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Author Archives: yishmaelgunzhard

Los Caminos Ocultos De Dios


Retrospectiva

Ha terminado la Festividad de Purim, pero el inmenso mensaje de este libro profético —Megilat Ester (el libro de Ester)— no se terminó del todo, por eso hoy nos tomaremos un tiempo para seguir reflexionando sobre este mensaje.

La última vez hablamos sobre la fascinante historia del “Festival de Purim 1946”. Halamos de “la profecía oculta” en el texto original: las cuatro letras en los nombres de los diez hijos de Amán que fueron escritas en diferentes tamaños. En su comentario a este post, mi querida amiga Dot Healy escribió: “Me intriga cómo los escribas han colocado estas letras disminuidas y agrandadas en varios lugares que han sido fielmente copiados. Me pregunto si ellos sabían por qué lo hacían, o si eran simplemente guiados por el Espíritu”. Desde luego esta es una observación muy profunda. Piensa en esto: estas pequeñas letras —tav, shin, zayin— han estado ahí durante siglos; han sido copiadas fielmente de un escriba a otro, y estos escribas confiaron simplemente en el Señor y Su Palabra, creyendo que era importante preservar las letras tal como les fueron entregadas —que tenían algún significado, incluso si ese significado no era aparente para ellos en el momento de copiarlas—. Sí, tal como mencioné, nuestros sabios siempre han reflexionado sobre estas variaciones del tamaño, y han ofrecido diversas explicaciones —pero solo después de octubre de 1946, el significado completo fue claro—, cuando diez nazis fueron ahorcados en el año judío 5707, tavshinzayin.

Esta es una de las lecciones de esta gran historia. Tenemos el beneficio de la retrospectiva —y a menudo solo es en esa retrospectiva que podemos ver verdaderamente a Dios actuando en la historia de nuestro mundo, o en nuestras vidas—. En primer lugar, esto significa que no necesitamos desanimarnos si no experimentamos la mano de Dios en nuestras vidas en este mismo momento. Un día miraremos atrás y veremos claramente la mano de Dios en retrospectiva. El día llegará cuando Dios nos vuelva a contar nuestra historia, y entonces entenderemos todas las profecías ocultas a lo largo del camino.

El principio oculto

Quisiera mostrarte un ejemplo más de la retrospectiva —o del comienzo oculto— en este libro. Está oculto tan profundamente que a menudo pasa desapercibido. Sin embargo, al igual que todos los eventos aquí, también está “la revelación de lo oculto”, también está la retrospectiva, permitiéndonos ver a Dios detrás de todos los eventos de Purim y saber que Él es el Único que dirige estos eventos.

En 1 Samuel 9 leemos: “Había un varón de Benjamín, hombre valeroso, el cual se llamaba CisY tenía él un hijo que se llamaba Saúl, joven y hermoso.

Después en 1 Samuel 15: “Después Samuel dijo a Saúl… Ve, pues, y hiere a Amalec, y destruye todo lo que tiene, y no te apiades de él… Y Saúl derrotó a los amalecitas desde Havila hasta llegar a Shur…

Y Saúl y el pueblo perdonaron a Agag, y a lo mejor de las ovejas y del ganado mayor…, y no lo quisieron destruir”.

Agag debía ser destruido —y parece ser que su destrucción era muy importante a los ojos de Dios—, ya que Saúl fue rechazado como rey, justo después de haber perdonado a Agag.

Ahora, vamos directamente a los tiempos de Ester (aproximadamente seis siglos después)  y una vez más verás qué tan profético es el libro de Ester.

Ester 3:1Después de estas cosas el rey Asuero engrandeció a Amán hijo de Hamedata agagueo…”

Ester 2:5Había en Susa residencia real un varón judío cuyo nombre era Mardoqueo hijo de Jair, hijo de Simei, hijo de Cis, del linaje de Benjamín”.

¿Puedes ver aquí la historia en retrospectiva? A Saúl se le ordenó destruir a Agag; su error en hacerlo casi resulta en la matanza de los judíos por un agagueo, seis siglos después. Amán era descendiente de Agag; Mardoqueo era descendiente de Cis y Benjamín; la línea de Agag y la línea de Cis tenían que encontrarse una vez más. De hecho, la historia de Purim empezó seiscientos años antes de Ester, con Saúl y Agag —pero esto era un comienzo oculto—. De acuerdo con la tradición judía, Mardoqueo tenía que destruir al descendiente de Agag, Amán, porque Saúl no destruyó a Agag. Esta es solo una lección más profunda de este fascinante libro.

La revelación de lo oculto

Así pues, ¿qué hace que este libro sea único? En principio puede sorprenderte la respuesta a esta pregunta: el libro de Ester es el único libro en la Biblia que no menciona explícitamente a Dios. ¿Qué? Entonces, ¿por qué está en la Biblia? ¿Por qué fue incluido en el canon, en esta primera parte?

Y aquí llegamos a un punto de gran importancia. Este libro fue incluido en el canon porque, de hecho todo trata de Dios. La palabra “Dios” no aparece abiertamente en el libro porque a menudo Dios se mantiene oculto en nuestras vidas —hasta que le reconocemos a Él y Su escritura en las circunstancias y eventos que se desarrollan—. Sí, algunas veces sucede que la salvación de Dios viene como un milagro, desafiando las leyes naturales (como en el libro de Daniel, por ejemplo). Sin embargo, más a menudo de lo que uno piensa, la salvación divina está disfrazada dentro de los eventos ordinarios —oculta en lo que puede ser percibido como una serie de coincidencias—tal como hemos descubierto aquí, en el libro de Ester—. Incluso el nombre de este libro —Megilat Ester” (el Manuscrito de Ester)— es muy importante y refleja esta asombrosa dinámica entre oculto y revelado: el nombre de Ester (אסתר) probablemente está relacionado con la palabra “nistar”: “oculto”, “escondido”; mientras que la palabra Megillah podría estar relacionada con la palabra “megaleh”: “revelado”. Así, incluso las palabras Megilat Ester” literalmente pueden ser traducidas como “La revelación de lo oculto” —y este es el nombre de este libro tan asombroso—.

¿Sabes quien más tiene un nombre muy similar en la Torá? En Génesis 41:45 leemos: “Y llamó Faraón el nombre de José, Zafnat-panea”. El significado de este nombre no está claro, y hasta el día de hoy no ha existido interpretación que haya sido aceptada por todos. La antigua tradición interpretativa judía, sin embargo, deriva el nombre de Zafnat-panea, de la raíz hebrea (y no de la egipcia): פִּעְנֵחַ  צפן   (paneah y tsaphan). Pero, ¿cuáles son los significados de estas raíces? Tzaphan significa esconder, atesorar o guardar. Encontramos un buen ejemplo en las conocidas palabras del Salmo 119: “En mi corazón he guardado tus dichos…” (en hebreo es: בְּ֭לִבִּי צָפַ֣נְתִּיBelibi tsaphanti…).  

Paneach significa descifrar; resaltar, solucionar, descodificar, interpretar. Así pues, Zafnat-panea, el nombre egipcio de José puede ser traducido como: “Quien explica las cosas ocultas” —y ese puede ser realmente el nombre que el Faraón le hubiese dado a José, después de todo, él interpretó los sueños del Faraón—. Sin embargo, esta interpretación tiene también un significado adicional y muy profundo. El nombre también podría ser traducido como “la revelación de lo oculto” —que describiría muy bien, no solo lo que el Faraón sabía de José, sino todo el plan de Dios con José. De esto trata la historia de José.

El Libro de Ester también es sobre este misterio: el misterio de Dios estando oculto — disfrazado — revelado — reconocido. En la historia de Ester, así como en la historia de José, el mal es invertido —y así es como Dios se revela a sí mismo en estas historias— así es como Él es reconocido. Pero antes, tanto José como Ester necesitaron confiar completamente en Dios; primero tuvieron que entender que sus vidas estaban es Sus manos —y solo entonces, a través de sus vidas, en una manera aparentemente “natural”, Dios intervino y cambió la historia para siempre—.

Según tomado de, https://blog.israelbiblicalstudies.com/es/jewish-studies/los-caminos-ocultos-de-dios-todavia-sobre-purim/?cid=32525&adgroupid=-1&utm_source=js-blog-posts&utm_medium=email_marketing&utm_campaign=bib_es_eml_js_posts_2016-07-14_%2332525&_at=0.3.9652420,0.91835702.jza3fdtf8dua2ph2&_atscid=3_2483_91835702_9652420_0_Tjza3fdtf8dua2ph2

 

 
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Posted by on March 17, 2018 in Uncategorized

 

Justino, “Diálogo con Trifón”

Prólogo. Encuentro con Trifón

1. [1] Me paseaba por la mañana temprano por los jardines de Xysto(2), cuando apareció uno que (por allí) pasaba, al que otros acompañaban:
-Salud, filósofo, me dijo.
Al tiempo que así me saludaba, dio la vuelta y se puso a pasear a mi lado, y con él se volvieron también sus amigos. Yo, a mi vez, devolviéndole el saludo:
-¿Qué ocurre? -le dije.

[2] -Aprendí en Argos –me contestó- de Corinto el socrático que no hay que despreciar ni descuidar a los que visten hábito como el tuyo, sino mostrarles por todos modos estima y buscar su conversación, con el fin de sacar algún provecho o para él o para mí. Pues aún en el caso de aprovecharse uno solo de los dos, ya es un bien para entrambos. Por eso, siempre que veo a alguien que lleva ese hábito me acerco a él con gusto, y ésa es la causa porque ahora te he saludado también a ti de buena gana. Estos me vienen acompañando y también ellos esperan oír de ti algo de provecho.

[3] -¿Pero quién eres tú, oh el mejor de los mortales? (cf. Homero, Ilíada VI, 123; XV, 247; XXIV, 387) -le repliqué yo-, bromeando un poco.
Él me indicó, sencillamente, su nombre y su nacimiento:
– Yo me llamo Trifón -me dijo-, y soy hebreo de la circuncisión, que, huyendo de la guerra recientemente acabada, vivo en Grecia, la mayor parte del tiempo en Corinto.
-¿Qué tanto provecho -le dije yo- esperas tú sacar de la filosofía, que se pueda comparar al que encuentras en tu propio legislador y en los profetas?
-¿Pues qué? -me replicó-, ¿no tratan de Dios los filósofos en todos sus discursos y no versan sus disputas siempre sobre su unicidad y providencia? ¿O no es objeto de la filosofía el investigar acerca de Dios?

[4] -Ciertamente-le dije-, y ésa es también mi opinión; pero la mayoría de los filósofos ni se plantean siquiera el problema de si hay un solo Dios o hay muchos, ni si tienen o no providencia de cada uno de nosotros, pues opinan que semejante conocimiento no contribuye para nada a nuestra felicidad. Es más, intentan persuadirnos que si del universo en general y hasta de los géneros y especies se cuida Dios, pero ya no ni de mí ni de ti ni de las cosas particulares; pues de cuidarse, no le estaríamos suplicando día y noche.

[5] No es difícil comprender a qué extremos los conduce esto: los que así opinan, aspiran a la impunidad, a la libertad de palabra y de obra, a hacer y decir lo que les dé la gana, sin temer castigo ni esperar premio alguno de parte de Dios. ¿Cómo, en efecto, lo esperan quienes afirman que las cosas serán siempre las mismas, llegando hasta pretender que yo y tú hemos de volver a vivir vida igual a la presente, sin que nos hayamos hecho ni mejores ni peores? Otros, dando por supuesto que el alma es inmortal e incorpórea, opinan que ni aún obrando el mal han de sufrir castigo alguno, como quiera que lo incorpóreo es impasible, y siendo el alma inmortal, no necesitan ya para nada de Dios.

