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Después de 500 años, mi familia retornó al judaísmo

19 Apr

por Ivette Alt Miller

Después de 500 años, mi familia retornó al judaísmo
Durante siglos, la familia del Dr. Joe Maldonado ocultó su judaísmo. Al investigar sobre sus ancestros, descubrió algo sorprendente.

El Dr. Joseph Maldonado creció en Nueva York en los años 60 con un fuerte sentido de comunidad. Sus padres emigraron de Puerto Rico a Nueva York, allí se conocieron y comenzaron su familia.

A pesar de que la gran mayoría de los puertorriqueños son católicos apostólicos romanos, la familia de Joe se sentía muy separada de la iglesia católica. Su familia se identificaba con una denominación protestante, similar a la comunidad menonita. Joe recuerda su cálida infancia en un ambiente religioso sumamente conservador, donde aprendió a tener un “tremendo respeto por Israel y por el pueblo judío como el pueblo elegido por Dios”, explicó en una entrevista con Aishlatino.com.

Al llegar a la escuela secundaria en una escuela pública de la ciudad de Nueva York, Joe descubrió que “las únicas personas que tenían un estilo de vida similar al mío eran los judíos ortodoxos”. Posteriormente estudió en la universidad de Nueva York, y su mejor amigo fue un judío ortodoxo. Joe estudió en la Facultad de Medicina Albert Einstein, una división de Yeshiva University en Nueva York.

Joe también estudió en Harvard, Oxford y en la Universidad Dalhousie en Canadá. Se convirtió en urólogo, e incluso trabajó como asistente del director y profesor asistente en la escuela de medicina osteopática en Touro College, otra institución judía ortodoxa en Nueva York.

Joe Maldonado

Cada tanto, incluso pensaban que Joe era judío. Cuando estaba en la facultad de medicina (uno de los dos hombres no judíos que había en su clase), Joe escuchó a sus compañeros conversar sobre sus trabajos adicionales antes de las Altas Fiestas en diversas sinagogas. “Yo dije que era un cantor en una ‘sinagoga’ local…” recuerda con una sonrisa. Con tantos compañeros judíos, esa era la única forma de ser “parte de la discusión” durante las fiestas judías.

Joe recuerda que en una ocasión, al visitar la Biblioteca pública de Nueva York cuando era un jovencito, se le acercó un emisario del movimiento Jabad Lubavitch y le preguntó si quería ponerse tefilín. Joe rechazó la oferta, pero siempre lo acompañó el recuerdo de ese encuentro.

Investigar la historia familiar

Mientras construía su carrera médica, Joe también comenzó a investigar apasionadamente la historia de su familia. Desde que estaba en la escuela secundaria le había interesado la genealogía y había efectuado impresionantes investigaciones. “Logré rastrear ambas partes de mi familia hasta el siglo XVIII, y a medida que pasaban los años cada vez me sentía más interesado en el tema”.

Él descubrió que tanto la familia de su padre como de su madre tenían raíces europeas. Con el tiempo, Joe visitó Puerto Rico y España y revisó documentos en los registros civiles y en los archivos de la iglesia católica. Un punto clave en la investigación de Joe tuvo lugar a finales del 2000, cuando conoció a un genealogista amateur, Harry Stein. Harry Stein, nativo de Chicago, tenía un sitio web sumamente popular llamado Sephardim.com, que contenía muchísima información sobre la historia de los judíos sefaraditas. (El sitio desapareció tras el fallecimiento de Stein en el 2015).

Stein identificó decenas de apellidos judíos y le dijo a Joe que el distintivo apellido de soltera de su madre estaba asociado con familias judías. En un primer momento, Joe no estuvo interesado en oír que su árbol familiar podía contener ciertas asociaciones judías, pero recuerda que Stein comentó que tal vez en algún momento del pasado los judíos podían haber sido parte de su familia.

