El mes de Av: Desastre y consuelo

El mes de Av: Desastre y consuelo

El mismo pacto que promete sufrimiento, promete redención.

por Rebetzin Tzipora Heller

En toda medida el mes judío de Av es trágicamente único, en el cual los peores desastres de nuestra historia ocurrieron.

El desastre no es extraño para nosotros. De muchas formas es parte del pacto de Dios con Abraham. Cuando se le dijo a Abraham que su pueblo sería el elegido, Dios le dijo que habría que pagar un precio. ¿Cuál es ese precio? Una mirada a la historia judía nos proporciona dos pedazos de información que nos hacen únicos. Uno es que no desaparecemos porque reconocemos que somos un pueblo que está unido en lo que el Gaón de Vilna llamaría “rectificarnos a nosotros mismos y rectificar al mundo”. Lo otro es que cuando intentamos desaparecer, los resultados han sido desastrosos.

Abraham fue un buscador. Su búsqueda lo llevó más allá de su tierra, e incluso más allá de las suposiciones que prácticamente todo el resto del mundo tenía acerca de la vida. Para Abraham, Dios no estaba solamente en los cielos, sino que aquí en la tierra, con nosotros. Abraham integró el mundo del pensamiento con el mundo de la acción. Mientras otros pensadores religiosos en esa época se dedicaban a meditar profundamente, Abraham estaba picando vegetales y sirviendo platos de comida a sus innumerables invitados.

Él no fue una versión glorificada de hotelero del mundo antiguo. ¿Qué tenía Abraham en mente?

Abraham creía que el mundo del pensamiento, la emoción y la acción nunca debieron haberse fragmentado en tres mundos autónomos, desconectados el uno del otro. La vida debía ser perfecta. Dios le prometió que su camino no desaparecería cuando él muriera. Él sería el padre de una nación, y ellos preservarían su legado.

Cuando Dios le prometió un futuro, Abraham tuvo una pregunta. “¿Cómo se que yo transmitiré este legado?”.

Abraham no dudó acerca del poder de Dios. Él había seguido a Dios desde Ur hasta Israel, Egipto y de regreso a Israel sin haber expresado nunca la más mínima duda. Él estaba preocupado de que sus descendientes pudieran hacer elecciones que los pudieran alejar de su Creador. El hecho de que él era devoto, compasivo, y dispuesto a hacer sacrificios, no era una garantía de que sus hijos no serían egocéntricos y materialistas. Después de todo, ¿Cuántos de nosotros vivimos vidas que son realmente una copia exacta de la vida de nuestros padres y abuelos?

En respuesta Dios dijo: Tráeme tres novillas, tres cabras, tres carneros, una paloma y un pichón. (Abram) trajo todo esto para Él. Los partió por la mitad, y puso una mitad frente a la otra. Los pájaros no los partió. Buitres descendieron sobre los animales muertos, pero Abram los alejó.

Cuando el sol se estaba poniendo, Abram cayó en un trance, y fue agobiado por un profundo y oscuro temor. (Dios) dijo a Abram, “Ten por seguro que tus descendientes serán extranjeros en una tierra que no es de ellos durante 400 años. Serán esclavizados y oprimidos…”. Un horno humeante y una antorcha ardiente pasaron por entre las mitades de los animales. En ese día, Dios hizo un pacto con Abram diciendo, “A tus descendientes les he dado la tierra”. (Génesis, 15:9-18).

Dios le está diciendo a Abraham que hay dos formas de preservar nuestra identidad. Una forma es a través de ofrendas de sacrificios. No es necesario ver los sacrificios como arcaicos. La palabra en hebreo para sacrificio, “Korban”, significa literalmente un objeto que acerca algo. Nuestro yo animal (y seamos honestos, tenemos una buena colección metida adentro de nuestra psique) puede distanciarnos de Dios, haciéndonos cada vez menos concientes de la parte nuestra que es real, duradera, y finalmente la más genuina – nuestro yo espiritual. La forma en que nuestro yo animal fue elevado durante la época del Templo fue a través de ofrendar un animal que era, en cierto sentido, nuestro gemelo, y dejando que la experiencia nos cambiara.

Hoy, elevamos nuestro yo interno a través del rezo, y el mundo exterior a través de las mitzvot (cumpliendo con los mandamientos de Dios) que implican una relación con nuestro yo animal. Mitzvot como las leyes de cashrut, nos llevan por el camino de Abraham, de completa devoción a Dios, uniendo el mundo físico con el mundo espiritual.

¿Supongamos que optamos por quedarnos fuera? El libre albedrío nunca es eliminado. Pero Dios no nos permitirá escoger, como nación, la inconsciencia espiritual. Estaremos expuestos a imperios bestiales. El lobo alemán no fue ninguna mascota. Fue un símbolo de todo lo alemán. Sufriremos, seremos esclavizados, y encontraremos alienación donde busquemos aceptación.

“Tus descendientes serán extranjeros en una tierra que no es de ellos… serán esclavizados y oprimidos”. Hemos vivido esta profecía en Egipto (el primer exilio, y el prototipo de las futuras ediciones), en Babilonia, Grecia y Roma. Mientras que estos nombres parecen distantes y empolvados, ellos son fundamentos de las civilizaciones que nos han atacado con una bestialidad que casi desafía las palabras.

Hemos salido de cada confrontación con el buitre que busca devorarnos, debilitados pero con vida.

¿Qué palabras hay en el vocabulario humano para describir lo que ocurrió en Auschwitz, en Treblinka, en Europa Oriental? ¿En York, donde un castillo fue quemado junto con los judíos que se escondían adentro? ¿En España, donde quemaban a las personas en la estaca por el crimen de ser judíos?

No hemos desaparecido del mapa. Hemos salido de cada confrontación con el buitre que busca devorarnos, debilitados pero con vida. Lo que sí teníamos en claro cuando salimos de los campos, es que lo que somos y lo que queremos ser no puede ni siquiera parecerse a lo que los alemanes han elegido hacer de ellos mismos. Esto no se aplica sólo para el Holocausto, sino que es lo que nos ha impedido desaparecer en Babilonia, España o Grecia. En cada instancia nos hemos redescubierto al enfrentar el espejo y rechazar la imagen que una vez pensamos que era la nuestra, sabiendo ahora sin ninguna duda que esa no es nuestra imagen, y que nunca lo será.

El mes de Av es un tiempo en el cual confrontamos este aspecto de nuestra historia.

El signo astral del mes es el león. Simboliza nuestro encuentro con la fuerza cruda. Interesantemente, el primer día de Av es el aniversario del fallecimiento de Aarón, el hermano de Moisés, quien fue conocido por ser el máximo exponente de la paz. Lo que esto nos dice es que a pesar de que podemos actualmente estar distantes de Dios y de nuestro yo más elevado, finalmente existirá la paz que él se imaginó; paz que está basada en el surgimiento de nuestro yo más elevado y la parte de nosotros que es hombre y no bestia. Nada puede estar más alejado de esto que la paz que se basa en el miedo mutuo de que eso es a todo lo que podemos aspirar, si vemos la actual guerra en Israel sin su marco histórico.

El Talmud nos dice que el Mesías nacerá el 9 de Av. Este es el día en que ambos Templos fueron destruidos, en que ocurrió la expulsión de los judíos de España, y la Primera Guerra Mundial, la “madre” de la Segunda Guerra Mundial, estalló. Lo que esto nos dice es que el mismo pacto que promete sufrimiento, promete redención. Hay dos lados en una moneda, trabajo y nacimiento.

El hecho de que estamos aquí, vivos, en el siglo XXI, no es nada menos que un milagro.

Puede que nunca nos permitamos olvidar lo que hemos sufrido. El hecho de que Dios está comprometido a nunca permitir que desaparezcamos no exonera a aquellos que han perpetrado los peores crimines de la historia contra nosotros. Sus intenciones son malvadas, sus elecciones fueron tomadas conscientemente, y lo más importante de todo, su bestialidad no conoció límites.

Además, no debemos permitirnos olvidar quienes somos, y porque hemos sobrevivido. Somos el pueblo de Dios con la misión de cumplir el pacto de Abraham. Apuntamos a vivir vidas completas, elevando lo físico y teniendo fe en Dios. El hecho de que estamos aquí, vivos, en el siglo XXI, que no hemos olvidado quienes somos, y que estamos comprometidos a continuar haciendo realidad nuestro pacto, no es nada menos que un milagro.

El 15 de Av era un tiempo de alegría. En tiempos antiguos, era un día en que se concertaban bodas, y se celebraban nuevos comienzos. Era un tiempo en el que comenzábamos nuevamente, expresando no sólo quien no queremos ser, sino quien podemos ser.

