Los errores, ocurrirán; arreglarlos para que no se repitan es el desafío de la teshuvá.
Todos cometemos errores. La Torá está llena de personas, grandes personas, que cometieron errores.
El mismo Moisés cometió errores. No se le permitió entrar a la Tierra de Israel debido a ellos.
Nuestros antepasados fueron humanos, hechos de carne y hueso. De hecho, lo que los hizo grandes no fue que llevaran una vida perfecta, sino que aprendieron de sus errores. Cuando cayeron, se levantaron y continuaron el camino hacia Dios.
¿Qué quiere Dios de nosotros cuando cometemos errores?
Teshuvá. La palabra teshuvá significa “retorno”. A menudo se traduce erróneamente como “arrepentimiento”. Cuando Dios nos pide que hagamos teshuvá, Dios nos pide que regresemos.
VOLVER A LO FAMILIAR
Si vuela “de regreso” a Chicago, sale de su casa y vuela a Chicago. Después de completar su estadía, usa su boleto de regreso para tomar un avión para regresar a casa. Regresar significa retornar a algún lugar en el que has estado antes, a un lugar familiar.
Teshuvá significa que regresamos al camino que Dios nos puso cuando nacimos, el camino que nuestras almas conocen como el camino de regreso a casa, el camino de la bondad, de convertirnos en una mejor persona.
Hay diferentes tipos de teshuvá, siendo que hay diferentes tipos de errores. Algunos son muy graves y pueden haber desviado toda la vida de una persona. Aquí estamos hablando de los errores de la vida cotidiana que a menudo nos hacen sentir mal con nosotros mismos y perjudican nuestra relación con los demás y con Dios.
Todos cometemos tales errores. Todos sabemos que cuando nos desviamos, racionalizamos, torcemos la verdad, evitamos el esfuerzo e ignoramos lo que es realmente importante y significativo en nuestras vidas. A menudo sabemos en ese momento que lo que estamos haciendo está mal, pero estamos atrapados y distraídos, o nos convencemos de que de alguna manera lo que hacemos en ese momento está bien.
Dios lo comprende. Todos los que tienen hijos no esperan que sean perfectos. Sabes que a medida que crezcan cometerán errores. Incluso cuando les dices que no hagan algo que los perjudique y lo hacen de cualquier manera.
¿Cómo quieres que se sientan cuando se equivocan? ¿Abrumados para siempre por la culpa? ¿Terrible consigo mismos? Por supuesto que no! Quiere que reconozcan que cometieron un error, que se arrepientan, que lo enmienden si es necesario, que aprendan de ello para que no se repita, y que continúen.
La culpa no es una idea judía porque la culpa es paralizante y ensimismada. El punto de vista judío es utilizar los errores para crecer.
Dios es nuestro Padre Celestial. Él no quiere que seamos abrumados por la negatividad y el desprecio por nosotros mismos cuando cometemos errores. Cuando tomamos las decisiones equivocadas en la vida, deben verse como oportunidades de crecimiento, no como cadenas y grilletes que nos pesen para siempre.
Maimónides establece los pasos para la teshuvá. Cuando cometemos un error, debemos ir por el proceso paso a paso. El resultado es perdón y crecimiento.
Paso 1: Detente.
Detenga cualquier acción destructiva en la que esté involucrado. Si, por ejemplo, está perdiendo los estribos con los demás, deténgase.
Paso 2: Arrepentimiento.
De hecho, debería arrepentirse de su error. Está mal perder la paciencia ya que es probable que lastime a otros al hacerlo. Debería lamentar el daño que causó.
Paso 3: Verbalizar.
Explique su arrepentimiento en voz alta a Dios. Esto no tiene que hacerse en la sinagoga, y no tiene que estar en hebreo. Habla con Dios al menos en un susurro audible, no solo en tu cabeza; por supuesto, Dios ya lo sabe, pero tú necesitas escucharlo. Dígale que lamenta todo lo que hizo mal. Si sus acciones dañaron a otras personas, entonces tiene que enmendarlo. Después de perder los estribos, debes acudir a tu amigo/a y pedirle perdón.
Paso 4: Haz un plan.
¿Cómo puede estar seguro de que el error no volverá a ocurrir? Haz un plan de acción práctico. Si sabe que ciertos temas son fuente de conflicto entre usted y su amigo/a, tal vez sea conveniente hacer un pacto para evitar estos temas por el bien de la paz.
La finalización de estos pasos se llama teshuvá gamurah o “retorno completo”. Ocurre cuando Dios te ubica en la misma posición en la que estabas antes de haber cometido el error.
En nuestro ejemplo de perder los estribos con un amigo/a, sería algún tiempo después, cuando el tema delicado vuelva a surgir. Si usted se mantiene en silencio y no se deja arrastrar a una discusión, habrá alcanzado la teshuvá completa.
Una vez hayas completado la teshuvá, Dios acepta tu regreso y, en la película de tu vida, esos errores se eliminan. En Rosh Hashaná y Yom Kipur, cuando Dios revisa tu año de pensamientos y acciones, simplemente no ve esos errores.
Es por causa del amor de Dios por nosotros que nos da este método para volver al camino. Deja atrás la culpa, la vergüenza, la vergüenza y la negatividad. Déjalos ir y vuelve.
First published in 1939 in the book titled Alcoholics Anonymous, the Twelve Steps were developed by the founders of AA as a method of recovery from alcoholism. It has since been adapted to address a myriad of compulsive and obsessive behaviors ― either addiction to substances like narcotics, or a process, such as gambling.
More than 50 different programs have evolved during the past 70 years, with millions of people across the globe having directly benefited from 12-step recovery.
Because much of 12-step recovery exists within the confines of anonymous group meetings, it’s difficult to evaluate in a controlled, peer-review process. Therefore, some in the medical and scientific communities are hesitant to testify to ifs effectiveness over other, more clinical approaches. However, ask most people who have spent significant time in the “rooms of recovery” and they will tell you they didn’t stand a chance to succeed prior to engaging in twelve-step help.
Judaism has been teaching 12 steps for 3,000 years.
Interestingly, the Twelve Steps is built on a paradigm of self growth that Judaism has been teaching for 3000 years.
The first thing that sticks out upon delving into the Twelve Steps is that the addictive behavior is mentioned only once ― in Step One: “We admitted we were powerless over fill in the blank ― that our lives had become unmanageable.” No where else do the steps directly speak about the compulsive habit, for the founders of AA understood addiction to be a three-fold disease:
Physical: intense cravings.
Emotional: using the behavior as a medication and distraction for dealing with challenging issues in life.
Spiritual/intellectual: Not accessing God to help arrest the behavior; stubbornly thinking I can do it on my own.
Therefore, the solution needs to include these three aspects of recovery:
Physical: a complete cessation from the action.
Emotional: developing healthy coping skills to address difficult situations.
Spiritual/intellectual: Humbly understanding that I am powerless over this behavior and asking God to do for me what I can not do for myself.
The sages have taught that this prototype is the foundation for both individual and global existence.
“Shimon the Righteous says: the world stands on three things – on Torah (spiritual/intellectual), on service (physical) and on kind deeds (emotional).” Ethics of our Fathers, 1:2. The process of teshuva (self-growth and repentance) is rooted in these three pillars of our being.
Intellect can be directed either toward arrogance, or humility (and connection with the Creator).
Emotions can serve jealousy and selfishness, or loving-kindness and caring for others.
Physical instincts can be let loose toward lust and self indulgence, or restrained and channeled for a higher purpose.
“Rabbi Elazar HaKapper says: jealousy, lust and arrogance remove a person from the world,” Ethics of our Fathers, 4:28.
Judaism teaches us that a person has three ongoing relationships at which he must excel: 1. with himself; 2. with others; 3. with God.
A relationship with self means an honest assessment of my character strengths and defects, awareness of my purpose for living, and taking responsibility for my actions.
A relationship with others translates into fulfilling my unique role in this world, how I can benefit others, and being aware of the impact I have on those with whom I have contact.
A relationship with God connects me to the Infinite Power in this world, tapping into ultimate pleasure and allowing me to humbly see my place in the grand scheme of creation.
STEPS ONE TO THREE
Looking through this prism, we can see how the Twelve Steps address these three relationships in the recovery process.
Step one: “We admitted we were powerless over fill in the blank ― that our lives had become unmanageable.”
Step two: Came to believe that a Power greater than ourselves could restore us to sanity.
Step three: Made a decision to turn our will and our lives over to the care of God as we understood Him.
The steps begin with an intense self awareness and admission as to the root of the problem ― an inability to change the behavior through willpower alone, and acknowledging the consequences of my conduct (step one: man’s relations to self).
Steps two and three transition to man’s relationship with God, first recognizing that the Creator of the Universe can in fact change my behavior (step two) if I take the requisite actions (step three). Simply put: “I can’t. He can. I think I’ll let Him.“
Some erroneously argue that admitting powerlessness runs contrary to Judaism’s characterization of free will ― “If I truly set my mind to something, I will be able to conquer any challenge.”
The Talmud, however, tells us just the opposite. We are taught that a person’s yezter hara (evil inclination) grows stronger and renews itself every day. And without God’s help, we are powerless to overcome it. (Kidushin 30b)
A fundamental Jewish tenet is that everything is in the hands of the Almighty except for fear of Heaven (Berachot 33b). The sole autonomy we possess in this world is perception (yireh)- – to see ourselves in relation to the Creator of the Universe, with the subsequent awe that results from that observation. We have the freedom of choice, but it’s entirely up to the Almighty to allow that choice to successfully develop into action.
The disease of addiction is nothing less than the yezter hara, the lower self, as it manifests in those people given this particular challenge in life. Without God’s help, we are truly powerless.
STEPS FOUR TO SEVEN
Step four: Made a searching and fearless moral inventory of ourselves.
Step five: Admitted to God, to ourselves, and to another human being the exact nature of our wrongs.
Step six: Were entirely ready to have God remove our shortcomings.
Step seven: Humbly asked Him to remove our shortcomings.
The recovery process continues with a courageous and comprehensive personal inventory (cheshbon hanefesh). Step four focuses on, among other things, the challenges of arrogance, selfishness, and indulgence that are often found in an addict while in the throes of compulsive behavior.