El mundo de los sefaradíes, anusim y criptojudíos

En la Edad Media, la comunidad judía de España era una de las más grandes y vibrantes del mundo. También era una de las más complejas y amenazadas. En el siglo VI, los judíos que vivían en lo que hoy es España se vieron forzados a convertirse. De acuerdo con el historiador Max I. Dimont en su libro “Los judíos, Dios y la historia”, el rey Recaredo obligó a convertirse al cristianismo a 90.000 judíos.

Esta experiencia de conversiones forzadas se repitió en varios momentos, particularmente después de 1391 cuando los judíos fueron masacrados por turbas cristianas primero en Sevilla y luego en otros pueblos y ciudades de la península ibérica. Alentados a un frenesí antijudío por parte de los líderes católicos, las turbas españolas saquearon las propiedades judías, asesinaron a miles de judíos y obligaron a muchos judíos a convertirse al cristianismo bajo pena de muerte.

A lo largo de las subsiguientes olas de ataques, tantos judíos se convirtieron al cristianismo que su número comenzó a plantear un problema para los cristianos “regulares”, que sospechaban que los judíos conversos seguían manteniendo su religión en secreto. Estos judíos que aparentemente se habían convertido al cristianismo, y de quienes sospechaban que mantenían en secreto su estilo de vida judío, eran conocidos como “nuevos cristianos” o como Marranos, que era un término despectivo y abusivo. Los judíos llamaban a sus correligionarios criptojudíos, es decir judíos que mantenían su religión en secreto, o anusim, un término hebreo que significa “forzados”.

El historiador y ex profesor de la Universidad Hebrea, Jaim Hilel Ben Sasson, observó que estos judíos secretos florecieron en la sociedad española, lo que provocó resentimiento entre los cristianos “viejos” que no tenían sangre judía. “Gradualmente, el antagonismo cristiano hacia los conversos asumió un carácter étnico y racial. El concepto de ‘pureza de sangre’ evitaba la integración de los nuevos cristianos dentro de la sociedad cristiana. Más y más violencia era perpetrada contra los conversos”.

La inquisición atacó a los judíos secretos y quemó en la hoguera a todos los que eran condenados por el “crimen” de mantener en secreto sus tradiciones judías.

En 1478 se estableció la inquisición para desarraigar a los herejes dentro de la iglesia católica. Esta se hizo cargo de una previa inquisición Papal. La inquisición en España fue solo uno de estos cuerpos. Roma y Portugal mantenías sus propias inquisiciones. La inquisición española no operaba sólo en España sino también en sus territorios cruzando los mares. Desde 1481, la inquisición persiguió a los judíos secretos, torturando a quienes eran acusados de mantener prácticas judías y quemando en la hoguera a todos los que fueron condenados por el “crimen” de mantener en secreto las tradiciones judías.

Tomás de Torquemada, un fraile dominicano sádico y fanático antisemita, dirigió la inquisición de España. Torquemada no sólo quería desarraigar a los judíos secretos, sino también expulsar del país a todos los judíos. Cuando el Papa rechazó su pedido de emitir un edicto de expulsión a los judíos, Torquemada presionó a los reyes de España, el rey Fernando y la reina Isabel, para que exiliara a todos los judíos de España.

Fue una proposición increíble. Los judíos españoles estaban integrados y tenían influencia en todo el reino de España. (De hecho, el matrimonio de Fernando e Isabel fue arreglado por un judío español llamado Abraham Senior). La pareja real accedió a expulsar a los judíos de España, pero pareció arrepentirse cuando el prominente rabino español Rabí Don Itzjak Abravanel se presentó ante ellos en persona suplicando por sus correligionarios y pidió que les permitieran quedarse a cambio de un enorme soborno al rey y a la reina. Dicen que la pareja real casi aceptó, pero en ese momento entró a la habitación Torquemada, escupiendo veneno antijudío, y logró frustrar la oferta de Abravanel.

En el escudo de armas de los ancestros maternos de Joe se ven pequeñas estrellas de David rodeando las cruces.

