judías en su contra, Pablo fue arrestado por las autoridades romanas, mantenido durante un tiempo bajo arresto domiciliario y finalmente ejecutado alrededor del año 67 EC (el año del comienzo de la Gran Revuelta en contra de Roma en Israel).
La tradición cristiana sostiene que Pablo y el apóstol principal de Jesús, Pedro, fueron enterrados en la colina del Vaticano, la sede actual de la Iglesia Católica Romana.
Después de la muerte de Pablo, el cristianismo continuó evolucionando y creciendo. Mientras la nueva religión luchaba por desarrollar su núcleo teológico surgieron muchas controversias en torno a ella.
Dado que esta serie se trata sobre historia judía y no sobre cristianismo, no vamos a profundizar en el desarrollo de los dogmas del cristianismo de la Trinidad, el nacimiento de una virgen, la resurrección, etc., ni en las diferentes “herejías” que florecieron en los inicios de la Iglesia Cristiana. Para quienes estén interesados en el tema, la mejor fuente es el trabajo del historiador cristiano Paul Johnson, titulado History of Christianity (Historia del cristianismo).
Basta con decir que le llevó unos 300 años a la Iglesia Cristiana establecer su dogma fundamental, que resultó ser una síntesis de las ideas judías, griegas y algunas paganas. Con el crecimiento del cristianismo vino una fuerte resistencia de la Roma oficial: la nueva religión estaba imponiéndose demasiado, estaba amenazando la religión del estado y, por lo tanto, la estabilidad del mismo. El cristianismo fue declarado ilegal en Roma y quienes eran atrapados practicándolo generalmente eran crucificados o arrojados a los leones en el Coliseo.
Esas persecuciones, las cuales vinieron en oleadas (dependiendo del nivel de tolerancia del emperador romano de turno), terminaron fortaleciendo al cristianismo. En este sentido, los cristianos estaban siguiendo el comportamiento que habían tenido los judíos en los días del Imperio Griego (en ese entonces, nadie moría por su religión; nadie excepto los judíos).
Y entonces, en el año 312 EC, ocurrió un hecho destacable que cambió dramáticamente la fortuna cristiana y llevó al cristianismo, en una docena de años, a ser la religión oficial del Imperio Romano: Constantino, quien se convertiría en Emperador de Roma, se convirtió al cristianismo.
Constantino
En la víspera de una batalla contra su rival por el trono de Roma, Constantino reportó haber tenido un sueño con Jesús que vino seguido de una visión de una cruz sobrepuesta al sol.
Constantino tenía una tendencia a ver visiones; unos años antes había afirmado ver a Sol, el dios del sol, en una huerta de Apolo en Galia. La yuxtaposición de los dos —la cruz y el sol— fue un augurio para la victoria y, cuando Constantino ganó la batalla, le acreditó la victoria a su recientemente encontrado dios y se convirtió al cristianismo.
David L. Edwards, erudito de la Universidad de Oxford, preboste de la Catedral de Southwark en Londres y autor del libro Christianity: The First Two Thousand Years (Cristianismo: Los primeros dos mil años), duda abiertamente de la sinceridad de la conversión de Constantino, una posición que es compartida por otros eruditos cristianos.
Pero así son los giros de la historia. Pronto Constantino se convirtió en emperador y eligió establecer su capital en el este, en Bizancio, la cual fue renombrada Constantinopla.
Eventualmente el imperio se dividiría en dos: el imperio occidental colapsaría en el siglo V, pero el imperio oriental sobreviviría otros mil años. De esta forma el cristianismo se convirtió en la religión oficial del nuevo orden: el Imperio Bizantino.
Constantino había iniciado una nueva forma de ver al cristianismo al fusionar un símbolo pagano con uno cristiano (sol y cruz). Durante los siglos siguientes, hubo muchas más síntesis.
Si bien a los cristianos les gusta ver al cristianismo como “la religión del amor” y al judaísmo como “la religión de la ley”, al ver el récord de Constantino un judío bien podría preguntarse: “¿Qué tiene que ver el amor con todo esto?”.
Johnson escribe en History of Christianity (Historia del cristianismo, p. 68):
Él [Constantino] no tenía respeto por la vida humana y, siendo emperador, ejecutó a su hijo mayor, a su propia segunda esposa, al marido de su hermana favorita y a “muchos otros” en base a dudosas acusaciones… Era muy criticado por condenar a los prisioneros de guerra a combates mortales con bestias salvajes en Trier y Comar y por realizar masacres al por mayor en el norte de África.
Y no fue de gran ayuda que pronto se desatara una amarga lucha por riqueza y poder que terminaría siendo lo único que ocurría en la ciudad.
Con el objetivo de erradicar al paganismo, algunos grupos cristianos rastrillaron el territorio del imperio destruyendo ídolos e incendiando templos. Escribe Johnson (p.76):
[La Iglesia] pasó de ser un cuerpo sufrido y victimizado que rogaba tolerancia, a uno coercitivo que exigía monopolio…
Luego de que la Iglesia Cristiana se transformó en un poder estatal, las Epístolas Cínicas la acusaron de haber transformado a la cruz en una espada y de que su capacidad para convertir al mundo occidental había pasado a tener menos que ver con su mensaje que con sus métodos. Para finales del siglo IV EC, los esfuerzos del gobierno oficial para intimidar por medio de leyes y decretos —ayudados por el terrorismo de pandillas— consiguieron imponer al cristianismo en la mayoría del imperio.
