Los cuatro temperamentos de los niños/as

Los cuatro temperamentos de los niños
por Adina Soclof

Cómo motivar a tu hijo de acuerdo con su personalidad.


“A menudo los padres interpretan el comportamiento de su hijo como rebelde, cuando en verdad el niño sólo se comporta de acuerdo con su naturaleza… Uno de los regalos más generosos que puedes hacer a tu hijo es estudiar su temperamento y una vez que lo has entendido, trabajar para aceptarlo”. Wendy Mogel, Blessing of a Skinned Knee

Podemos describir de muchas maneras la personalidad y el temperamento de nuestros hijos: divertido, social, intenso, tímido, un ratón de biblioteca, etcétera. La personalidad se define como la totalidad de las actitudes, patrones de comportamiento, respuestas emocionales, roles sociales y otras cualidades individuales que son innatas, hacia las que hay cierta predisposición y que se mantienen durante un largo período de tiempo.

El temperamento es el estilo natural y preferido en que respondemos al mundo.

Siempre dudo antes de colocar etiquetas a los niños, sin embargo entender la personalidad y el temperamento del niño sólo puede ser beneficioso. Las diferencias de personalidad y temperamento impactan el comportamiento del niño de muchas formas. Por ejemplo, tomemos el caso de un niño al que “le lleva tiempo entrar en calor”. Ese niño no es grosero si se niega a dar un beso a los parientes que llegaron de otra ciudad, sólo necesita un poco de tiempo para acostumbrarse a ellos.

Cuando entendemos la personalidad y el temperamento de nuestro hijo, nos podemos comunicar mejor con él y lo entendemos con mayor profundidad. Podemos tratar de adaptarnos a sus necesidades singulares e individuales. Eso hará su vida y la nuestra más sencilla.

Por lo tanto, cuando estamos con un niño al que “le lleva tiempo entrar en calor”, en vez de sentirnos frustrados y molestos con él, entenderemos que necesita tiempo para acostumbrarse a la nueva situación. Entonces es más probable que lo preparemos antes y que nos mantengamos cerca hasta que se sienta más cómodo y asegurarle: “Ahora no te sientes cómodo, pero en unos minutos lo estarás”.

En su libro Las cuatro tendencias, Gretchen Rubin lleva esta idea todavía más lejos. Ella creó un marco que describe cómo responde la gente a las expectativas internas y externas.

Está el favorecedor, el cuestionador, el complaciente y el rebelde. Ella asegura que tu tendencia da forma a cada aspecto de tu comportamiento. Si entiendes tu tendencia entonces serás capaz de tomar mejores decisiones, de trabajar con mayor efectividad para reducir tu estrés y, lo más importante, crear buenos hábitos y lograr tus objetivos. Conocer tu tendencia te ayuda a entender por qué actúas en dirección a un objetivo y por qué no puedes hacerlo.

1. El favorecedor responde a las expectativas internas y externas. Ama las reglas, tener un plan claro y se motiva y disciplina a sí mismo. Dile claramente lo que hay que hacer y liderará el camino.

2. El cuestionador responde a sus propias expectativas pero se resiste a las externas. Necesita ver el propósito y la razón de todo lo que hace. Es importante aclararle por qué quieres lo que quieres de él.

3. El complaciente responde fácilmente a las expectativas de los demás pero lucha con las propias. Para hacer algo debe rendir cuentas a un amigo, a un entrenador o a un jefe. Florecen cuando tienen un sentido del deber y pueden trabajar en equipo.

4. El rebelde desafía tanto las expectativas internas como las externas. Sobre todo desea ser libre para elegir y expresar su propia individualidad. Dale lo hechos, presenta la tarea como un desafío y déjalo decidir sin presión.

Es importante que los padres conozcan esta información. Gran parte de lo que hacemos como padres involucra la forma en que motivamos a nuestros hijos (por ejemplo, lograr que se levanten de la cama por la mañana, que hagan sus tareas), disciplinarlos (dar consecuencias cuando no hacen lo esperado) y ayudarlos a desarrollarse y lograr sus objetivos (elegir un tema para su proyecto de historia, elegir un campamento de verano o una universidad). Entender cómo el niño responde a las expectativas, si es un favorecedor, cuestionador, complaciente o rebelde, puede ser una herramienta muy valiosa. Rubin sugiere que las estrategias paternales deben considerar la tendencia del niño o deben “hablar” a los valores de su tendencia.

Funciona de esta manera:

Favorecedores

Si tu hijo es un favorecedor, es bastante fácil educarlo. También los maestros aman a los favorecedores. Tienen automotivación y desean cumplir con las expectativas, Por lo general son responsables con sus deberes escolares y sus tareas hogareñas, tienen a mano todos sus útiles escolares y llegan a tiempo. Sin embargo, no son relajados ni espontáneos y pueden ser inflexibles. Les cuestan los cambios de planes, las transiciones y enfrentar situaciones en las que las reglas no están claras.

Rubin alienta a los padres de los favorecedores a que al enfrentar su férrea necesidad de seguir las reglas les expliquen: “Tu maestra espera que leas 30 minutos cada noche, pero como fuimos a visitar a la abuela cuando regresemos a casa ya será muy tarde. Dormir bien te permitirá estar atento mañana en clase y eso es más importante que leer esta noche”.

Con los favorecedores “estos argumentos funcionan mejor que decirles ‘tú te lo mereces’ o ‘la maestra no sabrá que hoy no leíste’”.

Cuestionadores

Los cuestionadores son los niños que constantemente piden explicaciones de por qué tienen que hacer lo que están haciendo. A menudo los retan por ser irrespetuoso y son acusados de desafiar la autoridad, cuando en realidad son intensamente curiosos. Sólo harán las cosas si les ven sentido. Necesitan razones lógicas para cumplir cualquier demanda que les hagan. “Poner ahora la mesa ayuda a que la cena se sirva más rápido. Todos tendrán los utensilios que precisan y podremos sentarnos cómodamente y disfrutar la cena”.

La mayoría de los niños no responden bien a la típica respuesta paterna de “porque lo digo yo”, “siempre lo hicimos de esta manera”, “eso es lo que tienes que hacer” o “estas son las reglas”. Sin embargo, a los cuestionadores (y a los rebeldes) les resulta particularmente difícil con estas frases.

Muchos maestros valoran a los cuestionadores porque mantienen activas las discusiones en la clase, pero también sienten que disminuyen el ritmo con sus preguntas constantes y también pueden sentir que no son respetuosos.

Rubin señala que a los “cuestionadores les cuesta la escuela porque se resisten a hacer tareas académicas mundanas que para ellos no tienen sentido. Ayuda si… los padres pueden dar justificativos razonables por los que deben completar sus tareas. Si un alumno cuestionador pregunta: ‘¿Por qué necesito saber sobre la antigua Mesopotamia? ¡Eso nunca me va a servir de nada’, el maestro puede responderle de forma poco útil: ¡eso es lo que estudiamos ahora, así que debes completar el programa’. O de forma más acertada: ‘Es cierto que estás estudiando sobre la Mesopotamia, pero esta tarea te enseña mucho más. Estás aprendiendo cómo analizar rápidamente un material complejo; cómo sacar las ideas esenciales de un texto, cómo tomar notas de forma eficaz y cómo explicar ideas con tus propias palabras. Estas son habilidades importantes que te servirán en la vida’”.

Complacientes

Por lo general es fácil relacionarse con los niños complacientes porque les gusta complacer a los adultos de sus vidas. Sin embargo, precisan medidas externas de control. Los padres necesitan ayudarlos a encontrar un sistema externo que les permita reforzar las expectativas. Les cuesta hacer los deberes escolares, practicar piano o hacer sus labores domésticas si alguien no les recuerda su responsabilidad.

Aunque puede ser frustrante para los padres, estos niños precisan amables recordatorios. Las tablas de incentivos funcionan muy bien con estos niños. Es fundamental el reforzamiento positivo: “Me ayudaste mucho cuando ordenaste todos los juguetes en el cuarto de juegos”.

A los niños complacientes les ayudan las metáforas deportivas: “El equipo Cohen se prepara para el paseo. ¡Vamos a llevar los bolsos al auto!”. “Nuestra familia trabaja junta. ¡Somos un gran equipo!”

Es importante asegurarnos de que los niños complacientes no trabajen demasiado para complacer a los demás. Fácilmente se sienten abrumados y pueden perder de vista lo que los hace sentirse felices y satisfechos. A menudo hacen favores a sus amigos y suelen aprovecharse de ellos.

Rebeldes

Los niños rebeldes a menudo presentan un desafío porque se niegan a hacer lo que se les pide. Les gusta tomar sus propias decisiones y se resisten a todas las expectativas. Necesitan sentir que hacen lo que ellos desean, no lo que otros quieren que hagan.

Los niños rebeldes precisan nuestro amor y entendimiento probablemente más que nuestros otros hijos. A menudo chocan con otras personas y con los límites. Puede ser agotador tener un diálogo interno que no te permite seguir las reglas de la sociedad, sentir siempre la necesidad de ir en contra.

Para mantener una relación de amor con estos niños es importante evitar las órdenes directas. Cuando los padres le dicen a un niño rebelde: “Dile gracias a la Sra. Cohen”, lo más probable es que el niño se niegue a hacerlo. Esto puede ocurrir incluso si él planeó por sí mismo agradecerle.

Rubin sugiere el siguiente procedimiento al hablar con todos los niños, pero con los niños rebeldes es esencial:

1. Proveer información: “Me parece que la Sra. Cohen hoy nos va a dar algunos tomates de su huerta. A la gente que trabaja la tierra por lo general le agrada compartir sus frutos. Ella trabaja mucho en su huerta, así que recordaremos decirle gracias”

2. Diles cuáles son las consecuencias positivas de su comportamiento: “Si le agradecemos a la Sra. Cohen, ella tendrá más ganas de darnos más tomates en el futuro. ¡Incluso puede ser que desee ayudarnos con nuestro jardín!”

