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La sorprendente historia de la nueva película de Spielberg

La sorprendente historia de la nueva película de Spielberg

La sorprendente historia de la

nueva película de Spielberg

Con aprobación del Papa, el pequeño judío Edgardo Mortara fue apartado de su familia y criado como católico en la Italia del siglo XIX.

por r

La próxima película de Spielberg se enfoca en una tragedia poco conocida que dividió a una familia judía en Italia.

Basada en un libro de 1997 de David Kertzer, El secuestro de Edgardo Mortara, la estremecedora historia de un niño judío que fue arrancado de su familia en la Italia pre unificación, con la bendición del Papa Pío IX.

A pesar de parecer una historia de la época medieval, ocurrió en los tiempos modernos. Edgardo vivió hasta 1940.

En 1850, Bolonia era la segunda ciudad más importante de los Estados Papales, un área de Italia central legislada por el Papa. Si bien muchos italianos presionaban por un cambio, la ciudad se había mantenido bajo el dominio de los líderes eclesiásticos. La pequeña comunidad judía de Bolonia, de 200 integrantes, enfrentaba un intenso antisemitismo, por lo que había optado por mantener un bajo perfil. Para no llamar la atención, no tenían ni un rabino comunitario ni una sinagoga.

Momolo y Marianna Mortara vivían en el centro de la ciudad y empleaban a varios adolescentes locales para que los ayudaran con las labores hogareñas y los niños. En 1853, la ayudante de los Mortara era Anna Morisi, una niña de 14 años. Ella se mudó al hogar de la familia Mortara poco después del nacimiento del pequeño Edgardo. Morisi se encariñó con el bebé judío y, cuando Edgardo se enfermó al año de edad, la adolescente le dijo al almacenero local que era un bebé bonito y que le entristecería que muriera. El almacenero sugirió que bautizara al niño; quizás eso lo ayudaría a curarse de su enfermedad.

“Tu hijo Edgardo ha sido bautizado”, declaró el jefe de la policía papal, “y se me ha ordenado llevarlo conmigo”.

La joven niñera no sabía cómo bautizar al niño, pero improvisó, arrojando un vaso de agua sobre él y diciendo algunas palabras que pronto olvidó. “Asumí que no tenía ninguna importancia, dado que lo había hecho sin saber lo que estaba haciendo”, dijo posteriormente.

Pero años después, la niñera le mencionó casualmente a una amiga lo que había hecho con el niño judío en el pasado. Se corrió la voz hasta llegar a las autoridades de la iglesia, y la joven fue interrogada por el oficial inquisidor.

Edgardo Mortara (a la derecha) con su madre y hermano, c. 1880.

La reacción de la iglesia fue veloz. En la noche del miércoles 23 de junio de 1858, la policía papal fue al departamento de los Mortara y exigió ver a todos los niños. Aterrorizados, los Mortara despertaron a sus hijos. En pocos minutos, siete exhaustos niños fueron presentados ante la policía: Ernesta y Erminia, gemelas de 11 años, Augusto, de 10 años, Arnoldo, de 9 años, Edgardo, de 6 años, Ercole, de 4 años y la bebé Imelda.

“Tu hijo Edgardo ha sido bautizado”, dijo el jefe de la policía papal, “y se me ha ordenado llevarlo conmigo”.

Llorando, ambos padres se arrodillaron ante el oficial rogando por misericordia. Un vecino judío se apresuró para ver de qué se trataba la conmoción. “Vi a una madre perturbada, bañada en lágrimas, y a un padre que estaba arrancándose el cabello, mientras los niños estaban arrodillados rogándole a los policías por misericordia. Fue una escena tan conmovedora que ni siquiera puedo comenzar a describirla”.

Como los gritos de la familia retumbaban en todo el vecindario, los residentes judíos y algunos miembros de la guardia papal se acercaron hasta el inquisidor local para ver si cambiaría de opinión. Después de 24 extenuantes horas, llegó la respuesta: habiendo sido bautizado, Edgardo Mortara era ahora cristiano, y como tal, no podía permitirse que fuera criado por judíos. Al día siguiente, el 24 de junio de 1858, el pequeño fue arrancado para siempre de los brazos de su madre.

Edgardo fue llevado a Roma. Su secuestro atrajo mucha atención, por lo que, queriendo desviar el criticismo, las autoridades de la iglesia publicaron una versión oficial sobre la travesía de Edgardo: Inmediatamente después de separarlo de sus padres —declararon—, Edgardo se volvió un devoto católico, a tal grado que pedía detenerse en las ciudades del camino para ver las iglesias. Aunque en realidad Edgardo posteriormente recordó haber sollozado por sus padres (le dijeron falsamente que lo estarían esperando en Roma). Cuando pidió la mezuzá que normalmente colgaba con una cadena de su cuello, le dieron un crucifijo en su lugar.

A pesar de acumularse presión internacional en contra del secuestro, el Papa declaró ser el nuevo padre de Edgardo y se rehusó a devolver al niño.

En Roma, Edgardo fue criado en la Casa de los Catecúmenos, un hogar para nuevos conversos al catolicismo, incluyendo algunos judíos que habían sido llevados allí en contra de su voluntad. A mediados del siglo XIX, era ilegal que un judío se aproximara al edificio o se comunicara con los internos. Un judío fue arrestado por simplemente mirar a través de una ventana. Los padres de Edgardo viajaron a Roma y, después de muchos meses de implorar, se les permitió ver brevemente a su hijo. Edgardo le dijo a su madre que continuaba diciendo el Shemá todas las noches.

El Papa Pío IX se interesó personalmente en Edgardo Mortara. A pesar de acumularse presión internacional en contra del secuestro, el Papa declaró ser el nuevo padre de Edgardo y se rehusó a devolver al niño, prohibiendo que volviera a tener contacto alguno con sus padres. Para cuando tuvo trece años, después de siete años de intensa educación católica, Edgardo se agregó el nombre Pío, en honor al Papa. Cuando cumplió 21 años, en 1873, Edgardo fue ordenado como sacerdote católico.

El secuestro de Edgardo Mortara, de Moritz Daniel Oppenheim, 1862.

En 1878, Marianna, la madre de Edgardo, lo visitó, reestableciendo contacto después de muchos años que le fue prohibido ver a su hijo. Marianna encontró a Edgardo cambiado. Ahora él deseaba ardientemente convertir a judíos, especialmente a su familia, al catolicismo. Cuando Marianna murió, en 1890, los periódicos italianos publicaron relatos sensacionalistas de su supuesta conversión al catolicismo ante la insistencia de su ilustre hijo sacerdote. En lugar de sacar partido de esos comentarios, Edgardo se encargó de hacerle saber al mundo la verdad: “Siempre deseé ardientemente que mi madre abrazara la fe católica, habiendo intentado muchas veces convencerla para que lo hiciera. Sin embargo, eso nunca ocurrió, y aunque estuve junto a ella durante su última enfermedad, junto a mis hermanos y hermanas, nunca mostró ninguna señal de convertirse”.

La familia se mantuvo en contacto. El sobrino nieto de Edgardo, Gustavo Latis, le dijo a The Times of Israel en 2014 que, durante más de un siglo, una foto de Edgardo estuvo en la casa de su familia con una dedicación bajo la misma: “¡Mi bendita y amada madre! Que Dios te mantenga feliz con el afecto de tu amado hijo Pío Edgardo, quien te ama mucho. Venecia 15/XI/81”.

Gustavo Latis sostiene un retrato enmarcado de Edgardo (Rossella Tercatin/The Times of Israel)

Latis recuerda a Edgardo visitando su hogar, colgando su gran sombrero negro de sacerdote en el vestíbulo de la entrada. Imelda, su abuela, hermana menor de Edgardo, estaba “muy apegada al judaísmo”, recuerda. “Siempre se aseguró de que ayunáramos en Iom Kipur y que celebráramos Pésaj, y amaba cocinar comida judía…”. A pesar de su fuerte compromiso a su fe judía, Imelda continuó en contacto con su hermano. Pero siempre fue cuidadosa cuando este se acercaba. Su nieto recuerda: “Aunque el afecto fraternal entre ellos nunca cesó, mi madre era muy cuidadosa cuando él estaba cerca. Temía sus sermones, en particular por nosotros, los niños”.

Muchos de los parientes judíos de Edgardo murieron en el Holocausto. Viviendo en Bélgica durante la Segunda Guerra Mundial, Edgardo mismo hubiese descubierto que su conversión al catolicismo era insuficiente para salvarlo y probablemente habría sido deportado si no fuera porque falleció en 1940, a los 88 años, unos meses antes de la invasión alemana a Bélgica.

Steven Spielberg está actualmente haciendo el casting para la película en todo el mundo, y miles de padres están entusiasmados ante la posibilidad de que sus hijos sean seleccionados. Conocer este horrendo relato a través de un largometraje puede ayudarnos a apreciar que se trata de una historia real, y quizás recordarnos que no debemos dar por sentada la educación judía de nuestros hijos.

Según tomado de, http://www.aishlatino.com/iymj/mj/La-sorprendente-historia-de-la-nueva-pelicula-de-Spielberg.html?s=show el domingio, 19 de febrero de 2017.

 
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Cristóbal Colón, judío en secreto

Cristóbal Colón, judío en secreto

Cristóbal Colón, judío en secreto

¿Qué evidencia hay de que Cristóbal Colón era judío?

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El 15 de febrero de 1493, Cristóbal Colón envió una carta al mundo europeo revelando por primera vez su descubrimiento de América. Su descubrimiento fue el primer paso hacia un mundo nuevo, el cual se convertiría con el tiempo en un símbolo de la tolerancia y libertad religiosa. La verdadera identidad de Cristóbal Colón arroja nueva luz en relación a la conmoción que se vivió en este período histórico, especialmente para los judíos.

Para entender mejor el legado de Colón, es importante aclarar el trasfondo histórico de su vida. Colón vivió en la época de la Inquisición, durante la cual los anusim, judíos que practicaban su fe en secreto, estaban bajo constante amenaza de arresto y muerte tortuosa. Decenas de miles de judíos secretos fueron torturados durante la Inquisición Española, muchos sufrieron una muerte de mártires.

