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Odiar a los judíos: la maldición duradera

29 May
Beny Shlevich, CC BY-SA 2.0 , via Wikimedia Commons

por Rabino Michael Lerner

En realidad, ni siquiera deberíamos llamarlo antisemitismo, una etiqueta designada para identificar el odio hacia los judíos por parte de los racistas de WASP[1] del siglo XIX, quienes perseguían etiquetar a cada grupo de personas en términos de su “raza”, aunque investigaciones biológicas y sociológicas posteriores han demostrado que el concepto de raza en sí mismo carece de legitimidad científica.

El odio a los judíos tiene una larga historia y múltiples niveles de causalidad. Por lo tanto, una campaña para desafiar y socavar ese odio tiene que comprender y desarraigar en todos los niveles.

El inicio se remonta cientos de años antes de que surgiera el cristianismo. En casi todas las sociedades antiguas, el dominio de clase y el patriarcado se sostenían no solo por la fuerza y ​​la violencia, sino también por enseñar a los poderosos y alfabetizados que no hay alternativa a sus órdenes existentes, y que de alguna manera las divisiones (de clase y patriarcales) están enraizadas en la estructura del propio universo. Así como era ridículo pensar que los humanos pudiéramos cambiar los ciclos del sol o la luna, también sería ridículo pensar que la esclavitud y el patriarcado podrían ser reemplazados. No es de extrañar, entonces, que los principales pensadores de las sociedades imperialistas romanas y griegas odiaran a los judíos. Una enseñanza central del judaísmo es que hay un poder en el universo, Yud Hey Vav Hey, que hace posible la transformación de “lo que es” a “lo que debería ser”; y que nosotros, el pueblo judío, somos la prueba viviente de esa posibilidad de transformación porque nosotros mismos fuimos esclavos y luego, a través de nuestro apego a esa fuerza, nos hicimos libres, demostrando que las estructuras de clase podían trascenderse. Por muy imperfectamente que encarnáramos eso en el Israel antiguo o ahora en el Israel moderno, la realidad es que los judíos en los imperios romano y griego fueron los participantes más consistentes en los intentos de derrocar a los imperialistas existentes, y lo han sido desde entonces.

Por supuesto que hubo muchos judíos que trataron de abrazar las élites existentes y decirles que nuestra lucha por la liberación no era algo que tomábamos en serio; que “simplemente era una religión que se implementaba en nuestros rituales para el shabbat”. Pero las élites no “compraron” esta historia, porque el relato central de la Torá era y continua siendo una historia revolucionaria. Entonces, aun  cuando los judíos no la creyeran, otros que lo escucharon por parte de los judíos, se sintieron conmovidos por la historia narrada (tal como sucedió cuando los esclavos africanos expuestos al contenido bíblico se identificaron con Moisés y la liberación del pueblo israelita). No es de extrañar, entonces, que las élites gobernantes hayan enseñado con frecuencia a su propio pueblo que los judíos son pervertidos, malvados, encarnaciones del diablo o, de otra manera, personas deshonestas y egoístas en las que no se puede confiar, en el mejor de los casos; y en el peor, son un veneno para la sociedad la cual necesita exterminarlos.

Y debido a que durante la Edad Media se les impidió legalmente (a los judíos) ingresar a la mayoría de ocupaciones o poseer tierras, muchos judíos vivieron en la extrema pobreza. Los pocos a los que se les permitió participar en el comercio fueron considerados deshonestos porque habían comprado bienes a un precio más barato del que los vendieron.

Esto se combinó con el cambio del cristianismo. Siendo esta una religión de amor una vez abrazada por Constantino y el imperio romano, y luego por la mayoría de las sociedades europeas durante el feudalismo, cambió.  El cristianismo enseñaba que los judíos habían sido responsables de la crucifixión de Jesús y que, por lo tanto, era un acto religioso santificado masacrarlos (tal como una rama del cristianismo enseñó y puso en práctica todos los años después de los sermones del Viernes Santo) o, como defendió San Agustín para mantenerlos en la pobreza y la miseria con el objetivo de demostrar lo que le sucede a un pueblo que rechazó a Jesús y “mató a Dios” (lo que sea que eso pueda significar). Y cuando Lutero buscó reformar el cristianismo y crear lo que luego vino a ser el protestantismo, magnificó las enseñanzas sobre la maldad de los judíos (enseñanzas que ayudaron a legitimar los programas, las leyes y las políticas de exterminio de Hitler que odiaban a los judíos). De manera similar, cuando Stalin y las élites de su falso régimen comunista se sintieron inseguros, se volvieron contra su población judía en Europa del Este para purgarlos del Partido Comunista en casi todos los países que el Ejército Rojo había conquistado durante la Segunda Guerra Mundial. El odio a los judíos había trascendido todos los demás aspectos de las creencias comunistas y socialistas en gran parte de un mundo anteriormente cristiano y, a menudo, es un elemento presente en los movimientos de derecha, incluso aquellos a los que algunos judíos ultra religiosos se han sentido atraídos por su apego aún mayor que al capitalismo.

