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El Peligro de la Perfección

29 Nov

por Adin Even- Israel (Steinsaltz) z”l

¿Otorgarle la verdad a Jacob?

Es ampliamente aceptado que Jacob, nuestro patriarca, representa el atributo de la verdad, como dice el profeta de él: “Dale la verdad a Jacob”. (1)  En la práctica, sin embargo, notamos que a lo largo de muchas historias que leemos acerca de él, que Jacob da la impression de actúa evasivamente, y a menudo de forma tortuosa. Ese es el caso de la parashá Toldot, ese es el caso de la parashá Vayeitzei, y ese es también el caso de la parashá Vayishlaj (2)

El problema se formula, con precisión en la parashá de esta semana, en conección a los hijos de Jacob: “Y los hijos de Jacob respondieron a Siquem y a Chamor su padre con astucia    (bemirma). (3) Onkelos elimina algunos de los matices negativos de la traducción “con astucia” al interpretar  “bemirma” como “con sabiduría”; sin embargo, esto es sabiduría torcida, sabiduría que se caracteriza por el engaño.

De todas las narraciones sobre Jacob, la súplica de Micah, “Dale la verdad a Jacob”, parece muy difícil de entender.

Los tres nombres hebreos de Jacob – Yaakov, Yisrael y Yeshurun ​​- todos expresan algún elemento de verdad. La relación, casi inversa, entre el nombre “Yeshurun” y el nombre “Yaakov” a aprecia en claro contraste en un versículo de Isaías, “y el torcido (he’akov) se enderezará (lemishor)”. (4)  Aparentemente, esta transición de Yaakov a  Yeshurun ​​es parte integral de la esencia de Jacob.

Un mundo de falsedad

La falsedad puede definirse como, la ausencia de una relación identificable entre la parte interna (real) de una entidad y su parte externa (superficial). La falsedad es la disparidad entre lo real y lo aparente, entre la esencia de algo y la impresión externa que se hace visible o perceptible. A menudo, cuando las personas son llamadas “mentirosos”, “hipócritas” o “engañadores”, se trata de personas cuya esencia interior no guarda armonía con la manifestación externa de la misma.

Una de las falsedades fundamentales es aquella inherente a la vida social. La interacción social solo es posible cuando las personas se abstienen de expresar sus verdaderos sentimientos y opiniones con respecto a los demás. En la práctica, ninguna sociedad puede existir sin la manifestación de falsedades.

Todos comprenden la necesidad de este tipo de falsedad: estas son las estructuras mediante las cuales opera la sociedad. Uno no le dice a todo el mundo lo que piensa u opina. La expresión hebrea “derech eretz”, literalmente, “el camino de la tierra”, se refiere o alude al concepto de la cortesía social. Lo que la gente llama “derech eretz” es toda esta institución de falsedades sociales, de la que lamentablemente, la sociedad no puede prescindir. Tal comportamiento incluye mostrar respeto hacia aquellos a quienes uno no respeta, decir algo que usted no quiere decir pero que se espera que las diga, y restringirse de las cosas que en realidad son las que nos gustarían decir. Una mirada al cómo se expresan los niños/as pequeños revela, a menudo, que sus “problemas” surgen del hecho de su habla desinhibida. Esto no sugiere que los adultos mientan consciente y deliberadamente, sino simplemente que no siempre dicen toda la verdad. Esto es parte del sistema de convenciones sociales. En este sentido, se puede pensar en la falsedad como una especie de prenda que las personas usan, siendo su función  ocultar aspectos de uno mismo según las circunstancias sociales lo requieran.

Al hablar de las dinámicas sociales, notamos que hay quienes llevan esta idea y/o practica al extremo. Por ejemplo, hay personas que creen que la modestia debe evitarse porque es una forma de falsedad. Por causa de esto, hay quienes se convierten en defensores/as del nudismo. Al final de todo, si una persona se presenta internamente de esta manera, externamente también debería aparecer igual; así que, ¿por qué ser falso? Para estas personas, quitarse tanto la ropa física como la spiritual, hace que el mundo sea más limpio. La primera vestimenta del mundo surgió como resultado del pecado de Adán y Eva. Si el ser humano no hubiera pecado, no habríamos necesitado un vestido.

Un nivel de falsedad adicional, que de igual forma se deriva de una discrepancia entre lo interno y lo externo, estriba en la brecha que existe entre nuestros deseos internos y los que uno expresa externamente. Aquí, la conexión (o la falta de ella) entre lo interno y lo externo es mucho más profunda. Este tipo de falsedad es, en gran medida, también una necesidad social. Una persona que está varada en una isla desierta puede decir o hacer lo que quiera sin repercusiones sociales. En la sociedad, sin embargo, hay muchas cosas que a la gente le gustaría hacer pero tienen que abstenerce, debido a que muchos tipos de conducta se consideran inaceptables.

