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Author Archives: yishmaelgunzhard

Las siete eras de la erudición de la Torá

por Yehuda Shurpin

¿Cómo pasamos de la revelación en el Sinaí a la halajá que tenemos hoy?

Para comprender plenamente cómo evoluciona la ley de la Torá a lo largo de las generaciones, es fundamental comprender la cadena de estudios de la Torá, la que tradicionalmente se divide en varias épocas. Las eras no se consideran generaciones diferentes, sino que son vistas como descendientes de la inspiración divina, ya que cada era se “aleja” más de la fuente de la erudición judía: la revelación en el Sinaí. Por lo tanto, los rabinos y eruditos de cada época trataron a los rabinos de la era anterior con reverencia y profundo respeto. No yendo en contra de los rabinos de una época anterior.

La mayoría de estas épocas tienen demarcaciones claras, las que a menudo coinciden con grandes acontecimientos y desarrollos históricos, mientras que otras épocas no están tan claramente definidas. Exploremos estas eras de la erudición judía, comenzando desde donde despega la Mishná en Pirkei Avot:

Moisés recibió la Torá del Sinaí y se la entregó a Josué. Josué se lo entregó a los Ancianos, los Ancianos a los Profetas, y los Profetas se lo entregaron a los Hombres de la Gran Asamblea. . .

1. Anshei Knesset Hagedolah: los hombres de la gran asamblea

Buscando fortalecer el estado espiritual de los judíos al inicio de la era del Segundo Templo, Esdras el Escriba, junto con los principales sabios y profetas de la época (siglo IV a. C.), formaron un panel de 120 rabinos. Entre ellos se encontraban los últimos profetas, Hageo, Zacarías y Malaquías; así como los sabios Nehemías, Mardoqueo, Daniel y Simeón el Justo.

A medida que la era de la profecía iba llegando a su fin y la Lengua Santa (hebreo) ya no era la lengua vernácula del judío promedio, los Hombres de la Gran Asamblea finalizaron y canonizaron el Tanaj (la Biblia hebrea), instituyeron las 18 bendiciones de la Biblia. Entiéndase la oración de amidá que rezamos tres veces al día, promulgamos muchas leyes y “barandas” para ayudar a reforzar la observancia de las mitzvot (como muktzah, no manipular artículos que se “apartan” en Shabat).

Con el fallecimiento de Simeón el Justo (el último de los Hombres de la Gran Asamblea), en el año judío 3488 (273 a. C.), la era de la Anshei Knesset Hagedolah llegó a su fin y comenzó la era de la Mishná.

2. Los sabios de la Mishná

El período que siguió a la Anshei Knesset Hagedolah se extendió hasta la destrucción del Segundo Templo en 69 EC hasta alrededor del año 3949 (189 EC), cuando el Rabino Yehuda el Príncipe, debido al estado de deterioro del pueblo judío, redactó la Mishná. La Mishná es una compilación de la Torá Oral, la que hasta ese momento no se había escrito formalmente.

Los primeros doscientos años del período Mishnaico también se conocen como el tiempo del Zugot (“Pares”). Durante este período, el liderazgo espiritual judío estuvo en manos de cinco sucesiones de “pares” de rabinos que gobernaban una corte suprema (el Sanedrín). Uno sirvió como nasi (“príncipe”, es decir, presidente) y el otro como av beit din (“padre de beit din”), es decir, presidente del Tribunal Supremo). El primer par fue Yosé ben Yoezer y Yosé ben Yochanan, y el último par fue compuesto por los sabios Hillel (el Mayor) y Shammai.

Aunque Hillel y Shammai (la última generación de los Zugot) tenían pocos desacuerdos, sus estudiantes tenían muchos. Así, después de este período, la “Casa de Hillel” y la “Casa de Shammai” llegaron a representar dos perspectivas distintas sobre la ley judía, y los desacuerdos entre las dos escuelas de pensamiento se encuentran a lo largo de la Mishná. Este período se conoce como la era de la Mishná o el período de la Mishnaico, o con el nombre al que se refieren los sabios de este período: los Tannaim, que significa “instructores”.

3. Los rabinos del Talmud

Poco después de la muerte del rabino Yehudah, se intensificaron los ataques y las persecuciones contra los judíos que vivían en Israel aumentando la migración de judíos a Babilonia. Esta migración incluyó a muchos de los principales sabios de la época, incluido el rabino Abba Aricha (más conocido como Rav), uno de los principales discípulos del rabino Yehudah. Otros sabios y estudiantes del rabino Yehudah, como el rabino Chiya y más tarde el rabino Yochanan bar Nafcha (quien de joven asistió a las conferencias del rabino Yehudah), permanecieron en la Tierra de Israel. Durante un tiempo hubo importantes centros de aprendizaje, yeshivot, tanto en Babilonia como en Israel.

Así comenzó el período conocido como Talmud o Guemará.

Los sabios del período talmúdico, conocidos como Amoraim (“explicadores”), continuaron exponiendo las enseñanzas de los Tannaim, de igual forma continuaron desarrollando sus propios conocimientos basados ​​en las reglas de extrapolación.

Cuando el gobernante romano Galo atacó la Tierra de Israel en el año 4111/351 EC  instituyó severos decretos contra los judíos, fue así como la mayoría de los sabios restantes huyeron a Babilonia. La compilación del Talmud de Jerusalén, que había comenzado con la obra del rabino Yojanan (m. C. 4050/290 d. C.), se detuvo abruptamente y permaneció en su forma algo rudimentaria.

Alrededor del año 4152/392 EC, Rav Ashi, junto con su colega Ravina I, emprendió la edición de lo que se convertiría en el Talmud Bavli (Talmud de Babilonia). Después de la muerte de Rav Ashi y Ravina I, sus colegas y estudiantes que habían ayudado a redactar el Talmud completaron su monumental tarea. La muerte de Ravina II (hijo de Rav Huna y sobrino de Ravina I) el 13 de Kislev en el año 4236/475 EC (o, según algunos, 4260/499 EC) se considera el final de la era talmúdica. Aunque técnicamente la Mishná también se incluye en el Talmud, coloquialmente, la gente a menudo usa el término Talmud específicamente para esta era.

4. El poco conocido Rabanan Savorai

Los Savoraim (“Razonadores”) fueron los principales rabinos que vivieron desde el final del período de los Amoraim (alrededor del 500 EC) hasta el comienzo de los Geonim (alrededor del 600 EC). Este fue más un período de transición en el que el Talmud ya estaba más o menos terminado, pero aún necesitaba alguna explicación, organización y toques finales.

Esta es la más corta de todas las “eras”.

5. Los Geonim de Babilonia

Después de la finalización del Talmud, la principal concentración del pueblo judío permaneció en Babilonia.

El período de los Geonim, llamado así por el título de los directores de las grandes academias de Babilonia (Gaon, que significa “orgullo” o “esplendor” [o en un uso posterior, “genio”]), se extendió por unos 450 años, a partir de Rabí Chanan de Ashkaya, quien es considerado el primer Gaon, en 589, del Rabino Hai Gaon (m. 1038), quien es considerado el último Gaon.

Aunque el Talmud se completó, no siempre estuvo claro cuál fue la decisión final. Así que los Geonim escribieron mucha responsa (shaalot uteshuvot) aclarando las reglas halájicas finales, así como obras que declaraban la halajá sin todo el ir y venir del Talmud. Algunos, como el rabino Saadia Gaon, escribieron obras sobre filosofía de manera sistemática, extraídas de los conceptos que se encuentran esparcidos por la Biblia y el Talmud.

Aunque había pequeñas comunidades judías fuera de Babilonia, las grandes academias de Babilonia eran vistas por todos como el centro de la erudición judía y de las normas halájicas, y estas comunidades acudían a los Geonim siempre que se necesitaba una aclaración de la ley judía.

Este período también produjo los primeros siddurim, libros de oraciones en los que se basan nuestros libros de oraciones contemporáneos.

Poco a poco, los judíos comenzaron a migrar a lugares como Europa y el norte de África, y algunas de estas comunidades lograron tener sus propios grandes rabinos.

Después de la muerte del rabino Hai Gaon en 1038, nadie de su estatura pudo ocupar su lugar (aunque el puesto actual estaba ocupado), y el período geónico llegó a su fin. Como resultado, los judíos de comunidades lejanas acudieron a sus rabinos locales en busca de orientación halájica. Las grandes academias de Babilonia se convirtieron en sombras de lo que eran antes, gradualmente desapareciendo. Dado que ya no había un solo lugar que se considerara “el centro”, nuevas comunidades se desarrollaron de forma independiente y diversos minhagim (costumbres) evolucionaron.

6. El ascenso de los Rishonim

La era posterior a los Geonim se conoce como Rishonim, que significa “Los primeros”, en contraste con las autoridades posteriores de la Torá llamadas Acharonim (“Los posteriores”). Aunque este período de tiempo estuvo plagado de persecuciones contra los judíos, los Rishonim escribieron muchas obras y comentarios sobre todas las áreas de la Torá, desde la Biblia, el Talmud, la halajá y hasta la filosofía y misticismo judíos.

En este punto había comunidades judías y centros de aprendizaje en muchos países. España se convirtió en un centro, influyendo en comunidades como las del norte de África, mientras que Alemania, el norte de Francia e Italia se convirtieron en otro. Se desarrollaron variaciones en algunas costumbres, especialmente con respecto a la liturgia.

Esto dio lugar a las dos agrupaciones principales de judíos que han perdurado hasta el día de hoy: Ashkenazim, descendientes de los judíos de la tierra del Rhin, y Sefardíes, que siguen los caminos de la comunidad histórica de España.

Fue durante este período que los grandes comentaristas de la Biblia y el Talmud, como lo es el rabino Shlomo Yitzchaki (Rashi, 1040-1105) y la escuela de los Tosafot, florecieron en tierras Ashkenazic, mientras que otros, como el rabino Moses ben Maimon (Maimónides , 1135-1204) y el rabino Moses ben Nachman (Nachmonides, 1195-1270), vivieron en países sefardíes.

7. La era de los Acharonim

Aunque muchos usan la expulsión española del año 1492 como la demarcación entre los Rishonim (primeros) y Acharonim, no todos están de acuerdo. Algunos colocan la fecha tan temprano como el final del Tosafot a principios del siglo XIV, mientras otros lo ubican tan tarde como el año 1563, que es cuando el Shulchan Aruch, (Código de la Ley Judía, escrito por el rabino Yosef Caro, junto con una glosa del rabino Moses Isserles que incluye las costumbres asquenazíes), fue impreso.

Sin embargo, otros, buscando organizar mejor los diferentes períodos, sugieren un cuasi-período que comienza en 1492 (el año de la expulsión española) y termina en el año 1648, el año que marcó el comienzo de las masacres de Chelminski y la devastación de muchas comunidades judías. Solo dos años antes, en el año 1646, se volvió a publicar el Código de la Ley Judía, pero esta vez junto con los comentarios clásicos del rabino Shabtai (1621-1662), conocido como el Shach, y el rabino Dovid haLevi Segal, conocido como el Turei Zahav o Taz. Esto reflejaba la consolidación del Shulján Aruj como la última palabra en la ley judía. En 1648, el falso Mesías Shabtai Tzvi comenzó a afirmar que él era el Mesías, lo que causó mucha tragedia y agitación en el mundo judío.

Curiosamente, el rabino Schneur Zalman de Liadi comentó que todos los autores rabínicos hasta, incluyendo a Shach y Taz, escribieron sus obras bajo inspiración divina.

El período posterior a esto incluye la fundación del movimiento jasídico en el año 1734 dirigido por el rabino Israel Baal Shem Tov (1698-1760).

Aunque algunos pueden argumentar que todavía estamos técnicamente en la era de los Acharonim, la mayoría estaría de acuerdo en que el Holocausto y su devastación marcaron el final de un período en la erudición judía y el comienzo de otro.

No existe un nombre generalmente aceptado para referirse a nuestra era moderna, pero creemos que esta era está en la cúspide de la Redención final, la Era Mesiánica, ¡que sea pronto en nuestros días!

Según tomado de, RABBI Y: The Seven Eras of Torah Scholarship (chabad.org)

Traducción por drigs, CEJPSR

 
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Posted by on May 14, 2021 in Uncategorized

 

Una compleja relación hecha en el cielo

Melanie Phillips

por Melanie Phillips

Si los judíos se sienten amenazados por algunos cristianos por causa de la conversión o asimilación, el cristianismo de igual manera se siente amenazado por el judaísmo, específicamente, por el hecho de que los vínculos entre las dos religiones son mucho más fundamentales de lo que a muchos cristianos les gusta reconocer.

