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Historia Judía: El Mandato Británico

[Historia Judía #64] El Mandato Británico

Los británicos prometieron crear un estado judío, pero priorizaron sus intereses ligados a los árabes mientras millones morían en el Holocausto.

por

La Primera Guerra Mundial cambió el mapa del mundo. Este gigantesco conflicto, que duró cuatro años (1914-1918), enfrentó a los Aliados (principalmente Francia, Inglaterra, Rusia y luego Estados Unidos) con las Potencias Centrales (Alemania, Austria-Hungría y el Imperio Turco Otomano). El resultado de la batalla fue muy dramático:

La Rusia zarista desapareció. En medio de la guerra —y en parte debido a ella—, la Revolución Rusa tuvo éxito en crear el estado comunista que sería conocido como la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Terminó el dominio de Europa Oriental que tenían Alemania y el Imperio Austro-Húngaro. Polonia —que no había existido durante más de 100 años luego de haber sido dividida entre Rusia, Prusia (Alemania) y Austria-Hungría—, fue creada nuevamente.

Todo el Medio Oriente, que había sido parte del Imperio Otomano, fue dividido en dos grandes franjas. Una mitad estaba controlada por Francia (el Mandato Francés) y la otra por Inglaterra (el Mandato Británico).

La Declaración Balfour

Es importante recordar que el Imperio Otomano controló Medio Oriente entre el siglo XVI y principios del siglo XX, aproximadamente 400 años. Durante este tiempo, los países de Siria, Líbano, Irak, Arabia Saudita y otros no existían. Los residentes de esas áreas eran predominantemente árabes del Imperio Otomano que vivían organizados en comunidades tribales.

El Mandato Británico —que era llamado “el Mandato Británico para Palestina”, o conocido también como “Mandato de Palestina”— incluía el territorio al oeste del Río Jordán hasta el Mar Mediterráneo, así como el territorio al este del Río Jordán, un área conocida como Transjordania.

Cuando los británicos tomaron el control de la tierra de Israel, de repente el sueño para una tierra patria judía pasó de ser un deseo ferviente a una realidad posible.

Para aquel entonces, había entre 85.000 y 100.000 judíos viviendo en la Tierra de Israel, de una población total de 600.000 (ver History of the Jews, de Paul Johnson, p. 430). La mayoría de los árabes que vivían en la tierra habían migrado allí recién en los treinta años previos, atraídos por los trabajos que habían sido creados por los judíos en la construcción y la agricultura. (Nota que, en 1892, cuando los judíos comenzaron a inmigrar a Palestina en grandes cantidades, menos de 250.000 árabes vivían allí. Ver From Time Immemorial, de Joan Peters, p. 244).

Un gran empuje para creación de un estado judío vino de Earl Arthur Balfour (1848-1930), entonces secretario de asuntos exteriores, que en 1917 prometió el apoyo británico para la causa. Como mencionamos en el capítulo anterior, Balfour se hizo amigo de la causa judía en parte gracias a Jaim Weizmann, cuya invención de la acetona artificial, el ingrediente principal de la pólvora cordita sin humo, les permitió a los británicos producir pólvora en masa para la guerra.

Hay registros de una fascinante conversación ocurrida en 1906 entre Balfour y Weizmann, en la que Balfour argumenta que los judíos deberían considerar la oferta que los británicos les habían hecho unos tres años antes sobre aceptar Uganda en lugar de Israel (en ese entonces los otomanos aún controlaban Medio Oriente). En respuesta, Weizmann le dijo a Balfour: “¿Aceptarías París en lugar de Londres?”. Balfour contestó: “Pero ya tenemos Londres”. (Se refería a que los judíos deberían aceptar lo que fuera que pudieran obtener; ya los mendigos no pueden ser pretenciosos y elegir). En ese momento, Weizmann respondió: “Sr. Balfour, los judíos tenían Jerusalem cuando Londres era un pantano”. Eso hizo que Balfour tomara una pausa.

“¿Hay muchos judíos que piensan como tú?”, preguntó.

“Creo que estoy diciendo la opinión de millones de judíos que usted nunca verá y que no pueden hablar por sí mismos, pero con quienes podría pavimentar el país del que vengo”, respondió Weizmann.

“Si eso es cierto, entonces un día serán una fuerza”, concluyó Balfour.

El apoyo de Balfour a un hogar nacional judío llegó a ser conocido en la historia como la ‘Declaración Balfour’, que fue emitida en la forma de carta a Lord Rothschild el 2 de noviembre de 1917. Ésta decía:

El gobierno de Su Majestad ve favorablemente el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío.

Un mes después, en diciembre de 1917, los turcos le entregaron Jerusalem a los británicos.

Pero hablar es fácil, y cuando se volvió una opción real crear tal estado, los británicos tomaron muchas otras consideraciones e intereses en cuenta, como veremos a continuación.

Promesas incumplidas

A pesar del apoyo de ciertas figuras políticas británicas, el Ministerio de Asuntos Exteriores Británico y otros eran generalmente mucho más pro árabe y el gobierno británico se dedicó a formar países árabes en las tierras del Imperio Otomano.

Mediante sus esfuerzos fue creado Irak en 1921. Era una monarquía que tenía a Faisal ibn Hussein, el hijo de Hussein el Gobernador de Meca, como rey. Pronto el petróleo iraquí comenzó a fluir hacia occidente. Irak tenía la segunda reserva de petróleo conocida más grande del mundo (después de Arabia Saudita), y no sorprende que los británicos hayan estado interesados en crear un vínculo con este país así como con otros países árabes ricos en petróleo.

Otro país que fue creado por los británicos en 1922 fue Jordania. En 1923, los británicos pusieron a Abdula ibn Hussein, otro hijo del Gobernador de Meca, como emir del nuevo país llamado Transjordania, que luego pasó a llamarse Jordania. Jordania estaba confinado a la rivera este del Río Jordán y no incluía ninguna parte de la ribera occidental. (Jordania abarca el 75% del área total que tenía el Mandato Británico. En 1922, los británicos separaron este territorio del territorio del mandato que había en la ribera occidental del Río Jordán (a la que llamaron Palestina), y lo excluyeron del asentamiento judío).

¿Por qué los hijos del Gobernador de Meca fueron designados como líderes de esos países?

Los británicos querían establecer alianzas con los reinos árabes. Habían reforzado el apoyo a Ibn Saud de la Península Arábiga, quien había luchado contra los turcos junto a ellos. Ibn Saud recibió Arabia Saudita. Pero cuando eso ocurrió, los británicos tuvieron que indemnizar al Gobernador Hussein de Meca, quien estaba a cargo de los sitios sagrados islámicos y quien también había apoyado a los británicos en contra de los otomanos en la Primera Guerra Mundial. (La familia Hussein era hachemita, la tribu de Mohamed, el fundador del islam, y había sido tradicionalmente la cuidadora de la Ciudad Sagrada de Meca). Tenían que darle a él y a sus hijos algo de tierra, por lo que les dieron Irak y Transjordania, la tierra de la ribera oriental de Río Jordán.

El Rey Abdula ibn Hussein (que obtuvo Jordania) no se oponía a la creación de un Estado Judío e incluso llegó a reunirse en secreto con miembros de la Agencia Judía. Pagó con su vida por su moderación: fue asesinado a tiros en el Monte del Templo en Jerusalem el 20 de julio de 1951. Su hermano, el Rey Faisal (que obtuvo Irak), también estaba dispuesto a vivir en paz con un estado judío e incluso llegó a darle la bienvenida al pueblo judío a la tierra de Israel (1).

Sin embargo, a pesar de todo esto, y a pesar de la Declaración Balfour, los británicos no avanzaban en la creación de un país llamado Israel.

¿Por qué no? Porque había una clara predisposición en contra de los judíos, como puede apreciar con claridad cualquiera que haya estudiado la serie de Libros Blancos emitidos por el gobierno británico en las décadas del 20 y del 30.

Las razones para esta predisposición negativa eran:

Los británicos tenían que lidiar con la mayoría árabe que vivía en lo que quedaba de Palestina. Idearon todo tipo de planes de partición, pero siempre fueron rechazados por los árabes (no todos los árabes se oponían; el Rey Faisal de Irak firmó un acuerdo de paz y cooperación con Jaim Weizman).

Muchos miembros del gobierno y la milicia británicos eran claramente antisemitas y tenían una actitud romántica/sobreprotectora con los árabes.

Los árabes tenían petróleo y los británicos lo necesitaban. A final de cuentas, los británicos debían tomar en consideración sus propios intereses. Cuidar sus intereses estratégicos y calmar a decenas de millones de árabes les parecía mucho más importante que salvar unos pocos cientos de miles de judíos, a pesar de que esto estaba en contra de las condiciones que el mandato había garantizado en 1920 (2).

Mientras tanto los pobres judíos, sin saber que los británicos se retractarían de su promesa, continuaban migrando a la tierra de Israel.

La tercera migración o aliá (1919-1923) llevó unos 35.000 judíos a la tierra. La cuarta aliá (1924-1928) llevó 80.000 judíos y la quinta (1929-1939, durante la subida de Hitler al poder), llevó 250.000 judíos.

Disturbios árabes

Los árabes dejaron en claro que no se quedarían sentados mientras se formaba un estado judío. El 7 de agosto de 1929, debido a la instigación de los predicadores en las mezquitas, se desató una serie de disturbios en los que muchos judíos fueron masacrados.

El periódico New York Times, en su historia de Israel (Israel: From Ancient Times to the Modern Nation, pp. 38-39) escribe sobre esa época:

Los disturbios de agosto de 1929 fueron encendidos en Jerusalem por un rumor esparcido por los líderes árabes sobre que los judíos destruirían la mezquita Al-Awsa, el tercer lugar más sagrado del islam. La lucha se esparció por Palestina con rapidez. Las peores masacres fueron en Hebrón, un lugar sagrado tanto para los judíos como para los árabes, en donde 67 judíos ortodoxos (hombres, mujeres y niños) fueron asesinados por árabes y 50 más fueron heridos. Pierre van Paassen, un periodista, describió el horror que atestiguó a luz de farol en un seminario judío en Hebrón: “Los estudiantes asesinados en el patio, los hombres muertos en la sinagoga, gargantas cortadas y cuerpos mutilados”. Para cuando se restableció el orden, 133 judíos habían sido asesinados y 399 heridos.

La década del 30 fue testigo de más disturbios y masacres, especialmente en Yafo y nuevamente en Hebrón. En respuesta, los británicos convocaron la Comisión de Peel, que eliminó casi por completo la Declaración Balfour que originalmente había prometido una tierra patria judía en Palestina a ambos lados del Río Jordán.

En julio de 1937, la Comisión Peel emitió un informe que decía que todos los judíos debían ser confinados a un estado pequeño que incluiría un trocito de tierra sobre la costa mediterránea y otro pedacito en el norte, adyacente a la costa occidental del Lago Kinéret (el Mar de Galilea).

Esto fue demasiado ante los ojos de los árabes. Ellos recibieron la recomendación de la Comisión de Peel con una revuelta que duró hasta 1939. La Revuelta Árabe fue liderada por Haj Amin Husseini (c. 1893-1974), quien había sido designado por los británicos como Mufti de Jerusalem.

Es interesante notar que además de los cientos de judíos que fueron asesinados por los árabes, unos 3000 árabes murieron en esta revuelta a manos de otros árabes y de los británicos. A pesar de todo el criticismo británico a Israel en la actualidad, en ese entones los británicos no fueron tímidos en aplacar los disturbios. Introdujeron la política de la destrucción de casas y usaron artillería para bombardear ciudades rebeldes.