[6] Entonces él, sonriendo, cortésmente:
-Y tú -me dijo-, ¿qué opinas sobre todo esto, qué opinión tienes de Dios, y cuál es tu filosofía? Dínoslo.

Justino resume su itinerario filosófico

2. [1] -Sí-respondí-, yo te voy a decir lo que a mí parece. La filosofía, efectivamente, es en realidad el mayor de los bienes, y el más precioso ante Dios: ella sola que nos conduce y nos une a Él. Y son hombres de Dios, a la verdad, aquellos que se aplican a la filosofía. Ahora, qué sea en definitiva la filosofía y por qué les fue enviada a los hombres, cosa es que se le escapa a la mayoría; pues en otro caso, siendo como es ella ciencia una, no habría platónicos, ni estoicos, ni peripatéticos, ni teóricos, ni pitagóricos.

[2] Quiero explicarles por qué ha venido a tener muchas cabezas. El caso fue que a los primeros que a ella se dedicaron y que se hicieron célebres, les siguieron otros que ya no hicieron investigación alguna sobre la verdad, sino que, llevados de la admiración por la firmeza, el dominio de sí y la novedad de las doctrinas de sus maestros, sólo tuvieron por verdad lo que cada uno había aprendido de su maestro; luego, transmitiendo a sus sucesores doctrinas semejantes y otras similares, cada escuela tomó el nombre del que fue padre de su doctrina.

[3] Yo mismo, en mis comienzos, deseando también tratar con alguno de estos filósofos, me puse en manos de un estoico. Pasé con él bastante tiempo; pero dándome cuenta que nada adelantaba en el conocimiento de Dios, sobre el que tampoco él sabía palabra ni decía ser necesario tal conocimiento, me separé de él y me fuí a otro, un peripatético, hombre agudo, según él creía. Este me soportó bien los primeros días; pero pronto me indicó que habíamos de señalar honorarios, a fin de que nuestro trato no resultara sin provecho. Yo le abandoné por esta causa, pues ni filósofo me parecía en absoluto.

[4] Pero mi corazón estaba lleno del deseo de oír lo que es peculiar y más excelente en la filosofía; por eso me dirigí a un pitagórico, reputado en extremo, hombre que tenía muy altos pensamientos sobre la propia sabiduría. Apenas me puse al habla con él, con intención de hacerme oyente y discípulo suyo:
-¿Cómo? -me dijo- ¿ya has cursado música, astronomía y geometría? ¿Te imaginas que alguna vez vas a contemplar una de aquellas realidades que contribuyen a la felicidad, sin aprender primero lo que puede separar al alma de lo sensible, y prepararla para lo inteligible, de modo que pueda ver lo bello en sí y lo que es en sí bueno?

[5] Me hizo un largo panegírico de aquellas ciencias, me las presentó como necesarias, y, confesándole yo que las ignoraba, me despidió. Como es natural me molestó haber fracasado en mi esperanza, tanto más cuanto que yo creía que aquel hombre sabía algo. Por otra parte, considerando el tiempo que tendría que gastar en aquellas disciplinas, no pude sufrir diferirlo para tan largo plazo.

[6] Estando así perplejo, me decidí, por fin, a tratar también con los platónicos, pues gozaban también de mucha fama. Justamente, por aquellos días había llegado a nuestra ciudad un hombre inteligente, una eminencia entre los platónicos. Con éste tenía yo mis largas conversaciones y progresaba, así cada día hacía progresos notables. La consideración de lo incorpóreo me cautivaba; la contemplación de las ideas daba alas a mi espíritu (cf. Platón, Fedro 249c; 255d); me imaginaba haberme hecho sabio en un santiamén, y mi necedad me hacía esperar que de un momento a otro iba yo a contemplar al mismo Dios. Porque tal es la finalidad de la filosofía de Platón.

El encuentro de Justino con el Anciano. ¿Cuál es el verdadero objeto de la filosofía?

3. [1] Con esta disposición de ánimo, determiné un día henchirme de abundante soledad y huir de los caminos de los hombres, por lo que marché a un lugar retirado, no lejos del mar. Cerca ya de aquel sitio, donde me proponía, una vez que llegase, estar ante mí mismo, me iba siguiendo, a poca distancia, un anciano, de aspecto no despreciable, que daba señas de poseer bondadoso y venerable carácter. Me dí vuelta, me detuve, y clavé fijamente en él mi mirada.

[2] Entonces él preguntó: -¿Es que me conoces?
Le contesté que no.
-¿Por qué, pues -me dijo-, me miras de esa manera?
-Estoy maravillado -contestéle- de que hayas venido a parar a donde yo, cuando no esperaba hallar aquí a ningún hombre.
-Ando preocupado -me repuso él- por unos familiares míos: se encuentran lejos de aquí, en otro país. Vengo, pues, yo mismo a preguntar por ellos, y mirar si aparecen por alguna parte. Y a ti -concluyó- ¿qué te trae por acá?
Me gusta -le dije- pasar así el rato, pues puedo sin estorbo conversar conmigo mismo. Y es así que, para quien siente gusto por la razón, no hay parajes tan propicios como éstos.

[3] -¿Luego tú eres -me dijo- un amigo de la razón, y no de la acción y de la verdad? ¿Cómo no tratas de ser más bien hombre práctico que no sofista?
-¿Y qué obra -le repliqué- mayor cabe realizar que la de mostrar cómo la razón lo gobierna todo, y, abrazándola y dejándonos por ella conducir (cf. Platón, Fedón 85c-d), contemplar el extravío de los otros y que nada en su género de vida hay sano ni grato a Dios? Porque sin la filosofía y la recta razón no es posible que haya sabiduría. De ahí que sea preciso que todos los hombres se den a la filosofía y ésta tengan por la más importante y más preciosa obra, dejando todas las otras actividades en segundo y tercer lugar (cf. Platón, Timeo 41d); que si se las hace depender de la filosofía, aún podrán pasar por cosas de moderado valor y dignas de aprobación; pero si de ella se separan, y sin su compañía, son inoportunas y vulgares para quienes las realizan.

[4] -¿La filosofía, pues -me replicó- produce felicidad?
-Ciertamente -le contesté- y sola ella.
-Pues dime -prosiguió-, si no tienes inconveniente, ¿qué es la filosofía y cuál es la felicidad que ella produce?
-La filosofía -le respondí- es la ciencia del ser y el conocimiento de lo verdadero, y la felicidad es la recompensa de esta ciencia y de esta sabiduría.

[5] -Y por tu parte, ¿a qué llamas tú el ser? -me dijo-.
-Lo que siempre es del mismo modo e invariablemente, y es causa de la existencia de todos los demás (cf. Platón, República 484b), esto es propiamente Dios.
Tal fue mi respuesta, y como mostraba gusto en escucharme, prosiguió preguntándome:
-Ese nombre de ciencia, ¿no es común a diferentes cosas? Porque en todas las artes, el que las sabe se llama sabio en ellas, por ejemplo, la estrategia, la náutica, la medicina. En lo referente a las realidades divinas y humanas, ¿no pasa lo mismo? ¿Hay alguna ciencia que nos procure el conocimiento de las cosas mismas divinas y humanas, e inmediatamente nos haga ver lo que en ellas hay de divinidad y de justicia?
-Claro que sí -le respondí-.

[6] -Entonces, ¿es lo mismo saber del hombre o de Dios que saber música, aritmética, astronomía u otra materia semejante?
-De ninguna manera -contesté-.
-Luego no me respondiste bien antes -me dijo él-. Porque hay conocimientos que nos vienen del aprendizaje o de cierto ejercicio; otros, por la visión directa. Por ejemplo, si alguien te dijera que hay allá en la India un animal de naturaleza distinta a todos los otros, sino que es así o asá, múltiple de forma y de color vario, no sabrías lo que es antes de verlo, y de no haberlo oído a quien lo vio, no podrías decir de él ni una palabra.

[7] -Cierto que no -le contesté-.
-¿Cómo, pues -me replicó-, pueden los filósofos tener una justa concepción de Dios o hablar de él con verdad, si no tienen ciencia de Él, puesto que ni le han visto ni le han oído jamás?
-Pero la divinidad -le repliqué- padre, no por los ojos que para esos filósofos lo divino es visible, como los otros vivientes, sino sólo comprensible por el pensamiento, como dice Platón, y yo lo creo.

¿Puede el alma ver a Dios?

4. [1] ¿Luego -me dijo-, es que nuestro pensamiento está dotado, en cualidad y en capacidad, de una tal fuerza, ya que anteriormente no pudo percibir por los sentidos? ¿O es que la inteligencia humana jamás será capaz de ver a Dios, sin estar adornada por el espíritu de santidad?
-Platón, en efecto -contesté yo-, afirma que tal es el ojo del espíritu (cf. Platón, República 533d; Fedón 66b-67c) y que justamente nos ha sido dado para contemplar, con ese mismo ojo, siempre que sea puro y sencillo (cf. Platón, Fedón 65e-66a), al ser mismo, que es causa de todo lo inteligible, sin color, sin forma, sin tamaño, sin nada de cuanto el ojo ve (cf. Platón, Fedro 247c); sino que es el ser mismo, más allá de toda esencia (cf. Platón, República 509b), inefable e inexplicable (cf. Platón, Timeo 28c; Epístola 7,341c-d); único bello y bueno (cf. Platón, República 509b); es súbitamente (cf. Platón, República 210e-211a) que las almas que están naturalmente bien dispuestas, tienen la intuición, por su afinidad y su deseo de verlo (cf. Máximo de Tiro, Disertaciones filosóficas 11,9d).

[2] -¿Cuál es, entonces -me dijo-, nuestro parentesco con Dios? ¿Es que el alma es también divina e inmortal y una partícula de aquel soberano espíritu? Y como aquella ve a Dios, ¿también podremos nosotros, con nuestro espíritu, alcanzar a comprender la divinidad y gozar desde ahora la felicidad?
-Absolutamente -le dije-.
-¿Y todas las almas -preguntó- de los vivientes tienen la misma capacidad, o es diferente el alma de los hombres del alma de un caballo o de un asno?
-No hay diferencia alguna -respondí-, sino que son en todos las mismas.

[3] -Luego también -concluyó- verán a Dios los caballos y los asnos, o le habrán ya visto alguna vez.
-No -le dije-, pues ni siquiera le ve la mayor parte de los hombres, a no ser que se viva con rectitud, después de haberse purificado con la justicia y todas las demás virtudes.
-Luego -me dijo- no ve el hombre a Dios por su parentesco con Él, ni porque es espíritu, sino porque es sabio y justo.
-Así es -le contesté-, y porque tiene la facultad con que conocer a Dios.
-¡Muy bien! ¿Es que las cabras y las ovejas pueden cometer injusticia contra alguien?
-Contra nadie en absoluto -le conteste-.

[4] -Entonces -replicó-, según tu razonamiento, también estos animales verán a Dios.
-No, porque su cuerpo, dada su naturaleza, les es impedimento.
-Si estos animales -me interrumpió- tomaran voz, sábete que tal vez a justo título se desatarían en injurias contra nuestro cuerpo. Pero, en fin, dejemos ahora esto, y concedido como tú dices. Dime sólo una cosa: ¿Ve el alma a Dios mientras está en el cuerpo, o separada de él?