La identidad de Colón siempre ha sido un misterio y ha estado en discusión por bastante tiempo. Los italianos dijeron que Colón nació en Lugano, Italia hijo de Domenico Colombo, un centinela de torre. Los españoles dicen que él nació en suelo español de un padre con un nombre y profesión diferente. Recientemente, en un reportaje de Charles García de CNN, los sabios españoles José Erugo, Otero Sánchez y Nicolás Díaz Pérez han concluido que Colón era, de hecho, un judío secreto cuyo viaje a las Indias tenía un objetivo completamente diferente al que él declaró.

El contenido de las cartas personales de Colón y su diario de vida resultan reveladores. Una contundente diferencia entre los escritos personales de Colón y los de sus contemporáneos era el lenguaje en que estaban escritos, un lenguaje irreconocible para la mayoría de los españoles nativos. El profesor de lingüística Estelle Irizarry, después de analizar el lenguaje de cientos de cartas similares concluyó que fue escrito en español septentrional o ‘ladino’, una versión judía del idioma español, análogo a lo que el idish es del alemán.

Otra revelación está en el misterioso monograma que se encuentra en sus cartas, escrito de derecha a izquierda. Para citar al lingüista semítico Maurice David, quien descubrió el significado de los símbolos, “En todas estas… cartas íntimas, el lector atento puede ver fácilmente en la esquina superior izquierda un pequeño monograma que es… de hecho, nada más y nada menos… que un antiguo saludo en hebreo… utilizado frecuentemente entre los judíos religiosos de todo el mundo hasta el día de hoy”. El símbolo al cual se refiere son las letras en hebreo bet y hei, las que sabemos que representan las palabras beezrat Hashem, o ‘con la ayuda de Dios’. No es de sorprender que, la carta de Colón al Rey y a la Reina, fue la única de sus 13 cartas estudiadas que no contenía este símbolo.

Tres de los deseos en la voluntad y testamento de Colón también ofrecen varias pistas reveladoras sobre su identidad. Una petición de su testamento era que un décimo de su ingreso fuese entregado como caridad para darle dote a niñas pobres, una costumbre judía practicada comúnmente que viene de mucho tiempo atrás. Él también pidió que se le entregara dinero a un cierto judío que vivía cerca del barrio judío de Lisboa.

Otra nota particularmente reveladora de su testamento parece ser una firma oculta, una forma triangular de puntos y letras que se parece a las inscripciones encontradas en tumbas de cementerios judíos en España. Colón incluso les dijo a sus hijos que conservaran este misterioso símbolo para la perpetuidad. La firma oculta, cuando es traducida, es en realidad un rezo en lugar del estándar kadish hebreo, el cual estaba prohibido en España. Este truco le permitió a Colón de forma encubierta pedirles a sus hijos que recitaran kadish por él.

Las personas asumen que el Rey Fernando y la Reina Isabel financiaron el viaje de Colón. Pero de acuerdo a Charles García de CNN, dos conversos, Louis De Santangel y Gabriel Sánchez, junto con el prominente rabino Isaac Abarbanel, sacaron dinero de sus propios bolsillos para financiar el viaje. Este hecho histórico debiera levantar otra pregunta más: ¿Por qué estos judíos se interesaron en el viaje de Colón?

Simon Wiesenthal sugiere en su libro, Sails of Hope (La vela de la esperanza), que el motivo detrás del viaje de Colón era encontrar un refugio seguro para los judíos. Similarmente, otros concluyen que Colón zarpó hacia Asia con el propósito de obtener suficiente oro para financiar una cruzada en un esfuerzo de reconquistar Jerusalem y reconstruir el sagrado Templo de los judíos. De acuerdo al Dr. Gerhard Falk, autor de Man’s Ascent to Reason (El ascenso del hombre), él llevó un intérprete que sabía hebreo con él, con la esperanza de localizar a las diez tribus perdidas (de ahí que la conocida letra dice: “En 1492, Colón navegó el océano azul. Su interprete era lou, él era judío y eso es verdad”.).

La época de los viajes de Colón es también de notable importancia. Se dice que él había planificado originalmente navegar en Tishá B’Av, pero pospuso su viaje debido a que el día es considerado desfavorable para tales aventuras. En vez de eso, él comenzó su viaje el 3 de agosto, el 11 del mes judío de av, dos días después de que a los judíos se les diera la opción de convertirse o salir de España. Para nuestros perspicaces lectores, ¿es esta una mera coincidencia o un hecho de impresionante significado?

Superficialmente parece que un marinero común y corriente se aventuró a encontrar un camino diferente hacia las Indias, y por una increíble suerte, llegó a una tierra conocida por su benevolencia y tolerancia religiosa. Sin embargo, al explorar la verdadera identidad de Cristóbal Colón, llegamos a conocer a un hombre, quien, en su búsqueda por liberar al pueblo judío de su opresión, fue llevado a América por la mano de la Providencia Divina.

Según tomado de, http://www.aishlatino.com/iymj/mj/Cristobal-Colon-judio-en-secreto.html?s=show el domingo, 19 de febrero de 2017.

 
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La Ilustración

[Historia Judía #53] La Ilustración

Historia Judía

La Ilustración

La Ilustración le dio derechos civiles a los judíos, pero su énfasis en una sociedad sin Dios estaba destinado a generar una repercusión negativa.

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La mitad del siglo XVII marcó el final del Renacimiento. La nueva ideología que emergió en el período posterior al Renacimiento —conocida como la Ilustración— es una ideología que aún permea con fuerza el mundo occidental. Tenemos que entender esta ideología y la relación del pueblo judío con ella para comprender lo que vendría a continuación en la historia judía.

La Ilustración (1650-1850) fue un período caracterizado por importantes avances en el pensamiento que desviaron al mundo de la religión y lo enfocaron cada vez más en el secularismo, el humanismo, el individualismo, el racionalismo y el nacionalismo.

De todos los conceptos mencionados, el racionalismo es el que mejor define a la Ilustración y, por ende, es conocida también como la ‘Edad de la razón’.

En capítulos previos hablamos sobre cómo la Edad Media (Oscura) estuvo dominada por la iglesia y enfocada en Dios. Luego vino el Renacimiento, una época que estuvo más enfocada en la humanidad, con un énfasis en las artes y el conocimiento clásico. La Ilustración expandió aún más el foco en el hombre. En esta época la mente humana, el pensamiento racional y las ciencias empíricas asumieron el rol principal. Fue una era con un foco absoluto en el individuo.

Gracias a ese foco, eventualmente veríamos emerger muchas ideas positivas e instituciones: la democracia liberal, la revolución científica, la industrialización. Sin embargo, este foco en el hombre también llevó a que hubiera ataques ideológicos en contra de las instituciones fundamentales del mundo occidental, incluyendo la religión. La religión era vista por muchos de los pensadores de la Ilustración como un fracaso intelectual que había sido desplazado por la capacidad de la ciencia para explicar lo inexplicable. Así, comenzó a emerger la cultura secular como una alternativa muy fuerte a la religión. La idea de un mundo sin Dios se enraizó en el mundo occidental, teniendo grandes implicancias para Europa y el pueblo judío.

Por más raro que parezca, cuanto menos religioso se volvía el mundo, los judíos eran tratados mejor. Como hemos visto, los fanáticos cristianos mataron a los judíos por muchas razones; los secularistas, por otro lado, no lo harían, porque el hecho de que una persona tuviera una religión diferente no les importaba. (En este período, lo que más importaba era lo nacional, lo cual superaba a la identidad religiosa).

En conjunto con el secularismo, la Ilustración popularizó el concepto del individualismo; todo individuo era considerado valioso e importante y, junto con eso, vino un aumento en el énfasis en los derechos civiles.

A primera vista, el énfasis en los derechos civiles fue bueno para los judíos. Por primera vez el mundo occidental comenzó a ver al judío como un ser humano. Se emitieron edictos de tolerancia que les brindaban ciertos derechos básicos —pero no igualitarios— a los judíos. Uno de los primeros de esos edictos fue emitido por la Asamblea Nacional Francesa en 1791.

La Asamblea Nacional —considerando que las condiciones requeridas para ser ciudadano francés y para convertirse en un ciudadano activo están fijadas en la constitución y que todo hombre que, estando debidamente calificado, hace el juramento cívico y se compromete a cumplir los deberes prescritos por la constitución, tiene derecho a todas las ventajas que ésta garantiza— anula todo aplazamiento, restricción y excepción contenida en los decretos anteriores, afectando a individuos de la creencia judía, quienes deben realizar el juramento cívico… (1)

Sin embargo, los problemas que había con estas ideas saldrían prontamente a la luz, y los judíos volverían a ser las víctimas.

La gran diferencia

El mundo, sin un estándar Divino, tarde o temprano se mete en problemas.

El judaísmo cree que para que el mundo sea ideal, debe haber un foco tanto en el hombre como en Dios. Porque si no hay un foco en Dios, entonces todos los valores morales se vuelven relativos. ¿Por qué es eso malo? Bueno, durante un tiempo podría ser bueno respetar los derechos civiles, pero, cuando se vuelva conveniente o necesario cambiar ese enfoque (por diferentes razones sociales o políticas), entonces el respeto por la vida humana se convertirá en otra idea que “pasó de moda”. Los valores Divinos por otra parte son inmutables y jamás pueden “pasar de moda”. Esa es una gran diferencia.

Esta gran diferencia explica cómo una figura clave de la Ilustración francesa, Jean Jacques Rousseau —autor del Contrato Social que propugnó que los seres humanos son iguales— fue tan inhumano con sus propios hijos. Rousseau embarazó a su lavandera cinco veces y en toda ocasión la obligó a dejar al recién nacido en el umbral de un orfanato, el Hospital des Enfants-trouves. Sobre este orfanato, él mismo había escrito anteriormente que, dos tercios de los bebés morían en el primer año y la mayoría de los sobrevivientes no superaba los siete años. Sus ideas nobles no evitaron que practicara una versión moderna de infanticidio (ver The Intellectuals por Paul Johnson, pp. 21-22.).