La revuelta fue finalmente vencida y el Mufti huyó primero a Beirut y luego a Europa, en donde se volvió un aliado de Adolph Hitler y organizó una unidad de las SS en Bosnia para matar judíos en los Balcanes. Después de la guerra fue capturado, pero escapó. Posteriormente estuvo involucrado en la fomentación de violencia, incluyendo el asesinato del Rey Abdula de Jordania en 1951. Murió en Beirut en 1974 (Faisal Husseini, que fue el representante de la OLP en Jerusalem y murió de un infarto cardiaco en 2001, era pariente de él).

Sentencia de muerte

Los británicos no respetaron la promesa que había sido hecha en la Declaración Balfour ni la hecha en el informe de la Comisión Peel.

Pero hay un aspecto del informe de la Comisión de Peel que sí implementaron: aquel que limitaba la migración judía a la tierra a 12.000 personas por año durante los cinco años siguientes (1939-1943). Al hacerlo esto los británicos básicamente estaban condenando a los judíos a permanecer bajo control nazi, pues ya que no podrían encontrar refugio en su tierra patria.

Los británicos hicieron esto sabiendo perfectamente lo que los alemanes les estaban haciendo a los judíos; fue después de las Leyes de Núremberg y de Kristallnacht (ver capítulo 60). Y a pesar de todo, los británicos cerraron una ruta de escape que hubiera salvado millones de vidas judías.

Los judíos estaban desesperados e intentaron emigrar “ilegalmente”. En respuesta, los británicos pusieron un bloqueo para mantenerlos fuera.

Muchos judíos lograron evadir el bloqueo, se estima que unos 115.000. Sin embargo, 115.000 es muy poco en comparación a los 6 millones de judíos que murieron en el Holocausto y que no pudieron encontrar refugio en la tierra de Israel.

Mientras tanto, el núcleo del movimiento sionista en la tierra de Israel se unió para formar la Agencia Judía, una organización que sería liderada por David Ben-Gurión. Dado que era reconocida oficialmente por los británicos como el organismo representante de las aspiraciones judías, la Agencia intentó no antagonizar abiertamente con ellos. Pero la Agencia Judía tenía una organización militar clandestina llamada Haganá (la ‘Defensa’), que buscaba proteger a los asentamientos judíos de los árabes (dado que los británicos no hacían prácticamente nada al respecto).

Había otros sionistas, que no eran parte de la Agencia Judía, que sentían que la Agencia Judía era demasiado conciliatoria con los británicos. En su opinión, los británicos habían roto promesa tras promesa con los judíos y habían parcializado abiertamente con los árabes. Por lo tanto, los judíos debían ser mucho más proactivos. Uno de aquellos que tuvo una actitud mucho más agresiva fue Vladimir Jabotinsky (1880-1940). Originario de Odessa, Jabotinsky se separó de la corriente principal del movimiento sionista y, en 1923, formó la Unión Mundial de Sionistas Revisionistas. Esta organización desde 1936 instó a la evacuación de los judíos desde Europa Oriental hacia Palestina. Si sus súplicas hubiesen sido oídas por los británicos, muchos judíos se hubieran salvado del Holocausto. En esta época Jabotinsky también pasó a ser el líder de un movimiento clandestino judío llamado Irgún Tzevaí Leumí (‘Organización Militar Nacional en la Tierra de Israel’), conocido simplemente como el Irgún.

En 1941, Menájem Begin (1913-1992), que más adelante se convertiría en Primer Ministro de Israel, llegó de Rusia y asumió el liderazgo del Irgún, el cual adoptó un enfoque radical respecto a confrontar a los británicos y atacar a los árabes, que eran los responsables de la muerte de judíos.

Otro grupo, aún más radical, fue Lojamei Jerut Israel (‘Luchadores por la Libertad de Israel’), más conocido como Leji y conocido por los británicos como la Pandilla Stern en referencia a su fundador, Abraham Stern (1907-1942). Itzjak Shamir, futuro Primer Ministro de Israel, fue uno de los líderes principales de Leji.

Habiéndose agotado la paciencia judía con los británicos después de la devastación del Holocausto, estos grupos más radicales iniciaron una resistencia violenta en contra de los británicos. Por ejemplo, en 1946 el Irgún hizo explotar un ala del Hotel King David de Jerusalem, que en ese momento era el cuartel general de las autoridades británicas en Palestina. Hicieron una advertencia previa, que aparentemente fue recibida e ignorada. Menájem Beguin cita un oficial inglés que supuestamente se rehusó a evacuar el edificio, diciendo: “No recibimos órdenes de judíos”. Como resultado, el número de víctimas fue alto: 91 muertos y 45 heridos. Entre los muertos hubo 15 judíos. También ahorcaron a dos oficiales del ejército inglés en retribución al ahorcamiento de miembros del Irgún, y organizaron un temerario escape de la prisión de Aco (Acre), lugar en el que los británicos tenían cautivos a muchos judíos de la resistencia.

Un oficial británico de alto rango resumió los efectos de los grupos de la resistencia judía:

El ejército británico sufrió grandes pérdidas en accidentes de tránsito organizadas por las operaciones judías clandestinas. Pero los golpes al orgullo y al prestigio del imperio no podían ser digeridos. La invasión a la prisión de Aco y el ahorcamiento de dos sargentos fueron golpes a nuestro orgullo. La invasión a la prisión tomó el significado simbólico de la caída de la Bastilla (To the Promised Land de Uri Dan, p. 120).

Pero aún así los británicos no se dieron por vencidos.


Notas:

(1) En enero de 1919, Faisal I y el Dr. Jaim Weismann, presidente de la Organización Sionista Mundial, firmaron el Acuerdo Faisal-Weizmann para la cooperación árabe-judía, en el que Faisal aceptó condicionalmente la Declaración Balfour sobre la que dijo lo siguiente: “Nosotros los árabes… vemos con profunda simpatía al movimiento sionista. Nuestra delegación aquí en Paris está muy al tanto de las propuestas presentadas ayer por la Organización Sionista a la Conferencia de Paz y las consideramos moderadas y apropiadas. Haremos lo mejor que podamos, en lo que a nosotros respecta, para hacer que se materialicen; les desearemos a los judíos una bienvenida a casa de corazón… Mi pueblo y yo ansiamos ver un futuro en el que nosotros los ayudemos a ustedes y ustedes a nosotros, para que los países en que estamos mutuamente interesados puedan de nuevo tener su lugar en la comunidad de los pueblos civilizados del mundo”.

(2) Para un resumen excelente sobre el período, ver: Connor Cruise-O’Brien, The Siege ― The Story of Israel and Zionism (Paladin Grafton Books, 1988).

Según tomado de, http://www.aishlatino.com/judaismo/historia/curso-rapido/El-Mandato-Britanico.html el 13 de mayo de 2017.

 
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Posted by on May 13, 2017 in Uncategorized

 

Historia Judía: El sionismo moderno

[Historia Judía #63] El sionismo moderno

Herzl creó el marco político para el estado de Israel moderno

No podemos estudiar sobre sionismo sin estudiar la vida de Teodoro Benjamín Zeev Herzl (1860-1904).

Ya vimos en el capítulo 59 que, siendo corresponsal durante el juicio de Alfred Dreyfus, Herzl se sorprendió al oír a la Francia civilizada gritar: “Muerte a los judíos”. En ese momento decidió que la solución para el antisemitismo era el establecimiento de un estado nacional judío. Escribió un libro sobre ello, titulado Der Judenstaat (El estado judío), en el que describió su visión para una tierra patria judía.

Si bien el sionismo no fue su invención, Herzl se transformó en la fuerza motora del movimiento. Hubo muchos factores que hicieron que fuera el líder ideal:

  • Era de Europa Occidental (no de Europa Oriental), una parte del mundo que era considerada más iluminada.
  • Era muy educado (Postgrado en Leyes de la Universidad de Viena).
  • Era un periodista famoso que escribía y hablaba bien.
  • Tenía una buena posición económica y contactos en la política (se casó con una mujer de una prominente familia judía austriaca).
  • Tenía una presencia carismática y una llamativa apariencia.

A pesar de haber sido criado como un judío asimilado, lamentablemente ignorante de la religión de sus antepasados, el antisemitismo de Viena y el caso Dreyfus tuvieron un profundo impacto en él. Se obsesionó con el sionismo y recorrió incansablemente Europa, reuniéndose con muchos jefes de estado en su búsqueda de apoyo para un estado judío.

En 1896 publicó el libro Der Judenstaat (El estado judío: Un intento de una solución moderna a la interrogante judía), que alcanzó una gran notoriedad y lo transformó en una personalidad importante del movimiento sionista. El 29 de agosto de 1897 Herzl convocó a la Primera Conferencia Judía en Basilea, Suiza. Hubo 197 delegados presentes, provenientes 16 países, que formaron la política sionista inicial. Esta reunión fue un evento muy importante para el establecimiento del estado moderno de Israel.

Luego, Herzl escribió en su diario:

“Si tuviera que resumir el Congreso de Basilea en una palabra que evitaré pronunciar en público, sería la siguiente: En Basilea fundé el estado judío. Quizás en cinco años, pero con seguridad en 50, todos lo sabrán” (ver The Siege, de Connor Cruise O’Brian).

El 14 de mayo de 1948, 50 años y 9 meses después, fue fundado el Estado de Israel.

Desafortunadamente, Herzl no llegó a verlo ocurrir. Murió a los 44 años a causa de un infarto cardíaco después de una controversia sobre la propuesta de que el pueblo judío creara su tierra patria en Uganda. Herzl, que apoyó la idea durante un tiempo, terminó la controversia convenciendo a sus detractores que había permanecido leal a un asentamiento judío en la Tierra de Israel. De esta forma resguardó la unidad del movimiento sionista, pero su débil corazón quedó en el camino.

La historia de Herzl es trágica. Murió dando su vida por la causa, y murió en bancarrota, habiendo gastado todo su dinero en su causa, y dejando a su vida familiar y matrimonio en problemas.

Quizás la mayor tragedia de su vida haya sido que no dejó descendientes que siguieran con su misión. Su esposa Julia, de la que se había separado, murió a los 35 años. Sus tres hijos (Pauline, Hans y Trude) murieron de manera trágica. Pauline se hizo drogadicta y murió en Francia. Hans, después de convertirse al catolicismo, se suicidó en el día del funeral de Pauline. Trude Margarita, que tenía una enfermedad mental, murió en Theresienstadt a manos de los nazis. El único nieto de Herzl, Stephen Theodor (hijo de Trude), cambió su nombre a Norman y se suicidó saltando desde un puente en Washington en 1946.

Herzl fue enterrado en Europa, pero en 1949, después de la declaración del Estado de Israel, su cuerpo fue desenterrado y llevado a Israel. Está enterrado en Jerusalem, en un cementerio conocido como Monte Herzl, en donde también están enterrados varios líderes de estado y héroes militares.

Personalidades clave

De las personalidades clave de la época, debemos mencionar a tres:

  • Haim Weizmann (1874-1952)
  • David Ben-Gurión (1886-1973)
  • Asher Hersh Ginsberg (1856-1927)

Weizmann era un químico ruso que a edad temprana se asoció al grupo Hovevei Sión (Amantes de Sión). Después de la muerte de Herzl en 1904, se convirtió en el líder de facto del Movimiento Sionista.

Interesantemente, Weizmann inventó la acetona artificial, el componente principal de la pólvora, en 1915 en medio de la Primera Guerra Mundial. Su invención les permitió a los ingleses producir pólvora masivamente para la guerra.

Debido a esto se hizo amigo de Arthur Balfour, el secretario de relaciones internacionales de Inglaterra. Balfour, quien en 1917 prometió el apoyo inglés a una tierra patria para los judíos en Palestina, dijo que la acetona lo convirtió en Sionista (Hablaremos sobre la Declaración de Balfour en el próximo capítulo).