En 1492, el día de Tishá BeAv, que marca la destrucción de ambos Templos en Jerusalem, los judíos de España salieron del país. Las estimaciones respecto a cuántos judíos salieron ese día varían entre 40.000 a 100.000. Muchos se fueron a Portugal. Algunos huyeron a Ámsterdam, Bélgica, Italia o a territorios españoles al otro lado del mar, como las Islas Canarias y las Azores.

Decenas de miles de judíos permanecieron en España. Formalmente ellos aceptaron convertirse en cristianos, pero muchos mantuvieron en secreto sus prácticas judías. Estos judíos secretos eran el objetivo al que apuntaba la temida Inquisición. Todo judío secreto que vivía en los territorios españoles al otro lado del mar continuó siendo perseguido por la Inquisición que operaba en las jurisdicciones españolas por todo el mundo. Increíblemente, la inquisición española sólo terminó en 1834, tras haber torturado y matado en la hoguera a miles de personas.

Descubrir más secretos familiares

En el 2013, España anunció que otorgaría ciudadanía a los descendientes de los judíos que fueron obligados a abandonar el país en 1492. La nueva política ocupó muchos titulares en todo el mundo e impulsó a Joe Maldonado a pensar una vez más sobre una posible conexión judía en la historia de su familia. “Volví a trabajar sobre el árbol familiar de mi madre”, recuerda. Muy pronto se puso en contacto con otro médico que está relacionado con Joe a través de su tatarabuela materna.

Esta nueva historia familiar se remontó mucho más atrás de lo que Joe había logrado penetrar. De repente pudo rastrear partes de su familia hasta el siglo XVI. Él notó una característica inusual. “Muchas veces aparecía algo que se llama dispensa por consanguinidad”. Estos eran permisos que se debían pedir a la Iglesia católica si alguien deseaba casarse con parientes en línea directa en primero, segundo, tercer o cuarto grado, algo que típicamente estaba prohibido por la iglesia católica, pero que podía superarse al recibir una “dispensa”. La historia familiar de Joe estaba repleta de casos de primos que se casaban entre ellos. Joe afirma que “no pude entender eso”. En un primer momento pensó que tal vez sus ancestros trataban de proteger la riqueza familiar al casarse sólo dentro del clan, pero eso no eliminaba todas las preguntas respecto a ese inusual patrón de elección de parejas.

Otra característica inusual del árbol familiar de Joe era la extensa gama de lugares de donde venían sus ancestros. “Descubrí que no veníamos sólo de España”. En muchos casos, sus ancestros se habían mudado de España a Portugal, y de allí a Amberes, Ámsterdam, a otras partes de Flandes, las Azores y las Islas Canarias.

El árbol rabínico de la familia Verdugo, con el cual está conectada la 8va bisabuela materna María Segarra Verdugo (j-haplogroup).

“Comencé a leer un poco y descubrí que esos eran lugares a los que habían ido los conversos. Comprendí que el patrón de migración que estaba viendo era el patrón que seguían esos criptojudíos”. En su investigación, Joe descubrió los términos anusim y benei anusim (descendientes de anusim). Se sorprendió al descubrir que incluso en el Nuevo Mundo había personas que mantenían costumbres y tradiciones judías que surgieron de sus experiencias como anusim cientos de años antes.

Joe comenzó a preguntarles más a sus padres sobre las singulares costumbres de sus familias. Él oyó que algunos descendientes de anusim continuaban cuidando costumbres familiares como el hecho de encender velas la noche del viernes. ¿Acaso su familia hacía eso cuando estaban en Puerto Rico? No, en absoluto, le respondió su madre, pero mientras más preguntaba, más descubrió respecto a algunas curiosas costumbres que tenían ciertos tintes de prácticas judías.

Algunos judíos secretos tenían la costumbre de barrer hacia el centro de la habitación al limpiar el suelo. El Dr. David M. Gitlitz, ex profesor de estudios hispánicos en la Universidad de Rhode Island, estudió testimonios de la inquisición y señaló que algunos judíos españoles tenían una superstición respecto a que no debían barrer la basura pasando la mezuzá en el marco de la puerta, por lo que barrían hacia el centro de la habitación.

