El síndrome de deficiencia espiritual y qué puedes hacer al respecto

El síndrome de deficiencia espiritual y qué puedes hacer al respecto

Antes de Rosh Hashaná efectúa este importante chequeo espiritual anual.

por Sara Debbie Gutfreund

¿Sufres de lo que el Rav Dr. Abraham Twersky llama “síndrome de deficiencia espiritual”?

En su libro Happiness and the Human Spirit: The Spirituality of Becoming the Best You Can Be, él escribe:

Reconoce que tienes un cuerpo y un espíritu. Si a tu cuerpo le falta algo, por ejemplo hierro, desarrollas una anemia. Vas al médico y él te prescribe suplementos. Si él te da más vitamina A o niacina, eso no te ayudará. Tiene que ser hierro. Lo mismo ocurre con el síndrome de deficiencia espiritual. Si tratas de curarlo adquiriendo más riquezas, viajando en un crucero o bebiendo otro trago más, te sentirás bien por un rato. Pero no serás feliz.

Una de las cosas bellas de ser un ser humano es que podemos darnos cuenta de que cometimos un error. Una vez que entendemos que estuvimos socavando nuestra propia espiritualidad, entendemos que tratamos de llenar el vacío con las cosas equivocadas.

¿Cuáles son los signos del síndrome de deficiencia espiritual y cómo podemos tratarlo?

1. Aburrimiento. Pascal dijo: “Todos los problemas de la humanidad surgen de la incapacidad del hombre de permanecer en una habitación sentado quieto y a solas”. Sentirse aburrido no es sólo el resultado de no tener nada que hacer; tememos enfrentar el silencio tanto interno como en el mundo. El silencio nos obliga a enfrentarnos a nosotros mismos y las preguntas difíciles que presenta la vida. En vez de luchar con las respuestas nos dedicamos a Netflix o a nuestros ubicuos teléfonos celulares y llenamos el silencio con ruido y distracción.

Para ayudarnos a superar este bloqueo espiritual, toma algunos momentos y escribe tus respuestas a las siguientes preguntas:

Si no tuviera miedo, lo que haría es…

¿Para ser quién fui creado?

2. Falta de empatía. Un signo significativo del síndrome de deficiencia espiritual es estar envuelto en tus propios problemas al grado en que no puedes ver ni sentir el dolor de los demás. Esto significa que no nos relacionamos con la luz infinita que reside dentro de cada persona. Ser capaz de dar y escuchar a los demás no sólo nos hace más espirituales, en definitiva nos hace humanos. No hay mayor ejercicio espiritual que salir de uno mismo y dar a los demás.

A veces nuestros desafíos diarios pueden dificultarnos ver toda la imagen, pero pensar sobre estas preguntas puede ayudarnos a ganar más perspectiva:

¿Conozco a alguien que pueda estar sufriendo de soledad, dolor o pena? ¿Cómo puedo ayudar a esa persona?

¿De qué tres formas podría ayudar hoy a que el mundo sea un lugar mejor si tuviera recursos ilimitados?

3. Preocupación por lo material. A menudo intentamos llenar nuestro vacío espiritual con más cosas que en verdad no necesitamos, lo cual en definitiva profundiza el vacío que sentimos. Podemos tratar de aliviar el vacío comiendo de más, navegando por Internet o con atracones de películas, pero el alivio temporal siempre es seguido de la desilusión, porque no estamos alimentando a nuestras almas con lo que realmente necesitan.

El síndrome de deficiencia espiritual en cierta manera es un regalo. Es nuestra alma avisándonos que tiene hambre y necesita ser alimentada, no con calorías vacías, sino con genuino significado y propósito que llene nuestra esencia interior.

Rosh Hashaná es el momento para obtener claridad sobre lo que realmente nos importa. Cuando comienza un nuevo año, tenemos la oportunidad de examinar quiénes somos realmente y quiénes queremos llegar a ser.

Piensa en esto: ¿Cuál es el legado que espero dejar en este mundo? Si muero hoy, ¿qué lamentaría no haber dicho o no haber hecho?

Cada uno tiene una esencia infinita repleta de luz que anhela derramar al mundo que nos rodea. Cuando ignoramos esa luz, sentimos el vacío y tratamos de llenarlo con desesperación. Este año llena tu alma con lo que realmente necesita: propósito, conexión y significado.

Según tomado de, http://www.aishlatino.com/h/rhyik/ryc/El-sindrome-de-deficiencia-espiritual-y-que-puedes-hacer-al-respecto.html?s=fab

 

¿Puedo realmente cambiar?

¿Puedo realmente cambiar?

Cómo aprovechar el poder transformativo del mes judío de Elul.

por Rav Heshy Kleinman

Ya sea tu primer o tu sexagésimo primer encuentro con el mes judío de elul —que culmina en las Altas Fiestas—, es posible que comiences esta temporada de introspección y crecimiento personal un tanto mortificado. Y no serías el único. Todos tenemos una larga lista de batallas personales luchadas y perdidas.

“Voy a dejar de engullir y comenzaré a comer como un ser humano”. “Voy a dejar mi smartphone y viviré una vida real”. “Es la última vez que le digo algo denigrante a mi pareja”. “Voy a aprovechar mejor mi tiempo”. Y luego ignoramos nuestras buenas intenciones.

Para muchos, la batalla es con temas más profundos, como la fe en Dios. Buscamos entender el mensaje que nos transmite Dios, o nos quejamos diciendo: “¿Por qué yo? ¿Qué hice yo?”. ¿Aceptamos los traspiés y aprendemos de ellos, o gritamos frustrados “¡Alguien va a pagar por esto!?

¿Cómo podemos tomar conciencia y levantarnos a nosotros mismos?

Haciendo bien las cosas pequeñas

La respuesta es replantear lo que tratamos de lograr cuando nos embarcamos en el camino del crecimiento personal. La teshuvá, el proceso de ‘retorno’ a Dios y a nuestra esencia más elevada, abarca todos los desafíos recién descritos. Es ser un mejor cónyuge, padre y hermano. Es volverse más honesto con nosotros mismos y los demás. Es autodisciplina, autoestima y dignidad. Pero no es alcanzar la perfección.

La clave es meterse de lleno en la batalla y permanecer allí.

