¿Cuál es el significado más profundo de Sucot?

por, Diego Edelberg

Es una genialidad del calendario judío que la primera festividad que continúa al comienzo de un nuevo año luego de la purgación de Rosh Hashana y Iom Kipur sea Sucot. Si bien Sucot tiene diferentes significados hay uno fundamental que atraviesa su enseñanza más profunda: nada es para siempre. El techo que cubre la Suca se llama en hebreo sjaj y debe estar hecho con ramas cortadas de la raíz que sabemos van a morir muy pronto por eso. Ni que hablar que toda la Suca misma es una estructura que no puede ser creada para durar eternamente. En palabras más simples, Sucot es la celebración de lo efímero, aquello que dura poco y que muy pronto pasará.

La bendición de la adultez

El aprendizaje de valorar lo efímero surge incluso en una historia que gira en torno al rey Salomón (el más sabio de todos según nuestra tradición) de quien leemos incluso Kohelet (el Eclesiastés) en estos días. La historia dice que el rey Salomón quería un objeto que le hiciera sentir mejor cuando las cosas estaban mal y ese mismo objeto le hiciera apreciar el momento si es que estaba viviendo algo bueno. Así fue que le hicieron un anillo que decía gam zeh yaabor, esto también pasará.

Si hay algo que podemos decir con certeza es que lo único constante en la vida es el cambio. ¿Cuantas veces escuchamos “este es el momento más importante…, es el principio…, el final…, el cataclismo…, o después de esto…” para luego descubrir que hay incontables momentos importantes, principios, finales, cataclismos y despuéses? Sabiendo esto tenemos una tendencia natural extraña a pensar que así no funciona el mundo sino al revés de lo que la vida misma enseña. Nos convencemos que hay cosas permanentes y hay finales. Pero en el fondo sabemos que eso nunca será así porque nunca lo ha sido.

La conciencia que nada se mantiene igual es una de las bendiciones de ser adulto. Cuando uno ve a un niño que le pasa algo malo uno nota que como aún no ha vivido lo suficiente no posee aún la conciencia que su estadio actual va a cambiar. Nosotros los adultos enfrentamos a lo largo de la vida distintos problemas que son como una galaxia llena de planetas diferentes. Hay algunos planetas tan grande que su fuerza gravitacional hace que orbitemos en ellos como un satélite durante mucho tiempo, quizás años. De hecho, cuando estamos en un momento oscuro o en un callejón momentáneo sin salida lo único que sentimos es que estamos orbitando en ese planeta y ese problema es lo único que vemos. Pero sabemos que tarde o temprano aparecerá un nuevo planeta (un nuevo problema) que no conocíamos en nuestro propio sistema solar y comenzaremos a orbitar hacia ese lado llevados por una fuerza de gravedad más grande. En esta galaxia los planetas no desaparecen. Los planetas/problemas permanecen allí por años luz pero la fuerza gravitacional hace que no estemos todo el tiempo orbitando allí sino que seamos satélites de varios planetas (es decir varios problemas) diferentes a lo largo de la vida. Como adultos podemos recordarnos que no importa lo mal que estamos, sabemos que tarde o temprano lo que estamos viviendo también pasará.

La Sabiduría más profunda

A medida que crecemos la sabiduría de Sucot se convierte en la sabiduría de la vida y por eso leemos Kohelet. Confieso que Kohelet fue uno de esos pocos libros que leí cuando era adolescente y me deprimió terriblemente. Pensé, qué tipo tan depresivo y fatalista el autor de esta obra. “Vanidad de vanidades, todo es vanidad…” Y desde entonces me pregunté para qué hacer algo si todo será para nada. Curiosamente hoy no hay pasaje que contenga más sabiduría que aquél que me recuerda que hay un tiempo para todo en la vida. Es por eso mismo que disfruto tanto la vida y proyecto en plazos cortos y largos al mismo tiempo.

De todas formas comprendo lo difícil que es esta sabiduría judía pero lo imprescindible y necesaria que resulta para la vida. Es difícil porque cuando nos sucede algo malo nos resulta imposible pensar que en unos años ya no pensaremos en esto que está consumiendo hoy todo nuestro ancho de banda. Y es imprescindible justamente porque nos recuerda que todo tiene su tiempo bajo el sol y que tanto la alegría como el dolor que estamos atravesando en este momento no será para siempre. Muy pronto pasará. La alegría dará paso a momentos más tristes y la tristeza dará espacio para momentos alegres. Todo cambia. Nada se mantiene siempre igual.

La próxima vez que estén desesperados y no vean la salida hagan un pequeño ejercicio: respiren hondo y díganse, “Diego me dijo que esto también iba pasar”. Se los aseguro. Nos encontramos en un período hermoso de nuestro calendario para contar nuestras bendiciones, todo lo bueno que sí tenemos y recordar que lo difícil que estamos viviendo gam zeh yaabor –como decía el anillo de Salomón- “también pasará”.

¡Jag Sameaj!

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