3. Darles opciones: “Puedes decir o murmurar gracias. También puedes hacerle una tarjeta”

4. Dejarlos decidir: “De ti depende la forma en que le dices ‘gracias’”

No importa la tendencia que tenga tu hijo, todos precisan nuestro amor, cuidado y entendimiento.

Según tomado de, http://www.aishlatino.com/fm/sp/Los-cuatro-temperamentos-de-los-ninos.html?s=mm

Las Vestimentas Sacerdotales de Aarón


RABINO ITZJAK GINSBURGH

¿Cuánta atención deberían prestarle los hombres a la ropa? La respuesta corriente es probablemente: un poco, pero no demasiado. Maimónides escribe: “La ropa de un estudioso de la Torá debe ser limpia y de buen aspecto y está prohibido que una mancha o una marca de aceite se halle en su ropa, etc. Tampoco debería ponerse vestimentas reales, como ropa de oro granate que atraen la atención de todos, ni ropa de un mendigo que degrada a la persona que lo lleva, sino ropa normal, de buen aspecto”.1 Por supuesto, la joyería y la moda en general pertenecen sólo al mundo de las mujeres, mientras que los hombres también están limitados por la prohibición “un hombre no vestirá vestido de mujer”.2 Pero el Sumo Sacerdote es una excepción a esta regla. Él sí viste “vestimentas de oro y grana que atraen la atención de todos”, y algunos de sus vestidos, como el pectoral y la placa de la cabeza, son claramente de joyería.

Moisés y Aarón

Las vestimentas sacerdotales no son para los cohanim (sacerdotes) sólo algo complementario y añadido, sino una parte integral y esencial de su sacerdocio. El servicio de un sacerdote que sirve en el Templo que lleve ropa de todos los días y no las vestiduras sacerdotales no es válido. Del mismo modo, el Sumo Sacerdote es ordenado como tal usando las vestiduras del Sumo Sacerdote.3

Para obtener una visión más profunda en los misterios de las vestimentas sacerdotales, vamos a hacer una comparación entre dos hermanos.

Aarón, el Sumo Sacerdote, es obviamente quien juega el papel principal en la porción de la Torá Tetzavé. En la primera parte de la porción de la Torá se cose para él un guardarropa completo de magníficas vestimentas: “Y harás vestimentas sagradas para Aarón tu hermano, para honor y para belleza.” En la segunda mitad de la porción aparece el precepto relativo a los siete días de “compleción” cuando Moisés sirvió en el Tabernáculo, ofreció sacrificios e inició a Aarón y a sus hijos al servicio.

En contraste, Moshé aparece en esta porción como asistente de Aarón, e incluso se le ordenó vestirlo, “Y vestirás a Aharón…” Por otra parte, esta es la única porción de la Torá desde el nacimiento de Moshé donde no menciona explícitamente su nombre, a pesar de que se lo menciona en segunda persona, como en “y tú ordenarás.” Es como si Moshé hubiera despejado el camino para su hermano mayor, y no desea competir con él ni ofenderlo.

Mientras que Aarón posee ocho magníficas y coloridas prendas hechas a la medida, los versos no hacen mención explícita de la ropa de Moshé. Sin embargo los sabios preguntan: “¿Qué vistió Moshé durante los siete días de ‘compleción’? Una túnica blanca.” Entonces ahora, si incluimos la vestimenta sacerdotal básica de los cohanim regulares, que se compone de cuatro prendas -una túnica, pantalones, un gorro y un cinturón- llamados “la ropa blanca,” tenemos ahora tres juegos de ropa: una prensa de Moshé, ocho prendas de Aarón y cuatro prendas de los cohanim regulares.

La división en 1, 8 y 4 es una clara alusión a las tres letras de la palabra “uno” (אחד ) que tienen valores numéricos de 1 (א ), 8 (ח ) y 4 (ד ) respectivamente. Usemos esta alusión para ayudarnos en nuestra búsqueda para alcanzar una dimensión más profunda.

Dios es Uno

Todos los días, dos veces al día, pronunciamos la palabra “uno” en voz alta con intenciones especiales, “Oye, Israel, Havaiá es nuestro Dios, Havaiá es uno”.4 Al decir la palabra “uno” debemos tener en mente el valor numérico de cada una de las letras de la palabra en hebreo, con la intención de que la alef (א ) de valor numérico 1 alude al Todopoderoso, la letra jet (ח ) de valor numérico 8 alude a los 7 cielos junto con la tierra, y la letra dalet (ד ), con un valor numérico de 4, alude a las cuatro direcciones del espacio. 5 Esto significa que no tenemos percepción de la alef porque Dios mismo es una unidad singular, por encima de cualquier definición o limitación y no tenemos comprensión alguna de Él (“ningún pensamiento puede catarlo en absoluto”). Sin embargo, su unidad penetra en el mundo y se puede comprobar a medida que desciende de cielo en cielo hasta llegar a la tierra (la letra jet) y se difunde a través de las direcciones del espacio (la letra dalet), que es la forma en que lo conocemos como “Rey del universo.” Entre la letra jet y la letra dalet, la mayor novedad es la de la jet, que logra descender y evoluciona de un mundo superior a un mundo inferior, en comparación con la dalet, que representa a la difusión en un plano (la diferencia entre dos dimensiones y tres dimensiones).

Ahora volvamos a la ropa. Nuestra ropa es nuestra capacidad para presentarnos al exterior. Sin embargo, durante esta aparición existe el peligro de que nuestra ropa nos pueden traicionar. De hecho, las letras de la palabra “traición” (בָּגָד , bagad) son idénticas a las letras de la palabra “prenda” (בֶּגֶד , begued) y los sabios hacen esta conexión en su explicación de la frase: “El olor de su ropa -el olor de sus traidores”.6 Pero en un escenario más positivo, nuestra vestimenta representa nuestra verdad interior, y a través de las prendas que usamos para cubrir nuestros cuerpos, los otros pueden recibir un sensación distante de nuestra alma, oculta profundamente dentro. Nuestra ropa es como nuestra campaña de relaciones públicas, y tenemos que tener cuidado de que sea una expresión genuina de nuestra esencia interior y no se convierta en un rutilante pero vacío cascarón.

Moshé no participa en esta campaña de relaciones públicas. Es el menos adecuado para hacerlo porque tartamudea, “De boca pesada y lengua pesada.” Podríamos decir que no es particularmente ” fotogénico”. Moshé se aferra a la verdad Divina, y conoce a Dios mejor que nadie. Por eso viste una túnica blanca – porque integra la luz brillante de Dios, tal como Él está en la unidad simple, por encima y más allá de todos los diferentes colores y sus matices. Esto es exactamente como la letra alef (א ) de la palabra “uno” (אֶחָד ), que alude a la unidad de Dios.
Las cuatro prendas del cohen común logran hacer que la luz blanca sea tangible y perceptible para el ojo humano. No visten sólo una sencilla túnica blanca, sino un atuendo detallado de ropa blanca que incluye el cinturón del sacerdote común en el que hay una combinación de diferentes hebras de colores.7 Esta es la primera etapa de nuestra campaña de relaciones públicas -como el letra dalet (ד ) de la palabra “uno” (אֶחָד ), que alude a las cuatro direcciones del espacio.

Las ocho vestimentas del Sumo Sacerdote son el punto culminante de nuestra campaña. Aquí tenemos una colección de bellos colores que incluye una gran variedad de tonos, del reino vegetal (lino), animal (lana) y mineral (oro y piedras preciosas). Incluso portan campanitas que llaman nuestra atracción a través de nuestro sentido del oído. Todo el mundo está impresionado y alaba al Sumo Sacerdote, “¡En verdad, qué magnífico que era la visión del Cohen Gadol [Sumo Sacerdote]!”8 Esta es la letra jet (ח ) de la palabra “uno” (אֶחָד ), que logra ilustrar la unidad de Dios dentro de las miríadas de cambiantes matices de este mundo.

Padre y Madre

Comenzamos con las diferencias entre hombres y mujeres respecto a la ropa. De hecho, podemos percibir a Moshé y Aarón como las figuras de “padre” y “madre”. El padre lleva una túnica blanca, Una vestimenta “limpia y bien parecida”, mientras que la madre lleva distintas capas hermosas vestimentas (como las tres capas de vestimentas de Aarón: una túnica, por encima de ella una chaqueta, por encima el delantal y el pectoral). El padre representa la esencia abstracta, la unidad que precede a la multiplicidad, por lo que basta con una prenda simple y modesta, sin joyas ni adornos. Por el contrario, la madre sabe trabajar bien con los innumerables matices de la realidad, y por eso su vestuario tiene mucho más que el vestuario de su marido; un vestido para hoy y otro para mañana, en una variedad de colores y estilos.

El Tabernáculo y el Templo son un hogar, y el hogar está a cargo de la mujer, el ama de casa. Esta es la tarea de los cohanim, por sobre ellos Aarón el Sumo Sacerdote dirige el espectáculo , como una madre devota que se encarga de la cocina, la lavandería y la limpieza. Moshé, por el contrario, no sirve regularmente en el Tabernáculo, él se ocupa del estudio de la Torá y entra en el Tabernáculo para escuchar la palabra de Dios, la Torá. Cuando no obstante tiene una tarea que hacer, como en los siete días de “compleción” del Tabernáculo, conserva su lealtad a su tarea única y no añade nada a su única prenda simple.

La Verdad y la Paz

Esto es lo que los sabios tienen que decir acerca de la diferencia entre Moshé y Aarón:9

Moshé decía que la justicia debe prevalecer. Pero Aarón amaba la paz y perseguía la paz y promovía la paz entre el hombre y su prójimo, como está dicho: “La verdadera enseñanza estaba en su boca, e injusticia no fue hallada en sus labios. En paz y justicia fue conmigo, e hizo volver a muchos de la iniquidad”.

