Libre albedrío o predestinación

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Libre albedrío o predestinación

“Y los hijos entraban en conflicto dentro de ella” (Génesis 25:22)

Cuando ella pasaba por la entrada de la Casa de Estudio de Ever, Yaacov luchaba por salir, [cuando] pasaba por las entradas de las casas de idolatría, Esav luchaba por salir (Rashi).

El Midrash citado por Rashi requiere mucho estudio, porque parece implicar que Esav y Yaacov ya tenían tendencias determinadas hacia el mal y hacia el bien respectivamente, desde antes de nacer. Eso parecería contradecir la base fundamental de la Torá: el principio del libre albedrío.

El Midrash también parece contradecir otra enseñanza de los Sabios. El Talmud (Sanhedrin 91b) relata que Rebe Yehuda (descendiente de Yaacov) y el líder romano Antoninus (descendiente de Esav), debatieron sobre cuándo entraba el ietzer hará a la persona. Rebe Yehuda sostenía que entraba en la concepción y Antoninus afirmaba que entraba en el nacimiento. Después que Antoninus trajo prueba bíblica para reforzar su opinión, Rebe Yehuda accedió a que entra sólo en el nacimiento.

¡Sin embargo, el Midrash citado anteriormente, parece atribuir un ietzer hará a Esav antes del nacimiento!

Maimónides comienza Hiljot Deot con una discusión sobre las características de personalidad innatas y las predisposiciones. Por ejemplo, él escribe, algunas personas son por naturaleza crueles y otras misericordiosas. Sin embargo, en el quinto capítulo de Hiljot Teshuvá, Maimónides es enfático en que la naturaleza de una persona no causa que sea recto o malvado, misericordioso o cruel, sabio o tonto, generoso o avaro. La elección recae completamente en sus propias manos.

Además de la aparente contradicción con Hiljot Deot, esta afirmación es problemática por otro motivo. La aseveración de que la sabiduría o la insensatez no es decretada parece contradecir al Talmud (Nida 16b), que afirma claramente que la riqueza, la fuerza y la inteligencia son decretadas en la concepción. Lo que no se decreta es sólo si una persona va a ser recta o malvada.

La resolución del problema entre las características innatas y el libre albedrío se basa en la siguiente premisa: Si bien es cierto que no existen dos personas que nazcan con exactamente las mismas particularidades de carácter, y si bien es cierto que esas características son influenciadas por muchos factores – incluyendo las fuerzas espirituales previas y al momento de la concepción – esas características no son inherentemente buenas o malas. Son “parve”. Una predilección al enojo, por ejemplo, no es necesariamente una característica negativa. Hay situaciones en las que se requiere el enojo, hay situaciones en las que el enojo es la respuesta correcta [por ejemplo, mostrar enojo cuando un niño hace algo peligroso].

Igualmente, todas las características naturales y las tendencias pueden dirigirse en ambas direcciones, positiva y negativa. La tendencia a derramar sangre, por ejemplo, puede utilizarse como shojet (carnicero), mohel, cirujano o alternativamente puede dirigirse al crimen y al asesinato. A pesar de que las características del carácter son predeterminadas, su función y control están completamente en las manos del individuo. Él ejercita su libre albedrío al utilizarlas para bien o para mal y suprimiendo estas tendencias cuando es necesario.

Sabiduría e inteligencia son dos diferentes áreas. Uno puede tener el CI de un genio y actuar como un tonto, y uno puede carecer de un alto CI y aún así actuar con sabiduría. A pesar de que la inteligencia está en gran medida predeterminada, tal como lo afirma el Talmud, actuar de forma sabia o insensata es, de acuerdo a lo que escribe Maimónides, una función del propio libre albedrío.

Hay, sin embargo, un punto que aún debe clarificarse. A pesar de que es cierto que ninguna cualidad del carácter o tendencia es intrínsecamente buena o mala, hay de todas maneras, ciertas características que promueven más conductas rectas y otras que son más inclinadas al mal. Una tendencia al enojo, por ejemplo, tiende a ser más abusada, dado que existen más instancias donde el enojo es negativo que aquellas en las que es positivo. En contraste, una tendencia natural a mantener la calma, propicia más una conducta de rectitud, dado que hay más instancias donde este comportamiento es positivo.

Por eso, la diferencia en las tendencias naturales pareciera contener un elemento de injusticia. Pero se deben tener en mente tres puntos. Primero, cada persona contiene un millar de cualidades de carácter. Si bien es cierto que alguien puede nacer con una característica que es predominantemente negativa, lo más probable es que tenga otras cualidades que son predominantemente positivas.

Segundo, Dios toma en consideración las predisposiciones al determinar las situaciones a las que será confrontado en la vida.

