El destino y el futuro de las diez tribus- 1

El destino y el futuro de las diez tribus- 1

Por el Rab Eliahu Birenbaum
19/12/2010

LOS JUDÍOS DE MI MUNDO

“Tus ojos son palomas: Tal como la paloma vuelve a su casa, así es Israel. Tal como dice en Oseas 11:11: ‘Como una paloma de la tierra de Asiria’. Ésas son las diez tribus. ‘Y les haré habitar en sus casas, palabra de D’s’.” (Shir Hashirim Rabá, 4).

En las próximas semanas, los artículos de “Los judíos de mi mundo” hablarán de uno de los grupos más apasionantes del mundo judío: los Bnei Menashé del nordeste de la India. En este caso, pareceríamos contar con más pruebas que en otros, sobre sus lazos con el pueblo judío y su condición de descendientes de la tribu de Mensahé, exiliada de la Tierra de Israel. Pero antes de exponer a los lectores la historia de esta tribu, trataré de explicar las diversas posturas con respecto al retorno de las diez tribus en nuestro tiempo y su importancia para Israel. Este tema se repetirá en dos artículos más sobre “los judíos de mi mundo”.

El destino de las diez tribus exiliadas de la Tierra de Israel y la posibilidad de su retorno constituyen un tema casi legendario y de gran interés, el cual inquietó a muchas personas a lo largo del tiempo. Desde la época de los profetas judíos y sus promesas, hasta las polémicas en la Guemará sobre el retorno de los judíos; desde Maimónides hasta Eldad Hadani; desde las afirmaciones de Menashé Ben Israel hasta los libros y crónicas de viajes del Rabino Yaakov Sapir; desde los dichos de Rabí David Ben Zimrá (HaRadbaz) hasta el Gaón de Vilna y el Rabino Eliahu Avihail en nuestros tiempos, todos añoraban el retorno de los descendientes de las diez tribus al seno del pueblo judío. Muchos actuaron con gran energía para lograrlo, porque eso era visto como un signo alentador que anunciaría la llegada del Mesías.

Parecería no haber casi ninguna diáspora en el mundo judío sobre la que no se haya formulado la pregunta si son descendientes de las diez tribus perdidas del pueblo judío. Desde los patenos en Afganistán, los cachemiros en Pakistán, los Bnei Israel en la India, los Lamba en Sudáfrica, la tribu Abayudia en Uganda, la secta Macoya en Japón y los descendientes de los judíos de Kaifeng; desde los judíos del Cáucaso y los Bnei Menashé en la India, los Beta Israel en Etiopía y diversas comunidades en Samarcanda y algunas regiones del Asia Central que las investigaciones señalan como adecuadas para ubicar en ellas a las diez tribus, hasta las tribus indígenas en los Estados Unidos y muchas otras, todos tienen alguna tradición sobre su condición de descendientes de las diez tribus perdidas.

Lamentablemente, el mundo judío en general y el mundo rabínico en especial se desvincularon y alejaron de este tema crucial, que durante muchas generaciones estuvo en el tapete de reyes y condes. La dedicación a otros temas más urgentes nos alejó de la preocupación por las tribus judías y del intento de investigar sus raíces históricas y judías a lo largo del tiempo. Yo quiero restituir a este tema su importancia y preservar la continuidad histórica entre el pueblo judío y sus tribus, y en especial sentar las bases de nuestra responsabilidad hacia los judíos alejados y perdidos. La mutua corresponsabilidad del pueblo judío no es válida tan sólo para quien ya forma parte de “la familia” sino también para quienes formaban parte de nuestro pueblo, pero por razones históricas fueron desarraigados de la familia.

En el Talmud y los midrashim y en textos antiguos se tejieron muchas leyendas sobre las diez tribus. Su situación y, en particular, su futuro y su posible retorno al pueblo judío y a la Tierra de Israel encendieron la imaginación de muchos. Se realizaron muchas investigaciones y se elaboraron muchas hipótesis para descubrir la ubicación del río Sambatión, que arroja piedras y arena durante toda la semana y descansa sólo el sábado… (y de ahí su nombre: Sambatión – Sábado), detrás del cual se encuentran las tribus perdidas. Temo que por las dimensiones legendarias y folclóricas del tema de las tribus perdidas, el pueblo judío no vea su dimensión real y práctica, tal como lo señalara Maimónides: “Debéis saber sobre las tribus perdidas que se trata de un tema real”, que nos compromete no sólo a oír hablar de él sino a actuar de inmediato para restituir a esos descendientes de las tribus judías al seno del pueblo judío. Como dijera el Rabino Mordejai Eliahu Shelita: “Cuanto más pruebas y probabilidades hay de que pertenezcan a las diez tribus, es mayor el precepto de ayudarlos”.