La verdad no hace ningún compromiso, por lo tanto es apropiado para un hombre de verdad que lleve una túnica blanca, como si él viera todo en blanco o negro, sin tonos grises en el medio. Pero la verdad por sí sola no puede tener éxito en la creación de una comunicación positiva entre las personas en nuestro mundo, por lo que junto al hombre de la verdad es necesario que haya un hombre de paz que se adapte a usar ropa hermosa, colorida. Por eso Aarón lleva los nombres de todas las tribus en sus hombros y sobre su corazón, porque promueve la paz entre ellas.

Un hombre de paz está dispuesto a hacer un desvío de la verdad absoluta por el bien de la paz, ya que, “Se permite [e incluso es una mitzvá] modificar [las propias palabras] por la paz.” Pero Moshé dice la verdad sin prejuicios y sin adornos:

Moisés los reprendía verbalmente, pero Aarón nunca le dijo a un hombre ‘has actuado corruptamente’ o a una mujer ‘has actuado corruptamente’… Dos personas que estaban en disputa fueron a Aarón. Se sentó con uno de ellos y le dijo: ‘Mira lo que tu amigo está diciendo: “Mi corazón está en crisis… me estoy tirando de los pelos ¿cómo puedo levantar la vista y mirar a mi amigo? Estoy tan avergonzado de haber pecado contra él.” “Se sentaba con él hasta eliminar todo rencor de su corazón. Luego se iba del otro amigo y hablaba con él del mismo modo, y cuando se reunían, los hacía abrazar y besarse.10

Sin embargo, Aarón necesita a Moshé a su lado, para vestirlo e iniciarlo en su servicio, para que la paz que alcance represente la verdad más íntima, y así sus múltiples prendas no lo “traicionen”. Como se mencionó anteriormente, las letras de la palabra “prenda” son las mismas que “traicionar” (בגד ) y son letras consecutivas en el orden del alef -bet. Pero, antes de estas estas tres letras viene la primera letra, la alef (א ), que está representada por Moshé, como vimos antes. La alef (א ) debe entrar en la ropa (בגד ) como se alude en el versículo: “Y Lea dijo bagad (בגד )” donde la palabra se lee como si se trata de dos palabras con una alef adicional (בָּא גָד ), lo que significa que dentro de la prenda de vestir hay una alef, que es una reminiscencia del Dios Uno y único que es la fuente de todas las variedades de color y ropa.

1 Hiljot Deot 5:9.

2 Deuteronomio 22:5.
3 Maimónides, Hiljot Klei HaMikdash 10:4.

4 Deuteronomio 6:4.
5 Shulján Aruj Harav 61:6.

6 Sanedrín 37a.

7 Hiljot Klei HaMikdash 8:1.
8 De las oraciones de Iom Kipur.

9 Sanedrín 6b.

10 Ialkut Shimoni, Parashat Jukat 764.

Según tomado de, http://www.galeinai.org/GalEinaiv1/2018/07/11/las-vestimentas-sacerdotales-de-aaron/

Educa En El Respeto, No En La Obediencia

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por Alejandra Rivas

No es lo mismo el miedo que el respeto. 

Durante muchos años una de las metas de la educación era criar niños obedientes, tristemente en muchas ocasiones esto sucedía porque los niños le tenían miedo a sus padres. 

Después de esto hubo una tendencia a hacer lo contrario en el que se le permitía a los niños tener mas (a mi gusto demasiada) libertad, una necesidad por asegurarse de que los hijos no sufrieran lo mismo que nosotros, o que nuestros padres, sin embargo es necesario encontrar un punto medio. Si logramos que los hijos aprendan a respetarnos y a respetar, tendremos entonces niños felices y con una autoestima saludable, pero, ¿cómo hacerlo?

1. Enseña con el ejemplo. La mejor forma que tenemos para enseñarle a nuestros hijos como queremos que se comporten es a través del ejemplo; si tu eres una persona que se sale fácilmente de sus casillas, o que tienes “mecha corta” es importante que lo primero que hagas sea poner atención en ti mismo. Mientras más calmado estés tú, más fácil va a ser para ti no engancharte en los pleitos con tus hijos. Una vez que logres estar en paz, recuerda que solo podemos exigir lo que damos, y debemos de ser nosotros los primeros en respetar a nuestros hijos, no por ser pequeños son tontos, están aprendiendo, no por ser traviesos son malos, están probando sus límites, no por ser niños no saben, están conociendo el mundo, no le quites valor a los problemas o las situaciones a las que se presenta tu hijo, tomadas con el debido respeto para que el aprenda que significa eso de respetar. Recuerda que para respetar algo, no necesitamos entenderlo ni estar de acuerdo. 

2. Pon límites. Si dejamos que los hijos hagan lo que se les pegue la gana, eso es exactamente lo que van a hacer, pero necesitan una guía que les diga que es lo que está bien y que es lo que está mal; poner límites tiene esa función. Claro que miles de veces va a ser una tarea complicada, pero es la única forma, tenemos que perseverar hasta lograr que lo hijos entiendan que en la vida todo tiene un límite y que todo lo que hagan tiene consecuencias, ya sea positivas o negativas, dependiendo de lo que hagan. 

3. Permíteles equivocarse. No los regañes por equivocarse, mejor enséñales como podrían hacerlo mejor, ojo, esto no significa que lo hagas tu por ellos, pues de ser así, el mensaje que les estas enviando es el de “tu no sabes hacer nada” provocando en ellos que su autoestima sea cada vez más débil. Cuando tu hijo cometa algún error, no te burles, hazle saber que se equivocó, pero que no pasa nada, que lo puede corregir; y si hay algo que no pueda corregir en ese momento, tampoco pasa nada, enséñale que es un aprendizaje para la próxima vez que se enfrente a una situación similar. Haciendo esto le estarás enseñando también a que aprenda a tolerar la frustración. Habla en su lenguaje, y si sientes que te empiezas a desesperar, respira profundo y se vale pedir ayuda, no tienes porque hacerlo solo. 

4. No les grites. Definitivamente hay muchas veces en las que los hijos nos desesperan y hace que florezcan sentimientos que no sabías que podías sentir, sin embargo, es importante que tú aprendas a manejarlos, en la medida en la que tu desarrolles tu propia inteligencia emocional, les estarás enseñando a hacer lo mismo. Claro que muchas veces es necesario el regaño o el castigo, lo que no es necesario es la violencia. Si tu gritas mucho, el grito deja de tener efecto, pues tus hijos ya se acostumbraron a que esa es “tu forma de hablarles” por lo que te vas a ver en un círculo vicioso en el que como gritar no funciona, muchas veces recurrimos a los insultos, la humillación o cualquier otra forma de violencia, esto daña profundamente a nuestros hijos (aunque el resultado sea que te ‘obedezcan’, pues lo hacen con tal de no sentir lo que están sintiendo en ese momento) Si sientes que ya no puedes más, pide ayuda, nunca es tarde para empezar a educar de otras formas. 

5. Cumple tu palabra. Es lo más importante para que tus hijos aprendan a respetar, si todo el tiempo te la pasas amenazándolos pero no les cumples nada, vas a perder la credibilidad que viene de la mano con el respeto. Cumple lo que les digas, si crees que no vas a ser capaz de cumplirlo, mejor no se los digas. Demuéstrales el valor de la palabra 

6. Pide perdón cuando sea necesario. De nada nos sirve tener unos papás perfectos, de nada nos sirve pensar que nuestros papás no se pueden equivocar, ¿por qué? porque entonces crecemos pensando que pase lo que pase, hagamos lo que hagamos, los vamos a decepcionar, quedará un sentimiento de que nunca seremos suficientes. Pedirle perdón a tus hijos cuando sea necesario, no nos hace malos padres, nos hace humanos. Ojo, es muy importante distinguir si estoy pidiendo perdón porque me equivoque, o si estoy pidiendo perdón porque me siento culpable, si es por la segunda, entonces no es necesario, aprende a trabajar tus sentimientos por ti mismo. Es normal sentirnos culpables cuando regañamos a los hijos, nos ven con sus ojos de borrego a medio morir y se nos rompe el corazón, si la razón por la que lo regañaste es válida y no es violenta, aguanta, esto es lo que muchas veces nos hace echarnos para atrás, pero regresamos a lo mismo que ya dijimos en el punto 2 y 5. 

Ser padres es una de las tareas más difíciles que existen, pero puede ser algo increíble, disfruta a tus hijos, velos crecer y aprovecha cada momento que tienes con ellos, no lo malgastes peleando, el tiempo no regresa! Hoy es el mejor momento para empezar a trabajar en mejorar la relación con ellos!

Según tomado de, https://diariojudio.com/opinion/educa-en-el-respeto-no-en-la-obediencia/288642/

Is Human Nature Fundamentally Selfish or Altruistic?

Maia Szalavitz
by Maia Szalavitz

Human inclinations are not primarily selfish: kindness and altruism have been evolutionarily valued in mates, and even the youngest children often try to be helpful.

Did selfishness — or sharing — drive human evolution? Evolutionary theorists have traditionally focused on competition and the ruthlessness of natural selection, but often they have failed to consider a critical fact: that humans could not have survived in nature without the charity and social reciprocity of a group.

Last week on Slate, evolutionary anthropologist Eric Michael Johnson explored the question against the backdrop of two cultural events in 1957 — the consequences of the rogue, selfish activities of a pygmy hunter in a Congo forest, who used the group’s collective hunting efforts to benefit only himself, and in New York City, the publication of Ayn Rand’s novel Atlas Shrugged, whose protagonist champions the author’s notion that human nature is fundamentally selfish and that each man “exists for his own sake, and the achievement of his own happiness is his highest moral purpose.”