[5] –Incluso -respondí-, aun estando el alma en la forma de hombre, le es posible llegar ahí por medio del espíritu; sin embargo, desatada del cuerpo y venida a ser ella misma, entonces es cuando alcanza aquello que por tanto tiempo había deseado.
-¿Y se acuerda de ello cuando vuelve otra vez al cuerpo de un hombre?
-No me parece -respondí-.
-Entonces -repuso él-, ¿qué provecho han sacado de verlo, o qué ventaja tiene el que vio sobre el que no vio, cuando de ello no queda ni recuerdo?

[6] -No sé qué responderte -le dije-.
Y ¿qué pena sufren -me dijo- las que son juzgadas indignas de esta visión?
-Viven encarceladas en cuerpos de bestias, y esto constituye su castigo (cf. Platón, Fedro 81d; Timeo 92c).
-Ahora bien -me replicó-, ¿saben ellas que por esta causa viven en tales cuerpos, en castigo de algún pecado?
No lo creo.

[7] -Luego, según parece, tampoco éstas -concluyó- sacan provecho alguno de su castigo, y aun diría yo que ni castigo sufren, desde el momento que no tienen conciencia de ser castigadas.
-Así es, en efecto.
-En conclusión -me dijo-, ni las almas ven a Dios, ni transmigran a otros cuerpos; pues sabrían que es ése su castigo y temerían en lo sucesivo cometer el más ligero pecado. Ahora, que sean capaces de entender que existe Dios y que la justicia y la piedad son un bien, también yo te lo concedo.
-Tienes razón -le contesté-.

El alma no es una naturaleza inmortal

5. [1] -Así, pues, nada saben aquellos filósofos sobre estas cuestiones, pues no son capaces de decir ni qué cosa sea el alma.
-No parece que lo sepan.
-Tampoco, por cierto, hay que decir que sea inmortal, pues si es inmortal, claro es que tiene que ser increada.
-Sin embargo -le dije yo-, por increada e inmortal la tienen algunos, los llamados platónicos.
-¿Y tú también -me dijo él- tienes el mundo por increado?
-Hay quienes lo dicen, pero no soy de su opinión.

[2] -Y haces bien. Pues ¿por qué motivo un cuerpo tan sólido, resistente, compacto y variable, que cada día perece y nace, ha de pensarse razonablemente que no procede de algún principio? (cf. Platón, Timeo 28b-c) Ahora bien, si el mundo es creado, forzoso es que también lo sean las almas y que haya un momento en que no existan. Porque, efectivamente, fueron hechas por causa de los hombres y de los otros seres vivientes, aún en el supuesto de que tú digas que fueran creadas absolutamente separadas y no juntamente con sus propios cuerpos.
-Así parece ser exactamente.
-¿No son, entonces, inmortales?
-No, puesto que el mundo nos pareció ser creado.

[3] -Sin embargo, yo no afirmo que todas las almas mueran, lo que sería una verdadera suerte para los malvados (cf. Platón, Fedón 107c). ¿Qué digo, pues? Que las de los piadosos permanecen en un lugar mejor, y las injustas y malas, en otro peor, esperando el tiempo del juicio. Así, unas que han aparecido dignas de Dios, ya no mueren; otras son castigadas mientras Dios quiera que existan y sean castigadas.

[4] -¿Acaso vienes tú a decir lo mismo que deja entender Platón en el “Timeo” sobre el mundo, es decir, que en sí mismo, en cuanto fue creado, es también susceptible de disolución y corruptible, pero que no se disolverá ni tendrá parte en la muerte por designio de Dios? (cf. Platón, Timeo 41b). ¿Así te parece a ti también acerca del alma y, en general, acerca de todo lo demás? Porque (según tu opinión Platón declara que) cuanto después de Dios es o ha de ser jamás, todo tiene naturaleza corruptible y capaz de desaparecer y dejar de existir. Sólo Dios es increado e incorruptible, y por eso es Dios; pero todo lo demás fuera de Dios es creado y corruptible.

[5] Por esta causa mueren y son castigadas las almas. Porque si fueran increadas, ni pecarían ni estarían llenas de insensatez, ni serían ora cobardes, ora temerarias, ni pasarían voluntariamente a los cuerpos de cerdos, serpientes o perros, ni fuera tampoco lícito, de ser increadas, obligarlas a ello. Lo increado, en efecto, es semejante a lo increado, y no sólo semejante, sino igual e idéntico, sin que sea posible que uno sobrepase a otro en poder ni en honor.

[6] De donde precisamente se sigue que el no engendrado no puede ser múltiple. Porque si en ellos hubiera alguna diferencia, jamás pudiéramos dar con la causa de ella por más que la buscáramos, sino que, remontándonos con el pensamiento hasta lo infinito, tendríamos que parar, rendidos, en un solo increado, y decir que él es la causa de todo lo demás.
-¿Acaso -pregunté yo- todo eso se les pasó por alto a Platón y Pitágoras, hombres sabios, que han venido a ser para nosotros como la muralla y fortaleza de la filosofía?

 

El alma participa de la vida en tanto que Dios quiere que ella viva

6. [1] -Nada me importa -me contestó- de Platón ni de Pitágoras, ni en absoluto de nadie que tales opiniones haya tenido. Porque la verdad es ésta, y tú puedes comprenderla por el siguiente razonamiento: el alma, o es vida o tiene vida. Pero, si es vida, tendrá que hacer vivir a otra cosa, no a sí misma, al modo que el movimiento mueve a otra cosa, más bien que a sí mismo. Que el alma viva, nadie habrá que lo contradiga. Sin embargo, si vive, no vive por ser vida, sino porque participa de la vida. Ahora bien, una cosa es lo que participa y otra aquello de que participa; y si el alma participa de la vida, es porque Dios quiere que viva.

[2] Así, de la misma manera dejará de participar un día, cuando Dios quiera que no viva. Porque no es el vivir propio de ella como lo es de Dios; como el hombre no subsiste siempre, ni está siempre el alma unida con el cuerpo, sino que, como venido el momento de deshacerse esta armonía (cf. Platón, Fedón 92-94), el alma abandona al cuerpo, y deja el hombre de existir; de modo semejante, venido el momento de que el alma tenga que dejar de existir, se aparta de ella el espíritu vivificante, y el alma ya no existe, sino que retorna nuevamente allí de donde fue tomada.

El conocimiento de la verdad sólo puede ser tomado de los profetas

7. [1] -Entonces -le dije-, ¿a qué maestro vamos a recurrir o dónde podemos buscar ayuda, si ni en éstos (Platón y Pitágoras) se halla la verdad?
-Existieron hace mucho tiempo ciertos hombres más antiguos que todos esos tenidos por filósofos, hombres bienaventurados, justos y amigos de Dios, los cuales hablaron inspirados por el Espíritu divino, y pronunciaron oráculos sobre lo porvenir, aquello justamente que se está cumpliendo ahora; son los que se llaman profetas. Estos son los solos que vieron y anunciaron la verdad a los hombres, sin temer ni adular a nadie, sin dejarse vencer de la vanagloria, sino llenos del Espíritu Santo, sólo dijeron lo que vieron y oyeron.

[2] Sus escritos se conservan todavía, y quien los lea y les preste fe, puede sacar el más grande provecho en las cuestiones de los principios y fin de las cosas y, en general, sobre aquello que un filósofo debe saber. Porque no compusieron jamás sus discursos con demostración, como quiera que ellos sean testigos fidedignos de la verdad por encima de toda demostración; y por lo demás, los sucesos pasados y los actuales nos obligan a adherirnos a las palabras proferidas por su intermedio.

[3] También por los milagros que hacían (cf. 1 Co 2,4), es justo creerles, pues ellos glorificaban al autor del universo, Dios y Padre, y anunciaban a Cristo, Hijo suyo, que de Él procede. En cambio, los falsos profetas, a quienes llena el espíritu embustero e impuro, no hicieron ni hacen eso, sino que se atreven a realizar ciertos prodigios para espantar a los hombres y glorificar a los espíritus del error y a los demonios (cf 1 Tm 4,1).
Por tu parte y antes que todo, ruega que se te abran las puertas de la luz, pues estas cosas no son fáciles de ver y comprender por todos, excepto a quien Dios y su Cristo concede comprenderlas.

Partida del anciano. Conversión de Justino. Reproches de Trifón a los cristianos

8. [1] Esto dicho y muchas otras cosas que no hay por qué referir ahora, marchóse el anciano, después de exhortarme a proseguir la meditación, y yo no le volví a ver más. Pero inmediatamente sentí que se encendía un fuego en mi alma y se apoderaba de mí el amor a los profetas y a aquellos hombres que son amigos de Cristo; y dialogando conmigo mismo sobre las palabras del anciano, hallé que ésta sola es la filosofía segura y provechosa.

[2] De este modo, pues, y por estos motivos soy yo filósofo, y quisiera que todos los hombres, poniendo el mismo fervor que yo, siguieran las palabras del Salvador. Pues hay en ellas un no sé que de temible y son capaces de conmover a los que se apartan del recto camino, a par que, para quienes las meditan, se convierten en dulcísimo descanso. Por tanto, si tú también te preocupas algo de ti mismo, aspiras a la Salvación y tienes fe en Dios, como a hombre que no es ajeno a estas cosas, posible te es alcanzar la felicidad, reconociendo al Cristo de Dios e iniciándote en sus misterios.

[3] Apenas hube yo dicho esto, carísimo amigo(3), los compañeros de Trifón estallaron en una carcajada, y él, sonriendo me dijo:
-Acepto algunas de las cosas que has dicho y admiro, desde luego, tu fervor por las cosas divinas; sin embargo, más te hubiera valido seguir profesando la filosofía de Platón o de algún otro, mientras practicaras la constancia, el dominio de ti mismo y la temperancia, que no dejarte engañar por doctrinas mentirosas, haciéndote discípulo de hombres miserables. Porque mientras tú permanecieras en aquel modo de filosofía y llevaras vida irreprochable, aún te quedaba esperanza de mejor destino; pero una vez que has abandonado a Dios y has puesto tu esperanza en un hombre, ¿qué salvación te queda ya?

[4] Si quieres, pues, escuchar mi consejo -porque ya te tengo por amigo mío-, en primer lugar, circuncídate, luego observa, como está prescrito por la Ley, el sábado, las fiestas y los novilunios de Dios (cf. Is 1,13; Col 2,16), y cumple, en una palabra, cuanto está escrito en la Ley. Entonces, seguramente alcanzarás misericordia de parte de Dios. En cuanto al Cristo (= Mesías), si es que ha nacido y está en alguna parte, es desconocido y ni él se conoce a sí mismo ni tiene poder alguno, hasta que venga Elías a ungirle y le manifieste a todo el mundo. Ustedes, empero, dando oído a vanas voces, se fabrican un Cristo a ustedes mismos y por causa suya están ahora pereciendo sin fin alguno.