Para aquellos que deseen mejorar las relaciones entre judíos y cristianos, el extraordinario desenmascaramiento de Michael Elkohen como misionero cristiano encubierto en Jerusalén ha sido un revés.

Elkohen, que vivía como un rabino ultraortodoxo con su esposa (que murió hace dos meses) y cinco hijos, fue revelado la semana pasada en los medios israelíes como un no judío que se había entrenado como ministro cristiano antes de obtener calificaciones rabínicas en línea. y mudarse a Israel en 2006.

Como Jonathan Sacerdoti informa en el London Jewish Chronicle, había nacido en Nueva Jersey de madre metodista y padre protestante menonita cuyo apellido era Elk.

Estableció su propio seminario religioso, Yeshivat Yarim Ha’am, que tenía alrededor de 10 estudiantes, donde enseñó una versión judaizada del cristianismo, incluso ordenó “rabinos” cristianos para difundir el evangelio. Realizó circuncisiones rituales y sus hijos asistieron a escuelas judías ultraortodoxas. Fue desenmascarado por el grupo israelí anti-misionero Beyneynu después de que su hija de 13 años le dijera a un amigo que “Jesús acepta a todos”.

Sacerdoti dice que los investigadores ahora están listos para exponer una célula de otras tres familias misioneras cristianas en Jerusalén que se han hecho pasar por judíos religiosos.

El escándalo confirmará a muchos judíos en su sospecha de que los cristianos todavía deben ser temidos como profundos antisemitas que quieren destruir el judaísmo convirtiendo a los judíos al cristianismo, asegurando así que repudian su identidad religiosa y cultural.

Esta sospecha comunitaria es el producto de una larga y espantosa historia. En la Edad Media, los cruzados y otros cristianos europeos masacraron a decenas de miles de judíos que se negaron a convertirse. Posteriormente, tal persecución resultó en miles de conversos españoles, judíos que se convirtieron bajo la amenaza de tortura o quemados en la hoguera.

Muchos de estos conversos/as asumieron la apariencia exterior del cristianismo mientras continuaban observando los rituales y tradiciones judíos en secreto. También esas personas fueron perseguidas y masacradas por la Inquisición de la Iglesia Católica.

Los días de los pogromos cristianos y la persecución se han ido. En 2015, el Vaticano publicó un documento en el que declaraba que los católicos ya no deberían intentar convertir a los judíos.

Medio siglo después de que la Iglesia Católica repudiara formalmente la idea de la culpa colectiva judía por la muerte de Jesús, su documento de 2015 mostró sensibilidad y respeto hacia el judaísmo al citar extensamente fuentes rabínicas judías y reconocer su validez, así como la centralidad al judaísmo de la Torá.

Sin embargo, el rechazo inequívoco de los católicos a la conversión judía no se ha reproducido en el protestantismo.

En 2019, la Iglesia de Inglaterra emitió un informe llamado “Palabra infalible de Dios: perspectivas teológicas y prácticas sobre las relaciones entre cristianos y judíos”, que reconocía el historial histórico de persecución judía del cristianismo.

Sin embargo, el Gran Rabino de Gran Bretaña, Ephraim Mirvis, expresó su “considerable recelo” de que no se haya rechazado los esfuerzos de aquellos cristianos que intentaron convertir a los judíos al cristianismo.

De hecho, todavía hay protestantes, particularmente en Estados Unidos con su importante bloque de iglesias fundamentalistas, que creen que su misión religiosa es hacer que el pueblo judío crea en la divinidad de Jesús.

Algunos creen que la conversión de los judíos es el preludio necesario para la segunda venida de Jesús y el consecuente “Fin de los Días”. Aún otros creen que los judíos eventualmente se convertirán de todos modos en esa segunda venida (a lo que un judío bien podría encogerse de hombros, “Me arriesgaré en eso”).

Por lo tanto, el desenmascaramiento de misioneros encubiertos en Israel puede reavivar los latentes temores judíos y las sospechas hacia los cristianos. Esto sería extremadamente lamentable, ya que oscurece una realidad mucho más compleja.

Los cristianos forman el bloque más sólido y apasionado de partidarios de Israel en el mundo. De hecho, el apoyo a Israel por parte de los cristianos estadounidenses es mucho más fuerte que el apoyo a Israel mostrado por la mayoría de los judíos estadounidenses.

Aquí hay otra tremenda ironía. Esa mayoría judía estadounidense, que es abrumadoramente política y religiosamente liberales, en realidad tiende a tener una visión cristianizada de que la fe en Dios es fundamental para la religión, y que la fe religiosa es necesariamente privada y confesional.

En el caso del judaísmo esto no es cierto. Para el judío , la fe en Dios es simplemente el punto de partida que da significado espiritual a cada aspecto de la vida cotidiana, desde beber un vaso de agua hasta restringir lo que haces en sábado y el cómo comportarte en el dormitorio y el baño — para santificar al pueblo judío de acuerdo con las leyes y preceptos establecidos en la Torá.

Los judíos liberales estadounidenses, sin embargo, devalúan muchas de las reglas y rituales más importantes del judaísmo, éstos creen que son simplemente anacronismos arcaicos sin relevancia para el mundo actual.

Queriendo mas bien identificarse como judíos culturales, se han convencido a sí mismos a través de su concepto de “tikkun olam” (la reparación del mundo) que las ideologías de izquierda basadas en el relativismo moral o el marxismo son valores judíos, cuando de hecho son su antítesis.

Aquí también, hay judíos que se adentran profundamente en la cristianización que tanto temen. Porque estas ideologías, como lo son la demonización de los hombres, o de los blancos o el repudio del núcleo familiar, representan un ataque consciente a los preceptos y la autoridad de la Biblia, todas están infundidas por una creencia en la redención y la del mundo a través de los esfuerzos de sus acólitos.

Esta creencia, en absoluto, no está presente en el judaísmo. El judaísmo promueve la compasión, la justicia o la bondad amorosa porque sostiene que tales actos santifican a quienes se comportan de acuerdo con estos singulares preceptos. La “reparación del mundo” es asunto exclusivo del Todopoderoso. Los individuos que usurpan este papel o función son culpables de orgullo y arrogancia.

El cristianismo, por el contrario, es una religión universalista que sostiene que la fe en la muerte de Jesús puede redimir y salvar al mundo entero. Entonces, en efecto, el universalismo liberal, en unión a las preocupantes ideologías que ha engendrado, presenta un cristianismo sin Dios.

Sin embargo, si los judíos se sienten amenazados por algunos cristianos por causa de la conversión o asimilación, el cristianismo mismo se siente amenazado por el judaísmo, específicamente, por el hecho de que los vínculos entre las dos religiones son mucho más fundamentales de lo que a muchos cristianos les gusta reconocer.

No es solo que Jesús fuera judío. Era un judío creyente. A pesar de que era un crítico radical del establecimiento judío, vivía de acuerdo con las reglas y rituales judíos. Nunca afirmó ser divino o estar fundando una nueva religión.

En su nuevo libro Chosen, el sacerdote de la Iglesia de Inglaterra Giles Fraser (que es hijo de un judío y padre de dos niños judíos) escribe que durante siglos después de la muerte de Jesús, sus primeros seguidores eran simplemente una secta judía. Fue Pablo de Tarso quien negó la esencia del judaísmo al transformar las creencias de Jesús en universales. Luego, bajo el emperador Constantino, los romanos se apropiaron (robaron) de la religión de Jesús y la hicieron suya.

Así que es probable que los cristianos que intentan convertir a los judíos lo hagan, al menos en parte, porque se sienten amenazados por el hecho de que Jesús mismo no era cristiano.

A pesar de todo, hay muchos cristianos que respetan y admiran el judaísmo y al pueblo judío sin tener ninguna intención de convertirlos, ni ahora ni al final de los días. Lejos de sentirse amenazados por esta asociación tan estrecha, sacan fuerzas de ella.

Si la civilización occidental quiere evitar un suicidio cultural, necesita encontrar una manera de volver a fortalecer sus creencias bíblicas fundamentales. Los judíos y los cristianos deben ser socios en este esfuerzo de la “Oncena hora”. No se debe permitir que acontecimientos como quitar la máscara de los misioneros encubiertos en Jerusalén pongan en peligro esta desesperada empresa.

Melanie Phillips, periodista, locutora y autora británica, escribe una columna semanal para JNS. Actualmente es columnista de “The Times of London”.

Según tomado de, Melanie Phillips Writer – JNS.org

Traducción por drigs, CEJSPR

 
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Posted by on May 11, 2021 in Uncategorized

 

Achieving Joy: Be a Simpleton

by Rabbi Dr. Nathan Lopes Cardozo

Image by Pezibear from Pixabay.

“And the Lord said to Moshe: “I will rain down bread (Mannah) for you from the sky…… that I may test them, to see whether they follow My Torah or not.” (Shemot 16:4.)

The Mannah tasted like any food that one desired. (Yoma 75a)

All of us would like to live in joy. We believe that this often depends on our physical circumstances, and how much we owe. We wait for the moment we no longer need to complain and everything goes smooth and we are no longer disturbed by all sorts of obstacles. We all know that the last will never happen. The reason is obvious: we are not speaking of joy, but of pleasure.

What is pleasure? It is the satisfaction of a desire that does not require any activity, in the sense of spiritual aliveness. Such pleasure can be of great intensity; the pleasure in having social success; earning more money; winning a lottery; sexual pleasure, even without any inner love for one’ s partner; eating to one’s heart’s content; wining a race; the state of elation brought about by drinking; getting into a trance, the use of drugs etc. However all of these are “joyless pleasures”.

Joy is the concomitant of productive spiritual activity. It is not a “peak experience” which culminates and ends suddenly, but rather a plateau, an emotional state that accompanies the productive expression of one’s essential expression of human faculties. It is not the ecstatic fire of the moment but the joy that is the glow that accompanies growing from within.

Joy is an attitude, not a condition but the result of imagination. Joy is the result from inner spiritual fulfilment. Sorrow is the result of the lack of this fulfillment. This is very well expressed in the Torah when Moshe, discussing the many violations of the Israelites in the 40 year’ long journey in the desert, telling them that the real reason for these violations was their lack of joy. “You did not serve the Lord your God with joy and gladness in the midst of the fulness of all things” (Devarim 28:47).

Here is a great story called the “Sophisticate and the Simpleton” by the famous Chassidic Rebbe, Rabbi Nachman of Breslov [1] which illustrates how one can “have nothing” but “be everything” .

Nathan Lopes Cardozo


The Sophisticate and the Simpleton

The Simpleton had learned the trade of a shoemaker. Being simple, he had studied very hard to master it, but he was not an expert in the craft. He married and earned a living from his work. But he was simple and so his livelihood was very meager and limited. With only limited skill, he had to work constantly. He didn’t even have time to eat. He would eat as he worked: he’d make a hole with his awl, draw the thick shoemakers’ thread in and out and take a bite of bread and eat it.

Throughout all this, he was always very happy. He was constantly filled with joy. He had every type of food , drink, and clothing. He’d say to his wife: “My wife, give me something to eat.” So she gave him a piece of bread, which he would eat. Then he’d say, “ Give me some soup with groats.” She’d cut him another slice of bread, which he’d eat and praised it highly. “How nice and delicious this soup is!”. He’d then ask her for some meat and other good food. Each time she would give him a piece of bread. Each time he would savor it and praise the food very highly, saying how well-prepared and delicious it was.

It was as if he were actually eating the food he’d asked for. And in fact when he ate the bread, he really did taste any kind of food he wanted. This was because of his innocence and great happiness.

He would say to his wife, “Bring me some beer to drink.” She would bring him some water, but he would praise it and say, ”How delicious this beer is!” “Now give me some honey wine.” She would give him water and he would speak most highly of it. “Give me some wine… or other beverages.” And each time she would give him water, but he would enjoy it and praise it as if he were actually drinking what he’d asked for.