Hoy en día tenemos la sensación de que la ubicación geográfica y espiritual de las diez tribus es algo legendario, pero en tiempos de nuestros sabios todavía se lo consideraba un tema real y se sabía indicar el lugar en el que se encontraban. La Guemará (Maséjet Yebamot 16 b – 17 a) cita a Rav Asi: “Un idólatra que se compromete en matrimonio en estos días, se recela de ese compromiso por temor a que sea de las diez tribus. ¿Pero acaso la raíz no se desprende de la mayoría? Rav Asi se refería al lugar en que se encuentran, tal como dijo Rabí Aba Bar Kahana: ‘Los estableció en Khalakh y en Habor, junto al río Gozán y en las ciudades de los medos’. Khalakh es Hilzaón, y Habor es Kedaiev; el río Gozan es Ginezk y las ciudades de los medios son Hamdan y otras similares; hay quienes dicen que es Nihar y otras similares. ¿Cuáles otras? Shmuel dijo: ‘Las ciudades de Hidki y Domki’.”

También la Guemará (Maséjet Sanedrín 84 a) cita el lugar de exilio de las diez tribus, pero se limita a identificarlo con precisión: “¿Adónde las desterraron? Mar Zutra dijo: A África. Rabí Hanina dijo: A los Montes Slog”. HaMaharal (Nétzaj Israel, Cap. 34) trata de descubrir el sitio particular en África: “Y aún está por verse qué significa, si al principio se exiliaron en África, no es la que nosotros conocemos, sino un lugar detrás de las montañas tenebrosas. También ese lugar se llama África, tal como ha quedado demostrado en el Tratado de Tamid”…

También el midrash, en Yalkut Shimoni (sobre el Libro de Isaías 49:2, 469) cita el lugar de exilio de las tribus y qué les sucedió: “Las diez tribus tuvieron tres exilios: una parte en el Sambatión; otra antes del Sambatión y así como hay un espacio desde la Tierra de Israel hasta el Sambatión, también lo hay desde el Sambatión hasta allí; y la otra se exilió en Dafna de Ravlata y allí desapareció”.

Para nosotros, la pregunta crucial no es qué sucedió con las tribus, sino qué sucederá con ellas. ¿Acaso nuestros sabios y profetas nos prometieron que habrían de retornar al judaísmo? Está claro que nuestros sabios y profetas nos anunciaron el retorno de las tribus judías exiliadas de nuestra tierra tras las montañas tenebrosas.

En Maséjet Sanedrín 110, b la Guemará analiza el futuro de las diez tribus en palabras de Rabí Akiva y Rabí Eliezer: “Mishná: Las diez tribus no retornarán, tal como dice en Deuteronomio 29:27: ‘Para arrojarlos a otras tierras, como hoy. Así como el día se va para no volver, también ellos se van y no regresarán’ (Rabí Akiva). Rabí Eliezer dijo: ‘Como hoy: Así como el día se oscurece e ilumina, también las diez tribus que están en las tinieblas volverán a iluminarse en el futuro’ (véase también Tosefta 13; Yalkut Shimoni 1, 960 con algunos cambios).

A pesar de que hay quienes citan las palabra de Rabí Akiva como las de quien no creía en el retorno de las diez tribus al seno del judaísmo, los comentaristas no lo entendieron así. Rashi explicó: “‘Como hoy: Así como el día se oscurece’: No se refiere a los hijos y nietos, sino a los mismos exiliados; no tendrán salvación porque eran malvados, pero sus hijos y las generaciones venideras sí lo lograrán”. Según Rashi, cuando Rabí Akiva dijo que las diez tribus no habrían de retornar, se refería sólo a la primera generación, pero las siguientes retornarían a sus lugares.

También Tosafot Yom Tov adhiere a la interpretación de Rashi y agrega: “‘Ésta es la tierra que dividirán por suertes entre las tribus de Israel como herencia, y ésas son sus porciones, dice D’s’ (Ezequiel 48:29). Ésta es la prueba absoluta de la reunión de nuestras diásporas desde los cuatro confines de la tierra. Ya lo dijo Rabí Akiva en 110 b: ‘Las diez tribus no retornarán’… es decir, la generación que marchó al exilio, como dice Rashi… Por ello no debe asombranos lo que dice Ezequiel, que al final del libro escribió sobre la tierra que se dividiría entre las doce tribus”.