“Entonces vi que mi madre barría hacia el centro de la habitación”, contó Joe. Al enterarse que esa costumbre estaba asociada con los judíos secretos, Joe le preguntó por qué barría de esa manera. “Esa es la forma en que aprendí a barrer”, le respondió su madre. Joe también comprendió que su madre nunca comía huevos fuera de su hogar. Ella no quería consumir un huevo que tuviera una mancha de sangre y sólo comía huevos que ella misma hubiera preparado para poder revisar que no tuvieran sangre. Para entonces, Joe ya sabía que esta también era una costumbre judía (de hecho, revisar que no haya manchas de sangre en los huevos antes de cocinar es un componente clave de la cocina kasher). Joe le preguntó a su madre también respecto a esta curiosa costumbre. “Simplemente porque nosotros comemos así los huevos. Eso es lo que me enseñó mi abuela”, le respondió su madre.

Otra costumbre familiar que le llamó la atención fue que su madre no mezclaba lácteos y carne en la misma comida.

Otra costumbre familiar curiosa que Joe descubrió fue el hecho de enterrar a quienes fallecían dentro de las 24 horas de su muerte. A continuación, sus parientes cubrían todos los espejos de la casa y permanecían en la casa durante siete noches, rezando el rosario y recibiendo visitas. “Ponían sillas y la gente venía de visita”. Joe comprendió que esto hacía eco de la costumbre judía de sentarse en shivá cuando fallece un pariente cercano. La falta de afinidad con la iglesia católica por parte de sus bisabuelos lo llevó a pensar que rezar el rosario después de la muerte de un familiar debía ser una señal de que estaban ocultando algo. ¿Por qué esos ancestros que clamaban ser firmes protestantes, de repente rezaban como los católicos durante siete noches después de un funeral? “Pensé que en verdad estaban haciendo shivá y lo ocultaban diciendo el rosario”, recuerda Joe.

Otra costumbre familiar que le llamó la atención: “Mi madre no mezclaba carne y lácteos en la misma comida”, contó Joe. Cuando les preguntó a sus padres sobre esa tradición poco habitual, le respondieron que eso era lo que hacían sus familias.

De regreso en Puerto Rico, Joe descubrió que sus parientes tenían una forma inusual de sacrificar a los animales que recordaba de cerca a la shejitá, el ritual judío para sacrificar animales. “Tengo videos de mi madre y de su hermana explicando cómo mataban pollos y terneros en la granja en la que crecieron”. Ellas describieron usar un cuchillo especial que tenía que ser muy afilado y matar a los animales con un solo corte en el cuello. Luego acostumbraban a poner sal gruesa en la carne y a hervirla para asegurarse que no quedara nada de sangre. Aunque este método de matar a los animales era diferente de lo que hacían sus vecinos, los parientes de Joe siguieron haciéndolo de esa manera simplemente porque esa era su costumbre.

Joe también señaló que muchos de los nombres de su familia eran bíblicos: “Los nombres de los hermanos de mi madre eran Carmel, Naftali y Efraim”. La familia de su madre también parecía seguir una tradición familiar de nombrar a sus hijos con los nombres de parientes que habían fallecido.

Había también otra costumbre familiar que Joe pensó que podía derivar del deseo de apegarse a la práctica judía en secreto. Las mujeres judías tradicionalmente se sumergen en un baño ritual una vez al mes. En la familia de Joe, su madre recordó que todas las mujeres visitaban una vez al mes el río local. Joe le preguntó si esa inusual costumbre familiar tenía algún significado particular. “No, era simplemente para pasar un buen momento”, le respondió. Sin embargo, mientras más investigaba sobre la historia y las costumbres judías, Joe más creía que se trataba de antiguos rituales judíos.