Muchos filósofos construyeron toda su visión del mundo sobre esta pregunta: ¿cuál es la relación entre la esencia de las cosas y su apariencia externa? O formulado de forma más precisa, ¿realmente existe una entidad genuina en el mundo? ¿Existe la verdad en el mundo? En una elocuente línea, Rava admite y/o confiesa que “no hay verdad” en el mundo, (5) una deprimente escenario que muchos de nosotros nos resistimos a aceptar.

La existencia de una persona se fundamenta en un sistema de restricciones, desde la falsedad en los modales sociales convencionales, a la falsedad de los revestimientos externos de todo tipo, a la brecha entre lo que uno siente en su corazón y lo que revela externamente. Este mundo, de forma innata y por necesidad, nos exige no ser veraces. Nos obliga a abstenernos de expresar la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, incluso cuando nada nos encantaría más que hacerlo.

La Misná declara que “El Santo, Bendito Sea, finalmente hará que cada tzadik herede 310 mundos” (6). ¿Por qué a todos y cada uno de los tzadik se les dan 310 mundos? ¿No hace mejor sentido que los tzadikim compartieran estos mundos? ¿Qué puede hacer un tzadik con tantos mundos? Debe ser, que la recompensa final para los tzaddikim será que cada uno de ellos sea capaz de crear un mundo complete para si mismo, un mundo donde de forma real se adapte a él; a sus deseos y a sus sueños. Presumiblemente, una vez lo logre, un mundo no será suficiente. Por causa de esto, una persona necesitará 310 mundos para convertirse en todo lo que desea, simultáneamente. Es que cada mundo contiene una versión diferente y única de él.

En nuestra existencia terrenal, donde mucho más de 310 personas debemos coexistir, a menudo nos interponemos en el camino de los demás, hasta el punto donde debemos vivir en un escenario donde lo interno y lo externo no se corresponden. Este mundo, debido a su naturaleza y estructura, está lleno de falsedad y en un mundo de falsedad la elección entre la verdad y la falsedad no existe. Por lo tanto, nuestra recurrente pregunta es, si hemos de ser, o no ser veraces. De hecho, lo primero que debemos admitir es que la verdad absoluta nunca estuvo a nuestro alcance.

Pero en realiad, la elección que tenemos en este mundo es mucho menos dramática que la cuestión abstracta de la verdad versus la falsedad, más bien es una cuestión mucho más matizada. En un mundo donde sólo existen verdades parciales, ¿cómo y hasta qué punto debemos aceptar la inevitabilidad de la falsedad? ¿Deberíamos estar satisfechos con verdades a medias, verdades en 1/4 o verdades en 3/4? Si aceptamos que una vida de verdad total es imposible, lo mínimo que podemos hacer es establecer pautas sobre las maneras y formas como nos las arreglamos para no decir la verdad.

Muy bien, está hablando de la “inclinación al mal”

Lo que voy a decirle puede sorprenderle; pero, así como existe una inclinación maligna a la falsedad, el deseo de adherirse constantemente a la verdad, también puede ser un tipo de inclinación al mal, la cual puede resultar a veces, mucho peor que la inclinación a la falsedad. De hecho, una persona puede experimentar una caída espiritual no solo persiguiendo cosas que son abiertamente malvadas, sino también moviéndose hacia el otro extremo. Hay un cierto atractivo hacia la noción que nos dice que uno debe tomar una decisión inequívoca, entiéndase la de ser completamente bueno o completamente malo, pero uno debe darse cuenta que este es un dilema falso: ninguna de estas opciones es el camino correcto.

Es mucho más difícil resistir este tipo de inclinación al mal que resistir una inclinación al mal ordinaria, no porque ser completamente bueno sea algo inherentemente indeseable – por el contrario, en un mundo ideal este es el enfoque recomendado – sino porque establece un estándar irrazonable por el cual vivir.

Nuestros sabios (7)  están de acuerdo en que el hombre con el que se encuentra Jacob es el ángel de la guarda de Esaú, quien representa la inclinación al mal, el Ángel de la muerte y el mal en general. Sin embargo, no están de acuerdo en cuanto a la forma como éste ángel se le apareció a Jacob. Según una opinión, “se le apareció con la disfrazado de un pagano”. Según otro, “se le apareció como un jefe de bandidos.” Pero, también existe la opinión donde “se le apareció como uno de los sabios” (8)

Cuando el ángel de Esaú aparece como un bandido, lo reconocemos. Él dice explícitamente: “¡Alégrate, oh joven, mientras eres joven! Deja que tu corazón te anime en los días de tu juventud.” (9) Cuando uno se encuentra con el mal en su máxima expresión, no se persigue ocultar la agenda. No se nos está vendiendo un sistema de valores; no se está vendiendo sabiduría y moralidad; lo que se vende es mercancía de forma cruda y descarada. No tenga la menor duda, que la lucha contra el mal en su esencia más pura no siempre es fácil, pero es un tipo de lucha bien clara y definida.