Muchos héroes espirituales del mundo judío también trataban y fallaban mientras intentaban escalar. Rav Itzjak Hutner, Rosh Ieshivá de la Ieshivá Jaim Berlín en la década del 70, habla sobre “las batallas, los obstáculos, las caídas y las regresiones” sufridos por gente como el Jafetz Jaim, uno de los más grandiosos rabinos de principios del siglo XX, y otros. “Pierde batallas, pero gana guerras”, dice. “Te prometo… que emergerás victorioso”.

El Rey Salomón declaró famosamente: “El recto cae siete veces y se levanta…”. Caer no hace que la persona pierda su título de “recto”. De hecho, se espera que caiga. Como un luchador espiritual, sólo pierde el título si se queda tirado en el piso.

Un pequeño paso puede cambiar tu realidad

Si bien de niños aprendimos que “El viaje de mil kilómetros comienza con un pequeño paso”, a menudo dudamos realmente que un pequeño paso tenga algún valor. ¿Qué cambia? ¿Y qué hay de toda la distancia que queda? Digamos que hoy te abstuviste de comprar algo online cuando se suponía que estabas trabajando. Pero, ¿qué logras con un solo episodio de abstención?

La respuesta es: cambió tu realidad.

Dejaste de remar en una dirección y comenzaste a remar en la otra. Si alguna vez remaste en un bote, sabes que esas primeras remadas en la dirección opuesta sólo logran detenerte. Luego comienzas a avanzar firmemente.

Para Dios, tu primer pequeño paso es prueba de que deseas seriamente tu objetivo. Convierte pensamientos efímeros en hechos concretos.

Una buena comparación es un depósito para un auto. Un vendedor está dispuesto a reservarte un auto de $30.000 dólares con un depósito de sólo $1.000 dólares. Esa pequeña fracción del precio total evita que se lo venda a otro comprador, que llega una hora después, con el bolsillo lleno de dinero. Cambia la realidad porque, una vez que le diste los $1.000, probaste que “He decidido que esto es lo que quiero”.

Lo mismo aplica a tu pequeño paso. Al darlo, pruebas que “He decidido que esto es lo que quiero”. Y avanzas un milímetro en dirección a Dios.

Practica, practica, practica

La pieza final del rompecabezas es el poder de la repetición. Cuando nuestro yo impulsivo está a cargo, enfrentamos una decisión y pensamos: “Una sola vez no hará ninguna diferencia”. Actuar en base a ese impulso fortalece el músculo equivocado. Mientras más veces tome una persona una galleta de más, más difícil le resultará ignorar la bolsa de galletas. Cuantas más veces se proteja con una mentira, más difícil le resultará decir la verdad.

Afortunadamente, lo opuesto también es cierto. Toda elección positiva que hacemos fortalece el músculo adecuado. El autocontrol cultiva la autoestima, la cual a su vez cultiva un mayor autocontrol.

Por esta razón, Maimónides aconseja que “Todo depende de la abundancia de acciones”. Esto significa que quien da $1.000 a caridad en una ocasión no sufrirá un cambio interno tan grande como quien da $10 cien veces. Cada vez que la persona se acerca a alguien con su donación, refuerza su imagen de sí mismo como “dador”.

Conquista el mes

Con estas herramientas, podemos aprovechar al máximo el mes de elul, un tiempo de particular favor para el pueblo judío. Este es el mes en que el oído de Dios se inclina hacia nosotros, escuchando nuestras plegarias y recibiendo nuestros esfuerzos para vivir una vida más sagrada.

Es la temporada judía de cambio, esperanza y renovación. Nunca hay un motivo para renunciar a nosotros mismos. Cuando Dios nos levanta vivos y sanos cada mañana, tenemos una innegable señal de que Él no ha renunciado a nosotros.

Según tomado de, http://www.aishlatino.com/h/rhyik/e/Puedo-realmente-cambiar.html?s=mm

Abraham – the First Jew

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Why is Abraham considered the first Jew?

The Aish Rabbi Replies:

When he was three years old, Abraham looked around at the world of nature with all its perfection, beauty, symmetry, precision, timing, balance, integration, coordination, unity – and he concluded that for the world to be designed so perfectly, there obviously must be an intelligent designer. It was then that Abraham discovered God.

Noah also knew about God, and his descendants Shem and Ever even had a yeshiva! If so, in what way was Abraham different that he is chosen to start the Jewish people?

What makes Abraham unique is not just that he recognized God, but that he understood the need to go out and share this with others. The Midrash likens spiritual knowledge to a bottle of perfume. If you leave the bottle of perfume corked and sitting in a corner, what good is it? Shem and Ever were like a closed bottle of perfume, off studying in a corner somewhere.

But Abraham went out and taught people about monotheism. He pitched his tent, which was open on all four sides, in the middle of an inter-city highway. He authored a 400-chapter book refuting idolatry. And he endured all types of mockery and persecution for holding beliefs that were, to say the least, politically incorrect. In fact, the Torah calls him “Avraham Ha-Ivri” – Abraham the Hebrew. HA-IVRI translates literally as “the one who stands on the other side.” The entire world stood on one side, with Abraham standing firm on the other.

Abraham distinguished himself as being a lover of all humanity. When God sought to destroy the corrupt city of Sodom, Abraham was willing to stand up against God and argue that they should be spared. He cared about everyone and viewed himself not as an individual trying to perfect himself, but as the progenitor of a movement to bring God’s existence into perfect clarity.

That is the Jewish legacy – serving as an inspiration and a role model for all humanity.

As taken from, http://www.aish.com/atr/Abraham_First_Jew.html?s=dfh

¿Cuál es la Opinión Judía Sobre el Karma?

La Providencia Divina (“hashgaja”) significa que podemos llegar más allá del sistema

Karma es una idea que permea muchas culturas. En egipcio antiguo era llamado “maat”, en griego “heimarmene” o “fate” y en germánico “wyrd”. Básicamente todo está dentro del sistema (en griego: cosmos) y así todo rebota eventualmente. Ustedes pueden jugar con el sistema y hasta manipularlo, pero no pueden escapar de él.

La Providencia Divina (“hashgaja”) significa que podemos llegar más allá del sistema. Podemos rogar al Creador del sistema, o hacer teshuvá y transformarnos, hasta cambiar nuestro pasado. Podemos quebrar la prisión de nuestro Egipto personal y llegar a la Luz Infinita pre-cósmica, sin ataduras y libres.