Acknowledging these character defects to ourselves, to God and talking them out with another person well versed in recovery is critical in correcting the conduct. This is not confession, or seeking absolution, as some mistakenly conclude. Rather, it’s a three-fold method of identifying and concretizing specific flaws in order to construct an effective action plan. It’s anything but lip service.
Spiritual accountability is a bedrock in Judaism for character development. Working with a partner (chavrusa), or a rabbi to speak out issues and devise strategies for improvement is an encouraged practice (steps four and five: man’s relationship to self).
In steps six and seven we again see a transition to man’s relationship with God. We recognize that He is the source of success in achieving our spiritual growth and we are enjoined to be proactive in requesting that assistance.
STEPS EIGHT TO TEN
Step eight: Made a list of all persons we had harmed, and became willing to make amends to them all.
Step nine: Made direct amends to such people wherever possible, except when to do so would injure them or others.
Step ten: Continued to take personal inventory and when we were wrong promptly admitted it.
How can we ask God to forgive us if we’re not accountable for our actions?
Responsibility for our interactions with others is clearly delineated in these three steps. Addictive behavior can take a toll on people far and near the addict. Recovery is in large part a healing process, not only within ourselves, but for any relationship we may have adversely affected.
The universal custom for Jews to identify schisms with those close to us and to ask for forgiveness is a staple of our pre-Yom Kippur activities. How can we ask our Creator to forgive us if we’re not willing to be accountable for our actions with others?
STEPS 11 AND 12
Step eleven: Sought through prayer and meditation to improve our conscious contact with God as we understood Him, praying only for knowledge of His will for us and the power to carry that out.
Step twelve: Having had a spiritual awakening as the result of these steps, we tried to carry this message to alcoholics/drug addicts/compulsive overeaters/compulsive gamblers etc..and to practice these principles in all our affairs.
The steps culminate in collective responsibility to continue investing in our individual connection with God, as well as our communal obligation to use our recovery to help others. Simply put: “You can’t keep it unless you give it away.” As Maimonides teaches, the highest level of fulfilling the mitzvah to Love God is to enable others to do the same.
We see a synopsis of our three-fold relationships in these final two steps. Strong, long-term recovery requires a consistent focus on physical abstinence from the addictive substance or behavior, as well as continual attention to emotional and spiritual growth. Complacency is a capital crime when it comes to addiction.
In truth, it’s a fatal sentence for all of us, addicts or not. The only guarantee we have in this life is death, and therefore every moment is a precious opportunity for growth. This realization, perhaps, flattens a final roadblock some might encounter before engaging in 12-step recovery.
“I already have a religion, I don’t need this. It’s not from a Jewish source.“
The founders of AA were extremely careful to distance this process from any organized religion for fear of turning away an alcoholic that might otherwise benefit. They understood that only through a physical, emotional and spiritual course of action could one attain life-long recovery from the dreaded disease of addiction.
As Jews, this certainly resonates with us. Not, God forbid, as a substitute for our mitzvah observance. But rather as a tool to enhance our Jewish practice and relationship with the Almighty. Does Judaism by itself possess the necessary tools for self growth and improvement? Absolutely!
However, addicts can certainly benefit from a process designed specifically to address the immense challenge that for so long has baffled so many. Numerous Jews who have entered the rooms of recovery battling multitude addictions testify to the betterment of their Jewish observance by the removal of the cloud of compulsive behavior.
¿Tu nombre te define? ¿Sabes lo que significa tu nombre? ¿Considerarías un objetivo estar a la altura del significado de tu nombre? Mi nombre en inglés es Stacey, cuyo significado no se puede imprimir en una revista judía. Basta decir que descubrí el significado durante una clase de gramática griega antigua en la que el profesor nos introdujo en la terminología griega de ciertos conceptos clave de una religión occidental que se separó del judaísmo al comienzo de la era común. Mi nombre hebreo es Zisel Nechama, dulce consuelo. Este es mi desafío, mi objetivo: ¿cómo puedo estar a la altura de este nombre? A veces es mucho más fácil ser Stacey.
Sarah, la madre del pueblo judío, tenía tres nombres. Mucha gente está familiarizada con su nombre anterior a Isaac, Sarai. Tanto Sarai como Sarah significan princesa. Di-s cambió los nombres de Sara y Abraham, agregando la letra hebrea “hey” a ambos, como parte de su renovación espiritual al convertirse en padres del pueblo judío.
La mayoría de las personas desconocen el tercer nombre de Sarah, Yiscah. Entre las listas de genealogías al final de la porción de la Torá de Noé, que leímos hace dos semanas, se nos presenta por primera vez a Sara, conocida entonces como Sarai. La Torá nos dice: “Y Avram y [su hermano] Nacor tomaron para sí esposas. El nombre de la esposa de Avram era Sarai, y el nombre de la esposa de Nahor era Milkah; la hija de Harán: padre de Milca y padre de Yiscah ” (11:29). ¡En virtud del quiasmo literario, parece que Sarai es equivalente a Yiscah! (El nombre Yiscah fue transpuesto por primera vez al inglés por Shakespeare en “El mercader de Venecia” como el personaje de Jessica.)
Los rabinos preguntan, ¿por qué se llama Yiscah; un nombre que aparece solo una vez en toda la Biblia? Su respuesta se basa en la definición etimológica de su nombre. El nombre Yiscah tiene en su interior las letras hebreas que significan “ver” o “ver”. Los rabinos nos dicen que Sara vio con la ayuda de la inspiración divina; ella era una profetisa, la primera mujer profeta en la Torá.
Aunque nos enteramos hace dos semanas que Sarah era una profetisa, no vemos su profecía en acción hasta esta semana, en la porción de Vayeira. Después que Sara da a luz y desteta a Isaac, se siente perturbada por lo que ve en sus interacciones con Ismael, el hijo de su sierva Agar, que le dio a Abraham antes de que pudiera concebir. Ella le dice a Abraham que Agar e Ismael deben ser expulsados de la casa. Esto es comprensiblemente muy difícil para Abraham; ¿Cómo puede abandonar a la madre de su primogénito? Di-s interviene y le dice a Abraham: “No consideres esto malo a tus ojos a causa del niño y tu esclava. En cuanto a todo lo que te diga Sara, escúchala, porque [sólo] a través de Isaac se considerará tu semilla la semilla ”(21:12). El respaldo de Di-s a las palabras de Sarah muestra que ella no era simplemente una madre preocupada por su propio hijo individual. Más bien, ¡era una profetisa preocupada por el futuro del pueblo judío!
El Maharal de Praga (filósofo judío del siglo XVI) formula una pregunta asombrosa sobre el uso del nombre de Sarah en estos dos pasajes. Pregunta si no hubiera tenido más sentido que el nombre Yiscah, que implica profecía, se hubiera usado en el pasaje anterior en lugar de en la lista de genealogías. ¿No habría tenido esto más sentido, tanto en términos de dar una comprensión más clara de la primera oración como de fortalecer la postura profética de esta oración?
El Maharal resuelve este problema con una visión asombrosa del carácter de Sarah y el significado de sus nombres. La Torá en realidad nos está dando un mensaje muy importante sobre nuestros antepasados espirituales al elegir estos nombres. Al usar el nombre de Yiscah tan temprano en las genealogías mientras se refiere a ella como la hija de Harán, sin relación con su función como esposa de Abraham, la Torá nos dice que Sara tenía su propia relación única con Di-s independiente de la conexión de Abraham con el Todopoderoso. Ella era una profetisa por derecho propio mientras todavía se la conocía simplemente como la hija de Harán, ¡antes de ser la esposa de Abraham! Abraham (que significa “padre de una gran nación”) e Yiscah / Sarah (“Princesa profética”) fueron dos buscadores individuales de Di-s en un mundo de idólatras. Se conocieron como poderes espirituales iguales que se unieron de tal manera que causaron una revolución espiritual monoteísta en todo el mundo y llegando a innumerables generaciones de la humanidad.
A medida continuamos beneficiándonos de las contribuciones de Sarah como princesa profética, podemos estar agradecidos que haya podido estar a la altura de su nombre. Me da un “dulce consuelo” saber que mi nombre no tiene metas tan elevadas y de largo alcance. Simplemente necesito relacionarme con los que me rodean. A través de la inspiración de Sarah, que todos luchemos por estar a la altura de nuestros nombres.
In 2006 I was in Jerusalem for a three week seminar for educators at Yad Vashem (which means a name/memorial) on the murder of Jews between 1935 and 1945. Yad Vashem is an international memorial to the victims of the Shoah containing a museum, a library, an education center, two art galleries, an administration building, a publishing house, a striking tree-lined avenue dedicated to the righteous gentiles who saved Jews during the Shoah, and a research center, all on a hill (a crag in fact!) which overlooks the city of Jerusalem. Popes John Paul and Benedict made it part of their pilgrimages to the Christian holy sites in Israel.
Yad Vashem is a haunting place as no other site in Israel is. Its competition in my mind is the Wall of Herod’s Temple, a place where this world meets another and you stand in both at the same time. I visited the Wall in the Old City three times to pray for the people of Israel and the land, and to pray for my family. Why was I there? I could not afford to go as a tourist or a pilgrim, so I was there as a seventy year old student on a grant. I wanted to learn more about the Shoah, its causes and its effects, an event and experience that has haunted me since I was a ten year old in 1945.
Why the Jews? That’s what I thought about as a ten year old watching the films of the camps and the Nuremberg trials in a theatre on Westchester Square in the Bronx. Every time over seventy years, when I have met a Jew that question hit me. That is the question that I carried for decades and which brought me, finally, to Yad Vashem and its seminar room.
Why the Jews?
What did the Yad Vashem scholars have to say?
Was there anti-Judaism in the Roman empire? Yes – a hundred years before the birth of Christianity and two hundred years before that in Egypt. The Romans’ attitude toward Jews was markedly ambiguous. On one side there was fascination and admiration. For many Roman “seekers” Judaism’s monotheism represented a particularly attractive religious and ethical practice. Judaism was a commanding witness to the One who demands justice for all. But at the same time in the popular mind Jews were thought to be arrogant, greedy, treacherous, exclusive and misanthropic, aliens in every town and in the empire itself, whose loyalty was always suspect. Above all they would only worship “the Holy One.”