Que este Av nos traiga alegría, realización y consuelo.

Según tomado de, http://www.aishlatino.com/h/9av/17t/48417572.html?s=g el 15 de agosto de 2017.

Influence and Power

Influence and Power

by Jonathan Sacks

Knowing that he is about to die, Moses turns to God and asks him to appoint a successor:

Moses said to the Lord, “May the Lord, God of the spirits of all mankind, appoint a man over this community to go out and come in before them, one who will lead them out and bring them in, so the Lord’s people will not be like sheep without a shepherd.” (Num. 27-15:17).

It is a farsighted, selfless gesture. As Rashi comments: “This is to tell the praise of the righteous – that when they are about to leave this world, they put aside their personal needs and become preoccupied with the needs of the community.” Great leaders think about the long-term future. They are concerned with succession and continuity. So it was with Moses.

God tells Moses to appoint Joshua, ‘a man in whom is the spirit’. He gives him precise instructions about how to arrange the succession:

“Take Joshua son of Nun, a man in whom is the spirit, and lay your hand on him. Have him stand before Elazar the priest and the entire assembly and commission him in their presence. Give him some of your authority so the whole Israelite community will obey him… At his command he and the entire community of the Israelites will go out, and at his command they will come in.” (Num. 27:18-21).

There are three actions involved here: [1] Moses was to lay his hand on Joshua, [2] have him stand before Elazar the priest and the entire assembly, and [3] give him “some of your authority [me-hodecha]”. What is the significance of this threefold process? What does it tell us about the nature of leadership in Judaism?

There is also a fascinating midrash about the first and third of these gestures:

“And lay your hand on him – this is like lighting one candle with another. Give him some of your authority – this is like emptying one vessel into another.” (Bamidbar Rabbah 21:15)

Beneath these enigmatic words is a fundamental truth about leadership.

In L’esprit Des Lois (1748), Montesquieu, one of the great political philosophers of the Enlightenment, set out his theory of the “separation of powers” into three branches: the legislature, the executive and the judiciary. Behind it lay a concern for the future of freedom if power were concentrated in a single source:

Liberty does not flourish because men have natural rights, or because they revolt if their leaders push them too far. It flourishes because power is so distributed and so organised that whoever is tempted to abuse it finds legal restraints in his way.

Montesquieu’s source was not the Bible – but there is, in a verse in Isaiah, a strikingly similar idea:

For the Lord is our judge; the Lord is our law-giver; the Lord is our king; he will save us. (Isaiah 33:22)

This tripartite division can also be found in Devarim/Deuteronomy 17-18 in the passage dealing with the various leadership roles in ancient Israel: the king, the priest and the prophet. The sages later spoke about “three crowns” – the crowns of Torah, priesthood and kingship. Stuart Cohen, who has written an elegant book on the subject, The Three Crowns, notes that “what emerges from the [biblical] texts is not democracy throughout the political system, but a distinct notion of power-sharing at its highest levels. Neither Scripture nor early rabbinic writings express any sympathy whatsoever for a system of government in which a single body or group possesses a monopoly of political authority.”

The three-fold process through which Joshua was to be inducted into office had to do with the three types of leadership. Specifically the second stage – “Have him stand before Elazar the priest and the entire assembly and commission him in their presence” – had to do with the fact that Moses was not a priest. His successor had to be formally recognised by the representative of the priesthood, Elazar the High Priest.

Power and influence are often thought of as being the same kind of thing: those who have power have influence and vice versa. In fact, though, they are quite different. If I have total power and then decide to share it with nine others, I now have only one-tenth of the power I had before. If I have a certain measure of influence and then share it with nine others, I do not have less. I have more. Instead of one person radiating this influence, there are now ten. Power works by division, influence by multiplication.

Moses occupied two roles. He was the functional equivalent of a king. He made the key decisions relating to the people: how they should be organised, the route they were to take on their journey, when and with whom they should engage in war. But he was also the greatest of the prophets. He spoke the word of God.

A king had power. He ruled. He made military, economic and political decisions. Those who disobeyed him faced the possible penalty of death. A prophet had no power whatsoever. He commanded no battalions. He had no way of enforcing his views. But he had massive influence. Today we barely remember the names of most of Israel’s and Judah’s kings. But the words of the prophets continue to inspire by the sheer force of their vision and ideals. As Kierkegaard once said: When a king dies, his power ends; when a prophet dies, his influence begins.

Moses was to confer both roles on Joshua as his successor. “Lay your hand on him” means, give him your role as a prophet, the intermediary through whom God’s word is conveyed to the people. To this day we use the same word, semicha (laying on of hands), to describe the process whereby a rabbi ordains his disciples. “Give him some of your authority [me-hodecha]” refers to the second role. It means, invest him with the power you hold as a king.

We now understand the midrash. Influence is like lighting one candle with another. Sharing your influence with someone else does not mean you have less; you have more. When we use the flame of a candle to light another candle, the first is not diminished. There is now, simply, more light.

Transferring power, though, is like emptying one vessel into another. The more power you give away, the less you have. Moses’ power ended with his death. His influence, though, remains to this day.

Judaism has an ambivalent attitude towards power. It is necessary. Without it, in the words of Rabbi Hanina, deputy High Priest, “people would eat one another alive” (Avot 3:2). But Judaism long ago recognised that (to quote Lord Acton), power tends to corrupt and absolute power corrupts absolutely. Influence – the relation of prophet to people, teacher to disciple – is altogether different. It is a non-zero-sum game. Through it, both teacher and disciple grow. Both are enhanced.

Moses gave Joshua his power and his influence. The first was essential to the political and military tasks ahead. But it was the second that made Joshua one of the great figures of our tradition. Influence is simply more enduring than power.

As taken from, http://rabbisacks.org/influence-power-pinchas-5777/ on July 14, 2017

Para una versión en español vea, http://rabbisacks.org/wp-content/uploads/2017/07/SPANISH-Pinchas-Pinjas-5777.pdf

Cuando des a otros, no te olvides de ti mismo

Pinjas (Números 25:10-30:1)

Cuando des a otros, no te olvides de ti mismo

Moshé le habló a Hashem, diciendo: ‘Que Hashem, Dios de los espíritus de toda la carne, designe un hombre sobre la asamblea, quien saldrá delante de ellos y entrará delante de ellos, quien los sacará y los meterá, para que la asamblea de Hashem no sea como ovejas sin pastor’. Hashem le dijo a Moshé: ‘Toma para ti a Yehoshúa, hijo de Nun, un hombre en el cual hay espíritu, y apoya tu mano sobre él… por su palabra saldrán y por su palabra entrarán, él y todos los hijos de Israel junto con él, y toda la asamblea”. Moshé hizo tal como Hashem le había ordenado. Tomó a Yehoshúa… Apoyó sus manos sobre él y lo ordenó, tal como Hashem dijo a través de Moshé’”(Bamidbar 27:18-23).

Rashí, el comentarista clásico del Jumash, señala que cuando Moshé colocó sus manos sobre Yehoshúa, lo hizo con generosidad y fue más allá de lo que había sido ordenado. Hashem le pidió que colocara sólo una mano sobre su cabeza y Moshé colocó las dos, convirtiéndolo (figurativamente) en una vasija llena y desbordante, llenándolo con sabiduría en abundancia.

Estas palabras de Rashí nos enseñan una idea muy relevante para todos aquellos que estamos en una posición de liderazgo (1): para poder influenciar apropiadamente a otros y poder satisfacer adecuadamente las necesidades ajenas, debemos convertirnos en “vasijas llenas y desbordantes”.

Sólo podemos dar a los demás de lo que se desborda de nuestras vasijas. Si no estamos continuamente llenando nuestras propias vasijas, eventualmente nos vaciaremos y no tendremos nada que compartir. Si nos dedicamos a la enseñanza, debemos seguir aprendiendo y “llenando nuestras vasijas” y dar a los demás de lo que se desborda.

Con frecuencia vemos personas que se dedican a la comunidad, ya sea ocupándose de la enseñanza o del trabajo comunitario y vemos que ya están agotados, se vaciaron, se hartaron de compartir. Una de las razones de este fenómeno tan frecuente es porque se entregaron tanto a otros que olvidaron llenar sus propias vasijas.

Para seguir impactando positiva e indefinidamente a otros, no debemos relegar nuestro propio crecimiento.


1. Este es el contexto de los versículos: Hashem le está pidiendo a Moshé que elija a Yehoshúa como el futuro líder del pueblo judío.

Segun tomado de, http://www.aishlatino.com/tp/s/la-personalidad-humana/Cuando-des-a-otros-no-te-olvides-de-ti-mismo.html?s=mm el miercoles, 12 de julio de 2017.