“Comprendí que eran tradiciones que la gente seguía cumpliendo pero que no entendían por qué lo hacían. Seguían cumpliendo con esas prácticas, pero habían perdido y olvidado el significado original de por qué hacían esas cosas”.

La historia de los judíos secretos en Puerto Rico

Oficialmente, España no permitió que vivieran judíos en Puerto Rico, pero parece que al igual que en otras partes, logró asentarse allí una comunidad de judíos secretos. En su investigación, Joe descubrió que Alonso Manso, un oficial católico, escribió a comienzos del siglo XVI a los oficiales de la iglesia quejándose de que la isla estaba “infectada” con judíos y en 1519 recibió privilegios inquisitoriales de la iglesia. “Era tan cruel que otros sacerdotes católicos pidieron que le quitaran sus privilegios”, señala Joe.

Un oficial del gobierno de Puerto Rico que fue acusado de ser un judío secreto huyó a España para enfrentar allí a la inquisición, antes que enfrentar la sádica inquisición de Manso en Puerto Rico. A pesar del aparente regocijo de Manso al ver sufrir a quienes eran quemados en la hoguera, él mantuvo sus temibles poderes inquisitoriales.

En esta atmósfera de intensa hostilidad antijudía, los judíos secretos de Puerto Rico eligieron escaparse al interior montañoso de la isla para ocultarse. El pueblo de Utuado, junto a Lares, Adjuntas y Jayuya tienen familias con historias de criptojudíos. En Utuado, algunas fuentes indican que el pueblo incluso contó con una región conocida como el “Sector judío”. “Los habitantes de la región son llamados híbaros y muchos creen que esto viene de la palabra hebreos. Dicen que muchos de los habitantes de Lares hablaban Ladino”.

Al seguir profundizando sobre la historia de su familia, Joe encontró dos parientes que fueron juzgados por la Inquisición española. Trágicamente, uno de sus ancestros fue quemado en la hoguera en las Islas Canarias y el otro quedó registrado que murió en prisión mientras esperaba su juicio en Toledo.

Conocer a otros anusim

A esta altura, Joe ya estaba casi seguro de que su familia eran judíos secretos. “Comprendí que no podía cerrar los ojos a esto”, explicó Joe. Él seguía siendo un cristiano religioso, y descubrir que era judío fue una “crisis existencial”.

Algunos de sus amigos le aconsejaron no dejar que ese descubrimiento lo perturbara, pero él no pudo compartir esta perspectiva. Descubrir que era judío no era lo mismo que descubrir cualquier otro dato de la historia familiar. Era algo que alteraba su propia identidad y el sentido de quién era. “Acababa de descubrir que mis ancestros perdieron su identidad judía debido a ese espantoso evento histórico”, entendió Joe al estudiar más sobre la inquisición. “De no ser por eso, mis ancestros hubieran tenido hijos que habrían seguido esas tradiciones. Hace cuatro o cinco generaciones, alguien sabía que estaban practicando algo en secreto”. Joe no quiso dar la espalda a esa tradición.

Él comenzó a conectarse con personas involucradas en la investigación de las comunidades judías secretas, y muy pronto entró en contacto con un miembro del Instituto de Estudios Sefaraditas y Anusim de Netania, Israel. Ellos invitaron a Joe a una conferencia en Israel en el 2015, dedicada a llevar un registro de los judíos de España en la diáspora. “¿Adónde se fueron todos esos judíos cuando los expulsaron de España?”, preguntó Joe. Él estaba decidido a ser parte del grupo de investigadores que respondieran a esa pregunta crucial.

En la conferencia, Joe conoció a otros dos puertorriqueños. Uno era una mujer que había descubierto que descendía de los judíos secretos y se había convertido formalmente al judaísmo. El otro era un abogado que estaba descubriendo su herencia como judío secreto. “Éramos los tres puertorriqueños más inverosímiles”, comenta Joe con una sonrisa. Cada uno había encontrado su camino a la conferencia después de muchos años de investigar sus propias historias familiares. Hasta el día de hoy, Joe cree que su encuentro fue “fijado por Hashem”, usando el nombre hebreo de Dios.