De la misma forma, toda la cháchara sobre la igualdad de los hombres no evitó que Françoise Voltaire expresara en su Dictionnaire Philosophique diatribas viciosamente antisemitas y que señalara a los judíos como “el pueblo más abominable del mundo”. Si bien escribió que los judíos no pueden ser asesinados, no podía contener su odio:

“En breve, encontramos que sólo son un pueblo ignorante y barbárico unido en una sórdida avaricia, con la más detestable superstición y el odio más invencible hacia todos los pueblos que los toleran…”.

A diferencia de Francia, la situación en Inglaterra (en donde la Revolución Puritana había sido muy influyente) era muy diferente, así como también en el Nuevo Mundo, en donde los puritanos figuraban prominentemente. La revolución estadounidense surgió como resultado de la síntesis de ideas basadas en la Biblia misma, traídas por los peregrinos, y por las ideas humanistas (como “los derechos humanos inalienables”) desarrolladas por John Locke. Vemos esto con claridad en las oraciones que abren la Declaración de la Independencia:

Afirmamos que estas verdades son obvias, que todos los hombres son creados iguales, que reciben de su Creador ciertos derechos inalienables, y entre ellos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.

La Revolución Francesa no tuvo esa síntesis, sino que fue un movimiento exclusivamente secular. Y allí los problemas con la filosofía de la Ilustración se volvieron muy obvios.

Los revolucionarios franceses, después de ejecutar al rey y a la reina, Luis XVI y su esposa María Antonieta, en la guillotina, desataron el Reino del Terror, durante el cual fueron ejecutados 25.000 contrarrevolucionarios de formas igualmente sanguinarias.

El Reino del Terror llevó a su fin a la Edad de la Razón. La sangrienta brutalidad de las masas horrorizó a gran parte del mundo y puso severamente a prueba la creencia de la Ilustración de que el hombre podría gobernarse a sí mismo. Luego hubo en Francia un período de agitación general marcado por la corrupción, la inflación incesante y la guerra con países limítrofes. Todo esto acabó cuando Napoleón Bonaparte llegó al poder en el golpe de estado de 1804.

Napoleón y los judíos

Napoleón Bonaparte (1769-1821), quien era un oficial corso, se autoproclamó Emperador de Francia. Durante los diez años que se mantuvo en el poder se embarcó en una serie de conquistas sin precedentes en la historia moderna, en particular debido a su rápido avance por Europa. Siendo un genio militar, llevó a Francia a la ofensiva en contra del Imperio Austríaco, de los italianos y de los rusos. Derrotó a casi todos, convirtiéndose en el amo del continente y reorganizando el mapa entero de Europa.

(Lo que lo debilitó fue el invierno ruso, y una vez que los demás países europeos vieron que era vulnerable, se unieron y lo derrotaron primero en Leipzig en 1813 y luego en Waterloo en 1815. Exiliado como prisionero de guerra en la isla de Santa Helena, murió allí en 1821 a causa de un cáncer o de envenenamiento).

Mientras Napoleón marchaba por Europa, fue liberando a todos los judíos de sus guetos. La idea de liberar a los judíos y concederles derechos civiles lo había precedido, pero él la hizo avanzar.

Napoleón estaba fascinado con los judíos, aunque no los entendía. Quería que fueran aceptados por el resto de la sociedad europea y pensaba que no lo eran porque eran diferentes; si tan sólo pudieran ser más parecidos a los demás, la gente los aceptaría.

Mi política es gobernar a los hombres de la forma en que la mayoría de ellos quiera ser gobernada… Si estuviera gobernando a los judíos, reconstruiría el Templo de Salomón… [Planeo] revivir entre los judíos… los sentimientos de moral cívica que desafortunadamente han estado moribundos en un grupo demasiado grande de ellos a causa del estado de humillación en el que han languidecido durante mucho tiempo (2).

Así, Napoleón se propuso ayudar a los judíos a deshacerse de las cosas que los separaban del resto. Por ejemplo, abogó para que un tercio de los judíos se casara con no judíos. Sus acciones parecían más motivadas por su deseo de mejorar la posición de los judíos de Francia que por preservar el judaísmo. Napoleón es citado diciendo: “Nunca aceptaré ninguna propuesta que obligue al pueblo judío a irse de Francia, porque para mí los judíos son iguales a cualquier otro ciudadano de nuestro país. Expulsarlos del país requiere cobardía; asimilarlos requiere fortaleza” (3).

Dos veces, en 1806 y 1807, Napoleón convocó reuniones de prominentes líderes judíos para promover su plataforma para “salvar”a los judíos. He aquí algunos fragmentos de las instrucciones de Napoleón a la Asamblea de los Judíos Notables (29 de julio de 1806):

El deseo de Su Majestad es que sean franceses, depende de ustedes aceptar el título ofrecido… Escucharán las preguntas que se les presenten y su obligación es responder la pura verdad a cada una de ellas… ¿Es el divorcio válido cuando no es pronunciado por las cortes de justicia y, en virtud a las leyes, está en contradicción con el código francés? ¿Puede una judía casarse con un cristiano, o un judío con una cristiana?… En los ojos de los judíos, ¿son los franceses considerados hermanos o extraños? Los judíos nacidos en Francia, que son tratados por la ley como ciudadanos franceses, ¿consideran a Francia su país? ¿Qué clase de jurisdicción legal tienen los rabinos entre los judíos? (4)

El objetivo de estas preguntas era obvio. Napoleón estaba pidiéndoles a los judíos que respondieran la gran pregunta que surgía de la emancipación: ¿Cuál es tu identidad principal? ¿Son principalmente judíos o franceses?

Aquellos líderes religiosos se sorprendieron con las preguntas. Por un lado, querían cooperar con Napoleón y facilitarles la vida a los judíos de Europa. Pero, por otro lado, no podían consentir con algunas de las ideas de Napoleón, ya que esto habría significado la destrucción del judaísmo. Le respondieron lo más diplomáticamente posible, siempre adhiriéndose a la ley judía:

Los únicos matrimonios prohibidos explícitamente por la ley son aquellos con las siete naciones kenaanitas, con Amón y Moab y con los egipcios… La prohibición general aplica sólo a las naciones idólatras. El Talmud declara formalmente que las naciones modernas no deben ser consideradas así, dado que, al igual que nosotros, adoran al Dios de los cielos y la tierra. De acuerdo a esto ha habido, en muchos períodos, casamientos mixtos entre judíos y cristianos en Francia, España y Alemania… pero no podemos negar que la opinión de los rabinos está en contra de estos matrimonios (5).

A pesar de que Napoleón finalmente perdió sus guerras y terminó exiliado, las cosas que puso en movimiento tuvieron un gigante efecto dominó. Para finales del siglo XIX la idea de hacer que los judíos no continuaran siendo ciudadanos ya no era sostenible en la ahora más liberal atmósfera europea (6). Con el tiempo, los judíos recibieron la ciudadanía en todos los países de Europa. Interesantemente, los dos últimos países que les otorgaron la ciudadanía a los judíos fueron Suiza (1874) y España (1918).

Esto significó que, a finales del siglo XIX, los judíos, que habían sido marginados económica y físicamente, que habían sido excluidos de todo comercio y profesión, ahora tenían permitido (si bien no felizmente) actuar en todas las facetas de la sociedad europea.

¿Eso significa que la Ilustración puso fin al antisemitismo?

Difícilmente.

Solamente lo intelectualizó.

El nuevo antisemitismo

Una vez que se abrieron las puertas de los guetos, los judíos llegaron rápidamente a la cima, obteniendo prominencia y riqueza. Esto no significa que, además de sus logros, hayan sido aceptados por la sociedad en general. Los tiempos habían cambiado, pero no tanto.

Es cierto que en la Europa Occidental del siglo XIX no hubo pogromos en contra de los judíos. La sociedad post-ilustración no hacía cosas como esas. Al menos no en Europa Occidental (hablaremos sobre Europa Oriental y Rusia en particular en otro capítulo).

Pero sólo porque no hubo pogromos no significa que los no judíos hayan repentinamente comenzado a amar a los judíos.

El nuevo antisemitismo de esta época puede ser llamado “antisemitismo intelectual”.

Esto implica que personas como el Barón Lionel Rothschild, uno de los judíos más prominentes y ricos de Inglaterra, no pudo ocupar un lugar en el Parlamento Británico después de ser elegido en 1847 porque se rehusó a hacer un juramento sobre la Biblia cristiana. Llevó 11 años y la aprobación del Acta de Incapacidades de los judíos que tuviera ese derecho (se convirtió en el primer miembro judío del Parlamento Británico en 1858).

En teoría los judíos tenían derechos igualitarios, pero en la práctica la historia era muy diferente. Muchos judíos veían a la conversión como la mejor manera de avanzar en la Europa ilustrada. Un ejemplo clásico fue Benjamín Disraeli, quien fue dos veces Primer Ministro de Inglaterra durante el reino de la Reina Victoria y sólo pudo alcanzar esa posición porque su familia se convirtió a la Iglesia de Inglaterra.

Esta actitud hacia la conversión fue excelentemente resumida por el escritor judío alemán Heinrich Heine (su nombre verdadero era Haim), quien fue bautizado como luterano en 1825. “De la naturaleza de mi pensamiento puedes deducir que el bautismo me es indiferente, que no lo considero importante ni siquiera simbólicamente… el certificado de bautismo es el ticket de admisión a la cultura europea…” (7).

Entonces vemos que sí, que los judíos eran aceptados en la sociedad siempre y cuando no fueran judíos. Si un judío estaba dispuesto a dar un vuelco y hacer un juramento sobre la Biblia cristiana o, mejor aún, evitar su religión, entonces, era aceptado. Si insistía en continuar fiel a la Torá y al hebreo, se lo mantenía al margen.