El Rezo Judío y el Sidur

El Sidur es el libro de rezos judíos. Pero en esta ocasión quería ofrecerte algo más completo: un breve resumen sobre cómo está estructurado el corazón de la plegaria judía.

La liturgia y el rezo judío no son fáciles a simple vista. Mucha gente se queja de la complejidad y longitud de las plegarias judías que son recitadas siguiendo este libro que llamamos Sidur. Pero como cualquier otro arte, el primer paso para entender el Sidur consiste en entender su estructura para poder ser apreciado.

La plegaria judía ocurre tres veces por día en forma fija: a la mañana, a la tarde y a la noche. Los tres servicios siguen la misma estructura en términos generales pero el de la mañana es el más completo. Las palabras que componen estos servicios han ido variando a través de la historia pero la estructura de base de todo el servicio se ha mantenido igual por miles de años.

Los servicios están hechos de plegarias pero no todas las plegarias son iguales. Algunas partes del Sidur que conforma el rezo judío son citas bíblicas que van desde una oración hasta capítulos enteros, generalmente en la forma de Salmos. Hay citas rabínicas y pedazos de la Mishna y el Talmud que sirven como estudio de Tora dentro de la plegaria misma. Cada tanto nos encontramos con alguna poesía medieval que contiene complejos juegos de palabras con el hebreo y también largas secciones de prosa que son el trabajo de los grandes rabinos medievales.

Por encima de todas estas cosas el Sidur está repleto de bendiciones, un vehículo creado por los rabinos para dirigirse a Dios constituyendo la expresión litúrgica fundamental de la espiritualidad judía. Estas bendiciones (en hebreo plural brajot y en sigular braja) vienen en dos formatos: bendiciones cortas y bendiciones largas. Las bendiciones cortas son generalmente una oración que contiene no más de 12 o 15 palabras. Son fórmulas simples que recitamos antes de comer o realizar algún mandamiento. Las bendiciones largas son las que inundan el Sidur. Párrafos enteros que parecen pequeños ensayos teológicos sobre alguna temática judía como la Redención, la santidad del tiempo, la Creación, la reconstrucción de Jerusalén, etc. A veces empiezan con la tradicional fórmula que dice Baruj Ata y son fácilmente reconocibles. Otras veces no comienzan sino con una larga exposición sobre una temática particular y finalmente al final cierran con una jatima (sello) que resume todo el ensayo, por ejemplo Bendito eres Tu (Baruj Ata) que “escuchas la plegaria”, “crea las luminarias”, “santificas el Shabat”, etc. El servicio completo del Sidur está estructurado así como una serie de bendiciones una después de la otra.

Para entender el corazón del servicio religioso hay que entender que hay tres unidades principales que lo conforman: (a) el Shema y sus bendiciones, (b) la Amidah (también llamada Tefila o Shmone Esrei) y (c) la lectura pública de la Tora. El Shema y sus bendiciones establecen básicamente lo que los judíos creemos. Es una conversación acerca de Dios. Por el contrario la Amidah (excepto en Shabat y las festividades) es una larga lista de peticiones constituyendo una conversación con Dios.  El objetivo de la lectura de la Tora es la recapitulación de la experiencia de la Revelación en el Monte Sinaí a través de la lectura de la palabra de Dios.

Entendiendo estos tres elementos uno puede entender los tres puntos centrales por los que gira el servicio en sus totalidad. Así uno comienza a comprender el corazón del servicio religioso junto al Sidur y las demás plegarias que lo componen.

Por Diego Edelberg

Para abundar en el tema vea, http://www.judiosyjudaismo.com/2014/01/jj-004-el-rezo-judio-estructura-y-significado-de-las-plegarias-judias/

4 MISCONCEPTIONS ABOUT ORTHODOX JEWS

Pinchas(Numbers 25:10-30:1)

Pinchas 5777

GOOD MORNING!  I was brought up in Reform Judaism in Portland, Oregon. Though I saw very few Orthodox Jews, I grew up with certain perceptions and perhaps even misconceptions. As I went off to college (University of Washington) and later traveled, I found that many people shared my perceptions of Orthodox Judaism. (I later found out that the term “Orthodox Judaism” is a relatively recently coined term to distinguish it from “Reform Judaism” which arose during the late 18th Century, one of a number of break aways over the past 3,300 years of our heritage. I also found out that “Orthodox Jews” prefer the term of “Torah observant” or “Torah-true Jews” — true to the belief that God gave the Torah to the whole Jewish people at Mt. Sinai, what is written in the Torah is true and it is incumbent upon us to fulfill all of His mitzvot, commandments.)

While I and others carried these beliefs about Orthodox Judaism, there was also a certain fascination about them — the closeness of family life, low divorce rate, happy kids, integrated lifestyle. When I was 22 I started learning about my heritage while visiting Jerusalem. I found it fascinating to finally find someone Orthodox to discuss my understanding (or misunderstanding) about the Orthodox and the Torah way of life. I thought it might possibly be of interest to share with you what I found out.

4 MISCONCEPTIONS ABOUT ORTHODOX JEWS

1) “The Orthodox judge me. They look down upon me. They don’t consider me to be Jewish.”

What I found out: God is the One Who judges, not us. Ultimately, at the end of one’s life, it is between the individual and his Maker to determine how he led his life. This is what Orthodox Jews believe. There is widespread confusion that Orthodox Jews look upon anyone who is not Orthodox as not being Jewish. Untrue! If one is born of a Jewish mother or converted according to the Shulchan Aruch, Code of Jewish Law, one is Jewish — even if he espouses Hinduism, Atheism, Christianity or any other ‘ism’.” They may whole-heartedly disagree with the “ism” a Jew professes, but they don’t negate the fact that the person is a Jew. Of course, there are always individuals who will write off others who don’t believe what they believe — whether they identify as Reform Jews, Conservative Jews, Orthodox Jews, Atheists (or Republican or Democrat)!

2) “It’s all or nothing. I either have to do all the commandments or none.”

What I found out: No one, no matter how observant, is able to fulfill all of the mitzvot. Fulfilling all of the commandments is a goal and a means to perfecting oneself and this world. If one finds a diamond mine, he may want every last diamond in it, but he won’t refuse to dig because he cannot have them all. The mandate of every Jew is to do the best that he or she can to fulfill the commandments and to grow in understanding, knowledge, belief and observance.

3) “Orthodoxy takes away all joy in life. One’s life is restricted as to what he can do, eat and enjoy.”

What I found out: Just like parents want us to have everything that is good, the Almighty, our Father in Heaven, wants the same for us — to get as much pleasure as possible. It takes wisdom to know true pleasure and to understand the value of restrictions. The Torah is the instruction book for life. It teaches how to obtain real pleasure from life! From the outside it may look like a prison. With understanding, from the inside it looks like boundaries and limitations within which to grow. Loving and caring parents place limits on their children to keep them safe and out of trouble. Society places boundaries to keep us safe from others (and sometimes ourselves).

4) “Being Orthodox is an escape from the real world. You don’t have to think anymore.”

What I found out: It is interesting that one can make that statement — and in the same breath lambaste the Orthodox for their “Talmudic point of view” … turning over a point 100 different ways. The Almighty made us personally responsible to seek truth and know truth. That is why a Jew is always answering a question with a question. We are taught not to blindly accept assumptions. (To answer a question in the manner it is asked, means that you accept the assumptions it is predicated upon.) The Almighty also commands us in the Torah to take responsibility for the whole world — Tikun Olom — to take care of it, improve it and to care for our fellow human beings. This is what the Torah teaches, the Orthodox believe and what they have given to the world.

Orthodoxy is the wellspring of our 3,300 year tradition. It is worth knowing our roots and the wisdom of our heritage. After all, so many other religions have drawn from it to form their own, it must have something of value to add to our own lives! (I recommend The Non-Orthodox Jew’s Guide to Orthodox Jews by David Baum.)

As taken from, http://www.aish.com/tp/ss/ssw/433442863.html on July 11, 2017

Isaiah 53: The Suffering Servant

Isaiah 53: The Suffering Servant

Isaiah 53: The Suffering Servant

Cutting through the distortions and mistranslations of this enigmatic text.

by Marshall Roth

The 53rd chapter of Isaiah is a beautiful, poetic song, one of the four “Servant Songs” in which the prophet describes the climactic period of world history when the Messiah will arrive and the Jewish people assume the role as the spiritual leaders of humanity.

Isaiah 53 is a prophecy foretelling how the world will react when they witness Israel’s salvation in the Messianic era. The verses are presented from the perspective of world leaders, who contrast their former scornful attitude toward the Jews with their new realization of Israel’s grandeur. After realizing how unfairly they treated the Jewish people, they will be shocked and speechless.

