Los Dos Árboles del Gan Eden

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Por Rav. Itzjak Ginzburgh

El hecho de que un buen matrimonio dependa del abandono del egocentrismo, está sugerido en el pasaje que precede a la descripción de la creación de la mujer (Génesis 2:9, 16-18):

Y Di-s hizo crecer de la tierra

todo árbol agradable a la vista y bueno para comer,

y el árbol de la vida en el medio del jardín,

y el árbol del conocimiento del bien y del mal…

Y Di-s le ordenó a Adán, diciendo:

Y comerás de todos los árboles del jardín,

pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás,

porque el día que comas de él seguramente morirás.

Y Di-s dijo: no es bueno para el hombre estar solo,

Haré para él una pareja.

 

El mal se arraigó en el hombre cuando se concentró en si mismo y en sus deseos en vez de en Di-s y Sus deseos (o en un nivel más profundo, cuando se consideró independiente o separado de Di-s). Al estar orientado de esa manera, evaluó sus experiencias sólo en términos de su propio sentido subjetivo del bien.

 

En cabalá y jasidut está explicado que el bien contaminado por el egoísmo está representado por el árbol del conocimiento del bien y del mal, mientras que el bien verdadero no adulterado está representado por el árbol de la vida. Al ordenarle a Adán no comer del árbol del conocimiento del bien y del mal, lo estaba alertando de no mezclar el bien y el mal al elegir el camino de centrarse y orientarse en si mismo.

 

Comer el fruto prohibido causó que la psique del hombre se vuelva abiertamente auto conciente y egocéntrica. Su sentido del bien ya no iba a ser puro y Divino sino una mixtura del bien y el mal; considerando que algo es bueno sólo si le produce auto gratificación. Si esta actitud permanece sin rectificar el mal eventualmente engullirá al bien, como en los sueños del faraón (Génesis 41:1-7); nuestro aprecio por el bien, e incluso la creencia de que algo puede ser bueno de verdad- se evaporará. Esto a su vez engendrará un sentimiento de amargura hacia la vida y la necesidad de culpar a los otros por las desilusiones y sufrimientos de la vida. Entonces, habiendo ubicado la causa de sus sufrimientos fuera de su esfera de influencia, la persona se ve a si misma como una víctima indefensa de las circunstancias y la maldad.

 

Los dos estados de conciencia simbolizados por los dos árboles están expresados primariamente en la forma en que el hombre se dirige a la mujer. Al prohibirle a Adán comer del árbol del conocimiento del bien y el mal, Di-s le estaba enseñando cómo relacionarse con la esposa que luego iba a ser creada: “No mezcles la lujuria y los deseos egocéntricos de auto gratificación con la experiencia del bien verdadero y puro”.

 

En todo el relato de la creación, la creación de la mujer es el único acto creativo descrito como rectificando una situación degradada. Más aún, la situación previa no es descripta simplemente como “mala”, sino “no buena” (no es bueno que el hombre esté solo), implicando que el estado precedente aparentaba ser bueno, pero en realidad no lo era. Para alcanzar un estado de bien verdadero, Di-s tuvo que crear a la mujer.

 

En este contexto, “no bueno” es la incorporación dentro de la psique del hombre del bien aparente y relativo. Este bien aparente es el estado existencial del hombre de estar solo, es decir, preocupado egocéntrica y solamente en si mismo.

 

Un marido con esta orientación está alimentándose del árbol del conocimiento del bien y del mal. A menos que se reoriente hacia la vida y bondad verdaderas, “en el día en que comas de él seguro morirás”, esto es, en algún momento dirá: “Encuentro yo más amarga que la muerte a la mujer”.

Según tomado de, http://www.dimensiones.org/canales/vidmodrn/amor/amor%2012.htm

Encontrar el Alma Gemela: Encontró, o Encuentra

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Por Rabino Iztjak Ginsburgh

Cuenta el Talmud (Ievamot 63b.) que en el antiguo Israel era costumbre preguntar al novio recién casado: “¿Has encontrado o encuentras?”

Esta pregunta se refiere a la aparente contradicción entre dos expresiones del rey Salomón, el más sabio de todos los hombres. En el libro de Proverbios (18:22) afirma:

Quien ha encontrado una mujer ha encontrado el bien

Mientras que en el libro de Eclesiastés (7:26) declara:

Y encuentro yo más amarga que la muerte a la mujer

Aunque estos dos versículos aparentan comunicar imágenes contradictorias de la mujer, si los examinamos más de cerca podremos detectar algunas sutiles diferencias gramaticales que podrán explicar la aparente discrepancia.

Para comenzar, el verbo en el primer versículo está en tiempo pasado, mientras que en el segundo está en tiempo presente.

De acuerdo con nuestra tradición (Zohar 343b), las almas de la pareja verdaderamente acoplada derivan de un alma-esencia común. Por esta razón ambos están destinados a unirse en matrimonio incluso desde antes de nacer.

El uso del tiempo pasado para afirmar el bien que se ha de hallar en el matrimonio sugiere que, tanto en el proceso de búsqueda de una esposa como en la relación con la mujer luego del casamiento, el hombre debería esforzarse por descubrir y concentrarse en esta identificación profundamente enraizada y compartida mutuamente.

En cambio, si ignora esta regla y se centra en la gratificación pasajera de sus deseos y predilecciones inmediatos, como lo implica el tiempo presente empleado en el segundo versículo, la relación probará ser inevitablemente amarga.

Esto también está aludido por el hecho de que en el primer versículo el verbo “ha encontrado”, está seguido directamente por el objeto, “una mujer”, implicando que lo que el marido pretendía y encontró es realmente su esposa. Su mente y su corazón se centran en ella y su preocupación conciente es satisfacer sus necesidades y las de su familia, en vez de las de si mismo.

Esta es la base de una vida conyugal feliz.

En el segundo versículo, sin embargo, el sujeto (“yo”), está interpuesto entre el verbo (“encuentro”) y su objeto (“mujer”), denotando así que el hombre está más interesado en encontrarse a si mismo, es decir, en su propia gratificación.

Vemos entonces que el desinterés es la clave para “encontrar” y relacionarse con la esposa a nivel de su alma-raíz común. El marido egocéntrico será incapaz de alcanzar una genuina relación mutua con su esposa, de manera tal que se endulce con el tiempo en vez de que crezca amarga.

Aunque en tal situación el marido está inclinado a sentir que su esposa se ha vuelto “más amarga que la muerte”, sin embargo, de hecho es su propio yo interpuesto, proyectado en ella, el que se ha vuelto así. Esto está indicado por el hecho de que la frase “más amarga que la muerte” sigue directamente a la palabra “yo”, incluso antes de mencionar a “la mujer”.

Demos otra mirada a estos versos. El versículo completo dice: “ Quien ha encontrado una mujer ha encontrado el bien, y despertará la [buena] voluntad de Di-s”.

El segundo versículo completo dice: “Y encuentro yo más amarga que la muerte a la mujer, su corazón es trampas y redes, y sus manos son grilletes. Quien es bueno ante Di-s huye de ella, pero quien peca será atrapado por ella”.