The same was true of clothing . Between them, the only overcoat he and his wife possessed was a sheepskin. Whenever he wanted to go to the market, he’d would say to his wife, “Give me the sheepskin,” and she would bring it to him. When he wanted to wear a fur coat to go visiting, he’d say, “Give me my fur coat”. She would give him the sheepskin, but he would enjoy it and praise it , saying, “what a nice fur coat this is!” When he needed a caftan to go to the synagogue, he ‘d say, “Give me the caftan.” She gave him the sheepskin and he would praise it: “What a beautiful caftan this is!”

Since he had not completely mastered his trade, when he finished a shoe it was usually triangular in shape, but he would take the shoe in his hand and admire it, deriving the utmost enjoyment from his handiwork. He’d say: “My wife, what a beautiful wonderful shoe this is! How sweet is this shoe, as sweet as honey or sugar!”

Sometimes she’d answer him: “If that is true, how come other shoemakers get three gulden for a pair of shoes, while you get only one a gulden and a half?”

“What do I care about that?” he’d say. “That’s their work and this is my work. Why must we think about others? Let’s think about how great a profit I make on this shoe. The leather costs such and such, the glue and the thread cost such and such… I have a clear profit of ten groschen! As long I make such a clear profit what do I care?”[2]


Notes

[1] This story is based on Sippurei Ma’asiyot by Rabbi Nachman of Breslov, (1815) translated in English as Tales of Rabbi Nachman, by the famous Rabbi Aryeh Kaplan, Breslow Research Institute, Jerusalem, 1985, with an excellent commentary. (1985) pages, 168-173.

[2] Rabbi Nachman of Breslov was the great-grandson of the “founder” of Chassidism, the famous Rabbi Israel ben Eliezer also called the Ba’al Shem Tov or Besht (1698-1760). Rabbi Nachman’s revolutionary ideas are of great depth and highly unusual . He left behind many works. They include Likutei Moharan,1806; Sefer haMiddot,1811, and Sippurei Ma’asiyot, (Tales of Rabbi Nachman), 1815. These tales are of extraordinary complexity, often consisting of many layers. Rabbi Nachman was buried in Uman in Ukraine. Like his near contemporary Danish religious Soren Kierkegaard, he discusses the problem of simple faith and religious doubt. Lately his burial place has become a place of substantial pilgrimage and religious contemplation visited by thousands of his admirers. I have often wondered and lectured on what would have happened if Rabbi Nachman would have met famous Dutch apostate Jewish philosopher Baruch Spinoza (1632-1677).

As taken from, Thought to Ponder: Achieving Joy: Be a Simpleton (campaign-archive.com)

 
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Posted by on April 22, 2021 in Uncategorized

 

Después de 500 años, mi familia retornó al judaísmo

por Ivette Alt Miller

Después de 500 años, mi familia retornó al judaísmo
Durante siglos, la familia del Dr. Joe Maldonado ocultó su judaísmo. Al investigar sobre sus ancestros, descubrió algo sorprendente.

El Dr. Joseph Maldonado creció en Nueva York en los años 60 con un fuerte sentido de comunidad. Sus padres emigraron de Puerto Rico a Nueva York, allí se conocieron y comenzaron su familia.

A pesar de que la gran mayoría de los puertorriqueños son católicos apostólicos romanos, la familia de Joe se sentía muy separada de la iglesia católica. Su familia se identificaba con una denominación protestante, similar a la comunidad menonita. Joe recuerda su cálida infancia en un ambiente religioso sumamente conservador, donde aprendió a tener un “tremendo respeto por Israel y por el pueblo judío como el pueblo elegido por Dios”, explicó en una entrevista con Aishlatino.com.

Al llegar a la escuela secundaria en una escuela pública de la ciudad de Nueva York, Joe descubrió que “las únicas personas que tenían un estilo de vida similar al mío eran los judíos ortodoxos”. Posteriormente estudió en la universidad de Nueva York, y su mejor amigo fue un judío ortodoxo. Joe estudió en la Facultad de Medicina Albert Einstein, una división de Yeshiva University en Nueva York.

Joe también estudió en Harvard, Oxford y en la Universidad Dalhousie en Canadá. Se convirtió en urólogo, e incluso trabajó como asistente del director y profesor asistente en la escuela de medicina osteopática en Touro College, otra institución judía ortodoxa en Nueva York.

Joe Maldonado

Cada tanto, incluso pensaban que Joe era judío. Cuando estaba en la facultad de medicina (uno de los dos hombres no judíos que había en su clase), Joe escuchó a sus compañeros conversar sobre sus trabajos adicionales antes de las Altas Fiestas en diversas sinagogas. “Yo dije que era un cantor en una ‘sinagoga’ local…” recuerda con una sonrisa. Con tantos compañeros judíos, esa era la única forma de ser “parte de la discusión” durante las fiestas judías.

Joe recuerda que en una ocasión, al visitar la Biblioteca pública de Nueva York cuando era un jovencito, se le acercó un emisario del movimiento Jabad Lubavitch y le preguntó si quería ponerse tefilín. Joe rechazó la oferta, pero siempre lo acompañó el recuerdo de ese encuentro.

Investigar la historia familiar

Mientras construía su carrera médica, Joe también comenzó a investigar apasionadamente la historia de su familia. Desde que estaba en la escuela secundaria le había interesado la genealogía y había efectuado impresionantes investigaciones. “Logré rastrear ambas partes de mi familia hasta el siglo XVIII, y a medida que pasaban los años cada vez me sentía más interesado en el tema”.

Él descubrió que tanto la familia de su padre como de su madre tenían raíces europeas. Con el tiempo, Joe visitó Puerto Rico y España y revisó documentos en los registros civiles y en los archivos de la iglesia católica. Un punto clave en la investigación de Joe tuvo lugar a finales del 2000, cuando conoció a un genealogista amateur, Harry Stein. Harry Stein, nativo de Chicago, tenía un sitio web sumamente popular llamado Sephardim.com, que contenía muchísima información sobre la historia de los judíos sefaraditas. (El sitio desapareció tras el fallecimiento de Stein en el 2015).

Stein identificó decenas de apellidos judíos y le dijo a Joe que el distintivo apellido de soltera de su madre estaba asociado con familias judías. En un primer momento, Joe no estuvo interesado en oír que su árbol familiar podía contener ciertas asociaciones judías, pero recuerda que Stein comentó que tal vez en algún momento del pasado los judíos podían haber sido parte de su familia.

El mundo de los sefaradíes, anusim y criptojudíos

En la Edad Media, la comunidad judía de España era una de las más grandes y vibrantes del mundo. También era una de las más complejas y amenazadas. En el siglo VI, los judíos que vivían en lo que hoy es España se vieron forzados a convertirse. De acuerdo con el historiador Max I. Dimont en su libro “Los judíos, Dios y la historia”, el rey Recaredo obligó a convertirse al cristianismo a 90.000 judíos.

Esta experiencia de conversiones forzadas se repitió en varios momentos, particularmente después de 1391 cuando los judíos fueron masacrados por turbas cristianas primero en Sevilla y luego en otros pueblos y ciudades de la península ibérica. Alentados a un frenesí antijudío por parte de los líderes católicos, las turbas españolas saquearon las propiedades judías, asesinaron a miles de judíos y obligaron a muchos judíos a convertirse al cristianismo bajo pena de muerte.

A lo largo de las subsiguientes olas de ataques, tantos judíos se convirtieron al cristianismo que su número comenzó a plantear un problema para los cristianos “regulares”, que sospechaban que los judíos conversos seguían manteniendo su religión en secreto. Estos judíos que aparentemente se habían convertido al cristianismo, y de quienes sospechaban que mantenían en secreto su estilo de vida judío, eran conocidos como “nuevos cristianos” o como Marranos, que era un término despectivo y abusivo. Los judíos llamaban a sus correligionarios criptojudíos, es decir judíos que mantenían su religión en secreto, o anusim, un término hebreo que significa “forzados”.

El historiador y ex profesor de la Universidad Hebrea, Jaim Hilel Ben Sasson, observó que estos judíos secretos florecieron en la sociedad española, lo que provocó resentimiento entre los cristianos “viejos” que no tenían sangre judía. “Gradualmente, el antagonismo cristiano hacia los conversos asumió un carácter étnico y racial. El concepto de ‘pureza de sangre’ evitaba la integración de los nuevos cristianos dentro de la sociedad cristiana. Más y más violencia era perpetrada contra los conversos”.

La inquisición atacó a los judíos secretos y quemó en la hoguera a todos los que eran condenados por el “crimen” de mantener en secreto sus tradiciones judías.

En 1478 se estableció la inquisición para desarraigar a los herejes dentro de la iglesia católica. Esta se hizo cargo de una previa inquisición Papal. La inquisición en España fue solo uno de estos cuerpos. Roma y Portugal mantenías sus propias inquisiciones. La inquisición española no operaba sólo en España sino también en sus territorios cruzando los mares. Desde 1481, la inquisición persiguió a los judíos secretos, torturando a quienes eran acusados de mantener prácticas judías y quemando en la hoguera a todos los que fueron condenados por el “crimen” de mantener en secreto las tradiciones judías.

Tomás de Torquemada, un fraile dominicano sádico y fanático antisemita, dirigió la inquisición de España. Torquemada no sólo quería desarraigar a los judíos secretos, sino también expulsar del país a todos los judíos. Cuando el Papa rechazó su pedido de emitir un edicto de expulsión a los judíos, Torquemada presionó a los reyes de España, el rey Fernando y la reina Isabel, para que exiliara a todos los judíos de España.

Fue una proposición increíble. Los judíos españoles estaban integrados y tenían influencia en todo el reino de España. (De hecho, el matrimonio de Fernando e Isabel fue arreglado por un judío español llamado Abraham Senior). La pareja real accedió a expulsar a los judíos de España, pero pareció arrepentirse cuando el prominente rabino español Rabí Don Itzjak Abravanel se presentó ante ellos en persona suplicando por sus correligionarios y pidió que les permitieran quedarse a cambio de un enorme soborno al rey y a la reina. Dicen que la pareja real casi aceptó, pero en ese momento entró a la habitación Torquemada, escupiendo veneno antijudío, y logró frustrar la oferta de Abravanel.

En el escudo de armas de los ancestros maternos de Joe se ven pequeñas estrellas de David rodeando las cruces.

En 1492, el día de Tishá BeAv, que marca la destrucción de ambos Templos en Jerusalem, los judíos de España salieron del país. Las estimaciones respecto a cuántos judíos salieron ese día varían entre 40.000 a 100.000. Muchos se fueron a Portugal. Algunos huyeron a Ámsterdam, Bélgica, Italia o a territorios españoles al otro lado del mar, como las Islas Canarias y las Azores.

Decenas de miles de judíos permanecieron en España. Formalmente ellos aceptaron convertirse en cristianos, pero muchos mantuvieron en secreto sus prácticas judías. Estos judíos secretos eran el objetivo al que apuntaba la temida Inquisición. Todo judío secreto que vivía en los territorios españoles al otro lado del mar continuó siendo perseguido por la Inquisición que operaba en las jurisdicciones españolas por todo el mundo. Increíblemente, la inquisición española sólo terminó en 1834, tras haber torturado y matado en la hoguera a miles de personas.

Descubrir más secretos familiares

En el 2013, España anunció que otorgaría ciudadanía a los descendientes de los judíos que fueron obligados a abandonar el país en 1492. La nueva política ocupó muchos titulares en todo el mundo e impulsó a Joe Maldonado a pensar una vez más sobre una posible conexión judía en la historia de su familia. “Volví a trabajar sobre el árbol familiar de mi madre”, recuerda. Muy pronto se puso en contacto con otro médico que está relacionado con Joe a través de su tatarabuela materna.

Esta nueva historia familiar se remontó mucho más atrás de lo que Joe había logrado penetrar. De repente pudo rastrear partes de su familia hasta el siglo XVI. Él notó una característica inusual. “Muchas veces aparecía algo que se llama dispensa por consanguinidad”. Estos eran permisos que se debían pedir a la Iglesia católica si alguien deseaba casarse con parientes en línea directa en primero, segundo, tercer o cuarto grado, algo que típicamente estaba prohibido por la iglesia católica, pero que podía superarse al recibir una “dispensa”. La historia familiar de Joe estaba repleta de casos de primos que se casaban entre ellos. Joe afirma que “no pude entender eso”. En un primer momento pensó que tal vez sus ancestros trataban de proteger la riqueza familiar al casarse sólo dentro del clan, pero eso no eliminaba todas las preguntas respecto a ese inusual patrón de elección de parejas.