Christians added to the stock xenophobia a religious hatred perhaps born in the moment of Christian origin: Jews killed the Messiah. Medieval Catholicism‘s rejection of Jews on religious grounds carried with it legal measures meant to fix Jews in the status of a social underclass, to determine where and how they could live, to restrict the sorts of jobs they could do, to mark them as now marginal to the history of salvation, to leave them at the mercy of the mob. The massacres of first Crusade (1097-98 CE) left no doubt as to the helplessness of Jews and the murderous intent of a Christian army.
Modern European anti-Judaism was continuous with the ancient Christian hatred but took a radical turn in the 19th century with the “scientific” invention of a theory of racialism. There was no racism in the old Christian anti-Judaism. In what must strike us as an irony, the 18th century Enlightenment gave Jews the rights of citizenship while Nationalism in the 19th questioned Jewish loyalty. The nations of the West had their question: Are you one of us? Are you from our stock – or are you a lesser sort of human being? You can be one of us but at a price: cultural assimilation. And so there arose the threat of elimination of Judaism at the moment of the Jew’s liberation. In the United States assimilationist pressures were reduced by the establishment of several new Judaisms which allowed Jews to belong to a Jewish community and yet be integrated into the new American land of promise. Like Catholics, Jews in America found ways of having their cake and eating it too.
Many Jews were moved by the egalitarianism and universalism of the Enlightenment ideals, and so headed in the direction of socialism and Marxism – both of which transcended nationalism and demanded egalitarian community, at least in theory. Both Catholics and Jews had trouble with the Enlightenment and modernity. Catholics struggled with the ideology of modernity and its threat to hierarchy and traditionalism, the result being the Fortress Church of Pius IX and Pius X while Jews fought among themselves, trying to defend their families and synagogues against assimilationist and nationalist pressures. In fact, looking back now, it seems that Fortress Catholicism and Jewish Orthodoxy had more in common than they knew, especially in their responses to modernity.
What does it mean to be a Jew?
Modernity hit the Jewish communities with basic questions: what is Judaism, who is a Jew? What is essential to the community’s life? Is Judaism a dispersed nation – a nation spread out among the nations? Is it a faith? Does Judaism demand certain religious beliefs? Is it mainly a religion – or a social practice and a particular form of memory ? Or, is it that mysterious thing, a race? In Christendom there was only one human race, descended from Adam and Eve, but in the dark side of modernity “race” was a matter of blood, and there was no human race embracing all.
In the nineteenth century biblical monogenesis was a taken to be superstition. No one who knew anything believed that the Genesis account of human origins in an original couple is true! And so there were human races: Caucasian, Aryan, Negroid, Asian, and Semitic. Were the Jews a race, and if so, just how human were they? Hitler was quite sure that they were in fact a race and one so inferior to the Aryan race that they were to be denied humanity altogether. Jews were untermenschen. They could have NO national identity and, since they were not Aryans, they could not belong to the German nation. They were to be extruded. They were “cosmopolitan” and so posed a threat to nations which demanded loyalty based on blood. By their mongrel racial status and sexual rapacity they threatened the purity of the higher races.
Hitler added an element from his reading in the arcane and esoteric literature of anti-Judaism, including the infamous Russian forgery, The Protocols of the Elders of Zion.[1] To complete his myth of struggle between the highest and the lowest in the list of races he added the belief that Jews made two great historical incursions into Western culture in order to destroy it. The Jews are always at work to sabotage superior races – they are a parasite race in his conviction. Once in the advent of Christianity in the Roman Empire and once again in the form of Soviet Bolshevism, Jews assaulted western culture under a guise. Christianity, the Catholic Church especially, is a gentile form of Judaism and the Russian revolution was fomented and led by Jews. These must be destroyed if Aryans are to achieve their proper racial dominance.
Hitler thought himself thoroughly modern and practical. Richard Wagner, one of his heroes whose essay on “The Jewish Problem” Hitler admired, thought and worried about the Jews while Hitler himself acted. He killed well over 6 million Jews, plus male homosexuals, gypsies and several million Soviet captives and a million or so Polish Catholics, eleven million altogether, and this figure does not include the 20,000,000 Soviet citizens he killed in Operation Barbarossa, and the millions more untermenschen he killed in central and western Europe. He didn’t kill all the Poles. He ignored some homosexuals and gypsies, but he wanted to kill every Jew alive. So deep was his hatred that his last words before killing himself pleaded with the leaders of the West to finish the destruction of Jews.
Hitler answered the question, Why the Jews?, by identifying Jews as a racial virus. They must be exterminated if the human races are to survive and prosper. Thus, for him the “real” (Nazi) history is the story of the struggle of the highest of humanity (Aryans) against the lowest (Jews). Recall now the chant at Charlottesville in 2018: “The Jews will not replace us!” The myth lives.
So we are faced with two quite distinct answers to the question, Why the Jews? The historian’s answer is that anti-Judaism in the West combines classical xenophobia with the Christian charge of deicide. Hitler’s answer is expressed in an elaborate theory of race with a veneer of Manichaean apocalyticism. As I stood at the Wall and felt the Presence of the Holy One, so I stood in the Museum at Yad Vashem and felt the absence of life and being, the black hole at the heart of humanity pulling life and being into nothing. What is there to be understood about that? It is absurd, a brute fact and nothing more.[2] I should have asked “Why the Nazis?”
En 2006, estuve en Jerusalén para un seminario de tres semanas para educadores en Yad Vashem (que significa mano y nombre) sobre el asesinato de judíos entre 1935 y 1945. Yad Vashem es un monumento internacional a las víctimas de la Shoah que contiene un museo, una biblioteca, un centro educativo, dos galerías de arte, un edificio administrativo, una editorial, una impresionante avenida arbolada dedicada a los gentiles justos que salvaron judíos/as durante la Shoah, y un centro de investigación, todo en una colina (un peñasco en hecho!) que domina la ciudad de Jerusalén. Los papas Juan Pablo y Benedicto lo hicieron parte de sus peregrinaciones a los lugares sagrados cristianos en Israel.
Yad Vashem es un lugar inquietante como ningún otro sitio en Israel. En mi mente, su competencia es el Muro del Templo de Herodes, un lugar donde este mundo se encuentra con otro y tú estás en ambos al mismo tiempo. Visité el Muro en la Ciudad Vieja tres veces para orar por el pueblo de Israel y la tierra, y para orar por mi familia. ¿Por qué estuve allí? No podía permitirme ir como turista o peregrino, así que estuve allí como un estudiante de setenta años con una beca. Quería aprender más sobre la Shoah, sus causas y sus efectos, un evento y una experiencia que me ha perseguido desde que tenía diez años en 1945.
¿Por qué los judíos? En esto pensaba cuando tenía diez años viendo las películas de los campos y los juicios de Nuremberg en un teatro en Westchester Square en el Bronx. Cada vez durante setenta años, cuando he conocido a un judío, esa pregunta me golpea. Esa es la pregunta que llevé durante décadas y que me llevó, finalmente, a Yad Vashem y su sala de seminarios.
¿Por qué los judíos?
¿Qué tenían que decir los eruditos de Yad Vashem?
¿Hubo antijudaísmo en el imperio romano? Sí, cien años antes del nacimiento del cristianismo y doscientos años antes en Egipto. La actitud de los romanos hacia los judíos fue marcadamente ambigua. Por un lado había fascinación y admiración. Para muchos “buscadores” romanos, el monoteísmo del judaísmo representaba una práctica religiosa y ética particularmente atractiva. El judaísmo fue un testimonio imponente de Aquel que exige justicia para todos. Pero al mismo tiempo, en la mentalidad popular, se pensaba que los judíos eran arrogantes, codiciosos, traidores, exclusivos y misantrópicos, extraterrestres en cada ciudad y en el imperio mismo, cuya lealtad siempre estaba suspendida. Sobre todo, solo adorarían al “Santo”.
Los cristianos añadieron al stock de la xenofobia un odio religioso quizás nacido en el momento del origen cristiano: los judíos mataron al Mesías. El rechazo del catolicismo medieval a los judíos por motivos religiosos trajo consigo medidas legales destinadas a fijar a los judíos en el estado de una clase social inferior, para determinar dónde y cómo podrían vivir, para restringir el tipo de trabajos que podían hacer, para marcarlos como ahora marginal a la historia de la salvación, para dejarlos a merced de la turba. Las masacres de la primera Cruzada (1097-98 EC) no dejaron ninguna duda en cuanto a la impotencia de los judíos y la intención asesina de un ejército cristiano.
El antijudaísmo europeo moderno continuó con el antiguo odio cristiano, pero dio un giro radical en el siglo XIX con la invención “científica” de una teoría del racismo. No había racismo en el antiguo antijudaísmo cristiano. En lo que debe parecernos una ironía, la Ilustración del siglo XVIII otorgó a los judíos los derechos de ciudadanía, mientras que el nacionalismo en el XIX cuestionó la lealtad judía. Las naciones de Occidente tenían su pregunta: ¿Eres uno de nosotros? ¿Eres de nuestra estirpe o eres un ser humano menor? Puedes ser uno de nosotros pero a un precio: asimilación cultural. Y así surgió la amenaza de eliminación del judaísmo en el momento de la liberación del judío. En los Estados Unidos, las presiones asimilacionistas se redujeron con el establecimiento de varios nuevos judaísmos que permitieron a los judíos pertenecer a una comunidad judía al injertarse en la nueva tierra prometida en Estados Unidos. Al igual que los católicos, los judíos estadounidenses encontraron formas para “comerse su pastel.”
Muchos judíos se sintieron movidos por el igualitarismo y el universalismo de los ideales de la Ilustración, y así se encaminaron en la dirección del socialismo y el marxismo, los cuales trascendieron el nacionalismo y exigieron una comunidad igualitaria, al menos en teoría. Tanto los católicos como los judíos tuvieron problemas con la Ilustración y la modernidad. Los católicos lucharon con la ideología de la modernidad y su amenaza a la jerarquía y el tradicionalismo, el resultado fue la Iglesia fortaleza de Pío IX y Pío X, mientras que los judíos lucharon entre ellos, tratando de defender a sus familias y sinagogas contra las presiones asimilacionistas y nacionalistas. De hecho, mirando hacia atrás ahora, parece que el catolicismo fortaleza y la ortodoxia judía tenían más en común de lo que sabían, especialmente en sus respuestas a la modernidad.