Finalmente, tal como afirma el Gaón de Vilna, Dios juzga a cada individuo en relación a su naturaleza específica. Por eso, una persona con tendencia al enojo por naturaleza será juzgada de una forma menos rigurosa si sucumbe ante un ataque de enojo que una persona que es por naturaleza muy calmada. Similarmente, una persona con predisposición al enojo va a recibir más recompensa por controlar su enojo que una persona con una predisposición a la calma.

De esta forma, el Midrash no nos dice que Yaacov y Esav estaban actuando de buena o mala manera antes de su nacimiento. Sino que ellos presentaban tendencias hacia los aspectos más espirituales de este mundo o a los más físicos. Las casas de estudio de Torá representaban el epítome de la espiritualidad y aquellas de idolatría el epítome de lo físico (siendo la adoración de ídolos la veneración de las fuerzas físicas).

Esav y Yaacov representaban idealmente la sociedad necesaria para traer la perfección a este mundo – el dominio y la perfección del mundo físico como base para la perfección espiritual. El pueblo judío necesitaría de ambas tribus, la Tribu de Yehuda, de la cual provenían los reyes, y cuyo rol era dominar el mundo y conquistar las fuerzas del mal, y la Tribu de Levi de la cual provenía el Sumo Sacerdote (Cohen Gadol) y cuyo rol era proveer la guía y la inspiración espiritual.

Los Sabios nos cuentan que Yaacov y Esav dividieron el Olam Hazé(este mundo) y el Olam Habá (el mundo venidero) entre ellos; Esav tomó el primero y Yaacov el último. Esto no significa que Esav se excluyó a sí mismo del Olam Habá antes de nacer, sino que estos dos embriones tenían el potencial máximo para controlar el mundo físico y el mundo espiritual respectivamente. Si Esav hubiera utilizado sus características y tendencias de forma apropiada, él podría haberse convertido en socio de Yaacov para traer la perfección al mundo. Igualmente, si Yaacov hubiera abusado de sus características, él podría haberse transformado en alguien que distorsiona y corrompe los conceptos y valores espirituales.

El ejemplo de cómo podría haber sido la sociedad entre Yaacov y Esav fue encarnada en sus descendientes: Antoninus – el poder de Roma conquistando el mundo físico; y Rebe Yehuda – la espiritualidad de Israel dirigida hacia los valores y las metas espirituales. En ninguna parte está escrito que Esav quería adorar ídolos, sólo que él tenía una tendencia hacia eso; él era tan capaz de destruir la idolatría y vencer a los idolatras, como de servirlos y promoverlos. Su madre Rivka, dice el Siftei Cohen, pasaba deliberadamente por esos lugares de idolatría para influenciar a los paganos a renunciar a su idolatría.

Ahora podemos entender por qué Itzjak quería dar la bendición a Esav, y amaba más a Esav, el cazador, que a Yaacov, el estudioso diligente. Esav engañó a Itzjak haciéndole creer que utilizaría sus tendencias hacia el mundo físico para conquistar el mundo de la Torá y subyugar a las fuerzas del mal. Itzjak atribuía las diferencias que veía entre el comportamiento de Esav y de Yaacov – el hecho que Esav no mencionara el nombre de Dios y que actuara sin la adecuada cortesía – al rol de Esav como el poderoso guerrero que hablaba con fuerza y no con delicadeza. Él asumió que Esav tenía miedo de mencionar el nombre de Dios por temor a que, al estar en lugares (a los que tenía que ir para cumplir con su misión en la vida) donde mencionar el nombre de Dios estaba prohibido, se confundiera y lo dijera.

Itzjak pensó que Esav estaba utilizando sus cualidades únicas para el bien. Es cierto, en formas menos que sublimes, pero ese es el rol de un rey, que tiene que involucrarse en la guerra y enfrentar el mal frente a frente para mantener la justicia en el mundo. Por eso Itzjak deseaba dar las bendiciones, que eran todas materiales en naturaleza, a Esav, que las necesitaría para cumplir su rol. Yaacov, sintió Itzjak, no necesitaba esas bendiciones en los seguros confines de sus tiendas de estudio.

Sólo Rivka vio a través de la fachada de rectitud de Esav y reconoció sus actitudes engañosas – en parte por la experiencia con su propia familia de impostores y charlatanes. Sólo ella fue capaz de exponer a Esav por lo que realmente era y hacer que Itzjak viera que los dos roles serían del dominio de Yaacov – que Yaacov sería el progenitor único del futuro pueblo judío. Esav había ejercitado su libre albedrío para canalizar sus tendencias hacia el mal, y por eso se descalificó a sí mismo de una posición en la futura nación.

La parashá Toldot debe servir como un incentivo para ahondar en nuestras propias personalidades, para entender de mejor manera nuestras tendencias naturales, y así poder desarrollar y canalizar nuestras características únicas hacia su propósito más sublime: la perfección del mundo a través de la promoción de la Torá y el servicio Divino.

Segun tomado de, http://www.aishlatino.com/tp/i/pr/Libre-albedrio-o-predestinacion.html el lunes, 28 de noviembre de 2016.

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