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Author Archives: yishmaelgunzhard

La Naturaleza del Alma Judia y No-Judia

Extraido de Cabala y meditacion para las naciones del mundo

Para entender por qué Hashem entregó estos siete preceptos llamados las Leyes de los Bnei Noaj a toda la humanidad, debemos explicar antes, aunque sea en forma breve, el funcionamiento del alma humana.

El alma humana tiene dos semblantes o aspectos, uno de carácter Divino y otro físico o animal. En hebreo se denominan nefesh Elokit (alma Divina) y nefesh behemit (alma animal) como lo explica en el Tania, el primer Rebe de Lubavitch, el maestro jasídico Rabí Shneur Zalman de Liadi.

Todos los seres humanos poseen una chispa Divina, pero la diferencia entre uno y otro reside en la magnitud en que la chispa ha penetrado y juega un rol activo en la psique de cada cual (utilizamos el término “psique” para referirnos a los planos conciente e inconciente del alma). Cuando esta chispa penetra completamente en la psique se la identifica como alma Divina, y así decimos que los judíos – según la halajá son los nacidos de madre judía y los conversos de acuerdo con la Torá– poseen un alma Divina.

Respecto a quien no pertenece al Pueblo de Israel, la chispa Divina no puede permear su conciencia y por consiguiente, solamente “sobrevuela” la psique (sin penetrar tampoco el plano inconciente). Un justo gentil, el no judío que cumple con las leyes de los Bnei Noaj, es aquél que percibe la presencia de la chispa Divina y es inspirado por ella a seguir el sendero que Hashem fijó para todos los pueblos según se encuentra delineado en la Torá. El que todavía no ha llegado a ser un justo gentil, como hemos explicado, no puede ser conciente de esa chispa.

En el lenguaje del Jasidut, la chispa Divina (o alma) de quien está integrado al judaísmo (ya por nacimiento o por conversión), es comparada a una luz interior (or pnimi); esto significa que es algo vivenciado en forma directa, que pasa a formar parte de su estructura psicológica. La chispa de Divinidad no judía del justo gentil es descripta como una “luz abarcadora cercana” u or makif karov, que se experimenta psíquicamente sólo en forma indirecta, externa. La chispa Divina del no judío que no es considerado justo gentil (o sea, que no acepta concientemente sobre sí las 7 mitzvot o preceptos de los Bnei Noaj), es semejante a una “luz que rodea a la distancia” u or makif rajok; y no desempeña, en este caso, ningún rol conciente en la experiencia de esa persona como ser humano.

Incluso en este tercer caso, debido al refinamiento del carácter que resulta de las pruebas y tribulaciones de la vida, y de los encuentros dirigidos Divinamente donde los judíos introducen la belleza de la Torá a quienes no lo son, la chispa Divina “distante” puede expandirse y acercarse cada vez más hasta que la persona desea convertirse al judaísmo; esto es: tomar para sí el Pacto del Pueblo Hebreo, con los 613 preceptos dirigidos a la enmienda y rectificación más alta, trayendo así la revelación de la Divinidad en el mundo material.

Si tomamos en cuenta este talento potencial innato en cada gentil, decimos que todos los no judíos también poseen una chispa Divina. Por cierto, todas las creaciones de Hashem están siendo traídas a la existencia continuamente –y literalmente alentadas- por medio de ella, pero por supuesto sólo el ser humano es capaz de “convertirse” en judío. Los tres niveles de influencia que esa chispa ejerce sobre nosotros como seres humanos, están aludidos en el comienzo de la Torá: En el principio Elokim creó los Cielos y la tierra.

En Cabalá, “los Cielos” simbolizan el alma y “la tierra” el cuerpo. La Torá continúa: Y la tierra estaba caótica y vacía, y la oscuridad estaba sobre la faz del abismo, y el espíritu de Elokim sobrevolaba la faz de las aguas. El estado inicial de la tierra (representando el cuerpo junto con su alma animal) descripto con los tres adjetivos “caótica”, “vacía” y “oscura” (identificadas en la Cabalá con las tres “cáscaras” impuras), corresponde al estado inicial del no judío cuando se aferra a lo terrenal, cuya chispa está distante de su psique. “Y el espíritu de Elokim sobrevuela la faz de las aguas”, se refiere al estado del justo gentil cuya chispa Divina se siente como sobrevolándole, que lo toca y no lo toca muy cerca de su psique.

Los sabios enseñan que “el espíritu de Elokim” se refiere aquí al del Mashíaj, que será enviado por Hashem para redimir a la humanidad. Entonces, podemos concluir que la llegada del Mashíaj depende de la elevación del nivel espiritual del mundo gentil desde la “oscuridad” al “espíritu”, alentando a los no judíos a consagrarse a la Verdad, volviéndose Bnei Noaj, auténticos justos gentiles. El siguiente verso en la Torá dice: Y dijo Elokim: ‘Sea la luz’ y fue la luz. Este verso describe la realidad del alma judía. “Sea la Luz” se refiere a la chispa Divina que permea el plano inconciente de la psique judía. “Y fue la luz” describe esa chispa cuando permea el plano conciente de su psique.

Abraham fue la primera persona que integró esa chispa como una parte esencial e indiferenciada de su psique, tanto conciente como inconcientemente. Con su luz interior pudo alumbrar todo su entorno. En las palabras del profeta: “Abraham comenzó a radiar luz”. Esto hizo que Abraham fuera el primer judío. El nivel en que la chispa Divina está presente en la psique, tiene una profunda influencia sobre la naturaleza del alma animal de la persona.

Tengamos en cuenta que el alma animal se divide a su vez en dos facetas diferentes: una intelectual, llamada nefesh sijlit, y una emocional/conductista. El alma animal del judío está relativamente más refinada debido a la presencia interior del alma Divina. Su aspecto intelectual está estructurado de una manera peculiar de pensar y razonar, capaz de comprender conceptos abstractos y sutiles. De este don nace el hecho de que los judíos sean creativos y originales en muchas áreas seculares.

En la conciencia rectificada del Pueblo del Libro las pasiones están dirigidas a objetos permitidos por la ley de la Torá. El alma física de un justo gentil se asemeja a la del judío en algunos aspectos. Consecuentemente, sus motivaciones son consideradas una mezcla de bien (altruismo) y de mal (egoísmo). Sin embargo, el estado de conciencia del no judío que aun no ha llegado a ser justo gentil, es decir, que todavía no está ligado a Hashem a través de los aspectos universales de la Torá, oculta y bloquea la manifestación de las motivaciones verdaderamente buenas (altruistas), que no hallan posibilidad de concretarse en su alma física.

Cuando el alma Divina se revela en el judío, siente un amor incondicional hacia todas las creaciones de Hashem, porque comprende cabalmente que en todo hay una chispa del Creador (con la diferencia citada antes entre los seres humanos y las demás criaturas). La persona amará el bien que hay en el mundo y rechazará el mal que oculte, pervierta y corrompa ese bien intrínseco.

Rab Itzjak Ginzburgh

Según tomado de, http://www.tora.org.ar/la-naturaleza-del-alma-judia-y-no-judia/ el sábado, 25 de marzo de 2017.

 
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Posted by on March 25, 2017 in Uncategorized

 

Cómo Reaccionar ante el Dolor de Otra Persona

¿Qué hacer, qué decir, cuando alguien te dice que siente dolor?

http://www.chabad.org/theJewishWoman/article_cdo/aid/3183924/jewish/How-to-React-to-the-Pain-of-Another.htm

Por Elana Mizrahi

¿Qué hacer, qué decir, cuando alguien te dice que siente dolor?

El otro día recibí un mensaje de una clienta. Se trata de una clienta especial con una historia especial. Durante 16 años no menstruó de manera natural, a pesar de haber probado con hormonas y otros tratamientos para estimular su período. Cuando se casó, a los 32, fue a ver de inmediato a especialistas en fertilidad. Luego de dos años de tratamientos en vano, acudió a mí. Le hice algunas recomendaciones respecto de la dieta y le sugerí algunas hierbas. Vino a verme durante meses para hacerse masajes y reflexología, y para su sorpresa —¡y también un poco para la mía!— comenzó a menstruar de manera natural.

Ayer, me envió este mensaje: “Desde ayer estoy con mi período. Sé que debería sentirme agradecida, pero no puedo evitar estar decepcionada…”.

Apenas recibí el mensaje, pensé: “¡Sí! ¡Gracias a Di-s! ¡Qué bueno! Es una señal de que está saludable y equilibrada!”. Pero volví a leer el mensaje un par de veces, en especial la parte que decía “no puedo evitar estar decepcionada…”. Esta clienta quería tener un hijo, y aunque el período era una señal de buena salud, también significaba que aún no estaba embarazada.

“¿Cuál es la mejor manera de responderle?”, me pregunté.

Cuando Di-s fue hasta Moshé para hablarle sobre la redención de Egipto, la dividió en cuatro pasos:

Por eso, diles a los hijos de Israel: “Yo soy Hashem, y yo los liberaré de la opresión de Egipto; los rescataré de su labor; los redimiré con brazo extendido y con grandes juicios; los llevaré hacia mí para que sean un pueblo y seré para ustedes un Di-s”.1

Nunca entendí la orden de la redención hasta que sufrí una pérdida. De hecho, fueron dos pérdidas. Mi querida suegra falleció y luego, dos meses después, perdí un embarazo. El dolor era insoportable, o así lo sentía yo. Recuerdo que en ese momento, sentía que había una nube negra suspendida sobre nuestro hogar, una nube negra que nos envolvía e impedía que entraran los rayos del sol. Vivíamos en un modo de supervivencia emocional.

Luego de la pérdida de mi suegra, el dolor permaneció con nosotros durante 12 meses, mientras mi esposo recitaba el Kadish de duelo. El día en que se cumplió un año de duelo, vi cómo la nube se alejaba de nuestro hogar. Al menos, pudimos recuperarnos de la pérdida y ver los rayos de sol, al saber que aquella mujer extraordinaria estaba en un mejor lugar, con nuestro Creador.

La del embarazo fue una pérdida distinta. Tuve que sanar el aspecto físico antes de poder salir de la oscuridad. Mi cuerpo necesitaba tiempo, mis hormonas necesitaban equilibrarse. Esta pérdida también necesitaba su duelo. No podía creer que hubiera ocurrido porque estaba segura de que el nacimiento de ese bebé sería un nejamá, un gran consuelo para mi esposo, que estaba de luto: ¿cómo podía ser que nos arrebataran también eso? Le pregunté a mi esposo: “¿Por qué? ¿Qué hice mal? ¿Por qué nos ocurre esto? ¿Qué puedo hacer mejor?”.

Él me dijo las palabras más reconfortantes: “Elana, detente. Ahora, que sientes tanto dolor, no es momento de analizarlo. Primero, sana”. Tenía mucha razón, porque una vez que salí de la crisis pude ver que había cosas que yo no entendía, y que eso estaba bien. Pude entender que mi cuerpo era el recipiente para un alma especial, que todo en la vida pasa por alguna razón, y que llevar esa alma era una misión especial. Pude entender que las cosas difíciles no son una señal de que Di-s nos rechaza o no nos ama. De hecho, en todo caso, es todo lo contrario, porque Él nos ama muchísimo. Pero no estaba lista para ver todo esto en medio de los acontecimientos.

Si te fijas, cuando Di-s menciona la redención, no comienza por decir: “Te redimo”. ¿Cómo empieza? “Te liberaré de la opresión”. Cuando una persona atraviesa un momento difícil de su vida, cuando se le presenta una prueba, primero necesita saber que va a superarla, que Di-s “la liberará de la opresión”. Cuando una persona siente dolor, no puedes decirle: “No sientas dolor, que todo es para mejor”. Por supuesto, si ella misma dice eso debes apoyarla, porque es absolutamente cierto, pero si no lo dice, dale tiempo. Sólo ayúdala a atravesar ese momento.

Primero, la persona sólo necesita salir del estado crítico. Incluso si la realidad no cambia, su mente y sus emociones necesitan salir de la crisis. Luego, con el tiempo, sanará y verá la redención, la salvación, el amor, la grandeza de la prueba misma.

Luego de que pasaran por mi cabeza todos estos pensamientos, le respondí a mi clienta. Le dije que sus sentimientos eran válidos, que es normal estar decepcionada. Agradeció mis palabras. Y luego siguió adelante con su vida, y más tarde ella misma me dijo lo agradecida y emocionada que estaba de que su cuerpo funcionara bien, y que la menstruación era una señal de que su salud era buena. A ese punto, mencioné que el primer día de un ciclo corresponde al primer día de la redención. Y expresé mis deseos de que, Di-s quisiera, su ciclo culminara nueve meses después con un bebé.

NOTAS AL PIE
1.

Shemot 6:6-7.
Según tomado de, http://es.chabad.org/library/article_cdo/aid/3623461/jewish/Cmo-reaccionar-ante-el-dolor-de-otro.htm el martes, 22 de marzo de 2017.
 
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Posted by on March 22, 2017 in Uncategorized

 

Historia Judía: El rostro del antisemitismo

[Historia Judía #59] El rostro del antisemitismo

Historia Judía

Incluso en naciones tan civilizadas como Francia y Estados Unidos, el antisemitismo nunca desapareció por completo.

por

En este capítulo examinaremos brevemente el antisemitismo que, con la llegada de la Ilustración en el siglo XVIII, se ocultó detrás de la máscara de la sociedad “civilizada”, sólo para terminar mostrando su malvado rostro en el Holocausto.

(Para un análisis más detallado del antisemitismo en general, haz clic aquí para ver el seminario “¿Por qué los judíos?”)

Obviamente en Rusia y en la Zona de Asentamiento de Europa Oriental, el antisemitismo nunca se escondió (como vimos en los capítulos 56 y 57). Sin embargo, en el Mundo Occidental la situación fue diferente.

Algunos de los peores casos de antisemitismo previos al surgimiento de los nazis en Alemania fueron instigados por los franceses, cuyo país fue el lugar de nacimiento de la Ilustración.

Es sorprendente enterarse, por ejemplo, que fue el cónsul francés Ratti-Menton quien en 1840 generó un libelo de sangre en contra de los judíos, cuando un monje capuchino desapareció en Damasco, Siria. En respuesta a sus acusaciones, las autoridades sirias secuestraron a más de sesenta niños judíos para forzar a sus padres a confesar. Muchos judíos fueron arrestados y torturados. Dos murieron a causa de la tortura y muchos otros quedaron permanentemente discapacitados; uno “confesó”.

Presionados por las autoridades francesas, los sirios habrían enjuiciado a esos judíos bajo cargos falsos si no fuera porque el mundo judío reaccionó. Varias organizaciones judías instigaron una protesta de líderes ingleses y estadounidenses (incluyendo al presidente Martin Van Buren) que causó que los sirios abandonaran los cargos.

Sin embargo, el antisemitismo francés continuó.

En 1886 La France juive, un violento libro antisemita, fue el libro más leído de Francia. Esto fue seguido por la fundación de un periódico antisemita llamado La Libre Parole. Escribe Berel Wein en su obra Triumph of Survival (p.233):

En ningún lugar [La Libre Parole] fue más popular que entre los oficiales del ejército francés… Punzados por los anarquistas y pacifistas de la izquierda, humillados por su derrota absoluta en la guerra franco-prusiana de 1870, el ejército francés estaba frustrado, enojado y paranoico. Uno de sus enemigos principales era ‘la influencia judía’ en la vida francesa. Esto hizo que el ejército fuera el candidato lógico para un incidente antisemita, el cual no tardó mucho en venir.

El Caso Dreyfus

Ese incidente antisemita —que en Francia llegó a ser conocido como “L’Affaire”— fue el famoso caso de Alfred Dreyfus, un capitán de la Armada Francesa que en 1894 fue acusado falsamente de espiar.

El verdadero espía no era un judío (sino el Comandante Esterhazy), pero a pesar de que este hecho fue descubierto en 1896, la Armada Francesa ignoró o escondió la evidencia en contra de Esterhazy y no retiró las acusaciones por motivos antisemitas. Se fabricaron documentos “secretos”, algunos de los cuales eran falsificados, y Dreyfus fue enjuiciado y condenado por traición en una corte cerrada antes de que hubiera un tribunal militar [1]. Se le quitó su rango y se lo sentenció a prisión perpetua en la Isla del Diablo, cerca de la costa de Guayana Francesa en Sudamérica. El 3 de enero de 1895 fue paseado por las calles de París mientras una multitud abucheaba “Muerte a los judíos”.

(Cabe mencionar que uno de los que cubrieron el fiasco fue un periodista judío húngaro proveniente de Austria, Theodor Hertzl, que se sorprendió muchísimo al ver que el odio a los judíos estaba absolutamente arraigado en la Francia “civilizada”. Posteriormente escribió en su diario: “¿En dónde? En Francia. En la Francia republicana, moderna y civilizada, a unos cien años de la Declaración de los Derechos Humanos”. Si bien Hertzl era secular y estaba bastante asimilado, el juicio a Dreyfus causó una impresión muy fuerte en él y lo acercó a convencerse de que el único lugar seguro para los judíos y la única respuesta ante el antisemitismo era la tierra propia, la Tierra de Israel (2). A pesar de que Hertzl no fue el fundador del sionismo, subió a la cima y convocó el Primer Congreso Sionista en Basilea, Suiza, en 1897. En ese congreso se estableció la Organización Sionista Mundial (hablaremos en detalle sobre el sionismo más adelante en otro capítulo).