Sin embargo, cuando el ángel de Esaú aparece como “uno de los sabios”, presenta argumentos que pueden ser muy convincentes. No te vende este mundo; te vende el mundo venidero, una versión que resulta ser muy tentadora. La pregunta obvia es: si esta entidad es tan buena, si es tan sabia, ¿por qué este es el ángel de la guarda de Esaú?

En este mundo hay personas cuya desviación de las cosas santas no vino como producto de su asociación con personas paganas o bandidos, sino como resultado de sus vínculos con hombres sabios. Su caída fue el resultado de su búsqueda y persecución a traés de la cual establecer estándares imposibles. La inclinación al mal presenta un tipo de mundo cuyos requisitos no se pueden cumplir; en un mundo así, una crisis interior es inevitable. La inclinación al mal enfrenta a cada individuo con un falso e insidioso dilema: ¿eres justo o malvado? ¿Eres una persona decente, o no? De acuerdo con la inclinación al mal, cada persona debe elegir un bando: debe esta en uno o en el otro, y si no están en ninguno, entonces no hay lugar para ti en este mundo.

Frente a estas preguntas, probablemente una persona identificará en sí misma algún elemento que sea incompatible con su auto imagen del cómo debe ser un Tzadik, o en relación al cómo debe ser una persona que persigue un camino recto. Como resultado, llega a la conclusión de que es un mentiroso e hipócrita, que se está engañando a sí mismo y a los demás. Esta mentalidad es insostenible; eventualmente por causa de evitar la necesidad de la “hipocresía”, echará a un lado por completo la justicia.

Esta descripción no es meramente teórica. Hay muchas personas que se ven afectadas por este tipo de inclinación al mal y por este tipo de pensamiento en un mayor grado que el causado por la inclinación al mal “tradicional”, la que abiertamente tienta y atrae a la gente a pecar. Las personas con frecuencia caen en este razonamiento moral retorcido precisamente porque sus almas son puras y les resulta difícil aceptar la deficiencia y la imperfección. Para los tales, la tentación habitual y sencilla de la inclinación al mal, es menos peligrosa que la presentación de la vida en términos en blanco y negro.

La caída de Eliseo b. Avuyah, conocido como “Acher” (“Otro”), fue en parte el resultado de su incapacidad para llegar a un acuerdo con este predicamento: la imperfección intrínseca del mundo. Una persona encuentra esta realidad: cae, se unde, y no hay remedio para él, porque no puede reconciliarse consigo mismo y admitir que el mundo real es imperfecto.

En el verso, “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí, era muy bueno (tov meod)”, (10)  el Midrash expone, “” Bueno “se refiere a la vida; “Muy bueno” se refiere al ángel de la muerte. “Bueno” se refiere a la buena inclinación; ‘muy bueno’ se refiere a la inclinación al mal. ” (11)  

En otra parte, el Midrash relata que el rabino Meir había escrito en su rollo personal de la Torá que “Y he aquí, era muy (meod) bueno’ significa ‘Y he aquí, muerte (mavet) es bueno ‘”. (12) La inclinación al mal enfatiza “muy bueno” con tanta fuerza que niega toda existencia. La existencia ordinaria casi nunca es “muy buena”; por lo tanto, “muy bueno” se refiere al ángel de la muerte. El ángel de la muerte propone la filosofía de la perfección porque no existe una realidad en la que se pueda implementar tal cosa como la perfección absoluta; predicamento que lleva a la persona a la frustración y la desesperación.

La misma inclinación al mal que generalmente aparece como un bandido se manifiesta aquí como hombre sabio. La misma inclinación al mal que apareció en el Jardín del Edén como una serpiente (13) aparece aquí como “muy buena”, y en ambas ocasiones guía hacia la misma muerte.

Los hijos de Jacob-Israel

En cada una de las posibles situaciones presents en la vida real, nos encontramos con esta imperfección, con esta existencia defectuosa, y esto es cierto aun para personas a las que consideramos verdaderamente grandes. En este mundo, no podemos alcanzar la perfección absoluta, la verdad absoluta o el bien absoluto. Lo que se nos pide es una forma de existencia increíblemente difícil. Debemos aprender a vivir continuamente con la verdad parcial, la cual surge como resultado de nuestro compromiso.

En este mundo, la verdad pura existe solo en teoría, no en la práctica. Ningún material en el mundo puede ser 100% puro. El hombre nunca ha tenido éxito– y aparentemente nunca lo logrará–en encontrar o crear tal material, porque este mundo, por su propia naturaleza, no es adecuado para la pureza absoluta.