En otras palabras, el rey Salomón llama “bien” tanto a la relación positiva entre marido y mujer como a escaparse de una negativa. Quien antes era un marido en busca de sus deseos, comienza su retorno al estado de “bien” reorientando su conciencia de manera tal que se pare “ante Di-s” en vez de estar preocupado sólo por si mismo.

Al hacer esto, “huye de ella”, es decir de la imagen de su propio ego que está proyectando sobre su esposa. Sólo entonces podrá proceder a encontrar su verdadera alma gemela.

Segun tomado de, http://www.dimensiones.org/canales/vidmodrn/amor/amor%2010.htm

“Encontrar” a Eva

Rav Itzjak Ginsburgh

Por, Rabino Itzjak Ginsburgh

Nuestra discusión del capítulo anterior se centró en los dos versos acerca de la mujer escritos por el rey Salomón, el más sabio de los hombres.

En el libro de Proverbios (18:22) declara:

Quien ha encontrado mujer ha encontrado el bien

Mientras que en el libro de Eclesiastés (7:26) afirma:

Y encuentro yo más amarga que la muerte a la mujer

No es sorprendente que el verbo alrededor del cual giran estos dos versículos, “encontrar”, figura en forma destacada en la creación de Eva, la mujer por excelencia:

Y Di-s dijo:

“No es bueno que el hombre esté solo,

Haré una compañera para él.”

Entonces Di-s formó de la tierra a todas las bestias del campo y las aves del cielo, y se las dio al hombre para ver cómo las llamaría, y así como llamó a cada ser viviente ese fue su nombre.

Así el hombre les dio nombre a todos los animales y pájaros del cielo y a las bestias del campo, pero para si, Adán no encontró una compañera. (Génesis 2:18-20)

Evidentemente no fue suficiente para Di-s simplemente crear a Eva y presentársela a Adán, una verdadera esposa debe ser buscada y encontrada.

Al ser creada, Adán le dio a su esposa el nombre genérico de “mujer”, isháh, que en hebreo es simplemente el femenino de la palabra “hombre”, ish:

Esta es, hueso de mis huesos y carne de mi carne,

Esta será llamada ‘mujer’,

Porque del hombre fue tomada.

Habiendo encontrado su alma verdadera, Adán la llamó como a si mismo, reconociendo el origen común de sus almas.

Echando una mirada nuevamente a los dos versículos, notamos que en el segundo, “y encuentro yo más amarga que la muerte a la mujer”, “mujer” aparece con el artículo definido.

Esto implica que se está refiriendo a la mujer como un miembro de un grupo genérico, antes que como un individuo que comparte un alma-raíz. Esta carencia fundamental de unidad impide que uno encuentre el bien en la relación con su esposa.

En cambio en el primero: “Quien ha encontrado mujer ha encontrado el bien“, “mujer” aparece sin el artículo definido. Esto implica que quien encuentra su verdadera pareja la nombra según (es decir, reconoce) su origen en común, como sucedió en la historia de la creación. Y por eso, “Quien ha encontrado mujer – ha encontrado el bien”.

Sin duda, ver a la esposa como parte de uno mismo puede ser también un signo de un ego exagerado. En tal caso uno ve a su esposa como un mero apéndice de si mismo y por eso no siente la necesidad de referirse a ella como a un individuo diferente. Esto está aludido en el versículo “y encuentro yo más amarga que la muerte a la mujer”, en el cual el marido egocéntrico se ve sólo a si mismo en su esposa.

La manera apropiada de ver a la esposa como una parte de uno mismo es percibiendo el alma-raíz que comparten, lo cual, como ya hemos dicho, sólo es posible cultivando una verdadera auto anulación, el altruismo que antepone las necesidades del otro frente las propias. Paradójicamente, sólo cuando los cónyuges se relacionan entre si concientes de este origen común pueden verse como individuos verdaderamente únicos.

Enseñan nuestros sabios (Kidushim 2b) “la manera de ser del hombre es buscar una mujer”, porque de hecho está a la búsqueda de su propia costilla perdida (Bereshit Rabáh 17:6). Espiritualmente, este costado perdido está a nivel inconciente de su propia alma.

Cuando aprende a relacionarse (“encontrarse”) con  su esposa a nivel del alma-raíz común, no sólo “encuentra” un buen matrimonio, sino también el bien inherente en el nivel inconciente de su propia alma. Una buena esposa es entonces la que hace a su marido consciente de su deseo profundo de ser bueno. Este es el significado profundo de “quien ha encontrado mujer ha encontrado el bien”

En suma, respecto al lenguaje contrastante de estos dos versículos, los que planteaban la pregunta al novio, citada en la entrega anterior, estaban sugiriendo que el resultado de la unión, para bien o para mal, depende de su actitud. La bendición del matrimonio está supeditada al abandono del egocentrismo y a una reorientación positiva en pos de la verdad y la realidad interior.

Segun tomado de, http://www.dimensiones.org/canales/vidmodrn/amor/amor%2011.htm

Mi desafio: 30 días sin quejarme

Mi desafio: 30 días sin quejarme

Fue más difícil de lo que pensé. Estas son las tres lecciones principales que aprendí.

por Sara Debbie Gutfreund

Cuando una amiga me invitó a sumarme al desafío de 30 días sin quejas, estuve segura de que iba a lograrlo. Al fin de cuentas, por lo general soy la que habla de ver la bendición en el desafío y recuerda citas inspiradoras hasta que llego a molestar a la mayoría de las personas que me rodean. Soy la clase de persona que se levanta antes de que suene el despertador porque me emociona comenzar un nuevo día, lo cual hace que sea especialmente difícil vivir conmigo, en especial a las 4 de la madrugada.

Mi amiga, en cambio, tiene una personalidad mucho más reservada y es más dormilona. No es que ella sea una quejona pero tampoco es una optimista implacable. Por eso me imaginé que a mí me iba a resultar mucho más fácil el desafío de los 30 días.

Al comparar nuestras tablas al finalizar el primer día (poníamos una x cada vez que nos quejábamos sobre algo), me sorprendió descubrir que mi intensidad iba en ambas direcciones. Comenzaba mi día con optimismo y energía, pero también era extremadamente perfeccionista y constantemente trataba de tener el control de todo. El primer día mi amiga tuvo dos quejas en su tabla. Yo tuve quince. Hacía demasiado calor. Hacía demasiado frío. El tráfico me demoraba y me había quedado estancada detrás de alguien que no sabía manejar. No tenía suficiente tiempo para el trabajo que debía realizar y… ¿por qué a mi hijo de seis años le llevaba tanto tiempo irse a la cama? ¡Y estas eran sólo las quejas que dije en voz alta!

El segundo día me levante con más humildad para enfrentar nuestro desafío y menos convencida de ser la Sra. Positiva. Pensé dos veces antes de decir cualquier cosa y me esforcé mucho en elegir mis palabras. Fue tan difícil que ni siquiera estaba segura de desear seguir adelante, pero mi amiga no había tenido ni una queja y yo soy tan competitiva que decidí continuar.

Nunca llegué a no tener ninguna queja, pero el desafío transformó no sólo la forma en que hablo sino también mi percepción de mí misma y del mundo que me rodea.

Estas son las tres lecciones que aprendí en el proceso.