¿Qué significa ser judío?
La modernidad golpeó a las comunidades judías con preguntas básicas: ¿qué es el judaísmo, quién es judío? ¿Qué es esencial para la vida de la comunidad? ¿Es el judaísmo una nación dispersa, una nación esparcida entre las naciones? ¿Es una fe? ¿El judaísmo exige ciertas creencias religiosas? ¿Es principalmente una religión, o una práctica social y una forma particular de memoria? ¿O es esa cosa misteriosa, una carrera? En la cristiandad solo había una raza humana, descendiente de Adán y Eva, pero en el lado oscuro de la modernidad, la “raza” era una cuestión de sangre, y no había una raza humana que lo abarcara todo.
En el siglo XIX, la monogénesis bíblica se consideraba superstición. ¡Nadie que supiera algo creía que el relato de Génesis sobre los orígenes humanos en una pareja original es cierto! Y entonces había razas humanas: caucásicas, arias, negras, asiáticas y semíticas. ¿Eran los judíos una raza y, de ser así, cuán humanos eran? Hitler estaba bastante seguro de que eran, de hecho, una raza y tan inferior a la raza aria que se les negaría la humanidad por completo. Los judíos eran untermenschen. No podían tener NINGUNA identidad nacional y, como no eran arios, no podían pertenecer a la nación alemana. Debían ser destruidos. Eran “cosmopolitas” y, por lo tanto, representaban una amenaza para las naciones que exigían una lealtad basada en la sangre. Por su estatus racial mestizo y su rapacidad sexual amenazaban la pureza de las razas superiores.
Hitler agregó un elemento de su lectura en la literatura arcana y esotérica del antijudaísmo, incluida la infame falsificación rusa, “Los Protocolos de los Sabios de Sión.” [1] Para completar su mito de la lucha entre los más altos y los más bajos en la lista de razas, agregó la creencia de que los judíos hicieron dos grandes incursiones históricas en la cultura occidental para destruirla. Los judíos siempre están trabajando para sabotear las razas superiores; son una raza parásita en su convicción. Una vez en el advenimiento del cristianismo en el Imperio Romano y una vez más bajo la forma de bolchevismo soviético, los judíos atacaron la cultura occidental bajo una apariencia. El cristianismo, especialmente la Iglesia católica, es una forma gentil de judaísmo y la revolución rusa fue fomentada y dirigida por judíos. Estos deben ser destruidos si los arios quieren lograr su dominio racial adecuado.
Hitler se consideraba completamente moderno y práctico. Richard Wagner, uno de sus héroes cuyo ensayo sobre “El problema judío” Hitler admiraba, pensaba y se preocupaba por los judíos mientras el propio Hitler actuaba. Mató a más de 6 millones de judíos, además de hombres homosexuales, gitanos y varios millones de cautivos soviéticos y un millón de católicos polacos, once millones en total, y esta cifra no incluye a los 20,000,000 de ciudadanos soviéticos que mató en la Operación Barbarroja, y otros millones más untermenschen que mató en Europa central y occidental. No mató a todos los polacos. Ignoró a algunos homosexuales y gitanos, pero quería matar a todos los judíos vivos. Tan profundo era su odio que sus últimas palabras antes de suicidarse era una súplica a los líderes de Occidente que terminaran la destrucción de los judíos.
Hitler respondió a la pregunta ¿Por qué los judíos ?, identificando a los judíos como un virus racial. Deben ser exterminados si las razas humanas quieren sobrevivir y prosperar. Así, para él, la historia “real” (nazi) es la historia de la lucha de los más altos de la humanidad (arios) contra los más bajos (judíos). Recordemos ahora el cántico en Charlottesville en 2018: “¡Los judíos no nos reemplazarán!” El mito vive.
Así que, nos enfrentamos a dos respuestas bastante distintas a la pregunta: ¿Por qué los judíos? La respuesta del historiador es que el antijudaísmo en Occidente combina la xenofobia clásica con la acusación cristiana de deicidio. La respuesta de Hitler se expresa en una elaborada teoría de la raza con un barniz de apocalitismo maniqueo.
Mientras estaba en el Muro sentía la Presencia del Santo, de igual manera cuando estaba en el Museo de Yad Vashem sentí la ausencia de vida; un agujero negro en el corazón de la humanidad arráncando la vida y el ser hacia la nada. ¿Qué hay que entender sobre eso? Es absurdo, un hecho brutal y nada más. [2] Debería haber preguntado “¿Por qué los nazis?”
[1] Anónimo., Los protocolos de los ancianos de Sion. C.1905. Encontré una copia en una librería usada en el Bronx cuando tenía unos quince años.
Dos de los nombres judíos más conocidos son Abraham y Sara, de hecho son los nombres de los progenitores del pueblo judío.
Pero no siempre fue así. Antes de llamarse Abraham y Sara se llamaban Avram y Sarai.
Quizás serían detalles insignificantes si no fuera por el hecho de que Di-s mismo les cambió los nombres, cosa que fue documentado en la Torá. ¿Qué relevancia tiene esto para nosotros en nuestras vidas?
En la lectura de esta semana, Lej Lejá1 , leemos com o Di-s le dice a nuestro primer patriarca2 : “Ya no será más Avram tu nombre. Tu nombre será Avraham pues padre de una multitud de naciones [av hamón] te he hecho.”
Rashi cita las palabras “pues padre de una multitud de naciones” y dice: “Es el compuesto de su nombre. Y la [letra] Reish que contenía originalmente era por ser padre únicamente de Aram que era su lugar. Y ahora al ser padre de todo el mundo, la [letra] Reish que tenía originalmente no se movió de su lugar. Inclusive la [letra] Iud de Sarai se quejó ante la Shejiná hasta que la agregó al nombre de Iehoshúa como está escrito3 : ‘y Moshé lo llamó a Iehoshúa bin Nun Iehoshúa’.”
A primera vista se entiende del comentario de Rashi que lo que quiere explicar es la razón por la permanencia de la letra Reish en el nuevo nombre de Avraham, ya que parece no cumplir función. Si el nuevo nombre que Di-s le dio viene a ser un compuesto de las palabras Av Hamón (padre de una multitud), ¿no debería llamarse Avham en vez de Avraham?
Rashi explica que para evitar quejas por parte de la letra Reish al ser removida del nombre de un justo de la talla de Avraham —como ocurrió con la letra Iud del nombre Sarai al cambiarse a Sara— la dejaron en su lugar.
Pero no se entiende:
El ejemplo que trae Rashi de la letra Iud del nombre Sarai que fue suplantada por la letra Hei y agregada al nombre Hoshea para transformarlo en Iehoshua, comprueba lo contrario, que efectivamente se puede resolver el problema al agregar la letra removida a otro nombre y ¡no necesariamente hace falta mantenerla en su lugar original!
Rashi dice “inclusive la letra Iud del nombre Sarai”, implicando que tenía menos argumento que la letra Reish del nombre de Avram (y aun así fue tomado en serio y resuelto). ¿Por qué habría una diferencia entre la justificación de sus argumentos, si el motivo de queja era el mismo: haber sido sacado del nombre de un Tzadik?
Explicación:
El objetivo de Rashi en su comentario aquí no es explicar los significados de los variantes de los nombres, sino la composición del nombre nuevo, Avraham. Es ahí donde surge la pregunta: ¿qué función cumple la letra Reish en un nombre cuya implicancia es ”padre de una multitud de naciones” (Av hamón), y por lo tanto hubiese correspondido que se llamara Avham y no Avraham?
Rashi explica que dado que la letra Resh en el nombre Avram implicaba “Av Aram”, padre de su lugar natal Aram, al cambiarse el nombre, la implicación era un aumento de su estatus anterior y no una negación del mismo. Aram seguía estando bajo su influencia y por lo tanto la Resh que la representaba “no se movía de su lugar”.
No era así el caso de la letra Iud en el nombre de Sarai al cambiarse a Sara. Fue suplantada porque lo que implicaba el nombre con la letra Iud ya no tenía vigencia al cambiarse a un nombre con la letra Hei.
Sarai (con Iud) significa mi princesa, mientras que Sara (con Hei) significa princesa en general. Es por eso que la letra Iud, presente en el nombre que le dio su padre Harán, no tenía lugar en ese nuevo nombre y estatus que Di-s le estaba otorgando.
La dimensión mística:
De acuerdo a las enseñanzas jasídicas4 , Avram significa Av Ram, “padre elevado”, o sea: intelecto5 que trasciende toda comprensión. El nivel intelectual de Avraham trascendía el de todos los demás. Al transformarse en “Av hamón Goim”, padre de una multitud de naciones, implicando acercarse y “bajarse” al nivel de las multitudes, uno podría pensar que esto implicaba un descenso de su nivel personal tan elevado. La permanencia de la letra Reish —de la palabra ram, “elevado”— implica que a pesar de su ocupación con educar y hablar en el idioma de las masas, no perdió su nivel elevado, sino todo lo contrario: logró transmitir los niveles más altos de comprensión intelectual a aquellos que sin él, nunca hubiesen podido acceder.
La enseñanza práctica:
A los tres patriarcas, Avraham, Isaac y Jacob los llamamos nuestros padres —y no abuelos— porque todos heredamos sus características espirituales como si fueran nuestros padres. Todos heredamos la capacidad de ser como Avraham “Av hamón”, de influir en el mundo entero. Hay que recordar, no obstante, que “la Resh de ‘Aram’, que era su lugar [original], no se corrió de su lugar”. Antes que nada uno tiene la obligación de influir en su lugar y ambiente y recién después expandir su influencia al mundo entero.
NOTAS
Génesis 12:1-17:27
2. Génesis, 17:5
3. Deuteronomio 13:16
4. Véase Torá Or, Lej Lejá.
5. En terminología kabalística y jasídica el intelecto —Jojmá y Biná— cumplen la función de padre y madre al engendrar las emociones.