Otra característica inusual del árbol familiar de Joe era la extensa gama de lugares de donde venían sus ancestros. “Descubrí que no veníamos sólo de España”. En muchos casos, sus ancestros se habían mudado de España a Portugal, y de allí a Amberes, Ámsterdam, a otras partes de Flandes, las Azores y las Islas Canarias.

El árbol rabínico de la familia Verdugo, con el cual está conectada la 8va bisabuela materna María Segarra Verdugo (j-haplogroup).

“Comencé a leer un poco y descubrí que esos eran lugares a los que habían ido los conversos. Comprendí que el patrón de migración que estaba viendo era el patrón que seguían esos criptojudíos”. En su investigación, Joe descubrió los términos anusim y benei anusim (descendientes de anusim). Se sorprendió al descubrir que incluso en el Nuevo Mundo había personas que mantenían costumbres y tradiciones judías que surgieron de sus experiencias como anusim cientos de años antes.

Joe comenzó a preguntarles más a sus padres sobre las singulares costumbres de sus familias. Él oyó que algunos descendientes de anusim continuaban cuidando costumbres familiares como el hecho de encender velas la noche del viernes. ¿Acaso su familia hacía eso cuando estaban en Puerto Rico? No, en absoluto, le respondió su madre, pero mientras más preguntaba, más descubrió respecto a algunas curiosas costumbres que tenían ciertos tintes de prácticas judías.

Algunos judíos secretos tenían la costumbre de barrer hacia el centro de la habitación al limpiar el suelo. El Dr. David M. Gitlitz, ex profesor de estudios hispánicos en la Universidad de Rhode Island, estudió testimonios de la inquisición y señaló que algunos judíos españoles tenían una superstición respecto a que no debían barrer la basura pasando la mezuzá en el marco de la puerta, por lo que barrían hacia el centro de la habitación.

“Entonces vi que mi madre barría hacia el centro de la habitación”, contó Joe. Al enterarse que esa costumbre estaba asociada con los judíos secretos, Joe le preguntó por qué barría de esa manera. “Esa es la forma en que aprendí a barrer”, le respondió su madre. Joe también comprendió que su madre nunca comía huevos fuera de su hogar. Ella no quería consumir un huevo que tuviera una mancha de sangre y sólo comía huevos que ella misma hubiera preparado para poder revisar que no tuvieran sangre. Para entonces, Joe ya sabía que esta también era una costumbre judía (de hecho, revisar que no haya manchas de sangre en los huevos antes de cocinar es un componente clave de la cocina kasher). Joe le preguntó a su madre también respecto a esta curiosa costumbre. “Simplemente porque nosotros comemos así los huevos. Eso es lo que me enseñó mi abuela”, le respondió su madre.

Otra costumbre familiar que le llamó la atención fue que su madre no mezclaba lácteos y carne en la misma comida.

Otra costumbre familiar curiosa que Joe descubrió fue el hecho de enterrar a quienes fallecían dentro de las 24 horas de su muerte. A continuación, sus parientes cubrían todos los espejos de la casa y permanecían en la casa durante siete noches, rezando el rosario y recibiendo visitas. “Ponían sillas y la gente venía de visita”. Joe comprendió que esto hacía eco de la costumbre judía de sentarse en shivá cuando fallece un pariente cercano. La falta de afinidad con la iglesia católica por parte de sus bisabuelos lo llevó a pensar que rezar el rosario después de la muerte de un familiar debía ser una señal de que estaban ocultando algo. ¿Por qué esos ancestros que clamaban ser firmes protestantes, de repente rezaban como los católicos durante siete noches después de un funeral? “Pensé que en verdad estaban haciendo shivá y lo ocultaban diciendo el rosario”, recuerda Joe.

Otra costumbre familiar que le llamó la atención: “Mi madre no mezclaba carne y lácteos en la misma comida”, contó Joe. Cuando les preguntó a sus padres sobre esa tradición poco habitual, le respondieron que eso era lo que hacían sus familias.

De regreso en Puerto Rico, Joe descubrió que sus parientes tenían una forma inusual de sacrificar a los animales que recordaba de cerca a la shejitá, el ritual judío para sacrificar animales. “Tengo videos de mi madre y de su hermana explicando cómo mataban pollos y terneros en la granja en la que crecieron”. Ellas describieron usar un cuchillo especial que tenía que ser muy afilado y matar a los animales con un solo corte en el cuello. Luego acostumbraban a poner sal gruesa en la carne y a hervirla para asegurarse que no quedara nada de sangre. Aunque este método de matar a los animales era diferente de lo que hacían sus vecinos, los parientes de Joe siguieron haciéndolo de esa manera simplemente porque esa era su costumbre.

Joe también señaló que muchos de los nombres de su familia eran bíblicos: “Los nombres de los hermanos de mi madre eran Carmel, Naftali y Efraim”. La familia de su madre también parecía seguir una tradición familiar de nombrar a sus hijos con los nombres de parientes que habían fallecido.

Había también otra costumbre familiar que Joe pensó que podía derivar del deseo de apegarse a la práctica judía en secreto. Las mujeres judías tradicionalmente se sumergen en un baño ritual una vez al mes. En la familia de Joe, su madre recordó que todas las mujeres visitaban una vez al mes el río local. Joe le preguntó si esa inusual costumbre familiar tenía algún significado particular. “No, era simplemente para pasar un buen momento”, le respondió. Sin embargo, mientras más investigaba sobre la historia y las costumbres judías, Joe más creía que se trataba de antiguos rituales judíos.

“Comprendí que eran tradiciones que la gente seguía cumpliendo pero que no entendían por qué lo hacían. Seguían cumpliendo con esas prácticas, pero habían perdido y olvidado el significado original de por qué hacían esas cosas”.

La historia de los judíos secretos en Puerto Rico

Oficialmente, España no permitió que vivieran judíos en Puerto Rico, pero parece que al igual que en otras partes, logró asentarse allí una comunidad de judíos secretos. En su investigación, Joe descubrió que Alonso Manso, un oficial católico, escribió a comienzos del siglo XVI a los oficiales de la iglesia quejándose de que la isla estaba “infectada” con judíos y en 1519 recibió privilegios inquisitoriales de la iglesia. “Era tan cruel que otros sacerdotes católicos pidieron que le quitaran sus privilegios”, señala Joe.

Un oficial del gobierno de Puerto Rico que fue acusado de ser un judío secreto huyó a España para enfrentar allí a la inquisición, antes que enfrentar la sádica inquisición de Manso en Puerto Rico. A pesar del aparente regocijo de Manso al ver sufrir a quienes eran quemados en la hoguera, él mantuvo sus temibles poderes inquisitoriales.

En esta atmósfera de intensa hostilidad antijudía, los judíos secretos de Puerto Rico eligieron escaparse al interior montañoso de la isla para ocultarse. El pueblo de Utuado, junto a Lares, Adjuntas y Jayuya tienen familias con historias de criptojudíos. En Utuado, algunas fuentes indican que el pueblo incluso contó con una región conocida como el “Sector judío”. “Los habitantes de la región son llamados híbaros y muchos creen que esto viene de la palabra hebreos. Dicen que muchos de los habitantes de Lares hablaban Ladino”.

Al seguir profundizando sobre la historia de su familia, Joe encontró dos parientes que fueron juzgados por la Inquisición española. Trágicamente, uno de sus ancestros fue quemado en la hoguera en las Islas Canarias y el otro quedó registrado que murió en prisión mientras esperaba su juicio en Toledo.

Conocer a otros anusim

A esta altura, Joe ya estaba casi seguro de que su familia eran judíos secretos. “Comprendí que no podía cerrar los ojos a esto”, explicó Joe. Él seguía siendo un cristiano religioso, y descubrir que era judío fue una “crisis existencial”.

Algunos de sus amigos le aconsejaron no dejar que ese descubrimiento lo perturbara, pero él no pudo compartir esta perspectiva. Descubrir que era judío no era lo mismo que descubrir cualquier otro dato de la historia familiar. Era algo que alteraba su propia identidad y el sentido de quién era. “Acababa de descubrir que mis ancestros perdieron su identidad judía debido a ese espantoso evento histórico”, entendió Joe al estudiar más sobre la inquisición. “De no ser por eso, mis ancestros hubieran tenido hijos que habrían seguido esas tradiciones. Hace cuatro o cinco generaciones, alguien sabía que estaban practicando algo en secreto”. Joe no quiso dar la espalda a esa tradición.

Él comenzó a conectarse con personas involucradas en la investigación de las comunidades judías secretas, y muy pronto entró en contacto con un miembro del Instituto de Estudios Sefaraditas y Anusim de Netania, Israel. Ellos invitaron a Joe a una conferencia en Israel en el 2015, dedicada a llevar un registro de los judíos de España en la diáspora. “¿Adónde se fueron todos esos judíos cuando los expulsaron de España?”, preguntó Joe. Él estaba decidido a ser parte del grupo de investigadores que respondieran a esa pregunta crucial.

En la conferencia, Joe conoció a otros dos puertorriqueños. Uno era una mujer que había descubierto que descendía de los judíos secretos y se había convertido formalmente al judaísmo. El otro era un abogado que estaba descubriendo su herencia como judío secreto. “Éramos los tres puertorriqueños más inverosímiles”, comenta Joe con una sonrisa. Cada uno había encontrado su camino a la conferencia después de muchos años de investigar sus propias historias familiares. Hasta el día de hoy, Joe cree que su encuentro fue “fijado por Hashem”, usando el nombre hebreo de Dios.

“Me sentí como Richard Dreyfus en Encuentros cercanos”, explicó Joe respecto a la conferencia. En la película, el personaje de Dreyfus y otras personas buscan la misma verdad, utilizando el limitado equipo al que tenían acceso. El personaje de Dreyfus se siente obligado a crear el modelo de una montaña cuyo significado sólo queda claro más adelante en la película. “Sentí que estaba tallando una montaña, hasta que encontré otras personas que estaban igualmente obsesionadas con sus investigaciones, al igual que en la película. Sentí: ‘Dios mío, no soy el único'”. Un rabino que participó en la conferencia le dijo a Joe que su investigación de la historia judía le recordaba las profecías bíblicas de las diez tribus perdidas de Israel retornando tras un largo exilio.

Durante ese viaje a Netania, Joe asistió a su primer servicio en una sinagoga, al visitar la sinagoga sefaradí local. “Fue un momento muy fuerte, no entendía nada de lo que decían, pero mi alma entendía”.

Conectarse con los judíos en Nueva York

“Regresé a Nueva York sabiendo que necesitaba retornar a mis raíces judías”, explicó Joe. Él se conectó con varios rabinos y comenzó a trabajar con el Rav Peretz Steinberg, quien entonces trabajaba como rabino de Young Israel de Queens Valley, en Nueva York.

Al oír la remarcable historia de la familia de Joe, Rav Steinberg le sugirió llevarlo a New Square, donde vivía Rav David Twersky, conocido como el Rebe de Skever. Rav Twersky, un descendiente directo del Baal Shem Tov, el fundador del movimiento jasídico, es uno de los más renombrados y reverenciados líderes judíos que viven hoy en día. La visita llevó a uno de los momentos más fuertes en la travesía judía de Joe.

En un primer momento, Joe se sorprendió por la vestimenta jasídica de Rav Twersky y de otros judíos de New Square. Le resultó muy extraño. Cuando Rav Twersky comenzó a hablar con Joe, también él se sorprendió por la investigación familiar de Joe. Joe recuerda que le explicó a Rav Twerski que “quiero hacer esto como un retorno”. Le dijo que no era un extraño que quería convertirse a una religión nueva. Más bien se veía a sí mismo como un judío perdido que había regresado a casa. “Mi familia son judíos que se perdieron a lo largo del camino”, explicó Joe.

Rav Twersky lo escuchó y luego le dijo: “Esto no es una conversión, es un retorno”. Aunque Joe eventualmente eligió seguir adelante con una conversión judía ortodoxa, para que nunca quede lugar a dudas de su judaísmo, se sintió validado por la confianza de Rav Twersky. “Oír a Rav Twersky decir que era un retorno fue suficiente”, señala Joe.

Joe comenzó a cuidar las festividades judías y otras mitzvot. No había una sinagoga en el pequeño pueblo en el que vivía en Nueva York, pero tuvo la fortuna de encontrar una sinagoga ortodoxa en Urica, Nueva York, a la cual podía llegar en auto. Compró una casa cerca de esa sinagoga que mantiene como una “casa de Shabat”, donde él y sus huéspedes pueden quedarse para poder caminar hasta la sinagoga en Shabat.

