El poder de una maldición

 

A pesar de que esta parashá se llama “Balak” debido al rey moabita que inició los dramáticos incidentes que aparecen relatados, la historia le pertenece en realidad a Bilam, el malvado profeta que Balak contrató para maldecir y destruir a los judíos.

Las profecías de Bilam que aparecen en nuestra parashá tienen el estatus de una obra separada dentro de la Torá (Talmud, Baba Batra 14b). A Moshé se le ordenó registrar las palabras de Bilam, las cuales no son consideradas parte de su Torá. El Pentateuco (en griego) o Jumash (en hebreo) se conoce como la Torá de Moshé (Malaji 50:22), pero las profecías de Bilam no entran en esta descripción. Incluso después de haber sido incorporadas a los Cinco Libros de Moshé siguen manteniendo una integridad separada como la “Parashá de Bilam”. Esta parashá se considera la Torá de Bilam, y no la de Moshé.

La importancia especial que tienen las palabras de Bilam está relacionada con el exaltado estatus que tenía Bilam como profeta; su nivel de profecía era considerado en cierto sentido similar al de Moshé.

“Nunca más ha surgido en Israel un profeta como Moshé” (Deut. 34:10). En Israel no ha surgido, pero hubo un profeta de ese calibre entre las naciones, de forma que las naciones no pudieran reclamar que si ellas hubieran tenido un profeta de la estatura de Moshé, entonces ellas también se habrían vuelto sirvientes de Dios. ¿Quién era este profeta que se levantó entre las naciones que tenía el calibre de Moshé? Bilam ben Beor” (Bamidbar Rabá 14:20).

Tal como la profecía de Moshé estaba en un nivel al que llamamos Torá, asimismo era la de Bilam; su mensaje profético también se volvió una parte integral de la Torá de Dios.

Nos referimos a Moshé con el título de rabeinu, ‘nuestro maestro’, porque él nos inició a los judíos en el servicio de Dios al enseñarnos las leyes de Dios. Bilam tenía el potencial de dar el mismo tipo de inspiración y de iniciar a las otras naciones de la Tierra en el servicio de Dios. Dios arregló que ellos tuvieran a Bilam Rabeinu, tal como Él nos proveyó a Moshé Rabeinu.

Sin embargo, Bilam es en realidad descrito en la Mishná en Avot (5:22) como un maestro de peor categoría que Moshé, donde es descrito de forma negativa:

Quien tenga las siguientes tres características de personalidad es contado entre los discípulos de nuestro patriarca Abraham. Si tiene las tres características contrarias es contado entre los discípulos del malvado Bilam. Quienes tienen un ojo generoso, un espíritu humilde y expectativas modestas están entre los discípulos de Abraham. Quienes tienen un mal ojo, un espíritu arrogante y expectativas codiciosas son discípulos del malvado Bilam.

¿Cómo pueden haber sido escritas palabras tan duras sobre Bilam, un profeta que es descrito como que estaba a la par del mismo Moshé?

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La descripción de un profeta

Este es un ejemplo de las cualidades espirituales que Maimónides enlista como prerrequisitos para la profecía:

La profecía es otorgada sólo a quien es un hombre muy sabio, de un fuerte carácter y quien nunca se ve superado por sus inclinaciones naturales en ningún aspecto. En lugar de eso, con su mente se sobrepone a sus inclinaciones naturales en toda ocasión. El debe [también] poseer una perspectiva amplia y correcta… (Iesodei HaTorá 7,1).

Bilam no sólo era un profeta, sino que era un gran profeta; su carácter obviamente cumplía con la lista de requisitos de Maimónides. ¿Cómo podemos reconciliar esta magnífica descripción del carácter de Bilam con la negativa descripción que trae la mishná en Avot?