David Ben-Gurión nació bajo el nombre de David Gruen en Plonsk, Polonia. Fue una personalidad muy importante; si bien era pequeño en estatura, era una verdadera fuente de energía. Si bien nació en una familia religiosa que era fervientemente sionista, David —al igual que muchos de los líderes del movimiento— abandonó a temprana edad sus raíces religiosas (1).

Ben-Gurión llegó a Israel en 1906 a los 20 años, trabajando en los naranjos y viñedos de los primeros asentamientos. Fue activo en Poalei Sión (Los Trabajadores de Sión), pero asumió algunas posiciones controversiales en su partido, estando a favor de que los inmigrantes y los colonos tengan derecho a manejar sus propios asuntos sin la interferencia de la Diáspora, que inmigrar a Israel era la obligación de todo miembro del partido y que el hebreo debía ser el único lenguaje de su partido.

En ese entonces, la tierra de Israel continuaba bajo el control del Imperio Otomano y Ben-Gurión, que había estudiado leyes en Constantinopla durante un tiempo, prefería la lealtad a Turquía y la adopción de la ciudadanía otomana para los judíos. Sin embargo, cuando estalló la Primera Guerra Mundial y los turcos comenzaron a perseguir a los sionistas, se metió en problemas con las autoridades y fue exiliado. Entonces fue a Nueva York, donde fundó el Ajdut haAvodá (Partido laborista unido).

La segunda parte de la historia de Ben-Gurión, sobre su retorno a Israel para convertirse en el líder de la Agencia Judía en 1935 y luego en el primer Primer Ministro de Israel en 1948, será cubierta en un próximo capítulo.

La tercera personalidad clave fue Asher Hersh Ginsberg, cuyo seudónimo era Ahad HaAm. Originalmente fue uno de los maskilim que se desilusionó con su plan de hacer que los judíos adopten la cultura de la sociedad de Europa Oriental. Se convirtió en el gran líder intelectual de los principios del movimiento sionista. Su visión del estado judío no era que fuera un refugio para la judería oprimida del mundo, sino un lugar en donde el judío moderno pudiera crear un estado nuevo, secular, progresivo e iluminado que se convertiría en el centro de una nueva cultura moderna judía.

En 1897, escribió en The Jewish State and The Jewish People (El estado judío y el pueblo judío):

“Este asentamiento judío, que será un crecimiento gradual, se convertirá con el tiempo en el centro de la nación, en donde su espíritu encontrará una expresión pura y se desarrollará en todos sus aspectos hasta el grado máximo de perfección que pueda alcanzar. Luego, desde este centro, el espíritu del judaísmo irradiará a la circunferencia mayor, a todas las comunidades de la diáspora, para inspirarlas con nueva vida y para conservar la unidad general de nuestro pueblo. Cuando nuestra cultura nacional en Palestina haya alcanzado ese nivel, tendremos la certeza de que producirá hombres en la Tierra que podrán, en un momento favorable, establecer allí un estado, un estado no meramente de judíos, sino un Estado Judío”.

Ginsberg personificó el elemento dominante en el movimiento sionista: judíos iluminados que querían resolver el problema del antisemitismo ayudando a los judíos a asimilarse. Solamente más adelante, cuando descubrieron que sus esfuerzos eran fútiles (ante la terrible persecución que no disminuyó por mucho que los judíos trataran de entremezclarse), se abocaron a esforzarse para crear una tierra patria judía. Dado que muchos habían nacido en hogares observantes y habían dejado la religión atrás buscando asimilarse, la mayoría sumó su actitud negativa hacia el judaísmo a la nueva ideología sionista.

El factor clave que le dio forma a su manera de ver las cosas fue un nacionalismo basado no sólo en la idea de crear una tierra patria judía, sino también en crear un nuevo tipo de judío para construir y conservar esa tierra. Muchos de estos primeros pensadores sionistas sintieron que siglos de vivir en guetos y persecución les habían robado a los judíos su orgullo y fortaleza. Construir una tierra patria requería un judío orgulloso y autosuficiente: un judío que pudiera trabajar la tierra, defenderse y construir ciudades.

El judío piadoso y pobre resultante del gueto, que presentaba una imagen patética de un hombre encorvado y siempre a merced de sus perseguidores, debía ser eliminado. Construir un estado exigía algo completamente diferente: un hebreo. Los primeros sionistas se denominaban hebreos, no judíos, y cambiaban intencionalmente sus nombres alemanes, rusos o en idish para que sonaran más hebreos y nacionalistas (por ejemplo, David Gruen pasó a ser David Ben-Gurión, Shimon Persky pasó a ser Shimon Perez). Fue un intento consciente para crear una identidad judía completamente nueva y dejar detrás todo aspecto de la identidad judía religiosa de la diáspora. Creían que este nuevo estado judío, poblado por hebreos luchadores y granjeros, revitalizaría al pueblo judío, restauraría el orgullo judío y pondría un fin para siempre al antisemitismo. Si bien es indudable que los inmigrantes judíos que crearon el estado judío moderno lograron proezas increíbles en contra de todas las probabilidades, el sionismo no ha demostrado ser la solución al antisemitismo e, irónicamente, en la actualidad la excusa principal en el mundo para odiar a los judíos es el odio al sionismo y al estado de Israel.

Estos primeros líderes sionistas sabían, por supuesto, que la religión había conservado a la identidad judía en los guetos y shtetls de Europa, pero sintieron que en el naciente estado judío no la necesitarían. La Biblia iba a ser usada como fuente de historia y cultura judía, pero en el estado judío moderno no habría lugar para la religión ni para los rituales.

Reacción ante el sionismo

La fuerte actitud antirreligiosa de gran parte de los primeros líderes sionistas causó que la mayoría de los líderes rabínicos de Europa se opusieran a ellos. La Torá y las mitzvot (mandamientos) son la esencia del judaísmo, y una nación judía sin esos ingredientes fundamentales sería como un cuerpo sin alma. Más aún, la Torá declara explícitamente una y otra vez (Deuteronomio 7:6-11; 8:11-19; 10:12-13; 11:8-25, etc.) que la capacidad para vivir y prosperar en la tierra depende exclusivamente de que el pueblo judío respete la Torá. ¿Cómo podría un liderazgo sionista, mayormente antirreligioso y deseoso de alejar a los judíos del judaísmo, tener éxito en crear una presencia judía en la Tierra de Israel? Rav Tzadik HaKohén Rabinowitz, conocido como el Tzadik de Lublin (1823-1900) tipificó esta opinión:

Tenemos certeza de que si fuéramos creyentes y confiáramos honestamente en la salvación de Dios y fuéramos observantes de los mandamientos de ÉL, continuaríamos viviendo en nuestra Tierra Santa hasta hoy… ¿Por qué sucumbió la tierra? “Porque abandonaron Mis leyes que puse delante de ellos”. Ya quedó claro que los sionistas rechazan los mandamientos y se aferran a toda forma de abominación… puede asumirse que si los sionistas alcanzan el dominio, buscarán eliminar de los corazones de Israel la creencia en Dios y la verdad de la Torá… Se han quitado las prendas de la asimilación para ponerse una capa de celo para aparentar ser celosos por su judaísmo. En realidad, están cavando un pozo debajo de nuestra fe y buscando quitar a Israel de debajo de las alas de la Shejiná, la Presencia Divina (2).

Los sentimientos anti religiosos dentro del sionismo no eran el único problema. Al igual que el movimiento reformista de Alemania en el siglo XIX, el liderazgo sionista asumió un rol activo en tratar de ayudar a los nuevos llegados a la Tierra de Israel a asimilarse a su nueva identidad, buscando de manera activa separar a los judíos del judaísmo y de la observancia del mismo. A menudo lograban este objetivo poniendo a los nuevos inmigrantes, muchas veces judíos sefaradíes, en entornos seculares como los kibutzim (granjas colectivas) anti religiosos. Esto llevó a la rápida secularización de una parte importante de los inmigrantes judíos de países árabes que, no habiendo vivido el iluminismo europeo, habían permanecido en su gran mayoría observantes, irónicamente hasta su llegada a Israel (3).

Este conflicto entre el liderazgo secular sionista y el liderazgo rabínico de Europa yace en el núcleo del debate secular-religioso del Israel moderno. Esta actitud de rechazo al sionismo es la ideología de la gran mayoría de la comunidad jaredí de Israel en la actualidad, y es la razón central por la que la mayoría de la comunidad ultra-ortodoxa prefiere no ser parte de muchas de las instituciones del Estado de Israel, como el servicio militar en las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) o enviar a sus niños al sistema de escuelas religiosas del estado (4).

A pesar de que la mayoría de los rabinos de Europa tomó una postura decididamente anti-sionista, no todos los judíos ortodoxos compartieron esta actitud. Hubo muchos sionistas religiosos que estuvieron entre los más feroces luchadores por el regreso a la tierra.

Como vimos en el capítulo 62, fue Rav Shmuel Mohilever, uno de los primeros sionistas religiosos de Polonia, quien influenció de gran manera al Barón de Rothschild para que apoyara los primeros asentamientos.

Otra figura clave fue Rav Abraham Isaac Cook (1865-1935), un erudito en Torá y cabalista que llegó a Palestina en 1904 y que fue una de las principales autoridades de Torá en la tierra previo a la formación del estado. Vio la mano de Dios en los cimientos echados por los sionistas seculares e intentó trabajar con ellos. Escribió el famoso Orot (Luces) sobre la santidad del nacionalismo recientemente nacido. En 1921, se convirtió en el primer gran rabino de Palestina.

Después del Quinto Congreso Sionista de 1901, un grupo religioso sionista, en un intento de combinar el judaísmo nacionalista moderno con la identidad judía tradicional, fundó el Movimiento Mizraji en 1902 (una abreviación de las palabras merkaz rujaní, centro espiritual). El manifestó mizraji declaró:

En las tierras de la diáspora, el alma de nuestro pueblo —nuestra sagrada Torá— ya no puede ser conservada por completo; tampoco sus mandamientos, que comprenden toda la vida espiritual del pueblo, pueden ser respetados en su pureza original… El pueblo ha encontrado un remedio a esta aflicción: dirigir sus corazones al lugar que siempre ha sido el foco de nuestras plegarias… Sión y Jerusalem… Por lo tanto se ha acordado entre todos los que aman el espíritu de su pueblo y son leales a la Torá de Dios, que un nuevo despertar de la esperanza del regreso a Sión brindará una fundación sólida y también le otorgará una cualidad especial a nuestro pueblo. Servirá como un centro para la recolección de nuestras fuerzas espirituales y como una fortaleza segura para nuestra Torá y santidad (5).

En la actualidad, el movimiento Mizraji evolucionó en el movimiento religioso nacionalista de Israel, cuyos adherentes usan kipot tejidas y constituyen la gran mayoría del movimiento religioso derechista de asentamiento.

Los judíos reformistas de Estados Unidos y Alemania se oponían al sionismo enérgicamente.

Los judíos reformistas alemanes dijeron: “La esperanza de una restauración nacional [en Israel] contradice nuestros sentimientos hacia nuestra tierra patria [Alemania]”. Los judíos reformistas estadounidenses dijeron: “Ya no nos consideramos una nación, sino una comunidad religiosa, por lo que no ansiamos ni un regreso a Palestina ni la restauración de ninguna de las leyes concernientes al Estado Judío…” (Ver capítulos 54 y 58 para más información sobre este tema).

La segunda y la tercera aliá

De todos modos, más allá de la reacción del mundo en general, los judíos continuaron regresando a Israel.

En el capítulo pasado hablamos sobre la primera aliá, el ascenso a la tierra, que llevó0 30.000 judíos a Israel entre 1882 y 1891.

La segunda aliá, después del pogromo de Kishinev en pascuas de 1903 (ver capítulo 57) y de la primera y fallida Revolución Rusa de 1905, llevó otros 40.000 judíos a Israel entre 1904 y 1914.