(En el próximo capítulo examinaremos un intento de los judíos alemanes de evitar el problema cuando analicemos los comienzos del Movimiento Reformista dentro del judaísmo)

Es interesante notar que en esta época de tolerancia sin precedentes fue inventado el término ‘antisemitismo’. Fue el producto de uno de los más grandes pensadores alemanes del siglo XIX, Wilhelm Marr, quien quiso distinguir el odio hacia los judíos como miembros de una religión (antijudaísmo) del odio hacia los judíos como miembros de una raza/nación (antisemitismo). En 1879 escribió un libro llamado La victoria del judaísmo sobre la soberanía alemana, que fue impreso doce veces en seis años y fue un best-seller constante.

Otro pensador importante fue Karl Eugen Duehring, que en 1881 escribió El problema de los judíos es un problema de raza, en donde definió el significado de antisemitismo:

“El problema judío existiría incluso si la mayoría de los judíos le dieran la espalda a su religión y se unieran a una de nuestras iglesias principales. Sí, yo sostengo que en ese caso la lucha entre nosotros y los judíos se haría sentir incluso más urgente. Es precisamente el judío bautizado el que más se infiltra, libre en todos los sectores de la sociedad y la vida política. Vuelvo, entonces, a la hipótesis de que los judíos deben ser definidos exclusivamente en base a la raza y no en base a la religión”.

Los judíos que abandonaron su religión y obtuvieron poder, riqueza y prominencia, no prestaron suficiente atención a estas ideas. Si lo hubieran hecho, se habrían dado cuenta de que su “paseo feliz” sería muy corto. Porque incluso si los judíos escapaban del antijudaísmo convirtiéndose al cristianismo, haciéndose seculares o asimilándose, el antisemitismo, que no diferenciaba en base a creencias ni comportamientos, igualmente los atraparía al final.


Notas:

(1) Paul Mendes–Flohr & Yehuda Reinharz ed., The Jew in the Modern World, (Oxford University Press, 1995), p. 118.

(2) Allan Gould ed., What Did They Think of the Jews, (Jason Aronson Inc., 1997), p. 103.

(3) De acuerdo a la cita del artículo de Ben Weider titulado Napoleon and the Jews.

(4) The Jew in the Modern World de Paul Mendes-Flohr & Yehuda Reinharz, pp. 125-126

(5) The Jew in the Modern World de Paul Mendes-Flohr & Yehuda Reinharz, p. 129.

(6) Para más información sobre este tema ver The Jew in the Modern World de Paul Mendes-Flohr & Yehuda Reinharz, pp. 112-132, y Triumph of Survival de Berel Wein, pp. 69-77. Es interesante notar que muchos de los rabinos de Europa Oriental, como Schneur Zalman de Liadí, pensaron que era mejor apoyar al Zar antisemita que a Napoleón, cuando este invadió Rusia. Si bien parece extraño, claramente la lógica era “más vale malo conocido que bueno por conocer”. En retrospectiva esto probó ser muy correcto, ya que la asimilación en masa traída por la emancipación, demostró ser mucho más devastadora que la hostilidad constante de los antisemitas. Esto ilustra una de las más grandes verdades de la historia judía: La situación más difícil para seguir siendo judío no es la pobreza y la persecución, sino la riqueza y la libertad.

(7) The Jew in the Modern World de Paul Mendes-Flohr & Yehuda Reinharz.

Según tomado de, http://www.aishlatino.com/judaismo/historia/curso-rapido/La-Ilustracion.html el sábado, 11 de febrero de 2017.

 
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El movimiento jasídico

[Historia Judía #52] El movimiento jasídico

Historia Judía

El movimiento jasídico

Siendo en sus comienzos un movimiento de los pobres e ignorantes, los jasídicos enfatizaron la espiritualidad en la vida diaria.

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El movimiento jasídico —de los ‘píos’ o jasidut en hebreo— fue fundado en el siglo XVIII en Europa Oriental por Rabí Israel ben Eliezer, más conocido como el Báal Shem Tov, que significa “Maestro de buen nombre”.

El Báal Shem Tov nació en 1698 en Okup, en la provincia de Podolia (que en la actualidad es parte de Ucrania), cerca del Río Dniester. El Báal Shem Tov (conocido también como el Besht) fue un niño huérfano y pobre que trabajó en los Montes Cárpatos como obrero. Durante este tiempo estudió con una sociedad secreta de judíos místicos, los Nistarim, y eventualmente se convirtió en un reverenciado rabino.

Viajó de comunidad en comunidad, ganándose en todo lugar al que iba la reputación de ser un hombre sagrado y espiritual —además de un sanador místico— y atrayendo una gran cantidad de seguidores.

Sus enseñanzas revolucionaron a los perseguidos y desmoralizados judíos de Europa Oriental.

Después de los pogromos y las masacres (ver capítulo 49), gran parte de la judería de Europa Oriental había caído en la extrema pobreza. Además de la tremenda destrucción física que trajeron las masacres de Chmielnicki, la gran desilusión causada por el falso mesías Shabetai Tzvi (ver capítulo 51) dejó a gran parte de la población judía de Europa Oriental en un estado colectivo de profunda depresión. Una de las víctimas de esta situación fue la erudición judía, ya que sólo una pequeña elite estudiaba en Ieshivot, mientras que el resto apenas sobrevivía. Como resultado de la disminución en la erudición, la vida religiosa judía bajó de nivel (el judío promedio no se conectaba con Dios ni intelectual ni espiritualmente). Esto fue lo que el Báal Shem Tov buscó remediar.

Sus enseñanzas (no dejó ningún escrito) generaron un movimiento que enfatizaba la idea de incorporar a Dios en todos los aspectos de la vida, en particular por medio de intensas plegarias y alegres cánticos. Enseñó que las acciones del judío simple, si son realizadas correcta y sinceramente, son equiparables a las de los más grandes eruditos.

El pensamiento jasídico destacó la importancia de la devekut, o ‘aferrarse a Dios’. Esto involucra sentir la presencia de Dios en todos los aspectos de la vida, en lugar de sólo hacerlo a través del estudio de Torá y la observancia de los mandamientos.

La parábola siguiente describe la forma en que los primeros maestros jasídicos diagnosticaron la situación:

Un aprendiz de herrero, después de haber aprendido el oficio de su maestro, hizo una lista para sí mismo sobre cómo trabajar en su profesión. La forma en que debía tirar aire con los fuelles, asegurar el yunque y empuñar el martillo. No omitió nada. Sin embargo, cuando fue a trabajar al palacio del rey, descubrió que no podía hacer su trabajo y fue despedido. Había olvidado advertir una cosa, quizás porque era demasiado obvia: lo primero que debía hacer era encender una chispa para prender el fuego. Tuvo que volver al maestro, quien le recordó el primer principio que había olvidado (1).

Tratar de infundir espiritualidad en todos los aspectos de la vida se volvió rápidamente algo popular, particularmente entre los judíos simples. A gran velocidad, principalmente en Europa Oriental, miles y miles de judíos fueron atraídos hacia el movimiento jasídico.

Dinastías jasídicas

En 1760, cuando murió el Báal Shem Tov, lo sucedió Rav Dov Ber de Mezeritch, cuyos discípulos desarrollaron diferentes corrientes dentro del movimiento jasídico y fundaron sus propias dinastías. En este grupo hubo muchas personalidades importantes (para los interesados en leer sobre ellas, ver Chassidic Masters: History, Biography and Thought, de Aryeh Kaplan). Aquí mencionaremos unos cuantos:

  • Rav Dov Ber (1704-1772). Conocido como el Maguid de Mezeritch, sucedió al Báal Shem Tov como líder del movimiento jasídico y desarrolló muchas de sus filosofías. A propósito, el importante psicólogo Carl G. Jung dijo poco antes de morir que todos sus avances en psicología fueron descubiertos previamente por Rav Dov Ber, lo que nos da una idea del entendimiento del Maguid sobre la naturaleza humana (Ver Carl G. Jung Speaking, pp. 271-272.)
  • Rabí Schneur Zalman de Liadí (1745-1812). Fue conocido como el Alter Rebe y también como el Báal HaTania. Escribió la famosa obra Tania y fundó la secta jasídica Lubavitch. Los jasidim de Lubavitch son conocidos como Jabad, que es un acrónimo de jojmá (sabiduría), biná (entendimiento) y dáat (conocimiento). De acuerdo a la Cábala, esas son las tres sefirot(canales de energía Divina) más intelectuales y el nombre de esta secta jasídica indica cómo sus enseñanzas están basadas en la Cábala.
  • Rabí Najman de Breslov (1772-1811) fue el bisnieto del Báal Shem

Tov. Fue un talentoso narrador de historias y, quizás, lo más conocido de él sean las historias alegóricas de mendigos y príncipes con las que trató de enseñar verdades profundas a la gente simple. Fundó la secta jasídica Breslov.

Las sectas jasídicas tienen nombres como Kotzk, Sanz, Belz, Satmar, Lubavitch, Skver. Todos estos son nombres de ciudades en países como Polonia, Lituania, Ucrania, etc. Cuando estas comunidades jasídicas se mudaron, llevaron los nombres con ellas. Así que hoy en día en Israel tienes Kiryat Sanz y Kiryat Belz (kiryat significa ‘distrito’ en hebreo). En Nueva York están los jasidim de New Square, que son los jasidim de Skver con el nombre anglicanizado.

El movimiento tuvo un impacto muy grande en la espiritualidad, revitalizando al mundo judío. Mantuvo a muchos judíos dentro del judaísmo y devolvió mucha alegría al mismo.

Aryeh Kaplan escribe (en su ensayo titulado “A World Beyond” en Chassidic Masters History, Biography and Thought, p. 4):

El jasidismo elevó a las masas, pero sería erróneo suponer que sus enseñanzas estaban diseñadas sólo como una especie de medicina espiritual, necesarias para el enfermo, pero carentes de valor para el saludable. Una importante enseñanza del jasidismo es que sus ideas son importantes para el bienestar espiritual de todo judío. Si bien sus maestros destinaron gran parte de su energía a ayudar a los judíos pobres y analfabetos, decir que esa fue la característica principal del jasidismo sería un error, dado que el movimiento también le trajo una nueva visión y profundidad al cuerpo completo del pensamiento judío”.

La oposición

A medida que iba expandiéndose, el movimiento jasídico también fue generando una gran oposición de los rabinos más tradicionales e intelectuales, la mayoría de los cuales estaban en contra de éste.