1. Nuestros pensamientos crean la realidad. Para dejar de quejarme tuve que ver de otra manera las cosas a mi alrededor. Fue como manejar por el mismo camino todos los días y de repente notar que al costado había un bello jardín que nunca antes había visto. Cuando abrí mis ojos para ver cada momento de mi día como una oportunidad para el crecimiento y la gratitud, no sólo vi las cosas con una perspectiva positiva, sino que las cosas mismas cambiaron. Había jardines en lugares en los que pensé que sólo había sombras. Había puertas abiertas en espacios en los que antes sólo veía murallas. Cuando cambiamos nuestra perspectiva también cambian las cosas que vemos.

2. Cómo nos hablamos a nosotros mismos, momento a momento, es una elección. La parte más difícil del desafío de no quejarme fue controlar y luego cambiar la manera en que me hablo a mí misma. A pesar de ser psicóloga y la clase de madre que se cuida mucho de no criticar a sus hijos, no sólo descubrí que soy mi peor crítica sino que mi letanía de quejas sobre mí misma no tenía fin.

Al principio, ni siquiera tenía consciencia de las conversaciones constantes en mi mente. Pero llegué a un punto en el que comprendí que la fuente de mis quejas no siempre estaba necesariamente conectada con el ambiente sino más bien con la forma en que me percibía a mí misma. ¿Por qué dijiste eso? ¿Por qué no dijiste lo otro? ¿Por qué hoy hiciste tan pocas cosas? ¿Por qué no prestaste más atención cuando los niños te hablaban? La lista era interminable. Antes del desafío simplemente había aceptado esos comentarios como algo normal y habitual.

Pero controlar lo que decía en voz alta me enseñó que no sólo puedo elegir lo que les digo a los demás, sino que también puedo elegir cómo hablarme a mí misma a cada momento del día. Mientras más compasión y bondad usaba para mí misma, más abierta y empática era para poder ver el bien y la belleza en los demás.

3. Estamos predispuestos a ver lo negativo. Naturalmente nuestros cerebros ven lo que está mal o lo que falta en una situación. Lo hacemos como un instinto de supervivencia: si podemos reconocer la fuente del peligro podemos encontrar la forma de evitarla. Si nos preocupa la escasez, lo más probable es que encontremos y guardemos alimentos para mañana.

Pero es fácil caer en esta tendencia negativa en todos los aspectos de nuestra vida, incluso cuando no existe peligro ni riesgo de morir de hambre. Por lo tanto, la lección más poderosa de estos 30 días sin quejas fue aprender que no quejarse es más que un hábito agradable. Literalmente, es una forma de volver a sintonizar nuestros cerebros. Es cambiar la forma fundamental en que nos vemos a nosotros mismos y a todo lo que nos rodea. Buscar y encontrar lo que estaba bien fue un esfuerzo constante. Y fue difícil. Cada momento se convirtió en una elección. Treinta días es sólo el comienzo del desafío.

Segun tomado de, http://www.aishlatino.com/e/cp/Mi-desafio-30-dias-sin-quejarme.html?s=mfeat

Cómo programar tu cerebro para ser feliz

Cómo programar tu cerebro para ser feliz

La increíble fuerza espiritual de la gratitud.

por Bella Abdurachmanov

La ciencia descubrió el secreto de una base fundamental del judaísmo: la gratitud. El pueblo judío es llamado iehudim, de la raíz lehodot, que significa agradecer. La gratitud está imbuida en nuestro ser. Es parte de nuestro ADN espiritual.

Interesantemente, una historia familiar de espiritualidad de hecho cambia la constitución física del cerebro. Un estudio publicado por la Universidad de Columbia en el 2014, demostró que las personas con una historia de espiritualidad, práctica religiosa o meditación regular eran menos propensas a sufrir depresión, incluso aquellas personas que tenían una predisposición para esta condición. La razón de esto es que con el paso de las generaciones, la práctica religiosa y espiritual engrosó la corteza cerebral, la cual protege contra la depresión.

Como judíos, sufrimos miles de años de persecución, pero siempre nos recuperamos y salimos adelante, a menudo siendo los precursores de la bondad y la compasión. A pesar de nuestras dificultades, siempre pronunciamos palabras de agradecimiento por el bien que tenemos en nuestra vida. Quizás esa sea la clave de nuestro éxito.

Lo primero que hacemos a la mañana es expresar gratitud a Dios con la plegaria Modé Aní. Antes de comer, le agradecemos a Dios por nuestros alimentos. Después de comer, le agradecemos a Dios por nuestra comida. Después de utilizar el baño, expresamos gratitud por nuestra salud. Antes de estudiar Torá, le agradecemos a Dios por habernos dado la Torá, nuestra guía para la vida. Cuando rezamos, agradecemos por nuestra salud, por nuestro sustento, por la sabiduría… la lista continúa.

Las personas agradecidas reportaron mejor salud física, menos depresión, menos dolores y molestias físicas, mayor autoestima, mayor felicidad y empatía, mejores patrones de sueño, menor presión sanguínea, sistemas inmunológicos más fuertes y una mayor resistencia emocional.

Los estudios demuestran que la gratitud realmente cambia el cerebro. De hecho, quienes son agradecidos tienen una mayor probabilidad de ser agradecidos en el futuro. Cuanto más utilizamos el músculo de la gratitud, más fuerte se vuelve. La gratitud se graba en nuestro cerebro, convirtiéndose en una actitud mental y una forma de vida.

La gratitud actúa como un antidepresivo natural, aumenta la producción de dopamina y serotonina en el cerebro. Se convierte en un estimulador de felicidad, liberando los químicos que nos hacen felices. Al activar las áreas del cerebro asociadas con la recompensa social y la conexión, la gratitud nos acerca a los demás.

La gratitud también activa las regiones que controlan la rectitud, la moral, los juicios de valor, las decisiones económicas y la percepción de uno mismo. La sensación de satisfacción y sentido en la vida tiene su raíz en la gratitud.

De hecho, ser agradecido es tan importante que se considera un pilar fundamental para criar niños sanos y felices. Como padres, queremos saber cómo inculcar este rasgo judío fundamental a nuestros hijos.

1. Muestra sinceridad y alegría al hacer mitzvot.

Nuestros hijos absorben cada una de nuestras acciones y palabras. Ellos cuentan con una maravillosa percepción que les permite entender las intenciones detrás de nuestros actos. Mostrar verdadera gratitud y felicidad no sólo mejora nuestra conexión espiritual y cultiva nuestra salud emocional y física, sino que también deja una marca indeleble en nuestros hijos.

La gratitud es una parte natural de la observancia de las mitzvot. Antes de cumplir mitzvot, declaramos nuestro agradecimiento a Dios. Al concentrarnos para tener kavaná (la intención correcta) al decir una brajá (bendición), y decirla con sinceridad y felicidad, les mostramos a nuestros hijos que estamos realmente agradecidos.

2. Que reine una actitud de gratitud.

La frase hebrea para gratitud es hakarat hatov, que significa reconocer el bien. Cuando no sólo nos enfocamos en lo bueno, sino que también lo reconocemos en cada aspecto de nuestra vida, les transmitimos a nuestros hijos un mensaje importante: siempre tenemos algo por lo que estar agradecidos y, muchas veces, tenemos una abundancia de bendiciones por las cuales agradecer.

