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Author Archives: yishmaelgunzhard

¿Qué está sucediendo entre Israel, Irán y Siria?

Los iraníes prendieron fuego a una bandera estadounidense improvisada durante una manifestación tras la oración del viernes en Teherán, el 11 de mayo de 2018. (FOTO AFP / STRINGER)

Los iraníes prendieron fuego a una bandera estadounidense improvisada durante una manifestación tras la oración del viernes en Teherán, el 11 de mayo de 2018. (FOTO AFP / STRINGER)

de New York Times International Weekly

Por Sewell Chan

Un conflicto en ciernes entre Israel e Irán escaló esta semana después de que aviones de caza israelíes atacaran blancos del régimen iraní en la vecina Siria. Los ataques fueron lanzados luego de que el ejército de Israel acusara a Irán de lanzar cohetes contra sus tropas en los Altos del Golán.

Este ha sido, según los israelíes, el primer ataque iraní directo con cohetes contra sus blancos. La mañana del jueves 10 de mayo, la Fuerza Aérea de Israel destrozó “casi toda” la infraestructura militar de Irán en Siria, de acuerdo con el ministro de Defensa Avigdor Lieberman.

El régimen de Irán es uno de los principales promotores del presidente sirio Bashar al Asad. Intervino por primera vez en el conflicto sirio para ayudar al gobierno de Asad en contra de los rebeldes y ha colaborado con el régimen sirio en contra del Estado Islámico.

Irán se ha aprovechado del caos del conflicto sirio para establecer en ese territorio una infraestructura militar considerable. Ha construido y entrenado a milicias chiitas compuestas por miles de combatientes y ha enviado a asesores de su poderosa Guardia Revolucionaria a bases militares sirias.

“Israel e Irán llevan unos veinte años en guerra fría, pero ahora esta salió de entre las sombras”.

Pese a que los rebeldes sirios han perdido terreno y ya no representan una amenaza tan concreta al mandato de Asad, Irán y sus aliados siguen en Siria. Estos han fortalecido también sus vínculos con aliados chiitas en Irak y con el grupo chiita libanés Hezbolá, con la aparente expectativa de construir un frente unido en caso de una guerra en la zona.

“Gracias a la intervención militar rusa, Asad está en terreno seguro, aunque sigue habiendo zonas insurgentes. Entonces la República Islámica puede darse el lujo de invertir menos contra los rebeldes y de enfocarse en Israel”, dijo Amir Toumaj, analista de investigación de la Fundación por la Defensa de las Democracias, grupo que tiene un enfoque duro hacia Irán.

Jjudíos rezan en el Muro Occidental en la Ciudad Vieja de Jerusalén el 11 de mayo de 2018 "para dar gracias a Dios" por la cancelación del acuerdo nuclear iraní y también por la decisión del presidente de Estados Unidos de trasladar la embajada estadounidense de Tel Aviv a Jerusalén. FOTOGRAFÍA AFP / THOMAS COEX

Judíos rezan en el Muro Occidental en la Ciudad Vieja de Jerusalén el 11 de mayo de 2018 “para dar gracias a Dios” por la cancelación del acuerdo nuclear iraní y también por la decisión del presidente de Estados Unidos de trasladar la embajada estadounidense de Tel Aviv a Jerusalén. FOTOGRAFÍA AFP / THOMAS COEX

La estrategia iraní, de acuerdo con el analista, es “volver a Siria un frente viable, como ya es el sur de Líbano, para propósitos tanto ofensivos como defensivos en caso de que surja una nueva gran guerra entre Hezbolá e Israel”.

Ha lanzado decenas de ataques aéreos en Siria con el argumento de que intenta prevenir el movimiento de armas avanzadas de Irán a Hezbolá, de acuerdo con Natan Sachs, director del Centro para Política de Medio Oriente del Instituto Brookings.

El gobierno israelí no tiende a confirmar que realizó ataques individuales, mientras que el gobierno sirio y Hezbolá no siempre reconocen que fueron atacados. Sin embargo, en agosto, el general mayor Amir Eshel, entonces comandante de la Fuerza Aérea Israelí, dijo que Israel había lanzado cerca de cien ataques contra convoys desde 2012. No obstante, a diferencia de otros actores en Siria, Sachs dijo que Israel no ha realizado estos ataques para incidir en el resultado del conflicto.

“No le tiene cariño alguno a Asad, pero teme el caos que podría resultar de su caída”, dijo el especialista. “Ahora, con la victoria del lado de Asad junto con Irán, Irán puede conseguir una presencia militar a largo plazo en Siria para atrincherarse en el país y vincularlo más directamente con Líbano. Eso es algo que Israel no va a aceptar; ahora teme la tendencia actual en Siria con una mayor presencia iraní, y es por eso que tiene un impulso de frenar esas cuestiones ahora, antes de que Irán se establezca más”.

El conflicto israelí-iraní creció días después de que el presidente estadounidense Donald Trump anunciara el retiro de Estados unidos del acuerdo nuclear con Teherán, pactado en 2015 entre varias naciones. Israel ha criticado ese acuerdo desde antes de que fuera establecido y Trump hizo campaña con la promesa de salirse.

La preocupación es que esa batalla que Irán e Israel han librado de manera indirecta desde hace años pase a ser directa.

“Ya no es guerra vía terceros. Es directa y eso es lo que la vuelve particularmente peligrosa”, dijo Martin Indyk, ex embajador estadounidense en Israel. “Israel e Irán llevan unos veinte años en guerra fría, pero ahora esta salió de entre las sombras: es un enfrentamiento directo y en movimiento entre las fuerzas, con cada vez más muertos iraníes. El potencial para que eso escale es mucho mayor que antes”.

Indyk opinó que es posible que el anuncio de Trump no haya ayudado, pero que el conflicto ya estaba cerca del punto de ebullición desde antes. A principios de este año, por ejemplo, Irán movilizó a las milicias chiitas hacia los Altos del Golán y desplazó a cohetes y herramientas para producir más cohetes hacia Siria, con el fin de suministrarlos más fácilmente a Hezbolá. Irán también instaló sistemas de defensa antiaérea que alcanzan a Israel.

Sachs dijo que seguramente continuarán los embates entre Israel e Irán en territorio sirio.

“Este ir y venir del ataque iraní contra sitios israelíes en el Golán y una respuesta abarcadora de Israel contra varios blancos iraníes en Siria no fue cuestión de una sola vez, o de que prevaleciera un deseo incendiario”, dijo el especialista. “Esto es parte de un conflicto estructural entre Israel e Irán en Siria”.

Añadió que ambos bandos seguirán “poniendo a prueba los límites del otro”. Sachs indicó que los límites estrictos que quiere imponer Israel quedaron claros con el ataque y que “Irán ahora sentirá que debe responder. No es probable que ceda respecto a sus metas en Siria después de haberle dedicado tantos esfuerzos al conflicto civil allí. Es posible incluso que intenten involucrar a Hezbolá de Líbano en algún momento. E Israel definitivamente no se va a echar para atrás en cuanto a detener una incursión iraní”.

Indyk, el ex embajador, dijo que las tensiones son como “un auto que solo tiene acelerador y no frenos”. Ante la pregunta de a dónde se dirige el conflicto, dijo: “Hacia algo malo”.

Según tomado de, https://www.clarin.com/new-york-times-international-weekly/sucediendo-israel-iran-siria_0_ry5oaB7AM.html

 
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Posted by on May 11, 2018 in Uncategorized

 

When was the Yovel in effect?

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When was the Yovel in effect?

Based on the verse “you shall proclaim freedom in the land to all its inhabitants” (Lev. 25:10), the Jubilee year was in effect only during the period when all the tribes of Israel were living in their allotted territories (Talmud, Arachin 32b)—i.e. from the time of Joshua until the time that the transJordanian tribes were exiled by the Assyrians (around 750-700 BCE). The Jubilee cycle began with Joshua’s conquest of the Holy Land in 2503 (counting from the creation). It ended with the exile of the Ten Tribes in 3205. Thus the first Jubilee was in 2552 (2503+49), and the last one was in 3202 (558 B.C.E.); it was celebrated only 14 times.

As taken from, http://www.jewishanswers.org/ask-the-rabbi-81/the-yovel/

 
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Posted by on May 11, 2018 in Uncategorized

 

Llegando a Sinai

Llegando a Sinai

Una mujer en búsqueda de la brújula de su vida.

por Sara Yoheved Rigler


Estaba sentada cruzada de piernas en el piso de la sala de recepción de mi gurú entre una docena de otros discípulos, todos indios. A un par de metros de mí, en su diván, estaba mi octogenario gurú, el reconocido experto Sri Gopinat Kaviraj, director retirado de la Universidad Varanasi Sanskrit.