Mientras tanto, la farsa del juicio a Dreyfus creó una gran controversia. Emile Zola, el más grandioso escritor francés, publicó en un periódico en 1898 un bellísimo artículo titulado “J’accuse” (Yo acuso) acusando al gobierno de un mal manejo judicial. Por esto, Zola (que no era judío) fue condenado por difamación y tuvo que huir a Inglaterra.

Después de otras dos farsas en las que Dreyfus fue condenado nuevamente, finalmente fue perdonado y, después de pasar cinco años en la Isla del Diablo, fue restituido a su rango militar anterior (¡no fue completamente exonerado sino hasta 1906!).

Primera Guerra Mundial

El 28 de junio de 1914, el príncipe de la casa de Austria, Francis Ferdinand, claro heredero del trono húngaro, fue asesinado en Sarajevo por un nacionalista serbio. Un mes después, después de que sus exigencias no fueran aceptadas, Austria-Hungría le declaró la guerra a Serbia. De inmediato siguieron otras declaraciones de guerra y en poco tiempo toda potencia importante de Europa estaba en la guerra. Por un lado, estaban los Aliados (principalmente Francia, Inglaterra, Rusia y luego Estados Unidos), y por otro lado estaban los Poderes Centrales (el Imperio austro-húngaro, Alemania y Turquía (es decir, el Imperio otomano)).

La Primera Guerra Mundial, que duró cuatro años, fue una guerra increíblemente destructiva en la que murieron diez millones de personas y otros veinte millones fueron heridos. Esto se debió principalmente a que cuando estalló la Primera Guerra Mundial, ya se habían fabricado armas letales capaces de matar grandes cantidades de personas. Los soldados ya no necesitaban estar cerca unos de otros para matarse. Las ametralladoras y la artillería pesada hacían la tarea por ellos. El resultado final fue terriblemente devastador.

La guerra también demostró ser muy nociva para el bienestar tanto espiritual como económico de las comunidades judías, particularmente en Europa Oriental. La pobreza y las dificultades aumentaron en gran medida. El caos originado en el despertar de la guerra, combinado con la propagación del marxismo, el socialismo y otras ideas revolucionarias, debilitó considerablemente la cohesión espiritual de la judería de Europa Oriental.

Respecto a los judíos, 1,5 millones lucharon en la Primera Guerra Mundial. Los judíos lucharon en el ejército austriaco, en el alemán, en el ruso, en el francés. Los judíos —alineados con sus países de origen— incluso lucharon contra otros judíos en este conflicto, y unos 140.000 de ellos murieron.

Interesantemente, la Primera Guerra Mundial —que sin duda preparó el escenario para el Holocausto— comenzó el primero de agosto de 1914 (cuando Alemania le declaró la guerra a Rusia), correspondiendo con el 9 del mes hebreo de av (Tishá B’Av), la peor fecha de la historia judía. Este fue el mismo día en que fueron destruidos el Primer y el Segundo Templo, así como muchas otras cosas terribles que le ocurrieron al pueblo judío, como hemos visto en capítulos anteriores.

De hecho, la Primera Guerra Mundial desató una reacción en cadena que terminó siendo catastrófica para los judíos.

Los dos eslabones principales de la reacción en cadena fueron la Revolución Rusa y la llegada al poder del Partido Nazi en Alemania.

De no haber sido por la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial, Hitler nunca hubiese llegado al poder. Como resultado de la derrota —con el Tratado de Versalles que castigó a Alemania durísimamente y la depresión mundial que siguió a la guerra— Alemania quedó sumida en un caos económico. ¿Y a quiénes culparon los ilustrados alemanes por el aprieto económico? Obviamente a los judíos.

La Segunda Guerra Mundial, que aconteció tan sólo veintiún años después de la Primera, fue en muchos aspectos una continuación del mismo conflicto, como veremos a continuación.

La Revolución Rusa

Inicialmente, al gobierno zarista le fue bien en la Primera Guerra Mundial contra el Imperio austro-húngaro, pero se vio muy golpeado por el ejército alemán. Con el avance de la guerra, la cantidad de muertes y los reveses militares demostraron ser más de lo que Rusia podía tolerar.

Los muchos años de corrupción del gobierno zarista habían llevado anteriormente a Rusia a una revolución fracasada en 1905. En marzo de 1917, la revolución finalmente fue exitosa. En un principio el zar fue removido (el zar y la familia fueron asesinados por los bolcheviques en 1918) y reemplazado por un gobierno socialista (menchevique), que mantuvo a Rusia en la guerra (una movida no muy popular entre las masas, que estaban cansadas de la guerra). Luego, en noviembre, el gobierno fue derrocado por un gobierno marxista (bolchevique) que sacó a Rusia de la guerra. La conquista bolchevique gatilló una guerra civil que duró hasta 1921. La victoria bolchevique llevó a la creación de la Unión Soviética, que continuaría en el poder hasta su colapso en 1990.

Obviamente los judíos —que estaban entre los pueblos más oprimidos de Rusia y que siempre gravitaban a los movimientos que profesaban “cambiar el mundo”— jugaron un rol importante en la Revolución Rusa (vimos anteriormente que el fundador de la ideología comunista fue Karl Marx, un judío que se convirtió al cristianismo y que luego abandonó toda religión).

El lema del partido comunista, “de cada uno en base a su capacidad, para cada uno en base a su necesidad”, era atractivo para la mayoría de los judíos liberales que, imbuidos con el fuerte sentido de justicia social que viene del judaísmo, sintieron que el gobierno socialista beneficiaria mucho a las masas y mejoraría las condiciones de Rusia. De hecho, muchas de las personas clave de la Revolución Bolchevique eran judías (ver más adelante).

Los judíos que se unieron al Partido Comunista no eran religiosos, pero la motivación de hacer tikún olam (reparar el mundo) no había muerto. De hecho, en ausencia de una expresión religiosa, esta motivación (lo que el judaísmo identifica como la utopía mesiánica) dominaba sus almas. El crítico literario estadounidense Edmund Wilson (1895-1972) resumió la atracción judía hacia el comunismo de manera excelente, cuando dijo:

“El judío se acerca con facilidad al comunismo porque este le permite dedicarse a una causa elevada que involucra a toda la humanidad, características que le son naturales como judío” (3).

Obviamente, el hecho de que algunos judíos seculares se hayan involucrado en la Revolución Rusa no significó que los judíos de los shtetls se hayan salvado del conflicto. De hecho, durante la Revolución Rusa fueron asesinados muchos judíos.

El líder de la Revolución Rusa, Vladimir Illych Lenin (1870-1924) trató de desarraigar el antisemitismo. Se irguió con gran fuerza en su contra, porque era una política sumamente intrínseca al gobierno zarista. Es más, Lenin estaba muy consciente de que probablemente no habría habido una Revolución Rusa sin los judíos.

Por desgracia, esos judíos comunistas estaban siguiendo la máxima marxista de que “la religión es el opio de las masas”, por lo que hicieron su mejor esfuerzo para erradicar el judaísmo de Rusia como religión.

Presento un extracto de una propaganda de Yevsektsiya (el departamento especial del gobierno soviético creado para lidiar con los judíos), titulado “La liquidación de las instituciones burguesas”, publicado en octubre de 1918:

“La comunidad judía ha sido, hasta ahora, dominada por miembros de la clase propietaria que quiere mantener a las masas en la oscuridad imponiéndoles una cultura hebrea. Mientras que las clases altas han estado enviando a sus hijos a escuelas públicas, sólo han provisto escuelas primarias y sinagogas oscuras para la descendencia del proletariado, en donde lo único que se enseña son tonterías (…) En la lucha contra la comunidad judía organizada, no se puede resignar a nada con la burguesía” (4).

Así el gobierno comunista de Rusia, al igual que había hecho el gobierno zarista, se embarcó en una política de secularización forzada de los judíos (para ser justos, también lo hicieron con la Iglesia Ortodoxa Rusa).

Consecuentemente, los judíos de Rusia fueron deliberadamente privados de su legado, dando como resultado una inmensa población judía increíblemente ignorante de judaísmo. Esto era un evento único en la historia humana: la secularización intencional de una comunidad de manera tan amplia y durante tanto tiempo (ocurrió sólo en la Unión Soviética, y luego fue copiado por otros regímenes comunistas, en particular por China).

Stalin y Trotsky

Cuando Lenin murió en 1924, hubo una lucha de poder y eventualmente Iosef Stalin (1879-1953) alcanzó el poder. En 1935, inició una serie de purgas que devastaron Rusia.

Esas purgas convirtieron a Stalin en el segundo mayor asesino en masa del siglo XX (después de Mao Tze-tung), si consideramos el número total de personas que ordenó asesinar y otros a quienes condenó a muerte en una amplia red de campos de trabajos forzados. Se estima que Stalin es responsable por la muerte de un estimado de veinticinco millones de personas (el doble que Hitler, aunque quizás la mitad que Mao).

Siendo un antisemita de primera clase, incluso después del Holocausto, planeaba deportar a dos o tres millones de judíos a Siberia, en donde hubieran sido asesinados. Sin embargo, murió bajo circunstancias misteriosas antes de poner en marcha su plan (5).

Sin embargo, sí consiguió purgar a todos los judíos del gobierno comunista de Rusia. El más famoso de ellos fue León Trotsky (1879-1940). Trotsky, cuyo nombre real era Lev Davidovich Bronstein, fue el judío más importante de la Revolución Rusa y un líder organizador del Ejército Rojo. Planeó, junto a Lenin, la toma del poder bolchevique en 1917. Cuando Lenin murió, él y Stalin fueron rivales para sucederlo.

Stalin ganó y primero exilió a Trotsky como comisario de guerra, luego lo expulsó del partido y finalmente lo deportó de Rusia, lo cual ocurrió en 1929. Trotsky sobrevivió en el exilio durante más de diez años, hasta que fue asesinado en Ciudad de México en 1940 por orden de Stalin.

En un principio, se suponía que Stalin compartiría el poder con dos hombres más: Lev Kamenev y Grigori Zinovev, ambos judíos, pero Stalin los hizo arrestar y ejecutar después de juicios arreglados en 1936.

El antisemitismo estadounidense

Hasta aquí, hemos hablado sobre el asesino antisemitismo de los rusos y el insidioso e “intelectual” antisemitismo de los franceses. ¿Qué hay de Estados Unidos, la “tierra de la tolerancia”?

En Atlanta, Georgia, en 1913, un judío llamado Leo Frank fue acusado falsamente del asesinato de una niña cristiana de trece años. El antisemitismo era tan fuerte en el sur de Estados Unidos que se permitió, por única vez en esta región racista, que un negro atestiguara en contra de un hombre blanco. Obviamente el hombre blanco era judío.

Irónicamente, el “testigo” negro era el asesino, un hecho que le había confesado a su propio abogado pero que fue mantenido en secreto. También había un testigo real, pero salió a la luz recién muchos años después.

Frank fue condenado y sentenciado a muerte, pero el gobernador de Georgia, John Slaton, estaba convencido de que Frank era inocente y cambió su sentencia.

Luego ocurrió algo horrible.

Una muchedumbre secuestró a Frank de la prisión y lo linchó. El linchamiento fue fotografiado y se hicieron postales con esas fotos, que fueron vendidas con gran éxito.

Fue recién en 1986, ¡73 años después!, que Frank recibió el perdón póstumo del Estado de Georgia.

El caso de Frank llevó a la fundación de la Liga Antidifamación por parte de la Bnei Brit, la cual se convirtió en la agrupación líder en la lucha contra el antisemitismo en Estados Unidos y tuvo mucho trabajo para hacer, particularmente después de 1918, el final de la Primera Guerra Mundial, y en 1929, cuando el mercado de valores se derrumbó y las cosas se pusieron feas para los judíos en Estados Unidos.

Como mencionamos anteriormente sobre los Protocolos de los sabios de Sión (ver capítulo 57), uno de los grandes promulgadores del antisemitismo en Estados Unidos fue Henry Ford, quien usó mucho de su propio dinero para que los Protocolos fueran traducidos al inglés y distribuidos en Estados Unidos tan ampliamente como fuera posible.

Los Protocolos fueron el segundo libro más vendido en Estados Unidos en las décadas del 20 y el 30 (después de la Biblia).

La planta de la Ford Motor Company en Dearborn, Michigan, tenía el siguiente cartel en su estacionamiento:

LOS JUDÍOS SON TRAIDORES DE ESTADOS UNIDOS Y LOS GENTILES NO DEBERÍAN CONFIAR EN ELLOS. LOS JUDÍOS ENSEÑAN COMUNISMO, LOS JUDÍOS ENSEÑAN ATEÍSMO, LOS JUDÍOS DESTRUYEN EL CRISTIANISMO, LOS JUDÍOS CONTROLAN LA PRENSA, LOS JUDÍOS PRODUCEN PELÍCULAS SUCIAS, LOS JUDÍOS CONTROLAN EL DINERO.

Henry Ford no era el único; también había otros.

Hubo muchos partidos políticos conservadores cristianos muy antisemitas, como el Silver Shirts de William Pelley. El periódico antisemita The Defender, de Gerald B. Winrod, tenía 110.000 suscriptores.

Esos antisemitas estadounidenses eran fascistas incipientes. Bajo el disfraz del patriotismo, defendían la idea de que los judíos eran la raíz de los problemas económicos de Estados Unidos, como el derrumbe del mercado de valores en 1929, porque eran los judíos quienes controlaban el comercio y los bancos. Este tipo de antisemitismo emuló al de Europa en el mismo período, pero, a diferencia del de Europa, nunca llegó a causar las mismas fatales consecuencias.

Pero todo este odio a los judíos sí sentó las bases para el apaciguamiento con Hitler cuando llegó al poder en Alemania. También fue una de las razones principales por las que Estados Unidos no hizo más para salvar a los judíos una vez que estos comenzaron a huir del Holocausto, como veremos a continuación.


Notas:

(1) El único miembro del ejército francés que estaba interesado en la verdad y que descubrió que Esterhazy era el espía, fue el Teniente General George Picquart. Fue ignorado consistentemente y acosado por el ejército francés. Cuando Esterhazy fue finalmente traído a juicio, fue absuelto y tristemente fue Picquart quien fue enviado a prisión durante 60 días.

(2) Irónicamente, la excusa principal para odiar a los judíos en la actualidad es el sionismo y el Estado de Israel. Si bien es sólo una excusa, las acusaciones en contra de Israel y la supuesta ocupación de las tierras palestinas son el combustible usado para mantener con vida al antisemitismo, y han causado ataques tanto contra judíos como contra blancos judíos en todo el mundo.

(3) Allan Gould ed., What Did They Think of the Jews? (Jason Aronson Inc., 1997), p.337.

(4) Paul Mendes-Flohr y Yehuda Reinharz ed., The Jew in the Modern World, (Oxford University Press, 1995), p.431-432.

(5) Este evento, conocido como El complot de los doctores, fue supuestamente una conspiración para eliminar al liderazgo de la Unión Soviética mediante el uso de doctores judíos que envenenarían al liderazgo. Después de la muerte de Stalin en marzo de 1953, los nuevos líderes soviéticos declararon que el caso fue inventado. Fue sólo una variación moderna de los más antiguos libelos de sangre de la Europa Medieval.

Según tomado de, http://www.aishlatino.com/judaismo/historia/curso-rapido/El-rostro-del-antisemitismo.html?s=show el martes, 22 de marzo de 2017.

 
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Posted by on March 22, 2017 in Uncategorized

 

The Ark of the Covenant is in Jerusalem

As taken from, http://israelhai.org/homepages/the-ark-of-the-covenant/ on March 16, 2017
The Ark of the Covenant is here in Jerusalem ! It is inconceivable that such an object so holy, precious and unique as the Ark can disappear from history to the sheer indifference of most people.
the Ark of the Covenant

the Ark of the Covenant

The Ark of the Covenant contains the two Tablets of the Law with the universal principles of human morality, written by the very hand of God (Deut. 10:4). The Tablets were given to Moses as testimony of the eternal Covenant between God and His People.

The Ark became therefore the center of Jewish worship and is indeed associated with the Divine Presence.  The Ark was placed in the Tabernacle by Moses and it remained there for more than 400 years. Eventually, it was introduced in the First Temple by King Solomon who said, at the time of the inauguration “God will dwell for ever in His House”   (1 Kings 8:13).And then, not another word appears in the text, for 2,500 years… or so it seems!  So many terms have been neglected or misinterpreted. Here is a new original theory based exclusively on the Hebrew words of The Bible, and intended for our times. It shows where the Ark of the Covenant may be found and how it got there.