Con la desaparición del paganismo, el judaísmo comenzó a resaltar ante los ojos romanos; como siempre, eran un grupo extraño, separado y no hacían concesiones. Los testarudos judíos, al igual que habían hecho con toda otra religión que hubiera asaltado su sistema de creencias anteriormente, se rehusaban obstinadamente a reverenciarse ante el nuevo orden.
Esto presentó un problema especial, como explica William Nicholls en su libro Christian Antisemitism: A History of Hate (Antisemitismo Cristiano: Una Historia de Odio, p. 90):
…la presencia misma del pueblo judío en el mundo, el cual continuaba creyendo en la lealtad al Dios del pacto original… ponía un gran signo de pregunta en la creencia cristiana sobre un nuevo pacto a través de Cristo. La presencia de esta pregunta, que a menudo se encontraba profundamente enterrada en la mente cristiana, no podía evitar causar una profunda y fastidiosa ansiedad. La ansiedad generalmente lleva a la hostilidad.
En poco tiempo, los judíos que vivían en el Imperio habían perdido la mayoría de sus derechos civiles (por ejemplo, que una persona judía se casara con una cristiana era una ofensa castigable con la muerte). El Sanedrín, la Corte Suprema Judía, tenía prohibido reunirse y regularmente eran predicados sermones en contra de los judíos que por lo general incitaban a la violencia. La idea de presentar a los judíos como los asesinos de Jesús se originó en este tiempo, pero no obtuvo popularidad sino hasta varios siglos después.
A principios del siglo VII, cuando el poder bizantino comenzó a tambalear —al tener que enfrentar los ataques de los persas, que habían absorbido pedazos del territorio e incluso habían conquistado Jerusalem—, los judíos que vivían en el imperio se encontraron en una posición muy precaria. La legislación antijudía, los opresivos impuestos, los estallidos de violencia y las conversiones forzadas habían causado estragos en la población. Con la esperanza de encontrar un respiro de los cristianos, algunos huyeron de vuelta a casa para estar a salvo, pero cuando el emperador bizantino Heraclio reconquistó Jerusalem en el año 629 EC, los pobres judíos que se encontraban allí fueron brutalmente masacrados.
Al rezar por un alivio, estos judíos indudablemente nunca soñaron siquiera con que el alivio llegaría en la forma de una “bendición mixta” desde el lugar menos esperado: Arabia Saudita. Allí, en Meca —un lugar que había sido por mucho tiempo el centro de adoración pagana en la famosa Piedra Negra de Caaba— un inusual hombre llamado Mohamed estaba predicando un inusual mensaje.
Notas:
1) La actitud negativa de los rabinos hacia estas sectas separatistas (incluyendo el Judeo-Cristianismo) se encuentra reflejada en una sección del Talmud que trata sobre la bendición adicional que fue agregada a las dieciocho bendiciones de la Amidá, las plegarias silentes recitadas tres veces al día por los judíos observantes:
Esas dieciocho [bendiciones] son [en realidad] diecinueve. Rabí Leví dijo: La bendición en contra de los herejes (minim) fue introducida en Yavne… “Nuestros Rabinos enseñaron: Shimón HaPakoli puso las Dieciocho Bendiciones en orden ante Rabán Gamliel en Yavne (circa 80 EC). Rabán Gamliel les dijo a los Sabios: “¿Hay alguien que sepa crear una bendición en contra de los herejes?” Shmuel HaKatán se levantó y la creó” (Talmud –Brajot 28b).
2) Montanelli, Indro, Romans Without Laurels (Romanos Sin Laureles), Nueva York: Pantheon Books, 1959, p.128.
3) Grant, Michael, The Jews in the Roman World (Los judíos en el mundo romano), Londres: Weidenfeld & Nicolson, 1973, p. xi.
4) Josefo, Antigüedades 20, 195.

Segun tomado de, http://www.aishlatino.com/judaismo/historia/curso-rapido/De-Pablo-a-Constantino.html el viernes, 5 de agosto de 2016.

Advertisements

One thought on “#41 De Pablo a Constantino Historia Judía

    judeoislanismo said:
    August 6, 2016 at 11:49 pm

    –¿Por que Judeoislanismo, y no Cristianismo?–

    La noble tradición Cristiana postula que, a diferencia de lo que a diario corroboran nuestros sentidos, por medio de la Ley de siembra y cosecha (es decir, que el hombre recoge el mismo fruto que ha sembrado), cuando de la justificación del alma se trata, el bien o el mal que podamos haber sembrado es totalmente irrelevante; pues el Creador no justifica (no declara limpio de pecados) a nadie que no guarde perfectamente la Ley (es decir, que no posea absoluta perfección ética y moral). Y, según el Cristianismo, esa perfección solo puede ser alcanzada creyendo en Jesús (la paz y la bendición de יהוה sean con el). En otras palabras, cuando un hombre cree en el sacrificio expiatorio de Jesús (p.s.c.e.), la justicia de la vida perfecta que (alegadamente) vivió el Nazareno, le es imputada a este individuo, de suerte que Dios ahora le ve como moralmente perfecto. Para justificar esta idea, el Cristianismo cita un pasaje de la Ley, donde se intima que Abraham fue justificado con tan solo creer en la promesa hecha por Dios: “Y creyó a יהוה, y le fue contado por justicia” – Gen. 15:6.