El siguiente pasaje del Talmud nos proveerá la clave que necesitamos para descifrar el misterio de Bilam:

Rabi Iojanan dijo en nombre de Rav Iosi: “¿De dónde sabemos que uno nunca debería intentar apaciguar a una persona en el momento de su enojo? Está escrito: “Mi presencia irá y te dará reposo” (Éxodo 33:14). Dios le dijo a Moshé: “Espera hasta que pase mi aspecto de enojo y entonces te daré descanso (es decir, entonces estaré apaciguado)”. ¿Hay alguna vez enojo frente a Dios? Si, como aprendemos: “Dios se enoja en cada día” (Salmos 7:12), ¿y por cuánto dura Su ira? Un momento… y ninguna criatura puede determinar con exactitud cuándo ocurre ese momento a excepción de Bilam el rashá. Porque está escrito sobre Bilam: “El que conoce la mente del Ser Supremo” (Números 24:16). Si él no sabía ni siquiera qué había en la mente de su propio burro, ¿cómo puede conocer lo que está en la mente del Ser Supremo? El significado de este pasaje es que él sabía cómo averiguar el momento exacto en que Dios se enoja (Talmud Brajot 7a).

Bilam es comparado con Moshé porque ambos se pudieron conectar con Dios en el máximo nivel, pero eso no significa que se conectaron de la misma manera. Dios le dijo específicamente a Moshé que evite conectarse con Él mientras su enojo estuviera activo, mientras que Bilam era la única persona en la historia de la humanidad que era capaz de identificar el momento exacto de la ira de Dios, y era precisamente con este aspecto de ira con el que era un experto para conectarse. ¿Hay alguna manera en que podamos entender con mayor claridad la idea de conectarse con la ira de Dios?

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El aspecto de la ira

La verdad es que a pesar de que no nos demos cuenta, todos somos familiares con la idea de conectarse a Dios mediante el poder de la ira.

La percepción común de la humanidad es que para lograr santidad se requiere contemplación en silencio y meditación, separación de la vida ordinaria y de sus actividades mundanas. La gente santa de todas las sectas y religiones a lo largo del mundo tienden a vivir vidas en segregación. Viven en monasterios o ashrams, practican la humildad al subsistir de caridad y no establecen familias. El concepto de santidad está asociado con la ruptura de los fuertes lazos que atan al ser humano común con su ambiente social.

Es obvio que estos impulsos son parte de la naturaleza humana y que la gente que lucha para alcanzar la santidad no los sienten menos que el resto de nosotros. Ellos deben separarse a la fuerza de estos aspectos mundanos de la vida que les impedirían alcanzar la santidad. La energía emocional que se requiere para tener éxito en separarse del resto de la humanidad es la ira. Pero separarse de la vida ordinaria es la ruta hacia la espiritualidad y santidad con la que somos familiares; por lo tanto, es verdad que todos conocemos cómo acercarnos a Dios por medio del poder de la ira.

Obviamente esto no implica de ninguna manera que la gente santa sufra de un exceso de ira. Por lo general lo contrario es lo cierto. Al haber renunciado a los “premios” mundanos de la vida que la mayoría de la gente lucha por obtener, la gente santa está relativamente libre de la envidia y siente menos ira que el resto. Sin embargo, el combustible emocional que se requiere para mantener una vida basada en la autonegación es el poder de la ira. Quizás podemos clarificar este punto ilustrando cómo todos nosotros usamos a nivel personal el poder de la ira para resistir.

La mayoría de nosotros hemos tenido la siguiente experiencia espiritual. Algún evento traumático de nuestra vida hace que nos preguntemos: “¿Por qué me está pasando esto a mí?”, lo cual a su vez nos lleva a hacer introspección. Nuestra búsqueda espiritual nos lleva al descubrimiento de que estamos funcionando muy por debajo del nivel espiritual que nosotros mismos encontramos aceptable; de pronto, nos volvemos impacientes e iracundos con nosotros mismos.