Rodea a tus hijos con la actitud de gratitud y observa la alegría fluir en tu hogar. Léeles libros sobre niños y adultos que son agradecidos. Dales pequeñas hojas para que escriban mensajes de agradecimiento a sus hermanos, padres, maestros y amigos. Ten una pizarra de agradecimiento para que la vean todos los que visiten tu hogar. Haz que el agradecimiento sea el tema de conversación en tu mesa. La actitud de gratitud debe estar presente en cada aspecto de nuestra vida.

3. Escríbelo.

Escribir es un acto poderoso que nos ayuda a solidificar nuestros pensamientos, y a veces nos permite descubrir ideas que ni siquiera sabíamos que teníamos hasta haberlas plasmado sobre el papel. Se ha corroborado que llevar un diario de gratitud mejora considerablemente la salud física y el optimismo, incluso ayuda a la persona a lograr objetivos. Alienta a tus hijos a registrar cada mañana y cada noche 3-5 cosas por las que están agradecidos.

También pregúntales a tus hijos si quieren escribirle una carta de gratitud a alguien que haya tenido una influencia especial en ellos. Pregúntales si les gustaría escribirle una carta de gratitud a Dios por todo lo que Él hizo, hace y hará por ellos. Esta maravillosa práctica crea un lazo entre tus hijos y Dios, así como entre tus hijos y quienes los rodean.

Quizás lo más importante sólo sea recordar que somos el pueblo judío, el pueblo que agradece. Es parte de nuestro legado espiritual y, quizás, la gratitud haya dejado su impacto en nuestros cerebros con el pasar de las generaciones, así como ha impactado nuestra espiritualidad. Cuanto más expresas gratitud, más se la transmites a tus hijos y a las futuras generaciones.

Segun citado de, http://www.aishlatino.com/a/s/Como-programar-tu-cerebro-para-ser-feliz.html?s=mm

El Rebe y el líder reformista

El Rebe y el líder reformista

Crecí en Boston en las décadas del 20 y del 30, sin educación judía de ningún tipo. Cuando llegó el momento de mi bar mitzvá, un tío muy amable me llevó a la sinagoga y me explicó cómo decir la bendición antes y después de la lectura de la Torá. Luego volví a mi hogar y me puse a jugar hándbol contra el costado de la casa, como si nada hubiera pasado. Esa fue toda mi educación judía hasta la universidad.

En la Universidad de Massachusetts, me metí en Hillel, la organización judía del campus, y en Avika, una organización sionista que tenía una sede en Catskills. Como resultado, me interesé por el cumplimiento de los preceptos de la Torá y por mudarme a Israel para trabajar la tierra. Sin embargo, se interpuso la Segunda Guerra Mundial. Serví en la marina mercante, y cuando terminó la guerra me inscribí en una escuela rabínica progresista, el Instituto Judío de Religión, dónde estudié para ser rabino reformista y me interesé por la cábala. Este interés me llevó a estudiar con un místico llamado Shin Tzadik Setzer, y a escribir el libro Nine and a Half Mystics (Nueve místicos y medio), que fue publicado en 1969.

Mientras tanto, fundé una congregación reformista, el Temple Israel en South Orange, Nueva Jersey y también incursioné en el periodismo. Así fue como tuve mi primer encuentro con el Rebe, en 1955, mientras escribía un artículo acerca de Jabad Lubavitch para la revista Commentary.

El Rebe me concedió una entrevista, y fue extraordinariamente atento para responder mi gran cantidad de preguntas. Yo era consciente de que había mucha gente afuera esperándolo, por lo que traté de ser conciso, pero él me dijo “No, está bien, podemos continuar”. Y hablamos largo rato.

Regresé a mi hogar profundamente impresionado, pero también tenía más preguntas. Estaba ansioso por encontrarme con el Rebe otra vez, y lo hice. También asistí a reuniones de Jabad —los farbrenguens— donde el Rebe hablaba. Finalmente, sentí que tenía el material suficiente para escribir un artículo responsable acerca del movimiento de Jabad. De hecho, escribí dos largos artículos que publicó Commentary. La reacción del público fue muy satisfactoria, y hasta la revista Time respondió con una crítica positiva.

Por ese tiempo, Jabad comenzaba a expandirse, y ya contaba con algunos centros a lo largo de Estados Unidos y en otros países también. Esto concordaba con la directiva del Rebe de “difundir las fuentes” del jasidismo. No tengo dudas de que yo fui un medio para este fin. De hecho, yo mismo me volví, en esencia, un jasid de Jabad aunque continué siendo un rabino reformista y dedicándome a mi congregación.

De algún modo, el Rebe me trató como su “emisario en el movimiento reformista”. Me pidió específicamente que siempre defienda la Torá cuando me sea posible, y que añada mitzvot a la observación del movimiento reformista siempre que pueda.

Lo hice. Y durante este tiempo —aunque no por mi intervención— el movimiento reformista se volvió más observante. El pronóstico del Rebe acerca de lo que estaba por suceder fue correcto.

Trató de influenciarme para que me hiciera más observador de la Torá. Cuando mi madre murió, él me escribió una breve carta de condolencias, como la que podría escribir para muchas personas que han perdido un ser querido. Y luego escribió una posdata de casi dos páginas.

En la posdata me llamó a ser un ejemplo, dentro del movimiento reformista, de lo que la tradición judía pide de nosotros. Pero también dijo: “Incluyo esto como posdata, para que sepas que no quiero aprovecharme de tu dolor para sugerirte que vivas una vida más llena de mitzvot. Lo incluyo como posdata para separarlo de mis condolencias”.

En otra ocasión, discutía con el Rebe las diferencias entre el movimiento de Jabad y los movimientos reformista y conservador. El Rebe dijo que cuando uno hace una pregunta acerca de la ley judía a un rabino reformista o conservador, su respuesta toma en cuenta cada posibilidad: dirá que se puede hacer esto, que se puede hacer lo otro, que se puede hacer mucho, que se puede hacer más, que se puede hacer menos, y al final te invitará a tomar tu propia decisión, y dirá que no debes sentirte culpable por ella.

Como me dijo el Rebe: “La gran falla de los movimientos conservador y reformista no es que intentan llegar a un consenso, sino que santifican ese consenso, acallan la conciencia, y no dan posibilidad al retorno”.

Por su parte, cuando se hace esa pregunta a un rabino de Jabad, la respuesta tomará en cuenta tu potencial. Puede presentarte opciones. Si no puedes cumplir todas las mitzvot en este momento, puede darte la opción de hacer lo que puedas ahora, y gradualmente tratar de hacer más, para finalmente cumplir con lo que Di-s pide.

El Rebe volvió sobre este tema una y otra vez, alentándome a dar los pasos que pudiera para incrementar gradualmente mi cumplimiento y ayudar a otros a hacer lo mismo.

Le pregunté al Rebe qué consejo tenía para las personas que querían volver al judaísmo de alguna forma. En su respuesta, el Rebe invocó al profeta Eliahu, que le dijo al pueblo judío: “No intenten bailar entre dos opiniones. No intenten moverse a los dos lados de la cerca, por así decirlo. Tomen una decisión firme”. “Incluso si no puede hacer todo la primera vez, tomen una decisión y digan: ‘Esta es la Torá. Estos son los mandamientos. Esto es lo que, gradualmente, intentaré cumplir’. Y comprométanse con todo el corazón”.