“Me sentí como Richard Dreyfus en Encuentros cercanos”, explicó Joe respecto a la conferencia. En la película, el personaje de Dreyfus y otras personas buscan la misma verdad, utilizando el limitado equipo al que tenían acceso. El personaje de Dreyfus se siente obligado a crear el modelo de una montaña cuyo significado sólo queda claro más adelante en la película. “Sentí que estaba tallando una montaña, hasta que encontré otras personas que estaban igualmente obsesionadas con sus investigaciones, al igual que en la película. Sentí: ‘Dios mío, no soy el único'”. Un rabino que participó en la conferencia le dijo a Joe que su investigación de la historia judía le recordaba las profecías bíblicas de las diez tribus perdidas de Israel retornando tras un largo exilio.

Durante ese viaje a Netania, Joe asistió a su primer servicio en una sinagoga, al visitar la sinagoga sefaradí local. “Fue un momento muy fuerte, no entendía nada de lo que decían, pero mi alma entendía”.

Conectarse con los judíos en Nueva York

“Regresé a Nueva York sabiendo que necesitaba retornar a mis raíces judías”, explicó Joe. Él se conectó con varios rabinos y comenzó a trabajar con el Rav Peretz Steinberg, quien entonces trabajaba como rabino de Young Israel de Queens Valley, en Nueva York.

Al oír la remarcable historia de la familia de Joe, Rav Steinberg le sugirió llevarlo a New Square, donde vivía Rav David Twersky, conocido como el Rebe de Skever. Rav Twersky, un descendiente directo del Baal Shem Tov, el fundador del movimiento jasídico, es uno de los más renombrados y reverenciados líderes judíos que viven hoy en día. La visita llevó a uno de los momentos más fuertes en la travesía judía de Joe.

En un primer momento, Joe se sorprendió por la vestimenta jasídica de Rav Twersky y de otros judíos de New Square. Le resultó muy extraño. Cuando Rav Twersky comenzó a hablar con Joe, también él se sorprendió por la investigación familiar de Joe. Joe recuerda que le explicó a Rav Twerski que “quiero hacer esto como un retorno”. Le dijo que no era un extraño que quería convertirse a una religión nueva. Más bien se veía a sí mismo como un judío perdido que había regresado a casa. “Mi familia son judíos que se perdieron a lo largo del camino”, explicó Joe.

Rav Twersky lo escuchó y luego le dijo: “Esto no es una conversión, es un retorno”. Aunque Joe eventualmente eligió seguir adelante con una conversión judía ortodoxa, para que nunca quede lugar a dudas de su judaísmo, se sintió validado por la confianza de Rav Twersky. “Oír a Rav Twersky decir que era un retorno fue suficiente”, señala Joe.

Joe comenzó a cuidar las festividades judías y otras mitzvot. No había una sinagoga en el pequeño pueblo en el que vivía en Nueva York, pero tuvo la fortuna de encontrar una sinagoga ortodoxa en Urica, Nueva York, a la cual podía llegar en auto. Compró una casa cerca de esa sinagoga que mantiene como una “casa de Shabat”, donde él y sus huéspedes pueden quedarse para poder caminar hasta la sinagoga en Shabat.

Embarcarse en este nuevo estilo de vida judío ortodoxo no siempre fue sencillo. Al comienzo, Joe era el presidente de la Sociedad Estatal de Médicos de Nueva York, y a menudo tenía que asistir a conferencias los fines de semana.

El logró encontrar hoteles cerca de sinagogas para cuidar Shabat así como kashrut y otras tradiciones judías. También comenzó a aprender hebreo.