While the original Hebrew text clearly refers to the Jewish people as the “Suffering Servant,” over the centuries Isaiah 53 has become a cornerstone of the Christian claim that Jesus is the Messiah. Unfortunately, this claim is based on widespread mistranslations and distortion of context.

In order to properly understand these verses, one must read the original Hebrew text. When the Bible is translated into other languages, it loses much of its essence. The familiar King James translation uses language which is archaic and difficult for the modern reader. Furthermore, it is not rooted in Jewish sources and often goes against traditional Jewish teachings. Modern translations, while more readable, are often even more divorced from the true meaning of the text.

For an accurate Jewish translation of the Bible, read the “ArtScroll English Tanach.”

The Context of Isaiah 53

The key to deciphering any biblical text is to view it in context. Isaiah 53 is the fourth of the four “Servant Songs.” (The others are found in Isaiah chapters 42, 49 and 50.) Though the “servant” in Isaiah 53 is not openly identified – these verses merely refer to “My servant” (52:13, 53:11) – the “servant” in each of the previous Servant Songs is plainly and repeatedly identified as the Jewish nation. Beginning with chapter 41, the equating of God’s Servant with the nation of Israel is made nine times by the prophet Isaiah, and no one other than Israel is identified as the “servant”:

  • “You are My servant, O Israel” (41:8)
  • “You are My servant, Israel” (49:3)
  • see also Isaiah 44:1, 44:2, 44:21, 45:4, 48:20

The Bible is filled with other references to the Jewish people as God’s “servant”; see Jeremiah 30:10, 46:27-28; Psalms 136:22. There is no reason that the “servant” in Isaiah 53 would suddenly switch and refer to someone other than the Jewish people.

One obvious question that needs to be addressed: How can the “Suffering Servant,” which the verses refer to grammatically in the singular, be equated with the entire Jewish nation?

The Jewish people are consistently referred to with the singular pronoun.

This question evaporates when we discover that throughout the Bible, the Jewish people are consistently referred to as a singular entity, using the singular pronoun. For example, when God speaks to the entire Jewish nation at Mount Sinai, all of the Ten Commandments are written as if speaking to an individual (Exodus 20:1-14). This is because the Jewish people are one unit, bound together with a shared national destiny (see Exodus 4:22, Deuteronomy chapter 32). This singular reference is even more common in biblical verses referring to the Messianic era, when the Jewish people will be fully united under the banner of God (see Hosea 14:6-7, Jeremiah 50:19).

As we will see, for numerous reasons this chapter cannot be referring to Jesus. Even in the Christian scriptures, the disciples did not consider the Suffering Servant as referring to Jesus (see Matthew 16:21-22, Mark 9:31-32, Luke 9:44-45).

So how did the Suffering Servant come to be associated with Jesus? After his death, the promoters of Christianity retroactively looked into the Bible and “applied” – through mistranslation and distortion of context – these biblical verses as referring to Jesus.

Missionary apologist Walter Riggans candidly admitted:

“There is no self-evident blueprint in the Hebrew Bible which can be said to unambiguously point to Jesus. Only after one has come to believe that Jesus was the Messiah, and more specifically the kind of Messiah that he is, does it all begin to make sense…” (Yehoshua Ben David, Olive Press 1995, p.155)

The intention is not to denigrate another religion, but rather to understand the true meaning of the Divine word.

Isaiah 53 – Line by Line

Early in the Book of Isaiah, God predicts the long and difficult exile of the Jewish people. Chapter 53 occurs in the midst of Isaiah’s “Messages of Consolation,” which tell of the restoration of Israel to prominence as God’s chosen people.

The key to understanding this chapter lies in correctly identifying who is speaking. Though the book was written by Isaiah, verses 53:1-10 are told from the perspective of world leaders. Following in the footsteps of the previous chapter (Isaiah 52:15 – “the kings will shut their mouths in amazement”), these verses describe how world leaders will be shocked with disbelief when God’s Servant Israel – despite all contrary expectations – is vindicated and blossoms in the Messianic age.

(1) Who would believe what we have heard! For whom has the arm of God been revealed!

מִי הֶאֱמִין לִשְׁמֻעָתֵנוּ וּזְרוֹעַ יְהוָה עַל מִי נִגְלָתָה

In this opening verse, world leaders are shocked at the incredible news of Israel’s salvation: “Who would believe what we have heard!”

This verse refers to “the arm of God.” Throughout the Jewish Bible, God’s “arm” (זרוע) always denotes a redemption of the Jewish people from physical persecution. For example, God took the Jews out of Egypt “with a strong hand and an outstretched arm” (Deut. 26:8). (See also Exodus 3:20, 6:6, 14:31, 15:6; Deut. 4:34, 7:19; Isaiah 51:9, 52:10, 62:8, 63:12; Jeremiah 21:5, 27:5; Ezekiel 20:33; Psalms 44:3, 89:11, 98:1, 136:12).

(2) He formerly grew like a sapling or a root from dry ground; he had neither form nor beauty. We saw him, but without a desirable appearance.

וַיַּעַל כַּיּוֹנֵק לְפָנָיו וְכַשּׁרֶשׁ מֵאֶרֶץ צִיָּה לא תאַר לוֹ וְלא הָדָר וְנִרְאֵהוּ וְלא מַרְאֶה וְנֶחְמְדֵהוּ

This imagery of a tree struggling to grow in dry earth is a metaphor for the Jewish struggle in exile. A young sapling in dry ground appears that it will die. The Jews were always a small nation, at times as small as 2 million people, threatened with extinction. In this verse Isaiah describes Israel’s miraculous return from exile, like a sapling that sprouts from this dry ground. This idea appears throughout the Jewish Bible (see Isaiah 60:21, Ezekiel 19:13, Hosea 14:6-7, Amos 9:15).

(3) He was despised and rejected of men, a man of pains and accustomed to sickness. As one from whom we would hide our faces, he was despised, and we had no regard for him.

נִבְזֶה וַחֲדַל אִישִׁים אִישׁ מַכְאבוֹת וִידוּעַ חלִי וּכְמַסְתֵּר פָּנִים מִמֶּנּוּ נִבְזֶה וְלא חֲשַׁבְנֻהוּ

This verse describes the Servant as universally despised and rejected. This has been a historical theme for the Jewish people, as a long list of oppressors have treated the Jews as sub-human (the Nazis) or as a pariah state (the United Nations). See similar imagery in Isaiah 49:7, 60:15; Psalms 44:14; Nechemia 3:36.

While this description clearly applies to Israel, it cannot be reconciled with the New Testament account which describes Jesus as immensely popular (Matthew 4:25). “Large crowds” of people came from far and wide to hear him speak, and Jesus had to sail into the water to avoid being overrun by the crowds (Mark 3:7-9). Luke 2:52 describes him as physically strong and well respected, a man whose popularity spread and was “praised by all” (Luke 4:14-15). A far cry from Isaiah’s description of “despised and rejected.”

Although Jesus died a criminal’s death, Isaiah is describing someone for whom rejection has spanned the ages – obviously referring to a nation, not an individual who suffered rejection for only a few hours.

(4) Indeed, he bore our illnesses and carried our pains – but we regarded him as diseased, stricken by God and afflicted.

אָכֵן חֳלָיֵנוּ הוּא נָשָׂא וּמַכְאבֵינוּ סְבָלָם וַאֲנַחְנוּ חֲשַׁבְנֻהוּ נָגוּעַ מֻכֵּה אֱלהִים וּמְעֻנֶּה

Throughout the centuries of Israel’s exile, many nations persecuted the Jews on the pretense that it was God’s way of “punishing” the “accursed” Jews for having stubbornly rejected the new religions. In these verses, until the end of the chapter, the nations confess how they used the Jewish people as scapegoats, not for the “noble” reasons they had long claimed.

Indeed, the nations selfishly persecuted the Jews as a distraction from their own corrupt regimes: “Surely our suffering he did bear, and our pains he carried…” (53:4)

(5) He was wounded as a result of our transgressions, and crushed as a result of our iniquities. The chastisement upon him was for our benefit; and through his wounds we were healed.

וְהוּא מְחלָל מִפְּשָׁעֵנוּ מְדֻכָּא מֵעֲוֽנתֵינוּ מוּסַר שְׁלוֹמֵנוּ עָלָיו וּבַחֲבֻרָתוֹ נִרְפָּא לָנוּ

This verse describes how the humbled world leaders confess that Jewish suffering occurred as a direct result of “our iniquities” – i.e., depraved Jew-hatred, rather than, as previously claimed, the stubborn blindness of the Jews.