No todos reaccionan de la misma manera ante tal experiencia, pero alguna gente convierte la energía espiritual de la impaciencia e ira en una firme resolución de desasociarse de su marco social actual y de su forma de vida, y de efectuar cambios drásticos en sus vidas. Ellos están llenos de convicción de que volver a alcanzar la sanidad depende de que dejen su yo actual atrás. Es claro que su ímpetu original para efectuar tal cambio es el poder de la ira.

Cada vez que Bilam buscaba tener contacto con la Presencia Divina, dejaba a Balak y a su compañía junto al sacrificio y se iba solo: “Párate tú junto a la ofrenda y yo iré… y fue solo” (Números 23:3); la habilidad que tenía Bilam para conectarse con Dios sólo estaba presente cuando estaba en un estado de disociación de otros.

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El aspecto del amor

Una forma totalmente diferente de conectarse con Dios es hacerlo por medio del poder del amor. El objetivo de este método no es escapar a una realidad más espiritual. El objetivo es agregar espiritualidad y cercanía a Dios en cada aspecto de la vida cotidiana. Por lo tanto, cada actividad es dedicada a Dios con la percepción de que Dios está presente y observando, e incluso participando por medio de proveernos la energía necesaria para completar la tarea.

Para la persona que sigue esta percepción, la separación del resto de la gente es contraproductiva a la santidad. Dios creó el mundo por la gente y le dio a cada persona un alma de forma que pueda apegarse a Dios. Mientras más grande sea el número de almas humanas que decidan apegarse, más manifiesta será la presencia de Dios en el mundo y por lo tanto más fácil será alcanzar la santidad por medio de las actividades del día a día. Apegar tu alma a las almas de otros que están ocupados en la misma búsqueda aumenta tus poderes espirituales. El nivel más alto de visión profética sólo está disponible para quien es miembro de un grupo social unificado que esté lleno de amor.

En este sistema de apego, el establecimiento de una familia es un paso necesario para alcanzar la santidad. La unión entre hombre y mujer puede resultar en la mayor expresión de espiritualidad en nuestro mundo; una nueva alma humana que será la expresión de una nueva conexión con Dios. Esta unión fue creada por Dios como la herramienta más efectiva en el arsenal humano que podrías usar para elevarte y apegarte a otra alma y, por lo tanto, a Dios.

Dedicarte a este método de conexión con Dios significa dedicarte en el mismo grado a la eliminación de la distancia que hay entre la gente. El mandamiento de “Ama a tu prójimo como a ti mismo” es paralelo al mandamiento “Ama a Hashem tu Dios con todo tu corazón”. En las palabras del sabio Hillel, a quien un converso le pidió que le enseñase toda la Torá mientras se paraba en un solo pie:

“No le hagas a otros lo que no te gusta que te hagan a ti”, esa es la esencia de toda la Torá; el resto es tan sólo una explicación más detallada. Ahora ve y apréndela” (Talmud, Shabat 31a).

El impulso emocional que está asociado con el apego a la otra gente es el amor; este segundo método de apego es llamado el camino del amor.

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Actitudes divinas paralelas

Estos impulsos emocionales —amor e ira— se ven reflejados en las actitudes divinas. “Dios es tu sombra protectora a tu mano derecha” (Salmos 131:5). Rav Jaim de Volozhin explica (Nefesh HaJaim, Puerta I, capítulo 3) que este versículo revela el verdadero significado de ser creados a imagen de Dios. La palabra imagen en hebreo es tzelem, la cual deriva de la palabra tzel que significa sombra. Dios hizo el mundo de forma tal que Él se comporta como la sombra del hombre.

Todo esfuerzo sincero por parte del hombre para acercarse a Dios provoca una respuesta divina, en la que Dios se acerca al hombre de la misma forma. El uso de ira y amor son métodos efectivos para acercarse a Dios y para conectarse con Él. El grado de su efectividad sólo está limitado por el nivel de dedicación que es invertido en ellos. No hay uno que sea más efectivo que el otro en términos de acercarse a Dios. Pero hay una gran diferencia en la naturaleza de la conexión que es establecida.