    ¿Valida la Escritura Hebrea esta interpretación? ¿Que problema hay con la anterior teología? El problema es que, aunque a primera vista aparenta ser una idea seductora y atractiva, cuando se analiza en detalle, se encuentra que es una forma sutil de hechicería (es decir, la noción de que, diciendo estas o aquellas otras palabras; o creyendo en este o aquel otro conjuro, lograremos obtener lo que anhelamos). Esta teología es falsa y abominable, pues niega el fundamento mismo de la Revelación dada por Dios a Israel, cuando ordeno diciendo: “Por tanto, GUARDARÉIS MIS ESTATUTOS Y MIS ORDENANZAS; LOS CUALES, HACIENDO EL HOMBRE, VIVIRÁ. Yo יהוה”- Es decir, la Ley prometía vida y bendición para todo el que obedeciese los (diez) mandamientos; pero muerte y destrucción, para quienes rehusasen obedecerlos: “CUIDATE DE NO OLVIDARTE DE יהוה TU DIOS, PARA CUMPLIR SUS MANDAMIENTOS, sus decretos, y sus estatutos que yo te ordeno hoy… MAS SI LLEGARES A OLVIDARTE DE יהוה TU DIOS, Y ANDUVIERES EN POS DE DIOSES AJENOS, Y LES SIRVIERES, Y A ELLOS TE INCLINARES, YO LO AFIRMO HOY CONTRA VOSOTROS, QUE DE CIERTO PERECERÉIS. Como las naciones que יהוה destruirá delante de vosotros, así pereceréis, por cuanto no habréis atendido a la voz de יהוה vuestro Dios” – Deut. 8:11,19&20. ¡Aun mas! La teología Cristiana no solamente viola lo enseñado por Dios al pueblo de Israel, sino que viola también lo que (según los evangelios) enseño Jesús a sus discípulos. Es que, nadie puede ser “perfecto”, si ni siquiera puede ser “bueno”; y Jesús dejo meridianamente claro que, el adjetivo de “bueno”, era uno que no le correspondía. El pasaje dice así: “Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo Dios”- Lucas 18:19.
    De hecho, si como alega el Cristianismo, Jesús (p.s.c.e.) fue el único hombre capaz de obedecer perfectamente la Ley, podríamos en justicia afirmar que, entre los nacidos de mujer, no hay otro mayor que Jesús; Pero esto solo seria “wishful thinking” (pensar que nuestra falsa ilusión corresponde a la realidad de los hecho), pues Jesús mismo es citado afirmando lo contrario: “De cierto os digo: ENTRE LOS QUE NACEN DE MUJER NO SE HA LEVANTADO OTRO MAYOR QUE JUAN EL BAUTISTA…”-Mateo 11:11. Así, el Evangelio muestra que, no solo estaba Jesús descalificado para la perfección, sino que (al menos en términos morales) aun Juan el Bautista era mayor que el.
    ¿Podemos corroborar estas cosas? ¿Provee el Evangelio algún ejemplo donde se manifieste alguna imperfección moral en el Nazareno? Definitivamente; vera, los Escritos Cristianos enseñan que Dios no hacia acepción de personas; es decir que, para Dios, no había Israelita, Griego, ni Escita; no había hombre, ni había mujer; no había siervo, ni libre; no había nacional, ni extranjero; pues todos eran iguales a sus ojos (Colosenses 3:11). Pero el evangelio cita a Jesús (paz y bendición sean con el) haciendo acepción de personas, cuando se refiere a uno de los leprosos que había sanado, con el epíteto de “extranjero”. El pasaje dice así, “Respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están? ¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios, sino ESTE EXTRANJERO?” – Lucas 17:17-18. O, como cuando cita a Jesús equiparando a la mujer Siro-fenicia con una perra: “Pero Jesús le dijo: Deja primero que se sacien los hijos, porque NO ESTÁ BIEN TOMAR EL PAN DE LOS HIJOS Y ECHARLO A LOS PERRILLOS”- Marcos 7:27. Otro ejemplo ilustrativo, podría ser el que surge (por inferencia lógica), a partir de la experiencia vivida por el apóstol Pablo (paz sea con el). Es que, el evangelio presenta a Pablo confesando que había violado lo ordenado en la Ley de Dios; al referirse al Sumo Sacerdote con el epíteto de “Pared Blanqueada”. El pasaje dice así: “Entonces Pablo le dijo: ¡Dios te golpeará a ti, pared blanqueada! ¿Estás tú sentado para juzgarme conforme a la Ley, y quebrantando la Ley me mandas golpear? Los que estaban presentes dijeron: ¿Al Sumo Sacerdote de Dios injurias? Pablo dijo: No sabía, hermanos, que era el Sumo Sacerdote; pues escrito está: No maldecirás a un Príncipe de tu pueblo”- Hechos 23:3-5. Note como, en el anterior pasaje, Pablo confiesa que ha pecado, violando la Ley que, en Éxodo 22:28, ordena no maldecir a los lideres de Israel. El pasaje dice así: “No injuriarás a los jueces, ni maldecirás al Príncipe de tu pueblo”. Note que, si fue pecado que Pablo se refiriese públicamente al liderato Judío con el relativamente inocuo epíteto de “pared blanqueada” (las paredes podían o no ser impuras), ¿cuanto mas pecaminoso no seria el que Jesús (paz sea con el) se refiriese públicamente a ese mismo liderato con el mas fuerte epíteto de “sepulcros blanqueados”? (¡en el Judaísmo los cadáveres y los sepulcros SIEMPRE ERAN IMPUROS!); Como dice el Evangelio, “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque SOIS SEMEJANTES A SEPULCROS BLANQUEADOS, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas POR DENTRO ESTÁN LLENOS DE HUESOS DE MUERTOS Y DE TODA INMUNDICIA”- Mateo 23:27.
