Jesús y los judíos

Jesús y los judíos

El redescubrimiento de la judeidad de Jesús por parte de los cristianos comenzó a fines del siglo XIX, pero se intensificó cuando los cristianos empezaron a prestarles cada vez más atención a los judíos y al judaísmo a la luz de la Shoah. A partir de los años 1960, se manifestó un deseo de reconciliación con el judaísmo y una mayor comprensión del mismo, representado por el Concilio Vaticano II y la publicación de Nostra Aetate en 1965.

En la actualidad, casi todos los estudios cristianos consideran seriamente la condición judía de Jesús, pero menos conocido es el trabajo de los investigadores judíos que, del mismo modo, han redescubierto el hecho de que el judaísmo ha nutrido al judío Jesús.

En la última parte del siglo XX, David Flusser y Géza Vermes, ambos continuadores del trabajo pionero realizado por un pequeño número de académicos judíos a comienzos de ese siglo (especialmente Martin Buber, Joseph Klausner y Claude Montefiore), fueron seguidos a su vez por tres nuevos investigadores judíos: Shmuley Boteach, Daniel Boyarin y Amy-Jill Levine.

Mientras que Flusser describía a Jesús como una figura carismática cuyas enseñanzas demostraban un extraordinario sentido de la misión, Vermes lo pintaba como un jasid galileo y un hombre santo. Para ambos, Jesús era un maestro carismático, un sanador y un profeta. Vermes en particular produjo el mayor impacto, como puede verse desde el título de su primer libro, Jesus the Jew, que en 1973 pareció revolucionario, pero que hoy es plenamente aceptado por los estudiosos neotestamentarios.

En la última década, Amy-Jill Levine retomó la línea de Géza Vermes y es hoy la especialista judía más prominente de su generación en el tema del Nuevo Testamento. En The Misunderstood Jew: the Church and the scandal of the Jewish Jesus(2006), dice que “Jesús fue un buen judío” que enseñaba a judíos en una tierra judía.

A Levine le preocupan particularmente las interpretaciones antijudías de los evangelios y las epístolas. Eso sucede sobre todo cuando, en un intento de destacar la singularidad de Jesús, se describe al pueblo judío y/o a las autoridades judías de la época como personas monolíticas, obsesivamente apegados a las reglas, indiferentes hacia los pobres y los marginados, y especialmente opresivas con las mujeres. Sin embargo, Levine también alienta a los judíos a apreciar a Jesús en continuidad con otros líderes y profetas de Israel. Afirma que Jesús se vestía, comía, enseñaba y oraba como un judío, discutía como un judío con otros judíos y sus seguidores eran judíos. Para que los judíos le presten atención al Nuevo Testamento, deben superar sus estereotipos, sostiene Levine.

“Algunos judíos piensan que muchas ideas cristianas son absurdas”, explica Levine. “‘¿Cómo se puede creer en una concepción virginal? ¿Cómo puede alguien volver de entre los muertos?’ Les parece que es una forma de paganismo, pero cuando les explico que esas afirmaciones cristianas se inscriben en el contexto del Segundo Templo judío, se sorprenden”.

Estos malentendidos surgen porque “los judíos no suelen hacer formalmente preguntas sobre el cristianismo”. El respeto debe ser recíproco, dice Levine. “Si quiero que mis vecinos cristianos respeten el judaísmo, tengo que respetarlos a ellos, y eso significa saber algo acerca de ellos más allá de Santa Claus y el conejo de Pascua. Debo saber qué dicen sus textos y hablar con ellos sobre la manera en que ellos entienden esos textos… Existe otra razón por la cual los judíos deben aprender sobre cristianismo: entender al cristianismo es una manera de fortalecer la propia identidad judía.

“Si queremos que los judíos sigan siendo judíos, no debemos decir falsedades sobre el cristianismo ni ocultar información: debemos educarnos a nosotros mismos … y tenemos que ver qué significa eso para nosotros y para los judíos que tienen interlocutores cristianos”.