Solo cuando muchos judíos, escapando de la opresión en Europa, buscaron refugio en los E.U.A. que este odio disminuyó temporalmente porque ya había un “otro degradado” en este país, a saber, los afroamericanos, por lo que el odio a los judíos se convirtió en un arma secundaria para élites gobernantes. Pero cuando el movimiento de derechos civiles, con la ayuda de una significativa participación judía, logró convencer a muchos sureños de que el racismo ya no era una base para defender sus divisiones de clase, algunos sectores de las élites del sur se unieron a otros que nunca habían echado a un lado el odio a los judíos. Sin embargo estos elementos, en su mayoría marginales en la sociedad estadounidense durante el medio siglo que siguió a la Segunda Guerra Mundial, ahora han resurgido en la derecha inspirada por Trump y podrían llegar a desempeñar un papel más generalizado en Occidente si las élites se vuelven cada vez más inseguras sobre su capacidad para resistir.

El surgimiento de la conciencia pacifista, feminista, antirracista y medioambiental en las décadas de 1960 y 1970 llevó a esas élites a utilizar a una estrella del cine pop llamado Ronald Reagan como una forma de volver a darle valor temporal a la clave de su gobierno, a saber, la celebración de la riqueza en unión a la degradación de los pobres y a la gente de la clase trabajadora, a sus sindicatos, y a la reutilización de ideas racistas sobre los afroamericanos a quienes demonizaban como “vagos” y “viviendo del dinero de la asistencia social que no se habían ganado”.

Pero cuando esa celebración del egoísmo llevó al colapso a las firmas de inversión y a los bancos que habían enriquecido al tope del 1% más rico durante la “Gran Recesión” de 2007-2012, algunos de ellos suspendieron momentáneamente su discurso racista para abrazar la narrativa anti-ideológica de Obama para que los rescatara. Una vez se estabilizó el colapso, el movimiento “Occupy Wall Street” fue marginado y en gran medida desapareció. Fue así como  las élites más asustadas ayudaron a financiar la “captura” del Partido Republicano por parte del Tea Party, haciendo del mismo un ente explícitamente a favor de la riqueza y las empresas. Entonces, cuando otro actor de los medios de comunicación y rico corredor de bienes raíces llamado Trump logró exacerbar el racismo contra los mexicanos y afroamericanos; no pasaría mucho tiempo antes de que él y sus partidarios insistieran en que los que odian a los judíos y los racistas que se manifestaron en Charlottesville fueran algunos de los “Buena gente de ambos lados”. Esto abrió la puerta para que los fascistas así como los que odian a los judíos se sintieran bienvenidos como parte de la derecha.

¿Por qué entonces no intervinieron las fuerzas liberales y progresistas y realizaron el tipo de campaña de concienciación masiva contra el antisemitismo que han hecho durante las últimas décadas contra el racismo, el sexismo, la homofobia, la islamofobia y demás? Estas son algunas de las razones (puede encontrar una exposición más completa en mi libro El socialismo de los tontos: antisemitismo de izquierda.

En primer lugar, la izquierda todavía conserva una definición materialista y cruda de la opresión: usted está oprimido porque sus derechos se le niegan sistemáticamente o porque sufre económicamente. Así como la izquierda, debido a esta comprensión limitada de la opresión en Alemania en los años 20 y 30, no estaba en absoluto preparada para el tipo de ataque a los judíos en las décadas anteriores al Holocausto, hoy día tampoco están preparados para asumir realmente la tarea de educar a la gente sobre las formas contemporáneas de odio a los judíos.

