Lecciones Judías más Importantes

por Diego Edelberg

De las Once Lecciones Judías Más Importantes de la Vida: la #7 es mi preferida

El Shabat pasado fue mi última tefilá en Ruaj Ami como líder espiritual de la comunidad. Los cambios nunca son fáciles y requieren enfrentar el miedo. Escribí hace 5 años sobre la decisión de comenzar en Ruaj Ami en la publicación ¡Shana Tova 5776! ¡Atrévete a cambiar! Dicha publicación es muy preciada para mí porque me permite recordar el temor que me daba cambiar y cómo lo enfrenté. Hoy leo lo que escribí y recuerdo lo que me llevó vencer mis miedos, mirar a los ojos a mis fantasmas y enfrentarlos para crecer desde allí (¡les recomiendo lean la publicación si no lo hicieron!).

Cuando uno debe pararse frente a su comunidad y decir las últimas palabras, es casi la misma sensación que uno tiene al escribir un testamento para su familia. Es la última chance que uno tiene para expresar gratitud, pedir disculpas y compartir las enseñanzas más profundas que uno ha aprendido sobre la vida judía como legado con su amada kehila. Si tuvieran que escribir hoy mismo un testamento o legado para sus seres queridos con las lecciones más importantes, ¿qué dirían? Como imaginarán responder esta pregunta fue tremendamente difícil.

Sin embargo, mientras ordenaba mis ideas llego a mi email la última publicación del Rabino Jonathan Sacks. Quienes me leen saben que tengo un panteón de grandes maestro/as y entre ellos Sacks ocupa un lugar importante. Sú última publicación contiene un video y se titula «Las Cosas que La Vida me ha enseñado sobre el Judaísmo«. De pronto tenía ante mis ojos lo que quería comunicar perfectamente ordenado y con la elocuencia y sabiduría de uno de los pensadores judíos más importantes. Así que tomé sus ideas, las traduje al castellano, las separé en #10 enseñanzas, agregué mis propios comentarios a los de Sack y sumé una última idea más, la #11. Espero estas ideas los acompañen toda la vida porque estoy convencido que son tan profundas que no tienen fecha de vencimiento. Aquí van…

#1 Nunca Te Avergüences de Ser Judío

Nuestra gente ha visto y ha contribuido tanto con la historia de la humanidad; nuestro libro sagrado es la piedra fundamental de la sociedad Occidental en tanto sus narrativas de origen y leyes de comportamiento social que propone; tenemos una resiliencia y capacidad extraordinaria no solo de sobrevivir sino prosperar, que deberías portar tu judaísmo como un honor, un orgullo y una responsabilidad. Algunas personas desprecian a los judíos: siempre lo han hecho y temo decir que siempre lo harán. Siempre habrá quienes encuentren más fácil echarte la culpa de las tragedias del mundo en forma reactiva que ser proactivos en responsabilizarse por contribuir al mundo. En cuyo caso, cuando te encuentres con gente que te desprecia por ser judío, recuerda este primer punto y camina erguido, de modo que, para mirarte a los ojos, se vean obligados a mirar hacia arriba.

#2 Nunca comprometas tus principios por los demás

Groucho Marx dijo, «tengo mis principios y si no le gustan…¡tengo otros!» Este chiste me recuerda lo opuesto de esta segunda lección. No comprometas tu Kashrut (del modo que tu la entiendes y practicas) o cualquier otra práctica judía importante para ti solo porque te encuentras entre no judíos o con judíos que no son religiosos y creen que tus rituales son de una persona inferior a ellos. Los no judíos respetan a los judíos que respetan al judaísmo. Sienten vergüenza ajena por los judíos que están avergonzados por el Judaísmo. Así que esfuérzate por armar tu teología y tus rituales judíos y no los comprometas por satisfacer a nadie.

#3 Nunca menosprecies a los demás

La Tora enseña que todos venimos del primer ser humano creado betzelem elohim, a imagen y semejanza de lo divino. Todos los seres humanos tienen una parte de Dios. Por lo tanto nunca pienses que ser judío te da permiso para menospreciar a los no judíos. Nunca pienses que ser un judío religioso te da derecho a despreciar a los judíos no religiosos. Tampoco creas que porque eres un judío no religioso tienes derecho a menospreciar a los judíos religiosos. Nunca pienses que si naciste de madre judía eres superior a quien eligió el judaísmo por elección. Y si no naciste de una familia judía y has elegido el judaísmo para tu vida seguramente sepas mucho más de teología y rituales judíos que el judío de nacimiento y eso no te da derecho a menospreciarlo tampoco. Recuerda siempre que Moshe, el profeta judío más importante fue la persona más humilde de su generación cuando tenía todas las oportunidades para sentirse la gran cosa. Pero atención: la humildad no significa auto-abatimiento o abnegación de tu valor en la vida. La verdadera humildad es la capacidad de ver el bien en otros sin preocuparte por ti mismo.