Por ejemplo, el karma de Abraham y Sara era tal que no podían tener hijos. La Torá dice que Di-s elevó a Abraham por encima de las estrellas y Sara dio a luz a Isaac. Similarmente, el karma de su descendencia fue ser esclavizados por Faraón. Nuevamente la intervención Divina anuló ese karma y fueron liberados milagrosamente.

Si, el karma nos envuelve y a todo lo que existe. Pero hay una puerta de escape, por medio de la teshuvá, por medio de la Torá y por medio de los buenos actos.

Según tomado de, https://es.chabad.org/library/article_cdo/aid/604702/jewish/Cul-es-la-Opinin-Juda-Sobre-el-Karma.htm

Una breve guía para una “nueva cabeza”

Una breve guía para una “nueva cabeza”

Tres maneras de abandonar la confusión y sentirse más cerca de Dios.

por David Sacks

Al acercarse las Altas Fiestas, es natural comenzar con las grandes preguntas. Como: ¿Quién soy? ¿Qué hago con mi vida? ¿Por qué existe el mundo? ¡Dios no necesitaba crearlo!

Rosh Hashaná no sólo significa un “nuevo año” sino también una “nueva cabeza”. ¿Qué no daríamos por una nueva cabeza? Un nuevo enfoque para navegar el fantástico y misterioso cofre del tesoro que habitamos.

En el espíritu de la festividad, aquí hay una breve guía para tener una “nueva cabeza”.

Comencemos con una verdad simple pero profunda: la mente cree pero el alma sabe.

Tratemos de visualizar la diferencia.

Imagina un submarino inmerso en el agua, lejos de la claridad de la tierra seca. ¿Cómo ve el submarino más allá de sí mismo? Cuenta con un periscopio que sale de la parte superior del submarino, sube fuera de la superficie del agua y desde allí la gente que está en el submarino puede ver lo que ocurre en el exterior.

Lo mismo ocurre con nosotros. Nuestro cuerpo es el submarino. Estamos rodeados por un mundo en el cual Dios está oculto. En hebreo la palabra olam (mundo) tiene la misma raíz que neelam (oculto). Esto se debe a que Dios está oculto en este mundo.

Nuestra alma es como el periscopio. Ella trasciende el ocultamiento de este mundo y ve a Dios. En consecuencia, nuestra alma no tiene que creer, ella sabe con claridad y certeza que Dios existe.

La pregunta es: ¿Cómo puede la mente, que está impregnada por la confusión de este mundo, lograr el mismo nivel de claridad que tiene el alma y también llegar a saber?

Aquí hay un plan de tres pasos basado en la sabiduría de la Torá.

Primer paso: Ver

Observa cómo está escrito el Shemá en el libro de plegarias. Aquí hay algo profundo. La última letra en hebreo de la palabra Shemá (escucha/entiende) y la última letra de la palabra Ejad (Uno) tienen una tipografía de mayor tamaño. Nuestros Sabios enseñan que si unimos estas dos letras, ellas forman la palabra ed (testigo). Si las invertimos, forman la palabra da (sabe), como en el versículo: “Sabe ante Quién te encuentras”.

En otras palabras, si somos “testigos” (ed) de la forma maravillosa en que Dios interactúa con el mundo que nos rodea (eclipses, bebés, helados, cataratas, increíbles coincidencias y el internet, por nombrar algunas pocas cosas), entonces llegaremos a “saber” con certeza a Quién pertenece la totalidad de la creación.

Segundo paso: Hacer

Cuando aceptamos la Torá en el Monte Sinaí efectuamos una sorprendente declaración. Le dijimos a Dios: “Haremos y escucharemos”, en hebreo: naasé venishmá. Cuando Dios oyó esta declaración. Se maravilló y preguntó: “¿Quién les reveló el secreto de los ángeles?”.

¿Qué era tan remarcable? Con estas palabras, “haremos y escucharemos”, el pueblo judío se comprometió a hacer las mitzvot antes de saber de qué se trataban. El Rebe de Kotzk escribió que hacer primero y escuchar la explicación después se asemeja a subir una escalera. Primero hacemos la mitzvá. La santidad que resulta nos eleva a un nivel espiritual superior y de ese lugar con mayor claridad ahora podemos escuchar la Torá de una forma más profunda. (A propósito, en hebreo la palabra Sinaí y la palabra que significa escalera tienen el mismo valor numérico).

Este proceso se repite una y otra vez. Mientras más hacemos, mejor escuchamos, y en consecuencia alcanzamos niveles mayores de claridad espiritual. De esta forma, somos capaces de transformar la creencia de la mente en el conocimiento que el alma tiene de Dios.

No me parece que los dos primeros pasos puedan funcionar sin el tercero. Y es posible que el tercer paso funcione sin los dos primeros.

Tercer paso: Amar

El profeta Hoshaiá dice: “Te desposaré con fe y conocerás a Dios”. Todo el secreto de transformar la fe en conocimiento está en las primeras palabras: “te desposaré”.

Si nuestra fe surge de un lugar de amor, entonces llegaremos a conocer a Dios.

¡Huau!

El amor es la fórmula secreta. A través del amor pueden volverse uno. Todo lo demás desaparece. (A propósito, en hebreo las palabras “amor” y “uno” tienen el mismo valor numérico).

Sorprendentemente, en la Torá la primera palabra después del Shemá es Veahavta, ¡debes amar! Dios nos dice que si queremos revelar Su unicidad tenemos que amarlo con todo el corazón, con toda nuestra alma, con todo nuestro meodeja.

Meodeja suele traducirse como fuerzas o dinero, pero literalmente significa con todo tu “mucho” (meod). ¿Cómo servimos a Dios con “todo nuestro mucho”? Tomando el fuego de nuestro corazón, las cosas sobre las que sentimos con más fuerza en la vida, y utilizándolas para servir a Dios.

Se acerca Rosh Hashaná. ¡Nuestras nuevas cabezas están por llegar! Si deseamos el último modelo, uno en el cual nuestra mente tiene la misma claridad que nuestra alma, entonces es necesario ver, hacer y, sobre todo, amar.

Shaná Tová.