En segundo lugar, la izquierda ve a Israel como “el estado judío” y, dado lo que ha estado haciendo en las últimas décadas para negar los derechos humanos de los palestinos, no es de extrañar que algunos izquierdistas culpen a “los judíos” de las políticas de Israel. Y siendo que muchas instituciones judías apoyan, o al menos se niegan a condenar las violaciones de derechos humanos israelíes, estos izquierdistas tienden a ver a los judíos como partidarios de la opresión más que como víctimas potenciales o reales. Además, la presencia de judíos en altos cargos en la economía, los medios de comunicación, la academia, el mundo científico, médico y tecnológico hace que a muchos en la izquierda les resulte difícil imaginar que los judíos podrían estar en peligro real en los Estados Unidos, Europa Occidental, el Reino Unido o Canadá, a pesar de la ola de asesinatos y agresiones físicas contra estos/as en los últimos años.

Estas actitudes son producto de la ignorancia masiva de la historia judía (incluida la de muchos judíos nacidos después del Holocausto) en dos aspectos importantes:

(1) La idea de que tener altos puestos en la economía, la cultura, el sistema político o los medios de comunicación ofrece protección fue la fantasía alimentada por muchos judíos en la Alemania prenazi. Esta ilusión ha sido adoptada ahora por muchos en Occidente que piensan que debido a que los judíos como grupo tienen más éxito económico que muchos otros, no deben preocuparse por el odio a los judíos.

(2) Con respecto a Israel, la forma distorsionada en que los israelíes tratan a los palestinos ha sido moldeada en un grado significativo por el trastorno de estrés postraumático masivo generado por más de dos mil años de opresión y odio a los judíos que lleva a los israelíes y a muchos judíos en todo el mundo a sentir gran desconfianza por los no judíos. Esa desconfianza se atribuyó fácilmente a los palestinos que en el siglo XX se habían involucrado en la lucha armada para evitar que el pueblo judío recuperara lo que percibíamos como nuestra antigua patria. Es ésta desconfianza la que llevó a Benny Gantz, la supuesta alternativa al primer ministro Netanyahu, a decidir unirse al gobierno de Netanyahu a pesar de que tenía más votos que el Likud. Gantz se negó a abrazar una alianza con los partidos políticos árabes israelíes que pudieron haberle dado a su partido Kachol ve Lavan (Azul y Blanco) los escaños para formar un gobierno.

Este racismo contra los árabes es repugnante. No disculpo a los israelíes y compañeros judíos por no haber rechazado los planes de Trump-Netanyahu para tomar más tierras de los palestinos anexando partes de Cisjordania. Creo que todos los judíos deberían ayudar a los palestinos a crear un estado palestino viable que incluya Cisjordania y Gaza, o dar a todos los palestinos que viven bajo el gobierno israelí los mismos derechos, incluyendo el derecho a votar en la Knesset y en las elecciones locales. Sin embargo, es probable que nada de esto suceda mientras los derechistas israelíes y sus aliados en los E.U.A. y Europa puedan señalar la insensibilidad hacia los temores judíos sobre el crecimiento del antisemitismo en la derecha y en la creciente cultura de izquierda que ve a Israel simplemente como una aventura colonial ignorando los temores legítimos después de que uno de cada tres judíos vivos en el mundo en 1940 fuera asesinado en 1945 mientras la mayoría de los países del mundo cerraban sus puertas a los judíos que buscaban refugio.

Tikkun ha sido un crítico constante de cómo el movimiento sionista creó a Israel y su negación de las violaciones de derechos humanos durante la Nakba y en las décadas posteriores. Estos abusos han sido documentados durante varias de esas décadas por B’tselem, la Organización de Derechos Humanos de Israel, sigue siendo cuestionada por Rabinos a favor de los Derechos Humanos en Israel y por el valiente trabajo del rabino Arik Ascherman y su organización Torat Tzedek, analizada en el páginas de Tikkun y en nuestro libro Embracing Israel / Palestine — copias gratuitas del cual están disponibles para usted, su sinagoga, iglesia, mezquita, organización de cambio social o biblioteca local si paga el franqueo — envíe un correo electrónico a alden@tikkun.org y díganos cuántos desea para las personas de su club de lectura o comunidad y le diremos cuánto nos cuesta enviárselo gratis, excepto el costo de envío.

No podemos guardar silencio sobre el sufrimiento de nuestros hermanos y hermanas palestinos, y la forma como Israel pisotea casi a diario sus derechos humanos, ignorando el mandamiento que se repite con más frecuencia en la Torá, a saber, “cuando vengas a tu tierra, no oprimas al extraño / geyr, recuerda que tú eras ‘el otro’ en la tierra de Egipto “. Y dado que consideramos que esta orden es definitoria del judaísmo, no aceptamos la noción de que Israel es “el estado judío”, sino que lo vemos como un estado con muchos judíos ética y psicológicamente heridos. Nos preocupamos por ellos/as, oramos para que puedan ser sanados, pero no crean que lo que le están haciendo al pueblo palestino es nada menos que una sorprendente violación de la ética y la ley judía.