Comienzo del diálogo en el estadio central de Xysto

9. [1] Disculpa tienes ¡oh hombre! -repliqué yo-, y se te puede perdonar, pues no sabes lo que dices, sino que, siguiendo a maestros que no entienden las Escrituras, y como adivinando, dices lo que se te pasa por la cabeza… Déjame demostrarte que no estamos engañados, y que jamás dejaremos de confesar a ese hombre, por más que ello nos valga la reprobación de nuestros semejantes, y aunque el más cruel tirano se empeñe en hacernos apostatar. Si te quedas, voy a demostrarte que no hemos prestado fe a fábulas vanas (cf. 2 P 1,16) ni a doctrinas no demostradas, sino a palabras llenas del Espíritu divino, de las que brota la fuerza y florece la gracia.

[2] Soltaron entonces nuevamente los compañeros de Trifón la carcajada y se pusieron a gritar descortésmente. Yo, entonces, poniéndome en pie, me disponía a marcharme; pero Trifón, asiéndome del manto, me dijo que no me dejaría hasta que no hubiera cumplido mi promesa.
-Entonces que no alboroten tus compañeros -le contesté yo- y no se conduzcan tan descortésmente. Si quieren, que escuchen en silencio; y si tienen algún quehacer más importante que les impida escuchar, que se vayan, y nosotros, retirándonos un poco más, podremos proseguir en paz nuestro diálogo.

[3] Convino Trifón mismo en que así se hiciera, y efectivamente, de común acuerdo, nos dirigimos al estadio (4) central de Xysto. Dos de sus compañeros, entre burlas y mofas por nuestro fervor, se separaron del grupo; nosotros llegados que fuimos donde había de cada lado dos bancos de piedra, se sentaron en uno de ellos los compañeros de Trifón, y habiendo tocado alguno el tema de la guerra de Judea, se pusieron a conversar sobre ella.

Trifón reprocha a los cristianos su negación a observar la Ley

10. [1] Cuando ellos terminaron, tomé yo nuevamente la palabra y empecé a hablarles de esta manera:
-¿Hay alguna cosa más que nos reprochen, amigos, o sólo se trata de que no vivimos conforme a la ley de ustedes, ni circuncidamos nuestra carne, como sus padres, ni observamos los sábados como ustedes? ¿O es que también nuestra vida y nuestras costumbres es objeto de calumnias entre ustedes? Quiero decir, si es que también ustedes creen que nos comemos a los hombres, y que después del banquete, apagadas las luces, nos revolvemos en ilícitas uniones. O, en fin, si sólo condenan en nosotros que nos adhiramos a doctrinas como las que profesamos, y que nuestra fe, según piensan ustedes, no es más que una opinión errónea.

[2] -Esto es lo que nos sorprende -contestó Trifón-; no todo eso que el vulgo rumorea, que son cosas indignas de crédito, pues son incompatibles la humana naturaleza. Por mi parte, conozco sus preceptos, contenidos en el que llaman Evangelio, tan maravillosos y grandes que me doy a pensar que nadie sea capaz de cumplirlos. Yo me he tomado el trabajo de leerlos…

[3] Pero lo que sobre todo nos tiene perplejos es que ustedes, que dicen practicar la religión, y pretenden ser diferentes de los otros pero sin separarse de ellos de ninguna forma, y sin que su vida se distinga de la de los gentiles. Como quiera que ni guardan las fiestas ni el sábado ni practican la circuncisión. Y para colmo de todo, poniendo sus esperanzas en un hombre crucificado (cf. Jr 17,5), confiando recibir, sin embargo, algún bien de parte de Dios, sin observar sus mandamientos. ¿O es que no has leído que será exterminada de su linaje toda alma que no se circuncide al octavo día (cf. Gn 17,14)? Lo cual vale igualmente sobre los extranjeros que sobre los esclavos comprados a precio de dinero (cf. Gn 17,12. 27).

[4] Así, ustedes desprecian de partida la Alianza (cf. Gn 17,14) misma, descuidando lo que de ella se sigue, y aún intentan persuadirnos que conocen a Dios, cuando no hacen nada de lo que hacen los que temen a Dios (cf. Hch 10,2. 22; 13,16. 26). Si, pues, tienes algo que responder a estos cargos y nos demuestras de qué modo tienen esperanza alguna no obstante no observar la ley, te escucharíamos con mucho gusto y podríamos luego, según el mismo método, examinar juntos los otros puntos.

Notas

(3) Se trata de Marco Pompeyo, a quien está dedicado el Diálogo (cf. 141).
(4) La palabra stádion designa aquí el espacio consagrado a las competencias de atletismo.

(1) Los ns. 1074 (Epistula Antonini Pii ad commune Asiae) y 1075 (Epistula Marci de pluvia mirabili ad senatum) de la CPG, tal como en esta obra se indica, no son obras auténticas de san Justino.

Notas al Diálogo con Trifón

(1) Cf. Padres Apostólicos y Apologistas Griegos (S. II). Introducción, notas y versión española por Daniel Ruiz Bueno, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 2002, pp. 1107 ss. (BAC 629). Ofrecemos una versión revisada y confrontada con el texto griego editado por Philippe Bobichon, Justin Martyr. Dialogue avec Tryphon. Édition critique, Départament de Patristique et d´Histoire de l’Eglise de l’Université de Fribourg, Academic Press Fribourg, 2003, pp. 184 ss. (Paradosis, 47/1). También hemos recurrido frecuentemente al vol. II de esta última obra:  Justin Martyr. Dialogue avec Tryphon. Édition critique. Volume II. Notes de la traduction, Appendices, Indices, Départament de Patristique et d´Histoire de l’Eglise de l’Université de Fribourg, Academic Press Fribourg, 2003 (Paradosis, 47/2).

(2) Traducción propuesta por Bobichon (jardines de Xysto, es un a versión amplia de: “allées du Xyste”). En tanto que Ruiz Bueno trae: “Paseábame yo por la mañana bajo los porches del gimnasio…”.

 

NOTAS
* Recomendamos efusivamente la lectura del libro escrito por Daniel Boyarim, Border Lines.
**”Diálogo con Trifón” ha sido depositado en nuestro site por la importancia que tiene en los estudios judeo/cristianos, siendo éste utilizado como punto de referencia histórico a la separación de estas dos religiones.
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Posted by on March 17, 2018 in Uncategorized

 

Viktor Frankl, Passover, and the Meaning of Freedom

Taste the power of true freedom.

by Rabbi Yaakov Cohen

Passover. The holiday that celebrates what it means to be truly free.

But what is Freedom?

Victor Frankl, a prominent Jewish psychologist, was a survivor of two concentration camps. When he was liberated in April 1945, almost everyone in his family had been killed. Based on his experiences in the camps, Frankl wrote the bestselling book Man’s Search for Meaning where he describes man’s primary need for meaning as the key to living.

He writes, “Everything can be taken from a man but one thing. The last of human freedoms is to choose one’s attitude in any given set of circumstances.”

The Nazis took everything away from him; his clothes, possessions, his family. He sat there huddled in the cold barracks; starving, exhausted and heartbroken. He felt like he had nothing left. And then it hit him; the Nazis thought they had total command over him. That he had no freedom left. But there was one thing they could never take: his choice, his response. Frankl writes, “Between stimulus and response there is a space. In that space is the power to choose our response. In that power, lies our growth and our freedom. ”

By realizing he maintained the power to choose, he clung to his humanity and dignity.

We do not have the freedom to choose the environment we are born into or the conditions we find ourselves in. But we always have the freedom to choose how to respond to any given set of circumstances.

We often make the mistake and think that others are responsible for our lives – our parents, our boss, our spouse, the community, the economy, or the president. We blame or make excuses – What do you want from me? I was born lazy…

In reality, I am the only one responsible for the success and failure in my life.

When we allow other people or situations to dictate how we feel, we give up our freedom and enslave ourselves. Freedom means recognizing that we are the ones in control, that we are responsible. As the sign on President Harry Truman’s desk said, “The buck stops here.”

This is why matzah is called the bread of freedom. Bread is just puffed up matzah… it’s water and flour full of hot air. The number one impediment preventing us from achieving greatness and living a life of freedom is our puffed up ego. Our ego distracts us and causes us to blame everyone else for our problems and failures.

This Passover, as you sit around the Seder table, ask yourself- what’s really holding me back from grabbing life by the horns and living it to its fullest? Where am I not taking full responsibility for my life? As you eat the matzah, break through the shackles of your excuses and taste freedom.

As taken from, http://www.aish.com/v/ho/Viktor-Frankl-Passover-and-the-Meaning-of-Freedom.html

 
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Posted by on March 16, 2018 in Uncategorized

 

Contra los ateos

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Por: Edvard Zeind Palafox

El ateísmo ha adquirido la virtud de la polisemia. Ser ateo, se piensa, es ser moderno, científico, objetivo, inteligente, racional, curioso, sensible. Goebbels dijo en uno de sus escritos sobre propaganda que las masas necesitan tener qué odiar. El ateísmo suministra múltiples objetos de odio, desde palabras y símbolos hasta santos y mártires.

La política ha enseñado que sólo hay unidad social donde hay enemigos externos. La religión, sea la que sea, en la actualidad tiene rostro de enemigo. El repudio hacia la religión tiene una causa muy fácil de discernir, y es su tedioso discurso. El profano, que carece de estudios formales de lógica y de filosofía, piensa simétricamente y crea síntesis con materiales inadecuados para hacerlas. “La antítesis de la ciencia es la fe y la de la astucia es la esperanza”, piensa el ateo. No hay tal.

Los palurdos, que de todo opinan y que nada estudian con seriedad, no comprenden ni las teorías físicas de Edward Witten ni los preceptos de Alá, ni las ideas de Einstein ni la Trinidad, ni la Cábala ni la filosofía pitagórica, pero se atreven a hablar de Witten, de Einstein y de Pitágoras porque al hacerlo no corren el riesgo de ser imprudentes y de ofender al vecino. Que la geometría y la aritmética no sirvan ya para medir el tiempo y el espacio poco o nada afecta nuestras vidas, pero que el pecado nos destine al infierno sí. El Infierno, si acatamos a la nueva física, es posible, aunque tal vez innecesario.

Mas retornemos al análisis del ateo. El ateo, tenemos dicho, presume su cientificismo, su especialización, pero al hacerlo se contradice. ¿Por qué? Porque en ciencia es especialista y en menesteres morales es ecléctico. ¿Quién confiará en un individuo que toma ladrillos de aquí y de allá, del budismo y del judaísmo, para construirse una morada ética? En Las Cruzadas, de Michaud, aprendemos que las masacres en nombre de lo divino han sido cometidas por menesterosos eclécticos desamparados que ven en las expediciones a Jerusalén o a cualquier lugar santo no una oportunidad para alanzar el perdón de Dios, sino una para lograr su libertad y fama.

Ciencia y religión no son culpables de las carnicerías contra el prójimo. El culpable es el ateo, o escéptico disfrazado de creyente o de pensador. El ateo rechaza la religión, pero también la ciencia. Ciencia, en el gran sentido de la palabra, es fe y esperanza, o en términos menos tediosos y manoseados, credulidad y ancha expectativa. Hay ateos geniales, como Dawkins, y también los hay mediocres. Hay religiosos magníficos, como Pascal, y además los hay medianeros. Pero el ateo vulgar, el que hace de su ateísmo una religión, un programa político, suele sólo comparar a los ateos geniales con los religiosos mediocres, y olvida parangonar al religioso magnífico con el ateo mediano.