Había ido para decir adiós. Después de un año en la India, me iba a la mañana siguiente. Mi gurú me había enseñado sobre los diferentes niveles de realidad: física, emocional, mental, astral y espiritual. También me había enseñado a meditar, lo que era la manera de acceder al más alto nivel de realidad: el espiritual.

Me acerqué al mundo espiritual como una turista impresionada.

Habiendo sido criada en un entorno de judaísmo conservador, en donde Dios y el alma nunca eran mencionados, me acerqué al mundo espiritual como una turista impresionada cuya guía la había llevado a un ámbito fantástico jamás mencionado en las guías de viaje normales. La meditación era la clave para la de otra manera impenetrable puerta de acceso a ese mundo. Me levantaba a las cuatro de la mañana, cuando la quietud previa al amanecer le ponía alas a mi mente todavía desordenada, y meditaba por una hora, a veces experimentando un éxtasis que me hacía ser reacia a volver a la pesadez del mundo físico.

Ahora, en esta, mi última audiencia con mi gurú, tenía ganas de hacerle una pregunta que me atormentaba. Ese año había encontrado un objetivo al que dedicar mi vida: la conciencia de Dios. Pero todavía no sabía cómo se suponía que navegaría por mi vida para no desviarme ni perderme en el laberinto de problemas y elecciones que me rodeaban.

Por una parte, yo quería quedarme en la India, pero mi padre insistía en que regresara a la Universidad Brandeis para terminar mi año final. ¿Y luego qué? ¿Debería obtener una licenciatura en sicología, como siempre había planeado hacer? El mundo académico me parecía ahora insípido y altanero comparado con la profunda luz del mundo espiritual. ¿Y qué iba a pasar con mi apuesto novio indio? Mis padres nunca me habían dejado salir con un no judío. ¿Casarme con mi amor hindú valía la angustia que le causaría a mis padres?

Después de quince minutos de responder preguntas en Bengalí, mi gurú finalmente se dirigió hacia mí, y me preguntó en mi idioma: “¿Entonces te vas mañana?”.

Yo asentí tristemente, y disparé mi pregunta: “Cuando se me presenten elecciones en la vida, ¿cómo sabré qué elegir?”. Le estaba pidiendo una brújula. Sentía que mi barco se estaba aventurando en un viaje largo y peligroso. ¿Cómo encontraría mi objetivo cuando las nubes de confusión ensombrecieran las estrellas?

Tenía demasiados amigos que deambulaban por sus vidas sin dirección, chocando con consecuencias desastrosas en el camino. Sus vidas estaban manchadas con comienzos falsos y relaciones fracasadas, y cambiaban sus especializaciones universitarias tan a menudo como cambiaban sus camisas: todos los meses.

Me aborrecía el modo de vida de prueba y error. Era el apogeo de los sesentas, cuando el debate de moda era si el LSD causaba daño cerebral permanente o daño cromosómico. La droga era demasiado nueva para estudiar sus efectos a largo plazo. ¡Cuántos de mis brillantes y creativos amigos la experimentaron, como si la futura agudeza mental de ellos o de sus hijos valiera la apuesta! Yo, por el otro lado, me regía por el objetivo, con un sentido de eficiencia demasiado escrupuloso como para desperdiciar años de mi vida o mi bienestar emocional con giros equivocados. Yo quería una brújula.

Mi gurú me congeló con su mirada y contestó: “Deja que las escrituras sean tu guía”.

“¿Las escrituras?”. Pensé incrédulamente. “¿Qué escrituras? ¡Yo no tengo escrituras!”.

Yo sabía que Sri Kaviraj-ji era un brahmán ortodoxo, que seguía los mandatos de los Vedas. Había un rumor de que había desheredado a su único hijo por casarse fuera de la casta. Pero en el año en que había estudiado con él, nunca había mencionado las escrituras indias.

Tenía yo escrituras, me pregunté, examinando rápidamente mi vida. ¡Seguramente no se refería a la biblia! De niña, acostumbraba asistir a mi sinagoga conservadora todos los Shabat y leía los aburridos argumentos del comentario de Hertz en la porción de Torá de la semana. Ciertamente no había sabiduría para la vida, no había ninguna brújula allí.

“No tengo escrituras”, respondí sumisamente.

“¿No tienes escrituras?”. Se compadeció, como si le hubiese dicho que no tenía un páncreas o un riñón. “Bueno, entonces deberás ser guiada por tu voz interior”.

El problema con la voz interior es que el ego es un gran ventrílocuo.

Mi voz interior. Me había dado una brújula, pero claramente, en su mente, una de segunda categoría, una barata e imprecisa, el tipo de brújula que venden por cincuenta centavos en los bazares de baratijas, no la brújula vanguardista que vendían en el catálogo de Hammacher Schlemmer.

El problema con la voz interior, aprendería eventualmente, es que el ego es un gran ventrílocuo. Lo que parecía ser la voz interior era a menudo solamente la voz del deseo básico de realizar una buena imitación. “Debo hacer eso. Es mi destino. Es el deseo de Dios para mí”. Y yo, engañada, me metería resueltamente en un espinoso camino del que sólo saldría con gran dificultad, emergiendo arañada y sangrando.

Intelecto versus Intuición

Obtuve mi título de Brandeis y, al otro día, me uní a un ashram (retiro espiritual indio) en los bosques del este de Massachusetts, a 1,5 kilómetros del océano, en donde me quedé por los 15 años siguientes. El gurú era una mujer india de 64 años, a quien llamábamos Mataji.

Mataji era el ser humano más inteligente que había conocido. Se movía, y nos guiaba a todos, mediante dirección divina que había recibido mediante meditación. La intuición era el aparato con el cual se conectaba con la voluntad divina.

El intelecto, por otro lado, era desdeñado como una herramienta imperfecta y limitada, que no podía investigar más allá del mundo físico. El intelecto, de acuerdo a Mataji, era un charlatán, que afirmaba ser infalible mientras que en realidad era incapaz de trascender las barreras de la lógica y elevarse hacia la más grandiosa verdad de la paradoja, el mundo místico más allá de los límites de la realidad física.

En el ashram, el intelecto era un intruso poco grato.

Yo había crecido en un entorno de clase media judía en donde el intelecto, destilado en logro académico, lo era todo. Sri Gopinath Kaviraj, también, me había hablado desde el nivel del intelecto, aunque explicando conceptos que estaban más allá del alcance de mi mente que no tenía entrenamiento espiritual, como un médico exponiendo las complejidades de la estructura atómica a un joven de secundaria.

En el ashram, sin embargo, el intelecto era un intruso poco grato que interfería con la búsqueda de la intuición pura. Cuando le hacía preguntas a Mataji sobre la filosofía oriental, se rehusaba a contestar, ridiculizándome como su “caja de preguntas”.

Aunque la comunidad ashram practicaba meditación tres veces al día, nuestras propias voces internas estaban subordinadas a la dirección inspirada divinamente de Mataji. Con el pasar de los años, me di cuenta de que el gurú-como-brújula tenía dos características drásticamente opuestas.

Por un lado, el sistema de los gurús había funcionado en India por siglos porque sacaba la dirección del buscador de vida espiritual fuera del control de la altamente subjetiva voz interna, y la ubicaba en el control más objetivo de un gurú, presumiblemente más iluminado. Aún si el gurú no estaba completamente iluminado, probablemente era más sabio que el buscador, y casi siempre más objetivo sobre los asuntos que él enfrentaba. Así, incluso si el consejo del gurú no venía directamente de la fuente de sabiduría divina, al menos no venía de la subjetividad del ego del buscador o de sus deseos. Obedecer al gurú requería de disciplina y de auto abnegación, un ejercicio que era siempre beneficioso para el aspirante a espiritualidad.

Por otro lado, el gurú, aunque iluminado, todavía era un ser humano, con su propia subjetividad. Mientras que Mataji ascendía ocasionalmente a los ámbitos etéreos y traía mensajes en los que ella era meramente la transmisora, más a menudo su dirección venía de su propia intuición, que estaba filtrada por las circunstancias de su vida y cultura particular.

Cuando, un invierno, una devastadora tormenta de nieve golpeó New England causando maremotos que demolieron docenas de casas en la vecina ciudad de Scituate, los sobrevivientes sin hogar fueron puestos en catres del ejército en la escuela secundaria local. La radio transmitió pedidos de hospedaje, especialmente para los ancianos traumatizados y sin casa. Como el retiro ashram tenía cabañas que albergaban a los visitantes durante el verano, que estaban vacías, quería ofrecerlas para los esfuerzos de rescate. Mientras Mataji estaba en California, en nuestro otro ashram, yo era la jefa administrativa del ashram de la costa este. Casi como una formalidad, le llamé para pedirle su aprobación.