La personalidad principal que se oponía al movimiento jasídico era el rabino Eliahu ben Shlomó Zalman, conocido como el Gaón de Vilna (Genio de Vilna) y también como el Gra (acrónimo de “Gaón Rabí Eliahu”), quien vivió en este período de tiempo (1720-1797). El Gaón de Vilna fue un brillante erudito que tuvo un enorme impacto en el estudio judío. Sus intereses eran muy variados, y escribió unos 70 libros sobre diferentes temas; el Gaón de Vilna sobresalió en muchas áreas de la erudición. Sabía sobre ley judía, Cábala, matemática, astronomía, física, anatomía, etc. Apenas dormía, sólo tomaba siestas de una hora cuatro veces al día y estudiaba durante el resto del tiempo. Cuando se cansaba, ponía sus pies en agua fría para despertarse. Nunca quiso desperdiciar ni un solo minuto. Nunca viajó a Israel, pero envió a muchos de sus estudiantes a vivir allí.

Lo que más le preocupaba al Gaón de Vilna no eran los aspectos cabalísticos del jasidismo (después de todo, él mismo estudiaba Cábala), sino su potencial para producir otro falso mesías (como Shabetai Tzvi, cuya historia vimos en el capítulo 51). El Gaón de Vilna también objetaba el concepto jasídico de que Dios está ‘en todas las cosas’ por considerarlo demasiado cercano al panteísmo y a la idea de que todo tiene la misma cantidad de santidad (2).

También le preocupaba la idea de un ‘Rebe’ (como era llamado el líder de cada secta jasídica) porque sentía que el concepto jasídico de que una persona se eleva espiritualmente simplemente por “apegarse” a una persona sagrada, en este caso un Rebe, es una idea idólatra.

Otra importante preocupación que tenía el Gaón de Vilna era la disminución de la intelectualización de la Torá. El movimiento jasídico estaba formado principalmente por judíos simples y sin educación, y le preocupaba que la erudición judía fuera reemplazada por el canto y el baile. Una religión que era la síntesis de corazón y mente, pasaría a ser exclusivamente corazón.

Finalmente, el Gaón de Vilna y muchos otros rabinos objetaban fuertemente el hecho de que los jasidim cambiaron el texto de la plegaria, lo cual era considerado un quiebre muy serio con la tradición y algo completamente inaceptable.

El Gaón de Vilna estaba tan en contra del movimiento jasídico, que él y otros eran llamados mitnagdim, que significa “los que están en contra”. En 1772, los mitnagdim excomulgaron a los jasidim, pero la excomulgación no duró mucho. Este es un fragmento de la excomulgación de los jasidim (abril de 1772):

Nuestros hermanos, Hijos de Israel… como saben, nueva gente ha aparecido, impensado por nuestros patriarcas… y se asocian entre ellos, y sus caminos son diferentes de los de los hijos de Israel en su liturgia… se han comportado de manera desquiciada y dicen que sus pensamientos vagan por todos los mundos… Menosprecian el estudio de la Torá y afirman repetidamente que uno no debería estudiar mucho, ni tampoco arrepentirse profundamente de las transgresiones… Por lo tanto, hemos venido a informarle a nuestros hermanos, los Hijos de Israel, a los cercanos y a los lejanos… y a hacerles llegar con fuerza la voz de la excomulgación y la confinación… hasta que ellos se arrepientan por completo… (3) (Para más información sobre este tema, ver Triumph of Survival por Berel Wein, pp. 86-119).

Mientras que efectivamente en un inicio la creación del movimiento jasídico causó una seria división en el mundo judío, no creó una separación permanente. Hoy en día vemos sectas jasídicas que han adoptado una mentalidad que apoya la erudición, abriendo sus propias Ieshivot y estudiando intensamente el Talmud.

En retrospectiva, vemos que el movimiento jasídico contribuyó significativamente a la revitalización de la judería de Europa Oriental. Mantuvo a mucha gente conectada al judaísmo, gente que de otra forma se hubiera perdido porque no tenía tiempo para estudiar Torá. La presión ejercida por los mitnagdim en contra de los jasidim actuó como un “freno” evitando que se alejaran demasiado.

Como resultado de la contribución jasídica, el judaísmo se fortaleció y estuvo listo para enfrentar el ataque de un nuevo movimiento secular occidental llamado Iluminismo.


Notas:

1. Raphael Jospe, ed., Great Schisms in Jewish History (Ktav Publishing House, 1981), p. 129.

2. Panteísmo: la doctrina de identificar a una deidad con diferentes fuerzas de la naturaleza.

3. Paul Mendes-Flohr & Yehuda Reinharz ed., The Jew in the Modern World, (Oxford University Press, 1995), p. 390.

Según tomado de, http://www.aishlatino.com/judaismo/historia/curso-rapido/El-movimiento-jasidico.html el sábado, 11 de febrero de 2017.

 
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¿Por Qué a la Gente Buena le Ocurren Cosas Malas?

¿Por Qué a la Gente Buena le Ocurren Cosas Malas?

Gentileza Jabad.com

Pregunta:

¿Por qué a la gente buena le ocurren cosas malas? ¿Por qué es tan injusto el mundo? Por favor, no me diga “No podemos entender los caminos de Di-s”. Estoy cansado de oír esto. Quiero una explicación.

Respuesta:

¿Está seguro que quiere una explicación? ¿Realmente quiere saber por qué sufren los inocentes? Pienso que no. Usted prefiere la pregunta y no la respuesta.

Usted está molesto con el hecho de que la gente sufre inmerecidamente. Como usted. Cualquier persona con un gramo de sensibilidad moral se siente ultrajada por las injusticias de nuestro mundo. Abraham, el primer judío, preguntó a Di-s “¿El Juez de todo el mundo no actuará justamente?” Moisés preguntó “¿Por qué tratas mal a este pueblo?” Y aun hoy nosotros preguntamos “¿Por qué Di-s, por qué?”

¿Pero qué pasa si encontramos la respuesta? ¿Qué pasa si alguien viene y nos da una explicación satisfactoria? ¿Qué misterio será resuelto al final? ¿Qué pasa si preguntamos por qué, y realmente obtenemos una respuesta?

Si esta importante pregunta fuera respondida, entonces podríamos hacer las paces con el sufrimiento de los inocentes. Y esto es impensable. Peor que el sufrimiento de los inocentes es que otros lo vean sin conmoverse. Y es exactamente eso lo que ocurriría si comprendiéramos por qué sufren los inocentes. Ya no nos molestarían sus lamentos, ya no sentiríamos su dolor, porque comprenderíamos por qué está ocurriendo.

Imagine que está en un hospital y oye a una mujer gritando de dolor. Fuera de su cuarto se encuentra la familia de ella, charlando, todos sonriendo felices. Usted les grita “¿Qué pasa con ustedes? ¿No oyen cuánto está sufriendo?” Su respuesta “Esta es la guardia de partos. Está teniendo un bebé. Por supuesto que estamos felices”.

Cuando tiene una explicación, el dolor ya no parece tan malo. Podemos tolerar el sufrimiento cuando sabemos por qué ocurre.

Por lo tanto, si encontramos sentido al sufrimiento de la gente inocente, si podemos racionalizar la tragedia, entonces podemos vivir con ella. Podríamos oír el lamento de dulces niños que sufren y no horrorizarnos. Podríamos tolerar el ver corazones quebrantados y vidas destruidas, pues podríamos explicarlo ingeniosamente. Nuestra pregunta sería contestada y podríamos seguir adelante.

Pero mientras el dolor de los inocentes sigue siendo algo candente, nos molesta su existencia. Y mientras no podemos explicar el dolor, debemos aliviarlo. Si el sufrimiento de la gente inocente no es adecuado para nuestra visión del mundo, debemos erradicarlo. En lugar de justificar su dolor, necesitamos librarnos de él.

Continúe formulando la pregunta, por qué le ocurren cosas malas a la gente buena. Pero deje de buscar una respuesta. Comience a formular una respuesta. Tome su justo enojo y conviértalo en una fuerza para hacer el bien. Redirija su frustración por la injusticia y canalícela para luchar contra la injusticia y la maldad. Que su descontento sea el propulsor suyo hacia la acción. Cuando ve a personas inocentes sufriendo, ayúdelas. Combata el dolor del mundo con bondad. Alivie el sufrimiento toda vez que pueda.

No queremos respuestas, no queremos explicaciones, y no queremos un cierre. Queremos el fin del sufrimiento. Y no debemos atrevernos el dejar a Di-s que alivie el sufrimiento. él espera que nosotros lo hagamos. Para eso estamos acá.

Aaron Moss

Según tomado de, http://www.tora.org.ar/por-que-a-la-gente-buena-le-ocurren-cosas-malas/ el lunes, 6 de febrero de 2017.

 
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Cain and Abel in the Bible, by Elie Wiesel

Cain and Abel in the Bible

Bible Review’s Supporting Roles by Elie Wiesel

Read Elie Wiesel’s essay on Cain and Abel in the Bible as it originally appeared in Bible Review, February 1998.—Ed.


georg-grosz-cain

Mankind’s first murderer, a weary Cain contemplates the death of his brother, Abel, who lies face down (at right) in this 1944 painting by the German-born artist Georg Grosz. Chaotic skeletons struggle at Cain’s feet in Grosz’s painting, titled Cain, or Hitler in Hell. As Elie Wiesel points out in the accompanying essay, the first death in biblical history is a difficult one, raising questions not only about Cain’s responsibility for the death of his brother, but about Abel’s own culpability and God’s role in the killing. The final lesson, according to Wiesel: Killing a man is killing a brother.

Born in Berlin, Georg Grosz (1893–1959) emigrated to the United States in 1933, just a few days before Adolf Hitler took office as German chancellor. Grosz’s paintings present a biting satire of German society, criticizing militarism, blind obedience to political leaders, and moral corruption. Photo: © Estate of Georg Grosz/Licensed by Vaga, New York, NY.