    La realidad es que, quienes oyeron y caminaron inicialmente con Jesús (paz sea con el), entendieron claramente que el Galileo no fue sino un poderoso profeta (un hombre ungido por el Creador, para exhortar al pueblo a volver a su Dios en sincero arrepentimiento); como aclara el mismo Nazareno, cuando es citado diciendo: “Pero ahora procuráis matarme A MÍ, HOMBRE QUE OS HE HABLADO LA VERDAD, LA CUAL HE OÍDO DE DIOS…”- Juan 8:40. Los discípulos del Galileo dieron este mismo testimonio, cuando fueron citados diciendo: “Y ellos le dijeron: De JESÚS NAZARENO, QUE FUE VARÓN PROFETA, PODEROSO EN OBRA Y EN PALABRA DELANTE DE DIOS Y DE TODO EL PUEBLO…” – Lucas 24:19.
    El hecho de que Jesús (la paz y la bendición de יהוה sean con el) no fue “el hombre perfecto” que alega el Cristianismo (y mucho menos la encarnación del Creador) es adicionalmente corroborado por el siguiente pasaje, donde Pablo se dirige a los creyentes de la recién inaugurada iglesia de Corinto: “Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloé, que hay entre vosotros contiendas. Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas (O Pedro); y yo de Cristo” – 1 Corintios 1:11-12. Note lo asombroso de este pasaje, que echa por tierra los reclamos acerca de la Deidad y la perfección moral del Nazareno (paz y bendición sean con el). Estos primeros discípulos (que conocían de primera mano la realidad histórica del naciente movimiento Cristiano) se habían dividido a si mismos en cuatro bandos; y cada bando seguía a quien entendía ser el mejor modelo de lo que era ser un verdadero Cristiano. Así, unos seguían a Pablo; otros seguían a Apolos; otros a Pedro; y los últimos, seguían a Jesús. ¿Entiende usted las implicaciones lógicas de este pasaje? Si Jesús era moralmente perfecto (a diferencia de Pablo, de Apolos, y de Cefas), ¿como era posible que, a algunos de estos creyentes, se les ocurriese no seguir el moralmente perfecto modelo que era Jesús, para seguir en cambio a los imperfectos modelos que eran Pablo, Apolos, o Cefas? Y, si creían que Jesús era en efecto el Dios Omnipotente, ¿como era posible que, en vez de seguir a ese Dios Omnipotente, se les ocurriese en cambio seguir a hombres finitos y mortales como lo eran Pablo, Apolos, y Cefas? ¡La comparación ya de por si misma es blasfema! De hecho, no solo se ponía a Jesús compitiendo en una misma lista contra hombres mortales e imperfectos como Pablo, Apolos, y Cefas, ¡sino que hasta se le ponía al final de esa lista! (… soy de Pablo…de Apolos… de Cefas… de Cristo). ¿A quien se le ocurriría reducir al Creador a el nivel de sus criaturas? ¿Puede usted imaginar a los antiguos Israelitas divididos entre “seguidores de Avraham”, seguidores de Moisés”, “seguidores de Isaías”, y “seguidores de יהוה? ¿No habría insinuado esto la blasfemia de que יהוה no era sino otro hombre mortal, tal y como lo eran Avraham, Moisés, e Isaías? La explicación lógica de esta aberrante situación era que, si esto sucedía en Corinto, era solo porque (como ya hemos explicado) estos primeros Cristianos no creían que Jesús fuese el hombre perfecto (ni mucho menos la encarnación de la Deidad) que luego postularía la naciente teología Cristiana. Para ellos, Jesús había sido un poderoso profeta; un hombre de Dios, tal y como lo eran Pablo, Apolos, y Cefas; De hecho, habiendo sido Pablo y Cefas autores de la mayoría de las cartas consideradas por ellos como Divinamente inspiradas, no veían nada malo en seguir a estos hombres de Dios. Tengamos presente que, a diferencia de Pablo y Cefas, Jesús no escribió ningún libro inspirado; tampoco dejo por escrito ninguna instrucción acerca de como debían de vivir los creyentes la fe que había venido a revelarles. En este aspecto, los Corintios dependían exclusivamente del consejo y la revelación de los autores apostólicos; hombres como Pablo, Apolos, y Cefas. De paso, note en esto la superioridad de la revelación dada por Dios a Moisés: A diferencia de los evangelios, la Ley Mosaica detallaba la forma precisa en que cada Israelita debía vivir su fe en el Dios de Israel.