Según tomado de, http://www.aishlatino.com/h/rhyik/e/Una-breve-guia-para-una-nueva-cabeza.html?s=show

How America’s Jews Learned to Be Liberal

Today that idea has spread well beyond Reform Judaism. Arnold Eisen, chancellor of the Jewish Theological Seminary, the leading Conservative institution in the United States, has noted that the idea of Jews as a “chosen people” appears throughout the Bible and that Jews have embraced the message of later prophets that Jews are “the servant of mankind” and “a light unto the nations.”

For many American Jews, the prophetic and messianic role of the Jewish people themselves has become central to their faith. A Pew Research Center survey of American Jews found in 2013 that among the five million American Jews, most regarded “working for justice and equality” as a pillar of their Jewish identity.

It happens to be true that the phrase “tikkun olam” is a kind of modern neologism, derived from Jewish mysticism. But the idea of Judaism with a social conscience is rooted in a rich history of American Jews struggling to Americanize their faith while seeing their “chosen” status as an opportunity to “repair the world.”

Steven R. Weisman, the vice president for publications and communications at the Peterson Institute for International Economics, is the author of the forthcoming “The Chosen Wars: How Judaism Became an American Religion” and a former correspondent and editor at The Times.

As taken from, https://www.nytimes.com/2018/08/18/opinion/american-jews-israel-liberals.html?emc=edit_th_180820&nl=todaysheadlines&nlid=851744250820

Judge, priest, prophet, and king

Illustration of Moses leading the Children of Israel out of Egypt in the Kaufmann Haggadah, 14th century. (Wikimedia Commons)

Even Moses was replaceable, but it took 4 different models of leadership to cover his job.
Illustration of Moses leading the Children of Israel out of Egypt in the Kaufmann Haggadah, 14th century. (Wikimedia Commons)

Who is the Moses of our generation? Should we look for one? If so, where? This parsha discusses many different kinds of leadership, and suggests a surprising answer: leadership after Moses does not belong to a single person, but rather to different kinds of people, with different backgrounds and roles.

The book of Deuteronomy is the farewell speech by Moses to his people, and in it he needs to get them ready to live and thrive as a people after his death. In this parsha, Moses answers an important question for the people: who will lead them when he is gone? He does not answer it by naming a specific person, rather by describing kinds of leaders: judges, priests (and Levites), prophets and kings. All of these are potential leaders, and all have different functions.

The judge is described in Deuteronomy 16:18, at the beginning of the parasha:

You shall appoint magistrates and officials for your tribes, in all the settlements that the LORD your God is giving you, and they shall govern the people with due justice.  You shall not judge unfairly: you shall show no partiality; you shall not take bribes, for bribes blind the eyes of the discerning and upset the plea of the just.

The judge’s responsibility is to judge the people with just rulings. The judge must be impartial, and must not take bribes and must not recognize distinctions between people. The judge is chosen, it seems, based on virtues rather than lineage, and has the responsibility to not discriminate between people based on their lineages.

Deuteronomy 18:1-9 sets out another category of leaders: Priests and Levites.  The Levites are a designated tribe of Israel that does not recieve any land, which cuts them out of the agriculture-based biblical economic system. The role of the Priests and Levites (the passage discusses them both) is to act as God’s servants and attendants. They will be supported by a system of tithes, first fruits and portions of sacrificies, and they are all to share this support equally.

Some responsibilities are given to both categories jointly. In Deuteronomy 17:8-12, it states that when you have a question you are to ask it to the judge or the priest, so both of them are responsible for settling disputes.

A third kind of leadership is that of the prophet, in Deuteronomy 18:15-22. The prophet is the only kind of leader to be appointed directly by God, as it states in Deuteronomy 18:18:

I will raise up a prophet for them from among their own people, like yourself: I will put My words in his mouth and he will speak to them all that I command him;

Deuteronomy 18:21-22 gives the people a very straightforward test to determine if someone is a true prophet: they are to see whether or not the prophet prophesies things that then come to pass. So the prophet is appointed directly from God, but it is up to our own rationality and powers of observation to determine if the prophet is legitimate. The prophet has a particular kind of responsibility: to relay God’s word to the people.  The prophet must speak this word exactly, and nothing else.

God explicitly compares the leadership of the prophet to that of Moses, in verse 18, with the phrase, “like yourself.” The two other roles of judge and Levite also connect to the life of Moses. Moses is introduced in Exodus 2 as being a Levite, and in Exodus 18 we see Moses exhausting himself trying to be a judge of the entire people and then coming to realize that he needs deputies. Moses also is the resource for people to ask questions, like both the Levite and the judge.

There is a fouth kind of leadership that may or may not be optional, and that is the rulership of a king.  In Deuteronomy 17:14-15 it states:

If, after you have entered the land that the LORD your God has assigned to you, and taken possession of it and settled in it, you decide, ‘I will set a king over me, as do all the nations about me,’ you shall be free to set a king over yourself, one chosen by the LORD your God.

The language of this passage is ambiguous. Does it mean that you should appoint a king, or that you may do so if you choose? In Sanhedrin 20b there is a debate about this, with R. Yehuda and R. Yossi reading the passage as requiring a king and R. Nehorai reading the passage as allowing for the possibility of one. In any case, this is one form of leadership that seems not to have a direct parallel to the leadership of Moses. Nevertheless Deuteronomy 17:16-19 connects the king to Moses by giving the king two particular responsibilities: he is not to return the people to Egypt (and is not to have too many horses, which could lead to sending people to Egypt), and he is to write a Torah scroll. These two particular commandments to the king connect him to Moses, who led the people out of Egypt and was involved in the writing of the Torah.

Kingship, unlike judgeship and prophecy, but like priesthood, passes from the king to his descendants, as we see in Deuteronomy 17:20

to the end that he and his descendants may reign long in the midst of Israel.

In the end, we find that the role of Moses cannot be filled by any one particular kind of leader, but rather different kinds of leaders. These different leaders come from different parts of the population, have diffferent responsibilities, and are evaluated in different ways, and one does not seem to take precedence over the other. Moses leaves to the people a kind of leadership in which there are diverse forms of authority, and those holding each office may often disagree with one or more of the others.

While this parsha deals with different kinds of leaders for the nation of Israel, in Devarim Rabbah, we find an evocative statement about different kinds of leaders in the heavenly realm:

Reish Lakish says, [the angel] Michael is made completely of snow, and [the angel] Gabriel is made completely of fire, and they stand next to each other and do not damage each other.