La última vez que hablé con el Rebe, estaba con cientos de otras personas que esperaban recibir su bendición. Cuando me acerqué a él, me dijo: “Es momento de volver a tu congregación —todavía lideraba una congregación reformista, y él lo sabía— ahora puedes anunciar que eres un judío ortodoxo, y que siempre lo fuiste”.

Lo hice. En la celebración de mi retiro de la sinagoga, luego de los discursos usuales, dije: “Hay algo que debo decirles. Algo que le prometí al Rebe. Le escribí acerca de Nine and a Half Mystics y me dijo: ‘Quiero que seas diez’. Yo quiero ser diez; quiero ser un judío ortodoxo. De hecho, siempre fui un judío ortodoxo, pero no lo he practicado. Pero ahora realmente quiero ser un judío ortodoxo, para que sean diez en vez de nueve y medio”.

Segun tomado de, https://es.chabad.org/library/article_cdo/aid/3020720/jewish/El-Rebe-y-el-lder-reformista.htm

¿Qué es lo que el “Shema Israel” realmente proclama y por qué es tan importante?

Nuestro Lema

¿Qué es lo que el “Shema Israel” realmente proclama y por qué es tan importante?

Cada grupo humano tiene un lema que expresa su razón de ser y su valor máximo.

¿Cuál es el lema del judaísmo?

Creo que es indiscutible que la expresión máxima y más ubicua de la fe judía es un versículo que aparece en la lectura bíblica de Vaetjanan1 : Shema Israel, Ado-nai E-loheinu, A-donai Ejad, Oye Israel, D-os es nuestro poder y energía, D-os es Uno2 .

El judío tiene la obligación de pronunciarlo por lo menos dos veces cada día, una vez en la mañana y la segunda vez en la noche.

Dicha proclamación está escrita en las Mezuzot que fijamos en los marcos de nuestras puertas y está escrita en los Tefilin que colocamos en nuestro brazo y cabeza.

Está entre las últimas palabras que uno pronuncia antes de dormir cada noche como también antes de irse de este mundo.

Veamos qué quiere decir y por qué es tan significativa.

Razón de ser

La Carta Fundacional del pueblo judío, la Torá, se basa precisamente en este valor: reconocer a D-os como Creador del mundo y vivir en consonancia con Su voluntad.

Vivimos hoy en una sociedad que ve la fe en D-os con ojos bastante cínicos. Lo ven más como un escape de la realidad que como una percepción más profunda de la realidad. “¡Mirá cuánto daño se ha hecho en nombre de D-os!” dicen. Creer en D-os o invocar un valor bíblico no es muy “políticamente correcto” hoy en día que digamos. No “vende”.

Este desafío lo tuvimos que enfrentar desde que nuestro patriarca Avraham apareció en escena en Ur de las Caldeas hace unos 3.800 años. Sus ideas fueron muy políticamente incorrectas. Es por esa razón que se llamaba Avraham Haivrí, el “hebreo”, ya que “éiver” quiere decir “orilla” y mientras todo el mundo estaba de un lado, el del politeísmo, Avraham estaba solo del otro lado, el del Monoteísmo. No ser políticamente correcto parece ser parte de nuestra herencia milenaria.

¿Qué es lo que el “Shema Israel” realmente proclama y por qué es tan importante?

Lejos de ser una superstición de los debiluchos o de los “intelectualmente desafiados”, la proclamación de la existencia de un D-os único es una afirmación de una realidad que cada vez se va afirmando más por medio de la propia ciencia.

La esencia de la proclamación del Shemá Israel no es simplemente que hay un único D-os, sino que, en realidad, hay una sola existencia. Todo lo que vemos es nada más que una manifestación visible y limitada de una y la misma energía infinita (que denominamos “D-os”).

Es por eso que la proclamación no dice que D-os es “único”, sino que es “uno”; todo lo que parece existir es nada más que una manifestación de ese mismo “uno” todo abarcador.

A medida que la ciencia va avanzando va descubriendo que la realidad es más profunda, complicada y unida de lo que parece.

Con el descubrimiento de los átomos y partículas subatómicas, por ejemplo, aprendimos que el mundo por más que parece sólido al tacto, en realidad consiste mayoritariamente de campos de energía invisibles.

Con la teoría de la mecánica cuántica, logramos una percepción de unión universal que parece ser más una cuestión de fe que de ciencia. No soy experto en el tema, pero de lo poco que he leído al respecto, me da la sensación de que la ciencia va en dirección de afirmar lo que proclamamos durante milenios en el Shemá Israel: que todo es parte del mismo “Uno”.

Tefilín

Uno de los preceptos más emblemáticos del judaísmo es el de los Tefilín. De hecho, el judío celebra la transición de su niñez a su adultez, colocándose los Tefilín por primera vez y a partir de ahí, diariamente.

Los Tefilín contienen cuatro párrafos de la Torá que hablan de la unidad de D-os, su Providencia y nuestro deber de servirLo.

Uno de los cuatro párrafos que los Tefilín contiene es justamente el que comienza con el versículo de Shemá Israel. En dichos párrafos3 dice que debemos atarlos como señal sobre el brazo y sobre la cabeza.

Todos los días (menos Shabat y días festivos) colocamos los Tefilín en el brazo y sobre la cabeza. Se acostumbra colocar los Tefilín y tenerlos puestos durante la plegaria de la mañana. Si por alguna razón uno no llegó a colocarlos de mañana, puede colocarlos durante cualquier momento del día, hasta la puesta del sol.

El motivo por el cual los colocamos sobre el brazo – a la altura del corazón – y la cabeza es para ayudarnos a canalizar nuestros pensamientos, sentimientos y acciones hacia el servicio de D-os.

Colocamos los Tefilín primero sobre el brazo y luego sobre la cabeza para reafirmar la proclamación histórica que hicimos cuando D-os nos ofreció la Torá: Naasé Venishmá4 , “Haremos y entenderemos”, o sea asumimos el compromiso de cumplir con los mandatos Divinos aun antes de entenderlos.

Según el Talmud5 colocarse los Tefilín tiene el poder especial de imponer terror en los enemigos de Israel. Es por esto que previo a la Guerra de los Seis Días, el Rebe inició su famosa Campaña de Tefilín, llamando a todos los hombres judíos a colocarse los Tefilín para así fortificar las defensas de nuestro pueblo en todas partes, especialmente las de nuestros hermanos y hermanas que viven en nuestra querida Tierra de Israel.

¿Qué tiene que ver la colocación de Tefilín en cualquier lugar del mundo con la protección de nuestros hermanos en Israel?

Todo el pueblo judío compone un organismo espiritual. Estamos todos entrelazados e interdependientes. Somos como órganos de un mismo cuerpo. Cuando se inyecta un medicamento en una parte del cuerpo afecta a todo el cuerpo y ayuda a la parte que más lo necesita.

Mezuzá

Otro de los preceptos muy visibles del judaísmo, la Mezuzá, también tiene su origen en la lectura , Eikev, y , Vaetjanan. La Torá6 nos encomienda que escribamos dos párrafos de la Torá,7 y que los coloquemos en los marcos de nuestras puertas. En dichos párrafos habla de la unidad de D-os (El Shemá Israel), de nuestro deber de servirlo y de sus consecuencias.