En nuestro trabajo espiritual, a menudo la pregunta que enfrentamos no está enfocada en la verdad contra la falsedad, sino en relación a cuánta verdad podemos introducir en aquellas cosas cosas de las que estamos conscientes que nunca podrán ser completamente verdaderas y puras. Es nuestra lucha por la verdad, y no nuestro logro por alcanzar la verdad absoluta, lo que nos define.

La realidad de este mundo, nos enseña que la distancia más corta entre dos puntos no siempre es una línea recta. Considere que para salir de una habitación por la ruta más corta, en la mayoría de los casos habría que atravesar la pared más cercana. Sin embargo, es más recomendable aceptar que es más fácil atravesar utilizando la puerta. La ruta, que teóricamente podemos considerarla como más recta y más sencilla, suele ser en la práctica no viable.

Es por eso que nos llamamos Pueblo de Israel; somos hijos de Jacob en cuanto a que él representa nuestro camino espiritual, recordándonos que  el problema de “Dar la verdad a Jacob” es parte de nuestro mundo. Esta es nuestra lucha con la vida, así como Jacob debe luchar con su senda, la cual está plagada de peligros en ambos lados–tanto con el bandido como con el sabio.

Jacob emprende su viaje y, en lugar de seguir continuamente la senda recta, sin desviarse, su camino se torna lleno de vueltas y curvas; una característica integral de su progreso (y, por extensión, de cada persona) a lo largo de la vida. Las líneas rectas existen solo en geometría; el mundo real está lleno de curvas. En gran medida, nuestro desafío es mantener un sentido general de dirección y propósito durante el viaje de la vida, a pesar de los giros en el camino. Debemos encontrar la manera de maniobrar entre el bandido que aparece en un lado y el sabio que está en el  otro, y mantenernos firmes.

Esta “verdad” de Jacob incluye el cómo actúa con Esaú y con Labán, a pesar del cuán engañosas parezcan ser. La verdad de Jacob no es una verdad pura y abstracta, sino la verdad que se puede lograr en el mundo real. Debido a esto, Jacob es una figura que la Torá nos encomienda emular, no a pesar de su “verdad”, sino por causa de ella.

Nadie puede romper todos sus límites y limitaciones, pero ciertamente uno puede tratar de encontrar una forma de sortearlos, saliendo de ellos ilezos de alguna manera, renunciando a la inalcanzable verdad perfecta.

Jacob, el más veraz entre los patriarcas, dice de Labán: “Soy su hermano en el engaño”. (14)  Jacob no dice esto porque se considere a sí mismo una persona engañosa; lo dice porque para preservar su propia verdad en el mundo de Labán, también debe adoptar este enfoque o acercamiento.

El Talmud habla de un hombre que dijo la palabra “verdad” dos veces después de haber pronunciado el Shemá, comentando de él lo siguente: “‘Verdad, verdad’ se apoderó de esta persona”. (15)  Rashi explica: “Un torrente de verdad se apoderó de este hombre” – en otras palabras, la locura de la verdad lo mató. La inclinación maligna de la verdad es el intento para encontrar una “torrente de verdad” en la vida de uno mismo, para mantener un estilo de vida a cuyo estándar es imposible adherirse.

Jacob admite que todo lo que puede hacer es vivir dentro de esta realidad. Por esta razón, es que Jacob no es una persona que viaja en línea recta. Este mundo– “el mundo de la    división”—(16) , no permite que las cosas se desarrollen de manera ideal y directa. Mientras que la esperanza de Isaías para el futuro es que “lo torcido se enderezará y lo accidentado se convertirá en llanura”, (17) hasta entonces, el camino seguirá siendo tortuoso.

Al pasar por las diversas etapas de la vida, cuando perseguimos la verdad tanto como nos sea posible, debemos aprender a soportar muchas imperfecciones en el camino. Solo entonces, seremos capaces de alcanzar el nivel más alto de verdad dentro de la realidad de este mundo.

NOTAS

1. Mic. 7:20.

2. En la parashá Vayeishev, veremos cómo este elemento de astucia fracasa en Jacob.

3. Génesis 34:13.

4. 40: 4.

5. Sanedrín 97a.

6. Uktzin 3:12.

7. Génesis Rabá 77: 3.

8. Chullin 91a; Génesis Rabá 77: 2.

9. Eccl. 11: 9.

10. Génesis 1:31.

11.Yalkut Shimoni I: 16.

12.Génesis Rabá 9

13.Bava Batra 15a.

14. Bava Batra 123a.

15. Berajot 14b.

16. Zohar, Vayeitzei 155a.

17. Es. 40: 4.

Según fue tomado de, https://www.chabad.org/library/article_cdo/aid/4951434/jewish/The-Peril-of-Perfection.htm

Traducción con modificaciones para hacer comprensible el texto en español por drigs (CEJSPR)

 
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Posted by on November 29, 2020 in Uncategorized

 

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