Normally snow and fire would destroy each other: the fire would melt the snow and the snow would quench the fire. These competing natures of snow and fire may suggest different values,or differemt roles: Michael encourages God’s wrath, while Gabriel cools it. God creates peace between them and allows them to live together and to each have their role in God’s heaven.

We see then, in this parsaha, a model of society in which many kinds of leadership are welcome. No one can be fully like Moses, but no one has to be. There are many ways to be a leader, in this parsha and in Israel.

As taken from, https://blogs.timesofisrael.com/judge-priest-prophet-and-king/

La mujer que “destruyó” a cientos de bebés para salvar a sus madres de los nazis

Gisella Perl, prisionera en Auschwitz, interrumpió los embarazos de todas sus compañeras que esperaban un hijo al descubrir que eran lanzadas vivas al crematorio.

Cinco mujeres judías posan con sus bebés tras la liberación del campo de Dachau (Alemania), en 1945 / En vídeo, la historia de la prisionera ginecóloga de Auschwitz, Gisella Perl (QUALITY-REUTERS) USHMM
Manuel Ansede

Es una escena casi inconcebible. En los barracones sin agua que servían para defecar en el mayor centro de exterminio nazi, los judíos se citaban para tener sexo, rodeados de excrementos y del olor a carne quemada que salía por las chimeneas de los crematorios. “La letrina funcionaba como un picadero. Allí era donde las prisioneras y los prisioneros se encontraban para tener relaciones sexuales furtivas y sin alegría, en las que el cuerpo se utilizaba como una mercancía con la que pagar los productos que tanto se necesitaban y que los hombres eran capaces de robar de los almacenes”, recordó la ginecóloga rumana Gisella Perl en su libro Yo fui una doctora en Auschwitz, publicado en 1948.

“La letrina de Auschwitz funcionaba como un picadero. Allí era donde las prisioneras y los prisioneros se encontraban para tener relaciones sexuales”, escribió Gisella Perl

No solo era una forma de prostitución desesperada. También existía una lujuria inaplacable en el lugar menos imaginable. “El nitrato de potasio que echaban a nuestra comida no era suficiente como para matar el deseo sexual”, escribió Perl. “No teníamos menstruación, pero esto era más una consecuencia del trauma psicológico provocado por las circunstancias en las que vivíamos que por el nitrato de potasio. El deseo sexual todavía era uno de los instintos más fuertes”, explicaba. Era el peor sitio para hacerlo, pero algunas mujeres se quedaron embarazadas en Auschwitz y otras muchas llegaron ya preñadas de los guetos.

Dos historiadores del Holocausto rescatan ahora la “dramática” historia de Gisella Perl en un artículo publicado en la revista médica israelí Rambam Maimonides Medical Journal. Perl, que había nacido en 1907 en Sighetu Marmatiei, en Transilvania, trabajaba como ginecóloga cuando las tropas de Adolf Hitler invadieron el norte de Rumanía en 1944. En apenas cinco días de mayo, los nazis deportaron a Auschwitz, en la actual Polonia, a los 14.000 judíos que vivían en el pueblo y sus alrededores. La mayoría de ellos fueron gaseados al llegar. La propia Perl, capturada junto a su marido y su hijo, no volvió a ver a su familia.

Gisella Perl, tras la Segunda Guerra Mundial.
Gisella Perl, tras la Segunda Guerra Mundial.

La ginecóloga superó esa primera criba letal. En el campo, su profesión le ayudaría a salvar su vida, al recibir el encargo del médico nazi Josef Mengele de reanimar a las mujeres judías a las que se extraía sangre a la fuerza para los soldados heridos en el frente. “La rassenschande, la contaminación con sangre judía inferior, fue olvidada. Éramos demasiado inferiores como para vivir, pero sí servíamos para mantener al Ejército alemán vivo con nuestra sangre”, anotó en 1948. Perl salvó su vida y, posiblemente, la de cientos de mujeres, como recuerdan los dos historiadores, el israelí George M. Weisz, de la Universidad de Nueva Inglaterra, y el alemán Konrad Kwiet, del Museo Judío de Sídney, ambos en Australia.

El 6 de octubre de 1943, el dirigente nazi Heinrich Himmler había informado del exterminio judío en marcha a una selecta audiencia de potentados y altos mandos militares en el Ayuntamiento de la ciudad polaca de Poznan. “No me parece justificable exterminar a los hombres […] y dejar que sus niños crezcan y se venguen de nuestros hijos y nietos”, proclamó Himmler. Los nazis asesinaron a seis millones de judíos. Un millón y medio de ellos eran niños.

“Incluso si eran capaces de trabajar, las mujeres embarazadas eran llevadas a las cámaras de gas nada más llegar [a los campos de concentración]. Si conseguían ocultar sus embarazos, sus bebés recién nacidos eran asesinados con una inyección letal o ahogándolos”, explican Weisz y Kwiet.

Mujeres y niños judíos seleccionados para morir caminan hacia la cámara de gas en Auschwitz, en 1944.
Mujeres y niños judíos seleccionados para morir caminan hacia la cámara de gas en Auschwitz, en 1944. USHMM

Al llegar a Auschwitz, sin embargo, los jefes de las SS se dirigían a las mujeres judías y pedían que las embarazadas diesen un paso al frente, bajo la promesa de una doble ración de pan y leche en un lugar reservado para las futuras madres. En Yo fui una doctora en Auschwitz, Perl recuerda el día de 1944 en que, mientras cumplía un encargo cerca del crematorio, descubrió que aquello era una horrenda farsa. Con sus propios ojos vio que las mujeres embarazadas “eran apaleadas con porras y fustas, destrozadas por perros, arrastradas por los pelos y golpeadas en el estómago con las pesadas botas alemanas. Entonces, cuando se desplomaban, eran arrojadas al crematorio. Vivas”.

Perl llegó a estrangular a un bebé de tres días tras darle un beso de despedida

Perl se quedó paralizada, incapaz de gritar o huir. “Pero, poco a poco, el horror se convirtió en un sentimiento de rebelión que me sacó de mi letargo y me dio un nuevo incentivo para vivir. Yo debía permanecer con vida. Dependía de mí salvar a todas las mujeres embarazadas […] de su destino infernal. Dependía de mí salvar la vida de las madres, si no había otra manera, destruyendo la vida de sus niños no nacidos”, relató.