Cain and Abel: The first two brothers of the first family in history. The only brothers in the world. The saddest, the most tragic. Why do they hold such an important place in our collective memory, which the Bible represents for so many of us? Mean, ugly, immoral, oppressive—their story disturbs and frightens. It haunted mankind then and still does, working its way into our nightmares.At first we become attached to Cain. He shares with his younger brother, Abel, the generous idea of offering gifts to the Lord. But for this, Abel might never have felt the need to do the same. For reasons the text does not bother to explain, however, God accepts the gift from Abel after refusing the gift from Cain.

An unjust Creator of the World? Already? How can we understand this favoritism? What did Abel do so great, beautiful or praiseworthy as to merit the divine sympathy denied to his brother? Cain, innocent victim of unprecedented heavenly discrimination—how can we not wonder about his fate?

As always, the midrasha comes to the rescue in our attempt to fill the gaps left by the biblical text. There we learn that God would have preferred Abel’s gifts—they were of choicer quality.

Until then brothers united, surely devoted one to the other, the two would never be close again. A fight erupted. And Cain killed Abel.
For the first time in history, death occurs. And the first death in history, it is worth underlining, was a murder. Of course we are angry at Cain. Nevertheless, it is not difficult to understand his resentment, even his rage. But he should have restrained himself. One does not kill an innocent person, and certainly not one’s brother. If Cain wished to reproach someone, he should have addressed God, and not his younger brother. Abel succeeded in winning God’s favor? Cain, the older brother, should have been pleased for Abel! Was Cain unable to control his anger? Well, that is understandable. But to throw himself on his more fortunate brother and kill him! Too much!In the midrashic literature, the antagonism between the two brothers is not limited to the story about their offerings to the Lord. In the midrash, they inherited their dispute from their parents: Cain took the land for himself, and Abel received everything else. Another midrashic suggestion: Cherchez la femme—so let us look for the woman. According to this explanation, the two brothers were both in love with their mother; in another version, with their sister. A third theory: Each wanted to have the Temple of Jerusalem built in his domain. In short, the first fight in human history was also the first religious war.

These three hypotheses suggest an interesting viewpoint—that Cain is not the sole guilty party. God’s role in this quarrel is no longer the main issue. We can now consider each of the participants as an accomplice.

As a matter of fact, at a still higher level, the Talmud does not hesitate to insinuate precisely this. It asks, “Since there is no death without sin, why did Abel merit death?” There is a marvelous answer. It relies on the text, which says, “Cain spoke to his brother Abel. And when they were in the field, Cain set upon his brother and killed him.” But the text makes no mention of what Cain told Abel before killing him, nor what Abel answered. Is it possible that Abel did not pay attention to what his brother said? That Abel’s mind was elsewhere? Was that his sin? His brother, rebuffed, rejected, needed to tell someone of his grief—and he, Abel, was not even listening! This insensitivity is what makes him guilty.
Some of our sources go very far in pleading Cain’s case. When God accused him of murder, he could have made a convincing argument: “How was I to know that by hitting Abel he would die, since no one had lost his life before him?” Or, “Since You did not want me to kill my brother, why didn’t You stop me from going all the way? If a thief penetrates into a forbidden garden, is it not the guard’s fault?”

Cain nevertheless remains the archetypal murderer. His flash of anger is not enough to make it a crime of passion worthy of extenuating circumstances. If he was justified in holding a grudge, it should have been against God; he was wrong to lay the blame on his brother. Had he cried out to the heavens to express his pain, even to vent his rage, all would have been forgiven. Powerless against God, Cain took vengeance on the only being near him. That was his fault. And his crime.

Is this the lesson, profoundly human and humanistic, we should draw from this somber story? Perhaps. But there is a second lesson: Two men may be brothers and still become the victim or the killer of the other. And a third: He who kills, kills his brother.

Translated by Alissa Martin.

Notes:

a. Midrash (plural, midrashim) is a genre of rabbinic literature that includes nonliteral elaborations of biblical texts, often for homiletic purposes.


Elie Wiesel

The author of more than 30 novels, plays and profiles of Biblical figures, Elie Wiesel received the Nobel Peace Prize in 1986. This online publication is adapted from Wiesel’s article “Supporting Roles: Cain & Abel,” which was published in Bible Review in February 1998. The article was first republished in Bible History Daily on June 1, 2015. At the inception of Wiesel’s Supporting Roles series in Bible Review, BAS editors wrote:

We are pleased—and honored—to present our readers with the first of a series of insightful essays by Elie Wiesel, the world-renowned author and human rights advocate. Wiesel is best known for his numerous books on the Holocaust and for his profiles of Biblical figures and Hasidic masters. In 1986, he was awarded the Nobel Peace Prize. His occasional series for BR will focus on characters in the Bible that do not occupy center stage—those who play supporting roles.

As taken from, http://www.biblicalarchaeology.org/daily/people-cultures-in-the-bible/people-in-the-bible/cain-and-abel-in-the-bible/?mqsc=E3870628&utm_source=WhatCountsEmail&utm_medium=BHDDaily%20Newsletter&utm_campaign=E7B206,  February 6, 2017

 
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Diferencias Entre Judíos Ortodoxos, Conservadores y Reformistas

Judíos Ortodoxos, Conservadores y Reformistas

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Gentileza jabad.com
por tzvi Freeman

Pregunta:

¿Cuál es la diferencia entre el judaísmo Ortodoxo, el judaísmo Conservador y el judaísmo Reformista?

Respuesta:

Posiblemente no sea la persona indicada para responder a esta pregunta ya que, personalmente, no creo que haya “ismos” en ser judío. Simplemente somos judíos, con nuestra Torá y nuestra voluntad de ser judíos.

Sin embargo, voy a tratar de dar una descripción objetiva de lo que estos “ismos” significan en términos prácticos:

Hasta el Siglo XIX éramos meramente judíos. Manteníamos la Halajá, -es decir la interpretación rabínica de las normas y pautas de la Torá- y durante 3.000 años, desde el Sinaí, venimos manteniendo una firme tradición. Si algún individuo o grupo se desviaba de la Halajá, generalmente era alejado del pueblo judío.

Luego vinieron los Reformistas. Su punto de vista era: “las cosas están cambiando. Ahora sabemos que no hay necesidad de mantener la kashrut, el Shabat, la circuncisión o creer en un retorno a Sión”. En Alemania decían: “Berlín es nuestro Jerusalén”. En los EE.UU. era Washington.

Luego vinieron los Conservadores: Su punto de vista era: “Estos rabinos reformistas han ido demasiado lejos. Es preciso conservar algunas de las tradiciones básicas del judaísmo”. De modo que revivieron una forma de alimentación kasher, del Shabat y de la circuncisión. Pero no estaban demasiado convencidos con respecto al tema Washington.

Aquellos judíos que no seguían estas líneas de pensamientos eran catalogados como “Ortodoxos”. Ellos nunca pidieron ser llamados así, pero éste fue el nombre que se les dio. En lo que me es personal no me veo como ortodoxo, ya que pienso acerca de mi judaísmo como algo muy radical y bueno, poco ortodoxo.

Tampoco veo el motivo que puede haber para reformar mi judaísmo. Preferiría que mi judaísmo me reformara a mí. Después de todo, aquellas cosas que los padres de la reforma vieron como algo obsoleto ahora están de moda nuevamente y son cada vez más populares. Por ejemplo, en los últimos diez años el número de alimentos kasher que hay en el mercado se incrementó en un 2000%. Y en lo que se refiere a Jerusalén, la realidad es bastante obvia. En 1948 el movimiento reformista dio una marcada media vuelta.

Ahora bien, apuesto que con lo anterior he provocado más preguntas que las respuestas que he podido ofrecer. Pero eso está bien porque es parte de lo que es ser judío, poder pensar libremente y plantear preguntas.

Tzvi Freeman

Según tomado de, http://www.tora.org.ar/ortodoxos-conservadores-y-reformistas/ el domingo, 5 de febrero de 2017

 
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¿Por Qué Los Rabinos Desaniman Conversiones?

¿Por Qué Los Rabinos Desaniman Conversiones?

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Gentiliza http://www.jabad.com

Pregunta:

Estoy un poco confundido. Tengo muchos amigos judíos, pero la mayoría de ellos son totalmente indiferentes, y a veces hasta hostiles hacia su propia religión. Yo no soy judío pero he estudiado el judaísmo y lo amo, y estoy muy interesado en convertirme.

Mi confusión se debe a lo siguiente: cuando fui a hablar con un rabino acerca de la conversión, me disuadió de convertirme, diciéndome que es más serio de lo que pienso, y que puedo vivir una vida plena sin hacerme judío. Le dije cuán interesado estoy en el judaísmo, pero sin embargo me echó.

¿Qué está pasando? Estoy sediento de judaísmo y soy expulsado, ¡mientras que tantos judíos ni siquiera quieren estudiar más acerca de su propia religión!


Respuesta:

Hay una creencia judía de que el judaísmo no es solo bueno para el alma judía, es natural para el alma judía. El alma se siente en su hogar cuando dice plegarias en hebreo, experimenta la mesa de Shabat, o coloca una mezuza. Esos actos son los que hacen sentir cómoda al alma judía. Un judío tiene una afinidad innata con el judaísmo.

¿Entonces por qué tantos judíos no parecen interesados por su religión? Porque hay otra creencia judía de que cada energía tiene su contra-energía. Si el alma judía es atraída al judaísmo, debe haber una fuerza igual y opuesta que aleja al judío del judaísmo. El materialismo, el cinismo, la pereza, la apatía —todo eso y más conspira para alejar al judío de conectarse con su judaísmo. En efecto, cuanto más poderosa es el alma judía, más intensa será esa resistencia.

Y debe ser de este modo. De otro modo la vida espiritual sería muy fácil —un alma judía naturalmente caerá en el judaísmo. Y Di-s quiere que seamos desafiados. Cuando los judíos se ocupan del judaísmo, están tomando sobre si un desafío de toda la vida para vencer esos obstáculos internos y encontrar su ser más profundo.