Para Rabí David Ben Zimra (Responsa, Orjot Haim 85), en quien nos basamos en todos los aspectos de la Halajá y con respecto a la condición halájica de los judíos de Etiopía, la situación es clara y explícita: “Aunque según la primera interpretación de la Guemara Rabí Akiva se opone, dos tanaítas discrepan con él, Rabí Eliezer y Rabí Shimón Ben Yehuda de Kfar Ako, en nombre de Rabí Shimon. Por eso creo que habrán de retornar y que tienen parte en el mundo por venir”.

Cuando se preguntaba a Maimónides sobre este tema, respondía en sus cartas: “Con respecto al tema de las tribus, debéis saber que es un tema real y que esperamos su retorno. Están ocultos detrás de las montañas tenebrosas y el río Gozen y el río Sambatión. Y este río ciertamente arroja arena seis días a la semana y descansa el séptimo día. En tiempos del anciano justo y piadoso Avi Aba z”l ya habían traído un pomo con arena, que se movía seis días a la semana y descansaba el séptimo. Estas cosas son verdaderas porque en algunas ocasiones se aparecen a unos pocos (Recopilado en 5658).

En su comentario a Ezequiel 37:19, el Malbim (Rabí Meir Leibush Ben Yehiel Mijal) habla del retorno de las tribus como parte del proceso de redención y reunión de diásporas: “En el fin de los días se reunirán las diez tribus perdidas y dispersas bajo la bandera de Yosef, el Mesías Ben Yosef que reunirá a los dispersos”.

El Rabino Yehuda León Askenazi (Manitou) z”l escribió sobre el retorno de las tribus en nuestros días: “En el fin de los días habrán de ser nuevamente aceptados en el pueblo judío”. Son judíos según la Halajá y hay que aceptarlos como tales. Lo hemos olvidado durante el exilio, y debido a que hoy en día nos regimos de acurdos a las normas de los Tribunales Rabínicos de la diáspora, surgen muchos problemas al respecto. Es obvio, que la situación no permanecerá así eternamente, y está claro que se requiere un revolución para que el pueblo judío siga existiendo” (del Libro del Mesías, Primera parte, “La reunión de las diez tribus”).

Si bien se pueden citar muchos versículos e intérpretes diferentes, no podemos explayarnos más. Lo que si me gustaría, es volver a la fe sencilla y auténtica que nos fuera prometida por nuestros sabios y las grandes personalidades judías: “Que no se aparte a los desterrados”.

¿Por qué debemos esforzarnos para restituir a los Bnei Menashé y otras tribus al seno del pueblo judío?

A pesar de que los profetas, los sabios y destacadas personalidades judías de todos los tiempos prometieron el retorno de las tribus perdidas, a veces nosotros realizamos un “juicio parcial” y no creemos firmemente en esa promesa divina. Como dijera el Rabino cabalista Shimon Zvi Horowicz (Lider) z”l, uno de los más grandes investigadores y activistas de la generación precedente para la restitución de las diez tribus, en su libro La voz pregonera: “Que D’s nos libre de tener pensamientos de que las tribus judías no retornarán. El D’s que nos ha instaurado prometió lealmente a través de sus servidores los profetas que no habría de exterminarlas por completo, y que en el fin de los días haría retornar a sus remanentes al fin de la era prodigiosa; ‘D’s no es un hombre para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta; si él lo ha dicho, ¿acaso no cumplirá?, si él ha hablado, ¿no quedará establecido?’ El cielo terminará y la tierra se acabará, y serán reemplazados, pero la palabra de nuestro D’s quedará para siempre” (pág. 5).
También el Rabino Kuk z”l, vio en forma postivia la necesidad de buscar y restituir las tribus judías a la Tierra de Israel, como parte del proceso de normalización del pueblo judío: “Hemos visto cosas grandes y maravillosas, como el despertar del espíritu de pureza en los corazones de las grandes personalidades judías desde tiempos antiguos hasta nuestros días; hemos visto cosas grandes y maravillosas, cómo arraigó hondamente en el corazón del eximio Rabí Menashé Ben Israel la idea de reencontrar las diez tribus; los temas vinculados con el retorno de nuestros hermanos judíos a Gran Bretaña; a partir de esto vemos las consecuencias del surgimiento de la salvación en nuestros días, después de los grandes acontecimientos de la guerra y la declaración británica con respecto a nuestro hogar nacional, que ciertamente provino de D’s. Finalmente habrá de revelarse y verse a través de todo esto la aparición de una salvación general que acerca, con la ayuda de D’s, nuestra redención” (de la Introducción del Rabino Kuk al libro del Rabino Horowicz, Kol Hator).