Isaiah 53:5 is a classic example of mistranslation: The verse does not say, “He was wounded for our transgressions and crushed for our iniquities,” which could convey the vicarious suffering ascribed to Jesus. Rather, the proper translation is: “He was wounded because ofour transgressions, and crushed because of our iniquities.” This conveys that the Servant suffered as a result of the sinfulness of others – not the opposite as Christians contend – that the Servant suffered to atone for the sins of others.

Indeed, the Christian idea directly contradicts the basic Jewish teaching that God promises forgiveness to all who sincerely return to Him; thus there is no need for the Messiah to atone for others (Isaiah 55:6-7, Jeremiah 36:3, Ezekiel chapters 18 and 33, Hoseah 14:1-3, Jonah 3:6-10, Proverbs 16:6, Daniel 4:27, 2-Chronicles 7:14).

(6) We have all strayed like sheep, each of us turning his own way, and God inflicted upon him [Israel] the iniquity of us all.

כֻּלָּנוּ כַּצּאן תָּעִינוּ אִישׁ לְדַרְכּוֹ פָּנִינוּ וַיהוָה הִפְגִּיעַ בּוֹ אֵת עֲון כֻּלָּנוּ.

 

The nations realize that their lack of proper leadership (“shepherd”) caused them to treat the Jews with disdain. They further acknowledge how punishments that should have befallen the nations were averted through Israel’s suffering.

(7) He was persecuted and afflicted, but he did not open his mouth. Like a sheep being led to the slaughter or a lamb that is silent before her shearers, he did not open his mouth.

נִגַּשׂ וְהוּא נַעֲנֶה וְלא יִפְתַּח פִּיו כַּשֶּׂה לַטֶּבַח יוּבָל וּכְרָחֵל לִפְנֵי גֽזְזֶיהָ נֶאֱלָמָה וְלא יִפְתַּח פִּיו

In various contexts, the Bible uses the imagery of “sheep led to the slaughter” specifically in reference to the Jewish people. For example: “You give us as sheep to be eaten and have scattered us among the nations… we are considered as sheep to be slaughtered” (Psalms 44:12, 23).

This verse prophesizes the many hardships – both physical torment and economic exploitation – that the Jews endured in exile. Ironically, this prophecy refers in part to the 11th century Crusaders who “persecuted and afflicted” the Jews in the name of Jesus. In our time, while Jews in Nazi-occupied Europe were “led to the slaughter,” they still remained like a “lamb that is silent before her shearers” – without complaints against God.

(8) He was released from captivity and judgment; who could have imagined such a generation? For he was removed from the land of the living; because of my people’s sin they were afflicted.

מֵעצֶר וּמִמִּשְׁפָּט לֻקָּח וְאֶת דּוֹרוֹ מִי יְשׂוֹחֵחַ כִּי נִגְזַר מֵאֶרֶץ חַיִּים מִפֶּשַׁע עַמִּי נֶגַע לָמוֹ

The phrase, “land of the living” (Eretz HaChaim) refers specifically to the Land of Israel. Thus this verse, “He was removed from the land of the living,” does not mean that the servant was killed, but rather was exiled from the Land of Israel.

This verse again describes the world’s surprise at witnessing the Jewish return to the Promised Land. “Who could have imagined” that the nation we tortured now prospers? World leaders offer a stunning confession: “Because of my people’s sin, they [the Jews] were afflicted.”

Here the text makes absolutely clear that the oppressed Servant is a collective nation, not a single individual. This is where knowledge of biblical Hebrew is absolutely crucial. At the end of the verse, the Hebrew word for “they were” (lamoh – לָמוֹ) always refers to a group, never to an individual. (see for example, Psalms 99:7)

(9) He submitted his grave to evil people; and the wealthy submitted to his executions, for committing no crime, and with no deceit in his mouth.

וַיִּתֵּן אֶת רְשָׁעִים קִבְרוֹ וְאֶת עָשִׁיר בְּמתָיו על לא חָמָס עָשָׂה וְלא מִרְמָה בְּפִיו

Missionaries cite this verse as a claim that Jesus lived a sinless life, and was thus the Messiah. This is contradicted, however, by the Gospels themselves, who record that Jesus sinned by violating the Sabbath (John 9:16) and – by claiming to be God Himself – violating the grave prohibition against making any physical image of God (John 10:33, 14:9-10).

Throughout history, Jews were given the choice to “convert or die.” Yet as this verse describes, there was “no deceit in his mouth” – the loyal Jews refused to accept a pagan deity as their God. Rather than profane God’s Holy Name, they “submitted to the grave” – i.e. chose to die rather than renounce their faith. As such these Jews were often denied proper burial, discarded “to the grave as evil people.”

Further, wealthy Jews “submitted to his executions, for committing no crime” – killed so that wicked conquerors could confiscate their riches.

(10) God desired to oppress him and He afflicted him. If his soul would acknowledge guilt, he would see offspring and live long days, and God’s purpose would succeed in his hand.

ויהוָה חָפֵץ דַּכְּאוֹ הֶחֱלִי אִם תָּשִׂים אָשָׁם נַפְשׁוֹ יִרְאֶה זֶרַע יַאֲרִיךְ יָמִים וְחֵפֶץ יְהוָה בְּיָדוֹ יִצְלָח

“God desired to oppress” the Jewish people, in order to inspire them to return to Torah observance. If the Jews would only “acknowledge guilt,” they would see their “offspring and live long days.” This refers to the Messianic era when all Jews will return to Torah observance.

This verse emphasizes that the Servant is to be rewarded with long life and many children. This verse could not possibly refer to Jesus who, according to the New Testament, died young and childless. (Furthermore, if Jesus was alleged to be the immortal Son of God, it is absurd to apply the concept of “living long days.”)

Although missionaries may claim that the “offspring” refers to spiritual descendants, this is based on a distortion and mistranslation. In this verse, the Hebrew word for “offspring” (zera – זֶרַע) always refers to physical descendants (see Genesis 12:7, 15:2-4, 15:13, 46:6; Exodus 28:43). A different word, banim (בנים), generally translated as “sons,” is used to refer to spiritual descendants (see Deut. 14:1).

(11) He would see the purpose and be satisfied with his soul’s distress. With his knowledge My servant will cause the masses to be righteous; and he will bear their sins.

מֵעֲמַל נַפְשׁוֹ יִרְאֶה יִשְׂבָּע בְּדַעְתּוֹ יַצְדִּיק צַדִּיק עַבְדִּי לָרַבִּים וַעֲוֹנתָם הוּא יִסְבּל

Missionaries cite this verse to claim that Jesus died for our sins. The Christian idea of one’s sins being forgiven through the suffering of another person goes against the basic biblical teaching that each individual has to atone for his own sins by repenting. (Exodus 32:32-33, Deut. 24:16, Ezekiel 18:1-4)

This verse describes how God’s Servant “will cause the masses to be righteous” – not as some mistranslate, “he will justify the many.” The Jewish mission is to serve as a “light to the nations,” leading the world to righteousness through knowledge of the one true God. The Jews will accomplish this both by example (Deut. 4:5-8; Zechariah 8:23) and by instructing the nations in God’s Law (Isaiah 2:3-4; Micah 4:2-3). As it says: “The world will become full of the knowledge of God, as water covers the sea” (Isaiah 11:9).

(12) Therefore, I will assign him a portion in public and he will divide the mighty as spoils – in return for having poured out his soul for death and being counted among the wicked, for he bore the sin of the many, and prayed for the wicked.

לָכֵן אֲחַלֶּק לוֹ בָרַבִּים וְאֶת עֲצוּמִים יְחַלֵּק שָׁלָל תַּחַת אֲשֶׁר הֶעֱרָה לַמָּוֶת נַפְשׁוֹ וְאֶת פּֽשְׁעִים נִמְנָה וְהוּא חֵטְא רַבִּים נָשָׂא וְלַפּֽשְׁעִים יַפְגִּיעַ

This verse speaks of how the Jews always pray for the welfare of the nations they are exiled into (see Jeremiah 29:7). The verse continues to explain that the Jewish people, who righteously bore the sins of the world and yet remained faithful to God, will be rewarded.

Regarding the above passage, some have claimed that the “suffering servant” cannot be Israel, since Israel has sins. Yet this is a fallacy, since we know that no human being – not even Moses – is completely free of sin. Yet Moses was considered “righteous,” which takes into account not only one’s good deeds, but also one’s repentance after sin. If Jesus is God, these ideas have no meaning.

Immediately following this promise of reward for the Jews’ suffering (53:10-12), chapter 54 clearly speaks of the redemption which awaits the Jewish people. This point is acknowledged by all Christian commentaries.