Nuestros sabios explican que la Mezuzá tiene la propiedad de proteger a los habitantes de la casa, tanto mientras estén adentro como afuera de ella.

La Mezuzá no funciona como un amuleto; es el mérito del cumplimiento del precepto Divino lo que genera dicha protección. Para que la Mezuzá funcione tiene que ser “Kasher” o sea en óptimas condiciones. Tiene que cumplir con las normas halájicas referentes a su elaboración y detalles de su escritura. Consulte con su rabino por más detalles.

En estos momentos tan especiales para nuestro pueblo es oportuno revisar y optimizar nuestro cumplimiento de dichos preceptos.

Notas al Pie
1.Deut., 3:23 – 7:11
2.Ibid, 6:4
3.ibid, 6:4 – 9, 11:13-21, Exodo, 13:1-10, 11-16
4.Exodo, 24:7
5.Talmud, Berajot, 6a
6.Deut., 6:9, 11:20
7.Deut., 6:4-9 y 11:13-21

When the Jews Believed in Other Gods

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2,200-year-old altar with bull: Somebody was worshipping gods other than Yahweh (Gil Cohen Magen)

By Elon Gilad

There is but one God, according to Jewish religious dogma. No other exists. We tend to assume that our forefathers devoutly believed the same. But the truth is that the Bible also shows, time and again, that wasn’t the prevailing system of belief among the ancient Israelites.

The different scribes who wrote most of the biblical canon believed the incorporeal world was populated by a multitude of gods, but that the Hebrews should not worship any of these other deities, only Yahweh (which is what scholars call henotheism or monolatry). This is explicitly stated in the Second Commandment: “Thou shalt have no other gods before me” (Exodus 20:3).

The verse “Who is like unto thee, O Lord, among the gods?” (Exodus 15:11) is even more explicit about  other gods existing alongside Yahweh.

Among the books of the Bible we find reference to a great many other gods, sometimes with explicit references to miracles performed by them. These gods are generally members of the West Semitic pantheon of gods, those worshipped by people speaking languages closely related to Hebrew.

It came to encompass

Arguably the most important of these gods was Ba’al (“master”), who is mentioned about 90 times in the Bible. Ba’al was an honorific title of the god Hadad, in much the same way that “Adonai” (“my master”) is an honorific title for Yahweh.

Ba’al/Hadad was the West Semitic storm god, responsible for bringing the rains. His cult was thus particularly important in arid regions, where an especially dry winter could result in mass starvation. The historic books of the Bible recount an ongoing competition between the worship of Yahweh and Ba’al, eventually resulting in the supremacy of Yahweh. It seems however that the Israelite devotion to their intangible deity stemmed in part from Yahweh coming to encompass certain characteristics of the pagan god.

One explicit contest is presented in 1 Kings 18. It sounds like nothing so much as a competition like “Israel’s Next Top God,” in which the prophet Elijah and Yahweh compete for the heart of Israel against 450 priests and their god Ba’al.

The people of Israel assemble in Mount Carmel (roughly where Haifa is today) to view the competition, the story relates. Elijah begins the contest, as prophets do, by chiding the people: “How long will you waver between two opinions? If the Lord is God, follow him; but if Baal is God, follow him.”

The issue is to be decided by a miracle. Each side sets up a pyre on which a slaughtered bull is to be sacrificed. The priests of Ba’al are to beseech their god to set their pyre ablaze, while Elijah is to do the same with his Yahweh and his pyre.

Predictably, Ba’al’s pyre does not ignite, while that of Yahweh does, even though Elijah doused it with water just to make it harder. The people of Israel choose Yahweh as their god and kill the 450 priests of Ba’al to a man.

To drive home the point of Yahweh’s supremacy, the Bible tells us that after this, a storm arrived and heavy rain fell. It is Yahweh who controls the rains, not Ba’al.

The victory of Yahweh

It seems that what this story and other biblical stories like it are telling is that the belief in Yahweh supplanted the worship of Ba’al. In fact it seems that in some ways, Yahweh subsumed Ba’al, taking on his attributes and powers.

In some of the Bible’s more poetic texts, Yahweh is presented as a storm god in very much the same language that Ba’al is described:

At the brightness that was before him his thick clouds passed, hail stones and coals of fire. The Lord also thundered in the heavens, and the Highest gave his voice; hail stones and coals of fire. Yea, he sent out his arrows, and scattered them; and he shot out lightnings, and discomfited them” (Psalms 18:12-14).

Of course, Ba’al is not the only god of the West Semitic pantheon to be mentioned in the Bible. Ba’al’s father, Dagon, the god of the harvest, also makes an appearance, again in stories aimed at showing Yahweh’s superiority over him.

In 1 Samuel chapter 5 we are told that after the Philistines captured the Ark of the Covenant, they took it to the Temple of Dagon in Ashdod. But this resulted in the miraculous destruction of his cult statue. Yahweh wins again.

Dagon’s father was El, the head of the West Semitic pantheon. The name Israel, shows that El was originally the tutelary god of Israel (it’s right there in the name!), but over time, Yahweh took El’s place:

“When the Most High (El Elyon) divided to the nations their inheritance, when he separated the sons of Adam, he set the bounds of the people according to the number of the children of Israel. For the Lord’s (Yahweh’s) portion is his people; Jacob is the lot of his inheritance” (Deuteronomy 32:8-9).

In this ancient text, we can see that El and Yahweh were still perceived as being two separate deities, with Yahweh subordinate to El. But as time went by, El and Yahweh became conflated: the two deities began to be seen as one and the same.

In Exodus 6:3 God tells Moses: “I appeared unto Abraham, unto Isaac, and unto Jacob, by the name of God Almighty (El Elyon), but by my name Jehovah was I not known to them.” Thus the ancients only knew God as El, but as time went by they discovered that El was just another name of Yahweh.

The cult got about: Stela showing king Thutmose IV adoring a goddess, probably Astarte Osama SM Amin FRCP

El had a consort, the goddess Asherah, and as Yahweh took El’s place, Asherah became Yahweh’s consort. We are told that the Asherah was worshipped in the earliest Temple of Jerusalem – not explicitly, but we are definitely told that her symbols were removed from the Temple, so they had to be there in the first place (1 Kings 15:13 and 2 Kings 23:14).

It was only at the very end of the First Temple period, during the reign of King Josiah (the second half of the 7th century B.C.E.) that the cult objects of Asherah were taken out of the Temple, quite dramatically. There are quite a number of references to Josiah’s monotheistic reforms, such as:.

“Josiah smashed the sacred stones and cut down the Asherah poles and covered the sites with human bones” (2 Kings 23:14, New International Version)

Actually El was the father of many gods besides Dagon, several of whom were explicitly mentioned in the Bible.

Mot, the personification of death, is described in several passages as a deity. In Job 18:13 he is said to have a son, and in Habakkuk 2:5 we are told he opens his mouth wide and swallows souls.