Dios también tiene dos formas de relacionarse con el mundo. Por un lado, Dios se distancia a Sí mismo del mundo. Es incapaz de conectarse con sus aspectos negativos; si el mundo se conectara con Él en su pobre estado espiritual, sería consumido por el fuego de Su santidad. La forma de proteger al mundo es por medio del alejamiento y la distancia. Por lo tanto, luego del pecado del becerro de oro Dios dijo:

Pero Yo no ascenderé entre ustedes, dado que son un pueblo obstinado, para que no los consuma en el camino… Son un pueblo obstinado. Si Yo asciendo entre ustedes podría aniquilarlos en un solo instante” (Éxodo 33-3:5).

Esta forma de relacionarse con el mundo se llama Midat HaDin, o Atributo de la Justicia.

Por otro lado, Dios quiere conectarse con el hombre. Él no quiere distanciarse incluso para proteger al hombre. La solución alternativa para asegurarse que el hombre no sea consumido por el efecto de conectarse con lo divino en su pobre estado es reducir la intensidad de la luminosidad de la Presencia Divina que está en contacto con el hombre. En lugar de retirarse, Dios reduce la intensidad del contacto de forma que se vuelva manejable para el hombre mantenerlo incluso en el bajo nivel en el que está. Como ilustración de esta idea la Torá describe la efectividad del servicio de Iom Kipur con las siguientes palabras:

Con esto Él procurará expiación sobre el Santuario para las impurezas de los Hijos de Israel, y de sus pecados de rebelión y de sus faltas inadvertidas. Y así hará con la Tienda de la Reunión que reside junto a ellos en medio de su impureza” (Levítico 16:16). La presencia de Dios se mantiene con Israel incluso en su estado de impureza (Sifra, Ajarei Mot 3:4).

En lugar de retirarse, Él encuentra la forma de mantenerse con ellos en su estado de impureza. Esta forma de relacionarse se llama Midat Harajamim, o Atributo de Misericordia.

Cuando el hombre se acerca a Dios empleando su propio atributo de distancia y aprovechando el fuego de su rabia, Dios responde mostrándole al hombre la faceta de Midat HaDin. Cuando el hombre se acerca a Dios mediante el amor y sigue su impulso de apegarse a otros sin cuestionar antes sus méritos, Dios responde haciendo contacto con la faceta de Midat Harajamim.

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El poder de Bilam

Volvamos a examinar la Mishná en Avot a la luz de esta información. Los tres atributos de Bilam —un mal ojo, un espíritu arrogante y expectativas codiciosas— nos son revelados en el contexto de los siguientes incidentes:

“Bilam se levantó por la mañana y la dijo a los oficiales de Balak: ‘Vuelvan a su tierra, pues Dios se rehúsa a dejarme ir con ustedes'” (Números 22:13). Rashi interpreta esta declaración como que “Dios sólo me dejará ir con oficiales de mayor grado que ustedes”. Esto, explica Rashi, ilustra el espíritu arrogante de Bilam; él estaba demandando una invitación que viniera por parte de una delegación más prestigiosa antes de responder. Balak inmediatamente envió oficiales de mayor grado (Ibid. 15).

Pero el asunto es más complicado de lo que parece a primera vista. Seguramente Bilam estaba justificado; después de todo, recordemos que él era el profeta de Dios y Su representante. Balak estaba interesado en su intervención porque quería que Bilam persuadiera a Dios de dejar al pueblo judío. Contactar a Bilam era la forma de contactar a Dios. Él era el profeta de las naciones y para ellos él representaba a Dios. Enviar una delegación de bajo nivel para escoltar a Bilam indicaba una falta de respeto hacia Dios mismo. ¿Acaso no era el deber de Bilam protestar por el insulto?

El mismo tipo de defensa puede ser hecho con respecto al incidente que ilustra la codicia de Bilam:

Si Balak me diera una casa repleta de plata y oro, yo no podría transgredir la palabra de Hashem mi Dios para hacer nada, ni pequeño ni grande” (Números 22:18). Rashi interpreta esto como una indicación de la codicia de Bilam; él deseaba dinero. Bilam estaba implicando que él debería ser compensado con una casa llena de oro por sus servicios.

