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Monthly Archives: June 2017

La historia es importante

Para entender el conflicto entre Gaza e Israel hay que conocer algunos hechos incontestables.

DAVID HARRIS

Un periodista de televisión me llamó el otro día para preguntar por qué ha respondido Israel a Hamás con el uso de la fuerza en vez de recurrir a otras opciones.

Tardé un instante en digerir la pregunta. Al fin y al cabo, parecía evidente que, ante los incesantes ataques con cohetes procedentes de Gaza, donde gobierna Hamás, Israel no tenía otra opción que movilizar a su ejército.

Entonces repasé la historia con él. No hay duda de que, en estos tiempos, hay pocos que tengan la paciencia de detenerse a revisar la historia, sobre todo en Oriente Próximo, donde parece siempre infinitamente compleja y controvertida. Ahora bien, para comprender la situación actual, es necesario conocer ciertos antecedentes, y algunos hechos son incontestables.

Gaza no fue nunca una entidad soberana. En la época más reciente, entre 1948 y 1967, estaba bajo la ocupación militar egipcia, sin que El Cairo ofreciera en ningún momento la independencia. Después de la Guerra de los Seis Días de 1967, desencadenada por las amenazas de El Cairo y Damasco de aniquilar a Israel, el Estado judío resultó victorioso y se quedó, a su pesar, con el control de Gaza.

Gaza estuvo bajo ocupación militar egipcia entre 1948 y 1967

En 2005, sin ningún interlocutor palestino al alcance con el que negociar el traspaso de Gaza a un gobierno palestino, y dado que Egipto se había negado a volver a hacerse cargo de la Franja, el primer minsitro israelí, Ariel Sharon, ordenó de forma unilateral la retirada de las tropas y los colonos israelíes. Con esa acción, dio a los habitantes locales la primera oportunidad en su historia de gobernarse a sí mismos.

En el plazo de dos años, Hamás se hizo con el control absoluto de la situación.

Hamás está vinculado a los Hermanos Musulmanes. Sus estatutos proclaman a las claras sus objetivos, que incluyen la eliminación de Israel y la imposición de la ley de la sharia en todos los sitios en los que gobierne.

Es decir, Israel, que con su retirada de 2005 confiaba en lograr tener tranquilidad en su frontera con Gaza, se encontró por el contrario con un régimen vecino que introduce armas de contrabando y organiza atentados terroristas contra el odiado Estado judío.

Algunos han acusado a Israel de intentar asfixiar Gaza. No es verdad. A Israel le interesaba tener un Estado próspero y pacífico en su frontera sur. Pero no ha sido así. Las cifras son asombrosas. Desde Gaza se han lanzado literalmente miles de cohetes, misiles y morteros mortales, entre ellos alrededor de 600 solo desde el 14 de noviembre.

Hamás ha podido adquirir armas letales cada vez más sofisticadas

Por supuesto, el mero hecho de que Hamás haya podido adquirir armas letales, cada vez más sofisticadas y de más alcance, refuta el absurdo argumento de quienes aseguran que Gaza es “una prisión impuesta por Israel”.

¿Qué clase de “prisión” permite que se introduzcan miles de armas mortales, gracias a Irán, Sudán y los beduinos contrabandistas del Sinaí, que trafican con armas procedentes de Libia y otros países, y que se utilicen contra el supuesto carcelero? Estaba muy claro que Israel no tenía más remedio que reaccionar ante la lluvia de proyectiles, cada vez más intensa, lanzada desde Gaza. Al fin y al cabo, la primera responsabilidad de un Gobierno es garantizar la seguridad de sus ciudadanos. Por cierto, ¿qué haría España si sufriera ataques constantes con misiles procedentes de un país vecino que hubiera prometido destruirla?

¿Por qué ha decidido Hamás intensificar en esta ocasión su agresión contra Israel?

Me atrevo a sugerir tres motivos. En primer lugar, Hamás creía que, con el ascenso del islam político, se acabaría su marginación. El nuevo régimen egipcio está formado por miembros de los Hermanos Musulmanes. El emir de Catar visitó hace poco Gaza y con ello otorgó legitimidad a sus gobernantes. El primer ministro turco expresó su solidaridad con Hamás, igual que Túnez.

Un Gobierno debe garantizar la seguridad de sus ciudadanos

En segundo lugar, Hamás malinterpretó a Israel. Eso suele ocurrir con los regímenes despóticos. Confundió el vibrante debate que se desarrolla en una democracia como Israel con debilidad, y creyó que los israelíes iban a dividirse, en lugar de unirse, a propósito de dar o no una respuesta enérgica a Hamás.