WHY THE WORDS OF THE BIBLE? Because God created the entire universe with His words. Because the words of The Bible have determined the evolution of so many cultures. Because the prophecies are made with words and they are coming true right now in front of our very eyes.
The “disappearance”
The Ark is seen for the last time at the inauguration of the First Temple, 2,500 years ago!! Surprisingly, since then, the Ark is never mentioned again in the Bible, not even at the time of the Babylonian destruction… or so it seems! Can we believe that the Ark has been stolen or destroyed or even moved? Evidently, it is God’s will that the Ark (representing the Divine Presence) will remain in its designated place for eternity, without being directly involved in any historical event. For instance, the Ark was not in the Second Temple.
People’s indifference
The indifference of people to the fate of the Ark can be explained by the prophecy of Jeremiah who predicts, according to the words of God, “when you are multiplied, in those days…they shall say no more about: the Ark of the Covenant…neither shall it come to mind, neither shall they make mention of it, neither shall they miss it, neither shall it be made anymore” (Jer. 3:16).    So, it was God’s will! However, can this indifference be meant forever? Our generation is a special one. We are back in our Land, which is flourishing anew, and the whole world is rising up against us, as had been clearly predicted. Maybe now, the time has come to remember  the Ark and discover its whereabouts? No more indifference! Let’s start reading carefully! Are there details which have been overlooked? The Bible should reveal its intentions.

Our theory  investigates the idea of King Solomon finding a clever way  to respect God’s will of placing the Ark in its designated location, where it would remain forever without being discovered, especially at the time of the destruction of the Temple!

jugement de Salomon

jugement de Salomon

King Solomon

Why was Solomon chosen to build the Temple and not his father David, the beloved of God, who had asked to do it and began collecting building material and designing the plans? We read (1 Kings 3:12) that God gave to Solomon wisdom as no man had before him and none will have ever after. Certainly, only an extraordinary mind would be capable of building a House where the Ark could remain forever, without being detected! This was the reason why Solomon was chosen. He faced tremendous problems, as the Children of Israel had no experience in building complicated stone structures. How was he going to conceal the site of the Ark? And did he leave clues and messages for us to understand his operation?

Les pyramides d'Egypte

Les pyramides d’Egypte

The know-how

Solomon made an alliance with the King of Egypt and took his daughter to the City of David.(1Kings 3:1). It is controversial and debated if there actually was a marriage. But, it is significant that when this union is being reported, immediately after, there is a mention in the text of some activity of building: the walls of Jerusalem, the palace of the King and the House of the Lord. How suspicious! Maybe the lady was not an actual wife (she is not even named) but she was the one who brought from Egypt the know-how needed by Solomon. It is well known that the Egyptians had a phenomenal knowledge and experience in hiding the entrance to the tombs of their kings. They used a system which would conceal the access in such a way that it would look like the natural bedrock Future potential robbers,  would think it was not worth digging. Huge blocks were carried to the top of an artificial mound of sand. The sand would then be taken away and the block would slowly come down and close the entrance to the tomb. More follows!

The Dvir:(the Sanctuary in translation)

What is it doing here? In the Tabernacle, the Holy of Holies measured 10×10 cubits. Surprisingly, in Solomon’s Temple, we find a room, called the Dvir of the House, measuring 20×20 cubits (1 Kings 8:6) . This name Dvir never appears elsewhere in the Bible, in reference to the Holy of Holies. Neither in the Second Temple  nor even in Ezekiel’s plan for the Third Temple! It is mentioned only as the name of a village! How suspicious! Usually, people are led to believe that the Dvir is the Holy of Holies. However, with a careful reading we notice that it never says that it is actually the Holy of Holies. It is called the Dvir of the House. We read that the Ark was taken “towards its place, towards the Dvir of the House, towards (again!) the Holy of Holies” (1 Kings 8:6).. This repetition is tantamount of saying to go “towards the airport, towards Paris”. It is evident that the airport is not yet Paris and the Dvir of the House is not yet the Holy of Holies either! Could it be an intermediate station?

The bars 

The Cohanim placed the Ark in the Dvir (1 Kings 8:6), but the bars, used for its transportation had been “lengthened or were so long” that they protruded! (id. 8:9). How suspicious! We know that the bars could not be taken off the Ark     (Ex. 25:15) and therefore they are the same in the Temple. How come these bars fit very well in the Tabernacle but protrude in the Dvir, which is four times more spacious? Evidently, they protrude because they have been lengthened. But why? Aren’t we shown that the Ark had not yet reached the end of its voyage? A kind of temporary parking spot before reaching the final destination?

The cloud 

When the Cohanim came out of the Holy place, a cloud filled the House, to the point that they were not able to finish their office! and they had to move far away (1 Kings 8:11). Why? There are no visible miracles mentioned during the whole reign of Solomon. This would be the only one! If we compare, with an attentive reading, what had happened when Moses introduced the Ark into the Tabernacle, it is emphasized that he introduced the Ark in the Holy of Holies and “he had finished his work and he could not go back in”. Then and only then, the cloud appears (Ex. 40:33). Instead, at the inauguration of Solomon’s Temple, when the cloud appears the Cohanim could not finish their service and they had to run far away ! (1 Kings 8:10). Was it a way to get rid of unwanted witnesses ?

The inauguration speech 

Solomon gives an emotional speech to the Children of Israel assembled in Jerusalem. We should keep in mind that Solomon was an expert in playing with double-meaning expressions (see Josephus Flavius). For instance, when the two mothers come to judgement, demanding the surviving baby, he ordered to cut him in two (!) and… he immediately understood who the real mother was! (1 Kings 3:16/27)

discours de Salomon

discours de Salomon

So, a very careful reading of the speech is required. Maybe Solomon will give us important hints. Solomon tells us (1 Kings 8:12-13): “God said He will dwell in darkness (in Hebrew arafel). I built/constructed ( bano/baniti, but why the repetition?) for you a splendid (unconvincing translation!) House (in Hebrew beit zvul) for Your eternal residence”. How suspicious! What does Solomon want to say to us? Arafel is an uncommon word and Zvul appears again, only as the name of a certain king. However,later on, Solomon exclaims (1 Kings 8:27) “…. heaven and heavens of heavens cannot contain You…. ” hinting at the well known tradition of the concentric Seven Heavens, an old tradition shared by many cultures. The Seven Heavens have each a name in Hebrew: the lowest one, which is the central one, is called arafel! and above it, is another heaven called zvul!!! (see Even Shushan‘s well known Hebrew dictionary). Shall we now interpret and also “translate” clearly Solomon’s message? The House will be built high and in full view, while the Holy of Hollies will be in the innermost level, even underground … not to be detected.

section verticale du Temple

section verticale du Temple

Hence, the reference to some kind of double-building (built /constructed). Can we doubt that it was known to Solomon that this House would be destroyed? Consequently, he had to use his God given wisdom, together with the know-how brought by the daughter of the King of Egypt. He built the House high and visible, while the Holy of Holies was secretly built under it. Thus, he followed God’s will to place the Ark in the designated location, but in such a way that it was impossible to notice it, even at the time of the destruction!

AND HERE IT IS UNTIL TODAY

How could it have happened? The inauguration: Solomon did build the House, having covered all the floors and walls with cedar wood, so, no stone could be seen! (1 Kings 6:18). How advantageous! Who could check under the wood? At the moment of inauguration, he let the Ark be placed in the deceptive Dvir, but he indicates that it is not the end of the voyage (the bars) and he got rid of witnesses (the cloud). Then, we assume, faithful workers opened the cover of the real Holy of Holies, lowered the Ark into its designated place and closed the cover again. No need to say that the cover was a homogeneous slab of rock, looking like the natural bedrock.

dimensions des pilliers du Temple

dimensions des pilliers du Temple

The Egyptians used thousands of slaves to achieve this. But, Solomon did not have such a possibility and had to use machines. So, where are the machines? The machines: To realize the difficult operation of raising and lowering the heavy slab of rock, which was necessary to close the real Holy of Holies,Solomon took advantage of the Egyptian know how. He used the two peculiar pillars at the entrance of the Sanctuary, named Yachin and Boaz (1 Kings 7:15-16). They were 18 cubits high with a capital of 5 cubits on top. They were hollow, self standing and did not support any part of the building. According to the Egyptians’ skill, the pillars could have been filled with thin sand, which would be made to pour out at the right moment, causing the descent of the weighty capital. The capital was attached to a pulley tied to the slab of rock to be raised and, using the second pillar,  eventually lowered. See an animated picture of this performance showing the descent of the two capitals, causing the opening and the closing of the real Holy of Holies.

It is interesting to point out that, in Solomon’s times, they knew only one machine, the lever, which can be rigid or flexible, as in the pulley. We ask, why was it needed to give a name to the pillars? The root of the names  Yachin and Boaz, is the same, in Hebrew, as the root of the name of two parts of a lever: base and forceRemarkable, no? Is it another clue for us? Again, with a careful reading of the text, one can realize that these machines did actually move. When the Babylonians destroyed the House, they were obviously interested in the enormous quantity of bronze constituting the two pillars. They had to cut them in pieces for transportation. The decision was made, we are told, because they measured the height of the pillars at 18 cubits. They measured the capitals at 3 cubits! This leaves a discrepancy of 2 cubits from the measurement mentioned earlier in 1 Kings 7:15 of 5 cubits. We undestand that the Babylonians measured only what they could see and they missed the difference of two cubits which had sunk inside the pillars! Obvious, no?

temple_mount

temple_mount

There is a multitude of other suspicious matters to be considered and questions to be answered, which  further strengthen this theory.

WHERE IS THE REAL HOLY OF HOLIES OF SOLOMON’S TEMPLE CONTAINING THE ARK?

According to our theory, we must conclude that it can only be in the Temple Mount, with the support of many, not least the Rambam (Hilchot Bet ha Bechira). But, where? The tradition indicates the Dome of the Rock as the site of the First Temple and later on of the Second, which means one and the same spotCan we accept this?.

The Babylonians did not build anything on the ruins of the First Temple. But later on, after the Romans destroyed the Second Temple, they built a temple to Jupiter on its ruins. If both our Temples had been built at the same location, and if our theory is correct, it means that over the real Holy of Holies, containing the Ark symbol of the Divine Presence, God would have let the Romans build the abomination of a pagan temple. Hard to believe!

But is it possible that the Second Temple had been built in a different spot? How? The explanation is simple. When the Jews returned from Babylon, they fortunately missed the exact location! They built the Second House, which did not contain the Ark, on a different site! Therefore, no foreign building was ever erected on top of the real Holy of Holies, containing the Ark with the precious Tablets of the Law.

Dome of the Spirits

Dome of the Spirits

The proof ?

At the moment of starting the building of the new Temple, we are told three times that while beginning to dig the foundation, some of the Jews were noisily rejoicing, while some, who had seen the foundation of the First House , were crying (Ezra 3:11-12). What were they crying about, already at the moment when the digging had begun? The only logical explanation is because they noticed that the location was not the exact one, and they could not oppose it! They were old people and they were not heard through trumpets and joy scream. Evident?

There is a wide area on the Temple Mount, on the northern part of the platform, just in front of the Gate of Mercy (wrongly called the Golden Gate) far from the Muslim sanctuaries. To the west of it stands a small dome, the Dome of the Spirits, whose floor is constituted of a single slab of rock. The locals refuse to talk about it or to give explanations. They only say that it is somehow bad, that there are devils around it! Is there the vague memory of a messy event in the past… maybe someone trying to dig? How suspicious.

This is definitely the best guess. The space is empty of other buildings, which would not require demolitions in order to build the Third Temple…which will sit ultimately over the real Holy of Holies containing the Ark of the Covenant! A House of prayer for all Nations (Isaiah 56:7).

Last but not least, we believe that the wise Solomon left us a Treasure Map. Most probably, it is in the mysterious Song of Songs, attributed to him and full of expressions which can be interpreted in so many different ways. We found a few clues and we are studying them. They clearly strengthen this theory! We hope that it will deliver its secret, when the time has come!

plan du Mont du Temple

plan du Mont du Temple

 
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Posted by on March 16, 2017 in Uncategorized

 

What Was the Golden Calf?

Timeline and Basic Outline

The sin of the golden calf is widely regarded as one of the most disgraceful moments in Jewish history. In Exodus, chapters 31-32, theTorah tells how three months after leaving Egypt, and a mere 40 days after receiving the Torah at Mount Sinai, the Jewish people created an idol and worshipped it. Having miscalculated the date of Moses’ promised return from the mountain, the Jewish people thought their leader had died. They decided to replace him, and with the help of Aaron, formed a golden calf and worshipped it.

The Story

On the 15th day of the Hebrew month of Nissan, the Jewish people left Egypt and began traveling through the desert. After 49 days of travel, on the 50th day, the sixth (or the seventh1) of Sivan, G‑d gave them the Torah. Standing at the foot of Mount Sinai, they witnessed G‑d’s glory descend upon the mountain, and they heard the Ten Commandments. The next day, G‑d commanded Moses to ascend the mountain for 40 days, where He would teach him all the laws and present him with the tablets on which the Ten Commandments were carved.2 Moses took leave of his people, promising to return in 40 days.

When Moses told the people 40 days, he meant 40 full days—nights and days. And since Moses left in the morning, that first day was not included in the count. However, the Jews miscalculated, and expected Moses to return on the 16th of Tammuz. In vain the Jews waited for Moses on the 16th, and when he didn’t show, they began to worry. The biblical commentator Rashi3describes how Satan made the sky grow dark and caused a feeling of gloominess to descend upon the camp, further unnerving the people.

As this was happening, the erev rav (“mixed multitude”)—a ragtag group of Egyptian outcasts4 who had tagged along with the Jews when they left Egypt, and who were insincere in their commitment to G‑d—convinced the people that Moses was dead and that they needed a new leader. Terrified, the Jewish people gathered around Aaron, Moses’ brother, and demanded that he make them a new leader. (The commentators note that, at this point, the people only wanted a new leader in place of Moses, not a new G‑d.5) Aaron told them to go home and collect their wives’ jewelry and bring it back to him. Crazed, the men ripped off their own jewelry and threw it into a fire. And out of the fire a golden calf emerged.

As to who actually formed the calf, there are three opinions:

  1. Aaron formed it by molding the form of a calf from the molten gold.6
  2. Sorcerers from the erev rav formed it using magic.7
  3. Micah, a member of the erev rav whose life had been saved by Moses, created the calf. When the Jewish people were leaving Egypt, Moses went to collect Joseph’s coffin to fulfill his request that his remains be redeemed together with the Jews. However, in an attempt to stop the Jews from leaving, the Egyptians had sunk Joseph’s coffin in the Nile. Moses took a plaque, wrote on it the words “alei shor” (“rise ox”), and threw it in the river, causing the coffin of Joseph (who is compared to an ox) to rise to the surface. Micah had stolen this plaque and now used it to create the calf by throwing it into the blaze.8

Then the erev rav called out to the Jewish people, “These are your gods, O Israel, who took you out of Egypt!”9 Aaron built an altar and instructed the Jews to go to sleep, saying that “tomorrow there will be a festival to G‑d.”10

The next day, the people rose early and made their way to the golden calf, where they offered sacrifices and started worshipping. The Torah tells us, “The Jewish people sat to feast and rose to play,” which Rashi explains to mean that, in addition to idolatry, they also committed acts of immorality and murder.11

Aaron’s Involvement

There is a lengthy discussion among the commentators as to why Aaron involved himself in the construction of the golden calf. How could Aaron, prophet of G‑d and future high priest, take such an active role in blatant idolatry? Rashi and most other commentators explain that Aaron was trying to stall the people. He knew that they wouldn’t listen to him anyways, but he hoped that if he delayed them enough, Moses would return before any major damage was done. That is why he told them to collect their wives’ jewelry. It is also explained that Aaron knew that the Jewish women had too much faith in Moses to be roped into such mutiny, and that they would further delay their husbands.12 Building the altar himself was also a delay tactic.13

Other reasons given for Aaron’s involvement are:14

  1. Before the Jews came to Aaron, they went to Chur, Aaron’s nephew. Chur rebuked them and refused to help them, so they murdered him. Aaron witnessed this and thought, “If I don’t help them they will kill me, too. Chur was G‑d’s prophet and I am G‑d’s priest. If they murder the prophet and the priest their sin will be unforgivable.” He therefore decided to help them, to minimize their sin.15
  2. Out of his great love for the Jews, Aaron decided that it was “better that the sin be placed on me than upon them.” The Midrash brings a parable for this idea. There was once a prince who grew angry at his father and decided to overthrow him. He grabbed a sword and went to attack his father. The prince’s teacher passed by and saw what the prince was doing. He said to the child, “I will help you. Give me the sword.” When the king uncovered the plot, he recognized the good intentions of the teacher and how he only helped the prince so that he would bear the blame instead of the prince. The king rewarded the teacher, promoting him to high office and presenting him with many gifts. Like the teacher in the parable, Aaron was awarded the position of high priest as reward for taking responsibility for the golden calf.16
  3. Aaron figured that if he was the one to make the calf, later on he could tell the people that it had no substance and was mere foolishness. If someone who actually believed in it’s power fashioned it, then the people would be drawn to follow. But if the one who formed it would deny its power, people would recognize its worthlessness.17

Moses Smashes the Tablets

Meanwhile up on Mount Sinai, G‑d told Moses to descend. ”Your people have become corrupt. Already they have strayed from the path I set for them. They created a golden calf, worshipped it and offered sacrifices to it. Now, I shall destroy this nation for they are a stiff-necked people. I will rebuild a nation from you (one that will not disobey or rebel against me).”18

Moses prayed for G‑d to stay His wrath. He then came down the mountain, and together with his disciple Joshua, turned to enter the camp. Utter carnage met his eye. Drunken revelry, blasphemy, adultery and idolatry. Outraged, Moses took the tablets that were given to Him by G‑d, and hurled them to the ground, shattering them. Moses reasoned: “If regarding the paschal offering, which is but one of the 613 mitzvahs, the Torah says a heretic may not partake of it, how much more so the entire Torah should not be given to these heretics.”19

Other reasons given for Moses’ breaking the tablets are:

  1. Moses thought, “Better the Jews be judged as an unmarried woman (who acts promiscuously) than as a married one.” The tablets were the marriage contract between G‑d and the Jews, so once the tablets were given to them, their punishment would be much harsher. Moses destroyed the marriage contract to minimize the severity of the sin and the consequent punishment.20
  2. Rabbeinu Bachaye says that when Moses descended from the mountain, the words on the tablets disappeared. These were miraculous letters, engraved through both sides of the stone, and readable from any direction. The tablets containing the Ten Commandments were compared to a body and soul, so when the letters disappeared, the stones, much like a human body after the soul leaves, became incredibly heavy. Moses was unable to bear their weight, so he dropped them.21

The Ultimate Leader

The Talmud states that when Moses broke the tablets, G‑d agreed with his action and praised him.22 But this seems strange: even if Moses’ smashing of the tablets was justified, why was it praiseworthy?