La ginecóloga se puso enseguida manos a la obra. En las noches sin Luna, mientras todo el mundo dormía, ayudaba a las embarazadas a parir o a abortar, sin una gota de agua y de rodillas sobre el suelo sucio y lleno de excrementos de los barracones. “Ayudé a dar a luz a mujeres en su octavo, séptimo, sexto o quinto mes de embarazo, siempre de manera apresurada, siempre con mis cinco dedos, en la oscuridad, en condiciones terribles. Nadie entenderá jamás lo que significó para mí destruir a esos niños”, narraba en su autobiografía. Perl, según contó ella misma, llegó a estrangular a un bebé de tres días tras darle un beso de despedida.

Mujeres en un barracón de Auschwitz, el 27 de enero de 1945, día de la liberación.
Mujeres en un barracón de Auschwitz, el 27 de enero de 1945, día de la liberación. USHMM

La prisionera ginecóloga ayudó a cientos de mujeres a interrumpir sus embarazos. “El mayor crimen que se podía cometer en Auschwitz era estar embarazada”, afirmó en 1982 en una entrevista para The New York Times. Mengele, el llamado Ángel de la Muerte, había encargado a Perl que le informara de cualquier mujer embarazada que hubiera en el campo. “Me enteré de que todas eran enviadas al edificio de investigación para ser usadas como cobayas. Y, después, dos vidas eran lanzadas al crematorio. Decidí que nunca más habría una mujer embarazada en Auschwitz”, rememoró.

Tras sobrevivir a Auschwitz, la ginecóloga ayudó a nacer, de verdad, a más de 3.000 bebés

En enero de 1945, cuando el Ejército soviético se aproximaba, las SS comenzaron a evacuar el campo de concentración. Unos 60.000 prisioneros fueron obligados a emprender una marcha de la muerte hacia el oeste, en medio del invierno. Más de 15.000 murieron, de frío o a tiros, pero Perl no estaba entre ellos. La ginecóloga había sido llevada a otro campo cerca de Hamburgo y, poco después, a Bergen-Belsen, también en Alemania. Allí, en marzo de 1945, la hoy célebre niña Ana Frank murió de tifus, apenas un mes antes de la liberación del campo. Gisella Perl sí vivió para ver entrar a las triunfantes tropas británicas. Según contó, en ese momento estaba ayudando a dar a luz a una mujer. Fue el primer niño judío nacido en libertad en Bergen-Belsen, el lugar que representó “la suprema culminación del sadismo y la bestialidad alemanes”, en palabras de Perl.

En 1947, tras enterarse de que toda su familia había sido asesinada, excepto una hija que pudo quedarse en Rumanía, la ginecóloga intentó suicidarse, sin éxito. Finalmente, emigró a Nueva York. Allí, en EE UU, Perl no fue recibida como una heroína, sino como una sospechosa de crímenes de guerra. “Gisella fue acusada de colaborar con Mengele, lo que, en mi opinión, es una tontería, porque cualquiera que trabajara en el hospital para los presos podría ser acusado”, opina Weisz desde Sídney. El testimonio de Perl, sin embargo, coincidía con los de otros supervivientes. La voz de la ginecóloga fue crucial para condenar a un médico nazi en los juicios de Auschwitz, según subrayan los historiadores.

Ya con su reputación limpia, la doctora se convirtió en una experta en infertilidad en el Hospital Monte Sinaí de Nueva York. El 16 de diciembre de 1988, Perl murió a los 81 años en la ciudad israelí de Herzliya, adonde se había mudado para vivir con su hija. Tras sobrevivir a Auschwitz, la ginecóloga ayudó a nacer, de verdad, a más de 3.000 bebés.

Según tomado de, https://elpais.com/elpais/2018/08/16/ciencia/1534433283_583698.html

The Sanhedrin: The Jewish Court System

“Appoint judges and enforcement officers in all your gates.”—Deuteronomy 16:18

The Torah enjoins us to appoint judges, as well as officers who enforce their rulings. But how are these judges appointed and what is their jurisdiction? Let’s explore the Jewish court system, from the ancient Sanhedrin to modern-day rabbinical courts.

Supreme Court: The Great Sanhedrin of 71 Members

The Jewish supreme court was called the Sanhedrin (“Council”) or Sanhedrin ha-Gadol (“the Great Council”) and consisted of 71 rabbis.

Why 71? G‑d told Moses, “Gather for Me 70 men from the elders of Israel.” Moses presided over them, as the verse continues, “And they shall stand there with you.”1 Thus, the 70 judges plus Moses equals 71.

Once Moses passed away, the judge with the greatest knowledge was appointed in his stead. Called the nasi, he would sit at the head of the court. To his right sat the av bet din (patron of the court), the second greatest judge, who was appointed as the nasi’s assistant. The remaining 69 would sit before them, arranged according to age and stature. The wiser the judge, the closer he would be seated to the nasi.2

The Sanhedrin was always located close to the Tabernacle or the Temple. In Moses’ time it was near the entrance to the Tabernacle; in later times it was seated in a special chamber in the Temple compound. Toward the end of the Second Temple era, it convened in other locations in the Holy Land and continued to function in an ever-decreasing capacity until approximately the 5th century.

The Sanhedrin’s Function

Any laws and takanot (decrees) issued by the Sanhedrin were binding on the entire Jewish nation. Although lower courts consisting of 23 judges could try capital cases, only the Sanhedrin had authority over cases involving the king, capital crimes committed by the high priest, or crimes committed by an entire tribe or city.

Powers exclusive to the high court also included:3

  • Crowning a king.
  • Authorizing “voluntary” wars (milchemet hareshut), such as wars for the sake of expanding the country’s borders.
  • Expanding holy sites, such as Jerusalem and the courtyard of the Holy Temple.
  • Appointing lesser courts of 23 judges.

Additionally, since the Sanhedrin was required to hear all testimony directly, rather than through an interpreter, it was preferable that its members be familiar with every language spoken by Jews around the world. When a foreign language was used in testimony, the Sanhedrin had to have at least two members who spoke that language to examine the witnesses, and a third member who at least understood the language.4

Unlike modern-day supreme courts, the Sanhedrin was not an “appeals court” in the sense that a litigant could appeal a verdict. However, if a lower court was unsure of how to rule, it could refer the case to a higher court.