Y tercero, recordando el Informe Goldstone encargado por la ONU tras el último conflicto en Gaza (que el juez Goldstone, con posterioridad, repudió en gran parte) y contando con la cobertura crítica respecto a Israel previsible en ciertos medios de comunicación y con los grupos de derechos humanos prestos a saltar a la acción contra las supuestas fechorías del Estado israelí —pero que al mismo tiempo guardan un silencio ensordecedor sobre los derechos humanos de los israelíes—, Hamás pensó que Israel quedaría aislado.

Cometió un error de cálculo. Sean cuales sean las divisiones políticas actuales en Israel, el país permanece hoy fuerte, unido y capaz de resistir. Y varios dirigentes muy respetados, de Estados Unidos a Canadá y de Gran Bretaña a Alemania, comprendieron de inmediato y con gran claridad la distinción entre el agresor, Hamás, y la víctima, Israel.

Ahora que la comunidad internacional se dispone a examinar la solicitud de la Autoridad Palestina de que haya un mayor reconocimiento por parte de la ONU, los acontecimientos ocurridos desde el 14 de noviembre deberían ser una razón más para detenerse a pensar antes de hacerlo. No solo es que semejante medida, al pasar por encima de las negociaciones de paz, haría retroceder cualquier perspectiva de acuerdo de dos Estados entre israelíes y palestinos, sino que la Autoridad Palestina no tiene ningún poder en la Franja de Gaza, gobernada por Hamás, por lo que ¿qué “Estado” se supone que representa?

La historia es importante. Y los hechos, también. Y, por supuesto, también lo es la claridad moral.

David Harris es director ejecutivo del Comité Judío Americano (AJC).
Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

Según tomado de, http://elpais.com/elpais/2012/11/20/opinion/1353408426_152129.html el jueves, 1 de junio de 2017.

 
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Posted by on June 1, 2017 in Uncategorized

 

Por qué es importante la historia

En el 50º aniversario de la Guerra de los Seis Días, hay que recordar que entonces no existía un Estado palestino, que el conflicto no fue provocado por Israel y que la construcción de asentamientos no es el principal obstáculo para la paz

DAVID HARRIS
Por qué es importante la historia
ENRIQUE FLORES

Cada vez que se menciona la historia de Oriente Próximo, se ven gestos de escepticismo. Pero sin conocer el pasado, es imposible comprender en qué situación nos encontramos hoy, y esa situación es tremendamente importante para la región y para el mundo.

Este mes hace 50 años que estalló la Guerra de los Seis Días. Si bien algunas guerras se pierden en el olvido en cuanto terminan, esta sigue teniendo hoy la misma relevancia que en 1967. Muchos de sus problemas fundamentales siguen sin resolverse.

Los políticos, los diplomáticos y los periodistas continúan lidiando con las consecuencias de aquella guerra, pero pocas veces tienen en cuenta su contexto, o quizá incluso lo desconocen; sin él, varias cosas fundamentales quizá no tienen sentido. Para empezar, en junio de 1967, no existía ni había existido jamás ningún Estado palestino. Su creación, propuesta por la ONU en 1947, topó con el rechazo del mundo árabe porque significaba el establecimiento simultáneo de un Estado judío.

En segundo lugar, Cisjordania y Jerusalén Este estaban en poder de Jordania. Este país, en clara violación de los acuerdos, impedía a los judíos el acceso a sus lugares sagrados en la parte oriental de la ciudad y había profanado y destruido muchos de ellos. La Franja de Gaza estaba en manos de Egipto, que empleaba la fuerza militar para controlar a sus habitantes.

Al hablar del conflicto entre árabes e israelíes no podemos tratar el pasado como si fuera irrelevante

Y los Altos del Golán, desde los que se bombardeaba con frecuencia a las comunidades israelíes situadas más abajo, pertenecían a Siria.

Tercero: los países árabes podrían haber creado un Estado palestino en Cisjordania, Jerusalén Este y la Franja de Gaza en cualquier momento. Pero no lo hicieron, porque despreciaban a los palestinos.

Cuarto: las fronteras de 1967, cuando estalló la guerra, no eran unas fronteras oficiales, sino nada más que una línea de armisticio fijada en 1949, la llamada Línea Verde, delineada después de que cinco ejércitos árabes atacaran Israel en 1948 para destruir el Estado judío recién nacido y no lograran su propósito. Los países árabes, incluso derrotados, siguieron negándose a reconocer el derecho de Israel a existir.

¿Puede avanzar la historia? Sí. Lo prueban los tratados de paz de 1979 de 1994

Quinto: la Organización para la Liberación de Palestina, que participó en la guerra, nació tres años antes, en 1964, con el objetivo de destruir Israel. En 1964, recordemos, no había más “asentamientos” que el propio Israel.