Embarcarse en este nuevo estilo de vida judío ortodoxo no siempre fue sencillo. Al comienzo, Joe era el presidente de la Sociedad Estatal de Médicos de Nueva York, y a menudo tenía que asistir a conferencias los fines de semana.

El logró encontrar hoteles cerca de sinagogas para cuidar Shabat así como kashrut y otras tradiciones judías. También comenzó a aprender hebreo.

El día del recuerdo del Holocausto del 2016 Joe completó su conversión. Ya tenía un nombre judío que había recibido de sus padres: Iosef Rafael. Adoptó también el nombre Peretz como tributo a Rav Steinberg. Posteriormente, Rav Steinberg descubrió que el día de la ceremonia era el iortzait de su amada abuela Perel, por quien él había recibido su nombre. Durante mucho tiempo, los padres de Rav Steinberg no tuvieron hijos. Poco antes de morir, su abuela Perel les dio una bendición y les dijo que muy pronto tendrían un hijo. Era como si Perel una vez más estuviera brindando bendiciones, ayudando a infundir santidad en la vida de Joe cuando él comenzaba su vida como judío.

La aceptación de la familia

Joe Maldonado no está casado y no tiene hijos. Aunque sus padres y parientes no siguieron los pasos de Joe al descubrir su herencia judía, ellos aceptaron esta nueva faceta de su familia.

El hermano de Joe ya no vive, pero antes de morir comenzó a darle a Joe regalos en Janucá en vez de darle regalos de Navidad. La madre de Joe lo acepta e incluso disfruta encendiendo con él las velas de Janucá. El padre de Joe se resistió al comienzo, pero Joe describe que una vez escuchó una llamada por teléfono cuando llegó sin anunciarse a la casa de sus padres. Un primo le dijo a su padre que su hijo estaba haciendo su residencia médica en el Hospital Beit Israel. “Mi padre dijo: ‘Oh, esa es una buena institución judía. A propósito, tú sabes que somos judíos… Joe lo investigó y somos judíos genética y genealógicamente. No puedes discutir con los hechos”. Aunque no se lo dijo directamente a Joe, para él oír esas palabras fue muy significativo.

¿Estos huesos pueden vivir?

Durante los últimos cinco años, Joe continuó investigando su árbol familiar y ante su sorpresa descubrió que los dos puertorriqueños que había conocido años atrás en la conferencia en Netania son sus primos. También encontró otros parientes judíos, incluyendo un rabino que vive en Alemania, que es un primo en quinto grado. Siguió investigando un poco más la familia de su madre y ubicó la tumba de un pariente en un cementerio judío en Curazao. También encontró la ketubá, el contrato matrimonial judío, del hijo mayor de su bisabuelo en octavo grado, quien se casó en la famosa sinagoga sefaradí de Londres, Bevis Marks.

Ketuvá del hijo mayor de los bisabuelos en octavo grado, que se casó en la sinagoga Bevis Marks en 1711

Joe señala que al profeta Ezequiel le mostraron unos huesos viejos que estaban sobre la tierra y le preguntaron: “¿Estos huesos pueden volver a la vida?” (Ezequiel 37:1). Dios le mostró a Ezequiel una fuerte imagen de huesos hace tiempo muertos que retornaban a la vida. “Oí un ruido y he aquí una conmoción y los huesos se reunieron, hueso con hueso. Y observé que había nervios sobre ellos y surgió la carne y fueron cubiertos de piel…” (Ezequiel 37:7-8). Ante el asombro de Ezequiel, muy pronto estuvo de pie un grupo de personas, formadas de los huesos que antes parecían estar completamente muertos.

“Esa es mi historia”, explica Joe. “Nosotros somos los descendientes de los huesos que fueron polvo, que hace mucho desaparecieron”. Cada vez que él cumple una mitzvá, demuestra que una línea judía que durante tiempo estuvo dormida ha regresado a la vida.

Hace algunos años, Joe estaba en Syracuse, Nueva York, y una vez más se le acercó un joven emisario de Jabad Luvabitch y le preguntó si quería ponerse tefilín, tal como le habían preguntado muchos años antes en la Biblioteca pública de Nueva York. Esta vez Joe aceptó.

“Pensé que probablemente esa era la primera vez en 500 años que alguien de mi familia se ponía tefilín”.

Hasta la fecha, Joe encontró ocho primos, descendientes de su bisabuela materna en noveno grado, que también retornaron al judaísmo tradicional. “Estamos regresando a casa”, dice Joe.

Según tomado de, Después de 500 años, mi familia retornó al judaísmo (aishlatino.com)

 
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Posted by on April 19, 2021 in Uncategorized

 

¿Cuál es el sentido de la vida en la Tierra?

La vida no se vive sólo por la dicha de la otra vida, como muchos piensan erróneamente. La vida se vive por la vida misma.

por Sara Blau

Has jugado Candy Crush durante horas, para al final de la noche descubrir que te encuentras en un nivel mucho más bajo del que estabas cuando iniciaste. ¿Cómo entender esto? Sumaste muchos puntos para nada. Acaso, ¿no te mereces al menos la satisfacción de subir de nivel?

A menos que haya otro objetivo en mente.

Antes de descender a un cuerpo humano, cada alma judía disfruta de la luz de la Shejiná en los niveles superiores del Gan Eden, en el cielo mismo. Y, sin embargo, después de sudar durante 70 u 80 años durante la vida útil de una persona, el alma se encuentra cosechando sus recompensas al aterrizar en los niveles inferiores del Gan Eden.

¿Qué pasa? ¿Por qué un alma trabajaría tan duro y, sin embargo, aterrizaría en un nivel más bajo que cuando comenzó?

Porque hay otro objetivo en mente.

La vida no se vive sólo por la dicha de la otra vida, como muchos piensan erróneamente. La vida se vive por la vida misma. El propósito de la vida es para algo tan grande que sólo se puede lograr allí abajo. Cuando un ser humano se involucra en la Torá y las mitzvot, toca la esencia de lo Divino, mientras que en el cielo las almas sólo pueden experimentar un rayo de la luz divina.

Es por eso que se dice que una hora de teshuvá y ma’asim tovim “arrepentimiento y buenas acciones” supera cualquier recompensa en el más allá. Porque el propósito del alma es refinar y elevar a su huésped humano. El alma no está aquí para sí misma, sino para influir en la energía y la fuerza vital de su cohabitante del cuerpo humano: el alma animal.

¿Cómo sucede eso? El alma puede sentirse bastante atrapada residiendo dentro de una persona. Se siente como si estuviera en el exilio. Hay tanto ruido del mundo exterior y hay tanto conflicto interno que el alma siente que está varada en un desierto remoto. El desierto es árido sin espiritualidad ni vitalidad a la vista.

Y eso también lo es por diseño. ¿Cómo se libera el alma de su estado desértico? Apoyándose en la experiencia de sed espiritual como si fuera sed de agua en un desierto. ¿Y cuándo sucede eso? Durante la oración. Este deseo y anhelo de Di-s —como un hombre/mujer sediento anhela agua— libera el alma de su existencia corpórea y le permite influir en el alma animal.

La oración es un momento para derramar nuestro corazón. Sentir el dolor de sentirse lejos de Di-s y desear tener una conexión más cercana. Despertar el amor que el alma tiene por su verdadera fuente: Di-s.

La oración es un momento para parar. Pensar en cómo, sin Di-s dándonos energía en cada momento, dejaríamos de existir. Por nosotros mismos, estamos sin vida tal como la arena en el desierto. Incluso la más espiritual de las creaciones sólo existe debido a la fuerza energizante de Di-s.

Esta conciencia activa literalmente nos hace tener sed de Di-s, de nuestra fuerza vital. Y sentir un deseo intenso de experimentar esto en nuestra experiencia diaria.

Cuando oramos así, cuando trascendemos nuestro entorno material y sentimos un deseo palpable de conectarnos con Di-s, entonces tocamos la esencia de Di-s. Transformamos la energía del alma animal, y ese es el propósito de todo.

Fuente: Maamar en Likutei Torá “Vaidaber… bamidbar Sinai b’ohel moed”, como se explica en Jasidut Mevueret, Capítulos 1, 2, 3.

Según tomado de, ¿Cuál es el sentido de la vida en la Tierra? – La vida no se vive sólo por la dicha de la otra vida, como muchos piensan erróneamente. La vida se vive por la vida misma. – Ideas y Creencias (chabad.org)

 
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Posted by on April 16, 2021 in Uncategorized

 

La histórica visita de San Juan Pablo II a la Sinagoga de Roma hace 35 años

Por
 Debora Donnini 

Un acontecimiento de gran “valor simbólico” que marcaba el cambio en la modalidad de las relaciones. Es así como lo recuerda el Gran Rabino de la comunidad judía de la capital italiana, Riccardo Di Segni, ese 13 de abril de 1986.

 Ciudad del Vaticano

El abrazo entre San Juan Pablo II y el Gran Rabino de Roma, Elio Toaff, selló una visita que permanece y permanecerá impresa en el corazón y en la memoria de muchas personas. Aquel día de abril de 1986, un Papa cruzó por primera vez el umbral de la sinagoga con un gesto que sus sucesores repetirían más tarde. Una etapa, por tanto, de un importante camino compuesto también por las oraciones de los Papas escritas en una tarjeta e insertadas en las grietas del Muro de los Lamentos de Jerusalén, así como las visitas a Auschwitz y otros gestos. Un camino cuyas raíces se encuentran sin duda en Nostra Aetate. Es, por tanto, interesante observar, releyendo los discursos de los protagonistas de aquella jornada de hace 35 años, las referencias a este documento conciliar, así como a la figura de San Juan XXIII.

Juan Pablo II y el gran rabino Elio Toaff
Juan Pablo II y el gran rabino Elio Toaff

Nostra Aetate y Juan XIII

En la riqueza de su discurso, el Papa Wojtyla subrayó el vínculo entre el cristianismo y el judaísmo, y refiriéndose a la declaración del Concilio sobre “Las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas”, recordó cómo la Iglesia “deplora el odio, la persecución y todas las manifestaciones de antisemitismo dirigidas contra los judíos en todos los tiempos por cualquiera”. También quiso subrayar que el “legado” que pretendía recoger era el del “Papa Juan”, quien, señaló, “una vez que pasaba por aquí – como ha recordado ahora el Gran Rabino – hizo parar el coche para bendecir a la multitud de judíos que salían de este mismo Templo”. Y quisiera retomar su legado en este momento, encontrándome ya no fuera sino, gracias a su generosa hospitalidad, dentro de la Sinagoga de Roma”.

El Papa Juan Pablo II en la Sinagoga de Roma
El Papa Juan Pablo II en la Sinagoga de Roma

Toaff: el gesto destinado a pasar a la historia

En sus conmovedoras palabras fue, de hecho, el propio rabino Toaff quien se refirió tanto al documento del Concilio como al gesto de Juan XXIII, expresando una “profunda satisfacción” por la visita de Juan Pablo II y definiéndola como un “gesto destinado a pasar a la historia”. Lo vinculó, de hecho, “a la enseñanza iluminada” de su predecesor, Juan XXIII, “el primer Papa – señaló – que un sábado por la mañana se detuvo a bendecir a los judíos de Roma que salían de este templo después de la oración”. Un gesto que, volvió a subrayar, se inscribe en la estela del Concilio Vaticano II que, precisamente, con Nostra Aetate “produjo, en las relaciones de la Iglesia con el judaísmo, esa revolución que ha hecho posible vuestra visita de hoy”.

El Papa Roncalli y el Concilio Vaticano II fueron recordados también por el presidente de la comunidad israelí de Roma, el profesor Giacomo Saban, quien recordó cómo Nostra aetate “introduce una relación diferente entre la fe de Israel y la del mundo que nos rodea, devolviéndonos no sólo lo que se nos había negado durante siglos, sino también la dignidad que siempre había sido nuestro derecho a ver reconocida”.

Histórico encuentro el 13 de abril de 1986
Histórico encuentro el 13 de abril de 1986

Riccardo Di Segni: ha habido un crecimiento positivo

El eco de esa visita ha permanecido. Entonces Juan Pablo II habló de “nuestros queridos hermanos” y “en cierto modo, se podría decir que nuestros hermanos mayores”. Le preguntamos al Gran Rabino de la comunidad judía de Roma, Riccardo Di Segni, con qué emoción recuerda ese momento y qué importancia tuvo para la comunidad judía.