Ella se negó. Albergar a extraños de vibraciones espirituales cuestionables en las cabañas de retiro, insistió, podría dañar la enrarecida atmósfera del ashram. Llorando, discutí con ella. ¿Cómo podía dejar que gente anciana, que había perdido su casa recientemente, duerma en catres del ejército en un edificio de escuela secundaria? Mataji era inflexible. Devastada, colgué dándome cuenta de que mi activismo social judío había chocado contra la pared de la pasividad social hindú de Mataji. Su brújula hecha-en-India se había balanceado hacia el polo magnético de sus propios antecedentes y condicionamientos.

Yo no era un buen discípulo. Discordaba con Mataji a menudo. A veces estaba asombrada por sus vibraciones etéreas y su genuina humildad, y yo buscaba arduamente abdicar mi ego arrogante en su guía. Otras veces, sólo veía debilidad humana. Como su secretaria personal, estaba en contacto cercano y diario con ella. “La cercanía lleva al desprecio” decía tristemente a menudo cuando se enfrentaba con mi rebelión y con mi obstinación.

Con respecto a la meditación, el medio para alcanzar mi propio acceso directo a lo divino, me pareció tan errático como las drogas. En el ashram acostumbrábamos a decir que la diferencia entre las drogas y la meditación es que las drogas te elevan, pero la elevación dura sólo lo que dura la droga. Durante los diecisiete años de practicar meditación, experimenté muchas veces elevaciones extáticas, completas con revelaciones de la Unidad más grande, sólo para aterrizar de golpe cuando alguien se metía en mi estado de conciencia alterado al hablarme.

La Torá

Al final de 1984, cuando tenía 36 años, el libro en el que había estado trabajando por cinco años – una detallada biografía histórica del gurú de mi gurú, fue publicado. Como regalo, Mataji me dio permiso para ausentarme por dos meses y dos mil dólares para ir al lugar del mundo que deseara. Fui a la ciudad de Nueva York, a estudiar misticismo judío.

Allí encontré, para mi máximo asombro, que la Torá no era, como había pensado, una historia del pueblo judío, y tampoco un anticuado compendio de rituales antiguos. La Torá, afirmaban mis maestros, era el manual de instrucciones entregado por Dios para estar en el planeta tierra. Era, afirmaban, la voluntad de Dios sobre cómo los seres humanos debían conducir sus vidas, revelada a todo el pueblo judío en Sinai. De acuerdo a mis maestros, incluso la Ley Oral, el comentario que hace que la Torá escrita sea comprensible, fue deducida por los sabios de acuerdo a principios exegéticos definidos, también entregados en Sinai.

Si sus argumentos eran realmente ciertos, entonces, me di cuenta, la Torá era la máxima brújula para objetivos, directamente de Dios, tan inmune a la subjetividad humana como era posible para cualquier cosa en este mundo finito.

Me parecía poco creíble. ¿Cómo podía el Dios infinito revelarse en un libro finito? Pero había algo sobre la objetividad pura de un libro que me incitó a investigar más.

A las seis semanas de explorar el judaísmo, me encuentro en un auto yendo a un hotel en las montañas. El conductor era Rav Ezriel Tauber, un jasídico de mediana edad con largas peot negras enruladas. Sobreviviente del holocausto, Rav Tauber habló con un fuerte acento polaco, todas sus palabras embebidas en amor por Dios y por la Torá.

Llegamos en el último día de un seminario de una semana conducido por dos científicos israelíes. Me metí en la abultada sala de conferencias justo a tiempo para oírlos, los dos con barba y kipá negra, contando su historia personal. Habían sido rigurosamente seculares hasta una noche en la que asistieron a una fiesta y escucharon a alguien hablando largamente sobre el improbable tema de los códigos ocultos en la Torá. Ellos estaban cansados de la gente religiosa que hacía afirmaciones fantásticas que nadie siquiera se molestaba en repudiar. Ellos prometieron probar en sus laboratorios, al día siguiente y mediante el uso de sus computadoras, que la afirmación era una tontería.

Pero en lugar de eso, se desconcertaron al descubrir no sólo que los códigos mencionados estaban allí, sino que también muchos otros mensajes secretos estaban puestos en intervalos regulares a través de la Torá.

En ese momento, los científicos le dijeron a los cientos de ávidos oyentes en el hotel, que sintieron que ser honestos de acuerdo a sus propios métodos científicos demandaba el reconocimiento de que la Torá no pudo haber tenido un autor humano. Ni siquiera Moshé sentado en la cima del Monte Sinai con una computadora pudo haber encastrado códigos referentes a gente y a eventos lejanos en el futuro. Y si era realmente Dios el que les estaba diciendo que santificaran el Shabat y que comieran casher, la integridad les demandaba obedecer. Entonces se convirtieron en observantes religiosos.

El seminario continuó, con varios oradores ingeniosos presentado diferentes evidencias señalando la posibilidad de que la Torá es de autoría divina.

Ahora mi intelecto era libre para corretear por donde quisiera.

Me senté allí embelesada. Si podía ser científicamente cierto que la Torá era de Dios, entonces era la máxima guía objetiva, la brújula vanguardista para la acción humana.

Algo comenzó a agitarse dentro de mí. Mi intelecto, que tan a menudo fue reprendido en el ashram, ahora estaba libre para corretear por donde quisiera. Nosotros, la audiencia, fuimos invitados a preguntar, desafiar, exigir pruebas, desarmar todo argumento. Mi intelecto estaba colaborando como un aliado en la búsqueda de la verdad espiritual, en lugar de ser rechazado como un elemento subversivo.

Dejé el hotel esa noche exaltada por la excitación intelectual del seminario. Pero, una o dos horas después de comenzar a manejar, me di cuenta de la horrible verdad: ahora que puede que haya encontrado la brújula que estuve buscando durante toda mi vida adulta, no estaba segura de querer ir en la dirección que apuntaba.

Tenía 37 años. El ashram no sólo era mi casa física y espiritual, sino que también mi lugar de empleo y la residencia de todos mis amigos. Aceptar los preceptos de la Torá requeriría un cambio radical del estilo de vida – un repudio de todo lo que yo consideraba querido, un enajenamiento de mis amigos, y la renuncia a cualquier posición y prestigio que había adquirido en el mundo del New Age. Tendría que empezar de cero como una judía neófita. La sola idea me abrumaba.

Volví esa noche a la ciudad de Nueva York virtualmente convencida de que la Torá era la brújula que Dios le había dado al pueblo judío. ¿Pero acaso eso tenía que incluirme a mí?

Sinai

Un mes después mi búsqueda me llevó a Jerusalem. Mataji extendió mi período de ausencia por dos meses más, y una modesta suma de dinero que había heredado de mi abuela iba a pagar mis expensas. Comencé a estudiar en Nevé Yerushalaim, que era vendida como “la Ieshivá para mujeres baalei teshuvá” – judíos volviendo a la observancia religiosa de sus bisabuelos.

Estudié Jumash, halajá, Maimónides, y la parashá semanal. Amé todo lo que aprendí. Batallé con varios temas, principalmente con la ostensible oposición del judaísmo al universalismo y al feminismo, pero la profundidad del enfoque de mis maestros no dejaba nada fuera de alcance. Aquí había brillantez intelectual a la par de profundidad espiritual. La forma de vida ordenada por la Torá me calzó como un vestido que había estado colgado en mi closet por décadas, ignorado por ser demasiado apretado y demasiado pasado de moda; sólo que cuando finalmente me lo probé me di cuenta de que me calzaba perfectamente.

Pero, mi permiso de ausencia estaba por terminar, y mi vida pasada me llamaba. Después de todo, todas las pruebas intelectuales en el mundo no me podían fortalecer lo suficiente para saltar al precipicio, hacia un futuro incierto.

Una noche, cerca de medianoche, fui al Kotel, el Muro Occidental, el único remanente del Templo Sagrado, el lugar más sagrado del judaísmo. Allí medité. ¿Qué quería Dios de mí?

Sinai, para todo judío, es el momento de decirle “Sí” a Dios.

Hablamos de la Torá como algo entregado al pueblo judío, como un presente que apareció un día en la mesa del living. En realidad, la Torá fue ofrecida, con la libre elección para aceptarla o no. La Torá registra que todo el pueblo judío, “como una persona con un solo corazón”, le respondió a Dios: “Naasé venishmá Haremos y entenderemos“. Nuestros ancestros se comprometieron incondicionalmente, de puro corazón y sin haberla visto, a seguir los múltiples mandatos de la Torá.

Sinai, para todo judío, es el momento de decirle “Sí” a Dios: “Sí, lo haré en Tus términos”, “Sí, viviré de la manera en que quieres que lo haga”, “Sí, aceptaré Tu Torá como mi guía, aún cuando es inconveniente o sumamente difícil”.