This is made even stranger when we take a look at the end of the Torah. The Torah concludes with a description of Moses’ greatness, and the final words are, “All the great wonders that he performed before the eyes of the Jewish people.” Rashi, concluding his commentary on the entire Torah writes: “This ‘wonder’ that he performed before the eyes of the people was the smashing of the tablets, and G‑d agreed with him and praised him.” Astonishing! The entire Torah ends with the statement that Moses’ breaking of the tablets, a result of perhaps the gravest sin ever committed, was praiseworthy. Why?

In truth, the smashing of the tablets was Moses’ greatest display of love for his people and his crowning moment as a leader. Moses’s entire existence was Torah. His life’s mission was to receive the Torah from G‑d and teach it to the Jews. So intense was Moses’ connection with Torah, it is even called “the Torah of Moses.”23 Yet, he was willing to sacrifice the Torah for his people. When he saw them sinning, and knew that were he to give them the tablets their punishment would be more severe (as explained in the Midrash above), he decided to break the tablets. So great was his love for his people, that even when they were in a disgraceful state, worshipping idols, he was still willing the “smash the Torah” for the sake of his people. As a true Jewish leader, he was willing to put his people before all. This is why G‑d not only agreed with his actions, but praised him, for this was the ultimate act of a dedicated leader. This is also why the Torah ends with an allusion to this incident, for this was Moses’ defining moment.24

Aftermath

Moses ground the golden calf into a powder, mixed it with water and gave it to the worshippers to drink, killing them. He then commanded the tribe of Levi, who had remained faithful to him, to further seek out any worshippers and annihilate them. G‑d brought a plague on the Jews, killing thousands more.

Rashi explains that these three punishments were for three types of sinners. Those who sinned in the presence of witnesses, and were properly warned, were killed by the sword. This is in accordance with the law that if the majority of the inhabitants of a city commit idolatry, their punishment is beheading. Those who sinned with witnesses but were not warned perished in the plague, and those who sinned without witnesses or warning died when they swallowed the waters.25

Moses returned to the mountain two more times for 40 days each, finally descending on Yom Kippur bearing the second set of tablets and having secured G‑d’s forgiveness.

Enigmas and Answers

The episode of the golden calf elicits many fundamental questions. How could the Jews commit such a terrible sin a mere 40 days after receiving the Torah? The giving of the Torah was the most spiritually uplifting moment in our history, and the Jews were on an incredibly high level. How did they fall so fast, transgressing the first two of the Ten Commandments? Additionally, what exactly was the point of the golden calf? Did the Jews really think that an inanimate statue could replace Moses, pray to G‑d on their behalf and lead them through the desert? If they needed a leader, why not appoint Aaron, Joshua, or one of the elders? Why did they immediately fashion an idol?

In fact, the Talmud states that at that point in time, the Jewish people were entirely righteous, insusceptible to sin.26 The sin of the golden calf was a “decree of the King so as to provide an opening for penitents.” G‑d guided them into sinning so that a precedent would be set for future penitents: repentance would always be accepted no matter how grave the sin. For if the terrible sin of the golden calf was forgiven, then all sins could be forgiven.

A deeper explanation of this Talmudic statement is given in chassidic teachings. At the time of the giving of the Torah, the Jews were spiritual giants, and they connected with G‑d from a position of spiritual greatness. However, their connection went only as far as their appreciation and understanding of G‑d. G‑d’s essence, which is beyond the ability of man to appreciate, remained distant from them. To truly connect with G‑d’s essence one must experience oneself as a nothing, a non-existence, creating a vacuum into which the essence of G‑d can be drawn. This is accomplished by repentance. Only when the Jews sinned and subsequently repented did they create this vacuum, becoming receptacles for G‑dliness. “To provide an opening for penitents” does not only mean penitents of later generations. The Jews who stood at Mount Sinai sinned so that they could, through repentance, connect perfectly with G‑d.27

Of Keruvim and Calves

Another explanation, provided by the Rebbe, re-examines the motives of the Jews who created the calf, and sheds much-needed light on the whole story.

As we learn in the chassidic teachings, the purpose of the creation of the world is that we make a dwelling place for G‑d through Torah and mitzvahs. When we learn Torah and perform mitzvahs, we draw G‑dliness down into the world and permeate the physical with spirituality. Before the giving of the Torah, this was unachievable, because “the heavens belonged to G‑d and the earth to man.”28 When G‑d descended from heaven onto Mount Sinai, He empowered us to bridge the gap. From then on, G‑dliness and physicality are able to unite, and thus when we take a physical object and perform a mitzvahwith it, we infuse the physicality with G‑dliness.

The Jews built the golden calf in an attempt to create the ultimate dwelling place for G‑d. They wanted to draw G‑dliness all the way down into the world. They knew that one day G‑d would tell Moses that the Jews should build Him a sanctuary, and that they should construct keruvim. The keruvim, cherubs, two golden, child-like forms, stood in the Holy of Holies on top of the ark and from there, from between the keruvim, G‑d would communicate with humankind. In the holiest place on earth, where only the high priest would enter once a year, stood two golden sculptures, and there the essence of G‑d dwelled.29

The Jews knew this and wanted to build their own version of the keruvim. They also wanted to experience the revelation of G‑d’s essence and achieve the ultimate unity of the sublime with the ordinary. They earnestly wanted to connect with G‑d. However, their approach was wrong. For even though the golden calf was similar to the keruvim, there was a fundamental difference. While G‑d had commanded the keruvim, He had not commanded the calf. True connection with G‑d can be achieved only in the way G‑d desires it, not in how we desire it. The connection must be on G‑d’s terms, not ours. The Jews’ undoing was in their failure to recognise that. Their desire to create a golden calf demonstrated that, in a subtle way, they cared more to enrich their own spiritual experience than to listen to G‑d and experience Him in the way He desired them to.30

Initially, the Jews had no intention of sinning. However, their choosing to connect with G‑d from the self, not in the way that was mandated by G‑d, started them on a downward spiral. Once they began to act in their own interests, their interests became more important than G‑d’s, ultimately leading some to indulge completely in their own desires and commit terrible sins.

FOOTNOTES

1.There is an opinion among the sages that the Torah was given on the seventh of Sivan. However the accepted opinion is that it was given on the sixth.

2.Exodus 24:12-18, Rashi.

4.Exodus 12:38, Rashi.

5.Nachmanides on Exodus 32:2. See also Likkutei Sichot, vol. 11, pp. 143-145, where Rashi is shown to hold this view.

6.Rashi, Exodus 32:4.

7.Ibid.

8.Ibid.

11.Rashi, Exodus 32:5.

12.Tanchuma.

13.Rashi, others.

14.Additionally, from a halachic perspective, Aaron was exempt and and did not commit the sin of forming an idol. There is a halachic principle that “one can not render someone else’s property forbidden for usage.” E.g.: Wine poured for idolatry becomes forbidden for personal use. However, if one pours someone else’s wine for idol worship, the wine remains permissible. This is because the Torah does not assist one in harming his fellow. Aaron was careful never to personally acquire the gold, telling the Jews, “bring it to me,” and not “give it to me.” Since the gold was never his, he did not have the power to render it an idol, forbidden for usage. And since Aaron never personally worshipped the calf, he was not liable for its construction, or for worshipping it. See Likutei Sichot, vol. 11, pp. 149-153. However, the Rebbe does not provide an answer for the question of Aaron being liable for committing the sin of “lifnei iveir,” placing a stumbling block before the blind.

15.Vayikra Rabbah 10:3.

16.Ibid.
17.Yefeh Toar.
19.Shabbat 87a, Yevamot 62a, Rashi ad loc.
20.Shemot Rabbah 43:1.
21.Rabbeinu Bachaye, Shemot 32:16.
22.Shabbat, ibid.
23.Malachi 3:22. Shemot Rabbah 30:4.
24.Likutei Sichot, vol. 34, pp. 217-224.
25.Rashi to Exodus 32:20.
26.Avodah Zarah 4b, Rashi ad loc.
27.Likkutei Sichot, vol. 15, pp. 408-416.
29.See Nachmanides beginning of Parshat Terumah.
30.Likutei Sichot, vol. 24, pp. 5-8; vol. 26, pp. 248-253.
As taken from, http://www.chabad.org/parshah/article_cdo/aid/3613047/jewish/What-Was-the-Golden-Calf.htm on March 14, 2017.
 
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Posted by on March 14, 2017 in Uncategorized

 

Los nuevos Ateos

Extraido de la Gran Alianza

Si los nuevos ateos están en lo cierto, uno tendría que estar muy triste, loco o enfermo para creer en Dios y practicar una fe religiosa. Sabemos que esto no es cierto. La religión ha servido de inspiración al ser humano para alcanzar la grandeza moral, ha consagrado su amor y le ha ayudado a crear comunidades en las que se respeta a los individuos

y se llevan a cabo grandes actos de bondad. Las primeras enseñanzas de la Biblia son la santidad de la vida, la dignidad del individuo, el imperativo de la paz y los límites morales del poder.

Creer en Dios y en la importancia de la práctica religiosa, profesar una fe, no significa abdicar del intelecto, acallar el espíritu crítico o creer en seis cosas imposibles antes del desayuno. No significa entender el Génesis 1 de manera literal, ni rechazar los descubrimientos de la ciencia. Yo mismo procedo de una tradición religiosa que bendice a los grandes científicos sin tomar en cuenta lo que estos opinen sobre la religión.

¿Qué es lo que acontece?

Los debates sobre ciencia y religión se suceden periódicamente desde el siglo XVII, a menudo como resultado de grandes crisis en la sociedad: en el siglo XVII, debido las guerras de religión que habían devastado Europa; en el siglo XIX, como consecuencia de la revolución industrial, la urbanización y el impacto de la nueva ciencia, especialmente Darwin; en la década de 1960, con el debate de la «muerte de Dios», se hizo evidente el impacto retrasado de las dos guerras mundiales y se dio un giro hacia la liberalización de la moral.

Cuando la historia nos sitúa ante una importante encrucijada, es normal que nos planteemos quién debería guiarnos en una dirección u otra. La ciencia habla desde la evidencia sobre el futuro, la religión lo hace con la autoridad del pasado. La ciencia invoca el poder de la razón, la religión el poder superior de la revelación. El debate suele
quedar inconcluso y ambas partes sobreviven a la batalla, dispuestas a pelear al día siguiente.

Sin embargo, el debate actual se desarrolla a menudo en un ambiente iracundo e injurioso; los términos del conflicto han cambiado. En el pasado la amenaza –una amenaza muy real– era la sociedad atea. Aquello dio como resultado cuatro experimentos terribles de la historia: la Revolución Francesa, la Alemania nazi, la Unión Soviética y la China comunista. Hoy en día, la amenaza es la religiosidad radical combinada con una agenda política apocalíptica, capaz de desestabilizar regiones y naciones enteras a través del terrorismo y la guerra asimétrica. Esta amenaza me produce el mismo temor que los totalitarismos seglares. Los religiosos moderados de todas las creencias estarán de acuerdo conmigo. Esta es una batalla que creyentes y no creyentes deberían librar juntos.

En lugar de unir fuerzas, los nuevos ateos han lanzado una campaña inusualmente agresiva contra la religión, lo cual es perjudicial para la religión, la ciencia, la integridad intelectual y para el futuro de Occidente. Cuando una sociedad se aleja de la religión no suele durar mucho tiempo. Tras cortar las cuerdas que mantenían su moralidad amarrada a algo trascendente, todo lo que le queda es el relativismo. Y el relativismo es incapaz de defender nada, incluyendo el propio relativismo. Cuando una sociedad pierde su alma, está condenada a perder su futuro.

Continuemos.

En este libro quiero defender que necesitamos tanto la religión como la ciencia; que son compatibles, y algo más aún: que son las dos perspectivas esenciales que nos permiten ver el universo en su profundidad tridimensional. La tensión creativa entre las dos es lo que nos mantiene cuerdos, asentados en nuestra realidad física sin perder la sensibilidad espiritual. Es lo que consigue que sigamos siendo humanos y humanitarios.

La historia que voy a contar versa sobre la mente humana y su capacidad para hacer dos cosas bastante diferentes. Una es la capacidad de descomponer las cosas en sus istintos elementos y observar cómo encajan e interaccionan. La otra es la capacidad de unir cosas para que conformen una historia, unir personas para que creen relaciones. El
mejor ejemplo de la primera es la ciencia; de la segunda, es la religión.

La ciencia descompone las cosas para explicar su funcionamiento. La religión une las cosas para comprender su sentido. Sin querer entrar en detalles neurológicos, en la primera es predominante la actividad del hemisferio izquierdo del cerebro y en la segunda, del derecho.

Ambas son necesarias, pero diferentes. La parte izquierda del cerebro se ocupa más en el análisis y la clasificación. La parte derecha, en el establecimiento de relaciones con la gente. Civilizaciones enteras cometieron graves errores porque no supieron mantenerlas separadas y aplicaron a una la lógica de la otra.

Cuando tratamos a las cosas como si fueran personas, el resultado es el mito: la luz llega del dios del sol, la lluvia del dios del cielo, las catástrofes naturales son el resultado del enfrentamiento entre las deidades, etc. La ciencia nació cuando la gente dejó de contar historias sobre la naturaleza y empezó a observarla; en definitiva, cuando renunciaron a los mitos.

Cuando tratamos a las personas como si fueran cosas, el resultado es la deshumanización: se clasifica a la gente por su color, clase o creencia y se les trata de manera distinta. La religión de Abraham nació cuando las personas dejaron de ver a sus semejantes como objetos y empezaron a considerar a cada individuo la imagen única y sacrosanta de Dios.

Una de las tareas más difíciles de cualquier civilización –y de cualquier individuo– es disociarlas, a la vez que se mantienen integradas y equilibradas. Es más difícil de lo que parece. En algunas épocas – en particular a lo largo de los siglos XVI y XVII– la religión trató de dominar a la ciencia. El juicio a Galileo es el caso más conocido, pero hubo muchos más. En otros momentos históricos la ciencia ha predominado sobre la religión, como sucede en la actualidad. Los nuevos ateos son un ejemplo famoso, pero hay muchos más, gente que cree que se puede aprender todo sobre el sentido de la vida y las relaciones a través de escáneres cerebrales, bioquímica, neurociencia y psicología evolutiva, porque la ciencia es todo lo que sabemos o necesitamos saber.

Ambos se equivocan por igual. Las cosas son cosas y las personas son personas. Saber apreciar la diferencia es en ocasiones más difícil de lo que pensamos.

En la primera parte del libro planteo un análisis innovador sobre las razones por las que la gente piensa que la ciencia y la religión son incompatibles. Defiendo que se debe, en parte, a un curioso detalle histórico de cómo la religión entró en Occidente. Fue a través del cristianismo de Pablo de Tarso, una religión que era un híbrido o síntesis entre dos culturas radicalmente distintas, la Grecia antigua y el antiguo Israel.

El detalle curioso es que los primeros textos cristianos estaban escritos en griego, mientras que el cristianismo provenía del antiguo Israel y sus conceptos fundamentales no podían ser traducidos al griego. El resultado fue una confusión prolongada, que sigue existiendo en la actualidad, entre el Dios de Aristóteles y el Dios de Abraham. En el capítulo 3 explico por qué este detalle fue tan importante –y lo sigue siendo–, ya que provocó una confusión sobre lo que son en realidad la religión y la fe. En el capítulo 4 relato la historia de mi camino de fe.
En la segunda parte del libro explico por qué la religión es importante y lo que nos arriesgamos a perder si la abandonamos. Ofrezco este análisis porque, en mi opinión, el problema no radica en que la gente haya perdido fe en Dios, sino en que sencillamente ya no saben por qué es importante. ¿Qué importa ahora? Yo defiendo su importancia,
capital, aunque las razones que la fundamentan no sean fáciles de reconocer a primera vista. La civilización occidental está construida sobre cimientos religiosos específicos, y si los perdemos nos quedaremos sin gran parte de aquellas cosas que hacen que la vida sea digna, libre y humana.