En ningún otro aspecto el sesgo de positividad del Rebe es tan pronunciado como en su enfoque sobre la pérdida y la tragedia. En pocas palabras, las perspectivas del Rebe sobre la catástrofe de la muerte no son nada menos que redentoras.1 En sus comunicaciones con personas que estaban afligidas, el Rebe enfatizó constantemente que, desde una perspectiva espiritual, la pérdida de un ser querido no es la pérdida completa que a menudo se considera.
Después de la vida…
En 1960, un grupo de estudiantes universitarios vino a ver al Rebe. Uno de los temas que discutieron fue la comprensión judía de la muerte.
El Rebe explicó:
El término utilizado para describir la muerte en el judaísmo eshistaljut, que no significa ‘muerte’ en el sentido de llegar a su fin; más bien, es una elevación de un nivel a otro. Cuando uno completa su misión en la vida, la persona fallecida es elevada a un plano superior.
La muerte no es un cese de la vida; la palabra en realidad describe el proceso por el cual la vida espiritual adquiere una nueva dimensión. Esta noción es consistente con el principio científico de conservación de la materia, que establece que nada físico puede ser aniquilado. Una mesa o pieza de hierro se puede cortar, quemar, etc., pero en ningún caso se puede destruir el material de la mesa o el hierro. Solo toma una forma diferente.
Del mismo modo, en el nivel espiritual, nuestro ser espiritual, el alma, nunca puede ser destruida. Solo cambia su forma o se eleva a un plano diferente.
En consecuencia, el término “ultratumba” es realmente inapropiado, ya que lo que experimentamos después de la muerte es una continuación de la vida. Hasta los 120 años (la esperanza de vida humana mencionada en la Torá), la vida se experimenta en un nivel, y desde los 121, 122 y 123 en adelante, se lleva a cabo en otro nivel, y continuamos ascendiendo más y más en el reino del espíritu.2
Según el Rebe, la muerte no es un final abrupto de la vida; más bien, es una continuación del viaje del alma en su camino hacia la finalización y la reunificación con Di-s.
Dicha espiritual
En una carta escrita por el Rebe en 1978 a una familia en Milán que había experimentado una muerte en la familia, el Rebe escribe:
Lo único que puede hacer una enfermedad o un accidente fatal es causar un debilitamiento o terminación del vínculo que mantiene unidos el cuerpo y el alma, con lo cual el alma se aleja de su morada temporal en este mundo y regresa a su mundo original de espíritu puro en el mundo eterno.3
Más adelante en esta carta, el Rebe describe la experiencia del alma cuando sale de este mundo:
No hace falta decir que, en lo que respecta al alma, [la muerte] es una liberación de su “encarcelamiento” en el cuerpo. Mientras [el alma] está ligada al cuerpo, sufre las limitaciones físicas del cuerpo, que necesariamente limitan el alma y la involucran en actividades físicas que son esencialmente ajenas a su naturaleza puramente espiritual… En otras palabras, la salida del alma del cuerpo es una gran ventaja y ascenso para la misma.4
En otros lugares, el Rebe aclara aún más este tema:
De ahora en adelante [después de la muerte], el alma es libre para disfrutar de la dicha espiritual de estar cerca de Di-s en la medida más completa. ¡Ese es sin duda un pensamiento reconfortante!5
Lejos de ser el borrado traumático que muchas personas imaginan, la muerte realmente libera al alma de sus limitaciones físicas, permitiéndole volar libremente, sin sus limitaciones terrenales anteriores.
Conexión eterna
A lo largo de su correspondencia de duelo, el Rebe insistió en que sigue existiendo una conexión espiritual continua entre los vivos y los fallecidos, y que esta relación no es meramente teórica, sino que también es tangible. De hecho, es una relación dinámica que se puede desarrollar y mejorar.
En una carta escrita a una viuda de guerra, el Rebe escribe:
Los lazos entre dos personas, y ciertamente entre el esposo y la esposa o entre padres e hijos, son principalmente de naturaleza espiritual, no material. Eso significa que una bala, una granada o una enfermedad pueden afectar el cuerpo, pero no el espíritu o el alma. El vínculo físico entre dos personas puede romperse… pero no su relación espiritual.6
Las enseñanzas del Rebe al respecto cobran vida en la siguiente historia, relatada por R. Nachum Rabinowitz, un jasid de Jerusalén. Una vez estuvo esperando una audiencia privada con el Rebe. Entre los que esperaban con él había un hombre, obviamente rico, que parecía completamente abatido. Pero cuando el hombre salió de la habitación del Rebe, parecía una persona diferente; su rostro irradiaba vitalidad y optimismo.
Curioso por este cambio radical de ánimo, el rabino Rabinowitz preguntó a los secretarios del Rebe sobre la identidad del hombre y acordó verlo. Cuando los dos hombres se conocieron, el rabino Rabinowitz le preguntó al hombre si podía compartir con él lo que había sucedido en la habitación del Rebe.
“Recientemente”, relató el hombre, “mi único hijo murió. En ese momento, sentí que mi vida ya no tenía ningún propósito. No vi ningún valor en mi riqueza y estatus. Fui a ver al Rebe en busca de consuelo y consejos. El Rebe me preguntó cuáles serían mis sentimientos si mi hijo fuera al extranjero y viviera en un país desde el que no pudiera comunicarse conmigo; sin embargo, podría estar seguro de que todas sus necesidades estaban siendo satisfechas y que no estaba sufriendo en absoluto. Le respondí que, aunque la separación sería difícil de soportar, estaría feliz por mi hijo”.
El Rebe continuó: “Y aunque él no pudiese responder, si usted pudiera comunicarse con él y enviarle paquetes, ¿lo haría?”
El hombre respondió: “Por supuesto”.
“Esta es precisamente su situación actual”, concluyó el Rebe. “Con cada oración que usted recita, está enviando un mensaje a su hijo. Y con cada obsequio que usted realiza a organizaciones benéficas o instituciones que financia, le envía un “paquete” a su hijo. Él no puede responder, pero aprecia sus palabras y sus donaciones”.7
Impacto continuo
En una carta parecida, escrita a la afligida hija adolescente de la señora Rasha Gansbourg, quien falleció repentinamente el segundo día de Sucot en 1969, el Rebe profundiza en esta idea. Explicó que a través de realizar buenas acciones en el mérito de su madre, especialmente aquellas inspiradas por su influencia, ella y sus hermanos no solo estaban contactando a su madre en el mundo venidero o “enviándole paquetes”, por así decirlo, sino que ellos en realidad le permitirían tener una presencia e impacto continuo en el mundo físico:
El vínculo entre los vivos y el alma que ha ascendido perdura, porque el alma es duradera, eterna y ve y observa lo que está sucediendo con aquellos conectados y cercanos a ella. Cada buena acción que hacen le causa un placer espiritual, específicamente los logros de aquellos a quienes ella ha educado y criado de la manera que produce dichas buenas obras. Es decir, ella tiene una parte en los hechos que resultan de la educación que brindó a sus hijos y a aquellos a quienes influyó.8
En otra carta a alguien que lamenta la pérdida de un ser querido, el Rebe continúa desarrollando este tema:
La salida del alma del cuerpo es una gran ventaja y un ascenso para el alma… La pérdida es solo para los afligidos, y en esa medida también es dolorosa para el alma, por supuesto.
[Sin embargo], hay otro punto que causa dolor al alma después de salir del cuerpo. Mientras que el alma está “vestida” en el cuerpo, puede participar activamente con el cuerpo en todos los asuntos de la Torá, las mitzvot y las buenas obras practicadas en la vida diaria aquí en la tierra. Pero dado que todo esto implica acción física y objetos tangibles, el alma ya no puede participar en estas actividades cuando regresa a su morada celestial, donde solo puede disfrutar de los frutos de la Torá, las mitzvot y las buenas obras que realiza en su estancia en la tierra. De ahora en adelante, el alma debe depender de sus parientes y amigos para hacer mitzvot y buenas acciones también en su nombre, y esta es la fuente de la verdadera gratificación para el alma y la ayuda a ascender a alturas aún mayores.9
Por lo tanto, las buenas acciones realizadas por quienes están de luto ciertamente pueden ser una fuente de consuelo para los afligidos, llenando el vacío dejado por la muerte con una acción positiva. Pero también proporcionan consuelo y placer al alma difunta, brindándoles una forma de mantener una relación continua, incluso activa, con sus seres queridos.
La vida es la mejor conmemoración
Cuando el primo del Rebe, Yitzchak Schneerson, le escribió en 1952, contándole sobre su participación en la creación de la “Tumba del Mártir Judío Desconocido” en París, hoy llamada “Memorial de la Shoá”, en recuerdo de las víctimas del Holocausto, el Rebe respondió de forma amable pero contundente:
Perdóname si mi punto de vista no está de acuerdo con el tuyo… Ahora, en un momento en que hay cientos de miles de mártires vivos, no “desconocidos” en cualquier lugar, que viven en una necesidad extrema de pan físico, y muchos más en necesidad de sustento espiritual, el principal impedimento para satisfacer sus necesidades es simplemente la falta de fondos. Por lo tanto, cada vez que se pueden obtener fondos, esto crea inmediatamente un dilema: ¿El dinero se debería usar para erigir una piedra [memoriam] en una gran plaza en París para recordar a los transeúntes los millones de judíos que murieron santificando el Nombre de Di-s, o para sostener a los vivos que mueren de hambre, literal o figurativamente, para escuchar la palabra de Di-s? La solución a tu dilema es, creo yo, indudable.10
Es natural querer una forma tangible de conservar el recuerdo de nuestros seres queridos difuntos. Sin embargo, a lo largo de sus conversaciones y correspondencias, el Rebe continuamente alentó a las personas a tomar medidas positivas para crear un legado vivo en lugar de uno estático, incluso cuando el legado propuesto era sagrado. En este espíritu, el Rebe enseñó que la mejor manera de hacer esto no es solo creando memoriales de ladrillos y piedra, sino también realizando acciones positivas que impacten tangiblemente a aquellos que aún viven, mientras que al mismo tiempo benefician a las almas de los difuntos.