    Tratemos ahora el aspecto de la justificación por la fe en la expiación que, alegadamente, proveyó el sacrificio vicario que representó la vida del Nazareno (paz y bendición sean con el). Según la teología Cristiana, la validez de este sacrificio descansa sobre el fundamento de que Jesús guardo perfectamente la Ley; y, esa perfección, le es imputada al creyente Cristiano. Pero, como ya hemos demostrado, el Nazareno no cumplió perfectamente esa Ley; de paso, quizás fue esa misma incapacidad de cumplir perfectamente lo ordenado en la Ley, lo que motivo al Galileo a participar del bautismo de Juan; un bautismo para arrepentimiento. Es decir, si Jesús hubiese sido perfectamente obediente a la Ley, ¿de que habría tenido que arrepentirse? El correspondiente pasaje dice así: “Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo de arrepentimiento, para perdón de pecados”- Marcos 1:4 (De hecho, según el mismo Jesús, si alguien estaba mas cualificado que el Nazareno para ser un sacrificio vicario, era precisamente Juan el Bautista).
    ¿No era la Ley Moisés suficiente revelación Divina como para inducir al hombre al arrepentimiento, de modo que evitase terminar en Gehinnom (el infierno)? ¿Había necesidad de que un hombre (como Jesús) muriese y resucitase de entre los muertos, a fin de que los hombres pudiesen ser persuadidos a arrepentirse? ¿Que contestación habría dado a esta pregunta el hombre que alegadamente fue justificado por la “fe sin obras” (Avraham)? Curiosamente, el relato Cristiano en efecto presenta a Avraham dándonos la respuesta: “… porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento. Y AVRAHAM LE DIJO: A MOISÉS Y A LOS PROFETAS TIENEN; ÓIGANLOS. Él entonces dijo: NO, PADRE AVRAHAM; PERO SI ALGUNO FUERE A ELLOS DE ENTRE LOS MUERTOS, SE ARREPENTIRÁN. Mas AVRAHAM LE DIJO: SI NO OYEN A MOISÉS Y A LOS PROFETAS, TAMPOCO SE PERSUADIRÁN, AUNQUE ALGUNO SE LEVANTARE DE LOS MUERTOS”- Lucas 16:28-31. Es decir, Avraham afirma que, aun si alguien se levantase de los muertos (como afirma el Cristianismo que sucedió con Jesús), esto no es en realidad necesario, pues los hombres tienen en Moisés y en los profetas toda la exhortación que necesitan para persuadirse a proceder al arrepentimiento (evitando así acabar en el mismo tormento en el cual acabo el hombre rico).
    En resumen, realmente nunca ha existido tal cosa como un sacrificio vicario, donde un hombre perfecto ofrende literalmente su alma, en remplazo por la imperfecta humanidad. Ese hombre perfecto (sin pecado) no existe, ni existirá jamas, pues la Escritura dice: “Ciertamente NO HAY HOMBRE JUSTO EN LA TIERRA, QUE HAGA EL BIEN Y NUNCA PEQUE”- Eclesiastés 7:20. De hecho, el peligro con la idea de un sacrificio vicario, es que pudo haber sido la base para que tanto Israelitas como paganos practicasen antiguamente el sacrificio de seres humanos (niños). Es que, si la muerte de una persona inocente, pudiese hacer expiación por el pecado, entonces un padre se vería tentado a buscar expiación para sus pecados, ofreciendo a uno de sus inocentes pequeñitos (como lo podría ser por el ejemplo su hijo primogénito). Y es quizás por esto mismo que el profeta Miqueas se sintió compelido a denunciar lo extraviado de esta teología, cuando es citado diciendo: “¿Con que me presentare ante יהוה , y adorare al Altísimo?… ¿DARÉ MI PRIMOGÉNITO POR MI REBELIÓN, EL FRUTO DE MIS ENTRAÑAS POR EL PECADO DE MI ALMA? (Miqueas 6:6-7). ¿Que respuesta da el profeta? ¿Como puede el hombre obtener el favor Divino?: «Oh hombre, El te ha declarado lo que es bueno, ¿Y QUE PIDE יהוה DE TI?: SOLAMENTE HACER JUSTICIA, Y AMAR MISERICORDIA, Y HUMILLARTE ANTE TU DIOS» – Miqueas 6:8. El Creador (bendito sea) da testimonio de su aceptación del hombre que tiene misericordia de su prójimo, cuando por medio del profeta Oseas dice lo siguiente: «Porque misericordia quiero, y no sacrificio; y conocimiento de Dios, mas que holocaustos» – Oseas 6:6. ¿Y que es conocimiento de Dios? Pues hacer justicia y misericordia, como esta escrito: «… ¿No comió y bebió tu padre, e HIZO JUSTICIA Y JUICIO, Y ENTONCES LE FUE BIEN? EL JUZGO LA CAUSA DEL AFLIGIDO Y DEL MENESTEROSO, y entonces estuvo bien. ¿NO ES ESTO CONOCERME A MI, DICE יהוה?» – Jeremías 22:15-16.