#4 Nunca dejes de aprender

El Rabino Sacks cuenta que una vez conoció a una mujer que tenía 103 años y que aún parecía joven. Le preguntó, cuál era su secreto. Ella respondió: «Nunca tengas miedo de aprender algo nuevo en la vida«. Entonces se dió cuenta que el aprendizaje es la verdadera prueba de la edad. Si estás dispuesto a aprender, transformarte, repensar tus ideas, crecer y cambiar puedes tener 103 y aún ser joven. Si no quieres aprender, transformarte, repensar tus ideas, crecer y cambiar puedes tener 23 años y ya ser un viejo.

#5 Nunca confundas lo que es justo con la justicia propia

¡Qué difícil que es esto! Lo que es justo y la justicia propia suenan similares, pero son opuestos. Los justos ven lo bueno en las personas; los que buscan justicia propia ven lo malo. Los justos te hacen sentir más grande; los que buscan justicia propia necesitan hacerte sentir pequeño. Lo justo elogia; la justicia propia critica. Los justos son generosos, la justicia propia es rencorosa y prejuiciosa. Una vez que logres entender esta diferencia, mantente lejos de los que buscan justicia propia sin importar la forma en la que viene: derecha e izquierda, religiosos o seculares, etc. Recuerda que nuestra Tora enseña tzedek tzedek tirdof, justicia justa perseguirás. La justicia no tiene sabor, goce ni placer. De lo contrario no es justicia sino venganza. Por lo tanto trabaja tu humildad para entender que algo puede ser justo y sin embargo desafía tu justicia propia. Cuando llegues a ese punto habrás escalado el escalón más elevado. Gánate el respeto de gente que respetas.

#6 Cada vez que hagas una mitzvá, detente y sé consciente

Cada mitzvá está ahí para enseñarte algo y eso hace toda la diferencia al hacer una pausa y recordar por qué lo estás haciendo. El judaísmo sin sentido, sin reflexión, sin conciencia y sin kavaná (dirección del corazón) no es bueno para el alma. Cuando estés rezando, reflexiona cuidadosamente sobre el significado de las palabras que estás diciendo. Recuerda también que al rezar eres parte de una sinfonía coral de cuatro mil años, formada por las voces de todos los judíos de todos los países a lo largo de todos los siglos que han dicho estas mismas palabras. Algunos dijeron estas plegarias en medio del sufrimiento; otros las gritaron cuando se enfrentaron al exilio y la expulsión; algunos incluso las murmuraron por miedo en los campos de concentración. Son palabras santificadas por lágrimas. Hoy en gran parte del mundo y gracias a Dios las estamos diciendo en libertad. Los rezos de nuestros antepasados ​​se han hecho realidad para nosotros. Por eso nuestros rezos a través de sus palabras los honran tanto como a Dios, porque sin ellos hoy no seríamos judíos, diríamos otros rezos en lugar de estos, y sin nosotros siguiendo su tradición, sus esperanzas habrían sido en vano.

#7 No te preocupes ni sientas vergüenza si no puedes mantenerte al día con la sabiduría y las enseñanzas del judaísmo que se hablan en tu comunidad

Aquí va una confesión para todos los que me leen y me elogian diciendo cuánto se o cuán bellas son mis publicaciones: ¡no hay día que no sienta algo de vergüenza de no saber algo esencial del judaísmo que creo debería saber! La buena noticia es que no estoy solo y tú tampoco. Nadie sabe todo del judaísmo. De hecho, aquí va otro consejo importante para evaluar a tu maestro: si te dice que sabe todo y tiene todas las respuestas lo mejor es que salgas corriendo de allí porque ese no es un maestro sino un loco estafador. No eres el primero ni último judío que no logrará leer todo lo que los judíos escribieron (para hacerlo deberías vivir varias vidas y hablar en forma fluida unos 14 idiomas, como mínimo). Por eso la tradición judía no te entrenará para tener respuestas sino para llegar a la pregunta que necesitas hacerte. Pero debes atravesar el miedo de creer que deberías ser Rabbi Akiva para estudiar Tora. No tengas vergüenza de aún no saber hebreo como te gustaría, de no poder entender a los comentaristas judíos más importantes, de no haber nunca leído a tal Rabino o tal obra judía de la que todos hablan, de no conocer aún el significado de todos los rezos y de ser un ignorante de Cabalá, Musar, Talmud, Halajá o lo que sea. A lo largo de mi vida no me he cansado de escuchar miles de excusas y pedidos de disculpa por no saber. ¡Basta! Yo tampoco nací sabiendo todo. Nadie nace sabiendo todo ni muere tampoco sabiéndolo todo. A los judíos les encanta contar biografías de grandes Rabinos que a los 10 años sabían todo el Talmud y a los 20 ya tenían super poderes. Si eso te deprime y te aleja entonces no le prestes atención. Sigue adelante con tu propio viaje de aprendizaje y desarrollo espiritual. Sin prisa y sin pausa. No te compares con nadie más que tú mismo. Tu eres tu propia competencia. Igual que tú, siento que hay tanto que no sé y mucho más que nunca sabré. Así que guarda las excusas, disculpas, vergüenzas, miedos, sensaciones de inadecuación en el cajón y sigue estudiando, sigue aprendiendo, agradece cada granito de arena que logras incorporar a tu desarrollo intelectual y emocional judío y…¡compártelo sin soberbia sino en humildad!