Consuelo a través de la actividad
Este fue un tema importante y constante en todas las enseñanzas del Rebe: intensificar las actividades positivas después de una pérdida ayuda a fomentar un mayor sentido de propósito y puede ser un medio eficaz para lograr el consuelo.
En 1956, después de que un brutal ataque terrorista a una escuela en la aldea israelí de Kfar Jabad había cobrado seis vidas, los habitantes locales quedaron completamente devastados.
En las palabras de un artículo periodístico que apareció en ese momento, “La desesperación y el desánimo invadieron la aldea y comenzaron a comer sus cimientos. Algunos funcionarios de la ciudad querían cerrar la escuela. Otros vieron lo que sucedió como una señal de que su sueño de una vida pacífica en Tierra Santa era prematuro. ¿Quizás deberíamos dispersarnos, buscar refugio en paraísos más seguros? El pueblo se estaba muriendo lentamente”.
¿La reacción del Rebe? Si bien el judaísmo no proporciona explicaciones para la tragedia, sí tiene una respuesta. Por lo tanto, el mensaje del Rebe a la aldea afectada fue: “Espero firmemente que, con la ayuda de Di-s…, superen todos los obstáculos, fortalezcan la construcción pública y privada, expandan todas las instituciones en cantidad y calidad, e intensifiquen el estudio de la Torá, nuestra protección, y el cumplimiento de la mitzvá con alegría…” 11
Las dudas que los residentes de Kfar Jabad habían comenzado a albergar con respecto a su proyecto comunal de establecer una aldea estaban siendo exacerbadas exponencialmente por su preocupación, pensamientos graves y las conversaciones pesimistas. Solo sumergiéndose en actividades positivas para un mayor crecimiento comenzarían a ver su misión con una mejor luz, y su fe en su futuro volvería a florecer.
Al optar por intensificar el movimiento hacia adelante ante la pérdida, especialmente frente al terrorismo y los actos de odio, reclamamos en silencio una victoria para la paz y la esperanza sobre la violencia y el miedo. En efecto, nuestras acciones se convierten en la prueba viviente de que el mal no prevalece y que, por último, la vida triunfa sobre la muerte. Por el contrario, la reducción de los esfuerzos y actividades positivas ante la tragedia solo contribuye a promover los objetivos ideológicos de los perpetradores.
La ganancia oculta dentro de la destrucción
De hecho, a través de la lente redentora del sesgo de positividad del Rebe, el desastre puede verse como preparación del camino para una mayor regeneración y bendición que nunca antes.
El mismo Rebe ilustró una increíble demostración de transformar un vacío dejado por la pérdida de vidas en una fuerza positiva cuando el 25 de Adar de 5748 (1988), solo un mes después del fallecimiento de su esposa, el Rebe inauguró una campaña mundial de cumpleaños judío en el día que habría sido su cumpleaños número 87, diciendo:
Aquí hay una sugerencia, y sería de gran mérito para su alma, que en relación con el ascenso de su alma, se establezca la siguiente costumbre: los judíos deberían comenzar a celebrar [públicamente] sus cumpleaños, [aunque] en anteriores generaciones esto fue observado solo por ciertos individuos y de manera discreta…12
Para el Rebe, la forma más apropiada y noble de conmemorar la pérdida de vidas fue a través del estímulo y celebración del nacimiento.
Como lo ilustra la historia anterior, en cada ocasión en que el Rebe experimentó pérdida personal, canalizó y redirigió el dolor y la pena hacia la construcción y la expansión de oportunidades de crecimiento y afirmaciones de la vida.
De hecho, hay numerosos ejemplos de este enfoque. Durante una reunión en 1980 en el marco el fallecimiento de su padre, el Rebe anunció que se debería ayudar a las personas mayores judías a utilizar su tiempo para continuar aprendiendo y creciendo. Luego estableció una red de instituciones educativas para ancianos, nombradas en honor a su padre, de bendita memoria. Del mismo modo, cuando la madre del Rebe falleció, el Rebe creó y dedicó una serie de charlas semanales en su honor. Comprensiblemente, la pérdida de su esposa fue muy difícil para el Rebe. Pronto, sin embargo, además de la campaña de cumpleaños mencionada anteriormente, también comenzó a solicitar que su legado fuera conmemorado a través de otras acciones positivas. Con este fin, otorgó bendiciones especiales a quienes iniciaron proyectos en su nombre, como la construcción de una escuela para niñas, por ejemplo.
La resurrección
En conclusión, una de las expresiones más alentadoras del sesgo de positividad del Rebe en el contexto de la pérdida fue el énfasis que puso en un artículo básico de la fe judía: un día, todas las almas en la historia volverán a la vida terrenal y al cuerpo físico, con la venida de Mashíaj. El Rebe enfatizaría una y otra vez que la muerte no solo no es el final, y que el alma no solo vive para siempre, sino que un elemento de la existencia corporal es eterno. La siguiente historia demuestra esta poderosa convicción.
En octubre de 1967, unos meses después de la Guerra de los Seis Días, una terrible tragedia golpeó la casa de Ariel Sharón, el famoso general del ejército israelí y posterior primer ministro. Gur, el hijo de once años de Sharón, estaba jugando al aire libre con un arma vieja de su padre y accidentalmente murió.
El Rebe inmediatamente contactó a Sharón con una carta, que incluía el siguiente mensaje:
Me dolió mucho leer en el periódico acerca de la trágica pérdida de su tierno hijo, que descanse en paz…
A primera vista, parecería que estamos distantes el uno del otro, no solo geográficamente, sino también, o incluso más, en términos de no estar familiarizados, de hecho, desconocidos el uno del otro, hasta la Guerra de los Seis Días… Pero en la base de un principio judío fundamental, profundamente arraigado y antiguo, reconocido, que todos los judíos son afines… es esta interconexión la que me ha impulsado a escribir estas palabras a usted y su familia…
Un elemento de consuelo, incluso en una tragedia tan grande, se expresa en el texto tradicional [de las palabras pronunciadas a un doliente], santificado por decenas de generaciones de Torá y tradición entre nuestro pueblo: “Que el Omnipresente te consuele entre los dolientes de Sión y Jerusalén”.
A primera vista, la conexión [entre el doliente individual y los dolientes de la destrucción de Jerusalén y el Templo Sagrado] parece ser bastante desconcertante. Sin embargo, el consuelo principal encarnado por esta frase está en su contenido interno:
Así como tenemos plena confianza en que Di-s ciertamente reconstruirá las ruinas de Sión y Jerusalén, también confiamos en que con respecto a la pérdida del doliente individual, Di-s cumplirá su promesa: Despierta y regocíjate, tú que descansas en el polvo,13 y experimentaremos una verdadera alegría cuando todos se reúnan con la futura resurrección de los muertos.14
No hay mayor pérdida en este mundo que la muerte, sin embargo, el Rebe trabajó incansablemente para revelar la luz oculta dentro de este reino de profunda oscuridad, equilibrando la empatía con la elevación, el dolor con la perspectiva y la dignidad con actos de bondad amorosa.
Es realmente un testimonio de la fuerza del sesgo de positividad del Rebe que continuó aplicando su perspectiva redentora incluso en circunstancias tan sensibles y dolorosas. A través de su ejemplo compasivo, podemos aprender a transformar el dolor en crecimiento, pérdida en vida y, en última instancia, tragedia en triunfo.
NOTAS AL PIE
Para más información sobre esto, vea A Time To Heal: The Rebbe’s Response to Loss & Tragedy (Ezra Press, 2015).
2. Ver Torat Menachem — Hitvaaduyot 5720, vol. 1, p. 396.
3. De con una carta del Rebe fechada el 25 de Elul, 5738 (27 de septiembre de 1978). Para ver el texto completo de la carta, consulte A Time To Heal: The Rebbe’s Response to Loss & Tragedy (Ezra Press, 2015), pág. 193.
4. Ibid.
5. De una carta del Rebe de fecha el 5 de Tamuz, 5743 (16 de junio de 1983).
6. Torat Menachem — Menachem Tzion, vol. 2, p. 558.
7. To Know and to Care (SIE), vol. 2, p. 237
8. Igrot Kodesh, vol. 26, p. 271. Torat Menachem — Menachem Tzion vol. 2, p. 543. Para el texto completo de la carta, ver A Time To Heal: The Rebbe’s Response to Loss & Tragedy (Ezra Press, 2015), p. 199.
9. De una carta del Rebe fechada el 25 de Elul, 5738 [27 de septiembre de 1978]. Para ver el texto completo de la carta, consulte A Time To Heal: The Rebbe’s Response to Loss & Tragedy (Ezra Press, 2015), pág. 193.
El 31 de octubre de 1905, miles de judíos perdieron la vida debido a la violencia que arrasó Rusia.
Para la mayoría de las personas, el 31 de octubre es un día de fiestas y disfraces. Pero hace poco más de un siglo, el 31 de octubre de 1905, fue un día trágico en el que tuvieron lugar cientos de pogromos en los que asesinaron a miles de judíos en toda Rusia. La muchedumbre salió a las calles gritando amenazas, destruyendo propiedades y asesinando impunemente a hombres, mujeres y niños judíos.
La causa inmediata de esta ola sísmica de violencia fue el Manifiesto de Octubre, una declaración del zar Nicolás II garantizando libertades y derechos políticos básicos. La declaración promulgada el 30 de octubre de 1905 (a veces considerado el 17 de octubre de acuerdo al “antiguo calendario” ruso), llegó en medio de un creciente tumulto político y la amenaza de una revolución. En vez de calmar las tensiones, el manifiesto provocó enormes demostraciones y disturbios en muchas ciudades rusas. Trágicamente, quienes más sufrieron fueron los judíos rusos.
En la ciudad de Odessa, la multitud salió a la calle a celebrar el manifiesto. Un estudiante registró que “una multitud jubilosa apareció en las calles; la gente se saludaba como si fuera una festividad”. Entre la multitud había muchos judíos que creían que las nuevas leyes ayudarían a otorgarles los derechos legales que tanto buscaban. Pero muy pronto estalló la violencia.