    Por otro lado, la teología Cristiana utiliza el texto en Génesis 15:6 para aducir que la salvación era por la fe, y no por las obras (“Y creyó a Dios, y le fue contado por Justicia”); pero, si fuésemos a utilizar el mismo criterio para la revelación dada a Moisés (400 años mas tarde), tendríamos que concluir que “la salvación por fe” (sin necesidad de obras) fue ya abrogada por el Creador, para ser en cambio sustituida por “la salvación por obras” (es decir, por la obediencia a las obras ordenadas en la Ley). Es que la Torah dice: “Y he aquí un varón de los hijos de Israel vino y trajo una madianita a sus hermanos, a ojos de Moisés y de toda la congregación de los hijos de Israel, mientras lloraban ellos a la puerta del tabernáculo de reunión. Y lo vio Finees hijo de Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, y se levantó de en medio de la congregación, y tomó una lanza en su mano; y fue tras el varón de Israel a la tienda, y los alanceó a ambos, al varón de Israel, y a la mujer por su vientre. Y cesó la mortandad de los hijos de Israel…”- Num. 25:6-8. El anterior pasaje dice que Finees tomo la iniciativa de actuar de acuerdo a lo ordenado en la Ley de Moisés; esta Ley, decía lo siguiente: “Si un hombre cometiere adulterio con la mujer de su prójimo, el adúltero y la adúltera indefectiblemente serán muertos”- Levítico 20:10. En este pasaje, se nos indica que Dios estaba airado con los Israelitas, a causa de su pecado. ¿Como podría ser Israel justificado? ¿Teniendo fe en un Mesías que vendría a redimirle? ¿O volviendo a Dios en obediencia a lo ordenado en la Ley Divina? Finees decidió que la manera correcta de obtener la justificación Divina, era obedeciendo lo ordenado en los mandamientos; así que administro el castigo que esta Ley demandaba para los adúlteros, condenando así al pecado. ¿Como vio Dios las acciones de Finees? ¿Le condeno por tratar de agradar a Dios por medio de las obras de la Ley? Veamos lo que dice la Escritura: “Se unieron asimismo a Baal-peor, Y comieron los sacrificios de los muertos. Provocaron la ira de Dios con sus obras, Y se desarrolló la mortandad entre ellos. Entonces SE LEVANTÓ FINEES E HIZO JUICIO, y se detuvo la plaga; Y LE FUE CONTADO POR JUSTICIA, DE GENERACIÓN EN GENERACIÓN, PARA SIEMPRE”- Salmo 106:20-31. Este pasaje afirma que Dios se agrado tanto de Finees, que su “obrar de acuerdo a lo ordenado en la Ley”, le fue contado por Justicia (tal y como había sucedido con Abraham). Es decir, si “el creer” le fue contado a Abraham por justicia, ahora ese “creer” era remplazado por el “obrar” (según la Ley). No solo eso, si no que, a diferencia de la justificación dada a Abraham (que no incluía garantía alguna de permanencia), la justificación dada a Finees conlleva promesa de inmutabilidad. Es decir, la justificación que recibe quien (al igual que Finees) guarda los mandamientos de la Ley, es “DE GENERACIÓN EN GENERACIÓN, PARA SIEMPRE”. De hecho, quizás sea esta la razón por la cual la justificación dada a Abraham no incluía promesa de permanencia alguna, pues Moisés previo que aquella seria remplazada por la justificación eterna que recibirían quienes obedeciesen la Ley de Dios (¿Quien es mejor súbdito de un Rey? ¿Aquel que cree en el Rey, o aquel que obedece las leyes del Rey?). Es que Abraham no sabia de los 613 mandamientos de la Ley Divina; y por tanto no podía ser justificado por la obediencia a mandamientos que no conocía; solo podía ser justificado por su fe en lo prometido por Dios para sus descendientes; que Dios les sacaría del cautiverio con brazo fuerte y extendido, para ser su Dios y Rey (haciendo que siguiesen sus leyes). Pero, una vez manifestada la Ley, ya no había justificación para no obedecer lo expresamente ordenado por el Creador. Es decir, si Abraham hubiese vivido lo suficiente como para estar vivo cuando Moisés recibió la Ley, no habría utilizado la promesa de “justificación por fe” como excusa para no guardar la Ley, sino que habría exhortado a todos a oírla (obedecerla). Lo curioso de esto es que, como todo maestro del Judeoislanismo, Jesús confirmo todo esto, cuando puso en boca de Abraham (paz y bendición sean siempre con el) las palabras que ya hemos citado: “Y Abraham le dijo: A MOISÉS Y A LOS PROFETAS TIENEN; ÓIGANLOS (¡obedézcanlos!)”- Lucas 16:29.