Conclusion

In the days of Jesus, nobody ever understood Isaiah 53 to be predicting the death of the Messiah. When Jesus said, “I am going to Jerusalem where I will suffer and die,” the Apostle Peter did not relate this in any way to the suffering described in Isaiah 53. Rather, Peter rebuked Jesus, saying, “Be it far from you Lord, this shall not be unto you.” In other words, “God forbid – that cannot happen to you!” Peter never expected the Messiah to be tortured and killed (see Matthew 16:21-22).

Interestingly, the 20th century Christian New English Bible – Oxford Study Edition (annotation on Isaiah 52:13-53:12) clearly identifies the Suffering Servant as the nation of Israel which “has suffered as a humiliated individual.”

If the context of Isaiah 53 so clearly refers to the Jewish people, how could so many Christian leaders have mistranslated the Bible? History shows that – for whatever motivation – many did so knowingly:

  • Lucius Coelius Firmianes Lactantius, 3rd century Church leader: “Among those who seek power and gain from their religion, there will never be wanting an inclination to forge and lie for it.”
  • St. Gregory, 4th century Bishop of Nanianzus: “A little jargon is all that is necessary to impose on the people. The less they comprehend, the more they admire. Our forefathers and doctors have often said not what they thought, but what circumstances and necessity dictated.”
  • Dr. Herbert Marsh, 19th century English Bishop: “It is a certain fact that several readings in our common printed text are nothing more than alterations made by Origen…”
  • Walter Brueggemann Ph.D., an ordained minister and author of 60 books on the Bible, writes: “[A]lthough it is clear that this poetry does not have Jesus in any first instance on its horizon, it is equally clear that the church, from the outset, has found the poetry a poignant and generative way to consider Jesus, wherein humiliation equals crucifixion and exaltation equals resurrection and ascension.”

Why It Matters

When all the verses have been parsed, and all the proofs have been presented, one still might wonder: What difference does it make who is right?

The theological gap between Judaism and Christianity is not limited to the question: “Who is the Messiah,” or a debate over the translation of a few biblical verses. Judaism and Christianity are two different belief systems, differing over core issues such as the existential nature of man, the role of our relationship with God, and the path to genuine spiritual fulfillment.

Jews have held steadfast to their beliefs for thousands of years, amidst all forms of persecution and hardship. They have done so in the belief that the Jewish people – as bearers of God’s message of morality and justice – have a unique and crucial role to play in human history. As the prophet Isaiah predicts, this will become eminently clear when the Messiah, the King of Israel, arrives. May it be speedily in our day.

Resources

For further study, see www.outreachjudaism.orgwww.jewsforjudaism.orgwww.jewishisaiah53.com and www.peninataylor.com, from which much of the information for this article was derived.

For an exploration of the core differences between Judaism and Christianity, see Rabbi Benjamin Blech’s online course: “Deed and Creed.”

For more on why Jesus can’t possibly be the Messiah, read Aish.com’s “Why Jews Don’t Believe in Jesus.”

For an accurate Jewish translation of the Bible, read the “ArtScroll English Tanach.”

As taken from, http://www.aish.com/sp/ph/Isaiah_53_The_Suffering_Servant.html?s=srcon  July 8, 2017

La espiritualidad, no siempre es buena

Balak  (Números 22:2-25:9)

La espiritualidad, no siempre es buena

Para cualquier persona que vive en la sociedad contemporánea, es claro que vivimos en una sociedad que le da gran importancia a lo material. Muchos de nosotros nos preocupamos por buscar una mejor casa, tener mejores autos y comprar ropa que tenga logo de diseñador a la vista. Si gozamos de una mayor estabilidad financiera, buscaremos también lugares exóticos dónde pasar nuestra luna de miel o comprar casa en ciudades veraniegas. No basta con comer: vamos a restaurantes y a restaurantes lujosos. En pocas palabras, muchos de nosotros vivimos en una sociedad de consumo en la que se le da gran importancia a lo material.

Vivir inmersos en una sociedad materialista tiene sus costos: superficialidad, mayor envidia de lo que el otro posee, competencia feroz entre las personas y propensión a la frustración en aquellas personas que no logran mantener el nivel de vida de las otras personas de su círculo social.

Siendo así, las personas que poseen una sensibilidad más desarrollada hacia lo espiritual, rechazan el materialismo de la sociedad y buscan prácticas y disciplinas más espirituales, creyendo que simplemente por el hecho que son espirituales serán conducentes a una vida más plena.

El ejemplo de Bilaam en esta parashá nos enseña que no necesariamente es así. Bilaam fue una persona extremadamente espiritual, a grado tal que poseía el nivel de profecía, al que muy pocas personas a lo largo de la historia han accedido. Para citar sólo algunos ejemplos que los sabios mencionan:

  • Bilaam era capaz de percibir seres espirituales (malajim, que se traduce normalmente como ‘ángeles’).1
  • Según el Midrash, Bilaam fue el mayor de todos los profetas no judíos que han existido,2 y tenía la capacidad de escuchar a Dios.
  • Él conocía el Daat Elión, refiriéndose a la capacidad de percibir cómo reaccionará Hashem en ciertas circunstancias.3

Si definimos como espiritual a alguien que es capaz de percibir la dimensión espiritual que existe en el mundo y de actuar en base a ella, no hay duda que Bilaam fue una persona muy espiritual: veía ángeles, Hashem hablaba con él y conocía de Hashem lo suficiente como para saber en qué momento se enojaría.

Sin embargo, los sabios nos aclaran que fue una persona extremadamente malvada, practicante de brujería y zoofilia, con grandes dosis de codicia, lo cual no es exactamente lo que pensaríamos de una persona espiritual.

La espiritualidad de una persona es justamente lo que mencionamos hace unas líneas: la capacidad de percepción de las leyes espirituales que existen en el mundo y la disposición de vivir acorde a ellas. Pero en el mundo existen fuerzas espirituales de bondad y maldad, de pureza e impureza. Una persona versada en brujería percibe fuerzas espirituales, pero las usa para negar a Hashem y en la mayoría de las ocasiones para hacer el mal. El hecho de ser espiritual no implica bondad en la personalidad ni buscar el perfeccionamiento del carácter ni hacer lo que Dios desea de nosotros. La espiritualidad no implica valor moral alguno.

Aunque seamos testigos de los daños que provoca vivir en una sociedad tan materialista como la que existe en nuestros días, el objetivo en la vida no es simplemente ser espiritual. Muchos de nosotros buscamos experiencias espirituales y nos defraudamos cuando no las experimentamos o nos frustramos porque en el camino judío de espiritualidad esas experiencias están reservadas a aquellos que han invertido largos años de estudio y preparación. Pero el objetivo de nuestra vida no debe ser buscar esas experiencias espirituales, sino crecer como personas en base a los criterios que la Torá establece, saber que existen leyes y fuerzas espirituales (aunque uno no las perciba) y hacer lo que Dios pide de nosotros. Si además somos capaces de percibir ángeles, qué mejor, pero eso no es lo esencial.


Bamidbar 22:28.

Bamidbar Rabá 20.

Berajot 7a.

Según tomado de, http://www.aishlatino.com/tp/s/la-personalidad-humana/La-espiritualidad-no-siempre-es-buena.html el 8 de jumio de 2017

El duelo en el Judaísmo

El duelo en el judaísmo

En ningún otro momento de su vida el ser humano necesita tanta compañía como en este período de dolor.

por Rav Maurice Lamm

 

El judaísmo tiene una gran experiencia en lo relativo al alma de la persona. Con su profundo conocimiento sobre los logros y locuras, grandezas y debilidades del hombre, ha ideado un sistema muy sabio de períodos en el proceso del duelo por el fallecimiento de un ser querido. Durante este tiempo, el doliente puede expresar su dolor y liberarse con una regularidad calculada, de las tensiones causadas por su duelo.

La religión judía provee un acercamiento estructurado hacia el duelo que se divide en cinco etapas:

La primera etapa: aninut

Este es el período entre la muerte y el entierro, cuando la desesperación es más intensa. En este momento, quien está de duelo, está exento de todos los requerimientos religiosos más importantes en reconocimiento a su desconcierto mental.

La segunda etapa: lamentación

El período consiste en los primeros tres días que suceden al entierro, días dedicados al llanto y la lamentación. Durante este tiempo, el enlutado no debe responder inclusive a saludos y debe permanecer en su hogar (exceptuando en ciertas circunstancias). Es un tiempo en el cual el enlutado todavía esta muy desalentado y la herida está aún muy fresca, y es por eso que es todavía muy temprano para consolarlo. Durante este tiempo el enlutado permanece en su casa, expresando su dolor vistiendo ropas rasgadas, sentándose en un lugar bajo, usando sandalias, absteniéndose de rasurarse, no arreglándose y recitando el kadish.