R. – Ciertamente, había conciencia de que se trataba de un acontecimiento histórico de gran valor simbólico que marcaba un giro en la forma de tratar las relaciones entre los dos mundos. Fue un acontecimiento que tuvo importancia sobre todo desde el punto de vista mediático porque la imagen del abrazo entre los dos representantes religiosos superó por sí sola las dificultades teológicas. Nadie lee, salvo algunos especialistas, los documentos de las comisiones y todos ven las imágenes. Las palabras también tenían su significado y en particular la definición de “hermanos mayores”, aunque esto no nos entusiasma desde el punto de vista teológico, porque en la Biblia los hermanos mayores son los malos y los perdedores.

Hace cinco años, en enero, el Papa Francisco también visitó el Templo Mayor de Roma. Y antes, en enero de 2010, también lo hizo Benedicto XVI. Estos Pontífices han subrayado el impulso para el compromiso de un camino irrevocable de diálogo, fraternidad y amistad con los judíos, dado también por el documento conciliar Nostra Aetate. ¿Cómo se desarrolla este diálogo?

R. – Las visitas de los dos Pontífices fueron muy importantes porque marcaron la voluntad de los máximos representantes de la Iglesia de continuar el camino abierto por el Papa Juan Pablo II. Y no sólo fue continuidad, sino también progreso, porque en la época de Juan Pablo II había muchos problemas y ahora no es que los problemas no existan, sino que para muchas cosas hay formas y medios de abordarlos. Así que es un camino – digamos – en crecimiento positivo.

“En una sociedad a menudo perdida en el agnosticismo y el individualismo y que sufre las amargas consecuencias del egoísmo y la violencia, los judíos y los cristianos son depositarios y testigos de una ética marcada por los Diez Mandamientos, en cuya observancia el hombre encuentra su verdad y su libertad. Promover una reflexión y colaboración común sobre este punto es uno de los grandes deberes”, dijo Juan Pablo II en su discurso en la sinagoga. ¿Cuáles son los puntos concretos en los que los judíos y los cristianos de hoy, en un momento histórico tan difícil para toda la humanidad a causa de la pandemia, pueden colaborar?

R. – La pandemia nos ha enfrentado a retos a los que las estructuras portadoras de valores deben dar respuesta: respuestas que se han dado en el sentido de la organización, de la solidaridad, de la llamada a los valores morales que hay que compartir, a las opciones que hay que hacer por el bien colectivo. Los retos serán aún mayores cuando salgamos de esta pandemia y nos encontremos con una sociedad que inevitablemente ha cambiado, en la que nuestros hábitos más sencillos serán diferentes. En este sentido, la llamada a sistemas religiosos y de valores como el nuestro, en el que el imperativo moral y la solidaridad tienen un valor esencial, será absolutamente útil y necesaria.

Según tomado de, La histórica visita de San Juan Pablo II a la Sinagoga de Roma hace 35 años | Diario Judío México (diariojudio.com)

 
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Posted by on April 14, 2021 in Uncategorized

 

Reflexiones posteriores sobre la pandemia: ¿la mancha negra o la página blanca?

Por Rabbi Dr. Nathan Lopes Cardozo

William Shakespeare, un agudo observador de nuestro mundo, escribió una vez: “La vida … es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y furia, que no significa nada”. [1]

Mucha gente podría estar de acuerdo con esta observación. Nuestras vidas parecen estar rodeadas de guerra, destrucción, hambre y enfermedad, sin fin y sin mucha esperanza. Los filósofos, científicos y médicos continúan buscando soluciones, pero no solo seguimos sufriendo ataques terroristas en muchos países civilizados, y vemos grandes desastres en casi todas las partes del mundo; sino que tenemos la impresión de que la situación global va de mal a peor. Cada enfermedad que se supera es reemplazada por una aún más grave; y muchos acuerdos de paz son violados invitando escenarios más desastrosos.

Sin embargo, esto es solo una parte de un cuadro  que reposa en una condición psicológica que muchos de nosotros sufrimos. Si lo miramos más de cerca, nos recuerda un tipo de lashon hará (chisme), no sobre nuestros semejantes, sino sobre nuestro mundo.

El discurso malvado refleja que la desconfianza en uno mismo tiene sus raíces en una subyacente inseguridad. Se basa en una ilusión óptica, similar a dos ascensores de vidrio adyacentes que se mueven en direcciones opuestas. Cuando uno desciende, los pasajeros del otro ascensor sienten que se mueven hacia arriba. De manera similar, al enfatizar las fallas de otro, uno trata de demostrar su propia perfección.

Aunque la epidemia del Corona virus aún no ha terminado, parece que estamos saliendo y es importante recordar que nuestro mundo es un lugar que contiene abundancia de bondad. La mayoría de los seres humanos somos decentes y respetuosos de la ley. Millones de personas llegan a sus residencias de forma segura todas las noches. Cientos de miles de aviones aterrizan todos los días sin el menor problema. La mayoría de los niños/as nacen sanos. El sol sale todas las mañanas sin excepción. Siempre hay suficiente aire para que todos puedan respirar. Millones disfrutan de estándares económicos más altos que los que jamás habían experimentado sus antepasados. La prevención o alivio del dolor ha mejorado drásticamente con el tiempo. Los sistemas de comunicación internacionales nos han puesto en contacto entre nosotros en todas las circunstancias, dondequiera que vivamos. Las lujosas casas para personas mayores han reemplazado las trágicas escenas de los ancianos que languidecen en las calles. Claramente, el matrimonio todavía se considera sagrado y ayudarse unos a otros se ve como algo virtuoso.

Cierto es que el mundo está lejos de ser ideal, pero al mirar nuestro globo como si se tratara de un papel blanco con una mancha negra, y se nos pregunta qué vemos, decimos “una mancha negra”, ignorando por completo el papel blanco. Es solo lo extraño, lo que está fuera de lugar, lo que nos llama la atención.

¿Por qué es esto? Porque lo bueno nos presenta un problema. La bondad nos expone a un orden superior de cosas. Nos exige que pensemos en aquello que le da sentido de nuestras vidas; porque es la belleza de la bondad la que toca nuestras almas. Escuchamos un murmullo proveniente de una ola que está distante, una que está lejos de nuestra costa. Aquí no podemos quejarnos, solo podemos contemplar. Y esto nos avergüenza, porque no queremos responder. ¿Qué sucede cuando la vida nos exige más de lo que queremos escuchar? Es que la bondad y la belleza nos recuerdan que nuestras vidas tienen un propósito moral y religioso.

Así que nos escondemos, profundizamos y creamos sistemas defensivos. Nos aseguramos de no estar expuestos a toda la belleza. Destacamos la mancha negra y negamos el papel blanco. Y todos estamos en buena compañía. Los medios de comunicación se convierten en nuestros aliados cada que nos ayudan informando los desastres y revelando las enfermedades. Todos sabemos que necesitamos informes mucho más equilibrados, pero no podemos darnos ese lujo. Es demasiado arriesgado.

Así que hablamos lashon hará sobre el universo, porque la exageración de todo lo que es malo en este mundo nos valida. Le damos un mal nombre para que podamos declarar que estamos bien donde estamos. La vida ya es bastante dura, apenas podemos sobrevivir; entonces, ¿quién tiene tiempo para lo verdaderamente significativo? Obligamos al ascensor de este mundo a descender para que podamos convencernos de que nos estamos moviendo hacia arriba, incluso mientras mantenemos nuestra mediocridad.

El propósito de la vida religiosa genuina es protestar contra esta ilusión óptica y enseñarnos a reenfocar nuestros espejuelos espirituales. No es que la religión nos muestre algo nuevo. Más bien, nos muestra lo que hemos visto durante toda nuestra vida pero que nunca hemos notado.

Su mensaje es claro. Cuando todo está dicho y hecho, hay una bondad deslumbrante en este mundo; hay orden en lugar de caos; hay diversidad, no sólo una monótona existencia; y sobre todo, está la gracia infinita de la acción humana.

El gran filósofo austríaco Ludwig Wittgenstein pensó que todos vemos el mundo como lo hace una mosca que mira desde el interior de una botella de vidrio transparente en la que está atrapada; limitada por confines más allá de su control. Cuando se le preguntó cuál es su objetivo en filosofía, Wittgenstein respondió: “Mostrar a la mosca el camino para salir de la botella”. [2] Mientras tanto, la mosca sigue intentando escapar golpeando el cristal. Cuanto más lo intenta, más se tambalea, hasta que cae exhausta. Su fracaso es, que no mira hacia la abertura que está en el tope.

El mundo post pandémico aún no ha salido de la botella, pero se está acercando a la cima. ¡Esperemos que pronto encuentre la apertura!

Notas:

[1] William Shakespeare, Macbeth.

[2] Des MacHale, Wisdom (Londres: Prion Books Ltd., 2002).

Traducido por: drigs, CEJPSR

Thought to Ponder: Afterthoughts on the Pandemic: the Black Spot or the White Page? (campaign-archive.com)

 
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Posted by on April 10, 2021 in Uncategorized

 

Una respuesta a la decisión del Tribunal Superior de Israel sobre conversiones no ortodoxas (II)

Por Rabino Dr. Nathan Lopes Cardozo

La conversión, ¿es posible? Esto puede parecer una pregunta retórica ya que la respuesta es afirmativa. Sin embargo, esta pregunta llega al núcleo mismo de la institución de la conversión, y mientras no nos ocupemos de ella, todas las deliberaciones sobre este asunto carecen de sentido en mayor o menor grado. La razón para esto es obvia: hablando lógicamente, la conversión al judaísmo no debería ser posible.

Así como es imposible para un judío cuyo padre no es un kohen (sacerdote) convertirse en un kohen, de manera similar, debería estar fuera de discusión que un gentil se convierta en judío. O naces en una familia de kohanim, o simplemente no eres es un kohen. Presumiblemente, entonces, si no naces judío, no eres judío. Dios eligió a los Avot y sus descendientes como Su pueblo, y sólo ellos pueden afirmar ser judíos. Entonces, se deduciría que uno es parte de esta nación, o no lo es.

Sin embargo, ¡la conversión al judaísmo es posible! ¿Cómo? Es el filósofo Michael Wyschogrod (1928-2015) quien, en su libro El cuerpo de fe, da una respuesta autorizada a esta pregunta: Por medio de un milagro. [1] Un gentil que se convierte al judaísmo se convierte milagrosamente en parte del pueblo de Israel. A diferencia del cristianismo, esto no solo significa que el gentil ahora comparte las creencias del judaísmo, sino que literalmente se convierte en la semilla del Avot y el Imahot.

Para que esto suceda, se requiere un milagro cuasi biológico. El gentil necesita renacer como descendiente directo de Avraham y Sara. Esto se logra mediante la inmersión en una mikva, que simboliza claramente el útero de la madre a través del cual uno nace. La prueba de esta conclusión de gran alcance es el hecho de que, según la Torá, un converso está técnicamente autorizado a casarse con su propia madre, padre, hermano o hermana. Esto puede parecer inmoral, pero para el pensador profundo y reflexivo es muy revelador y significativo. La Torá ve a un converso como un ser humano completamente nuevo, recientemente (re) nacido sin ningún apego biológico excepto con Avraham y Sara. Esto dice mucho. Es cierto que los rabinos prohibieron a los conversos casarse con sus parientes cercanos, por temor a que la gente pudiera afirmar que los gentiles renunciaron a una religión más estricta por una con reglas de moralidad más indulgentes. [2] Pero el hecho de que tales matrimonios estén prohibidos rabínicamente no cambia el hecho de que estén permitidos bíblicamente.


Esto es radicalmente diferente del bautismo en el cristianismo.
Después del bautismo, no se renuncia a la prohibición del incesto. La relación biológica entre los padres y el bautizado continúa como antes. No es así en el judaísmo. Lo que se requiere es el renacimiento total de una persona, como si fuera nueva. Si bien la ley judía requiere el respeto total por los padres biológicos no judíos, al mismo tiempo deja en claro que la conversión es un paso extremo con consecuencias radicales. Que el judaísmo esté dispuesto a dar este paso, contra toda lógica, para permitir que un no judío se convierta, literalmente, en hijo de Abraham y Sara, demuestra que es una de las religiones más atrevidas y de mente abierta. A ningún no judío se le debe negar la posibilidad de unirse a nuestra nación cuando hay un deseo sincero de hacerlo, incluso cuando esta misma idea no tiene sentido.