La tercera aliá, después de la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa, llevó otros 35.000 (entre 1919 y 1923).

A esas alturas, el sueño de una tierra patria judía ya no era sólo un sueño. Se estaba convirtiendo en realidad con la victoria de las Fuerzas Aliadas sobre el Imperio Otomano (que había elegido el bando perdedor en la Primera Guerra Mundial), lo que llevó a que los ingleses tomaran el control del Medio Oriente.


Notas:

(1) La actitud de Ben-Gurión hacia la religión y su lugar en el Estado Judío podría ser categorizada como hostil o, como mínimo, ambivalente, mientras que muchas de sus políticas respecto al trato de los nuevos inmigrantes y el servicio en el ejército fueron designados para llevar a los judíos observantes a abandonar la observancia. También podía adoptar una actitud antagónica dura y hasta violenta frente a rivales políticos como Menájem Beguin y el Irgún (el ala militar del movimiento sionista revisionista separatista fundado por Zev Jabotinsky en 1923) que tuvo su mayor crisis el 21 de junio de 1948 con la orden de Ben-Gurión de hundir el Altalena, un barco de guerra del Irgún, en las afueras de la costa de Tel Aviv. Dieciséis miembros del Irgún murieron en el incidente, que pudo haber llevado a una guerra civil.

(2) Paul Mendes-Flohr y Yehuda Reinharz ed., The Jew in the Modern World, (Oxford University Press, 1995), pp.544-545.

(3) El aspecto más irónico e interesante de todo esto es que en la Israel actual el sionismo casi ha desaparecido (menos del 10% de los israelíes seculares se definen como sionistas). La única y gran excepción es el grupo religioso-nacionalista que es la columna vertebral del movimiento de asentamiento. La encuesta más reciente, de 2007, muestra que el 30% de los israelíes se definen como observantes de la religión y un 40% dice ser tradicional (no completamente observante). Los judíos completamente seculares son ahora la minoría y los realmente antirreligiosos un porcentaje muy pequeño de la población. El núcleo del sentimiento antirreligioso israelí en la actualidad está en una elite askenazi pequeña pero muy poderosa que controla ampliamente las cortes, los periódicos, la TV, la radio, las universidades y el ejército.

(4) En la comunidad ultra ortodoxa de Israel la actitud hacia el Estado de Israel varía desde pragmática (hay varios partidos ultra ortodoxos en el sistema político israelí) al rechazo total del sistema (el movimiento jasídico Satmer es el mejor ejemplo).

(5) Paul Mendes-Flohr y Yehuda Reinharz ed., The Jew in the Modern World, (Oxford University Press, 1995), p. 546.

Según tomado de, http://www.aishlatino.com/judaismo/historia/curso-rapido/El-sionismo-moderno.html el jueves, 11 de mayo de 2017

 
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¿Por qué los judíos no tienen funerales con ataúd abierto?

por Yehuda Shurpin

Pregunta:

Por desgracia, hace poco asistí a un funeral judío tradicional y noté que los judíos no realizan sus funerales a cajón abierto. ¿Por qué? Siempre me pareció importante la posibilidad de ver por última vez a una persona antes de su entierro.

Respuesta:

Aunque puede ser considerado terapéutico, en el judaísmo el funeral está dedicado ante todo al respeto y honor de los fallecidos, mientras que el período de luto que sigue es para los dolientes. De hecho, no se debe consolar a los dolientes mientras el muerto descansa frente a ellos: el consuelo y el alivio llegan cuando el funeral y los arreglos de la ceremonia se completaron y el cuerpo ya fue enterrado.

A pesar de que algunos puedan encontrar consuelo en contemplar al muerto, se trata de un momento enfocado en la persona que falleció. De acuerdo a la Torá, el objetivo es darle un digno final antes de su partida. Además, los funerales a cajón abierto traen numerosos problemas, tanto prácticos como de orden halájico y místico.

Contemplando a los muertos

El Talmud dice que está prohibido contemplar la cara de una persona muerta, básicamente para no perder el respeto por el fallecido.1 Los cabalistas dicen que las caras de los muertos deben permanecer cubiertas porque sus pecados están “grabados en la frente”. Así, al mirar a los fallecidos podemos llegar a despertar el juicio divino en su contra y llevarlos al dolor,2 en especial cuando su alma está aún flotando sobre el cuerpo, a la espera del juicio final. Además, el Talmud3 dice que observar la cara de un muerto puede causar el olvido de lo que se ha aprendido de la Torá.4

Por otro lado, preparar el cuerpo para ser visto también presenta serios problemas halájicos.

El tiempo es esencial

La preparación del cuerpo requiere de tiempo, pero hay un mandamiento bíblico que ordena enterrar al muerto lo más rápido posible. Es más: aunque la persona haya sido condenada por una corte, la Torá advierte que dejar el cuerpo colgado en la horca durante la noche es una “blasfemia de Di-s”.5 De hecho, la necesidad de un funeral a tiempo es tan fuerte que incluso el gran rabino –que evita con gran celosía el contacto con la muerte y la impureza– estaba obligado a dirigir el entierro si nadie más lo podía hacer.6 El Zohar explica que el alma está en un estado de ansiedad y angustia hasta que el cuerpo es enterrado, por lo que cualquier demora potenciaría este estado.7

La manipulación de los cuerpos

Con frecuencia, el cuerpo es “restaurado” quirúrgicamente para que se vea bien: se le ponen varios dispositivos para mantener sus características originales, se drena la sangre y los fluidos a través de distintos químicos, se lo maquilla, etcétera, lo cual está prohibido según la ley judaica, ya que el cuerpo no se puede profanar de ninguna manera. De hecho, se suelen prohibir las autopsias, a menos que la determinación de la causa de muerte pueda ayudar a salvar otras vidas, como por ejemplo en un caso de envenenamiento.8

La reunión con nuestros seres queridos

Los judíos somos cuidadosos con los cuerpos porque su manipulación no sólo puede afectar la paz del alma después de la muerte, sino que también puede impactar en el mismo cuerpo. Nosotros creemos que en algún momento nuestros cuerpos y almas se unirán tras la llegada del mesías y la resurrección de los muertos.9 Así, cuando realizamos correctamente el funeral y el entierro también estamos expresando nuestra creencia de que alguna vez nos volveremos a reunir con nuestros seres queridos.

¡Que sea pronto y en nuestros días!

NOTAS AL PIE
1.Ver Talmud, Moed Katán 27a y Horayot 13b, y comentarios ad loc. Ver también Maavar Yabok, Siftei Renanot 9; Mishné Berurá 2:2.
2 .Maavar Yabok ibíd. Ver allí más razones cabalísticas para no mirar a los muertos.
3.Talmud, Horayot 13b.
4.Aparte de los aspectos místicos de esta advertencia, el rabino Iedaia Hapenini (en su Peirush Agadot del Talmud, Horayot 13b [publicado en Otzar Hapeirushim Lemasejet Horayot]) explica de manera simple que cuando uno contempla a los muertos, la memoria de su rostro se graba en la mente, lo que provoca preocupación y miedo por la muerte que afecta la memoria y la concentración en el aprendizaje.
5.Devarim 21:23. Ver también Shulján Aruj, Ioré Deá 357.
6.Devarim 21:22–23; Talmud, Sanhedrin 46b y Rashi ad loc.
7.Ver Zohar 3:88b.
8.Gesher Hajaim, vol. 1, 5:6.
9.Ver Gesher Hajaim ibíd., citado en el Zohar, Shelaj y Pinjás, y Talmud, Sanhedrin 90b.
Según tomado de, http://es.chabad.org/library/article_cdo/aid/3235679/jewish/Por-qu-los-judos-no-tienen-funerales-a-cajn-abierto.htm  el jueves, 11 de mayo de 2017
 
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Posted by on May 11, 2017 in Uncategorized

 

Matzah on Pesach Sheini: When and Why?

There is a widespread custom to eat matzah on the 14th of Iyar, known as Pesach Sheni (the “second Passover”), the day when those who were impure and/or unable to bring the Paschal lamb on Passover were given a second chance to do so.1 Just as the matzah eaten as the afikoman by the Sedercommemorates the matzah and Paschal offering eaten in Temple times, so is this matzah a remembrance of the second Passover.

But if this is the case, a question arises: The Paschal lamb (and its accompanying matzah) was consumed on the evening of Iyar 15, but the widespread contemporary custom is to eat matzah on the day of Iyar 14, when the Paschal lamb was slaughtered and prepared. Why?

Now, it should be noted that some do in fact have the custom to eat matzah on the eve of the 15th rather than on the day of the 14th of Iyar. But why are they in the minority?

It’s All in the Prep

Rabbi Zvi Elimelech Shapiro of Dinov, known as the Bnei Yissachar, writes that although he himself ate matzah on the eve of the 15th, the main, public feasts are held on the day of the 14th, as per the custom of the Baal Shem Tov and his students.

On a somewhat mystical note, he explains that in the time period between Passover and the holiday of Shavuot, the emphasis is on the work of preparing and refining ourselves. Thus, we count the Omer, each day taking another step closer to the holiday of Shavuot, when we received the Torah. Appropriately, when it comes to celebrating the second Passover, the main emphasis is on the time of preparation, Iyar 14.2

The Last Remnants of the Miracle

Rabbi Yaakov Emden, known as the Yaavetz (1697-1776), writes that it was “revealed to me from heaven” that Jews were given a second chance to bring the Paschal offering specifically on the 14th of Iyar because that was the last day the Jews still had leftover matzah from when they left Egypt on Passover. After eating the last bit that night (eve of the 15th), the Jews complained to G‑d, “What will we eat?” and it was on the day of the 15th of Iyar that the manna began to fall. Thus, in a certain sense, the 14th marked the culmination of the miracle of the Exodus, while the 15th marked a new phase of the miracles in the desert.3

Although Rabbi Emden is explaining the timing of the second Passover, and not the reason for eating matzah nowadays, some cite this explanation as an additional reason for eating it both on the day of the 14th as well as the eve of the 15th.4

Not to Add to Torah

Rabbi Meir Dan Plotsky (1866–1928), in his work Kli Chemdah, offers a somewhat novel explanation for the widespread custom to eat the matzah on the day of the 14th. He explains that ordinarily there is a concern of not adding to the mitzvahs of the Torah. Now, if one simply does a time-bound mitzvah on a different day of the year without intention of doing the mitzvah (e.g., it’s a hot summer, so one builds a sukkah and eats in it), there is no issue of “adding to the Torah.” However, if it is in theory the proper time for the mitzvah, then there is potentially an issue of adding to the mitzvahs—even if there wasn’t any intention to do so.

Therefore, we specifically eat the matzah on the day of the 14th since the proper time to eat it really would have been the eve of the 15th (if someone were actually observing the second Passover because they were impure on the first Passover), and we wish to avoid making a custom to eat it specifically then. He writes that this is especially true in light of the Jerusalem Talmud’s statement that if the Moshiach will come between the first and second Passover, then all Jews will have the opportunity to bring the Paschal offering on the second Passover.5 Thus, since the second Passover could be an actual holiday for all Jews—when we would all be obligated to eat matzah—we don’t want to have a custom to eat matzah on the 15th, which gives the impression that we are adding to the observance of the day.

Others, however, question this explanation. They note that we eat matzah on all 7 (or 8) days of Passover even though there is no obligation to do so and there is no concern of “adding to a mitzvah.”6

Mystical Numerology

Many have the custom that after counting the Omer, they recite (among other things) psalm 67. This psalm contains 49 words (not counting the introductory verse). According to the Arizal, each word corresponds to a different night of the Omer, and one should have that word in mind when reciting the Omer. The same applies to verse 5 of that psalm, which contains 49 letters,7 each one corresponding to another night. (This can be seen in the standard Kehot Siddur, which includes the word and letter corresponding to each night of the Omer).