La tercera etapa: shivá

Esta etapa cubre los siete días que suceden al entierro, e incluyen el período de tres días de lamentación que recordamos anteriormente. Durante esta fase, el enlutado sale de una fase de intenso dolor y empieza una etapa en la cual su estado de ánimo está ya preparado para hablar de su pérdida y aceptar el consuelo de sus familiares y vecinos.

El mundo se agranda para el enlutado. Continúa sin rasurarse, usando ropa rasgada, y llevando a cabo las distintas costumbres de la segunda fase, sin embargo él puede relacionarse con las personas que vienen a su casa a expresarle empatía por su dolor.

Una obligación de todo judío – sin importar la relación que tengan con el difunto o con los familiares – es la de ir a consolar a quienes están de duelo.

Una obligación muy sagrada para todo judío – sin importar la relación que tengan con el difunto o con los familiares – es la de ir a consolar a quienes están de duelo. De acuerdo con la ley, ellos son: el padre, la madre, la esposa o el esposo, el hijo y la hija (casados o solteros), el hermano y la hermana (medio hermano o hermana) del difunto.

Para el judaísmo, tener compasión por medio del consuelo es considerado una mitzvá, que para muchos es una obligación bíblica. La persona tiene la obligación de imitar a Dios: así como Dios reconforta a los afligidos, asimismo, la persona debe hacerlo.

El propósito fundamental de la condolencia durante la shivá es aliviar al enlutado de la intolerable carga que produce la pérdida de un ser querido. En ningún otro momento de su vida el ser humano necesita tanta compañía como en este período de dolor.

La impresión que sintió ante la muerte de su familiar empieza a desvanecerse. El aislamiento del mundo y de la gente empieza a disminuir y de alguna manera todo comienza a regresar a la normalidad para el deudo.

La cuarta etapa: los sheloshim

Este período consiste en los treinta días (incluyendo los 7 días de shivá) posteriores al entierro. El enlutado está obligado a salir de su casa después de la shivá reincorporándose lentamente a la sociedad, pero siempre recordando que no ha pasado suficiente tiempo como para llevar una vida social absolutamente normal y plena.

Rasurarse y cortarse el pelo todavía está prohibido para él, así como cortarse las uñas y lavarse el cuerpo por placer, aunque por limpieza está permitido bañarse.

La quinta etapa: un año de duelo

Después de los sheloshim, comienza la quinta etapa: el período de 12 meses desde el día del entierro. En esta etapa las cosas comienzan a regresar a la normalidad y el trabajo a su rutina, pero los sentimiento internos del enlutado siguen estando heridos por la pérdida del ser querido.

Durante este período de los doce meses el enlutado tiene prohibido participar de fiestas, tanto públicas como privadas. Su participación en estas reuniones, simplemente no es congruente con la depresión y la tristeza que el enlutado siente durante este año. Es absurdo para el enlutado bailar alegremente después de que su ser querido ha fallecido recientemente.

Es por eso que los Sabios decretaron que así como la separación de la vida social debe durar una semana, la separación de ocasiones de alegría y regocijo para una persona que ha perdido a su padre o a su madre es de un año de duración. Sin embargo, para una persona que ha perdido alguno de los familiares cercanos recordados anteriormente (excluyendo a la madre y al padre) el período de abstención de situaciones de alegría sólo dura treinta días. La alegría, en a los períodos del duelo, está íntimamente relacionada con eventos públicos y sociales, más que con satisfacciones personales.

Al finalizar el año de duelo, el enlutado debe recordar a su ser querido en izkor o en su ior-tzait (aniversario de fallecimiento). De hecho, la tradición judía reprueba a la persona que desea seguir su duelo después del período decretado por los Sabios.

Recitando el kadish

El kadish es recitado en todo servicio en la sinagoga, de mañana, de tarde y de noche; en shabat y fiestas; en días de ayuno y de regocijo.

El período en el que el enlutado recita el kadish por sus padres, es teóricamente un año calendario entero. Se considera que la persona que falleció está siendo partícipe de un juicio Divino. Por lo tanto, algunas comunidades acostumbran recitar kadish en cualquier caso por un período de doce meses.

Sin embargo, ya que un año entero es considerado la duración del juicio de un malvado, y nosotros presumimos que nuestros padres no están en esa categoría, la práctica en la mayoría de las comunidades es recitar el kadish durante once meses.

El kadish sólo debe ser recitado en presencia de un minián, que consiste en la presencia de diez hombres mayores de 13 años. Si hay nueve adultos y un menor, esto no es considerado un minián.

El Izkor y el Iortzait

El izkor es una ceremonia en la que se recuerda a todos los difuntos, y se dice en ciertos servicios en la sinagoga. El iortzait es el día del aniversario del fallecimiento de la persona y puede ser observado por cualquier familiar o amigo, pero es principalmente recordado por los hijos en memoria de sus padres.

El izkor fue instituido para que el judío pudiera rendirle un homenaje a sus seres queridos. Este servicio está basado en un principio básico de la vida judía, el mismo que motiva y anima la recitación del Kadish.

Está basado en la firme creencia de que los vivos por medio de actos de bondad, pueden redimir a los muertos. El hijo puede darle honor al padre. El “mérito de los hijos” puede reflejar el “valor de los padres”.

Este mérito se logra, principalmente, viviendo en un plano elevado de valores éticos y morales, siendo sensible a las demandas de Dios y a las necesidades de los demás seres humanos. La expresión de este mérito es alcanzada por medio del rezo a D-os y por las contribuciones de caridad.

El iortzait es un día especial de observancias para conmemorar el aniversario de la muerte de alguno de los padres. Aunque el origen de la palabra es alemán, la costumbre está escrita en el Talmud.

La conmemoración religiosa se registra no como un mandamiento, sino como la descripción de un sentimiento instintivo de tristeza. Un recordatorio anual de la tragedia, que impulsa a uno a evitar comer carne y tomar vino; símbolos de fiesta y alegría, la materia prima de la vida.

Según tomado de, http://www.aishlatino.com/judaismo/ciclo-de-vida/muerte-y-duelo/48421167.html?s=rab  el miércoles, 5 de julio de 2017.

La noche del viernes – Guía paso a paso

La noche del viernes – Guía paso a paso

¿No estás seguro de cómo empezar? Aquí encontrarás todo lo que necesitas saber para tener una cena de Shabat maravillosa junto a tu familia.

por Rav Shraga Simmons

La clave para un Shabat significativo es que no se debe sentir como “cualquier otro día”. Más bien, queremos crear un ambiente especial. Esto significa vestirse con nuestras ropas más lindas (o las favoritas), comprar o preparar nuestra comida preferida, y dejar un tiempo sin interrupciones para reflexionar y apreciar el verdadero significado de nuestras vidas.

¿Cómo nos liberamos del ajetreo de la semana y pasamos a una “mentalidad de Shabat”? La clave es deshacerse de las distracciones externas. Si estás empezando, trata de pasar toda la noche del viernes sin entretenimiento enlatado: sin televisión, sin radio, sin películas. Si eres realmente valiente, ¡también sin teléfono! Esto nos ayuda a salir del ciclo semanal normal, y nos dirige hacia “La Dimensión del Shabat”.

A continuación están los pasos básicos para convertir la noche del viernes en Shabat.

1) Encendido de Velas. La imagen de una mujer encendiendo sus velas de Shabat es un eterno símbolo del Judaísmo. Dieciocho minutos antes de la puesta de sol, prendemos las velas, invitando paz y armonía al hogar, infundiendo el ambiente con luz física y espiritual.

El encendido de velas trae paz, calidez y un resplandor especial de Shabat a la casa. Prende las velas antes de la puesta de sol – revisa el horario en el diario, o pide un calendario en tu sinagoga local. Puedes comprar una caja de velas blancas de Shabat en cualquier supermercado. Sólo tienes que prender una, aunque la costumbre es prender dos.

2) Servicio de la NocheLas melodías de los rezos de Kabalat Shabat le dan la bienvenida al Shabat con profunda reverencia y con alegría. Con frecuencia se baila como parte del espíritu de cercanía con nuestros prójimos en un día de descanso, santidad, buena comida y canciones.

3) Shalom Aleijem. Cuando ya estamos sentados en la linda mesa de Shabat, cantamos “Shalom Aleijem”. Ésta canción le da la bienvenida a los ángeles que escoltan a la persona a su casa desde la sinagoga, mientras buscamos su “bendición” para un buen Shabat.

4) Eshet Jail. Hay muchos niveles de significado para esta canción que alaba a la mujer judía quien es íntegra y se preocupa por su familia, es amable con el pobre y el necesitado, y es temerosa de Dios. El Shabat es también comparado con una novia o una reina, así que la canción también es una alabanza al Shabat.