Lesser Sanhedrin: 23 Members

There were also lesser sanhedrins that consisted of 23 judges, the minimum amount of judges required to try capital cases.5 (Interestingly, even the case of an animal that was liable to be put to death had to be judged by such a court, unless of course there was immediate danger.6)

In addition to the two lesser sanhedrins located at the entrances to the Temple courtyard and the Temple Mount respectively, every sizeable city, as well as every tribe, had its own lesser sanhedrin.7

Standard Rabbinical Court: Three Judges

An ordinary tribunal consisted of three judges8 and had the power to adjudicate monetary issues as well as cases involving corporal punishments. They could not, however, judge any case that could even potentially evolve into a case of capital punishment.9

Qualifications for Judges

Every judge was required to have the following seven attributes: wisdom, humility, awe of heaven, a loathing for money (even his own), a love for truth, the love of the people at large, and a good reputation.

In addition, to be appointed to the greater or lesser sanhedrin, one had to have achieved distinction in Torah knowledge and possess some knowledge of intellectual disciplines such as medicine, mathematics, calendar, astronomy, astrology and the teachings of idolatry, so that he would know how to judge cases concerning those fields. He could not be too old or childless when appointed, since someone with a family is more likely to be sympathetic and merciful. Members of the sanhedrin could be kohanim, Levites, or Israelites of fine pedigree.

In order for any court to be able to rule on capital or corporal cases, or even just punitive damages, its judges had to have semichah (rabbinic ordination passed down from Moses, not the ordination used today. For more on that, see A Brief History of Rabbinic Ordination).10 A non-ordained court, which is what contemporary rabbinical courts are, can adjudicate monetary disputes by ruling that one must compensate another for financial loss, but it cannot hold one liable for Torah-mandated fines (such as having a thief pay double).11

Appointments to the Great Sanhedrin

According to Don Yitzchak Abarbanel, in the times of the Jewish kings, members of the Sanhedrin were chosen by the king. In later times, the nasi, in consultation with the rest of the court, would fill vacancies as they arose. When a nasi would die, the members of the court would choose someone from among themselves to replace him.12

Appointments to the Lesser Courts

Maimonides quotes the Talmudic teaching that the high court would send emissaries throughout the entire land of Israel to seek out judges.13 Whenever they found a person who possessed the seven attributes outlined above, they would install him as a judge in his own city. From there, they would promote him as needed to the court that held sessions at the entrance to the Temple Mount. Then he would be promoted to the court that held sessions at the entrance to the Temple courtyard, and then to the Great Sanhedrin.14

According to Abarbanel, the people of each tribe and city would choose judges from among themselves who would sit on their lower courts, including the courts of 23 judges. Interestingly, he says that the real reason there were two courts in the Temple area was that Jerusalem was divided between the tribes of Judah and Benjamin, and each tribe would get its own court.15

The commonly accepted view follows Maimonides.

Contemporary Rabbinical Courts

Contemporary communities have different mechanisms for appointing rabbinical judges. Some cities have a board, which may include rabbis of various synagogues, that elects the members of their rabbinical court. Other communities have community-wide elections.

Additionally, many times an ad hoc court can be formed to arbitrate a specific dispute. Each party chooses one rabbi whom he or she believes to be trustworthy, and then the two rabbis together choose a third rabbi to join them. This is known as a zabla, which is an acronym for the Hebrew words zeh borer lo echad, “this one chooses one for himself [and this one chooses one for himself].” Before the arbitration begins, each party agrees to abide by the ruling of the court, which is fully binding on both parties.

Today, without the Sanhedrin, we don’t have the same uniformity in Jewish law as we had in ancient times, and there is more room for disputes. Thus, we include in our prayers three times a day, “Restore our judges as in former times . . .” May it be speedily in our days!

Footnotes
1. Numbers 11:16.
2. Mishneh Torah, Hilchot Sanhedrin 1:3.
3. Talmud, Sanhedrin 2a.
4. These three members then constituted a minor court (beit din) of three, who could report the testimony to the entire body. Once testimony was accepted by a minor court, it was no longer considered secondhand testimony. See Talmud, Sanhedrin 17b, and commentaries ad loc.
5. Although the number 23 is based on the Oral Tradition, there is an allusion to it in the Torah. Numbers 35:24–25 states: “The congregation shall judge . . . and the congregation shall save . . .” Implied is that there must be the possibility of a congregation “judging”—condemning one to death—and a congregation “saving”—seeking his acquittal. Now, a congregation is no less than ten. Thus, there are at least 20 judges. We add three judges so that there not be an equally balanced court, and to allow the possibility of “following after the inclination of the majority.” See Mishneh Torah, Hilchot Sanhedrin 5:3.
6. See Mishneh Torah, Hilchot Sanhedrin 5:2.
7. Mishneh Torah, Hilchot Sanhedrin 5:2.
8. For certain purposes, such as declaring a new month or establishing a leap year, specially formed courts of other sizes would meet.
9. See Mishneh Torah, Hilchot Sanhedrin 5:3.
10. See Mishneh Torah, Hilchot Sanhedrin 4:1. Although some editions read that only one member of the court needs to be ordained, it would seem that the correct reading, as is found in older manuscripts, is that all members need to be ordained. In fact, Maimonides himself states this in his commentary to the Mishnah, Sanhedrin 1:3.
11. See Mishneh Torah, Hilchot Sanhedrin 5:9.
12. See Abarbanel, Deuteronomy 16:18.
13. Sanhedrin 88b.
14. Mishneh Torah, Hilchot Sanhedrin 2:8.
15. See Abarbanel, Deuteronomy 16:18.

Distinguiendo tu derecha de tu izquierda

Pirkei Avot comienza resumiendo la filosofía educacional del judaísmo con la declaración: “Erige muchos alumnos”. La mishná no dice ‘enseña’, tampoco ‘inspira’; dice ‘erige’, enfatizando que nuestro objetivo principal al educar a nuestros estudiantes y nuestros hijos es hacerlos independientes. Nuestro rol como padres y maestros es educar jóvenes que puedan pensar por sí mismos.