Por esta razón, es completamente imposible argumentar que la mera inmersión en una mikva es suficiente. Es fundamental que el posible converso desee convertirse en una persona diferente y experimentar una transformación profundamente espiritual. Los seres humanos no son solo una masa de plasma, robots complicados o animales que fabrican herramientas que pueden cambiar su yo fundamental simplemente sumergiéndose en un pozo de agua. Son almas, con emociones profundas, que viven luchas espirituales y morales en las que las creencias religiosas juegan un papel fundamental. Por tanto, la conversión debe ser una decisión bien pensada, consciente de sus implicaciones y arraigada en lo más profundo del alma humana. Si bien esto incluye claramente el deseo de convertirse en parte del pueblo judío, no es suficiente. Hay mucho más en juego.

El converso debe transformarse en un seguidor del gran legado de Abraham y Sara. Esto incluye la aceptación de la Unidad de Dios, la necesidad de ser justo y el deseo de inspirar al mundo con los grandes fundamentos morales que luego se solidificaron en el Sinaí. Él o ella debe abrazar de alguna manera las grandes instituciones del judaísmo como Shabat, kashrut y la dignidad sexual. La lucha por la kedushá / santidad y tahara / pureza espiritual es de primordial importancia.

Si el converso debe o no asumir a priori todos los mandamientos, o solo algunos, es un tema de gran debate entre las autoridades [3]. Hay quienes sostienen que solo una kabbalat mitzvot completa (aceptación de los mandamientos) es suficiente. Cualquier otra cosa no servirá. Otros sostienen que un deseo sincero de ser parte del pueblo judío es suficiente, aunque no ideal. [4]

¿Por qué esta diferencia de opinión sobre un tema tan crucial y de tan gran alcance?

El judaísmo y el pueblo judío están entrelazados e interactúan de formas que nadie puede comprender por completo. ¿Somos una religión o una nación? Si somos una religión, ¿cómo puede ser que alguien que no cree en Dios o se niega a observar incluso un mandamiento siga siendo judío por el simple hecho de haber nacido de una madre judía? Y si somos una nación, ¿cómo entra la religión, que nos dice quién pertenece a la nación y quién no? Cualquier intento de encontrar una solución a este problema siempre fracasará, como ha sucedido en el pasado. No hay forma de concretar estas definiciones. Nos eluden y debemos admitir que nos enfrentamos a uno de los mayores misterios de la identidad judía. Nos damos cuenta de la existencia de algo que no podemos penetrar.

Por esta razón, nuestras autoridades tienen opiniones diferentes sobre la cuestión de la conversión. ¿Se está convirtiendo uno principalmente a una religión, o se está uniendo principalmente a una nación? Se dan cuenta de que no hay una respuesta completamente satisfactoria y, por lo tanto, han sido lo suficientemente sabios como para dejar a la pregunta, de alguna manera, un final abierto.

Aun así, debemos mantener presente que sin un fuerte componente espiritual, la conversión es una farsa, tal como sería completamente ridículo afirmar, en sentido contrario, que a pesar de alguien estar totalmente comprometido con todas las mitzvot de la Torá y vivirlas en su espíritu, él no sería considerado parte del pueblo judío. Lo es, pero no sabemos realmente por qué, ni cómo. Necesitamos ambos componentes, religión y nacionalidad, pero no podemos averiguar cómo se relacionan entre sí.

Sin embargo, mientras estamos atrapados en este extraño misterio, no debemos cometer el error de pensar que solo vivir según las leyes de la Torá y la Halajá y ser parte del pueblo judío es lo que idealmente se requiere. Debe darse mucho más énfasis a la gran experiencia de ser judío. Hay algo llamado neshamá (alma) judía. Nuevamente, si intentáramos definir eso, podríamos encontrarnos acusados ​​de discriminación racial. Aún así, todos sabemos que la neshamá está ahí. Hay una sustancia judía incorporada dentro de nosotros. El judaísmo no se trata sólo de la nacionalidad y la observancia, sino de vivir en un orden espiritual y emocional que no debe reducirse a doctrinas, dogmas o mandamientos. Es importante y necesario enfatizar esto a alguien que quiera convertirse. La halajá y las creencias no son suficientes. De alguna manera, él o ella debe heredar el gran espíritu de Avraham y Sara, que es más que la suma de todas las partes anteriores, pero también diferente de todas las anteriores. Qué es realmente, no lo sabemos. ¡Pero es! ¿Y cómo sucede? Nuevamente, no lo sabemos. Pero sucede. Una vez más, es un milagro realizado por Dios.

Solo podemos pedir que el converso acepte todo esto e inicie el ascenso por la “escalera de la observancia” [5], lentamente pero firme, combinando la nacionalidad con la nobleza espiritual.

¿Suena paradójico? ¡Seguro que lo es! Déjalo ser, déjalo ser. Nos ha servido bien durante miles de años y nos ha convertido en una nación eterna e indestructible. No nos tomemos esto a la ligera.

* * * * * *

Este ensayo fue publicado en Jewish Law as Rebellion, A Plea for Religious Authenticity and Halachic Courage (Publicaciones Urim, 2018) por Nathan Lopes Cardozo, capítulo 41.

NOTAS

[1] Véase Michael Wyschogrod, El cuerpo de fe: Dios en el pueblo de Israel (Northvale, Nueva Jersey: Jason Aronson, 1996), xvi – xxi.

[2] Véase Yevamot 22a. Esto parece oponerse a la regla (Kidushin 78a y Mishne Torah, Hiljot Isurei Biah 18: 3) donde dice que un kohen no puede casarse con una conversa, ya que puede haber tenido relaciones sexuales antes de convertirse o porque proviene de un trasfondo (potencialmente) promiscuo. Puede ser que esta decisión provenga de una tradición talmúdica diferente, o que los rabinos simplemente sintieran que una mujer de origen (potencialmente) promiscuo no es adecuada para casarse con un sacerdote. Las autoridades halájicas deben examinar esta extraña paradoja con más cuidado y encontrar una solución.

[3] Existe una vasta literatura que trata sobre el requisito de kabbalat mitzvot y el debate en torno a su aplicación en la época contemporánea. Note la declaración talmúdica de que “un converso que acepta toda la Torá excepto por una cosa, nosotros no lo aceptamos. R. Yose ben Yehuda dice que esto se aplica incluso a un precepto menor de los rabinos “. (Tosefta Demai, Lieberman ed., 2: 5; Bechorot 30b.) De hecho, con base en esta declaración, algunas autoridades halájicas sostienen que sin una aceptación completa de todas las leyes bíblicas y rabínicas, la conversión es nula y sin valor. Véase, por ejemplo, R. Yitzchak Schmelkes, Bet Yitzchak, Yoreh De’ah, vol. 2, no. 100. Hay otras autoridades que adoptan una postura más indulgente. Véase, por ejemplo, R. Chaim Ozer Grodzinski, Achiezer, vol. 3, no. 26. Note también la historia en Shabat 31a donde Hillel aceptó un posible converso aunque inicialmente se negó a aceptar la autoridad de la Ley Oral. Para obtener más opiniones sobre el requisito de kabbalat mitzvot, y si la falta de las mismas puede invalidar la conversión, consulte, Véase, por ejemplo, R. Yitzchak Schmelkes, Bet Yitzchak, Yoreh De’ah, vol. 2, no. 100. Hay otras autoridades que adoptan una postura más indulgente. Véase, por ejemplo, R. Chaim Ozer Grodzinski, Achiezer, vol. 3, no. 26. Note también la historia en Shabat 31a donde Hillel aceptó un posible converso aunque inicialmente se negó a aceptar la autoridad de la Ley Oral. Para obtener más opiniones sobre el requisito de la kabbalat mitzvot y si la falta de ella puede invalidar la conversión, consulte R. Moshe Feinstein, Igrot Moshe, Yoreh De’ah, vol. 1, no. 157; Ibíd., Yoreh De’ah, vol. 3, no. 108; Ibíd., Yoreh De’ah, vol. 5, no. 40; Ibíd., Even ha-Ezer, vol 2, no. 4; R. Menashe Klein, Mishne Halajot, vol. 10, no. 181 y Divrei Yatziv, Even ha-Ezer, no. 102; R. Ovadia Yosef, “Ba’ayot ha-Giyur be-Zmanenu”, Torah she-Ba’al Peh 13 (1971): 21–32; R. Shiloh Raphael, “Giyur le-lo Torah u-Mitzvot”, ibid., 127-132; R. David Bass y R. Yisrael Rozen, “Tokfo shel Giyur be-Di’avad im ha-Ger Eno Shomer Kol ha-Mitzvot”, Techumin 23 (2003): 186–202; R. Avraham Weinrot, “Shlavei ha-Giyur u-Markivav”, Sinai 106 (1990): 115-137, 265-280; R. Avraham Avidan, “Be-Inyan Gerut”, Torah she-Ba’al Peh 32 (1991): 77–96; R. Asher Weiss, “Be-Inyanei Gerut”, Moriah 18, núms. 11-12 (1993): 79–85; R. Zvi Lipshitz, “Bitul Giyur ke-she-Kabbalat ha-Mitzvot Hayta Peguma”, Techumin 19 (1999): 115-138; R. Yitzchak Ralbag, “Kabbalat Mitzvot be-Gerut”, Seridim 17 (1997): 42–49; R. Yisrael Rozen, Ve-Ohev Ger: Ohr al ha-Giyur be-Yisrael (Alon Shvut: Instituto Zomet, 2010); R. Yitzchak Brand, Briti Yitzchak: Kuntres be-Dinei Gerut (Bnei Brak, 1982); R. Shmuel Eliezer Stern, Sefer Gerut ke-Hilchata (Israel, 2004); R. Mordechai Alter, Ka-Ger ka-Ezrach (Jerusalén: M. Alter, 2013); R. Shmuel Zajac, Kachem ka-Ger: Knisa la-Brit be-Kabbalat ha-Mitzvot (Nueva York: S. Zajac, 2013); R. Zev Weitman, “Nusach Kabbalat Mitzvot ba-Bet Din la-Giyur”, Tzohar 37 (2015): 169–186; R. Chaim Amsellem, Zera Yisrael: Chikrei Halajá be-Inyanei Gerut ve-Giyur (Jerusalén: Mekabetz Nidchei Yisrael, 2010) y sus numerosos trabajos sobre este tema. Véase también la lista de fuentes compilada por Itai Gitler, “Kabbalat Ol Mitzvot ba-Giyur be-Yamenu”, octubre de 2013, http://rotter.net/User_files/forum/560106e825f51569.pdf.

Para estudios académicos sobre el requisito de kabbalat mitzvot, ver The Jewish Responsa: Conversion in Jewish History, ed. Yedidia Stern (Tel Aviv: Yediot Aharonot, 2008), 51–149, 349–360 [hebreo]; Menachem Finkelstein, Conversión: Halajá y práctica (Ramat-Gan: Bar Ilan University Press, 2006), 48–55, 161–221, 545–648; Avi Sagi y Zvi Zohar, Transformando la identidad: La transición ritual de gentil a judío – Estructura y significado (Londres: Continuum, 2007), especialmente los capítulos. 13 y 14; David Ellenson y Daniel Gordis, Pledges of Jewish Allegiance: Conversion, Law, and Policymaking in XIX- and Twentieth-Century Orthodox Responsa (Stanford, CA: Stanford University Press, 2012), especialmente capítulos. 4 y 5.

[4] Véanse las declaraciones contradictorias en Bechorot 30b y Yevamot 47. Véase el cap. 43 n5.

[5] Una frase acuñada por Abraham Joshua Heschel, The Insecurity of Freedom: Essays on Human Existence (Nueva York: Farrar, Straus y Giroux, 1966), 206.