El día del recuerdo del Holocausto del 2016 Joe completó su conversión. Ya tenía un nombre judío que había recibido de sus padres: Iosef Rafael. Adoptó también el nombre Peretz como tributo a Rav Steinberg. Posteriormente, Rav Steinberg descubrió que el día de la ceremonia era el iortzait de su amada abuela Perel, por quien él había recibido su nombre. Durante mucho tiempo, los padres de Rav Steinberg no tuvieron hijos. Poco antes de morir, su abuela Perel les dio una bendición y les dijo que muy pronto tendrían un hijo. Era como si Perel una vez más estuviera brindando bendiciones, ayudando a infundir santidad en la vida de Joe cuando él comenzaba su vida como judío.

La aceptación de la familia

Joe Maldonado no está casado y no tiene hijos. Aunque sus padres y parientes no siguieron los pasos de Joe al descubrir su herencia judía, ellos aceptaron esta nueva faceta de su familia.

El hermano de Joe ya no vive, pero antes de morir comenzó a darle a Joe regalos en Janucá en vez de darle regalos de Navidad. La madre de Joe lo acepta e incluso disfruta encendiendo con él las velas de Janucá. El padre de Joe se resistió al comienzo, pero Joe describe que una vez escuchó una llamada por teléfono cuando llegó sin anunciarse a la casa de sus padres. Un primo le dijo a su padre que su hijo estaba haciendo su residencia médica en el Hospital Beit Israel. “Mi padre dijo: ‘Oh, esa es una buena institución judía. A propósito, tú sabes que somos judíos… Joe lo investigó y somos judíos genética y genealógicamente. No puedes discutir con los hechos”. Aunque no se lo dijo directamente a Joe, para él oír esas palabras fue muy significativo.

¿Estos huesos pueden vivir?

Durante los últimos cinco años, Joe continuó investigando su árbol familiar y ante su sorpresa descubrió que los dos puertorriqueños que había conocido años atrás en la conferencia en Netania son sus primos. También encontró otros parientes judíos, incluyendo un rabino que vive en Alemania, que es un primo en quinto grado. Siguió investigando un poco más la familia de su madre y ubicó la tumba de un pariente en un cementerio judío en Curazao. También encontró la ketubá, el contrato matrimonial judío, del hijo mayor de su bisabuelo en octavo grado, quien se casó en la famosa sinagoga sefaradí de Londres, Bevis Marks.

Ketuvá del hijo mayor de los bisabuelos en octavo grado, que se casó en la sinagoga Bevis Marks en 1711

Joe señala que al profeta Ezequiel le mostraron unos huesos viejos que estaban sobre la tierra y le preguntaron: “¿Estos huesos pueden volver a la vida?” (Ezequiel 37:1). Dios le mostró a Ezequiel una fuerte imagen de huesos hace tiempo muertos que retornaban a la vida. “Oí un ruido y he aquí una conmoción y los huesos se reunieron, hueso con hueso. Y observé que había nervios sobre ellos y surgió la carne y fueron cubiertos de piel…” (Ezequiel 37:7-8). Ante el asombro de Ezequiel, muy pronto estuvo de pie un grupo de personas, formadas de los huesos que antes parecían estar completamente muertos.

“Esa es mi historia”, explica Joe. “Nosotros somos los descendientes de los huesos que fueron polvo, que hace mucho desaparecieron”. Cada vez que él cumple una mitzvá, demuestra que una línea judía que durante tiempo estuvo dormida ha regresado a la vida.

Hace algunos años, Joe estaba en Syracuse, Nueva York, y una vez más se le acercó un joven emisario de Jabad Luvabitch y le preguntó si quería ponerse tefilín, tal como le habían preguntado muchos años antes en la Biblioteca pública de Nueva York. Esta vez Joe aceptó.

“Pensé que probablemente esa era la primera vez en 500 años que alguien de mi familia se ponía tefilín”.

Hasta la fecha, Joe encontró ocho primos, descendientes de su bisabuela materna en noveno grado, que también retornaron al judaísmo tradicional. “Estamos regresando a casa”, dice Joe.

Según tomado de, Después de 500 años, mi familia retornó al judaísmo (aishlatino.com)

 
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Posted by on April 19, 2021 in Uncategorized

 

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