The Jewish Annotated New Testament (2011), coeditado por Levine y Marc Z. Brettler, no sólo está escrito íntegramente por judíos sino que está destinado, al menos en parte, a judíos y a cristianos que “desean conocer más sobre el fondo judío del Nuevo Testamento”. Ambos editores coinciden en señalar que este trabajo es un testimonio del gran cambio que se ha producido en este tema desde que ellos empezaron a estudiarlo hace algunas décadas.

“Veinte o treinta años atrás, no había bastantes judíos que se dedicaran a este tema”, dice Brettler. “Pero en las últimas décadas se volvió más natural la idea de que parte de lo que se debe hacer al realizar estudios rabínicos, además de estudiar textos rabínicos hebreos y arameos, es estudiar el Nuevo Testamento”.

En Kosher Jesus (2012), Shmuley Boteach sostiene que el auténtico Jesús fue un judío observante de la Torah y un activo opositor a Roma. Al igual que Montefiore, que considera a Jesús como un proto-liberal judío, el Jesús de Boteach es un espejo de la propia versión del judaísmo del autor: ¬tradicional y comprometido con la Torah. Él describe a Jesús como “un maestro observante de la Torah que instruía a sus seguidores para cumplir cada letra de la Ley y cuyas enseñanzas citaban en forma extensiva la Biblia y los textos rabínicos, que luchó contra el paganismo romano y la persecución al pueblo judío, y fue muerto por Poncio Pilato por rebelarse contra Roma, y los judíos no tuvieron absolutamente nada que ver con su asesinato”.

Daniel Boyarin sostiene en The Jewish Gospels: the story of the Jewish Christ (2012) que muchos judíos siguieron a Jesús porque sus enseñanzas mesiánicas estaban en línea con las creencias judías. No sólo dice que Jesús y sus discípulos fueron judíos, sino que propone establecer un vínculo judío con las interpretaciones cristológicas propuestas por la Iglesia primitiva.

“Ahora casi todos, cristianos y no cristianos, admiten al hombre Jesús como un judío, pero yo quisiera dar un paso más”, escribe Boyarin. “Me gustaría que nosotros veamos que también Cristo – el divino Mesías – es un judío. La cristología, o las ideas tempranas sobre Cristo, también es un discurso judío y de ninguna manera – hasta mucho más tarde – un discurso antijudío… Por lo tanto, las ideas básicas subyacentes de las que surgieron la Trinidad y la Encarnación se encontraban ya en el mundo mismo en el que nació Jesús y que se describen en los evangelios de Marcos y Juan”.

Dicho de otro modo, el papel mesiánico de Jesús no fue construido después de los hechos, como muchos suponen, por cristianos que querían describirlo como tal. En realidad, se trataba de una expectativa judía ya existente, que Jesús trató de cumplir. Boyarin sostiene que la cristología no fue creada para Jesús sino sólo aplicada a Jesús. Lo que se conoció como cristianismo vino mucho más tarde, cuando los líderes religiosos y políticos trataron de imponer una nueva ortodoxia, que no estaba presente durante la vida de Jesús.

Tanto Boyarin como Boteach afirman que existen dos religiones firmemente establecidas, pero que en eso reside su debilidad, porque no hay una única línea o un único punto que diferencien al judaísmo y al cristianismo en forma definitiva en los primeros siglos de esta era. Hay varias líneas y varios puntos.

Al lector podría preocuparle que esta descripción sea tan compleja, pero hoy, los judíos y los cristianos pueden obtener una gran ventaja de esta falta de simplicidad: una comprensión realista del potencial intelectual y espiritual inherente al judaísmo y al cristianismo antes de que se volvieran religiones bien definidas y, hasta hace poco tiempo, opuestas. Y lo más  importante: una mejor apreciación de las ideas cruciales del judío Jesús.

Segun tomado de, http://www.jcrelations.net/Jes__s_y_los_jud__os.4650.0.html?L=5 el lunes, 8 de sept. de 2014.

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