Ese noche de verano, tarde, en el Kotel, me paré en Sinai. Había alcanzado el punto en donde el intelecto y la intuición convergen. Medité y elegí. “Sí”, le dije a Dios, “Aceptaré tu Torá, adonde sea que me lleve, cueste lo que cueste”.

Esa noche honestamente floté por los escalones desde el Kotel a mi habitación en el Cuarto Judío. En lugar de sentirme agobiada por los cientos de mandamientos a los que me acababa de comprometer, me sentí feliz y liviana. Después de diecisiete años, finalmente tengo mis propias Escrituras.

Según tomado de, http://www.aishlatino.com/h/sh/a/123183423.html?s=g

 
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Posted by on May 10, 2018 in Uncategorized

 

To Have or to Be, That Is the Question

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by, Rabbi Nathan Lopes Cardozo

Your threshing season will last until your grape harvest, and your grape harvest will last until the time you plant. You will have your fill of food, and you will dwell securely in your land.[1]

This blessing is promised to the People of Israel on condition that, as a unified nation, they observe the laws of the Torah and live by its spirit. Its promise is quite surprising. Not only will the Israelites have plenty to eat but, as the verse clearly indicates, the Jews will experience an overflow of food. The first season, when produce is brought to the threshing floor, will last until the days of the grape harvest, which in turn will continue into the planting season.

Rashi,[2] quoting Torat Kohanim (Sifra), makes an extraordinary statement. He says the verse is teaching us that “even if you eat only a little, it will be blessed in your stomach.” He seems, then, to understand this verse in an entirely different way from what we would have imagined. It appears that it is not the quantity of food that will increase, but the quality. The food that is consumed will be of such high caliber that eating just a small amount will provide the same benefit as would eating a large amount of more inferior food.

The explanation of the verse, then, as understood by Torat Kohanim and Rashi, would be that very little food will be used by people throughout the entire year, meaning that the same amount of food normally consumed in a short period of time will last much longer. Thus, the time of threshing will yield enough food to last until the grape harvest, and so on.

There is, however, a completely different way of looking at this verse, which may hold great meaning for our times. The famous thinker and teacher of musar (Jewish ethics), Rabbi Yerucham Levovitz,[3] alludes to an even greater miracle that is mentioned in our verse. This time, it is not the quality of the food, but rather the spiritual quality of the human being that will be the causal factor.

According to Rabbi Yerucham, there will be no difference between a year that is blessed and one that is not. Both will produce the same amount and the same quality of food. What will determine the outcome is the people’s attitude to their physical possessions. Depending on their spiritual condition, human beings will either be satisfied with what they have, or not.

To be satisfied is one of the greatest blessings that can ever be bestowed upon human beings. But this blessing has little to do with the amount of food or belongings that people eat or own. A minimum amount of possessions could be more than enough. The Torah teaches us that when the People of Israel live in accordance with the requirements of the Torah, it will result in a state of mind and heart in which matters of possession and food will take on a completely different dimension. This attitude will depend on how the human being relates to the divine.

When people achieve high moral and spiritual attitudes, they will view the world in a very different light. They will live in what Eric Fromm calls the “being mode.” One acquires one’s essence and happiness through spiritual growth.[4] What is of real importance is not what a person “has” but what a person “is.” And in that moment of realization, satisfaction is no longer the result of possessing more but of being more.

Most remarkably, the Torah emphasizes that, first and foremost, it is human action (observing the commandments) that creates this mindset. Judaism was the first to postulate that mental health and sickness are the outcome of right and wrong living. When people are greedy, or ambitious to achieve fame, we see them as annoying and have contempt for them. They are unhappy individuals, however much they happen to own. The Torah teaches us that they actually suffer from a type of mental illness that is the outcome of wrong living.

This idea also relates to the concept of joy. Joy is concomitant with productive activity. It is not a peak experience that ends suddenly, but rather a plateau that is the product of one’s essential human faculties. It is not the ecstatic fire of the moment, but the glow that accompanies “being.”

It is only with this type of true joy that one is able to be satisfied with the minimum while experiencing it as the maximum.

This is the secret to a happy life.


Notes:

[1] Vayikra 26:5.

[2] Ad loc.

[3] See Daas Torah. Rabbi Yerucham Levovitz (1873-1936) was the mashgiach (spiritual guide) at the famous Mir Yeshiva in Poland.

[4] See Erich Fromm, To Have or to Be (London: Abacus Books, 1976).

As taken from, https://www.cardozoacademy.org/thoughts-to-ponder/parshat-bechukotai-to-have-or-to-be-that-is-the-question/?utm_source=Subscribers&utm_campaign=aa9fede6a6-Weekly_Thoughts_to_Ponder_campaign_TTP_548&utm_medium=email&utm_term=0_dd05790c6d-aa9fede6a6-242341409

 
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Posted by on May 10, 2018 in Uncategorized

 

5 Signs You Need to Take a Fresh Look at Judaism

5 Signs You Need to Take a Fresh Look at Judaism

So many Jews, myself included, stopped their Jewish education when they were kids and never examined the depth of Judaism through adult eyes.

by Dr. Yvette Alt Miller

A recent survey found that fully 62% of American Jews feel that being Jewish is merely an accident of birth. For so many of us, Judaism isn’t where we look for answers to life’s big questions.

And that’s a shame, because Judaism is chock-full of wisdom and insights for creating a meaningful, joyous life. But so many Jews, myself included, stopped advancing their Jewish education when they were children and never examined the depth of Jewish wisdom through adult eyes.

Here are five signs that it might be time to take a fresh look at Judaism as an adult.

1. You think Judaism is all about guilt.

Judaism gets a bad rap when it comes to guilt. Many Jews think our religion is one long guilt trip, replete with beating ourselves up and feeling shame. Perhaps it’s because Yom Kippur is one of the most-observed holidays among Jews that we mistakenly think Judaism is focused primarily on blame and fault.

Unlike some religions which regard people as innately sinful and bad, the Torah explains we each are created betzelem Elokim, in the image of the Divine (Genesis 1:26). We each contain a pure soul that reflects our celestial origins. Our essential core is good. What we do with this divine spark is up to us, but Judaism gives us infinite opportunities to grow and develop and to reinforce our connection with the Almighty. The Torah is our playbook, giving us tasks and guidelines that enable us to reach beyond ourselves, become more refine and connect to God.

When we make mistakes and come up short – which is guaranteed to happen – instead of fostering feelings of guilt, Judaism encourages us to pause, restock, and figure out how to do better. As King Solomon said, “The righteous person falls seven times, and gets up” (Proverbs 24:16). Recognize the mistake, get on track and move on.

2. You feel that Judaism doesn’t speak to you personally.

A friend recently told me that her strongest feelings about being Jewish stemmed from the Holocaust and pride in the modern day state of Israel.  Both of these issues are crucially important to the identity of modern Jews, but I asked her, “Do you relate to Judaism personally? Does being Jewish affect your day-to-life? Your relationship with God?”

These questions elicited a confused shrug.

Judaism is replete with meaningful mitzvahs that have the power to transform us, turning us into more spiritual beings.  Each time we enjoy a delicious Shabbat dinner, we’re not only taking our place in a chain of countless generations of Jews who have done the same, we’re deepening our connection with the Divine.  When we give tzedakah, perform acts of kindness, celebrate Jewish holidays, and put Jewish teachings into practice we are connecting to eternal truths and spiritual principles that stem from a transcendent, Infinite dimension that brings out our inner potential, elevating us and the world.

Being Jewish isn’t only about Jewish history; it’s a vehicle for transforming our very souls as well.

3. You think there are no female Jewish role models.

I grew up hearing this and it took me years to learn that in fact many of Judaism’s central role models are women. In our darkest time during slavery in Egypt, it was women who kept the Jewish people going, never losing hope that days would get better and would triumph, and refusing to give in to despair. Later, when the Jews sinned at Mount Sinai by building an idol to worship, it was Jewish women who remained steadfast in their belief in God, and refused to take part. In every generation, Jewish women have sustained us, strengthening the Jewish body and nurturing the Jewish soul.

Indeed, our tradition teems with women who inspire and shape our religion. We model our behavior towards guests on the hospitality of our matriarch Sarah, and we model the way we pray on a Jewish woman in the Torah named Chana. Each Purim we read the story of Queen Esther who saved the Jewish people. On Shavuot, we recall Ruth, the ultimate model of choosing Judaism and accepting the Torah. On Chanukah, we celebrate two Jewish heroines, Judith and Chana, and each year we recall the military victory wrought by Yael. From their ancient times to now, Jewish women have been a key part of our history, nurturing and guiding and inspiring us all.