Según tomado de, Thought to Ponder: Conversion is not about Halachah but about Jewishness (campaign-archive.com)  y traducido por, drigs CEJSPR

 
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Posted by on March 18, 2021 in Uncategorized

 

En respuesta a la decisión del Tribunal Superior de Israel sobre conversiones no ortodoxas

por Rabino Dr. Nathan Lopes Cardozo

¿Qué hace que una persona sea judía? ¿Nacer de una madre judía? ¿Convertirse al judaísmo? Realmente no. Es vivir según el orden espiritual del judaísmo lo que hace a uno judío; un orden que nos alcanza a través de los judíos del pasado, con los judíos del presente y con los del futuro. Somos judíos/as cuando elegimos serlo; cuando hemos descubierto el judaísmo por nuestra propia cuenta; a través de nuestra búsqueda de lo sagrado; cuando nos embarcamos en la lucha espiritual de nunca acabar para encontrar a Dios, entonces nos damos cuenta de que el mundo necesita una conciencia moral y llevamos esa gran carga para salvar al mundo y proporcionarle una misión.

Uno se vuelve un poco más judío cuando se da cuenta de que no puede haber naturaleza sin espíritu y que no hay neutralidad en asuntos de conciencia moral. Pero todo esto no es suficiente. Tenemos un largo camino por recorrer antes de convertirnos en judíos por pleno derecho. Debemos reconocer lo noble que está en el lugar común; dotar al mundo de una majestuosa belleza; reconocer que la humanidad no ha sido la misma desde que Dios nos abrumó en el Sinaí; y aceptar que la humanidad sin el Sinaí no es viable.

Para crear en nosotros vibraciones judías, necesitamos ver el mundo sub specie aeternitatis (desde la perspectiva de la eternidad). Debemos ser capaces de salirnos de la caja de nuestras pequeñas vidas y mantener la visión cósmica, sin perder al mismo tiempo el suelo que está bajo nuestros pies. Logramos esto, no escapándonos de nuestros esfuerzos triviales del día a día mediante la negación o declarando que no tienen importancia, sino ocupándonos de ellos y utilizándolos como grandes oportunidades para crecer. De esta manera se santifican. A medida que uno descubre esto con esmero, poco a poco se convierte en judío.

Algunos de nosotros tenemos que luchar para lograrlo, otros parecen haber nacido con eso. Poseen una misteriosa alma judía que nadie puede identificar, pero que todos reconocen. Tiene algo que ver con el destino, ciertos sentimientos que nadie puede verbalizar. Lo que está en juego es la interiorización del pacto entre Dios, Avraham y, más tarde, el Sinaí. Está en la sangre de uno incluso cuando uno no es religioso. Murmura de las olas más allá de la orilla de nuestras almas y se apodera de nuestro propio ser, expandiendo nuestro judaísmo dondequiera que vayamos.

La mayoría de los judíos “lo tienen”, pero también algunos que no son judíos “lo tienen”. Es completamente auténtico. Son tocados por “esto” como sucede con cada parte del cuerpo que es tocada por el agua al nadar, sus moléculas penetrando cada fibra de nuestro ser. Nada ni nadie puede negarlo.

Estos son los auténticos judíos, pero no todos pertenecen al pueblo de Israel. Algunos son gentiles con padres gentiles; otros son hijos de matrimonios mixtos. Si quisieran unirse al pueblo judío, tendrían que convertirse de acuerdo con la Halajá, aunque han sido “judíos del alma” desde su nacimiento.

Pero, ¿por qué todavía no son judíos en pleno derecho, sin el requisito de convertirse? ¡Todos los ingredientes están presentes! ¿Por qué la necesidad del componente biológico de una madre judía o el acto físico de sumergirse en una mikva (baño ritual)?

La razón debe ser que la Halajá no solo se atiende el asunto de la autenticidad religiosa y la composición del alma.  Es un asunto donde también se atiende lo que es la realidad de la vida, una donde caminamos con los pies bien puestos en la tierra. Este nivel de consciencia nos plantea una pregunta muy importante: ¿Cómo reconoceremos quién es judío y quién no? ¿Podemos leer el alma de alguien? ¿Cómo alguien puede saber con certeza si es realmente judío? ¿Se puede leer la propia alma y percibirla? ¿Cómo sabemos que nuestra autenticidad judía es genuina?

El mundo es una mezcla compleja entre lo ideal y lo práctico, donde la autenticidad fácilmente puede confundirse con la pretensión, sin saberlo. Vivir la propia vida significa vivir de una manera en la que la constitución física y el espíritu interior del ser humano interactúan, pero también chocan. Hay un pandemonio total cuando solo reina lo ideal mientras se decide ignorar lo realista y lo viable.

La tensión, incluso la contradicción, entre lo ideal y lo factible es el gran desafío para la Halajá. Por lo tanto, necesita hacer concesiones: ¿cuánto de autenticidad y cuánto de realismo? ¿Cuánto debería funcionar de acuerdo con el sueño y el espíritu, y cuánto en deferencia a las necesidades de nuestro mundo físico?

Por mucho que a la Halajá le gustaría otorgar el dominio total a lo ideal, debe comprometerse a ceder a reglas indispensables que permiten que el mundo funcione. Así como debe aceptar la autenticidad versus la conformidad, también debe lidiar con el judaísmo auténtico y la necesidad de establecer parámetros externos, e incluso biológicos para definir la identidad judía. Y aquí también habrá víctimas y desagradables consecuencias.

Algunos con “alma judía” pagarán el precio y serán identificados como no judíos, a pesar del hecho de que a la Halajá “ideal” le hubiera gustado incluirlos. Por desafortunado que sea, la Halajá a veces debe comprometer la cualidad de “alma judía” de un individuo, que por causa de estas reglas, no puede ser reconocido como judío. Si no aplicamos estos imperativos, reinaría el caos.

Pero hay más que esto. Es necesario que haya una nación de Israel, una entidad física capaz de llevar el mensaje del judaísmo al mundo. Todos los miembros de esta nación deben tener una experiencia histórica común que haya afectado su estructura espiritual y emocional. Es necesario que haya “experiencias de raíz”, como las llama Emil Fackenheim, como el Éxodo de Egipto, el cruce del Mar Rojo y la revelación del Sinaí. El impacto de estos eventos hizo que este pueblo se convirtiera en una nación de la forma más inusual, una nación lista para conquistar el mundo y transformarlo. Para que los judíos envíen su mensaje al mundo, necesitan tener una experiencia histórica, como familia y luego como nación, en la que las personas hereden un compromiso con una forma de vida específica, incluso cuando algunos de sus miembros se opongan a ello.

El hecho de que el judaísmo permita que los forasteros se unan, aunque no fueron parte de esta experiencia, no solo es maravilloso, sino algo donde también se reconoce el hecho de que no todas las almas necesitan estas experiencias fundamentales para convertirse en judías. Tienen otras cualidades que son igualmente poderosas y transformadoras, que les permiten convertirse, siempre y cuando sean absorbidas en un grupo medular fuerte, uno cuya identidad misma está incrustada en estas experiencias fundamentales.

En términos de un ideal religioso puro y sin concesiones, esto significa que algunos judíos no deberían ser judíos y algunos no judíos deberían ser judíos. Después de todo, la autenticidad no se puede heredar; solo puede nutrirse. Idealmente, sólo aquellos/as que asumen conscientemente la misión judía, por consecuencia deben ser considerados judíos. Si no fuera por la necesidad de un pueblo judío, hubiera sido mejor opción tener una comunidad de fe judía donde la gente pueda ir y venir dependiendo de su voluntad para comprometerse con la forma religiosa judía y su misión, algo similar al cómo se comportan otras religiones.

Entonces, las demandas de la Halajá crean víctimas cuando algunos con “alma judía” quedan fuera del redil, como es el caso de los hijos de matrimonios mixtos que tienen madres no judías, o hijos de abuelos judíos pero padres no judíos. De manera similar, puede haber gentiles que tengan almas judías pero no antepasados ​​judíos en absoluto. Todas estas son víctimas.

Este es el precio que debemos pagar por causa de la tensión que existe entre el ideal y la necesidad de cumplimiento; entre la paradoja del espíritu y la ley. Que la Halajá incluso permita que cualquier no judío se convierta en judío mediante la conversión adecuada es una expresión muy poderosa de su humanidad. De hecho, es un milagro.

Probablemente hay miles de millones de personas que son “almas judías” con todo derecho, pero no lo saben, y muy probablemente nunca lo sabrán. Quizás sean estos judíos los que Dios tenía en mente cuando bendijo a Abraham y le dijo que él sería el padre de todas las naciones y que sus descendientes serían tan numerosos como las estrellas en el cielo y los granos de arena en la orilla del mar.

Trataré otros aspectos de este tema en el ensayo de la próxima semana.

Según tomado de, Thought to Ponder: Halachic Jews and Soul Jews (campaign-archive.com)

Traducido por drigs, CEJSPR

 
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Posted by on March 13, 2021 in Uncategorized

 

El Papa, Abraham y el significado de la ciudad de Ur

El Papa, Abraham y el significado de la ciudad de Ur

por Adam Ross

El peregrinaje del Papa a la ciudad donde nació Abraham nos lleva a preguntarnos cuál es el significado judío de esta antigua ciudad.


Esta semana, el peregrinaje a la ciudad de Ur del Papa Francisco llevó a los titulares a Abraham y su lugar de nacimiento. Allí el Papa convocó a todas las religiones a rechazar la violencia. Su visita nos recuerda el significado que tienen en nuestras vidas algunas partes de esa ciudad.

Ubicada en el margen sur del Éufrates, alrededor de 16 kilómetros de la ciudad de Nasiriyah en el Iraq moderno, la ciudad de Ur tiene unos 6,000 años de existencia. La primera mención escrita del lugar data de hace unos 4.000 años.

El lugar fue designado patrimonio mundial y hay vastas excavaciones. Uno de los descubrimientos más emblemáticos fue el Zigurat de Ur, un enorme santuario de piedra arenisca para el dios de la luna, Nanna. El santuario una vez fue parte de un complejo mayor y da testimonio de un gran centro de la edad de bronce y de una ciudad inmersa en el culto y las prácticas paganas, incluyendo el sacrificio de niños.

El Zigurat de Ur

Esto fija el telón de fondo para el nacimiento de Abraham, quien creció en la ciudad hace unos 4,000 años y luego se marchó abruptamente, rechazó la cultura pagana de la ciudad y obedeció la orden del Dios de Israel de trasladarse hacia el occidente, a la Tierra de Israel, en ese momento conocida como Canaán.

A diferencia de Jerusalem o de la ciudad de Jevrón, que es donde Abraham está enterrado, Ur no es un sitio de peregrinaje para los judíos, a pesar de ser el lugar donde nació Abraham. El judaísmo enfatiza menos cómo comenzamos nuestras vidas y se enfoca más en los caminos que seguimos. El significado de Ur reside más en el hecho de que Abraham “partiera de la ciudad” que en lo que ella representa.

En medio de la idolatría y el abuso de poder por parte de quienes dominaban la ciudad, el Talmud enseña que Abraham vio “un mundo en llamas”. Él vio injusticia, inmoralidad y un mundo que había ahogado su compromiso con la verdad en el Éufrates.

El Talmud agrega que Abraham observó los templos, los ídolos, los santuarios y los cultos y se preguntó: Si el sol es el que gobierna el mundo, ¿Cómo puede ser que oscurezca cada día? Si la que gobierna es la luna, ¿cómo puede ser que la cubran las nubes que son dirigidas por el viento? El mundo debe tener un orden, una estructura y un diseño; debe tener un diseñador, un Creador. Abraham dedicó su vida a estos valores y llevó el monoteísmo al mundo. Su revolución ideológica requirió mucho coraje y convicción, incluso debió ir en contra de su padre, quien vendía ídolos, como queda en evidencia en la famosa historia de Abraham de niño, cuando rompió los ídolos de su padre.

El legado de Ur está en el rechazo de Abraham hacia todo lo que ella representaba, y el génesis del monoteísmo, la creencia en un Ser infinito que no tiene necesidades y que nos creó para nuestro beneficio y para que nos perfeccionemos al ser socios de Él en el desarrollo de un mundo moral. Abraham asumió la responsabilidad por el mundo que lo rodeaba. Al abrir las cuatro paredes de su tienda, él y su esposa Sará fueron pioneros de una vida de bondad y preocupación por toda la humanidad que fue creada a imagen de Dios.

Si bien Abraham nunca perdió su relevancia, el Papa volvió a llevar su nombre a los titulares. Cada día, en nuestra plegaria matutina mencionamos que Abraham partió de Ur para recordarnos buscar continuamente la verdad, el compromiso con la humanidad y la santificación del Nombre de Dios.

Según tomado de, El Papa, Abraham y el significado de la ciudad de Ur (aishlatino.com)

 
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Posted by on March 10, 2021 in Uncategorized