Atlas Shrugged counts many politicians as admirers, perhaps most notably Republican vice presidential candidate, Paul Ryan, who cites the book as one of his main inspirations for entering politics and is known to give Rand’s books frequently to his interns.

So, does Rand’s theory comport with current evolutionary theory? The data is not exactly kind to her position. For example, Johnson describes an anthropologist’s account of the pygmy tribesman, Cephu, in the Congo who lived by the Randian ideal that selfishness is the highest morality. Cephu was part of the Mbuti tribe for whom “hunts were collective efforts in which each hunter’s success belonged to everybody else,” Johnson writes, detailing how the tribe “employed long nets of twined liana bark to catch their prey, sometimes stretching the nets for 300 feet. Once the nets were hung, women and children began shouting, yelling, and beating the ground to frighten animals toward the trap.”

It was a group effort, for most:

But one man, a rugged individualist named Cephu, had other ideas. When no one was looking, Cephu slipped away to set up his own net in front of the others.

Soon caught in this blatant attempt to steal meat, Cephu was brought in front of the whole tribe:

At an impromptu trial, Cephu defended himself with arguments for individual initiative and personal responsibility. “He felt he deserved a better place in the line of nets,” [the anthropologist Colin] Turnbull wrote. “After all, was he not an important man, a chief, in fact, of his own band?” But if that were the case, replied a respected member of the camp, Cephu should leave and never return. The Mbuti have no chiefs, they are a society of equals in which redistribution governs everyone’s livelihood. The rest of the camp sat in silent agreement.

Faced with banishment, a punishment nearly equivalent to a death sentence, Cephu relented.

He apologized, handed over his meat to the tribe and then, essentially, was sent to bed without dinner. As Johnson explains, selfishness is considered far from a virtue in such tribal groups, which still live in ways similar to our hunter-gatherer ancestors. Indeed, every such group ever studied has been found to idealize altruism and punish selfishness, in everything from their mythologies to their mating practices.

Although Rand accepted that early human life was a collective effort, she failed to realize how this shaped our brains. In most societies, for example, a man like Cephu would be seen as the opposite of a good catch for a woman wanting a partner. A good mate — and one whose genes were likely selected for and passed on in our earliest evolutionary history — would have been a cooperative hunter, one who didn’t put his own goals ahead of those of the tribe. He would have been altruistic in battle too, particularly when warring with other groups. A selfish soldier, after all, is known as a coward, not a hero.

The evidence for altruism as a critical part of human nature isn’t limited to anthropology. Studies of 18-month-old toddlers show that they will almost always try to help an adult who is visibly struggling with a task, without being asked to do so: if the adult is reaching for something, the toddler will try to hand it to them, or if they see an adult drop something accidentally, they will pick it up.

However, if the same adult forcefully throws something to the ground, toddlers won’t try to retrieve it: they understand that the action was deliberate and that the object is unwanted. These very young children will even assist (or refrain from helping) with a book-stacking task depending on what they perceive to be the adult’s intention. If the adult clumsily knocks the last book off the top of the stack, the toddler will try to put it back; if the adult deliberately takes the last book off, however, toddlers won’t intervene. Even before kids are taught to chip in — perhaps especially before they are told it’s an obligation — children are less selfish than often presumed.

Another study found that 3- to 5-year-olds tend to give a greater share of a reward (stickers, in this case) to a partner who has done more work on a task — again, without being asked — even if it means they get to keep less for themselves. And those cries of “That’s not fair!” that plague sibling relationships: they’re not only selfish; they reflect children’s apparently innate desire for equity.

Fundamental tendencies toward altruism aren’t only seen in children, either. Worldwide, the aftermath of natural disasters are typically characterized by heroism and a sharing of resources — within the affected community and in others farther way — not selfish panics. During the terrorist attacks of 9/11, for example, there were no accounts of people being trampled rushing out of the World Trade Center towers; rather, those who needed assistance descending were cared for, and calm mainly prevailed. The same occurred after the earthquake, tsunami and nuclear meltdown in Japan in 2011. The cases in which people stampede or look out only for themselves tend to be rare and involve very specific circumstances that mitigate against helpfulness.

Moreover, our stress systems themselves seem to be designed to connect us to others. They calm down when we are feeling close to people we care about — whether related to us or not — and spike during isolation and loneliness. Even short periods of solitary confinement can derange the mind and damage the body because of the stress they create. And having no social support can be as destructive to health as cigarette smoking.

Of course, none of this is to say that humans are never selfish or that we don’t have a grasping, greedy part of our nature. But to claim, as Rand does, that “altruistic morality” is a “disease” is to misrepresent reality.

As taken from, http://healthland.time.com/2012/10/08/is-human-nature-fundamentally-selfish-or-altruistic/

El arquitecto de santidad

Por Rabino Jonathan Sacks

A partir de nuestra Parashá hasta el final del Libro Éxodo, la Torá describe con un detalle minucioso y en forma extensa la construcción del Mishkán, que fue la primera casa de plegaria colectiva del pueblo judío. Se dan instrucciones precisas para cada objeto que se pondrá en el tabernáculo: las dimensiones del tabernáculo, los marcos, las telas y los distintos objetos que hay que colocar. Así, por ejemplo, leemos que dice:

“Harás el tabernáculo de diez cortinas de lino trenzado con lana color turquesa, púrpura y carmesí, con un diseño tejido de querubín, las harás. La longitud de una sola cortina será de veintiocho codos, y el ancho para cada cortina será de cuatro codos; la misma medida para todas las cortinas… Harás cortinas de pelo de cabra para que el tabernáculo sea uno sobre el tabernáculo; once cortinas las harás. La misma medida para las once cortinas. Treinta codos de largo y cuatro codos de ancho… Harás los tablones del tabernáculo de madera de acacia, parados erguidos. Diez codos será la longitud de cada tablón, y un codo y medio será el ancho de cada tablón…”[1].

Y así, sucesivamente. Pero ¿por qué tenemos que saber las medidas del tabernáculo? No fue algo que se utilizó durante muchos años. Fundamentalmente, se usó durante los años del desierto. Con posterioridad, fue reemplazado por el Templo, que es un edificio magnífico y mucho más grande. Entonces, ¿cuál es el significado de este edificio portátil y tan modesto?

Podríamos preguntarnos con mayor perspicacia: ¿Acaso el concepto de un tamaño específico para la morada de la Shejiná, la Presencia Divina, no puede causarnos confusión? Un Di-s trascendente no puede estar contenido dentro de un espacio. Así dijo el rey Salomón:

“¿Pero Di-s verdaderamente morará en la tierra? Los cielos, hasta el más alto cielo, no pueden contenerte. Cuánto menos podrá contenerte este templo que he construido”[2].

Isaías dijo lo mismo en nombre del propio Di-s:

“El cielo es mi trono y la tierra es mi banquillo. ¿Dónde está la casa que construirás para mí? ¿Dónde estará mi morada de descanso?”[3].

Por lo tanto, ningún espacio físico, por más grande que sea, será lo suficientemente grande. Sin embargo, ningún espacio es demasiado pequeño. Así, dice este sorprendente midrash:

“Cuando Di-s le dijo a Moisés: ‘Hazme un tabernáculo’, Moisés dijo sorprendido: ‘La gloria del Santo Bendito sea llena el cielo y la tierra, ¿y aun así Él ordena: ‘Hazme un tabernáculo?’… Respondió Di-s: ‘No como piensas tú, pienso Yo. Veinte tablones al norte, veinte al sur y ocho al oeste son suficientes. De hecho, Yo descenderé y confinaré Mi presencia incluso dentro de un codo cuadrado’[4]”.

Entonces, ¿qué importaba si el tabernáculo era grande o pequeño? De una u otra forma era un símbolo, un enfoque de la Presencia Divina que se encuentra en todas partes, allí donde los seres humanos le abren su corazón a Di-s. Sus dimensiones no importan.

Encontré la respuesta de forma inesperada e indirecta hace algunos años. Había ido a la Universidad de Cambridge para dar junto a otras personas una charla sobre religión y ciencia. Una vez que finalizó, se acercó alguien del auditorio, un hombre discreto y sencillo, y me dijo: “Yo escribí un libro que me parece que le va a resultar interesante. Se lo voy a enviar”. En ese momento, yo no sabía quién era ese hombre.

Una semana más tarde, me llegó el libro. Su título es Just Six Numbers (Solo seis números) y The Deep Forces that Shape the Universe (Las fuerzas profundas que le dan forma al universo), como subtítulo. Experimenté un gran shock cuando me di cuenta de que el autor era, por ese entonces, Sir Martin, ahora, Lord Rees, astrónomo de la realeza, y que años más tarde se convirtió en el presidente de la Royal Society, el cuerpo científico más antiguo y más famoso del mundo entero; además el escritor ostentaba el título de Master del Trinity College de Cambridge. En 2011, ganó el Premio Templeton. Sin saberlo, yo había estado hablando con, nada más ni nada menos, el más distinguido científico de toda Gran Bretaña.

Su libro era apasionante. Explicaba que el universo está formado por seis constantes matemáticas que si hubieran variado en un grado de un millonésimo o un trillonésimo, hubieran resultado en una inexistencia del universo, o por lo menos, una inexistencia de vida. Si la fuerza de gravedad hubiera sido levemente diferente, por ejemplo, o bien el universo se hubiera expandido, o bien hubiera implosionado de forma tal que hubiera impedido la formación de estrellas y planetas. Si la eficiencia nuclear hubiera sido levemente más baja, el cosmos estaría constituido solamente de hidrógeno y no hubiera surgido la vida. Si hubiera sido levemente más elevado, se hubiera producido una rápida evolución y descomposición estelar y, entonces, no hubiera alcanzado el tiempo para que se produjera el desarrollo de la vida. La combinación de improbabilidades era inmensa.