4. You believe that Judaism has little to say about life’s pressing issues.

Growing up, I thought that the Talmud was archaic and irrelevant. So I wasn’t sure what to expect when I sent my kids to a Jewish school and they took Talmud. Well, it didn’t take long for my son to put what he was learning into practice. One day he found a $5 bill on the sidewalk and picked it up, exclaiming “I know what to do with this!” He’d been learning the Talmudic chapter on how to treat lost property and was thrilled to put the Jewish laws to use, asking neighbors if they’d lost any money and not resting until he’d found the bill’s rightful owner.

The Talmud is an encyclopedic work that addresses every topic under the sun –sharing its timeless wisdom on issues such as property rights, environmentalism, the ethical treatment of animals, settling disputes, treating people with respect, behavior in times of peace and conflict, and countless other real-world dilemmas.

From ancient insights from King Solomon to modern day thinkers, Judaism is teeming with knowledge that addresses myriad issues we face every day.

But only if we make an effort to learn it.

5. You think the synagogue is where Judaism takes place.

When I was a child, just about everything we did that was Jewish was performed in the synagogue, from praying and eating kosher foods to socializing with other Jews and learning things about our religion.  Very few of those activities had a place in our regular, day-to-day life. It was only once I learned more about Judaism that I realized that for thousands of years the Jewish home has been the center of Jewish life.

My first glimpse of this was during my first visit to Israel when I arranged to have Shabbat lunch with a local Orthodox Jewish family.  I arrived at their house and was surprised to find the mom sitting quietly studying Torah until her guests arrived. I’d never seen anyone study Jewish texts outside of a synagogue class before.  Shabbat lunch was leisurely: slowly, over sumptuous food, we sang Shabbat songs, discussed religious topics, listened to the family’s children talk about the week’s Torah portion, and chatted. Hours later, when lunch was finally over, it knew that was the sort of home I longed to build: a place where Jewish holidays and Shabbat are celebrated, a place where guests are welcomed and where Jewish values permeate the very air.

In Hebrew, the Jewish home is referred to as a Mikdash Me’at – a mini Temple that each of us has the power to create. It’s a place where we instill Jewish values in the next generation, where we teach and learn, and where we watch with pride as Judaism is lived and performed.

As taken from, http://www.aish.com/jw/s/5-Signs-You-Need-to-Take-a-Fresh-Look-at-Judaism.html?s=mm

 

 
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Posted by on May 10, 2018 in Uncategorized

 

In Search of the Why

By Rabbi Jonathan Sacks

The most often quoted of all Nietzsche’s remarks – indeed one of the most quoted sentences of all in recent times – is his statement that “One who has a why to live for can bear almost any how.”[1] If life has a meaning, if our own life has a purpose, if there is a task we have yet to fulfil, then something within us gives us the strength to survive suffering and sorrow. The call of the future helps us get through the pain of the present and the trauma of the past.

Ironically it was Nietzsche himself who saw more clear-sightedly than anyone else that loss of faith in God would result in the death of meaning. This is what he has his madman say as he is announcing the “death of God”:

What did we do when we unchained the earth from its sun? Whither is it moving now? Whither are we moving now? Away from all suns? Are we not perpetually falling? Backward, sideward, forward, in all directions? Is there any up or down left? Are we not straying as through an infinite nothing? Do we not feel the breath of empty space? Has it not become colder? Is it not more and more night coming on all the time?[2]

Infinite nothing. Empty space. A world without God is, in an ultimate sense, a universe without a why. It may have beauty, grandeur, scale and scope – but not meaning.

Almost precisely the opposite insight occurred, more than two hundred years earlier, to one of the most brilliant mathematicians of the 17th century, Blaise Pascal, who wrote, as if in anticipation of Nietzsche, “The eternal silence of these infinite spaces terrifies me.” During the night of 23 November 1654, Pascal, then aged 31, had a life-changing religious experience which he described in the following note: “Fire. God of Abraham, God of Isaac, God of Jacob, not of the philosophers and the scholars…” He ended by quoting Psalm 119:16: “I will not forget thy word. Amen.” He sewed this note into his coat, kept it with him always, and dedicated the rest of his life to exploring religious faith.

The God of Abraham, Isaac and Jacob is the God who speaks, who calls, who listens. The infinite spaces are not silent. Beneath and beyond them is the still, small voice of God, and it is this that gives meaning to history and to our individual lives.  As the historian J.H. Plumb wrote: “The concept that within the history of mankind itself a process was at work which would mould his future… seems to have found its first expression amongst the Jews.” For the Jews, said Plumb, “the past became more than a collection of tales.” It became “an intimate part of destiny, and an interpretation of the future, more certain, more absolute, more comprehensive, than any divination, either by the stars or oracles could ever be.”[3] Jews were the first to find meaning in history. They discovered the why. That is why they were able to bear almost any how. Judaism is the oldest, deepest expression of humanity as the meaning-seeking and -finding animal.

These are, relatively speaking, modern thoughts. Yet they lie at the heart of parshat Bechukotai – if we follow the interpretation of Maimonides. Bechukotai begins with the blessings that will ensue if the Israelites are faithful to their mission and covenant with God. Then come the curses that will follow disobedience. They are long, terrifying and relentless – even if they end, as they do, with a note of consolation; “Yet, despite all this, when they are in the land of their enemies, I will not spurn them, or abhor them so as to destroy them utterly and break My covenant with them; for I am the Lord their God” (Lev. 26:44). How, though, are we to interpret the blessing and the curse?

The keyword of the curses is keri. The word appears here seven times – and nowhere else in the entire Tanach. The basic principle is clear. “If you act towards Me with keri, – says God – I will act towards you with keri.” But what the word means is not clear. The various translations include rebelliousness, obstinacy, indifference, hard-heartedness and reluctance.

Maimonides, however, relates it to the word mikreh, meaning “by chance.” He interprets the overall message as: if you behave as if history were mere chance, and not Divine providence, then, says God, I will leave you to chance. The result will be that Israel – a small nation set in a highly hostile neighbourhood, then and now – will eventually be defeated, devastated, and come close to destruction.

This is a remarkable reading and points toward a distinction that we sometimes forget: between Divine punishment on the one hand, and the withdrawal of Divine providence on the other – what the Torah calls “the hiding of the face” of God.[4] When God punishes, He punishes the guilty. But when God “hides His face,” even the innocent may suffer.

God hides His face from man when man hides his face from God. That is how Maimonides understands the parsha, and it is strikingly similar to Nietzsche’s claim that “God is dead.” When God is eclipsed, all that remains is “infinite nothing” and “empty space.” What dies is not God but man, the meaning-seeking animal. In his place, as Nietzsche knew, comes man the power-seeking animal. From there it is a short step to nihilism and barbarism.

To be a Jew is to have faith that our individual lives and our collective history have meaning. God is there even if we cannot feel him. He hears us even when we do not hear Him. That is the blessing. It gave our people the courage to survive some of the worst blows ever to befall a people. It is what gives us, as individuals, the strength to come through “the slings and arrows of outrageous fortune.” Lose that faith and we lose that strength. We are “left to chance.” That is the curse. Chance is not kind but blind. The curse is not a punishment, but a consequence.

Hence the life-changing idea: search for meaning and you will discover strength. Life is not mikreh, mere chance. It is a story of which you are a part, a question to which you are the answer, a call directed to the smartphone of your soul. That is our people’s collective destiny, within which each of us has a specific and individual purpose. Find it and your why will carry you through almost any how. Or as Jordan Peterson puts it: “Meaning is the Way, the path of life more abundant, the place you live when you are guided by Love and speaking Truth and when nothing you want or could possibly want takes any precedence over precisely that.”[5] Hence his Rule 7: Pursue what is meaningful, not what is expedient.

For everything there is a meaning. It does not always say: this is why such-and-such happened. Sometimes it says: given that such-and-such happened, this is what you must do. Once we find the why, even a curse can be turned into a blessing. Without the why, even a blessing can become a curse. So search for the why and the rest will follow: strength, fulfilment, peace.

NOTES

[1] The actual quote, from the ‘Maxims and Arrows’ section of Twilight of the Idols is: “If we possess our why of life we can put up with almost any how.” Nietzsche, Twilight of the idols and The Antichrist, translated by RJ Hollingdale, Penguin, 2003, 33. The irony is that the person who did most to popularise this quote was Viktor Frankl, a survivor of Auschwitz. On Nietzsche’s antisemitism, see Robert C. Holub, Nietzsche’s Jewish Problem, Princeton University Press, 2016.

[2] Friedrich Nietzsche, The Gay Science, translated by Walter Kaufmann, Vintage Books, 1974, 181.

[3] J H Plumb, The Death of the Past, Pelican, 1973, 56-7.

[4] See Deuteronomy 31:18.

[5] Jordan B. Peterson, 12 Rules for Life: an antidote to chaos, Allen Lane, 2018, 201.