En mi opinión, si esto llega a suceder, seremos incapaces de conservar el concepto de dignidad humana. Perderemos un pilar de la política, el bien común. No conseguiremos mantener una moral común –y una moral debe serlo si su objetivo es el que le es propio, unir al ser humano en comunidades con valores y principios admitidos por todos–. El matrimonio perderá su carácter sagrado, se desmoronará y los niños sufrirán. Creeremos que es imposible dotar de sentido a la vida humana en su conjunto. Lo único que podremos hacer será considerar nuestra vida como un proyecto personal, un oasis privado en medio de un desierto de sinsentidos..

En un mundo en el que existe la creencia en Dios, lo más importante son las relaciones. Dios existe, así como existo yo, e igual existe la relación que tenemos, ya que Dios está más cerca de mí que yo mismo. En un mundo sin Dios, la realidad más importante es el «Yo» (I), el «ser atómico» (atomic self). Hay otras personas, pero no me parecen tan reales como yo lo soy para mí mismo. De ahí los problemas irresolubles a los que se han enfrentado los filósofos desde hace dos mil quinientos años. ¿Cómo sé que existen otras mentes? ¿Por qué tengo que ser ético? ¿Por qué debería importarme el bienestar de los otros con los que no tengo ninguna relación? ¿Por qué tengo que limitar el ejercicio de mi libertad para que otros puedan disfrutar de la suya? Sin Dios, nos arriesgamos a permanecer encerrados en la prisión del Yo.

Por consiguiente, los biólogos neodarwinianos y los psicólogos evolucionistas se han centrado en el el ser, el «Yo». El «Yo» es lo que pasa mis genes a la siguiente generación. El «Yo» es lo que se dedica al altruismo recíproco, ese comportamiento que parece desinteresado pero que en realidad busca fines egocéntricos. El mercado se fundamenta en el «Yo» que elige. La economía, en el «Yo» que consume. El estado democrático liberal, en el «Yo» que vota. Pero ese «Yo» se siente solitario, al igual que Adán tiempo atrás. A ese «Yo» se le dan mal las relaciones. En un mundo repleto de «Yos» los matrimonios no duran. Las comunidades se erosionan. La lealtad se devalúa. La confianza desaparece. Se descarta completamente a Dios. En un mundo repleto de egos desorbitados no hay cabida para Dios.

La presencia o ausencia de Dios es tremendamente importante en la vida. Si perdemos la fe, con ella desaparecerán muchas otras cosas; pero como es un proceso lento, cuando nos damos cuenta del precio a pagar es demasiado tarde para recuperar todo lo que hemos perdido.

En la tercera parte del libro abordo los grandes desafíos a los que se enfrenta la fe. El primero es Darwin y la biología neodarwiniana, que afirma que la vida evolucionó a ciegas, sin ningún plan predeterminado. Argumentaré que esto solo es cierto si entendemos lo que es un plan de manera extremadamente simplista.

El segundo es el más antiguo y complicado de todos: el problema del sufrimiento injustificado, «cuando suceden cosas malas a gente buena». Argumentaré que solo puede enfrentarse a ese desafío una religión de protesta –de «descontento sagrado»–. El ateísmo no nos da razones para pensar que el mundo pueda ser de otra manera. La fe sí,
proporcionándonos la voluntad y el valor para transformar el mundo.

La tercera acusación que hacen los nuevos ateos es cierta y de suma gravedad. La religión ha hecho mucho bien, pero también mucho daño. En distintos momentos de la historia, las personas han odiado la compasión, han declarado guerras en nombre del Dios de la paz y han matado en nombre del Dios de la vida. Es un hecho demoledor
ante el cual solo podemos responder con la máxima honestidad.

Necesitamos entender en qué se equivoca la religión. El capítulo 13 trata de dar respuesta a esta cuestión. A veces sucede porque el monoteísmo cae en el dualismo. Otras porque las personas religiosas intentan provocar el fin de los tiempos en el tiempo presente. Se dedican a la política del Apocalipsis, que suele acabar en una tragedia
autoinfligida y a menudo dirigida contra los demás miembros de la fe. Es bastante común que la religión se equivoque al profesar algo que nunca debería: deseo de poder. La religión de Abraham, sobre la que trata este libro, es un alegato contra el deseo de poder.

Ciencia y religión son igualmente necesarias. Albert Einstein lo explica a la perfección en su famosa frase: «La ciencia sin religión está coja; la religión sin ciencia está ciega». Mi argumento es que la religión y la ciencia son a la vida humana lo que los hemisferios derecho e izquierdo son al cerebro. Cada uno tiene sus funciones y si uno de los dos se ve dañado, o si las conexiones entre ambos fallan, se produce una disfunción. La plasticidad cerebral puede facilitar en ocasiones una recuperación casi milagrosa. Pero lo mejor sería que nadie tuviera que pasar por esa recuperación.

La ciencia se relaciona con la explicación; la religión, con el sentido. La ciencia, analiza; la religión, integra. La ciencia descompone las cosas en las distintas partes que las integran. La religión une a la gente en relaciones de confianza. La ciencia nos dice lo que es. La religión nos dice lo que debería ser. La ciencia describe. La religión llama, convoca, invita. La ciencia ve objetos. La religión se dirige a nosotros como sujetos. La ciencia practica el desapego. La religión es el arte del apego, entre individuos y entre almas. La ciencia ve el orden subyacente del mundo físico. La religión oye la música que suena por debajo del ruido. La ciencia es la victoria sobre la ignorancia. La religión es la redención de la soledad.

Necesitamos las explicaciones científicas para entender la naturaleza. Necesitamos el sentido para entender la cultura y el comportamiento humanos. Los seres humanos buscamos el sentido porque no nos limitamos a formar parte de la naturaleza. Somos seres conscientes. Podemos imaginar mundos que aún no existen y comenzar a crearlos.
Como cualquier otra criatura, tenemos deseos. A diferencia de cualquier otra criatura, podemos juzgar esos deseos y decidir no perseguirlos. Somos libres.

A la ciencia le cuesta explicar todo esto. Es capaz de medir la actividad cerebral desde fuera. Puede decirnos qué parte del cerebro se activa cuando hacemos esto o aquello. Pero lo que no puede hacer es medirla desde dentro. Para eso utilizamos la empatía. Y a veces utilizamos la poesía, las canciones, los rituales que nos unen, las historias que nos introducen en un conjunto de significados compartidos. Todo esto forma parte de la religión, el espacio en el que el yo se encuentra con el otro y en el que nos relacionamos como personas en un mundo de personas, individuos libres en un mundo de libertad. Es donde encontramos a Dios, la Personalidad en sí, que es inmanente al universo natural como nosotros, individuos libres, lo somos a nuestros cuerpos, y viceversa. Dios es la matriz del ser en cuya libertad descubrimos la libertad, en cuyo amor descubrimos el amor, y en cuyo perdón aprendemos a perdonar.

Soy judío, pero este libro no trata sobre el Judaísmo, sino sobre el monoteísmo que afianza las tres fes abrahámicas: el judaísmo, el cristianismo y el islam. Suele aparecer envuelto en la apariencia de una de estas religiones, pero yo he intentado presentarlo en sí mismo; de otro modo perderíamos de vista lo fundamental entre los detalles
de una fe u otra. Los judíos, los cristianos y los musulmanes creen en muchas más cosas de las que aquí se presentan, pero todos ellos fundamentan su fe en un Dios personal que creó el universo por amor y que nos dotó, sin importar nuestra clase, color, cultura o credo, del carisma y la dignidad de su imagen.
El destino de esta fe ha sido, a todas luces, extraordinario. Abraham no hizo milagros, no lideró ejércitos, no gobernó un reino, no fue seguido por masas de discípulos ni hizo profecías espectaculares. Y sin embargo, no hay duda de que es la persona más influyente que ha existido nunca: a día de hoy, sigue siendo el abuelo espiritual de más de la mitad de los 6.000 millones de personas sobre la faz del planeta.

Sus descendientes directos, los hijos de Israel, conocidos hoy en día como los judíos, son un pueblo minúsculo, que representa menos del 0,2 % de la población mundial. Y aun así han sobrevivido a los egipcios, asirios, babilonios, persas, griegos y romanos, a los imperios medievales cristianos y del islam y a los regímenes de la Alemania
nazi y de la Unión Soviética, todos ellos opuestos a los judíos, al judaísmo, o a ambos. Todos parecían inexpugnables en su día. Todos desaparecieron. El pueblo judío sigue vivo.

También llama la atención que una pequeña secta largamente perseguida, conocida como los cristianos, que también se consideraban hijos de Abraham, llegara un día a convertirse en el movimiento más grande de la historia de la humanidad, que sigue creciendo en la actualidad, dos siglos después de que todos los intelectuales europeos
de renombre anunciaran su desaparición inminente.

En el caso del islam, hay que destacar que fue el movimiento religioso que más se extendió durante la vida de su fundador, y que regaló al mundo obras maestras de la poesía, la filosofía, el arte y la arquitectura, así como una fe que parece inmune a la secularización o la decadencia.

Las civilizaciones surgen y desaparecen. La fe de Abraham sobrevive.

Según tomado de, http://www.tora.org.ar/los-nuevos-ateos/ el lunes, 13 de marzo de 2017.

 
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La física espiritual del sueño

Extraído de El camino de D-os. Rab Jaim Moshé Luzzatto. Editorial Obelisco.

La Suprema Sabiduría estimó apropiado dividir el tiempo en dos partes, una para la actividad de las criaturas y otra para su descanso: el día y la noche. Durante el día, el tiempo se destina para la actividad y durante la noche para el descanso.

Dios también dio a las criaturas vivientes una naturaleza que las hace dormir, ocasionando así que su espíritu deba descansar de la actividad normal. En ese momento se fortalecen y se renuevan tanto físicamente como espiritualmente, y a la mañana siguiente se despiertan nuevamente listas para sus actividades diurnas.

Cuando el hombre duerme, sus facultades descansan, sus sentidos están inactivos y su mente está relajada y silenciosa. La única parte que continúa funcionando es su imaginación y ésta visualiza varias imágenes. Algunas de estas imágenes surgen de la experiencia individual mientras está despierto. Otras, pueden ser el resultado de sustancias que suben al cerebro, ya sea de las propias hormonas del cuerpo o de la alimentación que uno come. Estas imágenes son los sueños que todo el mundo experimenta.

Dios también decretó que el vínculo entre el cuerpo y el alma divina estaría de alguna forma desconectado mientras el hombre durmiera. Las porciones del alma hasta el nivel de Ruaj y los niveles superiores a ella se elevan, desprendiéndose del cuerpo. Sólo una porción, Nefesh, permanece con el alma inferior.

Las porciones liberadas del alma pueden entonces moverse en el reino espiritual cuando son autorizadas. Ellas pueden interactuar y asociarse con los seres espirituales como los ángeles, que supervisan los fenómenos naturales, los ángeles dañinos y los demonios. Lo que ellas experimenten dependerá de una multiplicidad de factores.

Cuando los altos niveles del alma perciben algo, pueden a veces transmitirlo paso a paso hasta que, finalmente, llegan al alma inferior. La imaginación es entonces estimulada y forma imágenes en su modo natural.

Las cosas percibidas por el alma superior pueden ser verdaderas o falsas, dependiendo de los medios a través de los cuales son experimentadas. El mismo concepto es entonces transmitido a la imaginación y es representado de forma normal. A menudo esta información es muy confusa e interferida con imágenes distorsionadas, emergiendo de varias sustancias que entran al cerebro, mientras que en otras situaciones, la información se recibe muy claramente.

Una persona puede a veces recibir información y conocimiento sobre su futuro de esta forma. Esto ocurre como resultado de un decreto de Dios. La información es entonces revelada al alma, Neshamá, por uno de los sirvientes de Dios, sea cual fuere su naturaleza. Entonces se transmite hacia el Nefesh y es visualizada por la imaginación, ya sea clara o difusamente, tal como sea decretado por la Suprema Sabiduría. Sobre esto se ha dicho (Job 33:15-16): “En un sueño, en una visión de la noche… (Dios) abre los oídos del hombre”.

Los sueños en general pueden emerger ya sea de la misma imaginación o como resultado de la estimulación del alma, la Neshamá, de acuerdo con lo que percibe. En este caso, el proceso es iniciado siempre por una de las Fuerzas espirituales que transmite conocimiento al alma, la Neshamá, que a su vez lo envía a la imaginación, de la manera descrita.

Si esa Fuerza espiritual es uno de los sagrados sirvientes de Dios, la información que el alma recibe será verdadera. Si llega de las Fuerzas opuestas, será entonces falsedad. Nuestros Sabios nos enseñaron que un sueño verdadero se origina a través de un ángel, mientras que uno falso se origina a través de un demonio (Berajot 55).

Todos los sueños, sin embargo, están entremezclados con las imágenes distorsionadas que se originan en la propia imaginación. Nuestros Sabios enseñan: “Es imposible tener un sueño que no incluya información inútil” (idem).
Pero hay una categoría completamente diferente de sueños que implica una verdadera profecía. Este tema será tratado en una próxima sección.

Rab Jaim Moshé Luzzatto

Según tomado de, http://www.tora.org.ar/la-fisica-espiritual-del-sueno/ el lunes, 13 de marzo de 2017.

 
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Historia Judía: Los zares y los judíos

[Historia Judía #57] Los zares y los judíos

Historia Judía

Los pogromos organizados por el gobierno en contra de los judíos desviaron la atención popular del régimen corrupto.

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Cuál fue para los judíos el peor de los zares rusos es algo debatible. Comenzaremos con Zar Nicolás I (que legisló entre 1825 y 1855) como uno de los principales candidatos y seguiremos la línea histórica.

En 1827, el Zar Nicolás I introdujo lo que llegó a ser conocido más adelante como los Decretos Cantonistas (el nombre provenía de la palabra cantón, que significa ‘campo militar’). Esos decretos llamaban a la conscripción forzada de los niños judíos al ejército ruso. ¡Esos niños tenían entre 12 y 18 años, y eran forzados a servir durante 25 años! Durante su servicio militar, se hacían todos los esfuerzos posibles para convertirlos al cristianismo.

Debido a las horrendas condiciones bajo las que eran forzados a servir, muchos de los niños conscriptos no sobrevivían y, si lo hacían, pocos continuaban identificándose como judíos. Para la comunidad judía, ambas opciones eran una sentencia de muerte.

Algunos padres judíos estaban tan desesperados que cortaron el dedo índice de sus hijos con un cuchillo carnicero (sin el dedo índice no podías disparar un arma y quedabas exento del servicio). Otras personas trataban de pagar sobornos para que sus hijos no fueran enrolados.

Los Decretos Cantonistas elevaron la presión sobre la comunidad judía a niveles inéditos. Cada comunidad judía era responsable de producir un cierto número de niños para el ejército, y el liderazgo de la comunidad era responsabilizado por el fracaso en alcanzar esa cuota. No es difícil imaginar el revuelo que se generó al obligar a los líderes comunitarios a decidir qué niños tenían que ir y cuáles podían quedarse.

Como si eso hubiera sido poco, también estaba el antisemitismo patrocinado por el gobierno.

Los protocolos de los sabios de Sión

Alrededor del cambio de siglo (fue publicado por primera vez en 1903), la policía secreta rusa comenzó a hacer circular una falsificación que llegó a ser el documento antisemita más famoso de la historia: Los protocolos de los sabios de Sión. Estos protocolos pretendían ser las actas de un encuentro secreto de líderes mundiales judíos que supuestamente ocurría una vez cada cien años con el objetivo de planear cómo manipular y controlar al mundo en el siglo siguiente.

Por más ridículo que nos parezca hoy, los Protocolos fueron considerados una prueba de que el mundo era dominado por judíos, haciéndolos responsables de todos los problemas de éste.

Los admiradores y defensores de los Protocolos incluyeron a antisemitas como Henry Ford, fundador de la Ford Motor Company, Adolf Hitler, como era de esperar, el Presidente de Egipto Gamal Abdel Nasser, y el Rey Faisal de Arabia Saudita, entre otros.

A pesar de estar probado que los Protocolos son una mentira cuyas alegaciones son absolutamente ridículas, una expresión de la peor clase de antisemitismo, los Protocolos continúan vendiéndose enérgicamente en la actualidad y son ofrecidos por grandes cadenas de librerías como Barnes and Noble y Amazon.com, siempre en nombre de la libertad de expresión.

Pogromos

Hablamos de los pogromos (violencia multitudinaria en contra de los judíos) en el capítulo 49, cuando mencionamos los ataques asesinos del cosaco ucraniano Bogdan Chmielnicki en el siglo XVII en Polonia.