Cuando un no judío se acerca al judaísmo, es una historia completamente diferente. El o ella no tienen “equipaje” así que están abiertos a lo que el judaísmo tiene para decir. Puede sentirse atraído, o no —pero no tiene la resistencia emocional que tiene el judío. Es por eso que muchos no judíos respetan al judaísmo cuando realmente lo estudian. Vienen con un corazón abierto, a diferencia del judío que tiene una resistencia automática hacia todo lo judío.

Esto es bueno —hasta que el no judío considera la conversión. Puede sentir que el judaísmo tiene la profundidad y calidez que busca, puede sentirse bien yendo a la sinagoga y celebrando las festividades, y eso puede llevarlo a pensar que puede ser fácil hacerse judío y hacer de esto su hogar espiritual. Pero hay un factor del que no es conciente.

Ahora todo parece lindo y cómodo porque usted está de visita. Aun no es suyo, así que puede mirarlo objetivamente y disfrutarlo por lo que es, sin ninguna resistencia. Pero en el momento en que se hace judío todo cambia. La conversión no sólo significa que usted recibe el alma judía, sino que también recibe el “equipaje” judío que lo abruma y trata de evitar que se convierta en un judío activo (nuevamente, para mantener el equilibrio y darle un desafío).

Este es un motivo por el cual alejamos a los conversos. Ponemos obstáculos en su camino así pueden probar a qué se parece realmente ser judío. Así estará claro desde el comienzo que una vida judía no es fácil. Siempre habrá obstáculos. La única diferencia es, antes de la conversión los obstáculos son externos —rabinos duros que le dicen “no moleste con el judaísmo”. Después de convertirse, esos mismos rabinos le darán la bienvenida con los brazos abiertos, y aun habrá una voz que le dirá que no moleste —pero entonces esa voz será interior.

Si puede vencer la resistencia de los rabinos, entonces tiene una buena posibilidad de poder vencer la resistencia interior que es la lucha de todo judío.

Aron Moss

Según tomado de, http://www.tora.org.ar/por-que-los-rabinos-desaniman-conversiones/ el domingo, 5 de febrero de 2017.

 
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¿Para qué Dios crea el Mal?

¿Para qué Dios crea el Mal?

Extraído del Calendario Cabalístico del Rab Ben Itzjak.

Los cabalistas nos enseñan que al principio de los días, o mejor dicho durante el sexto día de la creación, había un hombre, una mujer… y una serpiente. Un hombre y una mujer – Adán y Eva – con un objetivo y una tarea divina que cumplir – “trabajar y cuidar el Gan Eden” – y una criatura, también divina, encargada de tentar al hombre a desviarse del camino correcto, y a interferir y arruinar los planes divinos y humanos de perfección.
Citamos a continuación los pasajes bíblicos del segundo y tercer capítulo del libro de Génesis relevantes para nuestro estudio:

“Y El Eterno, Dios, formó al hombre de polvo de la tierra y le exhaló en sus fosas nasales el alma de vida; y el hombre se transformó en un ser vivo.
El Eterno Dios plantó un jardín en el Edén, hacia el este, y allí colocó al hombre que había formado. Y El Eterno Dios hizo que brotaran de la tierra todos los árboles que eran agradables a la vista y buenos como alimento; y el árbol de la Vida, en medio del jardín, y el árbol del Conocimiento del Bien y del Mal…
El Eterno Dios tomó al hombre y lo colocó en el Jardín del Edén, para que lo trabajara y lo cuidara. Y El Eterno Dios le ordenó al hombre, diciendo: “De todo árbol del jardín podrás comer, pero del árbol del Conocimiento del Bien y del Mal, no comerás; pues el día que de él comas, ciertamente morirás”.
El Eterno dijo: “No es bueno que el hombre esté solo; le haré una compañera que le corresponda… El Eterno Dios, con el costado que había tomado del hombre, construyó una mujer y la llevó ante el hombre… Ambos estaban desnudos, el hombre y su mujer, y no tenían vergüenza.
La serpiente era más astuta que cualquier otra bestia del campo que El Eterno Dios había hecho. Ella le dijo a la mujer: ¿Acaso Dios dijo “No comeréis de ningún árbol del jardín?”…La serpiente le dijo a la mujer: “Ciertamente que no moriréis, pues Dios sabe que el día que de él comáis, vuestros ojos se abrirán, y seréis como Dios, conocedores del bien y del mal”.
Y la mujer… tomó de su fruto y comió; y también le di a su marido junto a ella, y él comió”.

Y si bien el análisis completo de estos pasajes podría ocupar cientos o miles de páginas, en este caso focalizaremos nuestra atención precisamente en el rol de la serpiente.

En el libro Nefesh Hajaim, el gran cabalista Rabí Jaim de Volozyn relaciona a la serpiente con la presencia del Mal en el mundo. Sin embargo, lo que más sorprende de su mensaje es el énfasis que el sabio pone al destacar que la serpiente no sólo tienta a la mujer sino que lo hace “desde afuera”, “en segunda persona”, es decir, le dice: “tú puedes comer del árbol y nada malo te sucederá”. Está bien, es evidente que así sucede, mas ¿qué tiene esto de extraño? ¿La primera o segunda persona gramatical es acaso lo que modifica la influencia del Mal y su capacidad dañina? No obstante, si lo analizamos con detenimiento, descubriremos que esta situación, en la que la serpiente – el Mal – habla al hombre “desde afuera”, es única en la historia de la humanidad. Intentaremos aclararlo.

* * * *

Tal lo expresado, al hombre se le prohibe comer del árbol del Conocimiento del Bien y del Mal. Mas antes de intentar dilucidar el sentido de esta prohibición, los invito a reflexionar superficialmente en el mandato divino: no comer del árbol del Conocimiento del Bien y del Mal. Perfecto, lo aceptamos, mas ¿por qué? ¿Qué sentido oculto encierra esta prohibición? O mejor dicho, y tal como lo cita Maimónides en su Guía de Perplejos, ¿acaso el Creador no quería que el hombre comiese de este árbol para que no llegara a distinguir entre el Bien y el Mal? ¿Qué más valioso que esto? ¿Acaso no es precisamente esta capacidad de distinguir entre lo bueno y lo malo lo que diferencia al hombre de las bestias?

Mas cuando logramos internarnos en el mundo de las palabras bíblicas originales, en el idioma hebreo, y nos aproximamos a sus raíces idiomáticas, entonces todo lentamente se aclara y se ordena.
La expresión bíblica que refiere al árbol del Conocimiento del Bien y del Mal es “etz hadaat tov verá”. Es un árbol, etz, que otorga un conocimiento, daat, relacionado al Bien, tov, y al Mal, ra. Y para saber a qué tipo de conocimiento se alude, basta con entender la palabra hebrea daat, la cual en todos los casos en que aparece en la Biblia indica unión, apego y fusión. Por ejemplo, el pasaje bíblico lo utiliza para indicar que Adán conoció – iadá – a su mujer Eva y ella concibió y dio a luz.

Es decir, el hombre se unió a su mujer, o tal como lo expresa el versículo: “la conoció”. Y cuando ahora regresamos al árbol del Paraíso, ya podemos aproximarnos mínimamente a su sentido: era el árbol que fusionaba y entremezclaba al Bien y al Mal. Y una vez que el hombre come del mismo, entonces “internaliza” a través de este acto la confusión y, desde ese instante el Bien y el Mal no solo se confunden entre si sino que le hablan al hombre desde su interior, en primera persona. El hombre cree que la voz que le habla es su propia voz, mas en realidad, es el mal instinto que lo seduce desde lo más profundo de su ser.

Comprendido. Sin embargo, y debido a la importancia del tema, me gustaría describir la situación existencial del hombre antes de pecar, tal como lo explica el genial sabio cordobés, Maimónides. Adán, antes de probar el fruto prohibido y provocar la confusión antes detallada, distinguía en su mundo cuatro aspectos diferentes: lo verdadero, lo falso, lo bueno y lo malo. Y esto, todo el tiempo que el Mal se encontraba afuera de su persona.

Como es lógico, él se guiaba por lo correcto y se alejaba de lo falso, y su camino era elegido de acuerdo con la verdad. Mas al caer, al “acceder” al conocimiento que El Eterno le indico no probar, su vida ya no se rige por lo verdadero y lo falso, o lo correcto o incorrecto sino por lo bueno y malo. El hombre que basa su vida en lo que le parece bueno o malo, en lo que la agrada o le provoca rechazo, es un digno representante del hombre, mas en su estado decadente posterior al pecado. El Bien y Mal, entremezclados y confusos, desplazan y oscurecen a la Verdad y la Mentira.

* * * *

Y la siguiente pregunta es obvia, y diría que casi obligatoria para el lector que nos ha seguido atento hasta aquí: ¿Para qué Dios crea el Mal? ¿Por qué la serpiente es colocada junto a Adán y a Eva en el Paraíso? ¿Por qué es tan necesario que además acompañe al hombre en su paso por la vida?

El gran cabalista, Rabí Jaim Moshé Luzzatto, lo explica con absoluta claridad en varias de sus obras clásicas – Derej Hashem, Daat Tevunot – y para no confundir al lector intentaremos resumir sus conceptos en pocas líneas.
El hombre fue creado y puesto en este mundo para ser beneficiado, ya que la esencia divina es el Bien absoluto. Por lo tanto, se le otorga el libre albedrío y se lo coloca en un escenario en el cual la persona puede ser recompensado por sus actos. Sin embargo, si el hombre no tuviese ningún obstáculo, si ninguna fuerza se le opusiese, entonces más que una recompensa recibiría un obsequio, lo cual, y tal como lo expresan los sabios místicos, sería como comer del “pan de la vergüenza”. ¿Por qué? Pues tal regalo avergonzaría profundamente a la persona tal como el necesitado se avergüenza de observar a los ojos de su benefactor.

Además, todo aquello que recibimos por obsequio nos llega desde afuera, del mundo exterior, y jamás llegamos realmente a convertirlo en parte de nuestro ser. Un regalo siempre lleva el nombre de aquel que nos lo obsequió mientras que, lo que ganamos y obtenernos con nuestro propio esfuerzo, nos pertenece de modo esencial. Por estas razones, explica el cabalista, el Mal viene a cumplir un papel vital: permitir el trabajo del hombre que, al superarlo, recibe una recompensa divina como producto de su propio esfuerzo, y como resultado de la correcta utilización de su libre albedrío.

