La Naturaleza del Alma Judia y No-Judia

Extraido de Cabala y meditacion para las naciones del mundo

Para entender por qué Hashem entregó estos siete preceptos llamados las Leyes de los Bnei Noaj a toda la humanidad, debemos explicar antes, aunque sea en forma breve, el funcionamiento del alma humana.

El alma humana tiene dos semblantes o aspectos, uno de carácter Divino y otro físico o animal. En hebreo se denominan nefesh Elokit (alma Divina) y nefesh behemit (alma animal) como lo explica en el Tania, el primer Rebe de Lubavitch, el maestro jasídico Rabí Shneur Zalman de Liadi.

Todos los seres humanos poseen una chispa Divina, pero la diferencia entre uno y otro reside en la magnitud en que la chispa ha penetrado y juega un rol activo en la psique de cada cual (utilizamos el término “psique” para referirnos a los planos conciente e inconciente del alma). Cuando esta chispa penetra completamente en la psique se la identifica como alma Divina, y así decimos que los judíos – según la halajá son los nacidos de madre judía y los conversos de acuerdo con la Torá– poseen un alma Divina.

Respecto a quien no pertenece al Pueblo de Israel, la chispa Divina no puede permear su conciencia y por consiguiente, solamente “sobrevuela” la psique (sin penetrar tampoco el plano inconciente). Un justo gentil, el no judío que cumple con las leyes de los Bnei Noaj, es aquél que percibe la presencia de la chispa Divina y es inspirado por ella a seguir el sendero que Hashem fijó para todos los pueblos según se encuentra delineado en la Torá. El que todavía no ha llegado a ser un justo gentil, como hemos explicado, no puede ser conciente de esa chispa.

En el lenguaje del Jasidut, la chispa Divina (o alma) de quien está integrado al judaísmo (ya por nacimiento o por conversión), es comparada a una luz interior (or pnimi); esto significa que es algo vivenciado en forma directa, que pasa a formar parte de su estructura psicológica. La chispa de Divinidad no judía del justo gentil es descripta como una “luz abarcadora cercana” u or makif karov, que se experimenta psíquicamente sólo en forma indirecta, externa. La chispa Divina del no judío que no es considerado justo gentil (o sea, que no acepta concientemente sobre sí las 7 mitzvot o preceptos de los Bnei Noaj), es semejante a una “luz que rodea a la distancia” u or makif rajok; y no desempeña, en este caso, ningún rol conciente en la experiencia de esa persona como ser humano.

Incluso en este tercer caso, debido al refinamiento del carácter que resulta de las pruebas y tribulaciones de la vida, y de los encuentros dirigidos Divinamente donde los judíos introducen la belleza de la Torá a quienes no lo son, la chispa Divina “distante” puede expandirse y acercarse cada vez más hasta que la persona desea convertirse al judaísmo; esto es: tomar para sí el Pacto del Pueblo Hebreo, con los 613 preceptos dirigidos a la enmienda y rectificación más alta, trayendo así la revelación de la Divinidad en el mundo material.

Si tomamos en cuenta este talento potencial innato en cada gentil, decimos que todos los no judíos también poseen una chispa Divina. Por cierto, todas las creaciones de Hashem están siendo traídas a la existencia continuamente –y literalmente alentadas- por medio de ella, pero por supuesto sólo el ser humano es capaz de “convertirse” en judío. Los tres niveles de influencia que esa chispa ejerce sobre nosotros como seres humanos, están aludidos en el comienzo de la Torá: En el principio Elokim creó los Cielos y la tierra.

En Cabalá, “los Cielos” simbolizan el alma y “la tierra” el cuerpo. La Torá continúa: Y la tierra estaba caótica y vacía, y la oscuridad estaba sobre la faz del abismo, y el espíritu de Elokim sobrevolaba la faz de las aguas. El estado inicial de la tierra (representando el cuerpo junto con su alma animal) descripto con los tres adjetivos “caótica”, “vacía” y “oscura” (identificadas en la Cabalá con las tres “cáscaras” impuras), corresponde al estado inicial del no judío cuando se aferra a lo terrenal, cuya chispa está distante de su psique. “Y el espíritu de Elokim sobrevuela la faz de las aguas”, se refiere al estado del justo gentil cuya chispa Divina se siente como sobrevolándole, que lo toca y no lo toca muy cerca de su psique.

Los sabios enseñan que “el espíritu de Elokim” se refiere aquí al del Mashíaj, que será enviado por Hashem para redimir a la humanidad. Entonces, podemos concluir que la llegada del Mashíaj depende de la elevación del nivel espiritual del mundo gentil desde la “oscuridad” al “espíritu”, alentando a los no judíos a consagrarse a la Verdad, volviéndose Bnei Noaj, auténticos justos gentiles. El siguiente verso en la Torá dice: Y dijo Elokim: ‘Sea la luz’ y fue la luz. Este verso describe la realidad del alma judía. “Sea la Luz” se refiere a la chispa Divina que permea el plano inconciente de la psique judía. “Y fue la luz” describe esa chispa cuando permea el plano conciente de su psique.

Abraham fue la primera persona que integró esa chispa como una parte esencial e indiferenciada de su psique, tanto conciente como inconcientemente. Con su luz interior pudo alumbrar todo su entorno. En las palabras del profeta: “Abraham comenzó a radiar luz”. Esto hizo que Abraham fuera el primer judío. El nivel en que la chispa Divina está presente en la psique, tiene una profunda influencia sobre la naturaleza del alma animal de la persona.

Tengamos en cuenta que el alma animal se divide a su vez en dos facetas diferentes: una intelectual, llamada nefesh sijlit, y una emocional/conductista. El alma animal del judío está relativamente más refinada debido a la presencia interior del alma Divina. Su aspecto intelectual está estructurado de una manera peculiar de pensar y razonar, capaz de comprender conceptos abstractos y sutiles. De este don nace el hecho de que los judíos sean creativos y originales en muchas áreas seculares.

En la conciencia rectificada del Pueblo del Libro las pasiones están dirigidas a objetos permitidos por la ley de la Torá. El alma física de un justo gentil se asemeja a la del judío en algunos aspectos. Consecuentemente, sus motivaciones son consideradas una mezcla de bien (altruismo) y de mal (egoísmo). Sin embargo, el estado de conciencia del no judío que aun no ha llegado a ser justo gentil, es decir, que todavía no está ligado a Hashem a través de los aspectos universales de la Torá, oculta y bloquea la manifestación de las motivaciones verdaderamente buenas (altruistas), que no hallan posibilidad de concretarse en su alma física.

Cuando el alma Divina se revela en el judío, siente un amor incondicional hacia todas las creaciones de Hashem, porque comprende cabalmente que en todo hay una chispa del Creador (con la diferencia citada antes entre los seres humanos y las demás criaturas). La persona amará el bien que hay en el mundo y rechazará el mal que oculte, pervierta y corrompa ese bien intrínseco.

Rab Itzjak Ginzburgh

Según tomado de, http://www.tora.org.ar/la-naturaleza-del-alma-judia-y-no-judia/ el sábado, 25 de marzo de 2017.

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