En la Rusia zarista hubo tantos pogromos en contra de los judíos, que es imposible incluso comenzar a mencionarlos (por ejemplo, en un período de cuatro años hubo 284 pogromos).

Los pogromos rara vez eran espontáneos, aunque la incitación de la iglesia cristiana en la época de sus festividades podía causar frenesí en las masas. Sin embargo, en la Rusia zarista, la mayoría de los pogromos eran organizados por el gobierno. ¿Por qué organizaría el gobierno zarista muchedumbres que atacaran a los judíos? Porque los judíos eran el chivo expiatorio clásico para los problemas económicos de Rusia (y de muchos otros países en la historia).

Obviamente los problemas de Rusia no tenían nada que ver con los judíos, sino que se originaban en un régimen absolutamente retrógrado, feudal y altamente corrupto. Una de las formas de desviar la atención de la corrupción era culpar a los judíos y dejar que las masas liberasen tensiones por medio de descargarse con los judíos.

Los problemas de Rusia empeoraron después de que el Zar Alejandro II (que fue uno de los zares más competentes y quien era relativamente benigno con los judíos) fuera asesinado en 1881 por un anarquista que le tiró una bomba a su carruaje. Y cuando empeoraron los problemas de Rusia, también lo hicieron los de los judíos.

El gobierno del zar nuevo, Alejandro III (que legisló entre 1881 y 1894), organizó un pogromo tras otro para mantener la ira de las masas enfocada en los judíos.

Además de los pogromos, Alejandro III promulgó una serie de leyes en contra de los judíos. Estas leyes fueron llamadas las Leyes de Mayo e incluyeron prohibiciones como:

  1. “Está prohibido para los judíos asentarse fuera de las ciudades y los pueblos”.
  2. “El registro de propiedad e hipotecas a nombre de judíos es interrumpido momentáneamente; los judíos también tienen prohibido administrar tales propiedades”.
  3. “Está prohibido para los judíos ocuparse en comercio los domingos y en las festividades cristianas”.

Escribe Berel Wein en su obra Triumph of Survival (p. 173) sobre el reino de Alejandro III:

“Expulsiones, deportaciones, arrestos y golpizas se convirtieron en el destino diario de los judíos, no sólo de los de clase baja, sino también de los de clase media y de los intelectuales. El gobierno de Alejandro III libró una campaña de guerra en contra de sus habitantes judíos… Los judíos fueron perseguidos y heridos, la emigración parecía ser el único escape de la tiranía de los Romanovs”.

No ayudó mucho que durante el reino de Alejandro III Rusia sufriera de una terrible hambruna en la que murieron 400.000 campesinos. Los que sobrevivieron eran amargados y su resentimiento creció (lo que eventualmente haría erupción en una revolución en 1905 y en la exitosa Revolución Rusa que llevó al régimen comunista en 1917).

El último Romanov

Después de su muerte, Alejandro III fue sucedido por Nicolás II, el último de los Romanov, cuya incompetencia e inflexibilidad posibilitó la Revolución Rusa. El nuevo zar tuvo que lidiar con el desastre que dejó su padre, algo que hizo patéticamente.

Durante su reino tuvo lugar uno de los pogromos más famosos, en Kishinev, en la pascua de 1903 (6 y 7 de abril).

El pogromo de Kishinev ocurrió en una época en que había mucha tensión en Rusia (dos años antes de la primera revolución, que no tuvo éxito). Queriendo disipar la tensión, el gobierno zarista volvió a organizar un pogromo en contra de los judíos.

Por más extraño que parezca, el pogromo de Kishinev recibió una gran cantidad de atención internacional. Esto se debió a que en ese momento los pogromos eran algo que el mundo “ilustrado” occidental ya no consideraba aceptable (¡si tan sólo hubiesen sabido lo que ellos mismo le harían a los judíos cuarenta años después!).

He aquí un extracto de una descripción del pogromo publicada en el New York Times:

“Es imposible relatar la cantidad de bienes destruidos en unas pocas horas. Los gritos de ‘hurra’ de la muchedumbre. Los tristes llantos de las víctimas llenaron la atmósfera. Donde sea que fuera encontrado un judío, era golpeado salvajemente hasta quedar inconsciente. Un judío fue arrastrado desde un auto y golpeado hasta que la muchedumbre lo consideró muerto. El aire estaba lleno de plumas y sábanas desgarradas. Todo hogar judío fue invadido y los desafortunados y aterrorizados judíos intentaron esconderse en los áticos y bajo los techos. La muchedumbre entró en la sinagoga, profanó la mayor casa de adoración y, junto a ella, los Rollos de la Ley”.

“La conducta de los cristianos inteligentes fue vergonzosa. No hicieron ningún intento para confrontar a los patoteros. Simplemente caminaron por las calles disfrutando del espantoso espectáculo. El martes, tercer día, cuando se supo que las tropas habían recibido la orden de disparar, la muchedumbre se detuvo”.

“Después de dos días de caos, el zar dijo: ‘Ok, suficiente, misión cumplida. Es momento de detenerse’. Y se detuvo. 118 hombres, mujeres y niños judíos fueron asesinados, 1.200 fueron heridos y 4.000 familias quedaron sin hogar y destituidas. Hubo también 12.000 soldados rusos en la ciudad que no hicieron nada durante dos días (1)”.

Hasta la vez siguiente.

Entre 1903 y 1907 fue un período de gran desasosiego interno en Rusia. La incompetencia de Nicolás junto a los excesivos impuestos y la humillante derrota rusa en la Guerra ruso-japonesa (1904-1905) llevaron a la primera Revolución Rusa en 1905, que llevó a muchas reformas gubernamentales que duraron poco. Este período también probó ser desastroso para la comunidad judía, ya que hubo 284 pogromos que dejaron más de 50.000 muertos. El nivel de violencia era absurdo.

El pueblo era incapaz de resistir este trato por siempre. La comunidad judía estaba siendo devastada y sus integrantes buscaban una salida. Los judíos huían de los shtetls y se unían a toda clase de movimiento anarquista, comunista, socialista, bundista que pudieran encontrar con la esperanza de lograr cambiar la situación en Rusia. Los judíos han sido los grandes idealistas de la historia, y durante este período estaban desesperados por encontrar una manera de mejorar las cosas (hablaremos sobre su activismo cuando tratemos los eventos circundantes a la Primera Guerra Mundial).

Otra cosa que estaba ocurriendo en este período fue la emigración. Vemos a los judíos de Rusia emigrando en masa. Entre 1881 y 1914 al menos 50.000 judíos se fueron por año, llegando a un estimado de 2,5 millones de judíos.

A pesar de esas migraciones, la población judía de Rusia permaneció constante (en unos 5 millones de judíos) debido a la alta tasa de nacimientos. Si esos judíos no hubiesen dejado Rusia, hubiese habido allí entre 7 y 8 millones.

Y fue Estados Unidos el que absorbió a la mayoría de los inmigrantes judíos durante ese período de tiempo.

La Tierra Dorada

Podemos recordar (capítulo 23) que cuando los judíos fueron exiliados por los babilonios, el exilio ocurrió en dos etapas. Primero los babilonios llevaron a 10.000 de los mejores y más brillantes judíos, lo cual resultó ser una bendición porque cuando los demás llegaron a Babilonia, ya había una infraestructura judía. Ya había Ieshivot, sinagogas, un carnicero judío y una mikve. La vida judía podía continuar y, como resultado, casi no vimos asimilación en el exilio babilonio.

Sin embargo, cuando los judíos pobres de Rusia llegaron en masa a Estados Unidos a finales del siglo XIX, pasando por la famosa Isla Ellis, no encontraron ninguna infraestructura judía en existencia. Los judíos que los habían precedido en la migración de alrededor de 1830 eran los alemanes (unos 280.000), que resentían a los judíos pobres de Rusia y quienes además eran reformistas (que no creían en la divinidad de la Torá ni en leyes divinas que los judíos tuvieran que respetar) o seculares que evadían todo tipo de tradición judía. Así, los pobres judíos rusos llegaron a la Tierra Dorada de la Asimilación, como veremos en el próximo capítulo.

Según tomado de, http://www.aishlatino.com/judaismo/historia/curso-rapido/Los-zares-y-los-judios.html el lunes, 13 de marzo de 2017.


Notas:

(1) Paul Mendes-Flohr y Yehuda Reinharz ed., The Jew in the Modern World, (Oxford University Press, 1995), p. 409.

 
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El judaísmo y la vida en otros planetas

El judaísmo y la vida en otros planetas

El revolucionario anuncio de la NASA ha hecho que muchos judíos se pregunten: ¿contempla el judaísmo la posibilidad de vida extraterrestre?

por

Hola… ¿Hay alguien allí?

Para nosotros, los terrestres, es con certeza una de las preguntas más intrigantes y de mayor trascendencia que podamos imaginar. ¿Estamos solos en el cosmos o hay, en algún lugar del universo, otros como nosotros, quizás iguales a nosotros, o quizás completamente diferentes?

Y, para quienes creemos en el relato de la creación de acuerdo a lo expresado en la Torá, las primeras palabras de la misma: “En el comienzo Dios creó los cielos y la tierra”, ¿son una divulgación completa de la creación de vida de Dios, o es meramente la información que se le brinda a los terrícolas por ser necesaria para nuestra relación con Dios, pero no pretende revelar otras manifestaciones del poder y la creatividad divina?

En resumen, ¿pueden los judíos religiosos creer en la posibilidad de vida extraterrestre?

La pregunta, que hasta ahora había sido exclusivamente teórica, puede haber asumido una gran relevancia a la luz de la revolucionaria revelación hecha por la NASA esta semana. Para su gran asombro, los astrónomos de la NASA han encontrado siete planetas del tamaño de la Tierra que parecen aptos para la vida.

Algún tipo de vida, concluyeron ahora, puede haber evolucionado en al menos tres planetas de un sistema solar recientemente descubierto a tan sólo 39 años luz de la Tierra. Los astrónomos detectaron no menos de siete planetas del tamaño de la Tierra orbitando una estrella enana conocida como TRAPPIST-1. Los seis planetas internos orbitan en un área temperada, con temperaturas entre 0 y 100°C. Y en al menos tres de ellos podría haber océanos, lo cual aumenta las probabilidades de encontrar vida. Ningún otro sistema solar conocido contiene una cantidad tan alta de planetas rocosos del tamaño de la Tierra.

El astrónomo británico Dr. Chris Copperwheat, de la Liverpool John Moores University, dijo: “El descubrimiento de múltiples planetas rocosos con temperaturas superficiales que posibilitan la existencia de agua en estado líquido convierten a este asombroso sistema en un excitante objetivo futuro en la búsqueda de vida”.

De acuerdo al judaísmo, ¿es esto posible? ¿Podemos imaginar otros mundos cuyos habitantes también tienen una relación especial con Dios? Y, desde lo sublime a lo ridículo, ¿serán estos extraterrestres “judíos”, observarán las leyes de la Torá, construirán sinagogas y lugares de adoración y recolectarán dinero para causas caritativas?

Desde una perspectiva egocéntrica, si consideramos a la especia humana la única merecedora de la atención especial de Dios, debemos concluir de inmediato que “esto es todo lo que hay”. Y eso es lo que muchos sabios rabínicos creyeron. Sin embargo, lo fascinante es que una importante cantidad de opiniones en las fuentes tradicionales no sólo validan la posibilidad de vida en otros planetas, sino que encontraron confirmación bíblica y también en midrashim para esta opinión, llegando a sugerir que la creencia en un Dios todopoderoso prohíbe poner una limitación en el alcance de sus poderes creativos.

El Dr. David Weintraub, profesor de astronomía en la Vanderbilt University y autor de Religions and Extraterrestrial Life: How Will We Deal With It?, afirma que el judaísmo está espiritualmente preparado para pequeños alienígenas. “El judaísmo acepta la posibilidad de vida extraterrestre. La teología judía puede incluso exigir una creencia en vida extraterrestre, dado que el poder del Creador no tiene límites. Entonces, que los judíos digan que no podría existir vida más allá de la Tierra es inaceptable, ya que tal idea pondría cadenas al poder creativo de Dios… el universo le pertenece a Dios y Dios puede hacer lo que Dios desee hacer con el universo”.

Retrocediendo varios siglos, el gran filósofo judío Hasdai Crescas (1340-1411), en su obra clásica Or Hashem, escribió un capítulo entero en el que afirmó que la posibilidad de vida en otros planetas no está en conflicto con la creencia judía. Más aún, fuentes de Torá incluso la apoyan. Citó las palabras de Salmos 19:2: “Los cielos declaran la gloria de Dios”, el rico paisaje cósmico con todas sus maravillas continúa impresionándonos con las posibilidades infinitas de las creaciones de Dios.

Sumando evidencia para la posibilidad de la vida extraterrestre, Crescas menciona la enseñanza talmúdica de “Dios vuela entre 18.000 mundos” (Talmud Bablí, Avodá Zará 3b). Más aún, la declaración de Salmos 145:13, que “Tu reino es un reino que abarca todos los olamim (mundos)” podría implicar la existencia de vida extraterrestre, ya que, si no hubiera vida en estos mundos, ¿qué tipo de reino tendría Dios?

Otra alusión bíblica a la vida extraterrestre son las palabras en la canción de Débora, en el libro de Jueces: “Maldice a Meroz, dice el ángel del Señor, maldice amargamente a sus habitantes” (5:23). En su libro Séfer Habrit (Libro del pacto), Rav Pinjas Eliahu Horowitz (siglo XVIII) cita una clara referencia talmúdica: la declaración que afirma que Meroz es un planeta habitado en algún lugar del espacio exterior. Más aún, afirma enfáticamente que Dios creó una cantidad infinita de mundos con naturaleza física, espiritual e inter dimensional. Esta perspectiva fue apoyada por el Arízal (Rav Itzjak Luria), quien también habló de “una cantidad infinita de mundos espirituales”.

Comentando el versículo de El cantar de los cantares 6:8, el Zóhar, la obra maestra clásica de Cábala o ‘misticismo judío’, declara: “Las estrellas ciertamente no tienen cantidad. Pero cada estrella es llamada un mundo separado. Estos son los mundos sin número”.

Lo que no mencionaron los sabios dispuestos a aceptar la posibilidad de vida en otros planetas, fue una descripción más profunda de cómo son esos seres, qué relación tienen con Dios, qué leyes —si las tienen— los gobiernan, a “imagen” de qué fueron creados y, fundamentalmente, si comparten con nosotros el atributo del libre albedrío —la capacidad de realizar elecciones de manera independiente— que tenemos los humanos y que nos hace ser descritos como “creados a imagen de Dios”.

“Quedarse cruzado de brazos y decir que no hay vida fuera del planeta es ponerle limitaciones al Creador”.

Simplemente no conocemos las respuestas a estas preguntas. Pero, en término de nuestra apertura a las preguntas y a nuestra disposición a investigarlas, podemos muy bien pensar en la respuesta del Rebe de Lubavitch al Dr. Velvl Greene, un prominente microbiólogo que hace años fue reclutado por la NASA en su proyecto para determinar si había vida en Marte. El Dr. Green le preguntó al Rebe, en privado, si debía trabajar en eso. El Rebe le contestó: “Dr. Greene, ¡busque vida en Marte! Y si no la encuentra allí, búsquela en otro lugar del universo. ¡Porque quedarse cruzado de brazos y decir que no hay vida más allá del planeta Tierra es ponerle limitaciones al Creador, y eso no es algo que alguna de sus criaturas pueda hacer!

Los nuevos descubrimientos de las maravillas del universo pueden acercarnos, sin lugar a dudas, un pasó más allá hacia un mayor amor y entendimiento de Dios.

Según tomado de, http://www.aishlatino.com/a/s/El-judaismo-y-la-vida-en-otros-planetas.html el lunes, 13 de marzo de 2017

 
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Posted by on March 13, 2017 in Uncategorized

 

Tradición: ¿cambio o continuidad? Respuesta al judaísmo Ortodoxo

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Hay un error muy común entre los judíos de creer que el judaísmo no ha cambiado nada en los últimos 3000 años de historia y que recién en el siglo XIX con la emancipación, el pensamiento racional moderno y la aparición del judaísmo Reformista, luego el Ortodoxo y finalmente el Conservador el judaísmo cambió por primera vez en forma radical. Es una equivocación pensar que desde el inicio de la historia hasta el siglo XIX todos los judíos hacíamos y creíamos exactamente lo mismo. Si bien es cierto que la modernidad representa un mundo totalmente opuesto al medieval, resulta increíble que algunos piensen que durante toda la antigüedad, la edad media y la modernidad temprana (entre 1492 y 1750) el judaísmo no sufrió ningún cambio y siempre ha sido exactamente igual sin ningún tipo de modificación. Creer que hasta el siglo XIX todos los judíos hacíamos lo mismo y de pronto por culpa del Reformismo todo comenzó a desintegrarse puede erróneamente convencernos que el enemigo principal del judaísmo es el mundo moderno y sus ideales de los cuales el judaísmo inevitablemente forma parte. Es muy fácil y tentador culpar a la ciencia, la emancipación, la secularización, las filosofías modernas, internet, la televisión, la ostentación del cuerpo y la relativización de valores y tradiciones -haciendo que todas las narrativas o textos sean válidos según las perspectivas individuales- como enemigos y causantes del eclipse del judaísmo en la modernidad. Es más cómodo señalar con el dedo algo que esta afuera como responsable de lo que nos sucede dentro. Pero la realidad es que sería mucho mas honesto culpar al propio judaísmo si es que este no logra responder a las inquietudes de la modernidad y los desafíos que esta presenta.