Los comentaristas de la Torá, y en especial la difunta Nejama Leibowitz, han llamado la atención sobre el hecho de que la terminología que se utiliza para indicar la construcción del tabernáculo es la misma que se usa para describir la creación Divina del universo. En otras palabras, el tabernáculo era un microcosmos, un recordatorio simbólico del mundo que creó Di-s. El hecho de que la Presencia Divina se posó dentro de él no es para dar a entender que Di-s está aquí y no allí, en este lugar y no en aquel, sino que sirve para señalar en forma poderosa y palpable que Di-s existe en todo el cosmos. Es una estructura hecha por el hombre que sirve para reflejar y centrar la atención en el universo creado divinamente. El tabernáculo es en el espacio lo que el Shabat es en el tiempo: un recordatorio de la Creación.

Las dimensiones del universo son precisas, matemáticamente exactas. Si hubieran sido diferentes, siquiera en el grado más ínfimo, el universo o la vida no existirían. Recién ahora, los científicos se están empezando a dar cuenta de cuán precisas son, e incluso, este conocimiento resultará rudimentario para las siguientes generaciones. Estamos en el umbral de un salto cuántico en nuestro entendimiento de toda la profundidad de las palabras: “Qué abundantes son tus obras, oh Di-s; con sabiduría las hiciste todas”[5]. En este caso, la palabra sabiduría significa “artesanía precisa y exacta”, como en todas las veces que figura en el relato del tabernáculo[6].

Otra instancia en que en la Torá se pone el mismo énfasis sobre las dimensiones precisas es cuando se indica la construcción del Arca de Noé: “Harás un arca de madera de ciprés. Le harás compartimientos y la cubrirás con brea por dentro y por fuera. Así es como la construirás: el arca deberá tener trescientos codos de largo, cincuenta codos de ancho y treinta codos de alto. Le harás un techo, dejando debajo del techo una abertura de un codo de altura en todo su contorno”[7]. El motivo es parecido al del tabernáculo. El arca de Noé simbolizaba el mundo en su orden divinamente construido, el orden que los humanos habían destruido con su violencia y su corrupción. Di-s estaba a punto de destruir el mundo, quedaría solamente Noé, el arca y lo que ella contenía, como símbolos del vestigio de orden que quedaba, en base a lo cual Di-s formaría un nuevo orden.

La precisión importa. El orden importa. La desviación de solo algunas de los 3.1 billones de letras del genoma humano puede conducir a condiciones genéticas devastadoras. El famoso “efecto mariposa” el batido de las alas de una mariposa en un cierto lugar puede ocasionar un tsunami en otro que está a miles de kilómetros de distancia nos dice que, incluso, pequeñas causas pueden tener grandes consecuencias. Ese es el mensaje que el tabernáculo viene a transmitir.

Di-s crea un orden en el universo natural. A nosotros, se nos encarga que creemos un orden en el universo humano. Eso significa que nos cuidemos mucho de lo que decimos, de lo que hacemos y de lo que debemos abstenernos de hacer. Existe una coreografía muy precisa para la vida moral y espiritual, así como hay una arquitectura muy precisa para el tabernáculo. Ser buenos, y específicamente ser santos, no se trata de actuar según nos lleva el espíritu. Es más bien una cuestión de alinearnos a la voluntad que hizo el mundo. La ley, la estructura, la precisión: a partir de ellas, se hace el cosmos, y sin ellas el mundo dejaría de existir.

La Torá registró las dimensiones precisas del tabernáculo y del arca de Noé para enseñarnos que la misma regla se aplica a la conducta humana.


[1] Éxodo 26: 1-6.

[2] Reyes I 8: 27.

[3] Isaías 66: 1.

[4] Shemot Rabá 34: 1.

[5] Salmos 104: 24.

[6] Véase Maimónides. Guía de los Perplejos III: 54.

[7] Génesis 6: 14-6.

Según tomado de, https://es.chabad.org/library/article_cdo/aid/2165911/jewish/El-arquitecto-de-santidad.htm

The Wondrous Judean Underland

Photo Ticia Verveer.

The Judean Lowlands of Israel is home to hundreds of underground complexes, part of a spectacular subterranean world

Photo Ticia Verveer.

‘I wonder if I shall fall right through the earth!

Suddenly, this sentence flashed through my mind, while I was exploring the ghostly time tunnels of the Shephelah. This ancient underground world, the depths of mother earth that never end, reminded me of the story I’ve read so many times, ‘Alice’s adventures in Wonderland’.

Photo Ticia Verveer.

The world that Alice knew as “Wonderland,” is disclosed to actually be named “Underland” in Tim Burton’s film adaption of the book. Many fiction authors have been inspired by mysterious underground worlds. ‘The Underland’ is a location in one of the novels of C.S Lewis, described as a world lying beneath the land of Narnia, where the Earthmen live. And let’s not forget ‘The Underland Chronicles’ by Suzanne Collins which tell the story of a hidden land under New York City.

The fertile Judean Lowlands of Israel is home to at least 475 underground complexes and with an estimated number of 973 entrances that lead to a spectacular subterranean network of tunnels, man-made caves and rooms, one can say that it is a genuine Underland. In common with all other areas of the Levant, the Judean Shephelah (meaning “low”, and usually translated as “lowlands”), has been occupied by man since the earliest prehistoric times.

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The agricultural landscape is strangely impressive and beautiful, and the scenery is well worth looking at, especially the majestic Mountains of Judah rising out of the Judean Plain. The Judean Mountains, approximately 50 km long,  were densely forested in antiquity and lions were once prevalent in the Shephelah. The sheepherders must have considered the lion quite a nuisance. Excavations in the southern Shephelah showed that during the Iron Age II period 98 % of all meat came from sheep, goats, and cows. With cows only representing 11 % of the identifiable bones.

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The low flowing hills are formed of soft limestone, which were shaped and carved over millions of years by streams of water that flow down from the highlands to the Mediterranean Sea. A hard and water-resistant layer of limestone forms a thick crust above the softer chalky limestone which has played an important role in the preservation of this elaborate network of chambers and subterranean structures. Because of this thick crust, called nari, the underground dwellings are relatively immune to the weathering conditions on the surface.

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Since ancient times the local inhabitants exploited the limestone to construct their dwellings on the surface and through the millennia, they created artificial caves and bell-shaped cave quarries underneath their feet. First, they made a small opening through the crust to reach the soft chalk layer. As it turned out, the quarries were easily hewn in this soft chalk and by digging vertically, they prevented the roofs from collapsing as the caves were better suited to resisting the pressure from the earth above.

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The man-made rooms were then converted in functional rooms such as storerooms, cisterns, stables , workshops for the pressing and storage of olive oil, which was exported to Egypt during the Hellenistic period, grain silos, and columbaria, of which 85 sites have been identified for raising pigeons. The caves and rooms were also used as hide- outs for people that sought refuge for a longer period. For example, during the Second Jewish Revolt, extra tunnel systems were dug to connect more cave complexes, to create escape routes and better hiding and storage places.

Columbarium. Photo Ticia Verveer.

Historically this was an area of significant strategic importance and Lower Judea is close to the ancient route linking Mesopotamia to Egypt. The ancient city Maresha was located at the junction of several major roads, close to the main trade route which led from the north to Egypt.

According to 1 Samuel 17, the Valley of Elah was the setting for David’s encounter with the rafah Goliath. David, armed with courage, faith, and a sling stone, wins a victory against the giant equipped with heavy armor and weapons. Goliath is identified as one of the Rephaim, a race of biblical giants who were the descendants of fallen angels and lived among the Canaanite and Philistine peoples. The “Valley of the Giants”(Emek Rephaim) is part of the ancient route connecting the coastal plain with the hills of Judea and leads southwest from Jerusalem to the Valley of David and Goliath.

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When you approach one of the carved staircases that will lead you into the earth, you first feel a slight draught of air coming from beneath. The air is filled with whispers of the ancient past, biblical tales, king David, fabled giants and the residents of the netherworld. Descending the steep shaft, carefully stepping from one ancient hand cut step to another, you find yourself in a vast underground cavern of astonishing beauty.

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The Hebrew word Rephaim can also mean ghosts, the prophet Isaiah spoke of Rephaim being stirred in the underworld. It almost seems possible to meet the spirits of long-deceased ancestors when I step further in the dark and walk through these time tunnels. These underground structures are real-time witness to events described in historical and biblical texts.

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This imaginative underworld teems with magical stories of a life that once was. Touching the walls in the dark, your fingertips feel engravings scratched into the soft chalk, and when you close your eyes and listen to the cave, they are speaking to you from the past, delivering messages. It is so quit that you will hear your own heartbeat mingling with those voices from the past. It is such a captivating thought that through these graffiti we can connect with the ghosts of the Shephelah.

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Beneath the ruins of biblical Tel Maresha archaeologists have found a unique underground city dating back to at least the eight century BCE. It was the American Edward Robinson who identified Tell Sandahannah as biblical Maresha in 1838.

Beit Guvrin, which became Eleutheropolis in 200 CE, developed from the 2nd century BCE onwards, as an urban site, near to, and following from, Maresha. It was on the crossroads for trade and had two aqueducts, public baths, and a theatre. The population was filled by the arrival of a large Jewish community in the third and fourth centuries CE and excavations have found the remains of a synagogue. A large Jewish community existed here during the Roman and Byzantine Periods.

The Roman theatre. Photo Ticia Verveer.

During the Roman period, Bet Guvrin was given the status of “city of freemen” and named Eleutheropolis. Its Aramaic name was Beth Gabra, meaning “the house of strong men”, Flavius Josephus called it Betaris, and Ptolemy referred to it as Baitogabra. In the third- fourth century CE Talmud it was known as Beit Gubrin or Guvrin but during the major part of the Roman period it was known by the name Eleutheropolis until it was captured by the Arabs in the seventh century CE. The Crusaders knew the ancient city as Bethgibelin or Gibelin and nineteenth century explorers referred to it with his Arabic name, Beit Jibrin.