Sexto: durante las semanas previas a la Guerra de los Seis Días, los dirigentes egipcios y sirios declararon repetidamente que se avecinaba un enfrentamiento armado y que su propósito era borrar a Israel del mapa. Sin ambigüedades.

Además, Israel, en esos mismos días, envió un mensaje a Jordania, a través de la ONU y Estados Unidos, para instarle a permanecer al margen de cualquier posible conflicto. El rey Husein hizo caso omiso de la petición y se alió con Siria y Egipto. Sus tropas fueron derrotadas por las israelíes y perdió el control de Cisjordania y Jerusalén Este.

Séptimo: el presidente egipcio, Gamal Abdel Nasser, exigió que se fueran las fuerzas de paz de la ONU que estaban presentes en la región desde la década anterior para evitar una guerra. La ONU, vergonzosamente, accedió. Como consecuencia, desapareció el último parachoques entre los ejércitos árabes y las fuerzas israelíes en un país con una superficie que era la quinta parte de la de Egipto y con solo 14 kilómetros en su parte más estrecha.

Octavo: Egipto bloqueó las vías marítimas de Israel en el Mar Rojo, su único acceso por mar a las rutas comerciales con Asia y África. De acuerdo con el derecho internacional, un bloqueo es un acto de guerra, y así es como Jerusalén interpretó la medida de Egipto.

Noveno: en vísperas de la guerra de junio, Francia, que había sido el principal proveedor de armamento de Israel, anunció la prohibición de la venta de armas. Eso significó que Israel podría estar en grave peligro si hubiera una guerra prolongada y necesitase reaprovisionarse de armas.

Y, por último, después de ganar aquella guerra en defensa propia, Israel confiaba en que los territorios recién adquiridos sirvieran de base para un acuerdo de paz a cambio de territorios. Tanteó las posibilidades. La respuesta oficial llegó el 1 de septiembre de 1967, cuando la Cumbre Árabe declaró en Jartum: “Ni, paz, ni reconocimiento, ni negociaciones” con Israel.

Hubo más noes después. En 2003, The New Yorker citó al embajador saudí en Estados Unidos: “Me rompió el corazón que [el presidente de la OLP] Arafat no aceptara la oferta [del acuerdo de dos Estados propuesto por Israel en 2001, con apoyo de Estados Unidos]. Desde 1948, cada vez que hemos tenido algo encima de la mesa, hemos dicho no. Y después decimos sí. Pero, cuando decimos sí, ya no está sobre la mesa. Y entonces tenemos que conformarnos con menos. ¿No ha llegado el momento de decir sí?”

Hoy hay muchos que quieren reescribir la historia.

Quieren hacer creer al mundo que existió un Estado palestino. No es verdad.

Quieren hacer creer al mundo que había unas fronteras oficiales entre ese Estado e Israel. No es verdad.

Quieren hacer creer al mundo que la guerra de 1967 fue un acto beligerante provocado por Israel. No. Fue un acto en defensa propia ante las amenazas de destruir el Estado judío, el bloqueo marítimo del Estrecho de Tirán, la brusca retirada de las fuerzas de paz de la ONU y el despliegue de las tropas egipcias y sirias. Todas las guerras tienen consecuencias. Pero aquellos agresores no han asumido nunca la responsabilidad de la que iniciaron.

Quieren hacer creer al mundo que la construcción de asentamientos israelíes desde 1967 es el principal impedimento para la paz. La Guerra de los Seis Días prueba que el problema fundamental es, y ha sido siempre, si los palestinos y el mundo árabe en general pueden aceptar el derecho de los judíos a tener un Estado propio.

Y quieren hacer creer al mundo que los países árabes no tenían nada contra el pueblo judío, solo contra el Estado de Israel, pese a que arrasaron los lugares sagrados judíos.

Por eso, al hablar del conflicto entre árabes e israelíes, no podemos tratar el pasado como si no fuera más que un motivo de irritación o, peor aún, algo irrelevante.

¿Puede avanzar la historia? Por supuesto. Lo prueban los tratados de paz firmados por Israel con Egipto, en 1979, y Jordania, en 1994. Pero las lecciones de la Guerra de los Seis Días muestran que es un camino difícil y tortuoso.

David Harris es presidente del American Jewish Committee

Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia

Según tomado de, http://elpais.com/elpais/2017/05/25/opinion/1495704354_399689.html el jueves, 1 de junio de 2017.

 
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Posted by on June 1, 2017 in Uncategorized