Based on this, some point out that the 14th of Iyar, which is the 29th day of the Omer, corrosponds to the word תַּנְחֵם, tancheim (“comfort them”), and the letter yud. The word tancheim has the numerical value of 498: ת-400 נ-50 ח-8 ם-40. Add on the yud, which had the numerical value of 10, and you have 508. This is the same numerical value as Pesach Sheni (פסח שני). Thus, we see a hint in the verse itself that the main celebration of Pesach Sheni is on the 14th of Iyar.8

As noted above, there is good reason to eat matzah on the night of the 15th as well, so although the common practice in Chabad is to eat matzah on the day of the 14th of Iyar,9 the Rebbe also encouraged people to eat matzah on the eve of the 15th.10

FOOTNOTES
1.

See Numbers 9:6–7.
2.

See Shaar Yissachar, Pischa Zeira 12; Darkei Chaim Veshalom 631-2, cited in Igrot Kodesh, vol. 2, p. 352.
3.

Siddur of Rabbi Yaakov Emden, Shaar Hayesod, “Chodesh Iyar.”
4.

See Rabbi Yehoshua Mondshien in Otzar Minhagei Chabad, Pesach Sheini, “Achilat Matzah.”
5.

Kli Chemdah, Parshat Vaetchanan.
6.

See responsum Kol Yisroel, Orech Chaim 130. He writes that although according to some, there is indeed a “mitzvah” to eat matzah the rest of Passover, the term “mitzvah” in that context is not meant as obligation, but rather as a positive, meritorious act.
7.

This count includes the letter vav in the words תִשְׁפֹּוט and מִישֹׁור, which is pronounced but not always written in the text.
8.

Beit Naftali, cited in Minhag Yisroel Torah 493:10.
9.

See Igrot Kodesh, vol. 2, p. 352. A translation of the letter can be seen here.
10.

See Sicha of Pesach Sheini 5740 and 5743. See there, where he cites an occasion that the Rebbe encouraged people to eat on the 14th three times: 14th by day [morning] and afternoon, as well as on the eve of the 15th of Iyar.
As taken from, http://www.chabad.org/library/article_cdo/aid/3662334/jewish/Matzah-on-Pesach-Sheini-When-and-Why.htm  May 10, 2017.
 
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GENOA, ITALY – COLUMBUS, CINQUE TERRE, AND SEPHARDIM

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Monterosso – Cinque Terre, Italy

Up the Italian coast from Pisa is Liguria. This region encompasses the historic Republic of Genoa. Genoa was a major banking centre in the 16th century, and it maintained close economic relations with Spain and at times France until its defeat by Napoleon. It has a complicated Jewish history, as well as particular intrigue as the birthplace of Christopher Columbus. I recently travelled across the region and I thoroughly enjoyed its mix of natural and historic beauty.

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Columbus Monument (1846) on Piazza Acquaverde – Genoa, Italy

Liguria is sometimes called the Italian Rivera, and it is home to breathtaking Cinque Terre. Perched along cliffs abutting the Mediterranean, these ‘five lands’ are a delight for the senses. The aroma of lemon trees, the sound of waves crashing against the rocks, and the sparkling colour of the sea and cities create a tantalising experience. Collectively, the towns form a protected national park, and are linked together by foot trails and trains. I absolutely loved walking along them!

Just outside of Cinque Terre is the town of La Spezia, once home to the Italian navy. In the seventeenth century Livornese Jews settled there and even in nearby Lerici (with its ship building industry), where they lived in a ghetto. However, today not much remains of these earlier Jewish settlements. All of these areas were under the rule of the Republic of Genoa. Jewish fate therefore rose and fell with Genoa’s policy towards its own Jewish population.

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Redeveloped Genoa Harbour

Following the Expulsion, a group of Spanish Jews settled in Genoa. Soon afterwards, Portuguese conversos followed them to this important maritime port. Then, in the mid-sixteenth century, Genoa expelled its Jews. In the seventeenth century Sephardic merchants were readmitted into a newly established ghetto, though their status remained uncertain. This inconsistent policy kept their numbers relatively small, especially compared to the nearby Sephardic metropolis of Livorno, located in Tuscany to the south. However, following Italian unification, and the decline of Livorno’s economy, many Portuguese Jews relocated to Genoa (just as many others relocated to Florence).

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Genoa Synagogue

Genoa’s Jewish community continued to grow and in 1935 they built an impressive synagogue just outside the historic city centre. At that time its Jewish population numbered around 2500 souls. Tragically, just a few years later 250 of its Jews were killed in the Holocaust, and over the ensuing years most others left the area. Today, about 250 Jews remain. The imposing synagogue building contains a large sanctuary which is now only used on Holidays. During the rest of the year the community prays in the building’s smaller sanctuary, with a gorgeous historic Hehal (ark) from Genoa’s earlier synagogue.

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Genoa Synagogue’s Large Sanctuary

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Genoa Synagogues’s Small Sanctuary

Rabbi Giuseppe Momigliano was kind enough to show me around the synagogue and to share with me about the community. He told me that an elderly hazzan had taught him the Western Sephardic rite when he first arrived thirty year ago! Rabbi Momigliano also showed me his study, with its incredible bookcases full of historic safarim (Jewish books). One Bible, printed in 16th century Venice, even contains seventeenth century black out marks made by Christian censors!

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16th Century Venetian Hebrew Bible with Christian Censorship

Of course, no discussion of Jewish Genoa would be complete without reference to its most famous resident, Christopher Columbus. Just outside the city gate is a small stone building, said to have been Columbus’ childhood home (or at least built in the 18th century on the foundation of where his home once stood). There is a lot of speculation surrounding the great explorer, including the question of his family’s origins. Since 1892 some have suggested that he came from Jewish (converso) stock. Historians now snicker at such assertions, though strangely the myth remains. It is probably reinforced by the 1492 convergence of his voyage to the Americas and the Expulsion. While there is no basis for this Jewish fantasy, as Jews we can still appreciate the Talmudic teaching that ‘G-d always provides the ‘cure’ (America) before the ‘illness’ (Expulsion).’

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Christopher Columbus House – Genoa

Those wishing to visit the beautiful and fascinating region of Liguria should consider spending Shabbat in Genoa. Genoa’s impressive historic centre, with intact districts from medieval, early modern, and modern times, makes it a worthwhile destination.

Rabbi Momigliano told me that he would love to welcome Jewish groups to celebrate Shabbat with the community. Those interested in shabbat meals are welcome to email Rabbi Momigliano at Giuseppe.Momigliano@gmail.com.

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Rabbi Giuseppe Momigliano – Genoa, Italy

As taken from, https://shalommorris.com/2017/05/10/genoa-italy-columbus-cinque-terre-and-sephardim/  May 10, 2017

 
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La segunda oportunidad es preferible

En “Pesaj Sheini”, el segundo Pesaj, cuando en Jerusalém estaba el Sagrado Templo, ofrecían el sacrificio de Pesaj aquellos que no lo habían hecho en la fecha correcta. Pesaj Sheini ha introducido en la vida jasídica una de las frases más importantes, que representa también una enseñanza para nuestra vida diaria: “Nunca está todo perdido…”.

La segunda oportunidad es preferible

El Rebe de Lubavitch, solía utilizar y repetir esta frase en muchas de sus alocuciones. Agregó, que la enseñanza de Pesaj Sheini no sólo es que siempre estamos a tiempo de corregir, sino que, si realmente tenemos la intención de cambiar, se nos dan fuerzas adicionales. En una de sus cartas escribió: “La enseñanza de Pesaj Sheini es que para un judío nunca está todo perdido. Más aún, muchas veces la segunda oportunidad es preferible a la primera…”.

En otro lugar puntualiza, que en la rectificación de Pesaj Sheini, no existe la limitación del tiempo. Mientras el primer Pesaj es de siete días, el segundo sólo dura uno. “Pues el tema del retorno a las fuentes, es en una sola hora y en un solo momento y no se mueve de allí hasta que sea la voluntad de Di-s perdonarlo, y tenga satisfacción de sus actos”. De aquí, que no sólo es posible enmendarse, sino que la consecuencia puede ser de un nivel más alto que en la primera situación.

La fuerza de la demanda

Pesaj Sheini también nos enseña la fuerza que tiene la verdadera demanda que viene de un judío.

Cuándo los judíos del desierto estaban impuros en el momento que correspondía ofrecer el sacrificio de Pesaj, vinieron con el reclamo “¿por qué perderemos?”. Aparentemente este es un extraño reclamo, pues en la Torá están fijadas las reglas de cómo y cuando debemos cumplir cada precepto y como debemos ofrecer cada sacrificio. Si aquellas personas no cumplían con los requisitos necesarios, qué derecho tenían para reclamar “¿porque perderemos?”.

El Rebe dice que esto nos deja una enseñanza maravillosa, cuando una persona siente que le falta ‘algo’ en lo relacionado con su temor al Cielo o en el cumplimiento de la Torá y Sus preceptos, no debe apoyarse en otro para completar esta carencia, sino confiar en su propio deseo de retornar a las fuentes, gritando y reclamando: “¿por qué perderemos?”.

Agrega que la Torá nos ordena comportarnos así, cuando por medio de los miembros de la Gran Asamblea, se estableció que en el momento que un judío le pide a Di-s por sus necesidades en la plegaria, debe reclamar que la redención sea ‘rápidamente’.

¡No nos conformamos con hacer este pedido en una sola plegaria, sino que lo hacemos varias veces al día, todos los días!… el Pueblo de Israel pide y grita ¡”hasta cuando”! y es por medio de este ruego que la redención se acelera y llegará mucho más rápido.

Según tomado de, http://es.chabad.org/library/article_cdo/aid/714484/jewish/La-segunda-oportunidad-es-preferible.htm

 
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Posted by on May 8, 2017 in Uncategorized

 