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Maresha consists of an upper city and later lower city. The lower city had been built up primarily during the Hellenistic period when the upper acropolis could no longer accommodate the city’s expanding population. A dense complex of man-made caves and underground networks was developed beneath street level and was built in close harmony with the above two-story buildings. The underground structures were connected to the shops, workshops and dwellings that existed above the surface in the lower city.

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These passages could easily be accessed through entrances at the courtyards, in the alleys between the buildings, or staircases quarried through the floors of the buildings. Subterranean complexes were discovered beneath all the buildings and streets excavated on the surface. An enormous underground maze runs under Maresha’s streets with halls, chambers, winding corridors, cellars, wells and industrial installations. During the Hellenistic period an estimated 10,000 people lived in the ancient subterranean structures of Maresha.

The archaeological remains discovered at Maresha and Bet Guvrin reflect the crossroads of influences and interchanges between the interests of Mesopotamia, Persia, Egypt, the Hellenistic world and the Roman Empire. Based on inscriptions, we encounter Idumean, Nabatean/Arab, Western Semitic, Phoenician, Judahite names and a mixture of smaller language groups. There were approximately 500 Aramaic ostraca found in Maresha, of which 400 were discovered since the year 2000. The last group ostraca, which have provenance , can provide more reliable information about the daily life of the inhabitants than the previously unprovenanced published Aramaic ostraca of the past.

Three main necropolises can be found at Maresha. The tombs, dating from the third-second century BCE,  reflect the cultural influence of the Phoenicians as well as the Ptolemies. The eastern necropolis is the most impressive and contains approximately 25 burial caves. Most of the discovered tombs contain a rectangular hall with benches along the walls, with gabled niches or loculi cut into the sides of the rooms where the deceased were interred. After the dead were placed inside the loculi, the niches were blocked with chalk bricks or slabs. Jewish, pagan and Christian burial customs have been discovered in the cave complexes of Beit Guvrin.

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The “Sidonian Tomb”, also called the Apollophanes tomb, at Maresha has brilliant wall paintings accompanied with a rich collection of carved and painted inscriptions. The walls of the second century BCE tomb are painted with elaborate scenes filled with animals, known as the “Animal Frieze”.

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The discovery of this amazing tomb was made by villagers of Beit Jibrin at the turn of the 20th century. John P. Peters and Herman Tiersch went on expedition to Tell Sandahannah in 1902 and were led by their guide into an underground space, and there, they found themselves staring at colorful paintings of birds, a rider on a horse hunting a leopardess, a giraffe, an elephant, a rhinoceros, a crocodile with an ibis standing on his back and many many more.

The inscriptions of this tomb confirm the mix of different cultural groups, religions and ethnicities that were present in Maresha.

One inscription says:

“Apollophanes son of Sesmaeus led the Sidonians in Marisé for thirty-three years and was considered the worthiest and the most kin-loving of all his contemporaries. He died, having lived for seventy-four years.”

Apollophanes, bearing a Greek name, was the son of Sesmaeus, identified as a Semitic name. Another inscription in this tomb mentions the “(tomb) of Sabo, daughter of Sesmaeus.” Sabo, the sister of Apollophanes, has a name that can be assumed to be Idumean, Palmyrene or Nabataean.

The following inscription mentions “Cosnatanus, son of Ammoius, son of Sesmaus”. Cosnatanus is an Idumean name but his father is named, Ammoius, which is an Egyptian name. And so, the different ethnic names continue to be named in the tomb.

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It is in the third century CE, that Rabbi Jonathan of Bet Guvrin remarks that the Hebrew language is most suitable for prayer, Greek most fit for song (poetry), Latin for war, and Aramaic for  lamentation.

The people who lived and died in Maresha and Bet Guvrin left behind a rich archaeological record of which we are just in the beginning of to understand. Specific ethnic or religious groups are very difficult to single out in the archaeological record. For now, we can say that the largest group of inhabitants  were Idumeans. The offspring of the Semitic-named patriarch of the “Sidonian Tomb” had a rich cultural background living in a multi ethnic city. We must keep in mind that some of the animals depicted in the tomb were probably unfamiliar to some of the local population, as some scenes point to an African or an Egyptian source of inspiration. Above the scene of an African elephant facing a dark-skinned man, the inscription reads ‘Ethiopia’ (translation Dov Gera). Clearly the scene needed explanation to its viewers.

The tomb also displays Cerberus, the three-headed watchdog of the underworld in Greek mythology. He refused entrance to living humans and devoured anyone who tried to escape the kingdom of Hades.

Photo Ticia Verveer.

These paintings and inscriptions preserve centuries of historical memories, oral and written traditions molded into a new form. The inner layers of these stories can uncover the specific aspects of Judean life, including the social structure, religious practices and the historicity of written accounts. In this multicultural archaeological world, we have found Nabatean/Arab, Phoenician/Sidonian, Egyptian expressions, Greek koine and Judean influences, where it is very difficult to distinguish between specific groups.

Perhaps this ancient society we have discovered has shown us the world upside down, just like Lewis Carroll has shown us in ‘Alice in Wonderland’. Time stands still here, and this world, perfectly logical to the ancients, stretches beyond our constructed conceptions of material culture in the archaeological record.

In order to make us understand, we need to fall “down, down, down, the rabbit hole” to make more sense of this, in our current view, wildly inconsequent but at same time very sensible Underland.

Where more exciting to take your children than to the Judean Plain that is also the entrance to “Wonderland“?
Photo Ticia Verveer.

Not all the underground structures can be seen, some fifteen key sites have been opened to the public. The principal ones are those known as the bell-shaped caves area, subterranean dwelling complex, the Sidonian tombs, the bath cave, the olive-press cave, the underground cistern complex and the columbarium cave.

Photo Ticia Verveer.

Bibliography:

1.Every Living Thing: daily use of animals in ancient Israel. AltaMira Press,1998. By Oded Borowski. 2. Corpus Inscriptionum Iudaeae/Palaestinae; A multi-lingual corpus of the inscriptions from Alexander to Muhammad.  Part 2: 3325-3978. Ed. by Ameling, Walter,Cotton, Hannah M., Eck, Werner, Ecker, Avner, Isaac, Benjamin, Kushnir-Stein, Alla, Misgav, Haggai, Price, Jonathan, Weiß, Peter / Yardeni, Ada. 3. Excavations at Maresha were carried out by F. Bliss and R. Macalister in 1900-2.6 The lower city was excavated by A. Kloner from 1988-2000, and from 2000 until the present by I. Stern and B. Alpert. 4. Kloner, A. (2001) The Economy of Hellenistic Maresha: Inferences based on the city plan and archaeological finds, In Archibald, Z.H. et al (eds) Hellenistic Economies. London, 103-136. 5. Kloner, A. (2003) Holy Land Maresha Excavations, Jerusalem. 6. Zissu, B and Ganor, A., (2008) Survey and excavations at Horbat Burgin in the Judaean Shephelah: Burial Caves, Hiding Complexes and Installations of the Second Temple and Byzantine Periods, Report from the Israel Antiquities Authority. Bulletin 58, March 2008.7. Gideon Avni, Uzi Dahari, and Amos Kloner undertook extensive surveys and excavations at Bet Guvrin, reported in The Necropolis of Bet-Guvrin-Eleutheropolis.8. Some Dated Greek Inscriptions from Maresha by Dov Gera. In PEQ, 149,3 (2017), 201-222.

As taken from, https://blogs.timesofisrael.com/the-wondrous-judean-underland/?utm_source=The+Weekend+Edition&utm_campaign=weekend-edition-2019-02-10&utm_medium=email

Why Did Moses Go Up on Mt. Sinai for Forty Days?

Why Did Moses Go Up on Mt. Sinai for Forty Days? – The significance of the number forty – Questions & Answers By Yehuda Shurpin

Question:

After the Giving of the Torah, Moses went up Mount Sinai for 40 days. After the Golden Calf, he went up another 40 days, and then he went up the final time for yet another 40 days to secure complete forgiveness from G‑d. What’s up with the number 40?

Reply:

The number 40 is actually highly symbolic in the Torah, but since you ask specifically about why Moses had to go up the mountain for 40 days and nights, I’ll address that first.

Forty Days for a Baby to Form

The Talmud explains that it takes an embryo 40 days to form in its mother’s womb.1 Thus, just as it takes 40 days of preparation for a new being to emerge, so, too, it generally takes 40 days for a new spiritual entity to come into being.2

Forty Years to Comprehend

The Talmud tells us that “one does not come to fully comprehend the knowledge of his teacher until 40 years [of study].”3 Since a day “up on high” is certainly equal to a year down below, Moses learned Torah from G‑d atop the mountain for 40 days so that he could fully comprehend the Torah.4

Other Forties: Something Deeper

If we look in the Torah, we find many other things that are associated specifically with the number 40:

  • In the episode of Noah and the Flood, we learn that it rained for 40 days and 40 nights.
  • A mikvah needs to have 40 se’ah (a measurement) of water in order to be able to purify someone. In fact, this is one of the explanations as to why, during the Flood, it rained for 40 days, corresponding to the 40 se’ah of a mikvah.
  • Regarding the maximum amount of lashes one could get, the Torah describes the amount as 40 (albeit in practice, one could get a maximum of 39).
  • According to the Talmud, it took “40 minus one”5 types of creative work to build the Mishkan (Tabernacle).

What is the common thread here? What is the symbolism of the number 40?

Transformative

The mystics explain that any preparation for a transformative change is associated with the number 40. Thus, whether it is the flood water of Noah, which cleansed and purified the world, going to the mikvah, which purifies the person, lashes, which atone for one’s sins, or receiving the Torah, each is essentially a catalyst for transformation6 and is therefore associated with the number 40.7

Why is that?