5) La Bendición de los Hijos. Justo antes del Kidush, muchos padres bendicen a cada uno de sus hijos para que sigan con salud y fortaleza el camino de nuestros venerables ancestros.

6) Kidush. Todos se ponen de pie mientras el conductor sostiene una copa llena de vino o jugo de uva, para santificar el Shabat, recordando que “en seis días, Dios creó el cielo y la tierra – y en Shabat Él descansó”.

Nuestra semana está llena de trabajo y creación, pero Shabat es el día de descanso y reflexión. “Kidush” literalmente significa hacer una distinción, elevar algo material y hacerlo espiritual. Al recitar el Kidush, no elevamos solamente la copa de vino, sino que al día de Shabat en sí mismo.

7) Lavado de Manos. Lavamos nuestras manos para purificarnos antes de comer pan. Primero, sácate todos los anillos para que el agua pueda cubrir tus manos completamente, y después di la bendición.

8) Ha-Motzi. Dos jalot son puestas en una tabla o un plato, cubiertas con un paño decorativo en la mesa. Los dos panes conmemoran la doble porción de maná que caía del cielo cada viernes mientras los judíos estaban en el desierto. Después de la bendición, el conductor corta jalá para todos y la sirve. Le ponemos sal al pan porque es un preservante, simbolizando que esta comida no es simplemente una experiencia transitoria, sino que un momento que durará por la eternidad.

9) Comida Festiva. Una comida tradicional de viernes en la noche usualmente incluye varios platos: pescado, sopa, plato principal y postre. Este es un momento para disfrutar de la buena compañía mientras se toma parte de la deliciosa comida de Shabat. Cada familia o grupo de amigos hacen sus propias tradiciones de viernes por la noche que incluyen canciones de Shabat, palabras de Torá, historias para niños, y tiempo para que los niños compartan lo que aprendieron en el colegio sobre la porción semanal de la Torá. En algunas casas, uno a uno comparte con el resto por qué está agradecido, o cuenta una historia sobre un pequeño milagro.

10) Dvar Torá. Literalmente “una palabra de Torá”, el Dvar Torá es lo que realmente separa a la mesa de Shabat de cualquier otra “cena entretenida”. Elige un tema que sea profundo y apropiado, y discútanlo juntos.

11) Canciones. Todos recordamos algunas canciones de los días en el colegio judío o en los campamentos de verano. Los sabios dicen que “el cantar es la expresión de un alma emocionada”. El canto te relajará y te acercará a la experiencia de Shabat. Además, si hay niños, les encantará. Y no te preocupes si no puedes seguir la letra – la melodía y el ritmo son los que te elevarán.

12) La Bendición Después de la Comida. Después de la exquisita comida de Shabat agradecemos a Dios recitando la Bendición Después de la Comida. Nos preparamos para la bendición lavando nuestros dedos con agua, llamada Maim Ajaronim, que usualmente se pasa alrededor la mesa.

¡Shabat Shalom!

Según tomado de, http://www.aishlatino.com/sh/csh/48420587.html?s=feat el martes, 4 de julio de 2017.

Parshat Chukat: The Devastation of Religious Coercion

For centuries, commentators have struggled with and argued about the incident of the Mei Meriva (the waters of strife). After the Children of Israel complained about the lack of water in the desert, God ordered Moshe to speak to a rock and draw forth water, but, as is well known, he hit the rock instead (Bamidbar 20:1-11).

Moshe was punished harshly for his failure to adhere strictly to the details of this command. Indeed, his ultimate dream to enter and live in the Land of Israel was shattered because of this one seemingly small mistake, and in spite of all his pleas for forgiveness, God did not allow him to lead the Israelites across the Jordan.

God’s severity in this narrative is unprecedented. Four times the Torah refers to this divine expression of “anger,” and five times God condemns Moshe for this sin: 1) “Because you did not have faith in Me” (Bamidbar 20:12); 2) “You defied My word” (Ibid. 20:24); 3) “You disobeyed My command” (Ibid. 27:14); 4) “You betrayed Me” (Devarim 32: 51); 5) “You did not sanctify Me in the midst of the Children of Israel” (Ibid.).

The sin is even more perplexing when one considers that causing water to gush forth from a rock by hitting it is no less miraculous than producing the same effect via speech. Only one slight blow produced enough water to quench the thirst of millions of people. No scientific explanation could ever account for this! What was it in Moshe’s actions that reflected such flagrant disbelief and rebellion as to warrant that harsh response? What changed as a result of Moshe’s decision to hit the rock rather than speak to it? And why did God insist that water be produced miraculously by speech and nothing else? Why not leave this seemingly small decision in Moshe’s hands? After all, Torah “lo bashamayim he” (Devarim 30:12). The Torah is no longer in Heaven, and its rulings are up to humans to decide.

To Paraphrase Sophocles in his PhiloctetesI see that everywhere among the race of men, it is the tongue that wins and not the coercive act. Hitting implies coercion – a brute force that leaves the other no option but to follow the orders of the attacker. Obedience, therefore, does not demonstrate any real willingness, or agreement with the resulting action. Even the threat of physical coercion casts suspicion on one’s deeds, and usually implies a complete lack of authenticity.

Speech, on the other hand, is a means of persuasion that does not bypass or disable the listener’s decision-making process. Any response to speech will therefore be genuine. This is actually alluded to in Meshech Chochma (ad loc. See also Maharal).

In many ways, the revelation at Sinai was an intensely coercive event. This position is borne out by the Talmud’s famous remark that God threatened to drop the mountain on the Israelites if they chose not to accept the Torah (Shabbat 88a). Rabbi Acha ben Yaakov protests this divine intimidation, saying that God indeed threatened to kill the Jews if they refused to be party to the covenant, and therefore the legality of the agreement, which was reached under coercion, is called into question. This implies that perhaps the Jewish people are not really obligated to keep the commandments in the Torah! Some Chassidic masters even suggest that it was this threat and this feeling of having been forced that led to the sin of the golden calf. (See, for example, Chiddushei HaRim on Parshat Yitro.) If so, it would seem that the harsh coercion was too much for the Israelites to bear and at a certain level became counterproductive.

That said, it was of utmost importance that the Jewish people accept the Torah. Sometimes coercion can be beneficial to people, serving as an essential ingredient for their education. Homines enim civiles non nascuntur, sed fiunt (Civil men are not born, but made), said Spinoza (Thomas Hill Green, Lectures on the Principles of Political Obligation [London: Longmans, Green, & Co., 1895] p. 53), reflecting an old Jewish truth. But Law must ultimately lead to moral freedom. This means that liberty is primarily an issue of education. To be an agent of freedom, and not constraint, lawful coercion must lead to awareness in people that had they understood the values inherent in the laws, they would have accepted them with even the gentlest forms of persuasion.

King David expressed this concept when he said: “I will walk in freedom, for I have sought out Your laws” (Tehillim 119:45). Using a beautiful exegetical wordplay, the Sages read the description of the tablets, on which God wrote the Ten Commandments, not as “the writing of God engraved (charut) on the tablets,” but as “freedom (cheirut) on the tablets” (Pirkei Avot 6:2). Only when we engrave the laws into our hearts do we experience absolute freedom – self-expression in the deepest and truest sense. (*)

When standing at the border of the Land of Israel, the Jewish people underwent a radical change of “weltanschauung.” At Sinai, and during their years of wandering in the desert, God used coercion as a necessary device to prepare them for lives as Jews. Suddenly, as they entered the land and became more spiritually independent, they began to understand that the survival of Judaism would depend upon the effectiveness of gentle persuasion. While bound by the Law, they realized that to build a deeply religious society, Jewish educators would need to use the power of the word – gentle and inspiring – and not the rod, if they hoped to foster conditions in which Jews would be willing and feel privileged to live their lives according to the Torah’s mandate.

Had this not become clear at the inception of the first Jewish Commonwealth, the nation’s government could have become a tyrannical and fundamentalist dictatorship. This mode of leadership would have been a sign of weakness: Do the Jews have to be beaten into observing God’s law? It would have called into question the inherent truth and persuasive powers of the Torah, thereby profaning God’s name.

This, then, was at the core of Moshe’s sin. For the sake of later generations – who would need to know that the ways of the Torah are ways of pleasantness, of the gentle word and not the hard strike – God denied Moshe the merit of living in the land. In this way, He made it clear to all that leaders who seek to turn Israel into a holy nation by way of threat or by force may very well bring disaster to themselves and their people.

Read more at https://blogs.timesofisrael.com/parshat-chukat-the-devastation-of-religious-coercion/#3ciYchX6IBxdgB2V.99