    Por esto, tampoco sorprende a ningún Judío (que sea conocedor de la Torah), el leer las palabras que citan al Galileo diciendo que nadie puede ser grande (a los ojos del Creador), si no guarda lo ordenado en la Ley de Moisés: “De manera que CUALQUIERA QUE QUEBRANTE UNO DE ESTOS MANDAMIENTOS MUY PEQUEÑOS, Y ASÍ ENSEÑE A LOS HOMBRES, MUY PEQUEÑO SERÁ LLAMADO EN EL REINO DE LOS CIELOS; MAS CUALQUIERA QUE LOS HAGA Y LOS ENSEÑE, ÉSTE SERÁ LLAMADO GRANDE EN EL REINO DE LOS CIELOS”- Mateo 5:19. Tampoco sorprende leer a Jesús diciendo: “… MAS SI QUIERES ENTRAR EN LA VIDA, GUARDA LOS MANDAMIENTOS”- Mateo 19:17. Todo esto concuerda con la predica que esperaríamos oír de un buen maestro (o “Rabino”) que predique el Judeoislanismo (es decir, la ética de la Ley Divina). Es interesante notar que hay cierto paralelismo entre lo sucedido con Finees, y la conducta que los evangelios adscriben a Juan el Bautista. Es decir, mientras Moisés (paz sea con el) calla ante el pecado de Israel, Finees muestra su incuestionable fidelidad a la Ley (algo por lo cual Moisés tiene luego que reconocerle). De la misma manera, mientras Jesús calla ante el pecado (adulterio) del representante de Israel (Herodes, el rey de los Judíos), Juan decide mostrar su incuestionable fidelidad a la Ley (¡una fidelidad por la cual estuvo dispuesto no solamente a ir a la cárcel, sino a ser decapitado!). Por esto Jesús, tiene luego que reconocer a Juan (su superioridad moral), diciendo que “entre los que nacen de mujer (esto incluye obviamente al mismo Jesús), no se ha levantado otro mayor que Juan El Bautista” (Mateo 11:11).
    En resumen, la moderna teología Cristiana, es totalmente errada; y ni siquiera corresponde a lo enseñado por el Maestro de Galilea. Quien realmente quiera “creer en Jesús”, tiene que comenzar a practicar el Judeoislanismo que Jesús mismo practico, renunciando a la mentira de “la salvación por fe” (sin necesidad de obedecer los mandamientos de la Ley Divina). De igual modo, debe renunciar al extravió de creer que Jesús fue la encarnación de la Deidad; el hombre perfecto que garantizo el perdón de los pecados de la humanidad. Es que, si un hombre siembra maldad, ninguna cantidad de fe en el Nazareno lograra evitar que coseche la misma maldad que ha sembrado. Como enseño el Galileo (paz sea con el), cuando dijo: “Mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas”- Mateo 6:15. Es decir, si el hombre no hace bien a su prójimo (no le perdona, no tiene misericordia de el, ni provee para su sustento), tampoco puede esperar recibir de Dios perdón, misericordia, ni sustento alguno, independientemente de su fe en Jesús. Es que Jesús vino a exhortarnos a volver al verdadero espíritu de la Ley (a hacer a los demás el mismo bien que desearíamos que se nos hiciese a nosotros mismos), no a “liberarnos del yugo de la Ley”. De hecho, Jesús es citado exhortando a sus discípulos a imitarle, tomando sobre si ese mismo yugo (¡recuerde que Jesús guardaba la Ley de Moisés!): “LLEVAD MI YUGO SOBRE VOSOTROS, Y APRENDED DE MÍ, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas…”- Mateo 11:29. ¿A que yugo hacia referencia el Nazareno? Jesús hacia referencia al pasaje que dice: “Tu maldad te castigará, y TUS REBELDÍAS TE CONDENARÁN; sabe, pues, y ve CUÁN MALO Y AMARGO ES EL HABER DEJADO TÚ A יהוה TU DIOS, Y FALTAR MI TEMOR EN TI, dice el Señor, יהוה de los ejércitos. Porque DESDE MUY ATRÁS ROMPISTE TU YUGO y tus ataduras, Y DIJISTE: NO SERVIRÉ…”- Jer. 2:19-20.