As taken from, http://rabbisacks.org/search-bechukotai-5778/

 
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Posted by on May 9, 2018 in Uncategorized

 

El fin del mito del reino de David

Se descubre una residencia del siglo X a.C. que evidencia la presencia judía más allá de Jerusalén en esa época

Fotografía aérea de la gran residencia hallada en Tel 'Eton.rn
Fotografía aérea de la gran residencia hallada en Tel ‘Eton.
Madrid

Según la leyenda bíblica, David fue el rey israelita que, antes de ser monarca, evitó que su pueblo fuese esclavizado por los filisteos tras derrotar en combate al gigante Goliat armado con una honda. Se dice, además, que él y su hijo Salomón fueron los monarcas que encabezaron el Reino bíblico de Judá, después Reino de Israel, en su época de mayor esplendor. La Biblia los ubica a ambos temporalmente alrededor del siglo X a.C., una época de la cual apenas se tenía constancia arqueológica en tierra israelí, lo que dificultaba la creencia de que realmente hubiese existido dicho reino. Una excavación realizada por un grupo de arqueólogos de la Universidad Bar Ilán, comandados por el profesor Avraham Faust, ha brindado luz a este respecto.

Después de 10 años de excavación en Tel’Eton, una localidad ubicada en el sudeste de la región israelí de Shephelah, Faust ha certificado la existencia de una estructura arquitectónica datada en el mismo siglo X a.C. Dicha edificación, dado su tamaño, su localización (en la cima de un montículo desde la que se divisan con facilidad los alrededores) y la calidad de sus materiales de construcción y las vajillas encontradas, ha sido atribuida a personas de clase alta y nombrada como La residencia del gobernador.

El estudio que analiza la importancia de este hallazgo, publicado en la revista Radiocarbon de la Universidad de Cambridge por el propio Faust junto al arqueólogo Yair Sapir, alcanza una doble conclusión. La primera está relacionada con la aportación de pruebas para la existencia del citado Reino de Israel. En este sentido, resulta clave el hecho de que se trate de una estructura arquitectónica conocida como casa de cuatro habitaciones, ampliamente extendida en la antigua sociedad israelita, aunque no de exclusivo empleo suyo.

Este tipo de estructura consistía básicamente en un edificio de tres secciones con una adicional en la parte trasera, aunque el número de habitaciones no era invariable y el nombre permaneció por el mero hecho de tratarse de una edificación muy característica e identificable. Además, el análisis de los materiales de construcción revela el empleo más temprano encontrado hasta la fecha de la piedra de sillar, la cual se empezaba a registrar a partir del siglo VIII a.C.

El reino tuvo que tener algún monarca, fuese este o no David o Salomón

La aparición de restos de este perfil, tan estrechamente vinculados con el tipo de construcción y los materiales de la sociedad israelita, lleva a los investigadores a la conclusión de que sí pudo existir un Reino de Israel que, alrededor del siglo X a.C., se extendiese más allá de las tierras de Jerusalén. Un Reino que, en palabras de Faust y Sapir, “tuvo que tener algún monarca, fuese o no su nombre David o Salomón”.

La segunda línea de conclusiones trazada por la investigación de la Universidad Bar Ilán está relacionada con lo que ellos denominan el efecto de la casa antigua. Según ellos, este efecto provoca que la aparición de escasas evidencias arqueológicas sean interpretadas más como una cuestión anecdótica que como algo revelador de la conformación sociopolítica de una época concreta.

En este sentido, Faust y Sapir fijan su mirada en el contexto al que los devuelve su hallazgo. La residencia del gobernador, cuyos materiales datan del siglo X a.C. tras un análisis con radiocarbono, presenta evidencias de haber sido destruida en una invasión asiria alrededor de doscientos años después, dada la gran cantidad de vajillas rotas encontradas. De este modo, y partiendo del hecho de que esta edificiación estuviese construida de tal forma que permite intuir la existencia de otras en su entorno, se plantean si dichas invasiones pudieron ser la causa de que una civilización quedase oculta.

En lugar de suponer, dada la falta de un mayor número de evidencias concluyentes para afirmar la existencia rotunda del Reino de Israel, los investigadores abren la vía para pensar en que La residencia del gobernador pudiese ser solo la cumbre de algo mucho mayor. La aproximación a la realidad de un reino que, hasta ahora, solo había habitado la leyenda.

Según tomado de, https://elpais.com/cultura/2018/05/07/actualidad/1525672359_152532.html

 
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Posted by on May 8, 2018 in Uncategorized

 

The King, the Peasant and the Nightingale

By Yanki Tauber

The story is told of a king who once decided to reward a peasant who had done him a great service. “Shall I give him a sack of gold? a bag of pearls?” thought the king. “But these mean virtually nothing to me. I want, for once, to truly give something — something that I will miss, a gift that constitutes a sacrifice for me.”

Now this king had a nightingale who sang the sweetest songs a human ear had ever heard. He treasured the nightingale over all else, and literally found life unbearable without it. So he summoned the peasant to his palace and gave him the bird . “This,” said the king, “is in appreciation for your loyalty and devotion.” “Thank you, Your Majesty,” said the peasant, and took the royal gift to his humble home.

A while later, the king was passing through the peasant’s village and commanded his coachman to halt at the peasant’s door. “How are you enjoying my gift?” he inquired of his beloved subject.

“The truth to tell, Your Majesty,” said the peasant, “the bird’s meat was quite tough — all but inedible, in fact. But I cooked it with lots of potatoes, and it gave the stew an interesting flavor.”


Throughout the Torah, we find descriptions of the material rewards which G-d promises for those who adhere to His commandments. A case in point is the opening chapter of the Torah reading of Bechukotai (Leviticus 26:3-27:34): “If you walk in my statutes, and keep My commandments and do them; I will give your rain in due season, the land shall yield its produce, and the trees of the field shall yield their fruit…” And on and on, about blessings in the field and blessings in the home, fertile cattle, good health and peace in the land.

Many scholars and sages ponder this emphasis on material reward for the observance of the mitzvot. If G-d finds it necessary to reward a righteous life, wouldn’t spiritual blessings, awarded to the soul after it is freed from the confines and limitations of the body, more aptly reciprocate a G-dly life?

But the Chassidic masters say: Physical life is the most G-dly gift of all. Depending, of course, on what we do with it.

As taken from, https://www.chabad.org/parshah/article_cdo/aid/133024/jewish/The-King-the-Peasant-and-the-Nightingale.htm#utm_medium=email&utm_source=25_comment_en&utm_campaign=en&utm_content=content

 
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Posted by on May 6, 2018 in Uncategorized

 

Retratos: María Mandel, la “Bestia de Auschwitz”, que murió en la horca

Esta guardia nazi estuvo en al menos tres campos de concentración, donde sembró atrocidades. En esta nota te contamos su historia.

María Mandel, la "Bestia de Auschwitz".
María Mandel, la “Bestia de Auschwitz”.

A María Mandel no le gustaban los cuchicheos, ni que las prisioneras la miraran directamente a los ojos, ni por supuesto, que contradijesen sus órdenes y menos aún que dejasen de trabajar por cansancio. Nadie debía llevarle la contra porque el castigo podía acabar con su vida. Esta guardiana, era un ser atroz, repugnante y depravado. Tal fue su maquiavélica presencia en los campos de concentración de Ravensbrück, Auschwitz-Birkenau y Dachau, que llegó a jugar un papel estelar dentro del Holocausto.

Se ganó el respeto de sus camaradas y el miedo de sus inferiores. Aquella Bestia, como llegaron a apodarla, vio crecer en sus manos el poder y el sadismo que utilizó contra sus “mascotas judías”. Así denominaba a los presos que tenía a su cargo. De este modo, algunos sobrevivientes que declararon contra ella en el primer juicio de Auschwitz celebrado en Cracovia a finales de 1947, alegaron que Mandel era la personificación del Mal. El demonio en carne y hueso.

María Mandel, la "Bestia de Auschwitz".

María Mandel, la “Bestia de Auschwitz”.

María Mandel provenía de un pequeño pueblito austríaco, Münzkirchen, un lugar casi idílico entre verdes parajes, donde nació en 1912 en el seno de una familia modesta.

Su padre, zapatero remendón y su madre con negocios de herrería, criaron a María y a sus tres hijos en la religión católica. De hecho, eran practicantes e iban todos los domingos a misa.

La niña, que además fue la chica de los cuatro hermanos, creció entre algodones. Fue un ser mimado y consentido que siempre tuvo todas las atenciones por parte de sus progenitores. Al igual que en el colegio, donde se convirtió en una persona muy popular. Su físico siempre le benefició.