Another of El’s sons was the sea itself, unimaginatively called Yam (the Ugarit and Hebrew word for “sea”), though the Bible calls the god “Rahab”. For example Job 26:12 says that God “divideth the sea with his power, and by his understanding he smiteth Rahab.” Legends of a storm god such as Ba’al defeating the sea are very common in the Ancient Near East.

Things you can’t look at: Yahweh, and the sun

The sun and the moon, dawn and dusk, as well as other natural phenomena were also deified in ancient West Semitic religions and likely in ancient Israel too, though it is less apparent in the Bible.

It is likely that Beit Shemesh was a center of sun worship since the place name literally means “House of Sun.” Jericho was probably at some point a center for moon worship. The city’s name in Hebrew is “Yerikho”; and the Hebrew word for the moon is Yarekh, which other West Semitic languages use as the name of the moon god.

Tel Qeiyafa, Beit Shemesh Gil Eliyahu

The Bible does refer to the sun and moon of course, often showing that God has total control over them such is when he stops them in the sky (Joshua 10:13), but it doesn’t refer to them explicitly as personified deities.

Yet the ancient Hebrews clearly adored them just like the other West Semites did. Ezekiel (8:16) recounts seeing people worshiping the sun in the Temple. We can infer this because the bible specifically condemns their worship, and we are told that Josiah took actions to stomp out the cult in the late First Temple period, the second half of the 7th century B.C.E. These actions included removing cult objects from the Temple itself (2 Kings 23:11).

The Bible also recounts that the ancient Hebrews worshipped a god named Moloch, who was associated with the Ammonites and with child sacrifice. This worship too was stamped out by Josiah in the same reform (e.g. 2 Kings 23:10).

The historic books of the Bible were written by a “Yahweh only party” and are thus keenly critical of the worship of other gods in Judah. Still, it is clear from their description that polytheism was the norm in the First Temple period. It was only during King Josiah’s reform that the “Yahweh only party” really took control and began pushing other gods out of Judean minds.

But note that they didn’t claim other gods did not exist. They only stated that their worship was forbidden by Yahweh, or as Exodus 34:14 has it: “For thou shalt worship no other god: for the Lord, whose name is Jealous, is a jealous God.”

It was apparently only during the Babylonian Exile (about 586 B.C.E. to 500 B.C.E) and the following Second Temple period (500 B.C.E. to 70 C.E.), that Judaism progressed from the belief that Yahweh is the only god that should be worshipped, to the belief that he is the only god that exists. I.e., monotheism was born.

This view is stated clearly in the words of Second Isaiah written at the very end of the Exilic period and the very beginning of the Second Temple period: “This is what the Lord says— Israel’s King and Redeemer, the Lord Almighty: I am the first and I am the last; apart from me there is no God” (Isaiah 44:6).

As taken from, https://www.haaretz.com/archaeology/.premium.MAGAZINE-when-the-jews-believed-in-other-gods-1.6315810?utm_campaign=newsletter-daily&utm_medium=email&utm_source=smartfocus&utm_content=https%3A%2F%2Fwww.haaretz.com%2Farchaeology%2F.premium.MAGAZINE-when-the-jews-believed-in-other-gods-1.6315810

The Revelation is Taking Place Today!

By Rabbi Nathan Lopes Cardoso

“Be Careful and Guard your Life Diligently,
Lest You Forget The Events That Your Eyes Saw.” (Devarim 4:9.)   

In Pirkei Avot, we find a rather radical statement made by one of the Sages: “Rabbi Dostai bar Yannai said, in the name of Rabbi Meir: ”Whoever forgets [even] one word of his [Torah] learning, the Scripture considers him worthy of death”,[1] as it is said: “Be careful and guard your life diligently, lest you forget the events that your [own] eyes saw [at the Revelation at Mount Sinai], and lest they depart from your heart all the days of your life; and you shall teach your children and grandchildren about the day that you stood before God, your Lord, at Chorev…”.[2]

Why should people’s failure to remember a detail of Torah that they learned be considered proof that they forgot what they had seen with their own eyes when they stood at Sinai? Besides the fact that forgetfulness is a normal human condition, there is also a great difference between the power of sight and the act of learning. Regarding the people of the generation that stood at Sinai, we understand why they should be liable. They actually witnessed the Revelation, which must have been an unforgettable experience! But why should those who did not see the Revelation at Sinai, but “only” learned Torah and subsequently forgot part of it, be liable as well?

How could Rabbi Dostai compare people who live thousands of years after the Revelation with those who actually stood at Sinai and witnessed the entire drama, even seeing thunder and the sound of the shofar?[3] It was an event during which human faculties functioned on levels that were beyond normal.

In his commentary on the Torah, Ramban states that the verse in Shemot clearly focuses on the circumstances under which the Torah was given and not on the actual contents of the Torah. In that case, it is even more difficult to see how the observation by Rabbi Dostai is supported by the verse he quotes as his proof. He points to the fact that those who learn the contents of the Torah and then forget what they learned are liable to pay with their lives, but his proof is derived from a statement that speaks of the need to keep alive the circumstances under which the Torah was given, not its content.

It is rather interesting to note that the Sinai experience never gave rise to a special day in the Jewish calendar. Although it is true that Shavuot is traditionally seen as the day of the giving of the Torah, it is still remarkable that there is no such connection made in the biblical text; it was the Sages who made this association. Shavuot appears mainly as a festival celebrating the new harvest.[4] The Torah does not command us to observe a special mitzvah to re-enact this unique moment in Jewish history, as is the case with the Exodus from Egypt and the Israelites’ sojourn in the desert. These historical events are translated into numerous mitzvot, such as eating matzah on Pesach and dwelling in the sukkah on Sukkot.

We must therefore conclude that while the Exodus and the desert travels need to be commemorated every year, there is no such necessity regarding the Revelation at Sinai. On Pesach and Sukkot we celebrate events that took place in the past, and by re-enacting them through observing their relative commandments, we can experience them once more.

This is not the case with regard to the Revelation, and this extraordinary fact begs the question: why?

I believe the reason for this is most telling. One does not commemorate something that takes place in the here and now, just as it would be offensive to memorialize a human being who is still alive and in our midst.

By refusing to commemorate the Revelation at Sinai, the Torah makes the crucial point that it is not a past experience that needs to be re-enacted in the present, as we do with Pesach and Sukkot. It is an ongoing adventure! At Sinai, the Revelation began but never ended. Its extraordinary circumstances remain and persist. And how does this happen? Paradoxically, it endures through the Torah itself, by its study and contemplation. Learning Torah is itself revelation!

The Torah is not a record of what once happened at Sinai; it is an experience that takes place now while we study it. Yes, it is rooted in the moment at Sinai when it began to penetrate our universe, but that moment continues to unfold.

Consequently, learning Torah is neither the study of what happened a long time ago nor a record of what God once commanded humans to do. Rather, it is an encounter with the divine word at this present moment. Torah learning is made up of elements that are completely different from those of any other study known to humanity.