* * * *

El Maharal de Praga, ese gigante espiritual, explica en varios pasajes de su magnífica obra que el Mal Instinto – representante de las fuerzas espirituales negativas – ataca al hombre precisamente cuando éste supera la mediocridad y sobresale. Todo el tiempo que el individuo se mantiene dentro de los niveles más comunes, más mediocres, entonces el Mal Instinto simplemente no se preocupa de él y lo deja hacer y actuar libremente. El pastor continúa distraído todo el tiempo que las ovejas no se escapan del rebaño. Mas cuando la persona crece, se supera y comienza a trabajar en aras de minimizar la presencia del Mal en el mundo, entonces el Mal Instinto lo ataca con toda su fuerza.

Esta es la razón – explica el Maharal – por la cual Israel en su punto de máxima elevación espiritual se inclina a la construcción del becerro de oro.
La profunda explicación del sabio de Praga también nos sirve para entender por qué tantos hombres al llegar a cimas importantes en sus vidas, se corrompen y desvían.

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El cuarto mes, tamuz – el mes que sigue inmediatamente al mes de siván – se presenta como un tiempo de riesgo espiritual y de caída. El pueblo de Israel ha alcanzado su cima espiritual, y Moisés, el gran líder, ha ascendido a los cielos y ha recibido la Torá directamente del Creador del Mundo. Sin embargo, es precisamente en este momento cuando el Mal ataca al pueblo, quien casi sin notarlo construye un becerro de oro y le otorga poderes idolátricos inexistentes. El tiempo de ascenso ha llegado a su fin, y el mes de tamuz y su energía ejercen ahora su influencia de descenso, de bajada, de confusión y de peligro.

Rab Ben Itzjak.

Según tomado de, http://www.tora.org.ar/para-que-dios-crea-el-mal/ el sábado, 4 de febrero de 2017.

 
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Posted by on February 4, 2017 in Uncategorized

 

Five myths about anti-Semitism

Five myths about anti-Semitism


An ultra-Orthodox Jewish man visits Yad Vashem, the Israeli Holocaust memorial museum in Jerusalem.
(Abir Sultan/EPA)

 February 3

Yair Rosenberg is a senior writer at Tablet Magazine.

For a phenomenon often dubbed “the world’s oldest hatred,” anti-Semitism is not well understood. From top Iranian officials who blame the Talmud for the international drug trade to British political activists who claim that the Mossad is stealing their shoes, anti-Jewish bigotry can be bewildering and bizarre. But given the prejudice’s longevity, virulence and recent resurgence in Europe and America — witness the waves of bomb threats against dozens of Jewish centers nationwide in the past month and the controversy over the Trump administration’s repeated refusal to include Jews in its Holocaust memorial statement — it’s well worth debunking common misconceptions that impede our ability to fight it.

MYTH NO. 1
Anti-Semitism largely subsided after the Holocaust.

In my time reporting on anti-Semitism, I’ve often encountered a certain well-meaning skepticism: Didn’t the Holocaust, with its shocking horrors, finally compel society to stamp out anti-Jewish bigotry? Sophisticated people don’t write this idea down, but it’s one I hear constantly in my reporting.

This is profoundly, depressingly wrong. According to the FBI, Jews in the United States are annually subject to the most hate crimes of any religious group, despite constituting only 2 percent of the American population. The picture is considerably darker in Europe, where Jews were the target of 51 percent of racist attacks in France in 2014, even as they made up less than 1 percent of that country’s population. In recent years, synagogues and Jewish schools and museums have been subject to terrorist attacks in France, Denmark and Belgium. A 2013 E.U. survey found that nearly 40 percent of European Jews fear to publicly identify as Jewish, including 60 percent of Swedish Jews. Non-Western examples abound as well. Populations of Jews in Arab lands, which once numbered nearly 1 million, have been reduced to only a few thousand, having been persecuted to the point of expulsion or flight in the past century.

These facts underscore a crucial point: It’s wrong to subsume anti-Semitism under Nazism, its worst manifestation, when the centuries-old prejudice usually takes less extreme or exterminationist forms. The end of American slavery did not mean the end of American racism; likewise, the end of Nazism as a dominant political force did not silence anti-Semitism.

MYTH NO. 2
ANTI-SEMITISM COMES PREDOMINANTLY FROM THE RIGHT

This past election season, the ascendant alt-right, a band of reactionary white nationalists with a penchant for harassing Jewish journalists, filled Twitter with neo-Nazi memes, Photoshopped reporters into gas chambers and concentration camps, and chanted anti-Semitic slogans at political rallies. (My critical reporting on Trump made me the second-most-harassed Jewish journalist on Twitter, according to an Anti-Defamation League study.) One could be forgiven for assuming that such bigotry flows from one primary political source.

But anti-Semitic outbursts were taking place on the left at the same time. At liberal Oberlin College, a writing instructor named Joy Karega sharedFacebook memes about Jewish control of the global economy and media, alongside posts asserting Israeli responsibility for the Islamic State and 9/11. Yet when school officials and others criticized her conduct, the student council dismissed it as a “witch-hunt.” In New York, despite a local outcry, the hip leftist hub Brooklyn Commons hosted Christopher Bollyn, a conspiracy theorist who argued that “Zionist Jews” were behind 9/11. During the Democratic primaries, Jewish candidate Bernie Sanders was confronted by a questioner who declared that “the Zionist Jews . . . run the Federal Reserve, they run Wall Street, they run every campaign.” Surveying this scene, TBS comedian Samantha Bee aired footage of an anti-Semite ranting at a Trump rally, then cracked, “To find anti-Semitism that rabid, you’d have to go to, well, any left-leaning American college campus.”

This bipartisan bigotry shouldn’t surprise. Anti-Semitism could never have attained its impressive influence without forging coalitions across ideological and religious lines. Hatred of Jews has long thrived on its ability to ensnare utterly opposite worldviews. Thus, the 2013 E.U. survey found that Italian and Swedish Jews perceived more anti-Semitic statements coming from the left, Hungarian Jews heard them overwhelmingly from Christians and the right, and French Jews reported abuse largely from Muslim extremists. It’s tempting to cast anti-Semitism as the sin of other people, but that’s usually a way to avoid confronting the problem within one’s own community.

MYTH NO. 3
Criticism of Israel is generally anti-Semitic.

The state of Israel often confounds the anti-Semitism conversation. Some assume that an attack on Israel and its policies must necessarily be an attack on Jews; evangelical leader Franklin Graham, for instance, dubbed criticism of Israeli settlers an assault on God’s “chosen people.” Others justify their attacks on Jews around the world by pointing to Israel, claiming to be anti-Zionist, not anti-Semitic. Much of this confusion stems from the conflation of all Jews with the state of Israel, its government and its policies.

Criticism of Israel, however, is not necessarily anti-Semitic. In fact, it is a popular pastime in Israel and among Jews across the globe. Objections to settlements, for instance, or even calls to boycott them are debatable political positions, not bigoted slurs. Dovish proponents of such views are no more promulgating anti-Jewish prejudice than those security hawks and religious nationalists who have opposed Israel’s land concessions for peace. Israel is a democracy — and can be held to account for its actions, just like any other country.

MYTH NO. 4
Criticism of Israel cannot be anti-Semitic.

At the same time, criticism of the Jewish state can mask malice toward Jews. Some cases are obvious, such as when the organizers of a 2010 flotilla that aimed to breach Israel’s maritime blockade of Gaza subsequently denied the Holocaust and claimed that Israel was behind the Charlie Hebdo massacre. Similarly, those who accuse Israel of committing “Palestinian genocide,” when the Palestinian Central Bureau of Statistics records a four-fold population increase since Israel’s founding, are engaging in libel, not legitimate argument.

In other, less-blatant cases, Israel is subjected to criticism leveled at no non-Jewish country. Consider the United Nations, whose Human Rights Council has condemned Israel more often than all other countries combined, including Syria, North Korea, Iran and Russia. As President Barack Obama’s U.N. ambassador, Samantha Power, put it, “As long as Israel has been a member of this institution, Israel has been treated differently from other nations at the United Nations.” In October, one U.N. body even passed a resolution denying the Jewish connection to Jerusalem’s Temple Mount, Judaism’s holiest site.

What these unfortunate approaches all share is that they treat the Jewish state in much the same way anti-Semites have historically treated Jews: singling them out for censure and implicating them in outlandish conspiracies.

MYTH NO. 5
Anti-Semitism mostly threatens Jews.

Most bigotries debilitate their targets while empowering their disseminators, much like slavery and redlining enriched America’s white majority at the expense of its African American minority. Many successful societies have been built atop prejudices.

Anti-Semitism, however, is a unique case — and uniquely corrosive to those societies that embrace it. That’s because it often takes the form of a conspiracy theory about how the world works. By blaming real problems on imagined Jewish culprits, anti-Semitism prevents societies from rationally solving them. In one of the most famous examples, Nazi scientists shunned Einstein’s advances as “Jüdische Physik,” as opposed to “Deutsche Physik,” enfeebling their understanding.

As Bard College’s Walter Russell Mead has put it: “People who think ‘the Jews’ dominate business through hidden structures can’t build or long maintain a successful modern economy. People who think ‘the Jews’ dominate politics lose their ability to interpret political events, to diagnose social evils and to organize effectively for positive change. People who think ‘the Jews’ run the media and control the news lose the ability to grasp what is happening around them.” For this reason, Mead has warned, “Rabid anti-Semitism coupled with an addiction to implausible conspiracy theories is a very strong predictor of national doom.” This is one case where the hatred ultimately destroys the hater.

https://www.washingtonpost.com/opinions/five-myths-about-anti-semitism/2017/02/03/a8de59e2-e884-11e6-b82f-687d6e6a3e7c_story.html?hpid=hp_no-name_opinion-card-e%3Ahomepage%2Fstory&utm_term=.412b50f2dcd6

 
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Posted by on February 4, 2017 in Uncategorized