10 x 4

Kabbalah explains that all of reality can be divided into four worlds: Atzilut (Emanation), Beriah (Creation), Yetzirah (Formation), and Asiyah (Action.) These four worlds, in turn, emanate from and are rooted in the four letters of the holiest name of G‑d.

The Chassidic masters teach that the microcosm emanates from and reflects the macrocosm. Thus, there are many other sets of fours reflected in nature and creation. (For example, there are four categories of being in the natural world: domem, the inanimate; tzomeach, the vegetative; chai, the animal; and medaber, the “speaking,” i.e., human. Similarly, each individual creation is made up of four elements: earth, water, air and fire).8

Each of the four higher spiritual worlds possesses the entire spectrum of the ten sefirot, G‑d’s creative attributes, which are reflected in all existence, including the human soul.9 Now, 4 x 10 = 40, so a complete category of “being” or “world” has 40 aspects. In other words, 40 represents the completion of a whole mode or way of being.10

The Ultimate Forty

The Lubavitcher Rebbe explains that just as the first time the Jews went into the Land of Israel, it was after a “preparation” of 40 years in the desert, so, too, the number 40 is associated with the final redemption.11

In the Talmud, Rabbi Eliezer says: “The messianic era will be 40 years, as it is stated: ‘Forty years will I strive with the generation.’”12 The commentaries explain that Rabbi Eliezer was not limiting the time of the messianic era. On the contrary, what he is referring to are 40 years of the “messianic era” that will precede and prepare for the Resurrection of the Dead.13 Indeed, the Zohar states that there will be “40 years” until the Resurrection of the Dead 14 (or to be more precise, as the Lubavitcher Rebbe explains, it will take 40 years until the resurrection process is completed 15).

May it be speedily in our days!

Footnotes

1. Talmud, Bechorot 21b; see also Talmud, Menachot 99b and Nidah 30a.

2.  See, for example, Sforno on Exodus 24:18; Abrabanel on Exodus 24:17 and others.

3.  Talmud, Avodah Zarah 5b.

4.  Tzemach Tzedek, Ohr HaTorah, Devorim, vol. 1 p. 18.

5.  For an explanation of why we say “40 minus one” instead of “39,” see The 40th Labor.

6.  See Likutei Sichot, vol. 39, pp. 185-190, where the Rebbe explains how each set of 40 days are connected with transformation: the first 40 are connected to Torah, the second 40 are connected to prayer, and the last 40 are connected to teshuvah.

7.  See for example Torat Menachem, vol. 12, p. 157.

8. A person’s intellect itself also has four levels, chochmah, binah and daat, which is split into chessed and gevurah.
9.  For more on this see Worlds and Emanations.

10. For more on this, see Fortysomething.
11.  See Torat Menachem 5744, vol. 4, p. 2402.

12.  Talmud, Sanhedrin 99a.

13.  See commentary of Rabbeinu Nissim on Talmud, Sanhedrin 99a.

14.  Zohar 1:139a.

15.  Hamelech Bemesibo, vol. 2, p. 247.

As taken from, https://www.chabad.org/library/article_cdo/aid/4277470/jewish/Why-Did-Moses-Go-Up-on-Mt-Sinai-for-Forty-Days.htm

The Ark of the Covenant Explained

By Shlomo Chaim Kesselman

The “Aron Haberit,”1 the holy ark of the covenant, is the most sacred artifact in all of Judaism. A golden box containing the tablets with the Ten Commandments, the ark stood in the Holy of Holies, the Temple’s innermost sanctum. Today, its location is unknown, hidden until the day Moshiach comes.

Design of the Ark

The ark, which represents G‑d’s love for his people, was built by the chief architect of the Tabernacle, Betzalel. G‑d instructed that the ark be built from acacia wood, and gave very specific dimensions: 2.5 cubits in length and 1.5 cubits in height and width.2 There were an additional two boxes, both made from gold, that encased the wooden box. In all, the ark comprised three layers: gold, wood, gold. The top of the outer box was lined with a gold decorative rim called the “zeir.”

The ark had no feet; it rested directly on the ground. Rings were fastened to each of its four corners, through which gold-plated wooden poles were threaded. The poles, which were never to be removed, were used by the priests from the Kehot house to carry the ark, for it was forbidden to transport it by wagon.

The “kaporet,” a golden cover one handbreadth thick, covered the outer box. Atop the cover, fashioned from the same piece of metal, sat the “keruvim,” cherubs—two childlike sculptures that faced each other, their wings towering above the ark.

Placement of the Ark

In the Holy Temple, the ark’s home was the most sacred chamber, the Holy of Holies. Only the High Priest was allowed inside, and only once a year, on the awesome day of Yom Kippur, when he would enter the Holy of Holies and perform the annual service before the ark.

When King Solomon constructed the first Temple, he built an alcove deep within the Temple Mount for concealing the ark. Toward the end of the first Temple period, King Josiah, divining the Temple’s destruction, had the ark hidden there.3 4 It remains hidden until today, and when Moshiach comes and rebuilds the third, everlasting Temple, he will uncover the ark and bring it home.

In the Temple, the ark rested directly on the “Even Hashetiyah”—the Shetiya stone, which is the foundation point of the entire world.5 In the second Temple there was no ark, only the Shetiya stone.

Contents

The ark housed the tablets (engraved with the Ten Commandments) that Moses brought down from Mount Sinai, the broken pieces of the first set of tablets,6 and a Torah scroll.7 A pitcher of manna and Aaron’s miraculous staff8 were placed right in front of it.

Miracles

Many miracles were associated with the ark. For one, “it carried its carriers.” When the Kohanim lifted it for transport, instead of them carrying the ark, the ark carried them.9

Additionally, when Joshua led the Jewish people into the Promised Land after Moses’ death, they camped alongside the Jordan river. At G‑d’s command, Joshua sent the ark toward the river. When the feet of the ark- bearers entered the water, the river split, allowing the Jews to cross. When the last Jew had crossed, the ark crossed the river, and the water began to flow again.

And when the Tabernacle stood in Shiloh, the priests mistreated the ark and removed it from the Temple, taking it into battle with them in the hope that it would provide protection. When the Philistines defeated the Jews, they captured the ark and brought it back with them to their lands. The ark wrought havoc on the Philistine cities, bringing terrible plagues and afflictions, even causing their god, the idol Dagon, to be destroyed. Frightened and fed up, they ultimately sent the ark back to the Jews.

Heaven on Earth

According to the Talmud, the space occupied by the ark did not take up space. What does that mean? The Holy of Holies of the Tabernacle was 10 cubits wide, and the ark, which stood in the center, had a length of 2.5 cubits. Yet, when measuring from the sides of the ark to the wall, one would find five cubits on each side.10 This paradox was entirely miraculous, something we cannot even wrap our heads around; the ark both taking up space and not taking up space at the same time.

Chassidic teachings explain its significance. In general, G‑d has two opposite modes with which He operates: revealed (the natural) or concealed (the supernatural). Nature, with its seeming lack of Divinity, is a result of G‑d’s power to conceal Himself. Miracles, on the other hand, when the laws of nature are broken, are the very expression of G‑dliness, His power openly revealed. In truth, however, G‑d is beyond both of those, He is neither entirely concealed, nor revealed. Neither locked into operating in a hidden, limited manner, nor bound by his infinitude. He is beyond both, and can unite the two modalities if He so desires.

It was in the Holy of Holies, the most sacred spot on earth, that this exact reality was revealed. The ark did occupy space—the natural, and at the same time it did not—the supernatural. It was the perfect kiss between Heaven and earth.

Footnotes

1.Joshua 3. Other names for the holy ark include “ark of testimony,” “ark of the covenant of G‑d,” and “ark of G‑d.”

2. There are two measures for a cubit: six handbreadths and five handbreadths. Bava Batra 14a records a dispute as to how big the cubits measuring the ark were. Rabbi Meir maintains they were the six handbreadth cubits, whereas Rabbi Yehudah holds they were the five handbreadth cubits.

3. II Chronicles 35.

4. See Yoma 53b for a dissenting opinion that the ark was in fact exiled to Babylon.

5. Yoma 54b. Se also Zohar vol. 1 pg. 231a.

6. Baba Batra 14a. See Sifri Beha’alotcha 24 who writes that in fact the broken tablets were placed in a different ark, the one which traveled at the front of the Jews in the desert, and which they took with them into battle.

7. Some say the Torah scroll was not placed inside the ark, but rather alongside it. See Bava Batra 14a-b.

8. When there was contention over which tribe should have the honor of serving in G‑d’s sanctuary, the leaders of the tribes placed their staffs in the Holy of Holies. Overnight, Aaron’s dry stick miraculously blossomed and grew almonds, a clear sign that his tribe, Levi, was truly chosen by G‑d.

9. Yalkut Shimoni Shmuel II 5:142.

10. Yoma 21a; Megillah 10b; Bava Batra 99a.

As taken from, https://www.chabad.org/library/article_cdo/aid/4277479/jewish/The-Ark-of-the-Covenant-Explained.htm#utm_medium=email&utm_source=6_essay_en&utm_campaign=en&utm_content=content

A Portable Home

by Rabbi Lord Jonathan Sacks

The parsha of Terumah describes the construction of the Tabernacle, the first collective house of worship in the history of Israel. The first but not the last; it was eventually succeeded by the Temple in Jerusalem. I want to focus on one moment in Jewish history which represents Jewish spirituality at its lowest ebb and highest flight: the moment the Temple was destroyed.