It is an encounter not with a text but rather with a voice. And what is required is not only listening to this voice, but also using a type of high-level hearing, which results from actively responding to the voice. This is accomplished, amazingly enough, through the careful observance of the commandments. The divine voice is captured and becomes tangible in the fulfillment of the mitzvot. “One hears differently when one hears in the doing,” said Franz Rosenzweig, famous philosopher and ba’al teshuvah.[5]

In other words, there is an experiential difference between the secular act of reading or studying a text and the religious act of learning Torah. Rosenzweig tells us that there is a great distinction between the giving of the Torah and the receiving of the Torah. The Torah was given once, but receiving it takes place in every generation. The underlying question is whether the Torah is a historical document, which can only be understood in its historical context (such as what Bible criticism is involved in), or whether its teachings are meant to detach themselves from their historicity.

Rabbi Dostai alludes to this very question. He maintains that the Torah is made of heavenly stuff, and history is only its most basic and external feature. Therefore, it does not conform to the criteria of history and its confines. One can only forget that which was, and consequently was only rooted in history; one cannot forget what is and what is beyond history.

Learning Torah is equivalent to standing at Sinai. Learning Torah is hearing it and consequently seeing its contents transmitted at Sinai in the here and now. So the learning of its text is a religious happening, the experience of something that normally can only be recalled. The moment one forgets Torah, one transgresses “Lest you forget the events that your eyes saw.” This can mean only one thing: when people have reached the point where their Torah knowledge has been forgotten, it must be the result of having merely read something instead of having heard or seen it!

When a person learns Torah as a religious experience and hears its revelation, the gap of several thousand years—from the Revelation until now—no longer exists. Accordingly, Torah is given today, and Rabbi Dostai draws our attention to a major foundation of Jewish belief.

It is indeed a terrible tragedy that very few people today hear Torah, while the majority keeps on learning it. If they would start listening, the question of whether or not the Torah is really from Heaven would never even be asked. Bible criticism would no longer be convincing and would easily be defeated.

It would behoove Roshei Yeshiva and teachers to create an entirely different mode of education. They have an obligation to ensure that their students hear Torah and Talmud, not just study them.

This, however, requires that the neshamot of the rabbis, teachers and students be set on fire. Alas, it seems we have lost that art!

NOTES

[1] Ethics of the Fathers 3: 10.

[2] Devarim 4: 9-10

[3] Shemot 20: 15.

[4] Vayikra 23: 9-22.

[5] Franz Rosenzweig, On Jewish Learning, ed. N.N. Glatzer (Madison, WI: The University of Wisconsin Press, 1955) p. 122.

As taken from, https://www.cardozoacademy.org/thoughts-to-ponder/parashat-vaetchanan-the-revelation-is-taking-place-today/?utm_source=Subscribers&utm_campaign=d19a7fe48e-Weekly_Thoughts_to_Ponder_campaign_TTP_548_COPY_01&utm_medium=email&utm_term=0_dd05790c6d-d19a7fe48e-242341409

Perceptive Counseling – Parashat Devarim

By Rabbi Y. Ginsburgh

Truly wise individuals have an innate understanding of the psyche

In the Torah portion of Devarim, Moses begins his final speech and directive to the Jewish People before they enter the land of Israel under Joshua’s leadership. Moses reminds the congregation how difficult it had been for him to bear the responsibility of the people alone. To help him in this monumental task, he sought, “[Righteous] men who are wise, perceptive and known [i.e., accepted by their tribe as worthy of being a judge].”[1]

Moses continues to relate how he appointed the men chosen by the people. However, the verse states that they were, “Men who are wise and known.” The missing adjective implies that in practice, the judges who Moses elected were not “perceptive” (נְבֹנִים).

Two Levels of Perception

Wisdom is the inspiring power of innovation. It appears like a flash of lightning, something from nothing. In contrast, “understanding” is the power to develop the initial insight to reveal all its details. Rashi interprets perception as the ability, “to understand one thing from another;” something from something.

The Rebbe (Rabbi Menachem Mendel Schneerson), following the Arizal, outlines two levels of understanding. The first level is the power of deduction: a person studies a general rule and is able to deduce the details from that rule. In this case, the individual is inspired by others to develop their ideas and implement them in reality. He does not innovate any new ideas.

This level of perception sufficed for Betzalel, the primary artisan of the Tabernacle. He deduced the specific form of the vessels from the general measurements that he received from Moses. This is a relatively low level of perception.

The second, higher level of understanding is a penetrating form of meditation. By meditating on the object of his study, the truly perceptive individual is able to innovate new ideas of his own.

Psychological Perception

In Chassidut, this type of revelation is achieved by deeply contemplating the “immanent light” until one perceives the “surrounding light.” Similar to the scientific “eureka” experience, by focused meditation on the “raw material” of the world, one suddenly reveals the Divine vitality that is the heartbeat of its existence. This is a quantum leap to a new dimension of understanding.

This is also true if the “object” of our study is another person. By contemplating another individual with compassion, we suddenly come to a new realization about him or her. The Arizal, for example, was so perceptive that he perceived previous reincarnations of the individual’s soul. Perception is the profound ability to understand the mysteries of the human psyche.

It was this state-of-the-art perception that Moses sought in the men he appointed.

The judges were wise, i.e. well-versed in Torah law and thus worthy of being judges. They were men of good deeds and virtuous repute. Yet, they lacked the ability to penetrate the psyche of those who approached them. The judges could not modify their response to reflect the deeper needs of those under their authority.

Torah knowledge, impeccable character traits and righteous actions are important virtues that every public official should develop. But, these qualities are not enough to make a good counselor. A mentor needs a deep understanding of human character. Such a counselor is able to offer sound advice that is soothing and palatable to those troubled souls who seek his guidance.

The judges were appointed even though they did not have this quality. Perception may be dispensable in a judge, or in a rabbinical authority. Such individuals must judge according to the reality that they see. A counselor should carefully nurture this essential quality.

Moses sought wise men who are also perceptive; those who can accomplish the dual task of being a righteous judge and a caring mentor. This is expressed in the verse from “Isaiah’s Vision” (the haftarah of the Torah portion of Devarim), “And I will restore your judges as at first and your counselors as in the beginning.”

Pele Yoetz

The ultimate judge and counselor is Mashaich, who will be the perfect mentor, “And I shall call his name, “Pele Yoetz.” Pele Yoetz means “A wondrous counselor.” Such a counselor is able to sense the wonder that is infused in every Jewish soul, and offers extraordinary advice to individuals and to the entire Jewish People

One manifestation of perceptive counseling is sensitive timing. When a wise individual offers his or her advice, he or she might offer sound counsel, but if the advice is given at an inappropriate moment, it may do more harm than good. Someone with true perception will take note of “one thing” (his or her friend’s current situation) and understand “another thing” i.e. that this may not be the right moment for the friend to accept his or her advice (however good it may be). In such a case, offering the advice at the right moment is crucial to its success.

It is the task of Mashiach, “a wondrous counselor,” to teach us how to incorporate perceptiveness into our own psyches. The numerical value of the four letters of Mashiach when spelled in full (מם שין יוד חית) is 878. This is equal to the numerical value of the phrase, “one thing from another” (דָּבָר מִתוֹךְ דָּבָר).

Mashiach, the ultimately perceptive individual is just waiting for the right moment to reveal himself to the world.

From Rabbi Ginsburgh’s class, 4 Menachem-Av 5772

[1] Deuteronomy 1:13.

As taken from, http://www.inner.org/parshah/deuteronomy-dvarim/devarim/perceptive-counseling-parashat-devarim