La humanidad, saben todos los historiadores, ha recibido mejores cosas de los religiosos científicos, como Descartes, que de los científicos ateos. Bertrand Russell, en su texto Por qué no soy cristiano, acomete contra la religión argumentando que ésta se fundamenta en el miedo, que retarda el progreso y limita el conocimiento. Russell, creyendo que atacó a la religión en general, atacó solamente a los religiosos medianeros.

Casi todas las mentes, desde las más poderosas hasta las más pueriles, confunden a la teología con el dogmatismo religioso. Russell evita hablar de Jesucristo en el texto citado afirmando que ignora la cristología, es decir, la ciencia histórica de la religión de Cristo. ¿Por qué la ignoraba? Porque no le interesaba. Y sin embargo, como buen ateo, se atrevió a hablar del tema desconociendo sus hontanares. ¿Se atreve el rabí a elucubrar cuestiones sociológicas? Mal rabí será el que meta su mano donde parecerá torpe.

Recordemos a otro gran ateo, a Christopher Hitchens, que en su libro Dios no es bueno confunde a la política con la religión. Es común confundir la logística con la lógica, la praxis con la epistemología. Descalificar las malas prácticas de algunos religiosos no descalifica a la religión, ni descalificar a las religiones equivale a demeritar al creyente. ¿Contra qué lucha el ateo? Ni él lo sabe. El enemigo del ateo, paradójicamente, no existe. El ateo arremete contra todo, contra el creyente y contra el rabí, contra las palabras “sinagoga” e “iglesia”, contra sus muros, contra todo, en fin, lo que no parezca padecer incertidumbre.

Tiene religión quien afana re-unirse con la comunidad, que nos da una identidad. Tiene identidad quien comparte con los otros ciencia, religión y trabajo, es decir, percepciones, expectativas y planes (proyectos, decisiones y responsabilidades, diría Sartre). Quien tiene identidad quiere fusionarse con lo que le parece es idéntico a él, con su pueblo. El ateo, en cambio, al terminar de pelear con el creyente va a pelear con el marxista, y luego va a dar porrazos al liberal, y después a distribuir pullas a los extranjeros. Y los falsos religiosos hacen lo mismo. Ambos confunden la logística, mero proceso político, con la lógica, incapaz de analizar los fenómenos psíquicos y morales.

Y al mezclarse los medios con los principios quedan mezclados los sentimientos comunitarios con el sentido común. El ateo, contrariamente al científico y al creyente, quiere practicidad, inmediatez, logística clara, y desea le expliquen los orígenes de todas las cosas con proposiciones mecánicas, escolásticas, analíticas. ¿Y no es la escolástica un modo del saber eclesiástico? La lógica del escolástico, como la del ateo, se conforma con la no contradicción. Los dos tachan lo contradictorio, que no es contradictorio cuando se mira de cerca, cuando se estudia con rigor.

El pensamiento judío, siempre extranjero, sobrepuesto, se ha acostumbrado a buscar relaciones, medios invisibles, que mantengan juntas a la ciencia y a la religión. La Guemará explica a la Mishná y ésta a la Torá. ¿Quién explica a la Guemará? ¿Cómo evita el judío el regreso hasta el infinito? Aceptando, cual científico, una totalidad que incluya lo necesario, lo real y lo posible. El ateo, el no científico, recordemos, sólo cree en lo necesario y por eso su pensamiento, indigente, se ve amenazado por cualquier peligro.

El Talmud, bien leído, escrutado filosóficamente, como nos enseñó Hermann Cohen, nos habla del dolor o desequilibro mental que puede causarnos atender sólo a lo inmediato. Rabí Jia bar Ashi dice que hay tres inmediateces (Talmud: Tratado de Berajot 42a): “inmediatamente después” de poner las manos sobre el animal para el degüelle; “inmediatamente después” de la bendición de la Redención, e “inmediatamente después” de lavarse las manos luego de la comida. Para el creyente hay inmediateces y rituales, momentos o golpes de realidad y también ensoñaciones. Para el pagano, en cambio, sólo hay inmediateces. ¿Quién ignora que lo inmediato, es decir, que las sensaciones e intuiciones son anticientíficas?

El ritual con el animal, para casi toda religión (véase la obra completa de Lévi-Strauss), es representación de la realidad, y la bendición la de lo posible, y el lavado de manos la de lo real. Sacrificio o trabajo o ciencia, fe o filosofía y limpieza o perdón, constituyen la tríada limítrofe de todo creyente. Después de la Guemará no hay más palabras, sino acciones representativas.

El ateo busca lo mismo que el creyente, pero por otras vías. M. Buber, en su libro ¿Qué es el hombre?, dijo: “Las nuevas formas de sociedad que trataron de colocar de nuevo a la persona humana en conexión con los demás, como por ejemplo, la unión, el sindicato, el partido, han podido, sin duda, despertar pasiones colectivas capaces de “llenar”, como se dice, la vida de un hombre, pero les ha sido imposible restaurar la seguridad perdida”. El ateo se derrumba sin la “pasión colectiva” y funda sus argumentos en la provocación, en la tautología, en la metonimia, en máximas, metáforas, eslóganes y lugares comunes.

La religión en general, que domando a la vanagloria humana busca armonizar lo necesario, lo posible y lo real (lo que depende y lo que no depende del hombre), ofende los valores mercantiles del ateo, que son la seguridad, el afecto, el bienestar, el orgullo, la novedad, la economía, la posesión, la inercia, el egocentrismo y la carnalidad. ¿Alguno de tales valores ha servido para fundar algo grande? Sólo sabe qué es religión y qué es volverse ateo quien ha estudiado la historia, como Hitchens, y sólo quien la ha hecho su ciencia puede elegir entre creer o dudar. “La significación de la decisión a tomar puede ser sólo inteligible para aquel que haya vivido todo el pasado que conduce a esta decisión”, escribió Levinas en su libro llamado Humanismo del otro hombre.

Según tomado de, http://diariojudio.com/opinion/contra-los-ateos/97732/

 

 
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Posted by on March 16, 2018 in Uncategorized

 

#MeToo, Said the Shulamite

#MeToo, Said the Shulamite

March 9, 2018 in Jewish World, Latest
The shift of #MeToo into #TimesUp suggests that we moderns should long since have eradicated sexual abuse and harassment, consigning them to a barbaric past. Their endurance is indeed beyond frustrating. But while some attribute them to an interruption of progress, to the fact that we have not reached a utopian modernity, others argue that modernity itself has prolonged these behaviors. They are seen as products of the sexual revolution, which must be reversed.

Yet both approaches are mistaken. Neither modernity nor tradition have, in and of themselves, offered solutions to sexual harassment and violence. In fact, the biblical Song of Songs, one of the oldest extant love poems, can be read as an extended protest against the sexual oppression of women. Since ancient times, the struggle against it has required the voices of women who can speak without shame about their own desire, their experiences of violation and their rights of refusal as full-fledged humans.

The central figure of Song of Songs is an unnamed young woman, referred to variously including as “the Shulamite,” who asserts her sexual and emotional agency while others attempt to control her. Yet while the violent and humiliating responses she elicits are unsurprising in an ancient Middle Eastern context, the work upsets expectations in maintaining her as its protagonist, despite her rejection of traditional submission and modesty. No editorial voice condemns her for this defiance, and the abuse she suffers at the hands of male civic and familial authorities is never justified. In fact, it is precisely this defiance that made the work available to medieval commentators, who read the Shulamite as a passionate and heroic figure for Israel’s fidelity to God in difficult diaspora conditions.

These dynamics run throughout the work, but two passages in particular demonstrate its profound protest of violence against women. Midway through, either in a dream or an episode of sleepwalking, the Shulamite hears her “lover” knocking at her door, calling for her to admit him from the damp of the night. But she demurs, answering that she has already undressed and washed her feet. When he thrusts his hand through an opening of the door, her response is one of physical, and anatomically graphic desire. Her “insides” are “aroused to him.” But when she goes to open, her fingers, “overflowing with “myrrh”, fumble the lock.

By the time she succeeds in opening the door, her lover has gone. She pursues him into the night, where the “guardians of the walls” patrolling the city find her. The sequence suggests that her lover’s sudden departure may have been prompted by their presence. These “guardians…beat” her, “wound” her and “strip her of her veil/covering.” Whether a dream or an episode that begins in sleepwalking, her pain is real and depicted realistically. In fact, if a dream, it may be triggered by a memory, or simply the plausible dangers faced by young lovers. The guardians’ violence seeks to contain her sexuality by, somewhat paradoxically, violating it. It seeks to preserve a woman’s “honor” by humiliating and degrading her.

One might read this as a cautionary tale intended to discourage immodesty, as the text moves seamlessly to her plea to “the daughters of Jerusalem” that, if they find her “beloved,” they should warn him against prematurely uniting with her. But she is unrepentant and this is situationally—not morally—motivated. Timing here is determined by a social context that seeks to regulate love and sex, not any idea of inherent moral impropriety. The dignity of her desire and her right to assert it is never at issue, and the harm she incurs at the hands of violent male authorities appears unjust and brutal.

Almost at the poem’s close, the Shulamite’s brothers spy her coming out of the wild, “leaning upon her lover” apparently following a lovers’ tryst. Their response is classically patriarchal, positioning her as an object of exchange value:

We have a little sister and she has no breasts.
What shall we do about our sister
on the day on which she will be spoken for?
If she be a wall, we shall build upon her a tower of silver.
If she be a door, we will bar her with a board of cedar.

In a conventional response, brothers see their sister in an intimate pose with her lover and immediately fear that her value on the marriage market may be compromised, which of course affects their own social and economic positions. They infantilize her, effacing her sexual maturity, denying her breasts, and objectify her through architectural figures for female anatomy. Seeking to regulate her sexuality, they decide that if she is a virgin, they will adorn her with a silver bridal crown resembling a tower, but if she has been penetrated, they will nail her shut. We can only shudder to imagine what this would entail.

But the Shulamite’s response, which is the focus of a chapter-long extended reading in Ilana Pardes’ masterful 1993 study, Countertraditions, defies both her brothers’ commitments and our expectations, inverting their repressive metaphors.

I am a wall and my breasts are like towers.
So have I been in [my lover’s] eyes as a place of security/peace.

Unlike a bridal crown celebrating inviolate virginity, her breasts are now the towers of her body’s fortress, in which her lover finds a safe haven and place of repose. Their relationship is not a violation of her body. Rather, she represents her body as a guarantor of her lover’s security, and by extension, of their love.

Fighting the toxic norms of sexual assault and harassment is not about pitting modernity against tradition. If only it were that easy. Sexual harassment and violence is a problem that has been with us for entire epochs and across cultures. We have thus far failed to free ourselves of it. This doesn’t mean that we cannot do so. But this cause depends directly upon us recognizing both the cultural breadth and historical longevity of the problem, as well as the ways in which it has been opposed in the past—from which we can, and should, draw inspiration.

Ori Weisberg is an academic translator, editor and writer living in Jerusalem. He holds a PhD in early modern English literature from the University of Michigan.

As taken from, http://www.momentmag.com/metoo-said-shulamite/

 
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Posted by on March 12, 2018 in Uncategorized

 

Can Yehuda Kurtzer’s Doctrine Of Pluralism Heal The Divides In The Jewish Community?

Across the great divide…

March 8, 2018, 11:40 am

Yehuda Kurtzer (Courtesy Shalom Hartman Institute of North America)

A long-standing rancor — on Israel, on relations between Israelis and American Jews, on President Trump, on Jews of different stripes even being able to talk to one another — has left its bruises on the Jewish community.