It is hard to understand the depth of the crisis into which the destruction of the First Temple plunged the Jewish people. Their very existence was predicated on a relationship with God symbolised by the worship that took place daily in Jerusalem. With the Babylonian conquest in 586 BCE, Jews lost not only their land and sovereignty. In losing the Temple, it was as if they had lost hope itself. For their hope lay in God, and how could they turn to God if the very place where they served Him was in ruins? One document has left a vivid record of the mood of Jews at that time, one of the most famous of the psalms:

By the waters of Babylon we sat and wept as we remembered Zion…How can we sing the songs of the Lord in a strange land? (Psalm 137)

It was then that an answer began to take shape. The Temple no longer stood, but its memory remained, and this memory was strong enough to bring Jews together in collective worship. In exile, in Babylon, Jews began to gather to expound Torah, articulate a collective hope of return, and recall the Temple and its service.

The prophet Ezekiel was one of those who shaped a vision of return and restoration, and it is to him we owe the first oblique reference to a radically new institution that eventually became known as the Beit Knesset, the synagogue: “This is what the sovereign Lord says: although I sent them far away among the nations and scattered them among the countries, yet I have become to them a small Sanctuary [Mikdash me’at] in the countries where they have gone” (Ezekiel 11:16). The central Sanctuary had been destroyed, but a small echo, a miniature, remained.

The synagogue is one of the most remarkable examples of an itaruta de’letata, “an awakening from below.” It came into being not through words spoken by God to Israel, but by words spoken by Israel to God. There is no synagogue in Tanach, no command to build local houses of prayer. On the contrary, insofar as the Torah speaks of a “house of God” it refers to a central Sanctuary, a collective focus for the worship of the people as a whole.

We tend to forget how profound the concept of a synagogue was. Professor M. Stern has written that “in establishing the synagogue, Judaism created one of the greatest revolutions in the history of religion and society, for the synagogue was an entirely new environment for divine service, of a type unknown anywhere before.” It became, according to Salo Baron, the institution through which the exilic community “completely shifted the emphasis from the place of worship, the Sanctuary, to the gathering of worshippers, the congregation, assembled at any time and any place in God’s wide world.” The synagogue became Jerusalem in exile, the home of the Jewish heart. It is the ultimate expression of monotheism – that wherever we gather to turn our hearts towards heaven, there the Divine Presence can be found, for God is everywhere.

Where did it come from, this world-changing idea? It did not come from the Temple, but rather from the much earlier institution described in this week’s parsha: the Tabernacle. Its essence was that it was portable, made up of beams and hangings that could be dismantled and carried by the Levites as the Israelites journeyed through the wilderness. The Tabernacle, a temporary structure, turned out to have permanent influence, whereas the Temple, intended to be permanent, proved to be temporary – until, as we pray daily, it is rebuilt.

More significant than the physical structure of the Tabernacle was its metaphysical structure. The very idea that one can build a home for God seems absurd. It was all too easy to understand the concept of sacred space in a polytheistic worldview. The gods were half-human. They had places where they could be encountered. Monotheism tore this idea up at its roots, nowhere more eloquently than in Psalm 139:

Where can I go from Your Spirit?

Where can I flee from Your presence?

If I go up to the heavens, You are there;

If I make my bed in the depths, You are there.

Hence the question asked by Israel’s wisest King, Solomon: “But will God really dwell on earth? The heavens, even the highest heaven, cannot contain You. How much less this temple I have built!” (I Kings 8:27).

The same question is posed in the name of God by one of Israel’s greatest prophets, Isaiah:

Heaven is My throne,

and the earth is My footstool.

Where is the house you will build for Me?

Where will My resting place be? (Isaiah 66:1)

The very concept of making a home in finite space for an infinite presence seems a contradiction in terms. The answer, still astonishing in its profundity, is contained at the beginning of this week’s parsha: “They shall make a Sanctuary for Me, and I will dwell in them [betokham]” (Exodus 25:8). The Jewish mystics pointed out the linguistic strangeness of this sentence. It should have said, “I will dwell in it,” not “I will dwell in them.” The answer is that the Divine Presence lives not in a building but in its builders; not in a physical place but in the human heart. The Sanctuary was not a place in which the objective existence of God was somehow more concentrated than elsewhere. Rather, it was a place whose holiness had the effect of opening hearts to the One worshipped there. God exists everywhere, but not everywhere do we feel the presence of God in the same way. The essence of “the holy” is that it is a place where we set aside all human devices and desires and enter a domain wholly set aside for God.

If the concept of the Mishkan, the Tabernacle, is that God lives in the human heart whenever it opens itself unreservedly to heaven, then its physical location is irrelevant. Thus the way was open, seven centuries later, to the synagogue: the supreme statement of the idea that if God is everywhere, He can be reached anywhere. I find it moving that the frail structure described in this week’s parsha became the inspiration of an institution that, more than any other, kept the Jewish people alive through almost two thousand years of dispersion – the longest of all journeys through the wilderness.

Shabbat Shalom

Parshat Terumah: The Golden Tent

Genghis Khan as portrayed in a 14th-century Yuan era album. (Public Domain/ Wikimedia Commons)

Genghis Khan as portrayed in a 14th-century Yuan era album. (Public Domain/ Wikimedia Commons)

Before his death in 1227, Genghis Khan divided up his empire among his four sons with overall leadership given to his third son Ögedei, who was chosen by his father to be the Great Khan.

Genghis’s eldest son, Jochi, died six months before his father, and his two sons, Genghis’s grandsons, Batu Khan and Orda Khan divided his inheritance between them — in what is today southern Russia and Kazakhstan. Their tribes were known as the Blue Horde and the White Horde, respectively. Eventually, they conquered new territories, the two groups merged to become the Golden Horde (also known as the Kipchak Khanate).

The Golden Horde held the northwest part of the Mongol Empire — an empire which was the largest contiguous empire in history, covering some 24 million square kilometers (9.27 square miles) or 16.11% of the world (it was the second biggest empire of all time, surpassed only by the British Empire which by 1920 covered 35.5 million square kilometers (13.71 million square miles) or 23.84% of the world). The Mongol Empire stretched from Eastern Europe and parts of the Middle East to the Sea of Japan, from Iran and Turkey to China.

Although the Mongols were feared as bloodthirsty and cruel, their dominance for 100 years (c. 1250-1350) had a stabilizing effect, known as Pax Mongolica, which improved the economic and social lives of people living under the Khans, due to improved trade and communications.

Reenactment of Mongol battle. (Public Domain, Official U. S. Marine Corps photo by Sgt. G. S. Thomas/ Wikimedia Commons)

In 1241 Batu was on the verge of conquering Vienna, when Ögedei Khan died, and all the Mongol chieftains were summoned back to elect the next Great Khan, in a gathering known as Kurultai. The Mongols would never get that far west again.

The Kurultai was an important aspect of Mongolian life. In a territory that vast, it was the gatherings of leaders around their central tent that reminded the people of their nomadic origins and ensured the unity of the empire.

The tent at the heart of the empire was central to crowning a new leader. Johann Schiltberger, a 15th-century German traveler, described the coronation of a new Khan as follows (cited on p. 210 in George Vernadsky, “The Mongols and Russia”):

“When they choose a king, they take him and seat him on white felt, and raise him in it three times. Then they lift him up and carry him round the tent, and seat him on a throne, and put a golden sword in his hand. Then he must be sworn as is the custom.”

The tent was so important, that it is likely to be the origin of the name Golden Horde.

Illustration of Batu Khan taking Suzdal in 1238, from “The life of S.Ephrosinia”, 18 century (CC BY-SA, shakko/ WIkimedia Commons)

The name may have originated with the yellow-colored tents that the Mongolia lived in, or may come from the golden-draped tent used by Batu Khan or by Uzbek Khan. Or it may be a corruption of the Mongolian words “sari ordu” meaning “central camp.”

Just as in Mongolian culture, the tent and encampment played an essential role for the Israelites during their 40-year trek through the desert. But instead of housing the king, it was the Divine Presence that was placed in the center of the camp.

Mongol expanstion in 13th century. (CC BY-SA Bkkbrad, Wikimedia Commons)

In this week’s Torah portion, Terumah, God instructs Moses and the people about the construction of the Tabernacle, known in Hebrew as the mishkan. The mishkan was a tent made of fabric and animal hides, and contained the ark of the covenant, the menorah, the table holding the showbread and the golden altar.

The mishkan remained the focus of religious life for the next several centuries. The Talmud (Zevahim 118b) says that the mishkan stood in the desert for 39 years, in Gilgal for 14 years, in Shilo for 369 years, and in Nov and Givon for 57 years. True, once the Israelites realized they would remain in Shilo for such a long time they replaced the wooden sides of the desert mishkan with stones, but the tent-like structure of the fabric covering remained in place (Zevachim 112b). Even though the stones of Shilo were destroyed (Megillah 16b), the wool, linen, silk, hide and leather fabric that had been draped over the mishkan remained, and was hidden away in a safe place.

The Midrash (Tanna d’vei Eliyahu Rabba chapter 25) gives the reason for this:

Why does the mishkan remain hidden until today? Because it was made by good people out of the goodness of their hearts and it is difficult for the Holy One, blessed is He, to destroy anything made by good people out of the goodness of their hearts.

The Midrash alludes to another difference between the Temple and the Tabernacle. The root of the Hebrew word for Temple — mikdash — is kadosh, holy. The Temple is a site of holiness, and according to many opinions the site of the Temple remains holy to this day. But the root of the word for Tabernacle — mishkan — is Shekhina, the Divine Presence. This has no defined place, but represents the relationship between the Jewish people and God. Once the Divine Presence has left the site of the mishkan the area is no longer holy.

Both Temples were destroyed and the Jewish people exiled. But however far they spread throughout the Diaspora, the relationship to the Divine Presence, represented by the mishkan remained at the center of their lives.

Just as the Golden Horde and the Mongol Empire spread far and wide, yet remained deeply rooted in the tent of their nomadic origin, so too, the Jewish people return over and over again to the concept of the mishkan, and the Divine Presence that rests within it, no matter where they are.

As taken from, https://blogs.timesofisrael.com/parshat-terumah-the-golden-tent/