The Biblical Ban on Eating Animal Blood, Explained

Parashat Mot-Kedoshim: When the world was created, the Torah says, all creatures were vegetarians; then the rules changed.
When the world was created, the Torah relates, all creatures were vegetarians. God tells Adam and Eve: “See, I give you every seed-bearing plant that is upon all the earth, and every tree that has seed-bearing fruit; they shall be yours for food” (Genesis 1:29). God then refers to animals: “And to all the animals on land, to all the birds of the sky, and to everything that creeps on earth, in which there is the breath of life, [I give] all the green plants for food” (Gen. 1:30).
After the Great Flood, God changes the rule, allowing consumption of meat: “Every creature that lives shall be yours to eat; as with the green grasses, I give you all these” (Gen. 9:3). There are, however, restrictions: “You must not, however, eat flesh with its life-blood in it. But for your own life-blood I will require a reckoning: I will require it of every beast; of man, too, will I require a reckoning for human life, of every man for that of his fellow man! Whoever sheds the blood of man, by man shall his blood be shed; for in His image did God make man” (Gen. 9:4-6).
Perhaps, following the Great Flood, God concludes that a sweeping prohibition on consumption of meat is too much to ask of humankind. Nonetheless, he does not permit homicide, because he created humans in his image: Human bloodshed is forbidden and God will punish all humans or animals that shed human blood. Humans can now eat animal flesh with one restriction, and it is universal – a prohibition on eating blood: “You must not, however, eat flesh with its life-blood in it.”
In this week’s double portion, we again encounter this prohibition. Here it is directed at the Israelites, severed from the outlawing of homicide. In this new context, the Torah cites two explanations, which raise thoughts about the relationship between humans and animals: an almost self-understood hierarchy, on the one hand, while on the other, similarity and a common denominator. We will consider these reasons in light of Baruch J. Schwartz’s interpretation, in his book “The Holiness Legislation: Studies in the Priestly Code.”
We will begin with the second explanation, which concerns the blood of all animals whose flesh may be eaten, not necessarily just those sacrificed on the altar: “And if any Israelite or any stranger who resides among them hunts down an animal or a bird that may be eaten, he shall pour out its blood and cover it with earth. For the life of all flesh – its blood is its life. Therefore I say to the Israelite people: You shall not partake of the blood of any flesh, for the life of all flesh is its blood. Anyone who partakes of it shall be cut off” (Leviticus 17:13-14).
The word “nefesh” (translated here as “life”) refers to the life force in human and animal circulatory systems. The text emphasizes the relationship between blood and life in every way possible: the “life of all flesh – its blood is its life” – that is, life contains the blood; the “life of all flesh is its blood” – life is in a creature’s blood; and, the “life of the flesh is in the blood” (Lev. 17:11) – the blood contains life. Thus, blood may not be eaten, even though an animal’s flesh may be. Although this does not actually help the animal, it indicates a kind of humanization – a reminder that animals were not created to be consumed, that they were once living creatures.
The other reason appears earlier in the chapter, and applies to animals sacrificed on the altar: “And if anyone of the house of Israel … partakes of any blood, I will set My face against the person who partakes of the blood, and I will cut him off from among his kin” (Lev. 17:10). God threatens to severely punish those who eat blood, explaining why: “For the life of the flesh is in the blood, and I have assigned it to you for making expiation for your lives upon the altar; it is the blood, as life, that effects expiation [kappara, from the verb kof-peh-resh]” (Lev. 17:11). If the basic reason is that the “life of the flesh is in the blood,” the additional reason relates to blood’s expiating power.
The verb “kof-peh-resh” has two connotations. One, linked to the Akkadian verb “kuppuru,” is “to wipe, erase.” Sacrifices are intended to cleanse the sanctuary, removing the impurity adhering to it from Israel’s sins and enabling God to continue residing in Israel’s midst. Early in this week’s portion, we read, “Thus he shall purge [‘kof-peh-resh’ as a verb] the Shrine of the uncleanness and transgression of the Israelites, whatever their sins; and he shall do the same for the Tent of Meeting, which abides with them in the midst of their uncleanness” (Lev. 16:16). The second meaning of “kof-peh-resh” in the Bible relates to ransom or payment. For example, ransom may not be taken to allow murderers to escape capital punishment: “You may not accept a ransom [kof-peh-resh’ as a noun] for the life of a murderer … he must be put to death” (Numbers 35:31).
Let us return to the reasons for the prohibition on eating blood: “I have assigned it to you for making expiation for your lives upon the altar; it is the blood, as life, that effects expiation.” According to this metaphorical phrasing, it is as if it is God who grants blood to Israel, and he who performs the ritual, pouring the blood on the altar, although it is in fact Israel that offers the blood that is poured on God’s altar. The concept of expiation of lives points to the verb’s second connotation: ransom payment. This law grants a unique interpretation to the expiating sacrifices and to blood’s role: not to cleanse the sanctuary, but to serve as ransom.
According to this text, the prohibition on eating blood stems from the unique function God assigns to blood – to be sacrificed to God as ransom for Israelite lives. Schwartz notes the double representation here: Blood represents animals, which in turn represent humans. The fact that the “life of the flesh is in the blood” gives blood its expiating power. Since they are inferior to humans, animals can be sacrificed in their stead. However, humans and animals have a common denominator: the life force in the blood, without which animals cannot be substituted for humans.
All biblical quotations are taken from the JPS Tanakh: The Holy Scriptures, published 1985.
read more: http://www.haaretz.com/jewish/portion-of-the-week/1.787509

 
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Posted by on May 7, 2017 in Uncategorized

 

Revolutionary Vatican Declaration on Jewish Relations Translated to Hebrew

“Hatred stirreth up strifes; but love covereth all transgressions.” Proverbs 10:12 (The Israel Bible™)

A Vatican document which revolutionized Catholic attitudes towards the Jewish religion 50 years ago has been translated into Hebrew for the first time, bringing renewed hopes that the message will spread and influence Jewish-Christian relations today.

The translated Nostra Aetate (Latin for “In our Time”) was presented to President Reuven Rivlin at a Jerusalem ceremony on March 21. The document, known as the “Declaration on the Relation of the Church with Non-Christian Religions”, was originally adopted by bishops present at the Second Vatican Council on October 28, 1965.

This document is a formal declaration by the Catholic Church regarding the way Christianity views people of other religions.

The Hebrew translation of the Nostra Aetate

It acknowledges the singular origin of all humans and that all people seeking affinity with God have a similar goal. With regard to Jews, the document states “the Jews should not be presented as rejected or accursed by God” and states that anti-Semitism is unacceptable. Additionally, it states that Jews, as a people, cannot historically be held responsible for the death of Jesus.

“The translation of this ground-breaking document will enable Israelis and other Hebrew speakers to better understand just how far the Catholic Church has come in its desire to promote religious tolerance in the world,” commented Roni Segal, academic adviser for The Israel Institute of Biblical Studies, an online language academy, to Breaking Israel News.

“As more people learn Hebrew and study ancient Jewish texts, the chances of putting the message of the Nostra Aetate into practice will only increase.”

Though a crucial document for Christian-Jewish relations, the Latin Nostra Aetate goes largely unknown. Aside from religion scholars, few have even heard of the document. Jews are perhaps even more clueless about it than many Christian laymen, thus creating the need for the document to be translated into Hebrew.

Professor Dina Porat of the Kantor Center for the Study of Contemporary European Jewry at Tel Aviv University led the project to translate this work into Hebrew, as well as other related documents concerning the relationship between the Jewish people and the Catholic Church. Her book, published in 2015, brought the Nostra Aetate to light 50 years after it was originally written.

By presenting the book to President Rivlin in the presence of Christian dignitaries and religious leaders, Porat hopes that the Vatican’s message will be put into practice.

An expert on the Holocaust and on the topic of anti-Semitism, Porat recently lead a team of Tel Aviv researchers who found that there was a 45 percent increase of anti-Semitic instances on US university campuses in 2016. Her ongoing concern about modern day anti-Semitism and her drive to study and educate about the Holocaust led to the translation of the Nostra Aetate.

 

Dina Porat

Religious scholars, rabbis and other clergy attended the ceremony hosted by Rivlin. Among the honorable guests were Apostolic Administrator of the Latin Patriarchate, Archbishop Pierbattista Pizzaballa; an expert on Jewish-Christian relations and International Director of Interreligious Affairs of the American Jewish Committee, Rabbi David Rosen; Italian Ambassador to Israel, the Papal Nuncio, and Israel’s Ambassador to the Vatican.

Describing the contents of the translated book, Porat explained, “So that the picture would be as full as possible, we also included speeches by the Pope and his two predecessors; speeches given in the Great Synagogue in Rome, the notes they placed in the Western Wall, and conversely speeches in Yad Vashem, and in Auschwitz – we also translated them all. They are all written in a warm and respectful language toward the Jewish people.”

With Hebrew being a more commonly accessible language than Latin, Jews and non-Jews alike now have the opportunity to study the Nostra Aetate. President Rivlin referred to the document as revolutionary and attached great value to its translation into Hebrew.

“Unfortunately, 50 years [after this document was published] this revolution is still silent,” said Rivlin. “Most of the Jews in Israel and around the world know very little about this deep change regarding the Jewish faith, the Jewish people, and the Jewish state. And, being honest, I am not sure how many Christians around the world know about this important process. I hope this book will help more than a little, by ensuring Hebrew readers know more and understand better the Catholic Church and its followers.”

Read more at https://www.breakingisraelnews.com/87454/famous-nostra-aetate-declaration-translated-hebrew-first-time/#L2E72mSFDgzpJyR1.99

 
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Posted by on May 6, 2017 in Uncategorized

 

Por qué los judíos no creen en Jesús

Por qué los judíos no creen en Jesús

Durante 2.000 años, los judíos han rechazado el cristianismo. ¿Por qué?

Es importante entender por qué los judíos no creen en Jesús. El propósito no es despreciar otras religiones, sino plantear y clarificar la posición judía. Cuanta más información haya para escoger, la gente podrá tomar mejores decisiones acerca de sus vidas espirituales.

Los judíos no aceptan a Jesús como su Mesías porque:

  1. Jesús no cumplió las profecías mesiánicas.
  2. El cristianismo contradice la teología judía.
  3. Jesús no cumplió con los requisitos de Mesías.
  4. Los versículos bíblicos referentes a “Jesús” son traducciones incorrectas.
  5. La creencia judía se basa en una revelación nacional.

1. Jesús no cumplió las profecías mesiánicas

¿Qué es lo que el Mesías tiene que lograr?

La Biblia dice que debe:

  • Construir el Tercer Templo (Ezequiel 37:26-28)
  • Reunir a todos los judíos de regreso en la Tierra de Israel (Isaías 43:5-6).
  • Traer una era de paz mundial, acabar con el odio, la opresión, el sufrimiento y la enfermedad. Como está escrito: “Una nación no levantará espada contra otra nación; y tampoco los hombres estudiarán más cómo hacer guerra”(ver Isaías 2:4).
  • Esparcir un conocimiento universal sobre el Dios de Israel, uniendo a toda la raza humana como una. Como está escrito: “Dios será Rey sobre todo el mundo; ese día, Dios será Uno y Su Nombre será Uno” (Zacarías 14:9).

El hecho histórico es que Jesús no cumplió con ninguna de estas profecías mesiánicas.

2. El cristianismo contradice la teología judía

¿Dios como tres?

La idea cristiana de la trinidad divide a Dios en tres entes separados: El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo (Mateo 28:19).

Esto contradice al Shemá, la base de la creencia judía: “Escucha Israel, el Señor es nuestro Dios, el Señor es UNO” (Deuteronomio 6:4). Los judíos declaran la unicidad de Dios cada día, escribiéndola en los marcos de sus puertas —las mezuzot—, y atándola a sus brazos y a sus cabezas —los Tefilin—. Esta aseveración de la unicidad de Dios son las primeras palabras que se le enseñan a un niño judío, y las últimas palabras que se dicen antes de morir.

En la ley judía, el adorar a una trinidad divina es considerado idolatría, uno de los pecados cardinales por los cuales un judío debe dar la vida antes de transgredirlo. Esto explica por qué durante las inquisiciones y durante toda nuestra historia, los judíos han preferido dar sus vidas antes que convertirse.

¿El hombre como Dios?

Los cristianos creen que Dios vino a la tierra tomando la forma de un hombre, como Jesús dijo: “Yo y el Padre somos uno” (Juan 10:30).

Maimónides dedica la mayoría de su libro “La Guía de los Perplejos” a la idea fundamental de que Dios carece de cuerpo, es decir de una forma física. Dios es Eterno, está por encima del tiempo. Es Infinito, más allá del espacio. No pudo haber nacido y no puede morir. Decir que Dios asume una forma humana hace a Dios pequeño, destruyendo Su Unicidad y Divinidad, como dice la Torá: “Dios no es un mortal” (Números 23; 19).

El judaísmo dice que el Mesías va a nacer de padres humanos, con atributos físicos como cualquier otra persona. No va a ser un semi-dios, y no va a poseer características sobrenaturales. De hecho, un individuo vive en cada generación con la capacidad de tomar el papel de Mesías (ver Maimónides, Leyes de Reyes 11:3).

¿Intermediario para el rezo?

Una idea básica del cristianismo es que el rezo debe ser dirigido a través de un intermediario —por ejemplo, confesar los pecados a un cura—. Jesús mismo es un intermediario, como él mismo dijo: “Ningún hombre se acerca al Padre sino a través mío”.