El ánimo comenzó a ensombrecerse en Odessa, y muchos rusos comenzaron a volverse contra los judíos de la ciudad con un sadismo inimaginable. Al principio, comenzaron a golpear a los judíos en las calles y a saquear sus casas y sus comercios. Entró en acción el grupo antisemita de extrema derecha “Centurias Negras”, alentando a los rusos que apoyaban al zar a culpar a los judíos por todos los males de su país. Cuando un funcionario de la ciudad fue asesinado a tiros, la multitud se enfureció y los ataques se aceleraron, convirtiéndose en un violento pogromo que duró varios días. La policía hizo la vista gorda o participó con entusiasmo en los ataques.
Testigos oculares describen que los judíos fueron arrojados desde las ventanas. Los niños judíos fueron asesinados frente a sus padres. En especial atacaron a las mujeres judías embarazadas, agrediéndolas y matando a algunas abriéndoles el estómago. Los padres fueron torturados obligándolos a ver morir a sus hijos. Cuando terminó el pogromo, habían muerto más de 400 judíos y sólo en Odessa hubo unos 300 judíos heridos.
El 31 de octubre hubo cientos de pogromos en toda Rusia, especialmente en el sur. Unos 4.000 judíos perdieron la vida en 690 pogromos, y la ola de odio y asesinato provocó que hubiera otros 10.000 judíos heridos.
En Rechysta, Bielorusia, los judíos locales, muchos de los cuales pertenecían a grupos comunistas y comunistas-sionistas, se organizaron para defenderse de la turba asesina. La amenaza de violencia era alta: los miembros locales de las Centurias Negras emitieron declaraciones asegurando que los judíos eran “enemigos del zar” y exigiendo el “exterminio” de los judíos. Los oficiales de policía distribuyeron rifles a la población, y un párroco anunció que “los judíos deben ser asesinados porque quieren derrocar al zar”. La violencia estalló en el pueblo cuando algunos locales golpearon a unas vendedoras judías y rompieron los productos que ellas vendían.
Alrededor de veinte hombres judíos se organizaron y lucharon, pero muy pronto los superaron. Uno d ellos luchadores judíos, Noi Geizentsveig, explicó posteriormente: “Durante la escaramuza no vimos al enemigo, por lo que no arrojamos las bombas (que el grupo de autodefensa judío había adquirido), sino que respondimos disparando al aire”. Los combatientes judíos se vieron abrumados. Los matones locales les dispararon y los apuñalaron mientras gritaban: “¡Aquí está tu libertad!” y “¡Aquí está tu constitución!”, en referencia al Manifiesto de octubre por el que culpaban a los judíos.
New York Times, 5 de noviembre
En unas pocas horas, ocho combatientes judíos fueron asesinados y doce resultaron heridos. Los arrastraron hacia la estación de policía del pueblo y los encerraron sin comida, sin agua, sin atención médica, los combatientes que habían muerto junto con los que seguían vivos. Más tarde, los que seguían vivos fueron enviados a detención domiciliaria y les negaron atención médica, aunque algunos estaban gravemente heridos.
El pogromo final de los cientos que comenzaron el 31 de octubre de 1905, fue el de Bialystok (hoy en día Polonia). Ochenta y dos judíos fueron asesinados en esos pocos y convulsos días de violencia, y unos 700 resultaron heridos. El Zar Nicolás II envió oficiales por todo el territorio ruso para informarle sobre los pogromos, que se disiparon casi de forma tan abrupta como habían comenzado.
Víctimas del pogromo en Kiev
Para muchos judíos rusos, los pogromos del 31 de octubre f ueron una prueba de que no tenían ningún futuro en Rusia y eso los alentó a partir del país. Uno de los judíos que huyó de Rusia fue el famoso escritor ídish Shalom Aleijem. Él y su familia observaron durante tres días los pogromos que arrasaron a la comunidad judía de Kiev desde su escondite en uno de los hoteles del pueblo. Cuando se calmó la violencia, rápidamente planearon su escape de Rusia y eventualmente llegaron a los Estados Unidos.
El 25 de noviembre de 1905, tres semanas después del aterrador pogromo y justo antes de partir de Rusia, Shalom Aleijem le escribió a un amigo que tenía en Nueva York, el Dr. Maurice Fishberg, suplicándole que utilizara su influencia sobre los judíos norteamericanos para alentar a los Estados Unidos a que no ayudaran al Zar Nicolás II (que quería un préstamo para reforzarse en la guerra ruso-japonesa). Tras ser testigo del asesinato a sangre fría de sus hermanos judíos, Shalom Aleijem, como muchos otros judíos rusos, perdió las esperanzas de que allí hubiera un futuro para los judíos. En una larga y apasionada carta sobre la política y la guerra de Rusia, el autor escribió que en Rusia podían ser “asesinados seis millones de judíos”.
Más de un siglo después de este espantoso espasmo de violencia que consumió a gran parte de Rusia, debemos recordar la muerte y honrar la memoria de los miles de judíos rusos masacrados en los pogromos del 31 de octubre de 1905.
Jewish texts have a surprising number of hair-raising spooky stories.
by Arielle Kaplan
It’s no secret that the Torah abhors goblins and ghouls. In Exodus, the text states, “You shall not allow a witch to live,” and just take a look at this passage from Deuteronomy:
“Let no one be found among you who consigns his son or daughter to the fire, or who is an augur, a soothsayer, a diviner, a sorcerer, one who casts spells, or one who consults ghosts or familiar spirits, or one who inquiries of the dead.”
Biblical prohibitions against necromancy and witchcraft aside — who’s going to tell God there’s a witch in the Torah? — supernatural beings, from vampires and succubi to sea monsters and Satan, come alive in ancient scripture. Where the Torah stops short on shedim (the biblical word for demons, also used to describe foreign gods like Moloch, the child eater) the Talmud practically word vomits them. Demons fill houses of study when sexual energy isn’t properly channeled, and spirits haunt every crevice of dark places. Kabbalistic demonology expands even further, providing a breadth of hair-raising spooky stories.
Beyond the Yiddish ogre named Shrek and 30 Rock’s spooky scary “Werewolf Bar Mitzvah,” here are 14 Jewish demons, spirits, and miscellaneous monsters you need to know.
1. Lilith
Spirit of darkness and a figure of uncontrolled female sexuality, Lilith is the most notorious baby-snatching anthropomorphic demoness in Jewish mythology. Portrayed in pop culture as a femme fatale, the succubus is associated with many biblical creatures, including the serpent from the Garden of Eden and the Queen of Sheba.
Ala known as the “screech owl,” Lilith is the cause of wet dreams in teen boys. At night, she collects their spilled seed — a sin in Judaism — and impregnates herself via demonic IVF to birth her legion of demons.
Lilith’s evil nature is not for naught and stems from a grudge against God. The anonymous Jewish text, the Alphabet of Ben Sira, tells the origin of our Jewish demoness as Adam’s first wife, i.e the prototype of Eve. Immediately after God created Lilith, the legend explains, Adam demanded they bone in missionary position. Appalled by her husband’s domineering nature, Lilith, the trailblazing feminist, suggested she be on top. The newlyweds bickered and quarreled until the bride couldn’t take it anymore and “uttered the Divine name and flew up into the air and fled.” As punishment, God curses Lilith so that 100 of her offspring die every day. In turn, Lilith vows to torture Adam and Eve’s offspring and becomes the mistress of miscarriages and stillborn births to exact revenge against man for her curse from God.
The Zohar also paints Lilith as the most prominent of four demonic wives and Queens of Hell who fuck around with Samael, one of many princes of demons. Unfortunately for Lilith and her sister wives, another reason for outsourcing semen is because God castrated Samael and drained his supply.
2. Agrat bat Mahlat
Don’t venture alone at night on Wednesdays and Shabbat, the rabbis warn, or you’ll catch Agrat bat Mahlat haunting the skies with her chariot and crew of 18 angels of spiritual destruction. Known as the “the dancing roof demon,” the Queen of Hell’s name literally translates to “Agrat, daughter of Mahlat.” Who is Mahlat, I rhetorically ask, dear reader? She’s probably a variation of Lilith, which makes the screech owl Agrat’s mother, or possibly grandmother. While Agrat dances on the roof, Lilith howls. A demoness of many names, Agrat is also “the mistress of sorceresses” who taught forbidden magic to Amemar, a Jewish sage.
There’s a sexy story in the Kabbalah about the time King David boned Agrat and the demoness gave birth to Asmodeus, AKA King of Demons. Some historians believe the biblical term “Nephilim” describes the children of demons/angels and humans, while others think it translates as “giants.
3. Naamah
The third queen of demons in the Zohar is Naamah (which translates to “pleasant”), but before her namesake got her into trouble for seducing people into singing sweet nothings to pagan gods, she was Noah’s wife. Yes, the Noah with the ark.
Here’s the deal: A midrash was created to explain God’s reckless decision to reboot the universe via the great flood. Humanity quickly turned evil, and it was Naamah’s fault! It was her sex appeal that seduced the angels into copulating with her, after all, and their offspring were e-v-i-l. And that’s how Noah’s wife came to be Lilith’s partner in crime, abusing people in their sleep and snatching babies from their cribs.
An even juicier story in the Zohar relates that after Cain killed his brother Abel, Adam and Eve split up for 130 years. For over a decade, Lilith and Naamah shtupped Adam and their children became the Plagues of Mankind. Bereshit Rabbah relates a slightly different tale regarding Adam’s demonic children:
“During those 130 years Chavah produced male spirits whereas Adam produced female spirits seeing they had been brought to erotic stimulation by female and male stimuli respectively.”
A seducer of men and demons, Naamah is also sometimes attributed as Ashmedai’s mother, which makes the Jewish demon family tree quite confusing to follow. Did Agrat give birth to Ashmedai, or was it Naamah? Flip a shekel and call it a day — demon queens are interchangeable and all lead back to Lilith.
4. Eisheth
The fourth and last queen of demons is Eisheth, fellow sister-succubi to Lilith, Naamah, and Agrat bat Mahlat. She’s nicknamed the “Woman of Whoredom,” her diet consists of the souls of the damned, and that’s pretty much all we know!
On the succubus demon queens, Rabbi Simeon said: “Woe unto those who are ignorant and therefore unable to avert and ward off the influence of these defiling elemental beings that swarm in their myriads throughout the world. If it were permitted to behold them, we should be amazed and confounded and wonder how the world could continue to exist.