Could the Shalom Hartman Institute of North America (SHINA), with its unusual approach to bringing Jews (and others) together, be a balm in Gilead?

The New York-based operation, a branch of Jerusalem’s 47-year-old pluralistic think tank founded by the late Rabbi David Hartman, is expanding its footprint with a new headquarters near Columbia University that’s double the size of its former Midtown location. And it is doing so at a time when the political discourse in the country has become increasingly tribal and the divisions within the Jewish community, particularly over Israel, have all but strait-jacketed the search for common ground.

Enter Yehuda Kurtzer, 41, the whip-smart SHINA leader armed with an array of pluralistic, reaching-across-the-religious aisle, Israel-warts-and-all, let’s-study-together programming. One even carries the trendy title of iEngage. (It seems fitting for Kurtzer, who was named as the inaugural chair of Jewish Communal Innovation at Brandeis before taking over the Hartman Institute here eight years ago.)

On the significance of Israel for Jewish life, Kurtzer is aiming for nothing less than “a new covenant between Israel and world Jewry, elevating the existing discourse from a crisis-based focus to one rooted in Jewish values and ideas,” according to the group’s website.

Yehuda Kurtzer. Screenshot/Youtube

But crises aplenty are tearing at the fabric of Israel-diaspora relations. To name just a few: egalitarian prayer at the Western Wall, conversions from leading rabbis here that don’t meet the Chief Rabbinate’s standards, an Israeli government that seems lukewarm on democratic values and bent on a permanent occupation of the West Bank and the weaponizing of Israel.

Is Kurtzer tilting at windmills by challenging orthodoxies with his doctrine of pluralism, one that even reaches beyond the Jewish community and includes difficult conversations between Jews and Muslims?

“If it is important to us, we have to talk about it,” Kurtzer said during a wide-ranging interview in his office. His personal style is as unpretentious as his management philosophy. He favors a plain, knit kipa and often goes tieless. His desk is neat, with piles of the next books and journal articles on his reading list.

“If we’re not addressing the most difficult questions that Jews are asking, then we are doing a disservice to the Jewish people.

“It’s hard to pray together. It’s hard to do political activism together. The only thing we can do together is study.”

“It’s hard to pray together,” he continues. “It’s hard to do political activism together. The only thing we can do together is study.”

The new SHINA headquarters is where much of that study takes place. It occupies half of an entire floor in The Interchurch Center, a mix of conference rooms and administrative spaces. Even their look — almost all the office doors and walls are clear glass — is intentional (and metaphorical). “It mirrors our values,” Kurtzer says of the space. “We want to be a transparent organization.” The staff and participants of the Institute, he notes, include “Jews of all denominations.”

It is from this new perch that Kurtzer, who was raised in a Modern Orthodox family but now identifies as “traditional egalitarian,” is staking his claim as he builds a reputation as one of the leading public intellectuals in the U.S. Jewish community. The son of the former U.S. ambassador to Israel, Daniel Kurtzer, he is a prolific, if sometimes overly discursive, writer, pumping out thoughtful op-ed essays for publications like the Times of Israel and The Jewish Week, and blogging on topics like Jewish leadership, Jewish identity and relations with non-Jews and “the growing values gap” in the Jewish community.

Yehuda Kurtzer at work at SHINA. Steve Lipman/JW

In recent years, under Kurzter’s direction, the Institute has grown in many metrics: its physical space has doubled from 5,000 square feet to 10,000; its full-time staff has risen from three employees to 28, with a parallel jump in the number of fellows and adjunct faculty members. Instead of two or three public programs a month it now offers more than 10, and its activities, which earlier reached a few hundred people a year, now reach 10,000. SHINA also has staff in Chicago, Boston, San Francisco and Los Angeles. The fellows fan out into the Jewish community, carrying forth the pluralistic message.

People have taken notice, ranking Hartman with such well-known organizations as the Wexner Heritage Program, the Melton School of Adult Jewish Learning, the Rohr Jewish Learning Institute, and CLAL–the National Jewish Center for Learning and Leadership.

Now, says Jonathan Sarna, professor of American Jewish history at Brandeis University, “Hartman is a player.”

“People are excited by ideas, … by intellectual creativity. Our job is to improve the quality of Jewish life through ideas.”

“Adult Jewish education tends to rise during eras of change,” Sarna said, citing an increased interest in such programs that coincided with the growth of the baal teshuvah movement and do-it-yourself Judaism in the late 1960s and 1970s.

Of the Institute’s growth, Kurtzer says, “There is an enormous hunger in Jewish life for rigorous conversations about critical issues. People are excited by ideas, … by intellectual creativity. Our job is to improve the quality of Jewish life through ideas.”

Despite his progressive leanings, Kurtzer ties his approach directly to ancient Jewish tradition. It’s a sign of the tricky tightrope he’s trying to walk. The give-and-take of the Talmud — the idea that the Jewish community is improved through vigorous discussion and debate with people who hold contrary opinions — is his North Star.

That back-and-forth is “one of its hallmarks,” he says of the Talmud. “There is a huge thread in rabbinic literature that prioritizes the discipline of learning and study over the discipline of the prophet and the monarch.” A modern shrink might call the approach “cognitive dissonance.”

“The Jewish people,” Kurtzer stresses, “are carried by the capacity of our leaders to be the ambassadors of that idea.”

Shared Values Of Jewish Tradition

One recent afternoon, Kurtzer led a discussion on “Zionism in Tension with Other Values” at SHINA’s new headquarters for a group of seven young scholars. They represent the organization’s first cadre of David Hartman Center Fellows, handpicked men and women who are participating in a year-long training program.

Kurtzer handed out a photo-copied brochure of readings that included such topics as the relationship of Zionism and feminism, the legitimacy of egalitarianism and a Talmudic excerpt on the value of compromise. For an hour, the participants, representing various streams of Judaism and political leanings, listened respectfully to Kurtzer, raising questions without raising their voices.

The glue, it seemed, is what Kurtzer refers to as the “shared values” of Jewish tradition. Instead of concentrating on a yeshiva’s standard texts like the Torah or Talmud, or on secular, academic sources, as in a university, SHINA’s lectures and videos offer an amalgam; they do not favor the perspective of one branch of Judaism over another, but foster discussions on such issues as justice, peace, compassion and self-preservation.

On another recent weeknight, two dozen middle-aged and retirement-aged academics and business people who play an active role in a variety of Jewish organizations sat around a small meeting room at the SHINA offices. Under the direction of Elana Stein Hain, the organization’s scholar-in-residence and director of leadership education, they discussed the “Modern Jewish Experience,” reading from a photocopied text that included excerpts from the Torah, the Talmud and the New Testament.

A SHINA class in progress. Steve Lipman/JW

The two sessions inaugurated the Institute’s “Salon @ 475” series of discussions for a small group of invited guests (475 is the address on Riverside Drive of The Interchurch Center, the Institute’s new home); they had the feel of a Talmud class, but with introductory remarks and historical context not usually not present in a classical yeshiva Talmud study session. Instead of simply answering the questions the participants asked, Stein Hain opened the floor to further discussion.

“I’m not trying to give you easy answers,” she declared. It’s the Hartman motto in eight words.

Kurtzer’s high-wire approach is to transcend differences, or burrow through them to come out on the other side. He says he wants to “to prioritize both Jewish peoplehood and a deep engagement with ideas and values as a means of creating a conversation across divisions, even if we don’t agree on consensus.”

“I’m not trying to give you easy answers.” – It’s the Hartman motto in eight words.

In other words, agree to disagree — and to listen. “We try to bring [to SHINA programs] a diversity of voices so the learners know their views are being taken seriously and they are being heard,” he says.

Kurtzer recognizes the promise, and the pitfalls, of such an approach. The advantage, he says, “is that the scholarship that comes out [of such discussions] has been an intellectually honest reading of the tradition.” The disadvantage? An unwillingness of some people to question pre-set opinions and to listen to contrary views — too much cognitive dissonance can backfire, he seemed to be saying. “Our approach sometimes falls short of what they need.”

Much of the SHINA programing is geared to reaching out to leaders of the Jewish community rather than the wider amcha community. It’s about creating a kind of pluralistic version of the Rebbe’s Army, the popular name of the emissaries of the late Lubavitcher Rebbe who reach the four corners of the globe spreading Chabad’s Jewish outreach message. This approach, Kurtzer says, “recognizes the capacity of the leaders to strengthen the amcha. If we teach 150 [leaders], you reach thousands and thousands of Jews.”

As part of its concentration on Israel, SHINA will soon sponsor “Israel @70: Judaism and Democracy,” a nationwide series of programs dedicated to the Jewish state’s 70th anniversary. And the Institute’s website offers videos on topical issues; a one recent one features Stein Hain speaking about “Jewish Canon and Male Privilege.”

Yehuda Kurtzer (R) in conversation with Yossi Klein-Halevi. (Click on the photo to watch their discussion) Screenshot/Youtube

Other new programming included a webinar, “What Israelis Need to Understand: An American Jewish Perspective,” featuring author Yossi Klein Halevi, a senior fellow at Hartman in Jerusalem, and Rabbi Shira Koch Epstein, executive director of the 14th Street Y here.

“What attracted me” to the invitation to become a Hartman Fellow “was the opportunity to learn from these excellent scholars and thinkers,” said Shira Billet, a Ph.D. student in modern Jewish thought at Princeton University.

Like the other fellows, Billet comes to the SHINA office once a week; she plans to teach Jewish studies at the university level. “They’re showing us new teaching methods,” Billet said. “I’ll be a better teacher.”

Nahum Twersky, a retired marketing consultant who attended the first Salon meeting, said he integrates the lessons he has learned there and at previous SHINA sessions, in his work as a consultant with Jewish nonprofits.

Rabbi Daniel Burg, a pulpit rabbi at Beth Am Synagogue in Baltimore, brought iEngage to his congregation a few years when he observed that members of his synagogue, were “finding it increasingly difficult to have meaningful conversations about Israel,” often unwilling to listen to each other’s perspectives.

Several dozen people, from the political left and right, participated in the initial iEngage encounter at Beth Am; there were no fistfights, and in subsequent years he has sponsored iEngage twice more, Rabbi Burg said. He added that he noticed the same effect each time – while synagogue members have not changed their views, “all of them have been able to learn together respectfully.”

Yehuda Kurtzer. Steve Lipman/JW

And to discuss Israel without rancor? “Absolutely. People were engaged with the relationship between Jewishness and democracy … people in our classes have almost always been respectful … [growing] in the area of empathy and appreciation for others’ positions or narratives.”

Muslim participants in the Institute’s activities have also praised its effect.

Wajahat Ali, a journalist-playwright and Muslim activist who took part in the Hartman Institute’s Muslim Leadership Initiative, which was launched four years ago, said the program’s meetings with “people from both sides” of the Jewish-Arab divide has increased his contacts, broaden his writing and helped him “learn how to carry conflicting narratives in your head.”

Parvez Ahmed, an Indian-born professor of finance at the University of North Florida and a Muslim activist who participated in several Hartman Institute educational activities, said he, like many Muslim participants, has encountered some criticism from fellow Muslims.

“Are you being brainwashed?” they ask; are you lessening your commitment to the Palestinian cause?”

His answer: “If you have a disagreement with somebody, you have to have a conversation with that person.”