#8 Siempre estate dispuesto a compartir tu judaísmo

En Shabat o en los Jaguim, invita a tu hogar. Una vez por semana, aprende con personas que saben menos que tú sobre el judaísmo. Comparte en humildad y alegría tu tradición. Sin soberbia, sin sarcasmo ni burlándote sino con curiosidad, asombro, reverencia y amor. Contagia el judaísmo a otras personas. Esto no significa justificarte ni sermonear. Significa explicar cuando el interés del que pregunta es genuino, respetuoso y amoroso (y no cuando te están juzgando, vuelve al #2 para esto). Para entender lo que significa compartir debes entender la diferencia entre lo material y lo espiritual: con cosas materiales -como la riqueza o el poder- cuanto más compartes, menos tienes. Con las cosas espirituales -como el conocimiento, la amistad, el amor o la celebración- cuanto más compartes, más tienes.

#9 Nunca seas impaciente con los detalles de la vida judía

Los rabinos son intolerantes ante la idea del «da lo mismo». Cada ritual judío tiene un cómo, un qué, un dónde, un cuánto y un porqué (bueno, no todo tienen un «porqué» pero justamente de eso se trata la emuna). No hay nada peor para tu espiritualidad judía que pensar que todo es «más o menos lo mismo» y que si digo estas palabras en lugar de estas otras «da igual» y a quién le importa total Dios no está en los detalles. ¡Por el contrario Dios habita en los detalles! La obsesión con el detalle hace que no caigamos en la indiferencia de nada y que todo este saturado de omnisignificado. El judaísmo es la poesía de lo mundano, de las cosas que de otra manera daríamos por sentado. La práctica judía es la coreografía sagrada de la vida cotidiana.

#10 Dios vive en el espacio que hacemos para Su presencia

Cada mitzvá que hacemos, cada rezo que decimos, cada acto que emprendemos, es una forma de hacer espacio para Dios. Es bien conocida la enseñanza que dice, «¿Dónde está Dios? Donde lo dejes entrar». Recuerda también que el Rabino Neil Gillman (Z.L) nos enseñó una pregunta aún mejor: «¿Cuándo está Dios? Cuando lo evocas, allí está».

#11 Comienza con el final en mente

Quienes hayan leído «Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva» de Stephen Covey reconocerán que este es el hábito #2 de su libro. En nuestra tradición este hábito tiene otra connotación. Significa que cada vez que estes por decir o hacer algo piensa en lo que significará al final de tu vida lo que estás haciendo y las consecuencias que tendrá. Tu nombre vendrá acompañado de tu decir y hacer. Por eso tengo la costumbre de comenzar cada shiva al regresar del cementerio con la Mishna de Pirkei Avot

רַבִּי שִׁמְעוֹן אוֹמֵר, שְׁלשָׁה כְתָרִים הֵם, כֶּתֶר תּוֹרָה וְכֶתֶר כְּהֻנָּה וְכֶתֶר מַלְכוּת, וְכֶתֶר שֵׁם טוֹב עוֹלֶה עַל גַּבֵּיהֶן
Rabí Shimón dice: hay tres coronas: la corona de la Torá, la corona del sacerdocio y la corona de la realeza, más la corona de una buena reputación (literalmente del buen nombre) está por encima de ellas.

Pirkei Avot 1:13

Dedica unos momentos para imaginar tú shiva, el día que ya no estés físicamente en este mundo. Eso fue lo que hice yo al despedirme de mi comunidad. Como si fuera una pequeña muerte quería pensar qué quedaría de mi nombre cuando ya no esté ahí. En su libro Jovot HaTalmidim el Rabino Kalonymus Kalman Shapira enseña que la mejor lección es aquella que el estudiante realiza cuando su maestro ya no está presente. Como padre, es mi deseo que mis hijos recuerden la importancia de ser buenas personas y amar su judaísmo el día que no esté en este mundo para recordárselos. Lo mismo deseo con cada alma que me conecto, ya sea como fue en Ruaj Ami como lo fue y es con otras comunidades e incluso con cada lector de este blog. La intención de imaginar tu muerte, el día que ya no estés para recordarle al mundo lo que crees o sientes no es un ejercicio para deprimirte. Todo lo contrario. Es para que pienses cómo quieres ser recordado. Seriamente respóndete: «¿Qué quieres que evoque tu nombre?» Para lograr lo que imaginas que tu nombre evocará cuando ya no estés empieza hoy y no el día que te vas. Por eso, siempre empieza con el final en mente.


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