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Reflexiones posteriores sobre la pandemia: ¿la mancha negra o la página blanca?

10 Apr

Por Rabbi Dr. Nathan Lopes Cardozo

William Shakespeare, un agudo observador de nuestro mundo, escribió una vez: “La vida … es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y furia, que no significa nada”. [1]

Mucha gente podría estar de acuerdo con esta observación. Nuestras vidas parecen estar rodeadas de guerra, destrucción, hambre y enfermedad, sin fin y sin mucha esperanza. Los filósofos, científicos y médicos continúan buscando soluciones, pero no solo seguimos sufriendo ataques terroristas en muchos países civilizados, y vemos grandes desastres en casi todas las partes del mundo; sino que tenemos la impresión de que la situación global va de mal a peor. Cada enfermedad que se supera es reemplazada por una aún más grave; y muchos acuerdos de paz son violados invitando escenarios más desastrosos.

Sin embargo, esto es solo una parte de un cuadro  que reposa en una condición psicológica que muchos de nosotros sufrimos. Si lo miramos más de cerca, nos recuerda un tipo de lashon hará (chisme), no sobre nuestros semejantes, sino sobre nuestro mundo.

El discurso malvado refleja que la desconfianza en uno mismo tiene sus raíces en una subyacente inseguridad. Se basa en una ilusión óptica, similar a dos ascensores de vidrio adyacentes que se mueven en direcciones opuestas. Cuando uno desciende, los pasajeros del otro ascensor sienten que se mueven hacia arriba. De manera similar, al enfatizar las fallas de otro, uno trata de demostrar su propia perfección.

Aunque la epidemia del Corona virus aún no ha terminado, parece que estamos saliendo y es importante recordar que nuestro mundo es un lugar que contiene abundancia de bondad. La mayoría de los seres humanos somos decentes y respetuosos de la ley. Millones de personas llegan a sus residencias de forma segura todas las noches. Cientos de miles de aviones aterrizan todos los días sin el menor problema. La mayoría de los niños/as nacen sanos. El sol sale todas las mañanas sin excepción. Siempre hay suficiente aire para que todos puedan respirar. Millones disfrutan de estándares económicos más altos que los que jamás habían experimentado sus antepasados. La prevención o alivio del dolor ha mejorado drásticamente con el tiempo. Los sistemas de comunicación internacionales nos han puesto en contacto entre nosotros en todas las circunstancias, dondequiera que vivamos. Las lujosas casas para personas mayores han reemplazado las trágicas escenas de los ancianos que languidecen en las calles. Claramente, el matrimonio todavía se considera sagrado y ayudarse unos a otros se ve como algo virtuoso.

Cierto es que el mundo está lejos de ser ideal, pero al mirar nuestro globo como si se tratara de un papel blanco con una mancha negra, y se nos pregunta qué vemos, decimos “una mancha negra”, ignorando por completo el papel blanco. Es solo lo extraño, lo que está fuera de lugar, lo que nos llama la atención.

¿Por qué es esto? Porque lo bueno nos presenta un problema. La bondad nos expone a un orden superior de cosas. Nos exige que pensemos en aquello que le da sentido de nuestras vidas; porque es la belleza de la bondad la que toca nuestras almas. Escuchamos un murmullo proveniente de una ola que está distante, una que está lejos de nuestra costa. Aquí no podemos quejarnos, solo podemos contemplar. Y esto nos avergüenza, porque no queremos responder. ¿Qué sucede cuando la vida nos exige más de lo que queremos escuchar? Es que la bondad y la belleza nos recuerdan que nuestras vidas tienen un propósito moral y religioso.

Así que nos escondemos, profundizamos y creamos sistemas defensivos. Nos aseguramos de no estar expuestos a toda la belleza. Destacamos la mancha negra y negamos el papel blanco. Y todos estamos en buena compañía. Los medios de comunicación se convierten en nuestros aliados cada que nos ayudan informando los desastres y revelando las enfermedades. Todos sabemos que necesitamos informes mucho más equilibrados, pero no podemos darnos ese lujo. Es demasiado arriesgado.

Así que hablamos lashon hará sobre el universo, porque la exageración de todo lo que es malo en este mundo nos valida. Le damos un mal nombre para que podamos declarar que estamos bien donde estamos. La vida ya es bastante dura, apenas podemos sobrevivir; entonces, ¿quién tiene tiempo para lo verdaderamente significativo? Obligamos al ascensor de este mundo a descender para que podamos convencernos de que nos estamos moviendo hacia arriba, incluso mientras mantenemos nuestra mediocridad.

El propósito de la vida religiosa genuina es protestar contra esta ilusión óptica y enseñarnos a reenfocar nuestros espejuelos espirituales. No es que la religión nos muestre algo nuevo. Más bien, nos muestra lo que hemos visto durante toda nuestra vida pero que nunca hemos notado.

Su mensaje es claro. Cuando todo está dicho y hecho, hay una bondad deslumbrante en este mundo; hay orden en lugar de caos; hay diversidad, no sólo una monótona existencia; y sobre todo, está la gracia infinita de la acción humana.

El gran filósofo austríaco Ludwig Wittgenstein pensó que todos vemos el mundo como lo hace una mosca que mira desde el interior de una botella de vidrio transparente en la que está atrapada; limitada por confines más allá de su control. Cuando se le preguntó cuál es su objetivo en filosofía, Wittgenstein respondió: “Mostrar a la mosca el camino para salir de la botella”. [2] Mientras tanto, la mosca sigue intentando escapar golpeando el cristal. Cuanto más lo intenta, más se tambalea, hasta que cae exhausta. Su fracaso es, que no mira hacia la abertura que está en el tope.

El mundo post pandémico aún no ha salido de la botella, pero se está acercando a la cima. ¡Esperemos que pronto encuentre la apertura!

Notas:

[1] William Shakespeare, Macbeth.

[2] Des MacHale, Wisdom (Londres: Prion Books Ltd., 2002).

Traducido por: drigs, CEJPSR

Thought to Ponder: Afterthoughts on the Pandemic: the Black Spot or the White Page? (campaign-archive.com)

 
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Posted by on April 10, 2021 in Uncategorized

 

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