It’s a start, but Kurtzer is thinking bigger, and longer-term. “If we think only in terms of short-term crises,” he says, “we are short-changing our leaders” — and the community. “Our work requires a really long arc.”

The 19th-century Unitarian minister Theodore Parker, in a passage famously paraphrased by Martin Luther King Jr., observed, “I do not pretend to understand the moral universe; the arc is a long one, and from what I see I am sure it bends towards justice.”

Kurtzer is betting that it bends towards pluralism, as well.

As taken from, http://jewishweek.timesofisrael.com/can-yehuda-kurtzers-doctrine-of-pluralism-heal-the-divides-in-the-jewish-community/

 
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Posted by on March 12, 2018 in Uncategorized

 

Qué ocurre después de la muerte

Qué ocurre después de la muerte

Los sorprendentes descubrimientos de un estudio israelí hacen eco del misticismo judío.

por Rav Benjamín Blech

¿Qué nos ocurre al morir? ¿Es la muerte el final o un nuevo comienzo? En el siglo XXI, la fe sigue siendo nuestra única fuente de información sobre el final de la travesía en la tierra. Los hallazgos científicos aún no ofrecen respuestas.

Sin embargo, un fascinante estudio israelí revela parte del misterio. Realizado por investigadores de la Universidad Hadasa de Jerusalem y publicado en el periódico Consciousness and Cognition, el estudio hace eco de los detalles que recibimos a través de la tradición mística judía.

Elizabeth Kubler Ross dedicó su vida al estudio de la muerte y de quienes están a punto de morir. En base a sus observaciones, escribió que en todos los años que estuvo presente en el momento en que la vida se escabulle, lo que más la conmovió fue ver la repentina calma y serenidad que siempre acompaña el paso de un estado al otro. Ella describió la muerte como “salir de un capullo y emerger como mariposa”. Nuestros cuerpos, durante la vida, representan las limitaciones físicas. Sin ellos, podemos por primera vez alcanzar alturas que antes eran inasequibles.

Si bien la Cábala, el misticismo judío, llenó algunos vacíos de nuestro conocimiento con descripciones esotéricas de la muerte y la vida después de ella, la humanidad se enfrentó al misterio de la muerte sin contar con el testimonio personal de ninguna de sus víctimas. Sin importar lo mucho que deseemos penetrar el velo de secreto que bloquea nuestra visión del más allá, reconocemos nuestras limitaciones humanas. La muerte es sólo un viaje de ida que no permite regresar a la tierra para compartir sus secretos con los vivos. Incluso si aceptamos la idea de la supervivencia en otra forma cuando nuestros cuerpos dejan de funcionar, quedamos bloqueados por la carencia de evidencia real, simplemente porque los muertos no pueden hablar.

Pero en los últimos cincuenta años se agregó algo sumamente nuevo a la ecuación. Si bien muchos continúan descartándola por no ser verificable, la vida después de la vida lentamente va ganando terreno entre quienes jamás se identificaron como particularmente religiosos o espirituales. Gracias a los avances en las cada vez más sofisticadas técnicas de resucitación, hubo incontables casos de testimonios de personas que murieron y volvieron para contarlo.

Los profesionales que realizaron un revolucionario trabajo en el área, tales como Elizabeth Kubler Ross y Raymond Moody, acuñaron el nombre ECM, experiencia cercana a la muerte, para describir el fenómeno.

Podemos argumentar (y muchos lo han hecho) que, por definición, quien ahora está vivo jamás ha muerto. Sin embargo, lo que nos permite considerar que quienes vivieron esta clase de experiencias estuvieron más cerca del otro lado es que, clínicamente, estuvieron muertos. Sus cerebros no mostraron ni la más mínima actividad. Sus corazones dejaron de latir. Es imposible que hayan registrado sensaciones, que hayan grabado imágenes ni sonidos. Pero de todas formas, esas personas pudieron recordar lo que ocurrió en los cuartos donde descansaban sus cuerpos, describir quién había entrado y salido después de escuchar que los declararan muertos. Hasta pudieron repetir, con gran detalle, conversaciones que ocurrieron en presencia de sus cuerpos sin vida.

¿Con qué parte de sus cerebros inactivos recordaron? ¿Cómo pudieron ver y escuchar? Sus cuerpos físicos ya no eran capaces de realizar esas tareas. Llama la atención que casi todos los que atravesaron una ECM, tanto si antes eran creyentes, escépticos, agnósticos o ateos, terminaron creyendo firmemente en la existencia de un alma no física que sobrevive la muerte del cuerpo.

La muerte es acompañada por una revisión fundamental de la vida que nos da una perspectiva completa sobre la vida que vivimos.

Rav Jaim David HaLevi, quien fue gran rabino sefaradí de Tel Aviv, en su clásica obra maestra Asé lejá rav, escribió una extensa comparación entre la creencia judía tal como es registrada en el Talmud, el Midrash y las fuentes cabalísticas, y los reportes más recientes de ECM. En su opinión, es muy importante el despertar del mundo secular a una crucial verdad espiritual: la existencia del alma, cuya existencia continua no puede negarse con la muerte del cuerpo físico.

Ahora se descubrió otra parte de la historia. El misticismo judío también enseña que la muerte es acompañada por un importante análisis de la vida. Al acercarnos a una existencia no terrenal, se nos permite mirar hacia atrás y apreciar plenamente tanto nuestros pecados como nuestros logros, nuestros fracasos y nuestros triunfos. Antes de dejar esta tierra, recibimos la oportunidad de reflexionar sobre el significado de nuestra vida pasada y el legado que les transmitimos a quienes dejamos detrás.

Interesantemente, este nuevo estudio del hospital Hadasa, liderado por la Dra. Judith Katz, neuróloga de la Universidad Hadasa de Jerusalem, descubrió que las experiencias de revisión de la vida que acompañan el proceso de la muerte son frecuentes y tienen muchos elementos en común.

Las personas vieron sus vidas como si estuvieran mirando una película, pero el orden de los eventos que recordaron no era cronológico. Un participante dijo:

“No hay una progresión linear, faltan los límites del tiempo… fue como estar en la escena durante siglos. No había una limitación de tiempo/espacio, por lo que esa pregunta también parece imposible de responder. Un momento, mil años… ambos y ninguno. Todo pasó al mismo tiempo, algunas vivencias de mi experiencia cercana a la muerte ocurrían al mismo tiempo que otras, aunque mi mente humana las separa en eventos diferentes”.

La mayoría de los participantes en la investigación de ECM manifestaron una profunda empatía por las personas con las que compartieron momentos importantes en la vida. Un elemento común de las ECM fue la inclusión de vivencias profundamente emocionales, desde la perspectiva de seres cercanos a ellos. Esto es lo que dijo un participante: “Podía ir a cada una de las personas y sentir el dolor que tenían en su vida… se me permitió ver esa parte de ellas y sentir yo mismo lo que ellas sentían”.

Otra persona dijo: “Estaba viendo, sintiendo esas cosas sobre él [mi padre], y él estaba compartiendo conmigo las cosas de su infancia y por qué le resultaron difíciles”.

Quizás la conclusión más importante sea que “todos los entrevistados en el estudio dijeron que después de su ECM, experimentaron un cambio fundamental en su perspectiva respecto a las personas y a los eventos importantes de su vida”.

Los investigadores que registraron sus descubrimientos prefirieron no analizarlos desde una perspectiva espiritual, ni ligarlos a antiguos conocimientos rabínicos sobre el alma ni tampoco a explicaciones religiosas sobre nuestra última travesía. Los científicos no desean que la ciencia se convierta en súbdito de la creencia tradicional. En cambio, intentaron ofrecer otras explicaciones para sus hallazgos: cómo el lóbulo parietal, el temporal y la corteza prefrontal son particularmente vulnerables a la hipoxia y a la pérdida de sangre resultante de las ECM traumáticas.

Por supuesto que eso es posible. Pero en mi opinión, es mucho más probable lo que la sabiduría de nuestra tradición entendió durante miles de años. La muerte, como lo explica el Rabino de Kotzk, “es tan sólo pasar de un cuarto a otro, desde una especie de casucha a un domicilio magnífico en el cielo”. Y, como cortesía final, antes de partir hacia ese viaje Dios nos permite mirar atrás, para ver la película de nuestra vida.

Puede ser que en ese momento nos sintamos repletos de arrepentimiento o de alegría. Quizás, saber esto de antemano sea la mayor inspiración para vivir una vida plena de sentido y propósito.

Según  tomado de, http://www.aishlatino.com/e/f/Que-ocurre-despues-de-la-muerte.html?s=show

 
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Posted by on March 12, 2018 in Uncategorized

 

The Karaite synagogue of Ramle

The Anan Ben David Synagogue in Ramle is the world center of Karaite Judaism, and the simple grace of the sanctuary speaks volumes about this fascinating sect. The Karaite branch of Judaism regards only the Tanach (“The Old Testament”) as divinely given, while the Oral Law (The Talmud) in their view is merely the work of wise men.

This departure from Rabbinic Judaism led to a schism that has lasted to this day (though who departed from whom is precisely the debate). While the rabbinic sages, over the centuries, have added layers of interpretation, explanation and extrapolation to the commandments, the Karaite reading has simply taken the Torah at face value. In some cases this has made the Karaite version of halacha (Jewish law) more difficult to observe, in some cases easier. For example, the Karaites would never “cook a kid in its mother’s milk,” since the Torah forbids it. A chicken, however, does not make any milk at all. It’s a bird, so according to the Karaite reading, one need not separate it from dairy products, let alone keep an entirely parallel set of plates and cutlery. On the other hand, all of the Shabbat “workarounds” that prove so convenient to Rabbinic Judaism are irrelevant to the Karaite community. There is no fire kept burning, no “Sabbath setting” for the stove, no Sabbath food-warming timers or Sabbath elevators, and certainly no “Shabbos goy.”

Hanukkah, which does not appear in the Tanach, is not celebrated at all. From their perspective, there are 613 commandments in the Bible, and none of them could possibly include lighting a Hanukkah menorah to celebrate an event that occurred after the Bible was written. Therefore, to recite the blessing “He has commanded us to light the Hanukkah candles” (When did He command this? In which biblical text?) would be taking the name of the Lord in vain.

The Karaites wear tzitzit, which are specifically described in the Torah, but do not wear tefillin, which are, in their view, a physical invention to interpret a metaphorical verse. They do not use Aramaic (a language unknown to Moses) in any of their prayers, but women sing and can lead prayers in the synagogue, just as Miriam sang at the Red Sea.

The synagogue has no chairs or furniture. It is completely carpeted, because the bowing and prostrating referred to in the Bible is still practiced during Karaite prayer. Shoes are removed before entering, just as Moses removed his sandals when facing his Creator at the burning bush. To the innocent visitor, the chamber looks like a mosque — a mosque with an ark for Torah scrolls facing Jerusalem, instead of a prayer niche facing Mecca. The Karaites point out that they predate the birth of Islam, so it would be more appropriate to say that a mosque resembles a Karaite synagogue.

Here lies the heart of the matter. According to most accounts, Karaite Judaism split from Rabbinic Judaism in the eighth century, but there seems to be an inherent logical flaw in that version of history. A straightforward reading of the written law without any extra interpretation is how, one imagines, the prophets would have observed the commandments. In a sense, it is those who added extra books (63 tractates of the Talmud, for example, completed in the sixth and seventh century) who were the “splinter group.”