Como algunos están convencidos que el cambio en la tradición judía es un fenómeno moderno, escucho a menudo que “los judíos Ortodoxos son los únicos que han mantenido la tradición exactamente igual desde Moisés hasta el día de hoy y por eso seguimos existiendo como grupo”. Antes de continuar debo decirles que este es el gran mito de algunos judíos Ortodoxos e incluso lo que creen alguno no-Ortodoxos también. Como consecuencia de creer este mito que “el judaísmo Ortodoxo es exactamente igual al judaísmo de Moisés”, se desprende la idea que hay ciertos judíos que practican el “Verdadero Judaísmo” o son los “Judíos Genuinos” mientras otros tienen una versión distorsionada cambiando al judaísmo de su estado puro. El problema que surge al arribar a estas conclusiones es convencerse que aquellos judíos que no practican el “Verdadero Judaísmo” representan una amenaza para la continuidad de una tradición que según una creencia Ortodoxa, no ha sufrido modificaciones desde el período bíblico hasta el siglo XXI.

Comencemos preguntándonos: si existe un “Verdadero Judaísmo” ¿por qué hay judíos que practican una versión distorsionada y creen en “lo falso” cuando saben que existe “lo verdadero”? ¿Es por rebeldía? ¿Es por ignorancia? ¿Es por qué “lo verdadero” les resulta “antinatural”? ¿Es porque no practicar el “Judaísmo Verdadero” es más fácil que practicarlo? ¿Es porque el “Judaísmo Verdadero” los obliga a seguir ciertas prácticas que no les gustan y por eso les resulta mejor acomodarlo a lo que les queda cómodo? ¿Es porque resulta irracional? ¿O es porque crecieron en un hogar donde el “Verdadero Judaísmo” no se conocía y por costumbre creen que lo tradicional y “verdadero” es lo que se hace en la casa que uno nació?

Además podríamos preguntarnos: si hay judíos que poseen el “Verdadero Judaísmo” ¿por qué se preocupan por aquellos otros judíos que no están haciendo lo verdadero? ¿Es porque honestamente quieren salvarlos o es porque necesitan convencerlos para así terminar de convencerse ellos mismos que en efecto están practicando el “Verdadero Judaísmo”? ¿Puede ser que en su intento sincero de querer ayudar a los judíos que practican “lo falso” terminan alejándolos más del judaísmo mismo y sus prácticas? Si uno sabe que lo que uno cree y practica es verdadero ¿por qué debería preocuparse y temerle a lo falso o distorsionado? Los judíos que no están practicando el “Verdadero Judaísmo” ¿qué tipo de amenaza realmente representan? ¿Acaso podrían llegar a convencer a otros para que sean como ellos y así puedan ser muchos más los que practican un judaísmo falso? ¿Es tan simple convencer a la gente para que siga ideales distorsionados y falsos? ¿No tendría más sentido que la gente siga los ideales verdaderos?

Incluso podríamos reflexionar: si yo me convenzo que tengo “la verdad” y el otro no la tiene ¿qué tipo de diálogo puedo entablar? ¿Hablaremos como pares o yo me sentiré siempre en superioridad convencido que el otro está errado y en mi deber moral de salvarlo debo corregirlo y hacerle creer lo que yo creo? ¿Con qué autoridad puedo decretarle al otro lo que debe creer? Convencido que existe una sola manera de practicar el judaísmo ¿estoy pacíficamente abierto a dialogar o estoy enchufándole al otro un monólogo del cual estoy ciegamente enamorado?

No se asusten, no voy a responder a todas estas preguntas. Pero si voy a responderle a esa idea que escucho flotar en el aire afirmando que:

el judaísmo sobrevive porque no ha cambiado nada y los defensores legítimos de esa tradición son los judíos Ortodoxos quienes practican exactamente el mismo judaísmo desde Abraham el patriarca mientras que las otras corrientes judías han acomodado el judaísmo del modo que más cómodo les queda y por eso debemos trabajar para que desaparezcan otras interpretaciones de nuestra tradición porque ellas son la causa de la asimilación, el mal y son peores que el Holocausto.

Si, aunque pueda sorprenderlos, he escuchado este argumento más de una vez mientras un escalofrío me recorría la espalda. Cuando escucho judíos hablar así de otros judíos siento que una vida dedicada al estudio de la Tora y el Talmud se ha malgastado. ¿Cómo zambullirse en los intrincados argumentos del Talmud si ni siquiera puedo “amar al prójimo como me amo a mi mismo”? ¿Puedo amar la verdad de mi prójimo? Amar al prójimo y su verdad (sin que eso signifique que uno cree esa verdad) es tal vez el acto humano mas importante de nuestro tiempo.

Necesito comenzar aclarando que no tengo absolutamente nada en contra del judaísmo Ortodoxo como tampoco del Reformismo, el Conservadurismo, Jabad Luvabitch ni ninguna de las otras corrientes que existen en la actualidad. No es mi intención argumentar que los diferentes movimientos judíos son unos mejores o peores que los otros ni tampoco quiero sugerir que uno de ellos es “verdadero” y los demás son falsos o distorsionados. No creo que exista algo así en el esfuerzo sincero de todos los judíos por encontrar sentido a sus vidas y su tradición. Si no fuera así tampoco entendería porque Dios permite la multiplicidad de opiniones en el judaísmo. Estando Dios a cargo del devenir histórico ¿debería permitir que existan distintas maneras de entender lo judío? Al mismo tiempo los Rabinos en la Mishna me enseñan que no hay una sola manera de entender la tradición judía ni tampoco una sola manera de entender lo que Dios quiere porque si fuera así Dios no nos hubiese creando tan diferentes los unos a los otros. En la Mishna los Rabinos dicen que cuando un Rey estampa una moneda todas las demás monedas son iguales. Pero cuando el Rey de Reyes estampa un ser humano todos los demás seres humanos son diferentes. (Fuente: Mishna Sanhedrin 4:5)

Escribo desde mi profundo amor no solo hacia el judaísmo y todos los judíos (crean lo que crean y practiquen lo que practiquen) sino hacia todos los seres humanos, compañeros en el espacio-tiempo. Porque lo que más me preocupa es que cada vez que leo otros autores escribiendo sobre estos temas veo que intentan demostrar que lo que ellos creen es la Verdad y todo lo demás es falso. Esto no debe continuar. Debemos intentar ser conscientes de nuestros prejuicios y tratar de ser lo mas objetivos y honestos al mirar la historia y el pasado en términos generales. Al menos la conciencia de esto que acabo de mencionar ya es importante. Definitivamente lo que uno debe hacer como ser humano imperfecto es esforzarse para darse cuenta cuando no esta siendo objetivo (debido a las propias pasiones y justificaciones que uno necesita para sostener la coherencia en lo que dice y hace) y limitarse al querer presentar ciertos aspectos que uno realmente ignora o no puede hablar de ellos sin prejuicios o definiendo de antemano si son buenos o malos, correctos o incorrectos. Esta postura prejuiciosa, tendenciosa, dogmática y binaria (es decir “verdadero o falso”) ha hecho y sigue haciendo mucho daño a la historia, el judaísmo y al mundo. No estoy sugiriendo que en el judaísmo o la vida misma “todo vale” y que “casher o no casher” es una cuestión relativa. No amigos, nada más alejado que esa trivialidad del “da igual” conforma mi pensamiento. Pero nuevamente, si comienzo a escribir ya sabiendo de antemano que lo que voy a decir es la Verdad ¿qué tipo de relación puedo entablar con mi prójimo que tal vez no coincide con esa verdad?

En esta publicación no voy argumentar que hay judíos que practican un “Verdadero Judaísmo” mientras otros practican una versión distorsionada. Tampoco voy a defender un judaísmo en el cual cada uno debe hacer lo que quiere o vivirlo “a su manera”. Lo único que voy a intentar mostrarles es que (a) el judaísmo ha cambiado en repetidas ocasiones y (b) el judaísmo Ortodoxo y los judíos Ortodoxos no necesariamente practican el mismo judaísmo que Moisés o Maimonides practicaban ni lo que ellos mismos llamaban “tradición judía”. De hecho veremos que el judaísmo Ortodoxo es una invención más de la modernidad y el mismo modificó la esencia del judaísmo tanto como lo hizo la Reforma, el Conservadurismo o Jabad Luvabitch.

Mi argumento principal entonces es que lo constante en el judaísmo no es solo la continuidad sino también el cambio. El judaísmo ha sobrevivido en gran parte porque ha cambiado y los judíos Ortodoxos no practican exactamente el mismo judaísmo que practicaba Abraham. El judaísmo Ortodoxo -al igual que todos los demás judaísmos que conocemos en la actualidad-es una creación moderna en respuesta a los desafíos mismos de la modernidad. Simultáneamente el judaísmo Ortodoxo es una corriente moderna que también ha cambiado al judaísmo en la modernidad y al igual que las demás corrientes los cambios hechos por los Ortodoxos son beneficiosos en un aspecto y peligrosos en otros. (Para más información sobre esto ver mis publicaciones sobre El Judaísmo Ortodoxo y ¿Cuál es la diferencia entre Ortodoxo, Conservador, Reformista y Jabad Luvabitch?)

Judaísmo como el Reformista, el Ortodoxo, el Conservador, el Reconstruccionista, el jasidismo, los mitnagdim (también llamados los opositores del jasidismo), la Neo-Ortodoxia creada por el rabino Hirsch, el jasidismo lituano de Jabad Luvabitch, el movimiento mussar (es decir ético) del Rabino Salanter, el movimiento Aguddat Israel, el Sionismo Ortodoxo, el anti-sionismo Ortodoxo e incluso el movimiento Shas liderado por el Rabino Ovadiah Yosef entre tantos otros grupos judíos que existen en la actualidad, son todas creaciones o construcciones modernas. Todos estos nombres, designaciones, movimientos o corrientes no existían antes del 1750 (¡tan solo los últimos 266 años en más de 4000 años de historia judía!) y por lo tanto debemos dejar en claro que el judaísmo Ortodoxo como cualquier otro judaísmo que existe hoy es claramente una construcción moderna. Todo esto deja en claro que no existe ningún judaísmo en la actualidad que no haya tenido que responder a las influencias y desafíos de la modernidad.

En la modernidad muchas cosas cambiaron. Pero quiero que noten que las reacciones de los judíos frente a los eventos sucedidos en su milenaria historia nos demuestran una y otra vez que los judíos mismos modificaron la estructura orgánica del judaísmo en repetidas ocasiones incluso antes de la modernidad y el período medieval.

Veamos algunos ejemplos.

Todos sabemos que el judaísmo que Moisés practicaba no era exactamente el mismo que Rabbi Akiva practicaba luego de la destrucción del Gran Templo cuando los Cohanim se quedaron sin empleo (ya que vivían para el Templo y el mismo fue destruído) y la palabra “Rabino” ni siquiera existía en el vocabulario hebreo. Moisés jamás hubiese entendido si un hebreo le hubiera preguntado en medio del desierto “¿qué ponemos en la keara durante la noche del Seder?”. Por otro lado el judaísmo que practicaba Maimonides en el siglo XII en la España Medieval bajo dominación islámica no era exactamente el mismo que practicaba Rabbi Akiva quien jamás escucho hablar de una religión llamada Islam. Ni siquiera nosotros hoy en la modernidad practicamos el mismo judaísmo que Maimonides practicaba ya que el jamás se imaginó que surgiría un movimiento Ortodoxo, Reformista, Conservador, Jabad Luvabitch o incluso y aún más complejo de explicar, algo llamado “Sionismo”. Claramente lo que sucede en la historia mundial afecta la historia judía.

En el tiempo bíblico por ejemplo, la esclavitud era aceptada. En la época en que los Rabinos terminaban de escribir el Talmud la esclavitud era aceptada. Hasta el siglo XVIII entre muchos judíos formados y bien educados la esclavitud era algo aceptado. Hoy no existe ninguna corriente judía que defienda la esclavitud. Dejar de tener esclavos fue un proceso social que sucedió en la conciencia humana mundial y cambió la historia judía también.

Quitar los instrumentos musicales de los servicios religiosos judíos fue algo nuevo en la historia que sucedió después de la destrucción del Gran Templo ya que es bien sabido y aceptado por la mayoría de los judíos que los Salmos eran cantados y acompañados con instrumentos musicales dentro del Gran Templo en Shabbat y otras festividades. Si uno iba en Shabbat al Gran Templo en Jerusalem uno escuchaba instrumentos musicales. Pero debido a que los instrumentos traen alegría según los Rabinos (debo confesarles que hay ciertos obras orquestales y sinfónicas que me traen una tristeza infernal y me hacen emocionar hasta las lagrimas), los Rabinos mismos decidieron cambiar la tradición y dejar de usar instrumentos en Shabbat para recordar la amargura de haber perdido el Gran Templo. Más tarde esto derivó en las leyes con respecto a la reparación de instrumentos en Shabbat que claramente no se discutían cuando los instrumentos eran tocados en el Gran Templo en Jerusalem. Pero dejar de utilizar instrumentos musicales en Shabbat fue una decisión que cambió la forma en la cual tradicionalmente se practicaba el judaísmo anterior a la destrucción del Gran Templo.

Claramente estos ejemplos entre los miles que uno podría nombrar dejan en claro que lo que sucede en la historia mundial modifica la historia judía. Los judíos cambiaron y cambian su tradición para responder a las adversidades de la historia.

La historia afecta a la tradición. Siempre lo ha hecho y siempre lo hará.

Pero es muy importante entender que para los judíos cuando algo cambia no significa que por eso no es verdad sino que en el judaísmo “la naturaleza de lo eterno y verdadero” contempla el cambio dentro de la tradición.

La Halajá representa el cerco que limita la subjetividad en la práctica judía y es el modo judío de vivir la vida. Este término es a menudo incorrectamente traducido como “ley” pero proviene de la raíz hebrea que significa “caminar”. El judaísmo es la manera en la que uno camina en el mundo. Y la naturaleza del “caminar” es claramente el “andar”. Algo que camina es algo que se esta moviendo y no está frenado ni congelado en el tiempo. Este el motivo por el cual nadie podría negar que la Halajá ha ido ajustándose a lo largo de la historia para hacer frente a los nuevos desafíos.

La sabiduría judía no es estática sino dinámica. El sabio en el judaísmo no es el que no se equivoca sino el que aprende cosas nuevas y cambia. Esto nos lo enseña nuestra propia tradición en Yom Kippur -el día del Perdón- donde reconocemos que Todos (absolutamente Todos) nos hemos equivocado de algún modo u otro y pedimos que se acepte nuestra posibilidad de cambiar para aprender cosas nuevas sobre nosotros mismos. En Yom Kippur pedimos disculpas por errores cometidos y luego permiso para cambiar y corregirlos.

Verdad y Fe para el judío son simples palabras que utilizamos para alivianar el temor de no poder aceptar que tradición no quiere decir “aquello que no cambia” sino “lo que cambia” dentro de la tradición.

La raíz del problema aquí es más simple de lo que parece. Muchas veces sentimos la necesidad de sostener Ideas Eternas y Verdades Absolutas que no puedan ser contradichas porque utilizamos una lógica binaria que nos obliga a pensar que si algo cambia entonces no es Verdad. Primero y principal “verdad” es tan solo una palabra más. Y como cualquier otra palabra también hace alusión a diferentes cosas de acuerdo a quien la está usando y qué entiende al usarla. Pero lo más importante es entender que la Verdad judía (al igual que su sabiduría) no es estática sino dinámica.  Este proceso de intentar preservar el carácter esencial del judaísmo mientras se trata de ajustarlo y acomodarlo a los desafíos que la historia nos ha presentado ha mantenido al judaísmo como algo vital, vibrante y dinámico en lugar de fijo, inerte y estático.

