El Monte Everest y el Monte Sinaí

por Rabino Benjamin Blech

El Monte Everest y el Monte Sinaí
Lo que conquistamos no es la montaña, sino que nos conquistamos a nosotros mismos.

La festividad de Shavuot es diferente al resto de las festividades del calendario hebreo.

Shavuot, la conmemoración de la fecha en la que recibimos la Torá, es la única festividad precedida por una larga cuenta regresiva. Durante 49 días vamos contando cuánto nos falta para recrear el evento más importante de nuestra historia. Al igual que para nuestros ancestros, el camino desde Pésaj al Monte Sinaí lleva siete semanas de siete días. El número sagrado siete representa aquí la “santidad al cuadrado”.

El significado de esta cuenta tiene un fascinante paralelo contemporáneo.

Durante las últimas semanas, los periódicos registraron el notable fenómeno de miles de aventureros de todos los rincones del mundo que tomaron parte en la difícil empresa de escalar la cima del Monte Everest, la montaña más alta del mundo. Si bien en una época era un logro que sólo alcanzaban unos cuantos montañistas elegidos, la cima del Everest ahora fue descrita como “similar a un zoológico”. Los escaladores empujan a otros y se abren paso entre ellos para sacarse selfies. Decenas de personas esperan en fila durante horas (con temperaturas en las que incluso una o dos horas de más pueden implicar la diferencia entre la vida y la muerte) para llegar a la cima. De hecho, para los menos afortunados, ésta ha sido una de las temporadas más mortales del Everest, con al menos 10 muertes registradas hasta el momento.

Sin embargo, los buscadores de emociones no se detuvieron. “Yo no estaba preparado para ver escaladores enfermos siendo arrastrados hacia el pie de la montaña por los Sherpas o la experiencia surrealista de encontrar cadáveres en la mitad del camino” dijo uno de los exitosos conquistadores del Everest. Pero en retrospectiva, todas las dificultades fueron insignificantes. Desde pequeño había leído sobre los exploradores y siempre quiso “llegar al punto en el que puedes pararte por encima de cualquier otro lugar de la tierra”.

¿Qué hay en el hecho de escalar montañas que puede inspirar tal devoción?

El alpinista Greg Child dijo con emoción que “en algún lugar entre la base y la cumbre de la montaña, está la respuesta al misterio de por qué escalamos”. La escalada pone a prueba nuestra determinación; la escalada es el desafío; la escalada es la que provee las respuestas a los límites de nuestro potencial y nuestras posibilidades. Como afirmó Sir Edmund Hillary: “Lo que conquistamos no es la montaña, sino que nos conquistamos a nosotros mismos”.

Las cimas de las montañas son lugares geográficos. En un sentido más profundo, son representaciones visuales de las continuas pruebas de la vida. Incluso los niños pueden captar esto en las simples palabras de sabiduría del Dr. Seuss: “Hoy es el día, tu montaña te espera. ¡Sólo tienes que empezar a caminar!”. ¿Y quién no conoce lo que dijo Martin Luther King en su más famoso sermón, poco antes de su muerte?

“Bueno, no sé qué pasará ahora. Tenemos por delante algunos días difíciles. Pero ahora eso no me importa. Porque ya estuve en la cima de la montaña. Y no me interesa. Como a todo el mundo, me gustaría vivir una larga vida. La longevidad tiene su lugar. Pero ahora no me preocupo por eso. Yo sólo quiero cumplir con la voluntad de Dios. Y Él me ha permitido llegar a la cima de la montaña. Yo he observado desde allí y he visto la tierra prometida. Puede ser que yo no llegue a ir con ustedes. Pero esta noche quiero que sepan que nosotros, como pueblo, llegaremos a la tierra prometida. Y esta noche estoy feliz. No me preocupo por nada. No temo a ningún hombre. Mis ojos han visto la gloria de la llegada de Dios”.

Con esta alusión a la cima de la montaña, King sin duda se refería a la línea del Libro de los Salmos: “¿Quién ascenderá a la montaña de Dios? ¿Quién puede estar en Su Sitio Sagrado?” (Salmos 24:3).

Escalar montañas como un simbología de escalar “alturas espirituales” es una antigua idea bíblica. Los comentaristas ofrecen bellas ideas sobre el significado más profundo de esta comparación.

  • Cada montaña está a nuestro alcance… si seguimos escalando.
  • No hay atajos para llegar a ningún lugar que valga la pena.
  • El escalador experimentado no se siente intimidado por la montaña. Por el contrario, eso lo inspira.
  • La mejor vista se logra después de la escalada más difícil.
  • Si piensas que llegaste a la cima, encuentra una nueva montaña.

Sin lugar a dudas, Dios podría habernos entregado la Torá en un valle. Pero el lugar que Él eligió fue el Monte Sinaí. ¿Por qué no el Monte Everest? Quizás Dios también quiso asegurarnos que llegar a la cima de las “alturas espirituales” no es tan difícil.

Los judíos que continuamos rigiendo nuestras vidas por la revelación en el Monte Sinaí, estamos absolutamente seguros de que las verdades de la Torá enseñadas en ese lugar nos permiten “pararnos por encima de cualquier otro lugar de la tierra”.

Según tomado de, https://www.aishlatino.com/h/sh/a/El-Monte-Everest-y-el-Monte-Sinai.html?s=trh

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