Pero nuevamente el asunto es ambiguo. La alternativa de Balak ante emplear a Bilam era preparar un enorme ejercito en contra del pueblo judío, lo cual siempre es una alternativa sumamente costosa. Es más, un ejército como ese podría no salir victorioso de la batalla sin importar cuánto dinero se gastara en él; pero si lograba que Bilam convenciera a Dios de abandonar a los judíos, podría asegurarse un resultado positivo sin mayor riesgo o costo. Obviamente rebajaría la importancia de tratar con Dios si fuera más barato que pagar por un ejército. Dicho contacto divino debía ser altamente valorado. Como el representante de Dios entre las naciones, nuevamente dependía de Bilam resistirse a rebajar Su estatus.

Finalmente, enfoquemos nuestra atención en el mal ojo de Bilam.

Bilam vio que era bueno a los ojos de Dios bendecir a Israel, por lo que no fue como las otras veces hacia las adivinaciones, sino que dirigió su rostro hacia el Desierto. Bilam alzó la vista y vio que Israel habitaba según sus tribus” (Números 24:1-2). Rashi interpreta esto como que él intentó penetrar el campamento judío con el poder de su mal ojo.

Esta es la evidencia que es provista para justificar la tercera característica negativa de Bilam que es mencionada en la Mishná. Pero este incidente es probablemente el más complejo de todos.

Antes de ver los temas que están involucrados aquí debemos entender un poco cómo funciona el poder del mal ojo. Para poner la pregunta de forma ligeramente diferente, ¿cómo podemos relacionarnos con el poder de una maldición?

Como hemos explicado en otras ocasiones, la relación entre Dios y el hombre sigue un principio de reciprocidad: Dios se relaciona con el hombre de la misma forma que él se relaciona con Dios. Cuando Bilam veía algo con su ojo crítico, detrás de esta crítica no había crueldad sino que había un tremendo y santo fervor. Dios debía retirar su presencia del hombre indigno para que el fuego de la santidad no lo quemase e hiciera cenizas. Bilam no era un individuo común y corriente; bajo la influencia de su visión profética, el fuego sagrado del Atributo de la Justicia lo poseía.

Cuando él veía un defecto espiritual en alguien le molestaba de forma genuina; ¿cómo podía tolerarlo Dios? Y debido a su genuina preocupación, era capaz de enfocar todo el poder de la Midat HaDin en ello. Para evitar la destrucción total, la Midat HaDin no tenía otra alternativa que retirar la presencia Divina de aquello en lo que Bilam había puesto su mirada crítica. El poder de traer la retirada de la Presencia divina era el poder de la maldición de Bilam. Dado que toda bendición se origina en la Presencia divina y que recae en su recipiente mediante la conexión de Dios con el hombre, cortar dicha conexión genera de forma automática el retiro de la bendición de Dios. Ante la ausencia de la bendición, el sujeto queda expuesto a lo contrario.

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El antídoto

Es interesante notar el fenómeno que es presentado por la Torá como el contrapeso de este inmenso poder espiritual que poseía Bilam. ¿Por qué él era incapaz de hacer que el poder del mal ojo le afecte al pueblo judío?

Que buenas son tus tiendas oh Yaakov, tus moradas oh Israel” (Ibid. 5). Rashi comenta en esto: Bilam observó que las tiendas del campamento judío estaban ordenadas de forma tal que nadie era capaz de ver en la tienda de su vecino.

Los judíos no quieren ponerse a sí mismos en situaciones en las que puedan ser críticos unos de los otros. Quieren evitar notar los defectos morales en los otros que podrían generar incluso meras críticas. La cohesión social entre el pueblo judío y la preservación de una atmosfera en la que cada judío puede amar a su prójimo es más importante que buscar la fallas en el otro y distanciarse de ellos.