En el judaísmo, el rezo es una cuestión totalmente privada, entre cada individuo y Dios. Como la Biblia dice: “Dios está cercano a todo aquel que lo llame verdaderamente” (Salmos 145: 18). Más aún, los Diez Mandamientos dicen: “No debes tener otros dioses delante de Mí”, es decir que está prohibido poner un mediador entre Dios y el hombre. (Ver Maimónides, Leyes de idolatría Cáp. 1).

Participación en el mundo físico

El cristianismo comúnmente trata al mundo físico como algo malo que debe ser evitado. María, la mujer cristiana más sagrada es retratada como una virgen. Entre los curas y las monjas son célibes. Los monasterios están en lugares remotos y alejados.

Por el contrario, el judaísmo cree que Dios creó el mundo físico para nuestro beneficio, no para frustrarnos. La espiritualidad judía se obtiene mediante la utilización del mundo físico de manera tal que lo eleva. Las relaciones íntimas en un contexto adecuado es uno de los actos más sagrados que una persona puede realizar.

El Talmud dice que si una persona tiene la oportunidad de probar una fruta nueva y se rehúsa a hacerlo, tendrá que rendir cuentas de ello en el mundo venidero. Asimismo, las escuelas rabínicas judías enseñan cómo actuar correctamente en el ámbito comercial. Los judíos no se retiran de la vida, la elevan.

3. Jesús no cumplió con los requisitos de mesías

Mesías como profeta

Jesús no fue un profeta. La profecía sólo puede existir cuando la tierra está habitada por una mayoría de judíos. Durante el tiempo de Ezrá (C. año 300 a.e.c.) la mayoría de los judíos se rehusaron a desplazarse de Babilonia hacia Israel, por ende la profecía terminó con la muerte de los últimos profetas: Jagai, Zacarías y Malají.

Jesús apareció en la escena aproximadamente 350 años después de terminada la época de los profetas.

Descendiente de David

El Mesías debe ser descendiente del rey David por el lado paterno (Ver Génesis 49:10 e Isaías 11:1). De acuerdo al cristianismo que dice que Jesús fue producto del nacimiento de una virgen, él no tuvo un padre, y por ende no pudo haber tenido la posibilidad de cumplir la profecía mesiánica de ser descendiente del rey David por el lado paterno.

Observancia de la Torá

El Mesías va hacer que el pueblo judío cumpla con todas las leyes de la Torá. La Torá plantea que todas las mitzvot permanecerán obligatorias para siempre y que cualquiera que venga a cambiar la Torá es inmediatamente identificado como un falso profeta (Deuteronomio 13; 1-4).

A lo largo del nuevo testamento Jesús contradice a la Torá y dice que seis mandamientos ya no son aplicables (Juan 1:45 y 9:16, Hechos 3:22 y 7:37).

4. Los versículos bíblicos referentes a “Jesús” son traducciones incorrectas

Los versículos bíblicos sólo pueden ser entendidos al estudiar el texto en su idioma original, lo que revela muchas discrepancias con la traducción cristiana.

Una virgen dio a luz

La idea cristiana de que una virgen dio a luz ha derivado de un versículo en Isaías que describe a una “almá” dando a luz. La palabra hebrea “almá” siempre ha significado “una mujer joven”, pero los teólogos cristianos vinieron siglos después a traducirla como “virgen”. Esto está de acuerdo con la idea pagana de que los mortales son absorbidos por dioses.

Crucifixión

El versículo en Salmos 22:17 dice: “Como un león ellos están en mis manos y pies”. La palabra hebrea ke-arí (como un león) es gramaticalmente similar a la palabra “clavado”. Sin embargo, el cristianismo lee el versículo como una referencia a la crucifixión: “Ellos perforaron mis manos y pies”.

Un sirviente que sufre

Los cristianos declaran que en el libro de Isaías, capítulo 53, el texto se refiere a Jesús. Pero en realidad, el profeta Isaías en el capítulo 53 de su libro continúa directamente el tema del capítulo 52 describiendo el exilio y la redención del pueblo judío. Las profecías están escritas en el singular puesto que los judíos (“Israel”) son considerados como una unidad. La Torá está llena de ejemplos del pueblo judío considerado con un pronombre singular.

Irónicamente las profecías de persecución de Isaías se refieren en parte al siglo XI cuando los judíos fueron torturados y matados por las cruzadas que actuaron en nombre de Jesús.

¿De dónde surgieron estas traducciones erróneas? San Gregorio, el Arzobispo de Nacianzo del siglo IV escribió: “Un poquito de jerga es todo lo que se necesita para imponerse sobre la gente. Cuanto menos comprendan, más admirarán”.

5. La creencia judía se basa en una revelación nacional

De las 15.000 religiones que existieron en la historia de la humanidad sólo el judaísmo basa sus creencias en una revelación nacional, es decir: Dios hablándole a todo el pueblo. Si Dios va a comenzar una religión, tiene sentido que se lo diga a todos y no sólo a una persona.

El judaísmo, único entre la mayoría de las religiones principales del mundo, no basa sus creencias en “declaraciones de milagros” para establecer su religión. De hecho la Biblia dice que Dios algunas veces garantiza el poder de hacer “milagros” a los charlatanes, para poder probar la lealtad de los judíos hacia la Torá. (Deuteronomio. 13:4).

Maimónides dice (Fundamentos de la Torá Cáp. 8):

Los judíos no creyeron en Moshé, nuestro maestro, por los milagros que realizó. Cuando la creencia de una persona está basada en ver milagros, tiene dudas persistentes, porque es posible que los milagros fueran hechos a través de la magia o la brujería. Todos los milagros realizados por Moshé en el desierto ocurrieron porque fueron necesarios, y no como prueba de su profecía.

¿Cuál fue entonces la base de la creencia judía? La revelación en el Monte Sinai, que vimos con nuestros propios ojos y escuchamos con nuestros oídos, sin depender del testimonio de otros. Como está escrito: “Cara a cara, Dios habló contigo…”. La Torá también cita: “Dios no hizo este pacto con nuestros padres, sino con nosotros – que estamos todos vivos hoy”. (Deuteronomio 5:3).

El judaísmo no está basado en “milagros”. Es la experiencia personal de cada hombre, mujer y niño.

Judíos y gentiles

El judaísmo no demanda que todos se conviertan a la religión judía. La Torá de Moshé es la verdad para la humanidad, sea la persona un judío o no. El rey Salomón le pidió a Dios contestar los rezos de los no-judíos que iban al Templo Sagrado (Reyes I 8:41-43). El profeta Isaías se refiere al Templo como la “Casa para las naciones”. El servicio en el Templo durante Sucot presentaba 70 sacrificios animales correspondientes a las 70 naciones del mundo. (De hecho, el Talmud dice que si los romanos se hubieran dado cuenta del beneficio que obtenían del Templo, nunca lo hubieran destruido).

Los judíos nunca han buscado convertir a la gente, puesto que la Torá prescribe un camino adecuado para los gentiles, llamado las “Siete leyes de Noaj”. Maimónides explica que cualquier ser humano, que con fe observa estas leyes morales básicas, gana un lugar propio en el cielo.

Trayendo al Mesías

Maimónides declara que la popularidad del cristianismo (y del Islam) es parte del plan de Dios de extender las ideas de la Torá a todo el mundo. Esto mueve a la sociedad hacia un estado perfecto de moralidad, y hacia una mayor comprensión de Dios. Todo esto en preparación para la era mesiánica.

Por cierto, el mundo está desesperadamente necesitado de la redención mesiánica. La guerra y la contaminación ambiental amenazan nuestro planeta; el ego y la confusión erosionan nuestra vida familiar. Hasta donde estemos conscientes de los problemas sociales, es el determinante de nuestro anhelo por la redención. Como dice el Talmud, una de las primeras preguntas que se le hace a un judío en su juicio celestial es: “¿Has anhelado la llegada del Mesías?”.

¿Cómo podemos apresurar la llegada del Mesías? La mejor manera es amar generosamente a toda la humanidad, cuidar las mitzvot de la Torá (como mejor podamos), y animar a los demás a que también lo hagan.

A pesar de la penumbra, el mundo está encaminado hacia la redención. Un signo evidente es que los judíos han regresado a la Tierra de Israel y la han hecho florecer nuevamente.

Además, hay un gran movimiento de jóvenes judíos regresando a las tradiciones de la Torá.

El Mesías puede venir en cualquier momento, y todo depende de nuestras acciones. Dios estará listo cuando nosotros lo estemos. Como dijo el rey David: “La redención llegará hoy, si escuchas Su voz”.

Según tomado de, http://www.aishlatino.com/e/f/48420212.html?s=mpw el sábado, 29 de abril de 2017.

 
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Posted by on April 29, 2017 in Uncategorized

 

Historia Judía: El regreso a la Tierra de Israel

[Historia Judía #62] El regreso a la Tierra de Israel

El renacimiento de Israel es un fenómeno sin precedentes en la historia humana.

El anhelo de volver a la Tierra de Israel nunca abandonó al pueblo judío.

  • Lo vemos en Salmos, donde los judíos recitaban constantemente: “Si te olvidara, Oh Jerusalem…”, o “Cuando Dios nos haga retornar a Sión seremos como soñadores…”.
  • En las declaraciones de nuestros sabios, como la de Rabí Najman de Breslov: “Adonde sea que vaya, siempre estoy yendo hacia Israel”.
  • Lo vemos en la poesía judía, como en la de Yehudá Haleví: “Mi corazón está en el Este, pero yo estoy en el lejano Oeste”.
  • En los rituales de las festividades: “El año próximo en Jerusalem”.
  • Y obviamente en innumerables bendiciones que son recitadas a diario: “Ten piedad, Señor nuestro Dios, sobre Israel Tu pueblo en Jerusalem, Tu ciudad, sobre Sión… Reconstruye Jerusalem, Tu ciudad sagrada, rápidamente en nuestros días y llévanos allí para que nos regocijemos en su reconstrucción…”.

En otras palabras, la tierra de Israel siempre tuvo un lugar en la mente de los judíos como el lugar en que el potencial nacional judío sería alguna vez alcanzado.

Pero como una realidad práctica, esto no comenzó a ocurrir de manera significativa sino hasta el nacimiento del sionismo moderno, no como un movimiento religioso, sino político.

El renacimiento de Israel es un fenómeno sin precedentes en la historia de la humanidad. Que un pueblo sea exiliado y dispersado, y aún así sobreviva durante 2000 años, que sea una nación sin tierra patria y que retorne a ella y reestablezca esa tierra patria, es un evento milagroso y único. Nunca nadie hizo algo así.

Una breve reseña

Antes de hablar sobre el regreso de los judíos a su tierra patria, repasemos brevemente la historia de lo ocurrido en la Tierra de Israel desde el año 70 EC, cuando los romanos destruyeron el Templo (ver capítulos 35 a 37).

Subsecuentemente, Jerusalem fue destruida, reconstruida de acuerdo al modelo romano y rebautizada Aelia Capitolina. La Tierra de Israel fue rebautizada ‘Palestina’ (en base a los extintos filisteos, uno de los peores enemigos de los judíos en la antigüedad).

Desde ese entonces, los judíos tuvieron prohibido el ingreso a Jerusalem. El Imperio bizantino (la versión cristiana del Imperio romano, con base en Constantinopla) continuó la política anterior y los judíos no tuvieron acceso a Jerusalem hasta que los musulmanes la conquistaron en el año 638 EC (ver capítulo 42).

Una vez que los musulmanes se apoderaron de la Tierra de Israel, la retuvieron bajo su dominio, salvo durante el breve período de las cruzadas (ver capítulo 45).