Era una joven preciosa pero su labia y esa personalidad zalamera y aduladora, le permitieron llegar muy lejos, sobre todo en el régimen nazi. Trabajó en correos pero fue despedida por ir en contra de las ideas del nacionalsocialismo. Algo llamativo, porque finalmente comulgó con ruedas de molino y acabó trabajando como guardiana en el centro de internamiento de Lichtenburg.

El búnker de castigo en Ravensbrück

Campo de concentración de Ravensbrück.

Campo de concentración de Ravensbrück.

En 1939 la trasladan al campo de concentración de Ravensbrück, el Puente de los Cuervos, donde ejerció como supervisora en jefe y donde desplegó sus armas más dañinas y sanguinarias con los internos.

En este lugar, aparentemente erigido para aleccionar a otras compañeras con respecto a las tareas administrativas que debían realizar en el campo, en realidad se cometieron las más macabras vejaciones, torturas y crímenes que podamos llegar a imaginar. Y María Mandel fue quien dirigió aquellas salvajadas.

Los pases de revista eran agotadores y quienes no lograban superarlos, acababan en el búnker de castigo. Seleccionaba a mujeres para humillarlas hasta la extenuación y mediante la práctica de todo tipo de flagelaciones, consumaba, día tras día, ejecuciones que acababan con la muerte de aquellos pobres “conejitos de indias”.

María Mandel (izq.), la "Bestia de Auschwitz", se había ganado el respeto de sus pares y el temor de sus inferiores.

María Mandel (izq.), la “Bestia de Auschwitz”, se había ganado el respeto de sus pares y el temor de sus inferiores.

“Mandel estaba intoxicada por su propia autoridad”, explicó una damnificada durante el juicio. No le faltaba razón. Aquellos castigos no solo generaban miedo en el resto de prisioneros sino que además, permitía tenerlos más controlados. De ahí, que sus superiores aplaudiesen sus viles técnicas con los presos y que compañeras como Irma Grese, Dorothea Binz o Juana Bormann, copiaran su severidad y extralimitación con judías y polacas. Pero jamás hubo nadie que pudiese igualarla en salvajismo.

Flagelaciones, frío y muerte

Durante aquellas largas jornadas en el búnker de Ravensbrück, las internas sufrían flagelaciones en tandas de 25, 50, 75 y 100 golpes cada una, hasta que caían exhaustas. Siempre las obligaba a contar en voz alta pero ninguna lograba llegar al número 10. La mayoría moría por hipotermia tras abandonarlas al aire libre en pleno invierno.

Mandel seleccionaba a las mujeres que debían ir a la cámara de gas.

Mandel seleccionaba a las mujeres que debían ir a la cámara de gas.

Neus Catalá, una de las sobrevivientes españolas encerrada en Ravensbrück, recuerda aquellos momentos donde el frío y la muerte asediaban a las mujeres: “Muchos días nos quedamos allí hasta las nueve de la mañana desde las cuatro de la madrugada. Sin haber bebido más que un agua que no era ni siquiera caliente. Un agua que le llamaban café, una cosa amarga que debía ser ortigas secas, yo que sé. Y nada más, con eso en el cuerpo, vestida de aquella manera que no te abrigaba nada, (una) sube hacia allí para estar tantas horas así. Cada día caían mujeres, cada día caían mujeres muertas. Cada día. Un día llegamos a estar a 30 grados bajo cero”.

El Puente de los Cuervos no era de este mundo, no podía serlo. Toda aquella miseria, putrefacción, enfermedades y crímenes… “Aquellas mujeres eran calaveras que nos miraban. Solo veías luz, ojos y calaveras. Y aquellas mujeres que nos miraban yo decía pero, ¿eso qué es? Hay muertos que nos están mirando. Tan tétrico… No hay nombre, el sufrimiento moral, aquel abandono… Salías del mundo. Decíamos que salíamos del mundo, que allá ya no era el mundo”, recuerda esta exiliada republicana capturada en la resistencia francesa.

Ella fue una de las “afortunadas” en librarse de la cámara de gas, aunque no de las múltiples torturas a las que fue sometida en sus años en este centro de exterminio.

Campo de concentración de Ravensbrück.

Campo de concentración de Ravensbrück.

Guantes blancos y experimentos

Dotada de una gran inteligencia, de ese físico aterrador y con un carácter inflexible, María se convirtió en una de las personas más odiadas y repudiadas del campo. Siempre llevaba guantes blancos. Le encantaba ver cómo aquella prenda se teñía con la sangre de sus víctimas después de cada maltrato, de cada golpe o flagelación. Además, fue una de las guardianas que supervisó los terribles experimentos médicos donde practicaban auténticas atrocidades con las presas.

Desde crearles una discapacidad permanente, adelantarles la menopausia o provocar su infertilidad, hasta romperles huesos y músculos para luego suturárselos en carne viva. La mayoría de aquellas víctimas morían sobre la mesa de operaciones tras una larga agonía para después llevarlas al crematorio. Ravensbrúck era el infierno.

Auschwitz-Birkenau

Enero de 1941, al fondo el tétrico campo de concentración de Auschwitz-Birkenau, en Polonia. AP

Las vías del tren que conducían al campo de Auschwitz-Birkenau./ AP ARCHIVO

Éste no fue el único campo que padeció las animaladas de Mandel. Auschwitz-Birkenau también sufrió su presencia desde octubre de 1942. La supervisora no solo pasaba revista en los barracones, también se encargaba de la selección de las reclusas que iban directamente a la cámara de gas. Derecha, izquierda, derecha, izquierda… Así distribuía a aquellas mujeres que iban a morir o a seguir viviendo.

Los niños tampoco se salvaban. Ya lo dijo Himmler: “Hasta el niño en la cuna debe ser pisoteado como un sapo venenoso”.

Sin embargo, Mandel en un momento de lucidez quiso salvar a un pequeño gitano de cuatro años al que cuidó como si fuese su propio hijo. Algunas sobrevivientes recuerdan que la guardiana llegó a quererlo, pero esa puntual ternura, no logró ablandar por completo su corazón de hierro. Poco después, lo mandó asesinar.

FILE - The file picture taken just after the liberation by the Soviet army in January, 1945, shows a group of children wearing concentration camp uniforms including Martha Weiss who was ten years-old, 6th from right, at the time behind barbed wire fencing in the Oswiecim (Auschwitz) Nazi concentration camp. Poland's Senate has backed legislation regulating Holocaust speech, calling for up to three years in prison for any intentional attempt to falsely attribute the crimes of Nazi Germany to the Polish state or people. (AP Photo)

Imagen tomada durante la liberación del campo de Auschwitz./ AP ARCHIVO

Todos sus movimientos infundían pánico, incluso entre sus propios camaradas que evitaban encontrarse con ella. Además, la música clásica siempre acompañaba sus maldades.

La música

La pasión de Mandel por Puccini era casi obsesiva y esto la llevó a crear la primera “Orquesta de Mujeres de Auschwitz”.

Esa agrupación constaba de prisioneras cualificadas que debían tocar distintas piezas de música dependiendo de la situación. Había música cuando llegaban los reclusos al campamento, durante las selecciones a la cámara de gas, en los pases de revista, durante los trabajos forzados, y por supuesto, durante las torturas y asesinatos.

Mujeres presas fotografiadas por un guardia hacen fila para emprender trabajos forzados, en Auschwitz./ AP ARCHIVO

Mujeres presas fotografiadas por un guardia hacen fila para emprender trabajos forzados, en Auschwitz./ AP ARCHIVO

Los nazis lo tenían todo bien estudiado. Por un lado, debilitar el físico del recluso privándole alimentos; y por otro, minar su moral con la interpretación de música alemana y cánticos arios.

Con todo, los problemas que siempre preocuparon a Mandel a su llegada a este campo de concentración, fueron las malas condiciones de salubridad de sus instalaciones, además de la escasez de alimentos.

Los cadáveres se apilaban después de cada ejecución y eso generaba multitud de epidemias. Ni siquiera se quemaban los pijamas a rayas de los presos. Éstos volvían a entregarse a nuevos reclusos que se acababan infectando por el gas Zyklon B y muriendo envenenados. Así que la obsesión de esta supervisora, no era otra que realizar sendas desinfecciones para que los contagios no se siguieran propagando.

Auschwitz. Unico registro de las víctimas.

Quema de cuerpo en Auschwitz, en una de las pocas imágenes del exterminio tomadas por las victimas./ Archivo Clarín

Uno de ellos ocurrió en el invierno de 1942-1943. Concretamente, un domingo muy frío donde, como venía siendo costumbre, Mandel pasó revista en el Frauenkonzentrationslager (campo de concentración de las mujeres) a las cinco de la madrugada.

En un instante, la perturbadora desinfección se volvió trágica cuando tras las órdenes de la SS-Lagerführerin (líder del campamento) unas 1.000 prisioneras murieron congeladas.