Ver el mundo de una manera más compleja es parte de lo que intento enseñar a la izquierda en mi libro Revolutionary Love. No implica aceptar o disculparse por causa de los racistas, sexistas, homófobos, xenófobos, islamófobos u odiadores de judíos que pueblan parte de la derecha (y posiblemente parte de los demócratas “moderados”). Pero sí insiste en que algunos de los que aún no están con nosotros son alejados de la izquierda, no porque siempre hayan sido influenciados por estas ideas malvadas y odiosas, sino mas bien porque perciben que las fuerzas liberales e izquierdistas los odian, los desprecian, actuando como si tuviéramos toda la sabiduría y que aquellos que no están con nosotros son estúpidos o sufren por causa de estos odios.

Necesitamos adoptar un enfoque diferente hacia este segmento de la población que se ha alineado con políticos racistas, sexistas, homofóbicos, antisemitas, islamófobos, no porque estas odiosas ideas sean las que más los motiven, sino porque de alguna manera los que realmente se mueven por el odia se las han arreglado para hablar de sus otras necesidades psicológicas y espirituales de formas que la izquierda todavía no ha intentado hacer. No espero que esto sea obvio de forma inmediata para muchos en la izquierda, al menos no hasta que lean Revolutionary Love y tomen el entrenamiento de Empatía profética de Cat Zavis (haga clic aquí).

Sé que hay un cierto alivio al llamar a todas estas personas estúpidas o malvadas; nos libera de cualquier responsabilidad excepto la de arrojar epítetos en su dirección. Y por supuesto, algunos de estos cargos realmente se ajustan a un sector de los que forman parte de la derecha. Pero como alguien que perdió la mayor parte de mi familia ante los nazis en la década de 1940, desearía que hubiera habido un movimiento de alemanes antifascistas que pudieran haber tratado de hablar con los corazones del pueblo alemán antes de que votaran por Hitler en 1932. Parte de ella podría haber sido inútil; pero parte de ella pudo haber tenido el impacto de socavar el movimiento nazi antes de que fuera demasiado tarde. Es mucho mejor suponer que algunas personas pueden separarse de la derecha que dedicar nuestro tiempo a denunciar a todos los que aún no están con nosotros. Por supuesto, este camino no implica adaptarse al odio hacia los judíos o cualquier otra forma de racismo, pero sí implica la creación de un movimiento enraizado en la empatía como base para hablar con aquellos que alguna vez votaron por Obama o Sanders y ahora se sienten atraídos por la derecha.

El odio a los judíos no desaparecerá por completo hasta que las sociedades de clases se transformen en el siguiente escalón para la raza humana, lo que describo en mi libro Revolutionary Love como “la sociedad solidaria: cuidando unos a otros y cuidando la tierra”. Puede pedir ese libro en una de las librerías en línea, si su librería local no lo tiene, o en Tikkun en http://www.tikkun.org/buyrevlove. Pero una cosa me parece segura: incluso si Bernie hubiera ganado la nominación y posteriormente hubiera sido elegido presidente y asumiera el cargo, las versiones occidentales de la izquierda nunca podrán llevarnos a una sociedad solidaria hasta que ella misma se convierta en un movimiento que trate a todos los activistas del cambio social y otros (incluso aquellos cuyas posiciones y políticas despreciamos) con respeto y amor. Podemos y debemos desafiar sus ideas, y debemos trabajar horas extras para repetir que los cuidamos y los respetamos, que repudiamos el mensaje autodestructivo y destructor de la Izquierda de Hillary Clinton, de que al menos la mitad de los que no están con nosotros son una “bonche de deplorables ”.

Nuestro mensaje debe ser el siguiente: vemos que todas las personas merecen respeto y cariño, aun cuando no estamos de acuerdo con muchos de los programas que los líderes por los que ellos/as han votado han respaldado, e incluso cuando no estamos de acuerdo con el lenguaje lleno de odio que usan algunos de ellos y de aquellos a quienes han apoyado.