Nuestros sabios nos dicen que Raba, cuando ponía a prueba a Abaye, enseñaba a propósito algo incorrecto o ilógico para asegurarse de que él no aceptara todo lo que le enseñaba sin antes examinarlo críticamente (Brajot 33b).

Si no pensamos por nosotros mismos, seremos siempre una mente en blanco condicionada por la sociedad, y nuestros valores y condiciones serán un mero accidente de nacimiento. Usar la mente para evaluar y pensar críticamente es una parte esencial del desarrollo del individuo; es el motor para crear nuestro ser único y verdadero.

Rav Kalónimus Kalman Shapira, el Rebe de Piaseczna, que murió en el Holocausto, describió este punto en Para curar el alma, su diario personal:

Debe haber una persona que pueda pararse por sí misma, que pueda decidir lo que quiere para sí. Si no hay tal persona, si sólo hay una multitud, no puede haber libre albedrío ni voluntad personal. ¿Porque quién decidirá si, más allá de la multitud, no hay absolutamente nadie?

¿Eres alguien que puede erguirse por sí mismo, o eres sólo un miembro más de la especie humana? El hombre no puede permanecer preso de las reglas sociales, de las costumbres culturales ni del pensamiento aceptado, sin la capacidad de ver más allá de ellos; debe tener una mente independiente. Sin esto, no sólo no es un judío; ni siquiera es una persona.

Sin embargo, la parashá de esta semana pareciera contradecir el valor de ser un pensador independiente. El pasuk dice: “De acuerdo a la enseñanza que te enseñen y de acuerdo al juicio que te digan harás, no te desviarás de la palabra que te digan, ni a la derecha ni a la izquierda” (Devarim 17:11).

Rashi (Devarim 17:24), citando al Sifrí, explica: “[Debes escucharlos] incluso si los jueces te dicen que la izquierda es la derecha y que la derecha es la izquierda. ¡Cuánto más aún si te dicen que la derecha es la derecha y la izquierda es la izquierda!”. Nuestros sabios parecieran instruirnos a ignorar nuestra propia opinión y aceptar la perspectiva del rabino, incluso si nos pareciera absolutamente ilógica. ¿Qué pasó con la importancia del pensamiento independiente?

Para complicar las cosas aún más, el Talmud (Horaiot 2b) habla sobre un caso en que se espera que un sabio se oponga a lo que considera una legislación equivocada del Sanhedrín HaGadol, y que siga firme en su posición. El caso es sobre un pedazo de jélev, ‘grasa prohibida’, que el Sanhedrín HaGadol confunde con shumán, ‘grasa permitida’. Si un miembro del Sanhedrín comiera la grasa, sabiendo que sus colegas dieron la legislación equivocada, estaría obligado a traer un korbán ‘ofrenda’ por transgredir inadvertidamente al comer la grasa no kósher.

La pregunta es: ¿por qué se considera que esta acción es inadvertida, siendo que este juez sabe que, según su opinión, está comiendo grasa no kósher?

La Guemará responde que es porque pensó equivocadamente que la obligación de ‘conforme a la enseñanza que te enseñen…’ aplica incluso en ese caso. Pero no aplica. El sabio que reconoce que el Sanhedrín HaGadol se equivocó, tiene que apegarse a su posición y no seguir su legislación.

Esta Guemará pareciera contradecir la declaración de nuestros sabios en nuestra parashá, respecto a la obligación de obedecer a nuestros líderes incluso si nos dicen que “la derecha es izquierda y la izquierda es derecha”. ¿Cómo conciliamos estas dos fuentes?

Hecho vs. juicio

La resolución yace en la naturaleza diferente de los fallos en cuestión.

Nuestra parashá se refiere a las decisiones basadas en un juicio o en sebará. En casos que requieren deliberación lógica y razonamiento, debemos someternos a nuestros sabios, que saben mucho más que nosotros sobre estos temas y su razonamiento es mucho más cercano a la Torá que el nuestro. Una alusión a esto es que nuestros sabios ilustran la necesidad de aceptar su fallo con el ejemplo de llamarle a tu mano derecha tu mano izquierda y viceversa, porque si algo está a la derecha o a la izquierda depende de la perspectiva.

En contraste, en el caso de la Guemará sobre la grasa kósher y la no kósher hay que determinar un hecho objetivo. En una situación tal, podemos conocer los hechos a pesar de tener menos instrucción que nuestros sabios. Por lo tanto, estamos obligados a apegarnos a lo que sabemos, incluso si esto contradijera la opinión de nuestro rabino (1).

Rav Itzjak Hutner, Rosh Ieshivá de Rav Weinberg en Ieshivat Jaim Berlín, se negaba a responderle a un estudiante a menos que éste ofreciera primero una opinión. Rav Hutner estaba imbuyendo una enseñanza fundamental sobre la importancia de desarrollar independencia intelectual. Entrenó a sus talmidim para que primero se esforzaran, analizaran el tema y arribaran a sus propias conclusiones. Sólo después ofrecía sus preciadas palabras de Torá. Rav Weinberg adoptó este mismo enfoque con sus propios alumnos.

Tienes la obligación de tener deá, una ‘opinión educada’, y, al mismo tiempo, de tener la humildad para subyugarte a quienes poseen un entendimiento muy superior al tuyo. Sin embargo, subyugar tu dáat no significa no tener una opinión, sino elegir abandonarla porque reconoces que no eres un experto en el área y que tu perspectiva no tiene, ni cerca, la pureza y la base de Torá que tiene la opinión detallada de un talmid jajam.

Llegar a este balance asegura que haya liderazgo, que exista el respeto adecuado por los talmidei jajamim y que todo individuo sea alentado a desarrollar su independencia y singularidad.


Notas:

(1) Ver Ketubot 57a. Rashi s.v. Ha Kamashmalán, donde explica que, en disputas que involucran razonamiento, podemos aplicar la expresión: “Esas y esas son las palabras del Dios viviente”, implicando que ambas perspectivas expresan la verdad, a pesar de estar en conflicto, dado que argumentos lógicos diferentes pueden ser apropiados en momentos diferentes. Pero, respecto a hechos, en una disputa un lado debe estar equivocado. Ver también el Béer Sheva en Horaiot 2b, quien da una respuesta similar.

Según tomado de, http://www.aishlatino.com/tp/s/sabiduria-para-la-vida/Distinguiendo-tu-derecha-de-tu-izquierda.html?s=mpw