En Yalkut Shimoni hemos encontrado expresiones claras sobre la necesidad del pueblo judío de buscar a los descendientes de las diez tribus, sin esperar pasivamente su retorno: “Nuestra cuna es fresca, éstas son las diez tribus desterradas delante del río Sambatión, que los exiliados de Yehuda y Biniamín habrán de salir a buscar para traerlas, a fin de que alcancen juntos el advenimiento del Mesías y la vida eterna, tal como dice: ‘En aquellos días andará la Casa de Yehuda’.” (a, señal 984)

También los comentaristas de todos los tiempos sostuvieron la existencia del precepto de acercar a los judíos mumarim (conversos) alejados de la grey, y en todas las épocas quisieron aceptar a los judíos mumarim que habían retornado al judaísmo. Se conoce la opinión de Rabí Shlomo Ben Shimon (Rashbash) en su respuesta a los anusim que querían retornar al judaísmo después de la conversión forzada por la Inquisición: “No se los debe atemorizar, sino atraerlos piadosamente; cuando se cumple esto, la recompensa es como la del Sumo Sacerdote… Es distinto cuando un no judío quiere convertirse al judaísmo, pero cuando se trata de anusim o de sus descendientes, no hay que rechazarlos por eso, sino acercarlos e introducirlos bajo las alas de la Providencia, tal como se dice: ‘Si separas lo precioso de lo vil’” (Responsa de Rashbash, 60, 89 y 268. Véase también la opinión de Yosef Caro en Bedek Bait, Yore Deah 268, y en Pitjei Teshuva, en donde se adopta su opinión y no se distingue entre anusim y mumarim).

El retorno del mumar al seno del judaísmo no se concibe como el proceso habitual de conversión, sino como una forma de que retorne a la fe y como parte de la mutua responsabilidad de los judíos entre sí. A pesar de los largos años de alejamiento del pueblo judío, los Bnei Menashé preservaron su fe y los principios del judaísmo hasta la llegada de los misioneros hace unos 150 años, y cabe verlos como mumarim con respecto a la necesidad general de atraerlos piadosamente y acercarlos sin rechazarlos.

El Rabino David Chelouche Shelita, que se dedicó infatigablemente a la restitución de los judíos apartados en general, y de los judíos de Etiopía en particular, escribió sobre las diez tribus y su retorno en estos tiempos: “Las diez tribus desterradas por Senaquerib, el rey de Asiria…. cuyos descendientes se encuentran actualmente en el este de la India… a pesar de que nuestros sabios los vieron como no judíos, si quieren convertirse al judaísmo los aceptaremos y los restituiremos al seno de la nación, como opinaba Rabí Eliezer que habrán de retornar” (de su respuesta al abogado Corinaldi, 5753).

El retorno de las tribus en general y de Bnei Menashé en particular, añade una dimensión significativa al fortalecimiento del pueblo judío y al cumplimiento de la promesa de D’s a Abraham, que el pueblo judío será “como las estrellas del cielo y la arena sobre la playa”. Los comentarios de Rashi y Maimónides nos explican que la situación “normal” del pueblo judío, que le permite vivir en la Tierra de Israel en la plenitud de sus fuerzas, se produce precisamente cuando todos sus habitantes están en ella y las tribus judías en su sitio: “Desde que marcharon al exilio las tribus de Rubén, Gad y la mitad de Menashé, se anularon los jubileos, tal como dice: ‘Proclamaréis en toda la tierra la libertad de todos sus habitantes’. Esto significa que las tribus no se mezclarán, sino que cada una se asentará en su lugar” (Maimónides, Leyes del año sabático y el jubileo, Cap. 10, halajá 8, Talmud de Babilonia, Arajin, 32 b).
El exilio de las diez tribus que se produjo en tiempos del Primer Templo, cuando Osías Ben Ela era Rey de Israel y al principio del reinado de Ezequías en Judea, influyó decisivamente sobre la historia judía y, en especial, sobre la reducción del pueblo a sólo dos tribus, Yehudá y Benjamín. Este exilio modificó profundamente al pueblo, y confiamos en que el retorno de las tribus, encabezadas por la de Menashé, restituirá al pueblo judío su fuerza espiritual y demográfica.

Sea Su voluntad que a la brevedad podamos cumplir las palabra del profeta Isaías (27:13): “Y acontecerá ese día que se tocará una gran trompeta y vendrán los que se perdieron en la tierra de Asiria y los dispersos en la tierra de Egipto, y adorarán a D’s en el sagrado Monte de Jerusalén”.

Según tomado de, http://www.shavei.org/communities/bnei_menashe/articles-bnei_menashe/espanol-el-destino-y-el-futuro-de-las-diez-tribus-1/?lang=es el domingo, 8 de junio de 2014.

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