De todos modos el desafío se nos impone porque es más sencillo habitar lo certero que tener el coraje de sostener la duda.No es simple abrazar el cambio como parte integral de la tradición y la existencia. Algunas personas necesitan la idea de la Eternidad y la Perfección para alivianar el sufrimiento de lo efímero y lo volátil de la existencia humana. En efecto las religiones presuponen la idea de lo Perfecto y Eterno. Pero cuando uno reflexiona que las cosas cambian uno acepta que uno mismo esta cambiando constantemente y por eso uno no es ni Perfecto ni Eterno y un día cambiará hacia otro estado que llamamos “muerte”. Tomar conciencia de esto último hace que ese temor se vuelva tan insoportablemente doloroso acarreando tanta banalidad sobre el sentido de nuestra existencia que aliviarlo requiere no pensar en él todo el tiempo, negarlo o simplemente buscar una Idea o Verdad que no se vea afectada por este cambio que interviene en todo lo que experimentamos. Con esto no quiero sugerir que aquellas personas que creen en Dios y practican una religión lo hacen solamente porque tienen miedo a la muerte. Pero si creo que muchos (y me incluyo claramente en esta lista) hemos buscando por motivos difíciles de explicar, lo Perfecto y Verdadero usando una lógica binaria en que no existan las contradicciones y todo cierre y tenga “sentido”. Para algunos lo Perfecto y Eterno tiene un nombre: lo llaman Dios. En mi opinión, Perfección y Eternidad son atributos que los humanos hemos depositado en Dios porque nosotros en nuestra humildad y sinceridad sabemos que carecemos de ambos. ¿Podríamos decir que tal vez necesitamos creer en esto de lo Perfecto, Eterno y Verdadero que llamamos Dios como una manera de convencernos que tiene que haber “algo que no cambia” proporcionándonos sentido al significado de nuestra propia existencia ayudándonos a evitar pensar o sentir que nuestra vida es tan efímera y cambiante como el resto de la Creación? ¿Qué nos hace creer lo que creemos? Definitivamente necesitamos las historias, mitos, ideales y verdades eternas porque sin ellas la vida parecería carecer de sentido dejándonos solamente un enorme e infinito vacío. Nadie puede tolerar vivir sin historia.

La historia judía nos ha enseñado que cuanto más nos resistimos al cambio más lo sentimos. Los judíos hemos tenido la sabiduría de no resistir sino adaptarnos. Adaptarse no es algo malo sino que es aceptar la inevitable e incontrolable naturaleza del cambio que solo un obstinado se niega a ver como algo intrínseco de la vida y la Creación. De hecho nuestra propia vida muchas veces no es lo que soñamos, imaginamos, creemos o pensamos que nos merecemos o va a sucedernos. Nuestra propia vida es finalmente lo que vamos haciendo con aquello que nos va sucediendo y aconteciendo en la vida. Claramente nosotros nos vamos adaptando a cada segundo y sabemos perfectamente lo que es adaptarse a las condiciones que se nos presentan.

Definitivamente podemos ponernos no solo paredes sino montañas de protección frente a lo que consideramos “no-judío”, moderno, vulgar o peligroso para nuestra tradición y “verdad”. Así todo probablemente seremos salpicados y manchados de aquello mismo que estamos evitando ya que para evitarlo tenemos que saber qué es. En pocas palabras, no podemos evitar aquello que desconocemos. Pero podemos cometer el error de crear una nueva religión judía educando a las nuevas generaciones sólo en los textos escritos por judíos mientras que simultáneamente les decimos que no necesitan ir a una Universidad evitando así enseñarles quienes fueron Sócrates, Platón y Aristóteles (entre tantos otros grandes pensadores) privándolos de entender el pensamiento de Rabinos y pensadores judíos que se dedicaron a responder y conciliar las ideas no-judías como parte de su propia vida. Y aquí no hablo de Rabinos y pensadores oscuros o poco conocidos sino de judíos como Saadia Gaón, ibn Gabirol, Yehuda Halevi, ibn Daud, Bajia ibn Paquda, Maimonides, Gershonides, Hasdai Crescas, Abravanel y León Ebreo entre tantos otros. Ni que hablar de poder alguna vez entender a Spinoza -el último de los judíos medievales y el primero de los judíos modernos- quien definitivamente es la llave para entender la transición del mundo y pensamiento medieval judío al mundo moderno que hoy conocemos.

Resistirse al cambio no es lo que nos enseña el judaísmo. El Zohar (el compendio medieval más importante del misticismo judío) llama a sus enseñanzas-en un hermoso arameo- milin jadatin veatikin, literalmente palabras nuevo-antiguas. Lo antiguo y lo nuevo se fusionan en el judaísmo. El Estado Moderno de Israel es una continuidad de lo que siempre ha sido en el anhelo milenario del pueblo judío de retornar a la tierra prometida. Pero como volvimos a Israel en el siglo XX y no en la Edad Media, Israel es hoy el producto de algo completamente nuevo inspirado por un ideal completamente antiguo junto a la mezcla de judíos que regresaron de todas partes del mundo trayendo consigo milenios de interacción con otras culturas e idiomas. Israel en la modernidad es definitivamente una democracia y no una teocracia. Hay que adaptarse para abrazar esta idea.

Tal vez deberíamos preguntarnos. ¿cómo fue que el judaísmo se transformó desde sus raíces bíblicas hasta el sistema altamente desarrollado que conocemos hoy en día? ¿Qué ha cambiado y qué se ha mantenido constante? Las respuestas a estas preguntas son relevantes para todas las religiones, así como para cualquier persona que quiera ampliar su comprensión de la historia antigua en un pasado que está inexorablemente vinculado con el presente.

Las raíces del judaísmo claramente se remontan a la Tora. Durante miles de años los judíos hemos recurrido y seguimos recurriendo a estas escrituras como fuente de nuestros orígenes y hemos localizado en estos textos los principios de nuestra fe. La Tora nos ofrece tristezas y la alegrías, sabiduría y sobre todo, una profunda creencia en lo que Dios espera de nosotros y nos ha prometido.

A pesar que los judíos de todas las generaciones hemos reconocido y apreciado la Tora como la fuente última de toda la existencia judía, mucho de lo que hoy es reconocido como judaísmo no aparece en la Tora y ni siquiera en todo el TaNaJ (es decir la Biblia Hebrea o lo que los cristianos llaman el “Antiguo Testamento”).

Por ejemplo, el TaNaJ nos habla entre tantos individuos de 2 personajes centrales: los Cohanim y los Reyes. Pero si le preguntamos a cualquiera hoy quién es la autoridad central en la comunidad judía seguramente la respuesta sea “El Rabino”. Curiosamente cuando uno lee todo el TaNaJ en ningún momento se menciona a los Rabinos ni a la figura rabínica. Por lo tanto uno podría preguntarse ¿de dónde surgen los Rabinos? ¿Cuándo surgen los Rabinos? ¿Por qué surgen? y  ¿para qué surgen?

Y la respuesta es que cuando el Templo es destruido en el año 586 aC y los judíos son expulsados de la tierra de Israel, ciertas funciones desaparecen: los Cohanim vivían para el Templo y cuando el mismo es destruido este grupo ya no tiene nada para hacer. Por otro lado esta claro que un Rey sin monarquía o tierra no tiene mucho sobre que reinar. En ese momento crítico de la historia un grupo de judíos a quienes llamamos “prushim” o “fariseos” y que posteriormente serán llamados Rabinos, fueron los responsables de la supervivencia del judaísmo hasta la actualidad reemplazando el poder central del linaje de la casta sacerdotal por la sabiduría del conocimiento de la Ley judía. En pocas palabras hicieron 2 cambios espectaculares que aseguraron la continuidad y supervivencia del judaísmo: (1) suplantaron el sistema de sacrificios animales por uno temporal de plegarias que se remite a dichos sacrificios y que desea volver a Israel y volver a sacrificar animales en el Templo y (2) reemplazaron la noción de liderazgo de la comunidad basado en un linaje correspondiente a una casta sacerdotal hereditaria por otro en el cual el conocimiento o la sabiduría lo hace a uno líder del grupo creando así el concepto de Rabino o Maestro. Cualquiera que alcance una sabiduría que otros rabinos consideran digna, esa persona es llamada también rabino de acuerdo a lo que juzgan otros colegas suyos.

Así vemos que los primeros Rabinos eran judíos innovadores. No eran rígidos en sus posturas y comprensiones del judaísmo sino radicales y revolucionarios que intentaban ajustar y reformular el judaísmo de tal modo que pudiera respirar un nuevo aire haciéndolo significativo para aquellos que padecían la destrucción y desintegración de su pueblo con el fin del sistema de sacrificios de animales en el Templo y los nuevos gobiernos que ya no eran la monarquía de Israel sino los persas, los griegos y posteriormente los romanos.

¿Creen ustedes que las emociones de los judíos y sus prácticas no cambiaron con estos eventos? ¿Creen ustedes que el judaísmo no sufrió ninguna modificación cuando el Templo fue destruido? Si fuéramos judíos viviendo antes de la destrucción del Templo, Pesaj para nosotros no sería una cena ordenada siguiendo la lectura de la Hagadá que todavía no había sido escrita. Ni siquiera comeríamos guefilte fish. Pesaj sería para nosotros ir al Templo y darle al Cohen un animal para que lo asesine en nuestro nombre.

El poder del judaísmo y el desafío para muchas personas es sin duda el hecho que la reinterpretación convive con la aceptación profunda de las instrucciones originales de Dios con respecto a la práctica de nuestra fe.

Pero si lo que llamábamos “tradición judía” cambió con la destrucción del Primer Templo, sin dudas con la destrucción del Segundo Templo el judaísmo sufrió una remodelación y redefinición total completamente diferente con respecto a lo que se había desarrollado durante siglos antes de estos eventos.
De hecho luego de la destrucción del Segundo Templo el judaísmo nunca más volvería a ser el mismo.

Pero lo que vino después no fue un final, sino un comienzo. Las Sinagogas reemplazaron al Templo. La tefilá o plegaria emergió como una alternativa temporal al sacrificio de animales. Y el judaísmo rabínico con el tiempo se convirtió en el modelo institucional dominante de nuestra fe.

Pero esta evolución de un judaísmo que se iba reformando sucedió en medio de una tensión constante creada por dos fuerzas que aún compiten en la actualidad: continuidad y cambio.

Por un lado existe la creencia ferviente en la continuidad inalterada de la tradición y las Escrituras judías-una creencia claramente expresada en la formulación rabínica, “Todo lo que un estudiante está destinado a enseñar ya ha sido revelado a Moisés en el Sinaí”. (Talmud Ierushalmi Pea 2:6). De alguna manera lo que esta formulación nos está enseñando es que uno no arriba a las conclusiones de “la nada” sino que apoyándose en los escritos uno entiende algo y reconoce la fuente que lo inspiró. Y si esa comprensión que obtenemos es tan maravillosa y reveladora para nuestra propia vida entonces se nos impone la humildad de reconocer que debe pertenecerle a la tradición y no a nuestra efímera existencia.
Pero por otro lado los desafíos planteados por un mundo que cambia constantemente obligaron y obligan a adaptar las prácticas judías a las nuevas realidades sociales, culturales, políticas, religiosas e incluso geográficas con el fin de sobrevivir. Esto introdujo un constante proceso de innovación y cambio.

La conciencia de esta tensión entre continuidad y cambio ha estado siempre implícita en el judaísmo. De hecho la aceptación de esta tensión constituye el núcleo de una famosa leyenda contada por los propios rabinos. Los primeros Rabinos nos cuentan una historia que narra cómo a Moisés se le concedió el privilegio de visitar de incógnito -cientos de años después de su muerte- una clase en una yeshiva donde se estudiaba la Tora que él mismo había recibido de Dios en el Monte Sinaí. La clase la estaba dando Rabbi Akiva, el sabio judío más prominente del siglo II. Mientras Moisés escucha con emoción la discusión de la Tora, oye que Rabbi Akiva atribuye un tema particularmente difícil de responder como parte de una ley “dada a Moisés en el Sinaí”. Moisés se da cuenta que ni siquiera puede reconocer esta ley que está siendo discutida cuando la ley supuestamente había sido entregada a Moisés mismo. (Fuente: Menajot 29b).

Que los Rabinos hayan escrito una historia así y la hayan preservado solo puede enseñarnos una cosa: ellos sabían muy bien que el sistema legal sobre el que se construye todo el judaísmo ha sido reinterpretado de forma continua e incluso de manera innovadora para reflejar las realidades cambiantes del mundo en el que vivimos. Lo apasionante es que al mismo tiempo la ley se sigue entendiendo como revelada en su totalidad a Moisés en el Monte Sinaí sin necesidad de explicación o justificación. De hecho, la innovación y reinterpretación necesarias para hacer frente a las nuevas realidades nunca podría haber sido etiquetada como tal ya que eso hubiera roto los enlaces con la revelación divina en el Sinaí.

Las lecciones que los judíos tuvimos que aprender después de la destrucción del Primer Templo y la dispersión de nuestro pueblo por todo el Medio Oriente y el resto del mundo nos acompañaron a lo largo de toda la historia judía. Y estos desafíos se encuentran en el corazón de lo que el judaísmo es hasta el día de hoy.

¿Debemos hacer hincapié en la identidad étnica judía o en la distribución geográfica judía? ¿Debemos decir que somos realmente una religión o somos una forma de vida? ¿Debemos establecer esta “forma de vida” dondequiera que residamos del modo que el profeta Jeremías nos aconsejó o debemos restringirla a un solo punto geográfico siendo este lugar la tierra de Israel? ¿Cuánto de lo que somos es judaísmo “puro” sin interacción del mundo circundante? ¿Existe realmente algo así en la actualidad como “Judaísmo Verdadero“ que no haya sido afectado por la interacción con otras culturas? ¿Existe un judaísmo hoy que no posea nada de la interacción milenaria con otros pueblos a lo largo de todo el mundo? ¿Acaso no es el judaísmo el producto de tradiciones, valores y practicas consolidadas a partir de la interacción con otras culturas, tradiciones e idiomas?¿Qué vamos absorbiendo de cada lugar al que llegamos? y en forma inversa ¿qué absorbe de nosotros el lugar al que llegamos y la gente que allí vive? ¿Cuánto de lo que pensamos y hacemos es producto de la asimilación de las culturas a las que históricamente fuimos llegando? Sin un gobierno común, sin un lenguaje en común y sin una tierra en común durante toda la experiencia milenaria judía, ¿tenemos los judíos una historia o múltiples historias? O para decirlo de otro modo, ¿hay algo en común entre un judío que vivía bajo la dominación del Rey David en Jerusalem y un judío viviendo hoy en la comunidad judía de Hong Kong por ejemplo? Los judíos viviendo en el siglo XXI en Argentina, ¿tienen algo en común con el Rey Saúl, David, Salomón y todos esos nombres que leemos de la Biblia? ¿Existe una cultura judía inalterada o por el contrario existen culturas judías afectadas por la historia?

En otras palabras, ¿realmente no ha cambiado nada en el judaísmo?

Para finalizar volvamos una vez más a los dos argumentos errados que presentamos al principio. Espero que hayamos podido entender que (a) el judaísmo ha cambiado en repetidas ocasiones y (b) el judaísmo Ortodoxo y los judíos Ortodoxos no necesariamente practican el mismo judaísmo que Moisés o Maimonides practicaban ni lo que ellos mismos llamaban “tradición judía”.

Lo que algunos judíos Ortodoxos creen y hacen (aunque paradójicamente el judaísmo Ortodoxo no requiere eso de ellos) es pretender que nada ha sido alterado, que el ser humano sigue siendo el mismo de siempre y que todo ha sido siempre igual. Incluso algunos imaginan que las preguntas del hombre moderno siguen siendo las mismas que del hombre antiguo o medieval. Podemos hacer esto ya que del mismo modo que podemos fantasear o imaginar nuestra muerte o nuestra inexistencia en el mundo podemos también imaginar que los judíos hace mil años se hacían exactamente las mismas preguntas que hoy y tenían los mismos desafíos. Definitivamente la realidad sigue superando a la ficción. Pero tenemos la posibilidad y capacidad de ponernos ese chip en la cabeza y como los locos creer lo que queramos creer. No es fácil cambiar ni abrazar la incertidumbre.

Es cierto que si cambiamos toda la tradición de la noche a la mañana -del modo que los primeros Reformistas lo hicieron- vamos a evaporarnos muy rápidamente. Pero por otro lado, si no aceptamos el cambio corremos el riesgo de momificarnos y terminar vistiéndonos como lo hacían los judíos de una pequeña parte de nuestra milenaria historia en la fría Rusia, aún cuando vivamos bajo los 35 grados de un caluroso verano en Jerusalem. (¿Tal vez en Jerusalem deberíamos adoptar una tradición más antigua o “verdadera” que la de los judíos que vivieron en Rusia y vestirnos como lo hacían los judíos Medievales en España con túnicas, turbantes y prendas de lino más cómodas para enfrentar otras condiciones climáticas?).

El judaísmo del año 2012, en cualquiera de las denominaciones, es diferente al judaísmo de los siglos pasados. Eso es así porque el tiempo cambia la historia y la historia inevitablemente cambia al judaísmo también, más allá que esto nos guste o no.

Como pueden observar, en todo este aspecto soy provocativo para algunos cuando definitivamente creo que el Pueblo Judío no es solamente el “pueblo elegido” sino que es “el pueblo que elige”. Y con esto quiero decir que este es un pueblo que, más allá que Dios lo designó como algo especial en la Tora, ha decidido asignarse a sí mismo el rol de ser una luz para la naciones y elegir siempre la vida, la continuidad, la ética, los valores, la moral, la justicia, el trabajo, la responsabilidad, el compromiso, la continuidad de su historia y la necesidad de generar cambios con el objetivo no solo de sobrevivir sino prosperar en la misión de esforzarse para cada día hacer del mundo un lugar mejor aproximándolo a la era mesiánica.

En tanto a través de nuestra propia libertad responsable somos un pueblo que elige continuar incluso si debemos cambiar y adaptarnos para seguir adelante.

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Posted by on March 6, 2017 in Uncategorized