5. Alukah — “Horse Leech”
Don’t dwell on the disappointing truth that the origins of vampires in pop culture can be traced back to an antisemitic 12th-century conspiracy theory that claims Jews kill Christian babies for ritual sacrifice. Instead, focus on Alukah (“horse leech”), the vampire/succubus in Jewish mythology untainted by boring blood libel!
Sefer Chasidim, a 13th-century German text that ushered in Jewish mysticism, describes Alukah as a blood-sucking witch who can fly like a bat when her hair is let loose and shapeshift into a wolf. A seductress with two demon daughters who cry “Give, give,” Alukah will die if her supply of blood is cut off. To prevent the vampire from turning into a demon, she has to be buried with her mouth stuffed with dirt. Wait, so is she a demon, a vampire, or a witch? A true bang for your shekel, the sex-crazed Alukah is all three and more.
In a riddle in Proverbs, King Solomon namedrops Alukah and reveals her favorite pastime: cursing wombs. Sound familiar? Well, it should, because the Hebrew succubus is thought to be Lilith’s daughter.
6. Ashmedai
Sometimes called Ashmedai, and other times Asmodeus, this curious creature is best known as the “king of demons.” There’s a famous legend in the Talmud about how King Solomon outsmarted Ashmedai by tricking the demon into constructing the first Temple
7. Azazel
Azazel is believed to be a satyr, a goat-like demon. Featured in post-biblical texts like the Dead Sea Scrolls, the Apocalypse of Abraham, and I Enoch, Azazel is most famously depicted as one of God’s angels who fell from heaven because of beautiful women like Naamah. In other tales, he’s the angel who spilled the beans to humanity about the impure arts of war, and the Talmud straight up characterizes him as a demon. In one midrash, Azazel is said to be the serpent from the Garden of Eden, but so is every demon and their mother.
On Yom Kippur, observant Jews perform a “scapegoat” ritual where the kohen gadol, the high priest, whispers everyone’s sins into a goat’s ear and thereafter sends the sacrifice into the wilderness, or in Hebrew, the “azazel.” A midrash offers a background story to lend credence to the wacky ritual: Every year under God’s command, the Israelites offered Satan/Samael a goat as a bribe to ensure he’d give the Jews an A+ review at the annual celestial court.
8. Mazzikim
Up until the construction of Solomon’s Temple curbed their power, mazzikim ruled the world. Classified as invisible demons, they’re not as scary as other creatures in Jewish lore. On the flip side, these evil spirits are really fucking annoying and cause minor trouble in our daily lives. Superstitions and amulets might help fend them off, but it’s best to learn how to live with them.
Like most demons and spirits in Jewish folklore, mazzikim are born out of “spilled seed.” See, God has baby fever, and masturbating or having sex merely for the pleasure of it is a slap in his face. Take the prophet Onan, for example: God gave him the boot for “wasting the seed.
9. Dybbuk
Shiver me timbers, it’s time for a ghost story! But first, a note on Jewish spirits: Kabbalistic demonology explains that supernatural creatures are a reaction to a life-energy gone wrong. My Jewish Learning author Jay Michaelson describes the phenomena concisely:
“In the proper functioning of the cosmos, energy flows like a cycle: down from heaven, then back up in the form of proper ritual action. But when the energy is misappropriated, as in masturbation or rebellion, its intense power falls into the realm of shadow.”
Enter dybbukim, the infamous spirits of Jewish folklore. Technically a “clinging demon,” dybbukim come from Sitra Achra, the kabbalistic term to describe hell, and roam the earth in search of a suitable living body to penetrate. These malicious spirits tended to possess women and children, and were thought to be the cause of mental illnesses like dissociative identity disorder. Fortunately, Jewish folklore relates a cure to the dybbuk dilemma — an exorcism led by a rabbi, usually including the blowing of a shofar! Fun!
(Read more about Post Malone and the Yiddish ghost of Jewish lore here.
10. The Golem
Unlike a dybbuk, the golem isn’t an evil spirit. Made out of clay and brought to life by magic, the golem’s sole purpose is to serve and protect its creator. The best-known legend of the playdough creature dates back to 1580 when the Jews of Prague battled the ridiculous conspiracy theory that is the blood libel. Rabbi Judah Leow ben Bezalel, fondly called the Maharal of Prague, needed a secret weapon to protect his community, and, in the form of a dream, God told him how to create a golem.
In need of a pogrom busting magical creature? The instructions are found in Sefer Yetzirah, the “Book of Formation”:
Step 1: Mold an adorable golem out of soil or clay.
Step 2: Write “Emet” (life) on its forehead to bring to life.
Step 3: Once the golem completes its duty, erase the first letter on its forehead so it reads as “met” (death).
11. Shirika Panda
Shirika Panda is the Talmud’s subjectively adorable toilet demon — yes, really. To avoid an attack from the lion-bodied lavatory lurker, be mindful that you poop alone, and quietly. Take heed, or the scary Panda might afflict you with a stroke or a random fall. Oh, and if you have sex within a half-mile of the shitter, the Jewish demon will curse your kids with epilepsy, apparently?
Superstitious folk would be wise to try this protection spell from the Gemera: “On the head of a lion and on the nose of a lioness we found the demon named bar Shirika Panda. With a bed of leeks I felled him, and with the jaw of the donkey I struck him.
12. Demonic doubles
Warning: If you believe in soulmates, proceed with caution. Jewish folklore holds that when humans are born, a demon is made in their likeness, and a month after birth the heavens announce the human’s soulmate. If the demonic doppelganger catches the prophetic declaration, it’ll shapeshift into the soulmate as a means of fucking up the lives and marriages of their victims who will then be dragged to hell. A deeply troubling legend, this demon is the cause of society’s high divorce rate. Try explaining that to your separated parents…
13. Witch of Endor
I told you there was a witch in the Torah! In I Samuel 28, the mood rings that helped guide King Saul in battle — the Urim and Thummim — tapped out, and Saul desperately needed help. After exiling all witches from his kingdom, Saul the hypocrite enlists the help of “a woman of Endor.” Grudges aside, the witch contacted the ghost of Samuel, the prophet who anointed Saul as king. The seance was a total flop — the phantom prophet was pissed at the king for using witchcraft and warned Saul that his army wouldn’t survive the battle. The prophecy was realized, but on the plus side, our sweet Witch of Endor fed Saul one last meal before he fell on his own sword. Phallic imagery for the win!
14. Leviathan
When God created the world, as the Midrash relates, he made two mythical sea monsters: a female sea monster, and a male sea monster. But then he killed the female leviathan to avoid the chance of offspring — classic biblical sexism, we hate to see it! The “Dragon of the sea” is also featured in a bonkers story in the Talmud about the messianic age. When the nation of Israel returns to the Promised Land, the Mashiach will slay the leviathan, build a sukkah out of its skin, and invite all the righteous folk to enjoy a Michelin star plate of sea-monster meat. Scrumptious!
Hay muchas explicaciones con relación a cuáles son las “diez pruebas” de Abraham Avinu. La mayoría de éstas, tanto de los sabios de bendita memoria como de los sabios de la edad media que cuentan las “diez pruebas”, cuentan la primera prueba en Ur Casdim, donde Nimrod arroja a Abraham Avinu al horno de fuego y sale vivo. ¿Qué sucedió allí? ¿Cuál es la prueba? La prueba es justamente que la pasó con éxito. Ésta es el principio de su fe. Rompió las imágenes, las estatuas de su padre. Teraj era un “moser”, un delator, como está dicho “¿Quién dará puro de impuro?”
Hace una semana estudiamos que Teraj al final de sus días se arrepintió, por eso está escrito “esta es la descendencia de Teraj Teraj”, de quien se duplica su nombre, es llamado tzadik, “justo, así dicen los sabios. Sin embargo, Teraj era impuro desde su base. No sólo era impuro sino también “moser”, “entregador”, porque entregó a su hijo. ¿Qué hubiera hecho un padre? Bueno, él tiene un negocio de imágenes, su hijo rompió todas las imágenes y le arruinó el sustento.
¿Entonces entrega a su hijo para ser asesinado, a las autoridades?
Es algo muy extraño, pero así es Teraj. Abram no sólo le echó a perder su sustento, también le arruinó su creencia, porque Teraj cree en esas estatuas. Da la impresión que la fe de Teraj era tan fuerte que justificó entregar a su hijo, a su hijo amado, a las autoridades que lo arrojarían al horno de fuego, que lo asesinarían.
Este suceso viene a ser el precursor de los judíos. Éste es el padre, el origen del que está al otro lado del río, de donde salimos nosotros los judíos, de un impuro como este. De un origen tal que está dispuesto a entregarnos, el padre al hijo, arrojarnos al horno de fuego por destruir su fe en estatuas. Ahora, la mayoría de lo sabios de bendita memoria [jaza”l] y la mayoría de los sabios del medioevo (rishonim) cuentan este hecho como la primera de las diez pruebas.
Hay algunos comentaristas que afirman que hay una prueba anterior, haciendo de esta la segunda. Si es así, ¿cuál fue la primera? La primera fue, que estuvo 13 años bajo tierra. O sea, desde su nacimiento quisieron matarlo. Surge de jaza”l una imagen muy muy especial de Abraham Avinu, una que dice que alguien lo persegue porque lo quieren matar desde el momento en que nació. Nimrod lo quiere matar luego.
Después, hay una historia de los sabios que no todos conocen, se trata de los los reyes que raptaron a Lot, sobrino de Abraham Avinu. En ésta el secuestro de Lot era sólo la primera etapa del plan. Ellos pensaban que si podían vencer a Lot, simultáneamente atraparían a Abraham su tío y lo matarían.
De acuerdo con esta historia vemos cómo tiene sentido el que Abraham se arriesgara para salvar a Lot, porque el verdadero deseo de los reyes era atrapar a Abraham Avinu. Abraham Avinu es la personalidad clásica del revolucionario espiritual en el mundo, que todos los reinos, todos los reyes, todos los gobiernos quieren matarlo, porque es una amenaza para ellos desde un principio.