Además, durante las largas horas que duraba la fumigación, la Bestia se entretenía pegando tiros a determinadas reclusas asesinándolas en el acto.

Dachau

Imagen de archivo tomada el 29 de abril de 1945 muestra a siete mujeres judías junto a sus hijos recién nacidos, tras su liberación del campo de concentración de Dachau./ EFE

Imagen de archivo tomada el 29 de abril de 1945 muestra a siete mujeres judías junto a sus hijos recién nacidos, tras su liberación del campo de concentración de Dachau./ EFE

Tras Auschwitz-Birkenau, esta guardiana fue transferida al subcampo de Mühldorf, en el campamento de Dachau, donde siguió con las torturas y llevando a cabo las selecciones a la cámara de gas.

No estuvo mucho tiempo destinada allí porque la llegada de los aliados en abril de 1945, provocó su huida a través de las montañas del sur de Baviera. Quería regresar a su ciudad natal de Münzkirchen (Austria). Sin embargo, la libertad le duró poco. El 10 de agosto de 1945 la Bestia de Auschwitz por fin era detenida por los norteamericanos, e interrogada concienzudamente.

Durante un año, las tropas americanas tuvieron en cautiverio a María Mandel. En octubre de 1946 fue extraditada a Polonia y tuvo que esperar otro año más a ser juzgada por crímenes contra la humanidad. La vista judicial comenzó en noviembre de 1947 en Cracovia.

El mayor del ejército de EE.UU, Warren R. Lambert, juez jefe de los juicios por crímenes de guerra en Dachau./ AP

El mayor del ejército de EE.UU, Warren R. Lambert, juez jefe de los juicios por crímenes de guerra en Dachau./ AP

El juicio

Durante el mes que duró esta vista se escucharon los testimonios de los implicados activamente en la masacre, selección y asesinatos de judíos, pero también a los sobrevivientes de aquella catástrofe humana que de forma valiente decidieron alzar la voz y señalar a sus verdugos sin temor a represalias. Pero Mandel nunca asumió su culpa y negó todos los cargos que se le imputaron.

“Yo no tenía ni látigo ni perro. Cumpliendo con mi servicio en Auschwitz me vi obstaculizada por la terrible severidad de Höss, dependía totalmente del comandante y yo no podía impartir ninguna pena”, explicó al tribunal subida al estrado.

Incluso se dirigió a una sobreviviente que se encontraba en la sala, Bertha Falk, y le dijo: “Entiendo que usted sueña con una patria, pero recuerde que no hay vida para los que no se rinden”. Aquellas palabras evidenciaban que los acusados se consideraban inocentes, creían ser simples ruedas, meras piezas de un engranaje mayor conducido por Adolf Hitler.

La sentencia: la horca

El 22 de diciembre de 1947, el tribunal dictó sentencia y la Bestia de Auschwitz fue condenada a morir en la horca. Era responsable directa e indirectamente de la muerte de medio millón de víctimas. Sin embargo, un día antes de ser ejecutada, Mandel tuvo la oportunidad de “purgar sus pecados” en el baño común de la prisión. Esa mañana, la entonces supervisora y su compañera Therese Brandl se encontraban en las duchas, cuando se percataron de una cara que les resultaba del todo familiar.

Se trataba de la ex sobreviviente Stanisława Rachwałowa, reclusa de Auschwitz, que había sufrido las agresiones y vejaciones de la afamada nazi. Pese a su liberación al final de la guerra, volvió a ser encarcelada por sus actividades contra el comunismo y enviada a prisión, la misma donde dormían sus carceleras. La situación fue muy inquietante, porque Stanisława observó que Mandel se dirigía hacia ella.

La polaca estaba aterrorizada, sin saber qué hacer, desnuda y mojada, porque de nuevo volvía a toparse con la guardiana. Durante esos instantes, rememoró los castigos más severos que había recibido en el pasado. De repente, Mandel le miró con el rostro bañado en lágrimas y con un sentimiento absoluto de humillación, dijo lentamente y con claridad: “Ich bitte um Verzeihung” (Le ruego que me perdone). Entonces, Stanisława guardó el rencor y el odio que sentía y le respondió: “Ich verzeihe In Häftlingsnahme” (La perdono en nombre de los prisioneros).

Mandel se arrodilló y comenzó a besarle la mano. Tras el encuentro, todas regresaron a sus respectivas celdas, pero antes de perderse de vista, la Bestia de Auschwitz volvió la cabeza y sonriendo dijo en un perfecto polaco: “Dziekuje” (Gracias). Fue la última vez que víctima y verdugo se vieron.

“¡Viva Polonia!”, dicen que gritó Mandel justo antes de su ejecución. Quince minutos después su cuerpo fue examinado, declarada muerta y enviada a la Escuela de Medicina de la Universidad de Cracovia.

Allí los estudiantes se toparon con el cadáver de una mujer rubia de 36 años, de 1,65 m, 60 kilos de peso y con marcas en su cuello.

Mónica G. Álvarez. La Vanguardia

Según tomado de, https://www.clarin.com/mundo/retratos-maria-mandel-bestia-auschwitz-murio-horca_0_Sy374e9pG.html

 

 
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Posted by on May 5, 2018 in Uncategorized

 

Samaritanos celebran el sacrificio de Pesaj

Foto ilustración Wikipedia

Con la presencia de israelíes y palestinos

Cánticos en hebreo arcaico, cuchillos afilados y humos de hogueras. En apenas unos minutos, los samaritanos sacrificaron a las faldas del sagrado Monte Gerizim, cerca de la ciudad palestina de Nablus, unos cincuenta corderos en recuerdo del éxodo del pueblo judío desde Egipto.
“Hoy es el día más importante para nosotros, el día de la liberación y la independencia tras el éxodo de Egipto, y llevamos practicando esta tradición desde hace más de 3.600 años, cuando los judíos llegaron a esta tierra”, explica Abud Cohen, nieto del Sumo Sacerdote de esta comunidad, Abdalah Cohen.
Apodados “los guardianes de la ley”, a punto de extinguirse a principios del siglo XX, cuando apenas sumaban 200 fieles, los samaritanos hoy todavía representan la comunidad religiosa más pequeña de Oriente Medio, con un total de 800 miembros, la mitad habitantes de Kiriat Luza, en el Monte Gerizim, que consideran sagrado, y la otra mitad de Holón, cerca de Tel Aviv.
Entre ellos hablan generalmente en árabe, aunque en las ceremonias religiosas usan el hebreo samaritano o el arameo samaritano y practican una rama del judaísmo minoritaria que sigue la Torá (Pentateuco).
“Todo el mundo conoce la historia del Buen Samaritano que narra la Biblia, pero pocos saben que de hecho existe una comunidad de samaritanos”, se lamenta Cohen, quien trabaja en el Museo Samaritano de esta localidad.
Vestidos completamente de blanco, salvo los sacerdotes, que portan largas túnicas de colores, los samaritanos degollaron en una larga fila al medio centenar de corderos, impregnando sus ropas y untándose la frente de sangre; incluso la de los más pequeños.
“La gente viene aquí para ser testigo de cómo los animales mueren y son sacrificados para que nosotros podamos comer su carne, pero para nosotros no son solo carne sino también espíritu, por eso tenemos que rezar y prepararlos para el sacrificio”, aclara Cohen.
Con la caída de la tarde, los varones empezaron a cantar en hebreo arcaico mientras mantenían a los corderos atrapados entre sus piernas, antes de proceder a sacrificarlos.
Una vez muertos, los animales son degollados, se les quita la piel y son espetados en largos palos, sazonados y cocinados a fuego lento en hogueras subterráneas que los samaritanos tapan con barro provocando una tupida y blanca humareda- para solo destaparlas a la medianoche.
“Los comemos a la medianoche, según está escrito en el libro de Éxodo, capítulo 12, tras un cántico que dura unos siete minutos”, relata Cohen.
Mientras los hombres realizan el trabajo con los animales, las mujeres preparan unas bandejas con pan ázimo relleno con hierbas amargas que reparten entre los israelíes, palestinos y turistas presentes y cuya ingesta refleja la amargura del éxodo judío.
En los últimos años a ellas se han unido diez mujeres ucranianas, que han contraído matrimonio con otros tantos samaritanos.
El sumo sacerdote aceptó el primer matrimonio hace años con la condición de que la extranjera se convirtiese a samaritana, para evitar los matrimonios entre familiares, paliar la escasez de mujeres y aumentar la población, y ahora en el monte Gerizim esperan a otras cinco. EFE ■

Según tomado de, http://aurora-israel.co.il/samaritanos-celebran-el-sacrificio-de-pesaj/?utm_source=Noticias+diarias+S%C3%A1bado-TEA&utm_medium=05-05-2018%202da%20edic

 
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Posted by on May 5, 2018 in Uncategorized