La preferencia por cohesión y armonía es la fuerza que los cuidó del mal ojo de Bilam. Todo el tiempo que no haya mal ojo o mala lengua acá en este mundo entre el hombre y su prójimo, Dios se comportará de la misma forma con el hombre; con la benigna faceta de Midat Harajamim. Incluso el mal ojo de Bilam no puede convocar a la Midat HaDin bajo tales circunstancias.

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De vuelta a Bilam

Las características de Bilam que son descritas en la mishná no son malas por sí mismas. Hay dos caminos hacia la espiritualidad; dos formas de conectarse con Dios: la forma de Abraham y la forma de Bilam. No son las características personales las que etiquetaron a Bilam de rashá, “malvado”. Fue su rechazo a tolerar y aceptar la forma de Abraham como igual de legítima. Cuando su mal ojo mostró ser inefectivo, en lugar de someterse a la voluntad de Dios, le ofreció a Balak un malvado consejo para lograr su cometido.

Le dijo que Dios no podía tolerar un comportamiento licencioso, y le recomendó enviar mujeres moabitas a seducir a los israelitas, consejo que finalmente resultó en el incidente de Ba’al Peor que aparece descrito al final de esta parashá.

Mediante su consejo, Bilam se las ingenió para crear discordia interna entre el pueblo judío y entre los judíos y Dios. Las muestras públicas de conductas libidinosas trastornaron la unidad interna del pueblo judío. Muchos consintieron, pero muchos otros estaban horrorizados. Puede que la situación se haya salvado al final con el fanatismo de Pinjas, pero el costo fue terrible. La solución requirió que un judío matase a otro judío, causando discordia y confusión, como es descrito al principio de parashat Pinjas. Bajo estas condiciones, no había defensa ante el mal ojo de Bilam.

Bilam no estaría contento sino hasta haber introducido la Midat Hadin al campamento judío. Su determinación de lograr su cometido a todo costo lo hizo merecedor del título de rashá.

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La forma de conducirse de las naciones

Bilam era el Moshé potencial de las naciones. Las naciones también podrían haber tomado parte en el servicio divino. Eso no quiere decir que se habrían transformado en judíos. Nosotros, los judíos, somos estudiantes de Abraham. Nuestro método de establecer contacto con Dios es introducir santidad en todas las actividades de nuestra vida. Esto requiere la aceptación de la Torá y de sus mandamientos. Sólo por medio de respetar los 613 mandamientos de la Torá, los cuales hacen referencia a todos los aspectos del día a día de una persona, es posible establecer contacto con Dios mediante Midat Harajamim de la forma en que nos enseñó nuestro patriarca Abraham. Esta es la forma judía de conducirse.

Las naciones rechazaron la Torá porque no era su forma de conducirse, a pesar de que ellas no necesariamente rechazan la idea de ser sirvientes de Dios. Su forma de relacionarse con el servicio divino es ser estudiantes de Bilam. No es una casualidad que en otras culturas distintas al judaísmo la gente santa tienda a alejarse de la vida normal. La forma de conducirse de las naciones con Dios es mediante el camino de la abstinencia, de la negación y de la autocrítica. Su santidad exige separación. Y esa sigue siendo la forma de conducirse de los santos de las naciones hasta hoy en día. El camino de las naciones hacia Dios aún es guiado por el poder de la ira.

La misión de Bilam era heredarles esta visión de santidad a las naciones de la Tierra. Si él hubiera tenido éxito, entonces las naciones e Israel habrían coexistido a lo largo de la historia con tolerancia mutua. La santidad en las naciones no habría sido el camino que escogen unos pocos, sino que habría sido un camino que transitarían grandes multitudes. Por lo tanto, no es ninguna sorpresa que la profecía de Bilam constituya una porción separada de la Torá y que no sea considerada parte del libro que nos fue entregado por Moshé.

Segun tomado de, http://www.aishlatino.com/tp/i/mayanot/El-poder-de-una-maldicion.html

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