But the splinter group won. There are 40,000 Karaites today and around 15 million rabbinic Jews. The victor writes the history.

The Karaites, who will gladly show you their synagogue and give you a tour of their center in Ramle for a symbolic fee, do not emphasize this point. They might not even be thinking it. But in my view, they offer us an opportunity to consider what Judaism might have looked like had different approaches prevailed. Historical “what-ifs” can be a silly exercise (If the Vikings had stayed in North America, would “Saturday Night Live” be in Norse?) but in this case, there may be a lesson to be learned.

We Jews are guilty of a certain pride regarding other religions. True, we are smaller than Islam, less hip than Buddhism and have produced less art than Christianity. Still, we say to ourselves, we have been around longer, and remained true to our roots. We stuck with the original plan. We kept the faith. The Karaites can make a similar claim with a bit more authority. They are much, much smaller, and have weathered many storms, but they kept the faith, one might say, with even greater consistency. If Moses were brought to our day in some time machine, he would likely recognize more of the Karaite practices than the rabbinic ones.

Through the centuries, Judaism has faced many philosophical junctions, some in crisis, and others in slowly evolving movements. Jewish history sometimes seems like a long series of debates, rifts and forks-in-the-road from the Northern and Southern Kingdoms of the Bible, to the Vilna Gaon and the Baal Shem Tov of the 18th century leading right up to today’s face-off between an entrenched Orthodoxy and its progressive opponents. This millennia-long series of arguments around the Sabbath dinner table of our people is what makes being Jewish so interesting. Centuries from now, someone may be visiting the last Reform congregation (or the last Hasidic shtiebel) and writing a similar article.

I admit that I find the Karaite approach compelling. I also recognize that there are valid counter-arguments. Resistance to change is not, after all, an unassailable virtue. But it is worthy of admiration. It might be a good idea to get to know the Karaite way, while it’s still around.

The Anan Ben David Synagogue (Bill Slott)

As taken from, http://blogs.timesofisrael.com/the-karaite-synagogue-of-ramle/  (Emphasis mine)

 

 
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Posted by on March 11, 2018 in Uncategorized

 

What Does “Yahrzeit” Mean?

Yahrzeit (literally, “year time”) is the Yiddish word for “anniversary,” referring specifically to the anniversary (on the Hebrew calendar) of the date of a person’s passing. Observed from nightfall to nightfall (like all Jewish dates), the yahrtzeit is a special time to remember the departed and do good deeds for the merit of the soul, which ascends higher in heaven on this date.

How Is a Yahrzeit Observed?

  • In times gone by, people would fast on the date of the yahrtzeit, but that practice is rare nowadays.
  • On this day, make an effort to do mitzvahs in memory of the departed. This helps the soul ascend ever higher. The most common (but not the only) mitzvah is to lead the prayers and/or say Kaddish, a prayer of praise to G‑d, in memory of our loved one. Read why this prayer was chosen here. If you can use a little brushing up on the Aramaic words of the Kaddish, go here.
  • Since Scripture compares the soul to a flame, there is a time-honored custom to light a candle on the eve of the yahrtzeit and allow it to burn for the next 24 hours. Long-lasting candles, called yahrzeit candles, can be purchased in the kosher aisle of many North American grocery stories, but any candle (besides those used for non-Jewish religious purposes) is really perfect. Read the reason for this custom here.
  • There is a custom to provide tikkun: food and spirits to be served after morning services on the date of the yahrtzeit. Some people even sponsor a Kiddush, a Shabbat morning reception, on a Shabbat either before or after the yahrtzeit. Read why here.
  • If possible, many people make the effort to visit the gravesites of their relatives on their yahrzeits. Read about when to go and what to do when there.

How to Pronounce Yahrzeit

There are many ways of spelling yahrzeit in English. The most common one, yahrzeit, really does not tell an English reader that the word should be pronounced “YOUR-t-sight,” a cross between “you’re tight” and “your sight.” When someone wants to say that today is the anniversary of the passing of his grandmother, he might say, “I have yahrzeit for my bubby today.”

How Do You Know When a Yahrzeit Is Coming Up?

A yahrzeit follows the Hebrew calendar, so if you are in tune with the cycle of the Jewish holidays it is simple enough. However, since the Jewish dates can drift away from their Gregorian counterparts by as much as a month before bouncing back, this can be challenging for some. The good news is that Chabad.org’s powerful yahrzeit calculator can figure out when you have yahrzeit, and even send you reminders every year.

As taken from, https://www.chabad.org/library/article_cdo/aid/3947456/jewish/What-Does-Yahrzeit-Mean.htm

 

 
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Posted by on March 11, 2018 in Uncategorized

 

Los hombres son de los días de la semana, las mujeres son del Shabat

Los hombres son de los días de la semana, las mujeres son del Shabat

Judaismo, Shabat y la mística femenina.

por Miriam Kosman

Una mujer embarazada, ¿es una o dos personas? Es difícil estar seguro. Es cierto, el corazón del bebé late bajo el de ella, pero la mujer embarazada sigue viviendo su propia vida, pensando sus propios pensamientos y haciendo sus cosas. El bebé da vueltas en su interior, le gusta o no le gusta la música que ella escucha y se mantiene distintivamente separado, aunque su propio ser es nutrido por ella. Madre y bebé siguen siendo dos, aunque son uno.

Luego viene la etapa siguiente, cuando el nacimiento se convierte en el acto de separación para volver a unirse. Madre y bebé se abrazan nuevamente en un capullo de breve pero intensa unión durante el amamantamiento.

A pesar de que ese bebé que amamanta pronto dará los primeros pasos hacia la independencia, algunas madres sostienen que ese cambio de identidad —esa ampliación de los límites del yo— nunca desaparece realmente. La madre que entra a la sala de partos descubre que es un viaje en una sola dirección.

Biológicamente, las mujeres personifican una confusión de límites entre dos entidades separadas. En vez de claras demarcaciones entre dónde estoy yo y dónde estás tú, la femineidad mana por encima de esos límites con una fluidez ondulante.

Cuerpo y alma, imágenes espejo

Desde una perspectiva cabalista que ve al mundo físico como paralelo al mundo espiritual con una exactitud exquisita, la mujer biológica se convierte en una metáfora de lo que es la relación, la conexión y el vínculo. La “mujer”, creada opuesta al “hombre” porque “no era bueno para el hombre estar solo”, desde el primer día experimentó la vida como un dialogo.

Por otro lado, la masculinidad, en la cual la relación es externalizada, representa separación e individuación. Este deseo de autonomía e independencia fácilmente puede desviarse hacia un foco en la competencia, la codicia y la jerarquía, en el determinado intento de mantener rígidos los límites entre las personas.

Pese a esta metáfora biológica, por supuesto que no todas las mujeres están orientadas hacia una relación. Muchas mujeres nunca dieron a luz o amamantaron a un bebé y otras, a pesar de haberlo hecho, no se identifican con el concepto de los límites fluidos. Asimismo, está de más decir que hay muchos hombres que viven sus vidas centrados en las relaciones. El género aquí es usado para delinear dos ritmos diferentes que animan al alma humana; claramente ambos pueden manifestarse tanto en hombres como en mujeres.

Las relaciones con los demás, con Dios y con uno mismo son las características que definen la vida judía.

Interesantemente, de los dos modelos en el judaísmo resuena con más fuerza el femenino. Las relaciones con los demás, con Dios y con uno mismo —uniendo los abismos que nos separan— son las características que definen la vida judía. En el judaísmo el éxito se mide de acuerdo con nuestras relaciones: el bienestar emocional, espiritual y moral propio y de las personas en nuestra órbita.

En la vida real es difícil recordar esta verdad, porque la filosofía occidental valora lo masculino y por lo tanto considera a las personas como intrínsecamente egoístas. La filosofía occidental sostiene que lo mejor a lo que podemos aspirar es a convencer a la gente del beneficio de los contratos sociales. Gana amigos e influencia a los demás porque nunca sabes cuándo necesitarás a esas personas en tu resuelta carrera hacia el Monte Éxito.

En este contexto, la voz femenina que comprende que no sólo yo soy yo y tú eres tú, sino que también yo soy tú y tú eres yo, es pisoteada, ridiculizada y prácticamente ahogada.

Pero la voz femenina (la cual, por supuesto, también puede ser articulada por los hombres) tiene un crítico respiro: el Shabat.

¡Feliz día de las relaciones interpersonales!

Shabat es el día de las relaciones interpersonales, motivo por el cual en las fuentes cabalistas se refieren al mismo en femenino: la Reina Shabat, la novia Shabat. Shabat es el día en el cual guardamos nuestra lista de cosas por hacer dentro del cajón, bajamos de la cinta de correr y nos liberamos de esa sofocante venda que nuestros juguetes tecnológicos colocan sobre nuestros ojos. En Shabat respiramos profundo y miramos a nuestro alrededor a la familia y amigos, quienes estuvieron en la periferia de nuestra visión toda la semana; a Dios, que estuvo esperando todo este tiempo que lo viéramos; y a nuestras propias almas, malnutridas y descuidadas, esperando ansiosamente un poquito de atención.

Completamente desconectados, sin ningún trabajo al cual escapar, entramos a un mundo atemorizante y desconocido en el cual nos convertimos en seres humanos en vez de hacedores humanos.

Shabat es un día extrañamente vulnerable. Sin tener en la mano las llaves del auto, con nuestros dígitos tecnológicos ausentes, sin un trabajo al cual escapar, entramos a un mundo atemorizante y desconocido en el cual nos convertimos en seres humanos en vez de hacedores humanos. Habitamos un mundo en donde lo que es importante no es lo que logras sino quién eres.

Al encender las velas que iluminan nuestro camino hacia el mágico mundo del Shabat, nuestra familia y amigos buscan una guía que los ayude a pasar el umbral hacia ese misterioso lugar.

Las mujeres representan metafóricamente el concepto de la relación, y en la vida real a menudo son quienes protegen y nutren los lazos familiares (hay una razón por la que tardamos tanto más en cortar el teléfono cuando llama mamá que cuando lo hace papá). De esta forma, las mujeres brindan un regalo único a la experiencia del Shabat. Más allá de la sopa de pollo e incluso de la jalá recién horneada, es el regalo de tener a alguien que habla el idioma del Shabat.

Nacer en un cuerpo femenino no garantiza una inmediata afinidad con darle prioridad a las relaciones, pero dado que nuestros cuerpos son el medio a través del cual nuestras almas interactúan con el mundo, Dios les ha regalado a las mujeres una metáfora fácilmente accesible para ayudarlas a ayudar a sus familias y amigos —y a ellas misma — a entonar el cántico del Shabat.

El viernes antes del anochecer, las mujeres encienden dos velas —dos entidades separadas— faros brillantes que nos conducen al mundo del Shabat. El sábado por la noche, recitamos el servicio de havdalá usando una vela, la cual —nos dice la ley judía— debe tener al menos dos mechas. Después de un fin de semana en el mundo femenino del Shabat, esas dos velas separadas que encendimos el viernes por la noche se unen en una vela con dos mechas; dos que en verdad son uno, uno que es realmente dos, iluminando con el regalo de la femineidad el resto de la semana.

Según tomado de, http://www.aishlatino.com/a/m/Los-hombres-son-de-los-dias-de-la-semana-las-mujeres-son-del-Shabat.html?s=mpw

 

 
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Posted by on March 10, 2018 in Uncategorized