El imperio turco Otomano fue el que conservó la soberanía durante más tiempo: desde 1518 hasta 1917. Sin embargo, durante todo este tiempo, los musulmanes generalmente trataron a la Tierra Santa como una provincia retrasada. No hubo ningún intento de convertir a Jerusalem, que estaba arrasada, en una capital importante, mientras que sólo unas pocas dinastías musulmanas intentaron mejorar su infraestructura (a excepción de los Umaiad, en el siglo VII, los Mamelucos en el siglo XIII y el Sultán Otomano Suleimán el Magnífico, que reconstruyó los muros de la ciudad en el siglo XVI). De la misma forma, muy pocas construcciones se hicieron en el resto de la tierra, que era árida y no tenía muchos pobladores. La única ciudad importante que se construyó fue Ramla, que sirvió como el centro administrativo otomano.

Mark Twain, quien visitó Israel en 1867, la describió en su obra Innocents Abroad de la siguiente manera:

“Viajamos unas millas de campo desolado, cuyo suelo es lo suficiente rico pero sólo tiene hierbas; una expansión silenciosa y doliente… Hay aquí una desolación que ni la imaginación puede agraciar con la pompa de vida y acción. Llegamos a Tabor sin problemas… Nunca vimos un ser humano en toda la ruta. Nos apresuramos hacia el objetivo de nuestro viaje, la renombrada Jerusalem. Cuanto más viajamos, más fuerte se ponía el sol y más rocoso y falo, repulsivo y temerario se volvía el paisaje… Apenas había algún árbol o arbusto por allí. Hasta los olivos y los cactus, esos rápidos amigos de un suelo infértil, habían desertado el país. No existe un paisaje más aburrido para el ojo que el presente cuando uno se acerca a Jerusalem… Jerusalem es doliente, lúgubre e inerte. No desearía vivir allí. Es una tierra sin esperanza, lúgubre y entristecida… Palestina se sienta con harapos y cenizas”.

Las primeras migraciones

Durante el período de los musulmanes, la vida para los judíos fue mucho más fácil que con los cristianos.

En 1210, tras la desaparición de los cruzados, cientos de rabinos, conocidos como los Baalei Hatosafot, se volvieron a asentar en Israel. Esto marcó el nacimiento de la primera comunidad europea ashkenazí en Israel.

En 1263, el gran rabino y erudito Najmánides, conocido también como el Rambán, estableció una pequeña comunidad sefaradí en el Monte Sión, que estaba fuera de los muros (ver capítulo 47). Posteriormente, en el siglo XV, esa comunidad se mudó al interior de los muros y establecieron la sinagoga Rambán, lugar que continúa existiendo en la actualidad.

Cuando Najmánides fue a Jerusalem, ya había una comunidad judía vibrante en Hebrón, aunque los musulmanes no les permitían el ingreso a la Cueva de Majpelá (en donde están enterrados los Patriarcas y las Matriarcas). De hecho, esta prohibición continuó hasta el siglo XX.

Luego de la expulsión de España en 1492, más judíos comenzaron a emigrar a Israel. En el siglo XVI grandes cantidades de judíos emigraron a la ciudad norteña de Tzfat (conocida también como Safed), la cual se convirtió en la comunidad judía más grande de Israel y en el centro del misticismo judío (cabalá).

A mediados del siglo XVIII, un estudiante del Baal Shem Tov llamado Guershon Kitover comenzó la primera comunidad jasídica judía de Israel. Esta comunidad fue parte de lo que se conoce como el ‘Antiguo Asentamiento’ (en la actualidad, cuando visitas la Ciudad Vieja de Jerusalem, puedes ir al “Museo del Antiguo Asentamiento” y aprender hechos fascinantes sobre éste).

Otro evento muy importante para el crecimiento de la comunidad judía de Israel ocurrió a principios del siglo XIX. Entre 1808 y 1812 tres grupos de discípulos del grandioso rabino Eliahu Kramer, el Gaón de Vilna, totalizando unas 500 personas, llegaron a la Tierra de Israel. En un principio se asentaron en la ciudad de Tzfat, en Galilea, pero después de muchos desastres que incluyeron un devastador terremoto, se asentaron en Jerusalem. Su impacto fue tremendo. Fundaron muchos vecindarios nuevos (incluyendo Mea Shearim) y organizaron muchos kolelim (Ieshivot en donde los hombres casados reciben una asignación mensual para estudiar Torá). La llegada de estos discípulos del Gaón de Vilna revivió la presencia de la judería ashkenazí en Jerusalem, que durante más de 100 años había sido principalmente sefaradí, y tuvo un impacto inmenso en las costumbres y las prácticas de la comunidad religiosa en Israel.

En 1880 había unos 40.000 judíos viviendo en la tierra de Israel, entre unos 400.000 musulmanes (1).

Una de las figuras principales de este tiempo fue Moshé Montefiore (1784-1887), el primer judío que fue honrado con el título de ‘Caballero’ en Gran Bretaña.

Montefiore había hecho su fortuna con los Rothschild, que se hicieron ricos en las guerras napoleónicas. Usaban palomas mensajeras y se enteraron de la victoria en Waterloo antes que nadie; así es como tuvieron una ganancia tremenda en el mercado de valores inglés.

A los 40 años, y con una gran fortuna acumulada, Montefiore se embarcó en una carrera de filantropía, convirtiéndose en un incansable trabajador para la comunidad judía de Israel.

En ese entonces, la mayoría de los judíos vivía en lo que hoy se conoce como la Ciudad Vieja de Jerusalem, particularmente en el ‘Cuarto Musulmán’. La entrada principal a la ciudad para los judíos era la Puerta de Damasco, y de las muchas sinagogas de Jerusalem, la mayoría estaban en el Cuarto Musulmán, cerca del sitio en donde estaba el Templo en el Monte Moriá.

La ciudad estaba muy sobrepoblada y las condiciones sanitarias eran terribles, pero debido a la anarquía de ese tiempo la gente temía construir hogares y vivir afuera.

Montefiore construyó el primer asentamiento fuera de los muros de la Ciudad Vieja, llamado Yemín Moshé, en 1858. Fue el pionero en esto, y luego se construyeron más vecindarios en la Ciudad Nueva. Uno de los primeros, construidos en 1875, fue Mea Shearim (que contrario a la creencia popular, no significa ‘cien puertas’, sino ‘multiplicado por cien’, como en Génesis 26:12).

Además de Montefiore, otra personalidad sumamente importante del período fue el Barón Edmond de Rothschild (1845-1934).

Rothschild fue un hombre que financió más que nadie el reasentamiento de los judíos en la Tierra de Israel. Durante su vida gastó 70 millones de francos de su propio dinero en varios asentamientos agrícolas (Rosh Piná, Zijrón Yaakov, Pardés Janá, sólo por nombrar algunos) y en industrias como la productora de vinos Carmel, entre otras. Rothschild fue tan importante y generoso que fue apodado Hanadiv haiadúa, el ‘Conocido contribuyente’.

Si bien Rothschild estaba bastante asimilado y desconectado del anhelo judío de volver a la tierra, fue muy influenciado por Rav Shmuel Mohilever, quien fue uno de los primeros sionistas religiosos de Polonia.

Mohilever convirtió a Rothschild a su ideología y, desde ese entonces, el rico banquero comenzó a ver a Israel como una “inversión”. Hizo posible para miles de judíos tanto el regreso a Israel como la supervivencia allí en aquel entonces.

El sionismo político temprano

No vemos la aparición del sionismo político sino hasta finales del siglo XIX, cuando surgió como reacción ante la intolerable persecución de judíos de Rusia.

Los primeros sionistas políticos, cuya mayoría era secular (muchos habían nacido en hogares observantes pero habían abandonado la observancia), no sentían un anhelo especial por Israel basado en la tradición o la religión, sino que creían que la Tierra de Israel era el único lugar en que los judíos podían crear una identidad nacional, recuperar el orgullo y la productividad y, con optimismo, escapar de la horrible Rusia zarista antisemita y otros lugares.

Una de las organizaciones principales involucradas en el sionismo político temprano fue Jibat Sión, ‘El amor a Sión’, fundada en 1870 (sus miembros eran llamados Ohabei Sión, ‘Amantes de Sión’).

Una importante personalidad de los Ohabei Sión fue Yehudá Leov Pinsker (1821-1891). Pinsker fue un doctor polaco que comenzó como uno de los maskilim, un grupo que buscaba que los judíos abandonaran el judaísmo y se fusionaran a la cultura rusa con la esperanza de que si los judíos eran aceptados socialmente, el antisemitismo ruso desapareciera (ver capítulo 56). Sin embargo, después de los pogromos que siguieron al asesinato del Zar Alejandro en 1881, él y muchos de los maskilim arribaron a la conclusión de que sus esfuerzos eran en vano y que el antisemitismo nunca iba a desaparecer. Al igual que Theodor Herzl después, Pinsker se sorprendió por la profundidad del antisemitismo europeo. Llego a creer que la única solución posible era que los judíos vivieran en su propia tierra patria. Pinsker publicó sus ideas en un panfleto llamado Auto-emancipación. En este escribió las siguientes memorables palabras:

“Debemos reconciliarnos con la idea de que las otras naciones, por motivo de su propio antagonismo natural, nos rechazarán eternamente”.

La primera aliá

En 1882 se formó en Rusia otra organización importante. Fue llamada Bylu, un acrónimo de las palabras de apertura del versículo en Isaías (2:5): “Beit Yaakov leju venelej”, significando: ‘Casa de Yaakov, vengan y vayamos’.

Bylu fue muy activa en el movimiento inicial de asentamiento, que llegó a ser llamado “La primera aliá”, la primera gran migración de judíos desde Rusia y Rumania a la Tierra de Israel.

Aliá significa ‘ascenso’. Emigrar a Israel, hacer aliá, significa venir de un lugar bajo y “subir”. (En la antigüedad, el término aliá se refería a un viaje a Jerusalem para visitar el Templo, generalmente durante una de las tres festividades de peregrinaje: Pésaj, Shavuot o Sucot, y no sólo implicaba un viaje a las montañas que rodeaban Jerusalem, sino subir al Templo, el lugar más sagrado de la tierra).

El año 1882 marcó la primera aliá, cuando los judíos comenzaron a llegar a Israel en manadas. Entre 1882 y 1891 llegaron 30.000 judíos en dos olas y fundaron 28 nuevos asentamientos.

Esos primeros sionistas compraron cientos de miles de acres de manos de dueños árabes que vivían por lo general en otros lugares de Medio Oriente. La mayoría de las tierras compradas estaban en áreas ignoradas y consideradas no desarrollables, como el plano costal arenoso o el Valle Hula en el norte, lleno de pantanos e infestado por malaria. Sorprendentemente y con mucho esfuerzo, esos primeros asentadores hicieron que la tierra árida volviera a florecer y también drenaron los pantanos (2).

Lo que motivaba a muchos de esos primeros inmigrantes era un idealismo que fue descrito por Zev Dugnov, un miembro de Bylu:

“Mi objetivo final es obtener la posesión de Palestina y restaurar para los judíos la independencia política que se les ha negado ya durante 2000 años. No rían. No es un delirio. No importa si ese día espléndido llegará en 50 años o más. Un período de 50 años no es más que un momento para semejante objetivo”.

De hecho, llevaría 66 años. Mientras tanto, los judíos continuaron llegando, adquiriendo tierras y construyendo un fuerte movimiento político que exigía la devolución de su antigua tierra patria.


Notas:

(1) Para información detallada sobre la demografía de Palestina durante los mandatos otomano y británico ver: Joan Peters, From Time Immemorial ― The Origins of the Arab-Jewish Conflict Over Palestine (Harper & Row, 1984).

(2) El Valle Hula fue drenado recién en la década del 50.

Según tomado de, http://www.aishlatino.com/judaismo/historia/curso-rapido/El-regreso-a-la-Tierra-de-Israel.html el sábado, 29 de abril de 2017.

 
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