En tercer lugar, debemos alentar a la Izquierda a que asuma el liderazgo contra el odio a los judíos del mismo modo que asumió el liderazgo contra el racismo y la homofobia. Es hora de que nos reeduquemos unos a otros sobre la profundidad y amplitud del antisemitismo en la Izquierda e insistamos en que éste sea desafiado. Hasta que esto suceda de forma masiva entre los círculos liberales y progresistas de tal manera que se haga visible a todos los que están fuera del mundo liberal y progresista, un número creciente de judíos se sentirá separado o desligado de la Izquierda y, por lo tanto, retirará su apoyo a los movimientos de Izquierda.

La religio-fobia está enraizada profundamente en la Izquierda, y en este punto lo mejor que puedo decir es lea Amor revolucionario y comprenderá porqué hacer que la gente se sienta avergonzada de sus compromisos religiosos o de su orgullo nacional es la forma más segura de ayudar a los nacionalistas blancos de Derecha a expandir su poder en los Estados Unidos y en países desde Israel a Alemania y desde Rusia a Chile. Tikkun no es fanático de ninguna forma de chauvinismo nacionalista o fundamentalismo religioso. Sin embargo, reconocemos que el nacionalismo y las religiones a menudo dan a muchas personas un sentido de identidad y una forma de verse a sí mismos como parte de algo más grande y valioso que la lucha por el poder individual, el dinero o la identificación con la corporación para la que trabajan. Por lo tanto, debemos ayudar a crear una identidad global más amplia que permita a las personas afirmar su cultura y religión histórica, mientras rechaza cualquier otro conflicto militar o económico nacional. En la medida que la gente busque un enemigo, dejemos que la inminente destrucción de la vida en la tierra, los residuos del egoísmo y el materialismo generados por las sociedades de clase y patriarcales se conviertan en nuestro enemigo común.

Con este fin en mente, los estados nacionales cuya política y cultura han sido moldeadas por corporaciones, dominación, patriarcado, opresión de poblaciones minoritarias y/o desigualdades extremas de ingresos y/o extremistas religiosos (aquellos que niegan la legitimidad de otras religiones) son un obstáculo para la planificación ambiental global, buscando distraer la atención de la construcción de la solidaridad internacional para mantener a la gente atrapada en marcos mentales que han llevado a guerras sangrientas en los últimos siglos. Favorecemos la sustitución de los estados nacionales como entidades políticas con distritos ambientales construidos democráticamente con la capacidad para poder desarrollar más fácilmente planes regionales y globales en cuanto al tipo de productos que necesitamos y cuáles son los mejores usos de los recursos de la Tierra; aquellos compatibles con la supervivencia del sistema de soporte vital de la Tierra para cuidar de las generaciones futuras.

Al desarrollar una economía global que preste atención a las necesidades reales de todas las personas en la tierra y no solo a aquellas que han tenido un mayor poder militar o económico nacional, el reemplazo de las preocupaciones nacionalistas por las preocupaciones que nos permitan construir “La sociedad solidaria: Cuidar de los demás y cuidar la Tierra ”puede guiarnos. No es realista pensar que podemos salvar la vida en este planeta sin desmantelar el poder de las corporaciones y el poder de los estados nacionales. Por lo tanto, si bien queremos respetar los grupos de identidad que se han formado en torno a religiones como el judaísmo, el cristianismo, el islam, el budismo, el hinduismo y varios estados nacionales, queremos separar todas estas identidades particulares de los instrumentos del poder económico y político, el cual en su lugar debe ponerse en manos de todas las personas de la tierra por igual. Y eso solo puede funcionar si se realiza una reconstrucción de la política democrática y ambientalmente sensible se rige por la Nueva Línea de Base en la que cada institución sea juzgada como eficiente, racional y productiva en la misma medida que maximice nuestras capacidades humanas para ser amorosos, generosas, amables y productivas, compasiva, ambientalmente ética y responsable, capaz de ver a cada ser humano como una manifestación de lo sagrado, y capaz de ver la tierra no solo como un “recurso” sino también como nuestra madre de la que evolucionó la vida y merece ser abordada con asombro, y asombro radical. Es solo en una sociedad así que el odio a los judíos será visto como una desgracia del pasado, al igual que el racismo, el sexismo, el clasismo y todos los demás vestigios de nuestro pasado imperfecto y profundamente abandonado.

Según tomado de, Hating Jews—the Enduring Curse | Centro Estudios Judaicos del Sur de PR (cejspr.com)

Traducido por drigs, CEJSPR


[1] WASP- White Anglo-Saxon Protestant. WASP es un término utilizado en los Estados Unidos para los protestantes estadounidenses blancos de clase alta, generalmente de ascendencia británica.

 
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Posted by on May 29, 2021 in Uncategorized

 

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