    En otras palabras, el yugo al cual Jesús hacia referencia, era la vida de obediencia (servicio) a Dios, por medio de la obediencia a sus mandamientos; cuyo espíritu es, “hacer justicia, amar misericordia, y andar humildemente con Dios” (Miqueas 6:8). Así como nadie puede “temer” a una poderosa autoridad humana, si primero no esta dispuesto a obedecer los mandamientos que emite esa autoridad; de ese mismo modo, nadie puede tener “temor de Dios” (temor de la autoridad Divina), si primero no esta dispuesto a obedecer los mandamientos emitidos por esa Autoridad Divina. En fin, creer en Jesús, es creer la buena nueva de que El Creador (bendito sea) justifica al hombre y a la mujer que se arrepienten, y comienzan a obedecer lo ordenado en los diez mandamientos de su Ley; viviendo la vida ética y moral que no solamente modeló el Nazareno, sino Moisés, Avraham, y todos los profetas (la paz del Creador sea sobre todos ellos); Como esta escrito: “Lavaos y limpiaos (vosotros mismos); QUITAD LA INIQUIDAD DE VUESTRAS OBRAS DE DELANTE DE MIS OJOS; ¡DEJAD DE HACER LO MALO!; APRENDED A HACER EL BIEN; BUSCAD EL JUICIO, RESTITUID AL AGRAVIADO, HACED JUSTICIA AL HUÉRFANO, AMPARAD A LA VIUDA. VENID LUEGO, DICE יהוה , Y ESTEMOS A CUENTA: SI VUESTROS PECADOS FUEREN COMO LA GRANA, COMO LA NIEVE SERÁN EMBLANQUECIDOS; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana” – Isaías 1:16-18.
    Alguien podría argumentar que, lo hasta aquí expuesto, no puede ser correcto; pues, sin creer en ninguna de estas cosas, ya en algún momento ha experimentado la milagrosa intervención de Dios en su vida. ¡Esto es un grave error! La Escritura enseña que los milagros y las intervenciones Divinas que experimentamos, son una manifestación de la Misericordia de יהוה ; y no una confirmación de la veracidad de nuestra teología. El capitulo once del libro de los Jueces, narra que Israel estaba siendo oprimido por sus enemigos Amonitas (símbolo y figura de la opresión que sufre el creyente a manos de la inmoralidad de nuestra época, de las pruebas, las enfermedades, la necesidad económica, y los sinsabores de la vida). Entonces, un hombre llamado Jefté pidió a Dios que le utilizara como instrumento para obrar el milagro de liberar a Israel. Pero la teología de Jefté era extraviada, pues creía que el favor Divino podía ser comprado con algún sacrificio (¡incluyendo el sacrificio de seres humanos!). Así, Jefté hace un voto a Adonai, prometiendo ofrecer en sacrificio a Adonai, lo primero que saliese a recibirle, cuando retornase victorioso de la batalla (Jueces 11:30). ¡Este fue un voto extraviado! ¿Se imagina usted lo que habría sucedido si lo que hubiese salido a recibirle fuese un perro, o un cerdo (animales inmundos, según la Ley)? Al final, la misericordia Divina da el triunfo a Jefté. Y, cuando este regresa de la batalla, no es nadie sino su propia hija, quien sale a recibirle. Así, Jefté termina sacrificando a su propia hija. ¿Significa el milagro (el triunfo militar) obrado en Jefté, que Dios se agradaba de su teología (del sacrificio de seres humanos)? ¡Absolutamente no! Ningún milagro tiene valor alguno, si nos conduce a obrar maldad (es decir, a violar alguno de los diez mandamientos). La Ley Divina prohibía explícitamente el asesinato (privar de la vida a una persona inocente). Así, a pesar del milagro obrado en Jefté, este terminó obrando impíamente (asesinando a su propia hija, una persona inocente); Y, tanto su conducta, como su teología, deben ser enérgicamente rechazadas.
    La realidad es que, cualquier genuino maestro del Judeoislanismo, sabría que los milagros NO SON confirmación de la aprobación Divina de la conducta (ni de la teología) esbozada por quien recibe o ejecuta el milagro (Faraón y sus magos hacían milagros, pero Dios termino exterminándolos en el mar Rojo). Por eso, no es de sorprender que el mismo Jesús sea citado enseñando esta misma verdad; que alguien puede obrar y recibir milagros (como podría ser el caso de adivinos, astrólogos, y hechiceros), y ni siquiera conocer a Dios. Como esta escrito: «Muchos me dirán en aquel día: Señor, SEÑOR, ¿NO PROFETIZAMOS EN TU NOMBRE, Y EN TU NOMBRE ECHAMOS FUERA DEMONIOS, Y EN TU NOMBRE HICIMOS MUCHOS MILAGROS? Y ENTONCES LES DECLARARE: NUNCA OS CONOCÍ; ¡APARTAOS DE MI, HACEDORES DE MALDAD!» (Mateo 7:22-23).
    ¿Quiere obtener el descanso y la alegría de corazón a los cuales hacia referencia el Galileo? Pues comience a vivir por los mandamientos; renuncie a la mentira de creer que la Ley es muerte y maldición; pues la verdad es que el Creador ha prometido alegrar el corazón a todos aquellos que guardan sus mandamientos. Como esta escrito: “LOS MANDAMIENTOS DE יהוה SON RECTOS, QUE ALEGRAN EL CORAZÓN” – Salmo 19:8.

    –Texto Citado del libro “La Completa Enciclopedia Del Judeoislanismo”, Pag. #57

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s